LUIS5ACONT

Santiago toma el móvil nada más abandonar Paloma el restaurante y hace la llamada.

– Acaba de salir – indica.

– ¿Aceptará?

– Está en shock. No he querido presionarla más, no sea que haga una tontería. Me llamará esta tarde. Pero creo que sí. No es tonta y sabe que tiene pocas opciones. Otro tema es que podamos controlarla a futuro. Si acepta es mejor darle algún puesto donde no maneje ningún tipo de información comprometida. Si podemos enviarle el sueldo a casa sin que aparezca por la oficina mejor.

– Bueno, lo primero es que resuelva a nuestro favor. No me fio de esa zorra, aun puede darnos una sorpresa desagradable.

– Estamos listos para hacer contención de daños. Perderemos mucho dinero pero la sangre no llegará al rio. Solo será cuestión de cambiar nombres y empresas y comenzar de nuevo. Tarde o temprano lo recuperaremos.

– No podemos empezar la legislatura con un escándalo. La gente a la que representamos puede ponerse nerviosa. Asegúrate que acepta.

– Sé hacer mi trabajo. Pero no somos magos. Otros ya habrían resuelto el problema por medios más expeditivos, pero nosotros no cruzamos esa línea, recuérdalo. Eso nos limita. Así son las reglas.

– Bien, tenme informado.

– Ok. Por cierto, otra cosa: quiere hablar contigo. He negado cualquier relación tuya con este tema pero ella insiste: Si acepta querrá una reunión. Igual no es mala idea que le pongas las cosas claras. Todavía piensa que puede manejar este tema de alguna forma. Nos podemos asegurar de securizar el encuentro para que no pueda grabar nada.

– Ya veremos, paso a paso. Primero que se comprometa y demuestre de qué lado está. El expediente es la prueba de fuego. Si se comporta, mano de hierro en guante de seda, si no, a por ella con todo el equipo.

– OK.

Santiago cuelga, levanta la mano y ahora sí, se pide una copa de Chivas Regal para rematar el café.

Pasa revista a todo el caso, haciendo balance desde que empezó. Hasta que Paloma no lo llame no puede hacer mucho más que revisar el proceso, en busca de fallos o posibles elementos de mejora.

Aún recuerda aquella tarde hace unas semanas.

– Ha llamado Méndez: ya han asignado el expediente. Hay que poner en marcha el plan previsto.

– Vale, me pongo en seguida con ello.

– Avisa a Stefano. Es un trabajo para él.

– ¿Stefano? – pregunta el otro extrañado.

– Es una mujer. Se lo van a dar a una tal Paloma Gálvez. No te compliques y llama a Stefano. Vamos a lo seguro. Te paso su perfil.

– De acuerdo – Santiago coincide, Stefano es el mejor tanto para hombres (si fuera el caso) como para mujeres.

– Tenme al día de todo, la gente de arriba anda inquieta.

– Como siempre. Me pongo con ello ahora mismo.

No le extraña que Valentín esté preocupado. Todo estaba previsto para que Jaime Méndez se  ocupara, pero su topo no se puede hacer cargo del expediente: está bajo la lupa y posiblemente lo llamen a declarar por otro asunto paralelo, relacionado con fraude fiscal. Una cagada que todavía nadie sabe, pero a la que pronto le van a poner foco los medios de comunicación. No les interesa que alguien pueda relacionarlo con la promoción en el distrito norte. Cuanta menos atención generen mejor. Bastante tienen con intentar borrar o esconder su participación en otros expedientes que tan rentables les han resultado.

Santiago recibe el dossier que le envía Méndez sobre Paloma. Lo lee detenidamente antes de hacer la llamada. Luego toma el teléfono y marca.

– ¿Stefano? Te necesito aquí lo antes posible, coge el primer vuelo.

Un día después, el chico medio italiano está en el hotel Eurobuilding, una torre en una de las más cotizadas arterias de la ciudad y en el que el fondo que representan tiene un buen paquete de acciones. Su participación es suficiente para que le habiliten una suite sin hacer preguntas ni guardar registro del turista. Ya la han usado otras veces y apenas emplean una tarde en instalar los micrófonos y las cámaras.

El mismo día que le entregan el proyecto a Paloma ya tenían listo al tipo. Sabían que se lo iban a dar a ella. Así resultaba menos sospechoso: ¿cómo iba a maginar que había alguien que antes de ella ya sabía que se iba a hacer cargo del proyecto? Lo cierto es que tenían controlados a los cuatro inspectores en los que podía recaer la auditoría. Ella era la menos probable según los cálculos, pero mira por donde el azar también juega su papel.

