AKUARIES

22.

Carlos se vio con Lucía al día siguiente, se tomó una copa en el bar antes de que ella acabara de trabajar, después se fueron a tomar algo a una discoteca, estuvieron hablando, bailando y riendo. La volvió a dejar cerca de su casa. Antes de salir del coche, Lucía le volvió a dar dos besos.

-Mañana ¿Puedo volver a verte?- Preguntaba Carlos con ilusión.

-Mañana es domingo, a las nueve de la noche acabo.

-¿Podríamos ir a cenar? Te invito.

-Podemos cenar, pero cada uno se paga lo suyo, ahora que sé que tú no tienes un euro, no quiero aprovecharme de ti, no sea que tengas problemas para llegar a fin de mes.- Se cachondeaba Lucía.

-Yo ceno contigo con las condiciones que tú quieras.

Lucía se partía de risa saliendo del coche.

Isa y Manolo también salieron aquella noche, cuando Isa subió al coche, lo primero que hizo Manolo fue tirarle el tanga que le dio el día anterior encima.

-Toma esto, no sea que no tengas bragas que ponerte.

-Tengo de sobras ¿Quieres ver las que llevo puestas hoy? Mejor me las quito cuando me dejes y te las llevas, seguro que ayer te la cascaste bien cascada, así hoy puedes repetir.

-¡Isa coño!

-Vale, ya te dejo tranquilo ¿Dónde vamos hoy?

-A cualquier sitio, al bar que trabaja Lucía no, ayer me dijo Carlos que intentaría salir con ella hoy, vamos a dejarlos solos.

Fueron a cenar algo y tomarse unas copas, Manolo la dejó en su casa y se fue. A Isa no le gustó demasiado esa salida, vio a Manolo más callado, más pensativo, tuvo que llevar ella todas las conversaciones y a él no lo vio implicarse en casi nada.

El domingo, Isa le envió un mensaje a Manolo para quedar, lo hicieron a media tarde. Ella se preocupó de ponerse guapa, quería que Manolo estuviera orgulloso de la mujer con la que salía. A la hora pactada salió Isa de su casa y se subió al coche. Solo subir y acomodarse en el asiento.

-Mira Isa, he estado pensando, no te voy a negar que me gustas mucho, como siempre me has gustado…

-Espera Manolo, espera…- Intentaba Isa cortar la conversación, no le estaba gustando nada por donde iba.

-Déjame acabar por favor…- A Manolo se le pusieron los ojos vidriosos, Isa se sentía sin argumentos y empezaba a llorar.- Lo siento, de verdad que lo siento, pero no puedo salir contigo, no me fio, lo he intentado…

-No, por favor, por favor Manolo.

-Una relación es cosa de dos Isa, yo no me encuentro a gusto contigo, no me puedo quitar de la cabeza lo que hiciste. Si volvemos, en cualquier momento puedes volver a hacérmelo, nadie me puede asegurar que no pasará.

-Yo te lo aseguro, te lo juro, te lo prometo, me he dado cuenta de mi error, a valorar lo que tenía, no volverá a pasar…

-Lo siento Isa, no puedo.

Isa lloraba a moco tendido.

-No te diré nada si no quieres, pero déjame verte por favor.

-Eso solo nos va ha hacer más daño.

-Pues deja que te pueda llamar por teléfono, o enviarte mensajes.- Intentaba Isa agarrarse a algo para no perderlo del todo.

-Lo mejor es que no nos volvamos a ver, ni hablar, ni escribir, olvidarnos uno del otro para siempre.

Isa ya no pudo decir nada más, el mundo se le caía encima, sentía una tremenda impotencia de no poder hacer nada. Estaba quieta en el asiento, con la mirada perdida, sin saber qué hacer ni que decir.

-Espero de verdad que te vaya muy bien Isa.- La miraba Manolo esperando que se saliera del coche.

-No me bajo, no quiero bajarme.- Le decía Isa destrozada, en un último intento de no perderlo.

-Eso es una reacción de niña pequeña, seamos adultos por favor.

Isa se agarró con fuerza al brazo de Manolo, apoyando la cabeza en su hombro.

-No me hagas esto, inténtalo una vez más, haré lo que tú quieras.

