KERANOS

S: ¿Pero tú no estabas de vacaciones? -dijo levantándose, dándome dos besos y un abrazo.
J: Pues claro, por eso estoy aquí.
S: Tú lo que deberías es estar con tu chica por ahí en un paraíso tropical follando en la orilla de una playa, jajaja.
J: Me gusta tu idea de unas vacaciones, jajajaja.
I: Mira que yo estoy salida, pero es que ésta está todo el día pensando en follar.
S: Oye, que tengo que aprovechar antes de hacerme más vieja.
J: Coño… Qué exagerada…
I: Jajaja, ¿qué haces aquí, Javi?
J: Pues quería hablar contigo una cosa, pero veo que estáis ocupadas a juzgar por la poca ropa que lleváis… Jajajaja.
S: Pues sí, hemos estado jugando un rato, ¿te apuntas?
J: Joder… Sabéis que no puedo. Es una putada gorda porque ayer me quedé con un calentón y tiene pinta de que esta semana lo voy a tener chungo para echar un polvo.
S: ¿Y eso? ¿Elena está enfadada?
I: ¿Qué pasa, Javi?
J: No pasa nada. Su prima pequeña va a pasar toda la semana con nosotros y no es plan…
I: Ah… Bueno, no es para tanto.
S: Una semana sin follar puede ser muy larga. Y más vosotros que estáis más acostumbrados.
J: Ya se me ocurrirá algo.
I: ¿Es muy pequeña?
J: 4 años. Mira, tengo una foto que les hice anoche.

Entonces les enseñé la foto que les hice a las dos mientras dormían. Ambas pusieron cara de que les gustaba lo que veían, sobre todo Irene, riendo un poco.

S: Qué mona… Perece vuestra hija.
I: Es verdad. Elena tiene pinta de que va a ser una madraza.
J: Pues sí. Tiene mano con ella.
I: ¿Y tú?
J: Bueno, la niña es un poco tímida y le cuesta un poco conmigo, pero ahora cuando la he dejado un rato con mi madre se ha abierto más. Ahora le compraré unas pocas chuches. Eso nunca falla.
S: Pues sí.
J: Entonces lo estabais pasando bien, ¿no?
I: Sí, jugueteando un poco. Ha venido a decirme que nos invita a comer a su casa y al final pues hemos follado.
J: ¿Ya estás más suelta con las chicas? -dije mirando a Sofía.
S: Bueno… De momento solo con ella.
I: Sofía, eres bi. Algo tendrás que hacer con alguien más, ¿no?
S: A ver… Es que no sé. Me da corte.
J: ¿Corte? ¿Tú? Jajajaja.
S: Pues sí, capullo. Jajajaja. Vamos a ver… Esto es como cuando empiezas a follar con gente. Las primeras veces da corte, pues esto igual.
J: ¿Pero siempre has sido bi?
S: No. Pero últimamente sí que me fijo más en las chicas y las veo de otra forma.
J: Am… Pues no sé, creía que eso ya estaba decidido desde mucho antes.
I: Pues ya ves que no. Lo mismo descubres algo parecido, Javi… Jajajaja.
J: No creo. Nunca me he fijado para nada en ningún chico ni nada y eso que he participado en algún trío con otro tío.
S: Todo es probar…
J: No sé… Ya he probado con Elena y no fue muy bien la cosa.
S: ¿Cómo?
J: Se puso juguetona y me quiso follar el culo con un dildo.
S: Jajajaja.
I: Pero algo te gustó, ¿no?
J: Sí. Cuando me lo comió y lo del dedo, sí. Lo demás no.
I: Bueno… Por ahí se empieza… Jajaja.
S: No veo yo a Javi siendo enculado por otro tío…
I: ¿No?
S: No. Si acaso lo veo enculando a otro tío como mucho, pero tampoco lo creo.
I: Jajajaja. ¿Y qué querías hablar conmigo, Javi?
J: Pues…
S: Os dejo solos. Tiene pinta de que es algo muy íntimo. Voy a darme una ducha.

Entonces Sofía se fue del salón, moviendo su culo que solo llevaba cubierto por un tanga blanco de encaje que contrastaba bastante con la su piel negra. Nos dejó solos y miré a Irene, quien cambió un poco el gesto al notar que me puse serio.

