AKUARIES

21.

Se fueron los cuatro a una discoteca, pidieron unas copas que se tomaban de pie en una barra. Hablaban de cosas intrascendentes, hasta Manolo se había animado y hablaba bastante con Carlos.

-Venga Lucía, vamos a bailar esta canción.- Le animaba su amiga.

Las chicas se fueron a la pista, ellos se quedaron en la barra.

-Es muy maja Isa.- Decía Carlos.

-No hace falta que te explique lo que me ha hecho, ya lo sabes todo, me lo dijo ella.

-Manolo, no fue culpa suya, Daniel es un hijo de puta, un cabrón que sabe engatusar a las chicas…

-No la defiendas, si ella me hubiera querido de verdad, nunca se lo habría follado, nunca.

-Ha cometido un error Manolo, un error, ella te quiere, te lo aseguro…

-Me dijo que tienes una casa muy grande.- Le cortó Manolo cambiando de conversación.

-Yo no tengo nada, todo es de mi padre, no te negaré que vivo bien, no me hace falta nada y si necesito algo lo tengo, es cierto.

-Y que Daniel es vecino tuyo.

-Bueno, vecino, vecino, no, vive a seis casas de la de mi padre, a un kilometro casi.

-Perdona Carlos ¿Seis casas ocupan casi un kilometro de distancia?

-Digamos que son casas con un terreno… amplio.

Manolo bebía, pensando en el lugar donde debía vivir aquel tío.

-Mira Carlos, Lucía es una buena amiga, espero que tengas buenas intenciones con ella, lo mío con Isa no tengo más cojones que tragármelo, pero si a ella le haces daño…

-Para, para, estoy enamorado de ella hasta las trancas, no sé si nos irá bien o no, no puedo saberlo, pero te aseguro que jamás le haré daño premeditadamente.

Se miraban a los ojos, Manolo pensó que era un buen chico, desde luego no se parecía en nada a lo que le había contado Isa de Daniel.

-¿Y tú con Isa? ¿Cómo lo ves?- Preguntaba Carlos, interesado en ayudarla a ella.

Manolo miraba como bailaba Isa, se le humedecían los ojos, bebía del cubata y seguía mirando. Claro que estaba muy enfadado con ella, hasta llegó a pensar en no verla nunca más, pero cuando ella insistió tanto, el interés que le ponía, si hasta se presentó por sorpresa con Carlos para estar con él, volver a verla, tan guapa, tan interesada por él. Sabía que tarde o temprano, tendría que perdonarla, era el amor de su vida, aunque le hiciera la putada que le hizo, eso no borraba lo que sentía por ella. Carlos lo miraba, sabía más o menos lo que debía estar pensando, le tocó un brazo en señal de apoyo. Las chicas seguían bailando, Isa se acercaba al oído de Lucía para hablarle.

-Y tú con Carlos ¿Qué?

-Igual que siempre, bien.

-Va ¿No me dirás que no te ha gustado verle esta noche? Se te nota nena.

-Es un tío agradable, no te digo que no.

-¡Ya está bien Lucía! Te lo vas a follar de una vez o no.

-Que no coño… y déjame tranquila con eso.

-No hay quien te entienda tía, te follaste al zoquete drogata aquel, a algún otro tío que te gustó saliendo de fiesta, solo porque te picaba el chichi, seguro que ahora te debe picar, con el tiempo que hace que no te comes nada tía.

-Es diferente, esos tíos no me importaban una mierda…

-¡Claaaro! Ahora lo entiendo, Carlos te preocupa demasiado, estás enamorada como una perra de él.

-¿Cómo una perra? Hablando así, no me extraña que te digan que eres una choni tía.

Las dos reían, se acercaron Manolo y Carlos.

-¿Qué tal chicas? Parece que tenéis ganas de bailar.- Les decía Carlos.

Isa se enganchó al cuello de Manolo, empezaron a bailar un tipo de lambada, aunque la música no tenía nada que ver. Lucía le puso las manos encima de los hombros a Carlos, este se las colocó en la cintura, se movían siguiendo el ritmo de la música, a una distancia prudente, eso sí.

Esa tarde, Pablo conducía el coche de su amiga, era mucho mejor que el suyo, el coche quiero decir. Iban por una carretera de montaña muy estrecha y curvas cerradas.

-Desde luego, no sé donde encontraste este hotel, esto está en el fin del mundo coño.- Se quejaba Pablo.

-Es un hotelito muy mono, y muy discreto…

-Sí, discreto seguro que lo es, hasta aquí no llega ni Dios.- Reían los dos.

