SYLKE & RAÚL

CAPÍTULO 1

Estoy medio tumbado en la cama viendo una peli en la tele, algo aburrido, por cierto, mientras Mar, mi esposa, está en el baño. De pronto, cuando sale con ese camisón corto de color negro que la hace tan sexy, mi mente se olvida de la peli y mis ojos se clavan en su cuerpo… y ella sabe que me encanta ese camisoncito que se transparenta ligeramente, mostrando sus curvas y esos dos preciosos pezones que coronan sus tetitas, que no son muy grandes, pero para mí son perfectas y tienen el tamaño justo para abarcarlas en cada una de mis manos. Ella camina sensualmente por la cama y gatea hasta llegar a mí. Su pelo rubio tapa ligeramente esas balanceantes tetas hasta que por fin su boca alcanza la mía, dándome un piquito. Sabe que esos juegos me vuelven loco, aunque viendo su zalamería, creo que me va a sacar algo. Y justo antes de meterse a la cama me dice:

–        Ya sabes cariño que mañana vienen a comer mi hermana con su marido, ¿no?

–        ¡Joder! ¿Quién, Marel y ese gilipollas de Igor? – digo refiriéndome a mi cuñado.

–        Bueno Aritz, no te pongas en ese plan, hombre, tendríamos que ir olvidando ese tema.

–        No me jodas, Mar, ya sabes lo que pasó con ese idiota, no quiero ni verle en pintura, te lo dije bien claro. Además, tú tenías que estar de acuerdo conmigo, ¿ya se te ha olvidado que casi nos arruinamos por culpa de ese imbécil que siempre va de bueno?

–        Si cielo, ¿cómo se me va olvidar?, no lo digo por él, ya lo sabes, lo hago por Marel…

–        ¿Por tu hermana?, ¿Qué le pasa?

–        Pues desde que la echaron de su trabajo, ya sabes cómo están las cosas, bueno pues la pobre no encuentra nada y había pensado que tú… bueno, me gustaría que la ayudaras.

–        ¿A contratarla? No sé si tu hermana…

En ese momento, Mar, que sabe cómo engatusarme y encenderme, se pone muy mimosa y me hace carantoñas, besa mi cuello y empieza acariciar mi verga por encima del pijama. Habitualmente soy yo el que toma las riendas, pero cuando mi mujer se pone así, yo caigo como un conejo.

Mi historia de mi recelo con mi cuñada, no viene por ella, ya que es un encanto en todos los sentidos, sino indiscutiblemente por su esposo y por un negocio que emprendimos juntos, que empezó mal, pero acabó mucho peor y prácticamente todos los problemas surgieron por su ineptitud, su inutilidad, además de pifiarla en cada contrato, en cada venta o en cada entrega. Yo levantaba el vuelo, tras cada uno de sus desastres y él volvía a liarla, una y otra vez hasta que nuestro negocio se fue directamente al garete. Con el tiempo me enteré, además, que hacía sus chanchullos sin que yo me enterara.

Desde entonces prácticamente no nos hablamos, salvo alguna reunión familiar y poco más, prácticamente lo justo y lógicamente algo más con mi cuñada Marel, al fin y al cabo, es la hermana de mi mujer y desde luego no se merece ese idiota como marido, ni en lo físico ni en inteligencia, pues ella le pega cien mil vueltas. No sabría cómo definir a Marel, pero cualquiera que la vea se queda sorprendido, porque ella es realmente impresionante… es una mujer preciosa. Se parece bastante a su hermana, pero al contrario que Mar, ella tiene el pelo moreno, muy largo, además de tener unas tetas enormes, casi el doble de las de su hermana, con un cuerpo fibroso y bien formado, además de ser guapísima de cara. No niego que Marel ha formado parte de mis fantasías y algunas de mis masturbaciones, casi desde siempre, pero ahora a sus treinta y pocos, con su cuerpo de gimnasio, está todavía más buena que antes. Aun no entiendo como acabó con el inútil de Igor.

Ellas son tres hermanas y las conozco desde hace más de quince años, cuando me casé con Mar, la mediana, pero tuve mayor relación con Marel, a la que conozco desde que era adolescente, porque ella es la pequeña de las tres… pero la relación con ella se torció hasta el desastre del negocio con su esposo. 

Mar sigue chupando el lóbulo de mi oreja y jugando con mi polla que ya ha atrapado bajo las sábanas.

–        Entonces, ¿No le vas a echar una mano a mi hermanita? – me comenta susurrando toda insinuante.

–        Cariño ya sabes que te he dicho mil veces que no me importa contratar a tu hermana y más cuando ella, habla varios idiomas, por su presencia, sus conocimientos, pero siempre me dice que trabajar con la familia o amigos puede salir mal. Además, siempre dice que mi nuevo negocio no le hace mucha gracia… bueno sobre todo al tonto de su marido, que lo que me tiene es envidia.

En eso, mi mujer tiene metida su mano debajo de mi pantalón y está acariciando mi polla directamente y en poco tiempo se está entonando. Al ver su cara de dar pena, sus morritos y lo mimosa que se pone, le digo.

–        Está bien, que vengan y la propongo un trabajo, pero que el payaso de su marido no ponga una sola pega y que ni se le ocurra dirigirme la palabra.

Mar me sonríe porque sabe que para mí es un gran esfuerzo, ya que sabe que Igor se me atraganta, pero ella se siente agradecida por su hermana, se muerde el labio y retirando la sábana se mete mi polla en su boca. Lentamente comienza a hacerme una felación chupando la punta de mi dura verga, mamándola despacio y metiéndosela casi hasta la mitad, ya que nunca ha conseguido tragarla entera. Yo empujo mi pelvis en cada una de sus chupadas, pero ella se separa.

–        Cariño, ya sabes que no puedo tragarla o me harás vomitar… la tienes demasiado grande. – me dice para a continuación seguir chupándola.

Mi mujer la chupa de maravilla y es una pena que no se la trague al completo, pero lo entiendo… Acaricio su cabeza y en ese momento estoy pensando inevitablemente en mi cuñadita, imaginando si ella se la chupará así a su marido, porque los labios gordezuelos que tiene, deben ser una delicia rodeando un miembro duro como el mío. Por un momento cierro los ojos y la imagino con su bikini blanco, ese que ha llevado alguna vez, en la época de cuando íbamos juntos de vacaciones. Joder, no puedo evitar, mientras Mar me la sigue chupando, imagino que es su hermana quien lo hace y no dejo de ver esas enormes bubas rodeando mi polla haciéndome una cubana, logrando que me crezca aún más la polla dentro de la boca de mi mujer.

–        Cariño, veo que lo estoy haciendo bien, noto como se tensa este tronco. – me dice mi esposa pajeándome sonriente para seguir chupando a continuación.

–        Lo haces de maravilla, cielo.

Lo que ella no sabe es que ahora estoy pensando en ese redondo culo respingón que tiene su hermana pequeña, imaginando lo que debe ser follárselo, agarrándola de las caderas y haciéndola botar, mientras sus enormes tetas suben y bajan a cada embestida, sinceramente hacerlo con ella tiene que ser gloria bendita. Creo que eso es lo único que envidio de mi cuñado.

En ese momento agarro a mi mujer de sus cabellos dorados y la aprieto contra mi barriga para que se trague al máximo mi polla, pero como siempre, se queda hasta la mitad y acaba soltando mi miembro, respirando con dificultad y tosiendo llena de babas, como cada vez que lo intento.

–        Joder, cariño, qué bruto eres, ya sabes que no puedo. – dice ella pajeándome.

–        Ven, anda, súbete, que quiero partirte el coño. – la digo totalmente desbocado sin quitarme a Marel de la cabeza.

Mar, coge un poco de aire, me sonríe y a continuación se pone encima de mí, apartando su tanga y metiendo mi polla gruesa en su estrecho coño.

–        ¡Ah, qué gorda es! – exclama ella, al verse empalada.

Me encanta sentir cómo se abren las paredes vaginales adaptándose a mi grosor y la voy embistiendo con golpes de mi pelvis, hasta chocar contra el fondo de su útero mientras le bajo un tirante de su camisón y le muerdo ese pezón oscuro para hacerla gemir de placer.

