ALMUTAMID

Cuando llegamos a la ciudad el domingo por la noche parecíamos un grupo muy distinto al que había salido el viernes al mediodía. Y es que hasta hicimos planes en común. Hasta los dos hermanos parecían haber cambiado su relación. Bueno y conmigo. Invité a Javier a venir al siguiente partido y el chaval aceptó encantado. En ocasiones la inmadurez para afrontar situaciones y la falta de experiencia nos hacen cometer errores de los que este relato está lleno en mis tortuosos años de iniciación a la vida adulta.

Pero en la que sí noté de nuevo un cambio a mejor fue en mi novia. Alba iba superando cada día sus prejuicios y barreras autoimpuestas profundizando su relación conmigo. Estaba más suelta. La notaba más libre y decidida. Y sobre todo más cercana. Empezaba a darse cuenta de que no hay que vivir dando una imagen sino siendo uno mismo. No aparentemos lo que otros esperan ver en nosotros sino que vivamos nuestra vida en plenitud dando rienda suelta a nuestros sentimientos.

Ese cambio positivo la hizo mostrarse en público tan cariñosa conmigo como en privado. De hecho, nuestros amigos decían que rozábamos lo empalagoso en ocasiones. Pero, puedo jurar, que no era una impostura sino verdaderamente la forma en que naturalmente nos salía comportarnos el uno con el otro. Un ejemplo de aquello era que mi chica me agarraba el culo con naturalidad al caminar por la calle o estar sentados tomando algo de la misma forma que ya no me paraba las manos cuando era mi palma la que disfrutaba de la redondez de sus nalgas. Nalgas que yo quería percutir montándola a lo perrito y, sin embargo, en ese sentido yo seguía autolimitándome a la hora de pedirle innovar en el sexo aun temeroso a pesar de sus avances.

Incluso en ocasiones me dejaba claro que tenía ganas de sexo conmigo. Algo que antes lo hacía de forma muy sutil y ahora me dejaba caer con más libertad. Aunque aquellos días no tuviéramos muchas oportunidades y mal acostumbrados a tener cama y mi casa libre los fines de semana tampoco acabamos metiéndonos mano en el parque o nuestro callejón más allá de un ligero sobeteo al besarnos.

Pero una muestra de su cambio fue que una mañana llegó más temprano a casa para dar nuestras clases. Como mis padres ya no estaban me pilló saliendo de la ducha y la recibí con una toalla envuelta a la cintura que ella misma me quitó en cuanto cerró la puerta besándome y agarrándome el culo desnudo. Alba había dado un salto enorme en su forma de expresar sus deseos y esta era la muestra.

-Los alumnos van a llegar en cualquier momento y tengo que vestirme- le pedí con la polla ya morcillona temiendo una fuerte erección difícil de bajar.

-Porque ya he desayunado porque si no me comía algo muy rico- respondió con picardía sin soltar mi culo.

El timbre me salvó. Mientras yo corría a vestirme al dormitorio ella abría la puerta aguantándose la risa.

El jueves vino Javier a jugar el partido. El chaval no jugaba mal a pesar de ser desgarbado. El único problema fue que tuve que soportar la guasa de mis amigos refiriéndose al “matrimonio” con Alba que incluía a la familia. Mi cuñado lejos de molestarse les siguió el rollo demostrando que tenía más humor del que yo imaginaba.

Incluso se quedó a tomar la cerveza después junto con las chicas hasta que llegó Paula a buscarlo. La aparición de la novieta de mi cuñado provocó cierto revuelo entre los solteros. Y es que sus shorts cortísimos tanto que se veía la redondez de la nalga por debajo de la prenda y el top palabra de honor sin sujetador compuesto por una franja de tela semielástica apretando sus pechos dejando parte de su barriga a la vista no pasaron desapercibidos. Se llevó más de un manotazo en la espalda de felicitación por irse con semejante hembra. Afortunadamente Alba no estaba pendiente y no se dio cuenta del revuelo pues yo sabía que le habría molestado a pesar de lo bien que se llevaba con la chica a la vista de los dos besos y sonrisas que dispensaron al saludarse.

