ECONOMISTA

20

Como echaba de menos los tiempos en que quedábamos con Víctor para que se follara a mi mujer, necesitaba volver a vivir ese tipo de situaciones. Ahora Claudia estaba centrada en el trabajo, llevaba más de tres meses en el nuevo puesto y cada vez parecía que se acordaba menos del instituto.

Se acercaban las fiestas navideñas y la posibilidad de encontrar un nuevo corneador cada vez eran menores. Yo había centrado muchas expectativas en Germán, pero después de un par de reuniones con él, mi mujer no había conseguido ningún avance, aunque por lo menos fantaseábamos con esos encuentros y gracias a Claudia él no dejó el AMPA y siguió como su mano derecha, siendo mi mujer la presidenta de la asociación de padres del colegio.

Otro con el que fantaseábamos de vez en cuando era el jefe de Claudia, Basilio, me recordaba mucho a lo que pasaba con el viejo director del instituto, dependiendo del día que tuviera mi mujer a veces le apetecía hablar de él y otras me decía que no sacara el tema, que eso no la excitaba nada, yo que ya la conocía seguía con mi vieja táctica de esperar a que fuera ella la que le apeteciera fantasear con su jefe. La sola idea de que pudiera tener algo con él me daba mucho morbo, pero el tal Basilio no me gustaba nada, no me acababa de fiar de él. Tenía algo que no me daba buena espina, aunque no sabía explicar lo que era.

Total que solo nos quedaban los encuentros virtuales con Toni, que seguían siendo muy excitantes, Claudia se soltaba del todo haciendo siempre lo que él pedía y yo me aprovechaba de ello, llegando a hacer cosas a mi mujer que jamás me hubiera permitido. De hecho a veces en privado me conectaba con Toni y planeábamos algo sin que lo supiera Claudia, “hoy me apetece correrme en su cara, cuando la veas muy cerda, díselo que me deje hacerlo”, cosas así. A falta de un corneador estos encuentros virtuales hacían que Claudia sacara su vena exhibicionista poniéndose muy cachonda.

Estábamos en época navideñas, cenas familiares, de empresa, salir a comprar regalos, todas esas cosas. Aunque habían pasado algunos meses desde lo de Carlota a mí me seguía dando miedo que un día ella en un ataque de conciencia terminara contando lo que pasó en Salamanca entre nosotros y ahora que era Navidad e íbamos a tener varias reuniones familiares estaba bastante preocupado. En cuanto a Marina seguía con sus proyectos televisivos y cada vez tomaba más fuerza la idea de que pudiera pasar a trabajar en un canal de ámbito nacional, como colaboradora, e incluso la habían propuesto dirigir en verano un programa matinal como sustituta de la presentadora principal.

Cuando me quedaba a solas me seguía pajeando con mis dos cuñadas, había sido un año interesante con ellas, una me había enseñado sus preciosas tetas nuevas y la hermana mayor de mi mujer me había pajeado en el viaje a Salamanca. Me encantaba abrir la carpeta donde guardaba sus fotos y meneármela muy despacio hasta que estaba a punto y ya dejaba de tocarme. Entonces me metía un dedo en el culo y pasaba fotos hasta que mi polla explotaba sola. Cómo me gustaban esas pajas.

Aunque mi mujer estuviera centrada en el trabajo también tenía que oxigenarse de vez en cuando. Un día me dijo que para el fin de semana había quedado para salir con su amiga Mariola, que hacía mucho que no se iban de cena juntas y le apetecía mucho. Yo estaba encantado, siempre aprovechábamos esos encuentros para echar unos buenos polvos cuando volvía, además recordaba que la última vez que salió con ella llegó sin ropa interior y según me dijo, alguien le había comido el coño esa noche, yo me lo tomé como una fantasía, pero tal y como lo contaba Claudia sonaba bastante real. Me encantaba cuando salía de fiesta y me mandaba algún mensaje en medio de la noche despertándome, para decirme que estaba con algún chico o que había ligado, cosas de esas.

Recuerdo bien aquel sábado, se estaba vistiendo bastante guerrera, una minifalda cortísima de cuero negro con una camiseta también negra de manga larga ajustada, unos botines negros con tacón alto que se había comprado nuevos y también unas medias con puntos muy sensuales que la llegaban por encima de la mitad del muslo. De pie casi se la veía la parte final de las medias, pero cuando se sentaba ya era más escandaloso y se veía la parte final más oscura, eran las típicas medías que suelen ir acompañados de unas ligas, aunque Claudia no se las había puesto.

―No sé ―dijo mirándose en el espejo―. Con esta falda se me ven mucho las medias, no crees?

―Joder Claudia, ¿de verdad vas a salir así?, te van a entrar todos los tíos de la ciudad, estás impresionante.

Mi mujer se sentó en la cama y cruzó las piernas mirándose en el espejo, al sentarse evidentemente se la subía la falda y se la veían prácticamente las medias al completo.

―Es demasiado, creo que voy a cambiarme ―dijo ella.

―No, no, ni se te ocurra…

―No voy a ir a gusto con esto puesto, parezco una fulana pidiendo guerra ―dijo poniéndose de pie y levantándose un poco la falda para que viera las mini braguitas transparentes que llevaba.

