KERANOS

Al día siguiente me desperté sobre las 11. Elena seguía durmiendo y me puse a pensar sobre lo ocurrido la noche anterior. Ya no era ella la que mostraba inseguridades sobre algo sexual, ahora era yo. Sentía que en cualquier momento la cosa se iba a ir de madre y que se iba a producir malestar. Yo no tenía problema en verla besarse o magrearse con otras chicas o incluso con Mario. Pensaba de primeras que me iba a costar más verla con alguien más, sobre todo con un chico, pero no fue así cuando Mario le tocó aquella vez.

Sin embargo, sabía que a ella sí que le costaba ver como otra chica hacía algo conmigo, aunque fuera algo mínimo. Si es verdad que se fue soltando de primeras con Irene, pasando de darle esos manotazos cuando intentaba tocarme el pecho siquiera, o cuando dejaba claro que yo era solo suyo diciéndolo claramente a permitir más acercamiento entre nosotros con algo de toqueteo o incluso permitiendo morreos cambiando de parejas, cosa que tampoco me molestó ver.

Con todo eso, yo no podía evitar pensar en que le diera de nuevo por ponerse celosa o por que se sintiera por debajo de la otra chica o chicas con la que estuviéramos en el momento. Y menos mal que Irene y Mario se fueron solos, porque me hubiera costado más frenar a las dos en vez de a Sofía solo. Y no porque el morbo hubiera sido mayor, sino porque conocía a Irene y empezaría a persuadirme para que me dejara llevar y al final no sé si hubiera podido aguantar firme y más conforme estaba Elena.

Sorprendentemente, la misma Irene fue la que me aconsejó dejar de hacer esas cosas, dando su punto de vista diciendo que sería mejor parar antes de que alguno lamentara algo de verdad y más cuando las dudas venían de ambas partes, aunque no fuera simultáneamente. Que me diera ese punto de vista, aconsejándome eso me demostró que sus palabras eran verdaderas. No decía que nos quería para acercarse a nosotros, lo hacía de verdad, por eso me recomendó lo que ella creyó mejor oportuno. Actitud que distaba mucho de la que ella creía que tenía en esa breve conversación que tuve con ella a primeros de esa semana donde me decía creer no ser la buena amiga que ella creía que era.

Elena seguía durmiendo, completamente desnuda, como se había quedado al dormirse. Estaba echada sobre mi pecho, como solía, con su brazo cruzando mi cuerpo, dejando caer la mano en la cadera. Tenía el gesto muy relajado, sin signos de estar dolorida ni nada, aunque seguía sintiendo que la noche anterior me había pasado, por lo que me quería disculpar y explicarle porqué lo hice.

Le empecé a acariciar la cara, aunque le costó despertar. Lo hizo algo agitada, como siempre que quedaba reventada tras una noche de sexo intenso. Una vez fue consciente de donde estaba y demás continué mis caricias, acompañadas de besos, pasando a abrazarla, devolviéndomelo ella mientras reía de manera muy tierna.

-Mi amor, que cariñoso… Jijiji…
-¿Estás bien?
-Claro que estoy bien, cariño.
-Lo digo por lo de anoche…
-Sí, Javi. Estoy bien. Ni que fuera la primera vez que tenemos sexo así de fuerte.
-Creo que me pasé. Te quería pedir perdón…
-No, hombre… Perdón dice… Qué tontería disculparse por hacerme disfrutar… -dijo acariciando mi cabeza.
-También me gustaría comentarte algo… Es importante -dije apretando el abrazo.
-Javi, ¿qué pasa? No me asustes…
-Es que… Anoche no estaba cómodo.
-¿Tan grave es? -dijo apartándose de mí para coger mi cara y mirarme a los ojos.

Asentí y le expliqué lo que sentía y pensaba al respecto. Le conté con detalle cómo me sentía a media que cada cosa iba teniendo lugar, como me sorprendía su actitud, aunque recalcando que no me desagradaba ni nada de eso, sino que me sorprendía sin más. Ella me escuchaba atentamente mientras acariciaba mi cara y yo le exponía mis pensamientos y miedos.

-Pero mi amor, ya hemos hablado esto varias veces. ¿No está claro que yo ya tengo claro lo que hay?
-Sí, Elena. Pero es que son miedos que tengo ahí y no se me van. ¿Tú quieres seguir haciendo cosas con más gente?
-Yo quiero lo que tú quieras, mi amor.
-Anoche hablé con Sofía cuando te dejé aquí descansando. Y luego se nos unió Irene. Y ella fue la que me aconsejó que paremos todo esto. Ambos tenemos nuestras cosas y piensa que es lo mejor para los dos.
-¿Y qué piensas tú?
-Que tiene razón. Yo creo que los dos nos lo pasamos muy bien y que no necesitamos meter a nadie más. Pero no quiero quitarte eso si te gusta.
-Basta. Para de ponerme por encima, Javi. Si no estás cómodo, no se hace, punto.
-Pero…
-¡Tsss! Ni pero, ni nada.
-Lo siento, Elena.
-¡Qué pares de pedir perdón! Javi, que te quiero y eres lo más importante para mí. Que no voy a dejar que absolutamente nada pueda ocasionar ningún problema. Si el sexo contigo es lo mejor, no necesito a nadie más. Sabes lo que me gusta, sabes cómo encenderme, sabes cómo satisfacerme, cómo matarme de gusto… ¿Qué más quiero?
-Te quiero.

