KERANOS

-¿Qué hacemos? -preguntó bajito mi chica con una vocecilla muy dulce.
-Te quiero comer enterita. Estás preciosa y no puedo quitarte los ojos de encima.

Elena me sonrió, sonrojándose un poco, poniendo su mano en mi cara para acariciármela.

-Pero es que están aquí Irene y Mario. No pensé en esto al encargar solo una habitación. Qué tonta soy…
-No te preocupes. Se me ha ocurrido una idea.

La cogí de la mano y tiré de ella para entrar más en la habitación. Cuando llegamos a la altura de nuestros amigos, éstos nos miraron, pero yo negué con la cabeza. Irene puso cara de entenderlo, aunque también de pena por haber perdido esos juegos. Seguí tirando de la mano de Elena hasta meterla en el baño. Una vez ahí me senté sobre el váter, poniéndola a ella sobre mí con una pierna a cada lado. Nos empezamos a besar de nuevo mientras yo ponía mis manos en su culo. Ella se reía mientras nos besábamos.

-¿Vamos a hacerlo aquí…? Qué poco romántico… Jajaja.
-Nooooo. Estamos besándonos solo.
-¿Entonces?
-Pues…

Entonces miré a la bañera. Ella la miró y devolvió su mirada a mí, sonriendo ampliamente.

-¿Qué te parece si la llenamos y le echamos algo de jabón para que haga espuma y ya pues lo que surja…?
-Me parece una idea genial -dijo sonriendo de nuevo.

Nos volvimos a dar un beso y nos levantamos para ir preparando la bañera, pero Elena me dijo que fuera empezando yo, que ella iba a por algo. Salió del baño y yo mientras me puse a llenarla echando jabón para que hiciera espuma. Me desnudé y me metí en aquella gran bañera con forma circular al ver que Elena tardaba en volver. Se estaba muy a gusto en esa bañera. Como todo en aquel hotel, era muy lujosa, con forma de asientos y un ventanal que daba a unas buenas vistas, aunque tampoco es que fueran las mejores al ser una primera planta. Decidí echar las cortinas por eso mismo, porque desde ahí se nos podía ver bastante bien, igual que yo veía a los viandantes pese a la hora que era, ya de madrugada, pero al ser verano pues había mucha gente de vacaciones, sobre todo mucho turista trasnochador con alguna copa de más encima.

Mientras me relajaba en la bañera rememoré momentos del concierto y del rato posterior en la cena y en el pub, pasando a preguntarme después qué estaría haciendo Elena, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros amigos estaban ahí en la cama dale que te pego. Finalmente apareció casi al instante en el que me preguntaba aquello. Entró al baño de la misma manera que había salido, tan preciosa con esa ropa que decidió ponerse, estando superatractiva y provocadora. Lo único diferente era que traía consigo una botella de champán y dos copas de cristal.

-¿Y eso?
-Hoy es un día especial, hay que acabarlo bien. ¿No crees?
-Me parece perfecto.
-Se me ha ocurrido esto, como en las pelis, jejeje. Lo que pasa es que como estaban éstos ahí con el folleteo, pues no he llamado para que me lo subieran, he bajado yo.
-Am, ¿y todo bien?
-Claro, son muy amables. Ya lo has visto. Un poquito caro, pero bueno.
-¿Sí?
-No importa. Un día es un día. Merece la pena cada euro que he pagado por esto.

Le sonreí y Elena dejó las copas en el poyete de la bañera mientras ponía una sonrisa muy bonita en su preciosa cara. Pareció gustarle mucho mi idea porque se quedó unos segundos mirándome, junto a la bañera, mordiéndose ligeramente el labio. Se desnudó de una manera muy sensual, dejando su ropa junto a la mía, bien colocada, metiéndose después en la bañera conmigo. Se me abrazó después de haberse recogido el pelo con un coletero, quedando sobre mi pecho, el cual incorporé para que no estuviera dentro del agua. Nos quedamos en silencio durante unos momentos, dándole yo algún beso en la frente mientras oíamos a nuestros amigos, aunque no gritaban de manera salvaje como tantas veces los habíamos oído. Parecía estar más cariñosos, pese a como habían estado comiéndose la boca antes de que Elena y yo entráramos al baño.

