SYLKE & RAÚL

CAPÍTULO 4

Mi cuñada va a su despacho y yo me dirijo al mío y aun con la mente en otro sitio hago varias llamadas, pero mi obsesión es tan grande que me meto en el portátil en mi cuenta VIp de “Mayder” para seguir visionando sus videos y de pronto tengo que detenerlo, porque llaman a mi puerta. De nuevo mi socio, Ander, en el momento más oportuno.

–        ¡Hombre socio, ya estás aquí! – le digo sorprendido, levantándome y dándole un abrazo.

–        Sí, Aritz, la cosa se ha complicado y no hemos conseguido cerrar como estaba previsto el tema con los nipones.

–        ¿Qué me dices?

–        Son muy astutos y no hemos llegado a un acuerdo inicial, por eso quería decirte que salgamos mañana mismo para Tokio.

–        ¿Mañana?, ¿Tan pronto?

–        Como muy tarde en dos días. Es muy serio si no nos presentamos allí cuanto antes. La competencia ya está pegando duro y si nos dormimos perdemos una oportunidad de oro.

–        Entiendo.

–        Por cierto, llevamos a tu cuñada, ¿eh? Lo primero porque he visto en su curriculum que habla perfectamente inglés e incluso sabe un montón de palabras en japonés… eso a ellos les pone mucho, aparte de que cuando la vean, van a ponerse “garrotes”. Menudas “domingas” se gasta tu cuñada, si con eso no caen, ya me dirás.

–        Claro, me parece una buena idea, seguro que ella les impacta, pero además en todos los sentidos, aunque es todo tan precipitado y…

–        ¿Quieres que se lo diga yo?

–        No, no, tranquilo, ya la informo yo.

Mi socio levanta el pulgar saliendo de mi despacho y yo empiezo a organizar el viaje, que, por cierto, en 24 horas resulta casi imposible, pero al final, con varias llamadas y algún favor pendiente con la agencia de viajes, he conseguido un vuelo para dentro de dos días. Solo me queda comentárselo a Marel, que espero no ponga ninguna objeción. Le informo a Pili para que vaya haciendo las reservas y solicite los visados y pasaportes urgentes.

Me dirijo entonces al despacho de mi cuñada, pero veo que no está, por lo que entiendo que debe ser su descanso y acudo hasta la sala de cafetería, donde tenemos varias máquinas expendedoras, un comedor y una zona de fumadores. Justo cuando voy a entrar, oigo una conversación y se trata de mi cuñada y los dos fotógrafos que la hicieron la sesión con el plug. Entiendo que deben estar tomando un café y charlando sobre esa famosa sesión. Pero una vez más me convierto en espía con mi cuñada y antes de entrar, prefiero escuchar y espiarles por detrás de la puerta entreabierta. Observo que habla entre risas con los dos chicos, que lógicamente están encantados con ella, no es de extrañar, tratándose de una mujer exuberante, sexy, elegante y con un poder de atracción fuera de lo normal. Veo por la rendija que deja la puerta que ella se ha despojado de su chaqueta y su blusa muestra el movimiento grácil de sus enormes tetas, algo que debe alucinar a mis empleados. No se lo puedo reprochar, porque ella sabe cómo gustar y usa siempre esos glamurosos gestos y movimientos que vuelven loco a cualquiera y es que esa mujer es espectacular.

–        Oye Marel, a ver cuándo repetimos sesión. – dice Rafa, uno de los fotógrafos.

–        Jajaja, la verdad es que fue divertido.

–        Estuviste increíble, con ese plug en tu culito. Nunca había visto nada igual.

–        Eso se lo dirás a todas – añade mi cuñada sonriente.

–        No, te lo digo en serio, Marel, eres preciosa – añade ese chico que apoya su mano en la cadera de ella.

–        Gracias. – responde ella halagada y mostrando toda su sensualidad, además de verse halagada.

–        Por cierto, tenemos varios proyectos que encajarían contigo.

–        ¿Proyectos? – pregunta ella con curiosidad.

–        Si, vamos a sacar unas bolas chinas nuevas y un consolador gigante, por si querías hacer las pruebas.

–        Pero…

–        Ya sabes, se te vería el coño, pero tu cara no.

–        ¿Seguro que os gustaría volver a verme en acción? – pregunta ella insinuante.

–        ¡Sí! – contestan los dos al unísono como dos perritos.

No puedo aguantar más tiempo sin intervenir, pues veo que esos chicos están en pleno ataque a mi cuñada para camelarla.

–        Hola, Marel, te estaba buscando. – digo entrando muy serio en la sala de café dejando a los tres sorprendidos.

Inmediatamente el chico que estaba tonteando con ella se separa al verme y ve por mi cara que no me gusta nada la cosa, no sé qué me pasa, pero me enfurece que mi cuñada sea deseada por todos los hombres de la empresa, ya que ya he visto varios lanzados a ligársela, aunque en realidad quiero ser yo, el que la posea, pero mi cabeza no deja de decirme que eso está mal, que es la hermana pequeña de mi mujer…

–        Vamos, tengo que decirte algo. – digo todavía con cierto enfado y Marel me mira algo asustada y me sigue a pequeños y rápidos pasos, lo que le permite su falda de tubo y sus tacones.

Cuando entramos en mi despacho, me dirijo a mi mesa y ella permanece algo contrariada.

–        ¿Ocurre algo, Aritz? – me pregunta al fin con cara de preocupación.

–        No sé a qué juegas, Marel. – digo serio sentándome y veo que en mi portátil sigue congelada la imagen de Mayder follando en el coche compartido.

–        Perdona, no te entiendo. Si lo dices por los fotógrafos… solo estábamos de coña…

–        ¿De coña o de coño?

–        Yo… Solo era una charla entre compañeros.

–        ¿Una charla o un tonteo?

Mi cuñada baja su cabeza, guardando silencio unos segundos, frota sus manos y luego me pregunta con una leve sonrisa:

–        ¿Estás celoso, cuñado?

–        No, joder, Marel, es que no quiero que te tomen por lo que no eres…

–        No te entiendo.

Ahora soy yo el guarda silencio, para acabar diciendo:

–        Ya te dije que tu trabajo no es de modelo. ¿o sí?

–        No claro. Yo estoy aquí para otra cosa, pero como me dijiste que yo…

–        ¡Marel, sé quién eres! – digo de pronto, secamente, cortándola, sin pensar muy bien las consecuencias, algo presionado con esa duda que me come por dentro.

–        ¿Cómo? – pregunta ella sin entender nada.

Observo su blusa, admirando una vez más ese canalillo y casi puedo notar sus pezones marcados en la tela y cómo sus tetas se mueven debajo con un sugerente movimiento oscilante.

–        Acércate – la indico para que se ponga a mi lado y observe conmigo lo que aparece  en mi portátil.

Sé que es arriesgado hacer esto, en todos los sentidos, pero lo tengo que hacer o me va a dar algo.

En ese momento me fijo en la cara de mi cuñada que es todo un poema y se va transformando por momentos hasta quedarse pasmada con los ojos como platos viendo ese fragmento del video, junto a mí. Yo aprovecho para recorrer nuevamente su anatomía y como al estar apoyada en la mesa, sus tetas parecen querer salirse de la blusa.

Le doy al “play” del reproductor y la escena que se ve es la webcamer en el asiento de atrás del coche a horcajadas mientras se ve como la polla del chico está follándose ese coño que tanto anhelo. Por un momento, mientras sigue reproduciéndose el video, me fijo en la cara de Marel que pasa de la sorpresa al temor, pues está totalmente estupefacta. En ese momento detengo el video, y la pregunto casi en un grito:

–        Marel, dime… ¿Esa chica eres tú?

Su labio inferior tiembla, sus ojos parecen cargarse de lágrimas. Durante un buen rato me mira sin saber qué decir, parece que eso no se lo esperaba y está totalmente desarmada, pero cuando va a decir algo, que me parece su confesión, aparece, cómo no, la cara de mi socio por la puerta.

–        ¿Interrumpo algo? – comenta Ander con una sonrisa ladeada al vernos tan juntos en mi mesa.

Mi cuñada y yo nos miramos y luego intento reaccionar con normalidad ante mi socio.

–        No… esto… no, Ander. – comento yo, algo alterado mientras ella sigue con su vista clavada en el portátil.

–        Genial, – comenta mi socio sin entrar – mira que bien que estáis los dos. Estoy preparando todo lo del viaje. ¿Ya le has comentado a tu cuñada?

