FERNANDO

Fue el sábado por la mañana. Llamaron a mi puerta y fui corriendo, pensando que era Patricia, pero cuando abrí la puerta me encontré a una mujer y supe enseguida que era la madre de Patricia por su gran parecido. Era una mujer guapísima y con un cuerpazo fantástico, aunque no me pude fijar mucho más en ella, que estuviese en mi puerta eran malas noticias, seguro, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

—¿Eres Arturo? Preguntó secamente.

—Si, soy Arturo, ¿En qué puedo ayudarte?

—Soy la madre de Patricia, ¿Puedo pasar?

—Claro, dije franqueando la entrada, pasa.

Estaba asustado, tenía cara de pocos amigos, de hecho sus ojos echaban fuego. Dejó una gran bolsa encima de la mesa y se puso en jarras paseando sin dejar de mirarme. Yo la miraba entre el miedo y la curiosidad y le iba a preguntar, cuando, sin esperarlo, me cruzó la cara dos veces, una con cada mano. Me dejó aturdido y de hecho trastabillé hacia atrás intentando no caerme mientras me gritaba:

—¡¡HIJO DE PUTA COMO HAS PODIDO HACER ESO A MI NIÑA, COMO HAS SIDO CAPAZ DE FOLLARTELA SI ES UNA CRIA!!

—¿Una cría? Señora su hija es mayor de edad y puede acostarse…

Otro tortazo me dejó pitando el oído izquierdo. Notaba mi mejilla palpitar de los dos tortazos que llevaba y juiciosamente me puse de lado por si lanzaba una patada a mis huevos, esa mujer estaba fuera de sí.

—¿MAYOR DE EDAD? ¡¡IMBECIL!! ¡¡MI HIJA CUMPLIÓ DIECISEIS AÑOS HACE DOS SEMANAS!! Dijo gritándome a la cara.

—No…no…no es posible, tartamudeé, ella…ella me enseño su DNI y la fecha de…de nacimiento…ella es mayor de edad.

—¡¡ESE CARNÉ ERA FALSO IDIOTA, HASTA UN NIÑO SE HUBIESE DADO CUENTA!! Volvió a gritarme.

Me senté en una silla sin creer lo que estaba oyendo y las consecuencias que tendría en mi vida. Había follado con una menor y tenía una relación con ella, era un pedófilo. Vi mi vida como sería a partir de entonces y me vi en medio de un gran escándalo y en prisión de por vida y solo, terriblemente solo porque una cría me había manipulado con su cuerpo y con un DNI falso. Como pude ser tan estúpido y no darme cuenta de algo tan evidente.

Esa mujer paseaba nerviosa por mi salón. Se masajeaba las sienes y me seguía mirando furiosa aunque parecía haberse tranquilizado algo.

—Por lo que se ve, ese carné se lo consiguió una amiga y lo utilizaba para entrar en las discotecas y bueno…también lo utilizó contigo…imagino…imagino que para que no la rechazases.

Seguía sin creer lo que había ocurrido y aunque imaginaba como se sentiría Patricia y lo que debería estar pasando, estaba muy preocupado por mi porvenir. Mi mente imaginaba que en cualquier momento vendría la policía y saldría esposado de mi casa.

—Es por este motivo y porque mi hija ha llorado, suplicado y rogado que no tomase acciones contra ti, que no voy a denunciarte aunque no me faltan ganas. Ella está ahora muy lejos de aquí en un internado, su padre no entiende lo que está pasando y espero que no sepa lo que ha ocurrido porque seguro que te mata, ¿me oyes? y yo le ayudaré, no lo dudes.

Estaba sin palabras, oía a esa mujer hablar, amenazarme, pero no le prestaba atención, estaba como ido, intentando asimilar la barbaridad que había cometido

—En esa bolsa están todas las cosas que le has regalado, ni yo quiero verlas ni a ella le hacen falta. Olvídate de mi hija, no la busques ni te pongas en contacto con ella, si me entero de que lo has hecho, te aseguro que todo el peso de la ley caerá sobre ti y te joderé la vida, ¿Me has oído?

Yo solo asentí con la cabeza. Esa mujer dio media vuelta y salió de mi casa con un sonoro portazo, todavía tenía el miedo metido en el cuerpo, era consciente de que no tendría escapatoria ante ningún tribunal por mucho que Patricia asegurase que eran relaciones consentidas.

No sé cuánto tiempo estuve sentado inmóvil, en esa silla. Cuando me levanté y vi esa bolsa encima de la mesa me acerqué y vi lo que había en su interior. Todos los regalos que le había hecho, los auriculares para escuchar música, sus pantalones blancos, sus zapatillas…su teléfono móvil…Me eché a llorar como un niño, por los recuerdos de mi niña, de mi amor y por la tensión del momento, otra vez había ocurrido, Patricia había salido de mi vida de forma brutal y sin esperarlo, ya no la vería más.

Primero Gina, luego Tania y ahora Patricia. Heridas profundas en un corazón ya maltrecho por lo vivido. No podía seguir así, necesitaba estabilidad en mi vida y empezaba a echar de menos que alguien me esperase al llegar a casa y me preguntase ¿Cómo ha ido tu día amor? Y hacer lo que hacen las parejas, pero sin esconderse, sin programar los polvos y sin que todo fuese como una clase a la que acudir para aprender.

Mi vida volvió a esa gris monotonía sin ilusión por nada. Creo que, aunque lo explicase detalladamente no os haría llegar la desolación por haber perdido a Patricia. Ella había sido mi alegría, mis ganas de vivir, de seguir adelante aun sabiendo que nuestra diferencia de edad sería un impedimento, pero la quería, amaba a esa niña que me cautivó con su cariño, su amor y su cuerpo.

Me juré a mí mismo que no me volvería a pasar eso, que huiría de las jovencitas, ávidas de sexo con maduros que les daban una estabilidad y una calidad que no conocían con los chavales de su edad. Para ellas éramos presas fáciles ante su juventud, pero las consecuencias para alguien como yo eran devastadoras.

Me costó olvidar a Patricia, soñaba con ella, con sus gestos, sus provocaciones, con esos pantalones tan ajustados que llevaba siempre, adivinando ese culo tan divino que tenía y su coñito dibujado nítidamente sobre la tela. Casi sentía en sueños la suavidad y calidez de su piel, su pecho generoso que me ofrecía para degustar su sabor y excitar sus pezones…por dios como la echaba de menos, y volvía a llorar en sueños intentando buscarla para que volviese conmigo sin conseguirlo. Intenté recuperarme de ese varapalo, salir más, entretenerme, hacer algo que mantuviese mi mente ocupada, pero todo era en vano. Solo el tiempo me ayudaría a olvidar.

Ocurrió un miércoles cuando fui a comprar. Iba como un zombi sin enterarme apenas quien había a mi alrededor hasta que una vocecilla dulce me llamó:

―Arturo, espera.

Cuando me di la vuelta me encontré con la amiga de Patricia, Susana, que me miraba casi con lágrimas en los ojos.

―Susana cielo, saludé con cariño, ¿Qué tal estás?

―Bien, dijo dándome dos besos. El…el otro día me llegó una carta de Patricia y me pidió que te la diese. Dijo mostrándome un sobre.

Lo tomé en mis manos y lo acerqué a mi cara. Aspiré su aroma, aun le quedaba la fragancia de la colonia que usaba Patricia, no lo pude evitar y una lágrima cayó por mi mejilla. Igual que me lo había dado se lo devolví. Susana me miró extrañada.

―Lo siento Susana pero aunque desearía leer su carta, no puedo hacerlo. Su madre fue muy clara en su amenaza y me puede costar un disgusto y no puedo seguir así.

―Pero ella espera que le contestes.

―Pues serás tú quien le cuente todo. Dile que la extraño muchísimo, que nunca la olvidaré pero que su madre fue categórica con lo que ocurriría si me ponía en contacto con ella, quiero que me hagas ese favor.

—Se pondrá muy triste cuando se lo cuente. Ella quiere seguir con vuestra relación hasta que tenga 18 años y pueda hacer lo que quiera

—Eso es una locura y ella debe de ser más coherente. Se que ahora habla su corazón pero es de todo punto imposible, se tiene que olvidar de mí. Aunque me duela todo tiene un comienzo y un final, díselo así, nuestro final llegó cuando su madre descubrió lo nuestro.

Susana intentó convencerme de que nadie tenía por qué enterarse, que a través de ella no habría ningún problema en que nos pudiésemos poner en contacto, pero yo no quería eso, quería tenerla a mi lado aun sabiendo que esa relación no tenía futuro. Insistió tanto que incluso llegó a insinuarse conmigo para que accediese a los deseos de su amiga y eso ya fue mucho para mí. Por nada del mundo me volvería a meter en una relación con una menor y menos con esa chica que aunque era una tentación sabía el control que sus padres ejercían sobre ella. Amablemente me despedí y me alejé incluso llegando a cambiar el día de mi compra para no encontrármela.