–        ¡Ay, cariño, me matas! – suspira gimiendo cada vez que se la meto hasta el fondo.

Sus tetas son pequeñitas, nada que ver con los melones de su hermana, sin embargo, es una parte muy sensible para ella y le excita mucho que le muerda sus pezoncitos, mientras sigo con mi mete-saca, suave al principio, pero luego cada vez más fuerte, arrancándole un orgasmo y corriéndome yo a continuación….  Todavía la tengo metida dentro de su coño soltando chorros de semen en su interior, mientras mi cabeza no deja de pensar en las tetas de su hermanita y en ese culo que me encantaría follarme.

–          Sí que estabas cargado – me dice sonriente Mar, separándose de mi cuerpo mientras innumerables ríos de semen se escurren por el interior de sus muslos.

Al día siguiente, al despertarme, veo que mi mujer no está en la cama, me levanto y me dirijo al cuarto de baño para ducharme, volviendo a recordar a mi cuñadita, cuando la he visto con sus minifaldas o sus mallas de gimnasia y pensando que seguramente ella no va a querer trabajar para mí, pues mi negocio es “bastante especial”. Tras la ducha, abro el armario y me pongo los pantalones cortos y mi camiseta del Athletic dispuesto para salir a correr. Mientras bajo las escaleras de nuestro chalet oigo a mi mujer hablar por teléfono con su hermanita desde el jardín.

–        ¡Qué bien, Marel! – comenta risueña – entonces veniros sobre las dos, que para entonces ya estará la paella. Ya sabes que Aritz la hace mejor que los valencianos.

Me acerco por detrás de Mar y la muerdo en el cuello y noto como su piel se eriza.

–        Tranquila hermanita – continúa ella hablando por teléfono – no hace falta que traigáis nada.

–        ¡Encima gorrones! – digo en voz baja junto a su oreja y Mar me da un codazo, pero es que no dejo de pensar en el caradura de mi cuñado y las que me lio, el hijo de puta.

–        Qué no, de verdad – continua Mar en su charla de hermanas – además tenemos una sorpresa.

Mi mujer se gira y me da un piquito de agradecimiento, aunque me sigue pareciendo bien la idea de contratar a Marel, no tanto lo de hacerle el favor a mi cuñado.

–        Vale hermanita ya se lo diré a Aritz. Un beso… ¡Agur! – Se despide al fin.

Al colgar, abrazo a mi mujer por detrás y cogiendo una fresa de la mesa, se la meto en la boca y ella la muerde sensualmente mientras yo le restriego mi polla en su culito.

–        Cari, veo que te has levantado de buen humor. – me dice al notar la dureza en su culo.

–        Es que tus labios carnosos me vuelven loco cuando comes las frutas de la pasión. – respondo restregando mi polla en su trasero

Ella gira su cabeza y nos damos un piquito, aunque yo vuelvo a pensar en los labios y en el culo de su hermana. El hecho de saber que podría tenerla todo el día cerca de mí en el trabajo, me excita un montón.

–        Cari, he hablado con Marel y le he dicho que vengan sobre las dos de la tarde.

–        Sí, te he oído – digo poniéndome más serio.

–        Cariño, sé que estás enojado por lo que pasó, pero hazlo por mí, ¿vale? Ella es mi hermana pequeña y sabes que te considera como el padre que no tuvimos.

–        Lo sé y con ella no estoy enojado… es con el mamón de Igor, además, si hago todo esto es por ti.

–        Gracias cari. – responde sonriente

Mar se gira y nos damos un morreo con lujuria y pasión. Mientras le agarro de su redondo culete.

–        Se me hace tarde, cielo… me voy a correr – le digo mientras apuro un vaso grande de zumo de melocotón.

–        Ok, gracias corazón. – añade, dándome una palmada en mi culo.

Como suelo hacer cada mañana, empiezo a trotar haciendo mis 10 km alrededor de la ría del Nervión y mientras recorro el paseo marítimo, vuelvo a recordar el motivo por el que prácticamente dejé de hablarme con mi cuñado, pero sigo pensando que su mujer no tiene nada que ver en el asunto y es cierto que no me importa contratarla en mi nuevo negocio, pero me jode por él, por mi cuñado, que además de un vago, es un chulo y un inútil total, ya que aquella empresa de deportes que teníamos a medias se fue a la ruina debido a su ineptitud, pero además porque negoció a mis espaldas con un nuevo proveedor y le pagamos grandes cantidades de dinero y que luego resultó ser una estafa. La cosa no pudo ir peor, cuando estuve años pagando deudas por su culpa.

Por suerte, mi mujer es ejecutiva en una empresa internacional y en aquellos duros momentos, pudimos salir adelante. Luego, con mucho esfuerzo y trabajo emprendí un nuevo negocio con otro socio y me funciona de maravilla, como mi padre decía siempre, soy un tío con recursos, que no se rinde nunca y que no paro, así que prácticamente de la nada he creado una nueva empresa que además da trabajo, directa o indirectamente a más de cien personas. Reconozco que puede sonar raro, pero se trata de un negocio online dedicado a productos sexuales, aunque nos da enormes beneficios. Prácticamente lo vendemos todo por internet y queremos expandirnos por todo el mundo, pero aun así quise tener una tienda en el centro de Bilbao, casi como un capricho, pero también ha acabado siendo exitosa, hasta convertirse en el sex-shop más grande del norte del país…  No me quejo, me va muy bien, en cambio mi cuñado va de fracaso en fracaso, algo que, en el fondo celebro, aunque no tanto por Marel, claro.

Cuando vuelvo a casa, veo que Mar no está, me doy otra ducha, me pongo ropa cómoda (pantalón de chándal y una camiseta de tirantes), y bajo a la cocina que tenemos en el jardín para empezar a hacer la paella.

Justo cuando estoy rehogando el pollo, oigo como se abre la puerta corredera que da a la calle y aparece mi mujer con un bikini negro, y un pantaloncito blanco cortito, junto con unas sandalias romanas bajas atadas al tobillo. Se acerca dónde estoy y me da un beso en el cuello por la parte derecha mientras que con su mano izquierda me agarra mi glúteo con firmeza.

–        ¿Dónde está mi cocinero favorito? – me dice mimosa.

–        ¿Vienes de la playa? – le pregunto.

–        Sí, cari me voy a duchar que tengo todo el cuerpo de salitre.

Le doy un beso en su hombro, cerca de su clavícula y noto el sabor a sal y me encanta.

–        Si quieres te lavo yo a lengüetazos – le digo a modo de broma, aunque me encantaría hacerlo.

–        Anda, sigue con la paella que por cierto huele muy bien. – me dice dándome un nuevo azote y desparece entrando en la casa.

Al cabo de un rato, mientras sigo con una cuchara de palo y estoy probando el arroz, llaman al telefonillo, al descolgar, veo a mi cuñada Marel y su marido a través de la pantalla y les abro mientras grito a mi mujer:

–        Cielo ya está aquí Marel y el cabronazo de tu cuñado.

–        ¡Aritz, que te van a oír!… – Contesta ella apurada asomándose a la terraza de arriba.

No creo que me oigan, porque aún están entrando por el jardín y es bastante grande, pero casi que me da igual, por un lado, hasta me gustaría decirle unas cuantas cosas a ese cabrón.

Un minuto después veo aparecer en primer lugar mi cuñada, preciosa como siempre, con su pelo moreno, recogido en dos trenzas, que le dan un aspecto juvenil y rebelde, lleva sus gafas de sol, un niqui blanco ajustado marcando sus protuberantes tetas, acompañado de un pantaloncito vaquero cortito, del que asoman los bolsillos por delante y parte de sus posaderas por detrás. Lleva también unas zapatillas deportivas blancas y en el brazo un bolso playero. Sus piernas son espectaculares y eso que lleva calzado plano, cuando lleva tacones se te corta la respiración. ¡Está realmente para comérsela! Al verla, mi polla se endurece inevitablemente, justo en el preciso instante que me da dos besos y me saluda con su rostro serio.