En ese momento Marel levanta la vista, mira a Ander y luego me mira a mí sin entender. Entonces le contesto a mi socio:

–        No, Ander, se lo iba a decir en este preciso momento.

–        ¿De qué viaje estáis hablando? – Interviene Marel.

Todavía estoy un poco en shock y cuando le voy a explicar, es Ander el que toma la palabra:

–        Verás Marel, ayer a última hora de la noche se truncó el primer plan del negocio con los japoneses y tenemos que ir urgentemente a Tokio y cómo controlas el inglés y toda la burocracia de contratos, necesitamos que vengas, además chapurreas algo de japonés, ¿no?

Marel me mira confundida y le confirmo que es cierto lo que está contando mi socio.

–        Si, ya he cogido los billetes para los tres en primera clase para pasado mañana.

–        Pero yo… – interviene mi cuñada queriendo decir algo, aunque es mi socio el que la interrumpe.

–        Aritz, tío, levanta ese culo que tenemos el casting con las modelos alemanas.

–        Ah sí, lo había olvidado. – le digo – vete para allá que ahora voy yo.

Cierro el portátil y agarrando del brazo de mi cuñada con cierta fuerza, la susurro al oído.

–        Esta conversación no ha acabado. – comento como si fuera un padre descubriendo a su hija en una fechoría.

Ella me mira asustada porque sabe de sobra que la acabo de destapar su gran secreto y no atina a decir nada, ni tan siquiera a buscar una excusa o escabullirse de todo ese embrollo, porque no puede negar lo evidente. Supongo que teme, una vez que lo sé todo, que le vaya con el cuento a su marido o a su hermana.

Salimos los tres de mi despacho, Ander y yo a nuestra reunión con las alemanas y mi cuñada mirándome con cara de miedo, se dirige al suyo haciendo sonar sus tacones y haciendo que mi polla vuelva a ponerse juguetona bajo mi pantalón observando ese culo tan perfecto que tiene la muy cabrona.

En la sala de reuniones nos está esperando nuestra jefa de recursos humanos, Ingrid, que hará de traductora con las chicas y van pasando de una en una, mientras Ander y yo las vamos preguntando cosas sentados en un sofá. Para este tipo de entrevista, las modelos tienen que quitarse la ropa y quedarse con braguitas y sostén, para ofrecernos su cuerpo y valorar si encajan para presentar nuestros productos destinados al público alemán, porque además deberán hacer algún video en su idioma.

No niego que todas ellas están muy bien escogidas y levantan el ánimo de cualquiera, sobre todo cuando esas rubias de medidas escandalosas se quitan la ropa delante de nosotros. El caso es que ese casting se prolonga durante más de dos horas, algo que a cualquier hombre le hubiera encantado y por los ojos de mi socio, veo que lo está disfrutando a base de bien, sin embargo, mi mente está en otra parte y es que no dejo de pensar en mi cuñada y no solo por volver a estar con ella, disfrutar de la hermosura de sus ojos, de sus labios, de su cuerpo… sino porque me ha parecido que no he sido lo suficientemente delicado con ella, sino al contrario, bastante brusco al tratar el tema del video de Mayder. Estaba demasiado nervioso y he sacado mi lado más bruto, algo que ella no se merece ¿Y si cuando vuelva ella ha salido corriendo y no la vuelvo a ver?

Por fin termina el casting y dejo a mí socio entretenido con una de las espectaculares chicas y me dirijo a toda prisa hacia el despacho de Marel. Llamo a la puerta y al momento puedo escuchar su preciosa voz, porque hasta eso me encandila, además de celebrar que siga ahí y no haya salido huyendo.

–        Adelante – dice con la voz compungida.

Entro en su despacho y ella levanta la vista de los papeles con cara de preocupación al verme. Me acerco hasta su mesa y me pongo a su lado girando su silla hasta ponerla frente a mí. Puedo ver en su cara signos evidentes de haber llorado y eso me hace sentirme fatal. Justo cuando ella parece querer empezar a disculparse, pongo las manos en sus hombros y la digo

–        Marel, ¿te encuentras bien?

–        Si – responde levemente.

–        Tenemos que hablar. Silencia tu teléfono para que no nos moleste nadie.

–        Claro. – dice ella apagando el sonido de su teléfono.

–        Verás, te quiero pedir perdón por mi comportamiento de antes en mi despacho. Creo que fui muy brusco preguntándote si eras la chica del video.

–        Aritz, yo…

–        No, no tengo ningún derecho, seas o no esa chica, pero creo que he sido desconsiderado y me he comportado como un auténtico capullo…

–        Gracias, Aritz, por tus disculpas, pero te entiendo perfectamente, supongo que te has quedado de piedra al saberlo. – dice ella intentando esbozar una sonrisa.

–        Pues sí, no me lo hubiera creído.

–        Y furioso.

–        No exactamente… Marel, yo diría sorprendido.

–        ¿Sorprendido para bien?

No soy capaz de contestar y por un momento nos miramos fijamente a los ojos mientras ella traga saliva y al final contesta.

–        Aritz, lo que más me dolería es haberte decepcionado en algún momento.

–        Cariño, tú nunca me decepcionarías. – digo sosteniendo sus manos entre las mías.

–        Gracias, Aritz…

Otro silencio y ella al final confirma mis sospechas.

–        Con respecto a tu pregunta… sabes que a ti no te puedo mentir y tengo que confesar que sí, yo soy “Mayder_bzk», aunque aún no sé ni cómo lo has averiguado, porque mira que he intentado tomar medidas para que no se me reconozca en ninguna de las tomas.

Observo su dulce carita y luego su espectacular cuerpo, algo que me tiene loco, pero escuchar su confesión es algo que produce un extraño escalofrío por todo mi cuerpo y noto como mi polla empieza a tensarse. Apoyo mi culo en la mesa y sigo frente a ella esta vez entrelazando sus dedos con los míos.

–        Gracias por tu sinceridad, Marel.  Supongo que no es fácil para ti… – la digo.

–        Bueno, aún estoy desconcertada, pero en el fondo me alegra saber que lo has descubierto tú.

–        No tienes que darme ningún tipo de explicación, no tengo ningún derecho…

–        Ya, pero yo quiero hacerlo, lo que me inquieta es… ¿Cómo lo has sabido?, ¿Cómo has llegado a dar con ello? – dice ella acariciando mis dedos y mirándolos.

–        Pues soy uno de tus usuarios VIP – la digo.

Marel entoces levanta la vista confundida.

–        Entonces, tú eres…

–        Sí, “Bilbo_ath”

–        Qué tonta, ¿cómo no he caído? – me dice y yo la sonrío y acaricio su pelo con dulzura.

–        Bueno, tienes muchos seguidores aunque supongo que muy pocos te conocen tan bien como yo, por eso que con alguna comparación…

–        ¿Comparación?

–        Bueno, para empezar tus tetas… esas son únicas. – añado mirando a ese precioso escote.

Mi cuñada baja la cabeza, ruborizada, sin saber que decir. Y soy yo el que confiesa.

–          Y recuerda que vi tu video del plug sin cortes, al completo, con todos los detalles de tu anatomía, de tus movimientos más sensuales, lo que me permitió sacar todas las demás conclusiones. Ya sabes que me fijo en los detalles.

No le confieso que fue mi socio el que me dio pie a las primeras sospechas, pero creo que él sigue con dudas mientras que yo acabo de enterarme de primera mano con esa confesión. Ella sigue callada hasta que al final con su voz temblorosa comenta:

–        ¿Habrás visto cosas de mí que…?

–        Sí, he disfrutado de una mujer increíble, con un cuerpo espectacular, eso también me ayudó a reconocerte.

–        Claro, por eso me decías que me veías muy suelta y profesional con lo de la sesión.

–        Exacto.

Ella me mira fijamente, más relajada, para mostrarme una de sus preciosas sonrisas, que se vuelve seria al instante.

–        Aritz te pido o te ruego que no se lo cuentes esto a nadie. Y mucho menos a Igor o a Mar, por favor.

Entiendo que para ella es su gran secreto y yo continúo con sus manos entre las mías pensando que otro hombre se aprovecharía de una situación como esta, seguramente la extorsionaría, la chantajearía, hasta conseguir de ella lo que quisiera, pero lo pienso un momento y le digo mientras le acerco un kleenex para que se seque una pequeña lágrima que recorre su mejilla.

