SYLKE & RAÚL

CAPÍTULO 5

Sostengo la cabeza de mi cuñada pegada contra la encimera y con la otra mano le arranco bruscamente ese tanga, que queda rasgado colgando de uno de sus muslos debido al fuerte tirón, incluso hace temblar sus carnes firmes. Ella suspira, pero no dice nada y yo me quedo admirando ese culito al desnudo, con sus dos agujeritos. Al ver ese precioso ano que ya conocía a través del video del plug casi me caigo de espaldas, por no hablar del jugoso chochito, totalmente rasurado, visto por abajo y esos labios inflamados que se abren como una flor. A continuación empiezo a manosear ese culo con todas mis ganas y agachándome entre sus piernas y separándoselas, comienzo a lamer la rajita de arriba abajo, subiendo hasta su ano e introduciendo la punta de mi lengua, consiguiendo que la situación sea extremadamente salvaje, prohibida y morbosa, en la que Marel no deja de gemir y pronunciar mi nombre en bajito, para que nadie pueda escucharla, aunque sus jadeos y gemidos son cada vez más fuertes y de pronto una voz en la cocina me deja sorprendido, justo en el momento en el que mis labios están succionando su empapado y delicioso coño.

–        ¡Huy, perdón! – se oye la voz de Igor a mis espaldas.

Noto que mi cuñada aguanta la respiración por un instante, temblando de miedo y de placer, cuando giro la cabeza, me espero cualquier barbaridad de ese tipo, que parece fijo en ese culo, pero me sorprende que no lo reconozca cuando añade.

–        Perdonadme, es que estaba buscando a mi mujer.

–        Creo que ha subido arriba. – digo sin pensar.

Joder, el tipo, al vestir las dos hermanas igual, ha creído que ese culo y ese coño que me estoy comiendo es el de mi mujer y desaparece algo cortado de la cocina. Marel permanece en silencio, tan solo con su respiración agitada y yo con mis manos en sus dos posaderas.

–          ¡Sigue, Aritz! – resopla ella de pronto en voz baja entre jadeos.

Ese reclamo me hace despertar y sigo chupando ese dulce manjar que es el chochito de mi cuñada con todas las ganas, esa fruta prohibida que tanto anhelo, besando, lamiendo, chupando… entrelazando sus labios vaginales en mi propia lengua, llenándome con esos líquidos que saben a un manjar delicioso, mientras mis dedos juegan con su botoncito por la parte de adelante, notando lo inflamado que está, hasta que de pronto, su respiración se detiene y a continuación lanza un gemido ahogado pero intenso, lo que indica que se está corriendo entre temblores de todo su cuerpo, incluso noto zarandearse sus tacones al entrar en ese éxtasis…

–        ¡Uf, sí, joder, qué gusto, Aritz! – suspira ella susurrando en pleno orgasmo.

Sin duda, el hecho de hacer esa locura con su marido presente le ha debido poner a mil y yo disfruto como nunca también, bebiéndome esos juguitos deliciosos, que emanan sin parar de su coño e impregnan mi boca por entero, mientras acaricio su redondo pandero.

Me incorporo sin dejar de masajear ese precioso culo a gusto con mis manos, mientras mi cuñada sigue jadeante, semi tumbada sobre la encimera, recuperándose después de haberse corrido. Mi polla en este momento está a tope y ver ese culo con sus dos agujeritos no me permite ser racional, así que, sin pensarlo, bajo la cremallera de mi pantalón intentando sacarla de su prisión, aunque me cuesta, debido a tenerla tan tiesa, pero por fin la saco y no puedo evitar frotar mi glande contra ese coño babeante que me acabo de comer.  Por un momento Marel aguanta la respiración al tiempo que con mis manos le separo un poco más las piernas y en el momento que coloco mi polla en la entrada de su coño, gira su cara con los ojos muy abiertos.

–        Aritz, ¿Qué haces? – me pregunta asustada

–        Lo que siempre he soñado, Marel, estar dentro de ti. – le respondo nervioso y excitado.

–        No, no lo hagas… – dice mordiéndose el labio cuando siente la cabeza de mi polla adentrarse.

–        Schssss – la digo sin dejar de acariciar su culo y manteniendo mi glande atrapado en ese estrecho coño que noto caliente.

–        Aritz, mi hermana, puede venir en cualquier momento… – contesta gimiendo cada vez más fuerte, pues sin duda le está gustando tanto como a mí.

–        Tranquila Marel, tu hermana sigue en el jardín.

Conociendo a mi socio y a mi mujer con lo que les gusta parlotear, me siento seguro y sin preámbulos, con un movimiento enérgico de mi pelvis, le inserto de golpe mi polla hasta el fondo de su coño notando como me atrapa con los músculos de su vagina aprisionando mi dureza tan placenteramente que me parece estar en un sueño. Miro hacia abajo para corroborar algo que me parece mentira y ver como la tengo metida hasta el fondo. La saco ligeramente poco a poco, pero es mi propia cuñada la que me agarra de mi culo y me empuja contra ella para que vuelva a penetrarla hasta el fondo y lo hago con más energía moviendo su cuerpo y aplastándolo contra la encimera.

–        ¡Ah, Sí, Dios, joder, qué polla, ¡Aritz! … ¡Sí! – gime ella en cuanto la siente entrar del todo.

Noto la tensión de mi polla y esos músculos pélvicos de mi preciosa cuñada aferrándose a ella. Creo que no voy a durar mucho, pues como siga así me corro de placer en dos segundos y justo cuando me dispongo a penetrarla hasta lo más profundo de su matriz, con todas mis ganas, para follármela de una vez por todas, veo la figura de mi mujer acercarse por el jardín hacia la puerta de la cocina.

–        La saco – le digo a mi cuñada que sigue aferrada a mi culo empujándome contra ella.

–        ¡No, Aritz, no la saques ahora! – me suplica.

–        ¡Joder, tu hermana…!

–        Deja ahora a mi hermana, está en el jardín. – añade jadeante y disfrutando de mis embestidas.

–        No, tu hermana, que viene… – digo y empujando su culo logro sacar mi polla babeante del interior de su acogedor coño.

A duras penas, logro meter mi tremenda erección de regreso dentro del pantalón, que hago de forma precipitada mordiendo mi labio por el esfuerzo. Mientras tanto, mi cuñada se incorpora recolocándose el vestido, con una respiración agitada mientras la ayudo a sacar el tanga de su muslo que queda medio colgando y me lo meto en el bolsillo. Apenas dos segundos después, Mar abre la puerta:

–        ¿Qué hacéis aquí? – nos pregunta sorprendida al vernos todavía en la cocina.

–        Íbamos a coger un par de cervezas – digo abriendo la puerta de la nevera sacando dos botellines intentando que no se me note el sofoco. – ¿quieres una, cari?

–        Si, amor. – responde Mar que no parece notar nada raro.

Marel, le pega un buen trago a su botellín, supongo que nerviosa por lo que acaba de suceder.

–        ¿Estás mejor, cariño? – le pregunta Mar a su hermana.

–        Sí, necesitaba un trago.

