ECONOMISTA

No le apeteció nada pegarse la tercera ducha de agua fría en el día. Cogió el neceser, se lavó los dientes, después se sentó en la cama y sacó el pijama para ponerse el pantalón y una camiseta interior blanca de manga larga. Luego se acarició la polla y cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás.

“No, no lo hagas”

Masturbarse era pecado, estaba muy mal, sin embargo en cuanto se hizo la primera caricia por encima del pantalón no se pudo aguantar más, se sacó la polla y se la agarró con firmeza. ¡Hacía tantos años que no se hacía una buena paja!. No podía pensar bien, estaba muy caliente y sabía que había metido la pata invitando a Claudia a tomar una copa en su habitación, pero no se había podido resistir, llevaba una temporada que solo podía pensar en ella, había estado toda la noche mirando sus piernas, sus gestos, su culo prieto en esos vaqueros, como se le marcaban sus duros pechos a través de la camiseta y ella había dejado que la cogiera de la cintura hasta acompañarla a su habitación.

Se había vuelto loco notando el vaivén de sus caderas a cada paso que daban, se le había puesto dura solo con eso, a cada paso le palpitaba la polla. Cuando llegó a la puerta de su habitación estaba convencido de que Claudia iba a aceptar su invitación, sin embargo ésta le había rechazado sutilmente, dejando abierta la posibilidad para otra ocasión.

No quería terminar rápido, estaba disfrutando mucho de aquella paja pensando en Claudia cuando de repente tocaron en su puerta. Se guardo la polla dentro del pantalón y salió a abrir asomando la cabeza.

No podía creérselo cuando vio a Claudia allí plantada, dispuesta a entrar en su habitación a las cuatro de la mañana.

Ni tan siquiera pensó en lo ridículo que estaba en pantalón de pijama y la camiseta interior blanca de manga larga metida por dentro. Le daba todo igual, incluso era más que evidente la erección que lucía bajo el pantalón.

―Hola, que al final me he decidido y si sigue en pie la oferta nos tomamos esa copa.
―Ehh, claro, pero pasa, pasa…no te esperaba, siento recibirte así…estoy en pijama…

Cuando miró hacia abajo se dio cuenta de que se le notaba mucho que estaba empalmado, Claudia también se fijó en el detalle, aunque intentó disimular y se dirigió hasta la mini nevera de la habitación de Basilio. Al igual que en su habitación había dos copas grandes y las cogió con la mano.

―¿Qué te apetece tomar? ―dijo Claudia agachándose para ver qué es lo que había en el mini bar.

Basilio se sentó en la cama sin decir nada, solo observando el culo de ella y sus piernas cuando se puso de cuclillas.

―Tenemos un poco de todo…ron, Whisky…
―Lo que tomes tú, me parece bien…
―Este ron no tiene mala pinta, es…¿te parece bien?, ¿con Coca cola?
―No, a mí solo con dos hielos…

En la nevera había un pequeño recipiente ya con los hielos preparados y unas pinzas.

―Lo tienen todo pensado, no les falta detalle ―dijo Claudia de espaldas echando dos hielos en una de las copas.

En cuanto escuchó el ruido de los hielos tocar el cristal, Basilio se puso de pie y se acercó a Claudia que estaba de espaldas a él, estaba excitado y decidido y apenas podía pensar con claridad. Claudia se sorprendió cuando se le encontró de repente detrás de ella y se le aceleró el pulso al sentir a Basilio pegado a su culo, éste pasó la mano hacia delante para rozar la de Claudia mientras le iba sirviendo el ron.

―¿Qué haces Basilio? ―dijo Claudia en bajito.

No se esperaba que fuera tan directo, Claudia siguió a lo suyo, como si nada, cogió otros dos hielos y los puso en la otra copa, pero Basilio estaba concentrado en su cuerpo, había puesto una mano en su cintura y con la otra le acariciaba la mano que tenía libre. Tuvo que soltarle la cintura para apartarle el pelo y poner los labios tímidamente en el cuello de Claudia.

―Esto ya casi está, ¿qué estás haciendo Basilio? ―repitió Claudia terminando de preparar las copas.

