KERANOS

Entonces Elena agarró la cara de Sofía, esta vez con más rudeza para besarle de manera más guarra. Sofía lanzó un gemido de sorpresa al no esperarse eso por parte de Elena. Mi chica besaba a nuestra nueva amiga íntima de la misma manera que lo hacía con Irene. Hacía exactamente los mismos gestos y agarraba sus caras de la misma manera. Pese a no vernos cuando ella me besaba, podía notar que no lo hacía de la misma manera, ya que por cosas que notaba, no parecía lo mismo. En nuestros besos ella era más pasiva. Le gustaba que llevara yo el ritmo y la intensidad cuando no se ponía cachonda a rabiar y era ella quien imponía el ritmo. Sin embargo, con Irene y Sofía tomaba un papel más activo. Y era algo que me gustaba, porque era una manera de expresar que ella era quien llevaba la batuta y que estaba segura de lo que estaba haciendo, por lo que me relajaba.

Después de aquel morreo con mi jefa, Elena se apartó de ella, estando ambas entre risitas mientras yo miraba embobado el espectáculo. En cuanto se separó de los labios de nuestra compañera de juegos, fue a por los míos, dándome un morreo bestial, siendo ahora ella la que llevaba el papel activo. Pero yo no iba a hacer de pasivo, más que nada porque ni me va tener ese papel, ni mi excitación me permitía quedarme quieto, por lo que agarré a mi chica del culo para subirla encima de mí y continuar con el morreo. Mientras nos besábamos abrí los ojos viendo como Sofía acariciaba su cuerpo y le daba besitos por el brazo izquierdo y su hombro. En cuanto me vio como la miraba, también vino a por mí, dándome besos por las mismas zonas, pasando incluso a mi cuello, viniéndome de nuevo los escalofríos que me venían con Elena, aunque ni la mitad de intensos.

En ese morreo noté la diferencia de sabor, claramente por la saliva de Sofía y eso me encendió aún más, llevándome a exhalar mucho aire por mi nariz mientras Elena y yo nos seguíamos comiendo la boca con ansia. Tras unos segundos nos separamos y Elena levantó su culo para echarlo un poco hacia atrás.

E: ¿Ves, Sofía? Ahora está más duro aún.
S: Uff… ¿Te duele?
J: Un poco. Me aprieta todo.
E: ¿Quieres que le pongamos remedio a eso?
J: Eh… Ahora.
E: Vale, pero yo es que ya tengo mucho calor… -dijo quitándose la camiseta, dejando sus preciosas tetas al aire.

No pude evitar lanzarme a comérselas mientras Elena reía como si le estuviera haciendo cosquillas, pasando a gemir ligera y dulcemente. Después me retiré para mirarlas, viendo cómo estaban sus pezones más oscurecidos al tenerlos tan duros y de punta.

S: Qué tetas tan preciosas.
E: Un poco pequeñas…
J: No digas eso. Son perfectas.
S: Sí, lo son. Me encantan. ¿Están ricas, Javi?
J: Ni te imaginas.
E: ¿Quieres probarlas? -dijo mirando a Sofía.

Sofía dio un respingo, mirando a mi chica de manera incrédula.

S: ¿Me… Me dejas?
E: Si quieres, sí.

Sofía ni lo dudo, se lanzó a por ellas casi sin que Elena pudiera ladear su cuerpo para que tuviera mejor accesibilidad. Yo estaba flipando, no por Sofía, ya que por cosas que me contó Irene sabía que le iba el vicio, sino por Elena, quien no se opuso en el momento ni nada. Me puse a pensar en la diferencia de cuando empezamos a jugar con más personas, en lo cortada que estaba con Irene y como se había ido soltando cada vez más y ahora estábamos así con Sofía a quien Elena apenas conocía y ya estábamos así. Elena acariciaba el pelo de Sofía mientras disfrutaba con sus ojos cerrados, poniendo cara de placer y entonces vi aparecer a Irene, totalmente desnuda. Se quedó con cara de estar flipando, pasando a sonreír. Se acercó con cuidado hasta la mesa sin hacer ruido para coger su móvil que dejó ahí olvidado y se fue, parándose en la puerta, mirándome sonriendo y guiñándome un ojo.

