AKUARIES

20.

El viernes se encontraron Isa y Lucía para ir a la facultad, como hacían la mayoría de días, Isa le explicó lo ocurrido en el encuentro con Manolo. Caminaban por el campus universitario, cuando vieron a Mercedes, caminaba directamente para encontrarse con ellas.

-Buenos días chicas ¿Cómo estás Isa? Tú discurso de ayer fue genial, o sea, por fin alguien se atreve a poner a esos cretinos en su sitio.

-Estoy bien, gracias Mercedes, nunca pensé que tú te interesarías por mí.- Le respondía agradecida Isa.

-Ya sé que al principio de conocernos, sobre todo en mi casa, estuviste un poco, o sea, como decirlo, graciosilla. Pero aparte de eso, sabrás que yo avisé a Lucía de quien era Daniel antes de que te liaras.

-Sí, sí lo sé, la pena es que yo estaba tan idiota que no la escuché.

-Bueno, ya está todo pasado, ahora tiene que seguir su vida.- Aconsejaba Lucía.

-Claro que sí. Isa, nos disculpas un  momento, o sea, me puedes dejar hablar con Lucía de algo personal.

-Tranquilas, nos vemos luego en clase.- Decía Isa alejándose en dirección a la facultad.

Mercedes agarró suavemente el brazo de Lucía.

-Vamos a sentarnos en ese banco, quiero hablarte de una cosa.

-Es la primera vez, que creo no haberte oído el ‘o sea’ en medio de una frase.- Se sorprendía Lucía.

-El ‘o sea’ lo utilizo cuando lo tengo que utilizar, cuando me interesa, tengo que mantener mi reputación ¿Sabes?

-O sea, que te haces la pija cuando te interesa ¿Es eso?

-O sea, así es.

Las dos reían.

-Tengo amigas de toda la vida, ellas siempre han hablado así, como Celes…

-Celestina, ‘Celes’ para los amigos.- Mercedes reía.

-Sí, siempre dice así su nombre cuando le presentan a alguien, parece tímida y pava, pero es muy buena chica. Sin embargo mi hermano Carlos nunca ha entrado en estas cosas.- Lucía se dio cuenta por donde iba a ir la conversación de Mercedes, sin darse cuenta hizo una mueca.

-Ya me imagino que no es una conversación cómoda para ti, es que ayer después de cenar, mi hermano estaba en la terraza pensando, serio, creí que algo le pasaba. Estuvimos hablando…

-Mira Mercedes tu hermano me cae muy bien pero…

-Espera, espera, déjame hablar, luego opina lo que quieras. Lucía, te prometo que nunca he visto a Carlos… estar tan enamorado de alguien…

-Eso es porque todavía no me ha conseguido.

-Que poco lo conoces, Carlos no tiene nada que ver con Daniel y esa gente que lo rodea, siempre se ha alejado de ellos y de gente así, él… él es un encanto de niño…- Se emocionaba Mercedes hablando de su hermano.- lo siento, es que cuando le pasa algo me preocupo, le quiero mucho, supongo que al ser gemelos tenemos algún tipo de conexión.

-No sé Mercedes, no lo veo claro…

-No lo entiendo, a él se le nota mucho que está tonto por ti, y perdona, pero tú no lo puedes disimular, me he fijado en como lo miras…

-No me conoces, no puedes saber lo que pienso…

-Lo que piensas no, pero lo que sientes cuando estás con Carlos, se te nota de lejos. Ayer me explicaba que lo tienes muy despistado, que ve tus miradas, por eso tiene esperanzas, pero que tu actitud hacía él es muy fría.

-No quiero darle esperanzas Mercedes.

-Mira, solo quería hablar contigo para decirte una cosa. Si sientes algo por él, no seas idiota y lo dejes escapar, te arrepentirás, es un tío de los que ya no hay. En serio Lucía, sé que te gusta, por mucho que me lo quieras negar, dale una oportunidad y no te arrepentirás.

-Es que pertenecemos a mundos muy diferentes.

-¿Pero qué dices? ¿Es que nosotros somos de Marte o algo así? ¿Te crees que venimos a la tierra cada día en un platillo volante?- Las dos reían de la salida de Mercedes.

-Escúchame Lucía, mi padre ahora es muy famoso, cuando se casó con mi madre era un desconocido, una persona normal que vivía en la ciudad como todo el mundo, mi madre, bueno, su familia si tenía dinero, mi abuelo se dedica al tema de la construcción, por eso mi padre encontró dinero para el famoso edificio. Después, una vez lanzada su carrera, todo empezó a ser de color de rosa, se hizo esa casa donde estuviste y se convirtió en alguien importante. Siempre nos educaron en el respeto a los demás, en mi casa siempre hemos sido comedidos… Bueno, al menos mientras estuvo mi madre, se separaron hace unos años. Y ahora está con una tía que se gasta el dinero de mi padre como si nada, parece que tiene un agujero en cada mano por donde se le caen los billetes. Es la tía más choni que he conocido.

