ALMUTAMID

La borrachera era buena y me tocó auxiliar a algún amigo por lo que no pude acompañar a Alba a su casa. Tal y como habíamos estado aquella noche cualquier cosa podía haber pasado. Al llegar a casa caí rendido y me pude dormir rápidamente. Pero a la mañana siguiente la cabeza empezó a carburar. ¿Qué me estaba pasando con Alba? Me gustaba mucho esa niña. Apenas me había fijado en ella cuando la conocí el verano anterior pero el trato con ella y nuestros gustos comunes nos habían acercado mucho.

Además carecía de las dobleces de sus dos amigas, Leyre y Nieves. Si la hubiese acompañado a su casa la habría besado seguro. No se borraba de mi cabeza la imagen de alba bailando rumba sensualmente conmigo con sus brazos levantados alzando sus enormes pechos y su vientre agitado. Hasta ahora me había gustado mucho su forma de ser y lo bien que nos llevábamos, ahora me daba cuenta de que era una niña preciosa. Por un momento me imaginé entre sus piernas con mi pecho pegado a sus grandes tetas y tuve una erección repentina.

Hice por apartar esos pensamientos de mi mente. No podía dar ese paso y largarme dos meses fuera. No podía meter la pata. Tras nuestro beso del Sábado Santo dejé claro que no quería relación a distancia y no podía desdecirme tan pronto. Si de verdad nuestra atracción era tan grande resistiría a Claudia y a mi ausencia. Y si no, al menos no nos haríamos daño.

Cuando se me bajó el empalme me fui al baño y me duché. Mis padres no estaban en casa pues tocaba comida familiar, así que me tomé un café y me vestí para unirme a la familia en nuestra caseta. Al final estuve enredado hasta después de la cena por lo que me acerqué un rato donde estaban mis amigos. No estaban las chicas, pues ese día habían quedado con las antiguas compañeras de colegio, así que me volví pronto a casa para descansar al día siguiente en que yo haría lo propio, quedaríamos los antiguos compañeros de instituto a comer con intención ya de empalmar para la noche y reunirnos todo el grupo.

Quedamos en el barrio al mediodía. Yo me puse un pantalón de vestir con camisa celeste y americana clara de primavera. Algunos de mis amigos se habían puesto traje y corbata, pero me pareció excesivo si no acompañaba a una flamenca. La verdad es que me llevo mal con las corbatas. Eso sí cogí mi guitarra pues seguramente después de comer cuando empezásemos con las copas nos pondríamos a cantar.

La verdad es que nos juntamos bastantes, entre ellos Pablo. Aprovechamos para comer en mi caseta pues no estaban mis padres y además íbamos sin chicas y así no tendríamos que dar explicaciones de quien era novia de quien a los amigos de mis padres. No nos salió mal la jugada pues después de comer los amigos de mis padres nos invitaron a beber si animábamos la caseta, por lo que nos pusimos a cantar con la guitarra mientras las señoras de la caseta bailaban y nosotros nos tomábamos unas copas.

Al final nos dimos cuenta de que se nos iba la tarde entera y nos fuimos a una caseta pública a cambiar de aires. A alguno el alcohol ya le hacía mella. Decidimos quedarnos allí hasta que llegaran las chicas. Pero como suele ocurrir con las casetas públicas estaba llena sobre todo de gente joven así que algunos de mis amigos empezaron a buitrear descaradamente con alguna niña alcanzando alguno notable éxito, de modo que se nos unieron dos chavalas vestidas de flamenca al grupo y terminaron bailando con algún amigo mío. Una de ellas se me acercó a la mesa donde estaba sentado con la guitarra al lado.

-¿No vas a sacar eso para tocar?- me preguntó.
-Yo saco lo que tú quieras para tocarte lo que quieras…

Yo no me había dado cuenta del doble sentido de mi respuesta hasta que Pablo llenando con rebujito el vaso de la chica le comentó:

-Lo que mi amigo quiere decirte es que está disponible para lo que quieras…

La amiga de la chica que también se había acercado a la mesa le dijo a Pablo:

-¿Y tú también?
-Yo te toco lo que tu quieras, pero la guitarra no la controlo…

Con el descaro de Pablo me di cuenta del doble sentido de mis palabras pero también de que las chicas no se amedrentaban por la insinuación de mi amigo, que a pesar de todo completó la frase:

-…aunque estamos ya pillados, nenas.

