ALBERTO MORENO

El domingo de cuaresma, juraron bandera, cincuenta y ocho infantes que se incorporaron al cuartel de La Riocha en Villa Ancha.

Lo florido de la ciudad estaba presente. El sargento Sergio Conejo Maroto  con su traje de gala, sable desenvainado,  sujetando el pico superior de la bandera nacional, firme, solemne, se le veia, mas alto y mas esbelto. A Vicky, sentada en la fila de prominencias le pareció, que ya iba teniendo cara , al menos, de capitan. El capellan castrense ofició la misa. En la homilia-arenga que dirigió a los nuevos infantes, previo saludo y venia, que solicitó a las autoridades, con voz profunda, gutural, como un torrente de fuego, les convino no solo y tanto a ganar la gloria, en combate o con plegarias, sino, tambien a defender la patria hasta la ultima gota de su sangre.

Fue aplaudido y aclamado.

¡Rompan filas!, gritó el sargento. Despues se sirvió un ágape.

Aquella noche, Vicky, en la suite de El Paraiso, le susurraba en el oido al Capellan castrense:

¡Ha estado impresionante!,¡Que voz de mando tiene!.

¡Ahora, padre, hagame el amor igual!.

Sergio Conejo Maroto, el sargento, disfrutaba yá de una notoriedad que todos los prominentes de Villa Ancha le saludaban por la calle, algunos hasta se descubrian quitandose el sombrero o la gorra militar.

Una mañana, el Coronel Jefe del Acuartelamiento, en Villa Ancha,  que  se habia  prendado de la haitiana mulata ,la de los rizos rubios  y que el sargento fingia no saber, le hizo venir a su despacho.

¡Sargento Conejo Maroto, el Mando Militar se congratula de comprobar la diligencia con que lleva a buen puerto todas las misiones que le son encomendadas!.

¡He decidido ascenderle a teniente y si sigue colaborando conmigo, con tanto tino, para Navidades, puede que sea ya capitan!.

Continuó.

¡Dejara el mando del puesto fronterizo con nuestro pais vecino y se hara cargo del avituallamiento y cuantas compras requiera todo el Acuartelamiento, viveres, comida, uniformes,utillaje. Solo  quedarán  excluidas las armas y la munición!.

¡Siempre a la orden, mi coronel!, contestó, firme como una vela el nuevo teniente.

Con Vicky y con Leonor, la mulata haitiana, convino que el coronel tuviera trato preferente, incluido cuaresma y fiestas de guardar.

El teniente Conejo Maroto, sumaba y restaba como un poseso. Su cuenta crecia como la espuma.

Los carniceros rivalizaban por llevar a El Paraiso los mejores solomillos y las mejores piernas de cordero, que entraban por la puerta trasera. Vicky y las ninfas, les hacian carantoñas y les pedian higaditos de pavo , pate de ganso y cuantos caprichos culinarios les antojaban.

El general Pantoja falleció como habia diagnosticado el doctor.

Al entierro asistió lo mas florido de la capital y de nuevo la cohorte que abarrotaba su habitacion del hospital, le acompañaba en su sepelio camino al cementerio.

Milagros Vinagron, rigurosamente vestida de negro, seguia muy de cerca el féretro. Lucia el colgante de zafiros sobre su blusa de raso negro.

El abogado, en los siguientes dias, fué poniendo orden en la ultima voluntad del general. Repartió, sisando  lo que pudo, las partes que a cada interesado se le habia consignado en el testamento.

Milagros Vinagron, en un principio,se resistió a devolver el colgante. El letrado, recurrió a sus buenas artes y la joya quedó a buen recaudo en uno de los cajones de su escritorio.

En realidad, la mujer ignoraba el verdadero valor de aquella pedreria.

Doscientos años antes, o quizás mas,habia pertenecido a una marquesa española que lo habia lucido y paseado en fiestas y recepciones de alta alcurnia. Con el paso de los años, la joya fue cambiando de manos y al final el general Pantoja la encontró en el joyero de un prostibulo, donde el militar recalaba siempre, despues de sus misiones «patrioticas».

La cogió sin mas y a su dueña le hizo promesas de amor eterno.

Años despues, una tarde que Vicky, malhumorada, a los abordajes del general respondia «que tenia jaqueca» y le dolian la espalda y los riñones y que aquella tortura, le impedia el movimiento de su cintura y de sus caderas y que a ella le gustaba estar presente y activa, como tambien le gustaba a Don Pantoja.