-Hoy ha sido un día fantástico.
-¿Sí? Pero si tú no has ido al concierto.
-¿Y? No sabes lo que he disfrutado de estar así contigo y con mis amigos. Es que ha sido perfecto.
-Cuéntame, a ver.
-Pues mira, hemos echado unas cuantas horas de coche y hemos estado hablando mucho, aunque tú has caído muerto durante todo el viaje. Y ha sido por mi culpa. Perdón -susurró.
-No pasa nada.
-Después hemos venido a este hotel tan bonito y luego nos hemos ido a ver la ciudad. Es preciosa. Hemos comido por ahí y luego hemos seguido vendo la ciudad. Y ya pues Irene y yo hemos estado medio de compras y se nos ha ocurrido lo del piercing. Es un muy bonito, y no se me había ocurrido hacérmelo, pero ella quería hacerse uno y me he animado yo también.
-Te queda precioso. Me encanta.
-Y ya pues hemos ido a cenar. Qué sitio tan genial… Y luego al pub. Me lo he pasado muy muy bien.
-Me alegro muchísimo. Pensaba Irene y tú os ibais a aburrir, ya que este viaje era por lo del concierto, pero ya veo que no.
-Este viaje ha sido como una redención de nuestra semana de vacaciones con ellos. Ya sabes… por lo de mi hermana…
-Bueno, eso ya ha pasado.
-Sí, pero me quedé con la sensación de que nos hemos perdido varias cosas por eso. Y este día ha sido tan perfecto que me da un poco de pena que esa semana no haya sido así…
-Pero no fue tan mal, ¿no? ¿No te gustó la sorpresilla que te hice?
-¡No quería decir eso! Perdona, mi amor. Eso fue lo mejor de esa semana. ¿Qué digo? Ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
-Vale, vale. Tranquila, jajaja.
-Hoy ha estado bastante a la altura de ese día, aunque no ha sido tan genial, pero sí. Me ha encantado este día. Pasarlo con mis mejores amigos y con el amor de mi vida… ¿Qué más puedo pedir?

Me quedé en silencio y a los pocos segundos Elena incorporó su cabeza, de manera brusca, mirándome fijamente a los ojos.

-¿Qué pasa?
-Tu corazón, se ha acelerado mucho.

Sonreí al oírla decir eso, dándole un beso.

-Me has asustado.
-Eres tú la que me pone así.
-Voy a tener que medir mis palabras… Jajaja.
-Me encantas.

Elena se quedó embobada mirándome al haberle dicho esas palabras. Yo reía y le daba besos. Entonces ella se incorporó para coger la botella de champán y servirnos en las dos copas que trajo.

-¿Sabes? Siempre que me dices esas palabras o siempre que te las digo yo, me acuerdo de la primera vez que te las dije.
-Jajajaja, me pasa también.
-Vaya carilla tenías al día siguiente.
-Es que fue tan de sopetón que…
-¿Nunca te lo habían dicho?
-Pues así de esa manera, no.
-Pues no lo entiendo. Si eres un amor.
-Bueno, tampoco es que me abriera tanto con nadie como lo hice contigo.
-Esos días de antes de que empezáramos a ser pareja me recordó a tener 16 ó 17 años. Me lo pasé muy bien. Como hacía muchísimo tiempo que no lo hacía.
-Siempre es divertido eso.
-Mi hermana me preguntaba que si ya me había echado novio otra vez.
-¿En serio?
-Sí. Yo le daba largas. Tampoco es que supiera muy bien lo que quería. Estaba a gusto contigo así y tampoco quería meterme en una relación habiendo salido de una y de esa manera. Pero mira, pasó lo de la fiesta y una no puede ignorar sus sentimientos.
-Cómo me alegro de haberte llevado a mi casa para preguntarte eso.
-Uff… Estaba muy asustada, Javi… Desde el día anterior cuando me dijiste que me querías decir una cosa y que sería mejor en persona.
-Sí. Me arrepentí un poco cuando vi que te preocupabas.
-Javi, ¿crees que es un error haber traído este champán?
-¿Por?
-Ya sabes… Por cómo me pongo.
-No exageres. Si estamos aquí los dos muy a gusto. ¿Qué va a pasar?
-Ya, pero como te pusiste así aquella vez. No quiero que pase algo así de nuevo.
-No te preocupes, relájate y vamos a beber con tranquilidad.

Ambos bebimos de nuestras copas tranquilamente mientras nos acariciábamos y besábamos. Estuvimos así un buen rato, sirviéndonos más y bebiendo, aunque estando en silencio, dándonos cariño. Sin embargo, había algo que rondaba mi cabeza y quería sacármelo preguntándole a Elena al respecto.