Tras una charla intrascendente con las dos chicas se fueron a hablar con otros amigos nuestros. Entonces le comenté a Pablo lo que había pasado:

-Ni me di cuenta de lo que les había dicho.
-Ma di cuenta, pero ya sabes que me gusta burrear a estas niñas.
-Bueno,- añadí- al menos les has dicho que tenías novia, pero yo estoy libre, jajaja.
-Si les damos vidilla en una hora las tenemos comiéndonos la polla. Tú mismo, pero mi novia tiene que estar a punto de llegar y tú andas medio pillado.
-¿Yo?- sigo libre.
-Luis, ¿a quién pretendes engañar? Entre Alba y tú hay tema fijo. Si no os habéis enrollados es porque no le has metido cuello. La tienes a punto de caramelo.
-No quiero enrollarme con ella para irme en pocos días. No es niña de rollos.
-Uy, uy. Que Luisito tiene corazón.-me dijo con ironía- ¿Qué pasa? ¿que después de follarte a Nieves de golpe te has vuelto sensible? Jajajaja. No te critico, pero estás perdiendo oportunidades…

No había terminado la frase cuando aparecieron las cuatro chicas, Leyre, Nieves, Viqui y Alba. Las cuatro vestidas de flamenca espectaculares, pero especialmente Alba, la más alta de las 4, con un vestido ajustado de color rojo vivo que marcaba perfectamente la forma de sus anchas caderas y su cinturita que yo había agarrado dos días antes al bailar con ella. El vestido disimulaba su pecho abundante comprimiéndolo pero formándole un canalillo en el que entraban ganas de perderse enmarcado por el mantoncillo azul que vestía. El pelo recogido y engominado y las flores azules y rojas que coronaban su cabeza la mostraban preciosa mejorando aun más su belleza natural.

Me quedé algo cortado saludando mientras Pablo sin reparos a todas les decía lo guapísimas que estaban. Los demás compañeros se acercaron a saludar presentándole las dos chicas al grupo. Se sentaron un momento pero Leyre dijo: No os acomodéis que hoy toca pasar por mi caseta. A Pablo se le cambió la cara:

-¿Estarán tus padres?
-Pues claro…

Tras hablarlo con el grupo de chicos la mayoría prefirió quedarse en la caseta pública de copas, y de paso tonteando con las dos chicas, mientras que Pablo y yo nos fuimos con el ramillete bellezas flamencas a la caseta de Leyre. De hecho ella y Pablo iban hablando delante, parecía que discutiendo, seguramente por la misma encerrona que le habían hecho a Alberto el sábado. ¿Y Alberto? Pregunté a Nieves por su novio mientras caminábamos entre la multitud que ya llenaba las calles tras la retirada de caballistas y carros.

-Hoy está con sus amigos-respondió.
-Pero ¿todo bien?
-Sí, sí. Luego me avisará para volvernos juntos. De todas formas voy bien acompañada ¿no?- contestó agarrándose a mi brazo mientras Blanca y Viqui nos seguían. Miré atrás algo cortado para ver si Alba reaccionaba pero sólo me encontré con su sonrisa amable. No sé si tenía que empezar a preocuparme por la actitud de Nieves. Era imprevisible.

Llegamos a la caseta con las presentación oficial de Pablo a los padres de Leyre. Tan gallo normalmente y tan cordero en ese momento. Nos invitaron a tomar algo en la trastienda pero al final, como no podía ser de otra manera la pareja se quedó hablando con la familia mientras los demás charlábamos por nuestra cuenta.

Pero cuando llevábamos un rato Alba y Viqui salieron a la zona noble a bailar, momento que aprovechó Nieves para decirme:

-Creo que te debo una disculpa.
-Ya no es necesario-
-Te juzgué mal.
-Lo sé. Me prejuzgaste por haberme enrollado contigo teniendo novia y me desechaste. ¿O es que simplemente Alberto te gustó más y no sabías como cortar conmigo?
-Bueno, nunca salimos. No había nada que cortar.
-Tú me entiendes.- le indiqué.
-Ya, ya. Lo sé.
-Sólo tengo una duda. ¿Llegaste a estar con los dos a la vez?

Nieves se quedó callada.

