KERANOS

-¿El que, mi amor?
-¿Te acuerdas de lo que hablamos en tu casa que quería que me hicieras?
-¿Ahora?
-Bueno, no se me ocurre un mejor momento. Estamos los dos aquí solos, acabamos de follar… No sé, ¿qué dices tú?
-Pues claro, ¿cómo te voy a decir que no? ¿Cómo lo hacemos?
-Pues me siento ahí y tú te tocas hasta que te corras.
-Vale.

Nos levantamos y me senté en el suelo, con más piernas cruzadas, apoyando las manos en mis rodillas y Elena se puso de pie frente a mí, empezando a tocarse.

-Javi, me siento un poco rara.
-¿Por qué?
-No sé, te veo tan a mis pies que no sé… (dijo tocándose aún, haciendo movimientos circulares en su clítoris)
-¿No te gusta?
-Mmm, no es que me guste o no…
-¿Entonces?
-No sé cómo explicarlo…
-Elena, tú has estado así para mí muchas veces esperando que acabara en tu boca.
-No sé mi amor… Me gusta más que me domines tú.
-Pero no estamos jugando a eso.
-Lo siento así, te veo tan vulnerable ahora mismo que me da mucha ternura y me cuesta.
-Si quieres lo dejamos, no te veo cómoda. Te quiero y lo importante para mí es que estés cómoda conmigo.

Elena paró de tocarse y se puso de rodillas para estar a mi altura, poniendo sus manos en los laterales de mi cuello, de manera muy suave, para darme un beso con mucho cariño. Después me abrazó, acariciándome la espalda. Yo puse mis manos en su cintura. A los pocos segundos se retiró, poniéndose de pie de nuevo, percatándome de que tenía los ojos vidriosos, ligeramente rojos. Se empezó a tocar, esta vez de manera más rápida, apretando sus ojos con fuerza, empezando a encogerse.

-Pfff… Javi, no puedo. Estoy muy sensible y me voy a correr, pero no noto que vaya a mojarme.
-Venga mi vida, ya verás como puedes, métete bien los dedos.

Elena volvió a intentarlo, pero le ocurría lo mismo, se empezaba a encoger, apretando mucho sus ojos, gimiendo de manera rara como reprimiéndose y con rabia por no lograr lo que quería.

-No puedo Javi, tócame tú como sabes para llegar a eso.
-No, mi vida. Tienes que hacerlo tú, si te lo hago yo no va a ser tan especial, tú puedes, ya lo has hecho alguna vez. (dije acariciándole los muslos)
-Me cuesta mucho, mi amor.
-Respira hondo y métete así los dedos.

Por tercera vez Elena lo intentó, empezando despacio, metiéndose los dedos lentamente mientras me miraba con ojitos. Poco a poco aumentó el ritmo y ya se empezaba a oír ese sonido encharcado que precede a ese momento en el que empiezan a lanzar chorros.

-Así, así mi vida, lo estás haciendo muy bien. Abre los ojos para que veas como me bañas.

Elena abrió sus ojos y me agarró con fuerza del pelo, empezando a mojarse mucho. Hizo un par de movimientos más con sus dedos de esa manera, más fuertes, provocando que empezaran a salir chorros desde su coñito, pasando a acariciarse el clítoris mientras empezaba a chillar como una loca. El primero salió con mucha presión, dándome de lleno en la boca, entrando bastante en ella, dándome el resto en la barbilla y el pecho, fueron tres chorros con bastante fuerza. Fue algo muy excitante, por lo que mi erección volvió a hacerse presente. Una vez Elena paró de correrse de esa manera tan espectacular, se empezó a tambalear, con sus piernas temblando bastante, soltándome el pelo.
Rápidamente me levanté para ayudarla a tumbarse en la cama. Respiraba muy aceleradamente, retorciéndose y gimiendo. Cogí mi camiseta para limpiarme un poco y me acerqué a ella, acariciándole la cara y apartándole el pelo para que no le molestara.

