ECONOMISTA

29

Por la mañana se despertó muy pronto, estaba sudada y cachonda. El día anterior no se había corrido y llevaba acumulada toda esa tensión. Primero, el juego con Basilio haciendo que eyaculara dentro de los pantalones en su despacho mientras le acariciaba con el pie y por la noche, subiéndose al coche de Lucas para hacerle una paja. Pero había preferido no hacer nada, se estaba reservando para Mariola, deseaba soltarse definitivamente y follar con ella sin ningún tipo de tabú.

No le había contado nada al cornudo de su marido, que ajeno a lo que estaba pasando dormía tranquilamente a su lado. Lo primero que hizo fue reservar en un restaurante y después mandarle un mensaje de WhatsApp a Modou.

Claudia 7:45
Si te viene bien, esta noche pásame a buscar por casa sobre las 21:15. Ok?

No tardó mucho en despertarse su marido, se quedaron mirando unos segundos en silencio.

―Buenos días.
―Buenos días.
―¿Qué tal has dormido? ―le preguntó David.
―Muy bien, de maravilla… tú ya he visto que también, has estado roncando toda la noche…

David se quedó mirando detenidamente a su mujer con auténtico deseo y devoción. Seguía enamorado de Claudia como el primer día.

―¿En qué piensas? ―preguntó ella.
―Ya lo sabes… esta noche sales con Mariola, uffffff… me espera una noche larga.
―¿Vas a quedarte despierto esperándome?
―Puede ser.
―Después de cenar voy a ir a su casa.
―Ya lo sé… quiero que luego me lo cuentes todo… ¿qué tenéis pensado hacer?
―Sinceramente no lo sé, de momento vamos a cenar y luego ya veremos…
―¿Quieres que pase lo mismo que en Madrid?, conociendo a Mariola no me extrañaría, no tendríais problemas en ligaros a dos tíos, con lo buenas que estáis las dos podéis acostaros con los que queráis…
―No descarto nada ―dijo Claudia―. Aunque sabes que cuando salgo aquí no me gusta hacer nada… es una ciudad pequeñita…
―Si no ligas, te queda Mariola… ¿vas a ir a su casa?
―Eso seguro, no sé si solas o acompañadas, pero que voy a ir a su casa, eso tenlo por seguro.

Aquellas palabras le excitaron terriblemente al cornudo. Su mujer le estaba diciendo claramente que por la noche iba a follar sí o sí.

Tampoco pudieron hablar mucho más, las niñas se levantaron pronto y después de recoger un poco la casa y aprovechando que había salido una mañana soleada se prepararon unos bocadillos y se fueron de excursión a un pueblo cerquita para comer al aire libre. Sobre las siete regresaron y al llegar Claudia se metió en la ducha para empezar a prepararse.

Un poco más tarde de las nueve vino a casa el taxista senegalés a buscar a mi mujer. Se había puesto para la ocasión un vestido corto, muy ajustado, de color blanco y unas botas negras por encima de las rodillas. Yo llevaba caliente todo el día, desde que por la mañana Claudia me había asegurado que esa salida nocturna iba a terminar en casa de Mariola.

No veía la hora de acostar a las niñas y encender el ordenador. Iba a hacerme una paja de las lentas viendo fotos de mis cuñadas, esta vez solo, al ser noche de sábado no podía contar con la compañía de Toni24, que posiblemente estaría con su novia. Quería recrearme en las fotos de las dos, sobre todo en las que había hecho a Marina en la sesión de fotos, pues cada vez que les echaba un repaso terminaba derramando mi semen irremediablemente. Esa noche no quería correrme, prefería esperar a Claudia, me gustaba estar caliente y ansioso como un perro cuando ella regresaba, pero no descartaba nada, pues en cuanto empezaba a pajearme viendo las fotos de Marina me descontrolaba por completo.

Mientras las niñas cenaban en el salón viendo una película subí a la habitación y me senté en la cama, saqué la caja de nuestros juguetes y me puse a echarlos un vistazo. Habíamos aumentando considerablemente nuestra colección, ahora teníamos de todo, pollas para Claudia, arneses para mí, una peluca, un antifaz, esposas…

Me vi de pie frente al espejo e imaginé a Claudia poniéndose uno de sus arneses cuando llegara de fiesta para encularme mientras me contaba cómo otro tío se la había estado follando en casa de Mariola.

