FERNANDO

Hacía ya casi tres semanas que Ana había llegado borracha a casa y lo que hizo o dejó de hacer no estaba nada claro. Ella estaba convencida de no haber hecho nada malo, solo fue un simple desliz y según ella no tenía derecho a tratarla con tanta indiferencia.

—Vamos a ver Ana, que parece que no quieres entender mi enfado. Si yo llegase a casa borracho a las tantas de la mañana, oliendo a perfume de mujer, incluso con manchas de pintalabios en el cuello de mi camisa, ¿Tú no te enfadarías? ¿No me montarías una bronca por haber hecho eso?

Esa mujer me desesperaba, incluso se tomó su tiempo para pensárselo, para mí la respuesta estaba clara.

—Bueno Luis, esperaría que te despertases y entonces yo…

—Ana ¿Si o No? Es bien sencillo.

—Vale, sí , me enfadaría como no te haces una idea.

—Joder, pues entonces entiende mi enfado contra ti y no te hagas la digna, que parece que la culpa la tengo yo.

No sé, a raíz de esta última conversación todo fue a mejor. Los hombres, hay que reconocerlo, somos sumamente fáciles, simples, un tanga muy escaso una camiseta de tirantes cortita y sin sujetador y unos cuantos mimos y besitos y somos corderitos dóciles, fáciles de manejar, nuestra sangre deja nuestro cerebro y pasa a otra cabeza, deseosa de meterse en una prisión húmeda, cálida y acogedora. Casi diría que las cosas volvían a ser como al principio de conocernos y la tranquilidad volvió a nuestras vidas aunque casi mejor diría que a mi vida.

Empezaba una nueva semana y por motivos de trabajo tuve que volver a viajar a Madrid. No me hacía mucha gracia ya que dejaba demasiado tiempo sola a Ana, lo único reseñable es que esa semana Carlos no viajaba, se quedaba en Málaga y eso quería decir que Bea no podría zorrear a sus anchas. Cuando llegué el viernes a medio día a casa deseando ver a Ana, al poco de llegar noté que algo había cambiado. Esos sutiles cambios que parecen que no se notan, pero que para alguien muy enamorado y acostumbrado a una persona no pasan desapercibidos.

Ana hablaba conmigo pero frecuentemente desviaba su mirada como si le avergonzase mirarme. Respondía con monosílabos y no animaba a mantener una conversación. Esa tarde le dije de salir a dar una vuelta y estuvo encantada, cosa rara en ella, cuando llegaba de viaje prefería que nos quedásemos en casa charlando o follando, dependiendo de lo cansado que estuviese. La invité a cenar y aparte de que fueron cuatro bocados mal contados de ella, los silencios entre nosotros eran largos y bastante incomodos. Miraba a la nada con una especie de sonrisa en sus labios como recordando algo agradable.

—¿Hay algo que no sepa y debas de contarme? Te noto muy rara.

Vi como Ana se sobresaltaba, no esperaba que le hiciese esa pregunta y noté como dudaba que responderme, pero su mente fue ágil y supo dejarme un poco fuera de lugar.

—Estoy pensando que no puedo seguir así. Tengo que trabajar, me empiezo a volver loca con tanto tiempo libre. Dijo Ana sin mucho convencimiento. He pensado que ya que tu estas dentro de la dirección de tu empresa me busques algo para empezar.

Supe enseguida que ese no era el verdadero motivo de su actitud. Tampoco quise ahondar más en el asunto, quizás no me gustase nada lo que podía descubrir. Sabía que algo había ocurrido, algo grave para mí, para nosotros y estaba seguro que era en relación con Bea y Carlos. Ese malestar en la boca del estómago producido por los celos ese ahogo que no podía evitar me estaba devorando por dentro.

—Bien, aunque no lo creas ya había empezado a buscar algo. Dije intentando no derrumbarme. Se qué en investigación y desarrollo están buscando a alguien competente.

—Eso estaría bien. Dijo Ana con una gran sonrisa. Cariño, ¿Te ocurre algo? Yo también te noto raro.

—Creo que estoy más cansado de lo que pensaba.

—Anda vámonos a casa. Dijo Ana con cariño.

Cuando llegamos, Ana se comportó como siempre había sido ella, Nos fuimos a nuestra habitación, nos desnudamos y nos metimos en la ducha. Me dio amor y cariño y cuando nos metimos en la cama hicimos el amor con más pasión de la habitual. Empecé a pensar que me había vuelto un paranoico y veía fantasmas donde no los había, tenía que calmarme.

Durante las siguientes semanas, por suerte para mí no tuve que hacer tanto viaje a Madrid y menos a Estados Unidos. Mi empresa me dio la libertad de poder trabajar desde casa, con lo que empecé a pasar más tiempo con Ana y la involucré en el trabajo que yo hacía. Eso le encantó por que se sintió de nuevo útil y aunque su especialidad era la investigación de nuevos medicamentos, supo adaptarse enseguida a lo que estaba haciendo.