-Lo has hecho muy bien, mi vida. Lo has conseguido. Te quiero.
-Javi, estoy mareada…
-Tranquila, Elena. Ya está. Descansa, relájate.

Cuando vi que se empezaba a tranquilizar fui a la ducha para lavarme. Aún estaba empalmado y excitado, por lo que me empecé a tocar pensando en lo que acababa de pasar, corriéndome de nuevo. Cuando volví me la encontré profundamente dormida, por lo que aproveché para limpiar aquello con una fregona, echando también la ropa a lavar.

Aún tenía tiempo hasta la hora de comer, por lo que seguí trabajando un poco más. Con la tontería no me di cuenta y se nos echó encima la hora de comer. Hice el parón y fui a despertar a Elena, sonriéndome una vez lo hizo. Nos vestimos y Elena me insistió que me quedara a comer con ella en su casa. Como la tenía que llevar de todas formas y no me daba pereza prepararme algo, pues acepté. Cuando llegamos a su casa, para sorpresa de nadie, a Elena le cayó una pequeña bronca de su madre por no haberla avisado de que pasaba la noche fuera. Ni siquiera le dejó que fuera a ducharse, la mesa estaba puesta y había que comer para que no se enfriara. Elena se cambió de ropa para ponerse más cómoda y nos sentamos a comer.

J: Espero no ser una molestia.
E: Pero, ¿qué dices Javi…?
M: No te preocupes, hombre. Había hecho comida para que sobrara para luego la cena.
J: Vale. ¿Y tú abuela?
E: En casa de mi tía, ¿no, mamá?
M: Sí… Elena, ¿estás bien?

Esta pregunta se la hizo porque Elena hablaba bajito, con la voz un poco ida y sus movimientos eran altos extraños, más lentos de lo normal, con algún espasmo muy ligero. Yo sabía se sobra porqué era, ya que se había corrido tres veces de manera muy seguida, con esa última estallando de una manera brutal, cayendo rendida en la cama durante varias horas. A pesar de haber descansado, era algo que le pasaba cuando se corría varias veces tan seguidas, estaba como atontada durante el resto del día. Puse una ligera sonrisa en mi boca, al igual que Noelia, quien también sabía lo que pasaba.

E: ¿Eh? Sí, ¿por qué?
M: Estás rarísima.
E: ¿Yo? No…
M: ¿Has bebido?
E: No. Anoche un par de cervezas, pero nada más. Si no hemos desayunado ni siquiera.
M: Parece que estás borracha, no sé… Te veo rara. ¿Qué te pasa?
N: Está borracha de amor.
M: ¿Qué dices tú?
N: Nada, nada.
M: ¿Me va a explicar alguien que pasa?
J: No pasa nada.
M: Ya…

Seguimos charlando de otras cosas, pero Maribel no le quitaba el ojo a Elena en ningún momento. Elena estaba todavía un poco en su mundo, ni se daba cuenta de como su madre la analizaba constantemente. En una de estas le puse la mano en el muslo a Elena y dio un respingo. Me miró y le sonreí, ella sonrió, poniéndose roja y apartó la mirada rápidamente. Volví mi vista al plato, para luego levantarla, viendo que Maribel me miraba con los ojos entrecerrados.

Cuando acabamos de comer Maribel se levantó y me pidió que le ayudara para llevar los platos e ir a por el postre. Elena se ofreció, pero su madre le dijo que no, que me lo había dicho a mí y que con lo rara y torpe que estaba seguro que se le caía algo. Cuando llegamos a la cocina, Maribel me preguntó, como esperaba que lo hiciera.

-¿Qué le pasa a mi hija?
-Nada, Maribel, de verdad.
-¿La has drogado?
-¿Perdona?
-Está muy rara, no la he visto nunca así. ¿Qué habéis hecho? ¿Os drogáis?
-Maribel, tranquilízate, que se te está yendo un poco la cabeza.
-¿Me puedes decir qué es lo que pasa?
-Te he dicho que no pasa nada, no sé cómo te lo tengo que decir…
-Algo pasa y me voy a enterar.

