KERANOS

Aquel momento fue interrumpido por Elena, quien dio unos pequeños golpes con sus nudillos en el marco de la puerta, haciéndome mirar, viendo como estaba asomada ligeramente mirando. La saludé con la mano, haciendo ella lo mismo con una sonrisa enorme que transmitía mucha ternura, lanzándome un beso después. Le hice un gesto para que viniera conmigo, poniendo mi mano sobre la cama, queriéndole decir que se tumbara conmigo. Sin dudarlo, ella vino hacía a mí, tumbándose con cuidado, poniéndose de lado, cerca de mí. Le acarició la cara a Paula mirándola, subiendo su mirada hasta mis ojos, sonriéndome de nuevo. Nos susurramos un te quiero a la vez y nos quedamos callados, con los ojos cerrados, pero sin dormir. Como hizo Elena, los demás se acercaron, asomándose a la puerta, sin hacer mucho ruido, sin que Elena se pudiera dar cuenta. Se fueron rápidamente. A los pocos minutos oímos la puerta de la calle cerrarse, por lo que supuse que se habían bajado a la piscina de nuevo. A la hora aproximadamente, Paula se despertó con ganas de jugar, por lo que estuvimos los tres haciendo un rato el tonto, haciéndole cosquillas a la niña y demás. Después nos levantamos y nos preparamos para ir a la piscina, poniéndonos los bañadores y demás porque aún nos quedaba tarde para disfrutar de un día de piscineo. Así estuvimos todo el resto de la tarde, tomando el sol, yendo a los columpios y, sobre todo, bañándonos, con Elena estando todo el tiempo con Paula, jugando con ella, estando pendiente de si quería algo, llevando cuidado para que no se quemara echándole crema…

Se nos hizo de noche ya y empezábamos a tener hambre, por lo que Elena y yo pensamos en ir a casa para cenar. Los demás no querían irse aún, intentando convencernos o diciéndonos que nos fuéramos nosotros y que ellos se quedaban. Elena les dijo que no, que no se fiaba de ellos para dejarlos solos y más conforme se había puesto la cosa cuando estuvimos en casa reposando. Y llevaba razón, si alguien les veía hacer algo, se nos caía el pelo porque nosotros seríamos los principales responsables y más teniendo en cuenta que ya había más gente por ahí. Al final conseguimos convencerles de irnos todos a casa, duchándonos de nuevo, y pidiendo unas pizzas para cenar mientras le dábamos a Paula una cena más acorde para su edad.

Pese a haber dormido un par de horas, Paula estaba cansada de tanta piscina y se le cerraban los ojos, por lo que Elena se la llevó a nuestro cuarto para que se durmiera mientras los demás seguíamos hablando. Irene parecía mantener el calentón que le había entrado temprano por la tarde, por lo que dijo de irse ya a casa, pero Elena les propuso quedarse a dormir para que echáramos el siguiente día también juntos, ya que le gustaba pasar tiempo con ellos, diciendo que Sofía también le caía muy bien y que así aprovechábamos que el lunes era festivo y no teníamos que preocuparnos. Los tres se miraron. Era muy evidente que tenían ganas de folleteo entre ellos, por eso no dijeron de quedarse en el momento. Elena les acabó convenciendo diciendo que su padre vendría por la mañana a por la niña, por lo que podríamos estar casi todo el día los cinco solos, diciéndoles también que ella se encargaba de sus cosas, que podíamos poner una lavadora para lavar sus bañadores y ropa.

Para dormir nos apañamos con Elena, Paula y yo durmiendo en nuestra habitación, Irene y Mario en la habitación de invitados y Sofía en el sofá del salón. En las tres habitaciones había aire acondicionado, por lo que todos estaríamos a gusto, incluso Sofía, ya que aquel sofá era bastante cómodo. Una vez nos acostamos todos, le pregunté a Elena en susurros, asegurándome de que Paula dormía profundamente.

-Elena…
-Dime, mi amor.
-¿Por qué tanta insistencia en que se queden?
-Porque me lo paso muy bien con ellos. Creía que me iba a cortar más por Sofía, pero es que me cae muy bien. Es una chica muy buena, aunque sea un poco loquilla, jeje.
-¿No será por…?
-No. Sofía ha estado hablando conmigo un poco.
-Ya, imagino.
-Me ha dicho lo que ha pasado esta mañana. No me importa. Me gusta mucho la naturalidad con la que me lo ha dicho. Y lo que más me ha gustado es que es una chica que va de frente. Me ha explicado lo que pasa y que se trata de un simple juego. Me ha asegurado que no va a pasar absolutamente nada, que no te va a tocar un pelo, que me respeta mucho por haber conseguido estar con un chico como tú y que lo último que quiere es que lo nuestro se acabe. Pero le gusta jugar, como a Irene.
-Ya.
-No creo que haya nada de malo. Ya hemos jugado mucho con Irene y Mario, incluso con Isa. Y Sofía ha tomado la decisión de venirse a vivir aquí y veo que está muy ilusionada con ello y no quiero ser egoísta. ¿Quién soy yo para romperle esa ilusión y dejarla fuera de esto?
-Pero no hace falta que haga cosas con nosotros para que forme parte de nuestro círculo.
-Mira, mi amor. Yo estoy tranquila al 100%. Te lo juro. Si nada más hay que ver cómo te estás preocupando ahora mismo por esto. Cualquiera estaría encantado o incluso haría malabares para convencer a su chica para involucrar a alguien más. Y mírate. Me proteges siempre.
-No siempre ha sido así…
-No le des importancia. Lo de Mario fue una cosa que podía pasar en cualquier momento. Es muy difícil controlarse a veces y más teniendo en cuenta como estaba Mario esos días.
-No sé, Elena…
-Tranquilo… -dijo dándome un pico- Confío en todos. No va a pasar nada. Y si pasa, estoy muy tranquila porque tú estarás ahí y cuidarás de mí como siempre has hecho.
-Te agradezco mucho esas palabras, de verdad, pero… No sé. Es que no quiero que pase nada como en su día con Mario.
-No va a pasar nada. Podemos estar aquí los cinco, pero nosotros dos por una parte y ellos tres por otra. No tiene por qué pasar nada así.
-Ya viste lo que pasó con Isa.
-¿Y qué pasó? Nada. No me importó que te la agarrara -dijo susurrando muy bajo esas últimas palabras.
-Está bien. Mañana jugaremos.
-Claro, mi amor. Ya verás qué bien nos lo pasamos.

