IGNACIO CORTINA

Cada vez que el director grita «Tres, dos, uno… luces, ¡acción!», me echo a temblar. Bueno, en realidad, es lo contrario. Porque cuando él habla, nosotros dejamos de temblar, de reír, de hablar, de respirar, de actuar, de vivir. Todo se detiene y no sabemos si el mundo sigue girando sin nosotros ahí fuera. Y nos quedamos así, en un limbo, paralizados en esta escena perpetua e inacabable. Cuando el director grita «¡Corten!» volvemos a revivir. Pasan treinta y dos segundos y todo vuelve a empezar, porque la toma nunca es buena. Creedme, son treinta y dos, los he contado una infinidad de veces. Pienso que nos hemos quedado atrapados en un pliegue temporal por alguna causa desconocida. Tal vez el universo ha comenzado a implosionar de repente. No sé si sólo nos afecta a nosotros o a más gente allá afuera, nunca tenemos tiempo para hacer una llamada de móvil y verificar lo que ocurre. Tampoco querría descubrir que al otro lado de la línea no hay nadie para contestar. Casi todos nos damos cuenta de lo que sucede, menos el director: él va a lo suyo, a su película. La realidad es que estamos a punto de perder nuestra cordura, si es que no ha sucedido ya. Hemos repetido el mismo bucle novecientas cincuenta y tres veces.

Vamos a por la toma novecientos cincuenta y cuatro.

Que Dios nos asista.

https://ignaciocortina.wordpress.com/

Un comentario sobre “Paralizados

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