Las dos reían, Lucía miró a los ojos a Mercedes.

-Veo que quieres mucho a tu hermano.

-Lo adoro Lucía, y si tú quieres, si os dais una oportunidad, te aseguro que tú también lo adorarás, es un chico increíble.

-Gracias Mercedes.

-No se te ocurra decirle que he hablado contigo, él quería que no te sintieras presionada de ninguna manera. Tampoco es que yo quiera presionarte, pero creí que deberías saber algunas cosas de él, conocerlo un poquito más, así, a lo mejor, te sientes un poquito más… o sea, más convencida.

Volvieron a reír, se levantaron, se despidieron con dos besos. Mercedes le dijo que se iba por otro camino, no quería que Carlos las viera llegar juntas a la facultad.

Isa llegó a la clase, Carlos ya estaba sentado en su sitio, a su lado, la silla vacía de Lucía. Se miraron.

-Lucía ahora viene, está hablando con tu hermana.

-¿Mercedes está hablando con Lucía?- Preguntó muy interesado Carlos a Isa.

-Sí, les he dejado intimidad y he venido para aquí.

Carlos pensaba mirando a la pizarra, como si algún profesor estuviera dando una gran lección.

-¿Cómo te fue ayer? Tenías que verte con tu ex novio ¿No?- Le preguntó Carlos girando la cabeza mirándola.

-Muy bien, mucho mejor de lo que me esperaba la verdad.

-Me alegro por ti.

-Gracias Carlos, dime una cosa ¿Cuándo Lucía y tú vais a dar el pasito?

-¡Joder! Tanto se me nota.

-Hombre, te cambias de la otra punta de la clase para sentarte a su lado, no sé yo.

-Pero eso fue mientras tú estabas…

-Haciendo la gilipollas.

-Eso, Lucía estaba muy preocupada, yo intentaba escucharla, intentaba que se sintiera un poco mejor, por eso me senté a su lado.

-Claro, claro.

Miraba con una sonrisilla burlona Isa a Carlos.

-Vamos, que se me nota un montón ¿No?

-Es como si lo llevaras escrito en la frente.

Saltaron los dos en una carcajada.

-Es que no sé qué hacer Isa, la veo tan fría en algunos momentos.

-Es porque tiene miedo.

-¿Miedo? ¿De qué? ¿Ha tenido alguna mala experiencia con los chicos?

-De que le pase lo mismo que a mí, no se fía de ti.

-¡Joder!

-Carlos, no te desanimes, yo sé que le gustas, y mucho. Solo necesita un poco de tiempo.

Carlos le sonrió a Isa, le gustó que le confirmara que le gustaba a Lucía.

-¿Tú sabes donde trabaja los fines de semana?

Isa lo miraba con una sonrisilla…

-¿Qué? Aquí los dos intimidando.- Decía Lucía que acababa de llegar sin que se dieran cuenta.

-Intimidando no, confabulando contra ti.- Le contestaba Isa. Carlos miraba para otro lado tapándose la boca.

-¿Qué estás diciendo loca?

-Que ya sería hora que tú y Carlos…

-Isa, Isa, para ya por favor.- Le pedía Carlos.

-¡Uy! Si se ha puesto rojo y todo.- Se cachondeaba Isa.

-Aparta de aquí y déjame sentarme anda.- Le pidió Lucía a Isa.

Isa se apartó con una sonrisa de cachondeo, sabía que los estaba poniendo tensos, Lucía se sentó en medio de los dos. El profesor entró en ese momento.

-Vamos a estar atentos a la clase, ya está bien de tonterías.- Sentenció Lucía.

Cuando acabaron las clases al medio día, salieron los tres juntos.

-¿Queréis tomar algo? Os invito.- Preguntó Carlos.

-Yo no puedo, voy a comer con mis tíos y después a trabajar.- Se excusaba Lucía.

-Y yo tengo que acompañarla de la manita, para que no se pierda.- Se cachondeaba Isa.

-¡Isa coño! Siempre igual, podrías guardarte el cachondeíto.

Isa y Carlos se reían, Lucía los miraba seria. Mientras caminaban solas en busca del autobús.

-Solo intento echarte un cable Lucía.

-Pues podrías echártelo tú al cuello tía.

-Va, no te hagas la ofendida ¿Qué te ha dicho Mercedes?- Lucía sonrió.

-Bueno… digamos que me ha convencido un poquito, para darle alguna oportunidad a Carlos.

-Dime que se la vas a dar, que vas a salir con él algún día.

-Tú lo has dicho, algún día.

