FERNANDO

Bueno, lo mejor sería llamarla y quedar con ella, tantear el terreno y ver su estilo de vida y si realmente merece la pena el intentarlo de nuevo con ella. Desde luego la última vez que la vi, se notaba arrepentida y escarmentada por lo que había hecho y quizás ahora después de los años y de que constatase que su juventud se le escapaba, fuese más consciente de que no podía hacer el tonto. Asustado por lo que iba a hacer, me encontré buscando a Blanca en mi agenda y pulsando el símbolo de llamada, a los pocos tonos escuché su voz:

—¡¡LUIS QUE ALEGRIA…HOLAAAA!! —Exclamó jovial Blanca.

—Hola Blanca, me alegro de oír tu voz de nuevo, ¿qué tal estas?

—Bien, estoy muy bien, sorprendida por tu llamada, dime, ¿por dónde andas? ¿Sigues en Estados Unidos?

—No, no, hace algo más de un año que estoy viviendo en Madrid, más exactamente en Alcalá de Henares. Mi compañía ha montado aquí una fábrica para abastecer al mercado europeo y yo soy el responsable.

—¡¡UN AÑO!! ¡¡¿Y ME LLAMAS AHORA?!! Para matarte, ¿por qué no me llamaste antes?

—Pues Blanca, este año ha sido de locos hasta dejar en funcionamiento la fábrica. A los días le faltaban horas y mis semanas eran interminables, sinceramente no he tenido mucho tiempo. —Mentí como un bellaco.

—Jo, pues me apetece verte un montón, ¿cuándo podemos quedar? —Me preguntó Blanca,— tengo un montón de cosas que contarte y me imagino que tú también tendrás muchas cosas que contarme.

—Seguro que si Blanca, dime cuando quedamos para tomar algo y charlar.

—Mira, esta semana la tengo un poco liada, pero se me está ocurriendo que porque no te vienes el viernes a mi casa, cenamos aquí y nos contamos todo lo que queramos.

—Pues me parece genial, aunque me tienes que pasar tu dirección, recuerdo vagamente donde vives, pero ni me acuerdo de portal ni piso.

—Pues el viernes sobre las nueve te vienes a mi casa. Te paso por wasap mi ubicación.

Nos despedimos con cariño y al momento me llegaba el mensaje de Blanca con su ubicación. Tenía claro que esa invitación, aparte de para cenar, era para follar como cosacos. Estaba seguro de que no saldríamos de la cama en todo el fin de semana, buen comienzo para mis futuros planes y empezar a consolidar de nuevo una posible relación con Blanca.

Durante toda la semana estuve excitado pensando en el último encuentro que tuvimos Blanca y yo, en su cuerpo y en como follamos. Estaba deseando que llegase el viernes y poder ver que modelito se había puesto para calentarme y empezar a meterle mano descaradamente. Era un juego que ella adoraba y que hacía que los preliminares fuesen muy excitantes.

Ese viernes un poco después de las nueve de la noche llamaba al timbre del piso de Blanca. Llevaba una botella de vino que sabía que le gustaba mucho, pero quien me abrió la puerta fue un hombre de cuarenta y muchos años con una gran sonrisa en su cara.

—Hola, tú debes de ser Luis, ¿no? Yo soy David la pareja de Blanca.

—Ho…hola…¿La…la pareja? —Pregunté sorprendido y desilusionado.

—Si, la pareja, a eso que juegan los hombres y las mujeres de compartir su vida con el otro, ¿no me digas que no conoces eso? —Dijo ese hombre con ironía y maldad.— ¡¡Blanca, tú Luis ya ha llegado!! —Exclamó ese hombre con una enigmática sonrisa.

—¡¡Luis, cariño, que alegría volver a verte!!

Cuando me di la vuelta me quedé impactadísimo. Blanca estaba más guapa que nunca y con un barrigón enorme que lucía orgullosa. Cuando vino hacia donde me encontraba saludarme, lo primero que tocó mi cuerpo, fue su inmensa barriga, luego sus tetas y por ultimo sus labios besando mi mejilla. Cuando nos separamos me quedé mirando como un bobo esa abultada tripa.

—Si, aunque no lo creas, estoy embarazada me quedan pocas semanas para dar a luz y esta, porque es una niña, es el segundo, el otro es un niño, tiene año y medio y está durmiendo en su cuna.

—Joder como cambia la vida, ¿no? —Dije intentando esconder mi frustración.

—De un día para otro Luis. Conocí a David y fue algo mágico, increíble, que cambió mi vida y me ha hecho muy feliz. Y mírame ahora, ¿quién lo iba a decir? ¿Eh?

—Si, cierto, realmente sorprendente. Yo te traía esta botella de vino, sé que es, o era, tu marca preferida, pero en tu estado no es lo más aconsejable.

—Muchas gracias cielo, no me beberé la botella, pero probaré solo un poquito, dijo dándome otro beso. Ponte cómodo y tomate algo, estamos esperando a alguien más. —Me dijo Blanca guiñándome un ojo.

Repuesto de la sorpresa inicial y sabiendo que todos mis planes de follar con Blanca se habían esfumado como gas en el viento, me propuse quedar como un buen invitado, terminar esa visita, esa cena y largarme de esa casa cuanto antes. Y quizás fuesen imaginaciones mías, pero el tal David me miraba con superioridad, con ironía, y eso me hacía sentir incómodo.

Hubo un momento en el que Blanca y yo nos quedamos solos y se lo pregunté directamente:

—Blanca, ¿David sabe lo que ocurrió entre nosotros?

—Luis, David no sabe todo sobre nosotros, le he contado solo lo más importante, pero me he dejado muchas cosas en el tintero, cosas que no tiene por qué saber.

—Joder, Blanca, ¡¡por Dios!! Ahora entiendo esas miradas de superioridad y de burla que me echa.

—Hay una cosa que quiero que comprendas Luis. David es el padre de mis hijos y la persona que quiero…pero no le amo. Tú eres el amor de mi vida y siempre lo serás. Nunca me perdonaré haberte perdido de la manera que lo hice y como lo hice. Eso, David no lo sabe ni lo sabrá. No le tomes en cuenta el cómo te mire o si te lanza alguna puya. Nunca entendió que aguantases ese trato por mi parte.