El general sacó del bolsillo de su guerrera el colgante, se lo mostró y le susurró al oido: ¡Esta hecho de unas piedras milagrosas que mitigan el dolor y el maleficio!.

La joya obró el milagro.

Luego, meses despues, que Vicky lo lucia  sobre su cuello ,el general observo que un engarce estaba suelto. Prometio hacerse cargo de su arreglo.

La mujer no volvio a verlo y con el paso del tiempo, casi lo habia olvidado.

El abogado, cuando termino el reparto a los hijos y mujeres del general, mandó aviso a Vicky.

¡Todo esta listo, venga cuando plazca!.

La entrevista transcurrió de forma modélica.

En sobre, le entregó el fajo de billetes en moneda americana, en un estuche dorado,el colgante de zafiros, que todavia mostraba el engarce mal ajustado. Le hizo firmar las nuevas escrituras de propiedad de la casa de Copito y las tierras colindantes al santuario de Fené, cuya extension era  basta y considerable.

Volvió a despedirse de Vicky efusivamente, volvió a besarla en las mejillas y al salir de su despacho  en tono de cierta complicidad, le despidió con un: ¡Siempre a tu servicio Vicky!.

Le habia tuteado por primera vez.

Al salir a la calle, Vicky, obvió las lencerias y las tiendas glamurosas, fue directamente al banco y deposito en su cuenta, el fajo de billetes.

Despues, en unos Almacenes corrientes ,tuvo tiempo de comprar ropa de bebé para Alicia, dos camisas para  Sergio y unas botas para Copito.

A sus ninfas les llevó unos frasquitos de   perfume frances que hacia estragos.

-¡Ponerse solo una gotita, es muy fuerte y a los hombres les levanta demasiado el animo y hasta la espina dorsal!, les dijo.

Alicia parió como previsto al final del verano. La comadre Hortensia le asistio en su cama.

A los plantones de yuca, le habia sucedido un sembrado verdioscuro de guandules que prometian una cosecha gloriosa.

Vicky venia de vez en cuando y le daba  a Alicia un discreto fajo de billetes de curso legal en La Cuesta de las Culebras.

El dinero del pais vecino lo cambiaba antes en el banco.

El hermano del general Pantoja, que habia usurpado las tierras de los campesinos asesinados por el general ,sin la presencia de Pantoja, se volvio  menos fanfarron. De hecho,habia nombrado un ayudante y apenas se prodigaba por La Cuesta de las Culebras. Las viudas  se encomendaban a sus santos y les pedian un milagro. Querian volver a sembrar sus legitimas tierras.

Cuando Hortensia, cogio en brazos al recien nacido, con fruicion y regocijo exclamó: ¡Igualito a su padre!.

Copito,como las serpientes del desierto , se habia desprendido de su antigua piel de hombre asustado, apocado, incapaz de mirar de frente a las personas. El arrojo y la osadia habian aflorado en sus ojos.

Ahora, convertido en padre, cada vez que miraba al recien nacido, acariciaba el rifle guardado en el armario,  mazcullaba una retahila de palabras, que ni el mismo entendia.

Un dia que subia a casa del compadre Dimas , se cruzó con el hermano del general Pantaja, le interceptó el paso y a medio metro del otro,  con tono profetico y con una voz ancestral de gladiador, masticando de rabia las palabras, le dijo:

¡Después que devuelvas las tierras a las viudas ,te crucificare vivo , yo solo, a la entrada de La Cuesta de las Culebras, en el framboyan , las ramas crecen en forma de cruz!.

Al terminar de pronunciar la profecia, a su cerebro y a todo su cuerpo le invadió una rabia indescriptible.

 El hermano del general, profundamente aterrado, salió en estampida y nunca mas volvio a La Cuesta de las Culebras.

Delego en su ayudante que se encargó con evidente desidia y abandono de sus asuntos. De hecho, las viudas fueron recuperando sus tierras sin resistencia.

A mediados de octubre, el Coronel, hizo llamar de nuevo al teniente Sergio Conejo Maroto.

Ignoraba el motivo.

Estaba desempeñando su nueva mision con destreza y tino. Nada faltaba, siempre los pedidos llegaban en tiempo, la calidad de las comidas habia mejorado y la tropa se mostraba satisfecha. Ademas, de forma discreta, le hacia llegar mensualmente al Coronel, unos sobres cerrados, cuyo contenido solo conocian los dos. El Coronel, ni acusaba recibo, ni pedia mas.