-Elena, ¿qué ha pasado esta tarde con lo de Laura?
-¿Mmm?
-Pues que me ha dado la impresión de que estabas celosa.
-Bueno… -respondió a los pocos segundos- ¿Te cuento un secreto?
-Claro, mi vida.
-Cuando tuviste el accidente y me lo contaste… No es que me sentara muy bien. Pero tampoco era plan de decir ni hacer nada.
-Elena, no lo hizo adrede.
-Ya, ya lo sé. Pero no me sentó bien.
-No veo a Laura intentado joderte, la verdad.
-Ya, pero en ese momento pues me dio por pensar que sí. Mira, algo malo que tengo es que cuando le voy cogiendo cariño a alguien, no quiero que me lo quiten. Y eso fue lo que pensé. Me dio por pensar que al llevar tan poco contigo, a lo mejor te daba por dejarte llevar y liarte con ella o algo…
-Pero…
-Ya. Ya lo sé. Soy imbécil por pensar algo así, pero no puedo remediarlo. Aunque cada vez me pasa menos y en parte es gracias a ti por los problemillas que hemos tenido por eso.
-Elena, yo desde que estábamos viéndonos antes de ser pareja quería lo mejor para ti. El primer día en el que estuvimos en tu casa te oí hablar con tu hermana algo de tus padres y me empecé a oler algo y sumándole lo que te pasó en tu anterior relación me hizo preocuparme por ti. Yo desde el primer día quiero que estés a gusto conmigo. No te haría algo así nunca.
-Lo sé -respondió con tranquilidad.
-Puedes estar tranquila por eso.
-Si ya, pero es que es algo que me pasa desde pequeña. Con mi padre era igual. Recuerdo que le daba manotazos a mi madre para dejarme estar con él. Y con mi hermana igual, hasta la hacía llorar.

Me quedé en silencio imaginando esas situaciones mientras la abrazaba y le daba besos en la cabeza. Ella de repente se puso a reír, incorporándose para besarme en los labios. Se separó para mirarme fijamente a los ojos, pasando a los labios después. Me acarició la cara con mucha ternura, siguiendo con un beso con el mismo cariño.

-¿Vas a follar por fin a tu niña?
-¿Quieres que te folle o que te haga el amor?
-Mmm… -dijo pensativa- ¿Y por qué no las dos cosas?

Le sonreí y la empecé a besar de nuevo, con mucho cariño. Ella lo entendió y me siguió de la misma manera mientras me acariciaba la espalda al haberme incorporado. Nos pusimos en mitad de la bañera, cogiendo ella mi polla para empezar a estimularme, haciendo que se me pusiera dura rápidamente. Sin esperar más se sentó sobre ella con cuidado, metiéndosela muy lentamente al dejar caer su peso sobre mí. Una vez dentro por completo y tras exhalar todo su aire, junto a un gemido largo y dulce, se empezó a mover hacia delante y atrás para empezar a hacerme el amor. Durante todo el rato fue lento, manteniendo nuestros cuerpos pegados mientras nos besábamos con la misma lentitud. Al buen rato de estar así separamos nuestras caras para mirarnos fijamente, acelerado un poco el ritmo, aumentando sus caras de placer, llegando a cerrar los ojos.

-No, mírame. Quiero que me veas cuando nos corramos.

Elena abrió sus ojos algo desorientada, encontrándose rápidamente con los míos. Me dio un pico y seguimos de la misma manera, empezando ella a gemir con más intensidad, pero no más alto de lo que ya lo hacía. No tardamos mucho más en empezar a corrernos, primero yo, descargando todo dentro de ella, pasando Elena a contraer su coñito, como si estuviera exprimiéndome. Seguimos mirándonos a los ojos mientras ambos teníamos nuestros orgasmos, aunque a Elena se le cerraban solos, por lo que apretaba sus nalgas, respondiendo ella con un ligero gemido, abriéndolos para volver a mirarme. Una vez acabé yo le di un beso y ella echó su cara sobre mi hombro mientras se recuperaba, notando como sus contracciones seguían, pero cada vez más ligeras.

Una vez se recuperó del todo y dejó de contraer su coñito, lanzó un suspiro, seguido de una dulce risita, saliéndose de mí para sentarse, apoyando su espalda en el borde de la bañera. Yo me acerqué a ella y me puse a su lado, escurriéndome para quedar a su altura y besarle el hombro mientras ella se reía, estando con los ojos cerrados. Parecía estar relajándose y yo estaba haciendo lo propio, pero seguía con ganas de marcha, estando más encendido que antes, por lo que una vez me aseguré de que estaba totalmente recuperada, llevé mi mano hasta su pubis para acariciarlo, recibiendo ella mi caricia con una risita. Como vi que no ponía impedimentos, seguí bajando hasta toparme con su rajita, empezando a acariciársela con mis dedos. Ella lanzó un sensual «Mmm…» mientras lo hacía, escurriéndose un poco hacia abajo mientras cerraba sus ojos.