-¡Lucía no me jodas! Que tú eres capaz de esperar un año entero.

-¡Ay Isa! No me presiones.

-No, si yo no presiono, solo te digo que si tardas mucho se te va a secar hasta el co…

-¡Isa ya!

-Vale, vale.

Lucía fue a comer con sus tíos, le abrió la puerta Juan, el hermano de Pablo, lo saludó con dos besos, entró en la casa y su tía salía de la cocina.

-Hola tía María.- La saludó Lucía abrazándola, mientras lo hacía frunció el ceño.

-Oye tía ¿Tú no te iras de fin de semana verdad?

-¿Pero qué dices? Ya ni me acuerdo de cuando fue el último que nos fuimos por ahí con tú tío ¿Por qué lo preguntas cariño?

-Por nada, por nada.- Respiró tranquila Lucía, en el momento del abrazo se acordó de que su padre, le había dicho que la mujer con la que tenía, vete a saber qué, se llamaba María. Por un momento pensó que podía ser su tía.

Isa llamó a Manolo, no le contestó al teléfono, le dejó un mensaje de voz y esperó toda la tarde a que le devolviera la llamada. Sin señales de vida de Manolo. Él ya escuchó el mensaje, pero no quería ponérselo tan fácil, había pasado muchos días sin verla, pensando que ya la había perdido para siempre, si ahora se esperaba y sufría ella un poco no pasaba nada, pensaba Manolo.

Lucía estaba en su trabajo, a partir de las nueve y media de la noche, otro día con el bar hasta arriba de gente, no paraba de un lado para otro llevando bandejas llenas de bebidas. El jefe le pidió que entrara al almacén y llevara a la barra un par de botellas más de ginebra, lo hizo. Cuando estaba esperando que le acabaran de poner en la bandeja unas consumiciones, vio que al final del bar, al lado de los baños, se habían sentado Isa y Manolo, sonrió de alegría, le gustó que pudieran estar juntos tan pronto, aunque sabía, que su amiga estaba luchando para convencer a Manolo y recuperar la relación. Cuando pudo se acercó a ellos.

-Hola chicos, que gusto veros juntos por aquí.- Isa la saludó con una sonrisa, Manolo, con cara de póker, no le dijo nada.

De pronto, se abre la puerta del baño, alguien sale y se sienta delante de Isa y Manolo. Lucía le mira, se le levantaron las cejas, los ojos se le abrieron como platos y la boca, se le puso en forma de una O muy grande, de la sorpresa.

-¿Ca…Carlos?- Atinó justo a decir Lucía.

Carlos la miraba, con una cara de bobo que no se la podía aguantar, nunca la había visto vestir así, con tacones, un tejano apretadito, que le marcaba un culo y un tipazo acojonante, arriba un top ceñido, dejaba adivinar unas tetas en tamaño y forma preciosas, solo un pequeño delantal, con el nombre del bar, distinguía a Lucía del resto de clientes. En la facultad nunca vistió así, era más recatada, tejanos más holgados y camisas. Para el trabajo, vestir un poco más extremada le proporcionaba más propinas, y no desentonaba con el resto de camareras.

-Lo he invitado yo.- Confesaba una sonriente Isa.

-Tanto tiempo sin querer decirle donde trabajaba, y vas tú, japuta bocazas, y lo traes, la madre que te parió ¿Y tú? Quieres dejar de poner esa cara de ‘embobao’ coño, que pareces tonto.- Carlos sacudió la cabeza, como si así se le pudiera quitar la cara de tonto que se le quedó al ver a Lucía.- Hola Manolo, me alegro de verte por aquí ¿Cómo estás?

-Ya ves, arrastrado hasta aquí por la japuta bocazas.- Respondía con la misma cara de póker.

Las chicas rieron, Carlos sonrió, estaba tan ocupado mirando a Lucía, que no se había enterado mucho de la conversación.

-¿Qué queréis tomar? Tú y yo ya hablaremos de esto.- Amenazaba a Isa.

-No te enfades mujer, ya verás como habrá valido la pena.

-Ahora no tengo tiempo de hablar, decirme lo que queréis.

Le fueron pidiendo copas, Lucía las apuntó y se fue a la barra. Desde allí hacía un rato que los miraba el jefe, se dio cuenta que el chico que había llegado con sus amigos, la miraba de una forma especial, aunque ella no le hizo mucho caso, más bien ninguno.

-Escucha Lucía, porque no te pides algo para ti, les llevas las copas a tus amigos y te quedas con ellos un rato, aprovecha para hacer el descanso, y no tengas prisas por volver al trabajo, esto está más tranquilo.- Le dijo el jefe.

-¿Más tranquilo? Si está hasta la bandera hombre.- Respondía una responsable Lucía en el trabajo.