–        Tranquila Marel, mis labios están sellados, nadie va a saber quién es Mayder, ni tu hermana, ni mucho menos ese payaso que tienes como marido… perdona que sea tan brusco también con eso.

–        No, si también lo entiendo.

–        Es que ese tío ya me caía mal antes, pero ahora sabiendo esas cosas que me has dicho de él… lo cabrón que se ha portado contigo, que te haya engañado con otras, joder, entiendo perfectamente que hayas buscado eso como válvula de escape.

–        Sí, al principio era mi manera de vengarme, aun sin confesarle nada, pero en el fondo me gustaba mantenerlo en secreto, sabiendo que yo le devolvía la tostada, pero mucho más fuerte, porque mientras follaba con otros, me iban aumentando los seguidores. Eso me hacía sentirme más fuerte, más mujer y sobre todo más deseada.

–        Es normal, lo que no sé es como Igor no se fija en lo que tiene en casa, es un auténtico mamón, teniendo a una mujer como tú, que desde luego no se merece.

En otro momento mi cuñada me hubiese recriminado hablar así de Igor, sin embargo, ella sigue sonriéndome para decirme:

–        Gracias, Aritz… de alguna manera Igor es la excusa para que nadie pueda sospechar nada y que mi vida parezca de lo más normal, incluso para mi hermana, que se llevaría un gran disgusto…

–        Tranquila. Tú secreto es mi secreto.

A continuación la doy un beso paternal en la frente, aunque mi preciosa cuñada ni se puede imaginar la de pajas que me he hecho a su salud, tanto en su persona de Mayder como en la propia Marel.

–        ¿Entonces no he sido brusco con respecto a tu marido? – la pregunto acariciando dulcemente su mejilla con el dorso de mi mano.

–        No, para nada… tienes toda la razón. En el fondo todo esto era mi válvula de escape, además de mi sustento y mi manera de vengarme de Igor. Fíjate que empecé a disfrutar el sexo de verdad, con todos esos desconocidos, aunque la mayoría de las veces fuera todo fingido, para que el video salga bien, bueno, eso ya lo comprendes como profesional.

–        Es cierto, aunque en el video del plug no parecía que estuvieses fingiendo.

–        Y no lo hacía, créeme, en ese momento me corrí de verdad, nunca había sentido tanto gusto al meterme eso por detrás.

Me vuelve loco la idea de saber que ese culito es virgen… sin duda su esposo es gilipollas.

–        Bueno, entonces tú e Igor… – continúo diciendo.

–        Nada de mal en peor… no sé si se aburría o qué, pero incluso yo le proponía hacer cosas nuevas y él se negaba.

–        Perdóname, ¿Entonces Igor y tú prácticamente no follabais?

–        Al principio todo iba bien, tampoco era para tirar cohetes, aunque yo entonces era una cría y casi no tenía experiencia, luego he descubierto lo que es tener una buena polla dentro de mí, pero bueno, como te digo, al principio todo era muy bonito y después…

En ese momento ella baja la cabeza algo avergonzada y bastante apurada, pues nunca ha sido tan explícita y sincera conmigo en un tema tan íntimo, a pesar de nuestra confianza.

–        Marel, no te sientas mal, de hecho, creo que te viene bien contarlo…

–        La verdad es que sí, me estoy quitando una losa de encima contigo.

–        Sabes que me tienes para lo que quieras… pero sigue, ¿cómo cambió todo entre vosotros?

–        Creo que todo empezó al ir mal tras lo de vuestro negocio… él veía que después de todo tú conseguías salir a flote y él se hundía más y más.

–        Pero tú estabas ahí apoyándole en todo momento.

–        Claro que sí, pero creo que el hecho de que vosotros triunfarais cada vez más, tanto Mar en su trabajo como tú en tu nueva empresa, eso él no lo podía soportar y además veía que yo seguía hablando con mi hermana, bueno contigo menos… pero él veía que vosotros estabais bien conmigo… bueno, las cosas fueron yendo cada vez peor.

–        Ya me imagino.

–        Entonces se me ocurrió que era el momento de plantearnos ser padres, algo que al principio a él no hacía mucha gracia, pero sabes que me encantan los niños y a base de decirle que teníamos que dar un giro a nuestras vidas hicimos lo posible, pero nada.

–        Debiste pasarlo realmente mal.

–        Al principio pensaba que el mismo estrés era el que no nos permitía concentrarnos, pero nada no conseguíamos ser padres…

–        Bueno, no te tortures… de alguna manera tú lo intentaste.

–        Ni eso conseguí y casi me muero cuando me enteré de que Igor me engañaba no precisamente con una, sino con varias… Conmigo casi no tenía sexo y eso que yo me ponía mis mejores galas, animándole en mis momentos de máxima ovulación, pero él parecía estar en otras cosas, en otras mujeres…

–        Y entonces conseguiste evadirte y disfrutar de un sexo que tu marido no sabía darte. ¿Me equivoco?

Marel levanta la cabeza, me mira a los ojos y esboza una sonrisa cuando descubre que lo entiendo todo mucho más de lo que ella imagina.

–        Verás, Aritz, yo por entonces no lo sabía, pero cuando descubrí que Igor me engañaba, eso me dolió más que nada, porque quedar insatisfecha con él o que se corriera y yo me quedara con un calentón tremendo era algo asumido por mí, al fin y al cabo es mi marido… pero cuando me enteré de que él tenía sexo con otras casi me da algo. Por eso recurrí a lo de unas páginas de sexo virtual…

–        ¿Y ahí conociste el mundo de las webcamer?

–        Pues sí, una amiga me habló esa página y al principio solo era coqueteo, ligoteo, ya sabes, me gustaba empezar a exhibirme y para colmo empezaba a ganar dinero, era una pequeña venganza.

–        No me extraña, pero ¿Igor nunca ha sospechado nada?

–        No, en absoluto. Lo ignora totalmente. Tengo una cuenta en el banco para mi sola, que manejo con discreción. Para él y para el resto hago una vida normal, incluida mi hermana, a la que le cuento casi todo.

–        Ya, ya veo que ese es tu gran secreto, ¿No? – comento.

–        Pues sí, además, estaba segura de que él no iba a pillarme nunca por casualidad, como cliente VIP porque mis servicios son caros.

–        Dímelo a mí cuñada que llevo invertidos más de 3.000 pavos en tu sala y solo he visto tus videos. Eso sí, varias veces.

La sonrisa de mi cuñada ilumina su preciosa cara. Y la comento:

–        Hay una cosa que no entiendo, Marel, ¿Por qué no te separaste de él?

–        Si, seguramente hubiese sido lo mejor y no me digas por qué, pero no podía dejar a Igor tirado, es mi marido, yo le quiero…

–        ¿En serio, Marel?

–        Bueno, al menos le quería… aunque no estoy segura de sí era amor o era lástima por él, pero, además, no teníamos donde caernos muertos, literalmente… los únicos que podríais ayudarnos erais vosotros y por entonces él no quería pediros nada, salvo yo que le pedí dinero alguna vez a Mar, pero a escondidas, aunque siempre era ella la que insistía, porque sabes que no quería tener que estaros pidiendo ayuda continuamente.

–        ¡Joder, Marel!

–        Verás, Aritz, la oportunidad para mí era doble o triple, hacer esos videos, me hacía sentirme útil, ganar una buena pasta y satisfacerme a mí misma, aunque casi siempre actuase…

–        Pues lo haces tan real…  Eres increíble, Marel. No sabes la de pajas que me hecho con tu cuerpo incluso me han llevado a follar con Mar con más energía.

–        ¿En serio, cuñado?

–        Tú sabes de sobra el éxito que tienes en la red, con millones de usuarios, nos enamoras a todos con tu cuerpo y tus videos. No es de extrañar, porque enamoras sin hacer nada, así que cuando vas más allá, en esos vídeos, eres una auténtica diosa y dejas prendado a todo el mundo… y no estoy dándote coba, tus millones de seguidores son la prueba de lo que digo.

Mi cuñada se sonroja, pero ambos nos reímos a la vez por esa situación y me sigue diciendo.

–        Uf, en serio, no sé qué decir Aritz, hasta ahora todo era digamos “virtual” y nunca había tenido contacto con alguno de mis seguidores… y ahora precisamente eres tú el primero…

–        El primero y tu fan número 1, bueno salvo ese otro cliente VIP que tienes desde el principio antes que yo.

–        ¿Celoso?