-No respondas- continué- tú silencio es elocuente. Tampoco voy a juzgarte, no sé si te follabas a Alberto a la vez que a mí, pero yo sí follaba contigo mientras tenía aun una relación con otra persona.
-Bueno, con Alberto las cosas son diferentes. Desde el principio somos más formales.
-No me voy a meter en vuestra relación, pero no sabe lo que se pierde…

Nieves se ruborizó por mi comentario pero contestó:

-No es él, soy yo…marco los pasos de otra manera…

Llevado del descaro que siempre tuve con ella le pregunté:

-Entonces ¿todavía no ha catado tu retaguardia?

Me dio un golpe en el hombro pero con zalamería me respondió:

-Esas cosas no se cuentan, Luis…

Justo en ese momento volvieron las chicas de bailar y Alba preguntó:

-¿De qué habláis que Luis tiene cara de pillo?
-Éste, que es un zalamero y se está metiendo con mi novio…-respondió Nieves con picardía.

Los compañeros que habíamos dejado en la caseta púbica se separaron en dos grupos y varios vinieron a la caseta de Leyre acompañados por las dos chicas. Efectivamente Pablo tenía buen ojo pues una de ella venía ya abrazada a uno de nuestros amigos. La niña no era fea pero sí un poco sabidilla, pero si mi amigo se pegaba un revolcón mejor para él.

Aprovechando que ya estábamos más sacamos la guitarra y empezamos a bailar animando la caseta. Alba se sentó a mi lado cantando letras muy conocidas a coro con varios más acompañando mi toque con una pandereta mientras el resto del grupo se repartía entre los que bailaban o seguían bebiendo en la trastienda de la caseta. Mientras estábamos en medio de la juerga apareció Alberto que saludó con la mano a los que cantaban. Nieves lo recibió con un beso. Parecía que la tormenta del sábado había pasado. Nieves le sirvió una copa de rebujito y los dos se pusieron a charlar seguramente contándose su día.

Pablo no había estado tan cortado como Alberto en su encerrona, aunque la situación era muy distinta. No era el primer novio que Leyre presentaba a sus padres por lo que éstos se limitaban a ser corteses con el chaval de turno teniendo en cuenta que a su hija los novios le duraban poco y los sustituía con facilidad. Sin embargo, Alberto había sido el primer novio que Nieves había presentado a sus padres.

Menos mal que habíamos comido en la caseta lo que nos habían ofrecido los padres de Leyre porque el alcohol hacía su efecto en los que llevábamos en la Feria desde el mediodía. De hecho Viqui me sacó a bailar y noté cierta pérdida de control en las vueltas. Se dio cuenta y me propuso tomar uno de los remedios de feria para controlar la borrachera: un caldito de puchero con yerbabuena. La verdad es que resucita a un muerto y a mí me vino muy bien.

El personal empezaba a desfilar para sus casas. El primero había sido el compañero que había hecho migas con la chica de la otra caseta. Seguramente estaba disfrutando con ella en algún lugar oscuro cercano al Real. Pero otros amigos también iban despidiéndose tras casi 12 horas seguidas de feria. Le comenté a Pablo que nuestro amigo se había ido con la chavala y me respondió con guasa:

-¿Qué te apuestas que le come la churra?
-Vestida de flamenca, lo dudo. Se pegarán un buen magreo y poco más.-respondí escéptico.
-¿Qué te apuestas?
-Una botella de manzanilla.
-Hecho, jajaja. Mañana bebo gratis…

Entonces se acercó Leyre para decirnos que querían ir a la Calle del Infierno, nombre con el que se conoce al parque de atracciones de la Feria. Allí nos presentamos los 7, las dos parejas, más Viqui, Alba y yo. No sé como me dejé arrastrar pues me hicieron subirme al barco vikingo. Casi hecho hasta la primera papilla del mareo que me dio. Si no me hubiese tomado el caldito largo seguro. Tras varias tracciones en las que Viqui y Alba se partían de risa con mis caras de pánico viendo que me agarraba yo con más fuerza a ellas que ellas a mí volvimos a las casetas. Yo estaba reventado ya, pero las chicas habían llegado más tarde y tenían más ganas de feria, así que tras recoger mi guitarra de la caseta de Leyre avisé que me iba para casa. Nieves y leyre querían quedarse y sus novios se quedaron con ellas pero Alba se ofreció a acompañarme.

-No hace falta, disfruta de lo que queda de noche.
-Luis son ya las 3 de la mañana y quedan muchos días. No te preocupes, te acompaño que vivimos al lado.
-Venga y me dejáis de paso en casa- añadió Viqui.