Seguí estimulándola lentamente, abriendo ella los ojos de vez en cuando para buscar los míos, lanzándome una preciosa sonrisa. Elena empezaba a ronronear, por lo que pasé a meterle los dedos, sacándolos de vez en cuando para acariciarle el clítoris. En todo momento estábamos en silencio, pero fue Irene la que lo rompió entrando al baño.

I: Chicos, perdonad, pero es que me meo…
E: No pasa nada… -susurró.

Estuvimos los dos de la misma manera que antes de que nuestra amiga entrara mientras ella orinaba como si tal cosa, como si nosotros no estuviéramos ahí. Una vez acabó, se limpió y se subió su tanga, cogiendo su neceser y yendo en dirección a la puerta, pero justo se detuvo y se dio la vuelta para venir hacía nosotros.

I: Qué sexy todo…
E: Se le ha ocurrido a él. Como vosotros estabais ahí y queríamos más intimidad, pues hemos aprovechado aquí.
I: Bien que hacéis. No os preocupéis por nosotros. Ya hemos acabado. Mario se ha corrido dos veces y se ha quedado dormido. Va a dormir del tirón, jejeje.
J: ¿Y tú?
I: ¿Yo? Tres veces. En cuanto me desmaquille, me abrazo a él y caigo en nada.
J: Pues no os hemos oído para que os hayáis corrido tantas veces.
I: Bueno, estamos en un ciclo más tranquilito. Creo que como vosotros.
E: ¿Todo bien?
I: Mejor que nunca. Os lo prometo. Con todo lo callados que nos veis y como de intensos son nuestros orgasmos. Ahora te entiendo más, Elena.
E: Jejeje.
I: Bueno, me voy a dormir que es tarde y mañana nos espera unas cuantas horas de coche. ¿Venís?
E: Nos queda un poquito todavía, jejeje.
I: ¿Estás borrachilla?
E: Mmm, puede. Un poquito solo.
I: Bueno, os dejo que sigáis con la diversión. La cama es enorme, Mario está en un filo y yo me pondré a su lado. Tenéis la otra mitad para vosotros cuando vayáis a dormir.
E: Gracias.

Irene se fue mientras Elena giraba su cabeza hacia a mí para mirarme y besarme, estando bastante risueña. Nos seguimos besando mientras yo seguía acariciando su rajita, haciéndolo lentamente, sin meterle los dedos ya. Simplemente se la acariciaba, pasando a estimularle el clítoris haciendo ligeros movimientos circulares. Elena resoplaba y resoplaba hasta que le vino su orgasmo, aparentemente sin ella esperarlo, porque su cuerpo dio una sacudida muy fuerte, abriendo los ojos, con expresión de sorpresa, rompiendo ese gesto contraído y apretado que tenía por el placer que le estaba dando. También reprimió un gritito que le salió de manera muy dulce.

-¿Qué ha pasado? -dije riéndome.
-Me ha venido de repente… -dijo con la voz entrecortada, medio riéndose.
-Elena, me encanta ver cómo te corres.
-Mmm, qué rico, Javi… Me haces unas cosas que parece que toco el cielo.
-Yo ya estoy en el cielo contigo.

Elena se lanzó a comerme la boca con ansia, sin llegar a recuperarse, por lo que notaba como le daba algún espasmo al estar nuestros cuerpos tan pegados. Cuando se separó de mis labios me agarró la cara con la mano, apretando mis mejillas, mirándome a los ojos y a la boca, dándome muchos picos. Se volvió a incorporar para echar más champán en las copas, habiéndonos bebido ya más de la mitad de la botella. Brindamos y volvimos a beber, en silencio, mientras nos mirábamos a los ojos.

En cuanto nos bebimos las copas, Elena dejó la suya en el poyete de la bañera, quitándome la mía para dejarla al lado de la suya. Después me empujó y se puso a cuatro patas en medio de la bañera. Entonces hizo ese movimiento de mirar a atrás, tapando parte de su cara con su hombro. Lo movió ligeramente de lado a lado y me dijo con una voz muy dulce:

-¿Me follas?