Se me puso dura al momento, me encantó como mi mujer me acababa de enseñar sutilmente su ropa interior, no era un tanga lo que llevaba, sino braguitas, pero muy estrechas lo que hacía que también se la metieran un poco entre los cachetes del culo.

―Por favor Claudia, sal así esta noche con tu amiga…te lo pido por favor.

―Si salgo así ya puedes dejar el móvil encendido, te voy a estar mandando mensajes toda la noche, ya lo sabes…

―Ufffffffffffff Claudia, me derrito, joder, te lo juro que ya la tengo dura…no me digas esas cosas…

―Mmmmmmmmmmmmmmm, tranquilo cornudito, ni se te ocurra tocarte, quiero que estés disponible cuando llegue, posiblemente tenga ganas de más fiesta ―dijo acariciándome la polla.

―Mándame mensajes por favor Claudia, sabes que me gusta mucho…

―Ya veremos.

Terminó de arreglarse en el dormitorio y después se puso un abrigo que le tapaba el culo, era casi lo único que le iba a dar calor en pleno invierno. Cuando salió de casa ya habíamos acostado a las niñas. Se avecinaba una noche muy interesante, me bajé el portátil al salón y empecé a pajearme, leyendo algún relato, viendo videos de cornudos y con las fotos de mis dos cuñaditas.

A la hora tenía la polla a punto de explotar, pero mi mujer me había prohibido correrme, así que no lo hice. Tuve que ver un rato la tele para poder enfriarme, pero al rato ya estaba otra vez meneándome la polla.

Se me iba a hacer muy larga la noche.

Se miró en el espejo una vez que terminó de maquillarse, le gustaba darse la vuelta para ver cómo se le marcaba el culo con esa falda de cuero tan corta. Esta vez se había pasado con el vestuario, Mariola le había advertido que se pusiera “pibón”, pero tal y como iba era muy exagerado y se había pasado hasta “putón”, sobre todo era llamativo el detalle de las medias que se la veía el dibujo por debajo de la falda simplemente con andar un poco. No iba a poder sentarse en toda la noche.

En un primer momento dudó de si cambiarse las medias, pero enseguida se echó para atrás, se dio cuenta de que se estaba excitando mucho por ir vestida así, como una jodida buscona, incluso estaba decidida a dejarse llevar y hacer caso a su amiga y si surgía terminar con dos tíos en su casa. En caso de no encontrar a nadie no descartaba en absoluto volver a follar con Mariola.

“Vamos a salir a darlo todo, vete preparada a terminar la noche con un buen orgasmo, si no es con una polla va ser conmigo” le había advertido Mariola la última vez que habían hablado. Aquella frase le había excitado terriblemente.

¿Cómo olvidar la otra vez que salieron juntas? Terminaron metiéndose los dedos por el culo, mientras se frotaban los coños y se comían la boca. Tal cual. Y la sola idea de repetirlo hacía que Claudia llevara unos días extremadamente cachonda, además no se había “aliviado” a propósito, para salir más caliente si cabe.

Se miró de nuevo en el espejo, ella sabía que estaba buenísima y que podría terminar la noche con quien quisiera, así que iba a salir sin ninguna idea. Solo pasarlo bien y lo que surgiera.

Cogió un taxi que la llevó hasta el restaurante donde había quedado con su amiga Mariola y quiso comprobar desde el inicio el efecto que iban a provocar sus piernas toda la noche, no se le ocurrió otra cosa que sentarse en el asiento del copiloto junto con el taxista y luego cruzó las piernas. El conductor era un chico joven, negro, muy educado, sobre 27 o 28 años que no pudo reprimir mirar hacia abajo. Claudia se fijó que llevaba frente a él fotos de su mujer con sus dos niños.

―¿Son tus hijos?

―Sí ―dijo él.

―Tienes una familia muy guapa. Enhorabuena.

―Muchas gracias señora.

―Luego por la noche necesitaré un taxi para volver a casa, ya sé que hay que llamar a la emisora y tal, pero si quieres déjame tu teléfono y te llamo personalmente, si te parece bien…me gusta tener el número de alguno de vosotros para poderos llamar…

―Sí, claro…llámeme mejor, no me mande un mensaje de WhatsApp, porque estaré trabajando y puede que no lo vea…

―Vale, pues si me dices tu número te apunto, dijo Claudia sacando el móvil.

―675343…

―Vale y te llamas?

―Modou..

―¿Modou?, nunca había escuchado ese nombre.

―Sí, es típico de mi país.

―¿De dónde eres?

―De Senegal, señora.

―No me llames señora, jajajaja, que no soy tan mayor…

―Disculpe ―dijo Modou volviendo a mirar hacia abajo, pero esta vez con una mirada distinta a la anterior, más libidinosa, más atrevida, fijándose en las piernas que Claudia cruzaba descaradamente para él―. Ya hemos llegado, aquí es el restaurante, son 7,50…

Claudia le dio un billete de diez euros antes de bajarse.

―Quédate el cambio…venga hasta luego…te llamaré…

“Tranquilízate un poco Claudia”, se dijo a sí misma. Ese comportamiento tan descarado no era propio de ella, tenía un carácter serio e introvertido y aunque no había hecho ni pasado nada, le parecía que había estado demasiado “libertina” con el pobre Modou.

