KERANOS

Me puse a trabajar de nuevo, haciendo un parón a media tarde para llamar a Sofía.

-¿Qué pasa, Javi?
-¿Cómo va la cosa?
-Pues igual. Agobiada.
-¿Al final para cuándo te dan las vacaciones?
-Pues para agosto.
-Vaya…
-Aun así, me tendréis por allí.
-Vale. Es que dentro de poco es el cumpleaños de mi chica y vamos a ir a la playa con Irene y Mario, a un apartamento que tienen allí los padres de Irene.
-Joder… Con la buena pinta que tiene eso…
-Bueno, cuando vengas ya iremos a la piscina o algo.
-¿Entonces has hablado tú lo de las vacaciones con los de arriba?
-Pues la verdad es que no.
-Pues hazlo, aunque no creo que haya problema, yo nunca tuve cuando trabajaba como tú.
-Sí, ya lo sé.
-Bueno, pues nos vemos en agosto.

Esta vez la suerte estuvo de mi parte, anulando mi brillante idea de bombero, ya que finalmente Sofía no podría venir con nosotros y fue un alivio en cierta parte por si Elena pudiera estar incómoda y además se me olvidó comentarlo mineras comíamos. Pensé en comentárselo el día siguiente y más aún cuando Irene me mandó un mensaje diciéndome que Mario y ella ya lo habían hablado en el trabajo y no había problema. Así que solo quedaba yo por confirmar, por lo que mandé un correo proponiéndolo a la espera de lo que me dijeran.

Por la noche hablé con Elena, estaba hasta nerviosa por vernos y estar todo el día juntos. Además, estaba muy risueña, se le notaba que estaba muy contenta. Ultimando la conversación se puso a hablarme con voz melosa, como jugando a provocarme para el siguiente día. La conversación cogió intensidad, hablándonos casi en susurros lo que nos haríamos. Cuando terminamos me di cuenta tenía una erección importante, por lo que le mandé una imagen de mi erección, pero sin enseñar la polla directamente, respondiendo ella con emoticono de una cara sorprendida. Se puso a decirme las ganas que tenía de cogerla y hacerle otras cosas y le mandé otra foto, esa vez sí que se la enseñaba bien mientras la agarraba con mi mano. Ella respondió con un emoticono con la cara sofocada y la lengua fuera, enviándome una foto casi enseguida. Se veía desde su ombligo hasta sus rodillas, con su coño brillante y húmedo. Rápidamente eché el cerrojo de mi puerta, aunque ya era tarde y la llamé, cogiéndolo ella al segundo.

-Elena, mañana te voy a destrozar.
-Mmm… Javi, me tienes todo el día con las bragas chorreando.
-¿Sí?
-Sí. No sabía lo que era follar hasta que te conocí mejor.
-Vaya, ¿qué he despertado?
-Muchas cosas… A mi ex no se la comía como a ti, no me la metía entera en la boca. Pero es que contigo… No puedo evitarlo, necesito más y más y me la acabo tragando entera.
-¿Sabías que podías hacerlo?
-No, ni siquiera lo intentaba.
-¿Te estás tocando?
-Sí… (dijo con voz melosa)
-¿Cuántos dedos te estás metiendo?
-Dos, pero es que es una mierda, necesito tu polla dentro de mí.
-Métete otro a ver…
-Uff… Mmm… Así está mejor, pero nada que ver todavía…
-Métetelos más rápido.
-Uff, es que no quiero hacer ruido…
-Hazlo.
-Vale. Mmm… (empezaba a gemir bajito)
-Así me gusta.
-¿Qué me vas a hacer mañana?
-No te lo voy a decir.
-No seas malo…
-Quiero que lo sientas mañana directamente.
-Mmm… ¿Te estás tocando tú también?
-Pues claro.
-Pfff… Ojalá tenerte aquí ahora mismo.
-Me voy a correr Elena, estoy muy cachondo, no puedo más.
-No lo hagas.
-¿Qué?
-No te corras, aguanta hasta mañana.
-Pfff…
-Porfaaaaa…
-Joder… Vale.
-Va, dime que me vas a…

Entonces se cortó. Me quedé un poco extrañado y con la polla palpitando. Le mandé un mensaje preguntándole qué pasaba, pero no respondía. La erección no se me bajaba. Ya después de unos minutos me mandó un mensaje.