Cogí los postres y me fui de allí para ir al comedor porque me estaba empezando a calentar y aún seguía un poco estrado y no la quería liar. Debo ser como un libro abierto, porque Elena me notó algo cuando llegué, aunque no dijo nada. Se limitó a mirarme. Cuando su madre llegó se sentó y no paraba de mirarnos a Elena y a mí. Estaba bastante incómodo.

E: Mamá, ¿qué pasa?
M: Dímelo tú…
E: ¿Qué quieres que te diga?
M: Lo que pasa.
N: Mamá, déjalo, no es nada.
J: Creo que va a ser mejor que me vaya.
E: No, ¿por qué? Acábate el postre.
J: Se me han quitado las ganas.
E: Mamá, ¿se puede saber qué le has dicho para que Javi esté así?
M: ¿Yooooo? No he dicho nada. No pasa nada.
E: Joder mamá, luego soy yo la niña…
J: Me ha dicho que te ve muy rara y me ha preguntado que si te he drogado y que si nos drogamos.
E: ¿Cómo?
N: Hala… Mamá…
M: Chivato…
E: ¡Mamá!
M: Joder, ¿tanto es pedir que me digas qué pasa?
E: Lo que pasa es que Javi me ha echado dos polvos, me he corrido tres veces y estoy más allí que aquí por lo que me hace sentir, joder.

Maribel se quedó parada, con los ojos muy abiertos, bajando la mirada al plato, sin decir nada más. A Noelia le entró la risa y Elena se marchó a la ducha. Yo no sabía qué hacer, por lo que salí detrás de ella.

Se encerró en el cuarto de baño de un portazo. A los pocos segundos se oía la ducha.

-Elena, no te enfades anda… Abre.
-¡No estoy de humor!

Me sorprendió un poco que me respondiera así, ya que yo no tenía culpa de nada y eso me cabreó, no por Elena, sino por la situación en su casa con su familia. Sí resultaba que Noelia había salido a Maribel, porque vaya tela entre las dos… La única que no me tocaba los cojones de su familia era su abuela, sin contar a Elena, claro. Bien es verdad que Noelia últimamente parecía otra y se estaba portando estupendamente con nosotros, pero ahora el problema era la madre. Estaba obsesionada con controlarlo todo y estar encima constantemente, cosa que molestaba a Elena bastante e incluso a mí. Ya lo habíamos hablado un par de veces con ella y seguía, así que decidí cortar el asunto de raíz. Volví al comedor, donde seguían ambas sentadas en la mesa, parecía que hablaban algo, pero me importó una mierda.

J: Noelia, ¿nos puedes dejar a tu madre y a mí solos? Me gustaría hablar con ella a solas.
N: Claro.
M: No hace falta que se vaya.
J: Sí hace falta, sí. (dije de manera seca, mostrando mi mal humor)

Maribel puso cara de sorpresa al verme así y Noelia un poco también, dejándonos solos.

-¿Qué es lo que ocurre, Maribel?
-Nada.
-Pues no lo parece. Me da la sensación de que estás buscándome las cosquillas, o a mí o a tu hija y sinceramente, me está tocando las narices el asunto ya.
-¿Qué dices? Para nada.
-Algo pasa, eso está claro. Siento como si estorbara, como si no te gustara que estuviera aquí.
-No es eso, no sé por qué lo piensas…
-Coño, ¿a qué viene la pregunta de si drogo a tu hija? ¿En serio me ves capaz de hacer algo así?
-No, no te veo capaz.
-¿Entonces?
-No me gustan los secretitos. ¿Tan difícil era contarme lo que pasaba?
-Está claro por qué no te lo habíamos dicho. Si te decimos que no pasa nada, es que no pasa nada. No sé a qué viene esa desconfianza.
-Javier, me viene mi hija diciéndome que tiene novio desde hace varios meses, que lo conoce desde hace años y yo sin saber nada, sabe como estoy con lo de traer a chicos a casa, nos hace esa encerrona en su graduación, te mete el primer día que nos conocemos aquí a dormir… ¿Cómo quieres que me lo tome?
-No lo sé, la verdad. En mi opinión, estás exagerando mucho. Entiendo que estés traumatizada con lo que te pasó, pero no puedes controlar de esa manera a tu hija de 23 años. A ella le pasó algo parecido y mírala como está ahora.
-No es lo mismo.
-Claro, 5 años de relación es una chorrada. Venga…
-No estoy de acuerdo.
-Da igual, estoy cansado de todo esto y estoy bastante incómodo la verdad. Lo mejor va a ser que deje de venir por aquí.
-No Javier, no es para eso.
-¿Entonces qué hago? ¿Tragar y tragar? (dije ya cansado por toda la situación)