Le di un buen beso, el cual duró varios minutos, dándonos cariño de esa forma mientras nos acariciábamos, llegando a perder la noción del tiempo. Nuestros amigos fueron los que interrumpieron el beso que nos estábamos dando con el traqueteo en el cuarto de baño o en la cocina. Al final decidimos levantarnos para ir a desayunar, por lo que nos vestimos y fuimos a la cocina donde ya estaban los demás.

Elena le dio un abrazo a Irene nada más verla, en silencio, recibiéndolo ésta de buena gana, sonriendo mientras le acariciaba la espalda y apoyaba su cabeza sobre la de mi chica por la diferencia de altura. Todos estuvimos en silencio durante ese momento, sabiendo de sobra lo que pasaba por la cabeza de cada una, hasta Mario que no estuvo en la conversación, pero parecía estar enterado, ya que me miró con media sonrisa haciéndome un gesto como queriendo decir que qué le íbamos a hacer. Yo le devolví el gesto y fui a prepararme el desayuno. Desayunamos todos en la mesa de la cocina mientras comentábamos la semana que nos esperaba de trabajo. Volviendo de las vacaciones, a varios ya se nos venía de nuevo la rutina, por lo que veíamos complicado pasar tiempo juntos, aunque para eso estaban los fines de semana. Al final nuestros amigos se fueron sobre la 1 de la tarde y no se quedaron para comer, diciendo que tenían que regresar a casa para irse preparando para el trabajo, sobre todo por parte de Sofía, quien tenía que hacer algún viaje y tenía que preparar la maleta y alguna cosa más y Mario, con bastante papeleo. Irene estaba más calmada, ya que su trabajo era menos exigente y no estaba para nada estresada, pero le compensaba que no fuera de lo que había estudiado porque al menos hablaba con mucha gente y aprovechaba que trabajaba ahí para llevarse algún descuento en algo que le gustara.

Esa semana, el trabajo de Elena era menor, teniendo las tardes libres, dejándoles descansar de esa parte instructiva, pero aun así tenía que ir por la mañana con su correspondiente madrugón. Y respecto a mí, pues para mí alivio, no me hicieron la cabronada de enterrarme en documentos como hicieron antes de coger las vacaciones a mediados de julio, aunque tenía que sacar mi trabajo normal y eso contaba con trabajar por la mañana y por la tarde para no ir tan apurado, pero mantenido el fin de semana libre. Y menos mal que fue así porque ese fin de semana era el concierto del que Mario se informó cuando estuvimos en la playa y estuvimos haciendo un poco el tonto, Mario con la guitarra y yo con la batería en aquel hotel.

La semana transcurrió con normalidad. Elena se marchaba a trabajar por la mañana, viniendo una compañera suya a recogerla, aquella compañera con la que tantas buenas migas había hecho y que estaba deseando presentarme, aunque entre su trabajo y el mío, no encontrábamos manera de hacerlo en condiciones. Luego iba yo a recogerla y como por la tarde no tenía que ir, pues se ponía a hacer la comida tranquilamente, aunque eso significara que comiéramos cerca de las 3 de la tarde, pero al menos comíamos bien y no tanto de bar. Elena tenía muy buena mano para la cocina, por lo que disfrutábamos mucho ese momento, sobre todo yo, y más acostumbrado a la comida de mi madre, que también cocinaba muy bien, nada que ver conmigo. Yo al menos ayudaba en lo que podía y ponía la mesa, pero el mérito era todo suyo. Después de comer, ella se quedaba en el sofá, algo adormilada después de tanto ajetreo mientras yo recogía y lavaba los platos y demás, luego me iba con ella al sofá para estar junto a ella, aunque alguna que otra vez se quedaba dormida sobre mí. Por la tarde yo me iba a nuestra habitación, dónde tenía el ordenador montado para trabajar, pero Elena se venía muchas veces porque quería estar conmigo. Tanto fue así que apenas parábamos en el salón y nos quedábamos en la habitación, ella en la cama viendo la tele mientras yo trabajaba de espaldas a ella con unos cascos escuchando música relajante para no distraerme.

Y en el tema del sexo pues buscábamos más cariño que pasión, y más con el problema que surgió conmigo cuando estuvieron todos nuestros amigos, por lo que hacíamos cada día el amor de manera sosegada, en varias posturas, sobre todo las que nos gustaban más, pero siempre con mucho cariño.

Y así transcurrió toda la semana excepto el viernes por la tarde, cuando sobre las 7 de la tarde llamaron a la puerta mientras yo estaba trabajando. Elena se levantó, poniéndose el sujetador, porque estaba con ropa normal, pero no se lo ponía para estar más cómoda y como se le marcaban los pezones, pues se lo puso al recibir visita. A los pocos minutos regresó a la habitación.
-Javi, es mi compañera Yolanda. Ha venido para tomar un café.
-Ah… Pero, ¿lo sabías?
-No. Se ha presentado porque sí. Habíamos dicho de quedar algún día y se ha acercado. Vamos, que te la presento, que es muy maja.
-Voy.