Nos quedamos en silencio y Elena se acabó durmiendo rápido por el día de piscineo que se metió con su prima en el que no paró de jugar con ella en el agua y fuera de ella. Sin embargo, yo me quedé un rato pensando en lo que acabábamos de hablar. No entendía como estaba tan empeñada en que hiciéramos cosas los cinco juntos, con Sofía. No sabía por qué, pero algo no me terminaba de convencer. Confiaba en Sofía y tenía bastante claro que no haría nada. Quizá alguna provocación o algo por el estilo, pero confiaba en que no me tocara ni hiciera por dónde. Tampoco dudaba de Irene y Mario, porque de la misma manera que con Sofía, confiaba en ellos. De hecho, confiaba más por tener más trato con ellos y conocerlos desde hacía bastante. Además, todos salimos escaldados aquella vez en la que Mario se sobrepasó, por lo que creía que era otro argumento que se sumaba al resto para tener tranquilidad. Pensando y pensando me di cuenta de que lo que no me encajaba era que Elena se pudiera sentir inferior como ya había hecho alguna que otra vez menospreciándose. Tal vez Irene y Sofía despuntaban demasiado en el tema sexual en comparación con Elena, aunque ella para mí no se quedaba atrás. Siempre me encantaba el sexo con ella. Eso era lo que me preocupaba. Qué se sintiera inferior y que le diera por hacer algo de lo que se pudiera arrepentir.

Pensé en no darle más vueltas al tema y dejarme llevar, confiando en que todo iba a salir bien, pero entonces escuché la puerta de la otra habitación cerrarse. Pasaron un par de minutos sin oír nada, pero entonces se empezó a escuchar algún ruido. No se oían ni gemidos ni ningún golpe fuere, era algo más ligero. Me empecé a poner nervioso y me levanté para ir al baño y luego a beber agua. Al pasar por el salón me di cuenta de que Sofía no estaba y entonces me di cuenta. Regresé y me quedé tras la puerta de la otra habitación, escuchando con atención y entonces sí que podía apreciar algún gemido que otro. Llamé a la puerta para llamarles la atención y me abrió Mario, asomando solo parte de la cara. Una vez vio que era yo, abrió y me agarró para que entrara, cerrando la puerta. Me lo encontré desnudo, con la polla tiesa y ya me dio ese olor a vicio antes de que pudiera darme la vuelta para encontrarme a Irene boca arriba y a Sofía sobre ella haciendo un 69. Verlas así me provocó una erección muy fuerte de manera muy rápida, quedándome ahí parado, de pie, en silencio sin decir nada.

M: No hemos podido aguantar, Javi. Lo siento.

Sofía levantó su cara, separando su boca del coño de Irene, mirándome sonriendo y saludando con una mano, poniendo cara de placer después al seguir Irene con lo suyo. Después miró mi erección y resopló, soltando una risita y volviendo a comerle el coño a Irene.

M: Me encanta verlas así. Me pone a mil.

Yo me mantenía en silencio, sin hablar.

M: Míralas qué buenas están… Joder, es que las quiero reventar a las dos a pollazos… Irene lleva toda la tarde cachonda perdida. Aprovechaba cuando podía para meterme mano.
J: No me he fijado… -pude decir al fin después de quedarme sin habla.
M: ¿Y Elena?
J: Está con la niña. De hecho, me voy ya. No debería estar aquí.
M: Quédate un poco y ves bien a las dos.
S: No. Hasta que yo no lo vea desnudo, él no me va a ver bien a mí. Mala suerte, jajajaja.
I: A mí no me importa. Ya me tiene muy vista.
S: Sácalo, Mario. Hasta que no den el paso, no.
J: Vale, ya me voy. Haced lo que queráis. Ya estando así es imposible que paréis. Pero no hagáis ruido, por favor. A mí me da igual y a Elena también, pero es por la niña.
M: Tranquilo, tendremos cuidado.

Salí de la habitación con una erección de caballo después de coger la maleta de Paula, que estaba preparada al lado de la puerta, por lo que me fui al baño para echarme algo de agua fría en la cara para tranquilizarme, pero no había manera. Al final acabé dándome una ducha de agua fría y eso sí que ayudó. Salí e iba a ir a mi habitación, pero paré antes en la que se encontraban ellos. Se podía oír algo, pero muy ligeramente, así que no me preocupé por poder oírlos una vez me acostara. Me fui a dormir, dejando la maletita de Paula cerca, viendo como Elena dormía abrazando por detrás a su prima. Me acosté y me dormí al poco sin llegar a oír a mis amigos.

Elena me despertó cuando se hizo de día diciéndome que su padre estaba al caer, por lo que nos levantamos para cambiarnos y asearnos un poco mientras la niña seguía durmiendo un poco más. Después la levantó y la arregló, peinándola y demás, preparando yo mientras el desayuno. Desayunamos los tres en silencio, notándose ya las caras largas por parte de ambas por ser los últimos momentos juntos. Nos fuimos al salón, haciendo hora hasta que viniera el padre de Elena, sonriendo ella al no ver a Sofía, haciéndole yo un gesto de complicidad.

Estuvimos un rato jugando con la niña y finalmente apareció el padre de Elena. La despedida fue triste, con Paula llorando bastante y Elena también. Hasta a mí se me puso un nudo en la garganta por verlas así. El padre de Elena estaba impresionado por la afinidad que había cogido Paula con nosotros, sobre todo conmigo, porque estuvo casi todo el tiempo sobre mis brazos. Nos acabamos despidiendo con un abrazo muy fuerte, dándome ella un beso en la mejilla. Elena le dijo que no se preocupara, que ya hablaría con su madre para que la trajera dentro de poco y poder verla de vez en cuando. La montamos en el coche con su sillita y se fueron, diciéndonos adiós con su manita a través de la ventanilla. Una vez se alejaron, Elena se abrazó a mí, bastante triste, pero yo le di un buen beso para animarla, consiguiéndolo.

Después entramos en casa y nos cambiamos para bajar a la piscina, dejándole un mensaje a nuestros amigos para decirles que desayunaran lo que quisieran y que se bajaran con nosotros a la piscina. Una vez estuvimos Elena y yo ya sentados, habiéndonos echado la crema y demás, me preguntó que si pasó algo por la noche.

-Que si pasó… Joder…
-Jajajaja. ¿Los viste?
-Claro. Vosotras os dormisteis rápido, pero yo no. Y empecé a oír algo de ruido y fui a la otra habitación. Me encontré a Irene y a Sofía haciendo un 69.
-Jajajajaja.
-Y a Mario con la polla tiesa.
-Vamos, que iban a hacer un trío.
-Imagino, no creo que se quedara solo viendo.
-Bueno, ¿y qué tal?
-Pues no tuve más remedio que follármelas a las dos. Me miraban de una manera que tuve que hacerlo.
-Jajajajajaja. Anda, anda… Qué ya no me la cuelas, cariño.
-Jajajaja, ¿pues qué va a pasar? Nada. Me fui, pero me tuve que dar una ducha fría porque no se me bajaba.
-Pobre… Jajajaja. Bueno, a ver si esta noche se puede hacer algo… -dijo acariciándome el muslo.