Stefano se ha leído el dossier sobre Paloma y le urgen para que tome contacto. La mujer está vigilada y Méndez les facilita el listado de visitas que tiene pendientes, por lo que cuando se dirige al barrio de Salamanca a ver el loft, el chico solo tiene que consultar con Santiago que le da todos los datos. Cuando la sigue a la Mallorquina, decide jugársela. El tiempo apremia y él confía plenamente en sus habilidades. Prepara una historia creíble y le entra a Paloma.

Todo se desarrolla bien, la mujer no se fía pero está convencido de que le ha gustado. Cuando ella se marcha, llama a Santiago.

– ¿La has visto tirar una tarjeta a la papelera o al suelo al salir? 

– No ha tirado nada.

 Stefano sonríe:

– Entonces la tengo.

El chico se muestra convencido, pero él no las tiene todas consigo. Algo le dice que aquella tipa no es muy convencional.

Hasta por la noche no respira tranquilo.

– Ha llamado – dice Stefano. Ahora le toca sonreír a Santiago antes de colgar.

En paralelo y sin despertar sospechas, instruye a Jaime Méndez para que se gane su confianza. Sin que parezca interesado en el expediente que desde arriba han presionado a Marcial para que lo asigne a otro inspector, metiéndole prisas. Por el contrario, debe parecer aliviado de habérselo quitado de encima. Presentarse con una oferta de ayuda pero sin insistir demasiado a la suspicaz Paloma, como si sintiera remordimientos porque se lo hubieran encasquetado a ella. 

Y algo más. Cuando Méndez llega a la reunión con Paloma y dice que está sin batería, ella le deja el móvil y hace una llamada errónea y otra acertada. La errónea es a un número que hace saltar una aplicación que instala un keylogger en el terminal de su compañera. Registrará todas las entradas de texto, especialmente en las contraseñas de acceso a aplicaciones y correo. También se instala un troyano que da acceso en remoto al móvil. Es de última generación y todavía no es detectable por los antivirus.

La segunda es a una clínica odontológica real. La chica de recepción consulta el nombre para cambiar la cita y se queda asombrada al ver que Jaime la corta, dándole las gracias por la gestión antes de que haya podido hacer nada. Por si a Paloma se le ocurre comprobar el número. Es dudoso que indague más allá de acreditar que la llamada es a una clínica de verdad.

Méndez le hace después un resumen de la cita: Paloma sospecha pero aún no tiene nada serio. Pero la tía es buena, ha localizado un  rastro y es de las que no cejan. Méndez cree que puede acabar descubriendo algo, habrá que estar muy pendiente. La parte buena es que parece haberse ganado su confianza y además han intervenido su móvil. Esa misma noche ya tienen un reporte de la contraseña de su correo corporativo y otra de un foro de sexo.

El troyano además, les permite acceder a través de su propio móvil y no salta la alarma de inicio de sesión. Con la cuenta de su correo, acceden a ciertas claves del trabajo que la mujer no ha tenido la precaución de encriptar. Podrían desviar el correo pero se podría dar cuenta. Una vez que tienen las claves y acceso a las ip´s de sus terminales, desinstalarán el troyano para no dejar rastro, aunque se arriesgan a que las cambie. Conseguirán antes monitorizar su actividad y así saber a qué foros tiene acceso y lo que escribe de incógnito en ellos.

De esa forma descubren al grupo con el que intercambia mensajes en el chat. Saben de sus sueños recurrentes y su fantasía sado maso. Santiago pasa inmediatamente la información a Stefano. El chico analiza un resumen de sus mensajes y trata de hacerse una idea clara de por dónde pueden ir sus gustos y deseos más ocultos. Pero eso no servirá de nada si Paloma no contacta con él, cosa que como hemos visto, acaba sucediendo.

El primer encuentro va viento en popa y los siguientes se suceden aumentando la intimidad entre los dos, estrechando lazos, creando una relación forjada con el deseo y el placer, las mejores cadenas para crear dependencia y desactivar las sospechas. De momento solo se trata de romper sus defensas e infiltrarse en su vida profesional y personal sin que ella lo sepa. Acumular información e imágenes de sus encuentros. Stefano le pasa unas imágenes que ha conseguido que le envíe desnuda en su propio despacho del ayuntamiento. Igual al final no es necesario actuar, pero por si acaso.