La espera se me iba a hacer muy larga.

Puntuales pasaron a recoger a Mariola por su casa y cuando bajó se montó en la parte de atrás del taxi. También había optado por unas botas altas, solo que ella las llevaba por dentro de unos leggins negros que le hacían un culazo demoledor. En la parte de arriba llevaba una especie de blusa blanca ceñida de manga larga y cuello redondo que le ayudaba a realzar sus pechos.

―Hola, guapo ―le saludó a Modou dándole un pequeño golpecito en el hombro, luego le pegó un sonoro beso a Claudia en la mejilla―. Hola, ¿estás preparada para pasarlo bien? ―dijo cogiendo su mano mientras el senegalés las llevaba al restaurante.

Se bajaron del taxi y Claudia le pagó dejándole una generosa propina, como hacía siempre.

―Luego te llamo, cuando vayamos a ir a casa…
―Sin problema, yo hasta las siete o las ocho de la mañana estaré trabajando…
―¡Madre mía!, ¡qué trabajador nos has salido!, no todo es trabajar, si te animas por la noche te invitamos a tomar algo ―le dijo Mariola.
―No, gracias, señora, no puedo y muchas gracias por la propina.
―Pero no me llames señora, por favor, que me haces mayor, ¿te parezco mayor? ―le preguntó Mariola poniéndose de medio lado en el asiento de atrás.
―Vamos, Mariola, deja de hacer el tonto… ―dijo Claudia tirando de ella―. Perdona Modou, tú a mi amiga ni caso de lo que te diga, eh…

Se conocían de sobra los mejores restaurantes de la ciudad y este era uno de ellos. Lo más peligroso de esas cenas era cuando iban juntas a los lujosos baños. Ya en la primera visita que hicieron Mariola le dejó claras sus intenciones. Se bajó los leggins y le mostró el culo a su amiga cubierto por un pequeño tanga que se perdía entre sus dos glúteos.

―¿Te apetece tocarme un poco?
―Joder, Mariola, que no son ni las once de la noche, todavía nos falta el pescado y el postre…
―Lo sé, pero ya se me está empezando a subir el vino, o eso o que he salido demasiado cachonda de casa… además, tú tampoco ayudas mucho con ese vestidito que te has puesto ―dijo metiendo las manos bajo la falda para acariciarle el culo a su amiga.

Claudia se dejó hacer unos instantes y cuando Mariola le fue a besar en la boca ella se apartó.

―Espera, no quiero que se me corra el maquillaje…
―Está bien… ya me lo pedirás más adelante ―dijo Mariola en bromas y bajándose el tanguita para empezar a mear.

Según avanzaba la cena se estuvieron poniendo un poco al día respecto a sus trabajos y cerca de los postres Claudia le comentó los avances que había tenido esa semana con Basilio.

―¡¡Serás puta!!, ¿en serio le hiciste una paja en su despacho con el pie?
―¡Shhhhhh, calla!, más bajito…
―Sí, perdona, es que me he emocionado, jajajaja.
―Jajajaja,
―Pero luego me lo tienes que contar con todo detalle… eso y lo del pueblo, jajaja y decías que no ibas a volver a follar con él…
―Y no he follado con él…
―Ah, bueno, es verdad, solo le has hecho una paja con el culo y otra con el pie, perdona.
―Jajajaja, ¡serás cabrona!

Terminaron de cenar y antes de salir del restaurante volvieron a pasarse por los baños, empezaba a ser una costumbre. En cuanto entraron al servicio, Mariola le puso a Claudia contra la pared y metió las manos bajo su falda.

―Me encanta que hagamos esto aquí, ¡ni te imaginas el morbo que me da! ―susurró Mariola.

No dejaba de sobar el culito de Claudia por debajo de su vestido blanco, al igual que ella se había puesto un tanga, aunque el de Claudia no era de triángulo como el suyo, tenía un poco más de tela. Comenzaron a besarse despacio, se palpaba en el ambiente que la noche iba a ser muy especial, las dos estaban muy excitadas y se habían reservado expresamente para la ocasión.