También le había parecido muy mono el taxista senegalés, nunca había fantaseado con un negro, pero viendo la foto de familia le había restado mucho las posibilidades de intentar algo con él, aunque esa noche no se iba a cerrar ninguna puerta. Era una opción más y tal y como le había mirado las piernas antes de bajarse del coche no le cabía ninguna duda de que el senegalés estaba dispuesto a pegarla un buen pollazo si llegara a surgir la ocasión.

Entró en el restaurante y Mariola ya la estaba esperando en la barra tomándose una copa de vino, las dos habían llegado un poco antes de la hora acordada. Apenas se habían visto un par de veces en los últimos meses y tenían que ponerse al día de muchas cosas. Claudia enseguida se dio cuenta de que ella no iba a ser la única que llamara la atención durante la noche.

Mariola se había quitado el abrigo y estaba sentada sobre un taburete alto con las piernas cruzadas, llevaba una camisa gris medio abierta y debajo un top negro escotado, el sujetador realzaba y apretaba sus tetas que lucían mucho más grandes de lo que realmente eran, en la parte de abajo se había puesto unos legging de cuero por encima del tobillo junto con unos zapatos de tacón. Le quedaban tan ajustados los legging que apenas le hacían arrugas. Se le marcaba todo el culo a lo bestia, no quedaba nada a la imaginación, era como una segunda piel.

Se dieron dos besos y Claudia se sentó a su lado sin quitarse el abrigo.

―Otro de lo mismo que estés tomando tú ―dijo viendo la copa de vino blanco de su amiga.

―Joder, por fin, qué ganas tenía de esto, parece que me estás evitando tía ―dijo Mariola.

―Sabes que no, pero ahora tengo un poco menos tiempo y no puedo estar saliendo todos los fines de semana, además así es más divertido, si saliéramos todos los fines de semana al final nos aburriríamos…

―Eso puede ser, pero tenemos que ponernos al día, no podemos dejar que pase tanto tiempo, desde la última vez, seguro que tienes novedades…

―Pues poca cosa, la verdad, seguro que tú tienes más cosas que contarme…

―Yo sí, tengo cositas que contar, pero no corramos tanto, que acaba de empezar la noche ―dijo Mariola.

―Pueden pasar cuando quieran, señoras ―les dijo un camarero de mediana edad.

―Muchas gracias.

Pasaron al salón y Mariola dejó el abrigo en una silla que estaba en su mesa, Claudia antes de sentarse se desabrochó el suyo y se lo fue quitando con lentitud. Inmediatamente los ojos de Mariola y de varios comensales se abrieron como platos y se dirigieron directamente a la rubia y su falda tan corta.

Se sentaron en la mesa y Mariola esbozó una pequeña sonrisa, estuvo a punto de decir algo, pero luego se calló, como si se lo pensara mejor. Afirmó con la cabeza sin decir nada, sonriendo para sus adentros. Parecía que se había quedado sin palabras.

―¿Todo bien? ―dijo Claudia.

―¡Eres una hija de puta!, jajajajaja, ya veo que hoy vas muy en serio, ¿estás necesitada de una buena polla, verdad? ―le soltó de repente.

La pareja que tenían al lado se las quedó mirando y Claudia se puso roja de vergüenza.

―¡Baja la voz!, que nos va a escuchar todo el restaurante.

Mariola se inclinó hacia delante para acercarse a su amiga y hablar más bajito para que solo la escuchara ella.

―Estaba deseando que nos ligáramos a un par de tíos buenorros y nos les lleváramos a mi casa, pero si te soy sincera ahora que te he visto, no me importaría si no ligáramos y nos fuéramos solas como la otra vez, lo único claro que tengo es que tú hoy vas a llegar a casa con tu maridito después de pegarte una buena corrida…

―De momento espero llegar con el estómago lleno ―dijo Claudia cogiendo la carta.

―Zorra, jajajajaja.

―Jajajajajajaja.

Intentaron aparcar el tema del sexo durante la cena, hablando de la familia, las hijas y del trabajo, aunque Mariola siempre acababa con lo mismo.

―Bueno, ¿y qué tal con el Basilio, ese?,¿viajas mucho con él, no?, todavía no te ha tirado los trastos?

―¡¡Noooooooooo!!, qué dices!!!!, ¿¿¿con Basilio???, noooooo,

―¿No te gusta?

―Nooooooo, por favor…no me pone nada…

―Un guaperas no es, está claro, pero no sé, tiene algo…

―¿Tú crees? ―preguntó Claudia.

―Pues claro que sí y tú ya te has dado cuenta, algo seguro que te pone, ¿no follarías con él?, tiene que dar mucho morbo dejar que te folle el jefe…y digo dejar que te folle, ojo que no es lo mismo, tirarte al jefe, que dejar que te folle…

―Algo tiene sí, pero dejarle que me haga algo ―dijo Claudia bebiendo de su copa rápidamente como si la diera vergüenza lo que acababa de decir.

―O sea que ya lo has pensado…

―¡¡¡Noooooooo!!!, me parece un tema que hay que marcar una línea, más o menos como con los alumnos…hay unas líneas rojas que no se deben cruzar…

―Venga no seas aburrida, no empieces con las putas líneas rojas, esta noche no hay líneas rojas joder, no me digas que no te da morbo la idea, viajáis mucho, estáis en hoteles caros, vais de cena, os tomáis una copa, se te ha pasado la idea por la cabeza fijo, que te folle el tal Basilio cuando estáis en el hotel, tener una aventura con él, dejarle que sea el jefe…lo has pensado seguro y a tu marido le encantaría la idea, no me digas que no…

―¡¡Estás loca tía!!