Mi erección hacia bastante que estaba presente, desde que empecé a tocarla de nuevo una vez se fue Irene, pero al oírla decirme esas palabras, de esa manera tan dulce y como lo hacía estando ya en posición y moviendo ese culito que me volvía loco, se me puso más dura aún, por lo que me puse de rodillas detrás de ella y coloqué mi polla en su raja.

-Javi, Javi… Despacito, ¿vale?
-Claro, cariño.

Se la metí despacio y Elena se estremeció, soltando una risita y un suspiro muy tierno. Me empecé a mover lentamente dentro de ella, empezando ella a gemir mientras yo jadeaba. Estuve un rato follándola hasta que empecé a ver como hacía movimientos raros, como si se empezara a estremecer, pero no de la manera en la que lo solía hacer. Al verla así paraba de vez en cuando y volvía a la carga, riendo ella como cuando se la empezaba a meter y de nuevo se volvía a mover así a los pocos segundos, por lo que me incliné para preguntarle:

-¿Todo bien?
-Claro que sí, mi amor.
-Es que veo que te ríes mucho y que te mueves raro…
-No te preocupes. Estoy un poquito sensible y un poquito mareada. Es por el alcohol, ya no estoy muy acostumbrada.
-¿Quieres que paremos?
-Nooooo -dijo de manera tierna-. Quiero que me folles, cariño. Vamos a acabar bien la noche. Fóllame más fuerte.
-¿Segura?
-Siiiii.

Le di un beso en el hombro, mientras ella reía muy dulcemente y me incorporé para acabar el polvo porque la veía sensible y un poco ida por el alcohol, por lo que empecé con ligeros movimientos que se fueron transformando en potentes embestidas que Elena acompañaba con un gemido cada una de ellas.

-Más fuerte… -me pedía mi chica con voz lastimera y dulce.
-¿Más fuerte?
-Sí. Reviéntame.

Le hice caso en el acto, seguramente venido a arriba por ir algo bebido, pero así lo hice, agarrándola bien de las caderas para taladrarla fuertemente. Elena lanzaba gemidos que reprimía agachando su cabeza. Me notaba cerca y ella también lo estaba aparentemente por sus movimientos, por lo que me salí de ella y como si se tratara de una muñeca, la coloqué boca arriba, con su espalda apoyada en la bañera y con sus piernas abiertas. Ella me miraba con expectación y con algo de incertidumbre. Yo apoyé mis manos en el filo de la bañera después de guiar mi polla hasta su raja para volver a metérsela. La empecé a follar de nuevo, con bastantes ganas. Ella me miraba con los ojillos vidriosos y algo rojos, por la ingesta de alcohol haciendo que sus vasos sanguíneos se dilataran y fluyera más sangre por ellos. Con cada embestida que daba ella lanzaba un gemidito dulce que me ponía a mil y me envalentonaba a darlas con más fuerza e ímpetu. Tanto fue así que casi se desbordaba el agua de la bañera pese a no estar demasiado llena y Elena paso a taparse la boca con su mano. También se escurría y se movía bastante por la fuerza con la que se la metía, por lo que le dije que se agarrara con sus piernas a mí. Me hizo caso y ayudó bastante porque ya no se movía tanto y eso hizo que cogiera más ganas a la hora de empujar. Ya sentía ese cosquilleo que precedía a la explosión. Y también sentía su particular explosión acercarse por sus gestos y sus estremecimientos y más aún cuando apretó su abrazo con sus piernas y se agarró a uno de mis brazos con su mano mientras se seguía tapando la boca con la otra. Al final se acabó corriendo apretando mucho su cara y su mano contra su boca, temblando bastante mientras gemía desesperada, aunque de forma reprimida. Como hacía unos minutos, me vacié por completo dentro de ella, mientras ella seguía temblando, aunque ya sin gemir, jadeando entrecortadamente.

Me iba a salir de ella, pero no podía por la rigidez de sus piernas apretando mi cuerpo, además de que me pidió bajito que no lo hiciera, ya que quería sentirme bien. Le hice caso y me quedé conforme estaba, notando sus últimos espasmos y contracciones hasta que poco a poco se fue relajando, haciéndolo también sus extremidades. Ya sí que me salí ahí y me puse a su lado, besando su hombro. Elena reía de manera bobalicona, relajándose mucho, estirándose bastante.

-¿Por qué te has reprimido tanto?
-Mmm, porque nuestros amigos están durmiendo, Javi. No quiero molestar.
-Ah.
-¿Te molesta?
-¿Qué? ¿Por qué me iba a molestar? Si te pones muy mona.
-Vale, jejeje -dijo incorporándose para servirnos lo que quedaba en la botella.
-¿Quieres más?
-Bueno, me da pena no acabarla con lo que cuesta. ¿No te apetece más?
-¿Sabes qué? Llevas razón. Un día es un día.