A Claudia también le gustaba manosear el culo de Mariola por encima de sus leggins, estuvo tentada de meter las manos por dentro, pero no tenía prisa, además tampoco quería llamar la atención estando mucho tiempo dentro del baño. Si fuera por Mariola se hubieran puesto a follar allí mismo, pues su amiga ya le había apartando el tanguita y le rozaba el coño con uno de sus dedos.

―¡Qué mojadita estás! ―dijo Mariola mordiéndose los labios antes de lanzarse contra Claudia para morrearse con ella.
―Vale, para un poco… ―dijo Claudia apartándose como pudo.

Se dio la vuelta y se bajó el tanga antes de sentarse a mear, Mariola la veía de pies negando con la cabeza.

―¡Como me gustas!, hoy me apetece que nos lo montemos en algún baño antes de ir a mi casa, ¡eso me pone mucho!

Claudia terminó de mear y se incorporó mientras se subía la ropa interior y se bajaba la faldita. Luego era el turno de Mariola que se desabrochó los leggins y de un tirón se los bajó junto con el tanga antes de plantar su culo en la taza.

―¡Mmmmmm, esas botas sin ideales!, es que me gusta todo de ti…

Cuando terminó de hacer pis se levantó y con los pantalones por los muslos se acercó a Claudia para buscar su boca otra vez. Lo que quería es que Claudia manoseara sus glúteos desnudos unos segundos y su amiga lo hizo. Le volvía loca el generoso culo de Mariola, podría haber estado horas tocándoselo, tenía un tacto perfecto, además de ser increíblemente suave.

Luego con tranquilidad, Claudia se inclinó ligeramente y agarró el taguita de Mariola por los lados para subírselo hasta dejarlo perfectamente encajado entre sus dos glúteos.

―Deberíamos salir ya…

No tardaron en llegar a uno de los bares de moda, Claudia había elegido uno que no tuviera gente muy jovencita, pues no quería encontrarse a ninguno de sus ex alumnos. Se pidieron un par de copas y luego se apartaron a un lado a hablar de sus cosas.

―Así que ha habido progresos con tu jefe… ―le dijo Mariola.
―Eso parece.
―¡Es lo que pasa por ir tan caliente como vas tú!, desde hace tiempo necesitas un buen semental, una buena polla que te folle duro…

Inevitablemente Claudia pensó en Lucas, aunque esos encuentros no se los quería contar a su amiga. Era el único secreto que tenía con ella. Y con su marido.

―¿Y piensas acostarte con él más veces?, David estará encantado…
―Pues no lo sé…
―Eso es que sí, jajajaja, ¡qué puta!
―No he dicho que sí, he dicho que no lo sé, me gusta porque ahora es como que han cambiado las tornas y soy yo la que lleva la iniciativa, tenías que haberle visto el otro día en su despacho chupando mi bota.
―¡Joder, qué fuerte!
―Y en cuanto le puse el pie ahí, jajajaja… se corrió ―dijo Claudia moviendo el pie en círculo.
―Normal, estaría cachondo el muy cerdo.

Pasaron delante de ellas dos chicas de unos veintisiete años, eran muy atractivas, una llevaba una mini falda que casi se le veía el culo y la otra marcaba unas nalgas potentes con unos vaqueros ajustados. Mariola se quedó mirando, casi hipnotizada, los cuerpos de aquellas dos chicas.

―¡Uffff, no sé qué me pasa!, pero cada vez me gustan más las tías, ahora te lo juro que ya me daría igual follar con un tío o con una de estas.
―Jajajaja, por cierto, ahora que sale el tema, ayer coincidí en el vestuario con María.
―¿La monitora?
―Sí.
―Calla, calla, esa sí que está buena, ¿y la viste desnuda?
―Sí, eso te iba a decir, se duchó conmigo, y mientras me vestía salió desnuda de la ducha y comenzó a echarse crema hidratante, ¡tenías que haberla visto!
―¿Te fijaste en ella?
―Un poco sí… ―dijo Claudia ruborizada.
―Dime cómo era… ¿le miraste el coño?
―Sí.
―¡Qué zorra!, seguro que te pusiste hasta cachonda, ¿y cómo lo llevaba?, ¿depilado?
―Jajajaja, no, lo tenía así rubio natural, con un triangulito de pelo muy bien cuidado.
―¡Uffff, qué morbo!, ¡¡me estás poniendo malísima!!, vamos a pedirnos otra… ―dijo pegando tres tragos para vaciar de golpe su copa.