Los besos en el cuello cada vez eran más intensos y ruidosos, Basilio pasó la mano hacia delante y le tocó las tetas por encima de la camiseta, Claudia gimió en bajito y cerró los ojos, se quedó con el botellín de Coca Cola en la mano sin poderlo echar en la copa. Basilio se pegó más a ella y ahora con las dos manos le sobó las tetas más fuerte, apretándoselas hacia arriba.

Llevaba dos minutos en su habitación y Claudia ya había perdido el control de su cuerpo.

No tardó en meter la mano bajo la camiseta para tocar la piel de Claudia, que se erizó al contacto de los dedos de su jefe. Basilio apoyó la cabeza en la parte alta de la espalda de Claudia y estuvo disfrutando unos segundos del maravilloso tacto de las tetas de ella. Eran una pasada, había tocado muchos pechos, la mayoría de putas de lujo, pero muy pocas tenían el tacto natural de las tetas de Claudia.

Luego bajó la mano y le acarició el culo, entonces Claudia intentó que se estuviera quieto.

―¡Noo, para, para, esto no está bien! ―dijo intentando apartarle la mano.

Pero Basilio retiró la mano de Claudia y volvió a poner sus dedos sobre los glúteos de Claudia, que gimió levemente al sentir como le sobaban el culo. Con rudeza bajó la mano y se la puso en la entrepierna, en un gesto soez y obsceno acarició el coño de Claudia por encima del pantalón.

―¡¡Noooo, ahhhhhhhh, noooooo!!

Ella se giró bruscamente deteniendo aquello, se quedaron frente a frente mirándose, con la respiración acelerada, entonces Basilio la cogió por el cuello y tiró hacia él hasta que se encontraron. Sacó la lengua en un beso sucio y guarro y Claudia le correspondió morreándose con él, se sorprendió de lo bien que besaba Basilio, aunque era un poco brusco movía perfectamente los labios y la lengua al compás de ella y le dio mucho morbo que fuera tan bestia mientras le comía la boca.

Basilio echó las manos hacia atrás para tocar su trasero y se encontró con el móvil de Claudia, se lo sacó del bolsillo y lo puso sobre la mesa para volver a tocar su culo por encima del pantalón. Claudia hizo lo mismo que él y aunque no estaba muy acostumbrada a hacer eso, intentó también besarle lo más guarro que sabía, sacando la lengua e incluso metiéndole un poco de saliva en la boca a Basilio.

Ese morreo la puso demasiado cachonda, y cuando Basilio empezó a desabrochar su pantalón no le puso ninguna resistencia, le dejó que fuera poco a poco bajándoselo junto con las braguitas y mientras lo hacía Basilio no desaprovechó la oportunidad de acariciar sus piernas y se quedó mirando el depilado coño de Claudia. Cuando volvió a incorporarse se quedó de pie frente a Claudia, ella estaba desnuda de cintura para abajo, apoyada en la mesita, ofreciéndose a él con la respiración agitada.

Basilio se le quedó mirando unos segundos pensando que es lo que iba a hacer con ella. Claudia estaba dispuesta, desnuda, cachonda y era muy obediente.

No le dejó pensar mucho, pues la propia Claudia fue la que se lanzó contra él volviendo a buscar su boca, quería volver a repetir ese beso obsceno que la había puesto tan cachonda, mientras se comían los morros Basilio le cogió por el culo apretando sus glúteos con ganas y Claudia fuera de sí tiró del pijama hacia abajo para agarrarle la polla a su jefe. Apenas pudo pegarle un par de sacudidas, porque Basilio le retiró la mano.

―¡¡No me toques!!

Entonces él volvió a besarla y a manosear su culo desnudo, Claudia ya no podía más, se giró andando hacia atrás, hasta que sintió la cama rozando sus piernas. Basilio la empujó haciendo que cayera boca arriba en la cama y Claudia abrió las piernas cuando vio que él se iba a poner encima. Le hizo un poco de gracia ver a Basilio con el pantalón de pijama bajado, la erección que lucía y aquella camiseta interior blanca de manga larga que era anti erótica, y se le escapó una sonrisa fugaz a la vez que gemía.

Sin embargo tenía que reconocer que Basilio lo estaba haciendo muy bien, se había puesto muy cachonda por la manera en que él la tocaba y sobre todo por como la había besado. No se imaginaba que aquel politicucho le iba a llevar a ese nivel de calentura.