Pero no todo iba a ser perfecto. Cuando mis padres se fueron el viernes después de comer Alba se vino a casa para echar la tarde juntos. Yo confiaba en tener sexo con ella, pero cuando le dije que nos echáramos en mi cama en vez de en el sofá me dijo algo seria:

-Luis, tenemos un problema…

-¿Qué pasa?-pregunté extrañado.

-Pues que no podemos hacer cositas y no quiero que te calientes y después…

-Pero ¿qué pasa?

-Me ha bajado la regla…

-No pasa nada princesa…-

-Pero tú siempre tienes ganas, y teníamos el fin de semana el piso y tal…

-Oye, jajajajaja, que no pasa nada…-respondí abrazándola contra mi pecho y besándole la frente.

La regla. No lo había pensado. No era la primera vez que estando con ella se nos había cruzado pero mientras que con Claudia su llegada era anunciado a bombo y platillo con mal humor y dolores muy molestos no había escuchado a mi novia quejarse ni había notado esos cambios de humor. Y le pregunté por cómo eran sus reglas.

Para mi tranquilidad me dijo que no eran muy dolorosas pues no solían ser fuertes. Y aunque en ocasiones sí le generaban molestias y sensibilidad no sufría los achaques de otras chicas en esos días. Evidentemente me alegré y le acaricié el vientre para ver si lo tenía hinchado pero apenas noté diferencia con otros días. Me reconoció que sí tenía más sensibilidad en el pecho y se le hinchaban a veces un poco pero nada más. Pero su problema con la menstruación no era tanto de molestia como de irregularidad.

Unas veces le bajaba con tres semanas desde la última y otras se le retrasaba más de un mes. Eso ya no me gustó tanto, pues en un despiste tras un polvo un retraso nos podía poner muy nerviosos. Evidentemente no se lo comenté pues no quería que eso le quitara las ganas de follar conmigo.

Esto formaba parte también de nuestra relación de pareja. Y que mi chica me contara como se sentía o como notaba que le iba a bajar la regla mientras estábamos tumbados en la cama acariciándonos era otra forma de hacer el amor. Lo malo es que entre tanta muestra de cariño y con ella echada encima sin querer me empalmé y empecé a sentirme incómodo porque no quería que se diera cuenta. El problema es que sólo con unos calzoncillos puestos era complicado.

Me di la vuelta con la excusa de que me acariciara la espalda mientras hablábamos. Alba pasaba sus dedos por mi espalda mientras me hablaba y en un momento no recuerdo muy bien por qué se puso a cantar muy suavecito. Me quedé dormido entre su arrullo y sus caricias. No habíamos follado pero estaba tan a gustito.

Me desperté entre sus brazos empalmado de nuevo aunque ahora tenía la excusa de una erección matutina aunque fuese tras una placentera siesta.

-¿Qué a gusto estabas lindo?

-Mmmmm- respondí estirándome- estaba en la gloria- añadí antes de abrazarme a su cintura recostándome en su pecho.

-Me encanta verte dormir. Me relaja acariciarte.

-Mmmmmmm, pues ha sido una siesta maravilloooooosaaaa…¿Y si en vez de salir no quedamos aquí toda la noche?

-Jajajajaja. Habrá que cenar, pero acuérdate que hemos quedado con Viqui…

-Nos inventamos una excusa…

-Jajajajaja. Si mañana tenemos todo el día. Además estaba muy interesada. Quiere contarnos algo.

Me levanté para ir al baño rascándome sin importarme que notara mi erección y me fui a mear. Cuando regresé Alba ya se había vestido para irse a su casa. Me dio un beso y se despidió de mí hasta más tarde.

Habíamos quedado con Viqui y Mikel para tomar algo en una terraza junto al río. Por la forma de quedar sospechaba que iban a contarnos algo. Al menos eso íbamos comentando mi novia y yo de camino al lugar donde habíamos quedado.

Cuando llegamos todo normal. Nos sentamos en una mesa. Pedimos unas copas. Charlas, risas. Pero al rato Viqui al fin nos sacó de dudas:

-Tengo que haceros una propuesta.