Esas niñas no entendían lo que a mí, adulto responsable, me podría ocurrir si volvían a descubrir una relación así. Además siendo tan buenas amigas seguro que sus madres se conocerían y bueno, mejor no me quiero imaginar lo que podría pasar, pero desde luego nada bueno para mí.

Solamente el paso de los meses me ayudó a ir llevando mejor mi situación sentimental, sobre todo en el trabajo donde si notaron mi apatía y mi decaimiento. Fue el equipo con el que trabajaba conmigo el que, de alguna manera, me fue ayudando a salir un poco del agujero donde me había metido. Ninguno supo realmente lo que pasó, sí que conocieron la historia pero sin saber que una niña era la protagonista, pero entre todos de una manera o de otra me ayudaron a superarlo.

Cuando todo parecía que se tranquilizaba y las aguas volvían a su cauce, otro acontecimiento vino a trastocar mi vida. Una llamada de Carolina, una sobrina de mi exmujer me alertó sobre el grave estado de salud de mi exsuegro. Carolina era y es una de las sobrinas mayores de Gloria. Creo que ahora mismo debe de tener 17 o 18 años, no lo puedo decir con exactitud, pero esa niña y yo siempre, desde que nació, tuvimos una relación muy especial, así que cuando escuché su voz me alegré mucho, aunque luego me diese esa mala noticia.

—Arturo, soy Carolina.

—¡¡Carolina, mi amor ¿Cómo estás?!!

—Mal tito, el abu se muere. Dijo echándose a llorar.

Cuando me dijo esto enseguida pensé en Gloria. Su padre y ella estaban muy unidos y se a ciencia cierta que él fue un apoyo muy valioso cuando nos divorciamos, amén de que habló conmigo e intentó sin éxito ser intermediario en nuestra separación. Siempre tuve mucho cariño y respeto por ese hombre y se me hacía muy difícil pensar que ya no iba a estar entre nosotros.

—¿Y Gloria? ¿Cómo se encuentra? Pregunté abatido.

—Mal, muy mal tito. Tienes que venir, te necesita más que a nadie en este momento y no le puedes fallar.

En ese momento yo estaba tan hundido como lo pudiese estar Gloria. Mi sobrina me dio la dirección del hospital donde se encontraba y según terminé lo que estaba haciendo me fui directo allí. Cuando llegué a la planta de paliativos, la primera que me vio fue Carolina, mi sobrina, que vino corriendo y se abrazó a mi desolada. No nos dijimos nada, pasamos a la habitación y allí postrado, irreconocible, estaba mi exsuegro lleno de tubos.

Aunque a nadie de su familia le hizo gracia que me divorciase de Gloria, y hacía tiempo, más de dos años, que no nos veíamos, me recibieron con cariño. Gloria estaba cogiéndole de la mano y ni se enteró que estaba allí, estaba llorando, viendo a su padre como se iba apagando poco a poco.

Me puse a su lado, la agarré por los hombros y la di un dulce beso en su mejilla, húmeda por sus lágrimas, cuando me vio se abrazó a mi como creo que nunca lo había hecho y rompió a llorar como nunca la había visto. Me estaba rompiendo por dentro verla así y nada de lo que hiciese podría tranquilizarla. Solo podía estar a su lado y darla todo el cariño y el apoyo que me pidiese.

—Tranquila cielo, estoy a tu lado y no pienso dejarte.

No me separé de Gloria ni un momento y ella estuvo todo el tiempo o abrazada a mi o yo abrazándola a ella, quería que sintiese mi calor y que no pensaba dejarla en esos momentos tan difíciles. A las tres de la mañana mi exsuegro fallecía, fue un momento terrible y muy doloroso, sobre todo para Gloria, cuando los médicos certificaron su muerte. Esa noche Gloria y su hermana dejaron todo arreglado con el seguro de decesos que poseía mi exsuegro y al día siguiente a las doce del mediodía se iniciaría el velatorio en el tanatorio elegido por ellas.

Casi a las cinco de la mañana, después de arreglar todo el papeleo, acerqué a Gloria a la que fue nuestra casa. Durante el trayecto no dejó de llorar y solo cuando llegamos me miró con los ojos muy rojos y agarró mi mano con fuerza.

—Arturo, no te vayas, no creo poder aguantar esta noche sola en casa…quédate conmigo.

—No te preocupes, me quedo contigo.

Gloria sonrió agradecida, aparque el coche y al poco entraba de nuevo en esa casa que tantos recuerdos me traía. Parece mentira pero después de más de dos años todo parecía seguir en la misma posición que estaba cuando me fui.

—Me voy a duchar y a ponerme cómoda. Hay refrescos y cervezas en la nevera. Ahora vengo.

No me apetecía ni cerveza ni un refresco, aunque era muy de madrugada me apetecía algo más fuerte, fui al mueble bar y vi que como siempre estaba surtido. Agarré un vaso, una botella de wisky y fui a la cocina a por hielos. No sabía si Gloria seguiría bebiendo lo mismo, así que dejé un vaso y un refresco de cola por si acaso. Al poco salió con una bata fina que le tapaba completamente y se sentó a mi lado.

—Me apetecía algo más fuerte, espero que no te moleste que me haya tomado esta libertad.

—Sabes que estas en tu casa, no me molesta. Dijo Gloria con voz cansada.

Echó unos hielos en su vaso y se sirvió un wisky, subió los pies al sofá y apoyó su cabeza en mi pecho. Al subir sus pies, por un momento la bata se abrió y dejó sus magníficas piernas al aire, no habían perdido un ápice de belleza, bueno, aunque no era el mejor momento, a sus 46 años Gloria estaba más guapa que nunca y cuando la abracé en el hospital noté que había adelgazado algo, tenía un cuerpo más estilizado.

—Gracias por lo de hoy, de verdad, me ha encantado que estuvieses allí conmigo.

—Y yo estar contigo cariño, se la relación tan especial que tenías con tu padre.

Este último comentario sé que la hizo llorar de nuevo, pero es que cualquier cosa que dijese sería una frase vacía de las muchas que se dicen en esos momentos. Me limité a abrazarla y besar su cabeza. Era extraño pero me encontraba muy a gusto con Gloria. Aunque estábamos divorciados, ese día desde que la vi nos comportamos como si entre nosotros no hubiese ocurrido nada. De hecho me mostró tanto cariño y estuvo tan pendiente de mí y yo de ella que más parecíamos novios que divorciados.

No pude evitar fijarme en la cara de aprobación de todos los presentes ante tanta muestra de cariño por parte de ambos. Carolina, una de las veces que su tía me dejó un momento aprovechó para abrazarme y darme las gracias por estar con ella y decirme que la notaba más relajada, aunque más tarde la noticia de la muerte de su padre por parte de los médicos la hundiese en la desesperación.

—¿Te quieres duchar? Me dijo Gloria, sacándome de mis pensamientos.

—La verdad es que sí, me vendría bien.

—Pues ve a ducharte, yo recojo esto y te espero en la cama.

—¿En…en la cama? Yo pensaba dormir en el sofá. Dije sorprendido.

—De eso nada, dijo Gloria tajante, duermes en la cama, si no mañana te vas a levantar con la espalda hecha polvo y no te vas a tener en pie, y lo sabes, así es que no seas cabezota.

—Está bien, dije dándola la razón.

Durante toda la ducha estuve decidiendo como dormiría. Sin meterme entre las sábanas, encima de la colcha y con la ropa puesta para que no pensase nada raro. Meterme entre las sábanas pero con el pantalón y la camisa…El caso es que no sabía muy bien cómo actuar, cuando estábamos casados yo siempre dormía desnudo o con la ropa interior, nunca me puse pijama. Y Gloria dormía solo con su tanga o con su sempiterno camisón cortito que solo llegaba a tapar su culo y que si se ponía de puntillas para alcanzar algo, me enseñaba esa portentosa obra de arte con que Dios le había dotado en su retaguardia

Y lo confieso ante vosotros, cuando salí de la ducha, descalzo, con mis pantalones y mi camisa, estaba tan nervioso como mi primera vez. Gloria estaba ya metida en la cama y me vio salir, me miró con cariño y fue ella misma la que retiró las sábanas de mi lado invitándome a acostarme. Pero cuando lo hice vestido y me tapé me miró como si estuviese haciendo la mayor estupidez sobre la faz de la tierra.

—¿Se puede saber que estás haciendo? Preguntó enfadada.

—Bueno, es evidente Gloria, meterme en la cama para dormir ¿No?

