KERANOS

Irene abrió los ojos, un poco desorientada y luego me miró a mí. Mario nos miraba con cara de alucinar e Irene no sabía cómo actuar. Después de unos segundos dijo muy bajito:

I: ¿Estás segura, Elena?
E: Respóndeme.
I: Yo… Claro que quiero. Pero… ¿Es lo que quieres tú?
E: Bueno, podemos dar ese pasito, ¿no? Todos estáis con ganas y a mí también me apetece.
J: Elena…
E: Shhh… Solo son besos. Poco a poco. Estoy muy segura de lo que estoy diciendo. No estoy borracha. Solo me he tomado una copa y apenas llevaba alcohol.
I: Elena, no quiero hacer algo que te pueda sentir mal.
E: Y no lo vas a hacer. Ven.

Elena tiró de ella y acercó nuestras caras para que nos besáramos. Yo me dejé llevar al ver como mi chica sonreía, juntando mis labios a los de Irene para darle un pico.

E: Nooooo, pero así no, jajajaja. Besaos como lo hacéis con vuestras parejas.

Irene agarró mi cara y me empezó a besar con más intensidad, metiendo su lengua en mi boca para darnos un buen morreo. Yo le devolví en beso, echando mi cara hacia delante mientras ponía una de mis manos en su espalda para atraer su cuerpo al mío. Con la otra mano acariciaba el culo de Elena, quien reía de la misma manera que lo hacía antes. Después, cuando Irene se separó de mí, Elena la besó, de la misma manera que me besaba a mí, estando ambas a cada uno de mis lados. Le acariciaba el culo a ambas mientras Mario me miraba con una sonrisa, visiblemente muy excitado, asintiendo con la cabeza. A los pocos segundos, Elena se apartó de ella para besarme en mi parte derecha del cuello mientras se echaba sobre mi cuerpo, notando sus pezones clavarse en mi piel. Irene la imitó, besándome en la otra parte del cuello, hincándome esos pezones gorditos y marrones en mi piel. Mi respiración se entrecortaba bastante y Elena se dio cuenta, apoyando su mano sobre mi polla, cogiendo también la mano de Irene para que me la acariciara. Ambas lo hacían y a pesar de que no era un estímulo muy grande, el que me estaban haciendo en mi cuello sí que lo era, por lo que Elena se separó de mí, apartando también a Irene mientras reía muy dulcemente. Después le hizo una señal a Mario para que se acercara. Mario se acercó, arrimando su cara a la de Elena, entendiendo al parecer que quería que le besara, pero dirigió su cara a mí.

E: Ahora te toca a ti, Mario. Besa a mi chico.

Mario estaba indeciso, mirando a Irene, quien tenía los ojos brillantes, estando bastante sonrojada por la excitación. Elena me miró sonriendo, asintiendo por la cabeza, lo que me hizo que agarrara de la nuca a Mario para besarle. Estaba en el punto en el que el estado de excitación y el morbo es tan grande que te empuja a hacer cosas que no harías de normal, ni aun estando con ese punto de alcohol o de excitación normal. Nos dimos un buen beso y nos separamos. No fue algo desagradable, pero desde luego tampoco fue algo comparable a cuando lo hacía con una chica.

Después Mario volvió a su sitio y Elena se acercó a él gateando, moviendo su culo de un lado a otro hipnotizándome. Se puso apoyada en sus rodillas, con sus manos sobre ellas, mirándolo con una ligera sonrisa. Después me miró. La notaba nerviosa, pero sonriente. Yo le sonreí y le asentí con la cabeza y entonces ella se acercó y le dio un piquito de forma tímida, mirándome rápidamente. Yo le asentí de nuevo para que lo volviera a hacer, haciéndole también una señal, pero ella se mantuvo quieta.

J: Elena, todo está bien. Si quieres besarle, hazlo. No tengo problema. (dije casi susurrando)

