SYLKE & RAÚL

CAPÍTULO 2

Lo primero que veo es que esa “Webcamer” tiene miles de seguidores y en las fotos que posee en abierto, no se la distingue del todo bien porque además tiene antifaces o su cara se ve difuminada…  Supongo que asociándote a esa cuenta y pagando se verá algo más, aunque no estoy seguro, pues eso suele ser un reclamo y los tíos acabamos cayendo como tontos. Más abajo veo su biografía que no tiene nada de especial, que es de Bilbao, que es joven, buenas domingas… veo también lo que le pide la gente cuando chatea con los usuarios, que es lo típico “mostrar tetas” “coño”, etc. Lo típico que pide cualquier chico/a. Al ver que no tiene nada especial voy a cerrar la ventana y volver con ellos, pero en ese momento me percato de que tiene un apartado con un video gratis y claro la intriga me puede, a pesar de negarlo yo mismo con la cabeza, pero acabo pinchando y aparece solo ese video, con un título de lo más que sugerente: “ME FOLLO AL REPARTIDOR DE PIZZAS”.

Lo abro y la primera escena que sale es la “webcamer” en cuestión, sentada en un sofá con una máscara roja tapándole media cara, sus labios gordos y carnosos pintados de un rojo intenso, que no niego, pueden parecerse a los de mi cuñada, lo mismo que su larga melena morena, pero claro, eso no es nada contundente… veo que lleva puesta una bata cortita de color azul grisáceo. La chica está realmente buena, más o menos de la estatura de Marel y con su cuerpo muy similar, sobre todo esas tetas que es lo que más destaca. Al ver sus ojos penetrantes de color verde debajo del antifaz, no puedo evitar pensar en cuanto se parecen a los de mi cuñada… ¡Joder, mi socio me ha dejado lleno de dudas! ¿Tendrá razón Ander al final?

Avanzo un poco el video y aparece ella en cuclillas tocándose por encima de la bata, pero se sigue sin ver nada. Hasta que me piden pasta, si quieren que siga viendo… ¡Joder, nunca hago eso! Pero meto los datos de mi tarjeta y sigo avanzando el video hasta donde aparece el repartidor que le entrega la pizza a la chica. El audio no se oye precisamente muy bien, supongo que ella no quiere ser reconocida y el micro debe estar alejado, tampoco se les distingue demasiado porque la cámara está a mucha distancia de ellos, pero aun así se ve claramente como esa chica tontea con el pizzero y parece que discuten por el tópico de que ella no tiene dinero suelto, siendo la opción más lógica pagarle con sexo. Nuevo cartelito exigiendo el pago que resuelvo con mi tarjeta nuevamente para seguir visionando. La webcamer, se despoja de la bata, quedándose en un sexy sostén rojo, y un culote del mismo color, junto con unos botines de tacón negro muy fino. Está realmente buena y cada vez son más los parecidos con mi sensual cuñada. El repartidor le empieza a tocar las tetas por encima y ella en cada momento tiembla y no es precisamente porque tenga frio sino me doy cuenta que existe una opción extra y es que dentro de esa braga sexy que tiene lleva introducido un lush que se puede controlar a distancia mediante un móvil o en este caso lo conectas al ordenador y mediante unas monedas virtuales que utilizan los usuarios para excitarla. Como en este caso, el video está grabado, no se puede usar ese extra, pero supongo que existe la opción en vivo. ¡Joder, está todo pensado!

De vez en cuando detengo el video, para ver si hay algún resquicio que me permita ver si realmente se trata de ella, son muchas las coincidencias, está claro… sus ojos verdes, sus labios, joder, esas inmensas tetas y ese culazo tienen mucha similitud, pero claro, no quiero ser como Ander, que ve el parecido al instante…  Sigo avanzando el video en el que me vuelven a pedir pago, es bastante largo y lo pongo en pausa de nuevo en el momento que esa sexy webcamer se la está mamando al repartidor en cuclillas de espaldas a la cámara. Mi polla inmediatamente se empieza a tensar imaginando que ella es realmente mi cuñada y yo soy el repartidor… Joder, con imaginar esos labios de Marel, rodeando mi polla hacen que se me ponga realmente dura.

La chica del video coge un condón que tiene en la mesita que hay a su derecha, lo coloca en su boca y lo introduce en el miembro del repartidor sin usar las manos… joder, al ver esa escena, mi polla se pone durísima a tal punto que casi reviento el traje de baño y me acaricio por encima, sin dejar de ver a otra que no sea mi cuñada. La webcamer en cuestión, la sigue mamando hasta el chico la coge del brazo, la pone contra la pared, siempre sin que se le vea la cara, pero si su espectacular cuerpo, le baja la braga y la penetra fuertemente ya que se oye como gime de placer, a tal punto que tengo que bajar el sonido del portátil, para que no lo escuchen desde fuera. Nunca he escuchado gemir a Marel, pero creo que lo haría exactamente así… Sigo mirando embobado esa escena y veo como el repartidor la embiste tan fuertemente que en un momento dado sus tacones golpean contra el parquet de la casa, levantándola en el aire en cada embestida. ¡Joder, ese es exactamente mi sueño con ella!

Estoy tan absorto con el video que no me doy cuenta que mi chica aparece justo detrás de donde estoy, pero con la suerte de que la veo por el reflejo del monitor y cierro rápidamente el portátil. Al ver esa reacción Mar me dice:

–        Cari, ya estás viendo alguna modelo nueva para tu web ¿eh picarón? jajaja.

–        Si. – contesto riendo.

–        Ya me la enseñaras, que voy al baño. – me dice encaminándose a la planta de arriba.

Mi mujer por suerte no es nada celosa y siempre le enseño muchas fotos y videos de chicas que podrían encajar en algún perfil de nuestro negocio, porque incluso ella me da su opinión, como mujer, en este caso, no tengo tan claro lo de enseñarle este video con esa chica que es clavadita a su hermana. Eso sería tremendo y no sé cómo se lo podría tomar. Yo siempre le consulto todo cuando contratamos una modelo nueva, incluso sabe que tengo sexo con alguna de ellas, sin embargo, ahora, me parece estar haciendo algo malo y no soy capaz de enseñarle a esa chica que tanto se parece a Marel.

Veo como Mar sube las escaleras de dos en dos, mostrando ese culito precioso que tiene y que luce con esa braguita negra del bikini. Luego me giro y veo por el ventanal que Marel e Igor están hablando sentados en el sofá, dándome la espalda. Parece que están discutiendo… pero entonces aprovecho para subir a la planta superior y terminar de ver el video de la webcamer… estoy intrigadísimo. Desde luego, si no es mi cuñada, se le parece un montón y ese simple hecho me pone como un toro.

Subo a la habitación y veo que mi chica tiene la puerta del baño entreabierta y observo su bonito cuerpo apoyado contra el lavabo. Esa imagen de ver a mi preciosa mujer al natural mirándose en el espejo, retocándose el pelo, me gusta tanto que por un momento me olvido del video y tiro el portátil sobre la cama. Mar está guapísima con ese bikini, con su culito respingón sacado hacia atrás y esas tetas no muy grandes pero que me encanta amasar… Me acerco por detrás y le empiezo a dar besitos por el brazo llegando a su cuello, juntando mi pelvis en su culo.

–        ¡Huy cielo, como andas! – me dice viendo mi cara lasciva reflejada en el espejo junto a la suya y mi polla dura contra su culo.

–        ¡Estás buenísima! – la digo susurrante al oído.

–        Cari, amor… para, que me estas poniendo cachonda. – me dice ella sacando su culo, queriendo empujarme hacia atrás para que me separe, pero eso hace que mi polla se tense todavía más entre sus posaderas.