-Ya nos espabilamos, haz lo que te digo, que por algo soy el jefe coño.

Así que Lucía llegó con cuatro bebidas, que repartió, dejó la bandeja en un lado de la barra y se sentó con ellos, como no había otro sitio, al lado de Carlos.

-Esta me la vas a pagar, me la guardo y te la devolveré.- Amenazaba Lucía a Isa.

-Lucía, levántate por favor, quiero hablar contigo.- Le pidió Carlos.

Lo miró extrañada ¿Qué querrá este ahora? Pensó Lucía. Se levantaron, Carlos la apartó hasta el pasillo de los baños, le miró directamente a los ojos.

-Oye Lucía, Isa y yo pensábamos que te daríamos una sorpresa, ella lo ha hecho con buena voluntad, no te enfades con ella, si tienes que enfadarte con alguien que sea conmigo. Y si no quieres verme aquí, me voy ahora mismo y te prometo que no volveré nunca más.

Lucía le miraba a los ojos, escuchaba sus palabras, le pareció sincero, le pareció un gran chico ¿Sería capaz de no volver nunca más? Se preguntaba Lucía ¿De verdad quieres que se largue y no vuelva? Se volvía a preguntar ¿Tú eres idiota verdad? Fue la última pregunta que se hizo así misma.

-Me alegro de verte Carlos, de verdad, no pasa nada, volvamos con ellos.

-¿Estás segura? No tienes que hacerlo por compromiso.

A quien le costaba reaccionar ahora era a Lucía, los dos se habían quedado embelesados, mirándose a los ojos con intensidad.

-Estoy muy segura.- Acabó contestando Lucía con una sonrisa.

Le agarró por un brazo y se sentaron de nuevo con Isa y Manolo.

-Lucía, tenías que haber visto, la cara que ha puesto Manolo cuando ha salido del taller y nos ha visto esperándolo.

-¡Tú dirás! No esperaba verla, la pesada me ha estado llamando y yo ni caso. Salgo de trabajar y la veo con este jambo al lado ¿Qué quieres que piense?

-Eso, eso ¿Qué has pensado?- Le apretaba Isa.

-A ti no te tengo que dar explicaciones de nada.- Le contestaba molesto Manolo.

-A mí sí que me lo puedes decir ¿No? Es que me tiene intrigada.- Le pedía Lucía. Manolo no dudo en contestar.

-Lo primero que he pensado es que era ese Daniel…

-Lo he visto venir directamente hacia mí, me he acojonado.- Apuntaba Carlos.

-Suerte que ha estado rápido y se ha presentado como Carlos, así que he pasado de querer romperle la cara a estrecharle la mano.- Sonreía Manolo al contarlo.

-Tenías que haberlos visto, uno ‘cabreao’ como una mona, y el otro con una cara de susto que ‘pa’ qué.- Se reía Isa.

-¿Cómo se te ha ocurrido…? Todavía no lo entiendo.

-Mira Lucía, Carlos quería verte a ti, yo quería ver a Manolo, pues que mejor que montar una cita doble…

-Que macabra eres tía.- Apuntaba Manolo.

-Nos hemos presentado en su trabajo, hemos ido a cenar pizza, lo habitual de los viernes, y ahora, cuando acabes tu turno, nos iremos de discoteca, como siempre hemos hecho, pero esta vez, tu no iras de vela ¿A qué es un gran plan?

Lucía sonreía, perdonaba a su amiga, sabía que en parte lo había hecho para salir con Manolo, si se hubiera presentado sola, él podía haberla rechazado, al hacerlo con Carlos, de alguna manera forzaba a Manolo a no ser mal educado.

-¿Y tú? ¿No dices nada?- Preguntó Lucía a Carlos. Se volvieron a mirar a los ojos.

-Yo estoy encantado de estar aquí, contigo y tus amigos.- Se volvían a mirar intensamente a los ojos. Isa los miraba y sonreía, le daba un codazo a Manolo para que se diera cuenta.

-Qué bonito es el amor, no como tú y yo.- Le decía Manolo a Isa al oído.

-Porque tú no quieres, por mí estaríamos igual.- Contestaba Isa.

-Y una mierda ‘pa’ ti.

-Perdonar que os interrumpa chicos, Lucía ¿Me podrías hacer un favor? tengo la mesa grande del reservado llena, atiéndela, ponle las primeras consumiciones y después ya te puedes ir.- Le pedía el jefe.

-Sí claro, y acabaré a mi hora, no te preocupes.

-No, después te vas con ellos, y la ronda que os estáis tomando la paga la casa.

Lucía se levantó, hizo su trabajo y al rato salió, sin el delantal y con una chaquetilla puesta, estaba guapísima y a Carlos se le caían los cojones al suelo de verla.

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