Todo iba perfectamente entre Ana y yo. Casi me había olvidado de Bea y Carlos. Me gustaba ver como cuando Bea reclamaba a Ana esta le decía que tenía cosas que hacer y no podía dejarlo. Eso me dijo de alguna manera que no podía perder el tiempo y encontrarla ese puesto que ella deseaba.

Ocurrió un lunes, serían las nueve de la noche y llamaban al timbre insistentemente, Ana fue a abrir la puerta y escuche a Bea llorando muy asustada, me acerqué y la vi abrazada a Ana que intentaba consolarla.

—Ya no sé qué hacer, gimoteaba Bea, le he llamado infinidad de veces, le he mandado wasap y nadie responde. He llamado a un compañero suyo que también iba a Madrid y se alojaban en la misma habitación y tampoco responde y estoy muy asustada, tenía que haber llegado a la hora de comer.

—¿Llegaba por tren o en avión? Pregunté intentando averiguar algo más.

—No, por ninguno de los dos, respondía Bea sin dejar de llorar. En este viaje se ha llevado su coche. Me ha mandado un wasap cuando ha salido de Madrid, sobre las tres de la tarde debería de haber llegado.

Pasamos al salón y nos sentamos en el sillón, Ana la abrazó contra sí y Bea se abrazaba a ella llorando sin consuelo.

—Bea, ¿has hablado con la guardia civil? Son los únicos que te pueden informar si ha ocurrido algo.

—No, no lo he hecho.

—Bien, es lo primero que debemos de hacer. Dije sorprendido. Dame matrícula del coche de Carlos, modelo y sus apellidos.

Llamé a la guardia civil e inmediatamente se hicieron cargo de la situación. Pero ni había habido ningún accidente con un coche implicado y con esa matricula, ni ninguna admisión en urgencias de un hospital de alguien con ese nombre. Aun así emitieron una advertencia a las patrullas de carretera por si veían el coche de Carlos. Nos aconsejaron que si pasadas 24 horas no sabíamos nada de él, nos pusiésemos en contacto nuevamente con ellos y denunciásemos su desaparición.

No nos quedaba más remedio que esperar. El móvil de Bea no dejaba de sonar, gente preguntando si Carlos había aparecido ya, pero ninguna llamada importante que nos aclarase algo. Ana le dijo a Bea, que se quedase en casa y que se quedase a dormir para que no estuviese sola, que dejase un cartel en la puerta de su casa indicando que estaba con nosotros por si aparecía Carlos.

Sobre las once de la noche alguien llamó a nuestra casa. Los tres saltamos como resortes y fuimos corriendo a la puerta, cuando la abrimos vi a un hombre joven con traje que no conocía, pero parecía que había pasado por una batalla. Despeinado, sudoroso, su cara desencajada y los ojos rojos llenos de lágrimas. Cuando Bea lo vio se echó las manos a la boca y fue a abrazarle pensando en lo peor, ella lo conocía, pero la reacción del hombre fue violenta.

—¡¡¡NO ME TOQUES ZORRA!!! Exclamó con agresividad ese hombre apartándose de ella.

—Javi…que…¿Qué dices? ¿Qué pasa? Preguntó Bea confundida.

—Lo…lo sabemos todo, dijo ese hombre echándose a llorar, se lo de tu amiga, la que era mi novia y se lo que le hiciste a Carlos en la madrugada del lunes y antes de que supuestamente llegase el de viaje.

Por primera vez vi que Bea se quedaba sin palabras y su cara empalidecía hasta mimetizarse con la pared, en ese momento volvió a sonar su móvil y como una autómata acepto la llamada.

—Bea…Bea, se oía por el auricular nítidamente.

—Carla… respondió Bea sin dejar de mirar a ese hombre.

—¡¡Lo saben todo joder…TODO LO QUE PASÓ EN TU CASA!! Gritaba esa mujer llorando. Javi me ha dejado tía… lo entiendes, ¡¡HEMOS ROTO JODER!!

Aunque Bea no tenía el manos libres puesto, la mujer del teléfono gritaba tanto que se escuchaba todo perfectamente. Ese hombre la seguía mirando con cara de pocos amigos. Bea estaba como drogada, no sabía que decir, como actuar y preguntó lo evidente.

—¿Carlos está bien?

—No, no está bien. Esta tan hecho polvo como yo o más ya que él ha presenciado desde que llegó a SU CASA, recalcó ese hombre, de cómo mi exnovia follaba con otro en vuestra cama y de cómo tú te lo montabas con tu profesor de baile hasta que terminaba follándote en el cuarto de invitados.

—Eso…eso…no, no…puede ser…él estaba…estaba en Madrid…no es posible…Balbuceaba Bea.

—Te quiso dar una sorpresa hija de puta, salió de Madrid a las nueve de la noche. Se trago más de quinientos kilómetros POR TI para sorprenderte, pero el que se sorprendió fue el de lo putas que sois tú y tus amigas. ¡¡¡PRESENCIÓ TODO, TODO LO QUE HICISTEIS!!!