–        Eso es lo que quiero cielo y encima yo también estoy muy cachondo.

–        A saber, qué estabas viendo tú en el portátil… algún video guarro – me dice risueña – ¿tan caliente estás?

Para demostrarlo cojo su mano y la coloco encima del traje de baño pudiendo notar mi abultado paquete.

–        Huy… sí que estás a tope, Aritz… – me dice apretando esa polla que parece querer explotar.

–        Es por tu culpa…

–        ¿Seguro? ¿No será por esa putita del video?

–        Te prefiero a ti. – digo mordiendo ligeramente su cuello.

–        Bueno, seguro que ella es más joven y con más tetas.

Las palabras de mi mujer me encienden todavía más, porque no puedo evitar comparar a la chica del video con mi cuñada.

–        No podemos, cari, que está mi hermana e Igor esperándonos abajo. – sigue disuadiéndome mi esposa

–        Estoy muy burro… Mar.

–        Ya te veo, pero luego cuando se vayan, soy toda tuya, amor… anda…

–        Pero están abajo, mujer y mira como estoy, venga, uno rapidito Mar que estoy muy cachondo y voy a explotar.

–        Sí que te ha puesto lo que has visto en el ordenador… seguro que merece la pena la chica, me la tienes que enseñar. – me dice intrigada, aunque no quiero ni pensar si descubriera ese parecido de la webcamer con su hermana.

Yo no estoy para juegos, necesito apagar este calor que me tiene tan tenso… Ella se hace un poco de rogar, pero al final mis caricias y mi polla dura, la hacen ceder a mis ruegos. Se arrodilla ante mí y con esa sonrisa perversa que tiene y jugando con su lengua como si se estuviera relamiendo, baja mi bañador y agarra mi tronco.

–        Cari, sí que la tienes dura. Parece más grande que nunca. – Me dice sonriéndome mientras se relame.

A Mar le encanta chupármela y empieza a descapullármela con tanta delicadeza que cuando ve mi glande empieza a darle besitos muy suaves, y después con su lengua recorre toda mi polla hasta llegar a mis huevos y darle también unos besitos como solo ella sabe hacer.

–        Mar, joder si sigues así me voy a correr antes de que me la comas.

–        Jajaja, ¿no te gusta cari?, bueno… voy a ser buena – me dice con esa sonrisa picarona que tiene.

Abre la boca y poco a poco se introduce mi miembro, notando como su lengua se mueve de un lado a otro recorriendo gran parte de mi tronco, poniéndomela más dura de lo que está, mientras Mar me está haciendo una de las mejores mamadas de su vida. Ella es muy buena haciendo eso y me pregunto si su hermana tendrá ese don… lo cierto es que Mar no ha conseguido tragársela entera nunca, pero es una mamadora bestial. Pienso de nuevo en el video de la webcamer de como el repartidor le agarraba de la cabeza para que se la comiera entera, y así estoy imaginando esa escena, cuando salgo del trance debido a que Mar me está dando golpes en el pecho. Y veo cómo sale de mi polla tosiendo y está embadurnada de saliva por la presión que he ejercido agarrándole la cabeza a mi mujer.

–        Joder, cari… casi me ahogas. – dice ella tosiendo y respirando con dificultad.

–        Uf, lo siento mi amor, me dejé llevar…

La ayudo a levantarse y le doy un suave beso en sus labios disculpándome de nuevo, sé que mis besos la vuelven loca…  Pero quiero correrme dentro de ella… entonces giro su cuerpo con facilidad, hasta ponerla de espaldas a mi contra el lavabo y le bajo de golpe la braguita del bikini, le separo las piernas y le abro el culo con mis dedos para intentar penetrarla por ahí, pero a pesar de que empujo, me resulta imposible debido a lo cerrado que está, lo intento, en varias ocasiones, mientras le oprimo una de sus tetas… y ella me dice mirándome por el espejo.

–        Para cari, ya sabes que cuando estoy en tensión me es imposible por ahí. No podemos…

–        ¡Joder! – Exclamo yo, totalmente fuera de mí.

Sin previo aviso, bajo mi polla un poco más abajo y se la introduzco por el coño notando como se abren sus paredes vaginales hasta que hago chocar mi tranca contra su útero de una embestida que casi la sube en el aire.

–        ¡Uf, cabrón, que gorda la tienes!, ¡qué gusto! –  me dice ella cerrando los ojos y apretando sus manos contra el lavabo.

Entonces empiezo con un mete-saca fuerte a la vez que le agarro las tetas por debajo del bikini, oyéndose sus gemidos entrecortados y mis claros bufidos en cada embiste, la estoy taladrando bruscamente, tan fuerte, que Mar se tiene que aferrar a los bordes del lavabo para no acabar estampada contra el espejo. Noto mi polla crecer y crecer dentro de su estrecho coño y sigo perforándola sin compasión cuando de pronto descubro a través del espejo del baño que hay una sombra junto a la puerta, justo detrás de nosotros. Por un momento mi mirada queda fijada en esa sombra, pero sin dejar de follarme a Mar y mientras se escuchan nuestras agitadas respiraciones y el choqueteo de mi pelvis contra el precioso culo de mi mujer. Mis embistes son frenéticos sin borrar de mi mente a la chica del video y sigo penetrando el coñito de Mar disfrutando de su estrechez, cuando vuelvo a levantar la vista, adivinando quién está detrás y permanezco quieto con mi polla insertada al completo. Es en ese momento cuando descubro que alguien nos está observando y en ese instante distingo la conocida figura de Marel en la puerta, con ese bikini blanco… la cosa dura apenas unos segundos, porque empiezo a escuchar los gemidos de Mar que se está corriendo con mi verga totalmente insertada.

Estoy desbocado y sigo follándola, escuchando sus intensos gemidos de placer, pero el hecho de que mi cuñada haya podía espiarnos mientras me follo a su hermana, me enciende más, a tal punto que le doy una última estocada profunda aferrándome a sus caderas y me corro llenando de abundante leche todo su coño, en una corrida como pocas veces…

–        Uf, cari, como estabas… – me dice jadeante Mar acariciando con mimo mi nuca.

Cuando mi mirada se vuelve a posar en el espejo ya no hay nadie observándonos.

Mi mujer se recompone tras ese polvazo, agradeciéndome ese placer que mutuamente hemos tenido y decidimos bajar de nuevo al jardín. Cuando nos acercamos veo a mi cuñada nuevamente discutiendo con su marido, en la misma posición en que la había visto, antes de subir… pero ¿entonces ella realmente subió o fue mi mente calenturienta?

–        Hola chicos, ¿todo bien? – dice mi mujer en cuanto aparecemos y ellos dejan de discutir.

–        Sí, sí… – responde Marel apurada y me echa un ojo a todo mi cuerpo y especialmente a mi entrepierna.

Luego nuestras miradas se cruzan y parece estar diciéndome que era ella la que nos espiaba… aunque sigo pensando si realmente la vi reflejada en el espejo o fue una traición de mi mente. Todo esto me está alterando, pero ya no sé qué es ficción y es realidad, pero noto en los ojos de Marel, una mirada de deseo o ¿es realmente lo que yo quiero ver? Estoy obsesionándome demasiado y me planteo si va a ser buena idea haberla contratado y tenerla todo el día tan cerca, ¡uff…!

Empiezo a repartir otra ronda de chupitos, porque me encanta el brillo que van tomando los ojos de mi cuñada.