Nos fuimos los tres dejando a las dos parejas en la Feria. Por el camino les expliqué la conversación con Nieves pero evitando los detalles sexuales. Las dos se hicieron las escandalizadas cuando les expliqué que me había reconocido que se enrollaba conmigo mientras ya estaba con Alberto. Pero en el fondo ambas me alabaron el que yo hubiese preferido llevarme bien con ella.

-Bueno- expliqué ya llegando al portal de Viqui- si yo hubiese estado enamorado de ella estaría roto por como se deshizo de mí y como intentó apartarme, pero en realidad me doy cuenta que entre ella y yo sólo había habido sexo, y que yo había confundido ese deseo con otra cosa.
-Yo creo que no es la primera vez que te pasa.-dijo Viqui.
-Perdona, pero contigo había algo más que sexo. Fuiste mi primera novia.-me defendí.
-Pero Luis, te quiero mucho-respondió- pero lo que me hizo dejarte hace un año fue precisamente el darme cuenta de que podías pasar de mí toda la noche y sólo acordarte cuando te picaba…
-Eso es injusto- respondí.
-Te he visto mirar a otras con más ilusión de como me mirabas. Y no te lo voy a reprochar. Cada relación tiene su momento, pero espero que encuentres a alguien con quien disfrutes las dos cosas.

Alba guardaba silencio cortada. No sé si se daba cuenta de que Viqui se refería a ella en como nos mirábamos al bailar o cuando cantábamos con ella sentada a mi lado tocando la pandereta. Pero yo sí había captado la directa.

-Venga, niños. Os dejo…que descanséis- se despidió Viqui finalmente dándonos dos besos a cada uno.

Ya solos nos dirigimos a cada de Alba. Estábamos cortados y no sabíamos qué decir después de la despedida de Viqui. Aun así yo llevaba la guitarra en una mano y Alba caminaba agarrada a mi otro brazo. Hicimos en silencio los 10 minutos hasta su puerta. Al llegar Alba me hizo una pregunta:

-Luis, ¿cuándo estabas con Viqui creías que estabas enamorado de ella?
-No lo sé. Yo estaba con ella a gusto. Íbamos al cine o a dar una vuelta nos contábamos nuestras cosas. Me gustaba mucho su carita y cuando se ponía guapa, pero no sé si eso es estar enamorado.
-Ella me ha dicho que tú has sido muy importante para ella.
-Lo sé.
-Fuiste el primero, y eso te convierte en alguien especial.

Estuve a punto de preguntarle quién había sido el primero con ella pero no me atreví y ella se me adelantó diciendo:

-¿Y estás seguro de haber estado enamorado alguna vez?
-Creo que sí.
-¿Y cómo sabes que es algo más?- insistió- Que no es sólo que te guste sino que sientes que con esa persona vas a tener algo más.
-No lo sé realmente, Alba. Sólo sé que salta una chispa especial, que el corazón se te acelera con esa persona y que cuando estás con ella todo es bonito y sin ella se vuelve feo.
-Eso es muy bonito, Luis.
-¿Tú lo has sentido así?
-Creo que lo estoy sintiendo…-respondió y tal y como había hecho el Sábado Santo dio un paso y me besó.

Un beso cortito. Inseguro, fruto de un impulso y temeroso de no ser correspondido.

-Alba, yo ahora no puedo empezar una relación contigo. Me voy otra vez y no vuelvo en dos meses.
-No estoy pensando en mañana Luis. Sólo en ahora…

De nuevo pegó sus labios a los míos pero esta vez le devolví el beso saboreando sus dulces labios. Ella, satisfecha de mi respuesta buscó mi lengua y la encontró enlazándonos en un beso largo, más propio de adolescentes que se besan por primera vez. Solté la guitarra y puse mis manos en su cintura a la vez que ella apoyaba sus manos en mi pecho sin dejar de besarnos. No me atrevía a mover las manos de su cintura ni ella las apartaba de mi pecho. No sé cuánto tiempo estuvimos parados en su portal besándonos, pero ni yo tenía prisa por irme ni ella por subirse.

Por fin, Alba separó su boca de la mía y con una sonrisa me dijo:

-Necesitaba sentirlo.

