ALMUTAMID

El fin de semana no empezó tan terrible como me temí. Mis suegros me agasajaron durante todo el fin de semana aunque me mandaran a dormir a la habitación de Javier. Mi cuñado se cachondeaba de mí por tener que disimular delante de sus padres. Pero en el fondo el chaval se alegraba de tenerme allí.

Alba volvía a ser la niña cohibida que apenas tenía muestras de cariño hacia mí delante de sus padres. Algún beso en la mejilla y cogerme de la mano. Poco más. Yo ya sabía que eso con ella era así. Mi único temor era que cuando regresáramos a la ciudad no volviéramos a nuestra efusividad anterior.

El sábado Javier salió con sus amigos y Alba y yo nos fuimos a tomar algo. Ella no tenía amigos en la playa pues era la misma donde veraneaba Leyre y salía con ella normalmente. Pero ese fin de semana no estaba por lo que nos fuimos solos. Me enseñó los lugares por donde salía de adolescente y me contó alguna batallita incluso con algún chico de las típicas pandillas de verano donde se forman amistades

Tras tomarnos una copa en un chiringuito nos volvimos paseando por la playa. Es algo que siempre me ha gustado, pasera de noche descalzo por la arena húmeda. Lo hice con Claudia, con Almudena y por fin con mi novia. Que ahora sí, aprovechando la oscuridad y el silencio que provocan las olas del mar al romper en la arena, sólo roto por el ruido que llegaba de los bares del paseo marítimo.

Pero no estábamos solos. De vez en cuando se veía algún bulto en la arena, parejitas que se desfogaban tras haber ligado seguramente en uno de aquellos chiringuitos frente al mar como yo mismo había hecho con la extremeña aquella de tan mal recuerdo para mi sensible churra.

Sin embargo, tuvimos un pequeño sobresalto pues vimos ponerse de pie a un chaval que se subía los pantalones al contraluz de las luces del paseo marítimo. Su silueta, especialmente la forma de la cabeza con su peinado característico me resultó familiar, pero no quise decir nada. Pero Alba sí se percató:

-Será…

-¿Qué pasa princesa?

-Ese es mi hermano. ¿Qué hace ahí? ¿Con quién está?

-Será un chaval que se le parece…-quité hierro.

-Y un mojón. Es él.

Tiró de mi mano llevándome en dirección al chaval. Según nos acercábamos ya no había dudas. Y mi novia no se contuvo:

-¡Javier! ¡Javier!

El chaval aturdido miró en nuestra dirección cuando ya estábamos casi a su altura terminando de abrocharse la camisa.

-¿Qué hacéis aquí?- preguntó sorprendido.

-¿Qué hacéis vosotros?-preguntó molesto.

Entonces nos percatamos de que había una chica sentada a sus pies terminando de ponerse un vestido totalmente cortada.

-¿Y Paula?-preguntó mi novia- ¿Habéis cortado?

-Sólo estamos enrollados- se defendió mi cuñado- No somos novios.

-Joder tío, podías haberme dicho que tenías parienta…-soltó la chica mientras se ponía los zapatos.

-No tengo novia. De la que habla mi hermana es una amiga con la que me enrollo de vez en cuando.

-¿Ella sabe que es sólo una amiga?- preguntó mi novia algo enfurecida.

-Huy, aquí huele a mal rollo- dijo la chavala ya de pie a nuestro lado- Ha estado bien, Javier, pero paso de líos. Encantada, ehn.

Lo besó en la mejilla y se fue con tranquilidad.

-Joder, me habéis jodido el rollo.-se quejó el hermano de Alba.

-Yo creo que ya habíais terminado.-dije de coña.

-Pero pensaba quedar más con ella. A ver como la convenzo ahora.

-Antes me vas a tener que explicar algunas cosas- dijo Alba enfadada.

-Deja de meterte en mi vida, que ya soy mayorcito.

-Pero irresponsable. ¿Tienes una novia estupenda y la cagas liándote con una guarra en la playa?

-¿Ahora Paula te parece estupenda?-preguntó Javier molesto.

-A ver, me sentó muy mal que la trajeras sin avisar, pero cuando la he conocido me ha caído muy bien. Y no se merece esto.

-Oye, oye…a ver, lo mismo ella se está dando el lote con otro tío ahora mismo y no lo sé. Esto no es nada, es sólo un rollete.

-¿Y si ella te quiere? O espera más de ti…

-En verano se perdonan. Esa es la costumbre.

Yo asistía en silencio a la discusión entre los dos hermanos sin meter baza no fuera a salir mal parado. Pero sin abrir la boca me cayó cuando Alba mirándome:

-¿En eso pensabas tú cuando te liaste con Nieves?