Nos sentamos en las hamacas disfrutando de la buena tarde en el jardín, charlando animadamente, salvo mi cuñado que apenas interviene, pero yo disfrutando además de las vistas que me ofrece mi cuñada, con ese bikini tan diminuto, parece estar desnuda, tan solo un pequeño trozo de tela tapando sus pezones y abajo una braguita pequeñísima que cubre su rajita, pero en la que se adivinan los labios de su vulva. Ella nota que mis miradas son cada vez más intensas y lascivas, pero es que no lo puedo remediar, desde que he visto a la chica del video y la posibilidad de que mi cuñada observase como me follaba a su hermana, además de ese bikini tan pequeño…

–           ¿Otra ronda? – pregunto con mis ojos clavados en los de Marel.

–          Uf, vas a conseguir emborracharme, cuñado. – responde ella, pero estira su mano para que se lo rellene.

–          ¿Y de qué tienes miedo? – pregunto sin poder evitar abstraerme con sus preciosas tetas.

–          Cuando bebo, suelto la lengua y digo demasiadas verdades… – responde ella, más animada cada vez.

–          Mientras solo sea eso. – añado.

–          Ya, pero hay cosas que no se pueden contar…

–          ¿Algún secretillo, cuñada? – pregunto al recordar las escenas de la “webcamer”

–          No, ninguno importante… – responde, pero noto que se ruboriza más de la cuenta.

–          Nosotros no tenemos ningún secreto, ¿verdad cari? – interviene mi mujer.

–          Claro que no. Nos lo contamos todo. – afirmo, aunque noto mi turbación pues no soy capaz de decirle que estoy loco por su hermanita y hoy más que nunca.

–          Bueno, todo el mundo tiene sus secretillos, no sé sus fantasías. – añade Marel.

–          Ah, si es por eso, también nos las contamos. – comenta Mar – Aritz y yo hablamos siempre de nuestras fantasías y nuestros fetiches más íntimos… de hecho no me importa confesaros eso a vosotros.

–          Venga, dispara, cariño. – la animo yo, sabiendo que Mar va lanzada.

–          Vale – dice ella – pero con la condición de que todos cuenten al menos una suya.

–          ¿Una fantasía sexual? – pregunta Marel con los ojos como platos.

Antes de que nadie se eche a atrás, sirvo una nueva ronda de chupitos y miro la cara de mi cuñado que, aunque niega con la cabeza por esa ocurrencia, no puede remediar sentir curiosidad por saber todas y cada una de nuestras fantasías o fetiches sexuales.

–          Vale, empiezo yo – dice Mar – mi fantasía sexual o mejor dicho lo que más me pone de todo es que me follen duro, sobre todo por el culo.

–          ¿Por el culo? – pregunta Igor escandalizado.

–          Sí, ¿qué pasa? A mí me pone que me den mucha caña y me partan el culo salvajemente, es tan excitante… – añade mi mujer, lo que provoca que mi polla empiece a palpitar.

Miro a los ojos a mi cuñada y veo que debe estar imaginándolo, ya que posiblemente esa también debe ser una de sus fantasías, aunque no sé si será de las incumplidas.

–          Ahora tú, cari. – me anima Mar.

–          Bueno, mi fantasía es doble, como fetiche, follar a mi chica con los zapatos de tacón puestos y ninguna prenda más.

–          ¿Desnuda? – pregunta Marel mordiéndose el labio inferior.

–          Exacto, totalmente desnuda y solo con tacones, es algo que me pone muchísimo. – añado yo recorriendo la preciosa anatomía de mi cuñada.

–          Es cierto. – afirma Mar – tengo una buena colección de zapatos de tacón, ¿verdad, amor?

–          Sí y a raíz de eso, cumplir la fantasía de Mar y la mía propia que es follar duro, sobre todo cuando es un culito tan bonito como el de Mar.… bueno el de Marel no está nada mal tampoco… – añado envalentonado, mirándola con descaro y dando un sorbo a mi chupito.

Por un momento hay un gran silencio, con la cara de pocos amigos de Igor y por otro con los pezones duros marcados bajo la tela del bikini de mi cuñada… entonces continúo:

–          Me encanta follar a una chica desnuda con los tacones puestos y levantarla con fuertes embestidas, para que sus tacones suenen contra el suelo cada vez, empotrándola contra la pared o en volandas. Eso me excita muchísimo.

Mi cuñada permanece callada, pero con su vista clavada en mi entrepierna, debiendo imaginar cómo debe ser verse empotrada, así, como lo relato.

–          Venga ahora tú, hermanita. – anima Mar a Marel que parece impactada.

Ella baja la mirada, da un sorbo a su chupito y luego mira a su marido, para acabar confesando:

–          Mi fantasía es incumplida… pero me gustaría mucho que me vieran, no sé en plan exhibicionista, que me vieran follar… – Eso ultimo lo dice con su vista clavada en mis ojos, esperando ver mi reacción.

–          Tú estás loca – comenta su marido con su sonrisa burlona.

–          Bueno, es una fantasía. – añade Mar queriendo apoyar a su hermana.

Esa confesión de mi cuñada, pone más cerca la teoría de Ander sobre esa “Mayder” misteriosa.

–          Ahora, tú, cariño. – le dice Marel a su esposo.

–          Yo no tengo fantasías. – comenta absurdamente.

–          Bueno, todos las tenemos, otra cosa es que no te atrevas a contarla. – le reto porque sé que es muy chulo y muy competitivo.

–          No sé, me gusta mirar a la gente. – afirma.

–          ¿Follando?

–          Sí, claro…

–          En plan voyeur. Bien, ¿veis que fácil es decir la verdad? – añado yo, chocando mi chupito con el de Mar y dándonos un piquito, pero la otra pareja no nos imita.

Un rato más tarde, ellos deciden marcharse, se nota que están tensos, sin duda mi cuñado sigue desaprobando la contratación de su mujer en mi empresa, no sé si por mí o a lo que me dedico… pero por un lado me alegra seguir torturándole. Y entonces le cuento a Marel.

–        ¿Sabes cuñadita? Ander me ha dicho que puedes dar muy bien el perfil para el trabajo.

–        ¿Ah sí?

–        Por supuesto y estoy de acuerdo con él. – añado.

En ese momento Marel se vuelve a apoyar en mi costado pegando sus tetas en mi brazo y dándome un beso de agradecimiento en la mejilla muy cerca de mis labios.

–        Gracias, cuñado. –  me dice en tono meloso.

Yo me quedo flipado viendo ese culito saltarín que va camino de casa junto a mi esposa dispuestas a cambiarse y yo termino de recoger un poco todo en el jardín, sin hacer mucho caso a mi cuñado, que por cierto tampoco hace nada por echarme una mano.

Meto en casa los platos y entonces escucho a las chicas hablar y reír en la planta de arriba. Subo sigilosamente otra vez para que no me oigan y me quedo en el pasillo de arriba, viendo la puerta ligeramente abierta. Se las escucha perfectamente. Me quedo completamente quieto y atento a su charla. Hoy me estoy convirtiendo en todo un cotilla de las dos hermanas.

–        Es que ya sabes cómo se pone Igor… – distingo la voz de Marel hablando a su hermana.

–        Pero no le hagas caso, ya sabes cómo es… Tú haz lo que realmente quieras hacer, hermanita – dice mi esposa.

Las veo moverse por la habitación mientras charlan, aunque no distingo bien porque la puerta apenas está abierta unos centímetros, van y vienen y mi corazón se desboca temiendo que me pillen ahí en medio del pasillo agazapado.

–        Vaya cuerpo que tienes todavía – oigo decir a Marel a su hermana mayor.

–        ¿Cómo que todavía? – responde la otra ofendida y oigo como un azote y las risas de ambas.

