LLUN ROC

Rachel había nacido y crecido en Texas, pero desde hacía cinco años vivía en España. Siempre que le preguntaban, decía que había venido para practicar idiomas tras acabar sus estudios de literatura, pero se había quedado por la comida y por el clima. Lo cierto era que lo que más influyó en su decisión de quedarse fue lo fácil que era encontrar trabajo para una anglosajona nativa. Acababa de cumplir los veinticinco y encadenaba un contrato tras otro, la mayoría de las veces dando clase, pero a veces de traductora.

La de aquel día era una de esas veces y, a decir verdad, la más emocionante. La habían contratado para hacer de intérprete para una famosa cantante de trap española, La Vatu, que iba a hacer un posado para una popular revista estadounidense. Últimamente estaba en todas partes. Era conocida no solamente por sus canciones sino también por las continuas broncas que protagonizaba con periodistas, con alguna de sus ex o con fans que se ponían demasiado pesados. A Rachel aquello le inquietaba un poco. «Intentaré no cabrearla», pensó. La popularidad de La Vatu empezaba a ser internacional, era por eso que había hecho ya varios videoclips y posados en el extranjero, casi siempre acompañada por bailarines y modelos masculinos de cuerpo espectacular y con todavía menos ropa que ella. Por lo que vio Rachel nada más llegar al estudio, aquella no iba a ser una excepción.

El fotógrafo y su equipo estaban preparando las cámaras y los focos, así que apenas la hicieron caso cuando llegó. En el centro estaban dos modelos más o menos de su edad, descalzos y con el torso desnudo, que hablaban con el fotógrafo. Por el acento parecían de Centroeuropa, pero Rachel no pudo prestar mucha atención a lo que decían porque se quedó embobada mirando sus abdominales.  Por el momento, no había ni rastro de La Vatu.

Los dos modelos eran mucho más altos que Rachel. Uno era moreno y tenía el pelo algo ondulado, rasgos varoniles suavizados por una nariz respingona, con sonrisa permanente y un poco de pelo oscuro casi imperceptible en el pecho y en el vientre, subiendo desde debajo de sus pantalones hasta el ombligo.  Aunque ella se fijó especialmente en el otro. Era el más alto de los dos, tenía el pelo castaño claro, rasgos más dulces, con penetrantes ojos verdes y boca pequeña de labios carnosos. Su cuerpo era atlético y parecía totalmente lampiño. Rachel no pudo evitar sonreírle tímidamente al mirarle. El chico pareció ignorarla por completo, cosa que no le sorprendió. Siempre se había considerado muy poca cosa y era difícil que un tío así se fijase en ella. Por lo que pudo escuchar mientras hablaban con el fotógrafo, se llamaba Ashton. Aunque posiblemente fuera su nombre artístico.

El tiempo pasaba y La Vatu parecía retrasarse, así que el fotógrafo les pidió a los dos modelos que se fueran preparando. Con total naturalidad, los chicos se desprendieron de sus vaqueros, y no llevaban nada debajo. Rachel se sonrojó al ver esos dos cuerpos esculturales completamente desnudos. Trató de apartar la vista, pero sus ojos se iban derechos a su sexo, en especial al del tal Ashton. Tenía el miembro más grande que su compañero, enmarcado por un fino vello castaño, del mismo tono que el de su cabello. Debajo de su grueso pene colgaban pesadamente dos carnosas pelotas, cuyo contorno redondeado se apreciaba nítidamente a través de su escroto. Rachel no perdió detalle de aquellos genitales que se balanceaban como frutitas mientras el chico se movía, mientras comenzaba a ponerse cachonda.