En ese momento sonó el timbre de la entrada. Blanca me sonrió y me lo dijo con una sonrisa.

—Vete a abrir la puerta, creo que la sorpresa te gustará. —Me dijo Blanca.

Cuando abrí esa puerta me encontré con Angela, la amiga de Blanca que nos acompañó a Málaga. Según me vio en principio no me reconoció, pero a los pocos segundos, abrió mucho los ojos y pronunciando mi nombre me abrazó dándome un beso.

—Luis, que alegría volver a verte. ¿Y esto? —Dijo Angela dirigiéndose a Blanca.

—Un reencuentro de viejos amigos. Pensé que os gustaría a los dos. —Dijo Blanca.

—Esto tiene pinta de encerrona Luis. —Dijo Angela riendo.

—Solo será encerrona si nosotros queremos que lo sea. —Apostillé.

—Eso, también es cierto. Terminó diciendo Angela con una sonrisa.

Bueno, la velada no estuvo mal. Tuve que aguantar al capullo de David tirándome pullas y riéndose burlonamente de mi en cuanto podía. Pero la mano de Angela sobando mi paquete, hacía que mantuviese una gran sonrisa. Tanto Angela como Blanca me preguntaron mucho sobre mí. Cuando les conté que me casé y con quien me casé, la avalancha de preguntas fue increíble, aunque me limité solo a mi matrimonio, no al libertinaje de Ana. David no desaprovechó la ocasión para ridiculizarme y lo soltó:

—Espera…espera, a ver. ¿Me estás diciendo, que pillas a tu exmujer en la cama, se la están follando dos tíos, la dejas, te vas a Estados Unidos, aparece al cabo de los meses en tu casa, volvéis a retomar la relación…y os casáis? Tío, te lo tienes que hacer mirar, tú estás muy mal.

Miré a ese capullo y su sonrisa burlona y luego miré a Blanca que le estaba matando con su mirada, para después mirarme a mí. Creo que con la mirada nos dijimos todo y no dudé en atacarle, ya me tenía harto:

—David, creo que no sabes toda la historia. Yo soy partidario de la ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente. Lo que creo que no sabes, es que Ana mi exmujer me pilló en la cama follándome a tu mujer y a Angela. Si lo supieses, creo que te habrías ahorrado el comentario.

Eso si le hizo daño, mucho daño. Utilicé la frase —follándome a tu mujer,— porque sabía que le iba a joder más y así fue. Vi como torcía su gesto y miraba a Blanca que asentía con la cabeza.

—¡¡¿¿QUE?!! …¿A las dos? Pues sí que rindes, ¿no? —Dijo molesto ese payaso.

—No te haces una idea de la capacidad de este semental.—Dijo Angela con cara de vicio.

—Y el rabo que gasta el jodio” —Susurró Blanca, pero lo escuchamos todos perfectamente.

David miro a Blanca escandalizado y le fue a decir algo, pero le cortó rápidamente:

—Anda Angela, ayúdame a recoger esto. —Dijo Blanca, y levantándose de la mesa las dos.

Cuando nos quedamos solos, nos miramos con dureza. Sabía que estaba rabioso y además Blanca había hecho referencia a mi masculinidad, eso para él tenía que haber sido un insulto, pero se lo merecía.

—Soy tu invitado y te debo un respeto, lo mismo que el que tú me debes a mí y a tu mujer. He estado aguantando durante toda la cena tus puyas y tus burlas, pero recuerda que yo con Blanca tengo más historia de la que tú te puedas imaginar. Vuelve a sacar los pies del tiesto y de la ostia que te meto te separo el alma del cuerpo, ¿te ha quedado claro?

—Cristalino. —Dijo David entre dientes.

Llegaron las chicas con el postre. De inmediato Blanca supo que había ocurrido algo, pero no quiso preguntar, estábamos entrando en terreno pantanoso y lo que no quería es que esa pareja según nos fuésemos empezaran a discutir.

Tomamos postre y un café y aunque Blanca insistió en que nos tomásemos una copa, yo me negué aludiendo que tenía que conducir y Angela me echó un capote argumentando que había quedado y que yo la acercaría.

Nos despedimos, yo abracé y besé a Blanca con cariño en su mejilla. Al tal David le miré con indiferencia y le dije un —nos vemos,— pero sin estrecharle la mano que él ya había adelantado. Blanca me dio otro beso y me lo susurró.

—Te llamo.

Yo solo me limité a sonreír y Angela y yo nos metimos en el ascensor y terminó esa velada un tanto desagradable por culpa del mal educado de David.

—Que tío más gilipollas, ¿no? —Dijo Angela.

—¿No le conocías? —Pregunté extrañado.

—Bueno si, le vi una vez cuando Blanca me dijo que había conocido a un tío muy majo y me lo presentó, pero no me llamó la atención. Pero la verdad desde entonces no nos habíamos visto. Luego con el crio, quita, quita, yo no aguanto a los niños. Me sorprendió que me invitase a cenar, pero por no quedar mal con ella me presenté y la verdad me ha gustado la sorpresa.

Cuando terminó de decir esto, el ascensor llegó a la planta baja y cuando salimos, en la oscuridad del portal Angela se abrazó a mi dejándome sentir su cuerpo y nos comimos la boca con gula. Su mano bajo rápidamente hacia mí ya crecida polla y la sobó a conciencia por encima del pantalón.

—Joder que ganas de sentirla dentro de mí. He quedado con una gente en un bar de copas, me tengo que presentar, pero me deshago de ellos y nos vamos a mi casa a follar, ¿Te apetece?

—Te voy a reventar…te va a salir la leche hasta por las orejas. —Dije amasando su culo.

—Ufffff…cabrón, como me pones.

Durante el trayecto hasta ese bar de copas, nos estuvimos metiendo mano. Angela estaba empapada y yo con una erección del quince y un dolor de huevos como hacía tiempo no tenía.

Cuando llegamos, Angela buscó con la mirada por la sala, pero por lo que se ve no vio a la gente con la que había quedado. Nos fuimos a la barra y Angela se puso mirando hacia la puerta, estábamos charlando, muy cerca el uno del otro, rozando nuestros labios, cuando un chico, debido a la gente que había golpeó ligeramente el hombro de Angela.

—Discúlpame, ha sido sin querer. —Dijo ese chico.