Al final nos acabamos la botella, aunque no me llegué a emborrachar y eso que había bebido una copa en el pub, aunque no estuviera muy cargada. Sin embargo, Elena sí que estaba algo más tocadilla, porque se le iba la voz y no paraba de reírse todo el tiempo. Era algo que no me molestaba realmente, porque lo que me tocaba la moral en realidad era que se pusiera como aquella vez en la playa cuando tuvimos ese incidente con su hermana, aunque Elena no se enteraba de lo que estaba pasando. Y ya el remate era cuando se menospreciaba, era algo que me sacaba de mis casillas, pero afortunadamente no lo acabó haciendo y era algo que llevaba sin hacer desde aquella vez.

Tras acabarnos la botella, nos pusimos a vaciar la bañera, aprovechando después para aclararnos y lavarnos bien después de tanto folleteo y haber acabado dentro de ella dos veces. Elena aprovechó también para quitarse su ligero maquillaje de la cara, lavándosela con jabón. Cuando nos levantamos para salir la tuve que agarrar porque estaba bastante mareada, aunque ella lo achacó al folleteo, diciendo que aún le temblaban las piernas. Eso sí, todo riéndose. Al final salimos y nos secamos tranquilamente, cogiendo la ropa y dejándola doblada en la maleta, saliendo con cuidado cada uno enrollado en su toalla para coger ropa limpia y ponérnosla. Unos boxers en mi caso, ya que es como estaba acostumbrado a dormir, y más teniendo en cuenta que estábamos en pleno agosto. Y en su caso unas braguitas negras y una camiseta mía de manga corta que usaba como pijama varias veces.

Le tuve que llamar la atención en varias ocasiones porque no paraba con la risita, viniendo ella hacía a mí diciéndome que era porque estaba feliz y encantada con ese día que habíamos pasado. Nuestros amigos dormían a pierna suelta, por lo que no había problema, pero aun así no quería despertarlos, por eso la regañaba. Efectivamente, Irene y Mario estaban como nos dijo ésta que iban a estar, por lo que Elena gateó para meterse hacía la mitad de la cama, moviendo su culito. Ahora el que reía era yo, porque estaba muy mona con ese atuendo y esos movimientos, llevando además su pelo suelto al haberse quitado la goma que se lo recogía. Se sentó en medio de la cama, abriendo sus brazos queriéndome decir que fuera con ella, aunque me quedé cerca del filo de la cama, dando palmaditas para que viniera hacía a mí. Parecía que seguía con ganas de juerga, pero ya era muy tarde y estábamos en la cama con nuestros amigos, por lo que la tumbé y la eché sobre mí para que se durmiera. Como si fuera una niña pequeña, se revolvía y jugaba conmigo, por lo que entre risas le tenía que llamar la atención. Al final conseguí que se estuviera quita al subirse encima de mí, pero murmuraba largos «mmm…», porque le acariciaba y le rascaba la espalda. Le susurré que lo hiciera más bajito y ella volvía a reír, pero finalmente se fue calmando, quedando profundamente dormida sobre mí.

Irene se giró preguntándome qué pasaba. Le respondí que nada, que Elena estaba muy contentilla. Se incorporó para beber agua y luego me dio un beso en la mejilla, dándole otro a Elena tras pasarle el pelo por detrás de la oreja. Me dio las buenas noches y se volvió a echar sobre el pecho de Mario para dormir. Yo me quedé unos momentos pensando en lo bien que había ido el día y lo graciosa que se había puesto Elena en los últimos momentos. Finalmente caí dormido debido al cansancio de aquel largo día con tanto movimiento y tanta diversión.

Al día siguiente nos despertamos sobre las 10 y media porque teníamos que dejar la habitación sobre las 12. Nuestros amigos fueron a ducharse y nosotros aprovechamos para quedarnos un rato más en la cama. Elena estaba en plan muy cariñoso, parecido a como estaba la noche anterior, pero sin reír tanto y sin hacer todas esas tonterías que hacía. Tampoco parecía tener ganas de folleteo, por lo que nos quedamos tumbados con simples caricias y algún que otro beso.