Basilio estaba furioso y se puso encima de ella con cara de mala hostia. Claudia le recibió con las piernas abiertas y sintió la polla de Basilio pegada a su cuerpo, le quiso decir que se pusiera un condón, pero él estaba tan decidido y seguro de lo que hacía que no le dio ni tiempo, tanteó con los dedos la entrada de su coño y de una sola embestida se la metió hasta dentro.

Claudia gimió en alto, se acordó en ese momento que su marido estaba al otro lado de la línea de teléfono, y se abrazó a Basilio que comenzó a follársela con golpes secos y rápidos. A cada embestida los huevos de su jefe chocaban contra su coño, lo hacía con fuerza y luego se detenía, es como que quería hacer sonar sus cuerpos cada vez que se la clavaba hasta el final.

No cambió el ritmo ni la fuerza durante cinco minutos, Claudia abierta de piernas le dejó que se la follara así, entonces las embestidas de Basilio se volvieron más violentas si cabe.

―¡¡No te rías joder, no te rías puta!! ―empezó a decir de repente.

Claudia se quedó descolocada, pues aunque era verdad que cuando se puso sobre ella se le había escapado una pequeña sonrisa ahora no se estaba riendo, más bien al contrario, estaba disfrutando del extraño polvo que le estaba echando Basilio y cada vez gemía más alto.

―¡No te rías, no te rías, putaaaaa ahhhhhhh!

Y con una última embestida seca golpeó con sus huevos contra el cuerpo de Claudia y comenzó a correrse dentro de ella sin moverse, solo gimoteando en su cuello.

―Ahhhhhhhhgggggg, ahhhhhhhgggg,¡¡no te rías, no te rías puta!!…

Claudia sintió como Basilio estaba descargando dentro de ella, dejándola su corrida caliente en el interior, sin tan siquiera haberla preguntado si podía hacerlo. Cuando terminó de correrse, Basilio se incorporó rápido y se giró avergonzado, se puso de pie sin mirar a Claudia, que seguía desnuda en la cama y echó a andar en dirección al baño mientras se subía el pijama.

―¡¡Vístete y largo de aquí!! ―le dijo en un tono autoritario que sorprendió a Claudia.

No entendía qué es lo que acababa de pasar, todo estaba yendo muy bien y de repente Basilio se había ofuscado follándosela como un salvaje hasta correrse dentro de ella. Claudia estaba desnuda, abierta de piernas, con la corrida caliente de Basilio dentro de ella y con un calentón que no le había hecho más que aumentar.

No sabía por qué estaba tan cachonda. No lograba entenderlo.

Se puso el pantalón y cogió el móvil que estaba sobre la mesa al lado de las copas que estaba preparando, agarró un vaso en el que había Ron solo con un par de hielos y le pegó un buen trago antes de salir de la habitación, miró el móvil y vio que su marido seguía al otro lado de la línea.

―¿David, estás ahí? ―le dijo mientras caminaba por el pasillo del hotel hasta su habitación.
―Ehhhh sí Claudia, ¿qué es lo que ha pasado?
―Pues no lo sé muy bien.
―He escuchado todo, como follábais…se te oía gemir Claudia, ha sido…

ufffff

ff.
―¿Nos has escuchado?
―Sí, me he corrido encima.
―Joder.
―¿Y tú cómo estás?
―No sé, estoy temblando, estoy muy excitada, necesito correrme…
―Joder Claudia, ¿qué le has hecho a ese tío?, me ha parecido escuchar que te decía “vístete y lárgate de aquí”, no me ha gustado cómo te ha hablado…
―Me ha follado en su cama y se ha corrido dentro de mí, joder…estoy llena de su semen, mmmmmmmmm…
―¿Claudia se te ha corrido dentro?, ¿te ha follado sin preservativo?…
―Ya te he dicho que sí, he dejado que me follara sin nada, ahora estoy, mmmmmmmmmm…
―Joder Claudia, ¿qué estas haciendo?
―¿Tú qué crees puto cornudo?, me acabo de tumbar en la cama, voy a meterme los dedos hasta que me corra, tenías que estar tú aquí comiéndomelo…
―Diossss, ¿se te ha corrido dentro?
―¿Qué pasa, no me crees?, ¿quieres verlo?
―Joder, ¡¡¡¡Sí, síííí, quiero verlo…

Entonces Claudia cogió el móvil y me hizo una video llamada por el WhatsApp, cuando contesté estaba enfocando directamente a su coño del que emanaba un liquido blanco y viscoso mientras Claudia no dejaba de acariciarse. La llamada apenas duró unos segundos, suficientes para que se me volviera a poner dura después de haberme corrido unos minutos antes, escuchando a mi mujer follar con su jefe.