S: Joder… Qué ricas están… Y qué cachonda estoy…
E: A ver las tuyas…

Miré a Elena sorprendido de nuevo. Esa noche estaba muy animada. Sofía la miró sonriendo y luego me miró a mí.

S: Ayer le dije a tu chico que no me vería más desnuda hasta que no lo viera yo a él, pero si una preciosidad como tú me lo pide…
E: Si quieres le dijo que cierre los ojos.
S: Pues…
J: Una polla voy a cerrar los ojos. Quiero ver como mi chica reacciona.

Ambas rieron y Sofía se incorporó para ponerse de rodillas. Lentamente se quitó su camiseta blanca de tirantes, dejando al aire sus tetazas que tan impresionantes eran teniendo en cuenta que era una chica delgada. Eso sí, redondas y turgentes, con unos pezones gordos y oscuros, con unas aureolas grandes y oscuras también.

E: Vaya…
S: ¿Te gustan?
E: Sí. Son preciosas. Y grandes.
S: De pequeña tenía complejo. Ahora estoy orgullosísima de ellas y me encantan.
E: ¿Puedo? -dijo acercando una mano a una de las tetas de Sofía.
S: Claro, mujer. Toca, toca.

Elena empezó a tocarle las tetas, apretándolas con cuidado, acariciándolas y pasando sus dedos por sus pezones mientras Sofía la miraba mordiéndose un labio. Yo estaba que me iba a estallar la polla de lo dura que la tenía y más viendo como mi novia sobaba las tetas tan bonitas de otra tía que estaba también buenísima.

E: ¿Te gustan, mi amor?
J: Son muy bonitas.
E: ¿Quieres tocarlas?
S: Ya lo ha hecho, jajaja.
E: Es verdad, me dijo que le cogiste una mano para llevársela a una de éstas… Jejeje.
S: Vaya, no hay secretos entre vosotros. Eso es genial.
E: No, no hay ningún secreto.

Siempre que salían palabras como esas referentes a mí las sentía como un puñal clavándose lentamente por obvias razones, aunque la cosa estaba más tranquila últimamente y parecía que así iba a permanecer.

Elena cogió una de mis manos para ponerla en una de las tetas de Sofía, dando yo un respingo al estar en mis pensamientos acerca de todo lo acontecido con Noelia. Retiré rápidamente mi mano como si me hubiera dado un calambrazo al tocarla. Ambas me miraron extrañadas al tener aquella reacción.

E: ¿Qué te pasa, mi amor?
J: Nada… Estoy nervioso.
S: ¿Tanto te intimido? Jajaja.
J: Mmm… No. Es que me cuesta por… No sé.
E: Tranquilo. -susurró mientras acariciaba mi cara- Todo va bien.

Como no decía nada ni hacía por donde de seguir con el juego, Sofía cogió a Elena de la barbilla para darle un pequeño beso y seguir jugando. Elena se dejó llevar, besándola. Tras unos segundos, Sofía se separó sonriendo, aunque algo pensativa.

S: Elena, ¿eres bi?
E: No, no los soy.
S: Yo decía lo mismo y mírame ahora… ¿Estás segura?
E: Bastante de hecho. ¿Tú te fijas en las chicas cuando ves a alguna por la calle o en la piscina?
S: Sí. Bastante.
E: Pues yo no. Ahí está la diferencia. Tampoco me siento atraída por ninguna ni nada.
S: Entonces, ¿todo esto que estamos haciendo y lo de Irene?
E: Bueno, me gusta jugar. Éstos me han pervertido un poquito, jejeje. Simplemente me dejo llevar, sin más.
S: Pues bien que haces.
E: Solo me dejo llevar, como ahora mismo -dijo encorvándose para besarle las tetas a Sofía, agarrando un pezón con su boca.