—¿Vestido? ¿Estamos tontos o qué? ¡¡Arturo!! Exclamó enérgica Gloria, hemos estado veinte años casados y hemos compartido cama y mucho más, se cómo te gusta dormir así que no seas bobo y quítate esa ropa. Dijo tajante mi exmujer.

Con miedo, con mucho miedo empecé a desvestirme, lo hice de espaldas a ella con pudor, avergonzándome, porque cuando me viera depilado, no sé cómo iba a reaccionar. Encima ella estaba apoyada sobre su brazo izquierdo mientras miraba mis evoluciones y ya cuando me vio solo con la ropa interior abrió mucho los ojos.

—Arturo, ¿Dónde…donde está el pelo de tu cuerpo? ¿No me digas que ahora te depilas? Tú que coño eres ahora… ¿Un metrosexual? Dijo con ironía, sin respeto.

Eso fue como una patada directa al estómago. Me cabreó, me cabreó muchísimo, creo que lo vio en la dureza de mi mirada porque su cara cambió de inmediato arrepintiéndose de lo que había dicho.

—Esto ha sido un error. Dije enfadado y levantándome para ponerme los pantalones.

—Noooo…no…noooo, saltó de la cama Gloria abrazándose a mí.

Noté su cuerpo muy pegado al mío, su cara apoyada en mi espalda mientras la besaba, sus tetas, sus pezones los notaba nítidos, hasta creí notar la protuberancia de su pubis en mi culo y sus manos acariciando mi pecho y atrayéndome hacia ella.

—Perdona mi torpeza cielo, es…es que me ha impactado mucho verte así, pero por favor, no te vayas, no me dejes sola.

Me di la vuelta y quedamos cara a cara, ella no se movió ni un milímetro y yo cuando me di la vuelta pegué mi cuerpo al suyo. Nos miramos por interminables segundos esperando que el otro diese el primer paso, que nuestros labios se juntasen y nos diésemos ese beso que estábamos buscando desde que nos vimos en el hospital, pero ninguno hizo nada.

—Sera mejor que nos vayamos a dormir, dije mirándola a esos ojos que me devoraban. Mañana nos espera un día muy duro.

Gloria asintió con su cabeza, cuando se fue a meter en la cama de nuevo entró a gatas por mi lado, su camisón se subió de inmediato mostrándome su culazo y su vulva lampiña, no llevaba ropa interior. Mi polla recibió esa visión como una descarga eléctrica e inmediatamente empezó a llenarse de sangre.

Se metió en la cama e inmediatamente se tapó, tenía las mejillas ardiendo, sabiendo el espectáculo que me había dado. Miró mi «paquete» inflamado por la visión y haciendo círculos con su dedo índice cerca de mis genitales lo preguntó:

—Y…y eso ¿Tam…también te lo has…?

—Gloria, todo, TODO, enfaticé.

—Uffff…suspiró mordiéndose el labio inferior con lujuria. ¿Me lo enseñas?

—Cariño, como te he dicho, mañana va a ser un día muy duro, va a ser mejor que durmamos.

Nos metimos en la cama los dos, yo estaba ya con una erección del quince y Gloria se pegó a mi enseguida poniendo su cabeza sobre mi pecho mientras su pierna izquierda pasaba por encima de mí y la ponía encima de mí ya dolorida polla. Los dedos de su mano izquierda acariciaban mi pecho y mis abdominales y notaba la dureza de sus tetas en mi cuerpo y la humedad de su coñito en mi cadera.

—Perdona si he sido una borde, dijo susurrando, pero has cambiado tanto…dijo dándome un beso en el pecho, tienes un cuerpo increíble y muy suave, eres…eres una preciosidad.

Estábamos tan cansados, tan rotos que no tardamos en dormirnos, aun con el calentón que llevábamos. Ya era muy tarde creo que incluso antes de dormirme escuché el despertador de mi móvil que sonaba a las siete de la mañana.

Nos dormimos, estábamos tan cansados que ni nos enteramos del despertador que Gloria había puesto a las diez de la mañana. Gloria saltó de la cama asustada, eran casi las once y a las doce debíamos estar en el tanatorio. Ni desayunamos, yo me fui a mi casa a cambiarme de traje y dejé a Gloria arreglándose. Tardé poco y la recogí cuando salía del portal, llegamos justos al tanatorio, pero llegamos a tiempo, allí nos esperaban su madre, su hermana mi cuñado y su hija Carolina.

Cuando abrieron el salón donde estaba mi exsuegro para iniciar el velatorio, Gloria y yo nos pudimos escapar a la cafetería a desayunar, estábamos hambrientos y el día se presentaba largo. Como el día anterior ni Gloria ni Carolina se separaron de mi lado; sobre todo mi exmujer estuvo pendiente de mi en todo momento. El peor momento que pasé fue cuando fuimos a ver a su padre en el féretro. Aunque el cáncer lo había devorado, los maquilladores y preparadores le dieron una imagen más como era él, aunque su extrema delgadez se acusaba. Estuvimos allí un rato, con Gloria abrazada a mi llorando.

Ese día como esperábamos fue largo y agotador. Ya pasando media noche, cuando todos los familiares se habían ido y sabían la hora del entierro al día siguiente, las hermanas decidieron cerrar la sala y volver temprano al día siguiente para iniciar la comitiva que nos llevaría al cementerio para enterrar a su padre que sabía sería un momento aún más doloroso.

Gloria y yo nos fuimos juntos de nuevo. Aun habiendo estado todo el día atendiendo a familiares y amigos y a pesar del mal rato que había pasado en la salita viendo a su padre en el féretro, la veía más animada, aunque sabía que en el entierro se derrumbaría.

—Si te pido que te quedes conmigo esta noche también ¿Seria abusar de tu confianza? Me preguntó Gloria.

Sabía que si me quedaba esa noche follaríamos, la noche anterior nos quedamos en «puertas» y sé que Gloria traspasaría todas las líneas para derribar mis débiles defensas, con la premisa que esta noche era mucho más temprano y teníamos más tiempo. Además para que negarlo, mi exmujer era un pibonazo, estaba muy buena y todo el día me estuve fijando en ella, su elegancia, su belleza, su cuerpazo. Me fijaba en muchos de los hombres y mujeres que la miraban con envidia y aunque fuese de riguroso luto, su vestido dibujaba sus formas nítidamente.

—No cariño, respondí con seguridad, no pienso dejarte sola.

Me miró con agradecimiento y ya subiendo en el ascensor nos dimos nuestro primer beso, al poco entrábamos de nuevo en su casa. Como la noche anterior, me dijo que iba a ducharse y a ponerse cómoda. Sus ojos brillaban de una manera especial y yo me estaba empezando a excitar, no sabía muy bien cómo actuar, lo que si estaba seguro de que esa noche iba a ser muy larga e iba a hacer disfrutar a Gloria, que supiese que era un Arturo distinto.

Me fui al dormitorio, en ese momento Gloria cerraba la puerta del baño. Me desnudé y entré en esa habitación llena de vaho; se distinguía la figura de Gloria, sus formas, su desnudez a través de la mampara de baño. No sé si me oyó entrar, me puse detrás de ella con mi polla mirando al cielo, la encajé entre sus nalgas y agarré sus tetas con mis manos…el grito que dio fue ensordecedor. Se separó de mí como si tuviese lepra mirándome asustada mientras con sus brazos se tapaba como podía su desnudez.

—¡¡ARTURO!! ¡¡¿SE PUEDE SABER QUE COÑO HACES?!! Gritó espantada.

Me quede bloqueado, sin saber muy bien lo que decir, las señales que me envió desde que nos vimos en el hospital creo que me indicaban que es lo que ella deseaba, que demonios, incluso la noche anterior estuvimos a punto, o eso creía yo.

—Lo…lo siento Gloria, me disculpé, pensé…pensé que deseabas esto…no…no quería ofenderte.

Salí rápidamente de esa ducha y me sequé con la primera toalla que vi. Fui a la habitación y empecé a vestirme con rapidez, quería salir de esa casa y evitar la vergüenza de enfrentarme a mi exmujer. Me estaba poniendo la chaqueta, cuando Gloria salió envuelta en una toalla con cara de pocos amigos.

—¿Se puede saber en que estabas pensando? ¿He hecho algo que no sepa para que actúes así? Preguntó Gloria algo más calmada.

Eso me empezó a enfadar, la noche anterior se comportó como una golfa, excitándome, provocándome, ¿Y ahora me venía con esas?

—Pues Gloria, quizás haya interpretado mal los signos, pero ayer por la noche faltó nada y menos para que follásemos.

—Ya, pero ayer era ayer, y hoy es hoy. Dijo estúpidamente mi exmujer.