-No me esperaba esa salida y me pilló totalmente por sorpresa. Pero Javier se aprovechó de la situación y pinchó:

-Anda, que calladito se lo tenía el bueno de Luis…

No sabía qué decir. No me lo esperaba.

-Bueno…yo, yo. Era otra época, otras circunstancias- me defendí.

-No te lo reprocho, lindo. Pero es que a veces me choca tanto que penséis con lo de abajo que no lo entiendo. El tonto éste conoce a una niña estupenda y ahora la caga sólo por darle gusto al pito. Y tú con Nieves, supongo que lo mismo.

-Ya te lo expliqué- repliqué- Eran otras circunstancias. Venía de una pelea y una muestra de desconfianza. No me justifico, pero no es lo mismo.

-Yo no te lo perdonaría. Yo te cortaría to lo que cuelga…-me soltó ganándose la carcajada de mi cuñado.

Me quedé muy cortado. No sabía que decir. Parecía que estuviera aprovechando la circunstancia para darme un aviso. Pero para mayor desconcierto mío le dijo a su hermano:

-Anda vete para casa y déjanos a Luis y a mí solos.

-¿Qué dices? Me voy con los colegas. Tengo que refregarles el triunfo…

-Qué asco de tíos, la verdad…

-Hasta luego, Luis- me dijo triunfante- Que te va a caer lo más grande.

Se fue con andares de chulo recordándome la impresión que me había dado aquel fin de semana en el apartamento de mis padres. Yo no sabía por qué Alba había tenido esa salida pero en cuanto su hermano se fue me abrazó. Eso tampoco me lo esperaba. De modo que yo me quedé en silencio sin saber por donde tirar.

-Perdona Luis- me dijo al fin- Me he pasado contigo. Pero es que no me puedo creer lo de mi hermano.

-Tiene 18 años. Está despertando al sexo. Es normal. Mientras no engañe a Paula, lo demás es cosa suya.

-Pero quiero que se de cuenta de que la vida no es así. Tiene que ser más responsable. Por eso te he metido en medio. ¿Te has enfadado?

-No me lo esperaba. No sé qué tenía que ver.

-Quiero que te vea como modelo.

-¿Yo? Pues creo que no soy precisamente un modelo a seguir en ese sentido.

-No tontín- respondió abrazándome por detrás pasando sus manos por debajo de mis brazos hablándome casi al oído- Ahora eres el modelo. No antes. Quiero que vea que hay que ser como tú ahora.

-Joder, pues me da que no le ha quedado claro. Ahora se piensa que soy un pichabrava.

-No. Que fuiste. Pero que ahora ya has sentado la cabeza porque antes estabas equivocado.

-No sé yo si lo ha pillado así.-dudé.

-Bueno, tú se lo explicas. Pero esa picha es mía, sólo mía, jajajajaja- respondió agarrándome el paquete haciéndome dar un respingo porque no me lo esperaba.

No me había hecho gracia el símil pero, al menos, no era un reproche. No quería basar nuestra relación en ese tipo de reproches. Quería que tuviera claro que con ella yo ponía el contador a 0.

Pero su comportamiento después tan natural me daba una pista. Ella tenía en el fondo guardada mi mochila. Sabía mi pasado. Y en cierto sentido parecía temerlo. Aun así, había decidido tirar hacia adelante con nuestra relación entregada en cuerpo y alma. Mi temor fue en ese momento pensar que cualquier duda, indicio, o celos de cualquier motivo generaran en ella un temor suficiente a una “recaída” mía que pusiera fin a lo nuestro. O al menos que rompiera la armonía que teníamos hasta entonces y que había llegado a su cumbre la semana anterior con nuestra convivencia prolongada y nuestras largas y continuadas sesiones de sexo.

No quise hablarlo con ella. Sus palabras en la playa eran bastante elocuentes. No buscaba echarme nada en cara sino sólo un carácter didáctico con su hermano. Pero no pensó que en mi cabeza esas palabras sí provocarían un runrún que acabaría dejándome taciturno y pensativo el resto del fin de semana. Y creo que si dio cuenta.

Todo empezó la misma noche al acostarme en la habitación del hermano, que por supuesto no había llegado todavía. No pude evita pensar en Claudia, y en como la puse los cuernos por un calentón tras discutir con ella y acabar mal un fin de semana. Su falta de confianza en mí me había enfadado tanto que lo pagué follándome a Nieves en la discoteca aquella. Lo que nunca pensé es que Nieves tendría armas para retenerme y hasta hacerme pensar en mantener una relación juntos.