-¿Qué pasa? Es por lo del sábado, ¿no?
-Así es.
-Pfff…
-¿Todo bien?
-Sí, sí. Es solo que…
-¿Qué pasa?
-Pues que no me gusta pensar en ello y no estoy cómoda hablándolo.
-¿Has hablado de esto?
-Con Mario.
-Claro, es lógico. Pero es que noto que tienes algún remordimiento y creo que es necesario hablarlo.
-Está bien.
-A ver, ¿de qué se trata?
-Es que… A veces pienso que no soy buena amiga con Elena.
-¿Por?
-Porque… Mira, yo la quiero mucho. Os quiero a los dos y os deseo lo mejor, pero cuando empezamos a jugar… Es que se me va la cabeza. Me dejo llevar más de la cuenta.
-Pero no ha pasado nada, ¿no?
-Claro, no ha pasado nada. Pero varias veces pongo por delante mis intereses antes que lo que Elena quiere.
-Mmm… No sé. Ponme algún ejemplo.
-¿Pues te parece poco todas esas situaciones en las que he ido pinchando e intentando convencerla para que cada vez fuera la cosa a más?
-No sé. No lo veo para tanto.
-A veces me siento mal cuando se me pasa el calentón. Elena no es como nosotros y soy consciente del esfuerzo tan grande que hace para que todos lo pasemos bien. Pero creo que soy un poco egoísta y cada vez que puedo busco la manera de convencerla para que la cosa vaya a más. Todo empezó en este sofá, convenciéndola para que me dejara tocarla, verle las tetas…
-Bueno, pero ella se lo pasa bien así también. Quiero decir… No es que la obligues a nada, ni yo ni Mario. Y ella me ha dejado claro que no lo hace por contentarme. Vamos, es que se lo he dicho muchísimas veces y ella siempre me ha dicho que sigue con los juegos porque también le gustan.
-No sé, Javi… ¿Crees que soy mala amiga?
-No. No lo creo. Sé que la quieres muchísimo y que te preocupas por ella. El que te sientas así por como actúas lo demuestra. Estoy seguro de que harías lo que fuera por ella si te necesita.
-Lo haría -dijo al instante.
-Pues ahí lo tienes. ¿Sabes? Yo creo que lo que tú sientes por ella va más allá de tu supuesto egoísmo y lo que piensas. ¿Qué haces por donde para que la cosa vaya a más cuando nos juntamos pese a que a Elena no le pueda parecer tan bien? Vale, puede ser. Pero de lo que estoy seguro es de que si ella te necesita para cualquier cosa, tú vas a estar ahí. Si está de bajón y por algún casual yo no puedo estar ahí con ella, tú vas a hacer todo lo posible para estar todo el día junto a ella y hacérselo más llevadero. Eso es lo que cuenta para mí de verdad.
-Ay, Javi… -dijo con los ojos vidriosos.- Te quiero.

Irene se acercó a mí para darme un fuerte abrazo de unos minutos, acariciando mi espalda, dándome un beso en la mejilla después. Entonces apareció Sofía con una toalla envolviendo su cuerpo.

S: Huy… ¿Todo bien?
I: Sí. Javi me estaba abriendo los ojos. Es el mejor amigo que he tenido nunca -dijo acariciándome la cara.
S: Ay… -dijo en forma de suspiro.- Sabía yo que no me había equivocado al fijarme en este chico.
J: Pues solo era eso.
S: ¿Ya te vas?
J: Sí, no os quiero molestar más.
-Tú nunca molestas -dijeron las dos a la vez.
J: Jajajaja. Bueno, pues os dejo que sigáis jugando un poco más.
I: Tráete a la nena para que la veamos, ¿no?
J: Venga, ahora me la traigo para que la veáis y ya me voy a casa para recoger a Elena cuando salga.
S: Venga, aquí te esperamos.

Salí de la casa de Mario, yendo hacia la mía, enviándole la foto a Elena nada más salir. Le llegó el mensaje, pero no lo leyó. Imaginé que estaba ocupada con el trabajo. De camino a mi casa paré para comprarle unas chuches a Paula y ganármela un poco más, aunque parecía que la cosa iba mejor que el día anterior por como había reaccionado al despertarse cuando llegué. Cuando entré en casa me las encontré a las dos en el salón, con mi madre teniéndola en brazos, bailando ambas mientras sonaba música para niños. Me hizo gracia y me gustó encontrármelas así. Cuando me vieron, ambas me saludaron y me acerqué para coger a Paula, quien estaba muy risueña. Estuvimos bailando un poco y nos sentamos en el sofá. Saqué las chuches y le di una. Le encantó. Efectivamente eso hizo que me cogiera más apego porque medio un abrazo mientras reía.

Al rato nos despedimos de mi madre y fui hacia la casa de Mario. Cuando llegué entré y me senté en el sofá con ellas. Paula estaba algo más tímida esta vez, aunque se fue soltando rápidamente. Le costaba más con Sofía, pero al final estuvo hablando un poco con ellas para que la conocieran y demás. Ella me pedía chuches y le di alguna, pero tampoco muchas porque no quería que se pusiera mala. Mientras hablaba con las chicas, recibí un mensaje y cogí el móvil, viendo que era Elena poniéndome emoticonos de caras poniendo ojitos.

-Jajajaja -le respondí yo.
-Jo… Me encanta la foto.
-Estáis las dos preciosas.
-Faltas tú…
-Ya nos haremos alguna los tres.
-¿Qué hacéis? ¿Habéis ido al final a la piscina?
-No. He venido a mi casa para que la viera mi madre.
-¿Sí? ¿Y qué ha dicho?
-Encantada. Deseando que le demos la nieta, jajaja.
-Jajajaja, ojalá.
-Y ahora estoy con Irene y está aquí Sofía. La he traído para que la vieran -puse enviándole un selfie donde salíamos sonrientes.
-Jo… Ojalá estar allí también.
-En nada nos vemos para comer, no te preocupes.
-Qué ganas de estar con vosotros…
-Venga, que voy ya para casa y hacemos hora para ir a por ti.
-¿Qué vais a hacer?
-No sé, cuando lleguemos ya veré. Le podré la tele mientras dejo todo preparado para hacer la comida y luego ya la pondré a dibujar o algo. ¿Y cómo vas tú?
-Bien, haciendo un pequeño descanso, pero muy bien.
-Vale, nos vemos en nada