Maribel se quedó en silencio, sin saber qué responder. Se la veía descolocada por como estaba yo. Me quedé callado, esperando a que ella dijera algo, pero no lo hacía. Solo se limitaba a mirar a la mesa mientras jugaba con sus dedos. Entonces oí a lo lejos otro portazo. Me levanté y fui a la habitación de Elena, encontrándome la puerta cerrada. La abrí y entré, encontrándome a Elena tumbada en la cama, de lado, dándole la espalda a la puerta. Me senté en la cama a su lado y le acaricié el brazo.

-Elena, no te enfades, va.
-Es que estoy harta, no puedo hacer nada sin tener que dar explicaciones.
-Lo sé, pero es que tu madre es así, no podemos hacer nada.
-Estoy muy enfadada.
-Lo sé, mi vida. Pero así no ganamos nada.
-Ya hablaré con ella.
-Bueno, yo me voy ya.
-Jo… Es que hasta me joden el poco tiempo que estoy contigo…
-Ya. Por lo pronto creo que voy a venir menos a tu casa.
-¿Cómo?
-Pues eso. No estoy cómodo aquí, me da la sensación de que soy un estorbo.
-No lo eres.
-Ya…
-Javi, no me cabrees tú también. No estorbas. Y si a ellas les molesta que estés aquí, pues que se jodan, que es mi casa también y eres mi novio. Coño, ni que estuviera liándola cada dos por tres. Si no hago nada…
-No sé, Elena. Vamos a dejar que pase esta semana y la que nos vamos a ala playa, a ver si se calma la cosa.

Elena se quedó callada mientras yo la acariciaba. Estaba molesta de verdad, cosa que veía normal. Debía estar muy agobiada. No quise decirle nada más del tema para que no se enfadara más y tenía que irme ya.

-¿Me das un beso? Me tengo que ir ya…

Elena me dio un beso rápido y se volvió a poner como estaba. Sí que estaba enfadada, nunca la había visto así conmigo. Salí de su habitación, yendo hacia la puerta para irme de allí, sin despedirme de nadie más, aunque tampoco es que nadie me buscara a mí para hacerlo. Me monté en el coche para volver a casa con una sensación un tanto amarga. Habiéndose pasado el calentón del momento, no lo vi para tanto, quizás exageré un poco al reaccionar así, pero me sentó muy mal que me preguntara si había drogado a su hija. ¿Quién coño se creía que era para hacer algo así? ¿Tan traumatizada estaba por lo que le hizo su marido? Entiendo que unos cuernos después de tantos años de relación tienen que ser algo doloroso, pero no sé en qué momento puede darle pie para pensar esas cosas. Desde primera hora me había mostrado tal y como era y estaba bastante seguro de que no había hecho nada fuera de lo normal como para hacerle pensar algo así. Tal vez Alejandro tenía algo que ver en eso, tal vez él… Tampoco lo sabía a ciencia cierta y en realidad no quería saberlo, siempre que me ponía en contacto con él o sacaba el tema, me traía problemas o Elena estaba incómoda.

Cuando llegué a casa me puse a trabajar y cuando mis padres llegaron a casa, mi madre vino a saludar. Se quedó unos segundos en el umbral de la puerta después de habernos saludado. Seguro que ya se había dado cuenta de que algo me pasaba. Efectivamente, antes de cenar vino a mi habitación y se sentó en la cama.