Ese por si acaso parece confirmarse cuando Méndez llama una tarde.

– Ha estado esta mañana preguntando en registro por los integrantes de los consejos de administración. La he visto ir personalmente y he sospechado. Le he preguntado como sin querer a la administrativa que es de mi confianza. Era raro que no enviase a su ayudante. Sabe que puede ser algo gordo y se reserva la información.

Santiago sabe lo que significa. Se está acercando a donde no debe.

– Muy bien, habla con ella, trata de averiguar lo que sabe.

– ¿No levantaré sospechas?

– Interésate por el caso, al fin y al cabo era tuyo. Preséntate con la excusa de darle información.

– ¿Y qué información le doy?

– La que ella conoce de todas formas: si ha estado ahí ya sabe quién está en los consejos. Así te ganarás su confianza.

– Ok.

Días después, la cosa se complicó. El equipo que la seguía informaba de algo que a Santiago no le cuadraba. Marcó el número de Valentín:

– Está tomando cotas y medidas ¿por qué mide?

– No lo sé no tiene sentido. Nadie hace eso.

– Habla con Méndez y también con tus técnicos. No me gusta nada.

Efectivamente: tu peor debilidad es aquella que ni siquiera tú mismo sabes que tienes. La tía era lista. Había encontrado dónde hincar el colmillo.

Un día después, mientras los encuentros entre ella y Stefano aumentaban en intensidad y en temperatura (que casi siempre son cosas que van asociadas), nueva llamada de Valentín Jurado.

– Ya sé lo que está haciendo: hay un problema con las cotas. Han reducido los metros de las parcelas respecto a la adjudicación original.

– ¿Y eso por qué?

– Según la normativa, las dedicadas a casas y urbanizaciones de unifamiliares no pueden exceder de unos metros cuadrados determinados. Estás se pasaban, no demasiado, pero se pasaban.

– Pero eso es fallo del ayuntamiento al parcelar. No nos pueden culpar…

– No es tan sencillo. Sea de quien sea, te paralizan la obra y vuelven a revisar todos los procedimientos. Incluso te puede indemnizar y sacarlas de nuevo a subasta. Y además, resulta que sí es culpa nuestra. Les presentamos un proyecto inicial que requería de esos metros cuadrados de más porque, a diferencia de las demás parcelas, las nuestras van a contar con más equipamiento. Llevan piscina comunitaria y pista de pádel. Eso y la ubicación dentro del PEGOU, nos diferencian del resto de proyectos de la zona y harán que las nuestras se vendan mejor. En un principio Méndez hizo la vista gorda. Nadie había hecho los cálculos porque nadie jamás comprueba con precisión milimétrica esas cotas. Solo eran unos pocos metros de largo y de ancho, algo significante en una parcela de esas dimensiones. Jaime y el resto de contactos nos facilitan el pasar los filtros municipales, por eso los tenemos en nómina.

– Pero a veces, que te faciliten las cosas te complica la vida.

– Si das con una zorra como ésta sí. Tiene muy buen ojo la cabrona. Es muy difícil saber que te has colado unos pocos metros en un proyecto como este, pero ella lo intuyó. Y hay más: se corrigió en el sistema del ayuntamiento a posteriori. Alguien se puso nervioso y pidió la modificación. En la propuesta inicial iban a los metros correctos. Igual que las otras veces eso deja un rastro.

– ¿Por qué nadie me informó?

– Fue una cagada de Méndez. Una vez hecho pensó que se había solucionado el problema y se calló la boca – Se hizo un silencio mientras Santiago valoraba toda la información y la procesaba.

– Escúchame Valentín, esta tía puede complicarnos mucho la vida. Por lo pronto nos va a paralizar el proyecto. Si a eso le unimos el resto de temas, puede conseguir incluso que no nos lo vuelvan a dar. Por no hablar de que no interesa lo más mínimo que sitúen el foco de atención sobre nosotros.

– ¿Cómo va tu chico con ella?

– Muy bien, tenemos material de sobra para actuar.

– Asegúrate bien, esta vez no podemos fallar. Si la cosa se pone fea tenemos que asegurarnos el punto de partido – durante un momento se hace el silencio, hasta que Valentín pone palabras a lo que ambos están pensando – ¡No sé cómo hemos llegado a este punto! ¡Estamos a un paso de un fracaso! ¡Qué gran cagada! Y los que ponen la pasta no toleran ese tipo de errores.