Tanto Sofía como yo estábamos sorprendidos con cómo se estaba comportando Elena, de esa manera tan desinhibida, aunque sobre todo yo. Sin embargo, no me paré mucho a pensar y aproveché la postura para meter mi mano por dentro de sus pantaloncitos y braguitas para tocarle el coño, notando que estaba mojado. Una vez mi chica se separó de Sofía, estando ambas sonriendo, me miró.

J: Lo siento, pero ya no puedo más.

Entonces me levanté, teniendo a Elena encima de mí, agarrándola para llevarla a nuestra habitación. Cuando empecé a andar para salir del salón, Elena le dijo bajito a Sofía que viniera. Ésta le hizo caso y salió detrás de nosotros. Una vez llegué, lancé a Elena a la cama, con ella riendo. La terminé de desnudar y le empecé a besar por todo el cuerpo.

S: Qué coñito más bonito. -dijo después de cerrar la puerta- Y lo llevas como Irene…
E: Sí. Es que a mi chico le gusta así. Le encanta.

Me lancé a comérselo mientras Elena luchaba por quitarme la camiseta, consiguiéndolo finalmente. Después se puso a gemir por mi comida de coño y entonces sentí como Sofía se ponía sobre mí, haciéndome dar otro respingo.

E: Cariño, ¿qué te pasa? Estás como asustadizo…
J: Es que no me esperaba que se lanzara así tan…
E: He sido yo. Le he hecho un gesto para que lo hiciera.
S: ¿Todo bien?
J: Sí, sí.

Sofía me intentó besar, pero aparté un poco la cara para que no me lo diera. Al final me lo acabó dando en la comisura de los labios.

E: Estás timidito hoy, cariño…
J: Lo que pasa es que no puedo aguantar más y necesito follarte ya.

Sin decir nada más me quité el resto de la ropa, quedándome totalmente desnudo. Sofía se quedó mirando mi polla con los ojos muy abiertos, pasando a morderse el labio. Después resopló y Elena rio, agarrándola y moviendo su mano para empezar a pajearme.

E: ¿Qué opinas, Sofía?
S: Que me sobra ropa. Madre mía… ¿Me puedo desnudar?
E: Claro.

Sofía se desnudó en un santiamén mientras Elena me seguía pajeando con calma. Sofía se quedó desnuda por completo, mostrándonos su precioso cuerpo con su coño totalmente depilado, con sus labios de color oscuro, finos y alargados. Se puso sentada en la cama, pero echada hacia atrás, empezando a tocarse mientras miraba fijamente mi polla.

J: Yo ya no puedo más, lo siento.

Me incliné hacia delante, apartando la mano de Elena de mi polla para cogerla yo y llevarla hasta su raja para empezar a follarla. Estaba bastante mojada, por lo que no hubo mucho problema cuando se la metí de manera algo brusca. No estaba para ir despacio con todo ese percal, por lo que empecé a follarla rápidamente en un misionero, empezado ella a gemir al ritmo de las embestidas mientras yo bufaba como un toro al estar tan encendido. Lo malo de estar tan cachondo era que sabía que iba a durar poco y tenía pensado que Elena se corriera a lo grande para dejarla muerta y que se durmiera rápidamente y evitar que buscara más juegos con Sofía.

Tan concentrado estaba que ni le presté atención a Sofía y eso que la tenía a menos de un metro de mí, completamente desnuda y tocándose a buen ritmo como pude ver justo antes de metérsela a Elena. Efectivamente, después de 5 minutos dando contundentes embestidas noté que me venía el orgasmo con ese cosquilleo por la zona, por lo que la saqué y me pajeé sobre Elena, corriéndome en sus tetas soltando varios chorros espesos. Hasta me mareé un poco del subidón y de la corrida tan fuerte que tuve, por lo que me senté echándome hacia atrás.

Elena respiraba muy aceleradamente, aunque no se había llegado a correr. Sofía nos miraba tocándose aún, pero sin haberse corrido tampoco.

E: Sí que estabas caliente, mi amor…
J: Sí, no he podido aguantar más…
E: ¿Te ha gustado, Sofía?
S: Mucho. Ojalá haber sido yo a quien se follaba -dijo mirando las tetas de Elena con toda mi corrida sobre ellas.
E: ¿Quieres limpiarme?