–        Hola, Aritz.

–        Hola. –  Le respondo igual de serio.

–        ¿Dónde está mi hermana? – Pregunta.

–        Está arriba. – le respondo secamente, sobre todo viendo al cabrón de su marido detrás.

Marel entra en casa y se dirige a las escaleras a buscar a su hermana, pero yo sigo acariciando con mi mirada su espectacular cuerpo, sobre todo ese trasero perfecto que tiene. Estoy tan embelesado mirando sus piernas, que no me he dado cuenta de que tengo a mi cuñado al lado.

–        ¡Qué tal tío! – me dice dándome una palmada fuerte en la espalda.

Yo le miro de arriba abajo pero no le respondo. Me fijo en sus bermudas de florecitas, en su barriga cervecera y en su sonrisa de bobo que me trae tan malos recuerdos. Él intenta por todos los medios ser simpático y tener una conversación, pero yo le respondo con monosílabos, pues no me apetece nada una charleta con él.

–        Aritz, tío, ¿cuándo me vas a perdonar, macho?, sé que metí la pata con aquel proveedor, pero coño, somos familia… – insiste con sus palmadas en la espalda que me revientan.

Perdonarle no sé, quizás algún día, pero lo único que pasa por mi cabeza en ese instante es patearle el trasero, borrarle esa cara de chulo y esa sonrisa burlona, que parece que vacila siempre. Me encantaría planificar una venganza y que sufriera tanto como yo, que me vi en la bancarrota de la noche a la mañana por su culpa.

En una de esas le dejo con la palabra en la boca y mientras el arroz reposa, aprovecho para entrar en la bodega y sacar una botella de vino blanco, lo descorcho y lo sirvo en 4 copas sobre la mesita que hay junto a la piscina.

Igor que está sentado en el sofá blanco agarra su copa y antes de dar un sorbo, me dice:

–        No hace falta que te diga que por gusto no hubiera venido, Aritz, pero sabes cómo están las cosas. Marel y yo estamos… bueno, que nos hemos quedado sin curro.

–        Bueno, mira las primeras palabras que salen de tu boca con humildad, diciendo la verdad. – le digo.

–        Pues sí, hablando de humildad, veo que a ti no te va mal. – añade mirando a su alrededor, tanto el jardín, la piscina como el chalet.

–        No me quejo. – respondo a su impertinencia, pero en el fondo me gusta que me tenga esa envidia.

–        Parece que este negocio que tienes ahora funciona mejor que el que montamos tú y yo.

–        Por suerte. – respondo secamente.

Desde luego una cosa tengo clara, a este no le doy trabajo ni loco. Justo cuando va a contestarme con alguna de sus payasadas, entran las hermanas en el jardín riéndose, y les doy una copa a cada una, pero cuando se la ofrezco a Marel noto que se pone tensa conmigo, aun así, intento ser amable y pronuncio un brindis.

–        Por las Hermanas Agirregomezkorta, que, por cierto, vuestra ama no se estrujó la cabeza pensando en nombres de chicas, llamándoos Mar, Mamen y Marel, jejeje.

–        Jajaja que gracioso eres cari. – comenta mi mujercita, aunque veo que mi cuñada no se ríe y pone cara de pocos amigos.

Por supuesto hay tensión y no brindamos, solo levantamos la copa y me percato que tanto mi cuñada como Igor están descolocados, pero en ese momento mi mujer rompe el hielo comentando:

–        Bueno, vamos a comer esa estupenda paella que ha hecho mi maridito y luego os comentamos la sorpresa. –  añade abrazándose a mi cintura por detrás.

–        Me tienes intrigada, Mar… ¿no estarás embarazada? – comenta mi cuñada.

–        No, no es eso, jajaja… y no niego que tengo ganas, por no hablar de Aritz que está loco por hacerme un bombo, pero ahora con mi trabajo, francamente no puedo…

Mar y yo nos miramos con esa mirada cómplice de siempre y es cierto lo que dice, ambos estamos deseosos de ser papás, pero las circunstancias nos han llevado a posponerlo, principalmente por el trabajo, que ahora mi esposa no puede dejar de momento, aunque lo cierto es que ahora nos va muy bien y tampoco podremos esperar mucho más, pues Mar ha superado los cuarenta y no podemos hablar de largo plazo…

–        Por cierto, ¿vosotros?, ¿seguís yendo a por el bebé? – pregunta Mar a la pareja, pero ambos se miran, algo tensos y no contestan.

Por lo que me ha contado Mar, su hermana ha intentado por todos los medios quedarse embarazada pero no han logrado llevarlo a término, incluso han estado en un programa de inseminación artificial, con largos tratamientos.

–        En ello estamos – dice al fin Marel – aunque lo de la inseminación prácticamente lo hemos descartado, ya que parece que yo no tengo suficientes estrógenos y otros problemas hormonales, para poderme quedar embarazada y ahora estamos también en una lista de espera para la adopción.

–        Bueno, bien, ¿no? – añade mi esposa levantando la copa y guiñando el ojo a su hermana, aunque veo que Igor no muestra demasiado entusiasmo.

–        No es sencillo y son trámites caros. – comenta él al fin

Al fin nos dirigimos al porche y tras sentarnos alrededor de la mesa, voy sirviendo los platos a cada uno. Cuando en un momento es Marel la que toma la palabra:

–        Bueno, y ¿Cuál es esa sorpresa?

–        ¿Se lo digo? – me mira Mar

Yo asiento con la cabeza guiñándole un ojo.

–        Aritz quiere proponerte trabajar para él en su empresa. – dice al fin mi esposa.

Veo en la cara de mi cuñada cómo se esboza una sonrisa, no tanto en la de mi cuñado que se vuelve casi en una mueca de asco y Marel lo nota cuando dice:

–        Aritz, no quiero que estés obligado a nada.

–        De obligación nada, Marel, sabes que te aprecio mucho. – contesto yo mientras ella estira su mano con el plato y yo rozo sus finos dedos.

Noto como ella se ruboriza ligeramente y continúa:

–        Me refiero a que no quiero que me ofrezcas un trabajo por ser tu cuñada.

–        Bueno, por eso también, pero Marel, si lo hago es por tu valía. – añado sonriéndola y cambio el gesto cuando miro a su marido al que no haría ningún tipo de favor.

–        Gracias, Aritz – responde ella – no sé si te ha comentado mi hermana que estamos pasando una situación muy complicada, sé que muchas veces he rechazado trabajar contigo debido a que la familia y los amigos puede salir mal y más después de lo de…

Ella hace un silencio, pero todos sabemos cómo acaba la frase.

–        Lo sé, Marel, – comento yo – creo que tu preparación profesional es la que cuenta, por eso te contrataría sin ningún género de dudas, no porque seas mi cuñada… ya te lo he dicho más veces, tu perfil y tu currículum son brillantes. Me cuesta creer que no encuentres nada, pero no tendría ningún problema en contratarte en mi empresa, si tú quieres, claro.

–        Bueno, para vender consoladores, cualquiera vale, ¿no? – suelta el estúpido de mi cuñado.

Un nuevo silencio y mi cara de furia, hacen que me le quede mirando con todo mi odio.

–        No te equivoques Igor, no es vender consoladores, como tú dices… es hacer feliz a mucha gente. – le suelto orgulloso.

–        Bueno, pues a mí no me hace gracia ver a mi mujer trabajando en un sex-shop mientras cuatro viejos verdes se la comen con la mirada.

En ese momento veo que los colores suben a la cara de mi cuñada y vuelvo a pensar en cual fue la razón por la que se casó con este gilipollas. Mar nota mi furia y es la que intenta aclarar todo.

–        Bueno, no creo que Aritz tenga pensado ponerla en la tienda, ¿verdad cari?

–        No, claro, todavía no sé dónde puede encajar, tendré que presentar el currículum a mi socio. – respondo.

–        Es verdad, te lo doy antes de que se me olvide. – añade mi cuñada.