Entonces entró La Vatu en el estudio. Irrumpió como un trueno, mientras un par de maquilladoras terminaban de arreglarla para la sesión. A Rachel le sorprendió lo bajita que era, mucho más de lo que aparentaba en la tele. La propia Rachel no se consideraba muy alta, una chica de estatura media, pero podría haber pasado por alta a su lado. Pese a que tenían casi la misma edad, no podían ser las dos más diferentes. Rachel tenía una figura lisa, oculta bajo las prendas anchas que solía vestir, mientras que La Vatu era curvilínea, con caderas anchas y pecho generoso, realzado por el ajustado bañador de una sola pieza que llevaba para la sesión, la única prenda que vestía junto con unas botas negras de tacón alto. La piel de Rachel era clara, igual que su pelo, mientras que La Vatu era toda oscura. Además, desde que llegó a España todos le decían siempre que tenía unos rasgos muy suaves, mientras que aquella joven estrella tenía rasgos duros, con unos ojos rasgados que le daban un aire exótico y felino.

Rachel trató de presentarse, mostrándose todo lo simpática que pudo, pero La Vatu la interrumpió bruscamente.  

—Espero que me hayáis hecho caso, cabrones, y que hayáis traído a los más maricones que hayáis encontrado.

Rachel no esperaba aquel saludo, así que la miró con extrañeza, como si no hubiera entendido nada.

—Díselo, díselo. Yo lo dije muy claro, no quiero que uno de estos dos se me empalme como el puto cerdo de la última vez.

El fotógrafo y parte del equipo estaban mirando con atención a Rachel, esperando la traducción de aquello que La Vatu estaba diciendo. No tenían ni idea de qué se trataría, pero por el tono imaginaban que habría venido de mal humor. Rachel titubeó.

—No, no, quiero que se lo digas, que esta vez no me voy a cortar ni un pelo. Diles que soy yo la que se va a dejar magrear por estos y que no quiero mierdas. Porque como note que uno de los dos se empalma, aunque sea un poco… —dijo mientras señalaba con el dedo a los dos chicos quienes, sin entender nada, no dejaban de sonreír— juro por Dios que le arranco los cojones aquí mismo.

Rachel se quedó pálida al escuchar aquello y tragó saliva. El fotógrafo esperaba una respuesta. Apenas se atrevía a repetir en voz alta lo que acababa de escuchar, así que dijo de manera algo ambigua que La Vatu estaba molesta por situaciones inapropiadas que se habían dado en otras sesiones y que esperaba que no se repitieran. El fotógrafo se encogió de hombros, el resto del equipo, incluidos los modelos, no parecieron darle mucha importancia y la sesión dio comienzo, no sin que antes La Vatu clavase su mirada en Rachel de manera amenazante, como si no se fiara de su traducción. A ella se le puso un nudo en el estómago.

Los chicos se pusieron a ambos lados de La Vatu, el fotógrafo les daba indicaciones a la vez que se las daba también a la joven estrella, que Rachel le reproducía de manera literal. Un par de maquilladoras se acercaban de vez en cuando a los tres para pulverizarles con spray aceite corporal. Los muslos y las nalgas de La Vatu brillaban con los focos, así como todo el cuerpo de los dos chicos. Pese a estar completamente desnudos, no estaba previsto que en la sesión de fotos ellos mostrasen sus genitales, por los que todas las poses que hacían buscaban ocultar de manera insinuante esa parte. La Vatu forzaba una sonrisa falsa entre toma y toma.

—Ya verás tú qué rápido se van a quedar estos maricones sin pelotas… Vamos, se pasan un pelo y es que se las pongo de collar a cada uno. 

Los ojos de Rachel se abrían como platos cada vez que soltaba algún comentario así, que era casi todo el rato.

—¿Has visto tú qué altos son? Pero a mí uno de estos no me dura ni medio minuto. Vamos, una hostia en los huevos bien dada y al suelo —decía con desparpajo.

Rachel se sentía escandalizada, pero no podía negar el encanto natural de la chica. No contestó a ninguno de aquellos comentarios y se limitó a traducir una vez más las instrucciones del fotógrafo. En aquella ocasión, debía colocarse justo delante de Ashton.

—Uy, a este cómo le cuelgan los huevos, ¿no? ¿Te has fijado? —a medida que avanzaba la sesión, el tono que empleaba para hablar con Rachel era más distendido—. Sí… claro que te has fijado, tienes carilla tú de viciosa. Es que mira, eh. Vamos, te puedes hacer un bolso si quieres con lo que tiene este ahí colgado. Qué asco, ¿no?