–        Pues sí, no lo niego, saber que otro lleva todo este tiempo disfrutándote y yo sin saberlo…

–        La verdad es que ese cliente anónimo es el que me iba animando a hacer cosas cada vez más fuertes y gracias a sus aportaciones, fui ganando mucha pasta.

–        ¿No sabes quién es?

–        ¡Qué va!, pero creo que me admira mucho, es casi un enamoramiento.

–        No me extraña, desde que vi a Mayder, yo también. Me tiene loco.

–        ¡Uf!, no sé si sentirme halagada o avergonzada. – comenta.

–        ¿Por qué mujer?

–        ¡Aritz, somos cuñados! Nunca hemos hablado así…

–        Ya y tienes miedo que por verte en los videos o en algún show que hagas, quiera aprovecharme de ti o te desee más de la cuenta.

–        No, no es por eso. Pero resulta todo tan raro…

–        Yo te quiero mucho Marel y no haré nada que te pueda hacer daño, ya lo sabes, mucho menos aprovecharme por saber lo que sé. Puedo ser bruto, pero no soy un canalla como otros que yo me sé. No contaré nada de lo tuyo, ni para beneficiarme yo, ni mucho menos para hacerte daño a ti.

Ella sabe que estoy hablando de Igor, pero no puedo negar que además es verdad lo que esa mujer me transmite y lo que siento por ella más que una relación de cuñados. Y viendo que estamos en plenas confidencias, le suelto en otra confesión:

–        Mira voy a ser franco contigo… quiero decirte que no sólo deseo a Mayder, que me tiene loco y totalmente excitado siempre… también deseo a Marel.

Ella me mira sin comprender. Y yo me explico:

–        Pues no sé desde cuándo, pero lo que sí sé es que un buen día te convertiste en una mujer impresionante, dejaste de ser una cría, para convertirte en una belleza única.

–        ¿Aritz? – pregunta ella ladeando su cabeza y yo continúo sincerándome.

–        Recuerdo especialmente aquella vez que fuimos a pasar el día a la playa en Laredo, no sé si tú te acuerdas…

Marel sonríe, afirmando ese recuerdo. Y yo continúo.

–        Te vi con ese bikini negro cuando saliste del agua, cuando se te escapó un pezón… seguramente tú no te diste cuenta, pero desde ese momento dejé de verte como a esa niña a la que yo protegía, sino que te descubrí como toda una mujer, encantadora, sexy, con un cuerpo descomunal.

–        Para entonces ya me habían crecido las tetas.

–        Ya lo creo, las más perfectas que he visto nunca.

–        ¡Uf, qué calor me está entrando! – comenta ella resoplando.

–        Y siempre me preguntaba cómo te casaste con ese pardillo, siendo tú una mujer explosiva en todos los sentidos… ¿qué hacía él con semejante hembra?… y Marel, te juro que desde ese día te veo de otra manera y te deseo, como mujer, pero ahora incluso más… ahora estoy loco con Mayder y con Marel.

Me he lanzado a la piscina, lo sé y por la cara de alucine de mi cuñada, no sé si me habré pasado tres o cuatro pueblos, pero puestos a sincerarnos y a sacar a la luz nuestros sentimientos, me libero haciendo eso, pero me sorprendo cuando esa cara de susto de ella se convierte en una sonrisa.

–        Gracias por tus palabras, Aritz, eres un cielo – dice acariciando el dorso de mi mano y después mi pierna – yo también quiero ser sincera contigo. No sé desde cuándo, pero yo también me di cuenta de que me mirabas con otros ojos, al menos eso quería pensar yo, soñaba que me deseabas, que yo te atraía, no sé, incluso hace unos días cuando me viste con aquel bikini blanco, noté como te empalmabas y me sentí feliz, deseada… para colmo mi hermana no deja de contarme lo que le haces en la cama, arrancándole esos orgasmos increíbles… muchas veces sueño que me lo haces a mí.

–        ¿En serio? – pregunto porque ahora el alucinado soy yo.

Nos volvemos a reír como dos adolescentes, con una risa nerviosa. Estiro mi mano y recorro su hermoso rostro con mis nudillos sin dejar de miramos a los ojos a tal punto que notamos en esa mirada la pasión y el deseo mutuo que nos tenemos. Nuestras miradas duran una eternidad y es ella la que toma la iniciativa, alargando sus caricias de mi muslo a mi abdomen y yo estiro mi mano acariciando su cuello, pellizcando el lóbulo de su oreja. Ambos sabemos que estamos pisando terreno fangoso, pero no podemos evitar ese deseo.

–          ¿Sabes una cosa, Aritz? – me dice.

–          Dime.

–          Me alegro que seas tú, el primero en conocer a Mayder, mi cliente VIP favorito, que eso no se te olvide, es lo mejor que me puede pasar y te debo tanto…

–          Eres tú la que me da la vida, Marel y ni me creo que estemos hablando de esto. Me parece un sueño.

En ese momento, me dispongo a separar mi culo de la mesa y poner cierta actitud racional con la hermana de mi mujer, pero ella empuja con su culo la silla y se coloca entre mis piernas abiertas, mirándome fijamente a los ojos y entonces apoya su mano sobre mi paquete y acaricia la forma de miembro que a esas alturas está erecto bajo mi pantalón.

–        ¿Marel? – pregunto confuso.

–        Señor “Bilbo_Ath”, le debo una sesión privada. Se ha gastado usted una buena pasta. – dice ella con un suave susurro y poniendo una cara de zorra increíble.

Sin dejar de mirarme, suelta el cinturón de mi pantalón y me baja la cremallera muy despacio, mientras se muerde el labio inferior.

–          Marel, no tienes que… – intento hablar, pero ella me corta al instante.

–          Schssss… no soy Marel, ahora soy Mayder. ¿O quién prefieres que sea?

Sin tiempo a dejarme contestar, a continuación, introduce su mano dentro de mi bragueta agarrándome muy suavemente la polla entre sus cálidos dedos, y sacándola muy despacio, aparece vigorosa frente a sus ojos. Mi glande hinchado brilla y noto que todo mi miembro está más grande y tieso que nunca.

–        ¡Guau! – dice relamiéndose, algo que me hace temblar de placer.

–        ¿Te gusta? – le pregunto viendo su cara y como la recorre con sus ojos de arriba abajo.

–        ¡Me encanta!, la he soñado tantas veces, que ni me creo que la tenga entre mis dedos, es tan bonita, tan grande, tan imponente…

Me siento halagado y pajea mi verga dura un par de veces y consigue que salga por la punta ese líquido pre seminal de la excitación que llevo encima. Vuelve a lanzarme una sonrisa mientras sigue masturbándome lentamente.

Coloca su boca cerca de la punta de mi polla para saborear mi líquido, que degusta con su lengua y con sus labios gruesos y carnosos empezando a lamer mi glande, rodeándolo, al tiempo que sus dedos acarician suavemente mis huevos. Su habilidosa lengua empieza a recorrer todo mi tronco lentamente hasta llegar a la base, para volver a subir, recreándose en mi frenillo unos segundos y volver a bajar hasta mis huevos, metiéndose alternativamente cada uno de ellos en su boca y después de regreso con su lengua hasta la punta para besar suavemente la punta.

Por un momento se detiene y me sonríe. Yo no me creo que esté pasando esto, mi adorada cuñada, la mujer soñada, está con mi glande en su boca y su lengua juega con mi frenillo.

A continuación, se introduce en su boca todo mi tronco, lentamente y de forma increíble, se lo traga al completo hasta chocar con tu nariz en mi abdomen haciéndome una gran “garganta profunda”.  ¡No me lo puedo creer! Hasta ahora ninguna chica ha logrado tragársela entera.

Cierro los ojos al sentir toda mi polla metida dentro de su boca y un intenso gemido sale de la mía cuando empieza a subir y a bajar comiéndosela por entero. Al abrir mis ojos todavía no me creo que mi preciosa cuñadita me la esté mamando y se la trague de esa manera. Mi respiración se agita de lo bien que lo hace a tal punto que mi cabeza se echa para atrás, captando con toda la intensidad la habilidad de esos labios y esa lengua. ¡Dios, cómo la chupa!

Abro los ojos de nuevo para contemplar como esa dulce boquita se traga mi polla hasta hacerla desaparecer y me parece estar alucinando. Con nerviosismo y una tremenda excitación, aprovecho para meter mis manos dentro de su canalillo y acariciar la piel de esas perfectas y grandiosas tetas por primera vez en mi vida, esas tetas que tanto me ponen, pero estoy tan impaciente, que el último botón, se suelta y sale disparado abriéndose aún más ese escote.

