ARCADIO M

Su vida necesitaba un cambio de rumbo inevitable. Se estaba haciendo mayor y veía las cosas cada vez más difíciles. Sin embargo, como nos pasa a todos antes o después, se resistía al tiempo y al destino y obviaba las señales, más que claras, que le hacían ver la fría realidad: el paso de tiempo imparable.

Resignado quizás, se sentó en silencio en la mesa de la cocina, con papel y lápiz, se dispuso a escribir la carta, quizás de despedida, seguro de confesión de sentimientos encontrados.

«Queridos Reyes Magos:

En esta etapa de mi vida sufro una crisis de fé. Supongo que no es nada nuevo para vosotros, pero la verdad, me siento bastante contrariado. A lo mejor me podéis ayudar contestándome esta carta, aunque ya sé que lo tenéis estrictamente descartado. Pero está en juego que siga creyendo en vosotros.

Está muy bien vuestra historia. Eso de que sois magos y que veis todo y todo lo sabéis. ¿Seguro que fuisteis vosotros los que adorasteis al Niño? Porque tal y como os están pintando parece que Dios sois vosotros.

Bueno, dejemos los temas teológicos y vamos al grano. Hace días que vengo escuchando en el cole que no sois reales, que solo sois un cuento que alimentan padres y familia para mantener la ilusión de los niños. «¿Y si tienen razón?» pensé. Pero por otro lado no acabo de ver el interés de los adultos en hacer esa tontería. ¡Gastarse tanto dinero solo para mantener vuestro cuento!

Pero los rumores se intensificaron. Y ya sabéis que la curiosidad mató al gato. Entenderéis que tenía que descartar esos rumores. Así que indagué por casa y, para mi disgusto, he encontrado en el armario de la habitación de invitados un montón de paquetes, que casualmente, coinciden con mi carta, en su mayoría.

Y aquí estoy. Escribiendo de urgencia anhelando que rompáis vuestras normas y me contestéis. Necesito una explicación creíble. Necesito un relato de los acontecimientos que justifiquen mi hallazgo. ¡Os lo ruego! No quiero dejar de creer. ¡No tan joven, joder! ¡Que solo tengo 13 años! ¡Y para el que viene tocaba pediros la motocicleta!

Esperando que vuestra magia siga alimentando mi ilusión, estaré atento a vuestras señales. Cualquier detalle. Cualquier acontecimiento fuera de lo normal será suficiente para mi. Incluso puedo olvidarme del armario. Pero dadme señales de vuestra existencia.

Un abrazo.

Siempre bueno, Teo.»

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