Aunque llevaba rato haciendo esfuerzos, Rachel apenas pudo ya contener la risa.

—Menudas guarrillas que sois las guiris. Cuando quieras me das tu teléfono— le dijo con picardía.

Rachel no podía negar que se lo estaba pasando bien, aunque también estaba muy avergonzada.

—No, sí, ya sé yo que tú preferirías a uno de estos… ¡que te he visto mirarles ahí todo el paquete! —decía casi entre carcajadas, mientras Rachel se ponía roja.

El fotógrafo le dio unas indicaciones a Ashton, que estaba detrás de La Vatu.

—¿Qué le ha dicho? —preguntó cantante a Rachel, aunque no tardó en darse cuenta—. Ah vale, que me ponga la mano en el culo… sí, hijo, sí, ponme la mano ahí… pero la polla quieta, eh, no vayamos a tener un disgusto… Bueno, disgusto lo vas a tener tú más bien.

El chico movió la mano alrededor de las nalgas de la joven, siguiendo las indicaciones del fotógrafo, mientras sonreía. Rachel se dio cuenta de cómo miraba a La Vatu y temió lo peor.

—Cuidado, maricón. A ver dónde tocas… a ver si te voy tener que dejar “nenuco” de esos— decía mientras forzaba una sonrisa.

Rachel ya reía abiertamente. Los dos modelos, sin entender nada, también sonreían.

Después Ashton se sentó en el suelo, mientras el otro chico se colocaba detrás de La Vatu. Rachel le reprodujo las indicaciones del fotógrafo, según las cuales ella, de pie frente a Ashton, debía colocar su pie justo entre las piernas del chico. Rachel torció el gesto cuando La Vatu posó bruscamente su bota entre las piernas abiertas de Ashton, clavando el tacón peligrosamente cerca de las abultadas gónadas del chico, que parecían desparramarse generosamente por el suelo.  A él, desconocedor de las amenazas que la joven llevaba toda la sesión profiriendo, pareció divertirle su brusquedad.

—Te has fijado, ¿no? Un poco más y hago el pisado de aceitunas como en mi pueblo— dijo entre risas.

Rachel puso cara de extrañeza.

 —¿En tu pueblo no hace eso, reina? ¿De dónde eres?

—De Dallas—dijo Rachel con una sonrisa, apartando la tímidamente la vista.

—¡Anda, claro! Esa serie le gustaba a mi abuela—contestó con su gracia habitual.

Rachel rio. Poco a poco iba surgiendo una inesperada complicidad entre ambas.

La sesión continuaba con normalidad… ahora el fotógrafo les había pedido que se incorporasen los tres y se acercasen mucho. Sus cuerpos estaban totalmente pegados, con La Vatu en el centro, flanqueada por los dos jóvenes, como dos torres a ambos lados de ella. Ellos estaban de perfil, de manera que sus torsos y sus genitales se pegaban a ambos costados de la chica. En tan solo un instante que se separó Ashton, como tratando de acomodarse, Rachel vio el miembro del joven endurecerse, alcanzando unas proporciones colosales. Aquella visión en cualquier otro contexto la hubiera excitado, pero aquella situación, sintió una punzada nerviosa en el estómago. La joven traductora tragó saliva. Vio perfectamente el rostro de La Vatu enrojecerse en cuanto sintió la dureza de aquel miembro masculino en su costado.

Con un rápido movimiento, La Vatu movió su mano hasta la entrepierna del chico. Rachel vio claramente cómo sus dedos se cerraban alrededor de aquel saco carnoso. Todo el equipo se sobresaltó con el agudo grito ahogado de Ashton. Su cara inicialmente fue más de susto o de sorpresa, pero fue dando lugar al dolor y al pavor a medida que su mente asimilaba lo que le estaba pasando. Su erección se desvaneció al instante. Aquella chica monera y bajita tenía agarrados con fuerza sus testículos desnudos y comenzaba a apretarlos lentamente. Rachel veía la cara del chico contraerse mientras trataba inútilmente de liberarse del agarre con las dos manos. El otro modelo retrocedió unos pasos, llevándose las manos a la entrepierna instintivamente.