Ambos nos quedamos callados, dándonos un beso. El momento fue interrumpido por una voz femenina diciendo: «Bueno, mejor muevo las toallas un poco para allá». Se trataba de una de nuestras vecinas, la que parecía ser una adolescente, aquella que tenía buen cuerpo y que siempre iba con su madre. Elena y yo nos quedamos cortados, sobre todo ella, que se puso roja a rabiar, agachando la cabeza para taparse la cara con su pelo. Yo me quedé un poco pillado sin saber qué decir mientras nuestra vecina nos miraba un poco con cara de circunstancia. Al ver que ninguno de los dos decía nada, ella rompió el silencio.

-No os preocupéis, mi madre está en el bar, cogiendo algo para beber. No os ha oído.
-Ya… Es que…
-Que no pasa nada, de verdad. Si es normal. Sois una pareja y tal, es normal que… Bueno, que no pasa nada. Pero voy a echar las toallas más para allá para que no os podamos oír, que seguro que queréis más intimidad.
-Eh… Gracias.

Aquella chica puso su toalla y la de su madre más alejadas de nosotros, sin poder evitar que se me fuera la vista hacia su culo, admirando lo redondo que era y como su parte de abajo del bañador apenas podía contener esa masa de carne, siendo una prenda muy ligera de color verde agua, a medio camino de ser un tanga, dejando la mitad de sus nalgas al aire. También pude ver sus redondos pechos, aunque no por completo por su parte superior del bikini. Para mi deleite pude ver cómo le colgaban de una manera muy sensual, con un movimiento espléndido al colocar las toallas bien. Algo que le terminó de descolocar fue poder apreciar como sus pezones se marcaban bajo la tela. ¿Se había excitado al oírnos e imaginarse todo aquello? No tenía ni idea, pero todo apuntaba a ello, aunque también podía ser que los tuviera siempre así y yo no me hubiera fijado. Cuando terminó de colocar sus pertenencias, se sentó de nuevo, cruzándose nuestras miradas, pillándome mirándola. Rápidamente aparté la mirada, volviendo a hablar con Elena aprovechando que ahora la chica se encontraba a unos 5 ó 6 metros.

-Tranquila, Elena. No pasa nada. Ya se ha puesto más lejos.
-Qué vergüenza, Javi…
-Joder, cómo me gusta cuando te pones así. Estás tan mona… -dije inclinándose para besarla.

Pero Elena se separó, sin dejar que se lo diera, apartando la cara.

-¿Me haces una cobra?
-Que me da vergüenza…
-Pero Elena, que es un beso. Lo hemos hecho mil veces en cualquier sitio… Jajajaja.
-Pero que nos ha oído. ¿Qué estará pensando ahora de nosotros?
-Pues nada. Que somos una pareja normal y que nos lo pasamos bien.
-Bueno, con lo que habrá oído, no creo que piense que seamos una pareja normal…
-Elena, eso ahora es más normal de lo que crees. Mírala, seguro que ella ha probado cosas similares, si ahora eso está a la orden del día.
-No creo.
-Espera, que le pregunto.
-¿Qué dices? -dijo con voz aguda, con tono de reprimenda.
-Que estoy de coña, relájate. Jajajaja.
-No seas malo…
-Yo soy lo que tú quieras.
-Jejejeje…
-Huy… No estarás pensando en lo de la otra vez… Que ya viste lo que pasó en la piscina. Mira al sitio justo donde estábamos. Ahí follamos, ¿te acuerdas? Y te corriste, que noté como me apretabas con todo tu cuerpo… Todo.
-Javiiiii… -dijo poniéndose más roja aún.
-Dios… Es que me encanta verte así. Estás para comerte.
-Esta noche sí que te voy a comer yo a ti.
-Lo mismo lo hago yo ahora.
-No, no…
-Que es bromaaa…

Estuvimos un rato sentados bajo la sombrilla, hablando de algo, pero con Elena más cortada. Y más que se cortó cuando apareció la madre de la chica esta que nos oyó hablar de nuestras cosas íntimas. No sería para tanto si no fuera porque aquella mujer acercó las toallas para empezar a charlar con nosotros para conocernos mejor.

Nos empezó a contar que se habían mudado a ahí hacía poco, como nosotros. Según nos contó, se había divorciado de su marido, sin llegar a entrar en detalle, diciéndonos solamente que su hija se había ido a vivir con ella porque su padre pasaba de todo y no sabía hacer la o con un canuto. La mujer era muy agradable, pero Elena seguía muy cortada, con las mejillas sonrojadas por lo pasado anteriormente, evitando el contacto directo a los ojos de nuestras vecinas. Aquella mujer era muy abierta y hablaba de sus problemas con su exmarido sin ningún reparo, de manera muy natural a pesar de estar su hija presente. Ésta nos miraba a Elena y a mí, sin intervenir en la conversación para nada, simplemente se dedicaba a observar y a asentir cuando su madre decía algo y la miraba para que lo corroborara. Cuando la mujer creyó oportuno y se cansó de contarnos su vida, nos presentó a su hija. Nos dijo que se llamaba Arantxa, que tenía casi 19 años y que aún no había entrado en la universidad porque había repetido un curso por todos los problemas que había en casa, los cuales ocasionaron varios suspensos por falta de asistencia a las clases y falta de estudio por ese ambiente tan hostil en casa.

Ya con mis gafas de sol puestas, pude percatarme que sus pezones no se marcaban como antes, por lo que supuse que sí que se llegó a excitar. Cuando conseguí apartar mi vista de sus tetas tan redondas y de buen tamaño, pude fijarme más en su cara. Arantxa era una chica bastante guapa. Rubia con una larga melena lisa y un flequillo que ocultaba su frente. De piel blanca, pero no tanto como mi chica, aunque se le notaba que estaba morena. Mediría en torno a 1,65m, teniendo un cuerpo normal, sin llegar a estar muy delgada, con unos bonitos brazos y piernas. No resaltaba nada en particular de su cara, teniendo unos ojos marrones que lanzaban una mirada muy intensa, una nariz normalita, quizá un poco grande, pero respingona, haciéndola bonita. También tenía una boca grande, muy bonita, con una dentadura perfecta, haciéndola más bonita aún al lucir su preciosa sonrisa. Sin llegar a tener ningún rasgo sobresaliente y una cara normal sin llegar a ser redonda, era una chica bastante guapa. Como ya he dicho, de cuerpo estaba bastante bien también, pues sus poderosas tetas y su generoso culo atraía mis miradas varias veces pese a no hacerlo voluntariamente. Era incluso irónico porque su madre no es que fuera atractiva, de hecho, no lo era en absoluto, pero se la veía algo mayor quizá, por lo que seguramente ese sería el problema.

Después de que ellas nos contaran su vida y demás, Elena y yo nos relajamos un poco por la actitud tan abierta de aquella mujer y les empezamos a contar un poco de nuestras vidas, con todo lo que había ido pasando esos últimos meses, pero obviamente tampoco es que le contáramos nuestra vida íntima con las diversas situaciones, varias muy agradables, otras no tanto, que nos pasaron desde que nos hicimos pareja. La mujer se sorprendía y a la vez nos dedicaba buenas palabras por cómo nos había ido yendo esos meses y por la decisión de irnos a vivir juntos y demás. Así se nos pasó un rato hasta que llegaron nuestros amigos.