Seguimos charlando acaramelados y al poco Angela se excusó conmigo.

—Tengo que ir al baño. Dame un minuto.

Ese minuto se convirtió en cinco y esos cinco minutos en veinte. Me extrañó que hubiese tanta cola en el servicio de mujeres, así que me dirigí hacia allí. No había ninguna cola, de hecho, abrí la puerta del servicio de mujeres y las tres cabinas estaban con la puerta abierta, solo una chica se retocaba el maquillaje y me miró con desaprobación.

Me metí en el baño de hombres, ya que estaba allí por lo menos vaciaría mi vejiga. No había nadie, y solo una cabina permanecía con la puerta cerrada. Cuando me dispuse a hacer mis necesidades el inconfundible sonido de una pelvis chocando llego a mis oídos, así como algún gemido ahogado.

—No me jodas Angela. —Pensé para mí.

Terminé de vaciar mi vejiga, pasé a la cabina de al lado y subiéndome al inodoro vi a Angela con su vestido en la cintura, su tanga en el suelo sus manos apoyadas en la cisterna y un tío, el que la había golpeado sin querer, detrás, follándosela con ganas, mientras sus manos se aferraban a sus tetas.

Ya no quise ver más, salí de ese cuarto de baño y con el móvil en la mano me fui a la barra y llamé al camarero que nos había atendido.

—Mira, estoy atendiendo una llamada, pero hay tanto ruido que no me entero. La chica con la que estoy está todavía en el baño, creo que no le ha sentado bien la cena. Cuando salga que pague esto y me busque fuera.

El camarero me sonrió y asintió con la cabeza. Sobre la barra quedaban los dos combinados casi llenos que Angela y yo nos habíamos pedido, testigos mudos de esa incomprensible conducta.

Cuando estuve fuera de ese local, me lo quedé mirando desde la acera, sin entender muy bien todavía que había ocurrido y por qué Angela se había comportado de esa manera. Me daba igual, bueno, no, no me daba igual, de algún modo me sentía abandonado, esa puta me había dejado con un importante dolor de huevos.

Cuando llegué al coche y estuve sentado dentro, intenté enderezar esa mierda de viernes que prometía mucho y no me había dado nada. Me acordé de Raquel y miré la hora, las once y media de la noche, todavía era pronto, seguro que la pillaría en su casa, o eso esperaba. Busqué su contacto y pulsé el símbolo de llamada. A los pocos tonos su vocecilla somnolienta me contestaba.

—Luis, cariño, que pasa.

—Hola amor, ¿qué te parece que pase a buscarte y nos vayamos de juerga tú y yo?

—¡Ay! no cielo lo siento. Esta tarde he estado con tres clientes a la vez y me han dejado reventada, pero me he ganado en cuatro horas y media lo que gano normalmente en un mes. No puedo ni andar de lo escocida y abierta que estoy y ya estaba en la cama durmiendo.

No lo pude evitar. A mi cabeza acudió como si lo estuviera viviendo esa misma situación que en su momento viví con Ana. Era exactamente igual y una tristeza como hacía tiempo que no sentía se apoderó de mí. La voz de Raquel me saco de mis pensamientos.

—Luis, ¿sigues ahí?

—Ehhh…si, perdona, me había distraído. Pues descansa y recupérate. Un beso.

Y colgué sin ni siquiera dejar que ella se despidiese. Sabía que Raquel no era nada para mí, solo una puta, una folloamiga con la que quedaba a menudo. Pero por alguna razón que solo la mente sabe, me había jodido soberanamente lo que me había dicho y esos recuerdos que me había traído y la odié, la odié como creo que no odié ni a Ana.

Esa noche follaba si o si, mis huevos me lo pedían. Busqué en mi teléfono la página web donde encontré a Raquel y vi otras opciones. Llamé a una que me gusto bastante, universitaria también de 24 años y por la foto un cuerpo espectacular y muy guapa. Hablé con ella y acordamos el precio, mil euros por toda la noche y por todos sus orificios.

Esa chica dio lo que me vendió. Espectacularmente bella y sensual, con unos preliminares que me pusieron más caliente que las calderas del infierno, simpática, cariñosa, culta; en la cama se sorprendió con mi polla y follamos como animales. Esta sí que tenía preservativos de todos los tamaños y colores y dimos buena cuenta de ellos. Alcanzó infinidad de orgasmos y yo me corrí cuatro veces antes de dormirnos. Me corrí en su culo, en su coñito y en su boca, con preservativo puesto. Pero la última corrida y menos abundante fue en sus tetas y a petición suya. Y ya para rematar cuando nos despertamos, me trajo el desayuno a la cama, completamente desnuda y echamos el último polvo de despedida, le pagué lo acordado y le di cien euros más de propina, ella me besó y me dijo que no la olvidase si quería pasar otro buen rato.

El sábado llegué a mi casa cerca del mediodía, no me había acordado de mirar el móvil y lo encontré apagado y sin batería. Ese fin de semana me lo tomaría con tranquilidad. Se que era una estupidez, pero empezaba a pensar que mi vida estaba llena de mujeres que no me convenían y casi daba mi proyecto de encontrar a una mujer normal por perdido. Pensándolo fríamente y después de mis experiencias, casi era mejor el abandonar la búsqueda y aunque solo, sentirme mejor y no tener los problemas que tuve.

Esa misma tarde cuando encendí de nuevo mi teléfono me encontré un montón de llamadas perdidas de Blanca y de Raquel y otras tantas de un número que no conocía, que, imaginando, pensé que serían de Angela pidiéndome explicaciones de por qué la abandoné en ese bar de copas.

No me quise complicar la vida, a Raquel pasaba de llamarla, era lo que era y no merecía la pena seguir tras ella. A ese número que no conocía ni pensaba llamar y solo quedaban la infinidad de llamadas de Blanca que si iba a responder y estuve hablando con ella.

—Me tenías preocupada. Desde esta mañana llamándote y no contestabas, siempre saltaba el contestador.

—Lo siento Blanca, pero me quedé sin batería y cuando he llegado a casa esta mañana lo he puesto a cargar. Y dime, ¿por qué tantas llamadas? ¿Ha ocurrido algo?