Se acercaron de nuevo a la barra y por el camino las pararon un grupo de cuatro chicos, se estuvieron presentando y les dieron dos besos a cada uno, pero de momento les dieron largas, querían seguir hablando de sus cosas. Se quedaron de pie junto a la barra mientras se tomaban esa copa. Desde allí, Mariola observó a los chicos que habían intentado ligar con ellas, había un par de ellos que no estaban nada mal.

―¿Qué te han parecido esos que nos han parado? ―le preguntó a Claudia.
―Ya sabes que aquí no me gusta ligar, es una ciudad pequeña y luego me daría mucha vergüenza encontrármelos un día por la calle si voy con David y las niñas.
―Tampoco tienes que pensar en eso, solo disfrutar y ya está, hay dos que son muy monos, joder, ya me estoy poniendo cachonda de pensarlo.
―¡Cachonda hace un rato que lo estás!
―Bueno, eso también, jajajaja.
―Jajajaja.
―¿Te imaginas llevarlos a mi casa?, mi mayor fantasía es intercambiarlos y que nos follen los dos, no sé si a ti te pone eso, primero uno y luego el otro, que se vayan cambiando de habitación, ¡eso sería la hostia!
―Nunca lo había pensado hasta que te lo he escuchado a ti, la verdad. Pero, tía, ¡eso es de ser muy guarras!
―¡Y follar con otro delante de tu marido no!, ¡no te jode!…
―Ah, vale, de acuerdo, ahora nos acercamos y se lo decimos, oye ¿queréis follar con nosotras?, pero luego cuando terminemos nos intercambiamos eh, que queremos follar con los dos.
―Bien pensado, ¿se lo dices tú o se lo digo yo?, venga vamos.
―¡Que era broma! ¿Cómo les vamos a decir eso?
―Jajajaja, había pillado la ironía, eh… de todas formas, hoy estoy, uffff, ¡¡ y quiero hacer una locura de las que recordemos en un futuro!!
―Estás muy lanzada…
―Y tú quiero que estés igual, ya te dije que hoy no quiero tonterías, dime qué prefieres, ¿nos vamos solas o con dos tíos?
―Hoy prefiero que nos vayamos solas.
―¿Y si estuviéramos en otro sitio?, por ejemplo, en Madrid.
―En ese caso me daría igual, reconozco que me gustó mucho lo de la última vez en Madrid, nunca me había acostado así con un chico que acabara de conocer.
―Mmmmmmm, esos polvos con un tío desconocido son brutales, ¿verdad?
―Ya lo creo, también tuvimos suerte, con el que estuve yo era un animal.
―¡Te pones cachonda solo de pensarlo!, me parece bien tu plan, hoy nos iremos a casa tú y yo solas si es lo que quieres, la verdad es que me gusta mucho follar contigo, de hecho, si te soy sincera esta tarde he estado viendo algún video porno de sexo entre tías, he visto un par de escenas, ufffff, se hacían de todo, se chupaban, se metían dedos por todos los agujeros, se follaban con consoladores de cristal por el culo, se comían la boca, ¡¡me han puesto que ni te imaginas!!
―Si quieres luego me enseñas esos videos… ―le gimió Claudia al oído.
―Mmmmm, me encantaría verlos contigo, me gusta ver cómo follan dos tías, lo que pasa es que luego en cuanto salgo de fiesta y veo a estos chicos tan guapos, mmmmm, pienso en sus pollas y… no sé qué es lo que tienen las pollas que me ponen tanto…
―Jajajajaja.
―¿No te pasa a ti?
―Sí ―dijo Claudia ruborizándose un poco.
―Por eso te decía que hoy me gustaría hacer una locura, pero bueno me conformaré con follar contigo ―dijo Mariola bajando la mano para sobar disimuladamente el culo de Claudia―. ¿Vamos al baño un poco antes de ir a otro bar?

Claudia se quedó mirando fijamente a su amiga. Las dos tenían cara de deseo y se les había encendido las mejillas. Dejó que Mariola acariciara unos segundos más su culo, hasta que su amiga metió la mano bajo su falda.

―Vale, vamos al baño… ―le dijo Claudia.