Veo pasar a mi mujer por el hueco que me permite la puerta y veo que está en pelotas, pero no distingo gran cosa. Solo pienso si también estará mi cuñada desnuda.

–        Ay, no mujer… digo que estás muy bien conservada, eres toda una MILF. – añade Marel.

–        ¿Ah sí?

–        Por supuesto, bueno, supongo que Aritz estará loco con ese cuerpo.

–        Pues sí, no me quejo, al contrario, en cuanto me pilla…ya sabes. Sé que le pongo mucho y se excita conmigo a cada momento. – responde mi mujer.

–        ¡Qué suerte!, aunque no me extraña.

–        Pero bueno, Marel, ¡Mira quien habló! Si tú no excitas a tu maridito con ese cuerpazo, ya me dirás…

Ahora es el cuerpo de mi cuñadita el que pasa por ese hueco y casi veo fugazmente su desnudez y uno de sus pezones apenas un segundo y después al volver veo su culo libre de ninguna prenda. Joder, sigo escondido y mi corazón latiendo a tope, al tiempo que mi polla empieza a despertarse de nuevo por la situación y acaricio esa dureza por encima del bañador.

–        Sí, supongo que sí, pero menos de lo que yo quisiera. Te envidio un poco, Mar.- añade mi cuñada.

–        Te entiendo… ambas somos de sangre caliente y si no nos dan caña…

–        Pues que suerte Mar, que tu chico sea así de activo… tener así alguien que te mantenga viva y te de caña.

–        Eso es lo que te falta a ti, que te den caña… porque lo demás, hija mía, vaya cuerpazo, ahí me ganas.

–        ¿Tú crees?

–        Mujer, aparte de ser diez años más joven que yo, tienes un cuerpo tan bien formado, más alta y esas tetas… que, si las tuviera yo, Aritz me estaría follando a cada rato.

–        ¿A Aritz le gustan las tetas grandes? – pregunta directamente Marel.

–        Sí, le vuelven loco. No tiene queja de las mías, pero siempre dice que, si tuviera unas tetas como las tuyas…

–        ¿En serio te ha dicho eso?

Mi polla se tensa al escuchar esa pregunta y me dan ganas de sacármela y empezar a meneármela, pero en ese momento casi me da algo cuando escucho otra pregunta de Marel a mi mujer:

–          ¿Puedo hacerte una pregunta muy íntima?

–          Claro, boba, parece mentira… – responde Mar.

–          ¿Aritz la tiene grande?

–          Sí, larga y gruesa… me vuelve loca esa polla. ¿Te gustaría verla?

Por un momento hay un silencio tan largo como la tensión que noto en todos mis músculos.

–          ¡Que idiota eres! ¿Cómo voy a vérsela? – dice por fin mi cuñada y se escucha un azote que sin duda le ha plantado a la otra.

–          Pues seguro que no le importaba enseñártela… Aritz haría lo que le pidieras. – afirma Mar, dejándome aún más descolocado.

Hay otro silencio largo entre las hermanas y Marel vuelve al ataque:

–          Entonces, Mar, si Aritz la tiene grande ¿no te hace daño cuando te da por detrás? – pregunta alarmada.

–          ¿Cuándo me la mete por el culo? La verdad es que a veces sí, porque es un bruto, pero cuando más duro me da, el dolor se convierte en placer… es algo increíble… pero Marel, no me digas que tú por ahí no…

–          No, yo no. Se lo pedí a Igor alguna vez, pero no quiere.

–          ¿Entonces tienes el culo virgen? – pregunta esta vez mi esposa sorprendida.

–          Pues sí.

–          Pues no sabes lo que te pierdes.

Al oir eso, noto otro espasmo de mi polla, pero viendo que ya se están prácticamente vestidas, no puedo aguantar más tiempo en mi escondite, por lo que decido bajar y menos mal, porque dos minutos después descienden las escaleras las hermanas y nos despedimos de la pareja que se va de nuestra casa.

–        Cuídamela, ¿vale, cari? – me dice mi esposa cuando desaparece el matrimonio por la puerta refiriéndose a la contratación de su hermana en mi empresa.

–        Claro que sí.

–        Ya sé que la quieres mucho. – añade entornando los ojos.

Paso la noche intranquilo, me cuesta conciliar el sueño con todo lo sucedido en un día tan explosivo, tan extraño… para empezar mi cuñada ya no me ve como el malo de la película y sí algo más a su marido, algo que por cierto me encanta. Por otro lado, sigo sin entender que ese inútil no le esté dando la caña que ella necesita… una mujer tan sexy y tan ardiente, es inexplicable. Y luego el tema del video y esa cuenta misteriosa, dándole vueltas pensando si realmente es ella. No logro quitármelo de la cabeza.

Al día siguiente estoy en mi despacho y mi secretaria, Pili, me anuncia una cita.

–        Buenos días, está aquí Marel, tú cuñada.

–        Gracias, Pili, hazla pasar.

Cuando Marel aparece por la puerta vuelvo a sentir un cosquilleo extraño en mi entrepierna, porque está espectacular. Lleva un traje de chaqueta y falda de ejecutiva muy ceñido de color blanco que marca asombrosamente sus curvas, especialmente el volumen de sus pechos bajo su blusa blanca, con un gran escote y unas medias finas hacen lucir sus largas piernas, rematadas con unos botines de tacón alto… ¡Coño, por cierto…!, ¡cómo se parecen a los del famoso video! – pienso.

–        Hola Aritz, ¿puedo pasar? – me dice desde la puerta, esa ricura mostrándome su bello rostro.

–        Claro, pasa, guapa. – la digo levantándome educadamente, pero al mismo tiempo para observar sus andares caminando hacia la silla que tengo enfrente.

Mi preciosa cuñada parece querer agradarme pues sus movimientos son del todo sensuales, como lo es ese increíble cruce de piernas al sentarse.

–        ¡Qué grande es todo esto! – me dice mirando a su alrededor.

–        Por supuesto, ya sabes que aquí lo hacemos todo a lo grande.

–        Sí, Igor me decía que en qué cuchitril me ibas a meter…

–        Mujer, yo no te iba a meter en ningún cuchitril. Tú te mereces mucho más… todo a lo grande- añado con todo el doble sentido.

–        Gracias, cuñado.

–        Yo había pensado que podrás tener tu propio despacho.

–        ¿En serio? Ya me has buscado algo que pueda hacer…

–        Pues aún no, te enseñaré todo esto primero y luego lo vemos, pero antes, me puedes echar una mano, con un asunto que tengo pendiente y tú dominas el inglés…

–        Pero tú también lo hablas.

–        Sí, pero no tan fluido como tú.

–        Pues, dime, Aritz… a tus órdenes.

–        Verás, en esta carpeta aparecen varios dosieres de modelos internacionales para nuestros productos de lencería erótica.

Le entrego el dossier y ella lo abre observando los distintos currículums de chicas, con fotos de cara y cuerpo con lencería como la que distribuimos en nuestra web.

–        Son casi todas extranjeras… – dice ella asombrada.

–        Claro. Por eso hay algún detalle técnico en su ficha que necesitaría traducir.

–        Por supuesto, pero,  ¿no hay chicas aquí para hacer ese trabajo?

–        Bueno, no es tan fácil, Marel, las modelos de lencería normal no tienen curvas, ya sabes, les falta pecho y las agencias de modelos se dedican a eso y no a lencería erótica. No hay tantas agencias de modelos específicas de eso y tampoco chicas que den el perfil y que estén dispuestas a aparecer en una web con modelos tan “hot”.

–        Ya veo. Entonces estas chicas. estarán muy cotizadas. ¿No?