-¿Qué ha pasado?
-Joder mamá, tienes un sexto sentido para esto.
-No hijo, lo que pasa es que soy tu madre y te conozco mejor que nadie. Sé inmediatamente que te pasa algo con tan solo saludarnos.
-Pues sí, algo ha pasado.
-¿Te has peleado con Elena?
-Qué va.
-¿Su hermana otra vez?
-No, esta vez ha sido su madre.
-¿Y eso?
-Pues cuando estábamos comiendo se ha puesto pesada y Elena ha estallado.
-Pero, ¿por qué?

Entonces le conté lo que sucedió sin entrar en detalle de las palabras que le dijo Elena a su madre.

-¿Y por qué estaba así?
-Bueno, es que Elena tiene el cuerpo muy sensible y…
-Ah, vale, no hace falta que me cuentes más.
-Pues eso, le contestó de muy malas maneras a su madre y está enfadada. ¿Te puedes creer que me preguntara si la había drogado?
-La verdad es que no sé qué le pasa, pero pensar eso así tan a la ligera…
-Ni siquiera se ha disculpado, ¿sabes?
-Bueno, hijo, no se lo tengas muy en cuenta, no sabemos del todo como se siente, lo mismo hay algo más que no sabes. Deja que Elena hable con ella.
-Sí, supongo que es lo mejor.
-¿Cómo llevas el trabajo?
-Pues bueno, estoy estresado, pero ayer vinieron Elena y dos amigos míos por la noche para ir a cenar por ahí y Elena pasó la noche conmigo y ha estado toda la mañana aquí también. Me ha venido bastante bien para despejarme.
-Me alegro de veros tan bien. Ya solo son unos días y tienes toda la semana para estar con ella.

Siempre me reconfortaba hablar con mi madre, siempre sabía qué decir, tanto para aconsejarme, como para darme ánimos. Seguí trabajando hasta que cayó la noche y al ver que Elena no me llamaba ni me había enviado ningún mensaje, le escribí yo para darle las buenas noches, pero no respondió. No me preocupé mucho porque sabía por lo que era. Era la primera vez que se enfadaba tanto desde que estábamos juntos, comparado con los cabreros que se cogía cuando pasaba algo con su hermana, éstos se quedaban en nada en comparación con este enfado.

Al día siguiente me levanté temprano, como llevaba haciendo varios días en esa rutina de trabajo agotador y seguía sin respuesta de Elena, llegando a las pocas horas.

-Mi amor, perdona, pero es que ayer estaba muy enfadada… (dijo acabando con un emoticono triste)
-Lo sé, no te habías puesto así desde que estamos juntos.
-Menos mal que está ya aquí mi abuela y ella le calla la boca si se cuela.
-Creo que deberías hablar con ella.
-Paso, sigo muy enfadada. Ella es quien debería interesarse y disculparse.
-Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a estar todo el día encerrada en tu habitación?
-Pues no sé.
-Habla con tu hermana o algo, no te aísles.
-Sí… Con mi hermana… ¿No viste como se reía ayer cuando me fui? Es tonta, se lo toma a coña.
-Bueno, pues sal con tus amigas o con Irene y Mario y así te distraes.
-Quiero estar contigo… (dijo poniendo de nuevo un emoticono con cara triste)
-Yo también, pero ya sabes cómo estoy… Solo son un par de días más.
-Bueno, luego hablamos.
-Venga.

Sí que estaba molesta, pero al menos tenía a su abuela ya por ahí y sabía que con ella no había ningún problema.

A media tarde hice un descanso para hablar con Elena, preguntándole como estaba, pero no respondía. Seguí trabajando y como veía que lo respondía e iba bien con el trabajo, decidir parar por ese día, con intención de ir a casa de Elena para animarla. No quería ir para ahorrarme más tonterías del estilo con su madre, pero me apetecía estar con mi chica y animarla. Cuando llegué, llamé a la puerta y me abrió Noelia diciéndome que Elena no estaba, que se había ido con sus amigas. Le pregunté dónde y me dijo que solía ir a un parque con ellas, así que me dijo donde era y fui hasta allí dando un paseo.