-Lo siento Isa, es lo que siento, no puedo.

-Dime que no me quieres, dímelo a la cara.- Levantaba la voz Isa mirándole a los ojos.- Manolo pensaba serio.

-No te quiero, no me puedo olvidar de lo que hiciste y ya no te quiero.

Mantuvieron la mirada en los ojos del otro, los de Isa llenos de lágrimas. Ella bajó la mirada, abrió la puerta del coche y salió. Antes de cerrar la puerta.

-Quiero que sepas que yo sí te quiero mucho, por mí serías el hombre de mi vida, no querría estar nunca más con ningún otro.

-Adiós Isa.- Acabó diciendo muy triste Manolo.

Isa se giró, se tapó con la mano la boca, lloraba otra vez igual que los primeros días, volvió a meterse en su casa, a estirarse vestida encima de la cama y llorar.

Manolo, puso el coche en marcha, al girar la esquina, un torrente de lágrimas le inundaron los ojos bajando por sus mejillas. Claro que la quería, pero no podía verla para pensar con claridad, era cierto, no confiaba en ella, le tenía pánico a una idea, volver a estar bien con ella y que lo volviera a dejar por cualquier tío. Pensó que no se podía tener una relación si no había confianza mutua, estar sufriendo cuando no estuviera con ella no era plan, Isa tenía que seguir en la universidad, todavía le quedaba otro año como mínimo ¿Podría estar tranquilo cuando ella estuviera estudiando? No lo creía, así que la mejor decisión, la más madura, la mejor para los dos, era acabar la relación.

Lucía y Carlos, sí que salieron aquella noche, fueron a cenar, pagando la mitad cada uno de la cuenta, como quería Lucía, se volvió a negar a que la invitara Carlos. Después tomaron algo en una terraza, Carlos pagó la cuenta aprovechando que Lucía fue al baño, cuando se enteró ella se hizo la ofendida. La noche fue bien para los dos, siguieron hablando y conociéndose mejor. Cuando la dejó, antes de bajarse del coche, Carlos ladeó la cara para darle los dos besos a Lucía, ella, con una sonrisa, le agarró la barbilla, le miró a los ojos y le besó en los labios, el primero, fue un beso como se lo daba en la mejilla, un piquito, el segundo, le agarró los labios entre medio de los suyos, ella le acariciaba la cara y él la cintura, en el tercero, volvieron a saborearse los labios.

-Me gustas Carlos, pero no quiero ir con prisas, quiero asegurar cada paso que doy contigo.

-Puedes asegurar los pasos todo lo que quieras, yo caminaré a tú lado siempre.

-¡Que sinvergüenza! Y que bien hablas cabrito.

Los dos reían mientras Lucía salía del coche.

-¿Nos veremos mañana?- Preguntaba Carlos.

-En la facultad seguro.

-Quiero decir por la tarde, no seas mala.

-Por la mañana hablamos, vale.

-Vale.

Lucía entró en su casa contenta, Carlos se fue en el coche pensando que habían dado un paso más en su relación, que beso más bonito y tierno. Ella se estiraba en su cama, miraba al techo pensando con una sonrisa enorme, con Carlos iba bien, ella quería ir despacio y él la respetaba, buena señal. Un mensaje le llegó al móvil, lo miró sonriendo y le cambió la cara de golpe.

-Manolo me ha dejado para siempre.- Había escrito Isa.

Rápidamente la llamó.

-¿Qué ha pasado? Parecía que ibais bien.

-Pues eso, lo parecía, me ha venido a buscar y me lo ha dicho aquí mismo, dentro del coche…

-¿Por qué? ¿Te ha dado alguna razón?

-No se fía de mí Lucía, y sabes lo peor, lo entiendo, lo comprendo, como se va a poder fiar de mí después de lo que le hice…- Isa volvía a llorar.

-No sé, podía haber tenido un poco más de paciencia, si os seguíais viendo le podías haber demostrado que se podía fiar de ti.

-Me ha dicho que ya no me quiere, se ha acabado, lo tenías que haber visto, ni una lágrima ha derramado mientras me lo decía.

-Eso no me lo creo, sé que te quiere, puede que necesite un poco de espacio, dale un par de días, a ver qué pasa.

