SERGIO CANEVA
Érase una mujer de figura desgarbada,
de nariz aguileña, rozando la barbilla,
de mentón prominente marcada perspectiva
era sin dudas una mujer, que nadie miraría
Érase una mujer de rasgos desdibujada,
una caricatura, de belleza amputada
era una mujer que el mirarla dolía,
era la flor más fea… la que nadie veía.
Érase una mujer, de acaudalada fortuna,
pero era su interior, lo que traía de cuna,
a pesar de que pocos, alguna vez le hablaron
quedaron sé impactados de lo que allí encontraron.
Mujer como pocas, de marcadas diferencias,
entre lo que mostraba, de su exterior, la ausencia.
Pero en su interior, era belleza pura
y nadie lo sabía… ni siquiera, los curas.
Un día se enamoró de un apuesto joven,
que por mirar belleza, se llevó puesta su mesa
pero él ni se enteró del agravio causado
en cambio ella de el quedó joven enamorado.
Y a pesar de haber hecho lo imposible y posible,
para que la mirase aunque sea un instante
él no se percató lo que tenía adelante
y ella se marchó, cubriendo su semblante.
Fue allí que decidió malgastar su fortuna,
en costosas cirugías para hacerse bella
se enderezo el cogote, desbastó la nariz,
se acorto el mentón, quedó cual una actriz
Se puso siliconas, no escatimo dinero,
levantó sé los glúteos, enderezo rodillas,
engrosó los labios, afeitó la barbilla,
sus ojos lo cubrían las pestañas postizas.
Y enfilo a sus pagos, a buscar a su amado,
cuando le encontró, puso sele adelante
y blandiendo ahora, su escultural figura,
deslizo una sonrisa, no con mucha premura.
Él se quedó impactado de ver tanta belleza,
devolvió la sonrisa, actuó con gentileza,
la cogió de la mano con delicadeza,
la sentó a su lado, habló con sutileza.
Pero era incoherente, todo lo que decía,
por fuera era hermoso, adentro nada había,
él era un cascaron, de falsa idolatría,
inservible como pocos, ¡de joya!…fantasía.