–        ¡Huy, cuñado, que me desnudas! – comenta ella sacando mi verga de su boca por un momento.

–        Es que yo… Marel… – digo entre jadeos mientras ella sigue acariciándome la polla con su mano.

El hecho de que me llame cuñado mientras me la chupa, resulta todavía más caliente y morboso, no lo puedo evitar, pero todo mi cuerpo tiembla.

–        Tranquilo, cuñado, yo te las enseño, ya sé que te mueres por tocarlas, pero antes de que me arranques la ropa… – añade con una gran sonrisa.

En ese momento Marel, se suelta todos los botones de su blusa y esas enormes tetas salen ante mis ojos bamboleantes, perfectas, con dos rosados pezones en punta y con unas grandiosas aureolas.

–        ¡Joder, cuñadita! – exclamo al tiempo que mis dos manos se van a esos pechos para mecerlos, sobarlos, pellizcarlos con total libertad.

No me creo estar acariciando esos tetones soñados, mientras ella continúa con su magnífica labor de chuparme el rabo. Yo me entretengo en sus aureolas hasta llegar a tus pezones puntiagudos para apretárselos hasta tal punto que se le oye un gemido teniendo mi polla totalmente metida en su boca. Así permanece un rato y noto como los músculos de su garganta me atenazan. A continuación, ella va sacando la boca lentamente hasta que mi verga sale totalmente de su interior, llena de babas que se quedan colgando de su barbilla. La imagen no puede ser más increíble y más cachonda. Entonces Marel se agarra las tetas por los costados y con ellas abraza mi polla para hacerme una cubana al tiempo que sigue chupándomela con firmeza. Ni sé la de veces que he soñado con este momento de ver mi polla envuelta en esas tetas. Estar abrazado por esas blanditas tetazas y esa boquita comiéndome el rabo, es todo una fantasía hecha relaidad y me tienen a punto de caramelo y así se lo digo.

–        ¡Joder, Marel, me voy a correr, no aguanto más!

En ese momento me sonríe y dejando sus tetas colgando que empiezan a bambolearse a en un mete saca brutal de su boca, comiéndome la polla por entero haciéndola desaparecer por completo nuevamente. Me parece estar alucinando… En ese momento me agarro yo mismo a su cabeza y dirijo los movimientos de su boca tragándose hasta el fondo mi verga dura, algo que Mar nunca ha conseguido. Agarro aún más fuerte su cara y después de su nuca para sentirla en lo más profundo. Literalmente me follo su boca con toda mi energía, en el que se oye su difícil respiración por la nariz y su garganta acoplándose a cada embestida de mi pelvis.  Sus ojos de vez en cuando se cruzan con los míos y no puedo aguantar más. Me aferro a su pelo y permanezco con mi polla metida hasta el fondo… con su linda cara contra mi barriga y mi polla hasta lo más hondo de tu garganta, Cierro los ojos sintiendo esa presión, doy un último empujón de mi pelvis y empiezo a correrme, descargando dentro de su garganta.

Marel va sacando lentamente mi miembro de tu preciosa boquita, lo hace con cuidado y yo aún sigo dando espasmos y soltando chorros dentro de ella y cuando extrae totalmente mi polla, me mira y abre su boca, para mostrarme su lengua que está llena de mi blanca leche, para después demostrarme que se la traga totalmente entregada y dispuesta, para mostrarme a continuación su boca vacía.

–        ¡Joder Marel, eres impresionante!

–        ¿Te ha gustado? – me dice ella recogiendo alguna gota de mi semen de la comisura de sus labios y chupándose el dedo con fruición.

–        Es una de las mejores mamadas que he recibido en mi vida. No, yo creo que es la mejor mamada de mi vida. – rectifico, mientras ella me ayuda a recolocar mi pene dentro del pantalón.

–        Gracias, pero no será para tanto porque supongo que mi hermana te hará unas mamadas impresionantes.  – dice ella riendo a la vez que intenta colocarse su blusa, pero resulta casi imposible ya que al romperse el último botón tiene el escote más abierto.

–        Bueno, sí, tu hermana la chupa bien, en eso también os parecéis, pero te digo una cosa, ella nunca consigue comérmela entera.

–        ¡Oh, vaya…! bueno, me alegro haberlo conseguido yo. – añade victoriosa.

En ese momento suena mi móvil.

–        Mira hablando de tu hermana, me está llamando. – la digo – ¡Joder, si tengo 20 llamadas perdidas de ella!

Y con el dedo índice le tapo sus labios carnosos y contesto a mi mujer.

–        Dime, churri.

–        ¿Qué pasa, cari por qué no cogéis el teléfono ni tu ni mi hermana? – oigo decir a Mar.

–        Oh, sí… Es que hemos tenido una reunión muy importante. Ahora mismo bajamos. – digo disimulando mientras veo como mi cuñada me mira atentamente.

–        Vale, daros prisa que tengo hambre. – añade Mar.

Tras colgar la llamada con mi esposa, Marel me coloca bien la corbata y ajusta el nudo, mientras yo aprovecho para observar ese canalillo tan abierto que me ofrece… y es curioso, pero mi polla parece querer volver a despertar con esa mujer. Abro la puerta de su despacho a mi cuñada, como un buen caballero, la dejo pasar, aunque no puedo resistirme ante ese culo bamboleante y le doy un cachete sonoro en su pandero.

–        ¡Auh! – responde ella tocándose por ese pinchazo que ha sentido con mi azote en su culete.

–        Lo siento cuñadita, no me pude resistir. – añado.

–        Pues tendrás que controlarte que vamos a comer con tu mujer. – dice ella riendo y mostrándome su blanca dentadura.

–        No sé si voy a poder contenerme…

En ese momento llegamos frente a los ascensores y mientras esperamos ella me dice.

–          Por cierto, Aritz, creo que de momento no debemos decirle nada a Mar de lo nuestro…

–          ¿Lo nuestro?

–          Bueno, lo que ha pasado. Creo que… no sé debería buscar el momento y contárselo porque yo…

–          No, Marel, te lo ruego, esto es cosa mía. Yo lo haré.

Justo cuando estamos ahí, hablando frente al ascensor para bajar, veo a Ander salir de su despacho con una modelo exuberante. No hay duda, la reconozco al instante y veo que es una de las alemanas del casting.

Cogemos el ascensor los cuatro y mi socio y yo nos guiñamos el ojo mutuamente, no sé si él entiende que lo digo por él o me está felicitando como si intuyera que mi cuñada me acaba de hacer la mejor mamada de mi vida.

–        Veo que no pierdes el tiempo. – le digo a Ander, mirando las tetas de esa alemana, que no parece entender que hablamos de ella.

–        Ya ves, socio… nos parecemos. – añade él riendo y echando una miradita a Marel, especialmente en ese escote tan abierto.

No respondo, porque entiendo a Ander a la primera, es lo malo de conocernos tan bien. Mientras el ascensor sigue bajando, yo me coloco detrás de mi cuñada y aprovecho para acariciarla ese culo respingón que tiene. Ella no abre la boca, se limita a mirar su móvil como si nada.

Una vez abajo, nos encontramos con mi esposa en la puerta y Ander le da dos besos.

–        Mar, cada día estás más guapa. – comenta mi compañero viendo ese atuendo de mi esposa con unos ajustados pantalones vaqueros muy gastados que le marcan el culo y esos tacones altos que se lo realzan aún más.

–        Siempre me ves con buenos ojos, Ander – responde ella halagada.

–        No, no… es la verdad y creo que la genética hizo un buen trabajo con vosotras dos – añade refiriéndose a las hermanas que ríen agradecidas.

Ander se despide de nosotros, con su descaro y simpatía habitual y a mí con un nuevo guiño de su ojo en dirección contraria a nuestro restaurante. Yo me quedo mirando como camina junto a esa espectacular modelo, seguramente irán a algún hotelito que hay por la zona, cerca de la oficina. No puedo evitar pensar en que me encantaría hacer exactamente igual, en este mismo momento, con mi preciosa cuñada. Salgo de mis pensamientos cuando noto la lengua de Mar incrustada en mi boca, dándonos un buen morreo y aferrada a mi nuca, pegando su pelvis a mi paquete, que ya vuelve a estar despertándose.

–        Joder, Cari como se las gasta Ander con ese bellezón, ¿no? – me dice cuando nuestras bocas se separan.

–        Pues sí… – digo – yo tampoco tengo queja – añado mirando de reojo a mi cuñada, pero parece que lo digo por ellas dos.