Cuando dejé de hablar con Elena, me despedí de las chicas y nos fuimos hacia el coche para irnos a casa. Paula parecía bastante contenta después de conocer a bastante gente, abriéndose más conmigo incluso. De vuelta a casa le puse música del estilo que bailamos junto a mi madre y así se entretuvo todo el rato, canturreando y demás hasta que llegamos. Una vez en casa, le puse a la niña sus gafitas y la dejé viendo un poco dibujos animados mientras yo preparaba la comida como me había enseñado Elena, dejándola lista solo para hacerla al momento en el que fuéramos a comer. Volví y me encontré a Paula sentada frente a la tele, con las piernas cruzadas, en silencio. Parecía una estatua cuando se quedaba viendo la televisión. Solo reía de vez en cuando al ver algo gracioso o que le gustaba. La dejé un rato más y al rato la apagué y la senté en la mesa conmigo para dibujar, empezando a hablarme.

-¿Elena y tú sois novios? -preguntó con su vocecilla.
-Claro. Te lo dijo ella.
-¿Y os dais besos?
-Eh… Sí. Jejeje.
-Ammm…
-¿Tú tienes algún novio?
-Nooooo. Eso es de mayores.
-Am.
-Pero me gusta un niño de mi clase.
-Vaya…
-¿Y por qué sois novios?
-Porque nos gustamos.
-¿Sí?
-Claro.
-¿Y os queréis?
-Pues claro. Mucho.
-¿Mucho, mucho?
-Mucho, mucho, mucho.
-¿Y qué hacen los novios?
-Pues… Vivir juntos, quererse… No sé.
-¿Cómo mi papá y mi mamá?
-Mmm, claro.
-Ellos se quieren mucho. Y a mí también.
-Claro, eso es lo que hacen dos personas que se quieren y tiene una niña tan bonita como tú.
-Elena me quiere, ¿verdad?
-Uff… Te quiere muchísimo.
-Yo también la quiero mucho a ella.
-Claro, eso se ve.
-¿Y tú me quieres?

Me quedé un poco cortado sin saber qué decir. Esta niña era muy lista y sabía lo que preguntaba. Se quedó mirándome con expectación esperando a que le respondiera.

-Pues claro. Eres una niña muy buena y si Elena te quiere, yo también.
-Vale. ¿Me das una chuche?

Le di una y Paula sonrió de manera muy dulce y se puso a dibujar de nuevo. Estuvo así durante un rato, dibujando mientras canturreaba. Parecía que se le habían pasado las ganas de hablar, cosa que agradecí porque esa conversación me puso un poco nervioso. No tenía mucha experiencia con niños pequeños y que me soltara todo eso así de primeras pues la verdad es que no me lo esperaba. Al rato volvió a abrir la boca para mi sorpresa, aunque esta vez no hizo ninguna pregunta incómoda. Esa vez fue para preguntarme sobre mi trabajo. Le expliqué por encima qué era lo que hacía y ella pareció entenderlo pese a no haber tocado aún el inglés. Se me ocurrió enseñarle algo para ver si se iba haciendo con la idea, enseñándole los números y los colores y para mi sorpresa se quedó con eso en nada. Viendo su excelente progreso decidí ir un poco más allá y le enseñé los pronombres personales. También se quedó de momento con eso y finalmente salté al verbo «to be», con las conjugaciones para casa persona. Esperaba que le costara y así fue, pero tras unos pocos minutos también pareció entenderlo. Decidí que por ese día era más que suficiente. Pasando a colorear unos dibujos de un libro que traía para ello. Así hicimos hora para ir a recoger a Elena, yendo hacia allí, esperándola fuera del coche con Paula sobre mis brazos.

Elena salió corriendo al vernos, abrazándonos a los dos y dándonos muchos besos. Fuimos a casa y terminamos de preparar la comida entre los dos para comer los tres mientras la niña se quedaba viendo la tele.

-Elena, esta niña es muy lista.
-¿Sí? -dijo sonriendo.
-Elena, te hablo en serio.
-¿Qué pasa? -dijo algo más seria.
-Me ha preguntado algunas cosas que no creo que sea normales en una niña de su edad. Además, le he estado enseñando un poco de inglés y se ha quedado muy rápido con todo.

Entonces le expliqué con detalle lo ocurrido durante la mañana, con esa conversación y como fue la cosa con el aprendizaje. Elena sonreía con orgullo mientras le contaba todo y se quedó un poco pensativa.

-No sabía nada de esto.
-No me parece normal. No es por nada malo, todo lo contrario.
-Hablaré con mi tía, a ver qué me dice.

Después comimos los tres tranquilamente mientras conversábamos, con Paula enseñándole a Elena lo que había dibujado y coloreado durante la mañana. Elena le preguntó sutilmente si había hecho algo más aparte de eso e ir a mi ciudad y conocer a todas las que conoció y le dijo que sí, que le había enseñado algo y se puso a decir cosas en inglés, contando del 1 al 10, diciendo algunos colores, señalándose a sí misma diciendo «I», señalando a Elena diciendo «she» y señalándome a mí diciendo «he». Miré a Elena haciendo un gesto corroborando lo que le había comentado mientras preparábamos la comida y ella me miró sorprendida, pasando a reírse. Así se nos pasó el rato de la comida, echándose Elena en el sofá con Paula un rato mientras la niña echaba una pequeña siesta. Yo recogí un poco y me senté a su lado cuando acabé, mirándonos sonrientes.