De nuevo, puse cara de sorpresa al oírla. No daba crédito a cómo estaba Elena esa noche, estando desatadísima. Sofía ni se lo pensó y se lanzó a limpiarle las tetas de mi corrida, lamiendo y sorbiendo todo, relamiéndome mientras gemía. Elena reía y lanzaba pequeños gemidos mientras veía como Sofía le sobaba las tetas, mordisqueándole los pezones de vez en cuando. Cuando acabó se puso de rodillas, sentada sobre sus talones y manos en sus muslos esperando a lo próximo.

J: Ahora te toca a ti.

Cogí a Elena y la puse sentada, apoyando su cuerpo en el mío mientras ella reía. Ambos quedamos sentados en mitad de la cama, con Elena despatarrada mientras Sofía permanecía en la misma postura que cuando se quedó esperando. Llevé mis dedos a la boca de mi chica para que los lubricara y poder tocarla mejor después. Una vez lubricados empecé a acariciarle el clítoris con ligeros movimientos circulares. Elena lanzó un largo y sensual «mmm…» que hizo que Sofía se incorporara.

J: Tócate tú también -ordené a Sofía.

Se puso de la misma manera que estaba Elena y se empezó a tocar de la misma manera que yo lo estaba haciendo con ella. Estuvimos así unos breves minutos, donde yo subía o bajaba la intensidad, lanzando Elena gemidos más o menos intensos, dependiendo de cómo la tocara. Sofía estaba muy excitada, ya que respiraba de manera acelerada, más de la cuenta teniendo en cuenta que se tocaba con calma.

J: ¿Estás bien?
S: Sí… Estoy muy cachonda. Me ponéis a mil…

Elena sonrió y volvió a cerrar sus ojos para concentrarse en su placer. Cuando noté que se mojaba aún más le empecé a meter los dedos, acompañando Sofía mis movimientos imitándolos. Parecía como si se estuviera poniendo en el papel de Elena y quisiera sentir como si la estuviera tocando yo.

Pasados unos minutos le saqué los dedos a Elena y me los llevé a la boca para saborear los fluidos de mi chica. De nuevo estaba cachondo y se me volvió a poner dura, pero yo seguía con mi idea de reventar a Elena tocándola para hacer que se corriera como una loca. Y eso fue lo que empecé a hacer, poniéndome esta vez yo de rodillas para meterle de nuevo los dedos mientras acariciaba su clítoris con el pulgar. Sofía mientras tanto se metía los dedos más rápidamente, parando de vez en cuando para mojarse los dedos con la boca y acariciarse el clítoris, alternando entre eso y meterse los dedos muy profundamente o menos, pero más rápidamente.

J: ¿Te da asco el squirt?
S: Mmm, nunca he visto uno en persona.
J: ¿No haces tú?
S: No. Nunca he hecho eso.
J: Pues Elena sí que lo hace. Y muy fuerte.
S: ¿Sí?
J: Sí. Mira, coge uno de sus pies y bésaselo y chúpaselo. Eso la vuelve loca y no hay vez que no se corra como una loca cuando le hago eso.

Sofía me hizo caso y empezó a besarle el pie derecho a Elena de manera muy sensual, pasando su lengua por su planta. Pese a no poder ver la cara de mi chica por como la tenía echada sobre mi cuerpo y se le tapaba un poco con el pelo, estaba seguro de que estaría rojísima y que encogiera su cuerpo como cuando algo le daba mucha vergüenza me lo corroboraba. Además, empezó a lanzar gemidos más tímidos que aumentaban a medida que yo la masturbaba con mayor rapidez. Como varias veces hacía con ella, me puse a jugar con su orgasmo, aumentando el ritmo de golpe y aminorando o parando directamente cuando notaba que estaba muy cerca de llegar, siendo realmente fácil por el sonido a chapoteo que hacía su coñito al recibir la estimulación de mis dedos. Así estuve unos minutos, con Elena resoplando cuando le interrumpía el orgasmo, pasando a lanzar gemidos de desesperación en las últimas veces, por lo que no quise hacerla sufrir más y me puse en posición para estimularle el punto G mientras le acariciaba el clítoris con el pulgar.