El Coronel, al entrar Sergio Conejo en su despacho, se incorporó, le saludó amistosamente, le tendió la mano, en contra de las normas castrenses, y comenzó a hablar:

¡Estoy en apuros Sergio!, le tuteó por primera vez.

¡A mi edad, voy a ser padre de nuevo!

Leonor, la mulata haitiana, esta en cinta de siete meses! ¡Y yo soy el padre!, Lo se a ciencia fija, no lo puedo negar, ella insiste en ser madre!,¡le hace ilusion que su hijo tenga un padre coronel, se niega a abortar!, ¡yó, entre tu y yo, me gusta la pendeja tanto, que no puedo dejar de pensar en élla¡.

¡ Mi mujer, si tiene conocimiento,  es capaz de matarme!, ¡No sabes como es  la devota y beata de todos los santos del cielo!.

Sergio Conejo Maroto, yá en su nuevo papel de oficial, teniente por meritos contraidos en mision diplomatica y patriotica, interrumpió al Coronel con cierta osadia, recordó por instantes, hacia ya tiempo, la vez que interrumpio a Vicky, en casa de Copito y le propuso abrir el prostibulo en Villa Ancha.

-¡No se apure mi Coronel, podemos dar la criatura en adopción!, por prudencia viviria fuera de Villa Ancha, pero cerca de aqui y tendria tutores jovenes temerosos de Dios,han sido padres hace tres meses. Su hijo tendria  hermanito!.

Dió detalles al Coronel. Solo deberia  Usia pagar la manuntencion y podria visitarle con discrecion todos los meses.

El coronel, respiró aliviado, vio el cielo abierto.

¡En navidad, seras capitan!   ¡Este servicio patriótico no tiene precio!.

El Coronel, no solo le tendio la mano, sino que le abrazó.

La nariz de Sergio Conejo, percibio, que el uniforme desprendia la fragancia francesa del perfume que Vicky habia traido de la capital para sus ninfas .

Era evidente, que Leonor la mulata haitiana, habia entrado en el corazon y en la vida de Raimundo Polea Alfacar, asi se llamaba el coronel jefe del acuartelamiento de La Riocha  en Villa Ancha.

Copito, Alicia y Vicky vieron el plan con agrado.

Vicky, recomendó a Sergio, que procurara controlar el sobre mensual , que el mismo podria ser el encargado de traerlo.

Asi se convino.

Luego, el Coronel, se encargó el mismo en persona de llevarlo todos los meses.

El primer dia del año nuevo, Leonor dió a luz un rechoncho negrito. La comadre Hortensia, traida en la calesa de Vicky, le asistió en el parto.

Aquel dia , El Paraiso tuvo un dia de asueto. Todas las ninfas, rodeaban a Leonor, el Coronel, chocho como una batata, miraba al negrito y no sabia que decir.

Hortensia, lo alzó en alto, todavia desnudo, lo miró y exclamó casi con voz de capellan castrense:¡Este niño tendrá buena estrella!!, ¡sera general!, ¡ya lleva las estrellas de  coronel!.

                          Capitulo IV

El mulatito, negrito y rechoncho, lucia como su madre, un incipiente mechón  rubio en la raiz de su frente.

Parecia un exotico y minusculo  flequillito a la «garcon» de san Antonio de Padua, el santo de los pajaros  y de las muchachas solteras.

Faltaba, bautizarlo y ponerle nombre. Sergio y Vicky, serian los compadres, asistiria El Paraiso en pleno, serian las hadas madrinas y Alicia y Copito los segundos compadres.La madre  estaba feliz.El niño se llamaria Gabriel, como su abuelo materno.

Leonor,la mulata haitiana cumpliria diez y nueve años dentro de tres meses .

El Coronel Raimundo Polea Alfacar, padre de cinco hijos legitimos con doña Veronica Muñoz de Alcantara, habia cumplido  cincuenta y nueve años el dia uno de  Noviembre, el dia de todos los  santos, dos meses ante que su nuevo hijo.

Vestido de paisano, todos los meses ,de incognito, emprendia camino a La Cuesta de las Cuebras, llegaba a medio dia, comia en casa de Copito, retosaba con el negrito, le hacia carantoñas, le daba un sobre con dinero a Alicia y por la tarde regresaba.

A doña Veronica, su mujer, le traia siempre alguna minucia y decia venir cansado de la inspeccion secreta, que el alto mando le habia encomendado.