Me dio otro beso mas corto y se metió en el portal. Iba a decirle que no podíamos salir, que yo tenía que comprobar si estaba enamorada de otra antes de embarcarme en una aventura con ella. Pero no fui capaz de decir nada y me limité a decirle adiós con la mano mientras su sonrisa y sus ojos oscuros se metían en el portal.

Aquel beso en vez de provocar un acercamiento más directo tuvo el efecto contrario. Como dos adolescentes avergonzados porque han hecho algo malo al día siguiente nos saludamos como si nada hubiera pasado, ni sacamos el tema, ni tampoco tuvimos esa búsqueda constante de miradas y de aprobación del uno al otro que había sido nuestra constante desde que empezó la Feria.

No nos huíamos pero tampoco nos buscábamos. Yo lo hacía por temor a insistir en que no podía empezar una relación y lastimar sus sentimientos. Ella seguramente no lo hacía por haber dado dos veces el paso de buscarme. Alba había abierto la caja de sus sentimientos conmigo y mi respuesta había sido comedida. Seguramente se sentía avergonzada por su “descaro” o por haber mostrado sus sentimientos tan claramente sin que yo expresara los míos limitándome a devolverle el beso. Admito que fui cariñoso, que me apetecía más, que mis manos habrían deseado pasearse por su cuerpo, pero me quedé inmóvil concentrándome en nuestras bocas.

Tampoco sé si ella también habría dado rienda suelta a su deseo y se contuvo por mi frialdad. Pero sus manos se quedaron quietas sobre mi pecho en un gesto que no sabía interpretar como búsqueda de contacto o como freno para que yo no me arrimara y no pasáramos de aquel beso. Pero el resultado fue que en los días siguientes hubo más distancia entre nosotros pese a estar prácticamente juntos todo el tiempo.

Lo que sí me llamaba la atención es que Nieves apareció sola más de una vez y Alberto se incorporaba más tarde. De hecho el jueves por la noche mientras las niñas hacían una de esas colas eternas para entrar en el baño nos quedamos hablando Pablo, Alberto y yo. El chaval reconoció que la Feria con Nieves no estaba siendo como esperaba.

-Nieves es muy feriante, le encanta el baile, cantar, todo el ambientillo – explicaba- Pero yo no soy así. No bailo, no canto, soy soso. Lo admito. Y encima vosotros lo tenéis todo, la guitarra, el baile…
-No todos.-replicó Pablo.
-Pero te apañas y te lo pasas bien. Yo preferiría estar en otro sitio. Por eso Nieves y yo hemos decidido que ella se viene con vosotros a la Feria y yo me paso un rato para estar con ella e irnos luego a casa.
-Esa es la mejor parte- le dije guiñando un ojo.
-No creas. Con el vestido de flamenca y tal dos besos y poco más.
-Pero ¿tú le das candela?- preguntó Pablo.
-Bueno, Nieves me corta un poco. Claro, estamos empezando todavía.
-Pues para estar empezando bien que te enseñó a los padres.-soltó Pablo.
-No me refiero a eso. Nosotros vamos en serio, pero en temas de sexo, pues ella es tradicional…

Casi me atraganto dando un sorbo. ¿Nieves? ¿Tradicional? Si supiera el pobre lo bien que la mamaba o el culito tragón que tenía. Desde luego yo no me iba a meter en su intimidad como tampoco iba a contar la mía, y menos con ella.

-Pero ¿habréis echado algún polvo, no? – preguntó Pablo sin cortarse.
-Claro, claro…
-Échame cuenta. Pues dale dos buenos pollazos que se quede con los ojos en blanco de gusto y ya verás como la tienes comiendo de tu mano…-le dijo Pablo muy serio.
-Como tú a Leyre hasta que te mete en la caseta con sus padres, jajaja- añadí metiéndome con mi amigo.
-Pues mira, lo de los padres me da igual. Pero llevamos casi un año juntos. Cortó conmigo por sus rollos de seguridades y tal y volvió porque echaba de menos lo que echaba de menos…
-Jajajajaja….-reímos la ocurrencia de Pablo.
-Oye, ¿Qué pasó con la Miguel y la niña esa?- le pregunté a Pablo.
-Verdad, tenemos una apuesta pendiente. Pues llámalo.

Avisamos a nuestro amigo que se acercó a nosotros. Pablo lo enfrentó sin cortarse.