–        Mucho, su caché supera en algún caso los 3000 por sesión.

–        ¿De verdad?, ¿3000 euros por sesión? – pregunta con los ojos muy abiertos.

–        Sí, hay sesiones de varios días, así que se levantan una pasta en un mes. – añado.

Me levanto y me pongo junto a ella para irle comentando cada una de las candidatas y ella me va traduciendo la experiencia profesional de cada una.

–        Esta es Ingrid, alemana, ya trabajó para nosotros – comento – es de las más caras.

–        Es muy guapa… y tiene unas tetas grandes.

–        Como las tuyas… más o menos. – digo con descaro escaneando su gran escote y veo que Marel se pone muy roja.

Por un momento pienso si me he pasado, pero por su sonrisa, no lo parece.

–        Aritz ¿tú me verías haciendo algo como esto? – dice de pronto señalando las fotos que va viendo en el dossier, en el que una chica muestra un corsé de látex semitransparente a la altura del pecho en donde se ven claramente los pezones.

En ese momento me viene a la memoria el famoso video de la webcamer y no estoy seguro de si se hace la inocente o es que definitivamente no es ella.

–        Bueno, ya te digo que no hay muchas candidatas… Yo si te veo con un perfil perfecto para ti… pero te hago la pregunta al revés… ¿Tú te verías capaz?

Marel no me responde y sigue repasando cada dossier, viendo chicas de todo tipo, inglesas, italianas, rusas… y se asombra por los modelos de lencería que lucen… Justo cuando parece que va a decir algo, llaman al móvil. Veo que es mi socio y me retiro hasta el ventanal para hablar con él.

–        ¡Hombre, Ander! ¿qué tal por Londres? – le pregunto

–        Bien, acabo de salir de la reunión con los japoneses y está hecho, Aritz

–        ¿En serio, colega? – pregunto ilusionado pues era un proyecto complicado.

–        Tengo casi convencidos a Osaka y Nagamoto para expandirnos por todo Japón y empezar en Corea del Sur. Solo falta la confirmación del señor Kimura, el jefazo de Tokio.

Kimura podría ser nuestro gran distribuidor en Asia, pues tiene un holding de empresas increíble y el máximo competidor en el sector en la zona.

–        Perfecto, tío, qué alegría. – le confirmo a mi socio.

–        Tenemos una cena esta noche para cerrar el trato y luego en un mes firmar el contrato allí.

–        ¿Entonces antes de un mes tenemos que ir a Tokio para cerrar el negocio?

–        Claro, además necesitamos alguien que redacte y traduzca los contratos. Si es un pibón como tú cuñada, mejor, con eso les tendríamos ganados, ya sabes lo que les gustan las tetonas europeas.

–        ¡Que cabrón estás hecho! – le digo.

–        ¿Acaso no es cierto?

–        Claro que sí, ¿pero lo dices por su cuerpazo o por su titulación en idiomas?

–        Por ambas, cabronazo, sabes que tiene mucho potencial. -añade riendo.

–        ¿Quién, Marel? 

Al oír su nombre, mi cuñada levanta la mirada de los dossiers y se queda extrañada, porque estemos hablando de ella, pero le hago un gesto quitándole importancia y vuelve a seguir mirando los dossiers. Mientras, Ander sigue charlando:

–        Por cierto, Aritz, hablando de tu cuñada, ¿viste el link que te pasé?

–        Si, joder y vi el video que tenía.

–        Entonces te has dado cuenta de que es ella… – me afirma

–        No lo sé, Ander, sí que hay muchas coincidencias.

–        Mira tío, o es una hermana gemela o es ella.

–        No, las dos hermanas que tiene las conozco bien, jeje…

–        Es ella, aunque no enseñe la cara, el cuerpo es como el que vi la otra tarde en tu piscina.

–        No sé, colega, tienes mucha imaginación.

–        ¿En serio?, ¿Acaso no lo has pensado tú también?

–        Claro, pero no quiero conjeturas, pienso averiguarlo.

–        Y ¿Cómo?

–        Pues de momento ya que me inscrito en esa web. 

–        ¡Joder, cabrón! Te vas a dejar una pasta.

–        Sabes que en eso no tengo problema.

–        Yo tampoco, he acabado pagando una pasta para seguir viendo, jajaja…

Mientras hablo con Ander no aparto los ojos en las piernas de mi cuñada enfundadas en esas medias finas que lleva y que se rozan entre sus muslos. ¡Está preciosa! Y no dejo de pensar en sí realmente es la misma chica del video de la pizza.

–        Vale socio, ya me dirás como va esa cena esta noche. – le comento.

–        Ah, por cierto, he llamado a Tatiana y a Jessica para que coman conmigo y los orientales, ¿no te importa?

Tatiana y Jessica suelen hacer de intérpretes, pero son en realidad dos de nuestras mejores modelos que siempre ayudan a promocionar nuestros productos con clientes importantes. Cobran por horas y son caras, pero ese negocio es importante.

–        Ok, tranquilo Ander, eso ya sabes que lo incluimos en esa subvención que tenemos, jejeje. Y el resto de gastos corren por la empresa, como siempre.

–        Tú sí que sabes… Bueno, en dos días vuelvo a la ofi y si hay alguna novedad me pegas un toque. Por cierto, ¿ya está tu cuñada allí en la empresa?

–        Si, está aquí conmigo. – digo y ella me mira sonriente, pues la observo embobado.

–        ¡Joder qué suertudo! ¡Estará impresionante!

–        ¡Mucho… mucho!

–        ¡Uff! Venga, estamos.

–        Agur y suerte, socio.

Al cortar la llamada veo como Marel ha terminado de ver todos los dosieres de las chicas

–        Bueno, ¿qué te parecen? – le pregunto.

–        ¡Guau, Aritz, son unas chicas muy guapas con unos cuerpos espectaculares!

–        Pues sí.

–        Y además impactan mucho con esa lencería. Es normal que las tengas que buscar en el extranjero, porque aquí será más complicado encontrar chicas tan explosivas y decididas.

–        No te creas porque ahora estoy viendo una muy de cerca. – Le insinúo.

–        ¡Calla tonto, que me lo creo! – me dice sonrojándose.

–        Bueno, Marel, luego seguimos con eso, ahora te voy a enseñar todo esto y tu nuevo despacho.

Me levanto del asiento y ella me sonríe, descruza sus largas piernas y con esos finos tacones se encamina conmigo hasta la puerta. Al salir le digo a mi secretaria.

–        Pili, voy a enseñarle la empresa a Marel. Si hay alguna llamada o alguna cita, avísame al móvil. ¿Vale?

–        Claro, sin problema.

Mi cuñada y yo avanzamos por el pasillo central de nuestras oficinas mientras le voy enseñando todo nuestro negocio y me fijo que el sonido de sus tacones, hace levantar la vista a todo el mundo y es que no hay duda que Marel, es el objeto de todas las miradas.

Le cuento a mi cuñada, mientras paseamos por los distintos departamentos, que nuestra empresa cuenta entre empleados y colaboradores, con más de 250 personas alrededor de todo el mundo, y es muy probable que dentro de un mes superemos los mil, si conseguimos entrar en el mercado americano y oriental que son nuestros próximos objetivos, aunque lógicamente, la mayoría son subcontratas y empresas de distribución.

–        ¡Guau, sois cómo Amazon! – comenta risueña viendo la magnitud del negocio.

–        Bueno, mujer, eso es mucho decir, pero en el fondo sí, se puede decir que somos el “Amazon del sexo” jejeje, aunque el núcleo gordo, como habrás visto está entre estas paredes.