Tuvieron que hacer cola para poder entrar lo que hizo que durante la espera todavía se pusieran más calientes. Por desgracia para ellas, había mucha gente queriendo pasar al baño y no podían estar mucho tiempo. Una vez dentro, cerraron la puerta echando el pestillo y comenzaron a besarse la boca. Mariola subió el vestido de Claudia dejándoselo enrollado en la cintura, se agachó un poco para lamerle el coño por encima del tanguita y luego se lo apartó para acariciar a su amiga con un dedo.

Claudia también le desabrochó los leggins, al menos un poco para que no estuvieran tan ajustados y pudo meter sus manos por dentro para tocarle el culo a su amiga. Durante un minuto se morrearon mientras se tocaban mutuamente. Tampoco podían estar mucho más tiempo, todavía tenían que hacer pis y la gente fuera ya se estaba impacientando.

Salieron del baño agarradas de la mano, sonriendo ante la mirada de las que esperaban. Se fijaron que en la cola estaban las dos chicas que antes habían pasado delante de ellas y ahora fue al contrario, las dos se quedaron mirando a Claudia y a Mariola. Esas dos MILF de casi 40 tacos estaban muy buenas.

Cerca de las dos de la mañana, fueron a otro bar a tomarse la última copa, no querían irse muy tarde al piso de Mariola.

―Joder, yo ya empiezo a ir un poco borracha ―dijo Mariola.
―Yo también, si quieres nos vamos ya para casa.
―No, hay que tomar otra, además hoy todavía no hemos ligado, al menos vamos a hablar con algún tío para calentarles un poco, aunque luego nos vayamos solas, ¿te parece?
―Pues no.
―Tú cállate y déjame a mí…

Una vez que pidieron se pusieron a un lado pegadas a una columna, cerca de ellas había varios grupos de chicos, aunque ninguno de la edad que quería Mariola.

―Pero, ¿dónde coño me has traído?, aquí no baja ninguno de cincuenta…
―Y yo qué sé, bueno no seas exagerada, también hay gente más joven que nosotras.
―¿Sí? ¿Dónde?

Claudia miró alrededor y efectivamente, como decía Mariola la mayoría tenía más de cincuenta años y por supuesto ellas no pasaron desapercibidas en un sitio así.

―Voy a empezar a pensar que lo que realmente te pone son estos tíos mayores ―dijo Mariola.
―Nooooo, por favor.
―A mí me gusta lo contrario, cuanto más jóvenes mejor, pero si esto es lo que te gusta a ti, follar con uno de estos, por mí perfecto, ya te he dicho que esta noche tiene que ser especial.
―Jajaja, no quiero acostarme con uno de estos.
―Pues mira, allí hay dos que no nos quitan ojo de encima ―dijo Mariola saludándoles con la copa.
―¡Qué haces! ¡estate quieta!
―Mírales, están tan acojonados que no se atreves a venir, vamos a acercarnos nosotras…
―¡Qué no!, ni se te ocurra…
―¿No quieres mandarle alguna foto al cornudo?, te imaginas que le mandas una foto con alguno de esos dos, ¿qué crees que le pasaría?, anda ven aquí ―dijo Mariola cogiendo a Claudia de la mano.

Se acercaron hasta dos hombres que había en la barra, tendrían sobre 55 años, uno era bajito, pero se conservaba muy bien, se notaba que había jugado al fútbol toda la vida, el otro era algo más mayor, con el pelo canoso, pero también estaba atlético.

―Perdón, chicos, ¿nos hacéis una foto? ―les pidió Mariola pasándoles su móvil.
―Claro, sin problemas.

Mientras se agarraban de la cintura y poniendo poses sugerentes, uno de los hombres les hizo varias fotos con flash, luego Mariola se quedó mirando el móvil a ver qué tal habían salido.

―¿Están bien? ―preguntó el bajito.
―Sí, perfectas… bueno, yo soy Mariola y esta es Claudia.
―Pues encantados de conoceros, nosotros somos Darío y Luis Ángel ―dijeron dándose dos besos entre los cuatro a modo de presentación.

Claudia no quería estar allí con esos tíos, no es que le fueran desagradables, pero tampoco tenían nada de especial. Hacía ya bastante rato que se quería ir al piso de Mariola a follar con ella. Alargar esa espera en el tiempo solo hacía que se calentara más y más y ahora estaba en ese bar de gente mayor hablando con dos hombres que no conocía de nada.