-Oye, que no te hemos preguntado, ¿qué tal la titi del lunes? ¿Cayó?
-Pues claro, jajaja.
-¿Y qué tiraba o no tiraba?- pregunté.
-De lujo.
-Quillo, da detalles. ¿Te la follaste o qué?- insistió Pablo.
-Que va, jajaja. Con el traje de flamenca imposible, lo llevaba superajustado.
-Pues una pajilla tampoco es de lujo ¿no?- tercié yo.
-Jajajaja, que mamones. ¿Queréis detallitos?- preguntó Miguel.
-Es pura curiosidad.- respondió Pablo.
-Pues – dijo Miguel acercándose más a nosotros – Me la comió con final feliz…
-Jajajajajajajaja…- prorrumpimos los tres dándoles palmadas en la espalda.

No esperé a que Pablo me exigiera el pago de la apuesta. Mientras aún jaleaban a Miguel pedí una botella de mnzanilla para brindar los cuatro. En ese momento llegó Nieves que preguntó:

-¿Qué celebráis tan contentos?
-Nada, aquí metiéndonos con Miguelito…

No se tragó mucho el comentario pero tampoco puso objeciones. Aquella noche no dio para mucho más. Pero el viernes, Alba y yo seguíamos algo cortados el uno con el otro. Aquel día yo iba un poco más bebido y ya bastante tarde de madrugada estábamos las dos parejas, Alba y yo, pues Viqui aquel día había quedado con compañeros de clase, en la trastienda. Saqué la guitarra y empecé a tocar sevillanas lentas mientras las chicas bailaban por parejas y Pablo me acompañaba con palmas. Alberto también iba un poco puesto y desde la barra nos jaleaba. Éramos los últimos de la caseta pero como seguíamos bebiendo el camarero aguantaba sin echar la capota de la caseta.

Rn un momento me arranqué por esta letra…
“Entre las entretelas, de mi sentío…

De mi sentío
Entre las entretelas
De mi sentío
Vive una mujer
Que es el sueño mío

Que es el sueño mío
Y cierro los ojos
Y la estoy besando
Y cuando los abro
La sigo buscando

Morena tiene que ser
Con ojos negros rajaos
Talle fino de mujer
Labios acaramelaos
Y dulces como la miel…”

Sin darme cuenta la había cantado con la voz rasgada de tantos días de fiesta mirando a los ojos a Alba mientras sus ojos no huían de los míos. Ella estaba apoyada en la barra mientras Nieves y Leyre bailaban. Me miraba complacida escuchándome cantar haciendo que me viniera arriba. La letra hablaba por mí y de golpe la ponía a ella como objetivo, morena con talle fino y labios dulce como la miel que yo ya había saboreado…

Para rematar la declaración de sentimientos dejándome llevar por el momento como me había pasado el sábado bailando con Alba la miraba hipnotizado arrancándome por esta otra letra…

“Te canto estas sevillanas, pa decirte que te quiero

Pa decirte que te quiero
Te canto estas sevillanas
Pa decirte que te quiero
Porque luego cara a cara
A decirlo no me atrevo

A decirlo no me atrevo
Se me anuda la garganta
Se me nublan los sentíos
Cuando me miro en tus ojos
Y tú te miras en los míos

Y no encuentro explicación
Que las palabras no salgan
Yo no encuentro explicación
Que no salgan las palabras
Cuando habla el corazón”

Alba se acercó poniéndose a mi lado mirándome intensamente con su vestido azul de lunares blancos, su mantoncillo y sus complementos rojos intensos como el carmín que se había puesto en los labios y me dijo:

-Sigue, por favor.

La complací entonando…

“Al son de estas sevillanas, que estoy cantando a tu vera

Que estoy cantando a tu vera
Al son de estas sevillanas
Que estoy cantando a tu vera
Te estoy confesando cosas
Que un hombre no las dijera

Que un hombre no las dijera
De palabras por su boca
Pero yo si te las digo
Porque tengo cuatro copas
Y el vino es un buen amigo

Y no encuentro explicación
Que las palabras no salgan
Yo no encuentro explicación
Que no salgan las palabras
Cuando habla el corazón”

Después del momento de intensidad y comprobando que estábamos cansados y algo bebidos nos fuimos a casa para descanso del casetero. Como Nieves y Leyre vivían más cerca de la Feria se fueron con sus novios a casa para despedirse con algún arrumaco. Mientras Alba y yo tomamos el camino a nuestro barrio de nuevo en silencio hasta que Alba lo rompió diciéndome cuanto le gustaban las letras de ese autor y que yo las hubiera cantado…

Íbamos caminando hacia su casa despacio. De nuevo yo llevaba la guitarra en una mano y Alba iba agarrada al otro brazo. Me detuve un momento. Me quité la corbata y me la guardé en el bolsillo de la chaqueta desabotonando la camisa hasta medio pecho. Aunque hacía fresco, pues Alba se había puesto su toca de lana cubriendo sus hombros y sus brazos estaba tan cansado de la corbata que necesitaba sentir algo de fresco en mi cuello y mi pecho.