―Loca y cachonda, jajajajaja, desde que te he visto con esa faldita de zorra universitaria que te has puesto…y tú te has mojado enterita en cuanto te he hablado de tu jefe.

―Mejor dejemos de hablar de él…

―Jajajajaja.

―Aunque parece que de primeras está teniendo éxito la falda, ya he ligado antes…jajajaja.

―¿Antes cuando?

―Con el taxista, me ha traído un negrito muy mono…

―Mmmmmmmmmmmmmmmm…

―Y tengo su teléfono para que me lleve luego a casa…

―Joder, no pierdes el tiempo, ¿estaba bueno?

―¿Hoy no salíamos a ligar?, sí, estaba bien, entre 25 y 30 años, atractivo ―dijo Claudia.

―Ya sabes lo que dicen de esa gente, que calzan bien, jajajaja, no he probado ninguno ―contestó Mariola haciendo el gesto con las dos manos.

―No sé, yo tampoco.

―Pues hoy podría ser.

―Podría ser, pero no sé, está casado, tiene hijos…

―Si quieres acabamos tú y yo con él, hacemos un trío, seguro que tiene polla para las dos, jajajajaja.

―Jajajaja, anda deja de decir tonterías.

―¿Pagamos y vamos a otro lado?

―Sí, claro, antes tengo que ir al baño.

―Espera que te acompaño guapa.

Pidieron la cuenta y una vez que pagaron, antes de salir del restaurante, se metieron juntas en el baño. Entonces Mariola se fijó en la falda de Claudia y las medias que llevaba debajo. Se apoyó en la pared sujetando el bolso de su amiga y observando bien como apenas tenía que levantarse la falda, de lo corta que era, para poder mear. Se quedó mirando las medias que llevaba hasta el final del muslo, solo le faltaba la liga.

―Joder Claudia, p

ufffff

, ¿cómo me vienes así? ―dijo echando la cabeza hacia atrás, poniéndola contra la pared.

―¿Así cómo?

―Venga no te hagas la tonta..sabes de sobra como vas…

―¿Y tú qué?, se te marca todo ―dijo mirando a la entrepierna de su amiga―. ¡¡¡Menudo culo!!!, te lo van a mirar todos esta noche y ¿ese sujetador?, te hace unas tetas increíbles…o sea que no digas que como voy vestida que tú también vas…

―Me da exactamente igual si ligamos hoy o no…casi prefiero que no, te quiero para mí cabrona…

―Tranquila que queda mucha noche ―dijo Claudia poniéndose de pie y empezando a subirse las braguitas.

―Toma sujeta ―dijo Mariola pasando los abrigos y los bolsos a su amiga.

Entonces comenzó a desabrocharse los pantalones y se los bajó con poco esfuerzo a pesar de los ceñidos que los tenía. A diferencia de Claudia que llevaba unas braguitas muy sexys Mariola había optado directamente por un tanguita de hilo negro que se dejó puesto unos segundos. Se dio la vuelta y se apoyó contra la pared sacando su culazo hacia fuera. Luego se apartó el tanguita y se metió la mano entre las piernas.

―¡¡Mira como estoy tía!!, ¡¡¡¡te lo juro que estoy empapada!!!!

―No empieces como el otro día, o vamos a tener que dejar de venir a mear juntas…

―Podría correrme ahora mismo sin ningún esfuerzo ―dijo acariciándose lentamente delante de su amiga.

―¡¡Mariola!!, venga haz pis, que nos vamos…

―Con una condición…que me toques el culo…

―¿Te espero fuera, eh?

―Venga Claudia, solo tócame el culo, no te cuesta nada tía…

―De verdad Mariola, ¡¡qué pesada!! ―dijo Claudia estirando la mano para ponerla sobre uno de los glúteos de su amiga.

―Mmmmmmmmmmmm, me encanta, acaríciamelo, por favor ―gimoteó Mariola tocándose otra vez el coño.

―Vale ya ―dijo Claudia retirando la mano.

―Venga no pares, ábreme las nalgas, ahhhhhhhhhhhhhh ―le respondió Mariola empezando a mover las caderas en círculo y masturbándose suavemente delante de su amiga.

Entonces Claudia abrió el pestillo de la puerta y dejó sola a su amiga, que al estar de espaldas, no se dio cuenta hasta que escuchó cómo se cerraba otra vez la puerta. Cuando se quiso dar cuenta Mariola estaba sola, apoyada contra la pared, con el culo hacia fuera y el tanguita a un lado. Estaba a media paja. Cachonda, sensible y sobre todo mojada.

“Joder, que cerda me pone esta tía”, se dijo para sí misma sentándose en la taza para dejar salir al fin su meada.

Claudia se quedó fuera esperando, apoyada contra la pared en lo que terminaba su amiga. Esta vez había logrado escapar, pero no iba a poder estar toda la noche huyendo de Mariola, tarde o temprano tendría que aceptar que ella también estaba excitada, lujuriosa y cachonda. Había salido dispuesta a follar con el que fuera y aunque los días previos a la cena había fantaseado con un encuentro lésbico, ella prefería un hombre. Sin embargo, cuando Mariola le había ofrecido su culo le había calentado sobremanera, que pedazo de trasero tenía su amiga y allí se lo había estado mostrando mientras se metía una mano entre las piernas.