Nos dirigimos al mismo restaurante y el maître nos vuelve a colocar en la mesa de la otra vez, estando yo entre las dos chicas. Mientras ellas se ponen al día con sus cosas, yo aprovecho para mirar en el móvil los correos pendientes y la agenda del día. Al rato estamos comiendo y riendo, mientras le comentamos a Mar la novedad del viaje a Tokio, algo que la alegra, sobre todo por su hermana y no deja de repetirla que lo disfrute y que se despeje un poco, principalmente por estar lejos de su marido y cambiar de aires. Mi cuñada y yo nos comportamos como siempre, pero está claro que el ambiente se respira distinto, al igual que nuestras miradas furtivas, que parecen encendernos por momentos, al menos a mí. Por otro lado, no dejo de mirar a Mar y en buscar el momento propicio para contarle todo lo sucedido, aunque eso me da un miedo atroz. Hasta ahora no le he ocultado nunca nada, de mis correrías con tantas chicas, pero claro ahora es distinto y con su hermana pequeña.

–        Bueno, además estarás muy bien cuidada en ese viaje – añade mi esposa al final, tocando mi pierna y yo hago lo mismo en la suya, pero llegando casi a su ingle por encima de esos pantalones ceñidos que le quedan tan bien.

El almuerzo se desarrolla con cierta normalidad, aparte de las miradas con mi cuñada, que parecen decirlo todo, aunque yo disimulo lanzando besitos a mi esposa. Después de la comida, nos estamos despidiendo de mi mujer, pues tiene que regresar a su trabajo y me doy un nuevo beso con ella, aprovechando para rozar con disimulo su culo y recibo una llamada de Pili, mi secretaria, que me está dando indicaciones del viaje y yo me separo de las dos hermanas que siguen charlando de sus cosas.

Desde la distancia observo a las dos charlando y casi no presto atención a lo que me dice mi secretaria al teléfono, tan solo me quedo admirando a las dos espectaculares hermanas que están hablando sobre la cena de esta noche y haciéndome el distraído, no puedo evitar, prestar atención a su charla.

–        Hermanita, vas a hacer que alguno se desmaye con ese escote – veo como le comenta Mar a su hermana.

–        Se me ha roto un botón… pero que disfruten.  – añade la otra.

–        Pues más de uno estará cardiaco en la ofi.

–        Pues sí, no lo niego… pero ya ves que tú y yo seguimos levantando pasiones.

–        Seguro que levantas unas cuantas pollas, jajajaa…

Aunque estoy a cierta distancia puedo escucharlas perfectamente. Y parece que ya se están despidiendo.

–        Bueno, hermanita ya he encargado la cena, yo iré directamente del trabajo a casa, Y tú aprovecha para venir con Aritz. – comenta Mar.

–        Ok, perfecto, ya le he dicho a Igor que vaya él directo para allá.

–        Ah, sí, Igor… – resopla Mar.

–        Hija, lo dices de mala gana.

–        Bueno, ya sabes, tú marido, siempre, la alegría de la fiesta…

–        ¿Qué ocurre ahora? – dice Marel aparentemente algo molesta, aunque ahora entiendo que quiere mantener las apariencias incluso con su hermana.

–        Jo, chica no te pongas así, pero reconóceme que tu marido es un muermo.

–        Te pasas…

–        Solo digo que con ese cuerpazo que tienes, date alguna alegría con algún compañero del curro, al menos vas a disfrutar y no tener que ver esa cara de amargado que tiene Igor, si quieres le digo a Aritz que cuando volváis del viaje que te presente uno de esos modelos buenorros. Necesitas un revolcón y que te hagan gozar como una perra.

–        Bueno, ya vale, Mar, te estás pasando tres pueblos… Deja de meterte en mi vida ¿vale? – responde airada mi cuñada y se marcha hacia la oficina.

Al ver la reacción de Marel, cuelgo la llamada, y me acerco a mi mujer.

–        ¿Qué ha ocurrido? – le pregunto.

–        Nada, cosas de hermanas. Ya sabes, cuando me pongo burra… – añade Mar.

–        ¿Me lo cuentas o no? – la digo agarrándola por la cintura y apretándola contra mí.

–        Nada que se ha mosqueado porque le he propuesto que un día le traigas un modelo y se desahogue de una vez, que, al fin y al cabo, con su marido, ya sabes…

–        Joder, cómo te pasas.

–        Cari, ¿Tú también? – me dice con recelo. – ¿No te das cuenta que la pobre necesita que la den un poco de caña? Y ahora con este nuevo trabajo tuyo, se la ve distinta, más feliz, más abierta… con ganas de comerse el mundo…

Lo de comerse el mundo, se convierte en un nudo en mi garganta porque vuelve a mi mente, cuando se comió literalmente mi polla en su despacho.

–        Mujer, no la agobies, es mayorcita. – apunto yo.

–        Sabes que lo hago por ella… y espero que la animes para que se divierta en ese viaje. Que no sea todo trabajo.

Inevitablemente mi cuerpo sufre un escalofrío pensando en eso.

–        Sabes que yo odio tanto o más que tú al gilipollas de Igor y estoy de acuerdo contigo en que tu hermana necesita cambios en su vida, pero no la presiones, todo esto es nuevo para ella. – le comento y vuelvo a recordar la tremenda mamada que me ha hecho hace apenas un rato.

–        Bueno, pues vamos a ayudarla entre los dos a ese cambio, ¿vale? Para empezar, cuídala bien en este viaje y déjala que se suelte con alguno… así matamos dos pájaros de un tiro.

–        ¿A qué te refieres?

–        Pues que ella le de placer a su cuerpo y su marido se queda con las ganas y celoso perdido, ya sabes cómo es… No hay cosa que me gustaría más, que se follara a un tío bueno en el viaje para ponerle una buena cornamenta a ese idiota de Igor.

Los dos reímos con ganas por su ocurrencia y en el fondo estoy deseoso de contarle todo, aunque tengo que guardar el gran secreto de Marel.

–        Te quiero. – me dice ella cuando nos despedimos con otro beso intenso.

Me resulta complicado ocultarle a mi esposa lo que ha ocurrido con su hermana y todo lo que mi mente me tortura alrededor de ella, porque no lo puedo evitar y más ahora, que sé su secreto y Marel ha mostrado su lado salvaje y su confesión de estar tan atraída por mí como yo por ella… Nunca le oculto a Mar ninguno de mis líos, incluso le detallo alguno, como ella misma hace cuando yo estoy de viaje y le mando a alguno de mis mejores modelos para que se desahogue, pero claro… esto es distinto, es algo que me tiene excitado por una parte y angustiado por otra. Además, tampoco le puedo confesar esa doble vida de Marel, no sé cómo podría tomárselo su hermana.

Una vez en la oficina, Pili me da unos papeles para que firme para que después lo haga mi socio y me dirijo a su despacho. Llamo a la puerta y después de decirme un “adelante” en un sonido como ahogado, entro.

–        ¡Joder macho, tú no paras nunca! – le digo cuando le encuentro sentado en uno de sus sofás y Bianka, una preciosa italiana está de rodillas comiéndole la polla sin despegar la vista, como si yo no estuviese.

–        ¿A qué has venido? – comenta Ander.

–        A que firmes estos papeles que me ha dado Pili y para informarte que dentro de media hora tenemos la videoconferencia con el grupo Mediterráneo.

–        Ah, sí, joder… como la chupas – dice mientras sujeta la cabeza de la italiana – Vale ahora enseguida voy. – comenta Ander esta vez mirándome a mí.

–        ¡Eres incorregible! – le digo riendo, aunque no puedo evitar excitarme viendo esa escena.

–        Luego, Bianka te puede atender si quieres. – me comenta viendo mi cara.

–        No, tranquilo.

–        Pues no veas cómo la chupa.

–        Ya veo, ya.

–        Oye, por cierto, ¿qué sabes de tu cuñadita?

Por un momento me quedo paralizado al oírle comentar eso, relacionando “mamada” con “cuñadita”.

–        ¿A qué te refieres, socio? – le comento.

–        Joder, colega, pues si Marel es Mayder, la webcamer de esa web.

–        Ah, eso… bueno, todavía no lo sé. – respondo mintiendo, pero disimulando.

–        Pues para no saberlo esta mañana habéis estado muy juntitos, ¿eh pillín?

Me vuelvo a quedar sorprendido, pero intento responder con credibilidad.