―¿Claudia, estás ahí?

Pero mi mujer ya no me contestó, al otro lado de la línea no había nadie, volví a llamarla pero no me cogió el teléfono, supongo que en ese momento Claudia estaba ya masturbándose y llegando al orgasmo, mientras se acariciaba el coño salvajemente con la corrida de Basilio escurriendo en las sábanas de su cama.

32

El fin de semana se le hizo muy duro a Basilio, no hacía más que darle vueltas a lo que había pasado con Claudia. Finalmente no se había podido resistir y se la había terminado follando en su cama. Era mejor de lo que se había imaginado, Claudia tenía un cuerpazo desnudo, se movía de maravilla mientras se la follaba, besaba muy bien e incluso le gustaba hasta como gemía.

No había durado mucho, pero lo suficiente para ver el potencial que tenía Claudia, podía haber hecho muchas más cosas con ella, dejar que le meneara la polla, hacer que se la chupara, follársela desde atrás, y quién sabe, lo mismo hasta se dejaba dar por el culo o que le derramara su corrida en la boca o en la cara.

Pero Basilio estaba hundido, avergonzado de lo que había hecho, imaginando lo que pensaría Claudia de él, ahora que había comprobado lo inútil que era en la cama.

Volvió a salir el complejo que tenía en el plano sexual.

Todo empezó desde pequeñito, cuando vivía en el pueblo, se había criado con una formación religiosa, de hecho fue el monagillo hasta que cumplió los trece años, pero a esa edad empezó a tener curiosidad por su cuerpo y comenzó a masturbarse, un año más tarde su madre le pilló mientras se la meneaba encima de su cama. Le cayó una buena bronca, su madre le gritaba como una loca mientras le metía en el baño para que se pegara una ducha de agua fría. Le tuvo casi un año haciendo que se duchara a diario, incluso en invierno.

Le costó mucho volver a hacerse una paja.

No le fue mucho mejor cuando llegó a los diecisiete años y comenzó a salir con sus amigos, para su primera vez terminaron yendo a una casa de putas que había en el pueblo de al lado, eran conocidas en los alrededores, la Paqui y la Juana, don señoras de 47 y 50 años que hacían los servicios de compañía.

Basilio se estrenó con la Juana, luego los chicos se quedaban con ellas en la casa y hacían bromas de lo que habían hecho mientras ellas les invitaban a un refresco. Enseguida Basilio fue el centro de las burlas, tanto de sus amigos como de las putas, le llamaban el chiquitín, “no pasa nada porque la tengas pequeña, porque follas muy bien”, le decía la Juana delante de sus amigos. Luego cuando se acostaban ella se reía viendo el ímpetu y las ganas que le ponía Basilio, “muy bien, venga sigue”, le decía la Juana entre risas hasta que Basilio terminaba corriéndose con mucho esfuerzo.

La Paqui también siguió los pasos de su compañera burlándose de Basilio, cuando iban los chicos a visitarlas les decía, “hoy dejarme a mí al chiquitín que tengo el coño reventado de tanto follar y me va a venir bien una polla pequeña”. Luego le humillaba mientras follaban, riéndose de él y cuando se corría le decía “¿Ya has terminado, ni me he enterado?”, y era peor cuando se juntaban las putas y los amigos en el comedor del piso y se burlaban todos de él.

Al final tuvo que dejar de ir de putas con los amigos y cuando cumplió los dieciocho se marchó del pueblo para empezar a estudiar en la universidad. Allí empezó a tener contactos con las juventudes de un partido político y poco a poco se fue metiendo en ese mundo donde se desenvolvía muy bien debido a su facilidad de lenguaje y el don de gentes que tenía, con el paso del tiempo fue ganando en seguridad y se hizo un hueco muy temprano en la política.

Dos años más tarde conoció a su futura mujer, una chica muy simpática también estudiante universitaria, con la que empezó a salir, cuando mantenían relaciones a Basilio le volvieron a salir todos los traumas que llevaba dentro, se había creado él mismo un complejo que se iba sobredimensionando con el paso del tiempo.

