MUSA

A medida que me acerco a mi destino, veo correr tras el cristal de mi auto las imágenes de viejos paisajes conocidos, como si el tiempo se hubiera detenido y los últimos veinte años no hubieran pasado por aquí. Ojalá, pudiera decir lo mismo de mí. Nada queda de aquel muchacho debilucho, con el corazón destrozado, que se marchó escapando de una vida desgraciada.

Había logrado cambiar el rumbo de mi vida, mi apariencia era otra, mi éxito profesional arrollador, mi economía sólida, pero el precio pagado demasiado alto. Me había convertido en una máquina sin sentimientos, en una máquina digital. En mi cabeza sólo tenía sentido, lo que mis sentidos percibían.. calor, frío…éxito, fracaso, cosas que podía percibir o corregir, incluso de las que me podía proteger. Cosas intangibles como el amor o la amistad, habían desaparecido de mis sentimientos.

Bajé de  mi auto –un cross over de última generación- a la entrada del cementerio, me coloqué el saco de mi traje negro a medida  –como la ocasión lo requería- y protegiendo mis ojos con anteojos oscuros me dirigí a despedir a mi madre.

Para ser Otoño y en la sierra, la mañana se presentaba apacible, un tibio sol calentaba la alfombra dorada de hojas caídas que forraba el paisaje. Todo me resultaba conocido y ajeno a la vez, una sensación de irrealidad me circundaba y abrumaba.

Al llegar ante su tumba, pude comprobar que varios vecinos habían decidido acompañar a la familia, quizás alguno por verdaderos sentimientos, pero la mayoría estaba allí para cumplir con normas no escritas de vecindad, o simplemente por morbosa curiosidad. También estaba la madura pandilla a pleno, rodeando a una desmejorada y cabizbaja Clara -mi cuñada- , y a la que supongo es su hija, ya que es una copia mejorada, de la que tanto amé, en mis lejanos días de juventud.

Allí estaban Carmen y Pedro, Juana y Javier, María y José; tal como se habían emparejado con los años, y según me había ido enterando, a través de algunas de las pocas cartas enviadas por mi madre. Sabía por las mismas, que Carmen y Juana –que estaban todavía de muy buen ver, a pesar de la ropa de luto- dirigían una tienda muy exitosa en el pueblo, que Pedro y Javier eran directivos de la cementera local y que el otrora macarra muy popular José, había terminado heredando el trabajo de remisero de su padre, mientras, Maria trabajaba en un gimnasio como monitora. Dos muchachas adolescentes, imagino que hijas de alguno de ellos,  de alrededor  de dieciocho años, abrazaban a la que creo es mi sobrina.

Por supuesto mi hermano no estaba, vaya uno a saber que excusa habría interpuesto para poder hacer gala de su innata insensibilidad.

Posicionado  en silencio al pie de la tumba abierta, bajo la atenta y discreta vigilancia de las féminas buscaba en mi interior algún tipo de sentimiento, ya sea dolor por la muerte de mi madre u odio por lo que en su momento me tocó vivir. Pero no encontré nada, solo vacío.

Terminada la monserga del capellán, procedieron a bajar el ataúd y cubrirlo con tierra. Una vez dada la última palada me acerqué y después de dar a los sepultureros una generosa propina, procedí a colocar sobre la tumba, una rosa blanca.

Al verla, mi cuñada palideció más de lo que estaba, -si eso fuera posible-, y desprendiéndose del abrazo de sus amigas se acercó a mí con paso vacilante.

.-. ¿ Luis ? …. ¿ Luisito ?…. ¿Eres tú? 

-. Si, Clara…Soy yo.

Y sin decir una palabra más, se abrazó a mí cuerpo, llorando desconsolada.

-. Perdóname por favor… perdóname, recitaba en un susurro.

-. Lo he hecho hace mucho tiempo, le contesté, mientras le acariciaba su cabeza, pero nunca lo podré olvidar.

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Mi padre, físicamente era un gigante, cuerpo macizo y fornido, forjado a fuerza de golpes de maza al calor de la fragua. Hombre muy alto, de abundante cabellera y mirada torva .

Humanamente era una basura, profundamente ignorante, machista empedernido, putero consuetudinario y maltratador compulsivo.