—Bueno, sí y no. Primero quiero preguntarte que pasó ayer con Angela, me llamó ayer por la noche para pedirme tu teléfono y esta mañana disgustada, comentándome que ayer la dejaste tirada en un bar de copas, como dijo ella, simple y llanamente desapareció sin ninguna explicación. Y segundo para disculparme por el comportamiento de David, a veces es muy crio.

—Tranquila, no te tienes que disculpar, creo que ayer dejamos claras nuestras posturas. Pienso sinceramente que si nos llegamos a ver de nuevo, cosa que no espero, su comportamiento será ejemplar. Y con respecto a Angela, la que me dejó colgado fue ella, se disculpó, fue al baño, tardaba mucho y cuando fui a ver si había ocurrido algo, la encontré follando con un tío en una cabina del servicio de caballeros. Eso fue lo que ocurrió.

Blanca se escandalizó, pero no le sorprendió, me comentó que Angela había cambiado mucho, pero viendo lo que me había hecho, había cambiado, pero para peor. Estuvimos hablando de más cosas. Le conté todo lo que me había pasado con Ana, nuestro divorcio a causa de su comportamiento y mi relación fallida con Kiara al venirme de nuevo a España. Ella a su vez me contó que estuvo esperanzada de que volviese con ella, pero viendo que los años pasaban decidió buscar a alguien con quien formar una familia.

—Hay que ver cómo cambia la vida, ¿eh? Yo, la provocativa mujer infiel, que te hizo aceptar algo que ahora me parece lo más horrible que he podido hacer a una persona, ahora es madre de un hijo y de una futura hija que viene en camino. Pero si te soy sincera, me gustaría que estos niños fuesen tuyos, te lo digo en serio. —Terminó diciendo Blanca.

No sé si me estaba proponiendo algo, pero lo que sabía a ciencia cierta es que yo no iba a cargar con los hijos de otro. Nos despedimos con la promesa de que nos volveríamos a ver y a seguir charlando, pero sin David de por medio incordiando.

Ya para rematar el día, al finalizar la tarde recibí un mensaje de Raquel bastante explícito y desagradable:

—«Ayer no me gustó nada como terminaste nuestra conversación. Tú y yo no somos nada. Yo soy una puta y tú mi cliente. Entre nosotros han ocurrido cosas que no debían de haber pasado, y ya, ni pasarán, ¿te ha quedado claro?»

—«Perfectamente claro» Respondí.

Sabía de sobra que la relación con Raquel se había roto. Ella era lo que era y yo quizás pretendiese algo más de ella, pero es que era imposible por edad y a lo que se dedicaba cuando no estudiaba.

Bueno, había sido algo más de un año donde me inflé a follar con jovencitas, pero era solo un espejismo. No puedo negar que fue muy placentero mientras duró y que con quien mejor me lo pasé y con quien disfruté más fue con Sofia y que su proposición de ser más que amigos o folloamigos me tentó, pero no, no era lo que buscaba.

A partir de todo esto entré en un periodo de tranquilidad sexual. Por algún motivo que desconozco ya no era mi prioridad encontrar o pagar a alguien para follar, mis intereses fueron otros. Raquel quiso quedar alguna vez más conmigo, pero educadamente rechacé su propuesta, eso le molestó y la espoleó, pero le dejé claro lo que ella me dijo. Ella era una puta y yo un posible cliente, y entre tantas había algo mejor donde elegir. Creo que con esa respuesta, sí que di por finalizada mi “amistad” con Raquel.

*********

Durante el siguiente año me dediqué más a la vida social y a mi trabajo. Recuperé las viejas amistades e hice otras nuevas más acordes con mis preferencias y edad. Las mujeres de algunos de mis amigos me presentaban a posibles candidatas aunque yo realmente no les pidiese nada. Lo malo de esto es que según veían como era mi vida y a lo que me dedicaba, donde vivía y mi nivel de vida, intentaban “cazarme” para asegurar su vida y su futuro.

Bien, pero habiendo pasado lo que había pasado en mi vida, y con las mujeres, llegas a un punto en que no te fías de ellas y menos de esas de treinta a treinta y cinco años que veían como después de zorrear todo lo que habían querido y más, ahora buscaban a un “pringado” que cayese rendido a sus pies, trincarlo bien trincado, casarse con él, tener dos o tres hijos y después de los años divorciarse y vivir la vida a base de la pensión de ese pringado que no vio venir a esa mujer interesada y envenenada.

Se que no es justo, pero metí a todas las mujeres, la mayoría, en el mismo saco. Ya estaba curado de espanto y lo que no quería es más complicaciones en mi vida y por algún motivo, por norma ya desconfiaba de toda fémina que viniese diciendo lo guapo que era y como me quería, pero no fue óbice para aprovecharme de alguna que rápidamente se abría de piernas para intentar llegar lo más lejos posible conmigo, para darse cuenta a los pocos días que solo había sido el polvo de una noche y si te he visto, no me acuerdo. Eso hizo que mi soltería fuese objeto de deseo, pero supe mantenerla a buen recaudo de esas depredadoras.

Los siguientes meses fueron trabajo y más trabajo. Los responsables de la compañía que ya habían visitado la fábrica y el centro de distribución de los medicamentos quedaron gratamente sorprendidos y me felicitaron por mi gestión. Mi nombre sonaba con fuerza en el mundo de la fabricación de medicamentos y en investigación y desarrollo, eso hizo posible que fuese el invitado de honor para dar una charla de clausura en una convención sobre nuevos medicamentos en tiempos de pandemia. Pero un hecho al finalizar la charla de clausura volvió a trastocar mi vida.

Después de esa charla, los organizadores dieron un coctel de despedida y fue inevitable el que se organizasen corrillos de gente intercambiando impresiones e incluso cerrando acuerdos. Fue una mujer madura pero muy bella, y se notaba que cuidaba su cuerpo, la que acaparó mi atención. Es lo que los jóvenes llamarían una MILF en toda regla. Carla Müller, que así se llamaba esta mujer, era la propietaria de un pequeño pero efectivo laboratorio farmacéutico alemán que tenía la patente de varios medicamentos punteros.

Estuvimos hablando sobre medicamentos y sobre las investigaciones sobre las que estaban trabajando y en cómo hacer más efectiva su distribución. Carla estaba encantada con mis opiniones y de pronto me interrumpió.