Me levanté de la silla y fui junto a Elena al salón, encontrándome a su compañera sentada en el sofá. Estaba sonriente, levantándose al vernos aparecer para acercarse a darme dos besos.

Yolanda era una chica muy agradable, bastante extrovertida y cercana. Se sorprendió de mi altura, siendo lo primero que dijo nada más verme, sobre todo por la diferencia de altura con Elena. Mi chica se reía y empezamos a hablar para conocernos mejor. Físicamente mediría en torno a 1,70m. Castaña clara con una larga melena algo rizada, cara redondita con grandes ojos marrones claros, cejas algo gorditas, nariz un poco grande y una gran boca que le hacía lucir una enorme sonrisa que era agradable de ver. No era una chica especialmente guapa, pero tampoco era fea. De cuerpo, Yolanda era una mujerona, que se suele decir. La típica chica que tiene complexión robusta, con un voluptuoso pecho, grandes caderas y culo grande y redondo, con unos carnosos muslos y brazos. Robusta es la palabra, porque gorda no estaba.

Estuvimos hablando, empezando a conocernos, yendo Elena a hacer algo de café mientras Yolanda y yo nos contábamos cosas cada uno de sí mismo. Luego se volvió a unir Elena y seguimos hablando mientras tomábamos café. Sabía que ambas se llevaban bien por cosas que hablaba Elena y por como siempre que iba a recogerla las veía salir juntas, hablando un poco en la puerta para luego despedirse con un beso e irse cada una por su lado, además de que esta era la chica que venía cada día a recogerla para llevarla al trabajo por la mañana, pero no sabía que se llevaran tan bien. Parecía que se conocían de toda la vida. Hasta me daba la sensación de que tenía más afinidad con ella que con Noelia, aunque no era tan complicado teniendo en cuenta el comportamiento de ésta última.

Tenían mucha complicidad mientras hablaban, cogiendo Yolanda a mi chica del brazo mientras reía al contar alguna anécdota que tenía lugar en el trabajo, como cuando le envié a Elena un ramo de flores, contando ella con detalle cómo fue toda la situación mientras Elena se ponía roja. También contaba algún cotilleo del trabajo, como que, si alguien del grupo de ambas estaba coladillo por alguna chica del mismo grupo, como otros u otras se interesaban también por otros, o incluso por gente con más rango, aunque en lo que más hicieron hincapié fue en uno de sus jefes. Yolanda lo describía como un hombre de muy buen porte, muy elegante, siempre en traje, bastante guapo y con buen cuerpo. Dijo que a varias se les iban los ojos detrás de él, pero que ese hombre aparecía poco por allí, solo para supervisar alguna cosa y echar un ojo a cómo iba todo, pareciendo ser uno de los que más mandaban en la empresa. Llegó un punto en el que se cortó de repente porque nos dijo que no debería estar pensando en esas cosas porque ella tenía novio. Comentó que tenía 32 años, aunque Elena ya lo sabía. Que tenía novio desde hacía 3 años y que les iba muy bien y que ambos eran muy fieles, por eso se cortó al empezar a hablar así de aquel hombre.

Me pareció extraño que estuviera en el grupo de Elena por la diferencia de edad, porque ese plan estaba diseñado para los que acababan de salir de la universidad, pero me contó que ella había tenido problemas y que tuvo que dejar aparcados los estudios durante algunos años, pero que cuando los retomó lo hizo con ganas y que acabo haciendo un máster, siendo la mejor de la promoción y que en esas reseñas que pidieron pues la recomendaron a ella. Elena aprovechó para comentarle a Yolanda como ella había pasado por algo parecido por temas familiares y como le afectó a sus estudios, aunque al final lo sacó todo muy bien. Le estuvo contando como le acompañé a la exposición de su TFG y como estuve dándole ánimos y pendiente de ella. Yolanda no paraba de reír y atendernos con emoción cuando le hablábamos. Y es que Yolanda era así, una chica muy emocional, llegando a tener como un punto de haber bebido alcohol por ser tan risueña con cualquier cosa y por lo extrovertida que era, pero no, no iba borracha, simplemente era así.

Mientras seguimos contándonos cosas me puse a pensar en que había dejado a medias lo que me quedaba del trabajo y ya se estaba haciendo tarde. Me parecía feo dejarlas ahí a las dos solas cuando la amiga de Elena había venido para pasar un rato con nosotros, sobre todo con la intención de conocerme, por lo que decidí dejarlo para más tarde, aunque eso significara acabar de madrugada.

Con la tontería se nos hizo la hora de cenar, por lo que fuimos a la cocina para preparar algo mientras seguíamos hablando. Aproveché un momento en el que Yolanda fue al baño para comentarle a Elena el problema que tenía con lo del trabajo. Ella puso cara como de susto, pidiéndome perdón por no haberse dado cuenta. Yo le dije que se tranquilizara, pero que luego tendría que estar hasta tarde para acabar y poder estar el sábado y el domingo totalmente libre para poder disfrutar de irnos con nuestros amigos fuera. Sugirió decirle a su amiga que se fuera para que pudiera acabar a buena hora, pero me parecía un poco feo decirle que se fuera.