-¿Estás segura Lucía?- Preguntaba Isa dejando de llorar, se agarraba a las palabras de su amiga como a un clavo ardiendo, tenía un poco de esperanza, tal vez Lucía tuviera razón y todavía no estuviera todo perdido.

-Déjalo respirar, que piense, a lo mejor se ha sentido un poco agobiado.

-Es posible, la verdad es que tal vez lo haya presionado demasiado. Estoy arrepentida Lucía, de verdad, me dejé llevar, fui muy egoísta…- Isa no pudo seguir hablando, un llanto muy amargo no le dejaba.

-Tranquila Isa, mañana nos vemos en la universidad y hablamos.

Lucía no pudo dormir todo lo bien que pensaba que dormiría antes de hablar con Isa.

Cuando acabaron las clases el día siguiente, fueron a tomar algo Carlos, Lucía e Isa. Durante las clases ya habían puesto al día a Carlos.

-Yo creo que Lucía tiene razón Isa, cuando hablé con él me pareció que te quería mucho, que estaba enamorado de ti, también es cierto que me pareció notarle resquemor por lo que había pasado, lógico también, todo es muy reciente. Tal vez en su interior quiera hacértelo pasar mal a ti también, no lo sé, tampoco me hagas demasiado caso.- Intentaba animarla Carlos.

-Ya sé que la culpable soy yo de todo, pero también lo he pasado muy mal y sigo pasándolo.- Decía Isa mientras sacaba un pañuelo de papel del bolso.

Lucía le pasaba un brazo por los hombros para consolarla, Isa se secaba las lágrimas con el pañuelo, y ellos se miraban con una mueca de preocupación.

Isa se fue para su casa, no tenía ganas de llorar en la cafetería. Lucía y Carlos se quedaron un rato más.

-Así ¿Nos veremos esta tarde?- Insistía Carlos.

-Como quieras, pero yo no puedo ir a cenar cada día contigo, es un gasto.

-Ya te invito yo, no hay problema.

Lucía le puso una cara que Carlos entendió a la primera.

-Llevaré bocadillos y refrescos…

A Lucía le agarró un ataque de risa, no podía parar. Carlos la miraba sonriendo, le encantaba verla reír, la encontraba preciosa.

-Haremos una cosa, le dedicaré la tarde al proyecto, supongo que tú también tendrás que trabajar en él, o tienes un criado que te los hace…-Lucía volvía a partirse de risa.

-No, no me los hace nadie, los hago yo solito.- Contestaba Carlos riendo.

-A última hora de la tarde, antes de cenar, si quieres nos vemos y nos tomamos una cervecita o algo.

-Me parece un plan muy bueno, tú siempre tan reflexiva.

Así Lucía se podía dedicar a lo que más le interesaba en ese momento, al proyecto y a Carlos. Cuando volvió a su casa, Pablo estaba organizando la mesa para cenar.

-¡Hombre! Por fin te veo ¿Cómo fue el fin de semana? Has folla…

-¡Eh eh! Un respeto, que todavía soy tu padre niña.

Lucía volvía a reír.

-Qué risa hija, te veo muy contenta.

-Quiero decirte algo, no hay nada serio, pero mejor que lo sepas por mí antes que nos veas o te enteres por otros, estoy conociendo a un chico.

-¿Conociéndolo? ¿Qué es eso? Yo pensaba que los jóvenes os hacíais novios al momento.

-No empieces tú ahora con el cachondeo.

-¿Es drogadicto cómo el último?

-¡Papá por favor!

-Está bien ¿Cómo se llama? ¿Dónde lo conociste?

-Mira papá, no te voy a conceder una entrevista.

-Que sibilina eres coño.

Los dos reían mientras empezaban a cenar.

-He dejado en el cajón unas tarjetas, del hotelito que he estado este fin de semana, está un poco lejos, pero es perfecto para un fin de semana romántico y de relax. Si después de presentar el proyecto y los exámenes finales, os apetece, es una buena salida. Si el chico se lo puede permitir claro, cada uno sabe cómo va su economía.

-El chico se lo puede permitir, eso seguro.- Contestaba con una sonrisilla Lucía.

-¡Muy bien! Así que te has buscado un…

-Así que un hotelito romántico ¿Qué has hecho allí papá?