Elena me miró con ojitos, pero sonriendo. Su expresión daba mucha ternura, era como la de una niña pequeña que se muere por hacer algo, pero que tiene miedo de llevarlo a cabo. Le guiñé un ojo y ella me lanzó un beso, después de dio la vuelta y agarró a Mario muy suavemente del cuello para darle un beso. Empecé a ver como se daban un buen morreo, aunque más que verlo, lo intuía por los movimientos de la cabeza de Elena, porque la movía ligeramente, intuyéndose bien el beso, acompañado de murmuros. Mario pasaba sus manos por su espalda desnuda, apretándola para pegar sus cuerpos, tocándole también el culo. Irene y yo los mirábamos mientras ella estaba sentada sobre mis muslos. En cuanto vio como ellos se perdían en ese beso, giró su cabeza rápidamente hacia a mí y se lanzó a mi boca con ansia. No quería perder esos minutos que teníamos de «libertad». Me empezó a dar un buen morreo, acercando su cuerpo al mío y sentándose sobre mi erección, haciendo ligeros movimientos para frotarse con ella. Murmuraba mientras metía su lengua en mi boca y la entrelazaba con la mía. Yo le agarraba el culo con fuerza y lo estrujaba, riéndose ella bajito cuando empecé a hacerlo. Sus manos se paseaban por mi espalda, subiendo hasta mi cabeza para acariciarme el pelo, separándose después para bajar a mi cuello mientras yo veía a mi chica besar a mi amigo.

-Que excitante es esto… (me susurró Irene al oído mientras jugaba con mi oreja)
-Sí… (le susurré yo de vuelta)
-¿Estás celoso?
-No.
-Bien. Ella ha dado un paso muy grande.
-Lo sé.
-Te quiere mucho.
-Sí.
-Parece una tontería lo de besarnos entre nosotros, pero para ella no. Y eso que nos hemos tocado y tal… Pero sé lo importante que es esto para ella. Estoy muy agradecida.

Después de estas palabras que intercambiamos en forma de susurros nos volvimos a besar con intensidad mientras nuestras manos se paseaban por el cuerpo del otro, tocándole yo también las tetas, apretándolas, amasándolas y pellizcando sus pezones. Irene murmuraba y gimoteaba al recibir esos estímulos, al igual que lo hacía Elena al recibirlos de Mario como pude comprobar al abrir los ojos y ver como Mario tenía sus manos entre sus cuerpos. De nuevo, Irene se separó de mis labios para jugar con mi oreja y susurrarme al oído:

-El otro día en casa de Isa…
-¿Qué pasa con eso?
-¿No te acuerdas?
-¿De qué exactamente?
-De cuando estábamos tonteando Elena, tú y yo.
-Ajam…
-Cuando se puso entre nosotros y me pegaste a ella para apretar su cuerpo con el nuestro…
-¿Sí…?
-Noté como tu polla tocaba mi coñito.
-Y te encantó.

Irene lanzó un gemido un poco alto mientras me besaba el cuello y apretaba aún más su coño contra mi polla, con la separación de la tela de nuestros bañadores.

-Sí… Aunque me puse un poco nerviosa.
-¿Por…?
-¿Pues por qué va a ser? Pude sentirte de una manera en la que no la había hecho antes.
-Fue sin querer.
-Ya, lo sé. Pero me gustó mucho y me encendió bastante. No te imaginas cómo me costó no apartar a Elena, coger tu polla y metérmela hasta lo más profundo de mi ser…
-Porque eres una buena amiga.
-¿Eso crees?
-Claro. ¿Tú no?
-Yo…

Entonces Elena se puso a mi lado para besarme también. Despegué mi cara de Irene y la miré.

E: Hola.
J: Hola, preciosa.
I: ¿Todo bien? (dijo girando su cara para mirarla)
E: Estupendamente. Pero…
J: ¿Qué pasa, mi vida?
E: Es que estoy un poquito caliente y quiero…
J: ¿Follar?

Elena asintió poniendo ojitos, sonriendo girando su cabeza, haciéndome estremecer.

J: Vale, vamos para casa.
E: No… No hace falta. Estamos muy a gusto aquí, ¿no?
I: ¿Quieres que follemos aquí?
E: ¿Por qué no?
J: ¿Qué tienes en mente?
E: Chicos, lo siento, pero me gustaría algo más tranquilo hoy. Cada pareja con la suya. Esto ha estado muy bien, pero quiero hacer el amor con Javi.
M: Claro, sin problema. Hoy hemos dado otro paso más. Y me ha encantado. (dijo acariciándole la espalda a Elena)
I: Elena, tranquila. Todo está bien.