-Te gustará, tiene habitaciones muy espaciosas y un jacuzzi muy grande en el baño.

-¡Coño! Pues habrá valido la pena llegar hasta aquí al final.

-Ya te digo yo que sí, podremos pasear, comer bien, descansar.

-Si las habitaciones son tan espaciosas como dices, prepárate, te voy a empotrar contra todo lo que pueda.

-Que fogoso que viene mi niño por Dios.

Pablo prestó atención a un par de curvas muy cerradas.

-Me tienes que contar mejor como fue la conversación con tu hija.

-¿Con mi hija? Bien, como siempre.

-¿Bien? Si estabas acojonado de decírselo, en el momento de proponértelo no querías venir, te tuve que decir que ya había hecho la reserva para convencerte.

-La verdad es que se cachondeó un poco, un poco bastante, me trató como a un crio, que le pedía permiso me dijo, y si fuera poco hasta me aconsejó que trajera condones, para no darle una sorpresa en unos meses me dijo. Qué carácter tiene la nena.

Ella se moría de risa. Poco a poco, el camino fue llaneando, hasta llegar a la entrada del hotel. Hicieron los trámites de entrada y subieron a la habitación, ella la abrió, él entró detrás con las maletas, se pararon los dos en medio, mirando el ventanal con vistas a un prado verde, Pablo dejó las maletas en el suelo.

-¡Oye! Pues sí que es grande la habitación sí.- Comentaba ella.

-Ya lo creo, tenemos espacio para todo.

-¿Para todo?

-Sí, sí, para todo, para todo.- Volvían a reír.

Entraron al cuarto de baño.

-También es muy grande.- Decía Pablo.

-Y tiene una ducha muy espaciosa.- Decía ella. Pablo la miraba con una sonrisilla malévola, ella reía de nuevo.

Los dos se quedaron mirando la bañera, redonda, muy grande, con las toallas en el borde bien dobladas con un lazo encima, llena de agua y pétalos de rosas flotando.

-¿Y esto?- Se sorprendía ella.

-Pues ya ves, una bañera jacuzzi, y grande, muy grande…- Le contestaba Pablo mientras se quitaba la ropa.

Ella le miró, se rió a carcajadas y empezó a quitarse la ropa también. Se metieron los dos en pelota picada, ella se estiró, le salía solo la cabeza del agua, Pablo se colocó a su lado de costado, le apoyó una mano en la rodilla, que rápidamente fue subiendo entre los muslos, ella abrió las piernas flexionando las rodillas. La mano de Pablo se apoyó totalmente en su coño, lo frotaba como si se lo estuviera limpiando, ella tiraba la cabeza hacia atrás cerrando los ojos, ya le había empezado el gustirrinín. Pablo con el dedo corazón, le daba vueltas al agujerito, ella le miró a los ojos, se besaron, un beso tranquilo, profundo, entregándose las lenguas. Ella sacó una mano del agua para acariciarle la cara a Pablo, él con el dedo insistía en la entrada de la vagina, poco a poco, cuando lo vio posible, le fue metiendo el dedo en el coño. Ella gimió agarrándole el pescuezo, para apoyar su cabeza en su pecho, él fue jugando con el dedo, metiéndolo, sacándolo, dando vueltas dentro, a la vez que con la palma de la mano le frotaba los labios y el clítoris.

-Como me estás poniendo cabroncete.- Susurraba ella jadeando.

Con la otra mano, le agarró la polla, se la apretó y pajeó un momento, después le agarró los huevos amasándolos. Él seguía jugando con el dedo dentro del coño, ya lo tenía mojado por dentro, por el dedo de Pablo, y por fuera, por el agua de la bañera.

-Te voy a follar, aquí y ahora.

Le dijo ella en tono de amenaza, se giró y se subió encima de él a horcajadas, se dirigió la punta de la polla a la entrada de su coño, movió un poco las caderas, para que le entrara la puntita dentro, y se dejó caer empalándose hasta el fondo. Los dos suspiraron de gusto, él le agarró el culo, ayudándola a subir y bajar, metiéndose y sacándose su polla del coño, a los dos le iba cambiando la cara del placer. Pablo aprovechaba, que ella le había dejado las tetas delante, para comérselas, chuparle y succionarle con delicadeza el pezón, ella levantaba la cabeza mirando al techo, gimiendo, moviéndose encima de él, se tensaba, se agarraba apretándole los hombros, le dio cuatro o cinco culazos a la polla y se corrió. Se relajó con un tremendo suspiro, dejándose caer encima de él, que le pasaba los brazos por la espalda abrazándola. Le dio un par de besos en el pecho y le miró a los ojos.