Yo sabía que algo había pasado en esa casa en la madrugada del lunes, me levanté al baño de madrugada y oí unos gemidos que no se de quien serian, pero a alguien se estaban follando en casa de Bea.

—Necesito…necesito hablar con Carlos, dijo Bea llorando, lo que vio no es lo que parece.

—Carlos me ha mandado para decirte que esta es SU CASA, enfatizo ese hombre. Te quiere mañana a medio día fuera de ella y me ha dejado claro que no quiere volver a verte en la vida, olvídate que habéis estado dos años y un mes juntos, no le llames, no le busques, tú has muerto para él, ¿TE QUEDA CLARO, ZORRA?

Con esto último, ese hombre se fue hacia el ascensor y desapareció. Creo que todos estábamos en shock sin creer todavía lo que habíamos escuchado. Bea no dejaba de llorar y lamentarse, abrió la puerta mientras su teléfono móvil sonaba de nuevo. Ahora tendría que dar muchas explicaciones de por qué Carlos el amor de su vida la había dejado por puta y por zorra.

En mi fuero interno no podía dejar de sentirme pletórico ya que esa mujer iba a desaparecer de nuestras vidas y creo que todo volvería a la normalidad que teníamos antaño. Ana miraba con cara de espanto a Bea mientras intentaba calmarla y si esa mujer hubiese sido de otra manera de ser, ahora seria yo también quien intentaría calmarla aun sabiendo que por un calentón había tirado por la borda una relación.

—Me…me tengo que ir, dijo Bea. Tengo que pensar.

Salió por la puerta y vimos cómo se metía en la que dentro de nada ya no sería su casa. Cuando cerramos la puerta Ana se echó a llorar también. Se que lloraba porque ya no tendría a su amiga puerta con puerta, ya no podría salir con ella cuando quisiera y quizás ya no podrían zorrear las dos a su antojo.

—Pero bueno, ¿Y tú por qué lloras? Pregunté intentando esconder mi alegría.

—No…no me puedo creer que le haya hecho eso a Carlos.

—¿De verdad Ana que no veías lo zorra que era? Porque te aseguro que yo la calé a los dos días de conocerla.

—Bea nunca te gustó, siempre te cayó mal. Dijo Ana a modo de reproche.

—Por supuesto, nunca te mentí en eso, siempre te dije que el juego que se traían entre manos no me gustaba nada y a las pruebas me remito. Aparte de que todavía te puedo mostrar de nuevo el video que grabé la vez que fuimos a esa casa rural. ¿Acaso quieres más pruebas? Recriminé a Ana algo enfadado.

Ana siguió llorando, pero lo hizo en silencio. Sabía que si seguía intentando defender a esa mujer terminaríamos discutiendo y ya estaba harto de ella.

Al día siguiente poco después de mediodía sonó el timbre de nuestra casa. Ana había salido y yo estaba solo. Cuando abrí la puerta era Bea con tres maletas de gran tamaño, frente a mi tenía las llaves de la que fue su casa.

—Se que tú verás a Carlos mucho antes que yo, si es que llego a verle de nuevo. Haz el favor de darle estas llaves y…y dile que lo siento.

—Le daré las llaves Bea, pero ni de coña le voy a decir que lo sientes, eso no te lo crees ni tú. Aunque sentirlo seguro que lo debiste de sentir cuando te estaban follando. Bea, quien juega con fuego termina quemándose.

—Sabes Luis nunca me causaste buena impresión, nunca me caíste bien, creo que si hubiese follado contigo me hubiese arrepentido.

—Bueno Bea, el sentimiento es mutuo, aunque a mí ni se me paso por la cabeza el follar contigo.

Bea quiso responderme pero no la dejé, si seguíamos por ese camino sé que acabaríamos discutiendo y haciéndome a mi culpable de sus desgracias. Vi su mirada de odio hacia mí, su desaprobación, su desagrado. Llamó al ascensor mientras me mantenía esa mirada de cabreo, antes de entrar me lo dijo con desprecio.

—Ana se merece algo mejor que un mindundi como tú, estúpido.

Nadie nace enseñado y es la vida quien a base de golpes te va enseñando y a los que no lo sepan, nunca, lo leéis bien, nunca os enfrentéis a una mujer cabreada y herida en su orgullo, tarde o temprano lo terminaréis pagando. No sabía hasta qué punto esas últimas palabras de Bea cambiarían mi vida.

La vida continúa, queramos o no. Ese mismo día, un cerrajero cambió la cerradura de la casa de Carlos. No fue hasta pasados quince días que no le vimos por primera vez entrando con una maleta en su casa. En ese momento salíamos Ana y yo y tuvimos que pasar el mal trago. Se que miles de recuerdos se agolparon en su cabeza según abrió la puerta pero tenía que superarlo.

—Carlos, siento mucho lo que has pasado, de veras. Sabes que si necesitas algo solo tienes que pedirlo.

—Gracias Luis, pero esto tengo que pasarlo yo solo o con mi compañero de cuernos, dijo medio riéndose.