–        Os dejo solas un rato y le llevo una cerveza a ese. – añado yo, refiriéndome a mi cuñado, rebajando un poco la tensión y desapareciendo de la cocina, pues creo que mi pantalón me puede delatar delante de Mar.

Cuando llego al comedor, Igor me sonríe en cuanto me ve aparecer

–        Vaya repasito le has dado al culito de tu mujer, ¿eh? – me dice sonriente.

–        ¿Cómo? – digo mientras le entrego el botellín.

–        Sí, antes en la cocina, espero no haber molestado… pero parece que lo pasabais realmente bien.

–        ¿Te ha gustado mirar o qué? – le comento secamente, haciéndome el ofendido, aunque en el fondo sonrío por dentro sabiendo que ese culo que me estaba comiendo cuando él apareció, era nada más y nada menos que el de su propia mujer.

–        No, esto… yo…

–        Tranquilo. No pasa nada. – le digo antes de que diga cualquier tontería de las suyas.

Al rato aparecen las dos hermanas, con sus vestidos idénticos y mi cuñado salta a Marel de muy malas maneras:

–        Joder, ¿y tú dónde estabas?

–        En el baño. – responde seria.

–        Pues he ido al de arriba y no estabas. – añade el otro.

–        Tranquilito, ¿eh? – es mi mujer la que le recrimina por esa actitud autoritaria de mi cuñado.

–        Estoy tranquilo. – dice él con chulería tomando un trago de cerveza.

–        Entonces ¿Ya te has quitado el palo por el culo que has tenido toda la cena?

–        Yo si te metería un palo por el culo y bien metido.  – añade agarrándose el paquete por encima del pantalón.

Estoy a punto de saltar y partirle la cara por ese comentario chulesco, pero pensándolo bien, casi que disfruto que él sea el único cornudo y estúpido de la noche, que sueñe con el culo de mi mujer, que, por cierto, estoy seguro que nunca podrá catar y además, sin que haya sido capaz de reconocer que precisamente ese culo perfecto es el de su propia esposa. Entonces es Mar, la que salta bastante cabreada.

–        Ya quisieras tú, aunque por lo que sé eres un cero en la cama. – comenta mi mujer sin pensar y con su sonrisa malvada.

Igor se queda callado por un momento, porque eso no se lo esperaba y no parece agradarle precisamente. Aunque mi mujer se ha pasado, es lo que ese cabrón se merece como mínimo.

–        Bueno, por favor, no quiero más discusiones. ¿Podemos tener tranquilidad lo que resta de la noche? – comenta Marel apagando ese fuego.

Mi mujer parece dispuesta a seguir atacando a mi cuñado, pues le tiene tanta manía como yo, pero yo me agarro a su cintura y la traigo hacia mí, dándole un buen morreo y apagando por mi parte el otro fuego. Marel parece haberme entendido en ese juego de no entrar en guerra, sino en desahogarnos en una dulce venganza y es ella la que habla a su esposo.

–        Cariño, ¿Sabes lo que nos propone Aritz? – le pregunta sentándose en su regazo, muy zalamera.

–        ¿El qué? – responde el otro al que no parece quitársele su cara de cabreo.

–        Pues que podemos celebrar nuestro aniversario en Japón.

–        ¿Cómo? – pregunta confuso.

Igor nos mira sorprendido, pero sin entender de qué va toda la movida.

–        Sí, que no suspendamos el viaje y vayamos él, tú y yo a Tokio, así podremos cerrar el contrato con los socios japoneses y de paso conocer la ciudad nosotros dos para celebrar nuestro aniversario ¿No es genial?

–        Pero… yo… – responde el otro aturdido por la noticia y me mira como si no se lo creyera.

–        Verás, Igor, la idea no ha sido mía, dale las gracias a tu cuñada. – añado señalando a Mar.

Mi esposa parece que sigue bastante cabreada con él:

–        Pues sí, he hablado con Ander y me ha dicho que sí, que te cede su plaza en el viaje y podrás visitar Tokio con tu mujercita, ¿Te parece bien, troglodita? – le suelta, sin cortarse, Mar.

Igor no es capaz de contestar, porque todavía está alucinado y Mar me mira, me sonríe y es esta vez ella la que se agarra a mi cuello, dándome otro beso intenso.

–        ¡Joder sí que sois apasionados! – comenta mi cuñado al vernos.

Justo cuando veo que Mar, le va a soltar otra fresca, salto yo:

–        Cari, esto hay que celebrarlo con ese orujo tan rico. Vamos a buscarlo. – añado tirando de la mano de mi mujer para dejar solos a la pareja para que comenten el tema del viaje y así tranquilizarla.

Llegamos a la cocina y mi mujer vuelve a besarme. Yo me inquieto al sentir su lengua enredada con la mía y confío en que no note en mi boca el sabor del coño de su hermana.

–        Ese tío, es cada día más idiota – responde ella disgustada.

–        Relájate, mujer.

–        Es que no le aguanto. Cari, prométeme que vas a conseguir que mi hermana se folle alguno en el viaje, ¿vale?

–        Pero Mar…

–        Cari, hay que vengarse de ese cerdo, si hacemos todo esto no es para que disfrute precisamente en Japón, bueno sí que crea estar disfrutando, pero en el fondo que tenga unos cuernos que no pueda ni meterse en el avión de vuelta.

–        Jajaja… eres tremenda, cari.

–        ¡Prométemelo, prométemelo! – dice apretando mis huevos, que es lo que suele hacerme cuando quiere conseguir algo.

–        Está bien, te lo prometo. Me has convencido. – digo sonriendo.

–        Gracias cielo, me da igual como lo consigas, pero cuantas más veces mejor, que ni se imagine la cornamenta que le va a poner su mujercita en pleno viaje romántico. Cuanto más grande sea esa polla, mejor – añade ella. – y luego me lo tienes que contar con todo detalle.

A continuación, sin dejarme replicar, se agacha hasta ponerse en cuclillas con sus taconazos y abriéndome la bragueta, saca mi polla y empieza a lamerla con todas sus ganas, metiéndola casi por entero, aunque no lo consigue como hiciera precisamente su hermana. Solo se oye el sonido de su boca comiéndome la polla y llenándomela con sus babas. Vuelvo a temer por un instante si también pueda notar en su paladar el sabor a coño que debe tener mi polla y no es precisamente el suyo en donde ha estado metida.

En ese momento viene a mi mente el recuerdo de Marel, en esta misma cocina en donde mi mujer me está haciendo esta deliciosa mamada y agarrándola de la nuca empiezo a follarla con todo el ímpetu pensando en que la estoy metiendo de nuevo en ese tierno y cálido coño de mi cuñada. Mi corrida que había estado latente durante la noche, sale disparada de forma inesperada, inundando su garganta con innumerables chorros hasta que Mar tiene que apartar la cara si no quiere ahogarse, y lo hace tosiendo entre arcadas.

–        Joder cari, qué ímpetu. Vaya corrida. Casi me ahogas, cabrón. – me dice recogiendo los restos de mi semen de sus labios y llevándoselos a la boca.