J: Sofía… -dije susurrando- Se va a correr ya.

Sofía dejó su pie y volvió a tocarse con más intensidad, aunque lo había estado haciendo en todo momento, pero ahora ya tenía disponibles las dos manos para hacerlo.

Aceleré todo lo que pude mis movimientos y Elena se empezó a correr, empezando a lanzar chorros casi al instante, aguantando la respiración mientras se retorcía y le temblaban las piernas. Sofía la miraba sorprendida mientras le salpicaba toda su corrida, estremeciéndose ella también y corriéndose casi a la vez que Elena. Cerró sus ojos con fuerza, pero yo le dije que los abriera. Me miró y lanzó un grito seco, encogiendo su cuerpo después, apretando sus piernas mientras seguía tocándose. Elena volvió a respirar después de dar un grito muy alto y cuando vi que paraba de lanzar chorros, paré de tocarla, apartando mi mano contra su coñito. Ambas estaban con una respiración muy acelerada, pero la de Elena lo estaba más. Y más que lo iba a estar porque empecé a mover mi mano otra vez.

E: No, no. Todavía no.
J: Shhh.

De nuevo masturbé a Elena para que se corriera, lográndolo de inmediato, volviéndose a mojar un poco cuando noté que le venía y pase solo a estimular su clítoris. Cuando aparté mi mano de ella, se puso a respirar de nuevo con mucha ansia mientras gemía lastimosamente. Sofía la miraba fijamente, a su cara y a su coño enrojecido por la estimulación.

J: ¿Te gusta, Sofía?
S: Mucho. Es una pasada.
J: A ver si puede otra vez… -dije echando mano al coño de Elena de nuevo.
E: No, no, no, no. Javi, por Dios. No. Que me muero…

Esta vez no dije nada, solo tapé la boca de Elena con mi mano y de nuevo le empecé a estimular, pero Elena no me deja hacerlo bien al apretar sus piernas para cerrarlas, por lo que tuve que pedirle a Sofía que me ayudara, sujetándole ella las piernas. Elena se volvió a correr mientras intentaba gritar a través de mi mano, mojándose, pero esta vez muy poco, soltando tan solo unas pocas gotas. Paré de inmediato porque Elena hacía sonidos como de estar llorando. Una vez la liberé del todo empezó a respirar con ansia de nuevo, pero esta vez de manera exagerada, apretando mucho su cara, moviéndose para tumbarse boca abajo mientras se agarraba el coño. Temblaba bastante, con varios espasmos fuertes. Sofía llevó su mano hasta su culo para acariciárselo.

J: No, no lo hagas.

Pero era tarde, acabó tocándolo, dando Elena un respingo como si le hubieran dado un azote muy fuerte, lanzando un gemido de lástima. Sofía puso cara de susto, pero yo la tranquilicé sin decir nada. Esperé durante unos segundos, pero Elena no se calmaba y seguía temblando de la misma manera. Me empecé a preocupar, por lo que me acerqué a ella con cuidado para ponerme cerca de su cara.

J: Elena, ¿estás bien?

Elena se mantuvo callada, con los mismos temblores y su respiración agitada. Sofía cogió la ropa y me hizo una señal con la cabeza diciéndome que se iba afuera.

J: Elena, mi vida, me estoy preocupando. Dime algo.
E: Mmm… -murmuró con tono de lástima.
J: ¿Te he hecho daño?

Elena negó con la cabeza ligeramente, como pudo.

J: Dime algo, por favor.
E: Necesito descansar -balbuceó muy bajito.
J: Vale. Te voy a dejar un momento sola. Si te sientes mal o me necesitas, llámame, ¿vale?

Elena asintió con la cabeza ligeramente.

J: Lo siento, mi vida, no te quería hacer daño. Te quiero.
E: Y yo -respondió con un hilo de voz.