—Luis dame solo un momento, he visto que ha venido alguien que quiero que conozcas, son dos personas muy importantes para mí y que me están ayudando mucho.

La vi desaparecer entre la gente y me entretuve hablando con otras personas que habían seguido nuestra charla cuando su voz sonó de nuevo con fuerza detrás de mí.

—Mira Luis, quiero presentarte a Hans y a Ana, dos investigadores que están aportando grandes ideas en mi empresa.

Cuando me di la vuelta me quedé helado. Al lado de ese alemán rubio de ojos azules estaba Ana, mi exmujer. Guapísima como siempre, con carita angelical y como si no hubiese roto un plato en su vida. Iba de la mano de ese teutón y cuando me vio, rápidamente deshizo ese gesto de cariño que dejó un tanto perplejo al que imagino seria su pareja en ese momento.

Di un fuerte apretón de manos al alemán y a Ana, aunque alargó su mano, la rechacé y solo le hice un frio gesto con la cabeza que no pasó desapercibido para Carla y Hans y que hizo de ese momento algo tenso e incómodo.

—¿Os conocéis? —Preguntó Carla sorprendida.

—No. —Se apresuró a responder Ana

—Creo que tu respuesta no corresponde con la realidad Ana. —Dije disgustado.— Ana es mi exmujer. —Dije dirigiéndome a Carla.

—Ya…entiendo. Chicos ahora nos vemos, gracias por vuestra atención. —Dijo Carla intentando deshacer ese momento embarazoso.

Mentiría si dijese que todo el tiempo que pasó desde que Ana y yo nos separamos en mi casa de Nueva York no había pensado en ella. Habían sido muchas las veces que, encontrándome solo, mi cabeza volaba de nuevo a su lado y pensaba en cómo se encontraría, por donde andaría, si tendría pareja o estaba viviendo con alguien o si seguiría con ese modo de vida tan disoluta que llevaba conmigo.

Ese encuentro no había sido agradable. Habían acudido a mi cabeza muchos recuerdos, buenos y malos, pero sobre todo los malos. Se que no terminamos bien, que según Ana no respeté su modo de vivir su sexualidad, pero yo no podía seguir viviendo de esa manera con una persona así. Luego estaba esa negación diciendo que ni me conocía, ¿por qué?

Vi alejarse a Hans y Ana, los vi marchar con un desasosiego que no sabía explicar. Observé que Ana se giró y me miró con la misma incertidumbre que yo sentía. En esa mirada pude observar tristeza, miedo, frustración y vergüenza. Se que suena frívolo, pero no pude dejar de admirar el culo tan perfecto que seguía teniendo Ana y que llevaba enfundado en un pantalón muy ajustado de un sobrio traje de chaqueta.

—Lo siento Luis, no sabía que os conocíais, Ana no me comentó en ningún momento que estaba separada y que su marido habías sido tú.

—Bueno no te preocupes, no tenías por qué saberlo y Ana tendrá sus razones para no comentarlo, no le des más importancia. —Dije intentando quitar hierro al asunto.

Seguimos hablando durante un buen rato, pero de mi cabeza no se iba esa imagen de Ana y su mirada al marcharse como queriendo algo más de mí. Carla quería que colaborase con ella, abrirse más al mercado internacional y sé que si mi compañía aceptaba esa colaboración, Ana y yo nos veríamos muy a menudo y eso me ponía nervioso, no me gustaba.

Esa tarde-noche haciendo mi maleta para salir temprano al día siguiente hacia Madrid, alguien tocó en la puerta de mi habitación. Sabía que una de dos, o era Carla o Ana. Solo Carla sabía en que hotel me alojaba, pero perfectamente podía haberle pasado la información a Ana.

Con algo de temor abrí la puerta y allí estaba Ana más guapa de lo que podía recordar, sola y mirándome con cariño. Venia vestida con ese traje de chaqueta que le sentaba tan bien y ese pantalón que remarcaba cada parte de su asombrosa anatomía.

—¡¡ANA!! —Exclamé sorprendido.

—Hola Luis, ¿puedo pasar? —Preguntó con temor.

—Claro, pasa por favor, me has pillado haciendo la maleta.

—¿Te marchas ya, o tienes algo de tiempo?

—No, me marcho mañana por la mañana, pero ya sabes que me gusta tener todo bien preparado.

Durante unos segundos nos quedamos callados los dos sin saber muy bien lo que decir. Me molestaba reconocerlo, pero delante de mí tenía la mejor versión de Ana. Había cambiado mucho su aspecto físico, su genética se hacía notar y estaba radiante. Acarició mi cara y vi temblar su mentón. Se abrazó con fuerza a mí, dejándome sentir su cuerpo y su calidez mientras llenaba de besos mi mejilla. Creo que lo más sensato hubiese sido separarla de mí y preguntarle, —¿qué haces?— pero respondí a su abrazo de inmediato estrechándola contra mí con la misma fuerza y pasión hasta que fue inevitable que nuestras bocas se encontrasen y se juntasen en un beso húmedo y pasional.

Cuando nos separamos vi como sus lágrimas habían desbordado sus ojos y caían por sus mejillas. Era un momento un tanto extraño e íntimo y notar el cuerpo de Ana tan pegado al mío provocó que mi balano empezase a llenarse de sangre. Se que es frívolo, y ella tuvo que notarlo, mi tienda de campaña se acopló perfectamente a su entrepierna haciendo presión sobre su vulva a través de esos pantalones tan ajustados. Ella no hizo nada por separarse, al contrario, creo que incluso avanzó algo más sus caderas para sentirme mejor

—Lo siento mi amor, —dijo Ana con voz temblorosa,— siento que esta mañana dijese que no te conocía, pero no estaba preparada para hablar sobre ti y el encontrarme contigo, así, de repente, me dejo sin palabras…¡¡¡mierda!!!—exclamó Ana— ¿por qué si pierdes a la persona que amas, no se pierde la memoria también para no recordarla? En todo este tiempo, no he podido sacarte de mi cabeza.

—Bueno, si te soy sincero yo también he pensado mucho en ti, en cómo te encontrarías, que es lo que estarías haciendo y como te iría en la vida y por lo que veo no te va mal.