Una vez llegaron y se sentaron, empezaron a hablar con nuestras vecinas también. Se empezaron a conocer, diciendo aquella mujer que tenían cara de estar cansados. Ellos dijeron que no estaban acostumbrados a tanta piscina por no tener ninguna en casa y tener cada uno sus trabajos. La mujer se tragó la excusa, Arantxa, sin embargo, no, porque sonreía con pillería, ya que nos había oído a Elena y a mí hablar de ellos. También me pude fijar en como fichaba a Mario, mirándolo disimuladamente de arriba a abajo, aunque yo me daba cuenta.

Cada uno fue hablando de sus cosas, sus trabajos y demás porque aquella mujer era muy curiosa y no paraba de hablar y preguntar. Hasta salió el tema de cómo Sofía tenía el mismo trabajo que yo y como la ascendieron y demás después de aquel trabajo en el que estuvimos fuera, narrando algún detalle de cómo lo hacíamos y como nos entreteníamos, sin entrar en detalles sobre nuestro encuentro casi sexual, con Arantxa mostrando bastante interés cuando hablábamos nosotros a diferencia de cuando hablaba su madre. Se le veía como cierta emoción en su expresión, como imaginándose como éramos en nuestro día a día y en nuestros trabajos, pareciendo que ella tenía ganas de vivir esas cosas.

Así se nos pasó la mañana a lo tonto, sentados todos en las toallas contando nuestras cosas. Llegó la hora de comer y Arantxa parecía no querer irse, por lo que Elena le dijo que si quería comer con nosotros. Ella respondió afirmativamente de inmediato. Su madre no se opuso, ya que después de estar toda la mañana hablando con nosotros y conociéndonos, se fiaba y no tenía problema en que estuviera con nosotros. Ella, sin embargo, se fue a casa para comer y echarse un rato, ya que tampoco es que le gustara mucho el piscineo. Le dijo a su hija que tuviera cuidado y que luego la vería, preguntándonos también que cuanto nos daba para su parte de la comida, ya que teníamos pensado ir a por un par de pollos asados. Nosotros le dijimos que nada, que nosotros invitábamos y que íbamos a pedir lo mismo estuviera ella o no. Le agradó bastante el gesto, dándonos las gracias y marchándose.

Le dije a Mario que me acompañara para ir a por la comida, pero Elena saltó rápidamente para decir que se venía conmigo para que nuestros amigos se quedaran ahí, por lo que nos vestimos y subimos hasta el coche para ir a recogerla.

-¿Qué ha pasado antes? -pregunté ya de camino.
-¿A qué te refieres?
-Esa manera de decir que ya venías tú conmigo sin dejar a Mario responder.
-Ah… Es que me daba corte quedarme ahí con esa chica. Nos ha oído… Bueno, que me daba corte.
-Pero si has sido tú quien ha dicho que se quedara, jajaja.
-Era por ser amable. Que no me importa que se haya quedado, es una chica muy agradable y me cae bien, pero me ha dado corte cuando he caído en que ibas tú a por la comida.
-Ah… Pero todo bien, ¿no?
-Claro, ¿por qué no iba a estarlo?
-No, solo pregunto. Son simpáticas nuestras vecinas.
-Sí, me han caído bien, aunque la madre habla por los codos, pero bien.
-Pues por lo que se ve vamos a estar viéndolas bastante, aunque es lo normal si son nuestras vecinas.
-Sí, eso parece.
-¿Te vas a poner igual de roja siempre que veas a esa niña?
-Javiiiii… No seas malo.
-Elena, es que me encanta cuando te pones así. Es que te comía entera.
-Jo…

Aproveché que estábamos parados en un semáforo para agarrarle su cara cogiendo su barbilla y plantarle un beso. Me encantaba cuando se ponía así de tímida y ñoña. Ella me siguió el beso, poniendo su mano sobre la mía, murmurando en mi boca con tono agradable. Una buena pitada fue lo que interrumpió aquel beso, por lo que me despegué de ella, volviendo a conducir. Elena estaba como atontada, con una risita muy dulce, acariciándome el brazo con mucho cariño.

Recogimos la comida y regresamos a casa, bajando a la piscina para comer allí. Estuvimos muy a gusto los seis comiendo tranquilamente solos, ya que todos los demás se habían ido. Después de comer nos fuimos a las toallas para reposar la comida y descansar un rato, bañándonos a medida que la tarde pasaba, con más vecinos esta vez. En una de estas, estábamos Elena, Irene y yo en la piscina mientras que los demás estaban en las toallas.

I: ¿Qué os pasa con esta chica? Estáis muy cortados cuando está delante. ¿No os cae bien? Porque la vais a tener de vecina…
E: Sí, sí nos cae bien -dijo mientras yo me reía.
I: ¿Qué pasa entonces? Porque éste se está riendo, jajaja.
E: No pasa nada.
I: Ya… ¿Qué pasa, Javi?
J: Poca cosa.
I: Va, decídmelo, que estáis ahí con el misterio.

Entonces le comenté lo que pasó antes de que ellos vinieran. Irene se partía de risa, pellizcando la mejilla de Elena. Mi chica, como era habitual con estas cosas, se ponía roja y yo aprovechaba para arrimar cebolleta, porque me daba mucha ternura verla así, a la vez que me encendía un poco.

I: ¿Y qué ha dicho ella?
E: Nada, que es normal y tal.
I: ¿Le irá la marcha? Porque buena está un rato. Me la comía enterita.
J: ¿Te pone?
I: Uff… Bastante. Tiene un cuerpazo que no veas y esa carita de ángel… Mmm…

Elena se reía mientras yo permanecía en silencio, aunque Irene suscribía mis palabras sobre Arantxa, pero no lo iba a decir por obvias razones.