Le di un beso en la mejilla, gimiendo ella esta vez de manera más mimosa. Después me incorporé para ponerme los boxers y el pantalón mientras la miraba, quedándome de pie fuera de la cama, asegurándome de que Elena se tranquilizaba, como iba haciéndolo poco a poco al dejar su coño libre y recuperar una respiración más normal. Apagué la luz para que se relajara y entorné la puerta para salir y dejarla tranquila.

Fui al salón para hablar con Sofía, pero no estaba ahí, aunque estaba toda su ropa ahí, hasta su tanga blanco. Me quedé mirando la ropa y fui hacia la cocina para beber agua. Una vez bebí agua mientras pensaba que me había pasado con Elena por haberle provocado tres orgasmos fuertes muy seguidos, volví al salón, encontrándome a Sofía con una toalla enrollada y su pelo recogido con una goma.

-Hola -dijo sonriendo.
-Hola.
-¿Todo bien?
-Bueno, creo que me he colado…
-Pero, ¿está bien?
-Sí. Bueno, eso creo. Dice que no le he hecho daño y me he asegurado de que estaba bien y se ha tranquilizado. Ya debe estar durmiendo.
-Bueno, me alegro de que todo esté bien.

Sofía se levantó y se quitó la toalla con mucha naturalidad para empezar a vestirse mientras yo me sentaba en el sofá, sin prestarle atención, pensando más en mis cosas y en lo que había ido pasando durante toda la noche.

-Siento haber cortado el rollo varias veces…
-Ah… ¿Quieres hablar de ello?
-¿Te has dado cuenta?
-Joder, Javi… Habría que estar ciego y sordo para no darse cuenta. ¿Estás bien? -dijo sentándose a mi lado.
-Sí, sí. Supongo.
-A ver, cuéntame -dijo cogiéndome las manos.
-No sé… Es que….
-Vale, te voy a ir contando lo que he pensado yo y a ver si así te sueltas, ¿vale? Es mejor hablar las cosas, Javi. Si te las guardas dentro es peor.
-Vale.
-Mira. He hablado con Irene mucho de esto y siempre me ha dicho que no tuviera muchas expectativas, porque sabe de sobra las ganas que te tengo, y también a tu chica, ¿para qué nos vamos a engañar…?
-Ajá.
-Y así he venido. Hemos echado un finde muy bueno de piscineo entre amigos, porque yo ya a todos os considero amigos, de los de verdad. Quiero que sepáis que podéis contar conmigo para lo que queráis.
-Muchas gracias. Ya sabes que yo siempre intento echar una mano cuando alguien la necesita, así que puedes contar conmigo. Y estoy seguro que con Elena también.
-Pero lo que no me esperaba es que Elena estuviera así de cariñosa y abierta.
-Ya, yo tampoco lo esperaba.
-Ayer te dije que hablaría con ella para que se soltara más y nos dejara tontear y tal, pero es que apenas le dije nada. Algún chascarrillo, pero nada del otro mundo. Te lo prometo.
-Ya, si te creo, no hay problema.
-Irene me ha dicho muchas veces que eras tú el que llevaba la batuta, como que eras el que dominaba la situación.
-Pero yo…
-Espera. Déjame acabar.
-Vale.
-Me ha dicho eso, pero también me ha dicho que te desvives por Elena y que estás todo el rato preguntándole si todo está bien, si está a gusto, si tiene algún problema, si quiere seguir…
-Así es.
-Y la verdad, me encanta. Pienso que es algo importantísimo en estos temas. Y más cuando no es tan liberal. Pero hoy… ¿Qué ha pasado hoy?
-No estoy muy seguro.
-Ya sido ella la que ha animado la cosa y la que ha empezado con las preguntas y tal… Iba a animar yo la cosa, aunque sin esperar mucho, pero es que la cosa ha ido cogiendo intensidad rápidamente.
-Ya. Elena estaba hoy muy encendida.
-¿Sabes por qué?
-No. La verdad es que no. En todo el día hemos tenido nada especialmente sexual, ni insinuaciones siquiera. Por la mañana se ha puesto tristona por la marcha de su prima, luego cortada con nuestra vecina cuando nos ha oído y luego ñoña cuando Irene nos ha dicho lo de Mario.
-Pues no sé qué le habrá dado a tu chica, pero estaba como si fuera Irene casi.
-¿Habrán hablado entre ellas?
-No -dijo Irene, quien estaba bajo el umbral de la puerta.