– Esto no es una ciencia exacta, cada operación se construye paso a paso y hay mucho margen para el error, eso deberían entenderlo. Si quieren ganancia segura que apuesten por lo legal. Si quieres ganar diez veces más no puedes exigir seguridad completa.

– Eso se lo explicas a un abuelito al que le estás vendiendo una preferente en tu despacho del banco. La gente con la que nosotros tratamos no admite ese tipo de razones por muy válidas que sean, deberías saberlo, Santiago.

Tras otro intervalo Valentín continúa.

– Mañana la voy a ver.

– ¿Cómo?

– Hay una recepción en el ayuntamiento: le he insistido al teniente de alcalde para que invite a la gente de urbanismo y especialmente a ella.

– Ten mucho cuidado, no me parece buena idea, todavía no. Y menos aún en un sitio lleno de gente.

– No te preocupes, solo quiero conocerla. No haré nada. Pero quiero que me vea y me mire a la cara. Que sepa con quién me relaciono y que intuya quién hay detrás de mí para que no quepa lugar a dudas. Si tengo que volver a reunirme que sepa que no voy de farol. Tú márcamela  muy de cerca, estamos casi a punto de resolver. Si ves la menor señal de peligro me avisas. Tenemos que anticiparnos.

– Descuida.

Al día siguiente y con el correo todavía intervenido Santiago pudo ver el archivo que ella misma se mandaba desde la obra: un Excel con todas las cotas reales en una columna, con las aprobadas en otra y con las originarias antes de modificarse en la última. Maldita puta. Comunica con Jurado y lo informa.

– ¿Qué hacemos?

– Lo mismo que en El Padrino.

– En esa película salen muchas cosas, algunas de ellas muy desagradables. No hagas ninguna locura.

– No te alteres. Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar. Por las buenas se consigue siempre más que por las malas.

Es al día siguiente cuando se produce el segundo encuentro con Paloma. Esta vez no se trata de presentarse ni tantear. Por eso, ni una sola voz amenazante, aunque sí una conversación cargada de segundas intenciones pero sin una palabra mal dicha ni un mal gesto. Para que ella no pueda acusarle de nada. Sin despeinarse, Valentín deja caer el mensaje. A pesar de su negativa destemplada, el primer objetivo de la visita está cumplido piensa mientras sale de la oficina de urbanismo. De sobra sabe que no se lo va a poner fácil, pero ha conseguido desconcertarla y sembrar la duda en ella. El otro objetivo también está completado: simplemente era satisfacer su curiosidad, ahora que se han hablado claro, ver de qué temple estaba hecha. Es una zorra dura, sin duda correosa, pero torres más altas han caído. No es necesario mancharse las manos, para eso tiene a otros, pero en este caso es mucho lo que se juega y quería mirarla cara a cara y conocerla. Cuando llegue el caso, si hay que ponerse más desagradable, tiene en nómina quién se ocupe de lavar la ropa sucia.

Valentín toma el teléfono marca y simplemente dice: “tendrá que ser por las malas”. Luego finaliza la llamada.

Santiago lo preparó todo y llamó a su vez a Stefano.

– Tienes que conseguir una cita con ella esta noche.

– Es muy precipitado, no sé si la convenceré. No le gustan los imprevistos ni ponerse en evidencia.

– Mañana como muy tarde – concede Santiago – Búscate la vida pero cítala en un sitio donde pueda reunirme con ella. Y prepárate para emigrar. Cuando acabe la reunión, si todo va bien, te quiero fuera de la ciudad.

Desde ese momento, ha ido por delante preparando el terreno para el caso de que hubiera una negativa. Sin necesidad de mover sus contactos políticos para que la releguen a un puesto de último nivel. La jugada es mucho más sucia fácil y barata. Puede destruir su matrimonio, su carrera y conseguir que la echen del ayuntamiento. Si vamos a ir, vamos con toda la artillería: un golpe con todas las fuerzas que la deje noqueada.

Ahora la suerte está echada, piensa mientras llama al camarero para pagar la cuenta. Hay razones para el optimismo pero Santiago es de los que no da por seguro nada. Eso le ha permitido sobrevivir y prosperar. Esperará a la tarde, a la llamada de Paloma. Entonces sabrán a lo que atenerse.

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