I: Elenitaaaaa…
E: ¿Qué pasa?
I: ¿Vas a ser buena y me vas a dejar jugar contigo esta noche?
E: ¿Quieres jugar conmigo?
I: Siempre quiero contigo.
E: ¿Incluso con Sofía aquí?
I: ¿Qué tiene que ver eso? Elena, eres la mejor chica con la que he hecho cositas. Es que eres un tesoro para mí.
E: Cállate, anda…
I: Lo digo en serio. Eres tan mona… Y tan sexy, me pones a mil, sobre todo cuando me dominas. Cuando te pones en plan dura y me coges del cuello para explicarme las cosas. Es que me dejas chorreando y ya sabes que yo no me mojo mucho…
E: No será para tanto…
I: No sabes la de veces que me han entrado ganas de fardar de chica delante de alguien.
E: Jajajaja, estás como una cabra.
I: Sí. Estoy loca, por ti. Jajajaja.
J: Oye, que estoy delante, jajajaja.
E: ¿Te pones celoso, mi amor?
J: No, en realidad no. Lo que me pongo es cachondo por ver cómo te mira y como te desea. Me pone verte con ella.
E: Ya he notado cómo estás, jejeje -dijo frotando su culo contra mi polla.
I: Javi, tranquilo. Me pasa lo mismo contigo. También te deseo. Mucho de hecho. A veces me imagino que me follas tú cuando lo hago con Mario. Pero Elena me pone más. ¿Me perdonas?
J: Qué tonta eres, Irene… Jajajaja.
I: Pero que es verdad. Que me pones mucho, y te quiero, ya lo sabes.
E: Shhh… Ya está.
I: No te pongas celosa, mi amor. Si yo tengo claro al 100% todo. Yo solo tengo ojos para Mario. Él es mi vida y somos uno. Es y será el hombre de mi vida. Tengo muy claro que quiero pasar el resto de mi vida con él y quiero que sea el padre de mis hijos. Pero también quiero a más personas. Y vosotros sois muy importantes para mí. Mira, para que lo entendáis, existe el amor de novios y de amigos, pues vosotros estáis entre esos dos amores. Os quiero más que a mis demás amigos, pero no tanto como a Mario.
E: Qué bonito, Irene.
J: Nosotros también te queremos.
I: Lo sé, pero no os pongáis ñoños, sobre todo tú, Elena.
E: Calla, jajaja.
I: Ojalá esta noche juguemos un poquito y me dejes probarte como alguna vez hemos hecho…
E: Bueno, ya veremos.

Irene miró a Elena a sus ojos con una sonrisilla en su boca, pasando a mirarla a sus labios mientras se mordía ligeramente el suyo. Era bastante evidente que se moría por besarla. Después se salió de la piscina y nos dejó a los dos solos en el agua, estando ya Elena y yo de frente, con algún beso disimulado para no dar el cante delante de tanta gente. Se quedó abrazada a mí, echando su cara sobre mi pecho, de lado, sin poder mirarnos directamente a los ojos.

-¿Estás tontorrona?
-Un poquito.
-Pero todo bien, ¿no?

Elena separó su cara de mi pecho, mirándome asintiendo con una sonrisa de oreja a oreja. Yo le devolví la sonrisa y le di un pico.

Así se nos pasó la tarde, entre baños y charlas cuando estábamos fuera de la piscina, conversando bastante con Arantxa, explicándonos lo que iba a estudiar al entrar a la universidad en cuestión de un mes y más cosas sobre ella, diciéndonos que echaba de menos a sus amigos pese a llevar pocas semanas fuera de su verdadera casa, aunque volvía a su ciudad con su madre regularmente para visitar a la familia y entonces aprovechaba para irse un rato con ellos. A pesar de verlos con regularidad nos contó que a veces se sentía muy sola, por lo que estaba deseando empezar las clases para hacer nuevas amistades y distraerse de la separación de sus padres, que le afectaba más de lo que aparentaba según nos contó.

Una vez empezó a anochecer, Arantxa se fue a su casa, como practicante el resto de nuestros vecinos, quedándonos solos los cinco en donde habíamos pasado el resto de la tarde, cenando algo que cogimos para picar y echando un rato más. Creía que íbamos a estar más rato, como el fin de semana anterior dónde se dio ese juego tan excitante entre los cuatro, pero no fue así. Quedamos en regresar a casa para ducharnos por turnos e irnos al salón para tomarnos una copa más tranquilamente, ya que estábamos cansados de estar todo el día en la piscina y queríamos ducharnos después de tanta crema y tanto cloro. Una vez sentados todos en el salón, mientras bebíamos un poco, empezamos a hablar más como no pudimos hacerlo durante toda la tarde al haber más gente por ahí.

S: Me encanta la vida que tenéis. Aquí los dos tranquilitos, con una buena casa y muy bonita, hasta con piscina. Y es un barrio muy tranquilo.
E: La verdad es que es estupenda la casa y el sitio.
J: Elegiste bien.
E: Pero si tú querías también esta, bobo… Jejeje.
J: Bueno, sí. Pero lo dejé a tu elección y sabía que no lo harías mal.
S: Si, se ve que Elena tiene buen ojo.
I: Es que es muy lista la niña. Y hablando de niñas… ¿Qué os parece Arantxa?
S: Uff…
I: Se te iban los ojos detrás de ella, ¿eh? Jajajaja.
S: Pues claro, si estaba reprimiéndome, pero es que era imposible que no se me fueran los ojos. Vaya culo y vaya tetas.
M: Pues como tú. Tú tienes más tetas de hecho.
S: Ya, pero no es lo mismo verte a ti misma que ver a un pibón así.
E: Tú eres un pibón.
S: Gracias, tú también eres preciosa.
I: Ten cuidado, que es muy tímida y se sonroja fácil.
E: Qué tonta eres… Jajaja.
S: Es muy mona cuando se sonroja.
M: A Javi le encanta cuando se pone así.
J: Ya ves, me vuelve loco.
S: Y a ti Mario, ¿qué te parece esa chica?
M: Me parece que me la follaba ahora mismo si ella quisiera.
S: Sí, porque a Irene no le importaría.
I: Me importaría no poder follármela yo también, jajajaja.
S: Cómo sois, jajaja. Es que flipo un poco aún.
E: Me pasaba igual, pero ya me he acostumbrado.
S: Me resultaba raro que una pareja me metiera así en la cama tan rápido de primeras, pero se les veía con tantas ganas, que me dejé llevar.
J: Y bien que te lo pasaste, ¿no?

Elena me apretó el muslo, hincándome las uñas y poniéndome cara de que me callara. Caí entonces en la que se lio entre Irene y Mario a consecuencia de la inclusión de Sofía en la cama, con esos días en los que Irene estaba bastante mal, llegando a creer que Mario se había cansado de ella y que la iba a dejar.

I: No pasa nada, Elena. Gracias por preocuparte, pero todo está bien.
E: Vale, si lo tengo claro por lo que nos has dicho. Solo quería evitar que recordaras eso.
I: Gracias, preciosa. Te quiero.
M: ¿Qué le has dicho? -dijo medio riéndose mirando a Irene.
I: ¿Yo? Nada… -respondió algo cortada, sonrojándose un poco.
M: Jajajaja, algo tocho debe ser para que te pongas así.
I: Que nooooo…
J: Espera, espera. ¿Irene sonrojada? ¿Irene con vergüenza? Hay que echar una foto de esto.
I: Ya está el otro…
J: Eres la persona más sinvergüenza que he conocido en mi vida…

Irene me echó una mirada un poco con mala leche. Pero pude reaccionar.