Un dia, dejor caer, sin ningun fundamento,  para reforzar sus misteriosas inspecciones, que era posible que estallara una guerra con el pais vecino.

Doña Veronica, le contestó entusiasmada:¡ Puede que llegues a General!, -¿Cuando empieza la guerra?.

Copito, con las ayudas de Vicky, el sobre del coronel, los cuartos que tambien hacia llegar Leonor de forma irregular y sus campos que rendian el doble, renovo todos los aperos de labranza é instalo en la cocina una hornilla nueva .

Alicia, daba el pecho a los dos mamoncillos y Copito les instaló una jaula con dos pajaritos, que piaban, cuando alguno de los niños lloraba pidiendo teta.

Sin saber cuando, ni por qué, los periodicos de la capìtal comenzaron a traer noticias  preocupantes.

Primero fueron noticias de buen augurio. Escribian en primera pagina del hallazgo gigantesco de un yacimiento de oro en la frontera de ambos paises. Mencionaban La Cuesta de las Culebras y Villa Ancha, pero no precisaban el emplazamiento exacto.     

Despues, comenzaron a hablar de una inminente guerra entre ambos paises. Los dos gobiernos se disputaban la propiedad del yacimiento.

Al acuartelimiento de La Riocha llegó un regimiento de caballeria con doscientos soldados a lomos de los correspondientes caballos.

 En el puesto fronterizo, al que un dia llegó Copito, se instalaron dos cañones.

Tambien Vicky, pidió refuerzos. A sus siete ninfas, añadió tres nuevas compañeras que llegaron a la par que la caballeria.

La casa colindante con El Paraiso, que tenia un patio con cinco plataneras, la compró, la aneccionó y unió ambas. Juntas, disponian de diez habitaciones.

Contrató a dos sirvientas, encargadas de la limpieza.

Todas las mañanas, el tendedero del patio, entre las plantas y las hojas gigantes de las plataneras, lucia una retahila de pañitos azul turqueza que parecian los gallardetes y banderolas de la calle principal de un  pueblo en fiestas. Eran los limpia chochos, que Vicky, escrupulosa y amante de la higiene, habia traido de la capital.

La guerra, se mencionaba, pero no empezaba.

Los rumores apuntaban al yacimiento de oro, que nadie a ciencia cierta conocia su ubicación. De hecho, en la Cuesta de las Culebras , algunos vecinos organizaron batidas que no dieron resultado.

En Villa Ancha, el Coronel del acuartelamiento, no recibia ninguna orden que aclarara la situación.

Vicky, en un viaje relampago a la capital de su pais, oyo, del director del banco y del abogado, que la guerra no estallaria ese año.

Una mañana, enfrente del puesto fronterizo, donde recaló Copito, donde el pais vecino habia emplazado dos cañones,  ocho zapadores iniciaban la construcción de otra garita fronteriza, el pais de Copito no tenia alli vigilancia y habia decidido instalar una.

Tardaron una semana. Lucia  otro color y otra bandera.

Parecia que el rumor de la guerra iba en serio.

Vinieron los soldados, tambien sus uniformes eran diferentes.

Al tercer dia, ambos destacamentos estaban confraternizando.

-¿Cuando empieza la guerra?, pregunto un soldado del pais de Copito.

-¡No sabemos nada, no nos han traido proyectiles para los cañones y tampoco sabemos como funcionan!,  y vosotros, ¿no vais a traer?.

¡Si, pero al carromato que los traia se le ha roto una rueda, se han quedado en la Cuesta de las Culebras, llegaran!, ¿Teneis tabaco?.

¡Si, nos traen dos cuarterones cada semana, asi fumamos en las guardias y no nos dormimos!.

Los ocho soldados de ambas guarniciones, echaban humo como las chimeneas de un carguero del Misisipi.

¡Esta rico este tabaco!,dijeron los soldados del pais de Copito, ¿Podemos ver vuestros cañones?.

¡Claro, venid!.

Se arremolinaron alrededor de los artefactos, tenian un aspecto deplorable, era evidente que no se usaban, ni siquiera en maniobras. Pasaron sus manos por el tubo y sus dedos se mancharon de un oxido espeso, oscuro.

¡Que  requetebueno, sabe este tabaco!,el soldado del pais de Copito era mas extrovertido, siguió con sus murgas de preguntas.

¿Y cuanto gana un soldado en tu ejercito?, ¡Nosotros 300 pesos, una mierda y nos pagan con dos y tres meses de retraso! , ¿Y vosotros?.