-Madre mía, Javi…
-¿Qué pasa? Que te has corrido viva y no te has dado cuenta de que has colgado, ¿no?
-Ojalá fuera eso…
-¿Qué ha sido entonces?
-Pues mi madre, que me ha pillado.
-¿Qué dices? (escribí mientras me reía yo solo en mi habitación)
-Qué vergüenza por Dios…
-Pero, ¿qué ha pasado?
-Es que madre mía… Pues nada, que estaba metiéndome los dedos muy rápido y estaba ya a punto y entra abriendo la puerta. Y mira que estaba teniendo cuidado para no hacer ruido…
-Vaya…
-No te estarás riendo, ¿verdad?
-Me estoy descojonando, no te voy a engañar… Jajajaja.
-Que cabrón eres…
-¿Qué te ha dicho?
-Que estoy muy salida y que es por tu culpa.
-Joder, ¿pero es que siempre tengo que pillar yo?
-Bueno, un poco de razón tiene, jajajaja.
-¿Quieres que sigamos?
-Quita, quita. Mañana tenemos todo el día.
-Vale.
-¿Te has corrido al final?
-No, pero me ha costado resistirme. Y ni te cuento lo que me ha costado que se me bajara…
-Así me gusta.
-Uff… Se me está poniendo dura otra vez.
-Tsss, ni se te ocurra tocarte. Quiero esa leche para mí.
-¿Dónde la quieres?
-Ya veremos…
-Me va a costar dormir…
-Pues descansa, que mañana va a ser un día muy largo…

Nos fuimos a dormir y evidentemente me costó.

Al día siguiente me desperté y me pegué una ducha para irme a por Elena. Llamé a su puerta y me abrió Maribel. Me hizo pasar y aunque no estaba enfadada ni nada, seguía con ese tonito que llegaba a ser molesto.

-Elena, ya está aquí.

Elena vino rápidamente, aunque en cuanto se acercó se cortó un poco.

M: ¿A dónde vas con esa mochila? ¿No iba a ser solo hoy?
E: Eh… sí, pero… Bueno, da igual.
M: ¿Qué llevas?
E: Nada, mamá… ¿Qué voy a llevar? Pues algo de ropa por si acaso…
M: Iba a decirte que te llevaras a tu hermana para que pase el día con vosotros, pero viendo lo de anoche imagino que… Estáis muy salidos.
E: Mamá…
J: Venga, Maribel, es lo normal.
M: Yo no hacía lo que estabais haciendo vosotros anoche.
E: Porque no teníais móviles.
M: Bueno, pero de todas formas… Eso es muy…
J: Muy, ¿qué?
M: Muy guarro.
E: Mamá, es normal. (dijo estando ya roja)
J: Venga, Maribel, seguro que tu harías tus cosas.
M: Anda, largaos. Con vosotros voy a hablar de estas cosas…

Salimos de su casa, montándonos en el coche, para hablar por el camino.

-Javi, que vergüenza…
-Si no pasa nada, no ha sido para tanto.
-Bueno, yo es que con lo de ayer…
-¿Pero qué pasó exactamente?
-Pues que estaba yo en mi cama, sin pantalones ni bragas, con la camiseta por la barbilla y metiéndome los dedos. Abre la puerta rápidamente y entra. Se quedó un segundo mirado y se dio la vuelta.
-¿Y después?
-En nada me dijo que si ya estaba visible. Entró y me echó un poco la bronca.
-Uff…
-¿Qué pasa?
-Nada, que te imagino así y…
-¿A ver? -dijo tocándome el paquete- Mmm… Está durita ya…
-No puedo esperar a llegar.
-Yo tampoco.

Entonces hizo fuerza para bajarme los pantalones y los boxers, empezando a pajearme muy lentamente.

-Elena…
-Me da igual. Quiero hacerlo y ahora me la voy a comer.
-Pero…
-Pero nada. Luego me castigas si quieres.