Al girarse para sacar una carpeta de su bolso que tiene colgado en la silla, me fijo detenidamente en esas enormes y perfectas tetas y por un momento pienso lo mucho que aumentarían las ventas en la tienda de Bilbao teniéndola a ella como dependienta, pero es cierto, no es ahí donde tendría pensado ubicarla. Su preparación la llevaría a ocupar un puesto de responsabilidad.

Me fijo detenidamente en ella y aunque se parece tanto a su hermana en muchos rasgos, hay grandes diferencias, aparte de ser diez años más joven, su belleza es diferente. Marel es alta, mi mujer es algo más bajita, luego esas tetazas de mi cuñada no tienen comparación y su pelo tan negro mientras que mi mujer es rubia… luego sus largas piernas, su culazo…  en fin, con mi mujer no tengo queja ninguna, al contrario, pues tiene unas proporciones perfectas. No lo digo yo, pero Mar levanta pasiones, con un cuerpazo de quitar el hipo, además de ser preciosa, a sus cuarenta y dos, está más que impresionante, mi linda esposa es una mujer increíble en todos los sentidos, pero su hermanita, uf, ella es toda una diosa. Al fin, Marel estira su mano y me entrega la carpeta con su currículum.

–        Gracias, Marel. Lo veré con mi socio. – le digo dejando la carpeta sobre una mesita y echando una nueva mirada a esas tetas bamboleantes.

–        Aritz, no tengo problema, si tengo que empezar en la tienda, puedo hacerlo, cualquier cosa, pero necesito ese trabajo. – comenta ella.

–        De eso nada, en la tienda no… – interviene Igor como si él tuviese alguna opinión.

–        Cariño, no empieces, por favor – regaña ella a su marido.

–        Ya sabes que no me gusta nada eso… – apunta el otro.

Mi mujer, con su arte, consigue rebajar un poco la tensión cambiando de tema, pero la comida resulta algo incómoda para todos y al final hay más silencios que conversaciones.

–        ¿Me ayudas con los cafés? – pregunta Mar a su hermana y se van juntas a la cocina.

Mi cuñado y yo apenas hablamos, pero él insiste en dar su opinión, cuando su situación desesperada no debería causarle tantos reparos. Además de idiota, es un engreído.

–        No te entiendo Igor, estoy dándole un trabajo a tu mujer y tú le pones pegas a todo. – le suelto viendo el disgusto de Marel.

–        Bueno, es que no me gusta que ella esté vendiendo guarradas.

–        Perdona, pero no son guarradas. – respondo ofendido – además no tienes que ser tan orgulloso, cuando vuestra situación no es para tirar cohetes, ya sé qué andáis metidos en un montón de deudas…

Igor baja la cabeza, y el caso es que prefiero no discutir con él porque siempre acabamos con bronca y vuelve a mirarme con esa prepotencia que me enerva y prefiero llevar los platos sucios a la cocina dejándole con la palabra en la boca. Justo cuando me acerco, oigo que las hermanas están hablando y puedo escuchar los sollozos de mi cuñada y me quedo justo al borde de la puerta de la cocina, pero sin entrar en ella.

–        Tranquila Marel, no le des más vueltas. – oigo a mi esposa hablarle mientras la otra suelta unos cuantos hipidos, seguramente abrazadas.

–        Es que siempre acabamos discutiendo por ese tema, Mar. – oigo que responde mi cuñada

–        Tú relájate, verás como cuando empieces a trabajar lo ve de otro modo…

–        ¿Tú crees? De un tiempo a esta parte todo le parece mal. Cuando no le gusta cómo voy vestida, es porque no le gusta cuando cocino o se mosquea conmigo porque me compro un modelito y gasto más de la cuenta, cuando hasta ahora he sido la única ha traído dinero a casa y para colmo le da por beber cada vez más a menudo y discutimos porque yo quiero que no le afecte eso a nuestro futuro bebé, pero acaba insultándome y faltándome el respeto.

–        Pero, ¿cómo?

–        Pues a veces en una fuerte discusión me echa en cara el hecho de que no me quede embarazada, como si fuese una inútil…

–        ¿En serio, Marel? ¡será cabrón!, ¿Cómo dejas que te humille así?

–        Ya sé que no es normal, yo lo quiero achacar al problema del trabajo o a que no consigamos que me quede embarazada, no lo sé… creo que eso va a ser imposible si yo no ovulo correctamente.

–        Pero si tú siempre has tenido periodos muy normales.

–        Lo sé, pero debe ser otro problema, el caso es que no consigo quedarme, ni de forma natural ni artificial.

–        Bueno, al menos está lo de la adopción…

–        Uf, esa es otra, llevamos meses con de la adopción, pero no hay respuesta. Parece ser que hay una larga lista, pero un abogado amigo suyo nos intentará colar… pero también nos cuesta una pasta y nada, eso nos enfrenta más a los dos.

–        ¿Pero entonces solo tenéis problemas económicos o hay algo más? – pregunta Mar.

–        No…eso no… es todo, no estamos bien en general, aparte de la pasta.

–        Marel, ya sabes que si necesitas dinero, no tienes más que pedírmelo. Te lo doy encantada, pero nunca quieres que te eche una mano.

–        No, ya sabes que quiero valerme por mí misma. Además, tengo unos ahorros, pero necesito trabajar, independizarme, ya sabes.

–        Bueno, mujer, Aritz te contrata fijo… ahora estáis pasando por una mala racha, ya verás como todo va mejor…

–        A veces hasta dudo eso.

–        Vamos cariño, que todo se soluciona. No lo veas todo negro.

–        Pero Mar, si ni siquiera nos va bien en la cama. – añade mi cuñada soltando un nuevo llanto.

–        ¿En serio, Marel?

Al oírle decir eso a mi cuñada, me quedo sorprendido y sigo ahí escuchando al lado de la puerta atentamente.

–        Sí, a Igor no le gusta innovar… ya sabes, echamos un polvo, se corre él y ya…

–        ¿De verdad? Me dejas sorprendida. Pero te mete mucha caña… ¿o algo así?

–        ¡Qué dices! Todo lo contrario, me deja a dos velas. – revela mi cuñadita.

Mi polla se tensa al escuchar eso y es que no me puedo creer que el gilipollas de mi cuñado no deje satisfecha a esa diosa que tiene por mujer… Marel sigue hablando compungida:

–        Todo le parece raro y se limita a follarme, sin más, nunca quiere chuparme ahí, ni que se la chupe yo a él… solo me la mete, se corre y se acaba durmiendo.

–        ¿No tenéis sexo oral? – pregunta con asombro mi mujer.

Mi cuñada sigue sincerándose con su hermana y la otra intenta consolarla, pero debe estar tan alucinada como yo.

–        Pero si es absurdo, porque por ejemplo no quiere hacer la postura del perrito, porque le parece humillante. ¿Tú has visto cosa igual?

–        No, desde luego…

–        Un día le pedí que me follara en volandas, contra una pared, tal y como habíamos visto en una peli, pero me dijo que eso solo pasa en las películas.

–        Te aseguro que no. – responde mi mujer ya que es una de nuestras posturas favoritas.

Mi verga vuelve a tensarse imaginando la escena de cómo debe ser follarse a esa maravilla de mujer en volandas, sosteniéndola por debajo de sus muslos mientras la taladro contra la pared.

–        ¿A tu marido le gusta eso? – pregunta de pronto Marel a mi esposa.

–        ¿A Aritz? Uf Le encanta todo eso… y a lo perrito tirándome del pelo…

Otro silencio en el que mi cuñada debe estar pensando lo que me gusta follar a mi mujer por detrás, agarrarla del pelo y empotrarla bien, levantando su culo con cada uno de mis pollazos.

–        ¿Y a ti te gustaría? – le pregunta mi esposa a su hermana.

–        Me encantaría, que me follaran así, como en las pelis porno, que me dieran caña, me tirasen del pelo, me dieran duro… pero a Igor no le gusta así…

Si no se me caen los platos al suelo es de milagro, pero se me ha puesto la polla tan dura que creo que voy a reventar mi pantalón de chándal.