—Y mañana será mañana, dije siguiendo el orden. Y lo que ayer era blanco, hoy es negro y mañana será una escala de grises. No te jode. Respondí ya cabreado. Como dije ayer, esto ha sido un error.

—No me dejes sola por favor. Ahora no. Me pidió me exmujer llorando.

—Lo siento Gloria, no puedo estar ni un minuto más aquí, estoy avergonzado.

Me iba hacia la puerta de entrada dejando a mi exmujer llorando sentada en su cama, cuando me llamó desde la puerta del dormitorio.

—¿Mañana vendrás a buscarme para ir al cementerio? Preguntó entre hipidos.

—Será mejor que llames a tu hermana y vayas con ella. Nos veremos en el cementerio. Dije saliendo por la puerta.

Al día siguiente, un poco antes de la hora programada estaba en el cementerio. No pasé buena noche, me costó dormirme y en mi mente se reproducía una y otra vez ese grito y el rechazo de Gloria dentro de la ducha. ¿En qué me había equivocado? ¿A que jugaba Gloria? Antes de llegar a mi casa tenía dos llamadas perdidas de Gloria y un wasap «He sido una estúpida, perdóname» que no respondí. No entendía a qué venia eso ahora y eso hacia subir mi confusión aún más.

Mi hermana apareció al poco y se bajó bastante enfadada del coche. Vino hacia mi como un miura cuando le enseñan el trapo rojo, a intentar cornearme y herirme de muerte.

—¿Se puede saber qué coño la has hecho? Ayer por la noche estaba destrozada. Me espetó mi hermana con brusquedad.

—Mira hermanita, no estoy de humor, pero no pienso dejar que te metas en mi vida ni en lo que hago. Lo que ocurrió ayer es cosa de Gloria y mía y tú mantente al margen, no tengo por qué darte ninguna puta explicación, ¿TE QUEDA CLARO? Grité en su cara muy enfadado.

Creo que mi hermana no se esperaba esa reacción por mi parte. Confundida me miró con respeto y sin decirme nada se fue a hablar con unos familiares de Gloria. Al poco llegó el coche fúnebre seguido de los coches de acompañamiento donde seguramente iría la familia más directa. El coche fúnebre se paró en la capilla de entrada y todos los asistentes escuchamos unas palabras del sacerdote con Gloria en una punta y yo en otra. Durante esa breve ceremonia, la gente se extrañó de nuestro distanciamiento. Solo Carolina estuvo a mi lado, mientras veía a kilómetros de mi a Gloria de riguroso luto y llorando sola sin que nadie la consolase, eso me entristeció aún más.

El entierro fue más de lo mismo. Gloria en una esquina con su madre, su hermana, su marido y su hija y yo algo alejado viendo enterrar a mi suegro. No sé si Gloria me buscaba con la mirada o no, unas gafas de sol negras me impedían ver sus ojos. Cuando todo acabó, yo me di media vuelta y fui a buscar mi coche, no quería estar allí más de lo imprescindible y que la gente empezase a preguntar, ni me apetecía mentir ni dar explicaciones.

Una voz llamándome me hizo darme la vuelta. Hacia mí venia corriendo Carolina y por primera vez desde que la vi en el hospital me fijé más en ella. Hacía tres o cuatro años que no la veía por eso mi duda si tendría 17 o 18 años. Cuando la vi por última vez era una niña, pero empezaba a tener sus formas y se veía venir que serían rotundas además de ser una preciosidad de niña.

Ahora al verla venir corriendo me fijé en que la genética de la familia de mi exmujer había esculpido su cuerpo de manera impoluta, con unas formas más que contundentes. Pero lo que realmente me llamó la atención fueron esas dos perfectas tetas que brincaban al correr de forma hipnótica y que hacían que dejar de mirarlas fuese imposible.

—Tío Arturo, espérame. No te vayas sin mí.

La miré extrañado, ese «no te vayas sin mi» implicaba que Carolina, ¿Se venía conmigo? ¿A dónde? Yo me iba a mi casa.

—Ufff, pensé que no te alcanzaba, dijo fatigada de la carrera. ¿Nos vamos?

Me dio un beso en la mejilla y rodeando el coche se sentó en el asiento del acompañante. Me metí dentro del coche y la miré con sorpresa.

—¿Dónde se supone que vamos? Y lo más importante ¿Qué te hace pensar que me apetezca ir?

—Pues mira tío, por la hora que es nos vamos a tomar el aperitivo tú y yo, te invito, y no me digas que no te apetece estar con tu sobrina favorita, porque yo me muero por estar contigo y saber de ti.

—Creo que en estos momentos deberías de estar con tú familia y unirte a su dolor.

—Tío, creo que ya voy siendo mayorcita para tener criterio y pienso juiciosamente que encerrarme en casa con esas dos lloronas no va a hacer que mi querido abu este junto a mí. Así que lo llevo en mi corazón y ahora me dice que nos vayamos a tomar algo con quien más me apetezca…Así que, arranca.

Me quedé sorprendido, no es que yo fuera la mejor compañía en esos momentos. Algo que pienso ahora, curioso que nadie, absolutamente nadie, ni mi hermana la metomentodo, llamase para saber de mí. El caso es que ese día que amaneció triste, aciago y aburrido, terminó siendo agradable, divertido y tranquilo. Fuimos a tomar el aperitivo y como me dijo, me invitó ella, luego nos fuimos a comer y la invité yo, hablamos, hablamos de muchas cosas, la sobremesa fue extensa y no sé cómo me dejé liar que terminamos en mi casa, yo desnudo, con mi polla a punto de reventar y Carolina desnudándose con rapidez mientras me miraba enfebrecida.

¿Y cómo llegamos a estar así? No sé, es difícil de explicar. Como os dije mi sobrina y yo siempre tuvimos una relación muy especial, muy unida. La vi nacer, la tuve en mis brazos a las pocas horas y la he visto crecer. Hemos pasado muchos momentos juntos y siempre, siempre ella quería estar con su tío Arturo y la verdad, es que nos teníamos mucha confianza.

Creo, y ella me lo ha confirmado, que nuestra relación cambió y de alguna manera se afianzó más un día de verano estando en la piscina de casa de sus padres. Ella era una niña de nueve años y como toda niña o niño, me da igual, le gustaba el agua a rabiar y no salía de ella. Esa tarde después de comer mientras las hermanas se tomaban un café y despellejaban a alguien y mi cuñado dormitaba en el sofá, mi sobrinilla me dio la mano y me llevó a la piscina a jugar con su juguete favorito, ósea yo.

Le gustaba que la hiciese aguadillas, subirse de pie encima de mis hombros, que la lanzase entre risas lejos de mi para caer en «bomba» en el agua. Era como un monito, se subía encima de mi con una facilidad increíble y yo para que negarlo lo pasaba en grande aunque me dejase molido. Cuando ya no podía más y estábamos arrugados de estar dentro del agua nos salíamos y nos tumbábamos en la toalla para secarnos y descansar. Al poco mi sobrina se sentó a horcajadas sobre mi tripa y apoyó su carita sobre mi pecho, yo acaricié su espalda y noté que no llevaba la braguita del bikini.

—Cariño, ¿Por qué te has quitado la braguita del bikini? Pregunté mientras le daba un azote cariñoso en el culete.

—Así estoy mejor tío, me molestaba.

Al terminar de decir esto y sin esperármelo, puso su sexo en mi boca y lo soltó como algo natural.

—Comételo tío.

Fueron milisegundos en los que mis labios tocaron su tierno sexo. Enseguida me la quité de encima agarrándola por las axilas y depositándola sobre su toalla. Ella me miraba extrañada y yo la miraba rojo como un tomate, turbado, avergonzado…y excitado.

—Carolina ¿Por qué has hecho eso? Eso no lo puedes hacer.

—¿Por qué? Papá y mamá lo hacen, los he visto y a ella le debe de gustar porque da muchos grititos y suspira mucho, por eso quería que tú me lo hicieses.

—No cariño, eso es un juego de adultos, no de niños.

—Yo no soy un niño, soy una niña y soy mayor. Me regañaba Carolina.

—Cielo, no eres tan mayor para estos juegos eres muy pequeña todavía.

Yo seguía aturdido, para colmo Carolina encima de su toalla, sentada, completamente abierta de piernas, me mostraba su sexo abierto mientras sus manitas lo recorrían de arriba abajo y escuchaba atenta lo que yo le decía. Era de todo punto desquiciante y tuve que poner fin a eso. Avergonzado de mí mismo, busqué la braguita del bikini de mi sobrina y yo mismo se la puse. Creo que entendió perfectamente que el juego se había acabado y con toda la naturalidad del mundo me dio un beso, salió corriendo hacia su casa y se sentó a ver la televisión sin ser consciente, creo, de lo que había provocado.