No solo eso, también se lo había tocado. Le había manoseado el culo comprobando el tacto de aquella retaguardia esculpida a base de horas de gimnasio. Cruzó las piernas y se frotó con ellas recordando el tanga de Mariola hacia un lado, mientras le mostraba el culazo sin ningún pudor.

Notó una pequeña contracción en el coño sin tocarse y cuando se frotó un muslo contra el otro allí de pie sintió que le palpitaba la entrepierna. Demasiadas emociones en tan poco tiempo. Primero lo del senegalés en el taxi y ahora ese pequeño encuentro con su amiga.

No tardó en salir Mariola del baño.

―Venga vamos a un sitio que me han dicho que está muy bien…

―Donde tú me digas ―respondió Claudia pasando el abrigo y el bolso a su amiga.

Fueron andando hasta el local, un bar bastante modernito con música de los 90 de todo tipo, rock, nacional, internacional, pop, dance…el ambiente era interesante, tampoco estaba muy lleno para ser las 00:30 de la noche. Era ideal para seguir hablando de sus cosas.

―Bueno, me tienes muy intrigada toda la noche, que era eso tan interesante que me tenías que contar ―le preguntó Claudia.

―Pues, es que no te había dicho nada, pero no te enfades eh?

―¡Ay dios mio, qué habrás hecho!…

―No tranquila, nada que no hubiera hecho antes, jajajaja, a ver cómo te lo digo, es que…pues que me estoy viendo desde hace un mes y medio con Mario ―dijo Mariola poniendo cara de niña traviesa.

―¿Mario?, ¿qué Mario?

―El amigo de Lucas.

―¿Mario Fernández?

―Sí, creo que se apellida así.

―¡¡Joder Mariola, pero si también es alumno mío!!

―Ya lo sé…por eso te digo que no te iba a gustar…pero te lo tenía que decir…

―Te digo que no quiero saber nada de esos temas y tú vas y te lías con dos de mis alumnos…¡¡y encima me lo cuentas!!

―Ayy Claudia, tenía que decírtelo…prefiero que lo sepas, no sé ni como surgió, bueno sí, como un juego entre Lucas y yo, lo empezamos a hablar de coña y al final una cosa llevó a la otra, Lucas nos preparó el encuentro y quedé un día con su amigo…es que me parecía muy mono, taaaan rubito…y taaaan guapo.

―¿Y a Lucas le pareció bien?

―Claro, no dijo nada, de hecho estaba encantado de que me “probara” su colega, ya te digo que fue él el que nos preparó la cita, sabe perfectamente que no somos novios ni nada, dos amigos que quedan para follar de vez en cuando y ahora también lo voy a hacer con su mejor amigo…y a Lucas le parece estupendo…

―Estas cosas no sé como acabaran…que los dos mejores amigos estén con la misma mujer…no suele acabar bien..

―No tiene por qué acabar mal entre ellos, son maduros en ese aspecto, acaban de empezar la universidad y se echaran sus novietas y sus rolletes y yo solo seré….la….ehhhhhhhhh….yo solo seré la guarra pija del banco a la que se follan cuando tienen ganas…jajajaja

―Joder Mariola…me da hasta miedo preguntarte…¿y qué tal con Mario?..bueno, no…no me digas nada…

―¿En la cama?, te mueres de ganas por saberlo, jajajajaja

―Te decía más en general….se le ve tan tímido en clase…no me pega mucho contigo…

―Sí, es muy cortadillo, en todos los aspectos, en la cama es muy distinto a Lucas, es mucho más tierno y le tengo que decir que sea más guarro cuando estoy a tope y ahí le cuesta, pero bueno, va aprendiendo, tiene buena maestra, bueno tiene dos buenas maestras, jajajajajajaja.

―Jajajajaja, gracias por el cumplido.

―De momento se corta un poco, pero pienso hacer de todo con él, me pone muy burra…

―¡¡¡Tía!!!, no seas tan…

―Tan qué…no te me hagas ahora la estrecha, tú te has estado follando a un tío delante de tu marido…así que no me vengas con remilgos, ya te he dicho que esta noche no quiero líneas rojas…joder estoy tan cachonda hoy, jajajajaja.

―Jajajajajaja.

―No me digas que no te gusta ser bien guarra en la cama, a mí me encantan las cosas cuanto más cerdas mejor, de momento con Mario no he hecho esas cositas, ¡¡pero lo haré!!, me encanta que me den por el culo, que se me corran en la cara, masturbarme mientras tengo la leche caliente por la cara y les miro a los ojos…joder, eso me da muchísimo morbo, no me digas que no…

―¡Joder Mariola!

―Hoy estoy dispuesta a todo, te reconozco que verte así vestida también me ha puesto de verdad, podemos hacer lo que quieras, si quieres llamamos al senegalés ese del taxi y hacemos un trío, o buscamos dos chicos y nos les llevamos a mi casa…lo que quieras…como si quieres luego nos los intercambiamos, ¡¡¡que nos follen a las dos!!!, eso me encantaría, ¿te imaginas?, nos vamos con dos chicos a mi casa, primero follamos cada una con uno y luego que se cambien de habitación y que nos folle el otro, eso me encantaría, ¡¡qué nos usen solo para follar!!…

―Buenoooo, buenooo, te veo muy desmadrada…

―Esta noche, estoy dispuesta a todo ―dijo acercándose a Claudia para meter la mano con disimulo bajo su falda y tocarle el culo.