De repente Alba se detuvo.

-Luis, me estoy meando. No llego a mi casa.
-Espera a ver si vemos un hueco que te puedas meter.

Entonces recordé que cerca de casa de Viqui de camino a nuestra casa desde la Feria había un callejón con unos almacenes y garajes que recordaba bastante oscuro y estaba a unos 200 metros de donde estábamos.

-Ya sé donde puedes mear.- le dije tirando de su mano para ir más ligeros.

Efectivamente, nos colamos por el callejón sin iluminación comprobando que además hacía un cruce con dos espacios a ambos lados también oscuros. Nos metimos por el de nuestra derecha. Yo me giré para no mirar aunque estaba bastante oscuro mientras Alba se iba a un rincón. No sé como haría para poder subir el vestido con tanto vuelo y volantes y bajarse las bragas porque de espaldas no podía verla. Algunos vestidos son tan ajustados que hay que quitárselos enteros para poder orinar. Pero el que llevaba Alba ese día era más suelto, más bata rociera que vestido de feria y sólo se ajustaba asu cadera pero no a sus muslos. En unos segundos escuché su alivio y su chorro contundente. Debía venir que reventaba.

Esperé a que ella me avisara para darme la vuelta. Cuando lo hizo ya se había recompuesto aunque se veía un charco que escurría por detrás suya. Pero escuchar el chorrito me había dado a mí también unas ganas terribles de mear, así que cuando llegó a mi lado le di la guitarra y le dije que de escucharla me habían entrado unas ganas que me impedirían llegar a mi casa. Me fui al mismo rincón con cuidado de no pisar el charco que ella había dejado y me desabroché cinturón y pantalón sacando mi churra para aligerar mi vejiga. Fue una meada de esas largas que parece que no se van a acabar nunca. Contuve mis gestos de alivio para que no parecieran otra cosa.

Cuando terminé me escurrí bien y me guardé la polla en el calzoncillo subiéndome la cremallera y abrochando botones y cinturón antes de darme la vuelta. Pero Alba no estaba detrás, se había sentado en un poyete que había al lado. No sé si desde allí me había visto la churra. Tampoco me preocupaba demasiado. Me puse al lado de ella y le dije:

-Pufff, yo tampoco aguantaba.
-Me he sentado porque me estaban matando los pies.
-Si quieres descansamos un poco.

Me senté a su lado sin saber que decir. Estaba realmente cortado. Ella también. La miraba de reojo y ella a mí. Parecíamos dos niños que no saben que hacer. Entonces los dos a la vez nos giramos llamando al otro:

-Alba, yo…
-Luis, yo…

Nos reímos de la casualidad y nos quedamos mirándonos a los ojos. Esta vez no la culpo. Fui yo el que buscó su boca dándole un pico que ella devolvió buscando mis labios para besarlos enlazándonos en un beso largo como el del lunes. Supongo que sería el alcohol o la oscuridad e intimidad del lugar a pesar de nuestro rastro de orines pero el baso fue más intenso, más apasionado que la última vez. Yo deseaba dar rienda suelta a mis manos per me seguía faltando valentía con ella. Me limité a apoyar mi mano en su muslo cubierto por el traje de flamenca a pesar de cuanto me apetecía tocar su piel.

Pero esa misma inquietud estaba en ella pues como había hecho el lunes apoyó su mano en mi pecho pero al tener desabrochado varios botones rozó mi piel. Me gustó sentir su mano y más aún cuando soltando otro botón sin dejar de besarme introdujo su mano para acariciar mi pecho. Como ya sabéis es algo que me encanta por lo que suspiré.