El bajito rápidamente se posicionó al lado de Claudia y el del pelo canoso, que era más alto, con Mariola. Casualmente, el que estaba hablando con Claudia también estaba casado y el otro soltero.

―¡Vaya, es una pena que estés casada!, aunque ahora mi amigo y yo somos la envidia de todo el bar ―le dijo Darío a Claudia.
―¿Por qué dices eso?
―Pues porque sois las más guapas que hay aquí con diferencia y no sé si te habrás dado cuenta, pero casi todos nos están mirando, los hombres con deseo y las mujeres con envidia hacia vosotras.
―Pues no me había fijado.
―Tu amiga es muy lanzada, ¿no?
―Sí, es la que lleva la parte de las relaciones públicas, como habrás podido comprobar.
―Jajajaja, muy buena esa, me parece a mí que es mucha leona para Luis Ángel…

No supo que contestar a ese comentario, aunque era verdad, el señor de pelo canoso no pegaba nada con Mariola, una morenaza de cuarenta que parecía que tenía veintiocho con ese cuerpazo espectacular.

―¿Y salis mucho a ligar, así juntas?
―No hemos salido a ligar…
―Entonces, cuando termines esa, ¿puedo invitarte a otra copa?
―¿Estás ligando conmigo ahora?
―Puede ser… ¿te gustaría?
―Ya te dije que estaba casada…
―No te he preguntado eso, ¿por qué os habéis acercado a nosotros?
―Sinceramente no lo sé, ha sido cosa de mi amiga.
―Pues yo sí lo sé, huelo las calientapollas a kilómetros de distancia, y no me importa, así le levanta un poco la moral a mi colega, está pasando una mala racha.
―Vaya, lo siento.
―Aunque se ve que tú no eres como ella, es una pena, si fueras también otra calientapollas no estaría siendo tan amable.
―¿Ah, no? ¿Y cómo serías?
―Mira, cariño, ya tengo 53 tacos y estoy de vuelta de todo, he salido tranquilamente con mi amigo a tomar una copa, si veo que tú también vas en ese plan habría sido más directo contigo.
―¿Más directo?
―Sí, ya me entiendes… te hubiera propuesto alguna cosa para asustarte y que salieras corriendo.

A Claudia le gustaba la sinceridad de Darío, tenía toda la razón en lo de Mariola, a parte que se le veía un tío curtido en mil batallas. Con el calentón que llevaba, aquella conversación le empezó a parecer interesante, aunque tenía que ir con cuidado, no quería que Darío pensara que ella iba del mismo palo que su amiga.

―No sé si preguntarte lo que me hubieras propuesto, creo que no quiero saberlo… ―le dijo tonteando un poco con él.
―Vaya, vaya… si no quisieras saberlo no hubieras dicho nada.

Mariola se acercó junto con el otro señor donde estaban Claudia y Darío.

―Bueno, bueno, ¿qué tal todo por aquí?, ¿nos tomamos otra copa?
―¿Qué tomas, morena?, yo os invito… ―dijo Darío con cara de resignación.

Una vez que pidieron las cuatro copas Mariola y Luis Ángel se volvieron a separar un poco y Claudia se quedó otra vez con Darío.

―¿Ves?, lo que te decía, tu amiga ya nos ha sacado una copa gratis… eso es a lo que ha venido.

Claudia se puso roja de vergüenza.

―Me gustaría haberos invitado, aunque mejor lo dejamos para otro día, me temo que esta va a ser mi última copa, ya vamos un poco pasadas… ―dijo Claudia.
―No te preocupes, lo entiendo, lo dejamos pendiente… además, no me importa con tal de ver a mi amigo así de animado y también de poder hablar contigo, uno no tiene la suerte de estar con una mujer así todas las noches.
―Gracias.
―Ese vestido blanco te queda espectacular y con esas botas, uffff, ¡¡tienes mucho estilo!!, es una pena que estés casada…
―Lo dices como si tú no lo estuvieras.
―Yo lo estoy también, pero no tendría ningún impedimento en follar contigo ―le soltó de repente.

Aquel tío estaba empezando a sorprenderla, pocos hombres había conocido que se atrevieran a hablarla de esa manera. No se le veía nada intimidado por su belleza como les pasaba a otros.