J: Pero te quiero muchísimo, ya lo sabes.
I: Sí, anda. Ahora arréglalo.
J: No te enfades, va…
M: Si ésta no se enfada. Va, Irene. ¿Qué le has dicho? Ahora tengo mucha curiosidad…
I: Ay, que no es nada.
E: Que te quiere, Mario. Nos ha dicho que te quiere.
M: ¿Y tanto misterio para eso?
S: Yo creo que es algo más. Si Irene te ha dicho muchas veces que te quiere. ¿Por eso se va a poner roja? Ya…
I: Que pesaditos estáis…
J: Se lo podrías decir, aunque te de corte. Siempre gusta oír a tu pareja decirte esas cosas.
I: Ay… -dijo suspirando.
S: Ojalá tener yo a alguien que me dijera lo que me quiere.
I: Si es que no es para tanto…
E: Para mí sí que lo ha sido.
I: Mario, les he dicho que solo tengo ojos para ti, que eres mi vida y que tú y yo somos uno. Que eres y serás el hombre de mi vida, que quiero pasar el resto de mi vida contigo y que quiero que seas el padre de mis hijos.

Mario se quedó un poco pillado, con los ojos bastante abiertos, quedándose callado, con una sonrisa tonta en la boca. Irene tenía la misma sonrisa, pero seguía sonrojada, bastante de hecho. Elena apretó mi mano mientras los miraba con emoción. Sofía fue quien rompió el silencio.

S: Tía… Qué bonito.
M: Es la primera vez que me habla así de esta manera.
I: Bueno, ya está.
M: No, no está. Yo también te quiero. Irene, yo siento lo mismo por ti. Me vuelves loco.

Entonces Mario le dio un beso con mucho cariño a Irene, durando unos segundos. Elena apoyó su cabeza sobre mi brazo y Sofía los miraba también sonriendo. Cuando Mario e Irene se separaron de su beso se miraron fijamente a los ojos y volvieron a besarse. Entonces Mario cogió de la mano a Irene y se la llevó a la habitación de invitados corriendo, dejándonos a Elena, Sofía y a mí en el salón.

S: Vaya, qué arrebato de pasión les ha entrado, jajaja.
J: Es normal.
E: Claro, después de esas palabras, es lo más normal querer… Y más a solas.
S: Creía que íbamos a estar los cinco juntos para cuando…
E: El problema es que, al abrirse así de esa manera, más que follar, lo que te entran ganas es de hacer el amor.
S: Am… Vale, ya lo pillo. ¿A vosotros os suele pasar?
E: Uff, mucho. Javi y yo… -dijo poniendo su mano en mi cara para acariciármela- Somos muy empalagosos en ese aspecto. Yo, sobre todo, jajaja.
S: ¿Sí?
E: Ajam. A veces nos surge, así como les ha pasado a Irene y Mario, a veces surge mientras los calentamos, nos gusta alabarnos y acabamos haciéndolo con más cariño que pasión.
S: ¿Y te gusta?
E: Me encanta. El sexo con Javi siempre es lo mejor, ya sea más pasional o más cariñoso. De hecho, que se abra y me muestre sus sentimientos y me diga cómo me quiere y cómo no puede estar sin mí es algo que me vuelve loca, me dan muchas ganas de tener sexo con él.
S: Vaya… ¿Y tú, Javi?
J: ¿Yo? Todo lo que hace Elena me encanta. Y claro que me encanta todo eso. Es tan especial poder compartir esos sentimientos con alguien…
S: Imagino.
E: ¿Cómo? ¿No has sentido eso alguna vez?
S: Pues la verdad es que no. Y mucho menos como lo que acaba de pasar con Irene y Mario.
E: Pero, ¿no has tenido pareja?
S: Sí, claro. Alguna que otra he tenido, pero nunca me he llegado a enamorar de nadie en realidad. Supongo que me cuesta más que a los demás, porque ya tengo una edad y nunca he encontrado a alguien con quien tuviera tanta afinidad como tenéis vosotros, o como tienen Mario e Irene.
J: Por eso tanto hincapié en lo de querer encontrar pareja y demás, ¿no?
S: Sí. Noto como que se me acaba el tiempo y me da un poco de ansiedad.
E: ¿Qué hablas? Si eres muy joven. Anda que no hay gente que encuentran pareja con 40 ó 50 años. Tú no te preocupes por eso. Lo importante es encontrar a alguien que merezca realmente la pena, alguien con la que vas a estar segura de que todo va a ir bien.
S: Me encanta como hablas. Se te ve tan segura y tan decidida con Javi.
E: Pues sí, la verdad. Hasta hemos hablado de cómo queremos que sea nuestra hija.
S: ¡Ah! ¿De verdad?
E: Sí.
S: Qué pasada. No sabéis la envidia que le dais, pero estoy contentísima por vosotros, no puedo alegrarme más de que os vaya así. ¿Y os veis aquí con hijos?
E: Bueno, el tiempo dirá. Ahora mismo ambos tenemos nuestros trabajos, aunque yo estoy medio de prácticas, pero me han dicho que la cosa va bien y que tienen muchos proyectos para los que hemos entrado de esa manera. Si a ambos nos sigue yendo bien y surge pues, ¿por qué no?
S: ¿Y tenéis pensado cuándo más o menos?
J: En realidad no. Solo lo hemos hablado, pero no hemos decidido cuando.
E: Es que Javi se agobia un poquito y no quiere ir tan rápido.
S: Ah, bueno, es normal.
J: Es que creo que somos muy jóvenes como para tener ya un bebé. Yo pienso que tener un hijo es la responsabilidad más grande que uno puede tener en la vida y creo que tu vida ya pertenece a esa personita. Y no me parece mal, ¿eh? Solo digo que somos muy jóvenes para limitar nuestras vidas de esa manera. Creo que nos queda mucho por vivir.
S: A ver, visto de esa manera…
E: Yo creo que se puede sobrellevar, tampoco es que nos atemos de pies y manos.
S: Bueno, cada uno tiene su perspectiva, pero yo creo que Javi tiene razón. Es una responsabilidad muy grande y tienes que desvivirte por un hijo, si no, no lo tengas. Pienso que es el culmen de la vida, pero claro, para eso tienes que estar concienciado, te tienes que ver con fuerzas, ambas personas tienen que ser uno prácticamente para eso.
E: Sí, eso sí. Y es verdad, hay que disfrutar mientras tanto. Así que, ¿por qué no disfrutamos ahora?

Me quedé un poco parado por la salida de mi chica, sin saber cómo reaccionar. Sofía, sin embargo, puso una sonrisa picarona en su boca.

S: ¿Qué propones, Elenita?
E: Podemos empezar poco a poco. Tal vez contándonos cositas íntimas…
S: Mmm… Me gusta.
E: A ver, ¿qué quieres saber?
S: Me gustaría empezar por el principio. ¿Qué pensaste de Javi en vuestro primer encuentro sexual?
E: ¿En el del parque o cuando nos acostamos?
S: Ambos.
E: A ver… Cuando estuvimos en el parque pensé literalmente: «¿Pero qué coño hace éste?»

