JOSÉ MANUEL CIDRE

-Eso que llaman trabajo no es más que lo que nuestros abuelos llamarían explotación o esclavitud. La realización de una labor por cuenta ajena exige la contraprestación de un salario, de una remuneración. Llaman progreso a lo que es el más salvaje de los retrocesos en la Historia de las luchas de los trabajadores.

El público se levanta gritando y lanzando aspavientos al aire.

-Se ponen ustedes muy nerviosos señoras y señores. Su continua reticencia al cambio les provoca esos nervios, siempre ha sido así. Miren ustedes, no tenemos la solución al paro, seguro que ustedes tampoco, lo que está proponiendo este decreto es regular la posibilidad del trabajo no remunerado, no re-mu-ne-ra-do, nada de explotación ni de esas exageraciones que manifiestan. Bastante dolorosa es la coyuntura de un trabajador que se ve en situación de desempleo prolongado como para obligarle a tener que recurrir a que le ofrezcan un salario a cambio de su trabajo. Señores; si un empleador puede ofrecer techo, comida, y condiciones de salubridad a un trabajador a cambio de emplearle, ¡Pues bienvenidas sean esas condiciones! En los países de nuestro entorno es algo que se lleva años llevando a la práctica con resultados altamente satisfactorios. Según las estadísticas ha mejorado la salud de los empleados y empleadas mediante la adopción de dietas e incluso el acceso a gimnasios en las instalaciones de los empleadores. Solo estamos dando seguridad jurídica a algo que ya existe.

Gran ovación y jaleo.

-Por supuesto que existe. Ha venido existiendo desde que hay seres humanos sobre la Tierra, y aunque lo quieran maquillar, se llama esclavitud. Nosotros defendemos que el trabajo exige unas condiciones dignas del ser humano, la primera de todas, un salario digno y una estabilidad. Lo contrario no solo no es trabajo sino que es un paso más en la erosión de los derechos de las trabajadoras y trabajadores.

Alboroto, abucheos mezclados con aplausos.

–Tienen ustedes una enfermiza obsesión por los conceptos; que si familia, que si mujer, ahora que si trabajo… Enfermiza sí. La misma renuencia que manifestaron cuando se legisló el derecho a permutar el subsidio de desempleo en metálico por el pago en especie, o el derecho a renunciar a las vacaciones pagadas lo ponen ahora sobre la mesa para oponerse a este avance, sí, a-van-ce. Les decimos lo de siempre. Nadie les va a obligar a aceptar un trabajo no remunerado si no quieren, pero, por favor, por decencia democrática, no vengan aquí a imponernos sus trasnochadas definiciones. Estamos a finales ya del siglo XXI. Las encuestas indican que los ciudadanos ven con buenos ojos esta medida. Les pediría que no se quedasen en el pasado, pero no sé si serán capaces.

El público llega a saltar entusiasmado aclamando la última intervención. Las luces amarillas del plató hacen relucir las caras de los intervinientes.

Un rostro andrógino aparece en una gran pantalla: -Señoras y señores, tras este debate preparen sus dispositivos para votar el decreto y… no se olviden, después de la publicidad llega la gran final del popularísimo concurso; «Si te vistes, pierdes».

Paroxismo de euforia generalizada.

https://habitantedelanoche.wordpress.com

Un comentario sobre “El decreto

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