–        Yo… no sé, pensaba que era otra cosa, como me decía Igor…

–        Otra de sus estupideces… – digo sin poder evitarlo y noto que ella no lo niega porque está claro que su marido lo que me tiene es envidia.

Sigo enseñándole las distintas plantas de ese edificio, comentándole que esta empresa se ha creado con la ilusión y mucho esfuerzo desde que la montamos, mi socio Ander y yo.

–        ¿Pero para crear esto…Aritz? – pregunta confundida, viendo tantos despachos y empleados.

–        No te creas, cariño, los comienzos fueron duros, casi partimos de cero, pero nuestro negocio fue innovador, Ander encontró la financiación y puso la pasta, aparte de buscar inversores, mientras que yo puse el talento, jeje…

–        ¡Siempre me has parecido muy talentoso! – me dice sonriendo.

Ambos reímos, aunque pienso si eso lo está diciendo con doble intención. Después le enseño la sala informática o como llamamos Ander y yo “la sala de los frikis”, que son los que se encargan de que todo funcione correctamente, especialmente nuestras diversas webs.

–        Yo pensé… bueno, Igor me comentó que solo vendíais consoladores. – me dice algo apurada.

–        Jajaja… también, veo que tu marido no se entera de nada, porque te puedo decir que nuestro negocio va más allá, tenemos desde juguetes eróticos, pasando por lencería, libros, trabajamos como agencia de viajes, con restaurantes y hoteles especializados, una web de citas, realizamos películas, documentales… como verás, algo más que consoladores.

En la última planta le enseño la zona de área técnica, marketing y producción en donde se encuentra, nuestro laboratorio de I+D, hay también un salón de actos, varios platós de televisión, camerinos totalmente equipados… y precisamente de uno de ellos, sale una chica con una pequeña batita en dirección a un plató que me saluda al pasar.

–        ¡Hola Aritz, guapo!

Cuando desaparece con su taconeo me pregunta muy extrañada mi cuñada por ella.

–        Me suena su cara… es guapísima – dice.

–        Sí, es una de las modelos que habrás visto en el dossier. Está en una sesión de webcamer.

–        ¿Webcamer? – pregunta ella enrojeciendo.

–        ¿Sabes lo que es?

–        Esto, sí, claro…

Su respuesta me deja muy confundido, porque ha parecido dudar y noto su turbación, pero no me atrevo a indagar más y por último la llevo a la zona de I+D. Llamamos a la puerta y al abrirla aparece Elisabeth. Ella es nuestra jefa técnica, que además de llevar el departamento de marketing, es una pieza muy importante en la empresa. Elisabeth, a la que casi siempre llamo “Eli”, es una mujer muy inteligente, pero además es arrebatadoramente hermosa. A sus cuarenta años mantiene una figura increíble, con curvas de infarto, de esas mujeres a las que no les falta ni les sobra de nada, pero lo más llamativo son sus ojos color miel. De pocos es sabido que es bisexual, incluso a mí le costó confesármelo, pero recuerdo que follando conmigo en una ocasión, acabó contándomelo y desde luego sé que las chicas que han estado con ella lo han disfrutado a tope. Estoy seguro de que mi cuñada a la que no conoce le va a impactar.

–        Hola Eli… – la saludo.

–        Hola Aritz – me interrumpe justo cuando iba a presentarle a mi cuñada – menos mal que has venido, porque el plug anal que estamos innovando es una maravilla, está terminado y creo que va gustar mucho a chicas y chicos. Estamos listos para la sesión de fotos.

–        Claro…

–        ¿Ella es la modelo para que lo pruebe? – me pregunta señalando a Marel.

–        No, no, jajaja… – respondo riendo mientras mi cuñada baja la mirada – ella es Marel, mi cuñada, la nueva chica del departamento internacional, te hablé de ella esta mañana ¿recuerdas?

–        Oh, sí, qué tonta… perdona Marel – responde Elisabeth dándole dos besos, pero sin evitar echarle una ojeada a todo su cuerpo y un brillo delator de sus ojos. Desde luego tiene buen gusto.

–        Eli, ya sabes, ella se encargará para que vosotros le digáis las tendencias que hay en otros países por si os puede ayudar en la parte técnica también. – le explico.

–        Claro, perdóname otra vez, chica… pero es que te he visto tan guapa y con ese cuerpo espectacular… – dice admirándola de arriba abajo.

–        Eso digo yo. – añado riendo.

–        Gracias – responde mi cuñada avergonzada.

Eli no puede dejar de admirar los preciosos ojos de Marel, así como sus grandes tetas, tal y como esperaba porque no hay duda de que se ha quedado prendada de la belleza de ese bomboncito.

Nos despedimos de Eli y nos dirigimos al nuevo despacho que tengo preparado para mi cuñada.

–          Bueno ¿Qué te ha parecido Eli? – le pregunto.

–          ¿Elisabeth? Muy maja, la verdad… y además muy guapa. Tiene un gran poder de atracción y una mirada penetrante.

–          Casi tanto como tú.

–          ¿Tú crees?

–          Sí, además creo que haríais buena pareja. Sin duda le has gustado mucho.

Mi cuñada no parece haber entendido hasta qué punto le ha gustado a Elisabeth y se limita a sonreír cuando le abro la puerta y le agarro de la cintura para que entre al espacio que le he reservado para ella, al ver lo grande que es, ella se queda impresionada, y le pregunto:

–        ¿Qué te parece tu nuevo despacho?

–        ¡Guau, es enorme, Aritz! Mucho más de lo que esperaba, sinceramente pensaba como Igor, que me ibas a poner en una mesa…

–        Sí, en el cuarto de las escobas. – la interrumpo riendo la nueva estupidez de su esposo.

–        No, en serio, pero es que esto es demasiado Aritz, muchas gracias y desde aquí se ve toda la ría… ¡Qué maravilla!

En ese instante el cuerpo de mi cuñada se abraza al mío y siento de nuevo la tensión ahí abajo, porque intento disimular la erección al sentirme de nuevo pegado a ese monumental cuerpo.

–        De nada, mujer – respondo cuando nos separamos del abrazo.

–        ¿Y mi trabajo?, ¿en qué va a consistir?

Le explico que todavía tendremos que ir adaptando su perfil a los distintos departamentos, porque va a ser importante su presencia en cada uno de ellos. El hecho de que hable varios idiomas es muy importante para nosotros, por eso que fundamentalmente debería hablar con los gerentes que tenemos en las filiales en el extranjero, con nuevos clientes y proveedores, traducir textos, trabajar con las productoras de televisión, con marketing junto a Elisabeth… Ella me mira algo asustada, pero la tranquilizo.

–        Ahora no te preocupes por nada, Marel. Ahí tienes las claves para tu ordenador y tu correo. Veras que poco a poco te adaptas.

–        Espero estar a la altura… – me comenta.

–        Cariño, estoy seguro. Con la titulación que tienes, los idiomas, tu don de gentes, tu presencia… lo vas hacer muy bien. Vas a aportar muchísimo a esta empresa.

–        Muchas gracias Aritz, aun no sé cómo agradecértelo.

Pienso en las muchas maneras en las que ella me lo podría agradecer, pero claro esto no lo digo en alto.

–        Mira, preciosa, esto no tiene nada que ver con tu marido, por eso estate tranquila. Aquello quedó entre él y yo… ahora a la que contrato es a ti, no a él. Y lo hago, primero porque eres mi cuñada y bueno porque si no lo hago, tu hermana me manda a dormir al sofá… jajaja – digo riendo.

–        ¡No será para tanto!