-Pero que sea decente, que si no mi novia no acepta- respondí de broma.

-Es muy decente ¿verdad cari?- respondió Viqui mirando a Mikel.

-Bueno, Viqui y yo nos vamos una semana arriba, a Euskadi y…-empezó a decir el vasco.

-¿Tanto misterio para que te riegues las macetas?- seguí con el tono jocoso.

-Déjalo hablar- me conminó mi chica.

-…pues, aquí a mi novia le da corte quedarse en casa con la familia. Así que hemos pensado que os vengáis con nosotros una semana. Mis padres tienen un pequeño caserío cerca de donde vivimos y os podéis quedar allí y hacemos vivitas y paseos por la zona. Y así mi chica va más contenta.

-¿Qué decís?- preguntó ansiosa Viqui.

-Bueno, tenemos las clases, habría que…-puse reparos.

-Yo ya he hablado con Alba- añadió Viqui- y justo esa semana es cuando estáis libres porque coincide con el puente de agosto.

-¿Tú sabías esto y no me has dicho nada?- pregunté a mi novia sorprendido.

-Viqui me lo había comentado pero no quería hablar contigo hasta saber qué pensaban mis padres.-me explicó.

-¿Y qué han dicho?

-Pues ya sabes como es mi padre. Le parece bien que vayamos con Viqui pero se queda más tranquilo si nos alojamos con la familia de Mikel.

-¿Entonces está todo hecho ya?- pregunté incrédulo.

-Bueno, hay detalle- explicó el vasco- Yo me voy una semana antes. Os iríais vosotros tres desde aquí.

-¿En avión?-pregunté.

-Habíamos pensado en tu coche- respondió Viqui.

-Nunca he hecho un viaje tan largo- dudé.

-Nos turnamos conduciendo- contestó mi novia.

La vi tan ilusionada que evidentemente no pude ninguna objeción más y dije:

-Pues si todo es tan fácil, nos vamos ¿no?

-¿De verdad?- preguntó Viqui.

-Pues claro.

-Ay, gracias, gracias, ¡gracias!- se levantó abrazándonos.

-Oye, que allí no nos comemos a la gente del sur…-respondió el vasco incómodo.

-A saber qué coméis allí- respondió su novia bromeando.

-A las chicas guapas…-respondió con gracejo.

-Pero ésta sólo me la como yo- respondí tirando del brazo de Alba.

La verdad es que me apetecía mucho el viaje. Con ellos siempre lo pasábamos bien. Le hacíamos el favor a Viqui y además era una oportunidad para que Alba y yo estuviéramos toda una semana juntos. ¿Qué más se podía pedir?

De regreso no era demasiado tarde así que le propuse a mi novia pasar un rato en casa.

-Pero no podemos hacer cositas…

-Esta tarde hemos estado muy bien. Ojalá pudiéramos dormir juntos- le respondí haciendo que su rostro se iluminara.

-Bueno…un ratito.

Llegamos a casa y me desnudé acomodando cojines y almohada en mi cama para echarnos allí a charlar y darnos mimitos. Alba tardó en salir del baño lo que me hizo suponer que estaría cambiándose el tampón o la compresa. Cuando llegó yo ya estaba tumbado haciéndole hueco.

-Se me va a arrugar el vestido- me dijo.

-Quítatelo.

-No estoy muy sexi, Luis.

-Jajajajajaja.-no pude reprimir la carcajada- ¿Y yo estoy sexi?

Alba me observó afirmando con la cabeza.

-Tú estás muy sexi…

-Pues vente con este cuerpo sexi anda…-le rogué.

Mi chica se soltó con habilidad la cremallera del vestido quedándose con un conjunto de sujetador blanco y unos culottes cortos de tipo deportivo negros.

-¿Te tienes que poner faja por la regla?

-No, no. No es por necesidad de presión. Es por seguridad. Me siento más segura cubierta.

Se acomodó bajo mi brazo echando la cabeza en mi pecho y abrazándome mientras mi otro brazo la rodeaba.

-¿Te das cuenta de que no me quedan secretos para ti?-me preguntó.

¿Y yo¿ ¿Aún tenía secretos para ella?

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