Elena empezó a chupármela, jugando mucho con su lengua. En los trayectos en los que iba recto aprovechaba para acariciarle la cabeza y el culo. Ella sabía perfectamente lo que quería porque variaba mucho el ritmo de la mamada, haciéndolo rápido, con muchas babas, tragándosela entera y cuando notaba que me iba a correr por mis jadeos y cuando me empezaba a retorcer bajaba el ritmo, llegando a quedarse quieta sin hacer nada para parar el estímulo. Estuvo así durante todo el trayecto sin dejar que me corriera, hasta que llegamos y aparqué. Se bajó corriendo del coche y yo la seguí, con una erección bestial que no me molesté en ocultar en los pocos metros que había desde donde aparqué hasta mi casa por el morbo y el calentón que llevaba. Abrí la puerta con prisa y ella entró primero, dándome la vuelta de un tirón una vez entré y cerré la puerta. Cuando me dio la vuelta me empujó contra la puerta para darme un morreo tremendo, aunque breve porque se puso de rodillas para bajarme los pantalones y boxers de un tirón para empezar a chupármela de nuevo. Tragaba de una manera increíble, ansiosa, como si llevara mucho sin hacerlo.

-¿Tan cachonda estabas?

Ella no respondía, se limitaba a chupar y chupar mientras lanzaba gemidos, jugando con mis huevos también. Le intenté coger el pelo para que no le estorbara, pero ella apartó mis manos haciendo fuerza apretando mis muñecas y aprisionándolas contra la puerta. El ímpetu con el que lo hacía era tan grande que no pude evitar correrme en breve, llenándole la boca de leche, recibiéndola ella con dulces gemidos de aprobación y alguna risita. Pero no estaba contenta con eso, quería más, por lo que continuó una vez acabé de correrme, haciéndome sentir pinchazos de placer muy agudos de lo sensible que estaba. El corazón se me salía por la boca y mi respiración no podía ir más rápido. Le suplicaba que parara, pero no lo hacía. No paró hasta que las piernas me empezaron a temblar, tanto que me caí al suelo. Ella me colocó sobre su regazo, agitándome la cara a los pocos segundos para que la mirara, mostrándome como se lo tragaba, girando su cabeza y sonriendo de esa manera que me derretía, pero esa vez es que no pude ni disfrutarlo porque estaba hasta mareado de lo que me acaba de hacer. Me ayudó a levantarme y fuimos al salón, sentándose ella en el sofá y yo a su lado, estando ambos en silencio. Estaba aún sensible, notando algo de cosquilleo por mi cuerpo y como me temblaban las piernas. Ella lo notó e hizo que me tumbara, apoyando mi cabeza sobre sus muslos.

-Elena, casi me matas.
-Lo siento, estaba ansiosa y no podía parar.
-Joder, vaya jueguecito. Anoche que no me corriera, luego lo del coche y ahora esto…
-Siiiii, jajaja. Estabas cargadito.
-Como para no…
-¿Me vas a castigar? (dijo con voz melosa)
-Pero déjame que me recupere, que me tiembla hasta el alma, cariño…
-Vale, vale.

Nos quedamos un rato más así, con ella haciéndome cariñitos mientras yo me relajaba y mi cuerpo dejaba de mostrar tanta sensibilidad poco a poco.

Tanto me relajé que me acabé durmiendo cuando Elena se tumbó a mi lado sin parar de acariciarme la cara y darme besitos. Tras un rato durmiendo me despertó hincándome un dedo en la mejilla. Cuando abrí los ojos salió corriendo con una risita. Estaba un poco perdido y me quedé tumbado boca arriba con los ojos abiertos, entonces, pasados unos segundos, Elena me llamó con una voz muy dulce.

-Javiiiiii… (dijo soltando una risita al final)

Me levanté para ir a buscarla, y cuando me acerqué a mi habitación vi que estaba la puerta entrecerrada y que se ahí salía una luz muy tenue, por lo que fui y abrí la puerta. Cuando entré, se me quitó rápido el empanamiento de estar recién despierto, espabilándome. Me encontré a Elena tumbada boca arriba en mi cama desnuda, cubriendo su cuerpo solo con unas medias negras con liguero a medio muslo muy bonitas, y una cuerda negra de bondage atada por todo su cuerpo, rodeando sus pechos, su cintura, su cuello, pasando por sus ingles… Llevaba algo de maquillaje, con la raya de los ojos y un pintalabios de color rojo, muy intenso. También iba bien peinada, con el pelo alisado. Me miraba con una cara de vicio increíble. Le iba a preguntar que donde había aprendido a atarse así con las cuerdas y lo bonito que estaba todo, porque me encontré que la persiana estaba bajada, estando solo la habitación iluminada por varias velas que había sobre mi escritorio y en algunos puntos en el suelo. También vi que había colocado cuidadosamente muchas cosas de las que usábamos sobre mi mesita. Más cuerdas, la fusta y el vibrador. Me miraba con expectación esperando mi reacción. Me limité a mirarla de arriba a abajo, apreciando el contraste entre su piel tan blanquita y el negro de las cuerdas y las medias. Aprecié que estaba mojada, porque ya veía sus labios algo hinchados, de un color rojizo más intenso y brillantes. Como veía que no decía nada, dijo con una voz muy bajita y sensual:

-Soy toda tuya…

Ver todo aquello ya me excitó, pero esas palabras, como las dijo… Mi polla se puso dura en nada, apretándome mucho los boxers y el pantalón. Ella se dio cuenta y la miró sonriendo, mordiéndose el labio. Me acerqué hacia ella, acariciando con mi mano desde su pie, subiendo por sus piernas, caderas, estómago, pecho y barbilla, hasta la boca, poniendo un dedo en sus labios. Ella lo cogió con su boca y lo empezó a chupar mientras me miraba con ojitos.

-Vaya, parece que esta zorrita tiene ganas… (dije casi susurrando)

Ella lanzó un gemido mientras seguía mirándome así y chupando mi dedo. Le saqué el dedo de la boca y me eché hacia atrás, poniéndome de rodillas en medio de la cama. Ella rozó mi polla con su pie derecho, empezando a estimularme. Se lo cogí con fuerza y me lo llevé a la boca, para besarlo y chupar sus dedos a través de las medias. Ella se encogía como si tuviera vergüenza mientras me miraba con ojitos y las mejillas sonrojadas, lanzando un gemido cuando empecé a chupar. Yo la miraba fijamente, cogiendo también su otro pie, besándolo y chupándolo de la misma manera. Después de estar un rato así, fui recorriendo el resto de sus piernas con besos, hasta llegar a sus ingles, amagando con ir a su coño, pero pasando de largo, yendo a su pubis, que también besé. Seguí subiendo por su cuerpo hasta llegar a su cara, quedándome a pocos centímetros de ella mientras me apoyaba en mis brazos, notando ya como respiraba de manera acelerada. Ella echó mano a mi polla, pero yo la aparte, cogiéndole de la muñeca y poniéndola al lado de su cabeza, aprisionándola, cogiéndole la otra de la misma manera.

-¿Quién manda aquí?
-Tú.
-Bien. ¿Quieres que te folle?
-Sí, por favor.
-¿Crees que te lo mereces después de lo que me has hecho?
-Lo que tú quieras, es tu decisión.
-Te has portado un poco mal…
-Sí, he sido mala. Perdón.
-¿Cómo quieres que te folle?
-Como tú quieras, mi amor.

Me tumbé a su lado mirándola mientras ella seguía boca arriba, con su cabeza girada para mirarme. Le empecé a acariciar el cuerpo, empezando por sus labios, pasando a sus tetas, jugando con sus pezones, haciendo que se le erizara la piel. Seguí bajando por su pecho y barriga, haciendo que se estremeciera por las cosquillas que le estaba haciendo. Llegué a su pubis jugué con sus pelos, notando ya como su respiración iba más rápido, con su vientre bajando y subiendo.

Le empecé a acariciar su raja muy suavemente, cogiendo intensidad al pasar los segundos. Poco a poco le empecé a meter un dedo, para a los pocos segundos meterle otro. Estaba muy mojada y empezaba a gemir muy ligeramente mientras me miraba con ojitos. No pude aguantar más y bajé a comérselo directamente, aspirando su olor a hembra, empezando a lamerle con cariño. Ella cerraba sus ojos mientras se mordía el labio, con cara de estar disfrutando.

Mientras se lo comía y ella estaba abandonada a su placer, me bajé con cuidado los pantalones y los boxers, para incorporarme y meterle la polla rápidamente, de manera brusca. No le causó dolor, ya que su coño estaba muy bien lubricado, pero sí que le causó impresión porque no se lo esperaba. Cogió aire, abriendo mucho los ojos.

-Creías que iba a ser suave, ¿no?
-Javiiiii… (dijo bajito, con voz dulce)
-Shhh… Ahora me toca a mí reventarte.