-¡Igual , otra mierda!, los coroneles y los generales se llevan todo!.

En los siguientes dias hablaron de sus novias, probaron las balas de sus fusiles y eran iguales. Al final llegaron los cañones del pais de Copito, estaban tan herrumbrosos como los otros.

Los emplazaron, justo delante ,les separaba el ancho del camino.

La guerra no llegaba, ellos confraternizaron del todo, hacian las guardias juntos y propusieron eliminar un soldado por bando, en lugar de cuatro, dos eran suficientes, asi dormian mas.

Los periódicos cambiaron los titulares, la amenaza de la guerra la sustituyeron con la noticia de un inminente tornado. Los meteorólogos no estaban seguros de la fecha.

El  domingo, sobre las once, cuando todos los fieles asistian a la misa mayor en la iglesia principal de Villa Ancha, con  las fuerzas vivas en primera fila.Vicky se acomodaba, justo en la siguiente, iba sola, dejaba a sus ninfas en El Paraiso,por la tarde el cura párraco y el capellan castrense, juntos, les oficiaban a las ninfas una misa en privado,  les repartian la hostia y consagraban sus cuerpos  y entonaban todos un «angelus» comunal.

El parroco, colgaba la estola en el cabezal de la cama y el capellan hacia lo mismo con su sable.

La guerrera de uno y la sotana del otro, la dejaban en la cocina. La sotana olia a cuervos muertos y la guerrera a chinches.

Justo cuando las manos del  Padre elevó el caliz y comenzo a invocar la presencia de dios, se desencadenó el tornado.

El estallido  fue brutal, el templo se tambaleó, dos santos cayeron del retablo del altar mayor.

La nave estaba a rebosar de fieles. De alli, un ¡Ay! estremecedor al unísono salio de todas las gargantas.

El coronel Raimundo Polea Alfacar, que asistia de pié junto a su esposa, instintivamente bajo la mano a su pistola la empuño, la enarboló en alto y se quedo hierático, espectante, como un Millan-Astray  resucitado.

-¡Raimundo!,¿Es la guerra?, exclamo la coronela.

¡No!, contesto su esposo, ¡Es el tornado!.

¡Es Dios que quiere castigar a los pecadores y a las brujas del Paraiso. ¡Menos mal que tu no frecuentas esos sitios de perdicion y molicie.

¡Alabado sea el Señor!, la coronela se santiguaba compulsivamente.

El tornado iba a mas.

El coronel, de pié, desde el altar mayor se dirigió a los fieles:¡Debemos permanecer aqui , el tornado debe amainar!. ¡Dios nos proteje!.

Los asistentes queriar ir a sus casas, estaban muy inquietos.

El cielo habia oscurecido, serian solo las doce del medio dia. El viento castigaba la iglesia con furia inusitada, el edificio crujia por sus cuatro costados, una lluvia racheada, violenta, azotaba sus  cristaleras. El diluvio y el viento impendian salir al exterior.

A cada relámpago sucedia un trueno ensordecedor.

 Parecia el fin del mundo. Permanecieron en el templo.

Vicky estaba nerviosa, los dos edificios de El Paraiso, eran solidos pero sus ninfas, solas, estarian aterradas.

En la casa de Copito, la techumbre del cobertizo de los cerdos, habia volado. La casa, cerrada a cal y canto, con la puerta atrancada, estaba sana y salva.

El, Alicia y los niños compartian la misma estancia.

Los goterones de agua al golpear el tejado de zinc, reproducian los sonidos de los disparos de una ametralladora.

No cejaban, de un momento a otro,  iban a agujerear el zinc. Los pajaros, en su jáulas estaban nerviosos, se revolvian y piaban asustados.

El tornado no remitia.

Se fué la tarde y vino la noche. En la iglesia de Villa Ancha, todos los fieles permanecieron en su interior. El párroco ofició otra misa y encomendó a Dios, con sus plegarias,la custodia de los presentes.

Encendieron velas y entonaron cánticos, que se fueron repitiendo toda la noche.

En el cuartel  de La Riocha, los caballos relinchaban en los establos, los infantes, apiñados en la Sala de Armas, entonaban el himno patrio.

A la mañana siguiente, la lluvia habia cesado, el viento habia amainado.

Salieron.

Vicky se encaminó a El Paraiso, El coronel dejo a su esposa en casa y se dirigió ráudo al cuartel, los fieles, en pequeños grupos abandonaron el recinto. El párroco apagó las velas, atrancó las puertas de la iglesia y se refugió en la sacristia.