Elena sonrió y me tendió la mano para que me levantara. Una vez me puse de pie, me bajó el bañador de un tirón y me agarró de la polla, tirando de mí para llevarme hasta las escaleras que se adentraban en la piscina, parándonos en los escalones por donde nos llegaba el agua hasta las rodillas. Elena me agarró la cara para tirar de mí y empezar a besarme con mucho cariño, susurrándome que me sentara en esos escalones. Así lo hice, con algo de incomodidad por lo fría que estaba el agua, aunque me acostumbré rápidamente, sin dejar que se me bajara la erección del calentón que tenía. Elena se puso sobre mis muslos, con una pierna a cada lado, cogiendo mi polla para empezar a pajearla mientras me besaba. Después de un rato besándonos se levantó, asegurándose de que no había nadie más que nosotros cuatro para quitarse lo que quedaba de su bikini, anudándoselo a la muñeca, sentándose después sobre mí, pero esta vez se sentó sobre mi polla, dejando caer su peso poco a poco sobre ella para clavársela. Se la clavó por completo, ahogando su gemido en mi boca al besarme de nuevo. Se mantuvo unos segundos así, mirándome sonriente y se empezó a mover poco a poco hacia delante y atrás, pegando su cuerpo al mío para fundirnos en un abrazo. Yo le agarraba el culo mientras veía como nuestros amigos se enrollaban estando aún en las toallas, pasando a ponerse los dos tumbados mirando hacia nosotros, empezando Mario a follarse a Irene con la postura de la cucharita. Podía ver cómo le agarraba las tetas y le pellizcaba los pezones.

La cosa se empezó a descontrolar un poco por su parte porque los gemidos de Irene eran altos y ya no eran horas, además de que se oían los bufidos de Mario. Elena les llamó la atención silbando. Pararon para mirarla y ella les hizo un gesto para que no hicieran tanto ruido. Después mi chica volvió a follarme conforme estábamos, ahí sentados en esos escalones con el agua a la altura de mis costillas y casi rozando sus tetas. Lo hacía lentamente para alargar nuestros orgasmos lo máximo posible, pero entonces noté como Mario se sentaba a mi lado e Irene se ponía sobre él, imitando lo que hacía Elena. Estuvimos así un buen rato y ya me costaba aguantar para no acabar dentro de Elena, pero la cosa fue a más cuando Irene se puso a mirar fijamente a Elena y luego giró su cara hacia ella para que la mirara, empezando a besarla. Ver a las dos comerse la boca mientras nos cabalgaba cada una a su pareja, con sus tetas botando y esos movimientos tan excitantes, hizo que me empezara a correr teniendo un orgasmo bestial, embistiendo con mis caderas hacia arriba, levantando bastante a Elena. Ella también se empezó a correr, echándose sobre mí, temblando de una manera descontrolada mientras me clavaba sus uñas en mi espalda, tirando hacia abajo. Yo cerré mis ojos, estaba medio ido por mi orgasmo, pero aun así podía notar como Mario e Irene follaban a toda velocidad, sobre todo por el sonido del agua y los altos jadeos.

Cuando Elena se recuperó, salió se mí, llegando cuidado de que no se le escapara mi corrida de su interior, yendo hacia las duchas para limpiarse bien y ponerse la parte de abajo de su bikini. También me di cuenta de que Irene y Mario se habían metido a la zona más profunda de la piscina, estando todo el tiempo con muchos jugueteos y risitas.

-Mi amor, ¿estás bien?
-Uff… Estoy mareado.
-¿Pero es grave?
-No, no. Solo que he tenido un orgasmo demasiado intenso y creo que me he colado un poco bebiendo tanto durante todo el día.
-¿Quieres que nos vayamos a descansar?
-Pero…
-Pero nada. Yo me he quedado muy a gusto. No pasa nada, si será por tiempo que vamos a estar juntos… Jajaja.
-Como quieras.
-Venga, sí. Que ya es un poco tarde y mañana vienen nuestras madres sobre las 11. Vamos, voy a ir avisando a estos para que sigan en casa.
-Vale.

Me fui a las toallas, secándome y poniéndome el bañador mientras Elena avisaba a nuestros amigos, regresando enseguida.

-Nada, que se quedan un rato más. Que se lo están pasando muy bien.
-Mmm, vale.
-Les voy a dejar mis llaves para que entren en casa cuando acaben. Les he dicho que no armen mucho jaleo por si acaso y que no sean muy guarros en la piscina, jejeje.

Me quedé mirándola seria y fijamente.

-¿Qué pasa, mi amor…? Jejeje. (rio de manera nerviosa)
-Me pasa que eres perfecta y te quiero más a que a nadie.
-Ay, Javi…
-Venga, vamos a casa.