Cuando llegué al parque la vi desde lejos sentada en un banco de espaldas, cerca de la entrada, a un par de metros de la valla, habiendo frente a ella una chica. Era un parque bastante bonito y grande. Estaba rodeado de vallas metálicas y cubierto por varios árboles grandes que proveían una buena sombra, cubriendo todo el parque por completo, cosa que se agradecía en verano. Tenía muchos columpios y un tobogán enorme. Tuve que dar un pequeño rodeo porque no había ningún paso de cebra y al llegar al parque, pasé por el lateral para entrar, subiendo por la rampa, ya que había desnivel. Cuando pasé por donde estaban ellas, justo debajo, pude oír como hablaban.

-Tía, de verdad que me cuesta creer eso… (dijo la otra chica)
-Te lo juro tía, me hace unas cosas que me dejan muerta.
-Siempre me lo dices, pero es que lo cuentas de una manera que no sé…
-Pues no te lo creas, pero lo que te digo es verdad.
-Pero a ver, ¿cómo va a ser que con él en pocos meses te haya hecho más que tu ex?
-Pues porque son como la noche y el día. Las primeras veces con Alejandro fueron una mierda, ya sabes, las primeras veces… Pero luego se puso la cosa divertida y me lo pasaba bien. Aunque ya desde que entramos a la universidad la cosa seguía igual y conforme pasaban los años pues iba a menos y no llegaba ni siquiera, a él con correrse él ya le valía. Y mira que no la tenía mal, estaba bastante bien. Pero es que Javi… Isa, te lo juro, el primer día que nos acostamos me lo hizo de una manera que con Alejandro en la vida había sentido eso. Qué manera de follar tía.
-¿Y cómo anda de…?
-Uff… La tiene muy grande.
-A ver, no es que hayas visto muchas, ¿no?
-En persona he visto tres. La de Alejandro, la de Javi y la de un amigo. De los tres, él es el que la tiene más grande.
-A ver, dime como es con las manos.

Después de unos segundos en silencio, volvió a hablar su amiga:

-¿En serio? ¿La tiene así?
-Sí.
-¿Tienes alguna foto?
-No te voy a enseñar la polla de mi novio, olvídate.
-Joder, con todo lo que me dices y sabiendo como la tiene, quiero verla.
-Pues olvídate.
-¿Y qué te hace?
-De todo.
-¿Qué es lo más loco que habéis hecho?
-No sé… Hemos hecho muchas cosas…
-La más loca.
-Es que es muy íntimo.
-Venga, yo te cuento todo lo que hago, mójate tú.
-Uff… Me da mucha cosa. Mira, hemos hecho anal.
-Tampoco es para tanto.
-Eso es una cosa que hemos hecho, no es lo más loco, pero a mí me parece fuerte y más teniendo en cuenta el pollón que tiene.
-¿Te hace daño?
-A penas. Me lo hace tan bien que me da mucho placer. Es muy cuidadoso con eso, se toma el tiempo necesario para prepararlo.
-Pues no sé, no parece tan especial como tú dices.
-Con el también descubrí que puedo hacer una cosa.
-¿El qué?
-¿Sabes eso de lanzar chorros cuando te corres?
-¿Puedes hacer eso?
-Sí.
-Vale, esto se pone interesante.
-A veces es duro porque me lleva al límite, pero me encanta. Es una locura lo que se siente.
-¿Tan duro es? Yo es que no puedo hacer eso, ya lo he intentado, pero nada.
-Mira, una vez me lo hizo dos veces seguidas, en plan, una vez y en nada me estimuló para volver a hacerlo.
-¿Y qué pasó?
-Esa vez me asusté. Creía que me daba algo, de verdad. Fue demasiado.
-Joder…
-Aunque eso tampoco es lo más loco que hemos hecho…
-Va tía, suéltalo, no seas cabrona.
-Que no, que no.
-A ver… ¿Qué puede ser…? Tal vez algo muy extremo… Follar en público… Una orgía… Bueno, eso lo descarto porque sé que eres celosa.
-Bueno…
-No me jodas…
-Algo así.
-¿Tú? Eso sí que no me lo creo.
-Mira, solo te voy a decir que a veces hemos sido tres y otras cuatro, pero siempre me han respetado y han sido bajo mis condiciones.
-Ostia… Estoy flipando tía, jajajaja.
-Bueno, ya está, vamos a cambiar de tema.
-Joder, siempre que quedáis todas bien que habláis mucho de esto.
-Pues vente más y no estés tanto con el novio de folleteo.