Rachel no pudo contener una mueca de desagrado al presenciar aquella escena. Arrugó la nariz y se llevó la mano a la boca instintivamente. Hubiera debido sentir pena por aquel chico, cuyo sufrimiento era evidente, con aquella mano apretando sus gónadas, sin entender nada. Pero de alguna manera, el asco superaba cualquier otro sentimiento.

 —¡Dile que como se vuelva a empalmar una vez más, le arranco los putos cojones! —rugió La Vatu a Rachel—.  Es que estoy hasta el coño ya… ¡No pienso aguantar más cerdadas! Dile que como lo vuelva a hacer, le arranco las pelotas aquí mismo y hago que se las trague delante de todos.

Los huevos de Ashton asomaban entre los dedos de La Vatu como una burbuja a punto de estallar. Estaba doblado hacia adelante, con los músculos tensos. Rachel no pudo evitar fijarse en lo mucho que se le había encogido el pene, ya fuera por el dolor o el miedo. En reposo tenía un tamaño envidiable, grueso y algo más largo que sus ya de por sí muy colgantes pelotas. Durante el instante que había alcanzado a verlo en erección, a Rachel le había parecido de un tamaño descomunal… sin embargo en aquel momento era tan solo una cosilla insignificante y arrugada. Desde luego, cualquier atracción que hubiera podido sentir Rachel por él, se acababa de esfumar al verle en una situación tan lamentable.

—No le pienso soltar hasta que se lo digas, y más le vale que le quede claro—insistió La Vatu, mientras apretaba aún más, haciendo que el joven se estremeciese.

Ashton clavó sus ojos verdes en Rachel, al ver que su captora se dirigía a ella. Rachel no pudo evitar sentir una profunda lástima al encontrarse con la mirada suplicante del chico. Algo tenía que hacer. Se acercó a él… pudo ver cómo las gotas de sudor le recorrían toda la cara y se metían en las comisuras de sus labios entreabiertos. A pesar de lo alto que era, su cuerpo estaba ya tan flexionado hacia delante que ella tuvo que agacharse un poco para quedar a su altura. No podía creer lo que estaba a punto de decir, jamás hubiera imaginado tener que decirle algo así a un chico. Ahora Ashton sí que le prestaba atención…

—If you get a boner again, she’ll rip your nutsack off. Ok?

Habló lenta pero segura, dejando que cada palabra quedara suspendida en el aire. Lo dijo casi susurrando, pero en el silencio sepulcral que había en el estudio, todos lo oyeron. El chico recibió esas palabras con absoluto terror, abriendo mucho esos ojos verdes. Cualquier rastro de masculinidad se evaporó de su cara, transmitiendo una expresión de extrema vulnerabilidad, como si las palabras de Rachel hubieran sido una navaja que le hubiera separado de un tajo las pelotas del cuerpo.

La Vatu sonrió, liberó aquel blando saco de carne y el chico cayó al suelo, aferrado a sus maltrechas gónadas, como si temiera que cayeran rodando por el suelo. Todo el equipo respiró, después de unos instantes conteniendo la respiración. El director se llevó las manos a la cara y las maquilladoras intercambiaron una risita nerviosa.

Aún quedaba trabajo por delante y la sesión debía continuar. Esperaron a que Ashton estuviese recuperado, y aunque el chico quiso marcharse, el fotógrafo le recordó que estaba obligado a terminar la sesión por contrato.

Los dos chicos continuaron posando, aunque la frialdad y el temor eran evidentes. Cambiaban de postura mecánicamente siguiendo las indicaciones del fotógrafo. Rachel notó que los genitales de los dos permanecieron ridículamente encogidos durante toda la sesión, lo que le hizo reprimir la risa. En cambio, La Vatu parecía más segura y satisfecha que nunca. Se movía y posaba contoneándose con sensualidad y picardía. En un momento dado, le lanzó a Rachel un guiño cómplice a Rachel.

Hizo que se ruborizase.

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