Ambos la miramos, viniendo ella hasta nosotros. Iba con la camiseta que se había puesto, marcando pezones por no llevar sujetador, su pelo recogido con una coleta y abajo solo llevaba sus braguitas negras, las cuales dejaban gran parte de sus nalgas al aire.

I: No ha hablado conmigo nada del tema sexual. ¿Por qué os lo preguntáis?
S: Porque cuando nos habéis dejado solos iba muy lanzada y no sabíamos por qué está así.
I: ¿Ha pasado algo, Javi?
J: No, no ha pasado nada. Que tampoco es que esté rayadísimo, pero bueno…
I: A ver… Un poquito raro sí que me ha parecido cuando os he visto.
S: Ah, ¿pero nos has visto?
J: Sí. Yo me he dado cuenta.
I: He venido a por mi móvil y he visto como le comías las tetas.
S: Pues no me he dado cuenta.
I: Estarías flipando, ¿cómo lo ibas a hacer? Jajaja.
S: Más he flipado cuando me las ha comido a mí.
I: ¿Qué dices?
S: Pues eso. Que Elenita estaba muy encendida hoy…
I: No me lo puedo creer. Con lo que me ha costado irla soltando y contigo de primeras…
S: ¿Estás celosa? Jajaja.
I: Un poquito, jajaja.
S: La cosa es que Javi estaba como cortado. Elena le animaba a que me tocara las tetas, o a que me las comiera, pero él como que rehuía la situación.
I: ¿Qué te pasa, cariño? -dijo acariciándome la cara.
J: Tengo miedo. Me da miedo que Elena se sienta mal viéndome haciendo cosas con otra, aunque sea ella la que me diga de hacer algo. No puedo quitarme de la cabeza lo que pasó con Ángela. No quiero volver a verla así. No puedo.
I: Pero eso no tiene sentido. Hemos hecho varias cosas después de eso. ¿No pensabas así entonces?
J: Sí, sí lo hacía. Pero también me dejaba llevar. Ha llegado un punto en el que ese pensamiento no me deja relajarme para poder disfrutar. No sé… No puedo.
I: Ay, Javi… -dijo con preocupación.
J: Otra situación que se me viene mucho a la cabeza es lo de Bea.
S: ¿Bea?

Irene y yo le contamos lo que pasó con Bea, hablando yo más porque fue el que lo vivió, pero también intervino Irene explicando lo que le dijo Elena cuando le contó sus pensamientos ya en privado una vez se lo confesé. También le contamos la pelea que tuvimos Irene y yo, con ella creyendo que le había puesto los cuernos a Elena y si bien es verdad que fue una situación muy fuera de lugar, tampoco es que hiciera nada con ella. No nos llegamos a tocar siquiera sin contar los dos besos que me dio de despedida. Sofía me miraba impresionada, aunque entendió la situación por mi enfado, el cual achaqué una vez más a la borrachera de Elena más que por lo que pasó realmente.