Mi hermano, dos años mayor que yo, era su protegido y su alter ego.

Mi madre en cambio, era una sumisa de manual. Muy bonita en su juventud y prematuramente envejecida por el maltrato, me brindó todo su amor, pero nunca movió un dedo para salvarme del abuso.

Mi caso era el del friki de manual, muy alto como mi familia, pero muy débil debido al deficiente funcionamiento de mi aparato digestivo. Eran pocos los alimentos  que no me provocaban vómitos o diarreas y como el animal de mi padre consideraba que un hombre que se precie, no debe debe andar cuidándose con las comidas, vivía enfermo.

Era muy estudioso y aplicado, pero frecuente víctima de los abusos de los mayores, y mi hermano, celosamente enfermo por la atención que me brindaba mi madre, en lugar de protegerme, gozaba con ello.

El único sostén de mi sufrida infancia, era mi amistad con Clara. Éramos amigos desde chicos, íbamos al mismo curso pero convivíamos con familias totalmente diferentes. Mientras sus padres la trataban con cariño y mucho respeto, en mi casa las palizas eran frecuentes. Delgaducha y estudiosa como yo, formábamos una pareja disruptiva dentro del muchas veces violento ambiente escolar. 

El tema se agravó al empezar a cursar la escuela secundaria y ponernos de novio, éramos objeto de acoso y burla permanente de los macarras y los populares. El comentario gracioso más frecuente decía que deberían esterilizarnos por el bien de la humanidad. Por suerte, no afectó a nuestros estudios, a pesar de que Clara sufría el tema mucho más que yo ,que estaba más curtido por mi realidad familiar.

El verano anterior a empezar el instituto debutamos sexualmente, por supuesto en su casa, un fin de semana que sus padres habían ido a la playa. Fue un encuentro suave y amoroso donde nos entregamos mutuamente con mucho cariño.

El último año de instituto fue el comienzo de mi calvario. Mi hermano, repetidor de un par de cursos, pero orgulloso herrero ayudante para la delicia de mi padre, tomó el mando de la pandilla de macarras, asociado con José el guaperas de los populares. Javier y Pedro dos lamebotas de manual se convirtieron en sus laderos y sus respectivas novias. Maria, Carmen y Juana comandadas por la más puta de todas, la yonki Pepa, formaban el coro aplaudidor de todas sus fantochadas.

Era común en esa época, que mi hermano me llamara a su pieza cuando estaba con Bea, cerrara la puerta y me hiciera sentar en un sillón para que contemplara como se la follaba, prohibiéndome que me empalmara, so pena de darme una paliza.

U obligarme a realizar todas sus tareas escolares y las de su novia, para poder ir a trabajar a la herrería, ante el regocijo de mi padre

También fue el momento del cambio físico de Clara, que empezó a despuntar como una bella mujer y a acercarse al grupo de populares. Si bien seguíamos adelante con nuestro noviazgo, ella empezó a intercalar salidas con las divas, dejando de lado muchas de nuestras antiguas actividades. La empujaba su necesidad de dejar atrás los abusos sufridos años anteriores

Resignado, al tener más tiempo para mí, aproveché para terminar de desarrollar pequeños programas de gestión, administración, manejo de personal y contabilidad, desarrollados sobre plataformas de base de datos interactivas, que cada vez eran mas populares y muy fáciles de manejar. Estas novedades a buen precio y compatibles con pequeñas computadoras de escritorio tuvieron un éxito explosivo.

El ser mayor de edad, me permitió abrir mi propia cuenta bancaria y disponer de recursos para profundizar mis investigaciones. Para esa época la universidad privada más importante de la Capital abrió un concurso entre los aspirantes a ingresar. El desafío consistía en desarrollar un sistema informático, para el manejo unificado de todos los temas, referentes al manejo de las diferentes carreras. El premio para el ganador consistia en una beca completa, alojamiento y trabajo rentado en el departamento de informática. Desafío al que me dediqué en forma obsesiva. 

Poco a poco, Clara y yo, nos fuimos alejando, y a la vez ella se fue integrando en forma más profunda con el grupo líder. Por suerte, en honor a lo sufrido, nunca participaba en los abusos.