Aun así, Elena le dijo a su amiga si su pareja no la echaría de menos al no ir a casa a cenar, pero ella le dijo que estaba con sus padres en un pueblo de al lado, así que se quedó con nosotros para cenar y seguir hablando. Y no me molestaba ni me causaba malestar. Yolanda tenía muy buena conversación y lo pasamos bien en todo momento, pasándose el tiempo bastante rápido, al menos para mí. Una vez acabamos de cenar, estuvimos un rato más, pero no mucho y después se fue, despidiéndose de Elena hasta el lunes y de mí hasta la próxima vez, proponiendo una quedada entre las dos parejas para salir a cenar los cuatro juntos.

Elena y yo nos sentamos un rato en el sofá, llamando yo a Mario para ver cómo lo haríamos para ir a donde era el concierto. Le expuse el problema que tenía, porque desde primera hora quedamos en que iríamos en mi coche, conduciendo yo durante todo el camino, pero con eso de que iba a acabar tarde no es que fuera muy buena idea, por lo que al final quedamos en que vendría él a por nosotros, yendo al final en su coche. El viaje duraba varias horas y teníamos pensado no parar y hacerlo del tirón para llegar más o menos a la hora de comer y hacerlo allí para dar después una vuelta y ver la ciudad. Del alojamiento se encargaron Elena e Irene, por lo que no había problema con eso. El concierto era a las 10 de la noche, por lo que la idea era comer, ver tranquilamente la ciudad dando un paseo después de dejar las pequeñas maletas que íbamos a llevar en el hotel, yendo después al concierto, hacer noche ahí y el domingo estar en plan tranquilo, descansando un poco, para comer de nuevo allí y volver a casa.

Cuando terminé de hablar con Mario me levanté para ir a nuestra habitación para acabar con mi trabajo, pero Elena me detuvo, cogiéndome de la mano y tirando para que me volviera a sentar.

-¿Tienes ganas?
-Siiiii… Contigo siempre tengo ganas.
-¿Y eso?
-¿Pero qué pregunta es esa? Jajajaja. ¿No ves acaso cómo te quiero y cómo me pones?
-Claro que lo veo, pero me gusta hacerme de querer.
-Pero si no te puedo querer más.
-Lo sé.
-¿Estás ñoño? Jejeje.
-No. Me gusta jugar.
-Y a mí, anda, vamos a jugar…
-Elena, tengo que acabar eso.
-Jo… No cuidas de tu niña… -dijo haciéndome pucheros.
-¿Mi niña tiene queja de mí?
-No -dijo sonriendo.
-Pues no te portes mal, a ver si te voy a tener que castigar… -dije riéndome.
-¿Quieres castigar a tu niña? Pero si se porta muy bien… -dijo con tono meloso.
-¿Cómo voy a castigar a esta ricura? Si solo tengo ganas de comerte a besos.
-¿Y por qué no lo haces? -preguntó con cara de niña buena.
-Porque tengo que acabar eso, mi vida.
-¿Y un poquito solo?

Parecía que me estaba resistiendo porque no quería hacer nada, pero en realidad no era así. Simplemente quería acabar mi trabajo para poder estar tranquilo los dos siguientes días. Me estaba costando mucho no lanzarme sobre ella, porque me derretía cuando se ponía así. Elena tenía la capacidad de calentarme de varias maneras, pudiendo hacerlo de manera muy sensual o de manera muy tierna, como era este caso. Y esas últimas palabras, con esa forma de decirlas, tan dulcemente y con su voz tan angelical hizo que me sentara a su lado para empezar a besarla, estando así durante varios minutos hasta que la cogí en brazos y la llevé hasta la cama para desnudarla y hacerle el amor.

Le empecé a quitar la ropa con mucha delicadeza mientras le basaba por toda la cara. Elena reía cariñosamente, lanzando algún gemido entre risa y risa, acariciando mi espalda y mis brazos. Una vez le quité la ropa, me la quité yo, liberando mi polla bastante empalmada. Ella la agarró y la empezó a masturbar mientras nos mirábamos a los ojos.

Tras unos segundos así, me la soltó para cogerme de los hombros y pegar nuestros cuerpos, quedando yo encima de ella, aunque hacía por donde para apoyar mi peso sobre mis rodillas y codos para no dejar caer todo mi peso sobre ella. Mi polla quedaba atrapada entre nuestros cuerpos, bastante aprisionada, pero Elena estaba así bastante a gusto, por lo que siguió con las caricias durante unos momentos más. Después, sin habernos estimulado apenas ni habernos lubricado con sexo oral, Elena hizo fuerza para que me levantara un poco, cogiendo mi polla y llevándola hasta su rajita para acariciarla con mi glande.

-Me encanta cuando me haces esto con tu polla.
-¿Sí?
-Sí. Me vuelve loca y hace que me moje mucho.-Siempre me gusta hacerlo antes de follar.
-Pues nunca lo dejes de hacer…

Después de unos roces de esa manera, Elena la dirigió bien para que se la metiera. Y ahí acabaron las palabras porque empecé a follarla con mucho cariño, como veníamos haciendo desde hacía varios días. Y así estuvimos durante un buen rato, en un misionero hasta que cuando noté que ella estaba cerca decidí apretar más, empezando a follarla con bastante rapidez. Elena abrió mucho sus ojos, poniendo cara de placer, empezando a correrse con gemidos bastantes altos. Yo la seguí acabando dentro de ella, como era lo normal, ya que a ambos nos gustaba.