Todo eso que veía tan lejano ahora de golpe volvía a mi cabeza. Todos los sentimientos de cabreo, autojustificación, zozobra y remordimiento pasaron por mi mente como si hubiese ocurrido ayer. Me sentí mala persona. Y no entendí por qué Claudia se acostó después conmigo dos veces para terminar dejándome por las bravas, que en realidad es lo que tenía que haber hecho desde el primer momento.

Pero lo que más angustia me generó fue pensar que no había transcurrido ni un año desde la última vez. ¿Y si seguía enamorada de mí? ¿Y si eso le había afectado en sus estudios? ¿Era la chica que había visto en Semana Santa? Yo era feliz con Alba, pero esa incertidumbre sobre Claudia por culpa del daño que yo le hice me generaba una sensación agobiante que traté de disimular con largos silencios que evidentemente mi novia comprobó.

La culpabilidad me tuvo callado todo el fin de semana. Incluso en el viaje de vuelta yo conducía más callado de lo normal mientras Alba me hablaba hasta que parados en el atasco que nos devolvía a la ciudad a los miles que habíamos huido del calor de la ciudad el fin de semana me sacó el tema:

-Luis estás muy callado desde anoche. ¿Te enfadó lo que dije?

-No, no, que va.

-No me mientas. Algo te pasa.

-Bueno, removiste cosas que estaban guardadas.

-No era mi intención que te sintieras mal. Soy feliz contigo y no quise molestarte. Pero creo que me pasé. Que abusé de nuestra confianza y más delante de mi hermano- se disculpó.

En ese momento llamó mi madre por teléfono cortando la conversación. Habló con Alba porque yo conducía. Avisaba que ya estaba en casa y nos esperaban para cenar. Quería saber cuanto nos faltaba pues mi padre iba a comprar pescado en una freiduría.

No retomamos la conversación y delante de mis padres cuando llegamos disimulamos muy bien. Pero de regreso a su casa mi silencio debió de ser de nuevo evidente y muy incómodo para ella seguramente sintiéndose culpable por haber sacado ese tema.

Mientras ella se duchaba yo pensé intentar disimular. Cuando ella salió me duché yo. Ya no teníamos tantas precauciones pues limpiaríamos todo antes de que sus padre volvieran. Me esperaba en la cama con un camisoncito ligero y sus braguitas. Yo me puse unos calzoncillos y me acomodé a su lado. La besé y ella se echó en mi hombro acariciándome el pecho.

-Luis- me dijo tras apagar la luz- tú sabes que te quiero, ¿verdad?

-Claro que lo sé- respondí cariñoso.

Notaba cierta culpabilidad en Alba por haber removido ese tema. No era tonta y se imaginaba evidentemente de donde venía mi melancolía. Yo no quería por nada del mundo que pensara que era algún tipo de nostalgia por Claudia pero no sabía como explicárselo. Pero ella no optó por las palabras, utilizó otra forma de demostrarme sus sentimientos pues en cuanto pudo me estuvo besando mientras que yo la abrazaba para demostrarle que mi problema no era con ella.

-Ya me he acostumbrado a domir contigo- me dijo mimosa- Te he echado mucho de menos el fin de semana.

-Pero hemos estado juntos casi todo el tiempo- respondí acariciando su culo.

-Pero no en la camita…-respondió besándome de nuevo mientras casi me hacía daño apretando mi pecho con su mano.

Mi novia empezó a ronronear mientras mordía el lóbulo de mi oreja y bajaba por mi cuello poniéndome nervioso y provocando mi erección. Cuando empezó a morder y lamer mis pezones ya sabía donde iba. Y ella también porque se quitó la camiseta diciendo:

-Ufff, qué calor…

Volvió a besarme permitiéndome acariciar sus pechos desnudos y pensando que no tenía intención de comérmela pero me sorprendió diciéndome al oído:

-Ya he cenado pero tengo hambre, me comería algo…

Yo sin decir palabra me quité el calzoncillo dejando claro lo que me apetecía. Ella automáticamente empezó a acariciarme la churra tiesa diciendo:

-Mi lindo también me echaba de menos…

De nuevo se fue a por mi cuello y pezones pero esta vez se estiró de lado en la cama permitiendo que mi brazo se alargara hasta colarse en su braga acariciando sus nalgas para terminar escabulléndose entre ellas y encontrarme al final con su raja bastante húmeda. Su ronroneo se torno en gemido que se unió al mío.

En menos de un minuto su lengua jugaba con mi glande mientras mi dedo se perdía en su chocho. Alba estaba muy caliente. Cuando se tragó mi polla gimió de placer. Que te coman el nabo es un gran placer pero que encima lo disfruten es algo incomparable. Y Alba parecía hacerlo.