Entonces empecé a dar fuertes embestidas, pausadas, con ella cogiendo aire con cada una de ellas, soltando después un gemido. Ya habiendo empezado a follarla, aproveché para terminar de desnudarme y seguir con las embestidas. Cada vez más fuertes, soltando ella un grito con cada una de ellas. Después de unas cuantas, bajé la intensidad, pero aumenté la velocidad, empezando a mojarme ella mucho. Mientras la follaba, ya de rodillas en medio de la cama, volví a coger sus piernas, volviendo a besarle y chuparle los pies. Elena estaba roja de lo cachonda que estaba, gimiendo cada vez más y más alto. Salí de ella para empujar sus piernas hacia ella, poniendo sus pies al lado de su cabeza, lo que hizo que se levantara su culo. Bajé mi cabeza para volver a comerle el coño y también el ojete, dando grandes lametones, centrándome en su clítoris después. No tardó nada en correrse, mojándome mucho la barbilla, notando también como le temblaban las piernas fuertemente mientras se las agarraba. Solté sus piernas y se quedó boca arriba, con algún espasmo, respirando muy fuertemente.

Sin dejar que se recuperara, dirigí mi polla hasta la apertura de su coño. Elena abrió de nuevo sus ojos bastante, con una reacción parecida a cuando le metí la polla anteriormente, pero más exagerado. Lanzó un gemido de molestia y empezó a respirar fuertemente, mirándome con ojos de desesperación para que parara.

-No voy a parar.
-Por favor…
-¿Quién manda aquí?
-Tú, pero…
-Pero nada. Antes no has parado tú y te lo he suplicado. Ahora vas a pagar.

Se la empecé a clavar mientras ella se estremecía y me decía que fuera despacio. Así lo hice, inclinándome sobre ella mientras ella me abrazaba con sus brazos y piernas, mientras me jadeaba en la oreja. Me movía despacio y notaba como me estrujaba con las paredes de su coño. Variaba el ritmo, aumentándolo hasta que me abrazaba con mucha fuerza y notaba como empezaba a temblar, bajando el ritmo o quedándome directamente quieto. Me lo pasé muy bien jugando con su orgasmo que estaba deseoso por estallar. Cada vez que paraba ella gemía con desesperación, suplicándome en ellos que no parara y que no alargara más ese sufrimiento, pero yo quería jugar y como me lo estaba pasando tan bien, seguí así durante un buen rato hasta que ya empezó a temblar de una manera más fuerte, llegando a notar los latidos de su corazón al estar nuestros cuerpos tan apretados. En cuento lanzó el gemido que anunciaba su orgasmo, aumenté bastante el ritmo, dándole a ella unos espasmos que hacían que me moviera yo también. Gritaba como si la estuvieran matando, por lo que paré de moverme, notando como apretaba mi polla fuertemente, casi como si lo hiciera con la mano. Me quedé quieto mientras ella me abrazaba con todas sus fuerzas, humedeciéndome la oreja por su respiración tan acelerada como si hubiera corrido por su vida. Poco a poco salí de ella y me tumbé a su lado. Ella estaba en otro mundo, con los ojos cerrados, intentando recuperarse mientras yo la observaba.

Cuando vi que se recuperaba, eché mano de nuevo a su coño, pegando ella un respingo muy grande, cerrando sus piernas con fuerza y moviéndose de lado dándome la espalda, soltando también un gemido alto, mostrando molestia y nada de placer. No me tomé muy bien esto, siendo consciente de lo sensible que estaba, pero yo estaba muy cachondo, con la polla durísima y necesitaba seguir, por lo que le di la vuelta hacia a mí con brusquedad, poniéndola boca abajo. Como no podía jugar con su coño al estar tan sensible, fui a por su culo, lanzándome a comérselo, lanzando ella gemidos algo extraños, aunque no expresaban molestia ni hacia nada por resistirse o apartarme de ella. Jugué con mi lengua ahí, haciendo círculos mientras le abría los cachetes con las manos. Después de estar comiéndoselo un rato alargué mi mano hasta la mesita para coger un bote de lubricante, untándome los dedos con él para empezar a metérselos. Estuve jugando un buen rato, esperando a que se terminara de recuperar, haciéndomelo ella saber al cambiar sus gemidos a unos más melosos, mostrando placer.