Cuatro dias despues, el tornado habia desaparecido.

En La Cuesta de las Culebras, el rio Chachinea se habia desbordado, habia inundado los campos y el caudal hinchado de sus aguas llevaban vacas y burros  muertos, ahogados.

No hubo desgracias personales.

El sol, victorioso, radiante, encaramado en los vertices de un cielo azul , irradiaba el calor de sus rayos sobre los sembrados.

La tierra desprendia un vaho tembloroso, blanquecino que se elevaba sobre las copas de los arboles.

El suelo se secaba por momentos y recuperaba su color habitual.

La guerra no llegaba. La gente empezaba a olvidarse de élla.

Los cañones seguian emplazados en el puesto fronterizo. El regimiento de caballeria seguia acuartelado en La Riocha.

El flamante capitan Sergio Conejo Maroto, hizo saber al Coronel, que no quedaba presupuesto para el  pienso de los caballos. Sugirió soltarlos y enviarlos todo el dia a pastar a los campos.

El coronel consulto al Estado Mayor de su ejercito y le dieron el placet, cuando empezara la guerra volverian a comer grano.

La contienda no llegaba, pero a La Cuesta de las Culebras, un domingo, por el camino  de la capital, llego un forastero a pié.

Portaba una maleta en su mano derecha.

Procedia de La Martinique y dijo llamarse Maurice Vitriole d´Saint Vertu. Aseguro, ser profesor de lenguas, habia pasado sus ultimos quince años en el liseo de la capital Fort-de-France.

Sus manos de piel fina le denotaban como hombre instruido.

Antes, pudo haber sido contrabandista o tener otras ocupaciones poco relatables. Sus ojos azules portaban un cierto halo  aventurero.

A su castellano gutural, las «eres» se le escapaban por los claros y ranuras de una dentadura descuidada y mal compuesta.

Era alto, espigado, rondaria los cincuenta. Su pelo rubio, del tono de las mazorcas y sus ojos azules le daban un aire ligeramente aniñado. Era afable y siempre saludaba a las personas que encontraba por la calle.

Habló con el compadre Dimas y este le acomodo en el trastero que tenia vacio, semi abandonado, detras de su casa.

Le instaló una hornilla vieja, le llevo dos sillas, una cama, una mesa y algunos enseres que le sobraban en su vivienda.

Durante una semana limpiaron y acondicionaron el espacio.

Dimas le propuso un alquiler de cuarenta pesos al mes.

Aceptó y añadió que venia a quedarse. Todas sus pertenencias estaban en la maleta, algo de ropa y una veintena de libros, algunos visiblemente en mal estado.

Cuando paseaba por La Cuesta de las Culebras, siempre llevaba uno  en su mano derecha o debajo de su brazo.

Trabó amistad con el herrero, le propuso hacer jaulas de alambre para pajaros . Las haria en su taller.

El dia que se aventuro hasta el puesto fronterizo , a los dos destacamentos se ofrecio para limpiar y engresar los cañones.

Al terminar, calibró el tiro y recomendó cambiar los emplazamientos. En alguna etapa de su vida debió haber sido artillero.

Ofreció clases de lectura y escritura. Tres comadres llevaron a sus hijos , Dimas le pregunto si tambien podrian asistir los mayores.

Al final, despues del grupo infantil, Dimas, la comadre Hortensia, el herrero y Copito compusieron otra clase.

En el taller, fabricaba unas jaulas, que al terminarlas, las pintaba de rojo o de amarillo. Tenian bebedero y comedero. A distintas altura les colocaba unos barritas horizontales. Asi, decia Maurice, los pajaros piensan que estan en las ramas de un árbol y si dejais la puerta abierta de la jaula  los pajaros vuelven.

Copito, primero aprendio a coger el lapiz, en los primeros dias se le  resbalaba de sus dedos. Despues, a los tres meses, recitaba el alfabeto de memoria.

El dia que Maurice le visitó, Alicia preparo un jugo de frutas silvestres y en un plato sirvio unos dulces caseros de batata.

Cuando vio a los muchachos gatear y dar sus primeros pasos, los observó sin quitar ojo de los pequeños galafates.

Al marcharse, ya de pié, dijo: ¡Hay que empezar pronto con su educación!  y profetizó:

¡El blanquito sera Obispo y el negrito militar, puede que llegue a general!.

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