Al rato Elena cogió mi coche para que Paula no se despertara al llevárnosla. La tarde fue muy tranquila porque la niña estuvo bastante rato durmiendo sobre mí mientras yo veía alguna película. Nos eché una foto y se la envíe a Elena, que me respondió al poco diciendo que le encantaba vernos así, dándome también las gracias porque así se le hacía el rato de trabajo más ameno. Cuando Paula se espabiló volvimos a estar un rato viendo la tele juntos, dibujando, jugando con algunas muñecas que trajo y demás hasta que se acercó la hora de salida de Elena de su trabajo y fuimos hasta donde estaba. Por el calor que hacía por estar en pleno mes de agosto, decidí ir hasta la parada de autobús más cercana y esperar para ir así porque andando era más de media hora y acabaríamos reventados. Cuando nos vio aparecer se volvió loca, de nuevo con besos y abrazos. Nos montamos en el coche y decidimos ir a cenar a algún sitio, pasándolo bastante bien mientras Elena nos contaba su día.

Acabamos más tarde de la cuenta y regresamos a casa cerca de las 11 de la noche. Paula estaba cansada. No estaba acostumbrada a tanto traqueteo, por lo que se le cerraban los ojos conforme llegábamos, como pude ver por el retrovisor. En cuanto llegamos, la acostamos y cayó dormida en el acto, yendo nosotros también a la cama. Ambos estábamos abrazados, besándonos muy tiernamente. Tanto cariño y roce hizo que se me pusiera la polla dura y más teniendo en cuenta el calentón del día anterior. Elena se dio cuenta y me empezó a acariciar la polla por encima de los boxers y pantalones, ya que al estar la niña ahí sí que usaba pijama. Cada vez lo hacía con más intensidad, pero de repente se oyeron unos golpecitos en la puerta. Sabía que era Paula, por lo que me puse boca abajo, acomodándome para que no me viera así. Elena fue corriendo a ver qué pasaba y la niña empezó a hablar con tono de pena diciendo que tenía miedo porque oía crujidos en su habitación. Elena se preocupó, pero yo le dije que no se preocupara. Le dije que se trataba de la madera del armario, que crujía por estar en verano. Aun así, Paula estaba un poco asustada y Elena algo preocupada por verla así, por lo que acabó durmiendo con nosotros. La niña se durmió enseguida mientras Elena le murmuraba una canción y le acariciaba. Yo las miraba mientras tanto, susurrándome después Elena.

-Lo siento.
-¿Por qué?
-Por no poder…
-No te preocupes Elena.
-Me sabe mal.
-Bueno, ya tendremos tiempo.
-Yo también tengo muchas ganas…

Al final me acabé durmiendo de la misma manera que lo hizo Paula, con Elena acariciándome la cara, aunque sin canturrearme nada.

Al día siguiente, Elena se levantó para ir a la ducha mientras yo seguía muy empanado, con Paula durmiendo también, apoyada en mí. A Elena le daba pena que la niña y yo madrugáramos tanto, por lo que quedó con una de sus compañeras para que fuera a por ella y ya luego iría yo a por ella cuando acabara de trabajar. De vez en cuando me hablaba bastante de ella y alguna vez que otra me dijo que me la presentaría y que le gustaría que nos fuéramos a comer juntos y demás. Cuando regresó y se vistió se despidió dándole un beso a Paula, quien seguía dormida como un tronco y de mí, estando aún muy adormilado. Vi a Paula tan profundamente dormida y yo también estaba con ganas de dormir más, por lo que me acomodé para dormir.

A las pocas horas me desperté porque la nena me estaba hincado el dedo en la mejilla para despertarme porque tenía hambre, por lo que nos levantamos para desayunar. La niña se empezaba a abrir más conmigo, hablándome más, riendo y con más acercamiento. Yo estaba encantado, Paula era muy buena y no me ocasionaba ningún problema, por lo que lo pasaba bien estando al cargo de ella, jugando, hablando o lo que hiciera falta. Después de desayunar le pregunté a Paula qué quería hacer mientras recogía, fregando los platos y demás. Ella se quedó pensativa estando sentada en la encimera, moviendo sus piernas. Estaba preciosa de esa manera, con dos coletitas que le hice, además. Dijo que le apetecía ir a la piscina, por lo que la preparé para ello, pero antes de bajar fuimos a comprar algunos zumos y cosas así para estar a gusto en la piscina.

Cuando llegamos nos pusimos a la sombra, pero se me vinieron las palabras de Elena de que tuviera cuidado con ella y con esa forma de decírmelo con esa preocupación. También lo recordé por como cuidaba ella de mí siempre cuando tomábamos el sol, por lo que le eché mucha crema a la niña, aunque ya estaba morena, echándome después a mí. Paula estaba supercontenta, muy risueña y agitando sus brazos. Según me dijo no tenía piscina en casa y no es que fueran mucho, tan solo unos pocos días a la playa. La senté en mi muslo mientras esperaba a que su piel absorbiera un poco la crema. Cogí el móvil y nos eché una foto. Salíamos ambos sonrientes, con ella saludando con una mano y agarrando un zumo con la otra. Salió preciosa, con sus coletitas, su sonrisa de oreja a oreja y un pegote de crema en la nariz que le dejé para que estuviera graciosa. Le envié la foto a Elena, pero no me respondió. También le envié la foto a mi madre, quien se puso como loca, diciendo lo guapos que estábamos y que le encantaba vernos así.