Como siempre pasaba, yo me recuperé rápido, pudiendo mirarla mientras ella seguía sumergida en su orgasmo, con sus convulsiones y espasmos, notando como se le ponía la piel de gallina por momentos. Al poco alargué mi mano hasta la mesita para coger papel y salirme de ella para taparle el coño y no manchar las sábanas.

Me puse los boxers y los pantalones para sentarme y seguir trabajando para acabarlo y dejarlo todo listo y enviado. Al rato de estar ya en ello me giré para mirar a Elena y me la encontré tumbada de lado mirándome, con una sonrisita muy bonita en su cara.
-¿Te molesta la luz de los monitores para dormir?
-No. No me molesta nada de ti. Solo veo como trabajas.
-Deberías dormir, mañana hay que madrugar un poco.
-Estoy más que acostumbrada, mi amor. Además, te quiero esperar. Es por mi culpa que ahora estés así.
-No es tu culpa, no digas eso.
-¿Te ha caído bien mi amiga?
-Claro. Es una chica muy agradable.
-Genial.
-Además, sé que es una persona importante para ti.
-Sí. Yolanda es un apoyo muy importante para mí. Que no es que haya ningún problema ni nada, pero me alegra mucho tenerla a mi lado.
-Os veo tan bien compenetradas que estoy seguro de que os van a ascender pronto. Seguro que os ponen al mando de vuestro grupo.
-Anda… Qué cosas dices…
-Pues lo que veo. Si ya solo con la exposición que me hiciste de tu TFG para practicar veía lo bien que ibas a hacer tu trabajo.

Elena se rio y se fue al baño para limpiarse bien. Cuando vino se puso la ropa y se sentó a mi lado para hacerme compañía mientras yo seguía trabajando. Parecía que tenía curiosidad de algunas cosas, por lo que yo le explicaba cómo funciona lo que hacía. Después fue a la cocina a por algo para beber y algo para picar. Se me hizo muy llevadero lo que me quedaba de trabajo con su compañía, por lo que se me hizo corto. Al final no acabé tan tarde como yo pensaba, así que nos fuimos a dormir a una hora más decente, pero tarde, aun así.

Como acordamos, el sábado nos levantamos temprano, siendo Elena la que me despertó, costándome trabajo por habernos ido a dormir tan tarde. Elena sin embargo no parecía estar muy cansada ni adormilada, todo lo contrario. Estaba con mucha energía, con muchas ganas de ponernos en marcha y eso que ella ni siquiera iba a ir al concierto. De hecho, cuando me levantó, ella ya se había duchado y mientras yo lo hice preparó el desayuno. Yo aun con la ducha estaba empanado, pero el café ayudó a espabilarme un poco. Mientras desayunábamos, Elena me empezó a contar lo que tenía pensado hacer mientras llegaba la hora de irnos para Mario y para mí.

Al rato aparecieron nuestros amigos en su coche. Después de saludarnos nos montamos, quedando yo atrás con Elena mientras nuestros amigos estaban en la parte de alante, con Mario conduciendo. Entre ellos empezaron a hablar y yo, pese a haberme tomado un café hacía pocos minutos, caí dormido enseguida. De hecho, dormí del tirón hasta que llegamos a nuestro destino.

I: ¡Vamos, bella durmiente! -dijo desde la parte de alante, empujando mi pecho con su mano para despertarme.
E: Irene, no seas mala… Que mi niño estuvo trabajando anoche hasta muy tarde y está cansadito…
I: Claro, trabajando y trabajándote, ¿no? Jajajaja.
E: Bueno…
J: Sí. Se puso cariñosa y tuve que darle cariño.
M: Ahí está, jajajaja.
I: ¿Tú tienes queja? Jajaja.
M: ¿Yo? Qué va. Si anoche casi rompemos la cama, jajajaja.
J: Tú verás, si tienes que tener el coño holgado, cabrona, jajaja.
I: Hala…
E: Pero qué bruto eres…
M: En realidad sí que tengo una queja…
I: ¿Cómo?
M: El no poder follarme a la preciosidad que tengo detrás, por eso celebro que mi amigo lo haga.
I: Anda, será que no soy lo suficiente para ti…
M: No es eso, y lo sabes. Y no te pongas así, que tú sí que has podido hacer muchas cosas con ella…
I: ¿Te da envidia? Envidiosillo… -dijo con cariño acariciando su cara.
M: Pues sí, jajaja.

Aún adormilado miré a mis amigos con una sonrisa en la cara por cómo se picaban entre ellos, pero con muy buen rollo y cariño. Después miré a Elena, quien estaba roja como un tomate. Me reí y ella se puso a mirar por la ventana. Le puse mi mano sobre su muslo y ella sin mirar puso su mano sobre la mía.

Por fin llegamos al hotel, aparcando en el subterráneo que tenía, el cual estaba casi repleto de coches. El hotel desde fuera tenía muy buena pinta y una vez entramos al aparcamiento vi que no era solo fachada, literalmente. Fuimos al ascensor para subir hasta recepción y mientras las chicas hablaban en recepción para coger las llaves, Mario y yo echábamos un vistazo porque ninguno de los dos teníamos ni idea de cómo era el sitio.