-A ti te lo voy a contar, anda sigue cenando.

Lucía volvía a reír, viendo a su padre ponerse nervioso.

-Solo quería saber que se puede hacer allí.- Disimulaba con cierto cachondeo Lucía.

-Pasear, se pueden dar unos paseos preciosos, con unas vistas impresionantes. Delante del hotel, hay un prado enorme con vacas pastando. Y la habitación tiene una bañera enorme.

-¡Una bañera enorme! Interesante.

-Eso pensé yo cuando la vi.

-Y le sacaste partido.

-Que no te voy a contar nada coño ¿Cuándo me vas a presentar a tú novio?

-Cuando a las ranas les salgan pelos.

-Jodía niña.

Después de cenar Lucía se metió en su habitación, además del proyecto, tenía que empezar a estudiar para los exámenes finales. Su padre se quedó mirando un rato la televisión. Sonó el móvil, le había llegado un mensaje, con tranquilidad lo sacó del bolsillo.

-¿Qué tal tú hija?

-Mi hija está perfectamente.

-Me preocupaba que no aceptara nuestro fin de semana.

-Tampoco sabe quién eres, así que no se preocupa de nada.

-¿No se lo has dicho?

-¿El qué?

-Quien soy, hablarle de mí.

-No

-De acuerdo. Ya lo harás cuando lo creas conveniente.

Se despidieron y Pablo volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo. Pensó, hizo una mueca con la boca, apagó la televisión y se fue a dormir.

El martes por la tarde quedaron Isa y Lucía para tomar algo, Carlos insistió para ir con ellas. Habían quedado en el Bar Tere, y eso a Lucía no le hacía demasiada gracia. Estaban los tres sentados cuando se acercó Tere.

-Que muchacho más guapo me habéis traído chicas.- Les decía alegre Tere.

-Es el no…-Iba a decir Isa cuando Lucía le dio un codazo que la hizo callar.

-Es un compañero de la universidad Tere.- Corrigió Lucía.

-Pues eres muy guapo chico.- Insistía Tere.

-Gracias señora.- Agradecía educadamente Carlos.

-Como me llames señora, ya te puedes ir de aquí, soy Tere.

-Vale, pues Tere.

-Eso está mejor ¿Qué os pongo?

-¿Cerveza? Preguntaba Isa.

-Vale.- Contestaron los demás.

-Marchando tres cervezas.- Decía Tere mientras caminaba a buscarlas a la barra.

-Sigo sin noticias de Manolo.- Se quejaba triste Isa mirando el móvil.

-Es pronto, dale un poco de tiempo, tú ya lo estarías agobiando.- Le recomendaba Lucía.

-No te imaginas las ganas que tengo de enviarle un mensaje o llamarlo.

-No puedes hacer eso Isa, si quieres que funcione tienes que esperar a que sea él el que dé el paso.- Le decía Carlos.

-¿Y si no lo da? ¿Y si está convencido de dejarme para siempre?

-Y si, y si, para ya Isa, tranquila.

En ese momento llegó Tere con las cervezas. Lucía la miraba fijamente.

-Aquí tenéis.- Tere les iba poniendo las bebidas en la mesa.- Lucía ¿Tú padre está bien? Hace días que no le veo.

-Mi padre está muy bien, lo que pasa es que ha estado fuera el fin de semana.

-¡No me digas! Creo que es la primera vez que lo hace.

-Ya sabes cómo es.- Decía Lucía.

-Desde luego, a veces parece un ermitaño. Bueno, os dejo.- Se despidió Tere.

-Una cosita ¿Cómo te llamas Tere?- Le preguntaba Lucía muy interesada. Tere la miraba levantando las cejas.

-Me tomas el pelo ¿No? ¿Me acabas de llamar Tere y me preguntas como me llamo?

-Quiero decir si es Teresa o María Teresa.- Insistía Lucía pensando en su padre.

-Me llamo Tere, Teresa no me gusta.

-¿Pero eres María o no?

-Que no coño, ni María ni ‘na’, Tere a secas ¿Qué coño te pasa hoy?

Tere se alejaba contrariada, Lucía torcía la boca, esperaba que se llamara María Teresa, estaba claro que no era así.