–        Pues hija, que quieres que te diga. Ahora que te puedes independizar en la empresa de Aritz, ganar una buena pasta, te ligas a algún tío bueno que de seguro vas a encontrar a más de uno y le mandas a la mierda al inútil de tu esposo.

–        No empieces, Mar.

–        Lo que necesitas es un tío que te folle bien follada, que eres muy joven todavía, Marel…

–        ¡Que burra eres!

–        Si es la verdad, Igor no te aporta nada, al contrario, te está hundiendo. Una mujer como tú, joven, libre, con un empleo, con ese cuerpo que Dios te ha dado, hija, si no aprovechas eso es que eres tonta. Yo me buscaba a uno que me follara duro y que le den a Igor.

–        No es tan sencillo como tú lo ves.

Después hay un silencio entre las hermanas y por temor a que me descubran escuchando, entro en la cocina tosiendo.

–        Hola chicas, ¿todo bien? – digo en voz alta rompiendo el silencio.

En ese momento Marel se gira y me da la espalda pues no quiere que la vea llorando.

–        Sí, si… estábamos buscando las tazas blancas del café. – disimula mi esposa.

–        Ah, están ahí arriba. – le contesto, disimulando, aunque no saben me he enterado de todo de lo que hablaban.

Me incorporo y mi cuñada queda delante de mí, mejor dicho, su culazo y yo apoyo mi mano en la encimera, pero justo en ese momento mi pelvis se junta a su precioso trasero, entrando en contacto por primera vez. Como mi erección no ha bajado tras escuchar la conversación, ella nota mi dureza, no hay duda, pero no se mueve, no sé muy bien, si por no alertar a su hermana o porque realmente le gusta y yo alargo ese momento, pegando mi pelvis descaradamente ubicando mi polla dura entre esos dos maravillosos glúteos… son apenas unos segundos, pero me parecen gloriosos.

–        Esto… voy llevando las tazas mientras vosotras estáis atentas con el café – digo disimulando.

Intento que no se note mucho mi erección, aunque mi cuñada ha tenido que sentirlo de primera mano, mejor dicho, de primer culo y recojo la bandeja con las tazas que saco al jardín. Mi cuñado parece que se ha quedado dormido, seguramente borracho y yo regreso a la cocina, volviendo a escuchar a las hermanas. Cuando acerco mi oído en el pasillo, me detengo y escucho la voz de mi mujer.

–        Tú tranquila, cariño verás cómo Aritz te podrá ayudar con todo el material que tiene en la empresa, seguro que te puede orientar para mejorar tus relaciones matrimoniales o en el peor de los casos, satisfacerte tú misma. Allí tienen juguetitos buenísimos.

–        ¿Estás loca? ¡Qué vergüenza! – responde Marel.

–        Bueno, no sé por qué, Aritz es como un padre para ti y ahora va a ser tu jefe… tú le vas preguntando y así quizás descubras algo que le guste a Igor… te aseguro que hay muchas cosas en la empresa…

–        No sé…

–        Bueno ahora, salimos a tomar un café y luego nos damos un baño en la piscina para relajarnos un poco, ¿te apetece cariño? – le dice Mar a su hermana, a la que se oye sonar su nariz con un pañuelo tras ese disgusto y esa confesión de hermanas.

–        Es que no he traído bikini. – comenta mi cuñada.

–        Bueno, te dejo uno de los míos.

–        Pero si me quedarán pequeños, Mar…

–        Bueno, tú pruébatelo.

–        Ya, lo que me falta es que me monte Igor un numerito con lo celoso que es…

–        Pero ¿celoso con Aritz, mujer?

–        Eso, pienso yo, pero ya ves…

–        Pues que le den. – sentencia mi mujer.

Ante un silencio vuelvo a aparecer en la cocina y las chicas parecen más tranquilas, aunque noto la mirada de Marel en mi entrepierna o al menos eso me parece.

–        Cariño, lleva la cafetera fuera que Marel y yo nos vamos a subir a probar unos bikinis, así tomamos el sol y nos damos un baño en la piscina. Necesitamos relajarnos un poco. – añade mi esposa guiñándome un ojo.

–        ¡Ah genial! No tardéis que se enfría el café- digo sin mostrar excesivo entusiasmo, aunque mi polla da otro respingo bajo mi pantalón esperando el momento de ver a mi cuñada en bikini.

Me dirijo al jardín, y nada más salir hago ruido a propósito con las tazas de café para que se despierte el bobo de mi cuñado sin quitarme de la cabeza que no se merece una mujer como Marel. Al final él se despierta de su pequeña siesta tras las dos botellas de vino que se ha pimplado, y al ver cómo me sirvo una taza de café, me dice:

–        Aritz no te importa servirme a mí también una taza de café, y así despierto de esta modorra que tengo.

–        Sí, a ver si espabilas – le respondo, pero con todo el doble sentido de la frase.

Me sonríe sin entender nada, ni se imagina lo que acabo de escuchar en la cocina y al fin le sirvo su taza de café, aunque en mi interior no dejo de pensar en tirárselo por la cabeza. Es demasiada la manía que le tengo.

–        ¿Dónde están las chicas? – pregunta.

–        Arriba, probándose ropa. – Le respondo secamente.

Le dejo ahí solo, pues ni me apetece estar a su lado y me dirijo hasta el borde del jardín, en donde disponemos de unas maravillosas vistas del Mar Cantábrico, que hoy precisamente está agitado y no dejan de romper innumerables olas que golpean contra los riscos de esta preciosa costa.

Ahí estoy, observando ese maravilloso paisaje mientras le doy un sorbito al café, cuando de pronto escucho el sonido de voces de las chicas que proviene de una de las ventanas del piso superior. Las primeras frases no las capto bien, pero agudizando el oído y gracias al viento que sopla a mi favor, puedo escuchar por fin a mi cuñadita:

–        Me gusta mucho este porque es muy suave su tono.

–        Mejor este otro… – distingo la voz de mi mujer.

–        Es que me gusta mucho este.

–        Cariño, el rojo no te pongas, mejor ponte el blanco y así Igor cuando te vea va alucinar.

–        Desde luego que va a alucinar, pobrecillo…

–        ¿Quién sabe? Igual esta noche teméis tema… jajaja.

–        ¿Tú no crees que es muy pequeño para mí? Se me va a ver todo. – insiste Marel.

Al escucharla hablar sobre ese bikini blanco mi polla reacciona al instante y es que ese no puede ser otro que el bikini que le regalé a Mar en una escapada que fuimos a Grecia. Recuerdo que incluso a ella, siendo más bajita y con menos pecho, se le veía demasiado, por lo que a mi cuñada debía quedarle de escándalo.

–        ¿De verdad, Mar?, Igor me va a matar si me ve salir con esto, además me da apuro sobre todo por tu marido – comenta mi cuñada.

–        ¿Huy, por Aritz? Tranquila pequeña, con el tema de la empresa está más que acostumbrado de ver modelos posando con los disfraces sexuales que exponen en la tienda y en la web y, además, sabes que te considera como una hija. Lo importante es ver cómo te verá tu marido.

–        Tienes razón, pero miedo me da.

Tardan un rato más, en donde debe estar con la prueba e incluso escucho a Mar, cuando le dice que no se mueva mucho si no quiere que se le salga una teta y eso hace que mi polla vuelva a dar otro espasmo. Entonces vuelvo a escuchar a mi cuñada:

–        ¿Y a ti no te importa que Aritz esté todo el día viendo tías buenas?

–        ¿Por qué me va importar? Es su trabajo.

–        No sé, ¿no tienes miedo de que Aritz te sea infiel?

–        ¿A qué viene esa pregunta? – pregunta mi esposa.

–        No, por nada, pero el otro día entrando en su web y viendo todas esas modelos que aparecen mostrando sus juguetes, con esos cuerpos espectaculares…

–        Bueno, tú no tienes nada que envidiarlas y menos con este bikini – añade Mar riendo.

–        Ya, pero tu marido, bueno es un hombre…  y reconozco que de muy buen ver.

–        ¿Ah con que te gusta? ¿eh, hermanita? Jajaja.