Era bastante impresionante porque parecía un hotel de jugo, con una recepción enorme, con bastantes recepcionistas, varios compartimentos como si fueran cabinas telefónicas, hasta con ordenadores. Lo que más me llamó la atención fue el suelo, estaba tan brillante que te podías ver reflejado en él, pues era de mármol, color crema, con varias baldosas cambiando a un negro con betas blancas, al igual que unas gigantes columnas que comunicaba el techo con ese suelo. En la parte central se encontraban las escaleras que conducían a la primera planta, también enormes y del mismo mármol que el suelo, con los filos chapados en oro y unas barandillas grandes y robustas de madera de roble.

Yo no tenía ni idea de nada, así que me dispuse a ir al ascensor, diciéndoselo a Mario una vez las chicas venían hacia nosotros, pero éstas nos detuvieron, diciéndonos que nos alojábamos en la primera planta, por lo que acabamos subiendo por las escaleras, aunque un botones se encargó de nuestras maletas. Una vez subimos y llegamos, el botones nos dejó las maletas y entonces Irene abrió la puerta de su habitación, pero Elena entró detrás.

J: Oye, ¿qué pasa, que Mario y yo vamos a otra habitación, o qué? Jajajaja. -dije una vez entré yo también.
I: No, es que esta habitación es para los cuatro.
J: Eh… ¿Cómo?
I: Pues eso, chico… Jajajaja.
J: Ah, es que no tenía ni idea.
E: Ha sido por mí. Espero que no te moleste.
J: No, no me molesta. Pero, ¿por qué lo habéis hecho así?
E: Hemos pensado en que para una vez que veníamos a esta ciudad, pues queríamos disfrutar y darnos un pequeño caprichito, por eso hemos venido a este hotel.
I: 250 euros la noche, ¿sabes?
J: Ostia…
E: Por eso. Compartimos gastos y nos sale a buen precio.
J: Pero, ¿no os han dicho nada en recepción?
I: De eso me he encargado yo. He dicho que Elena y yo éramos pareja, hemos cogido la llave y ya está. Como vosotros estabais más apartados, pues parecíais otra pareja.
M: Pero, ¿y el botones?
I: Obviamente no sabía nada, porque no nos ha dicho nada. Por eso he sacado las maletas rápidamente, para que no viera que íbamos a entrar todos aquí.
M: Nos podemos meter en un lío si nos pillan, ¿eh?
I: Pues llevaremos cuidado. Ahora salimos Elena y yo de la manita y dentro de un rato os avisamos cuando veamos que no hay nadie en el pasillo y ya pues bajamos nosotras y luego vosotros
J: ¿De la manita también? Jajaja.
I: Lo que quieras. No soy celosa -dijo sonriendo y guiñándome un ojo.
E: ¿Vosotros creéis que será para tanto? -dijo con cara de estar un poco preocupada.
M: Nos pueden denunciar, pero bueno. Si lo hacemos bien no pasa nada. Solo va a ser una noche.

Dejamos las maletas, aprovechando yo para ir al baño. Mientras estaba ahí pensaba en la idea tan mala que habían tenido. No solo por haber hecho esa triquiñuela, sino porque también hubiera preferido más intimidad con mi chica para poder dormir más tranquilamente o hacer algo más si se daba la situación, pero ahora con nuestros amigos estaría más cortado pese a haber hecho bastantes cosas con ellos, aunque con cómo me puse el fin de semana anterior no es que me apeteciera hacer nada con ellos. Para ser justos tampoco iba a decir nada de lo mal que me parecía haber hecho así las cosas pidiéndonos meter en un lío, ya que alguna idea mía había llegado a ser hasta peor.

Después de dejar nuestro ligero equipaje, salimos como dijo Irene, llevando bastante cuidado y con nuestros tiempos para que nadie sospechara lo que estábamos haciendo. Una vez en la calle y lejos de aquel hotel fuimos andando para ir viendo la ciudad. Ya no había problema porque estaba descansado por haber dormido durante todo el viaje, por lo que aguanté muy bien el ritmo de la caminata, como los demás tras haber parado en un bar para comer, aprovechando para probar la gastronomía local.

Una vez acabamos de comer, seguimos haciendo turismo, yendo a ver los sitios más conocidos de la ciudad.

I: Deberíamos hacerle dicho a Laura que se viniera. Ella se tiene que conocer todo esto muy bien.
E: Bueno, ella no es de aquí en realidad, es de un pueblo de al lado. Pero sí que tiene que conocerse el lugar, seguro que ha venido varias veces.
M: Por cierto… ¿Sabéis dónde está? Porque llevo sin verla… Está perdidísima.
J: Claro, no le das bola…
M: ¿Qué?
Puse cara de pensar que la había cagado al decir eso, ya que fue algo que me contó Elena lo de que a Laura le gustaba Mario en su día, pero no recordaba que fue así hasta que vi la reacción de Mario. Tampoco es que fuera algo muy grave, ya que mi intención era decirlo de coña y al ver las caras que estaban poniendo pues no tuve más remedio que explicarme, confesando lo que Elena me contó en su día.