Recogimos un poco las cosas, dejándolas apartadas para el día siguiente y nos fuimos a casa, recorriendo aquel caminito sinuoso con Elena agarrándome de la cintura y yo pasándole el brazo por los hombros mientras le daba algún beso en la cabeza. Cuando llegamos nos dimos una ducha juntos, aunque sin ningún toqueteo ni nada, para poder dormir más a gusto y nos fuimos a la cama, dejando Elena preparadas algunas toallas para cuando volviera la otra pareja por si se querían duchar también. Yo me quedé en boxers y Elena en braguitas, con una de mis camisetas de manga corta.

-Ay… (dijo en forma de un largo suspiro)
-¿Qué te pasa, mi vida…?
-Pues que… Es que a primeros de año me dices que iba a estar ahora así de feliz y no me lo hubiera creído. Con la muerte de mi abuelo, la separación de mis padres y lo de Alejandro…
-Pero todo eso ya ha pasado.
-Sí, pero a veces no puedo evitar pensar en ello. Fueron unos meses duros. Mucho.
-¿Sí?
-Sí. Me costaron bastante tiempo de mis estudios, pero bueno…
-Yo pienso que a veces las cosas pasan por algo. Creo que hay que buscarle el lado bueno a lo que nos pasa y creo que todo eso te ha hecho más fuerte.
-Pero si soy más sensible que un teletubbie…
-Jajaja, bueno, pero estoy seguro de que has aprendido de todo eso.
-Sí. Yo lo veo como que, si he tenido que pasar por eso para poder estar ahora así contigo, pues bienvenido sea.
-Joder…

No pude evitar empezar a besar a Elena al oír esas palabras. Lo hacía muy suavemente y con mucho cariño. Estuvimos así durante bastante tiempo, tanto que al final acabamos haciendo el amor muy lentamente, con cariño, disfrutando el uno del otro. Fueron varios minutos de amor, tantos que oímos a nuestros amigos llegar entre risas, dándose una ducha al entrar al baño y yéndose después a la otra habitación. Ya casi acabando nosotros, empezamos a oír algunos gemidos provenientes de la habitación vecina. Otra vez estaban nuestros amigos liados, aunque fue algo breve. Después de estar muchos minutos sobre Elena en un misionero me acabé corriendo dentro de ella, como ya era costumbre en nosotros, llegando ella también entre dulces gemidos. Me salí con cuidado de ella y Elena se empezó a limpiar con papel y toallitas que tenía en la mesita para estos casos. Yo la miraba, pero me quedé dormido enseguida por el cansancio y el trote de aquel día de piscina.

El despertar aquel domingo fue algo desagradable por el sobresalto que me llevé del timbre. Noté como Elena estaba abrazada a mí, pero se levantó rápidamente.

-Mierda, Javi. Nos hemos dormido, son ya las 11. Tu madre y la mía están aquí. (dijo mientras se vestía)
-Joder… Tengo un poco de resaca…
-Venga, arriba. No podemos estar así. Han venido para pasar el día con nosotros y tenemos que tratarlas como se merecen.
-Sí, sí. Tienes razón.

Elena salió inmediatamente de la habitación, gritando que ya iba a abrir. Pude oír como entraba al baño y le daba al agua, seguramente para lavarse la cara y como llamaba a la puerta de la otra habitación mientras iba hacia la puerta de la calle para que nuestros amigos se fueran levantado. Yo me levanté y vestí rápido, con dolor de cabeza por lo bebido durante el día anterior y no estar acostumbrado, lavándome la cara en el baño para ir hacia el salón donde estaban ambas junto a Elena.