Después nos bañamos, teniendo bastante cuidado de la niña, sin dejarla suelta en ningún momento. Ese día sí que acudió más gente a la piscina. Como tres familias más había. Una con dos niños, pero más mayores que Paula, por lo que no es que pudieran hacer migas, otra pareja de mediana edad y una madre con su hija adolescente, de la cual no sabía su edad, pero no estaba nada mal, era bastante atractiva. Mientras nos bañábamos y jugábamos con el agua, se nos acercó esta última madre para preguntarme si era de por ahí, explicándole un poco que sí, llegándome a preguntar también si aquella niña era mi hija. Le expliqué también que no, que yo era muy joven aún para tener hijos y que mi chica también lo era, así que no, diciéndole quién era y porqué estaba ahí.

Después de estar un buen rato jugando con Paula en el agua, subida sobre mí, echándome agua y demás, nos fuimos a las toallas para descansar un poco, mientras Paula se entretenía con sus juguetes, miré el móvil y vi que tenía mensajes de Elena, diciéndole que le encantaba vernos así, con muchos emoticonos de corazones y por el estilo, diciéndome también que se la había enviado a su padre, a su tía y tío e incluso a Irene, viendo que tenía también mensajes de esta última diciéndome que estaba hecho un padrazo y que salíamos muy monos.

Echamos así el resto de mañana, yendo al agua para bañarnos y jugar y volviendo a las toallas para descansar y que se bebiera un zumo, hasta que fuimos a casa para darnos una ducha e ir a por Elena. Una vez regresamos a casa después de ir a por ella, comimos tranquilamente, descansando y llevándola de nuevo, pasando la tarde en casa porque Paula estaba bastante cansada después de estar toda la mañana jugando en la piscina, por lo que solo nos dedicamos a echar la siesta y ver la tele. De nuevo fuimos a por mi chica y cenamos tranquilamente mientras nos contábamos el día. Por la noche después de acostar a Paula, Elena y yo no tardamos mucho en ir a la cama, pero sin hacer nada sexual por lo mismo que la noche anterior. Sin embargo, sí que nos dábamos besos con mucho cariño, pero cuando cogían intensidad, Paula de nuevo llamó a la puerta para dormir con nosotros porque tenía miedo. Elena le regañó un poco diciéndole que no se acostumbrara a dormir con nosotros, ya que sus padres no le dejaban dormir con ellos, pero aun así durmió con nosotros, ya más acurrucada a mí que el día anterior. Cayó dormida en nada mientras Elena y yo nos mirábamos, con ella poniendo ojitos. Le encantaba verme con Paula de esa manera.

Y es que parecía que era nuestra hija al estar tanto tiempo con nosotros y muy apegada, ya que como bien me dijo Elena, Paula era una niña muy cariñosa, cosa que corroboré conforme los días iban pasando, llegando un punto en el que la complicidad entre la niña y yo era muy alta, como si fuéramos familia desde siempre. Elena estaba encantada, Paula estaba encantada y yo también. Si esa era la vida que tendría si tenía una hija junto a Elena, estaría encantado de vivirla. Tanto, que cada vez me aparecía más llegar a ese momento, aunque no era algo que se pudiera decidir tan a la ligera. Ambos teníamos nuestros trabajos y Elena estaba empezando como quien dice. Y es que se me vino entonces a la cabeza aquel momento en el que Maribel me contó que echaba de menos su trabajo por tener a sus hijas tan joven. Era cierto que estaba encantada con ellas, pero ese momento se me quedó grabado, sobre todo su cara de nostalgia y por eso no quería tener un bebé tan rápido, ya que Elena y yo éramos muy jóvenes y he oído de muchas personas que una vez tienes un hijo, tu vida se acaba porque tienes que vivir por y para ellos, sobre todo cuando son tan pequeños. Y estaba dispuesto a hacer ese sacrificio, pero no todavía, aún quería vivir muchas cosas más con Elena. Quería disfrutar de nuestra juventud lo máximo posible y ya tener el bebé cuando pasáramos los 30, porque esa era otra, no llevábamos ni 6 meses como pareja.

Así fueron pasando los días sin nada especialmente reseñable. Yo me pasaba todo el día con Paula, ya fuera yendo a la piscina, jugando, dibujado, coloreando, mirando la tele, o incluso yendo a diferentes lugares de la ciudad en los que había atracciones y distracciones para niños de su edad, o yendo al cine también. Elena la pobre tenía que ir a trabajar de lunes a viernes, tanto por la mañana, como por la tarde. Uno de esos días por la noche, después de cenar, estuvimos hablando con Irene y Mario para ponernos al día de nuestras vidas, quedando en que vendrían el sábado para pasarlo en la piscina con nosotros, diciendo Elena que avisaran también a Sofía. A cambio de poner el sitio, ellos ponían la comida, así que tocaba otra barbacoa. Planazo en el que tenía pensado que nuestros amigos nos echaran una mano para que se quedaran con Paula un rato porque Elena y yo estábamos muy faltos de sexo y lo necesitábamos.