¡¡Que tío!! después de lo que había pasado y todavía le quedaba humor para reírse de su desgracia.

—¿Has vuelto a ver a Bea? Preguntó Ana.

—Ana, nunca, nunca vuelvas a mencionarla delante de mí. Ni la he visto, ni la veré más en mi vida. Para mi ha muerto. Lo último que se de ella por amigos es que se ha ido a Sevilla.

Eso lo sabíamos porque Bea no podía pasar sin hablar con ella todos los días y empezaba a preocuparme, aunque pensé que con el tiempo se iría distanciando. Podía entender que la echase de menos.

—Vale Carlos, perdona, no volverá a ocurrir. Se disculpó Ana.

Hablamos alguna banalidad más y nos despedimos, sabíamos que ahora empezaba una nueva vida para él. Las siguientes semanas nos demostraron que entre el trabajo y alguna amiga que se llevaba a casa no le sería difícil pasar página aunque creo que no lo llegaría a olvidar.

—Pues me parece muy mal que sea tan superficial, se quejaba Ana, ella lo echa muchísimo de menos y me parece que es muy pronto para que se lie con otras.

—Ya, seguro que lo echa de menos con uno dándole mandanga entre sus piernas. Menuda es esa zorra. Dije con ironía.

Me empezó a preocupar que Ana y Bea se pasaran horas hablando. Pero más me preocupaba que cuando hablaban Ana solía irse a nuestro cuarto y cerraba la puerta con seguro y lo que me terminó de rematar es que Ana cambió su contraseña para entrar a su móvil, cosa que nunca habíamos hecho, nuestros teléfonos eran transparentes para nosotros y si hacia eso es que algo escondía. Eran muchas las veces que se iba al baño, se llevaba su móvil y se tiraba un buen rato encerrada. Cuando venía la notaba sofocada, roja y alguna que otra vez marcando unos pezones imposibles de dejar de mirar, parecía que se había masturbado o algo así, la verdad, estaba muy confundido. Quise hablarlo con ella, pero siempre obtenía la misma respuesta, que todo iba bien y no ocurría nada.

Sucedió en uno de los muchos viajes que hacía. Mi empresa me dijo que tenía una reunión muy importante el viernes, con lo que me marcharía el jueves y el viernes a la hora de comer estaría en mi casa de nuevo. Se lo comenté a Ana un par de días antes como siempre y me ayudó a hacer la maleta el jueves a primera hora. Me fui a la estación de tren pero antes de subirme una llamada de última hora del director me comunicó que la reunión se había cancelado y se postponía hasta nueva fecha.

Se que Ana se pondría contenta al saber que no iba a Madrid. Me subí en el primer taxi libre y me fui a casa a dejar la maleta. Cuando llegué y me dirigía hacia mi portal vi ese Smart For Two Cabrio blanco que muchas veces había visto cuando Carlos se iba de viaje y dejaba sola a Bea, pero si no estaba Bea… ¿Qué demonios hacía allí?

En un momento mi mente ató cabos y se me heló la sangre en las venas, el aire no me llegaba a los pulmones y ese malestar en la boca del estómago mientras la adrenalina inundaba mi sangre se intensificó. Ni esperé al ascensor, subí las escaleras de dos en dos mientras iba rogando.

—No, no, no, tú no mi amor…por favor que no seas tú. Imploraba mientras subía.

Nada más abrir la puerta de mi casa un grito se clavó como mil puñales en mi corazón y mi cerebro.

—¡¡¡ ME CORROOOOOOOO…NO PAREIIIIS!!!

Desde nuestro dormitorio se oían voces, gemidos, algún insulto y sobre todo el choque de las pelvis cuando alguien folla. Según entre en el salón vi ropas tiradas por todos los lados, camisas, pantalones, zapatos, la camiseta de Ana que llevaba por la mañana antes de irme y al lado su tanga. Los celos me estaban matando, cogí el tanga de Ana, estaba empapado, me lo llevé a mi cara y olí su excitación pensando en lo que le habrían hecho para excitarse de esa manera. No lo pude evitar y me eche a llorar como un niño, otra vez ocurría, iba a presenciar cómo se follaban a la mujer que amaba.

Cuando pude ver nuestra habitación me fallaron las piernas. Ana estaba ensartada, dos pollas la percutían salvajemente arrancándole unos gemidos y unos gritos que nunca había escuchado en ella. Como un cornudo gilipollas subnormal, saque mi móvil y me puse a grabar aquello que mis ojos se negaban a ver, en esos momentos me hubiese gustado ser un ciego y un sordo, un vegetal que ni siente ni padece y así evitarme ese dolor y ese sufrimiento al ver a la mujer que más amaba siendo follada por otros hombres.

—¿No querías esto? Decía el que la follaba el culo. Dos buenos rabos para ti solita, Bea nos ha hablado mucho de ti y ya teníamos ganas de conocerte.

—Diooooos tía como me aprietas la polla, decía el otro…me voy a correr.