M: Nenes… ¿Qué os ha pasado?
E: Nos hemos dormido.
M: ¿Y eso?
J: Ayer tuvimos un poco de fiesta.
M: ¿Ves, Cristina? Los niños y niñas de hoy en día solo piensan en pasarlo bien. (dijo mirando a mi madre)
C: Es normal, son muy jóvenes, tienen que divertirse… (dijo mi madre algo cortada, pero con una sonrisilla)
J: Claro que sí. (dije dándole un abrazo y un beso a mi madre)
M: Qué cariñoso es tu hijo… Mi Elena ni me da un beso…
E: Que sí, mamá…
J: No te pongas celosa Maribel, jejeje.
E: ¿Y el viaje bien?
M: Sí, muy bien.
J: ¿Habéis hablado mucho?
C: Algunas cosas, hijo.
M: Cosas de madres, comentando un poco como os vemos.
J: Ah… ¿Y se puede saber?
C: Pues claro, hijo. Las dos estamos muy contentas. Os vemos muy felices a los dos y estamos encantadas, aunque os echamos un poco de menos por haberos ido de casa, pero si habéis dado este paso tan importante, es que la cosa va muy bien y en serio.
M: Exactamente.
J: Eso me dijo ayer Elena.
M: ¿El qué?
E: Nada, nada. (dijo dándome un pellizco en el costado)
M: ¿Cómo que nada?
J: Nada, que tu hija es muy tímida…
C: Qué rica… (dijo sonriendo)
E: Mamá, ¿y la abuela? (dijo con tono de cambiar de tema mientras se sonrojaba)
M: Con tu tía, hoy he venido más a disfrutar. Y tu hermana en casa, sola. No quería venir.
I: Buenos días. (dijo alegremente mientras aparecía por la puerta)

Ambas le saludaron, con una Maribel algo cortada y mi madre un poco descolocada porque no la conocía.

I: ¿Usted es la madre de Javi?
C: Sí, pero por favor, no me trates así… Jejeje.
I: Perdona, es la costumbre. Me alegro de poder conocerte. Javi es uno de mis mejores amigos y hemos venido a pasar el fin de semana con ellos.
M: Hola, buenos días. (dijo Mario también de forma alegre, pero algo cortado)
C: Hombre, Mario, cuánto tiempo… Qué grande estás y qué guapo.
M: Yo también me alegro de verte, Cristina. Esta chica es mi novia, se llama Irene.
M: ¿Os conocéis? (dijo Maribel algo cortada)
C: Sí. Mario venía mucho por casa para jugar con mi hijo cuando eran más pequeños, incluso ya de más mayorcito cuando iba al instituto venía buscando a Javier.
M: Pues yo no conocía a ninguno de los dos, ni a tu hijo hasta hace poco. ¿Te lo puedes creer?
E: Mamá…
C: Pero eso es porque Elena no es del mismo sitio que ellos, no te creas que la conozco desde hace mucho, solo unos meses. Si acabo de conocer a la novia de Mario ahora mismo también…
J: ¿Habéis desayunado?
C: Sí, nos hemos tomado un café rápido antes de venir.
J: Pues nosotros no. Vamos a hacer una cosa. Vamos a ir Mario y yo a por algo para desayunar y mientras vosotras os bajáis a la piscina.

A todos les pareció bien el plan, por lo que ellas se bajaron a la piscina mientras Mario y yo íbamos en coche a un supermercado para comprar cafés fríos y algo para desayunar. A la vuelta, antes de llegar dijo:

-Buen día vamos a echar en familia, jajajaja.
-¿Qué pasa? No le quitáis ojo a la madre de Elena, ¿no?
-Ya ves. Es que es tan parecida a ella que no puedo evitar imaginármela… Ya sabes.
-Ya.
-Irene se pone como una moto cada vez que la ve.
-¿La metéis en vuestras fantasías también? Jajajaja.
-Pues alguna vez… Jajajaja.
-Madre mía…
-Pues también.
-¿Qué?
-Pues que tu madre también está muy bien…
-Mario, no me jodas…
-No, si ya sabes que yo soy muy cortado y respetuoso con eso, pero ya ves que Irene…
-No me jodas, tío…
-No sé qué le parece a ella, a ver qué nos encontramos ahora cuando lleguemos y nos las encontremos en bikini…
-Joder… Algo me has dicho…
-Javi, que no va a pasar nada, tranquilo.

Llegamos, aparcando el coche al lado del inicio del caminito. Bajamos con las bolsas y nos encontramos a todas aún con la ropa puesta. Estaban sentadas a la sombra, hablando las cuatro. Cuando nos vieron, nos hicieron una señal y fuimos con ellas, para sentarnos en una mesa, en la misma en la que comimos el día anterior y nos pusimos a desayunar. Durante el desayuno hablamos de las cosas típicas que hablan las personas que se empiezan a conocer, contándoles a todos como nos iba con nuestra nueva vida, como nos apañábamos y demás.