–        Oye, cabrón, te recuerdo que es mi cuñada, y tendré que ayudarla… que no todo el trabajo es como el tuyo. – digo señalando a esa modelo que sigue chupando con ahínco su polla.

–        Yo sí que la iba ayudar. – Dice Ander y haciendo el gesto de colocar su mano en forma de círculo y con la otra introducirse su dedo como si estuviera follando, mientras la otra sigue con su chupeteo.

Al ver hacer el gesto me río, y cuando me dirijo a la puerta le digo:

–        Deja de tomar esas pastillas azules que no son buenas.

–        Son mejores que las gominolas. – responde él, riendo.

–        Venga, luego nos vemos. Agur.

–        Adiós Aritz. – responde resoplando Bianka, sacando por un momento la polla de mi socio de su boca y mirándome sonriente.

La tarde transcurre con total normalidad, de videoconferencia a videoconferencia y aunque en ningún momento llamo a mi cuñada para saber cómo está o hablar de lo sucedido, no me la quito de la cabeza, ni a sus tetas, ni por supuesto, esa boquita en la que despareció mi polla. Todavía no soy capaz de asimilarlo.

Sobre las 8 de la tarde, cuando acabamos la jornada, me acerco por fin a su despacho, justo cuando ella está saliendo. Me sonríe al verme y mis ojos se van directamente a ese generoso escote que me hace sentir una nueva tensión de mi polla, sabiendo que no hay nada debajo. Así estoy de emboado cuando dice con esa impresionante sonrisa cargada de lascivia o al menos, a mí me lo parece.

–        ¿Qué cuñado?, ¿Nos Vamos?

–        Sí, claro. ¿Estás mejor?

–        Sí, de maravilla… en cierto modo me gusta haberlo confesado todo contigo.

–        Más que confesado.

–        Lo otro también, tenía muchas ganas. – añade sonriente.

Nos dirigimos hasta el parking y emprendo la marcha con el coche sin que pronunciemos palabra, metidos cada uno en nuestros pensamientos, hasta que por fin ella comenta.

–        Aritz, siento mucho, lo sucedido con Mar.… ya sabes, la discusión y todo eso.

–        Bueno, no te preocupes, preciosa, ya sé que son broncas de hermanas y que además quieres mostrar normalidad.

Ella sonríe sabiendo que ahora lo entiendo mejor.

–        Sí, bueno, ya la he llamado para disculparme. En el fondo me gustaría sincerarme con ella del todo, pero quiero seguir así de momento. Algún día le diré toda la verdad.  

–        ¿Y decirle quien es “Mayder”?

–        Sí, aunque no sé cómo se lo tomaría.

–        Bueno, ¿quién sabe? A lo mejor hasta se alegraba de tu “otra vida”.

–        ¿Tú crees? – dice ella dudosa

Mi cuñada está nerviosa, lo noto, cuando sabe que sé de su personalidad. Y en ese momento entramos en la zona de nuestro chalet y me meto en mi garaje, paro el motor y antes de salir le comento:

–        De lo otro me encargo yo.

–        ¿El qué?

–        Me refiero a contarle a Mar… sabes que ella no es celosa, que nos permitimos una “vida libre”, por eso no hay problema, pero quiero hacerlo despacio, al fin y al cabo siempre has sido su niñita… y no quiero que esto…

–        Claro que no. Sé que lo harás con mucho cariño. ¿Arrepentido por lo ocurrido?

–        ¿Qué dices Marel? Me has hecho el hombre más feliz del mundo.

–        Gracias Aritz. Eres un cielo… – me dice acariciando mi mano que se ha posado en su rodilla – Para mí también ha sido un auténtico placer.

Por un momento estamos a poco de darnos un beso, pero a pesar de todo, aun hay algo que nos frena.

–        ¿Te puedo confesar otra cosa, Aritz?

–        Claro – respondo con asombro, sin imaginar más sorpresas en este día.

–        Pues… me empecé a dar cuenta de que me pone muchísimo que Igor sea un cornudo. Yo ya lo era, pero el hecho de hacérselo yo a él, me pone cachondísima. Pero que sea contigo, me pone aún más.

Me quedo mirando a mi cuñada sin creerme lo que me está confesando.

–        Entonces, Marel, ¿lo que ha sucedido hoy? – le pregunto.

–        ¿Entre nosotros?

–        Sí.

–        Aritz, sí, me ha encantado, la verdad, ha sido una pasada… creo que te lo debía, pero además me apetecía mucho hacerlo por ser tú, porque lo deseaba desde hace mucho tiempo. Pero incluso ahora doblemente, sabiendo lo que odias a Igor, pues incluso eso… uf, joder, me calienta muchísimo más, es como una venganza mayor.

–        Vaya…

–        Bueno, espera, lo principal no es la venganza, Aritz, digo que eso es algo que me pone cachonda perdida, pero por encima de todo es hacerlo contigo, es lo que he siempre he soñado, no es por Igor… es por ti.

–        Vaya… – vuelvo a repetir recibiendo sorpresa tras sorpresa.

–        Además, tu polla es una delicia, en eso mi hermana tenía razón, pero es que me gusta todo de ti… No dejo de pensar en cómo debe ser tenerte dentro de mí.

–        Marel… – intento hablar y ella me interrumpe.

–        Aritz, eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

–        Gracias, para mí también lo ha sido, de hecho, todavía no me lo creo.

En ese momento ella deja de hablar y mira al suelo.

–        ¿Hay un… pero?

–        Hay algo que por otro lado me tortura y resulta angustioso.

–        Tu hermana… – digo yo al momento.

–        Quizá deberíamos decírselo los dos juntos, Marel. – la suelto de pronto.

–        ¿Has perdido la cabeza?

–        Si es eso lo que nos frena, lo mejor es afrontarlo, con valentía, además estoy casi convencido de que estaría encantada de saberlo.

–        No estoy tan segura.

–        ¿Acaso no te gustaría que yo te follase? – la digo acariciando esta vez la cara interna de sus muslos.

–        ¡Ay Aritz, no me hagas esto!

–        Dime, ¿sí o no?

–        Nada más me gustaría en el mundo que sentir esta polla dentro de mí… pero no puede ser. – añade apretando mi bulto que ya ha crecido bajo mi pantalón.

–        Vamos a cenar… tu hermana nos estará esperando. – le digo, antes de que me corra en ese garaje.

–        Una cosa Aritz. No le cuentes nada todavía a Mar, déjame asimilar todo esto ¿podrás guardarme ese secreto?

–        ¿El de Marel o el de Mayder? – digo sonriendo y ella se limita a reír.

Llegamos al comedor y Mar lo tiene todo preparado. Para esta ocasión se ha puesto un vestido floreado con mucho vuelo en su falda, ajustado en la cintura, muy corto mostrando sus piernas con largos tacones y un gran escote, en el que se ven claramente sus botoncitos marcados bajo la tela.

–        ¡Qué guapa hermanita!  – le comenta Marel a mi esposa.

–        ¿Te gusta? – dice la otra girando sobre sí misma.

–        ¡Estás preciosa!

–        Pues tengo dos, si quieres uno para estar más cómoda, te lo dejo.

Marel se extraña de que su hermana tuviera dos vestidos iguales, pero en realidad fue una confusión mía cuando la hice un regalo a mi mujer y no acerté con la talla, por eso que, en lugar de descambiarlo, le compré otro igual de su talla.

Las dos hermanas desaparecen hacia las habitaciones de arriba y justo en ese momento llega el inútil de mi cuñado. Nos saludamos con cierta cordialidad, pero los dos sabemos que hay una tensión acumulada de hace tiempo y que no nos tragamos en absoluto. Le ofrezco un vino y charlamos de cosas banales, pero en cambio yo no le presto mucha atención, porque no dejo de recordar las palabras de su mujer y lo que le gusta ponerle los cuernos, sobre todo conmigo. Yo miro a Igor, e incluso le sonrío con alguna de sus payasadas, pero en el fondo estoy pensando “joder como la chupa tu mujer, cornudito”

En ese momento bajan las dos mujeres y me vuelvo a quedar alucinado, pues visten exactamente igual, con esos vestidos tan sexys, pero a Marel, le queda algo más justo, debido a sus tetas, que parecen querer salirse de ese escote y para colmo, al ser más alta, muestra algo más de pierna.

–        ¡Guau, parecéis gemelas! – digo yo levantando mi copa admirando esas dos bellezas.