Yo también quería sentir su piel pero su vestido me lo impedía. Tan guapas como están así vestidas pero qué inaccesibles. Ella acariciaba mi pecho así que yo busqué el suyo contentándome con agarrar y sopesar una de sus grandes tetas cuyo volumen apenas cabía en mi mano. No sé si sería por el vestido y el sujetador pero las encontré bastante más duras de lo que me esperaba por su volumen. Alba no me detuvo y continué sobándola por encima del vestido tratando de imaginar cómo sería ese pecho desnudo en mi mano.

Alba siguió soltando botones de mi camisa entre beso y beso. No había palabras. Sólo dos bocas comiéndose con choque de lenguas y su mano paseándose por mi pecho y vientre mientras yo la abrazaba por la espalda para cogerla por el talle con una mano y magreaba su teta con la otra. Nos estábamos enrollando en toda regla. Ya no era un simple beso. Nos apetecía tocarnos aunque ella tenía ventaja. Y ganas. Pues sin esperármelo su mano bajó por mi vientre hasta tropezar con mi erección. Notaba como frotaba el dosrso de su mano contra el bulto de mi pantalón. Y yo no podía ni acercarme a su entrepierna y tenía que seguir conformándome con adivinar sus formas palpando sobre su vestido.

De nuevo me sorprendió. Soltó mi boca un instante para poder dirigir su mirada y sus manos a mi entrepierna desabrochando mi cinturón y mi pantalón. Mientras lo hacía le preguntñe entre susurros:

-¿Estás segura?

No contestó. Sus actos hablaban más claros que sus palabras introduciendo su mano en mi calzoncillo encontrándose con mi dureza que reaccionó palpitando al sentir como era rodeada por sus dedos. No sabía qué quería hacer, pero desde luego mi polla ya mojaba su punta excitada por sus caricias. Con un a mano bajó mi calzoncillo liberando mi nabo con la otra pajeándome suave. No pude evitar un gemido. Había pasado mucho tiempo desde que una chica me tocara la polla, y aunque con Alba todo parecía más inocente, mi excitación era grande, muy grande.

Nuestras bocas volvieron a encontrarse mientras su mano subía y bajaba por el tronco de mi polla. Yo intenté colar la mano por su escote pero el vestido me lo impedía. Estaba a su merced, sin que yo pudiera hacer nada.

Masturbaba con cierta torpeza, no sé si por la postura o por falta de práctica, pero para mí tener mi churra en su mano en ese momento era tocar la gloria. Era evidente que buscaba complacerme, que se centraba en ello aferrada a mi boca. Después de mis variadas experiencias sexuales de distinto signo podría pensarse que aquella paja me supiera a poco. Pero en este caso el valor se lo daba la persona. Alba me gustaba mucho y lo que estaba pasando era consecuencia de nuestra atracción mutua. Y mi polla lo agradecía babosa mientras sus dedos la sujetaban moviéndose de arriba abajo por su tronco.

Mi sequía sexual de los últimos meses, teniendo en cuenta que salvo la paja que me había hecho a mayor gloria de las tetitas de Marta no me había tocado, hizo que no hiciera falta demasiada intensidad ni maestría para que mis huevos empezasen a sentir el cosquilleo previo a la eyaculación.

Sólo se escuchaban nuestras bocas y el chasquido de mi prepucio agitado por su mano rítmicamente hasta que empecé a suspirar separando mis labios d ellos suyos. Alba preguntó susurrando:

-¿Ya viene?
-Sí, sí….-respondí nervioso.

Ella se olvidó de mi boca para acelerar el ritmo de su mano mirando fijamente su trabajo. Mi respiración se agitaba y mi vientre se contraía semidesnudo con la camisa abierta. Un gemidito fue el aviso previo del primer lefazo. Como otras chicas antes a Alba también le salió una risita nerviosa mientras yo me retorcía de placer corriéndome en cantidad bastante abundante con goterones espesos que resbalaban por mi polla y su mano hasta que le rogué que parara. Entonces soltó mi polla y buscó mi boca de nuevo besándonos otra vez con mucha lengua. Fue un beso breve. Yo me recosté en la pared y ella echó la cabeza en mi hombro pegando la flor de su cabeza a mi sien.

Nos quedamos un buen rato en la misma postura en silencio con mi mano en su cintura y la suya acariciando mi pecho, abandonado, con las piernas colgando del poyete, camisa y pantalón abiertos, y mi churra fuera del calzoncillo descansada y llena de mi semen.

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