Finalmente el curso terminó, aprobamos la selectividad y llegó el momento de la fiesta de fin de carrera, a la que no pensaba concurrir. A pesar de coincidir con el dia de mi cumpleaños, pasaba de ver desfasajes, borracheras y vomitonas. 

Esa mañana recibí el mejor regalo. Fui notificado como ganador del concurso. Esa misma tarde, me acerqué ansioso a la casa de Clara, a comentarle la novedad. Me atendieron cálidamente sus padres y me indicaron que subiera a su cuarto que se estaba preparando para la fiesta.

Llamé a su puerta y me hizo pasar. Lo que vi me dejó anonadado. Clara, que se había convertido en ese tiempo en una mujer de bandera, se miraba al espejo vestida con un sugerente conjunto de ropa interior. Un pequeño bra que apenas contenía sus grandes tetas y un tanga de hilo que dejaba al descubierto un culo duro y prominente.

Mi excitación fue inmediata, manifestándose en una erección incontrolable, e imposible de disimular, ya que lo que calzo no es majestuoso, pero para nada despreciable. Clara se dio cuenta y se me acercó irreconocible con una sonrisa felina

-. Qué te pasa pardillo, te pone cachonbo tu novia ? Vienes a controlar lo que dejas libre? Te gusta lo que ves ? El nene viene a buscar su regalito de cumpleaños ?

Al llegar a mi lado me empujó sobre la cama, libero mi falo y sin mas palabras se corrió el tanga, se empaló, y empezó a moverse como poseída. Hacía tanto que no teniamos relaciones y estaba tan cachondo que me derramé en un par de minutos.

Y esa fue la llama que encendió la mecha.

-. ¿Que hiciste, estúpido?…¡Te corriste adentro !… Ahora mañana tendré que pedir la pastilla en planificación familiar..Encima me manchaste el tanga nuevo.

Anonadado, por los primeros insultos que escuchaba de la boca de Clara, no atinaba a encontrar las palabras para disculparme. Finalmente se levantó furiosa y me echó de su pieza. Avergonzado, bajé las escaleras y marché de su casa ante la mirada comprensiva de sus padres.

Serîan las dos de la mañana cuando sonó mi teléfono, Era mi hermano

-. Que haces basura ? Porque no estás en la fiesta ?

-. Porque no me apetece. Bastante los he aguantado estos años.

-. A mi no me desprecia nadie, y menos tú. Te vienes inmediatamente o mañana te mando al hospital… o mejor prefieres que despierte a nuestro padre por tu culpa.

Esas amenazas no eran para despreciar, y menos proviniendo de él. Me vesti sobriamente, pensando que no debería aguantar mucho tiempo en el aquelarre y me dirigí a la fiesta.

Para mi sorpresa, Carmen y Juana me esperaban en la puerta. 

-. Llegó el cumpleañero. Te lo tenias calladito. Tenemos una fiesta sorpresa.

Me tomaron de un brazo cada una y me condujeron escaleras arriba. Nos detuvimos ante una puerta y me vendaron los ojos. Entre en la habitación conducido por ellas y me dejaron parado mientras la voz de Bea me decía

-. A la cuenta de tres sacate la venda,..

-. Uno…Dos …Treeees…¡¡¡ FELIZ CUMPLEAÑOOOOS !!!

Me saqué la venda y cuando pude ajustar la visión, lo que vi en el centro de la habitación, cambió mi vida para siempre.

Sobre un camastro se encontraba Clara, con los ojos turbios,la boca abierta y la lengua afuera, completamente desnuda, reclinada sobre el cuerpo desnudo de mi hermano, meciéndose empalada en su polla, mientras José, también desnudo, la enculaba compulsivamente. A sus costados Pedro y Javier, se masturbaban esperando su turno.

Aplaudiendo  la escena, se encontraban las cuatro mujeres ubicadas a ambos lados de Bea que me miraba maliciosa….

-. ¿Te gusta la torta Luisito ? Ja ja ja ja ja 

Y entonces comenzaron todos a aplaudir y cantar..

QUEE LOS CUUMPLAS FEELIIZ

QUEE LOS CUUMPLAS FEELIIZ

QUE LOS CUUMPLAS LUISITO

QUEE LOS CUUMPLAS FEELIZ.

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