Yo estaba avergonzado de mí mismo, tuve que esperar un rato a que se bajase la tremenda erección que mi sobrina me había provocado, me sentía sucio, asqueado por los pensamientos que se pasaban por mi cabeza y tomé creo la mejor decisión. No había hecho nada malo, pero necesitaba que su madre lo supiese y hablase con su hija. Cuando entré en la cocina y me vieron mi mujer y mi cuñada, supieron que algo había pasado y cuando conté que había ocurrido, las dos rompieron a reír y le quitaron importancia al asunto, aunque su madre me aseguró que hablaría con su niña.

—Arturo, piensa que Carolina empieza a descubrir su sexualidad aunque tenga nueve años y tú eres su compañero de juegos favorito. Ella quiso jugar contigo, pensando que no era nada malo y descuida que hablaré con ella. Me dijo mi cuñada agradecida.

Desde ese día nuestra relación se hizo más profunda, más estrecha y según iba cumpliendo años mi sobrina se iba convirtiendo más en una golfilla que le encantaba llevarme al límite. Pero ese día de la piscina con nueve años se le grabó en su memoria y recordando esa anécdota en el restaurante los dos nos excitamos como animales hasta que mi sobrina me lo dijo.

—Invítame a tomar algo en tu casa.

Volví a perder la cabeza por una jovencita y me maldecía por ello, pero necesitaba follarme a esa preciosidad. Cuando llegamos a mi casa Carolina me desnudó rápidamente y me miró con admiración.

—Arturo estas buenísimo… y joder…¡¡Vaya polla!!

Me empujó hasta el sofá y apoderándose de mi verga empezó una lenta mamada recreándose en cada lamida, cada beso, cada penetración hasta su garganta, tenía una maestría digna de las mejores feladoras. Me encantaba lo que me estaba haciendo sentir, pero quería verla desnuda y se lo dije.

—Cariño, desnúdate para mí, déjame ver tu cuerpo.

Me miró febril y poniéndose en pie empezó a desnudarse a toda velocidad. Cuando se quedó como dios la trajo al mundo giró sobre si misma con coquetería y me lo preguntó:

—¿Te gusto, tío?

Por la cara de bobo que se me quedó debió de pensar que sí y es que mi sobrina era una belleza y tenía unas tetas que sin exagerar y para ser tan joven serian de la talla cien con una areola marrón y grande y un pezón como la primera falange de mi dedo meñique. Se veían duras y nada caídas para el tamaño que tenían. Una cinturita de avispa, su vientre plano y unas caderas rotundas, daban paso a un culito respingón y un par de piernas largas y bien torneadas.

Agarró mi mano y tiro de mí, me llevó a mi habitación y me hizo tumbar, sentándose a horcajadas encima de mi pecho y notando la humedad de su coñito. Me miró con picardía y con un leve movimiento posó su coño en mis labios.

—Cómetelo tío.

Nueve años después, la situación se repetía exactamente igual y con las mismas palabras, pero esta vez afiancé con mis manos esos muslos atrayéndola más hacia mí y devorando su sexo mientras mi lengua se metía dentro de su vagina arrancando los primeros gemidos de mi sobrina.

Mis manos subieron por su vientre y se apoderaron de esas tetas que mimé recreándome en su dureza y retorciendo con mimo esos pezones que incitaban a devorarlos. Estuvimos así unos minutos, pero mi sobrina pensó que me tenía abandonado y dándose la vuelta hizo un 69 conmigo dejándome ver ese culazo y sus dos orificios. Me comí ese coñito y ese culo con amor, con ansia, mi lengua mis dedos mis labios todo, para dar placer a esa niña que me pedía más y que empezaba a mover sus caderas anunciándome la llegada de su orgasmo.

Se corrió en mi boca y no dejé de lamer y besar y cuando noté que su segundo orgasmo estaba en puertas me salí de debajo de ella y supo que la iba a follar. Apoyó su pecho en la cama y hundió sus riñones quedándose bien expuesta y abierta para mí.

—La quiero toda dentro tito, no te dejes ni los huevos. Reclamó mi sobrina.

Mi polla entró hasta el corvejón sin problema y como me enseñó Gina en su momento, empecé un bombeo profundo, para seguidamente solo meter la puntita y volver a meterla hasta el final de golpe. Mi sobrina alcanzó rápidamente su orgasmo, pero no dejé de follarla lo que hizo que encadenase otro. Este último me quede enterrado en ella, notando todos los músculos de su vagina aferrándose a mi falo, exprimiéndolo.

Cuando noté que se relajaba empecé de nuevo a bombear furioso, mi sobrina gemía agónicamente y tardó poco en alcanzar otro orgasmo más. Mi aguante ya estaba llegando a su fin y notaba mi corrida subiendo por mi polla imparable.

—Carolina me corroooo…no aguanto maaaas.

—Dioooos siiiiiii…hazlo dentro…lléname…dámelooooo.

Antes de soltar el primer trallazo de semen en su interior, Carolina se estaba corriendo de nuevo, gritando su orgasmo. El que yo me vaciase dentro de ella solo sirvió para aumentar más su placer y que nuestro orgasmo se alargase. Carolina se tumbó agotada, conmigo todavía en su interior, me apoyé en mis manos para no aplastarla con mi cuerpo mientras llenaba de besos su espalda. Todavía notaba los últimos espasmos de su orgasmo en mi verga, dulces contracciones de su vagina mimándome.

Me salí de su interior, mientras iba bajando, besando su espalda hasta llegar a sus nalgas. Vi como de su coñito manaba mi corrida que se depositaba en la sábana, me dediqué a besar, amasar, lamer y mordisquear sus nalgas, mientras un dedo jugaba con su anito. Carolina ronroneaba como una gatita mimosa elevando su culito para que mi falange la penetrase, estaba demasiado cerrado, por ahí no había entrado nada todavía.

Mis dedos bajaron hasta su coñito y se introdujeron en él, con mi corrida y sus juguitos empecé a lubricar el anito de mi sobrina y ya mi dedo entraba dentro sin problema aumentando los gemidos de mi sobrina.

—¿Te gusta lo que te hago cielo? Le pregunté excitado.

—Ujummmm…Gimió Carolina.

Ella abrió mucho más sus muslos y elevó ligeramente más su culito para que mis dedos la penetrasen mejor. Dos dedos ya la entraban sin problema y con mi otra mano acariciaba su clítoris haciendo que se relajase y disfrutase.

—Ahhhhhh…follameeeee tíooo…reviéntame el culitoooooh.

Ella volvió a ponerse en cuatro hundiendo sus riñones y ofreciéndose a mí. Metí mi polla en su coño para lubricarla bien y puse mi glande en su esfínter empezando a empujar. Note enseguida como se tensaba y cerraba su entrada trasera a cal y canto.

—Mi amor, te tienes que relajar, si no va a ser imposible. Le dije con cariño.

Volví a metérsela en el coño y a bombear. Empezó a gemir de nuevo excitada y vi como su anito se abría para mí. Volví a intentarlo y esta vez con algo de esfuerzo el glande atravesó su esfínter. Vi como mi sobrina mordía la sábana aguantando el dolor, siguiendo los consejos que me dio Gina en su momento me quedé quieto y en ese instante recordé que en uno de los cajones de la mesilla debía tener un bote de gel lubricante. Saqué mi polla de su culo y ella protestó:

—Joooooo…no la saques ahora. Se quejó disgustada.

—Tranquila cielo, veras como ahora va a ir mejor.

Embadurné de gel su anito y mi polla, la puse en la entrada de su culito y sin esfuerzo se coló más de la mitad en su interior.

—Ahhhhhhhhh…Dioooos asiiiiiiii…que ricoooooooh. Aulló mi sobrina.

Empecé un lento bombeo viendo como el culazo de mi sobrina se comía literalmente mi polla hasta los huevos con la ayuda del gel lubricante. Una mano suya apartó la mía y empezó a estimularse el clítoris ella misma pegando unos gemidos guturales que me encendían como a una tea.

—Diooooos siiiiiii…follameeeeeeeh…rómpeme el culooooooh…revientameeeeeee…

Veía su cara con una mueca de dolor, pero estaba disfrutando mucho. Al poco noté como la piel de su espalda se erizaba y empezaba a temblar.

—Tío, me corrooooo…me corroooooooooh.

Gritó su orgasmo y su cuerpo tembló como una hoja. Su esfínter estranguló mi polla con unas contracciones tan fuertes que parecía querer arrancármela. Cuando parece que se tranquilizó volví a sodomizarla buscando mi propio orgasmo. Mi sobrina alargó un poco más su brazo y se dedicó a acariciar mis huevos según rebotaban en su coñito, esas caricias y ver el culo de mi sobrina totalmente dilatado devorando mi verga hizo que explotase en sus intestinos con fuerza, teniendo ella un suave orgasmo al notar mi corrida llenándola.