―No estás acostumbrada a que sean tan directos contigo, ¿verdad?, tienes pinta de que se asustas a los tíos, y no me extraña, ¡estás muy buena!
―Pues no, no estoy acostumbrada.
―¿Y te gusta que te hablen así?
―No mucho, me gusta la gente más… educada.
―¿No estoy siendo educado?
―Me estás pareciendo más bien grosero…
―¿Por decirte que estás muy buena y que me gustaría follar contigo?
―Te parecerá normal decirle eso a una mujer que acabas de conocer.
―Si nos hubiéramos conocido en el cumpleaños del colegio de nuestros hijos, por ejemplo, no te lo hubiera dicho, aunque lo pensara, pero aquí en un bar, con unas copas encima, con ese vestido que llevas… pues tampoco creo que esté tan fuera de contexto, y no me salgas ahora con lo del rollo feminista y tal por decirte lo del vestido, vamos, yo encantado de que lo lleves, ¡te queda como un puto guante!, además, ¿sabes una cosa?
―Dime.
―Creo que te gusta que un tío te hable así… no estás acostumbrada y eso al menos te ha llamado la atención.
―Creo que me voy a ir ya.
―Espera, no te vayas, no quería asustarte, me gustaría darte mi número de teléfono, por si algún día quieres… charlar o lo que sea, me supongo que tu marido será un tío alto, guapo y con pasta, pero por favor guarda mi número ―dijo Darío cogiendo el móvil.

Claudia se quedó pensativa unos segundos y entonces también sacó su móvil del bolso.

―Si te hace ilusión que tenga tu número…
―Apunta, seis, siete, dos, cuatro, cuatro…y un dos, llámame otro día que salgas de fiesta y me invitas tú…
―Jajajaja, si salgo otro día te llamaré, aunque no suelo… ah, por cierto, y no me has asustado.
―Pues parecía que sí, es una pena que te tengas que ir ya, parece que la calientapollas y Luis Ángel se lo están pasando bien.
―No llames así a mi amiga, no me gusta.
―¿Qué vais a hacer ahora?
―Pues supongo que irnos para casa.
―Pero si es muy pronto, ¿o me estás dando largas?
―Veo que lo has pillado…
―Entonces no te molesto más, lo he pasado muy bien contigo, Claudia.
―Gracias.

Y se fue a buscar a su amiga, a la que le dio un toque en el hombro cuando llegó a su altura.

―Nos vamos ya…
―Ohhhhh, noooo, quedaros un rato más ―protestó Luis Ángel.
―Otro día nos vemos ―le dijo Mariola―. Encantada de haberos conocido.

Antes de salir, Mariola tiró de Claudia para llevarla de nuevo a los baños. Le ponía mucho cerdear con ella allí y esta vez no tuvieron que hacer cola, eran más amplios y tenía tres reservados. Se metieron dentro y Mariola apoyó a Claudia contra la pared.

―¿Ya quieres irte a casa?
―Sí ―contestó Claudia mirando a su amiga fijamente a veinte centímetros escasos de su cara.

Metió la mano bajo su falda y acercó la lengua despacio para rozar sus labios.

―¿Qué tal con ese tío?
―Bien, ha sido muy directo, me ha dado su teléfono y me ha dicho que quería follar conmigo…
―Joder, que lanzado…
―Sí, no quería perder el tiempo ―dijo Claudia.
―¿Te gustaba?
―No…
―Pues te veía muy a gusto con el bajito, ya te he dicho que si eso es lo que te pone no tengo problemas, estoy tan cachonda que hoy me vale cualquier cosa, hasta haría lo del intercambio con ellos, ¿te imaginas follar con estos dos la misma noche?
―¡¡Joder, tía!!, buaghhh, calla calla…
―¿O prefieres follar conmigo?
―Prefiero contigo… voy a ir llamando a Modou para que venga a buscarnos, no quiero esperar más.
―Está bien, llama al negrito…

Dejó que Claudia sacara su móvil del bolso y llamó al taxista senegalés que dijo que estaría en la puerta del bar en diez minutos. Mientras hablaba con él Mariola se agachó subiendo su falda y poco a poco le fue bajando el tanguita, hasta sacárselo por completo. Hizo que se diera la vuelta y Claudia le ofreció el culo a su amiga.