J: Eh… Nada. Es que Elena me dijo que Laura estaba un poco pillada por ti en su día.
M: No jodas…
E: Javi… Bueno, da igual. No pasa nada. No es para tanto, ¿no?
M: No, no pasa nada. Pero es que no lo sabía. No tenía ni idea.
E: Pues sí. Le gustabas, pero nunca te lo dijo.
M: ¿Por qué?
E: Pues no estoy segura. Era timidita, pero se le pasó cuando os fuisteis a la universidad.
M: Pero nos veíamos de vez en cuando los fines de semana.
E: Pues no sé.
J: Bueno, tú ya en la universidad estarías a otras cosas. Y más cuando conociste a Irene, ¿no?
M: Pero a Irene no la conocí hasta bastante después de irme.
I: Vaya con Laurita… Voy a tener que preguntarle. Me he quedado con la intriga…
E: Espera, espera. Que en principio solo sé yo eso de que le gustaba Mario.
I: ¿Qué más da? Si de eso hace ya bastante…
M: A ver si va a seguir pillada de mí, jajajaja.
E: Mmm, puede, pero no sé yo…
I: ¿Por?
E: Porque en una fiesta le tiró la caña a Javi.
I: ¿En serio?
E: Sí. Y además fue cuando ya estábamos saliendo.
J: Elena, ella no lo sabía…
E: Ya. Pero sabía que tú y yo estábamos tonteando.
J: Me dijo que le parecía más guapo que cuando me conoció y con eso que hice por ti en la fiesta anterior en la que se te acercó Alejandro y tal…
E: Sí, en la que me enamoré de ti -dijo interrumpiéndome.
J: Eh, sí. En esa.
I: Elena, tranquila. Si no pasó nada, ¿no?
J: No. Me aparté de ella y le expliqué que estaba con Elena. Y luego pues me abrí la cabeza.
E: No, si tranquila estoy, pero no me parece bien que una amiga haga eso, aunque no supiera que estábamos juntos.
M: Pues ya le preguntaré a Laura a ver qué pasó con eso -dijo intentando cambiar el rumbo de la conversación.
I: Mmm, yo también quiero hablar con ella. Lo mismo se anima a…
J: Jajajaja, no pierdes el tiempo, ¿eh?
I: Ya me conoces -dijo guiñándome un ojo.

Seguimos andando para ver más lugares de la ciudad, notando como Elena estaba algo callada y distante mientras los demás hablábamos, aunque le duró poco, porque se animó bastante rápido comentando lo que le gustaba aquel lugar.

Páramos a tomarnos un helado por las horas que eran y el calor que hacía, aunque no hacía tanto calor como donde vivíamos, ni de lejos. Comentamos lo que íbamos a hacer el resto de la tarde, queriendo ir a visitar algún sitio más y algo que querían hacer las chicas, aunque no nos dijeron nada acerca de ello.

Así se nos pasó el resto de la tarde hasta que llegaron las 9 de la noche, por lo que Mario y yo regresamos al hotel para cambiarnos de ropa y ponernos algo más cómodos, porque sabíamos que en el concierto íbamos a sudar bastante por cómo se armaba en los conciertos del grupo al que íbamos a ver. Las chicas nos dieron la llave y subimos, bajando después, acompañándonos ellas hasta la misma puerta del estadio en el que tenía lugar el evento. Quedamos con ellas en que nos recogerían en la puerta una vez acabara.

El concierto empezó a la hora acordada, estando muy bien, con Mario y yo juntos en todo momento, aunque alguna vez nos distraíamos por los empujones y el barullo que había. Cantábamos las canciones a pleno pulmón, junto a los miles de personas que había en el lugar.

Cuando acabamos, tuvimos que esperar a que la gente fuera saliendo, porque nosotros éramos de los que más próximos al escenario estábamos. Casi 10 minutos después de que el concierto hubiera acabado, conseguimos salir, buscando a nuestras parejas, encontrándolas rápidamente. Iban arregladas, porque teníamos pensado ir a cenar por ahí. Estaban preciosas, pero no metieron prisa porque ya era algo tarde y no queríamos quedarnos sin cenar en un buen sitio que al parecer ellas habían encontrado.

Bajamos enseguida después de habernos duchado Mario y yo, por turnos, estando vestidos acordes con nuestras chicas. Ambos íbamos en camisa con las mangas remangadas. Mario llevaba una blanca, mientras que yo llevaba una azul clara. Ambos íbamos con unas bermudas vaqueras y unas zapatillas. Las chicas iban espectaculares, con Elena llevando un pantalón largo, aunque fino, de color rosa con un estampado de pequeñas flores blancas y un top negro que dejaba su abdomen al aire, supersexy, además de unas altas sandalias negras con tacón. Nunca la había visto así y me sorprendió bastante. Iba con el pelo alisado, como siempre que salíamos, al igual que su ligero maquillaje. También llevaba unos aros en las orejas, no muy grandes y todas sus uñas pintadas de negro, con las de las manos algo largas como se había ido dejando. Estaba preciosa, a la vez que superatractiva y supersexy. Irene no se quedaba atrás, con unos shorts vaqueros, unas medias negras y altos tacones rojos, quedando cerca de la altura de Mario. En la parte de arriba llevaba un top muy parecido al de Elena, pero en rojo, conjuntando con sus tacones. Esta vez sí que iba algo más maquillada, con su pelo bastante alisado, cambiando ligeramente su peinado usual.