Volvimos a caer rendidos sobre la cama y esta vez dejé caer mi peso sobre ella, buscando su boca para fundirnos en un beso húmedo y cariñoso. Cuando mi balano perdió su dureza empecé a salirme de ella y me tumbé a su lado. Ella enseguida se puso encima de mí y me abrazó.

—Tío, ha sido brutal, nunca me había corrido de esta manera. Te quiero.

—Yo también te quiero cariño, eres fantástica, me has dejado seco.

Con cansancio Carolina se levantó ligeramente y miró el reloj de mi mesilla poniendo cara de fastidio.

—Me encantaría quedarme a dormir contigo, despertarme en mitad de la noche y follarte de nuevo, pero son las diez de la noche y a las once debo de estar en casa, si no, mis padres se enfadan conmigo y eso es un mal negocio para mí.

—¿Quieres que nos duchemos?

Vi sus ojitos pícaros y esa sonrisa de vicio que me volvió loco. Me puse en pie y la cogí en brazos, llevándola al baño. Ya en la ducha, los dos enjabonados y limpios la volví a follar arrancándola un orgasmo que la dejó agotada y a mi totalmente seco. Nos vestimos y la llevé a su casa, nos despedimos con un morreo a tornillo que nos dejó sin aliento.

—Sobra decir que de esto ni una palabra a nadie, ni a los amiguetes. Dijo mi sobrina.

—Por supuesto, ¿Por quién me tomas? No soy tan irresponsable. Me quejé.

—Otra cosa tío, tenemos una relación muy especial y por nada del mundo quiero que se estropee. Estoy segura de que volveremos a follar, pero esto no se puede convertir en una rutina porque nos haría daño, así que nos veremos muy de vez en cuando, ¿Vale?

—Vale cariño, sin problema. Respondí con afecto.

—Te quiero tito. Dijo dándome un pico y bajándose del coche.

Mejor así, el sexo puede ser una bendición y una condena y encima era mi sobrina. Lo que ocurrió este día no me lo esperaba ni de lejos. No sé si mi sobrina lo tendría en mente o ya lo había planeado, el caso es que este día fue perfecto desde el entierro de mi exsuegro.

Volví a mi casa, después de estos tres días debería volver a mi rutina de siempre. Durante unas semanas tanto mi exmujer como mi sobrina no se fueron de mi cabeza. Sabía de sobra que no quería poner en apuros a Carolina, además, tampoco quería otra relación con una joven que no me llevaría a ningún lado, pero ¿Y mi exmujer?

En mi cabeza seguía presente esa noche en la que casi follamos y su rechazo al día siguiente. Seria negármelo a mí mismo, que de una manera incomprensible, seguía enamorado de mi exmujer y no entendía esa actitud. Mi orgullo, mi estúpido orgullo me impedía llamarla y quedar con ella para aclarar lo que pasó, pero solo recordar su rechazo y luego sus estúpidas excusas me ponían enfermo, joder parece que no se daba cuenta que fue ella y solo ella la que desencadenó todo esto.

Cosas del destino quiso que Venus se pusiera de mi parte. A las dos semanas del entierro de mi exsuegro un sábado por la mañana alguien llamaba a mi puerta y con sorpresa cuando abría me encontré a Gloria guapísima, radiante, tanto, que me dejó sin palabras.

—¡¡Gloria!! ¿Qué…que haces aquí? ¿Cómo, como…?

—¿Cómo te he encontrado? Preguntó mi exmujer. ¿Me invitas a pasar?

—Si claro pasa, estas en tu casa, dije cortésmente pero sin sentirlo. ¿Me das tu abrigo?

Cuando me lo dio me dejo impactado. Un vestido de punto gris perla a medio muslo y ajustado a su cuerpo, unas medias negras, muy tupidas y unos zapatos de salón a juego con el vestido me dejaban desarmado ante esa mujer que por mucho que lo negara me volvía loco. La invité a sentarse y cruzando sus piernas me enseñó una gran porción de muslo enfundado en esa media.

—El cómo te he encontrado si lo piensas sabrás quien te ha traicionado, dijo riéndose. El día del entierro de mi padre le pedí que averiguase donde vivías, solo ella lo podía conseguir y vaya si lo hizo.

Mi sobrina, debería haberlo imaginado. Cierto es que aunque fue una decisión absurda, me negué a dar mi dirección a nadie de la familia. Me negaba a estar controlado en todo momento o por mi hermana y por mi mujer o por mi cuñada, cuando pedí el divorcio quería que mi libertad no estuviese vigilada.

—Me das un vaso de agua, tengo la garganta seca. Me pidió mi exmujer.

—Claro, perdona, no te he ofrecido nada, pero me has dejado sorprendido con tu visita que no esperaba. Haciendo hincapié en que este encuentro no era de mi agrado. ¿Quieres otra cosa que no sea agua?

—No, con el agua está bien.

Me fui a la cocina y no había entrado cuando noté la presencia de mi ex detrás de mí. Se apoyó en el marco de la puerta y miró todo detenidamente mientras no me quitaba ojo. Le acerqué el vaso de agua y me apoyé en la encimera, ella no tuvo intención de moverse.

—Tienes un pisito muy mono y limpio. Dijo mirándome fijamente.

—Bueno, lo que ves, el recibidor, el salón, la cocina, un baño completo y un dormitorio.

—El típico pisito de soltero. Soltó con un deje de reproche Gloria. El dormitorio y el baño lo veré más tarde.

—¡¡BUENO, YA ESTA BIEN GLORIA, ¿A QUE HAS VENIDO?!! Dije elevando mi voz y perdiendo mi paciencia.

Noté el estremecimiento de su cuerpo y vi el vaso temblar por el susto. Su cara empalideció y noté su postura más rígida y menos relajada.

—No te enfades, ¿Vale? Solo he venido a verte y a hablar contigo…te echo mucho de menos.

—¿Y de qué quieres hablar ahora?

—Pues de ti, de mi…de lo que…de lo que paso el otro día…

—Lo que paso el otro día fue una equivocación, lo mismo que el quedarme en tú casa fue un error desde el principio.

—No fue una equivocación, deseaba que ocurriese, pero tuve miedo, miedo de ser otro polvo dentro de tus conquistas…si estas paredes hablasen… Dijo mirando toda la casa con gesto furioso.

—Pues quizás dirían lo mismo que las de tu casa. Le reproché ante ese ataque de celos.

—Por…por mi cama no ha pasado nadie…solamente tú. Dijo avergonzada.

—¿PERDONAA? Enfaticé, ¿Me quieres hacer creer, que después de la que montaste con «Quiero espacio y tiempo» NO HAS HECHO NADA? Venga yaaa…

—Piensa lo que quieras, pero ha sido así. Te amaba y tú te divorciaste de mí, yo no quería eso, te quería a ti.

—Y si me querías a mi ¿Por qué me pediste tiempo y espacio? ¿Qué pretendías? Gloria nunca fuiste sincera con tus intenciones y por eso me divorcié de ti. No pensaba consentirte ser un pelele en tus manos.

Gloria agachó la cabeza, no quiso rebatir mi último comentario. Lo cierto es que todavía no sabía muy bien a que venía esa visita y no es que me disgustase tenerla allí conmigo, al contrario, estaba preciosa y me daban ganas de estrecharla contra mí y hacerla el amor hasta caer desfallecido, pero me hacía falta que fuese honesta conmigo y me contase lo que escondía y no quería contarme.

—Arturo, mi visita es para intentar recuperar a mi marido, que se vuelva a enamorar de mí. Dijo mirándome para ver mi reacción.

—Para que eso llegue a producirse, primero tendrás que ser sincera contigo misma y conmigo y decirme la verdad, que ocurrió para que me pidieses lo que me pediste.

Nos fuimos al salón y nos sentamos en el sofá. Agarré su mano para darle confianza y aunque al principio le costó arrancar, empezó a soltar lo que llevaba dentro hacía más de dos años y no me quiso decir.

Las principales culpables fueron dos amigas suyas, dos golfas de cuidado que se acababan de divorciar y se daban la gran vida a costa de haberles sacado hasta el hígado a sus exmaridos. La convencieron de que se divorciase y le aseguraron que nunca le faltaría en su cama un jovencito que le daría todo lo que no le daba yo. Pero a diferencia de sus amigas, mi mujer estaba enamorada de mí y no quería perderme, por eso se inventó lo del espacio y el tiempo, pensando en irse a casa de su hermana por una temporada y probar esa vida llena de lujuria que le prometían sus amigas. Pero con lo que no contó fue que yo le pediría el divorcio.