Cambiaron de tema, hablando de otras cosas. Yo esperé un rato para que no supieran que las había escuchado hablar de eso mientras pensaba en cómo se soltaba Elena para hablar de estos temas con sus amigas. Tampoco es que me extrañara, ya tenía constancia de ello por algún comentario de Noelia y lo pude comprobar de primera mano cuando fuimos cogiendo confianza con Irene y Mario. Pasados unos minutos, entré al parque y me acerqué a ellas con cuidado. Elena estaba de espaldas a mí, sentada en el banco con las piernas cruzadas, al igual que su amiga, que estaba frente a ella. Su amiga me miró un poco extrañada, pero yo le sonreí haciéndole un gesto para que no dijera nada. Cuando llegué hacia ellas, abracé a Elena por la espalda, dando ella un respingo del susto, pero me reconoció enseguida, dando un gritito y abrazándose a mí.

E: ¡¿Qué haces aquí?! (dijo dándome muchos besos por la cara)
J: He venido a verte para animarte. Voy bastante bien con el trabajo y me apetecía estar contigo.
E: ¡Ay! ¡Qué bien!
I: Vaya, tú eres el famoso Javi del que Elena no para de hablar, ¿no?
J: Sí, soy Javi, encantado. (dije dándole dos besos)
I: Yo soy Isa, encantada.
E: ¿Qué te parece, Isa?
I: Es muy apañado, la verdad.
E: Es un sol.
J: Me voy a poner rojo…
I: Deberías, porque Elena no para de hablar de ti. ¿Qué le haces para tenerla así?
J: Pues nada especial…
I: Ya… Pues algo será, porque la tienes loquita.

Isa era una chica bastante guapa, delgada, medía sobre 1,70m. Tenía el pelo largo, casi llegándole a la cintura, de color castaño oscuro, con la raya al medio. De cuerpo estaba bastante bien, con unas tetas no muy grandes, aparentemente muy bonitas, algo más grandes que las de Elena. Lo que si tenía era un buen culo, muy parecido al de mi chica, redondito y bien puesto. También tenía unas piernas muy bonitas, largas y con unos muslos carnosos. De piel era blanquita, aunque menos que Elena. De cara era muy guapa, con unos grandes ojos de color marrón oscuro, llevando el rabillo pintado, una nariz un poco grande, aunque muy bonita, con un aro en la parte izquierda, unas cejas finas de color negro y una boca pequeña, aunque con unos labios gorditos, teniendo una sonrisa muy bonita.

Estuvimos hablando un buen rato, conociéndonos y durante la conversación me di cuenta de que esa chica me miraba raro. Tal vez tenía que ver con la conversación que había escuchado antes de ir con ellas, porque notaba un comportamiento extraño, su manera de hablar, el tono, sus miradas… No me parecían normales. Mi sentimiento de mala espina cogió fuerza cuando al despedirnos, me dio dos besos de una manera muy cercana, dándome cuenta de que me miró el paquete.

Por suerte no pasó nada más ni lanzó ningún comentario fuera de lugar, por lo que no pasó nada, ni Elena parecía estar molesta ni nada. Si hubiera estado soltero le hubiera entrado sin pensarlo, porque además de estar muy buena, se le veía interés con esas miradas y maneras de hablar. Ella se fue por un camino distinto al nuestro. Por el camino hablamos de varias cosas, pero sin entrar en nada interesante, me contó desde cuando conocía a esta chica y demás.