–        Perdona, amor, pero me calentaste con esa mamada. – la digo mintiéndola de nuevo.

–        Me encanta verte así de salido, amor. – añade ella levantándose. – luego lo rematamos en la cama que ahora la salida soy yo.

–        ¿Ah sí?, Por cierto, ¿cómo has hecho para convencer a Ander? – la digo agarrando su culo y sobándoselo mirándola fijamente a los ojos.

Mar me sonríe y sabe que no hace falta respuesta, pues sé de sobra que se va a tener que follar a mi socio varias veces.

–        ¿Celosillo, cari? – me pregunta dándome un piquito viendo mi cara de evidencia.

–        No, ya sabes que no me importa. Ander es un buen tipo.

–        Y folla bastante bien. – responde riendo como si quisiera provocarme.

–        ¿Ah sí?

–        Pero no mejor que tú, amor, ya lo sabes. Todavía no conozco a nadie que folle como tú. Por cierto, espero que tú también te diviertas en Japón y te folles a alguna putilla. – me dice sonriente. – ya sabes que me encanta que estés bien atendido.

Yo disimulo recogiendo la botella de orujo y regresamos al salón para servir los cuatro chupitos para brindar por el viaje a Tokio y todos parecemos habernos serenado un poco. Marel se sienta junto a Igor en el sofá grande y nosotros en la butaca de enfrente, de tal modo que Mar queda sentada sobre mi regazo, momento que aprovecho para acariciar su culo, algo que no se le escapa a Igor que no se pierde detalle de como mi mano se adentra bajo el vestido. Yo le miro como diciendo “mira este culo que es mío y el de tu mujer también”.

Mientras todos parecemos disfrutar de ese rico orujo y de la conversación sobre el viaje, le hago una señal a Marel para que se abra de piernas y me enseñe su coño. Ella al principio me mira como si estuviese loco, parece reacia a dar ese paso, pero después de varios chupitos y de ver a su hermana entretenida, casi de espaldas a ella, accede. Muy lentamente Marel abre sus piernas, ofreciéndome una magnifica visión de ese rasurado y precioso coño al que aún me parece mentira haber penetrado hace un rato. Irremediablemente mi polla vuelve a reaccionar ante esa visión tan deslumbrante, a tal punto que Mar nota mi bulto bajo vestido y creyendo que es por su culo sobre mi regazo, me dice susurrando al oído.

–        Seguro que ya estás pensando en lo que me vas a hacer luego… ¿no?

Le sonrío y con disimulo recoloco mi polla que ya me duele de tanta tensión y aprovecho para acariciar el coño de mi mujer bajo su vestido. Primero lo hago sobre el tanga, pero después lo retiro para acariciarlo directamente al tiempo que observo el de su hermana, como si realmente estuviera acariciando aquel.

–        Joder, cómo me gusta verte tan excitado – añade mi esposa en un nuevo susurro, sin que se entere de que mi vista está clavada en el coño de su hermana.

De pronto, el aguafiestas de mi cuñado mira su reloj y dice:

–        Oye Marel se está haciendo un poco tarde, y mañana, recuerda que he quedado con mi padre para acompañarle a la clínica para los análisis.

–        Ah, sí, es verdad es un poco tarde. Además, tendremos que preparar la maleta para el viaje. – dice ella cerrando sus piernas de inmediato.

–        Bueno, no llevéis mucho que será un viaje corto. – le comento yo.

–        Sí, corto pero intenso – añade Mar sonriéndome.

–        Vale, subo a cambiarme y nos vamos – Dice Marel sonrojándose inevitablemente.

–        Espera que te acompaño. – comenta mi mujer y ambas suben a nuestra habitación.

Mientras yo me quedo con mi cuñado, hablamos sobre qué llevar al viaje y lo más importante que compruebe si tiene el pasaporte en regla mientras terminamos un último chupito en silencio, hasta que él me dice.

–        Cuñado, gracias por lo de Tokio.

Me sorprende verle tan amable, pero lógicamente esa noticia le ha descolocado, sabiendo de nuestra enemistad, pero lo que no sabe es mi auténtico objetivo del viaje.

–        No lo hago por ti, eso está claro, lo hago por tu mujer. – respondo tajante para que le quede claro que no quiero ningún tipo de acercamiento con él.

Pasados unos minutos las chicas vuelven a bajar, Marel se ha cambiado y les acompañamos a la entrada para despedirnos de ellos. Mientras Igor abre la puerta del coche, Mar se despide de su hermana con un par de besos y después lo hago yo también, agarrado a su estrecha cintura, cuando noto que acerca su boca junto a mi oreja:

–        Mira el móvil que te he dejado un par de sorpresas… – me dice a la vez que me acaricia con disimulo la polla por encima del pantalón.

Una vez solos mi mujer me dice:

–        Este panoli, no sabe lo que le espera, ¿verdad cari?

–        Creo que ni se lo imagina.

De pronto, cuando empezamos a subir las escaleras, noto como Mar da un traspié.

–        ¿Estás bien? – le pregunto agarrándola para que no ruede por las escaleras.

–        Uf, estoy algo mareada. Creo que he bebido demasiado.

–        Entonces dejamos ese tema para mañana. – añado ayudándola a subir.

–        ¿Seguro?, ¿No te importa? Mira que estoy cachonda, pero no sé si estaré en condiciones.

–        Claro, que no me importa, amor, aún tenemos mañana todo el día, antes del viaje para desahogarnos. tú descansa y yo recojo la cocina y echo un vistazo al correo, tranquila.

–        Gracias churri, eres un cielo. Ojalá mi hermana tuviera a alguien como tú.

–        Anda, eso es que me ves con buenos ojos.

–        Es cierto, cari, un hombre como tú, con una polla como la tuya es lo que necesita Marel. Por cierto, si no encuentras a nadie que se la folle en Japón, lo haces tú mismo, pero que venga bien servida.

Por un momento me quedo en shock, pero lo achaco a que está algo borrachilla y le resto importancia diciendo:

–        Anda, vete a la cama, que sí que has bebido demasiado.

Me despido de ella dándole un piquito y un azote cariñoso en el culo. Después me dirijo rápidamente a la cocina, abro el móvil y veo un mensaje de mi cuñada, que abro al instante para descubrir el siguiente texto:

–        “Aritz no veas como me has puesto de cachonda cuando he notado tu polla dentro de mí, la pena que ha sido solo unos segundos, pero estoy deseando tenerla ya entre mis piernas para sentir esa hermosura dentro de mí y correrme de gusto. De regalo te adjunto un video para que pienses en mí. Besis.”

A continuación, le doy al play y lo que se ve es el espejo de mi cuarto de baño mostrándome esas preciosas tetazas masajeándoselas muy suavemente. El simple bamboleo de esas tetas hace que se me ponga dura como una piedra al instante. Lo siguiente que veo es como agarra su pecho derecho y se lo acerca a su boca, y sacando muy despacio su lengua le da varias lamidas al pezón, para luego absorberlo con su boca, diciéndome de forma lasciva:

–        ¿Te gusta lo que ves, mi admirador secreto?