—No creas. Cuando nos divorciamos y volví a España con Bea me fui a vivir con ella y su novio. Entré en una espiral de sexo sin control, la versión más puta de Ana salió a relucir y todos los días era una orgía hasta que me di cuenta de todo lo que estaba ocurriendo. Bea y su novio me vendían, así como suena, amigos y no tan amigos venían a su casa a follarme y cuando se iban pagaban mis servicios. De eso me enteré de la manera más cruel cuando uno de los hombres quiso follarme sin preservativo y me negué a que siguiese. Me dio un tortazo que me dejó atontada mientras me agarraba del cuello y me gritaba en la cara, —So puta, he pagado por follarte a pelo y quiero lo que he comprado.— A raíz de ese incidente me di cuenta de cómo era Bea de verdad y salí huyendo de esa casa, me estaban prostituyendo sin yo saberlo.

—¿Y qué ocurrió después? ¿Qué hiciste con tu vida? —Pregunté con algo de tristeza por lo que me había contado.

—Me fui a casa de mis padres, como tenía que haber hecho desde el principio. Me tranquilicé bastante y puse algo de orden en mi vida. Aunque no lo creas el sexo pasó a un segundo plano y me preocupé más por mí, por quererme más a mí misma y valorarme. Trabajé en una hamburguesería hasta que una llamada de Nuria, ¿sabes de quien te hablo? —Preguntó Ana.

—Si, tu amiga que trabajaba en RRHH, la recuerdo, claro que la recuerdo.

—Bien, pues me llamó, estuvimos hablando y me dijo que necesitaban a alguien en el laboratorio donde trabajo ahora. Hice el petate y me fui a Alemania de nuevo, empecé a trabajar en ese laboratorio y conocí a Carla a los pocos meses. Le gustaron mis ideas y me trasladó a I+D y bueno hasta el día de hoy.

—¿Y Hans?

—¿Hans?…Hans es un buen hombre, pero no estoy enamorada de él. Es más un folloamigo, un yogurin al que le doy una alegría de vez en cuando. Cuando nos fuimos después de verte tuve que decirle quien eras y…y…que seguía perdidamente enamorada de ti. No le quedó más remedio que aceptarlo y sabe que estoy aquí contigo, es más un escudo contra los depredadores que intentan acercarse a mí.

Estuvimos hablando mucho más rato. Al principio sin romper ese abrazo tan íntimo, pero después nos sentamos en la cama y seguimos hablando mientras nuestras manos no dejaban de jugar entre ellas. Llegó un momento en el que miré la hora. Tenía hambre y necesitaba comer algo aunque este gesto que hice Ana no lo supo interpretar.

—Miras la hora…¿Tienes que irte? ¿Has quedado con alguien? Me preguntó Ana con tristeza.

—No cariño, —ese apelativo cariñoso me salió natural,— lo que ocurre es que tengo hambre, ¿tú no? Déjame ducharme y te invito a cenar mientras seguimos charlando, ¿quieres?

—Claro mi amor, no hay problema. —Respondió Ana con una gran sonrisa.

Me fui a duchar mientras pensaba en lo caprichoso del destino. Cuando me divorcié de Ana le dije que mi amor por ella había muerto, que no sentía nada y que deseaba terminar con todo para dejar de sufrir.

Pero ahora después de los años existía un cariño inmenso que no había desaparecido y eso me daba miedo. ¿Enamorarme de ella otra vez? No, creo que no, no volvería a juntar mi vida con la de ella, sería una locura por mi parte por mucho que hubiese cambiado Ana.

Estaba con mis pensamientos cuando noté como alguien me abrazaba y besaba mi espalda. Cuando me di la vuelta Ana completamente desnuda, juntaba su cuerpo al mío besándome con amor mientras mi polla ya descontrolada se erguía expectante entre nuestros cuerpos.

—Ana por Dios ¿Qué haces? —Pregunté muy excitado.

—Cielo mío, quiero cambiar mi último recuerdo de ti. No me rechaces, los dos queremos esto y tú lo sabes, he notado tu excitación en mí.

¿A quién quería engañar? Ana se comportó como la mujer que me conquistó en sus comienzos. Se arrodilló ante mí y admiró mi verga que dura como el acero la cubría de caricias y besos. Empezó una mamada criminal que me llevaría a un orgasmo sin remisión, pero todavía no había empezado lo mejor.

—Abre las piernas mi amor. —Me pidió Ana.

Tomó la alcachofa de la ducha y la metió entre mis piernas, dejando que los chorritos impactasen sobre mi escroto y mi perineo. Eran como decenas de lenguas punteando esa zona mientras su dedo anular bañado en gel de baño se metía en mi ano. Sin utilizar sus manos, las tenía ocupadas en otros menesteres, se metió mi polla en su boca hasta hacerla desaparecer, empezando una mamada impresionante. La sensación fue tan bestial, tan delirante que ni me dio tiempo a avisarla, mientras mi polla desaparecía en su boquita y descargaba toda mi esencia en su esófago.

Fue un orgasmo intenso que me hizo recordar muchos momentos con Ana. Pero lejos de pensar que fueron momentos buenos, a mi cabeza solo acudían como cañonazos las imágenes de los malos momentos en los que sus furtivos amantes follaban su boca y su garganta, hasta que prácticamente la ahogaban con sus corridas.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para alejar de mi esas imágenes de Ana en sus mejores momentos de puta insaciable, pero sus atenciones y su cariño hicieron que de mi cabeza desapareciese esa rabia y ese rechazo.

Salimos de la ducha y me llevó de la mano a la cama donde nos comimos nuestros sexos con ansia y follamos hasta caer rendidos y con todos sus orificios llenos de mis corridas. Terminamos abrazados y caímos en un profundo sueño del que desperté de madrugada con ganas de volver a follarme a Ana, pero su lado estaba vacío. Pensé que estaría en el baño, pero cuando me levanté para comprobarlo, vi con tristeza que también estaba vacío. Solo cuando volví a la cama vi una nota sobre su almohada.

Mi amado Luis, espero que no me odies por lo que he hecho, pero quería llevarme un recuerdo único del amor de mi vida. El día que nos despedimos en Nueva York fue el más amargo de la vida que llevo vivida, yo te amaba y te sigo amando, pero ese recuerdo nublaba todo lo bueno que pasamos juntos y quise enmendarlo. Ahora puedo recordar sin ninguna duda que nos amamos hasta caer rendidos en uno de los mejores recuerdos que me pueda llevar de ti. Te amo. Ana.