—Pensé que te enfadarías, que intentarías hacerme cambiar de opinión, pero nunca se me pasó por la cabeza que me pedirías el divorcio. Lo quise parar, tenía miedo de perderte y no fui honesta contigo, con eso alimenté con gasolina el fuego que yo misma había provocado. Pero lo que más me dolió fue el que no quisieses saber más de mí, que ni me dieses tu dirección y que ni contestases mis llamadas o mis mensajes.

En ese momento los ojos de Gloria no pudieron retener la avalancha de lágrimas que empezaron a caer por sus mejillas. Me rompía por dentro el verla así, nunca me gustó verla llorar. Solo me limité a abrazarla contra mi e intentar calmarla. Cuando se tranquilizó le hice la pregunta del millón o por lo menos la pregunta que me llevaría a que confesase lo que realmente ocurrió.

—Y dime Gloria, ¿Qué te iba a dar ese jovencito que yo no te daba? ¿Qué es lo que buscabas?

Gloria empezó a ponerse nerviosa, ese tema no quería tocarlo y yo creía saber por qué, pero necesitaba escucharlo de su boca. Se puso en pie y empezó a moverse intranquila.

—No me hagas esto Arturo.

—¿Qué no te haga el que? ¿Obligarte a ser sincera? ¿A qué confíes en mí y me digas la verdad?

—Me vas a odiar. Dijo volviendo a llorar.

—Prueba, a lo mejor te sorprendo. Y deja de llorar, el mal ya está hecho, solo puede ir a mejor. Le dije para darle ánimos.

—¿Alguna vez notaste que la monotonía se estaba instalando entre nosotros?

—¿Monotonía? Gloria, por suerte nos podíamos permitir el lujo de hacer lo que nos diese la gana. Todos los fines de semana hacíamos algo diferente, nos divertíamos, entre semana íbamos al cine, al teatro a cenar, lo pasábamos muy bien… ¿O eso no era suficiente para ti?

—Si bueno, eso estaba muy bien, no te lo discuto, es…es… ¿Te gustaba el sexo que tenías conmigo?

—Aunque me rechazaste muchas veces, porque te dolía la cabeza o estabas cansada, si disfrutaba contigo, aunque si noté últimamente la bajada en la frecuencia que hacíamos el amor.

—¿No te parecía que siempre era igual? ¿Los mismos besos, en los mismos lugares y las mismas posturas? Es esa la monotonía a la que me refiero. No había innovación, no había pasión, era todo muy mecánico, muy predecible.

—Ya, y pensaste que follando con otro hombre o con un jovencito calmarías tu furor uterino, ¿No? Te recuerdo que fuiste tú la que te negaste siempre a innovar. Tu instalaste esa monotonía. La reproché herido.

Gloria estaba muy buena, como dije era un pibonazo y para tener la edad que tenía un cuerpo que volvería loco a cualquier hombre. Pero en la cama era muy mojigata. No daba pie a nada y a todo decía que no. Nunca se tragó una corrida mía y por supuesto por el culo, en la vida, eso era una guarrería y solo lo hacían las putas. A mí me gustaban los preliminares, calentar a mi pareja hasta volverla loca. Ella era de cuatro besitos y un magreo de tetas y se abría de piernas para mí, o se ponía en cuatro, o me cabalgaba, hasta ahí nuestra última vida sexual. Noté su incomodidad cuando escuchó mi reproche. Sabía que razón no me faltaba y que me «obligó» a tragar con esa vida me gustase o no, le fastidiaba tener que darme la razón, pero no dijo nada, solo esquivó mi mirada.

—Gloria, te voy a preguntar algo muy importante y quiero que seas totalmente sincera conmigo… ¿Alguna vez has tenido un orgasmo cuando follábamos?

Vi como Gloria cambió de expresión, se puso muy tensa y abrió mucho sus ojos. Me miró durante unos segundos evaluando lo que decir imaginando que de la respuesta que diese dependería y mucho como acabaría esa visita.

―No creo que eso sea importante ahora. Dijo Gloria.

―Es más importante de lo que crees y necesito que me respondas. Y te voy a ayudar… yo ya sé la respuesta.

Aun así se lo pensó temiendo lo que iba a decir. Quería que fuese ella la que me lo dijese y no tuviese miedo de decir la verdad.

—Bien, dijo resignada, pues echando cuentas, en los, más o menos, 26 años que hace que nos conocemos, habré alcanzado tantos orgasmos como dedos tengo en una mano, y ahora que lo pienso…creo que me sobran dedos. Terminó, dándole un punto de ironía.

—Ya. Entonces debo de entender que lo del tiempo y el espacio fue solo la excusa para follar con otros hombres y saber lo que era ser una puta en la cama, con otros, pero no conmigo, ¿No?

—No te pases, me recriminó Gloria enfadada, no me faltes al respeto, yo no te he insultado.

—Solo te digo que esos supuestos «hombres» que te iban a follar te iban a tratar así, como a una puta a la que utilizar, correrse en tu boca, en tu culo y en tu coño, follarte y dejarte tirada hasta que llegase el siguiente, ¿Eso es lo que querías?

—PUES SI, ES LO QUE QUERIA. QUERIA SABER QUE SE SIENTE ESTANDO BIEN FOLLADA, SATISFECHA, PLENAAA…Gritaba, ESTABA HARTA DE ESAS DOS GOLFAS PRESUMIENDO DE LOS TIOS QUE SE TIRABAN Y YO QUERIA ESOOO. Clamaba Gloria enfurecida

Podía sentir su frustración, tantos años fingiendo, yo creyendo que era un jodido empotrador y en cambio era un mierda que no era capaz de satisfacer a mi propia mujer. Me puse en su piel y creo que lo que hizo tiene un nombre…amor. Mi mujer me aguantó porque me amaba hasta que dijo, BASTA, y decidió hacer algo diferente aunque se equivocó en las formas. Vi como escondía la cara entre sus manos y se echaba a llorar amargamente.

—Preferiste intentar engañarme a hablar conmigo y querer solucionar ese problema. Por eso me divorcié de ti.

Gloria lloraba con amargura, levantó su vista y me miró con los ojos rojos implorando perdón, brillantes de sus lágrimas pensando que ya no había nada que justificase su presencia en mi casa después de lo que había confesado. Fue hacia el sillón donde estaba su abrigo y su bolso y vi que estaba dispuesta a irse. Me levanté rápidamente y paré su huida abrazándola contra mí. Su llanto aumentó en intensidad mientras me pedía perdón y me abrazaba contra su cuerpo dejándome sentir su desesperación.

—¿Dónde crees que vas? Le pregunté con cariño. Anda, tranquilízate y déjame vestirme, te invito a comer.

Levanté su mentón y me eché a reír, parecía un oso panda, todo el rímel corrido de sus lágrimas, pero estaba preciosa y yo más enamorado de ella que nunca aunque no lo supiese. La besé con pasión y ella me recibió de la misma manera. Nuestras lenguas se buscaron, se enroscaron y se mordieron con cariño hasta que la falta de aire nos separó.

La invité a comer en el restaurante que a ella le gustaba, creo que fue una comida que no olvidaríamos en el resto de nuestras vidas, hubo mucho cariño y mucha complicidad entre los dos, preludio de lo que vendría esa tarde. Durante la comida me dediqué a excitarla sutilmente, los ojos de Gloria brillaban de una manera increíble y buscaba continuamente mis labios, respondiendo a mis estímulos.

Cuando estábamos tomando el café y el consabido «chupito» por cortesía de la casa, Gloria agarró una mano mía, la besó y apoyó su mejilla en ella mirándome con amor.

—Te propongo que terminemos esto, pagues la cuenta y nos vayamos a nuestra casa a terminar esa ducha pendiente, ¿Quieres? Me dijo excitada.

—Lo estoy deseando mi amor.

Me chocó cuando dijo «nuestra casa» era de ella, me pagó mi parte y las escrituras estaban a su nombre, pero en su cabeza siempre había sido nuestro hogar, nuestra casa y para ella seguiría siendo así.

Cuando llegamos, nos fuimos directos al dormitorio. Me dejó desnudarla, aprovechando a cada prenda que le quitaba dejar jugar mis labios con su piel. Cuando le quité su tanguita su vulva lucia sin un solo pelo, brillante de sus juguitos, salvo una tirita muy sensual en su monte de venus. Mi lengua se metió entre sus labios y le dio un profundo lametón arrancando un gemido ahogado de su garganta. Cuando le quité el sujetador me dediqué a sus tetas, a excitar sus pezones que se pusieron como piedras mientras un dedo mío acariciaba suavemente su clítoris arrancando gemidos de placer de mi mujer.

—Ummmm…cariño…mi amor, vámonos a la ducha. Me suplicaba.

—Shhhh, tú solo dedícate a disfrutar cielo mío.