Afirmo como un idiota sin que lógicamente pueda verme, pero estoy hipnotizado ante esa visión y recordando los otros videos que descubrí cuando era Mayder, ahora convertida en Marel, mi cuñada.

–        Espero que lo esté disfrutando en exclusiva, porque ahora viene lo mejor, cariño. – añade mojándose los labios con su lengua

Y efectivamente no se equivoca, lo mejor viene cuando se sienta sobre el inodoro, coloca una de sus piernas sobre el lavabo, concretamente la izquierda, y con su mano se acaricia lentamente su hermoso coño, veo como se agacha bamboleándose esas formidables tetas y a continuación observo como en su mano derecha tiene un zapato de tacón de color negro stiletto con cordones que le sujeta el empeine de punta abierta de unos 14 cm con cremallera en el talón, y lo lleva directamente a su coño mostrándome con dos dedos como abre sus labios mayores y poco a poco se introduce el tacón en esa cuevita y cuando lo saca va acompañado de un hilo de su flujo vaginal que lo dirige hacía su  boca viendo como lo chupa completamente como si estuviera haciendo una felación. Luego repite la operación, mostrándome con dos dedos como abre de nuevo su florecita rosada y poco a poco se introduce el tacón en su coño y cierra los ojos soltando un largo gemido al tiempo que suelta:

–        ¡Mmm… Aritz como me tienes de excitada! – añade para después meter ese dedo en su boca.

Acaba el video y me ha puesto totalmente cachondo. Luego veo otro mensaje con un texto que dice.

–        “Si te ha gustado el video de Marel, a ver si te gusta el de Mayder”

Debajo del mensaje hay un enlace que me lleva directamente a la página de Mayder y lo que veo me deja alucinado, pues es un video, en el que aparecemos ella y yo en mi cocina. No me lo puedo creer, ni como lo ha grabado, cuando me doy cuenta de que ha debido posar su teléfono en la mesa o sobre algún mueble desde el que se distingue la encimera. Se nos ve claramente, aunque afortunadamente no se nos ve la cara, pero sí ese impresionante culo de mi cuñada y como me lo estoy comiendo, sobre todo ese coño que brilla rezumando constantemente. Poco después, se ve cómo la penetro de forma salvaje en esa misma postura y luego el video se corta. La imagen es brutal y me doy cuenta de que tiene miles de corazones porque es uno de los más vistos de su canal y eso que prácticamente lo acaba de colgar. ¡Estoy flipando!

Rápidamente marco su número de móvil mientras me saco la polla del pantalón, para empezar a masturbarme. Al tercer tono me contesta.

–        ¿Sí? – responde al fin.

–        Vaya guarra que eres, no veas como me has puesto, preciosa.

–        ¿Te ha gustado más mi video o el de Mayder? – dice entre risas picaronas.

–        No me puedo decidir por ninguno. ¡Eres un demonio, cuñada! – añado visiblemente excitado.

–        Jajaja, entonces ¿te han gustado los dos?

–        ¿Si me han gustado?, ¡me han encantado!, ¡eres la mayor zorra del mundo!

–        Jajaja, me alegro, Aritz. Seguro que has reconocido quién se la follaba… jajaja…

–        Aun me cuesta creer lo que ha pasado.

–        Y tanto, sobre todo cuando nos pilló Igor.

La verdad es que ese momento fue excitante y morboso para los dos y recordarlo es todavía más excitante.

–        ¿Dónde estás ahora? – pregunto.

–        Estoy a punto de entrar en el portal.

–        ¿Y el capullo de tu marido, está a tu lado?

–        No, está guardando el coche en el garaje.

–        Necesito verte. Ponte en video llamada.

–        ¡Uf, Aritz!

Cambiamos a modo video y seguidamente aparece la cara de mi cuñada junto a la puerta de su portal y yo le ofrezco la mía, para después bajar la cámara y hacer un primer plano de mi capullo, embadurnándolo de líquido pre seminal que sale de él, Al verlo la oigo decir:

–        Guau, que maravilla, Aritz. – dice ella apretujándose un pecho sobre su blusa.

–        ¿Has visto cómo me tienes, cuñadita?

–        Uf, Aritz, me encantaría estar a tu lado ahora mismo para volvértela a comer y después sentirla dentro de mi coño, como en ese video con tu querida Mayder.

–        Pero, Marel, esto… ¿no es una locura?

–        Joder, Aritz, necesito tener esa polla clavada hasta la matriz…

–        Pero ¿y tu hermana? – la digo queriendo poner cierto criterio a esa locura.

–        Mi hermana no ha dejado de repetirme que tengo que follar en Japón y no precisamente con Igor. Quiere que le ponga unos buenos cuernos. Y que, si no encuentro a nadie, pues que lo haga contigo.

–        ¿En serio te ha dicho eso?

–        Sí, joder, no dejaba de repetírmelo, que folle con el primero que pille y que si es contigo no le importa.

–        ¡Joder! ¡A mí me ha dicho lo mismo, aunque creo que ha bebido mucho!

–        Yo, ahora mismo, estoy loca porque me folles, cuñado. La quiero dentro de mí otra vez, nunca he sentido nada igual y me ha sabido a poco. – añade mordiéndose el labio observando mi tiesa verga en primer plano.

–        ¡Joder, joder, joder!

–        Aritz, ¿prometes follarme otra vez?

–        ¡Sí, qué puta locura! Te lo prometo, cuñadita.

–        ¿En serio?

–        La tendrás muy pronto dentro de ti. – le digo, mientras me la sacudo con más vehemencia.

–        ¡Joder como me estas poniendo Aritz! – dice ella acariciando sus tetas sobre la blusa mientras se muerde el labio inferior.

–        ¡Enséñame las tetas y el coño! – le ordeno a la vez que mi masturbación aumenta.

–        Pero… ¿estás loco?, ¿Aquí?

–        Claro. Vamos… – la animo.

–        Pero cielo, mi urbanización está llena de cámaras por todos lados.

–        ¿Acaso no eres la Mayder exhibicionista que he visto en esos videos para millones de usuarios? Ahora te quiero para mí solo. ¿O no te atreves?

Tarda unos segundos, mira a ambos lados y me dice:

–        Espera.

Veo la pantalla en negro, pero oigo sus tacones como retumba a cada paso, por el sonido me doy cuenta de que está en dentro del portal. A los pocos segundos vuelvo a ver su bonita cara y veo como desabrocha su blusa mostrándome sus impresionantes tetas y al verlas por el móvil me parece que son más grandes de lo normal.

–        Joder que bestialidad de tetas. – le digo sin dejar de pajearme.

–        ¿Te gustan?

–        ¿Gustarme?, me fascinan y solo de recordar la cubana que me has hecho esta mañana mi polla se pone más tiesa.

Le muestro como aparece y desaparece mi glande del pedazo de paja que me estoy haciendo a su salud, mientras ella no deja de pellizcar sus pezones duros.

–        ¡Mmm… que rica polla, que ganas de tenerla dentro con mi marido cerca! – dice la muy cabrona entre jadeos.

–        ¡Uf, Marel!, ¡Enséñame tu coño!, ¡Fijo estará empapado!, ¡Necesito verlo!