-No ha estado mal, pero prefiero la cama.- Opinaba ella.

-Ha sido una experiencia nueva, pero esto esta duro, y con tanta agua, no sé, yo también prefiero la cama, vamos a probarla.

A ella le salía una carcajada riendo, él la ayudaba a levantarse, salieron de la bañera, se secaron, él todavía con la polla tiesa. Le agarró la mano y la llevó hasta la cama, la sentó en el borde, le presionó un hombro para que se estirara, se arrodilló fuera de la cama, le levantó las piernas abriéndoselas, y se tiró literalmente a comerle el coño. Ella pegó un grito agarrándose al pelo de Pablo, estuvo un buen rato lamiéndoselo y chupándoselo, con cuidado, sabía que lo tenía sensible después de correrse. Cuando se cansó, la ayudó a desplazarse por la cama, hasta colocar su cabeza encima de un cojín. Le abrió las piernas todo lo que le daban de si, ella le miraba con una sonrisilla, le gustaba verlo tan excitado, él se colocaba en medio, aguantándose con una mano en la cama, con la otra se agarraba la polla a punto de reventar de tan tiesa que la tenía. La apuntó en el agujero del coño, que lo había dejado totalmente mojado a lametazos, y de un golpe seco de cintura se la metió hasta el fondo, empotrándola contra la cama.

Ella pegó un grito, que la debieron de oír hasta las vacas que estaban pastando en el prado, un tremendo latigazo de placer le recorrió el cuerpo, se agarró con fuerza, con una mano en la espalda de Pablo, con la otra en el culo. Él se fue moviendo a buen ritmo, penetrándola profundamente, sacándole un grito de gusto cada vez que se la metía. A ella los ojos se le ponían en blanco, la cara desencajada por el placer, por la boca dejaba salir el aire en forma de gemido, grito y jadeo, una mezcla de todo. Pablo notaba que ella estaba a punto de correrse de nuevo, el interior de su coño se estaba haciendo agua, se la follaba escuchando los chasquidos de la polla al penetrarla. Ella se volvió a tensar, el cuerpo le daba latigazos, con las manos le apretaba tanto la espalda y el culo que le hacía daño, él seguía follando a un ritmo loco, ya había perdido todo tipo de control. En cuanto ella dio el primer grito de orgasmo, él dejó ir el primer lechazo, ella lo sintió en su coño, gritando más, después llegó el segundo y todos los demás. A dúo, los dos, se fueron corriendo, vaciándose, sintiéndose llena, acariciándole la carita, apretándole el culo, acompañándose en los gemidos, mirándose tiernamente a los ojos en la parte final.

Pablo se salió de encima, ella se tapó el coño con la mano y se levantó corriendo metiéndose en el cuarto de baño. Al oír la ducha, él también entró y se metió con ella.

-No podía dejarlo salir todo en la cama, la abría dejado echa una mierda. Estabas cargadito ¡Eh! Sinvergüenza.

-Tú, me pones como el pico de una plancha de caliente, después pasa lo que pasa.

Los dos reían dejando caer el agua en sus cabezas.

A altas horas de la madrugada, salieron de la discoteca Isa, Lucía, Manolo y Carlos, se pararon en la acera.

-Manolo y yo nos vamos, a ti ya te acompañará Carlos ¿A que sí guapo?- Dijo Isa.

Agarró del brazo a Manolo y se fueron caminando, antes que Lucía pudiera quejarse.

-Si no quieres que te acompañe, puedo pagarte un taxi.- Le decía con voz de buen niño Carlos a Lucía.

-Si quisiera un taxi, me lo podría pagar yo.

-Así, puedo acompañarte a tu casa.

-Sí que puedes.

Rieron y caminaron a buscar el coche de Carlos. Isa y Manolo ya iban de camino.

-Si quieres puedes llevarme a otro sitio, donde tú quieras.- Le decía Isa con una voz picarona.

-Sé donde quieres ir, pero no te voy a llevar, ya he visto como me has estado provocando toda la noche…

-Y tú no has desaprovechado la ocasión, me he dado cuenta como me mirabas las braguitas.

-Porque tú eres una cabrona, sabes cuál es la faldita que me gusta, en cada ocasión que has tenido has abierto las piernas, para que viera que llevabas puesto el tanga ese medio transparente que tanto me gusta y me pone. Pero no, no vamos a ir a follar.