Toda la seguridad que mostraba en su vida cotidiana la perdía en la intimidad con su novia, pensaba que no la hacía disfrutar, y se la follaba duro para correrse lo más rápido posible. Incluso le parecía que ella se reía de él mientras mantenían relaciones, era una respuesta irracional de su cerebro que poco a poco le fue absorbiendo.

Le costaba mucho dejar que ella tocara su cuerpo, se avergonzaba pensando que tenía una polla pequeña y las relaciones entre ellos prácticamente se limitaban a un misionero hasta que terminaban. Como no quería ver la cara de su novia después la obligaba a darse la vuelta y empezó a follársela boca abajo mientras le decía “No te rías, no te rías joder”.

Se casaron muy jóvenes y tuvieron tres hijos, Basilio fue ganando poder en el partido y empezó a ser infiel a su mujer, primero eran reuniones con otros políticos que a veces terminaban con putas de alto standing, luego se acostaba con compañeras del partido, sobre todo con empleadas suyas, pero esto no hizo que ganara confianza en el plano sexual, él seguía pensando que era un auténtico desastre en la cama. A las putas se las follaba con ganas, normalmente boca abajo, para no ver sus caras y como se reían de él, o eso es lo que pensaba, otros días las obligaba a que le chuparan la polla hasta que se corría en sus bocas sujetándolas fuerte por el pelo mientras las decía “trágatelo todo, puta de mierda”.

No había podido superar el complejo que tenía, se había acostado con muchas mujeres, la mayoría putas y también a las tres últimas chicas que habían trabajado con él, cuatro contando con Claudia. Con todas había terminado muy mal, una vez que follaba con ellas, perdía la confianza que tenía en sí mismo y ya no las veía de la misma manera, internamente pensaba que ellas le iban a perder el respeto cuando comprobaran que en la cama era un desastre y que tenía la polla pequeña.

Ahora había vuelto a cometer el mismo error con Claudia, con el agravante que ahora venía la campaña de las elecciones municipales y tenían una agenda muy apretada, casi dos meses de viajes, mitines y actos institucionales.

Esa había sido la historia de Basilio, que desde la adolescencia había crecido entre duchas de agua fría, pensando que tenía la polla pequeña, que las chicas se burlaban de él y que sexualmente era un completo desastre. Ese complejo le había ido devorando internamente y nunca lo había podido superar.

Sin embargo Claudia era distinta, no era como las otras empleadas que había tenido, o las putas de lujo, era una mujer con mayúsculas, guapa, con mucha clase, pija, con dinero, que no estaba interesada en trepar políticamente. Por lo general solía estar muy arrepentido cuando se acostaba con alguna de las chicas que trabajaban con él, sin embargo esta vez tenía una sensación distinta.

Claudia le excitaba de verdad, y a pesar de estar avergonzado de habérsela follado, tenía unas ganas locas de volver a estar con ella.

Eso no le había pasado con ninguna otra mujer.

El martes por la tarde había quedado con Mariola para jugar un partido de padel, antes de entrar en el club escuchó como alguien la llamaba a lo lejos.

―¡Claudia, Claudia!

La voz le era conocida, se giró y se encontró con Lucas, que venía rápidamente hacia ella. Se quedó bastante sorprendida, no esperaba encontrarse así con el chico, desde la noche en que le hizo la paja en el portal de Mariola se habían cruzado un par de veces por el club de pádel, pero apenas se habían saludado con un “hola”, sin embargo esta vez Lucas parecía que quería hablar con ella, era como si la estuviera esperando en la entrada, seguramente Mariola le hubiera dicho que habían quedado para jugar.

―Hola, ¿qué quieres?, tengo un poco de prisa ―le dijo Claudia.
―Perdona, no la quería molestar, me gustaría hablar con usted, a ver si podemos quedar un día…
―Mira Lucas, tú y yo no tenemos nada de lo que hablar…
―No se enfade, yo creo que estaría bien quedar un día y bueno…ya sabe, lo que pasó entre nosotros…
―No vuelvas a hablarme, ni a mandarme ningún mensaje ―le dijo Claudia al chico antes de dejarle plantado en la entrada.