Después nos fuimos hasta las toallas, quitándonos la ropa para quedarnos en bañador. Todas se quedaron en bikini excepto Maribel. Elena iba con un bikini rosa chicle muy bonito, que realzaba bastante su culo, poniéndose también un pañuelo negro en la cabeza, doblándolo como si fuera una cinta, como ella se solía poner para los días de piscina o playa. Irene iba con uno amarillo bastante chillón, que contrastaba bastante con su color de piel más oscura, y más al estar tan morena a esas alturas del verano. Mi madre, sin embargo, no estaba tan morena, cosa que intentaba ocultar al ponerse un bañador de cuerpo completo azul marino, tapando su abdomen y espalda. Mario y yo llevábamos siempre un bañador de pantalón de medio muslo, azul celeste el suyo y rojo el mío. Empezó el ritual de la crema, con ambas chicas echándole a su pareja. Mi madre me miraba con una sonrisilla mientras ella se echaba sobre los brazos. Yo apartaba la mirada algo cortado, pero también con una sonrisa. Después, los chicos le echamos a nuestras chicas, sobre todo por la espalda. En una de esas pasadas me colé y le subí la parte de atrás un poco a Elena, viéndose que la marca no era tan notable cómo debería serlo al ir siempre tapada por esa zona.

M: Elena, ¿haces topless?
E: ¿Eh? No… ¿Por qué?
M: No tienes mucha marca del moreno por ahí.
E: No, solo me desabrocho la parte de atrás y me tumbo boca abajo.
M: Que no pasa nada, ¿eh? Cada una hace lo que quiere.
C: Claro que no pasa nada. Tiene un cuerpo muy bonito.
I: Yo sí que hago. De hecho, voy a hacerlo, ¿os molesta?
M: Mmm, no, no. Tranquila.
C: Tú también tienes un cuerpo muy bonito, Irene.
I: Y tú, Cristina. ¿No te animas?
C: Yo no puedo con este bañador. Si me bajo la parte de arriba se me puede caer todo y entonces sí que hago topless del todo…
I: Bueno, te lo anudas.
C: Es que me da vergüenza también delante de mi hijo y de Mario.
M: Por mí no te cortes, Cristina. (dijo Mario medio riéndose)
M: Mario, creía que eras más formal… Jejeje. (dijo Maribel)
M: No, mujer. Es que conozco a Cristina desde que era pequeño, hay confianza, aunque lleve mucho sin verla. Además, en nuestro grupo de amigos cuando éramos pequeños e íbamos a casa de Javi, ella era la mujer, no sé si me entiendes…
J: Madre mía, Mario…
C: Vas a hacer que me ponga roja…
I: A ver, Cristina, es que eres muy guapa y estás muy bien para tener… ¿Cuántos años dices que tienes?
C: 48.
I: ¿Qué dices?
M: Estás muy bien, no lo aparentas. (dijo Maribel mientras estaba sentada con las piernas cruzadas)
I: Las dos estáis muy bien, ojalá llegue yo así a vuestras edades. (dijo quitándose la parte de arriba para dejarla apartada y empezar a echarse crema)
M: Vaya cuerpazo tienes, Irene. No te quejarás, ¿eh, Mario?
M: No me quejo, no.
I: Nadie ha tenido queja conmigo, jejeje.
M: Normal, los traerás locos a todos…
I: Y a todas.
M: ¿Cómo?
I: Es que soy bisexual, Maribel.
M: Ah…
C: Pues qué bien. Seguro que te lo has pasado muy bien.
I: La verdad es que sí, no os voy a mentir.
M: Pero ya no, ¿verdad?
I: ¿Cómo?
M: Quiero decir… Que estado en pareja con Mario, ya nada de chicas, ¿no?
I: No, no. -dijo después de un par de segundos- Cada oveja con su pareja. Yo con Mario estoy contentísima, me tiene bien servida.
M: No, si no quería decir eso…
I: Es muy cariñoso, es un amor.
C: Me alegro por vosotros.
I: ¿Te animas tú, Maribel?
M: ¿Qué? -dijo de manera incrédula- Yo no… Yo soy normal, o sea, que me gusta solo los hombres, yo no…
I: No, jajajaja. Me refería a si te animas a hacer topless.
M: Ah…
I: Pero si aún no te has quitado la ropa para quedarte en bikini. ¿A qué esperas? Estás sudando…
M: Eh… Sí. Voy a por una bebida para refrescarme. ¿Queréis algo?
E: Venga mamá, que voy contigo y te echo una mano.

Elena y Maribel se fueron a la zona del bar donde habíamos guardado las bebidas en las neveras que había ahí, quedándose unos minutos ambas hablando apartadas de nosotros.