–        Joder, Aritz, como baje alguien…

–        ¿A estas horas?, vamos, preciosa… ¡enséñame ese chochito!

Mira tras ella, se sienta en los peldaños de la escalera y redirige el móvil colocándolo dentro de sus piernas. Veo un brillo en su precioso coño que rezuma abundante flujo por todas partes.

–        ¡Guau! Veo que estas muy cachonda Marel.. – la digo.

–        Me tienes tan excitada viendo ese monstruo de carne que no voy aguantar mucho para correrme, Aritz.

–        ¡Hazlo, quiero verte como te corres, amor!

Mi cuñada se introduce dos dedos en su coño y puedo escuchar perfectamente cómo chapotea a cada movimiento, además de sus incesantes gemidos, mientras yo sigo machacándomela a su salud. Así estamos unos minutos haciéndonos una impresionante paja uno a la salud del otro, a través de la pantalla de nuestros móviles.

De pronto, ella se detiene y puedo ver como emana una impresionante cascada de flujo de su coño, que llega a regar la cámara de su móvil. Ver esa imagen de su coño abierto, sus dedos metidos y las gotas difuminando la imagen, hacen que no aguante más y sea yo el que corra a continuación, soltando tres chorros que también van directamente a mi móvil para que ella lo pueda disfrutar tanto como yo.

–        ¡Guau Aritz me ha encantado tu corrida!

–        Y a mí la tuya, cielo… ¡Esto es tremendo!

De pronto, ella recoge el móvil y parece estar mirando algo, cuando le pregunto:

–        ¿Ocurre algo, Marel?

–        Joder, Igor… me ha mandado 2 llamadas y 5 mensajes. Me pregunta que donde ando. Ha debido subir directamente desde el garaje. Voy para arriba antes de que baje a buscarme.

–        ¡Mándale a la mierda!

–        Sabes que no puedo…Aritz. Además, le necesitamos en este viaje ¿no?

–        ¡Pero que puta estas hecha! – la digo.

–        ¡Y tú todo un cabrón!

–        Un beso y descansa, Marel.

–        Chao… Guapo.

Tras colgar la videollamada, no dejo de pensar en cómo va a ser ese viaje con mi cuñada y su marido, lo que me deparará el destino, pero de seguro que será tremendo y es que incluso su propia hermana nos lo pone en bandeja.

Después de recoger y limpiar la cocina, me desnudo, me meto en la cama totalmente relajado y soñando con el cuerpo de mi cuñada. Me abrazo a Mar, que duerme plácidamente sin dejar de pensar en que ambas hermanas son tan parecidas y tan diferentes a la vez… hasta que me quedo dormido pensando en la suerte que tengo de tenerlas a ambas.

Por la mañana, lo primero que hago es salir a correr por la urbanización, como suelo hacer a primera hora y cuando regreso, veo que Mar ya se ha levantado, asi que me ducho en el baño de mi habitación, me visto y bajo a echar un vistazo al correo de mi portátil y es cuando oigo que Mar está en la ducha, por lo que me voy a la cocina a preparar el desayuno para los dos. De pronto, al encender mi móvil, veo que me ha estado llamando mi socio. Marco su número.

–        ¿Cómo estás colega? ¿Todo bien? – le pregunto.

–        Sí, aquí, en la cinta poniéndome en forma. – contesta el otro jadeante mientras hace deporte.

–        Genial. Ahora salgo yo a trotar un poco… Oye, gracias por tu ayuda.

–        ¿Por lo de Japón? Sin problema, tío. Por cierto ¿Ya tienes preparado el viaje?

–        Sí claro, tengo tu informe impreso.

–        No, capullo, me refiero a lo de tu cuñada.

–        No te entiendo, Ander.

–        Joder, a cómo te lo vas a montar para follártela con el marido delante, ¿eh cabrón?

Las palabras de mi socio me dejan estupefacto, pues me conoce demasiado bien, como para mentirle.

–        Ander, eres un cabrón. – le digo.

–        Tú sí que eres un cabrón, pero no veas como te envidio, joder, follarte a ese bomboncito y cerca del cornudo de su marido, ufff, se me pone dura de solo pensarlo.

–        Me tienes calado, mamonazo.

–        Claro, se te ve a legua, hasta Mar te tiene fichado.

–        ¿Mar?

–        Sí, bueno, igual estoy metiendo la pata…

–        No, espera, ¿qué sabe Mar?

–        Pues todo, me lo dijo ella misma anoche cuando hablamos. Ella sí que te conoce bien.

–        Pero, espera… ¿Mar sabe que me voy a follar a su hermana?

–        Pues claro. Si me dice que llevas unos días locos y que mientras hablábamos seguramente estabas a punto de tirártela.

–        ¿Qué?, ¿Mi mujer te ha dicho eso? – digo casi en un grito.

–        Si, oye, pero no le digas que te lo he dicho, creo que ella no quiere que sepas su secreto.

–        ¿Su secreto?

–        A ver Aritz, creo que desde que tu cuñada apareció en tu casa el otro día, eres otro, la ves en todas partes… y estás loco, excitado como un toro y en eso Mar ha salido ganando, porque en cuanto la pillas, la destrozas y sabes que le encanta que le den caña.

–        Pero… joder, ¡Mar lo sabe todo!

–        No le digas nada, ¿vale? Tú déjala que crea que también es tu secreto… al final el secreto será el de todos… y además prometo darle una buena tunda a tu señora mientras tú te follas a su hermana en Japón.

–        ¡Serás cabrón!

–        Joder, por algo somos socios. Bueno, tú fóllate a tu cuñadita bien follada, que yo atiendo como es debido a tu chica…  Oye te dejo que me entra otra llamada. Agur…

Mi socio ha colgado y no reacciono a sus palabras, entonces escucho la voz de Mar hasta que aparece en la cocina con el inconfundible sonido de sus tacones sobre las baldosas.

–        Hum, qué bien huele a café – dice nada más entrar y cogiendo una humeante taza.

Mar está radiante, me parece verla más impresionante que nunca con esa vestimenta que se ha puesto y es que verla con ese niqui rojo escotado en forma de corazón en el que muestra el comienzo de sus pechitos redondos, junto con esa minifalda de cuero con cremallera central que recuerdo que la tuvo que comprar cuando nos metimos a follar en un probador… luego, esas medias de rejilla que le favorecen tanto y le hacen perfectas sus piernas enfundadas en unos stilettos negros con un tacón de unos 9 cm de altura, finos y alrededor del empeine esta sujetado por varias tiras de charol en forma diagonal. Esa imagen y las palabras de mi socio me tienen loco y mi polla ya se ha puesto dura al instante, alucinando a esa mujer tan sexy que tengo, increíble por fuera, increíble por dentro… incluso por un momento dejo de pensar en mi cuñada, para admirar a mi bellísima esposa

–        ¡Guau cariño estás impresionante con ese modelito! – le digo y aprovecho para tocarle el culo debajo de la minifalda.

–        Gracias cari. Tú siempre me ves guapa.