Ambas sonríen agradecidas y comenzamos a cenar, charlando sobre el nuevo trabajo de Marel y claro, mi mujer, que le tiene tantas ganas a mi cuñado como yo o incluso más, no deja de tirarle pullas e indirectas, como que hay muchos chicos guapos en la oficina, que también hay juguetitos, visionado de imágenes y videos de alto contenido erótico y porno, lo que resulta altamente cachondo e incide que ella no se resistiría… muy en la línea de mi mujer cuando le gusta provocar, algo que consigue encenderme a mí y por el contrario parece no gustar absolutamente nada a mi cuñado, que cada vez parece más cabreado. No puedo negar que disfruto con ello, pero más cuando mi mujer le pregunta a su hermana:

–        Oye, Marel, ¿ya le has dicho a tu marido lo del viaje?

–        ¿Qué viaje? – pregunta él, sin entender.

–        Ah, sí, cariño, es que tenemos que ir Aritz, su socio y yo a Tokio, pasado mañana.

–        ¿A Tokio?… ¿Japón? – dice el otro flipando.

–        Sí, serán solo cuatro días. – añade ella mirándome.

–        De ninguna manera. – comenta él.

–        Pero cari… – comenta ella

–        No puede ser, es nuestro aniversario, Marel. – añade con su cara seria.

–        Ah, sí es cierto, pero… es que… – intenta explicarse ella.

Yo miro a mi mujer y parece tan enfadada como yo, primero porque parece que ese tipo quiere mandar a mi cuñada por encima de todo, sin preocuparse si eso pueda ser más relevante que un aniversario. Ni tan siquiera atiende a que yo le explique que ese viaje es de vital importancia para la empresa y se arma una pequeña discusión entre los cuatro y mi mujer se acaba levantando de la mesa con los ojos llorosos y yo voy tras ella, dejando al matrimonio en plena bronca.

Abrazo a mi mujer en cuanto llego la cocina y veo que está disgustada, porque entiende que su hermana no es del todo feliz con ese hombre.

–        Tienes que hacer algo, cari. – me dice.

–        ¿Algo como qué?

–        No sé, pero ese tío es un cerdo, un egoísta, un asqueroso… ya no sé cómo decirle a mi hermana que le mande a la mierda sin que se enfade conmigo…. Habla tú con ella o haz algo.

–        Pero, mujer, ¿Qué voy a hacer yo si ella quiere a Igor?

–        ¿Estás seguro de eso?

–        Bueno, no sé… pero si quieren seguir juntos.

–        Mi hermana necesita que la echen unos cuantos polvos, la llenen de buena leche por todas partes y la hagan despertar de una vez. – añade Mar bastante irritada.

–        A lo mejor le gusta hacerlo con otros… – digo consiguiendo que ella sonría.

–        Tenlo por seguro, a ver si la animas con alguien del trabajo para que la pongan a tono que ese hombre es inútil hasta para eso.

–        A lo mejor también le gusta ese juego. – suelto de pronto sabiendo lo que le pone a su hermana engañar a su esposo.

–        ¿Ese juego de cabrear a Igor? Yo creo que sí, que tienes razón, porque el otro día en la piscina con ese bikini tan transparente, pareció disfrutar haciéndole rabiar y poniéndole tan celoso….

En ese momento mi cuñada entra llorando en la cocina y se abraza a su hermana y después a mí, quedando los tres unidos, intentando calmar toda esa tensión, pues ella no deja de repetir que se siente mal, que está hecha un lío, si su marido se queda aquí y ella viaja a Japón y es cuando Mar, salta con una idea loca que hace detener el llanto de su hermana de inmediato.

–        ¿Por qué no os lo lleváis al viaje?

–        ¿A Igor? – dice Marel, separándose de ese abrazo y mirando a su hermana estupefacta.

–        Claro… matáis más de dos pájaros de un tiro. Por un lado, no faltas a ese viaje tan importante y si quieres, celebras allí vuestro aniversario y de paso, le pones un poco celoso con esos japoneses, que según me han dicho se vuelven locos con las europeas tetonas, como tú.

–        ¿Eso podría ser, Aritz? – me comenta Marel mirándome a los ojos con una gran sonrisa, atisbando esa posibilidad.

–        No sé, supongo que sí, tendría que hablar con Ander, él estaba con la idea de ir a ese viaje…

–        A Ander, déjamelo a mí, pero me tenéis que prometer una cosa. – añade Mar.

–        Lo que me pidas, hermanita – dice Marel cada vez más contenta.

–        Tu marido necesita un escarmiento y le tienes que poner celoso en Japón y si puedes tirarte alguno, mejor todavía, de seguro que, aunque no se entere, tú te sentirás mejor y estoy segura de que no te faltarán pretendientes para follarse a este cuerpazo. – añade mi mujer dando un azote a su hermana.

–        Pero Mar…

–        Sin peros… mira hermanita, tienes que follarte a alguno que no sea tu marido, de verdad que yo lo hago de vez en cuando y te hace sentirte más mujer, más deseada y eso que en mi caso, Aritz lo aprueba. En el tuyo, mejor no contárselo a Igor, porque él es demasiado celoso y posesivo, pero no le vendría nada mal que le plantaras unos buenos cuernos en esa cabezota que tiene. ¿Dime que la idea no te pone?

Marel y yo nos miramos sin creernos lo que propone mi esposa, pero más aún cuando añade.

–        Te digo una cosa, porque Aritz es tu cuñado, pero si no lo fuera, seguro que ya te había dado un buen repaso, ¿verdad cari?

–        Claro – respondo con un gran nerviosismo, pero como si estuviese de coña.

Tanto mi cuñada como yo, sonreímos, sin creernos ese allanamiento del camino que nos está haciendo mi esposa y Marel, pone la puntilla cuando pregunta.

–        ¿Y a ti como te sentaría que Aritz me follara? – pregunta directamente y mi polla se tensa al instante.

–        Pues que me encantaría, hermanita, porque este hombre es tremendo y sabe follar como nadie y no te lo digo porque esté delante, pero claro, él te quiere como un padre… y eso va a ser complicado, pero te digo una cosa, si encontraras un hombre como Aritz que te follase como él, de fijo que mandabas a la mierda a Igor.

Hay un momento de silencio y aunque no soy capaz de reconocerle lo mucho que me gustaría follarme a su hermana, la doy un piquito de agradecimiento por sus palabras.

No dejo de pensar en esa idea absolutamente loca que propone mi mujer de llevarnos a Igor al viaje. No es que me guste la idea de compartir vuelo a Japón con ese imbécil, pero el hecho morboso de que venga, puede resultar realmente increíble, porque sé que Marel se volverá loca con ese juego y poderle poner unos cuernos monumentales… estando él tan cerca y a mí tanto o más que a ella, claro. Es un doble placer, follarme a su mujer sin que ese cabrón se dé cuenta.

En ese momento Mar, siempre tan segura de sí misma, da por hecho el tema y marca el teléfono de Ander, mientras desaparece de la cocina en dirección al jardín.

–        Hola, Ander, guapo, ¿cómo estás? – la oigo decir a Mar al teléfono y luego dejamos de oírla porque sale por la puerta de la cocina que da al jardín.

Yo sé que mi mujer lo va a conseguir, sobre todo con Ander, que está loco con ella y que no se disgustará en absoluto por no poder acompañarnos al viaje. De sobra sé que Mar y él tienen sus encuentros apasionados, lo mismo que yo con la mujer de mi socio, aunque sé que Ander se vuelve especialmente loco con el culito de mi chica.

Marel me mira a los ojos y yo abrazo ese cuerpo sintiendo como sus enormes tetas se aplastan contra mi pecho… esas mismas tetas que rodearon mi polla esta misma mañana.

–        ¿No es una locura, Aritz?

–        Ya lo creo… ¿Y te pone?

–        ¡Joder, estoy empapada!

En ese momento ninguno de los dos pensamos en Mar, solo en el deseo que nos mantiene con la sangre hirviendo y las ganas que nos tenemos. De pronto, miro por la ventana y veo a mi esposa bastante alejada en el jardín y giro de la cintura a mi cuñada, para poner su pecho contra la encimera. Su culo redondo queda frente a mí y levantando su faldita me ofrece un precioso y redondo trasero y ese tanga negro que desaparece entre sus perfectos glúteos.

–        ¿Aritz, no se te ocurrirá…? – me pregunta Marel temblorosa.

–        ¡Schsss, calla o nos oirá el cabrón de tu marido! – la digo susurrando en su oído.

Continuará…

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