Miré a Elena con cara de sorpresa, con una ligera sonrisa en mi boca.

E: Jajaja. No me lo esperaba. Javi siempre ha sido un chico muy bueno, muy amable, bastante cortado cuando íbamos al instituto, pero luego se le pasó al poco de entrar en la universidad.
S: ¿Eras timidito, Javi?

Sonreí de nuevo, haciéndole un gesto a Sofía queriendo decirle que lo era un poco, pero me mantenía callado.

E: Pero que me saliera por ahí no me lo esperaba. Tampoco esperaba no poder hacer nada al respecto y entonces me empezó a tocar. Y qué manera de tocar… Sentía una quemazón en mi coñito, subiendo y bajando hasta mi cara.
S: Uff, qué excitante.
E: Y ya pensar, poco pude. Simplemente me dejé llevar.
S: Mmm. ¿Y cuándo follasteis de verdad?
E: Uff… No esperaba acabar en la cama con él de primeras. Bueno, nada más me dijo de quedar, lo veía bastante improbable.
S: ¿Y eso? ¿No te gustaba?
E: No, no era eso. Yo acababa de salir de una relación muy larga y la verdad es que no tenía cuerpo para hacer nada, pero una vez estuvimos tomándonos una cerveza y hablando pues pensé: «Oye, que apañado… No lo recordaba así». Y con el alcohol pues me fui relajando bastante y dijimos de ir a mi casa, porque había mucho ruido en el bar y no nos enterábamos. Empezamos a recordar lo que nos pasó en el parque y empezamos a tontear, con besos y toqueteos y fuimos a mi habitación.
S: ¿Y…? -preguntó con expectación.
E: Pues madre mía… Yo que era muy novata, pues vi las estrellas. Era la primera vez que me dominaban y no entendía nada, pero lo veía tan seguro y tan experimentado. Tan guapo, tan encendido y con ganas, que me dejé llevar, aunque me costó un poco. Pero fue el mejor polvo de mi vida.
S: Vaya…
E: Fíjate si estaba tan fuera de mí, que mi hermana nos interrumpió y salí para pedirle que nos dejara, que no quería que se le bajara o algo así le dije. Cuando yo nunca he hablado así con mi hermana y casi con nadie, jajajaja.
S: Eso es que tenías un morbazo encima que hablaba por ti.
E: Sí, jajajaja. ¿Y tú, Sofía? ¿Qué pensaste de Javi cuando lo viste?
S: Ya os lo he dicho, pero también pensé: «A éste le tengo que echar un buen polvo». Y eso intenté, pero él me frenó. Iba un poco borracha y pensé en hacer aquello de desnudarme y ponerme solo el abrigo. Creía que así me lo calzaba seguro. Qué carilla puso el pobre cuando me vio… Y qué erección… Uff… Como me mojé…
E: ¿Sí?
S: Sí. Cuando regresé a mi habitación me tuve que meter los dedos para bajar el calentón. Estuve a punto de volver para intentarlo de nuevo, pero le contuve. Después una ducha fría y a dormir del tirón.
E: Vaya.
S: ¿Y tú, Javi? Que estás muy callado…
E: No te cortes, mi amor… Estamos hablando solo.
J: Ya, ya.
S: Va, cuenta lo que pensaste de Elena en ambos encuentros.
J: En el primero solo quería quitarle de la cabeza el cabreo que llevaba y me dejé llevar al ver que no me paraba. Me jodió mucho que me parara una vez estábamos ya… Pero respeté su decisión. Cuando le dije de quedar pensé en aquel momento y quería ver si podía llegar a algo, aunque lo dudaba porque sabía más o menos toda la situación, con su relación tan larga y demás. También me preocupé por ella porque en realidad éramos amigos y quería verla y que me contara cómo le iba.
S: Pero acabó pasando.
J: Fue ella la que empezó el tonteo en realidad. Yo estaba un poco cortado, pero pude reaccionar y acabamos echando un polvo como hacía tiempo que no echaba.
E: ¿Y qué pensaste de Sofía?
J: Eh…
E: Venga, cariño, no te cortes… Si no pasa nada.
J: Pues pensé que estaba muy bien. Que era muy simpática y tal…
E: Veeeeenga, suéltate. Dale más emoción.
J: Es que… No estoy cómodo diciendo que pienso físicamente de una chica delante de mi novia, la verdad. Es como si te pregunto a ti sobre Mario.
E: Pues hazlo, jajajaja.
S: Javi, solo estamos jugando. No creo que nadie se moleste, ¿no, Elena?
E: Claro. Solo estamos hablando, si ya hemos hecho cosas más fuertes…
J: No sé…
E: Joder, ni que fueras a decir que la prefieres a ella antes que a mí, jajajaja.
J: No, eso ni de coña. Pero es que no quiero que algo que diga te pueda sentar mal.
E: Javi. -dijo cogiendo mi cara para ponerla frente a la suya y mirarme fijamente a los ojos- Que no pasa nada. Que tengo muy claro lo que hay y lo que tú piensas. Solo es un juego, ¿vale?

Elena me dijo esto de manera calmada, con una expresión que transmitía buen rollo, casi sonriendo. Yo seguía sin tenerlo del todo claro porque quería evitar cualquier mínimo malestar que pudiera ocasionar en ella. Sentía como que estábamos jugando con fuego y en cualquier momento nos íbamos a quemar, porque sabía de sobra que la cosa iría yendo cada vez a más y teniendo en cuenta que había alcohol de por medio, pues me preocupaba más la cosa. Aunque ninguno estuviera borracho, el alcohol seguía desinhibiendo y al beber yo bastante poco y al haberlo dejado Elena, pues pensaba que estaríamos más sensibles y necesitaríamos muy poco para llegar a estar perjudicados. Aun así, tampoco quería cortar el rollo y decidí seguir el juego y ya lo cortaría si la cosa se iba de madre.

J: Pensé que tenía un polvazo nada más verla. Que estaba buenísima y que la ropa que llevaba le hacía una figura estupenda y apretada.
S: ¿Tuviste miedo al verme?
J: ¿Miedo?
S: De si te entraba. Como tenías pareja y tal…
J: Ah… Pues no. No me imaginaba que una chica como tú se pudiera fijar en mí.
E: Qué tontería…
J: Estoy diciendo la verdad. Yo siempre me he visto como un chico muy normal. No pensaba que pudiera atraer a una chica como tú…

En cuanto dije eso pensé que la había cagado, ya que cualquiera podría interpretar esas palabras como si yo pensara que Elena no entraba en la categoría de mujer en la que estaba Sofía, con ese atractivo tan alto, pero no pensaba realmente eso. Yo desde el primer día que vi a Elena la veía como una chica superatractiva y guapa a rabiar. Y estando así de enamorado de ella, para mí era la número uno en todo; en personalidad, en atractivo, en belleza, en todo. Por suerte pude reaccionar en cuestión de milésimas de segundo y enmendar mis desafortunadas palabras.