–        Porque eres un pibón, Mar. Hoy vas a impresionar a más de uno. A mí, el primero.

–        Vaya, esto sí que le pone a una por la mañana, un buen piropo.

–        No es un cumplido, amor. Eres la mujer de mi vida. – la digo abrazándola contra mí.

–        Ya lo sé cari… aunque follemos con otras personas, tú y yo estamos hechos el uno para el otro. ¿A que sí?

Nos fundimos en un tierno beso y me encanta sentir esos labios pintados de rojo pasión y el sabor de su lengua con el sabor a café… Estoy a punto de confesarle todo con respecto a su hermana, pero recordando las palabras de Ander, me mantengo en ese “secreto compartido” y me limito a seguir ocultándole una verdad, que ella parece conocer de sobra, eso… o mi socio se lo inventando todo para no hacerme sentir culpable. Joder, estoy hecho un lío.

–        ¿Estoy tan buena como mi hermana? – me dice de pronto leyendo mis pensamientos y girando sobre sí misma, probándome de nuevo, aunque ahora soy yo el que sabe de su secreto.

–        Claro que sí, sois diferentes, ni mejor ni peor…

–        Bueno físicamente nos parecemos, pero ella es más joven, más alta y con más tetas… en eso sale ganando a mí.

–        A mí me encantan tus tetitas, la digo apretujando su pecho entre mis dedos.

–        Bueno, hasta que pruebes las tetas de mi hermana. – añade ella en un nuevo revés.

–        Pero bueno, eso no va a pasar, cari.

–        No creo que te pudieras resistir a sus encantos. Mi hermana está muy buena y follársela debe ser increíble, ¿o no?

–        Mar, no empieces…

–        A ver, dime la verdad. ¿No te la follarías y le darías duro a ese culito?

–        Claro que sí, pero joder, que estamos hablando de tu hermana…

–        Sí, ya sé que es como una hija para ti, pero si se te pusiera a tiro, ese coñito le destrozabas.

–        ¡Mujer! – la digo sabiendo de su juego, en el que me incita a provocarme.

–        Yo creo que si metes tu polla entre esas tetas o en ese coño, te vuelves loco, por no hablar de su culo virgen.

–        ¡Joder Mar!, ¡Tú sí que me vuelves loco!  – digo abrazándola con fuerza pues me pone a mil.

Mar le pega un sorbo al café y me mira con esos ojos que me deslumbran.

–        Bueno, cielo ¿me llevas al trabajo?, ¿vas en coche no? Ando con prisa…

–        Pero preciosa, no me puedes dejar así. – digo agarrándome la polla por encima del pantalón.

–        Huy cari, ya estás a tope. Sí que te he impresionado. – dice ella acariciando ese bulto que se ve notablemente.

–        ¡Mira lo que has conseguido!

–        Joder, cari voy a llegar tarde y tengo una reunión importante en el despacho. – me dice ella.

–        Venga uno rapidito. – le insisto acariciando su culo.

Se muerde el labio inferior, me mira fijamente a los ojos y dándome un pico me dice. .

–        Vale, pero rápido, amor, que te conozco.

En eso le subo la subo la cremallera central de la minifalda de cuero y descubro que lleva un tanga totalmente transparente de color rojo.

–        Joder, cari ¿qué te propones?, ¿matar a tus jefes?  – la digo riendo.

–        ¿Por? – dice ella poniendo carita de ángel.

–        En esa reunión le da alguno un infarto, con este atuendo. – añado pasando mis dedos dibujando su pubis y su rajita claramente dibujada bajo la fina tela.

De sobra sé que Mar se ha follado a alguno de sus jefes, ella misma me lo ha confesado y seguramente hoy, con ese atuendo, va dispuesta a conseguir algún proyecto importante.

–        ¡Calla, bobo y bésame! – me dice mientras su mano aprieta mi polla sobre el pantalón y la mía dibuja incesantemente su rajita sobre el tanga.

Nos besamos con toda la pasión y cogiéndola por la cintura, la siento sobre la encimera de la cocina, dejándola con sus pies colgando… esa misma encimera en donde anoche pude probar el coño de mi cuñada entre mis labios y que penetré de forma fugaz, pero intensamente.

–        ¡Huy cariño, me encanta esa fuerza tuya! – dice acariciando mis brazos.

Mientras acaricio sus tetas por encima de la ropa, ella me desabrocha el pantalón y saca mi polla que comienza a pajear con sus finos deditos, luego aparta su tanga y coloca mi tranca en la entrada de su coño, restregándola y lubricándola con sus fluidos.

–        ¡Joder, es tan grande… mi amor! – dice ella admirando como crece por momentos mi verga contra su jugoso coñito.

–        Es todo por culpa tuya. – respondo, aunque en gran parte su hermana también me ha provocado estar tan excitado.

–        ¡Cariño, fóllate este coño como tú sabes! – me dice mimosa.

Vuelve a mi mente, la imagen de anoche, en la que en esta misma encimera estuve comiéndole el coño a Marel, para después meterle la polla hasta lo más profundo de su matriz y entonces empujo mi pelvis con todas mis ganas, clavándosela a mi mujer hasta el fondo, con esa imagen de mi cuñada en mi cabeza, aunque esta vez lo hago con Mar cara a cara.

–        ¡Guau, amor, eres un toro! – me dice acariciando mi espalda y notando como mi polla la llena por entero.

Pego otra embestida, mientras nuestras bocas se unen en un interminable beso, para penetrarla con más fuerza y velocidad, oyéndola gemir y dar pequeños gritos de placer. Mientras estoy taladrando con fuerza su coño, no dejo de pensar en lo que ella misma ha confesado a Ander y lo que disfruta de mi tensión sexual, sabiendo que estoy loco con ese juego con su hermana y ella aprovecha la ocasión para disfrutar todavía más de mi pasión, que es desbordante, enérgica y salvaje en ese preciso instante, porque estoy follándola casi como si quisiera atravesarla y ni tan siquiera me  importa que un vaso salga disparado y se haga mil pedazos contra el suelo, mientras los tacones de Mar chocan contra el mueble que hay debajo de la encimera.

–        ¡Joder, qué gusto amor, cómo sabes follar! – me dice ella agarrando mi cara con sus manos y sus ojos pegados a los míos y se corre abriendo su boca, cogiendo aire y soltando un largo e intenso gemido.

Yo sigo embistiendo como loco, a mayor velocidad y con toda mi energía. Su boca está ahora pegada junto a mi oído y escuchar sus gemidos de placer, sabiendo que se está corriendo, me vuelve loco, como el hecho de sentir su coño palpitante, que estoy sintiendo como nunca con ese mete-saca brutal a la vez que noto como sus piernas están cruzadas en mi cintura por detrás y los tacones me dan pequeños golpecitos en mis glúteos. Mar echa su cabeza para atrás sintiendo ese placer intenso que la invade en un orgasmo brutal multiplicado por mis embestidas.

Entonces cuando ella se recupera de su éxtasis, vuelve a mirarme fijamente y hace ese movimiento pélvico que domina a la perfección y los músculos de su vagina se aferran a mi polla. Cierro los ojos y siento que ahora estoy como anoche, dentro de ese otro apretado y jugoso coño de mi cuñada y exploto dentro de mi esposa, con innumerables chorros de espesa leche que inundan lo más profundo de su matriz.