En cuanto noté ese cambio me embadurné la polla con lubricante para metérsela poco a poco, lanzando ella un gemido más alto cuando notó que hacia presión con la punta de mi polla. Se la metí muy lentamente hasta que se acostumbró y empezó a disfrutar bien. La cogía de las cuerdas que ataban su cuerpo y le daba bastante fuerte, pero paré al poco, cogiendo el vibrador que había en la mesita. Se lo metí en el coño y lo accioné con el móvil a un nivel medio, para volver a meterle la polla en el culo y reventarla mientras cogía de las cuerdas y tiraba de ellas hacia mí. A los pocos segundos cogí la fusta y le di un par de azotes con ella, restallando al chocar, pero la solté enseguida porque notaba que me iba a correr en breve. Cogí el móvil y puse el nivel del vibrador al máximo, provocado que casi instantáneamente Elena se corriera entre las fuertes vibraciones que podía notar hasta yo con mi penetración por la parte de atrás, haciendo que estallara en alaridos, empezando a temblar descontroladamente, empezando a moverse, aunque yo la sujetaba. Se corrió de tal manera que el vibrador salió disparado de su coño contra la cama al estar a cuatro patas, empezando a mojarse con un fuerte chorro que puso perdida la cama. Yo al notar este orgasmo suyo tan bestial, tuve el mío, corriéndome dentro de su culo entre fuertes jadeos también. Se derrumbó en la cama saliendo mi polla de manera brusca de ella, aunque no le importó. Se quedó tumbada boca abajo, con la cara de lado, respirando muy fuertemente. Le daban bastantes espasmos, haciendo que su culito respingón dara botes. Fui a ducharme para aprovechar mientras ella se recuperaba.

Cuando volví de ducharme me la encontré dormida, conforme la había dejado. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla y ni se enteró. Pasaba el tiempo y no se despertaba, por lo que le empecé a acariciar para despertarla. Se asustó un poco porque no sabía que había pasado y donde estaba. Tras tranquilizarla y explicarle qué había pasado me dio un beso y me abrazó para que me tumbara a su lado.

-Conmigo no se juega… jajajaja.
-Que cabrón eres…
-No iba a dejar que me hicieras eso y que te fueras como si nada…
-Eres muy bruto tío…
-Venga ya, si lo has disfrutado como nadie… No me digas que te he hecho daño…
-No, daño no. Pero la sensación de que se me sale el corazón por la boca es muy…
-Lo sé. Si me ha pasado a mí antes.
-Para una vez que te lo hago… Tú me lo haces muchas veces…
-Bueno, pues paro…
-No, no… Jo… No seas malo…
-Venga, vamos. A la ducha mientras yo recojo esto, que es casi la hora de comer.

Fue a ducharse mientras yo cambiaba las sábanas y recogía todo, guardándolo de nuevo en su mochila. Cuando salió no nos pusimos de acuerdo para qué comer por lo que decidimos salir a comer fuera, yendo a un bar. Nos sentamos en una terraza de un bar cercano, encontrándonos con Irene y Mario. Al final comimos los cuatro juntos, pasando un muy buen rato. Nos dijeron que iban a la piscina y que comerían en un bar que hay allí, pero al final se quedaron con nosotros. Nos dijeron de ir con ellos después de comer, por lo que cuando acabamos, fuimos a mi casa para coger yo un bañador, yendo después a casa de Elena rápidamente para ella cogiera el suyo. Al estar su pueblo tan cerca, no tardamos nada. Cuando salió de su casa venía con otra ropa y con un peinado que se hacía de vez en cuando, con unas trencitas hacia abajo en cada lado de su nuca. Estaba preciosa, con una camiseta ancha que tenía el cuello muy estirado, tanto que se le quedaba un hombro al aire. Llevaba también unos shorts vaqueros y unas chanclas. Cuando llegamos nos sentamos los cuatro en el césped para hablar.

I: Elena, ¿qué te pasa? Te veo rarilla…
E: ¿Eh? No… No me pasa nada.
M: Algo te pasa, estás como que no estás.
E: Que nooooo.

Mientras ellos hablaban yo sonreía, dándose cuenta Irene.

I: ¿Ves? Algo pasa, mira a Javi.

Elena me miró haciendo un gesto para que dijera nada.