No sé por qué lo hice, pero tomé mi teléfono móvil y busqué el contacto de Ana que aun guardaba y pulsé el símbolo de llamada. Inmediatamente salió una voz grabada, —este número de teléfono no existe,— hacia tanto tiempo que no lo utilizaba que seguramente habría cambiado de número.

No me quise obsesionar con ella. Fue un gran momento, no lo niego, pero de ahí a volver a enamorarme de ella y retomar nuestra relación iba un abismo. Esa noche fue la última vez que vi a Ana sin yo saberlo. Me quise interesar por ella, saber cómo se encontraba y que si le hacía falta alguna cosa contase conmigo.

Me puse en contacto con Carla, pero su respuesta me dejo aún más sorprendido. Ana se había despedido de su empresa y se había ido no sabía dónde porque no se lo comentó en ningún momento y no quiso decirlo. Indague un poco más, incluso hable con su amiga Nuria, pero me aseguró que no sabía nada de ella. No me quedó más remedio que creerla y bueno, darme por vencido, si necesitaba algo de mí, sabría dónde encontrarme.

No me quedó más remedio que aceptarlo y mi vida volvió a su habitual monotonía, trabajo, trabajo y más trabajo. El recuerdo de esa noche perduraría en mi cabeza y debía de darle la razón a Ana. Esa noche cambió mucho la percepción que tenia de ella, aunque subyacentemente algunos amargos recuerdos acudiesen a mi mente, pero ese último recuerdo de ella gimiendo en mi oído su orgasmo mientras me corría en su útero no se iría de mi cabeza.

Pasaría otro año más en el que ocurrieron cosas. Blanca se separó de David y se quedó con sus hijos. Ese desgraciado no quiso saber nada de ellos, aunque un par de denuncias y un juicio y no le quedó más remedio que pasarle una pensión por la manutención, aunque no estaban casados ni eran pareja de hecho.

Desde ese momento, Blanca y yo nos vimos más a menudo. No niego que seguía bellísima y tan sensual como siempre. Me tentó, quiso enredarme, seducirme con sus mejores armas de mujer, pero enseguida vi sus intenciones, no quise que los árboles me impidiesen ver el bosque. Blanca me podía atraer, pero no olvidaría lo que me hizo y que encima ahora tenía dos hijos de otro hombre que yo tendría que criar como míos, y no, lo siento, pero eso no entraba en mis planes y aunque en principio la desesperada idea de juntarme con una Blanca soltera y sin compromisos fue algo que se me pasó por la cabeza, ahora era mucho más complicado, no quería eso.

Aunque no hablamos de ello abiertamente, me fui alejando de Blanca que desesperada me buscaba para llevar a buen puerto su decisión de juntar nuestras vidas nuevamente. No se tomó nada bien que buscase una excusa tras otra para librarme de ella, hasta que molesta por mi actitud, me imagino, dejó de buscarme y volvió a desaparecer de mi vida

Sinceramente, llegados a este punto pensé que aunque mi deseo era juntar mi vida con una buena mujer, que solo quisiera sexo conmigo y que desease tener hijos era una tarea imposible, el quedarme soltero y disfrutando de la vida lo mejor que me dejase mi posición y mi fortuna no era tan mala idea.

Pero como todo en esta vida, una cosa es pensarlo y otra muy distinta es que las múltiples variables hagan acto de presencia y cambien tu vida en cuestión de milésimas de segundo.

Era un día entre semana de un mes cualquiera, miento, era primavera, lo recuerdo, y de madrugada empezó a sonar mi teléfono móvil. Pensé que había ocurrido alguna desgracia, por eso llamaban a esa hora, era lo más lógico, con lo que acepté la llamada alarmado sin fijarme en quien me llamaba.

—¡¡¿SÍ?!! —Pregunté alarmado.

—Hola…¿Luis?

—¿Kiara? ¿Eres tú?

—Si. Hola cielo, ¿Qué tal estas? —Respondió Kiara al otro lado en un llanto contenido.

—Bien, estoy bien, sorprendido por tu llamada, aquí es de madrugada y me he asustado, pensé que había ocurrido algo malo. ¿Tu estas bien, verdad? ¿No ha ocurrido nada?

—Yo estoy bien, perdona por alarmarte a ti y a tu familia, ha sido un impulso, llevo ya muchas semanas pensando en ti y ni he mirado la hora, perdóname.

—No, tranquila, solo me has despertado a mí, no tengo familia.

A raíz de esto, estuvimos hablando casi una hora de nuestras vidas. Así me enteré de que Kiara, contra todo pronóstico, seguía soltera y sin compromiso. Que ese hombre al que vi ese día cuando hice una videoconferencia con ella ya no estaba en su vida, solo le hicieron falta poco más de dos meses para darse cuenta de que no era el hombre que buscaba.

Los hombres o mejor dicho la mayoría de ellos, incluido yo, somos unos inocentes. ¿Qué lleva una hermosa mujer a llamar a un antiguo amante después de algo más de dos años? Si, creo que habéis pensado lo más lógico, Kiara llamó para tantear el terreno, su llamada fue una llamada sonda para ver cómo estaba mi estado sentimental en ese momento y ver las posibilidades que tenía.

Durante las siguientes semanas nuestras llamadas, mejor dicho, nuestras videollamadas fueron constantes. Nos contamos infinidad de situaciones, en dos años nos habían ocurrido muchas cosas, tanto en el terreno profesional como en el privado. Fue progresivo que nuestras conversaciones fueran subiendo de tono, entrando ya en el terreno sexual, recordando nuestros fogosos encuentros.

Una noche en la que estábamos charlando, viéndonos a través del ordenador y con Kiara especialmente vestida de manera provocativa fue directa conmigo.

—Dime cariño, ¿qué me harías si estuviese allí contigo? —Preguntó excitada Kiara.

—¿Quieres la versión políticamente correcta o la pornográfica?

Cuando pregunté esto, Kiara se alejó de cámara y me dejó ver su cuerpo. Solo llevaba una escasa camiseta y sin braguitas. En la silla se abrió de piernas y me enseñó su coñito lampiño y brillante de los jugos que estaba soltando.