La saco lentamente de la acogedora cuevita y veo cómo sale un hilo blanquecino que rápidamente Mar se lo limpia con un trozo de papel de cocina para no manchar sus medias.

–        Joder cari vaya polvo me has echado. Así iré más relajada a la reunión. – me dice.

–        Es que te veía muy tensa. – le digo riendo mientras me coloco el pantalón.

–        La verdad que si cielo. – responde al tiempo que se coloca ella el tanga y la minifalda.

Al ver que se nos ha echado la hora encima, rápidamente nos dirigimos al garaje para salir pitando. Durante el trayecto veo como mi mujer se está retocando el contorno de ojos y con un pincel se pinta de nuevo los labios en el espejo del tapasol.

–        Sí que debe ser importante esa reunión. – la digo viendo esas piernas con sus medias de rejilla y toda esa indumentaria tan sexy.

–        Pues sí, hoy tengo que darlo todo, pero no te preocupes que esta noche hacemos tu y yo una buena despedida para tu viaje. – me contesta sonriente.

Me despido de ella a la puerta de su oficina y cuando ella abandona el coche, se asoma por la ventanilla para decirme.

–        Gracias por ese polvazo. – y se despide lanzándome un beso al aire.

Me voy hacia mi trabajo. En cuanto llego me dirijo a mi despacho para ultimar los detalles del viaje junto con mi secretaria y prácticamente dedico toda la mañana para los preparativos. En un momento dado, marco la extensión de Marel, para preguntarle por lo de anoche.

–        ¿Cómo estás Marel?, ¿Qué tal la nochecita? – la pregunto.

–        Bien, me fui calentita para la cama.

–        Yo también.

–        Yo no me quito el calentón en todo el día…

–        Ahora mismo se me está poniendo dura de solo hablar contigo.

–        Uf, Aritz, calla, que no veas que ganas de tenerte dentro de mí otra vez.

–        Yo estoy loco por follarte, preciosa.

–        Este viaje va a ser apoteósico, con solo pensarlo mojo mis braguitas.

–        Que ganas te tengo cuñadita. Por cierto, qué tal con Igor, ¿algún problema?

–        No, tranquilo, salvé el temporal… Uy, perdona Aritz, me reúno ahora con Eli en el comedor.

–        Ok. Agur, nena.

A la hora de comer, como suele pasar con un viaje de por medio, solemos tomar un almuerzo rápido en el comedor, por lo que el hecho de saber que mi cuñada está allí, me incita a acercarme a ese comedor de empleados para zamparme un sándwich con ella y después seguir por la tarde con las demás tareas para tenerlo todo bien atado.

Al entrar en el comedor, me encuentro con Marel y con Eli, que están sentadas en una mesa, preparando cosas del viaje mientras comen una ensalada.

–        Hola chicas, ¿puedo sentarme con vosotras? – las pregunto con el sándwich que acabo de sacar de la máquina expendedora.

–        Claro, Aritz, precisamente estamos comentando las cosas que podríamos llevar para enseñar allí en Tokio. – apunta Eli.

–        ¡Ah, qué bien! – añado sentándome con ellas alrededor de la pequeña mesa.

Mis ojos se dirigen de nuevo al escote de mi cuñada con esa blusa roja que se ciñe a su pecho marcando las redondeces y veo que hoy ha traído un pantalón de ejecutiva de color negro y sus taconazos. ¡Está impresionante como siempre! Ella me sonríe con complicidad. Luego miro a Eli, que también está deslumbrante con una blusa blanca, falda de tubo y por supuesto medias y taconazos.

–        Oye, Aritz, habíamos pensado en llevar en el equipaje unos cuantos juguetitos de los nuevos, incluyendo el nuevo plug anal. – comenta sonriente Marel.

–        Sí, no veas como les gustó a los japonenses el video de presentación – apunta Eli mirando a mi cuñada que parece que ha sido toda una explosión mundial con su video del plug.

–        ¿De verdad? – pregunto, aunque la verdad es que no me sorprende ese éxito.

–        Ya lo creo, han subido las ventas más de un 10% – añade la jefa de marketing – y además hablábamos que sería buena idea llevar cosas de lencería, sobre todo mucho cuero y cosas de BDSM, que a ellos les gusta mucho y la propia Marel, se lo podría probar para ellos como modelo…

Miro a Marel para ver qué opina y ella afirma sonriente.

–        ¡Perfecto! – digo y noto como mi polla da un respingo, imaginando de nuevo a mi cuñada con esa lencería y los juguetes eróticos.

Seguimos charlando durante un rato y al salir del comedor Eli se adelanta y Marel aprovecha para ofrecerme un buen meneo de su culo caminando delante de mí y que yo me quedo admirando embobado, pensando en la de cosas que haría con él. Ella se gira en un momento y me lanza un beso furtivo. En ese momento vuelve a recordarme a su hermana, con esa misma sonrisa, aunque siguen siendo bien diferentes. La sonrío y con disimulo aprieto ese culo duro y firme que tiene. Enseguida nos separamos porque me vuelve a reclamar Pili para todo el tema de documentación. El resto de la tarde, mientras mi cuñada prepara todo el material necesario, yo dirijo dos reuniones de ejecutivos, para formalizar el contrato con los japoneses y les tranquilizo diciendo que viene Marel al viaje y modificará cualquier formalismo que surja con ellos.

A última hora quedo con mi cuñada para llevarla a su casa, pues tiene que preparar el equipaje para mañana. Durante todo el trayecto no dejamos de repetir que va a ser un viaje muy aprovechado en todos los sentidos.

–        Aritz, ¿ya has hablado con mi hermana? – me pregunta.

–        Estate tranquila, que Mar lo aprueba todo.

No sé muy bien porque miento a mi cuñada en ese instante, con eso, pues la verdad, no he sido capaz de confesarle a Mar toda la verdad, pero quiero que Marel vaya al viaje tranquila y relajada. Por un lado vuelvo a recordar las palabras de Ander, en las que me confirmó que Mar lo sabe todo, aunque prefiere hacerse la tonta. ¿Será realmente verdad eso?

–        ¿En serio, Aritz? ¿mi hermana no se ha enfadado porque tú y yo…? – me pregunta de pronto sacándome de mis pensamientos.

–        ¿…Follemos? – termino yo la frase – pues no y está encantada.

–        No me lo puedo creer. ¿De verdad? – me pregunta ilusionada.

–        De todos modos, es mejor que no le comentes nada a ella, supongo que se puede sentir incómoda contigo por ello – la digo sin saber si eso es del todo cierto, pero es que en el fondo, pienso si es el secreto que quiere mantener mi esposa o quizás no sepa realmente nada, pero yo al menos, mantengo el mío.

Por fin llegamos a su portal y mi cuñada vuelve a mirarme a los ojos mordiéndose el labio en cuanto paro el coche.

–        Qué ganas de sentir esa polla inundándome otra vez. – me dice, mientras acaricia mi bulto sobre el pantalón.