En toda la semana hicimos nada desde aquel dedo que le hice. No tenía ni idea de si ella se había tocado ni siquiera en la ducha, pero yo sí que lo hacía, porque sí que me pasó que varias veces me despertaba con una tienda de campaña más fuerte de lo normal, por lo que tenía que aliviarme yendo a la ducha rápidamente antes de que la niña se despertara, además de que Elena me provocaba siempre que podía, ya fuera metiéndome la lengua hasta la campanilla, restregándose con mi cuerpo, agarrándome el culo y estrujándolo o incluso restregándome su culo contra mi paquete. Se reía y me tenía malísimo, tanto que tenía que ir al baño a rebajarme el calentón manualmente, aunque ya estaba pensando alguna venganza.

Lo único reseñable fue el viernes por la noche. Elena estaba muy contenta porque ya había acabado por esa semana y salimos a cenar fuera para celebrarlo y luego a tomar un helado, yendo hasta casa dando un paseo, aunque nos pillara algo retirado. Íbamos en silencio, con Paula sobre mis hombros, disfrutando de la temperatura más calmada hasta que Paula rompió el silencio.

P: Prima Elena…
E: ¿Qué pasa, Paula?
P: ¿Y la prima Noelia?
E: Eh… -dijo mirándome.

Fue una mirada incómoda. Al parecer no sabía nada de la situación de su familia y preguntó por ella con total normalidad, con tono de echarla de menos.

P: ¿Y la tita Maribel?
E: Paula…
J: Están en su casa, Paula. Tienen que cuidar de la abuelita de Elena.
P: ¿Está malita?
E: Sí, un poco.

Paula hizo un gesto con los brazos para que la cogiera Elena, haciéndolo así ella, dándole un abrazo y un beso en la mejilla, echando luego su cara sobre su hombro.

P: Hace mucho que no las veo… ¿Podemos ir a verlas?
J: Es que está muy lejos, Paula… Y mañana vienen nuestros amigos, ya hemos quedado con ellos. Van a venir Irene y Sofía, ¿te acuerdas de ellas?
P: Sí.
J: Pues van a venir y vamos a estar todo el día en la piscina jugando.
P: ¿Sí?
J: Claro. Hasta vamos a comer ahí.
P: Vale -dijo riendo.

Seguimos andando hasta que llegamos a casa, acostando directamente a Paula porque ya era tarde y al día siguiente tendríamos día de piscina y sabíamos que acabaría muy cansada, por lo que le vendría bien descansar. Elena y yo nos acostamos al rato en nuestra cama viendo antes que la niña estaba K.O. en su cama.

-Gracias por lo de antes -me dijo susurrando una vez estábamos ambos tumbados en la cama antes de dormir.
-No es nada.
-No sabe nada de lo que pasó en mi casa. Mi padre se lo ha contado a mi tía, pero hacen como si no hubiera pasado nada, como si él estuviera ahí por trabajo y todo siguiera igual.
-Lo siento. No lo sabía.
-Ay…
-¿Cómo está tu padre?
-No me dice nada apenas de cómo está y eso, pero yo le noto que echa mucho de menos su vida.
-Vaya…
-Se le ha ido el brillo de los ojos. Me da mucha pena.
-¿Crees que algún día tu madre le dará una oportunidad?
-No lo sé. Lo dudo mucho. Sé cómo es y si bien es verdad que ya no le tiene el asco que le tenía los primeros días, también es verdad que no lo ha perdonado y no creo que lo haga.
-Pero, ¿crees que ella le echa de menos?
-A veces la veo tristona, pero no sé si es por eso. Yo creo que sí. Son muchos años juntos.
-Ya.
-Lo que más pena me da es por mi hermana. Hace como si no existiera. Javi… Es muy pequeña aún para que esté sin padre. No es justo…
-Lo sé, mi vida. Pero es que tu hermana es así. Es muy cabezona y muy radical.
-Ya, es muy suya…
-Bueno, vamos a descansar, que mañana vienen éstos.

Al final nos acabamos durmiendo como siempre lo hacíamos, con Elena echándose sobre mi hombro, pasando uno de sus brazos por mi pecho y con una de sus piernas sobre las mías.

Al día siguiente nos levantamos no muy tarde para estar desayunados y listos para cuando vinieran nuestros amigos. Hicimos hora jugando con la niña hasta que vinieron. Entraron los tres, vestidos de piscina, para que Sofía viera la casa. Después de darnos un fuerte abrazo y dos besos a Elena y a mí, ella le enseñó la casa mientras los demás nos quedamos en el salón esperando, con Paula en mis brazos, abrazada a mí porque estaba un poco cortada, mirando a Mario fijamente. Al rato vinieron Elena y Sofía y nos levantamos para bajarnos a la piscina con Paula sobre mis hombros. Dejamos la comida y las bebidas que trajeron en las neveras del chiringuito y nos fuimos a la zona de las sombrillas para extender las toallas, echarnos crema y tomar un poco el sol. Era verdad que Paula y yo parecíamos hijos de Elena, porque ella nos echaba crema con un alto ahínco, además de que lo hacía muy contenta, con una sonrisa enorme en su cara, haciéndole también unos moñetes a la niña como los que se hacía ella. No pasó nada reseñable, ya que con la niña ahí y más gente que había, aunque no fuera tanta como la que había estado yendo entre semana, no es que se pudiera dar pie a ninguna situación entre los cinco, además de que Paula me pidió que la llevara a los columpios y fuimos aprovechando que estaban a la sombra por los árboles cercanos, así que tampoco pude estar pendiente de ellos para ver qué hacían porque estaba distraído con ella. Estuvimos un rato jugando en el tobogán, en los balancines y luego me pidió que la columpiara y entonces me preguntó:

-Javi, ¿quién es ese niño?
-¿Quién?
-El que ha venido con tus amigas.
-Ah… Es Mario, el novio de Irene.
-¿Es su novio?
-Sí, desde hace mucho.
-¿Y también se dan besos?
-Claro, jejeje.
-¿Y se quieren mucho?
-Claro.
-¿Cómo Elena y tú?
-Sí, ellos llevan mucho tiempo juntos.
-¿Cuánto?
-Uff… Pues no sé… Pero por lo menos 2 ó 3 años.
-Hala…

Después de un rato columpiándola en silencio volvió a hablar.

-Es muy guapo.
-¿Quién? ¿Mario?
-Sí.
-¿Te gusta?
-Bueno…
-¿Es más guapo que yo? Jajajaja.
-Eh… Tú también eres guapo.
-Pero él más, ¿no? Jajaja.
-Bueno…
-Vaya…
-Pero tú me caes muy bien. Eres muy bueno conmigo, porque me cuidas y juegas conmigo -dijo sonriendo.- Y me das chuches.

Al poco regresamos con los demás, viendo como Sofía estaba muy apegada a Elena, mientras que Mario e Irene charlaban algo separados de ellas. Nos sentamos y Elena le volvió a echar crema a la niña, mirándome a mí después con una sonrisilla muy dulce. Se levantó y me tendió la mano, por lo que me levanté y empezamos a andar, tirando ella de mi mano. Cuando llegamos a la valla que comunicaba la piscina con aquel camino, empezó a tirar de mí con más fuerza, parando al poco de entrar en ese pasadizo rodeado de pinos para empezar a comerme la boca con mucha ansia.

-Elena, que puede venir gente…
-No puedo más. Son muchos días sin disfrutar de ti así…

De nuevo me besó, echando mano a mi culo para apretarlo. Yo ya a esas alturas me dejé llevar y le agarré con fuerza del culo también, levantando su cuerpo unos centímetros para que no tuviera que estar tan encorvado. Un ruido de pasos fue lo que nos despegó, poniéndome frente a Elena para tapar mi erección, la cual estaba muy marcada al ir solo con el bañador puesto. De refilón pude ver que se trataba de aquella madre que me preguntó acerca de quién era y demás, yendo también su hija. Nos saludaron mientras pasaban de largo, haciendo nosotros lo propio.

Ya no podía aguantar más y agarré a Elena de la mano con fuerza para salir de allí y llegar a nuestra casa. Íbamos a paso ligero, con una risilla nerviosa por su parte mientras yo iba con la respiración acelerada de la excitación que tenía encima.

Cuando llegamos abrí la puerta a toda prisa y tiré de Elena para que entrara, cerrando la puerta, abalanzándose ella sobre mí para empezar a comernos la boca como locos mientras se subía encima de mí, apretando mis caderas fuertemente con sus piernas. Intenté ir a nuestra habitación para ir a la cama, pero Elena me sujetaba con tanta fuerza la cara para besarme que no veía nada y me guiaba por mi memoria, haciendo que me chocara bastante con las paredes y las puertas de camino. Una vez llegamos, Elena me desnudó rápidamente, casi arrancándome el bañador, y yo no me quedé atrás. Le quité el pareo bruscamente, al igual que el bikini para empezar a comerle las tetas con ansia mientras ella gemía. Después quise bajar a su coño, el cual había tocado con mis dedos, comprobando que estaba muy mojado, pero Elena me detuvo.

-No, métemela ya. No puedo esperar. Luego más tranquilamente nos comemos. Necesito que me folles muy fuerte.

No hicieron falta más palabras por parte de ninguno de los dos. Ella estaba muy cachonda y mojada y yo con una erección de las que incluso duelen un poco, por lo que la enderecé y la puse de pie, fuera de la cama, en pompa mientras apoyaba sus manos en el filo de la cama. Le puse el glande en su rajita, buscando meterla más que acariciársela como siempre hacía y se la metí de golpe, lanzando ella un gemido muy alto, casi en forma de grito. Me quedé unos segundos dentro de ella sin moverme, notando como me apretaba con fuerza mientras su cuerpo hacía alguna sacudida. Elena lanzó un suspiro y entonces me empecé a mover en su interior. Lo hacía ligeramente mientras ella gemía bajito, pero poco duró eso, porque aumenté bastante el ritmo en poco tiempo, haciendo que nuestros cuerpos chocaran de tal manera que sonara fuertes sonidos de palmadas. La interrupción fue brusca al correrse Elena lanzando un grito muy fuerte, el cual me hizo dar un respingo, acompañando de un empujón con su culo para empezar a lanzar chorros a mucha presión, poniendo el suelo perdido, salpicándome por las piernas del fuerte impacto con el suelo. Como tres chorros con fuerza lanzó, moviendo su cuerpo de manera rara, desplomándose después en la cama, quedando boca abajo con la respiración muy acelerada.