Ana solo se limitaba a gemir y a gritar cuando le llegaba otro orgasmo. Bea, como no, me dijo que algún día me jodería y no sabe lo bien que lo ha hecho.

Estuvieron así casi quince minutos en los que Ana se corrió tres veces más y bufando como animales esos hijos de puta empezaron a correrse. Ana levantó la cabeza cogiendo aire mientras se corría nuevamente y luego los tres se quedaron quietos recuperando el aliento. Cuando se salieron del interior de Ana observé dolido que encima lo habían hecho a pelo, del coño y del culo de Ana salían borbotones de semen que caía sobre el que estaba debajo. Ana se echó a un lado de la cama espatarrada mientras se acariciaba.

—¿Tienes alguna cerveza en el frigorífico? Preguntó uno de ellos.

—Si, respondió Ana con cansancio, alguna debe de quedar.

—Yo voy al baño, dijo el otro.

Cuando ambos se pusieron en pie me impresionó el calibre que gastaban esos cabrones. Unas pollas muy parecidas a la de Marc. Paré la grabación y me fui hacia la entrada. En un momento de lucidez decidí irme de mi casa. Si me quedaba ¿Qué iba a hacer? ¿Parar eso? ¿Liarme a guantazos? ¿Matarlos? De seguro que de una manera u otra saldría perdiendo, esas moles de casi dos metros me dejarían muy mal parado y eso no me haría sentir mejor, las acciones en caliente suelen ser malas consejeras. Lo que si tenía claro es que esto no iba a quedar así, Ana me había traicionado y lo iba a pagar, seguro que lo iba a pagar.

Sali sigilosamente de mi casa y me fui a la calle destrozado, roto por la traición de Ana, no esperaba eso de ella. Pensé en que hacer y la verdad no se me ocurría nada. Sin rumbo fijo, como un autómata me encontré en el AVE rumbo a Madrid. No sé qué es lo que iba a hacer allí, lo que si necesitaba es estar lo más lejos posible de Ana. Durante el viaje no hacía nada más que pensar ¿cuántas veces había ocurrido? ¿Desde cuándo me engañaba? ¿Y qué es lo que la llevó a actuar así?

Mis manos jugaban con mi teléfono móvil, sin saber muy bien que es lo que hacer. Como un estúpido me paré en contactos y como quien no quiere la cosa apareció el nombre de Blanca, mi ex. Pensaba, no sé por qué, que esa entrada la había borrado hace tiempo, pero vi que no, ahí estaba su foto y su número de teléfono ya olvidado por mí. No sé por qué acaricié la pantalla y me eche a llorar de nuevo, cuando me tranquilicé y sin recapacitar di a “llamar” pensando que incluso ya ese número después de cuatro años a lo mejor ni lo tendría Blanca. A los tres tonos de llamada alguien contestó, era una voz de mujer.

—¿Dígame…?

—Ehhh…Blanca, ¿Eres tú?

—Si, ¿Quién eres? Preguntó extrañada.

—Soy…soy Luis, no sé si te acordarás de mí. Dije con voz temblorosa.

—¡¡¡LUIS!!! Como no me voy a acordar de ti, que alegría volver a oírte. Dijo Blanca emocionada. Y cuéntame ¿Qué tal te va? ¿Qué ha sido de tu vida?

—Bueno, estuve en Alemania trabajando algo más de tres años y ahora…ahora…

—Luis, quizás sea por la emoción, pero te noto muy extraño, ¿Te ocurre algo?

—No…bueno, si…la verdad…es…es que. La presión me pudo y me eché a llorar con Blanca al teléfono.

En un principio se quedó callada, muda, y no me extraña no es muy normal que un exnovio te llame al cabo de los años y al cabo de cuatro frases mal contadas se te eche a llorar por teléfono.

—Lo…lo siento Blanca, no quería incomodarte.

—A ver Luis, no me incomodas, pero algo muy grave te debe de ocurrir para llamarme después de tanto tiempo y te eches a llorar por teléfono. Vamos a olvidar lo que ocurrió entre nosotros, aunque sé que es difícil, y dime que te ocurre y como te puedo ayudar.

—Bueno, la historia es un poco larga y no sé si la terminaré antes de llegar a Madrid. Dije tranquilizándome un poco.

—¡¡Ah!! ¿Pero no estás en Madrid? Preguntó Blanca extrañada. Entonces ¿Dónde estás?

—Voy en el AVE camino de Madrid, llegaré a la estación en poco menos de cuarenta minutos. Yo ahora vivo en Málaga.

—Vale, vale…¿Sabes? Se me empiezan a agolpar las preguntas en mi cabeza. Creo poder llegar a tiempo a la estación, si no me ves cuando bajes del tren espérame, voy a buscarte.

Blanca dio por terminada la llamada y no sé si me dejó más tranquilo el saber que la vería de nuevo. Sabía que no estaba en mi mejor momento, era muy vulnerable y Blanca me acribillaría a preguntas. De mi cabeza no se quitaban las imágenes de Ana follando con esos dos tipos mientras la llenaban de semen y me seguía atormentando al preguntarme si seguirían en mi casa y en mi cama follando.