Estuvieron un buen rato hablando y animando a Isa. Lucía controlaba la hora, sabía que a partir de las cinco, que era cuando salía Pablo de trabajar, se lo podía encontrar en el bar. A las cinco, Isa se iba para su casa, Carlos acompañaba en el coche a Lucía las dos manzanas que separaban el bar de su casa, aparcó, se dieron tres o cuatro besos de despedida.

A partir de ahora, entre acabar el proyecto y los exámenes finales, no sé si nos quedará mucho tiempo para vernos.- Avisaba con tristeza Lucía a Carlos.

-Haremos lo que tú creas conveniente, la verdad es que a mí tampoco me vendrá mal el tiempo para estudiar.

-Sé que no nos veremos mucho, pero si todo va bien, te daré una sorpresa cuando acabemos el curso.- Le decía a Carlos con una sonrisa, a la vez que le ponía bien el flequillo.

-¿Si todo va bien?- Preguntaba extrañado Carlos.

-Me refiero, a que todavía estés interesado en mi, a lo mejor conoces a otra, o te hartas de mí por no darte todo lo que quieres.

-¿Yo te he pedido algo?

-No.- Contestaba Lucía.

-Será que no necesito nada, no te líes la cabeza por favor, me gustas mucho y quiero seguir contigo, punto.

Lucía sonrió satisfecha, le agarró de la barbilla y le besó, rozándole con la lengua sus labios. Se despidieron hasta el día siguiente en clase.

Pablo entraba en el Bar Tere.

-¡Hombre! El señor que ha estado de fin de semana ¿Qué has hecho por ahí golfillo?- La camarera que ayudaba a Tere reía tapándose la boca.

-Menos cachondeo anda.- Tere le ponía la cerveza en la barra.

-¿Cómo van las cosas por aquí?- Preguntaba Pablo.

-¿Cómo van las cosas niña?- Le preguntaba Tere a la chica que le ayudaba.

-Bien, van bien.

-Pues ya ves, van bien.- Seguía de cachondeo Tere.

-Me alegro.- Sentenciaba Pablo.

-Hace un rato ha estado Lucía con su amiga Isa…

-¡Ah! Bien, me parece que Isa tiene algunos problemas con su novio Manolo.- Decía Pablo.

-Pues, el chico que estaba con ellas no era Manolo.- Pablo abrió los ojos sorprendido.

-¿Lucía ha venido con un chico?

-El chico, muy guapo por cierto, ha venido con las dos, yo no he visto nada raro, pero Manolo seguro que no era, a lo mejor ese chico está con Isa, por eso tiene problemas con Manolo.

-Me estás liando Tere ¿Es que no te puedes tomar nada en serio coño?

-Vale, ya paro, el muchacho no tenía nada que ver con Isa, cuando les he llevado las cervezas, he oído, sin querer eh, que yo no soy ninguna cotilla…

-Al grano Tere, que te distraes.- La apresuraba Pablo para que hablara.

-Que Isa estaba esperando que Manolo la llamara, Lucía y ese chico la estaban animando, eso se notaba.

-¿Cómo era?- Preguntaba interesado Pablo.

-¿Cómo era quien?

-Ese chico joder, a Isa ya la conozco, y a mi hija más ¿A ti que te parece por quien pregunto?

-Guapo, muy guapo ¿No es verdad niña?- Le volvía a preguntar a la ayudante.

La chica se mordía los labios abriendo los ojos, dejando claro que Carlos estaba como un pan de bueno.

-Ya, ya, es guapo ¿Pero aparte de eso?

-Coño Pablo, no le he podido hacer un tercer grado, seguramente Lucía tampoco me habría dejado.

-Así sabes lo mismo que yo.

-No, yo sé que es muy guapo.

-¡Joder Tere! Ponme otra cerveza anda.

-Niña, ponle otra cerveza a Pablo.

Le decía Tere mientras caminaba para meterse en el almacén, antes de entrar se giró.

-Oye ¿Tú sabes que le pasa a Lucía? Se ha interesado en saber si me llamo María Teresa.- Pablo levantaba las cejas, pensaba, sabía porque le había preguntado.

-Yo que voy a saber Tere.- Le contestó Pablo con una sonrisilla.

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