–        Jajaja, no, mujer, en serio, te contrato porque vales mucho, en todos los sentidos, Marel y tu marido es el que no te sabe valorar como realmente mereces.

Ella se me queda mirando pensativa, porque sabe que en el fondo tengo razón. Marel es una mujer que se merece algo más y noto en su sonrisa el agradecimiento a mis palabras que su esposo no de le debe regalar muy a menudo.

Me despido de ella y me meto en mi despacho después de haber hecho unas cuantas llamadas y firmado unos documentos que me ha pasado mi secretaria, reviso nuevos proyectos y de pronto tocan a la puerta.

–        ¡Adelante! – digo.

Se abre un poco la puerta y descubro la preciosa cara de ángel de mi cuñada, diciéndome:

–        Perdona que te moleste, cuñado, pero he quedado con Mar y me preguntaba si querías venir a comer con nosotras.

–        Ah, ya es la hora de comer. Se me pasó volando… Claro, será un placer acompañaros y así os llevo a un nuevo restaurante que está muy cerca. Déjame que termine este email- – la digo mientras ella permanece de pie frente a mi mesa.

–        Perfecto.

–        ¿Qué tal en tu despacho? ¿Te haces a él?

–        Bueno, precisamente he tenido un problema para acceder a algunos archivos que parecen reservados.

–        Ah, claro, es que tenemos que tener mucho cuidado con la ley de protección de datos, ten en cuenta que trabajamos con material muy sensible.

–        Trabajáis con total confidencialidad. ¿no?

–        Por supuesto y espero que tú sepas guardar el secreto de todo lo que sucede aquí.

–        Bueno, supongo que a mi marido…

–        ¡No! – respondo rotundo.

Por un momento ella se queda confusa y tampoco es tan exagerado como lo planteo, pero desde luego no me apetece nada que ese inútil sepa nada de mi negocio. Y sigo hablándola serio:

–        Escúchame, aquí hay personas que trabajan con temas muy delicados, algunos necesitan conservar su anonimato, aparte de que hay material que es exclusivo y no puede caer en manos de la competencia.

–        ¿Entonces…?

–        Te ruego, que lo que veas aquí, se quede aquí.

–        Comprendo. – dice ella algo más convencida.

–        Ven, acércate y te explico cómo acceder a cosas que son privadas.

Marel se aproxima a mi mesa y se pone justo detrás de mí, para que yo le vaya indicando la ruta para acceder a ese material que necesita para los nuevos contratos de publicidad. Luego accedo con mis claves a una carpeta que usamos con pruebas de material y le enseño un video en el que una modelo se está aplicando lubricante viscoso y transparente en su sexo desnudo. La cámara enfoca su perfecto y rasurado coño y luego la cara de placer de la chica.

–        ¿Qué es eso? – pregunta al ver la cara de placer de la chica que lo está usando.

–        Es una prueba con un nuevo gel estimulante para mujeres.

–        ¿Estimulante?

–        Sí, es un prototipo que queremos desarrollar que calienta la zona vaginal y produce una sensación extraña, pero altamente placentera, por eso es importante que ese material no se desvele a nadie, porque todavía no ha salido al mercado y además la modelo que aparece no quiere que se desvele su identidad…

–        No, claro…

Sigo enseñándole el video en donde la modelo se muerde el labio, en un claro síntoma de excitación y Marel, se acerca más al portátil, quedándose a mi lado, sorprendida por esa tórrida escena, pero al juntarse más y al tener su chaqueta abierta, noto a través de su fina blusa como sus enormes tetas se pegan a mi hombro y casi me da algo al darme cuenta que no lleva sujetador y puedo percibir su deliciosa blandura. Yo alargo ese momento el máximo tiempo posible, mientras le sigo explicando, sin dejar de mover el ratón por la pantalla y al hacerlo esas tetazas rozan parte de mi brazo… y giro mi codo, pero creo que me he pasado y ella entonces se retira.

–        Ah, perdona, Marel. – digo disculpándome

–        No, perdona es culpa mía… casi me echo encima de ti. – dice ella, aunque no sé si lo que quiere es ponerme nervioso o realmente es así de inocente.

Apago mi ordenador y salimos de mi despacho. Cogemos el ascensor, y dentro de él, veo de reojo los pezones marcados en la blusa de Marel, algo que sin duda le ha provocado ese video. Luego se retoca los labios con el dedo, pero lo hace de una forma tan erótica que mi polla se pone en tensión rápidamente.

–        ¿Has entendido lo de la discreción y la confidencialidad? – le pregunto a mi cuñada cuando avanzamos hacia la calle.

–        Perfectamente, Aritz. ¡Seré una tumba!

–        Bien, pues eso, debemos guardar esos secretos y preservar la identidad de nuestras y nuestros modelos.

–        ¿También hay modelos masculinos? – pregunta curiosa.

–        Por supuesto, ya te enseñaré el dosier, aunque encontrar chicos es más fácil.

–        ¡No falta de nada!

–        Pues sí, tenemos de todo. Productos para todo el mundo y todo tipo de gente. Trabajamos con la mejor calidad y sobre todo con un gran equipo… los mejores profesionales.

–        Entiendo.

–        Por eso, si alguna vez te apetece hacer una sesión de lencería, se guardaría tu intimidad celosamente, pero con tu cuerpo, serías todo un reclamo para muchos de nuestros productos.

–        ¿Ponerme yo uno de esos modelitos tan sugerentes que vende la empresa?

–        Claro… Pero tranquila, en caso de que te decidieras, buscaríamos la forma en que no se viera tu cara y nadie sabrá que has hecho eso, ni tu hermana, ni por supuesto tu marido. Aparte de lo bien que se pagan esas sesiones, claro.

–        Huy no sé, Aritz – responde, pero se muerde el labio, lo que indica que no le desagrada del todo la idea.

–        Nada, tú piénsalo…

Una vez fuera del edificio vemos a mi mujer esperándonos, apoyada contra su coche. Me fijo en ella y está preciosa con ese traje negro de chaqueta y falda, pues también ha salido de su trabajo. Luego distingo sus bonitas piernas enfundadas con unas medias de red acabando en unos tacones altísimos negros, la verdad que cuando Mar viste de ejecutiva me dan ganas de follarla en cualquier lugar y más ahora que vengo ya caliente con mi cuñadita. Sin dejar de pensar en sus pezones, en sus tetas sin sostén y preguntándome también sí llevará o no llevará, braguitas bajo la falda.

Mar nos saluda al vernos, se acerca besando a su hermana y después se gira hacia mí, me agarra del pelo y nos morreamos con descaro y con pasión. Por el rabillo del ojo observo como Marel se ruboriza al ver tal escena. Luego le doy un cachete cariñosamente en el culo a Mar, para luego apretárselo y decirle.

–        Esta noche le daré caña a ese culito. – digo con toda la intención para que me oiga su hermana.

–        ¡Calla bobo! – responde Mar, pero con ese brillo especial en los ojos.

Mi esposa entonces se coge de un brazo a su hermana y a mí del otro, mientras le comenta a ella.

–        Hermanita, perdona la efusividad, pero es que este hombre me mata… ya sabes.

–        Ya veo, ya… – responde ella y me sonríe.

–        Por cierto, espero que este zángano que tengo de marido se haya portado bien contigo. – comenta Mar, a la vez que gira la cabeza para guiñarme con un ojo.

–        Si se ha portado muy bien y me ha ayudado mucho. – dice Marel.

–        Ah, pues cuenta, cuenta… dime guapa, ¿que se cuece ahí dentro? Porque este no me cuenta mucho.

–        Perdona Mar, pero tengo un compromiso de confidencialidad que le he prometido a tu marido. – añade Marel y es esta vez ella la que me guiña un ojo.