Cuando bajé del tren miré a ambos lados intentando encontrar a Blanca y no me fue difícil localizarla, destacaba entre toda la gente, seguía siendo un bellezón impresionante. Nuestros ojos se encontraron enseguida y ella me sonrió de forma cautivadora viniendo hacia mí con paso decidido. Lejos de darme un par de besos, que me los dio, me abrazó con fuerza dándome cariño. Necesitaba ser fuerte y no derrumbarme frente a ella, odiaba que me viese llorar aunque una lágrima se me escapó. Cuando deshizo el abrazo me miró y acarició mi cara.

—Tienes una pinta horrible, pero me alegro mucho de verte, aunque sea de esta manera. Dijo Blanca con afecto.

—Siento haber irrumpido así en tu vida de nuevo. Me disculpé.

—No seas tonto, me alegra que te hayas acordado de mí. Anda vámonos.

Empezamos a andar, imaginaba que nos iríamos a una cafetería a charlar, pero me llevó hasta su coche, metió mi trolley en el maletero y arrancó.

—¿A dónde vamos? Pregunté.

—A mi casa, bueno, a mi nueva casa, la que conocías la dejé al poco de irte tú. Esta es más grande y tiene más comodidades.

—No Blanca, no por favor, tu pareja o tu marido no tiene por qué aguantar esto. Mejor vamos a otro sitio.

—¿Marido? ¿Me ves con pinta de casarme? Dijo riéndose. No cielo, ni pareja ni marido ni nada que se le parezca, soy totalmente libre.

—Yo…yo pensé que…bueno…después de todo aquello…en fin…

—¿Qué Marc y yo seguiríamos juntos? No cielo, digamos que tú eras como el pegamento que le mantenía unido a mí. Una vez se enteró de que ya no estabas en mi vida, tardo poco más de una semana en dejarme tirada, pero sabes, me lo tenía bien merecido. En aquella relación perdí más de lo que me podía imaginar y ese fue uno de los motivos por los cuales me mudé, esa casa me traía demasiados recuerdos, más de los que deseaba.

—¿No me digas que después de más de cuatro años no has estado con nadie? Pregunté extrañado.

—Bueno, a ver, he tenido algún rollete, durante unos cinco meses estuve viviendo con un tío, pero era tan decepcionante que mandé todo a la mierda y decidí mantener celibato. Pero eso no quita que cuando me apetece me lleve a alguno a la cama, pero unos juegos preliminares y pasamos a la acción, si merece la pena pasa la noche conmigo, si no le despacho rápidamente.

Nos quedamos callados por unos minutos, ella conducía y salimos hacia la autopista de Valencia. Pasados unos kilómetros nos metimos por uno de los desvíos que indicaba el camino hacia una urbanización y al poco rato estábamos en su casa, mucho más bonita que donde vivimos y mucho más luminosa. Sinceramente si llega a vivir en el mismo piso creo que me hubiese venido abajo definitivamente recordando la noche que Marc se folló a Blanca delante de mis narices.

—Bueno, siéntete como en tu casa, si me perdonas voy a cambiarme, sabes que me gusta ponerme cómoda cuando llego a casa, eso no ha cambiado.

Al poco Blanca aparecía con una bata de seda corta, muy corta y descalza. La muy cabrona sabía que eso me ponía a mil y encima se adivinaba que debajo de esa bata solo llevaría su braguita. Se sentó a mi lado pero de forma que quedaba frente a mí. Esa bata la tapaba más bien muy poco y ya adivinaba su tanga blanco debajo de esa prenda y los pezones marcados claramente.

—Sigues siendo igual de provocativa que siempre, en eso no has cambiado nada. Dije mirándole las tetas descaradamente.

Se incorporó ligeramente acercándose a mí y dejándome ver sus tetas a través de la bata, me besó delicadamente y volvió a sentarse, pero ahora ya se veía su tanga sin problema, empezaba a ponerme nervioso.

—Primero hablemos de ti y luego hablamos de lo provocativa que soy. Y ahora cuéntame que es lo que te ha pasado para que estés en este estado.

—Básicamente, se supone que hoy tenía que venir a Madrid a una reunión, antes de subirme al tren me llamaron para comunicarme que se suspendía, me fui a mi casa a dejar la maleta y cuando entre me encontré a mi mujer en nuestra cama mientras se la follaban dos tíos a la vez.

Saqué mi teléfono móvil y le puse el video que había grabado cuando esos dos hijos de puta se beneficiaban a Ana. Blanca abrió mucho los ojos y lo volvió a ver de nuevo, yo me tape los oídos, no quería escuchar como Ana gemía y gritaba cuando se corría.

—¡¡¡ JO…DER!!! Exclamó Blanca sorprendida, vaya golfa está hecha tu mujercita y vaya trancas se está follando.

