ESRUZA

Inventé un lucero fascinante,

luminoso, brillante.

Iluminaba mi camino nebuloso,

opacaba a la luna.

Pero, ese lucero se apagó,

demasiado brillo le di y,

tal vez, ese brillo lo segó o,

ya no deseó brillar para mí,

y quiso otro camino alumbrar,

razón que debo aceptar.

Soy realista, y se me ocurrió soñar,

pero no supe cómo conservar 

el brillo de mi lucero,

y volví a la realidad,

a mi camino nebuloso. No debo soñar.

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