–        ¡Oh, vaya! Si que te ha enseñado rápido. – comenta mi mujer

Poco antes de entrar por la puerta del restaurante me paro un segundo porque recibo un wasap de Ander, por lo que me retraso a leerlo mientras las dos preciosas hermanas avanzan. Por un momento no puedo dejar de admirar esos culos contonearse con sus trajes de ejecutivas y creo que voy a ser la envidia dentro del local.

Entre esa visión y que, al abrir el mensaje de mi socio, la foto me deja impactado, pues una de las modelos que le acompaña en ese viaje a Londres, concretamente Tatiana, una rusa espectacular, le está comiendo la verga a uno de los posibles socios orientales en el restaurante y él parece estar disfrutándolo. No le contesto, porque las chicas me esperan, por lo que solo le mando un icono de susto y otro de OK.

Las chicas están esperándome dentro del local, junto al maître que me saluda cordialmente.

–        Hola Aritz, ¿cómo estás? – me dice, aunque los ojos se le van a las dos chicas.

–        Bien, Carlo, danos una buena mesa para tres. – le respondo guiñándole el ojo.

Le seguimos y nos pone en una mesa que hace esquina, con un asiento corrido y yo me siento entre esas dos bellezas. 

La comida es bastante amena debido a que mi cuñada está mucho más suelta conmigo y poco a poco va desapareciendo todo tipo de tensión. Creo que se ha dado cuenta de que hay otra vida distinta a la que ella creía y que al fin y al cabo yo la valoro de verdad y no el gilipollas de su marido.

Nos echamos unas risas, sobre todo con mi mujer, que entre plato y plato aprovecho para tocarle la pierna desde la rodilla hasta la ingle poniéndola muy nerviosa y cachonda a la vez, lo noto en su risa floja. Cuando en un momento le pregunta a su hermana.

–        Y dime hermanita, ya sé que no me puedes contar nada del trabajo, pero, ¿tienes algún compañero buenorro?

–        ¡Joder cari, que acaba de llegar, no creo que haya conocido a nadie todavía! – digo dándole un trago a mi copa

–        Pues perdona, pero yo es en lo primero que me fijo – comenta mi esposa – ante todo es ver cómo está la carne fresca. – añade entre risas.

–        Tienes razón Mar – responde mi cuñada – y si… hay algún buenorro en la ofi.

En ese momento nos quedamos mirándonos mutuamente durante unos segundos, mientras mi esposa ríe para decirme.

–        ¿Ves lo que yo digo cari?, al menos te desahogas del trabajo y así luego no tienes que meterte en la cama con el imberbe de Igor.

–        No te pases Mar, Igor es mi marido, y lo que hagamos él y yo es cosa nuestra. – responde Marel molesta.

–        Mujer que estaba bromeando… Pero… perdona.

Por un momento, hay cierta tensión entre las hermanas, pero se pasa tras tomar unos chupitos, pero unos minutos después, cuando en un momento dado Marel se levanta para ir al baño y tiene que pasar tan justa por delante de mí, me roza con su rodilla en el reverso de mi mano primero y luego su propia rodilla choca contra mi pierna, lo que la hace tropezar y dejar su mano apoyada durante un segundo contra mi entrepierna.

–        Huy, perdona, Aritz – me dice.

Yo en cambio, al notar ese roce ha conseguido que mi polla se ponga dura de nuevo. Disimulo tapándome con la servilleta, aunque no estoy muy seguro de si ella se ha dado cuenta de eso. También me pregunto si ha sido un accidente o no.

–        ¿Cómo la ves? – me pregunta mi esposa cuando Marel ha abandonado la mesa en dirección a los servicios.

–        ¿A tu hermana?

–        Sí, además de preciosa y sexy, que eso salta a la vista, ¿no?

–        Claro… pues bien.

–        No sé, la noto algo tensa y nerviosa todavía.

–        Poco a poco se va soltando… ya verás. – digo pensando en todas las posibilidades de esa soltura.

–        Cuídala mucho, cari, no quiero que esos “buenorros buitres” de tu trabajo se la echen encima.

–        Mujer, Marel ya no es ninguna cría.

–        Ya lo sé, pero es tan inocente… aunque una buena polla no le vendría mal.

–        ¡Qué bestia eres!

Me quedo un poco pensativo, primero por lo de los buitres, ya que yo puedo ser el primero de ellos… y mi polla que estaría encantada de hacer ese servicio. Mi mujer, lógicamente sabe que en mi trabajo hay mujeres increíbles y nunca le ha importado, de hecho, sabe que he tenido mis desahogos con muchas de ellas… por suerte no es celosa, al contrario, somos liberales, sin embargo, que una de ellas sea precisamente su hermana me hace sentirme algo mal y no soy capaz de desvelar mis sentimientos hacia mi cuñada.

–        ¿Tú crees que Marel es tan inocente? – le pregunto.

–        Pobrecilla. Estoy segura, cari. Casi no tiene experiencia…

Inevitablemente vienen a mi mente las escenas del repartidor de pizzas y mi webcamer, pensando si esa misma es Marel y si realmente es tan inexperta e inocente o juega a serlo.

–        Si no te explicas… – le insisto a mi mujer, intrigado por su comentario.

–        Bueno, no puedo hablar mucho, son secretos de hermanas.

–        Vamos, nena, entre nosotros no hay secretos. – le digo acariciando la cara interna de sus muslos.

–        No es nada, pero cuando hablas de darme caña, parece algo asustada.

–        ¿Tú crees?

–        Si, anda muy intrigada en saber cómo me das esa caña. Se ve que no tiene mucha experiencia en eso y se la veía alucinada cuando le conté que nos gusta el sexo anal y que te gusta clavármela ahí de forma ruda y salvaje.

–        Sí, la vi algo apurada…

–        Pues más cuando le confesé después que la tienes muy grande.

–        Joder, eso sí que es sinceridad, cariño – digo con mi polla a tope, por suerte la servilleta me tapa.

–        Por fi, ni se te ocurra decirle nada de eso a ella… son cosas de hermanas.

–        ¡Mujer!, ¿Cómo voy a hacer tal cosa?

–        Es que la vi asustada cuando se lo conté, porque me dijo que ella no lo ha hecho nunca por ahí.

–        ¿Tiene el culito virgen? – digo haciéndome sorprendido, aunque sin comprender que semejante trasero esté sin estrenar.

–        Baja la voz, Aritz que nos van a oír…

–        Perdona, es que me parece increíble.

–        A mí también.

–        ¿Qué es que el idiota de su marido la tiene muy grande y no le cabe, jeje?

–        No, Aritz, todo lo contrario, su marido la tiene normalita, tirando a pequeña…

–        Entiendo.

–        Pobrecilla, si tuviera cerca una polla como la tuya…

–        ¡Joder, Mar!

–        Es verdad, cari… y bueno si pillaras tú un culito virgen como el suyo… – añade ella como si tal cosa mientras da un sorbo a su copa de vino.

Noto como mi polla da un espasmo y se pone más tiesa, imaginando metiéndola en el estrecho chochito a mi cuñada, soñando con llenárselo del todo y lo mejor, lo que debe ser estrenar ese culo.

En ese momento regresa Marel y no podemos seguir hablando, pero mi vista se queda clavada en sus caderas y lo bien enfundado que está ese culo virgen bajo la falda. ¿Cómo debe sentirse uno follando ese culito?, Joder mi polla está a tope y vuelvo a taparme con la servilleta, pero veo que mi cuñada tiene la vista clavada ahí, creo que se ha dado cuenta de que estoy empalmado.

Continuará…

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