-Anoche estabas muy tontorrona…
-Como para no… Me tenías muy caliente.
-No, no lo digo por eso.
-¿Entonces?
-Fue por el champán. Te pusiste muy graciosa. Hacías mucho el tonto y no parabas de reírte.
-¿Sí?
-Vaya. Por momentos me recordabas a tu prima Paula. Estabas muy mona.
-Qué vergüenza… -dijo apretando su cara contra mi pecho.
-¿Vergüenza de qué? ¿A estas alturas?
-No sé… Es que… No quiero que veas borracha y más después de…
-Elena, que no pasa nada. Si me hizo mucha gracia. Y no pasó nada malo. Mira, nosotros no somos muy de beber, pero tampoco pasa nada porque alguna vez lo hagamos.
-No sé…
-Va, no te pongas así. Estuvo divertido.
-La verdad es que tengo unas cuantas lagunas…
-¿No te acuerdas de cómo hicimos el amor y como follamos?
-Sí, sí. Pero de algún momento en específico pues no. Y, por ejemplo, después de que acabáramos no recuerdo nada.
-¿No te acuerdas de cómo casi te caes y te agarré?
-Pues no.
-¿Ni como estabas con las risitas y moviendo tu culito mientras te subías a la cama?
-Ay… Qué vergüenza…
-Me encanta. Parece que nos acabamos de conocer cuando te pones así, jajajaja.
-Javiiiii…
-Es que estabas como una niña pequeña. Y yo haciéndote mimitos para que no la liaras, porque estabas juguetona.

Al rato salieron nuestros amigos y nos levantamos nosotros para arreglarnos y dejar la habitación, por turnos para no ser descubiertos. Nos hicimos los locos con las maletas, yendo al ascensor Mario y yo para bajar al subterráneo donde estaba su coche mientras Elena e Irene iban a la recepción para entregar la llave y despedirse del personal.

Por suerte no hubo ningún problema, por lo que nos montamos en el coche echando un ojo para ver dónde podíamos desayunar, porque habíamos pensado en desayunar fuerte para hacer el viaje del tirón y no llegar muy tarde a casa. A Mario y a mí se nos notaba en la voz los estragos del concierto, estando ambos bastante roncos, con las chicas medio riéndose de nosotros por ello. Al final acabamos haciendo un desayuno-almuerzo porque con la tontería ya eran más de las 12 y los restaurantes empezaban a abrir sus puertas.

Después de disfrutar de la gastronomía local nos volvimos a montar en el coche y nos pusimos en camino para regresar a casa. Al final decidimos parar a medio camino para tomarnos un café y picar algo mientras hablábamos sobre cosas del día anterior, contando Mario y yo detalles del concierto mientras ellas nos contaban también cosas que habían visto y algo que se habían comprado, comentando que había alguna sorpresa para que lo viéramos más tranquilamente en casa y con más intimidad. Mario y yo nos mirábamos sonriendo, entendiendo lo que nos querían decir, con ganas de ver de qué se trataba pese a la noche de folleteo que tuvimos con ellas.

Llegamos a casa tras aquel largo viaje sin llegar a tener ningún percance, nada en absoluto en todo el fin de semana, cosa que se agradecía. Pude disfrutar de la compañía de mi chica y de mis amigos de una manera que hacía bastante que no podía, con muy buen rollo durante todo el tiempo y sin ningún problema por ningún lado.

Al final llegamos casi a la hora de cenar a casa cuando nos dejaron en la misma puerta, por lo que Elena y yo pensamos en invitarlos a cenar. Ellos nos dijeron que no hacía falta, pero la cosa fue tan bien que insistimos. Al final acabaron aceptando, por lo que entraron en casa. Elena se puso a hacer algo de cena mientras Irene le ayudaba, aprovechando yo para darme una ducha rápida y ayudar a poner la mesa una vez acabara. Nos pusimos a cenar los cuatro tranquilamente comentando la semana que tendríamos por delante. Nuestros amigos seguían con su rutina de trabajo, con Mario trabajando por la mañana y por la tarde, mientras que Irene solo tenía turno de tarde. Nos explicaban que aprovechaban para comer juntos, porque si no, apenas se veían durante el día. Mario decía que había mucho cachondeo con sus compañeros porque siempre le puteaban diciendo que se iba con su novia en vez de irse con ellos, pero es que él pasaba casi todo el día con ellos y quería estar con ella. Elena dijo que esa semana le tocaba de mañanas y de tarde, por lo que se avecinaba una larga semana muy monótona, pasando menos tiempo con ella, aunque comíamos, cenábamos y pasábamos la noche juntos. Respecto a mí, poco secreto había. Todos conocían mi situación con el trabajo, por lo que ya suponían que trabajada por la mañana y por la tarde, pero muy tranquilo y muy a mi bola, con la misma libertad que siempre para hacer alguna escapada o por si surgía algún problema, manteniendo los fines de semana libres.