C: Javier, estás muy callado…
J: ¿Yo? No, ¿por qué lo dices?
C: Has dormido poco, ¿no?
J: No… No sé de qué me hablas…
C: ¿Seguro? (dijo pasando su mano por mi espalda, hincándome las uñas por algunas partes, haciéndome daño)
J: Mamá… ¿Qué haces?
C: No… Qué hacéis vosotros… Que tienes la espalda hecha polvo.
J: Ah…
I: Es que Elena es muy…
C: Ya, ya lo sé.
I: ¿Cómo? Jajajaja.
C: Mi hijo me explicado lo que le pasa a Elena.
M: ¿Qué?
J: Que no, que fue para explicarle una situación. Que yo no voy por ahí diciendo lo que hago en la cama.
I: Pues sí, Cristina. Elena es sensible y tu hijo la tiene bien atendida.
C: Jajaja, vamos a dejar el tema, que Javier se enfada.
J: No me enfado… Es incómodo.
I: Pero si es divertido hablar de esto.
J: Me da cosa, jajaja. Hablad vosotros, yo voy a ver qué hacen estas dos.

Me fui de allí, dejando a mis amigos hablando con mi madre, aunque no sabía si era una buena idea, porque sabía de sobra como eran, sobre todo Irene, pero tampoco es que pensara que pudiera pasar algo raro. Confiaba en ellos. Fui a donde estaba mi chica con su madre, apreciando como que medio cambiaban de tema cuando llegaba.

J: ¿Qué pasa?
M: Nada, no pasa nada.
J: ¿Seguro?
E: Está cortada.
J: Ah… ¿Por?
E: Se ha cortado al ver que estaban aquí Irene y Mario.
J: Ah… Es que habíamos quedado con ellos y tal, creía que no habría problema…
M: Y no lo hay, solo que… Pues Mario es un hombre y me da un poco de vergüenza que me vea en bikini. Y ahora que sé que Irene es… Pues eso, que también le gustan las chicas, pues más todavía…
J: ¿Y yo no soy un hombre? Jajaja.
M: Ya, pero contigo tengo confianza y ya me has visto así.
J: Bueno, pero tampoco es para tanto, ¿no? Si ellos están mucho a su bola, no te preocupes.
E: Es que dice que el bikini le está un poco justo…
J: Ah…
M: Es que cuando me separé de mi marido tiré todos mis bikinis y bastante ropa y no tengo ninguno. Y como Elena y yo tenemos un cuerpo parecido pues me los deja, pero me van un poco justos y se me marca un poco todo…
J: Pues no sé, como tú veas.
E: Venga, mamá. Es ridículo que estés así todo el día. Te tendrás que bañar y demás para el calor…
M: Ya, ya. Ahora ya si eso…
J: Por lo demás todo bien, ¿no?
M: Sí, ¿por?
J: ¿Con mi madre todo bien y eso?
M: Javier, tu madre es una mujer estupenda. No pasa nada con ella. Hemos hablado de muchas cosas durante el camino y ha ido todo genial.
J: Me alegro.
C: ¿Todo bien por aquí?
M: Claro, todo genial.
C: Anda, dejadme hablar con ella un poco.

Elena y yo fuimos hasta nuestros amigos, pasando por la piscina, pero a medio camino la cogí en brazos y la tiré al agua conmigo. Cuando salimos a flote respiró con ansia por la impresión del agua fría y me empezó a hacer cosquillas para devolverme la gracia, pero tenía frío y se abrazaba a mí con fuerza.

-Dame calorcito, anda…
-¿Aquí delante de todos?
-Noooooo. Ni se te ocurra.
-Ah… Creía que querías tema… Jejeje.
-Luego cuando estemos solitos, con nuestras madres aquí, no.
-¿Ni un poquito solo?
-No, Javi.
-Jo…
-Oye, no me imites.
-Es que tengo ganas y no cuidas a tu nene… (dije haciendo pucheros)
-Huy que mal te estás portando…
-¿Me vas a castigar?
-Pues lo mismo.
-¿Me vas a romper el culo como el otro día?
-No. Eso ya no lo hago más.
-Pues lo del dedo me gustó mucho. Ya viste como no paraba de salir… Y que me lo comieras también estuvo bien.
-Que marrano eres…
-Pero si fuiste tú la que me ató y me lo hizo todo. (dije agarrando su culo)
-Tsss. No te he dado permiso.
-¿Permiso de qué? ¿Quién manda aquí?
-Pues yo.
-¿Eso crees?
-No lo creo, lo sé.
-Pero si casi siempre te domino yo.
-¿Y?
-¿Cómo que y?
-Javi, con lo mimada que me tienes si te digo haz esto, lo haces sin pensar.
-Mmm…
-Me tienes en un pedestal y harás todo lo que te diga.
-¿Me estás diciendo que eres una manipuladora?
-Nooooo, bobo. Jajajaja. Lo que digo es que tú piensas que me dominas, pero en realidad te preocupas tanto por mí que lo dejas todo a mi elección.
-Que soy un calzonazos, vamos…
-Que nooooo. Eres un amor, punto.
-Vale, vale, jajajaja.
-Pero que mando yo. Jijijiji.
-Conmigo no se juega.
-Que siiiii, que eres mi macho, jajaja.
-Uh… Te la estás jugando mucho…
-Ay, vamos anda…
-No. Ahora te quedas aquí. (dije mirando atrás)