–        Y yo de volver a sentir el calor de tu coño – la respondo metiendo la mano dentro del pantalón tocando su sexo al no llevar bragas.

–        Nunca me había sentido tan llena, es tan grande…

–        Pues no la has visto en pleno apogeo. – añado y pellizco suavemente los labios de su vagina.

–        Mmmm, Aritz, si no estuviéramos aquí, me montaba ahora mismo en esta polla.

–        Bueno, cariño, creo que mejor nos reservamos para mañana… – la digo serenándome antes de que cualquier vecino llame a la policía

Nos fundimos en un beso tierno, no demasiado intenso por estar frente a su portal, pero lo suficiente para que nuestras lenguas se rocen ligeramente durante unos segundos y nuestras manos acaricien nuestros cuerpos con cierto disimulo.

Cuando llego a casa, con un calentón increíble, me encuentro a mi mujer esperándome desnuda en la gran bañera redonda, llena de espuma, rodeada de velitas y dos copas de vino.

–        Hola cari. ¿Ya has dejado a mi hermana en casa? – me pregunta.

–        Si, ahora mismo. – digo mientras comienzo a desnudarme para adentrarme en esa gran bañera junto a ella.

–        ¿Está nerviosa?

–        ¿Tu hermana?, pues sí, bastante. Este viaje es vital.

–        Bueno, no solo profesionalmente, porque recuerda que tienes que hacer lo posible porque la partan ese coño en condiciones. Y debe estar excitada, no te olvides de buscarle una buena polla.

–        Te veo obsesionada con eso.

–        Cari, me lo prometiste.

–        Qué sí, mujer… te lo prometo.

–        Ah y no te olvides de su culito, se lo tienen que estrenar y que sea un buen pollón.

Una vez más me quedo lleno de dudas por el hecho de que Mar esté al tanto de todo lo referente a su hermana o quizás no sepa absolutamente nada y todo fuera una invención de Ander para alentarme a follarme a Marel. No puedo mantener este secreto por más tiempo y aunque no sé cómo empezar a contarle a mi esposa que la polla que me gustaría insertarle a su hermana es la mía, cuando ella impaciente insiste preguntándome:

–        ¿Me escuchas, cari?

–        ¿Cómo?, ¿Qué? – digo aturdido.

–        Pues que tienes que buscar una buena verga para estrenar el culito a mi hermana en el viaje… ¿De acuerdo?

–        Si cariño, no te preocupes. – respondo sonriente.

–        Uf, pues yo estoy con todo esto, con un calentón, pensando en los polvos que va a echar mi hermana en ese viaje, ¿tú no?

–        Mucho, amor. – añado cuando me desnudo por completo y ve mi polla totalmente tiesa.

–        Ya lo veo, joder, cari.

Mi mujer al ver mi erección, se arrodilla en la bañera y sin pensárselo dos veces se mete mi polla en su boca, haciéndome una rica mamada, con unos cuantos chupones sobre el inflamado capullo y arrancándome algún gemido. Con sus dedos acaricia mis huevos y su boca intenta abarcar todo el tronco, aunque nunca lo consigue, mientras yo estiro mi mano y pellizco su pezón lleno de espuma.

Ver a mi mujer tragándose mi polla con esa boquita tan parecida a la de su hermana hacen que me tense volviendo a rememorarla… y para no correrme tan rápido me meto en la bañera y me abrazo a mi mujer para besarnos desnudos bajo esa agua espumosa y calentita. En pocos minutos de besos y caricias, Mar se sube a horcajadas sobre mí y se inserta la polla de golpe. Comienza a cabalgarme con total entrega mientras yo muerdo ligeramente sus pezones al tiempo que acaricio su suave culo.

–        ¡Uf, sí, joder, cari, que polla tienes! – me dice cachonda perdida – me llenas entera.

Es inevitable que piense en esa misma frase pronunciada por Marel, unos minutos antes, pero mi mujer y yo empezamos un folleteo intenso, acompañado por el chapoteo de nuestros cuerpos bajo el agua, sin dejar de mirarnos y besarnos, ambos, seguramente, pensando en lo mismo… ¡en su hermana!

Así estamos un buen rato, pero cambiamos de postura y ella se pone sobre mí, pero de espaldas a mi cuerpo, para que yo la folle desde atrás y amase sus tetas, mientras la sigo penetrando con energía.

–        ¡Qué dura la tienes, qué rica! – dice gimiendo al tiempo que yo la inserto mi pelvis con fuerza hacia arriba, haciendo que su cuerpo bote sobre el mío.

Después volvemos a sumergirnos, entre juegos y caricias y al final, consigo que su cuerpo quede colgando fuera de la bañera y su culo en pompa en el borde, ofreciéndome ese jugoso coño que yo devoro, viendo en esa rajita, la de su hermana. Creo que me entrego de tal forma que mi mujer recibe mayor placer de mi lengua y mis labios por lo que se corre enseguida, agarrada al borde de la bañera entre temblores y gritos de placer. Verla tan excitada me provoca que arrime mi polla a ese coño la inserte varias veces hasta el fondo, para de pronto, cambiar de agujerito y follarme ese culito sin remisión. Al estar bien mojada y lubricada, no me cuesta adentrarme en su ano hasta hacer desaparecer mi polla totalmente notando mis huevos chocar contra su coño por debajo y empiezo a bombear cada vez con más energía, una y otra vez.

–        ¡Sí, cari, sí, qué gusto! – grita ella mientras veo todo su cuerpo zarandearse a cada acometida de mi cuerpo.

Cuando vuelve a aparecer el cuerpo de Marel en mi mente viendo el culo que me estoy follando, pienso que es el de la otra hermana y con la nueva tensión acumulada del día, no puedo evitar correrme dentro del cálido ano de mi mujer, llenándoselo por completo de mi leche caliente entre gritos.

–        ¡Mare… Mar! – corrijo en el último segundo corriéndome como pocas veces ya que casi llego a pronunciar el nombre de mi cuñada.

Mi mujer gira su cabeza, me mira y sonríe. Sin duda se ha dado cuenta de mi lapsus, pero no dice nada y yo disimulo de nuevo.

–        Joder, Mar, este culo me vuelve loco. – digo acariciándolo con mi polla todavía dentro.

–        Lo sé, cielo. – añade ella cuando saco lentamente mi miembro babeante de su esfínter.

Un reguero de blanca leche se escurre entre sus muslos que se mezcla con la tibieza de la espuma y el agua de la bañera, para terminar unidos, fundidos en un beso apasionado.

Tras ese impresionante polvo, mi mujer se sumerge en el agua y acuesta su espalda sobre mi pecho mientras yo beso su cuello y acaricio sus pezones. Chocamos las copas de vino en un brindis de despedida.

–        Espero que a mí me hermana en este viaje la rompan el culo, como has hecho tu – me dice y me da un tierno beso en los labios.

Tras ese largo baño, nos acostamos y enseguida nos quedamos dormidos, aunque antes de hacerlo, yo vuelvo a pensar en mi cuñada.

Continuará…

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