Había cambiado tanto en eso que cuando le sujeté la cabeza para retener mi polla en su boca un poco más profundo más tiempo no se quejó. Aunque hacerlo con el dedo de mi otra mano clavado en su coño quizá ayudara bastante.

Pero Alba no estaba pensando en acabar así y soltó mi polla babeada para volver a besarme.

-Que rico estás…

-Me encanta que te guste.

-Pero…yo estaba pensando en otras cositas…

-¿Quiers que te la meta?

-Ajá…

-Quieres que te meta mi polla gorda en tu chochito…

-Tengo muchas ganas…

Me levanté a sacar un condón de mi cartera mientras que Alba se quitaba las bragas. El tiempo de ponérmelo y estar dentro de ella fue bastante breve. Pero tras unos pocos minutos en que copulamos en la postura del misionero decidí cambiar. Me costó trabajo colocarla a cuatro patas porque decía que así no se miraban los ojos ni se podía besar. Mi respuesta fue sencilla:

-Dime qué sientes y después hablamos…

Cuando le clavé la polla hasta el fondo gimió como poca veces. Y cuando empecé a darle caña con la libertad que da esta postura en menos de dos minutos me estaba mojando los muslos. Me salí de ella que quedó tumbada boca abajo mientras yo le acariciaba la espalda y el culo.

-Mmmmm, Luis…eres increíble…

-Tú sí que me tienes loco.

-Luis…

-Dime.

-¿Me prometes que no nos vamos a enfadar?

-Yo no estaba enfadado.

-Te molestó lo que dije delante de mi hermano.

-Pero no estaba enfadado.

Alba se giró para mirarme y decirme:

-Algo te pasaba.

-Pero no era por eso. Era por ti.

-¿Por mí?

-Sí, me da miedo que pensar en esas cosas te hagan arrepentirte de estar conmigo.

-Ya ves lo arrepentida que estoy, jajajaja- respondió echándome en mi pecho- Nunca he tenido esto con nadie y soy feliz. La culpa es mía. A veces tengo que aprender a callarme.

-Pero que sepas que no estaba enfadado.

-Pero yo sí me voy a enfadar ahora…

-¿Por qué?

-Porque no te has corrido y mi lindo no se puede quedar así…

-No te lo vas a creer pero estoy cansado del viaje y tal…

-Pues relájate que yo lo hago todo…

Me hizo tumbarme mientras ella me quitaba el condón para meneármela. Para excitarme más me pasaba la lengua por el pezón. Pero no daba demasiado resultado.

-Princesa así vamos a tardar mucho…

Me miró y me sonrió y sin pensárselo se bajó a chupármela poniéndose de rodillas entre mis piernas. Se metió el glande en la boca pasándole la lengua mientras su mano subía y bajaba por el tronco de mi nabo. La doble estimulación empezó a funcionar ayudada por un par de mamadas profundas.

Me apetecía echárselo en la boca pero no me atrevía a decírselo. Y hacerlo sin avisar estaba feo. Aun me acordaba de Ángela. No era lo mismo desde luego pero no sabía hasta donde estaba Alba dispuesta a llegar.

-Mi vida ya casi…

Advertí provocando que mi chica intensificara la velocidad de su mano sin dejar de apretar mi glande con su boca.

-Te lo voy a dar todo…-dije entre gemidos.

Pero ella seguía a lo suyo.

-Mi leche va a ser para ti…-dije esperando su reacción.

Ahora su otra mano apretaba mis pelotas. Iba a correrme. Apoyé mi mano en su cabeza pero inmediatamente la retiré. Pero no pude aguantar cuando empezó mi polla a babear dentro de su boca antes de correrme. Tenía que haberlo notado pero seguía concentrada con los ojos cerrados chupando sin dejar de meneármela. Sin capacidad de reacción solté un lefazo dentro de su boca. Alba sorprendida retiró la cabeza con la boca cerrada y una cara rara sin dejar de pajearme hasta que ya no quedaba más contenido seminal en mis pelotas. Entonces se fue al baño seguramente a escupir.

Me levanté a limpiarme y mi chica efectivamente estaba en el baño enjuagándose la boca.

-Se te ha escapado, lindo.

-Lo siento.

-No ha sido grave.

-¿No te ha dado asco?

Negó con la cabeza.

-Si lo sé te lo echo todo…

Torció la cara un instante pero fue breve tornándose en una sonrisa y dándome un beso y un cachete en el culo para decirme:

-Te espero en la cama.

Pero a pesar de todo yo no estaba del todo satisfecho. Y no por el polvo y la mamada, sino por las respuestas de Alba. Y por el desasosiego que su comentario me había provocado la noche anterior. Ojalá no pasara factura a una relación tan bonita como la nuestra.

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