—Estoy cachonda, excitada y me gustaría sentirte dentro de mí, pero como eso no es posible, por favor, enséñame tu polla, quiero correrme contigo.

No dudé por un momento y alejándome de la cámara del ordenador me bajé mi ropa interior dejando al descubierto mi erección bestial. Nos dijimos las mayores cochinadas, mientras mi vista se clavaba en su coñito y en cómo sus dedos maltrataban su clítoris y follaban su coñito y la vista de ella miraba mi polla y se relamía pensando en sentirla en vaya usted a saber dónde. El orgasmo fue brutal y Kiara se corrió entre fuertes espasmos viendo como mi verga soltaba semen como si no costase.

—Lo quiero dentro de mí, —confesó,—…joder como te echo de menos. —Dijo Kiara.

—Yo también mi amor. No te imaginas como te he pensado.

Cuando terminé esa videollamada me maldije a mí mismo. Para lo que habíamos quedado. Pajearme delante de un ordenador con una ex amante de la que no sabía nada hace años. Patético, muy patético.

Durante la siguiente semana Kiara no dio señales de vida. Mis ansias de llamarla e interactuar con ella eran desesperadas, pero no quise destapar mi ansiedad. El viernes sobre las diez de la noche Kiara me hizo una videoconferencia y salté de alegría al ver su llamada…

—Kiara cielo, te echaba de menos.

—Yo también cariño, pero estoy agotada. —Dijo mostrándome el entorno donde se encontraba.

—Kiara, ¿dónde estás? ¿Estás en un aeropuerto?

—Si mi amor, acabo de llegar, ¿te suena dónde estoy? —Preguntó Kiara con picardía.

—Eso…eso parece la T4 del aeropuerto de Madrid, llegadas internacionales…Dios Kiara, ¿estás en Madrid?

—Si cielo mío…¿Cuánto tardarías en venir a por mí?

Estoy seguro de que alguna multa me llegará por exceso de velocidad, lo mismo que cuando llegué al aeropuerto y dejé el coche aparcado de cualquier manera en un sitio donde no se podía estacionar, pero me dio igual, solo pensaba en Kiara y que me estaría esperando impaciente.

Cuando llegué y la vi, casi me echo a llorar. Más guapa que nunca, enfundada en unos vaqueros que remarcaban cada parte de su anatomía y una camiseta ajustada a su perfecto torso. Nos fundimos en un abrazo infinito mientras llorábamos sin creernos aun, que esto estaba ocurriendo de verdad. Nos trabamos en nuestras palabras sin creer que estábamos abrazados físicamente hasta que esa bella mujer me miró con cariño.

—Dime mi amor, ¿eres capaz de hacer realidad las cosas que me decías que me harías si estaba contigo?

—Acaso lo dudas. —respondí seguro de lo que sabía que pasaría en un rato.

Nos fuimos a mi casa. No pregunté si estaba en algún hotel o si se hospedaría en algún otro lugar. Kiara estaba conmigo y me negaba a separarme de ella. Según se cerró la puerta detrás de nosotros, nuestra ropa voló quedándonos completamente desnudos. Nos abrazamos con fuerza mientras nos besábamos con desesperación y mis manos amasaban su perfecto culo. De un pequeño salto, Kiara abrazó mi cintura con sus piernas y colando su mano entre nuestros cuerpos, guió mi polla hacia su coñito, dejándose caer con un suspiro de placer.

—Dioooos mi amoooor…que ricoooooo, como te necesitaba. —Gimió excitada.

La llevé hacia el sofá con mi polla bien clavada en su coñito, al sentarme un poco de golpe, se la clavé aún más profundo y como siempre noté su cuerpecito temblar de placer mientras estallaba en un primer orgasmo.

—Me corro mi amor…me corroooooo…

El coño de Kiara se licuó con su orgasmo, me seguía asombrando la facilidad que tenía esa chica para correrse. Si hubiese sido un hombre, de seguro, tendría eyaculación precoz. Aunque me costó un gran esfuerzo, ya no era un jovenzuelo, sin sacar mi verga de ese coñito acogedor, la subí a pulso hasta mi dormitorio y nos metimos en la cama. Nos pasamos el fin de semana follando como conejos, saciándonos, quitándonos el hambre que teníamos el uno del otro.

Kiara venía a quedarse y eso fue motivo de una alegría infinita por mi parte, aunque me confesó que estaba algo asustada, su empresa le había propuesto venirse a trabajar a España, para hacer un estudio de mercado y abrir una sede europea de su compañía. Eso supondría mucho trabajo y años de planificación para lograrlo, pero me dijo que en el supuesto de que no llegase a buen fin su gestión y si nos iba bien en nuestra relación se pensaba quedar para siempre conmigo.

Ya han pasado diez años desde que Kiara vino a España. Fue una locura, una temeridad lo que hicimos. Sin apenas conocernos empezamos a vivir juntos, pero por azares del destino encajamos perfectamente el uno con el otro, salvo pequeños matices que limamos rápidamente, nuestra convivencia fue espectacular.

A los dos años nos casamos con Kiara embarazada. Hicimos dos bodas, una en Madrid con mi familia, aunque vinieron los padres y hermana de Kiara, y otra en Nueva York con la familia de Kiara a la que asistieron mis padres. Ahora mismo dos niñas de seis y ocho años llenan de alegría y vida nuestra casa. Kiara no entenderá nunca el regalo que me ha hecho y la tranquilidad y estabilidad que ha aportado a mi vida.

Solo hay algo que me ha perturbado ligeramente. Hace unos días llego a mi correo de empresa un mensaje que contenía solo un archivo, sin asunto ni ningún comentario. El archivo era una foto de Ana, tan guapa como siempre, abrazada a un adolescente de unos doce años y un inquietante parecido a mí. Escrito en la foto «Mi hijo, el hombre de mi vida». Quise ponerme en contacto con ella y le mandé un correo, pero me fue devuelto, diciendo que esa dirección de correo no existía.

¿Acaso esa última noche que pasé con ella se quedó embarazada de mí? Eso solo lo sabe ella y sinceramente no sé muy bien por qué ahora me ha enviado esa foto. Como he dicho me ha perturbado ligeramente, pero no me quita el sueño, ya no.

Fin

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