Cuando Claudia se despedía de Modou Mariola ya estaba de cuclillas besando sus glúteos y mirando detenidamente su ano.

―Tienes un culo precioso, mmmmmm, ¡¡es que me encanta como te huele!! ―dijo metiendo la cara entre sus cachetes.

Claudia se quedó sujetando el móvil y con la mano libre empujó la cara de su amiga contra su culo.

―¿Quieres que te lo coma ahora? ―preguntó Mariola rozando su ano con la punta de la lengua.
―Mmmmmm…
―Joder, te tiemblan las piernas solo con pasarte la puntita… ¡¡estás más que cachonda que yo y mira que eso es difícil!!

Tiró de una nalga hacia fuera abriendo su culo y le pegó otro lametón en su pequeño agujerito. Claudia se puso de puntillas tensando las piernas.

―¡Me vuelve loca cuando lo pones así de duro!, shhhhhh, relájate un poco que no puedo meter aquí la boca…

Apoyó bien los pies en el suelo e intentó relajar los músculos sacando el culo hacia fuera, entonces sintió la caliente lengua de Mariola abriéndose paso en sus paredes intestinales, luego el dedo índice de su amiga jugó un poco a la entrada de su coño acariciándola muy despacio como si estuviera rascando el interior.

―¡Mira, puta!, estás mojando el suelo…

Cuando Claudia miró hacia abajo se encontró un chorro de flujo que efectivamente le goteaba, como un grifo mal cerrado.

―¡Es la hostia, nunca había visto nada parecido! ―dijo Mariola metiendo la cabeza debajo unos segundos hasta que el flujo de su amiga le entró hasta la garganta.

Se puso de pie frente a Claudia y abrió la boca enseñándole su propio flujo para luego cogerla de la cabeza y pasar parte de sus fluidos mientras se daban un intenso morreo. Se miraron fijamente cuando se separaron, les brillaba los labios y la barbilla y volvieron a besarse pasándose la lengua por la cara, por la nariz y por las mejillas.

Se lamían cómo dos putas perras en celo.

Mariola tenía el tanguita de Claudia en la mano y lo estiró para poner la tela entre sus dos bocas, se intentaron besar a través del tanga lo que hizo que todavía se pusieran más cachondas, si es que eso era posible. Claudia tampoco se estaba quieta, le había desabrochado el botón de los leggins a su amiga para meter las manos por dentro y apretarle el culo con ganas.

―¡Me voy a quedar con el tanga de recuerdo!, quiero que vayas hasta casa así, sin nada debajo del vestido ―gimió Mariola.
―Ufff, yo también quiero hacer lo mismo…
―Pues arráncamelo…

La tela no cedió cuando Claudia intento romper el tanguita de Mariola, lo único que hizo fue clavarle las tiras en el cuerpo al soltar la prenda, volvió a insistir con el mismo resultado, solo que lo hizo con más fuerza y al soltar le zurció el tanga contra la piel de su amiga.

―¡¡Ahhhh, puta, me has hecho daño!!…

Pero Claudia mirando a los ojos de Mariola agarró el tanga elástico estirándolo para que golpeara aún más fuerte contra sus caderas.

―Ahhhhhh, joderrrrrr… me estás poniendo mucho haciendo eso, ufffff, vamos arráncamelo…

Y Claudia se agachó mordiéndolo con los dientes desgarrándolo y tirando con sus manos. Se oyó un pequeño crujido, pero el tanga seguía sin ceder. Claudia lo tenía bien sujeto con la dentadura y mordió por donde había más tela, el triangulito de la zona del coño. Entonces sí que pudo romperlo un poco y luego metió el dedo para destrozar el tanga, pero lo que eran las tiras seguían sobre el cuerpo de Mariola.

Su amiga sacó unas tijeritas del bolso y cortó levemente uno de los laterales.

―¡¡Mmmmmmm, arráncamelo ahora!!

De un golpe seco Claudia se quedó con el tanguita de Mariola de la mano. De todas formas, ya no tenía arreglo, estaba roto por un lateral y la poca tela del centro la tenía completamente roída. Antes de salir le metió un dedo por el coño a Mariola y tiró el tanga en una esquina del reservado, dejándolo allí.

Salieron de la discoteca agarradas de la mano. Ya estaba esperando Modou en la puerta.

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