I: Mira que sois distraídos, ¿eh…?
J: ¿Por qué lo dices?
I: ¿No notáis nada nuevo en nosotras? -dijo abriendo sus brazos.

Me quedé callado, mirándola de arriba abajo y no pude ser capaz de encontrar nada nuevo en ella.

I: ¿En serio?

Miré a Elena de la misma manera y entonces sí que me di cuenta de algo nuevo en ella. Se trataba de un piercing en su ombligo. Era de color verde pistacho. Le quedaba muy bien, supersexy. Luego volví mi vista a Irene y vi que ella tenía otro, pero de metal. Como a mi chica, le quedaba muy bien, haciéndola más sexy aún.

J: Joder, con la prisa que nos habéis metido no me he dado cuenta.
I: Anda… Que sois…

Me acerqué a Elena para darle un beso con muchas ganas, susurrándole lo guapísima que estaba y lo que me entraba su nuevo piercing, diciéndole que le hacía más sexy aún. Ella reía y me devolvía el beso, acompañado de un abrazo. Mientras Elena y yo estábamos así pude oír a Mario decirle a Irene que se la iba a comer enterita, soltando ella una risita. Cuando me despegué de Elena vi que se besaban de la misma manera que nosotros, viendo como Irene estaba algo sonrojada al retirarse de él. La miré aguantando la risa.

I: Anda, no me mires así… -dijo riendo, poniendo su mano en mi cara y empujándome ligeramente.

Una vez les dijimos lo preciosas que estaban, nos cogimos de la mano, cada uno con su pareja para ir a cenar, de nuevo con algo de prisa para que no hubiera problema, porque ya era un poco tarde para cenar.

Por suerte pudimos cenar tranquilamente pese a la hora que era, sin llegar a tener ningún problema por eso. Suerte que era verano y que había mucho turista y por lo tanto los negocios hosteleros no cerraban precisamente temprano. Las chicas se empeñaron en ir a un sitio en específico y aunque Mario y yo les dijimos que se habían venido bastante arriba, ya que era un sitio caro, sabiéndolo él y yo porque era famoso, ellas nos dijeron que para una vez que salíamos los cuatro juntos, pues querían que fuera un buen recuerdo, por lo que no repararon en gastos. Sobre todo, fue por Irene, ya que aún se sentía culpable por lo de no poder pasar solos aquella semana que pasamos juntos de vacaciones, por haber dejado que Noelia de viniera. Elena le quitaba importancia y decía que apoyaba lo de dejar un buen recuerdo, ya que ahora vivíamos separados de ellos y nos veíamos menos.

Como esperaba, aquel lugar no defraudó. La comida estaba inmejorable, al igual que el servicio, aunque demasiado formal para mi gusto. Así que echamos un rato tan bueno como inolvidable, disfrutando muchísimo de la comida, como de la compañía.

Una vez acabamos, fuimos a dar un paseo, yendo Elena y yo con nuestros dedos entrelazados. No me fijé en cómo iban nuestros amigos, pues iban detrás de nosotros, pero seguro que iban de forma similar a nosotros. De vez en cuando, Elena se arrimaba más a mí, pasando a abrazarme el brazo.

Decidimos parar en un pub para tomarnos algo, aunque Elena no quiso beber alcohol, por lo que se pidió algo sin. Yo me pedí algo, pero con muy poco también. Y echamos un buen rato los cuatro juntos, comentándoles como había ido el concierto y demás, viendo al grupo desde bastante cerca. Ella nos lo notaban en la voz, teniéndola rasgada de los berridos que habíamos metido. Irene y Mario se pusieron más cariñosos, empezando a besarse, estando ella sobre las piernas de Mario. Elena y yo también estamos cariñosos, pero no tanto, seguramente por la falta de ese punto de alcohol que desinhibe. Sin embargo, estaba abrazada a mi brazo, de manera similar a la que lo estaba mientras íbamos paseando.

Al final, después de que nuestros amigos se tomarán un par de copas, decidimos volver al hotel para ir a descansar, ya que después de aquel largo viaje estábamos algo cansados y al día siguiente nos esperaba lo mismo. Como habíamos hecho en varias ocasiones, hicimos la pirula, con las chicas entrando primero mientras Mario y yo nos retrasamos para no aparecer los cuatro juntos, haciéndonos los locos, esperando fuera. Una vez las chicas entraban y pasaban unos minutos, nos avisaban por un mensaje para que subiéramos. Con cuidado, Mario y yo subíamos por las escaleras hasta llegar al pasillo, asegurándonos de llamar a la puerta ligeramente con los nudillos cuando no había nadie por ahí.

En cuanto entramos, Irene se lanzó a por Mario, comiéndole la boca mientras lo arrastraba hasta la cama sin separar sus labios de los suyos. Se sentaron en la cama y se tumbaron a lo ancho, morreándose mientras se tocaban por todo el cuerpo.

Elena me miraba dudado qué hacer, por lo que antes de adentrarnos más en la habitación, le besé en los labios de manera tierna, siendo menos costoso para mí por sus altas sandalias. Rápidamente el beso cogió intensidad, por lo que nos empezamos a morrear de manera muy guarra.

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