I: Va, ¿qué es? (dijo viniendo hacia a mí para echarme crema por todo el cuerpo)
J: Nada, nada. Yo paso de líos.
I: Va… Cuéntamelo… (dijo mientras me esparcía la crema por mi cuerpo de manera sensual)
E: Ireeeeene…
I: ¿No estarás celosa?
E: No.
I: Échale crema a Mario tú, así estamos en paz.
E: No.
J: Elena, no te enfades.
E: No estoy enfadada.
M: Ya está, no pasa nada. Irene no te pongas pesada.
I: Vale, vale… (dijo retirándose de mí)

Elena sonrió y vino hacia a mí para seguir echándome crema mientras Irene se la echaba a Mario.

E: Es que Javi…
I: ¿Qué ha hecho?
J: ¡Eh! Que empezó ella.
I: Huy…
E: Tía, que me ha reventado. Pero mucho…
M: Ahí está, jajajajaja. Di que sí, Javi.
J: Hombre, pues claro. Pues no va y me la empieza a chupar mientras conducía…
I: Pero Elena… jajajaja.
E: Joder, que tenía un calentón…
J: Pero es que conforme entramos a mi casa me empuja contra la puerta y me la empieza a comer como vamos…
I: Bueno, pero no es para tanto.
J: Que no dice… Que me corrí y seguía la tía. Que me temblaban las piernas y me caí al suelo mareado.
M: Eso me lo hace Irene a mí de vez en cuando y joder…
E: Pues me la devolvió, pero bien…
I: ¿Al final hiciste lo de las cuerdas?
E: Sí, jajaja.
J: ¿Has sido tú? Me lo tendría que haber imaginado.
I: Sí, jajaja. El otro día quedamos para practicarlo.
M: Me puse más cachondo cuando las vi ahí con las cuerdecitas…
J: Ah, todos ahí menos yo, muy bien todo…
E: Jo, Javi, que era una sorpresa…
I: A ver, el trío estuvo muy bien, pero contigo habría estado mejor seguro.
E: Pero, ¿qué dices?
I: Es broma, jajaja.
J: No cuela, no.
I: Javi, ¿le has dicho eso ya?
J: Joder, pues no. Entre unas cosas y otras siempre pasa algo y no he podido.
E: ¿El qué?
I: Va, cuéntale.
J: Pues que como tu cumpleaños es ya mismo, hemos pensado en ir a la playa una semana los cuatro. ¿Qué te parece?

A Elena se le abrieron mucho los ojos, se le iluminó la cara.

J: Se le ocurrió a Irene y como sé que te gusta mucho la playa…
E: Me encanta. (dijo abrazándose a mí para darme un beso)
I: Que bien nos lo vamos a pasar.
E: ¡Qué ganas!
J: Al final Sofía no puede.
I: Vaya…
J: No tiene las vacaciones hasta agosto.
E: Ah, ¿pero iba a venir?
J: Bueno, dijo que nos echaba de menos y que vendría unos días.
I: ¿Te molesta?
E: No, no.
I: No te pongas celosa, si Javi solo tiene ojos para ti, y yo te prefiero a ti a ella (dijo dándole un beso en la mejilla cariñosamente)

Elena puso una media sonrisa en su boca mirándome.

Después nos fuimos a bañar, echando el resto de la tarde en la piscina hasta que atardeció y nos estábamos preparando para irnos.

E: A ver como le digo a mi madre que me voy una semana fuera.
I: Pues le dices que te vas con tu novio y unos amigos, ¿cuál es el problema?
E: Se nota que no la conoces…
I: Elena, tienes 23 años, no 13.
E: Ya, pero mi madre…
J: Elena, tienes que echarle valor, ya te lo dijo.
M: Joder, ¿qué tienes una madre o un ogro en casa?
I: Mira, vamos a casa, nos duchamos y nos ponemos presentables y vamos a tu casa a decírselo los cuatro.
E: Venga, vale.

Nos fuimos al coche y quedamos con ellos en que vendrían a mi casa para irnos los cuatro en mi coche. Una vez nos duchamos, salimos a la calle a esperarlos, viniendo ellos al rato. Elena se montó en el coche y Mario también.

-Irene, no me jodas, ¿eh?
-Que nooooo.
-Es que te veo venir y luego el marrón me lo como yo.
-Que no, Javi.
-No me la líes, anda.

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