—¡¡¡BLANCA POR FAVOR!!! Grite dolido ante ese comentario.

—Lo…lo siento Luis, pero me ha parecido muy fuerte.

Nos quedamos callados los dos por interminables minutos, los dos serios mirando a la nada, empezaba a pensar que no había sido buena idea llamar a Blanca y el pensamiento de irme de su casa corriendo se hacía cada vez más fuerte.

—¿Por qué Luis? ¿Por qué no has hecho nada? Ni cuando yo me follé a Marc en tus narices ni ahora cuando has pillado a tu mujer con esos dos, ¿Por qué?

—En tu caso te reconozco que me pillaste fuera de juego, no me lo esperaba. Cuando quise reaccionar o aceptaba eso o te perdía, y te amaba demasiado para perderte. Con lo de Ana casi me vuelvo loco, los celos y la ira me consumían, pero ¿te has dado cuenta de la corpulencia de esos dos? Estaba claro que si me enfrentaba a ellos encima me darían una paliza delante de Ana.

—A las mujeres nos gusta sentirnos deseadas por un hombre seguro de sí mismo, que no se amedrente ante ninguna situación y que si nos ve disfrutando con otro hombre, haga valer su hombría delante de él.

—¿Y por qué delante de él? ¿Por qué no delante de ti? Se sincera, ¿De quién fue la idea de follar con Marc delante de mí?

—Fue mía por supuesto, dijo Blanca segura.

—Entonces, ¿Por qué debo de pegarme con Marc? ¿Acaso te obligó a hacer algo que no deseabas? Las mujeres decidís en todo momento, donde, como, cuando y con quien o quienes, y si no es así entonces es una violación. Dije dolido. Marc lo único que hizo fue dejar a su instinto más primario actuar. Una hermosa mujer le había propuesto sexo sin límite. Si tu no lo hubieses deseado eso nunca habría ocurrido

—¿Me estás diciendo que lo del video lo quería Ana?

—Por supuesto, era su deseo más oculto, ni yo mismo lo sabía.

—A ver, te estas contradiciendo, ¿Lo sabias o no lo sabias?

Esto se iba a alargar más de la cuenta, por lógica había partes sueltas que Blanca no entendía, yo no es que tuviese muchas ganas de hablar, así que le puse el video de ese día en el bosque cuando follaban Carlos y Bea, con eso podría empezar la historia del ¿Por qué? Ana hizo lo que hizo.

Como en el video anterior, lo vio dos veces y no perdió detalle, pero no pude dejar de ver su cara de decepción cuando vio la pollita de Carlos.

—El tío está buenísimo, pero calza una polla del montón, vaya nada del otro mundo. Ahora, la chica es una preciosidad, joder que cuerpazo, ¿Te la has follado? ¿Quiénes son, se ve que os conocen?

—No, no me la he follado, es una zorra de cuidado y ellos eran nuestros vecinos, son la causa de todo lo que ha pasado hasta esta misma mañana.

—Bien Luis, soy toda oídos, cuéntame todo lo que ha pasado.

Le conté pormenorizadamente toda la historia desde que llegamos a Málaga hasta lo ocurrido esa mañana en mi casa, algo que no me esperaba. Fueron horas de conversación con algún inciso para ir a por algo de beber o al baño. Le conté como día a día nuestra relación se vio afectada por la dependencia que Ana tenia de Bea, hasta el punto de ser para ella más importante que yo. Blanca me escuchó atentamente, me dejó desahogarme y me dio consuelo cuando me venía abajo.

Al final terminé tumbado en el sofá, con mi cabeza en su regazo mientras sus dedos la acariciaban delicadamente y jugaban con mi pelo. La bata estaba ligeramente abierta con lo que veía parcialmente sus pechos desde mi posición y sabía que por abajo ya no la cubría nada, mi cabeza se apoyaba sobre su braguita y si miraba de soslayo veía su ombliguito. Aun estando en el estado en el que me encontraba empecé a excitarme al saber que Blanca estaba prácticamente desnuda a mi lado.

—Anda cariño, déjame levantarme. Me pidió Blanca.

Para cuando quise verla ella ya se había arreglado la bata y la volvía a cubrir sin mostrar nada pero dejando adivinar todo, mientras se dirigía a la cocina y yo la seguía.

—Con toda esta historia se ha hecho tardísimo, ¿No tienes hambre?

—La verdad Blanca es que tengo el estómago revuelto, no tengo hambre. Casi me voy a ir a buscar un hotel, si no se me va a hacer tardísimo.

—¿Tú eres tonto? Tú te quedas en mi casa, hay sitio de sobra y además me gusta mucho tenerte aquí.

—Pero Blanca, tú tienes tu vida, tu trabajo, tu gente. El que yo esté aquí puede ser que te eche abajo algún plan.

—Mira, te lo voy a decir muy claro, no quiero que te vayas, quiero que te quedes conmigo y de hecho mañana me pido el día libre para estar contigo. No quiero que estés solo, no te conviene, ¿Te ha quedado claro?