No la solté de mi abrazo y ella se reía, pero pronto se le quitó la risa cuando le bajé la parte de abajo del bikini de un tirón, dejándosela por las rodillas.

-¿Pero qué haces? (dijo sobresaltada intentando subirse la ropa)
-Quieta. (dije cogiendo sus manos y llevándolas a su espalda para agarrarlas con fuerza)
-Javi, no me hace gracia, nos pueden ver nuestras madres. (dijo con voz entrecortada)
-Pues yo creo que te está encantado. Además, me he asegurado de que no nos vean, te tapo bien desde aquí.
-Para.
-No.
-Lo digo en serio
-Yo también. Lo estás disfrutando mucho. Tienes las mejillas encendidas y la voz entrecortada.
-No.
-Sí.

Entonces le empecé a acariciar la rajita, metiendo dos dedos, los cuales entraron sin ningún problema, empezando a masturbarla a buen ritmo mientras ella pegaba su cara a mi pecho.

-¿Ves como lo deseas?
-Por favor… (dijo susurrando con tono de súplica)
-Mmm… No sé… ¿Te ha quedado claro?
-Javi, Javi, que vienen. (dijo con pánico)

Le subí las bragas rápidamente a Elena, disimulando un poco mientras pasaban nuestras madres por nuestro lado, viendo como se alejaban.

-Eres un cabrón…
-¿Sí?
-Sí, mucho.
-¿Sigues con las mismas? ¿No te ha quedado claro quién manda? Jajajaja.
-Pfff…
-Dilo.
-No.
-Bueno, pues nada…

Cogí a Elena y la llevé hacia el borde para que no se nos viera tanto, alejándonos más de los demás mientras ella se intentaba zafar de mí, pero no la dejaba.

-¿Qué vas a hacer?
-Ahora voy a ser un cabrón de verdad.
-No…
-Sí. Te lo has ganado tú solita.
-Pero…
-Haberlo pensado mejor antes de provocarme así…
-¿Qué vas a hacer…?

No dije nada, simplemente actúe dejándome llevar. Me aseguré de que no nos veía nadie desde donde estábamos y le volví a bajar las bragas para empezar a tocarla como antes, metiéndole los dedos y acariciándole el clítoris. Ella me miraba con ojitos y cada pocos segundos me decía que parara, pero yo no lo hacía. Seguí tocándole a buen ritmo, controlando que no se corriera. A los pocos minutos le subí también la parte de arriba, liberando sus tetas, empezando a acariciárselas, pellizcando también sus pezones. Ella reprimía sus gemidos como podía, llevándose una mano a la boca para tapársela.

-¿Ves lo que pasa cuando juegas con fuego?

Elena no contestaba, pero me miraba con unos ojitos de vulnerabilidad que me derretían. Aun así, no me dejaba seducir por esa mirada y seguía con mi plan. Me encendí mucho y decidí llevar la cosa más allá, bajándome mi bañador para sacar mi polla y acariciarle su rajita con ella. Elena me miraba con cara de terror. No se podía creer lo que estaba haciendo.

-Te gusta. Te encanta. Lo estás disfrutando muchísimo. ¿A qué sí?

Elena no respondía, solo cerraba sus ojos, abandonándose al placer.

-¡Eh! Abre los ojos.

Elena me miró asustada. No sé si los demás nos miraron por ese grito inicial que pegué, pero es que no podía controlarme. Estaba muy cachondo y solo quería reventar a Elena. No me importaba quien estuviera ahí.

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