―Para, para…que nos ven…

―Joder, llevas la falda tan corta que no tengo ni que subirla para llegarte al culo, ¡¡qué pasada!!

―Vale, vale, que nos están mirando aquellos dos tíos ―dijo Claudia revolviéndose.

Había dos hombres de mediana edad que estaban mirando hacia ellas. Físicamente estaban pasados de peso los dos, uno era calvito con gafas y el otro moreno llevaba una camisa de cuadros holgada, que no disimulaba su gran barriga.

―¿Quién, esos dos?, jajajaja, déjalos que miren…ya podían ser unos jovencitos, anda que vaya dos…no han estado con unas tías como nosotros en la vida, cómo nos miran, no se cortan un pelo…

―Déjales, no les hagas caso…toma anda, hazme una foto, que se la quiero mandar a mi marido, antes de que se acueste…

―¿Le quieres poner ya cachondo al cornudo?, jajajajaja.

―Sí, más o menos…

―Jajajaja, ¡¡¡qué zorra!!! ponte ahí…

Claudia se quedó en la barra apoyada mientras Mariola le hacía un par de fotos, cuando vieron que habían quedado bien se giraron para pedir otra copa.

―Ya se la puedes mandar a tu maridito…joder esos tíos no dejan de mirarnos…espera vamos con ellos, ven.

―¡¡Mariola, no!!

―Calla y ven…

Cogió a su amiga por el brazo y tiró de ella hasta que llegaron al otro lado de la barra, donde estaban los dos hombres que las miraban.

―Hola, perdona, ¿nos hacéis una foto? ―dijo Mariola pasándoles su móvil.

―Sí, claro…

Se agarró por la cintura a Claudia en una pose provocativa y dejó que el más calvo les hiciera unas fotos, Claudia estaba más cortada, pero Mariola estaba en su salsa, luego se puso de medio lado mostrando su culazo embutido en los pantalones de cuero.

―¡¡Otra por favor!!!… ¿qué tal han salido?

―Yo creo que bien…mirad a ver..

―Sí, sí, estupendas ―dijo Mariola comprobando las fotos―. Muchas gracias…por cierto, ¿cómo os llamáis?, yo soy Mariola y ella es Claudia.

―Yo José y mi amigo Juanjo, encantados ―dijo mientras se daban dos besos.

―Pues nos íbamos a tomar una copa, ¿la podemos tomar aquí con vosotros?…

―Claro ―dijo uno de ellos que levantó la mano para que se acercara el camarero…―. ¿Qué tomáis?

Después de que Mariola les dijera lo que tomaban el hombre les pidió las copas y rápidamente las pagó sin decir nada.

―Muchas gracias por la invitación.

Claudia no estaba nada a gusto con la situación, pero Mariola le echaba mucho morro, se notaba que no era la primera vez que lo hacía. No le gustaba estar con aquellos tíos, de hecho ni se imaginaba poder acabar la noche con alguno de ellos y menos después de ver el culo de su amiga en el baño un rato antes, una imagen que no se había podido sacar de la cabeza. No era muy difícil la elección, prefería meter la lengua en el ojete de Mariola antes de que alguno de esos dos tipos se la follara.

Y no es que no fueran agradables, que lo eran, uno de ellos era camionero y el otro trabajaba en el mantenimiento de una empresa. Estuvieron hablando un rato, al final Claudia se quedó con uno de ellos, el más gordito, Juanjo, mientras Mariola hablaba con el otro.

―Yo te conozco ―le dijo él.

―¿Ah sí? ―se quedó sorprendida Claudia, que pensó que podía ser el padre de cualquiera de sus alumnos años atrás, aunque no se acordaba de él. De repente le subieron los calores muerta de vergüenza, pensando que un conocido la hubiera visto así vestida, como una calientapollas.

―Estuve trabajando para tu padre como transportista hace unos años, de hecho iba a clase con tu hermana Carlota y José también, somos del mismo año, ¿tú eres la pequeña de los Álvarez, no?

―Ehhhhhhhh sí, sí…

―Recuerdo verte por el colegio, eras una niña, tendrás seis o siete años menos que nosotros…conozco a tu hermano Pablo también claro…ya te digo que estuve años trabajando de transportista en una empresa vuestra…y el caso es que me sonabas y cuando has dicho que te llamabas Claudia, he tardado en caer…pero sí, ¡qué casualidad!…¿y qué tal está Carlota?

―Bueno, bien, como siempre, ya sabes, trabajando…

―Sí, fue la que me firmó el contrato…luego me fui a otra empresa que me ofrecía mejores condiciones, pero estuve muy contento trabajando para tu padre…

Luego Juanjo llamó a su amigo y le cogió del brazo.

―Mira José, es la hermana de Carlota Álvarez, la que iba a clase con nosotros…¿te acuerdas?

―Sí claro, estuviste en su empresa, no?

―Sí…

―¡Qué coincidencia!

Cuanto más hablaban más le subían los calores a Claudia y Mariola se tuvo que tapar la boca disimulando la risa, ante la escena que estaba viendo.