Mi polla se está poniendo dura por momentos y es que esa conversación me enciende cada vez más… ya no solo porque mi cuñada me ponga muchísimo, sino incluso que yo le parezca atractivo.

–        No seas boba, no he dicho eso.  Que es mi cuñado… – se oye la voz de Marel.

–        Ya lo sé, mujer… era una broma. Pero tranquila, Aritz es muy profesional… además que no somos celosos ninguno de los dos.

–        ¿Ah no?

–        Los celos no son nada buenos.

–        Dímelo a mí, que Igor es súper celoso.

Echo una mirada a Igor a lo lejos y parece entretenido mirando su móvil y no dejo de pensar en que pudo ver ella en ese tipo… no me lo explico. Ahora oigo la voz de mi chica:

–        Nosotros no solo no somos celosos, sino que nos consideramos una pareja liberal.

–        No te entiendo.

–        Pues mujer, él tiene sus rollitos y yo los míos… ¿qué te crees que, aunque se la hermana mayor tengo que ser una beata? jajaja.

–        ¿Me estás tomando el pelo verdad, Mar? – oigo la voz de preocupación de mi cuñada.

–        Jajaja, venga que nos están esperando los chicos abajo con el café.

–        No, antes dime si es verdad o me estás vacilando, Mar.

En ese momento oigo como cierra la puerta de la terraza y termino de tomarme el café tranquilamente, justo cuando recibo una llamada de mi socio, Ander.

–        Hola Ander, ¿cómo te va? – le digo a mi compañero.

–        Tengo ya los presupuestos.

–        Genial, ¿puedes traérmelos a casa ahora y los firmamos?

–        Claro, sin problema.

–        Además, así te presento a mi cuñada, que me ha dado su currículum. Quizás nos pueda encajar en algún puesto, habla varios idiomas… – le digo y notando como mi polla vuelve a tensarse cada vez que la nombro.

–        Genial. – me dice y colgamos.

Me acerco hasta dónde está mi cuñado que sigue absorto mirando su móvil, cuando se escuchan las voces de las chicas en la planta baja y que van a aparecer en cualquier momento. Noto un extraño temblor en mi cuerpo esperando ese momento. Dejo la taza encima de la mesilla y primero aparece mi mujer, que lleva un bikini negro de croché, muy sugerente y sexy junto con un pareo rojo. Está guapísima y celebro una vez más la suerte que tengo de tener ese bellezón como esposa, que tiene un cuerpo tan bonito y tan bien cuidado.

Pero la sorpresa está por llegar y justo detrás no puedo apartar los ojos de mi cuñada que aparece grácilmente con ese bikini blanco que tantos buenos momentos me trajo con Mar.

No hay ninguna duda, ella lo luce muchísimo más y supera con creces la atracción hacia ese cuerpo que apenas cubre nada. A cada paso que da, se bambolean sus protuberantes tetas y noto cierto rubor en sus mejillas, pero no hay duda que me mira de reojo esperando ver mi reacción. El sostén son dos pequeños triángulos, pero tan diminutos que apenas cubren sus respectivos pezones, que se transparentan ligeramente. Sin duda, Mar tiene razón, cualquier movimiento enérgico los dejaría fuera.

–        Su vientre plano queda a la vista, pero abajo, lleva un pareo blanco que tapa la braguita del bikini y va mostrando gran parte de su pierna derecha. Tardo en reaccionar, creo que me he quedado en shock porque está alucinante con ese bikini.

–        Cari, límpiate la baba que se te cae, jajaja. – dice mi mujer al verme.

A continuación, se acerca a mí y aprieta mi polla sobre mi pantalón de chándal pudiendo notar como está poniéndose dura. Y a continuación me dice al oído:

–         Mmm cari veo que esta noche tenemos tema… jajaja.

MI cuñada se ruboriza al escuchar a su hermana y es entonces cuando su marido levanta la vista del móvil.

–        ¿Pero qué coño te has puesto? – le dice enfadado a su esposa.

Marel se siente algo violenta por la situación y no es capaz de reaccionar, pero soy yo quien pone en su sitio a mi cuñado.

–        Pues se ha puesto un bikini que le sienta de miedo.

Mi mujer me mira y me sonríe, sabiendo de mi complicidad, aunque en el fondo no lo digo por cumplir, mi cuñada es una auténtica diosa. Ella me mira y también me sonríe agradecida.

–        No hagas caso a tu marido que no entiende… – dice Mar tirando de la mano de ella hasta llevarla a las tumbonas.

En ese momento mi mujer se quita el pareo y muestra la braguita del bikini, sabiendo que la miramos y noto que le dice algo en bajito a su hermana. La otra gira su cabeza, mira a su marido y luego a mí, para deshacer el nudo del pareo dejándolo caer sobre la tumbona.

No me lo puedo creer, pero esa braguita parece más diminuta de lo que la recordaba, pues su culo queda a la vista casi entero, siendo casi como un tanga en donde resaltan sus redondas posaderas.

–        Alucino, contigo, Marel – dice su esposo al verla medio desnuda.

–        No seas antiguo – dice ella girándose, aprovechando para volver a mirarme de reojo.

Entonces alucinamos más, quedándonos asombrados de lo poco que cubre la braguita por delante. Es un pequeño triángulo que se ajusta al límite de su pubis y deja a la vista sus ingles. Mi polla da un nuevo espasmo. Al fin, las dos hermanas se tumban a tomar el sol.

–        Voy a por mí bañador y me doy un chapuzón en la piscina. Hace mucho calor. – Digo metiéndome en casa mientras noto las risas de las dos hermanas.

Antes de entrar en la casa veo la cara de furia de mi cuñado, lo que me encanta, por cada vez que le veo sufrir yo me siento pletórico.

Subo a mi habitación y me quito toda la ropa, al hacerlo y mirarme en el espejo, noto como mi polla está a tope y le doy tres o cuatro meneos pensando en lo que acabo de visionar… no me puedo quitar la imagen de mi cuñada de mi cabeza con ese bikini blanco. Entonces sin pensarlo me acerco desnudo a la terraza y me asomo. Desde allí veo los cuerpos de las dos hermanas, ambas preciosas allí tumbadas con sus ojos cerrados tomando el sol… una de negro, otra de blanco y en especial veo el de mi cuñadita, e instintivamente empiezo a pajearme observándola, viendo esos pezones duros, marcados en los pequeños trozos de tela que los cubren y luego su tripita y más abajo sus muslos entre los que una pequeña tira apenas cubre su rajita. Me masturbo cada vez más deprisa, sin pensar en lo que hago, cuando veo que ella abre los ojos y me mira. Por suerte el muro de la terraza me tapa de cintura para abajo, pero no puedo evitar seguir masturbándome… Ella vuelve a cerrar los ojos y entonces pienso en ella, joder, es mi cuñada pequeña… y vuelvo a entrar en mi habitación y me pongo mis bermudas azules favoritos para volver a bajar al jardín.

Cuando llego, voy corriendo y de un salto me tiro de cabeza a la piscina, para que no se note mi erección… bajo el agua se me va pasando y me apoyo en el borde con mi cuerpo sumergido y refrescando mi calor. Vuelvo a fijarme en las chicas tumbadas y en especial en mi cuñadita.

–        ¿Está buena? – me pregunta mi mujer sonriente.

Al principio me cuesta entender si se refiere a su hermana, pero luego pienso que lo dice por el agua y cuando lo afirmo viene corriendo y se tira de bomba salpicando toda mi cara. Luego da un par de brazadas para ponerse a mi lado.

–        ¿A qué está preciosa con ese bikini? – me dice susurrando mientras miramos a su hermana en la tumbona.

–        Sí, le sienta bien. – respondo.

–        Pues verás cuando se lo moje… jajaja… a su marido le da algo.

–        ¿Cómo?

–        Sí, hombre, ¿no recuerdas cómo se transparentaba cuando se mojaba?

En ese momento me acordé del bikini de cuando estuvimos en Grecia y Mar se metía en el agua y tanto sus pezones como su chochito se transparentaban totalmente.

–        ¡Ven Marel, está buenísima! – grita Mar a su hermana invitándola a meterse en el agua.