-Así, me dejarás en mi casa.

-Sí, y si puede ser cuando llegues te pones el cinturón de castidad.

-No me hace falta, no pienso ir a ningún sitio si no es contigo.

-Puedes hacer lo que quieras, eres una mujer libre.

-Vale ya Manolo.- Acababa con la conversación Isa molesta.

El resto del camino no se dijeron nada, hasta que Manolo paró el coche delante del portal donde vivía Isa.

-Esta noche prefieres hacerte una paja, pues muy bien.- Le decía Isa.

-Haré lo que quiera Isa, no lo que tú me…

Manolo se calló de golpe, al ver que Isa se metía las manos por dentro de la mini falda y se bajaba el tanga, hizo una pelota con él agarrándolo con una mano.

-Toma, si te vas a hacer una paja, háztela bien hecha.

Le dijo Isa metiéndole el tanga en uno de los bolsillos del pantalón.

-¿Pero qué coño…?- Intentaba quejarse Manolo.

-Mañana te llamaré, atiéndeme el teléfono por favor, no me hagas ir a buscarte a tú casa.

Isa salió del coche dejándolo con la palabra en la boca, abrió la puerta del edificio y se giró, le sonrió y le guiñó un ojo antes de cerrar. Menuda cabrona está hecha, pensó Manolo mientras ponía el coche en marcha.

Lucía iba en el asiento del acompañante, Carlos conducía el último modelo del Volkswagen golf, el típico coche de un niño pijo, pensaba Lucía.

-Hoy vas a entrar en los bajos fondos, espero que no te traumatices.- Se cachondeaba Lucía.

-Lucía, tengo amigos de todo tipo, te aseguro que he estado en la casa de alguno que será peor que la tuya, a mí eso de las clases sociales me la suda. Mira, tú estás trabajando, estoy seguro que tienes más dinero que yo…

-¡Venga ya hombre! ¿Pero tú te estás escuchando? Con este coche y la casa donde vives.

-Este coche es de la empresa de mi padre, la casa también es de él, yo no tengo nada.

-Tú no tendrás nada, pero la ropa que llevas puesta y el reloj, no la podría pagar yo en meses trabajando.

-En eso tienes razón, pudo disfrutar de todo lo que quiera.

-Así tampoco me importaría vivir a mí.

-Chica lista, estás en todo.

Los dos reían, Lucía pensaba, desde luego es un buen tío, es humilde, aunque sea un pijo de cojones, es dulce y cariñoso, aunque yo no le deje serlo demasiado, tiene humor y me hace reír.

-Puedes parar aquí, es esa calle, es muy estrecha y por el otro lado no tiene muy buena salida, mejor sigue por aquí recto cuando te vayas.

-Lucía ¿Puedo ir a verte al bar mañana? Me gustaría volver a salir contigo, hablar, bailar, lo que tú quieras.

Lucía pensaba mirándole a los ojos, se acordó de la conversación con Mercedes, apretó los labios y le dijo que si con la cabeza.

-Gracias, estoy contento de que aceptes.

-No me des las gracias por esto.

Carlos la miraba, con cariño, con cara de buen niño. Ella acercó su cabeza y le dio dos besos, uno en cada mejilla.

-Hasta mañana.- Se despidió ella mientras abría la puerta del coche.

-Hasta mañana.- Contestaba él con una sonrisa de oreja a oreja por los besos de Lucía.

Carlos se fue más alegre que unas pascuas, por fin parecía que Lucía le daba algo de bola.

Manolo llegó a su casa, entró en su habitación y cerró con el pestillo por dentro, se tiró encima de la cama boca arriba, se frotaba la frente pensando en Isa, sabía que estaba haciendo con él lo que quería, que la acabaría perdonando. La cabrona lo conocía demasiado, sabía cómo provocarlo, esa noche le enseñó las bragas las veces que quiso, ese tanga semi transparente de color clarito. Sin pensarlo se había desabrochado el pantalón, tenía agarrada su polla gorda y dura, la meneaba lentamente. Metió dos dedos dentro del bolsillo sacando el tanga, se lo puso en la nariz, ese olor, Dios mío, ese olor que tan bien conocía, el olor del coño de Isa, el coño que tanto le gustaba comerse, mientras ella se deshacía de gusto perdiendo los papeles, ese coño al que le metía la lengua en el agujero, del que lo saboreaba todo. No le dio tiempo a pensar en nada más, Manolo se empezó a correr, veía como el semen salía disparado en vertical pasando por delante de su vista, jadeó hasta que se sacó la última gota.

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