―Es que mi amiga es muy famosa…jajajajaja ―dijo abrazándose a Claudia.

―Tomamos otra copa, ¿os pido lo mismo? ―dijo Juanjo.

―No, tenemos que irnos ya, pero lo hemos pasado muy bien ―dijo Mariola―. Hemos quedado con unos amigos.

Se giró hacia el hombre con el que había estado hablando.

―Siento que nos tengamos que ir así, lo estábamos pasando muy bien…te dejo mi teléfono y un día nos tomamos un café, dime tu número y te hago una perdida ―le dijo Mariola a José que se dio por satisfecho con tener el número de aquella morenaza en la agenda.

Se despidieron de ellos y luego entraron en otro bar que estaba al lado. Durante el camino Claudia le fue echando la bronca a su amiga.

―Ya te vale, no me gusta lo que has hecho…si no vamos a hacer nada con ellos no me gusta que se ilusionen…y dejar que nos inviten a copas.

―No seas antigua Claudia, ellos se lo han pasado muy bien y nosotros también, se puede hablar perfectamente con dos chicos sin querer nada sexual con ellos, no?

―Sí, pero te has aprovechado para sacarles un par de copas…

―Hombre, algo tendrán que pagar por deleitarse con dos mujeres como nosotras, no?, jajajajaja, saben perfectamente que estamos fuera de su alcance.

―¡¡Qué cabrona eres!!

―¿Y tú?, le has mandado la foto al cornudito ya?

―No, no me ha dado tiempo, ahora se la mando, anda pásame la que nos han hecho juntas y le mando algunas…

―Ummmmmmmmm, se le va a poner dura…cuando nos vea así…cuidado no se vaya a pajear mirando mi culo en esta foto, jajajajaja.

―¡¡Qué zorra eres!!

―Vamos a entrar en este bar, a ver si hay mejores chicos…

En el siguiente bar que entraron estuvieron una hora donde tomaron otro par de copas, también hablaron con un grupo de chicos que se presentaron, pero se deshicieron rápido de ellos. Siguieron charlando de sus cosas, haciéndose confidencias sexuales, bailando, disfrutando de la música, de la noche. Aquellas dos MILF ya eran el centro de atención en el bar y ellas notaban como las miraban. A las 2:30 estaban sudorosas, calientes y con unas copas de más.

―Bueno, ¡¡¡creo que es el momento de buscar un par de tíos que nos follen bien!!!, vamos a otro sitio donde haya gente algo más joven, de entre 25-30 años, sé el sitio perfecto ―dijo Mariola.

―Vale, vamos donde tú digas…

Eso sí, antes entraron al baño a mear el alcohol que llevaban encima. Claudia sabía que tal y como estaba su amiga le iba a montar otra escenita en el baño de aquel bar. Y solo de pensarlo se empezó a poner nerviosa, mientras esperaban en la fila en la que había dos chicas que iban delante de ellas. Luego pasaron dentro del baño y se cerraron. Mariola, ansiosa, moviendo las caderas de lado a lado consiguió bajarse sus ajustados legging de cuero y se sentó en la taza una vez comprobada que estaba limpia, luego dejó salir un potente chorro de pis acompañado de una exclamación.

―¡¡Ahhhhhhhhhhh, qué gusto!!, pensé que me lo hacía encima ―dijo mirando hacia Claudia.

Se quedó unos segundos con la vista fija en la faldita que su amiga trataba de bajarse continuamente con escaso éxito. Claudia se dio cuenta de que Mariola no quitaba la mirada de su entrepierna e intentaba bajarse la falda más si cabe, pero no decía nada. Solo cuando comenzó a limpiarse sacó el papel húmedo de su coño y Claudia vio como se le pegaba en él un hilo de flujo denso y viscoso, que no era orina precisamente.

―¡¡Joder, estoy empapada!!, mira ―dijo Mariola enseñando el papel a su amiga.

Luego volvió a limpiarse y otra vez un hilo de flujo de unos 20 cms de longitud se quedó colgando entre el papel y el coño. Cuando terminó se pasó una toallita húmeda y se metió la mano en la entrepierna. A los pocos segundos sacó los dedos mojados y se les quedó mirando, frotándose la yema de los dedos.

―¡¡Mira tía, estoy mojadísima!!

―Bueno, vale ya, déjame que no me aguanto ―dijo Claudia.

Entonces Mariola se levantó acorralando a su amiga contra la pared y le pasó uno de los dedos mojados por la mejilla, para posteriormente levantar la barbilla de Claudia y quedarse mirando fijamente a sus ojos, a escasos centímetros de ella.

―Escúchame bien, porque te lo digo en serio ―dijo metiendo las manos bajo su falda.

No le costó llegar hasta sus glúteos y apretárselos suavemente.

―¡¡Mariola!!

―Shhhhhhhhhhh, escucha ―dijo sacando una mano y poniéndosela sobre la boca para que se callara.

―Para, para…

―Esta noche quiero que saques a la zorra que llevas dentro y que yo sé bien que puedes hacerlo, quiero que la saques, quiero verte en acción, ¡¡quiero ver lo puta que eres!!, deja de poner excusas y de líneas rojas, solo dime lo que necesitas esta noche, un viejo, el negro del taxi, unos jóvenes, como si quieres a los dos gordos esos de antes, tengo su teléfono y les puedo llamar si eso es lo que te da morbo, pero hoy tú y yo terminamos la noche follando como locas y piénsalo bien, si no es con otros tíos vamos a follar entre nosotras, lo que prefieras…ahora nos vamos a tomar otra copa, pero sin emborracharnos, lo justo para desinhibirnos por completo, ¿me has escuchado bien? ―dijo Mariola metiéndose el pulgar en la boca y chupándolo como si fuera una polla.