J: … con Elena tuve muchísima suerte de que se fijara en mí. Y más suerte todavía cuando se acabó enamorando de mí.
E: Como para no con cómo eres…
S: ¿Cómo fue?

Entonces Elena le contó con mucho detalle toda la situación. Me sorprendió que después de tantos meses dijera exactamente todo, con mucho detalle que yo casi ni recordaba. De hecho, Sofía le reconoció lo mismo, diciendo Elena que tenía ese momento grabado en la mente y que muchas veces lo rememoraba cuando no me tenía a su lado o cuando le costaba más dormirse. Su relato me trajo tantos recuerdos que hasta se me erizó la piel al venírseme a la cabeza esos momentos, casi como si los estuviera viendo en una pantalla. Hasta se me venían olores, como el del perfume que se puso, el de la colonia que yo usé, o hasta el perfume de Laura en ese breve momento en el que estuvimos hablando mientras veíamos a Elena y a Alejandro.

S: Qué bonito…
J: A ver, ¿qué piensas de Mario? Listilla… -dije mirando a Elena.
E: Jajajaja. ¿Pues qué voy a pensar? Que está muy bueno. Y su polla me llama mucho la atención. Debe sentirse raro, sobre todo en el culo, jajajajaja.
S: No lo sabes bien. Y duele, mucho. La tiene muy gorda el cabrón. Pero una vez pasa el mal rato es una pasada. Me corrí como una loca.
J: Irene te envidia mucho por eso. Según me ha dicho lo han intentado muchas veces y no hay manera.
S: Cada cuerpo es un mundo. También te digo, al día siguiente veía las estrellas cuando me sentaba.
E: Me lo imagino.
S: ¿A ti te gusta hacer anal, Elena?
E: Sí. Con Javi es muuuuuuy fácil. Me cuida muchísimo y se toma su tiempo para no hacerme daño.
S: Mmm, despacito. Muy bien.
E: Y fuerte también. Cuando ya estoy cachonda perdida y acostumbrada se lo pido yo.
S: Y él te revienta.
E: Uff… Me empotra bien.
S: ¿Y no te hace daño con esa polla? Que no se la he visto aún, pero viendo como se le marca la erección…
E: Apenas. Es un dolor muy soportable y el placer que me da lo compensa.
S: Mmm… ¿Y crees que podrías con la de Mario?
E: Ni idea. Es que ni si me lo hiciera igual que Javi sería lo mismo, porque lo importante es la persona.
S: Ya veo. ¿Y piensas probar algún día?
E: No sé. Ya veremos -dijo sin estar muy convencida.
S: A él le encantaría. Alguna vez habla de ti diciendo lo mona que eres y cómo le pones.
E: Ya, jejeje -dijo sonrojándose.

Nos quedamos en silencio con Elena un poco cortada, mirando al suelo hasta que dirigió la mirada a mi polla, la cual estaba ya morcillona por la conversación que estábamos teniendo.

E: Mira, Sofía. Mi chico ya está poniéndose a tono.
S: Mmm… Eso parece.
E: ¿Quieres ver como se le pone durísima en nada?
S: Claro, jajaja.

Entonces Elena se subió encima de mí como solía, para empezar a besarme con un morreo muy guarro, el cual duró pocos segundos porque de inmediato fue a por mi cuello. Como siempre que hacía eso, me empezaba a generar escalofríos por mi cuerpo, desde mi cintura, subiendo por toda mi espalda, propagándose por mis brazos y nunca, haciendo que se me erizara hasta el pelo. En cuestión de 30 segundos ya tenía una erección exagerada y Elena se levantó de mí para señalar mi erección mirando a Sofía.

S: Madre mía…
E: ¿Has visto? Jajajaja.
S: Pero, ¿tan rápido?
E: Es magia, jajaja.
S: Ya veo, ya…
E: Pero creo que puede ponerse más dura aún.
S: ¿Más?

Miré a Elena medio extrañado y sorprendido porque parecía muy segura de sus palabras y mi erección ya era muy fuerte. No tenía ni idea de lo que tenía en mente, pero rápidamente saldría de dudas.

E: Ponte aquí Sofía -dijo señalando a mi lado libre en el sofá.

Sofía se levantó y se puso donde le dijo Elena. Elena se puso de rodillas sobre el sofá, sentándose en sus talones, poniendo sus manos en sus muslos, con cara de traviesa. Sofía esperaba a que Elena siguiera con su plan y así lo hizo cuando se incorporó un poco, cogiendo una mano de Sofía para que se pusiera como ella. Una vez ambas estaban así, mi chica cogió a Sofía de la cara con dulzura y acercó su cara a la suya, mirándome a mí de reojo, ya que estaba entre las dos.

E: Es que a Javi le pone mucho verme con otra chica.
S: Pues por mí no te cortes. Soy la que más quiere que pase algo ahora mismo… -dijo acabando con voz entrecortada.

Elena lanzó una risita muy dulce y acercó más aún su cara a la de Sofía para darle un tímido pico. A Sofía le entró una risa tonta una vez Elena se despegó de ella. Mi chica me miraba de reojo y seguramente estaría rojo de la excitación, porque notaba mucho calor por la cara. Me tomé la libertad de poner mi mano en el culo de Elena y acariciárselo porque necesitaba sentirla de lo caliente que estaba.

Elena soltó a Sofía para darle un buen trago a su copa y volvió a ponerse como estaba. Nos miraba a ambos sonriendo con tono travieso y ambos estábamos expectantes de lo que iba a hacer a continuación. Decidió volver a la acción acariciándome la cara, para luego dibujar mis rasgos con su dedo de manera muy suave, casi haciéndome cosquillas. Sofía alternaba su mirada entre Elena y yo, mirando sus tetas, estando ella marcando los pezones bajo su camiseta, por lo que tenía que estar muy excitada, al igual que Sofía, quien también los marcaba. Ambas iban sin sujetador, como Irene, porque estábamos casi en pijama al ser tan tarde y querer ponernos cómodos.

E: Es muy guapo, ¿a qué sí Sofía?
S: Sí. Tu chico es un encanto.
J: Tú también lo eres, mi vida -susurré.
S: Sí. Elena es una preciosidad. Dan ganas de comérsela a besos.
J: Sí. Me pasó el primer día que la vi.
E: ¡¿Y por qué no lo hiciste?! -dijo divertida con tono de reprimenda.

Me quedé un poco cortado por no esperarme su salida, aunque sonreí porque me hizo gracia.

E: Es que era taaaaan tímido… -dijo mirando a Sofía.
S: Pues has tenido suerte de que volviera a tu vida, Javi.
J: Me arrepiento muchísimo de no haberle dicho nada cuando pude…

Después de unos segundos en silencio, Elena continuó con sus caricias, aunque poco duraron porque seguía con ganas de guerra.

E: Bueno, vamos a ponerle más duro…

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