Entró con el corazón acelerado, no le gustaban ese tipo de escenitas y menos con un antiguo alumno, cualquier podría verles a la entrada del club del padel, así que era mejor cortarle cuanto antes. Es verdad que Lucas había sido muy respetuoso con ella, además estaba llevando el asunto con bastante discreción, porque ni tan siquiera Mariola sabía lo que había pasado entre ellos y aunque es verdad que le había mandado un par de mensajes por WhatsApp, tampoco había sido muy pesado en el tema y como vio que Claudia no le había contestado, no había vuelto a mandarla nada.

Cuando llegó a la pista ya estaba calentando Mariola, iban a juntar juntas contra otras dos chicas. Al final del partido se quedaron un rato estirando y Claudia le preguntó a su amiga si se quedaba a tomar algo.

―Tengo un poco de prisa, he quedado con Lucas, pero venga, nos tomamos una Coca-Cola rápida.

Se pusieron un poco apartadas en la cafetería del club de padel, entonces Claudia le contó a su amiga la aventura que había tenido la semana pasada con Basilio.

―¡No me jodas que te has tirado al jefe!, ¡¡qué hija de puta!!, jajaja, ¡¡lo sabía!!
―Shhhhhh, calla, habla bajito…
―¿Y eso?, ¿cómo fue?
―Pues no sé, supongo que surgió, terminé en su habitación…uffff, fue todo muy extraño.
―¿Y qué tal?, ¿estuvo bien?, cuenta, cuenta…
―No lo sé, ya te digo que fue todo muy extraño, lo hizo así en plan a saco, y cuando terminó me dijo “vístete y largo de aquí”
―¿Te dijo eso en serio?, hostia, vaya personaje…
―Es como si me hubiera usado solo para follar.
―Me dice a mí eso y le mando a tomar por el culo…
―Sí, fue muy extraño, se había portado de manera educada, pero luego…
―Una vez que se había corrido, le entraron los remordimientos, como a todos…joder qué bueno, así que te has follado al jefe?, jajaja, no me lo esperaba, bueno sí me lo esperaba, no por él, me lo esperaba más por ti, la verdad es que te veo…
―¿Me ves cómo?
―Pues no sé cómo decirlo, te veo desatada, joder Claudia parece que estás caliente todo el día, que me parece muy bien, ehhhh, yo estoy igual que tú, es todo, los gestos que haces, la expresión de tu cara, hasta como juegas al padel más agresiva, y me encanta que estés así, creo que no tienes límites, no le dices que no a nada, además por la cara que has puesto, seguro que vas a repetir con él, ¿verdad?
―No lo sé…
―Ya te digo yo que sí, y ¿qué tal se lo tomó David?
―Bien, de hecho fue él el que me animó que lo hiciera, le llamé de madrugada porque Basilio me había invitado a su habitación a tomar una copa y yo le había dicho que no, supongo que le llamé para consultarle que le parecería si iba a la habitación de Basilio a tomar esa copa…
―Y te dijo que fueras.
―Sí.
―Vaya cornudo, mmmmmmmm, ¡me encanta la historia!
―Y encima ahora empezamos la campaña electoral y vamos a estar un par de meses todo el día juntos, que si de viajes, de comidas, de reuniones, mitines…
―Buffff, te va a dejar bien follada, ¿y ahora qué tal con él, cómo se comporta contigo?
―Pues no le he vuelto a ver, bueno ese viaje volvimos en el AVE, pero apenas nos hablamos y luego no ha ido a trabajar ni el viernes, ni el lunes, ni hoy tampoco, pero creo que mañana ya viene a la oficina, me esperan unas semanas que…creo que tengo ocupados todos los fines de semana, excepto el que viene…
―Pues vámonos a Madrid…
―¿A Madrid?
―Sí, a Madrid, nos vamos este sábado y así desconectas un poco.
―¿Este sábado?, es muy precipitado.
―Sí, te va a venir bien para coger fuerzas, luego ya te puedes centrar en el trabajo…¿no te gustaría una noche para nosotras?
―Había pensado quedarme con las niñas…luego no sé qué fin de semana voy a poder tener libre.
―Pues pasa el sábado con ellas y a media tarde nos vamos a Madrid, incluso se lo puedes decir a tu marido, que se venga con nosotras…
―¿A David?
―Sí, claro…ya lo habíamos hablado, tú y yo vamos a seguir viéndonos y supongo que a él le gustaría alguna vez estar presente mientras follamos, no?
―Shhhhh calla, pero no sé, así el sábado, es muy precipitado, tendría que preguntárselo…
―Pues pregúntaselo, lo pasaríamos muy bien, nos vamos a cenar los tres y luego vamos a tomar algo, sería muy morboso, que nos vea en una discoteca zorrear con otros, o entre nosotras, ¿te imaginas?, terminaríamos en una habitación juntas y el cornudo mirando, o podríamos ligarnos a dos tíos y llevarles al hotel a follar, hay muchas posibilidades…
―Joder…
―¿Te gusta la idea?
―Sí, bueno no sé, ya te digo que lo veo un poco precipitado hacerlo para este sábado, no le he dicho nada a David.
―Pues díselo…
―Es que no sé si quiero que nos vea juntas, a lo mejor todavía es un poco pronto…
―Nos puede ver tontear un poco, ver cómo nos tocamos o nos besamos y luego si quieres nos ligamos a un par de tíos y nos les llevamos al hotel, lo que más…
―No sé Mariola…déjame que lo piense…
―Díselo esta noche a David y luego me comentas, tengo que dejarte Claudia, he quedado con Lucas y no tengo mucho tiempo…
―Sí, le he visto antes a la entrada…¿te vas a ver con él ahora?
―Sí, me voy a pegar una ducha rápida, a veces quedamos aquí en el club, luego vamos con el coche al polígono industrial que está aquí al lado, hay unas naves cerca que a estas horas están vacías y allí echamos un polvo en mi coche…encima ahora después de esto que me has contado, 