-Venga, móntate en el coche.
-¿A dónde vamos?
-Pues a tomarnos una cerveza con éstos.
-Ah, me gusta, vamos.
-Y luego te quedas a dormir conmigo.
-¿Y eso?
-Me dijiste que el miércoles dormíamos juntos, ¿no?
-Sí.
-Pues ya me había hecho a la idea, no me des el palo ahora.
-Jajajaja, vale, vale. Pero es que mi madre lo mismo se enfada.
-Pues que se enfade.
-Pero están tus padres en casa, ¿no?
-Sí, pero es que me da igual. Estoy hasta la polla de estar pendiente de todo el mundo, quiero estar contigo, todos los demás me sobran.

A Elena se le iluminó la cara, con un brillo en los ojos que embobaba. Me agarró la cara para darme un morreo muy intenso, acariciándomela después.

-Como te quiero, mi amor…
-Pues ya está, nos vamos.
-Voy a decirle a mi hermana que avise en casa.
-Vale.

Nos fuimos a mi ciudad, con todos nuestros amigos en común para cenar en un bar. Allí nos encontramos a Mario e Irene, por lo que hablamos un poco de lo que haríamos la semana siguiente. Echamos un buen rato todos hasta que nos despedimos, yendo las dos parejas juntos. En la puerta de Mario nos despedimos de ellos, dándole Irene a Elena un rápido pico en los labios para que nadie lo viera.

Después fuimos a mi casa y estuvimos un rato hablando con mi madre, estaba contentísima de vernos juntos, mostrándose muy cariñosa con Elena, al igual que Elena con ella. Todo iba genial hasta que nos fuimos a dormir. Yo me quedé en boxers, como siempre hacía desde que dormía con ella, cogiendo ese hábito desde antes de ser pareja y ella se puso una camiseta mía de manga corta. Se echó sobre mi pecho, pasando su mano por él para acariciármelo.

-¿Qué te pasa? (dije susurrando)
-Nada…
-No cuela, va, ¿qué es?
-Pues Javi, que ojalá mi madre fuera la mitad de agradable que la tuya. Joder, es que no pido tanto. Mírala, está encantada de que esté aquí y no pide explicaciones ni nada.
-Bueno, tienes a tu abuela.
-Sí, eso sí. Pero, ¿por qué mi madre no puede ser así?
-No lo sé, ¿siempre ha sido así?
-No, antes de lo de mi padre, bueno, de que se muriera mi abuelo, no era tan así. Siempre ha tenido ese pronto y ha sido muy controladora con nosotras, pero ahora es que es insoportable.
-Pues es una pena.
-Lo de mi abuelo fue muy duro, nos trastocó bastante.
-Lo imagino.
-Es que fue tan de repente… Estaba bien y un día amaneció muerto.
-Joder…
-Le dio un infarto durmiendo.
-Lo siento.
-Mi abuela la pobre… Se despertó con él al lado así y con toda la alegre que la ves, parecía otra persona. Aunque no fue como con mi madre. Mi madre estaba destrozada… Ella sí que cambió. Mi hermana es más fuerte que yo, estaba triste, pero no se hundió. Yo sin embargo…
-No pienses en eso, va.
-Yo me hundí bastante, ese año en la universidad fallé bastante y por eso he acabado este año. Me sentía tan sola allí…
-¿Y Alejandro?
-A penas le veía, me evitaba al verme así.
-Hijo de puta…
-Tiene que ser horrible despertarte y ver que la otra persona está… (dijo abrazándose a mí con mucha fuerza)
-Va, ya está.

Elena se quedó abrazada a mí mientras yo le acariciaba la espalda, dándole algún beso en la cabeza, susurrándole lo bien que lo íbamos a pasar, tomando el sol, bañándonos, saliendo de fiesta, hasta que se quedó dormida. Yo tardé un poco más al estar reflexionando sobre lo que me acaba de contar, pero al final también caí.

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