J: Debéis pensar que soy un idiota por poder estar con dos chicas a la vez con el permiso de mi chica y no llegar a hacer nada.
-No -respondieron las dos a la vez.
I: Yo creo que eres un chico genial que quiere a su novia con toda su alma y que, para él, ella es lo primero.
S: Opino igual. Es algo que admiro de ti, Javi. Cómo quieres a Elena y cómo la cuidas. Si es que solo hay que ver cómo la miras.
J: Tengo miedo de que a Elena le dé de nuevo por menospreciarse como ha hecho alguna vez. No quiero eso. Quiero que se vea con mis ojos. Ella es la mejor para mí. En todos los aspectos.
I: He hablado con ella bastante de eso y no para de decirme cómo la animas y como se lo dices siempre. Pero Javi, tienes que entender que eso es algo psicológico. No es tan fácil desprenderse de algún complejo o de algunos pensamientos maliciosos. Por desgracia es así y solo se pueden aplacar con mucho esfuerzo y terapia. No digo que Elena la necesite, ni mucho menos, porque no noto que sea algo serio cuando lo hemos hablado, pero no deja de ser algo que está en la cabeza y esas cosas son muy delicadas.
S: Eso les he dicho yo antes. Que de adolescente estaba acomplejada con éstas. -dijo señalándose las tetas- Pero que ahora estoy encantada.
I: Yo creo que no hay por qué preocuparse, Javi. Ella lo tiene bastante claro.
J: Ya, pero no puedo evitar pensar en si le puede dar por ahí.
S: Entonces, ¿es por eso por lo que no has hecho nada conmigo?
J: Sí.
S: Menos mal. Me estaba asustando, creía que era por mí.
I: ¿Cómo va a ser por ti?
S: Me ha rechazado ya varias veces. Y esta noche unas cuentas. Estaba empezando a pensar que no le parecía nada atractiva.
J: No, no es eso. Es por Elena. ¿Sabéis? Hemos hablado del tema y le pregunté que por qué era tan cortada con Mario y no quería hacer nada más. Ya sabes cómo se puso cuando Mario estaba… En fin, cuando la tocó sin que ella se diera cuenta.
I: Sí. Se molestó bastante.
J: Pues me dijo que sentía que me estaba engañando al dejar que otro le tocara y demás.
I: Uff… Javi, no me gusta por dónde va esto. Creo que deberías de hacer nada con más gente. Por eso que me acabas de decir y por lo que te está pasando con tu miedo, lo mejor es que estéis solos y evitéis esas situaciones.
S: Joder, Irene… Que seas tú quien le diga eso… Muy chunga tienes que ver la cosa…
I: No me gusta que puedan surgirles problemas. Les quiero a rabiar y para mí, que ellos estén bien es más importante que lo que yo quiera hacer con ellos. Me da igual quedarme sin eso, lo importante es que ellos sigan como han estado siempre.
J: Gracias, Irene.
I: Se lo comentaré a Mario para que sepa la situación.
S: ¿Dónde está?
I: Durmiendo.
S: ¿Tan reventado lo has dejado?
I: En realidad no. No hemos follado, hemos hecho el amor, como diría Elena, jejeje. Es que nos hemos puesto muy ñoños… Aun así, nos hemos corrido unas cuantas veces y Mario cuando se corre varias veces cae muerto.
S: ¿Por eso aguanta tanto la corrida?
I: Básicamente. Le empieza a entrar sueño y se queda empanado. Ahora se ha corrido tres veces y el pobre se ha quedado frito.
J: Yo también tengo sueño. Me voy ya a la cama.
I: Nosotras nos quedamos un poco más hablando. Que me tiene que contar el juego, que tengo ganas, jajaja.
S: Jajajaja. Buenas noches, Javi.

Me levanté y me fui, saliendo del salón.

-Espera, Javi -dijo Irene viniendo detrás de mí.
-Dime.
-Que no te preocupes tanto, de verdad. Ya verás como no pasa nada.
-Ya, ya. Me lo tomaré con calma, pero quiero hablarlo con ella.
-Vale, lo veo bien, es muy importante la comunicación -dijo mientras me daba un abrazo.
-Gracias por preocuparte.
-Te machacas mucho, Javi -dijo apretando el abrazo.
-Solo quiero que esto salga bien. La quiero como no he querido a nadie en mi vida.
-Y ella a ti -dijo acariciando mi cara y dándome un beso en la mejilla.

Nos dimos de nuevo las buenas noches y ella volvió al salón mientras que yo fui a dormir con Elena. Cuando llegué me senté en la cama y me quedé mirándola por la ligera luz que entraba de la calle. Estaba preciosa, como siempre, siguiendo en la misma postura en la que la había dejado. Me tumbé con cuidado y ella se movió, poniéndose de lado, aunque sin despertarse. Yo aproveché y la abracé por detrás, dándole un beso en la cabeza, durmiéndome rápidamente porque estaba cansado.

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