Me asustó un poco esa manera que tuvo de correrse, entre el grito y como se mojó, además de que duró ¿1… 2 minutos? Me sorprendió lo poco que aguantó, pero es que llevábamos una semana sin hacer nada y que yo supiera, desde el domingo anterior sin correrse en aquel dedo que le hice. No tenía ni idea de si ella se había aliviado durante esos días, pero a juzgar por esa explosión no, pese a las numerosas veces que me provocó, donde salía hasta con las mejillas encendidas.

A duras penas se dio la vuelta y se puso boca arriba para respirar con más facilidad, abriendo sus ojos para mirarme, estirando sus manos para hacerme un gesto para que fuera con ella. Me puse a su lado, pero ella me abrazó y tiró de mí para que me pusiera sobre ella. Me abrazó con mucha fuerza mientras recobraba su respiración, acariciándome la espalda también.

-Elena, ¿estás bien?
-Mmm, sí. ¿Por?
-Me has asustado un poco.
-¿Por qué?
-Porque te has corrido de una manera muy exagerada, ¿no?
-Cariño, llevo sin correrme casi una semana… Esto es lo que me provocas…
-¿No te has tocado ni siquiera?
-Nooooo… Con la niña aquí ni de coña.
-Pues en el trabajo… Jajaja.
-Jajajaja, qué marrano.
-Joder… Pues yo no he aguantado… Con esas provocaciones que me hacías tenía que ir al baño.
-Jajajaja.
-Y alguna que otra mañana que me despertaba con eso que hasta me dolía…
-¿En serio? Jajajaja.
-Sí. Y no quería que la niña me viera así si se despertaba, así que iba corriendo al baño.
-Ah…
-No duraba nada. Con tu olor por todas partes…
-¿Sí? -dijo de manera sensual.
-Sí.
-A ver, explícame en que pensabas…
-Pues en que te metía mi polla así… -dije metiéndole mi polla poco a poco.

Elena resopló, empezando a ronronear, besándome con mucho cariño. Después me acarició la cara, sonriendo como solo ella sabía hacer.

-Pero qué bonita eres…
-Tú más.
-No.
-¿Qué más ma hacías en tus pensamientos?
-Uff… Es que no estás preparada para ello.
-Hazlo.
¿Segura?
-Sí.

Me empecé a mover dentro de Elena, pasando a hacerlo rápidamente. Achinaba los ojos por estar aún sensible, pero no me decía que parara ni nada. Quizá se pudo recuperar bastante en los pocos minutos que pasaron desde su corrida y por eso ahora aguantaba, pero lo hacía muy bien, porque mi follada se aceleró rápidamente. En la follada anterior estuve cerca de correrme por el ritmo que llevaba y por ver a Elena así y ahora de nuevo me notaba cerca de acabar. Aun así, fui capaz de aguantar y empecé a reventar a Elena muy fuertemente en un misionero. Esa manera de follar me recordó mucho al primer día que lo hicimos en casa de su abuela después de conocer a su madre y tener aquel «accidente». De la misma manera que entonces, le tapé la boca a Elena porque estaba haciendo mucho ruido, aunque no tuviéramos que tener cuidado por eso, pero me ponía taparle la boca así. Estaba cerca de acabar, pero Elena abrió sus ojos, haciendo mucha fuerza para que le destapara la boca.

-Javi, que me mojo otra vez… -dijo medio asustada.

Salí de ella y le estimulé el clítoris, empezando ella a lanzar chorros de nuevo mientras le daban unos espasmos increíbles que hasta le hacían levantar su cuerpo de la cama, gritando como una loca. Mientras, ella me agarró la polla y me empecé a correr pese a que no movía su mano. La regué por completo, manchándole todo el pecho y parte de la cara.

Después me tumbé a su lado, recuperando la respiración junto a ella porque estaba jadeando con fuerza. Hasta mareado estaba por correrme con esa intensidad. El vientre de Elena subía y bajaba a toda velocidad. Yo me recuperé relativamente rápido, poniéndome de lado para mirarla. Poco a poco su respiración volvió a la normalidad, abriendo sus ojos y girando su cabeza para mirarme sonriendo. Aún le daba algún espasmo, pero ya era consciente de lo que pasaba a su alrededor.

Cogí la sábana y le limpié mi corrida con mucho cuidado y cariño mientras ella me miraba sonriente. Después nos empezamos a besar con mucho cariño. El siguiente polvo fue muy lento y con mucho amor. Nos besábamos a cada rato, ella me comió la polla un rato, luego yo le comí el coño, con ambos llevando cuidado de no corrernos, pasando a hacer un 69, dándonos placer de esa manera ambos a la vez, pasando a follar después en un misionero, haciendo la cucharita después mientras entrelazábamos nuestros dedos, cabalgándome a continuación mientras se inclinaba para besarme y entrelazar de nuevo nuestros dedos… Y así durante un buen rato, a diferencia de esos dos polvos fugaces que no llegaron a los 5 minutos cada uno. Así me acabé corriendo dentro de ella al empezar a besarme el cuello como ella sabía que me volvía loco, dando fuertes embestidas hacia arriba mientras ella gemía muy dulcemente, empezando a temblar bastante.

Esta vez se recuperó con relativa rapidez, levantándose para sentarse en mi pecho y dejar que mi corrida saliera, poniéndose de rodillas a mi lado para pasarse el pelo por detrás de la oreja y empezar a lamer mi corrida mientras yo le acariciaba el culo con mucho cariño.

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