Así se nos pasó el rato, acabando de cenar, despidiéndonos de ellos con unos fuertes abrazos, sin saber muy bien cuando nos veríamos, por la semana tan ocupada de trabajo que se nos venía encima, sin llegar a concretar nada para el fin de semana siguiente. Pese a despedirnos sin saber muy bien cuando los veríamos, Elena no estaba muy triste, todo lo contrario. Parecía durarle ese buen humor y esa alegría de aquel fin de semana que acabábamos de pasar.

Después de recoger entre los dos lo de la mesa, ella se fue a darse una ducha para descansar mejor, esperándola yo en la cama con el aire puesto mientras veía la tele, aunque me notaba cansado. Elena regresó enseguida, tumbándose a mi lado, estado también con los ojos entornados, por lo que apagué la tele para irnos a dormir, descansando para afrontar una nueva semana.

Efectivamente la semana fue muy monótona por estar ambos con nuestros trabajos. Yo ya estaba más que acostumbrado al mío, pero también era verdad que no madrugaba tanto como Elena, siendo ese el principal motivo por el que ella acababa muy cansada cuando iba a recogerla ya acabando la tarde.

Lo bueno del verano es que los días eran más largos y ser de día cuando salía hacía que no se viniera tan abajo, ya que Elena amaba que los días fueran largos y que hiciera buen tiempo, encantándole el verano por esas razones. Yo sin embargo tenía gustos contrarios a los de mi chica. De siempre me ha gustado más el otoño e invierno, gustándome el frío con esos días de lluvia. Y hasta me gustaba eso de que anocheciera temprano en los meses más fríos del año.

A veces me paraba a pensar en eso, dándome hasta algo de miedo llegar a esos meses y que saliera de trabajar en esas condiciones. Sospechaba que su reacción no sería la mejor, pero yo estaría allí para hacérselo más llevadero. También esperaba que para ese entonces la hubieran ascendido tras ese periodo de enseñanza, ya que Elena era una chica muy capaz y sabía de sobra que podría con todo y que sería una de las mejores. De hecho, ya me olía eso por cosas que me decía ella y sobre todo por lo que dijo Yolanda el día en el que nos conocimos, alabándola sin parar.

Solo tres hechos fueron reseñables esa semana. El primero tuvo lugar el jueves. Estaba algo aburrido de la monotonía de mi nueva vida y aproveché que iba bastante bien en el trabajo para ir a casa para ver a mi madre, ya que al habernos ido mi hermano y yo de casa y al estar éste bastante lejos, sin posibilidad de acercarse por la gran distancia que le separaba de su familia y lo ocupado que estaba con su trabajo, decidí esforzarme e intentar ir más regularmente para intentar llenar el vacío que ambos dejamos en casa.

Llegué y estuve hablando con ella un buen rato. Se la veía contenta de verme allí, haciéndome algo para desayunar pese a haberlo hecho ya, pero así son las madres. Su alegría por tenerme ahí era notable, pero también la veía algo decaída y sabía de sobra por lo que era, por lo que se lo hice saber diciéndole que fuera a casa de mis abuelos más y que fuera también con mi tía para tomar café con ella, salir a hacer recados o simplemente dar un paseo con ella. No me gustaba que estuviera tanto rato sola, ya que ella no trabajaba y mi padre lo hacía demasiado. Ella me daba la razón para que no fuera muy insistente, cambiándome de tema rápidamente, preguntándome cómo estaba Elena, cómo nos iba en el trabajo a ambos, qué hacíamos para desconectar y alguna cosa más.

Después de estar un buen rato allí para hacerle compañía me despedí de ella con un fuerte abrazo, prometiéndole que me tendría por allí más a menudo. Ella me dio las gracias y me dijo que me quería, como siempre. Salí de mi casa y vi que aún era temprano para ir a recoger a Elena a pesar de tener que hacer aún el viaje de vuelta a casa, por lo que decidí aprovechar que aún no hacía tanto calor para dar un pequeño paseo. Al estar tan cerca de la casa de Mario fue inevitable que pasara por ahí, aunque tampoco es que tuviera intención de evitarlo. Pero sí que debería haber ido en otra dirección, porque justo cuando me asomé para ver si la valla estaba abierta, me encontré con que había una chica frente a la puerta.

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