En ese momento, Marel se levanta y camina hacia nosotros, la visión de esos andares, los movimientos sensuales de sus muslos morenos y esas tetas bamboleantes son como ver el cielo y al llegar al borde se tira de cabeza con un impresionante estilo.

Es una delicia ver nadar a esa diosa, que es tan bella como su hermana, pero más joven y con más curvas todavía, cuando se acerca nadando hasta nosotros.

–        Creo que mi marido se ha mosqueado. – nos dice al verle mirándonos y con cara de pocos amigos.

–        Que le den… – añade su hermana – y aun no te ha visto salir…

–        ¿Por qué lo dices? – comenta Marel sin entender.

Entonces mi esposa le señala las tetas y cuando ella baja la vista a su pecho se da cuenta de que sus dos pezones se ven clarísimamente bajo la tela mojada.

–        ¡Dios! – dice apurada mirándome y tapando sus enormes tetas con su antebrazo.

–        Hija, por Aritz no te apures… ya sabes que es como un padre para ti y además está acostumbrado a ver mujeres desnudas.

Lo que mi mujer no sabe es que mi polla ha vuelto a tensarse bajo el agua ante esa visión de su escultural hermana.

–        No me dijiste nada. – protesta la hermana pequeña sin dejar de cubrirse tapando sus pechos.

–        Si te lo digo no te lo pones… pero lo dicho, por mi marido no te apures… ¿verdad cariño? – me pregunta Mar.

–        No, claro. Además, ya me salgo. – digo

A continuación, subo por la escalerilla a toda prisa pues no quiero que noten mi empalmada brutal cada vez más evidente y camino hasta las tumbonas cubriéndome con una toalla. Luego miro a mi cuñado que sigue con su cara de perro, descubriendo a su mujer cada vez más desinhibida.

Además, Mar la debe estar animando dentro de la piscina, porque no dejan de reír y cuchichear. Entonces sale mi esposa del agua en primer lugar y camina hasta donde yo estoy. Se seca con otra toalla y se sienta a mi lado en la tumbona.

–        Verás ahora la cara de este – me susurra señalando a nuestro cuñado que no quita ojo a su mujer.

Entonces Mar le hace una seña a su hermana y esta comienza a salir de la piscina por la pequeña escalerilla, pero lo hace lentamente, recreándose. Lo primero que aparecen son sus turgentes y oscilantes pechos de los que se desprenden innumerables gotitas y que muestran esos pezones rosados bajo la tela casi transparente. Luego sigue subiendo y entonces aparece su braguita, que es tan fina que se descubre completamente su rajita con la forma clara de sus finos labios vaginales. Mi polla vuelve a tensarse ante esa visión. A continuación, Marel sale del agua y camina lentamente, como si lo hiciese a cámara lenta dirigiéndose hacia nosotros.

–        ¡Mujer, tápate!  – le grita su marido…

–        ¿Por qué? – pregunta ella haciéndose la ingenua.

Entonces ella se empieza a secar el pelo, pero sin cubrir su cuerpo, sin duda sabe que la miramos, especialmente yo, y parece haber hecho caso a su hermana y se muestra sin pudor.

–        Joder, cúbrete, está viéndote Aritz, parece que vas desnuda. – grita el otro al ver que su mujer sigue tan tranquila.

–        ¿Tú crees? – responde ella – bueno, hombre, hay confianza… – añade en una respuesta que parece estudiada por ambas.

Dios, yo estoy cardiaco, viendo esas tetas tan cerca y esos pezones casi en vivo. Me dan ganas de alargar la mano y estrujar esas preciosas domingas. Por suerte la toalla cubre la tensión que hay bajo mi bañador. Luego bajo la vista a su braguita que embute ese monte de venus en el que se vislumbra claramente su coño. Se perfilan claramente sus labios vaginales en un bultito más que apetecible, que además se transparenta en la forma clara de su rajita, pues se nota claramente que va totalmente rasurada, igual que su hermana. Cuando alzo la vista, mi mirada se cruza con la de Marel.

Tras secarse todo el cuerpo concienzudamente, exhibiéndose ante su esposo y especialmente ante mí, mi cuñada se tumba en la hamaca para seguir tomando el sol.

En ese momento llaman al telefonillo de la calle y me levanto a abrir. Veo por la pantalla que es Ander y le abro. Un minuto más tarde, cuando aparece en el jardín, mi socio no puede evitar quedarse prendado al ver a las dos chicas con sus respectivos bikinis. A mi mujer ya la conoce bastante bien, pero le sigue impresionando, pero mi cuñada le impacta notablemente.

–        Buenas tardes. – se presenta saludando a todos, pero sin dejar de mirar las tetas de mi cuñada y eso que no ha visto la prenda totalmente mojada unos minutos antes.

Mar se levanta y le da dos besos a mi socio que admira una vez más el cuerpo de mi esposa.

–        Mira Ander, él es Igor y ella Marel. – les presenta.

Mi compañero estrecha la mano de mi cuñado, mira a mi esposa y después escanea el cuerpo de Marel, pero más aún cuando esta se levanta de golpe y sus tetas botan ante la vista de mi socio. Ella le da dos besos con mucho desparpajo y una gran sonrisa.

–        Encantada, mira, este es mi currículum. – añade ella entregándole la carpeta.

Los ojos de mi socio no parecen mirar precisamente el contenido de la carpeta, porque Marel le está impresionando demasiado, no hay duda, pero es lógico, yo también estoy en shock.

–        Ven, vamos a adentro y firmamos todos los documentos – digo tirando del brazo de mi socio que está embobado.

Nos sentamos dentro y él me entrega los presupuestos, pero Ander sigue mirando por los ventanales para continuar observando a mi cuñada y su diminuto bikini blanco.

–        ¡Joder, Aritz, cómo está tu cuñada! – me dice resoplando.

–        Te veo impresionado, jeje… – le digo y empiezo a firmar todas las hojas.

Ander sigue observando por la ventana hacia el jardín y yo sigo su mirada, para ver que está apreciando la belleza de las dos hermanas.

–        No se parecen mucho. – me dice.

–        Bueno, en los ojos, quizá y en la boca. – respondo.

–        Si, ambas son preciosas, pero completamente diferentes.

Le doy una palmada a mi socio, porque entiendo que sigue impresionado, tanto por Mar, que sé que siempre le ha atraído y con la que ha tenido oportunidad de intimar, pero ahora más con su hermana pequeña.

–        El caso es que tu cuñada me suena mucho. – me dice.

–        ¿Quién, Marel? No creo, no te la he presentado nunca.

–        Sí, sí, la conozco de algo…

–        No sé… lo dudo.

–        Me resulta familiar ese cuerpo, esos ojos… esas tetazas.

Revisamos el currículum de Marel, mientras él observa su foto de carnet y luego vuelve a mirarla por el ventanal, admirando su cuerpo tumbado y su pierna derecha ligeramente flexionada.

–        Joder, cómo me suena esa chica… ¿No ha venido nunca por la empresa? – insiste

–        Pues no… y no creo que la conozcas de nada. Ella trabajó en otra ciudad. – respondo yo y me encojo de hombros.

–        Bueno, la contratamos, dile que venga el lunes con la documentación y la incorporamos en plantilla. Yo tengo que ir a Londres dos o tres días, ya sabes, pero en administración se encargan de todo.

Me despido de mi socio y tras darnos un abrazo, le acompaño hasta la salida.

–        ¿Qué te ha dicho? – me pregunta impaciente mi mujer cuando regreso al jardín.

–        Que sí, que la contratamos.

–        ¡Bravo! – aplaude Mar, aunque miro a mi cuñado y por su cara, no parece hacerle tanta gracia.

–        ¿En serio Aritz? – dice Marel, entusiasmada y en ese momento se levanta y me da un abrazo fuerte colgándose de mi cuello. Parece totalmente cambiada conmigo y esa tensión se convierte en la cordialidad y familiaridad que habíamos perdido.