Luego le puso el dedo delante de la boca de Claudia.

―¡¡Abre la boca!!

―Noooooo ―dijo Claudia apartando la cara.

Entonces Mariola bajó la mano que seguía bajo la falda de su amiga y apartándole las braguitas le acarició el coño con mucha delicadeza. Enseguida se dio cuenta de que Claudia estaba tan mojada o más que ella.

―Ahhhhhhhhhh ―gimoteó Claudia.

Aprovechó el gemido de ella para meter el pulgar dentro de su boca sin dejar de masturbarla con la otra mano.

―Chúpame el dedo, eso es despacio…

Claudia levantó la cabeza y se quedaron mirando frente a frente.

―Muy bien, mírame a los ojos, ¿te gusta verdad? ―dijo Mariola moviendo el pulgar dentro de la boca de su amiga.

―¡¡Para, por favor!! ―contestó Claudia girando la cara.

―¿Es qué no te gusta?, pues tu coño no dice lo mismo ―dijo Mariola sacando la mano de debajo de su falda y enseñando a Claudia su propia humedad.

Claudia giró la cabeza otra vez. No quería verlo, se avergonzaba ante su amiga de lo húmeda que estaba. Mariola cogió su cara y se quedaron mirando frente a frente.

―Vamos, dime que te vuelva a meter la mano ahí debajo, lo estás deseando…pídemelo…¡enséñame lo zorra que eres!, quiero que esta noche seas la más puta, que actúes al mismo nivel que la ropa que llevas puesta, ¡¡pero si vas pidiendo polla a gritos!!, ahora vamos a ir a otro sitio que me han recomendado, hay tíos más jóvenes, eso es lo que queremos esta noche, a no ser que te ponga el gordo de antes, ese que trabajaba para tu familia, pero ¿no creo, no?, ya le hemos alegrado la noche, hoy se va a pajear pensando en ti, en esa faldita que llevas, en ese culo, hoy el gordito se la va a menear pensando en que te lame los pies, ni en sus sueños puede llegar a algo más y tú y yo estamos muy buenas, nos merecemos dos tíos que estén buenorros como nosotras y que nos follen bien…

―Me estoy meando Mariola, no puedo aguantar más…vale, lo que tú digas, pero déjame mear…

―Esta noche follamos, eh?, no me jodas, ahora nos vamos a tomar otra copa, pero tú y yo hoy terminamos follando…

Claudia le pasó el bolso y los abrigos a su amiga y se sentó en la taza soltando al fin un potente chorro que ya no podía retener. Mientras tanto Mariola seguía con los pantalones a medio subir mostrándole el coño a su amiga.

―Joder cabrona, ni me he subido los pantalones, estoy pero que muy cerda…acaríciame un poco…solo un poquito…

―¡¡Estás loca tía!!…

―¡Venga por favor!…

Claudia estiró el dedo índice y en un gesto medio en broma se lo pasó a su amiga rozando sus labios vaginales. Mariola cerró los ojos y gimió.

―P

ufffff

fffffff….podría correrme solo con que me soples ahí abajo.

Entonces al acercar más el coño a la cara de Claudia está le pegó un pequeño soplido.

―Shhhhhhhhhhhhhhhhhh, así?, jajajajajaja…

―Ahhhhhhhhhhhhh, diossssssssssssss, asííííí…

―Jajajajajaja, estás más caliente que nunca…

―Salir contigo me pone así, con ningún tío me he llegado a poner tan cachonda, es solo pensar que nos ligamos a dos tíos y nos los llevamos a mi casa para follárnoslos y me pone mucho la idea…

―Mariola, salimos a pasarlo bien y ya está…

―De eso nada, esta noche no…ya te lo he dicho…ahora nos vamos al Jack’s, me han dicho que es buena hora y hay buenos tíos…no está muy lejos…

―¿Vamos andando?

―Habría que coger un taxi, con estos tacones no quiero destrozarme los pies…llama si quieres al senegalés ese de antes, así le conozco…

―No, que tú eres capaz de soltarle cualquier burrada…

―Tía, que me sé comportar…

Claudia se levantó colocándose las braguitas y bajando la minifalda intentando taparse lo poco que daba de sí la tela.

―Espérame fuera que voy a mear otra vez ―dijo Mariola.

―Como quieras, pero ¡¡tú te vas a pajear cabrona!!, jajaja, trae anda y date prisa que habrá cola para entrar, me salgo fuera y voy llamando al taxi ―dijo cogiendo el bolso y los abrigos otra vez de manos de su amiga.

Claudia salió del baño dejando sola a su amiga en el interior. Entonces Mariola se subió los legging y sacó el móvil del bolso. Apoyada en la pared entró en el WhatsApp y buscó el chat de Lucas.

Mariola 2:47

Hoy es el día que estábamos esperando, Claudia está en el punto que queríamos…ya sabes el plan, pasaros por el Jack’s dentro de una hora.

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