ufffff

 estoy con un calentón…
―Venga anda, espera que voy contigo para la ducha…
―Vamos.

Mariola se duchó en apenas unos minutos y dejó a Claudia en el vestuario.

―Luego me dices lo que sea para ir el sábado a Madrid, venga nos vemos…convence a tu marido y luego me llamas, eh…
―Pásalo bien…

Claudia se quedó secándose el pelo tranquilamente y pensando en el plan que le había propuesto su amiga, la idea le parecía una auténtica locura, es verdad que cada vez tenía más en mente que en un futuro David pudiera estar presente mientras ella y Mariola follaban, pero todavía le parecía un poco precipitado, sin embargo el otro plan que había propuesto ella de ligarse a un par de tíos y llevarlos al hotel le daba mucho morbo.

Mariola había acertado de pleno, llevaba una temporada excitada, fuera de sí, tenía un fuego encendido dentro del cuerpo que no lograba calmar con nada. Se había enrollado con un alumno y le había hecho una paja, se lo había montado con su mejor amiga y por último también se había acostado con el jefe.

Esto último era lo más reciente, le recordó mucho a cuando follaba con Don Pedro, aunque era distinto, pero igual de morboso, además sin saber muy bien por qué, aquella frase de “Vístete y largo de aquí” se la había quedado a fuego en la cabeza. Era como si Basilio la hubiera usado para descargar y luego pasara de ella, como si fuera una puta.

Y eso todavía le ponía más fuera de sí.

Mientras se vestía estaba excitada, no hacía más que darle vueltas a la idea de ir a Madrid el sábado con Mariola, también el encuentro con Lucas le había trastocado un poco, le fue inevitable recordar la noche que se comieron la boca en el portal de Claudia y cómo terminó pajeando a su alumno hasta que se corrió en su cara. Ahora estaría follando en el coche con su mejor amiga, en un polígono oscuro y apartado, como dos adolescentes, tuvo envidia de Mariola, pero ella no podía hacer eso y menos ahora que estaba empezando una carrera política, si eso salía a la luz estaba más que acabada. Sin embargo no podía olvidarse de Lucas, se había masturbado muchas veces pensando en él, en lo que habían hecho.

Cuando cogió el coche para volver a casa, antes se dio una vuelta por el polígono y fue hasta el sitio que le había dicho Mariola, efectivamente allí estaba su coche aparcado, pasó despacio a su lado y vio que tenía los cristales un poco empañados, pero no pudo ver nada más, sin embargo solo con imaginar que dentro del coche estaban follando Mariola y Lucas hizo que todavía se pusiera más cachonda.

Al llegar a casa le iba a proponer a su marido lo del viaje a Madrid con su amiga, seguía teniendo dudas al respecto, pero tenía el coño tan mojado y palpitante que estaba a dispuesta a asumir cualquier cosa que sucediera esa noche.

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