No sé dónde poner las manos, pero me agarro su estrecha cintura, mientras puedo comprobar como esas grandes tetas se pegan a mi pecho y su tripita se junta a la mía… lo qué no sé si nota mi erección bajo la toalla al sentir ese cuerpo casi desnudo abrazado al mío. Estoy planteándome si será buena idea tener a esta belleza en el trabajo, teniendo en cuenta de que se trata de la hermana de mi mujer, si no, me la follaba seguro.

Ambos nos despegamos, aunque me da la sensación de que Marel ha prolongado más de la cuenta ese abrazo que nos hemos dado. En ese momento mi mujer nos interrumpe diciendo:

–        Cari, saca ese orujo tan bueno que tienes para celebrar la nueva contratación de mi hermana.

–        Claro, la ocasión lo merece. – digo.

–        Sí, gracias otra vez, cuñado. – dice ella pegando su cuerpo en mi costado y notando sus enormes tetas rozándome, casi al desnudo.

–        De nada mujer… ¿ya no me guardas rencor? – la pregunto e intento que mi polla no me delate.

–        No, hombre… nunca he sentido eso. – contesta ella.

Su marido levanta la vista y ese sí que no parece haberme perdonado, pero casi mejor, porque yo a él tampoco y es que cuanto más le miro, más manía le cojo.

Me dirijo de nuevo a la bodega dejando a las chicas en las tumbonas y al bobo de mi cuñado todo amargado mirando a su mujer cómo se exhibe delante de su hermana y lo peor… ¡delante de mí! Y eso, lógicamente, me encanta. Cojo la botella que tengo guardada y regreso al jardín con ella y los vasos de chupito dejándolos encima de la mesita para empezar a servir, mientras observo como las chicas están riéndose sin parar, muy divertidas y les pregunto.

–        ¿Qué es eso tan divertido?

–        ¿Te acuerdas, cari, hace unos años que me fui con mis hermanas de vacaciones a Canarias? – me dice mi esposa.

–        Sí, claro.

–        Pues una noche salimos a bailar salsa a una disco, y esta que tengo a mi lado se presentó al concurso de “miss camiseta mojada”.

Miro a mi cuñada que baja la vista algo avergonzada, pero no puede dejar de reír.

–        ¿En serio? – pregunto y luego miro a mi cuñado que mira con cara enfurruñada, pues parece que esa historia la conocía y no le debe hacer ninguna gracia

–        Totalmente, cari, nos dejó a todas alucinadas… – añade mi esposa.

–        Y claro…  ¿gano? – pregunto yo.

–        Por supuesto, ¿qué esperabas?, con ese pedazo de melones que se gasta, jajaja. – añade Mar con la risa floja.

–        ¡Calla tonta! – le recrimina su hermana dándole un golpe en el brazo, visiblemente azorada.

–        Normal, eres todo un bellezón, cuñadita, ¿a que sí? – digo y esto último dirigiéndome directamente al inútil de mi cuñado que sigue mirando su móvil, seguramente amargado por nuestro “nuevo” buen rollo.

–        Gracias, Aritz. – es ella la que me contesta, sonriéndome halagada

–        Eh… ¿qué pasa que yo no soy un bellezón? – interviene Mar con cara de enfado.

–        No seas celosa… Tú eres mi afrodita particular, cari, ya lo sabes. – le digo guiñándole un ojo a mi chica y lanzándole un beso al mismo tiempo.

–        Más te vale, jajaja. – responde ella.

–        Venga acercaros a tomar este orujo casero que me han dado. – digo para que se levanten.

Las chicas saltan de las tumbonas, pero mi cuñado no está para celebraciones y casi que lo prefiero, porque su presencia me enerva. Ellas se acercan al lado de la mesita y de nuevo veo las tetas bamboleantes de Marel corriendo hacia mí, con ese bikini que casi no le cubre el pezón del todo. Cogemos cada uno su chupito y es mi preciosa cuñada la que hace el brindis:

–        Quiero hacer este brindis por mi nuevo curro y que mi jefe no me haga trabajar mucho jajaja. – añade mirándome y con una sonrisa que hacía tiempo no le veía.

Lógicamente reímos todos menos mi cuñado que me parece que tiene un palo metido por el culo de lo amargado que está. Chocamos nuestros vasitos y durante unos segundos los ojos de mi cuñada se cruzan con los míos y así permanecemos hasta tomar entero de un trago ese delicioso orujo.

–          ¡Uf, qué fuerte! – exclama mi cuñada agitando sus brazos al sentir ese fuerte licor bajando por su garganta.

Esa mujer me excita con cualquiera de sus movimientos y creo presenciar algo distinto en ella, no sé si por el hecho de que la haya contratado, la conversación con su hermana sobre mí, pero me mira de forma diferente…

De repente salgo de ese letargo debido a que mi mujer me da una colleja en la nuca.

–        Cari, ¿estas tonto o qué? – me dice Mar

–        ¿Por? – respondo aturdido

–        Está sonando tu móvil. ¿No lo oyes?

–        ¡Uy perdón! Estaba en otro sitio… – digo riendo.

Veo en la pantalla que se trata de mi socio, Ander.

–        Perdonad, es mi socio, voy a contestar al salón. – les digo.

Avanzo hacia dentro de la casa y respondo esa llamada de Ander.

–        ¿Qué pasa tío, me ha faltado algún papel por firmar? – le digo.

–        No, tranquilo… es, verás, es referente a tu cuñada, colega. – me contesta.

–        Ya veo que te ha impresionado… Seguro que ya te has hecho una paja pensando en ella, no te lo reprocho, joder, si es verdad está muy buena, tranqui que yo también fantaseo con ese cuerpo y me las hago… jajaja…

–        Bueno Aritz, sí y no. – dice más serio el otro.

–        Explícate Ander, que no te entiendo, porque si me has llamado para decirme que quieres follártela, corto la conversación, jajaja… – digo con nuestra camaradería de siempre.

–        No es eso, amigo, pero, le estaba dando vueltas… y…

–        ¡Joder, me tienes en ascuas, Ander!

–        ¿Te acuerdas de que estuvimos a punto de comprar esa web donde salen chicas anónimas exponiendo su cuerpo?

–        Sí, el portal “Sexpanish” de las chicas anónimas, claro…

–        Si, bueno, que ellas se sacaban una pasta, según lo que enseñaran o hicieran.

–        Si. Pero… ¿Qué tiene que ver eso?

–        He recordado verla en esa página, Aritz.

–        ¿A quién?

–        ¡Joder, a tu cuñada!

–        ¡Tú estás flipado!

–        ¡Que sí Aritz, colega!

–        Creo que te lías un poco… Conozco muy bien a Marel y no es de esas, además es muy tímida y referente al sexo ni te cuento jejeje.

–        Pues si no es ella, es una que se le parece demasiado.

–        Joder, cuando te pones a fantasear, no hay quien te gane, Ander.

–        Bueno, igual tienes razón, pero si no es ella es un clon, colega, porque es igualita, pero esa chica que se parece a tu cuñada hace unos directos cojonudos y es una de las chicas que más visitas tiene en esa web, y ya no te cuento sus videos son muy buenos y vende bastante. Te he mandado un link a tu correo, échale un vistazo cuando puedas.

–        Vale, tronco, ya lo miraré, pero ya te digo que estás flipando un poco con mi cuñada, anda, un abrazo y buen viaje.

Al colgar la llamada veo desde el ventanal como las chicas se están divirtiendo y disfrutando mientras siguen bebiendo chupitos, incluido el bobito del cuñado, que parece que se quiere animar a la fiesta, debe ser porque yo no estoy allí presente. Vuelvo a mirar el cuerpazo de Marel y es alucinante, esas tetas son increíbles y ese culo tan bien puesto… No me puedo creer que su marido no le dé la caña que esa mujer necesita.

Lo que no puedo evitar es quedarme intrigado con la conversación con mi socio… y en vez de volver al jardín donde están ellas, cojo el portátil que tengo en la mesa del comedor, lo enciendo y abro mi correo, con el mensaje de Ander y el enlace que abro al instante. Nada más cliquear, me lleva directamente a la web de una tal “Mayder_bzk”, que en ese momento está offline.

Continuará…

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