—Bien, no te voy a decir que no, pero tampoco quiero agobiarte con mis problemas, ya has hecho bastante escuchándome toda la tarde.

—Bien, porque de eso también quería hablar contigo. Creo, más bien estoy segura, que tu amorcito es una sumisa, que además se ha enamorado de esa tal Bea. Esa mujer se ha dado cuenta de la sumisión de Ana y la va a emputecer, va ser su juguete y el juguete de los demás. Se que no querías oír esto, pero la cosa va a ir a peor, no es el primer caso que veo de este estilo.

Sabía que una de las virtudes de Blanca no era el tacto, según lo pensaba lo soltaba por la boca tal cual y sin anestesia. Mirado desde fuera y siendo objetivo, tenía toda la razón del mundo y más cuando en mi teléfono móvil, sonó la entrada de un nuevo wasap. El contacto no estaba en mi agenda, pero según lo abrí, supe que era de Bea.

Me mandaba fotos de Ana siendo follada por esos dos animales, en todas las posturas imaginables, con sus pollas clavadas hasta los huevos en su culo o en su coño. Corridas en su cara, su boca, sus tetas, fotos en primer plano de su coño y su culo escupiendo semen y por último un video en el que primero uno se corría en su coño y luego el otro le clavaba la polla en el culo haciendo gemir como una puta a Ana y se lo llenaba de leche.

Otro wasap de Bea entro en ese momento… «Y todavía no han terminado con ella. A estas horas se siguen follando a tu mujercita, creo que va a ser una noche muuuuy largaaaaa. Te dije que un día te jodería, y lo he hecho, además he sabido hacer cumplir el deseo más oculto de tu mujer, cosa que tú no harías nunca. Que disfrutes de las fotos y el video, cornudo»

Me eché a llorar de nuevo y salí de esa cocina roto por el dolor de la traición. No sé si hay diferentes escalas de celos, pero yo debería de estar en la más alta, me dolía el pecho al respirar, tenía una sensación extrañísima en la boca del estómago que lo achacaba a los celos y tenía unos escalofríos terribles. Me fallaron las piernas y me arrodillé en mitad del salón llorando de impotencia y con ideas de muerte pasando por mi cabeza. Llevé mis manos a mis ojos y los tapé y gritando lloré por no haber agarrado un cuchillo y haberme liado a puñaladas con esos tres.

Blanca vino casi al instante y se arrodilló frente a mi abrazándome con fuerza, mientras besaba mi cara y me decía frases de cariño. Me costó calmarme una barbaridad y volver a ser yo mismo, estaba como aletargado y no me enteraba muy bien de lo que pasaba. Se que Blanca me hablaba pero yo no entendía nada, más bien hacía que la escuchaba pero sin oírla. Llegó un momento en el que me encontré bebiendo una infusión y me tomaba una pastilla, un vago recuerdo de Blanca ayudándome a desvestirme y caí en un profundo sueño.

No sé qué hora seria, todavía no había amanecido pero me desperté asustado sin saber muy bien donde me encontraba. A mi mente acudieron de inmediato las imágenes que había visto y se me hizo un nudo en la garganta. Sabía que mi relación con Ana había terminado de la forma más descarnizada que una persona se pueda imaginar, la sensación de abandono, de falta de amor por parte de Ana se hacía patente con cada imagen, cada gemido, cada…corrida que salía de su coño, de su culo o se depositaba en su boca, pensando erróneamente que esos templos solo los reservaba para mí, pero no, eran de dominio público y yo fui testigo de ello.

Fui consciente en ese momento de donde me encontraba y con quien me encontraba. Estaba desnudo, en la cama de Blanca, notaba su cuerpo cálido pegado al mío, levanté un poco el edredón y vi que ella también estaba desnuda. Me moví ligeramente y ella ronroneó abrazándose más a mí y dejándome sentir cada parte de su cuerpo. Fue inevitable el que mi pene tomase vida propia al sentir ese contacto y se irguiese insolente ignorando mi tristeza y la mujer que tenía al lado, solo sabía que tenía una diosa desnuda junto a mí.

Me dediqué a pensar en lo que quería hacer, en como quería que fuese mi vida. En un principio en esa vida no cabía ninguna mujer y en mi cabeza solo oía la palabra VENGANZA. Era viernes, se supone que por la mañana debería de subirme a un tren que me dejaría a la hora de comer en casa con Ana, pero mi cabeza se negaba en redondo a verla, no quería saber nada de ella. ¿Y si Ana ya sabía que Bea me había mandado eso? No, sería demasiado fácil, Bea deseaba que yo montase un numerito de celos a Ana y así sabría que nuestra relación había explotado en mil pedazos y entonces se daría por satisfecha. Seguía cavilando en como poder vengarme de Ana y no se me ocurría nada, estaba demasiado ciego, demasiado furioso para pensar un plan, porque lo único que se me ocurría, acabaría con mis huesos en la cárcel y no quería arruinar mi vida.

Un comentario sobre “Los fantasmas del pasado (2)

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