Mansamente se dejó tumbar en la cama y levanté sus piernas dejándolas al borde. En esa posición estaba abierta de piernas y con su coñito abierto para mí. Era una preciosidad, y el aroma de su excitación subió hasta mi pituitaria. Me arrodillé ante mi diosa, y empecé a lamer y besar el interior de sus muslos. Mis manos acariciaban y excitaban sus tetas y sus pezones y Gloria bufaba de placer.

—Mi amor…me corrooo…mmmfffff…diooooos.

Solamente con las caricias, sin llegar a tocar con mis labios o mi lengua su coñito, Gloria se había corrido como una zorra ávida de sexo. Cuando empezó su orgasmo si busqué su coño para beberme el néctar que salía de él. Eso alargó más aun su orgasmo que lo gritó mientras sus caderas bailaban para mí.

—Mi amor fóllame…fóllameeeee que no aguanto más. Suplicaba Gloria.

—Por supuesto que te voy a follar y lo voy a hacer hasta que me pidas que pare, pero hasta entonces, déjame disfrutar de tus orgasmos.

De rodillas como estaba, rodeé con mi brazo su muslo derecho, puse su culo más al borde de la cama y con el pulgar de mi mano derecha empecé a acariciar su clítoris, Gloria echó su cabeza hacia atrás y volvió a gemir. Con los dos dedos, índice y corazón, de mi otra mano empecé a follarla el coñito, primero despacio, notando como se iba encharcando hasta que mis dedos chapoteaban dentro de su coño aumentando la velocidad de la follada. Gloria se retorcía de gusto y entonces giré mi mano poniendo la palma hacia arriba y las yemas de mis dedos buscaron su punto «G» para cuando lo encontraron Gloria dio tal grito que se tuvo que escuchar en todo el edificio.

—Ahhhh…diooos que me haces… para…paraaa…me hago pis…para cabrooon…jodeeeer.

Gloria exploto es un squirt mientras se retorcía y lanzaba líquido desde su coñito poniendo todo perdido. Sus piernas se cerraban y se abrían al son de los espasmos de su orgasmo, su espalda arqueada sin tocar la cama su cabeza echada hacia atrás con su cuello lleno de venas y los brazos extendidos agarrando con sus manitas el edredón y tirando de él. Cuando se fue tranquilizando me dediqué a besar con ternura sus ingles y a lamer el resto de su corrida.

Para ese entonces tenía mi polla a reventar. Ver así a mi mujer hizo que la quisiera follar en ese mismo momento. Me desnudé, mientras ella recuperaba la normalidad de su respiración. Levantó la cabeza y cuando vio cómo me desnudaba se apoyó sobre sus codos observando cada movimiento que hacía, viendo su mirada de lujuria. Cuando me quité la ropa interior, mordió su labio con lascivia se puso en mitad de la cama con sus piernas bien abiertas.

—Fóllame mi amor, fóllame, te necesito dentro de mí.

Me tumbé encima de ella y nos devoramos la boca con pasión. Mi polla encontró el camino y sin esfuerzo mis veinte centímetros la abrieron haciendo que gimiese como la puta que era en ese momento. Noté la estrechez de su coñito, me recordaba a la sensación que tuve cuando follé con Patricia, como los músculos de su vagina se aferraban a mi rabo para no dejarle escapar, tenía la misma sensación con mi mujer. Se abrazó a mí con brazos y piernas y siguiendo los buenos consejos de mi amiga Gina empecé a follarmela.

—Mi amor, como te he echado de menos…fóllame, vamos, fuerteeee…fuerteeee

Cambié ligeramente mi posición, para que al penetrarla mi glande rozase ligeramente su punto «G» Eso la volvió loca nuevamente, empezó a agitarse, a temblar, se aferró a mi como una cría a su madre mientras mi polla la barrenaba sin perdón y volvió a explotar.

—Mi amooor…otra vez…otra vez…me corrooooooo…me corrooooo.

Gritó su orgasmo aferrada a mi mientras mi balano no dejaba de follarla. Presumía que podía controlar mis orgasmos, pero el coñito de Gloria empezaba a hacer estragos en mi aguante y aunque quería aguantar más, mi organismo me pedía vaciar mis huevos debido a mi excitación.

Empecé de nuevo a follarla con penetraciones largas y profundas, aumentando la velocidad. En la habitación solo se escuchaba los gemidos guturales de mi mujer y el chocar de nuestras pelvis. Nos abrazamos como desesperados y nos besamos hasta en el alma en una unión tan íntima que nos fundió. Gritamos nuestro orgasmo sin dejar de besarnos, mientras mi polla lanzaba latigazos de semen en el útero de Gloria. Cuando nos tranquilizamos todavía seguíamos besándonos con ternura y muy abrazados. Mi balano estaba clavado hasta los huevos en el coño de mi mujer, pero ninguno de los dos quería deshacer ese momento.

—Te amo mi amor. Susurró Gloria en mi oído.

—Yo también te amo mi vida, nunca he dejado de hacerlo.

Fui a salirme de su interior y ella me lo impidió.

—No mi amor, quédate un rato más así, déjame sentirte, ahora mismo soy la mujer más feliz del mundo.

Estuvimos así un buen rato hasta que la postura empezó a ser incómoda, solo en ese momento es cuando nos separamos. Mi polla seguía dura como una piedra, me tumbé al lado de Gloria y ella enseguida se abrazó a mi llenándome de besos. Su mano fue a mi verga que pajeo con delicadeza y acarició mis huevos, comprobando la suavidad al estar carente de vello.

—Ummmm…estas tan cambiado mi amor, me has dejado sin palabras ha sido increíble.

—Si, ha sido increíble mi vida, eres maravillosa.

Gloria con sus caricias y sus mimos no dejó que mi erección menguase. Nos fuimos a la ducha y con nuestras caricias y la mamada que me hizo mi mujer la volví a follar, arrancándola otros dos orgasmos más. Gloria no se creía lo que le estaba pasando y me miraba confundida pero ese día iba a irse a dormir estando bien, muy bien follada.

Cuando salimos de la ducha y nos fuimos a la cama, la muy zorra entró a gatas, meneando lascivamente su culazo que sabía que me volvía loco. Sin pensármelo, aun a sabiendas que no le gustaba, hundí mi cara en ese tesoro y me dediqué a lamer, chupar y follar con mi lengua su anito, y por los gemidos que daba, no le disgustaba.

—Mi amooor que gustooooo…eres un guarro…ummmmm…pero no pareees…

Cuando la tuve a punto la follé de nuevo. Estando en cuatro pude ver como mi verga desaparecía dentro de su coñito hasta las pelotas, pero lo que más me llamó la atención es como boqueaba su esfínter. Sin estar muy seguro de su reacción me dediqué a masajear su anito con mi dedo pulgar, pero lejos de molestarse solo emitió un largo gemido de aprobación.

La follé con desesperación y mi dedo pulgar ya no acariciaba su anito, directamente lo había profanado y la follaba salvajemente, haciéndola alcanzar dos orgasmos más hasta que volví a llenarla de semen calentito que desbordó su coñito. Cayó rendida en la cama jadeando como si hubiese corrido una maratón

—Eres un bestia, un bárbaro…un animal del sexo…mi amor no puedo más…ya, ya no sé cuántos orgasmos he tenido, pero…pero estoy rota, quiero descansar.

Y descansamos. Nos habíamos pasado casi toda la tarde del sábado follando como animales, recuperando el tiempo perdido y dándome cuenta de lo sencillo que era que mi mujer alcanzara un orgasmo. Joder, antes del divorcio follando no era malo, era peor.

Nos despertamos cerca de media noche, entre arrumacos y mimos. Gloria estaba encantada con su «Nuevo» Arturo, todavía no se lo creía.

—No sé qué te habrá pasado, ni lo ocurrido en estos más de dos años separada de ti, y creo que quizás no quiera saberlo…pero el resultado es impresionante. Nunca, nunca en toda mi vida, he tenido tantos orgasmos como contigo esta tarde. Me decía Gloria fascinada. Dime, dime que esto no ha sido casualidad.

—No ha sido casualidad, y puedo hacerlo de nuevo. Tu excitación inicial también ha ayudado mucho, pero puedo hacer que te corras de muchas maneras, te lo aseguro.

—Uffff mi vida, me estas poniendo a mil otra vez. Gimió mi mujer.

Aunque excitados, decidimos cenar algo. Nos habíamos pasado toda la tarde follando y eso desgasta mucho, había que recuperar fuerzas. Cenamos desnudos, admirando nuestros cuerpos. Mi mujer me tenía loco tenía un cuerpazo que ya quisieran muchas chicas de 20 años, pero Gloria alucinaba con el mío y me preguntó como lo había conseguido.

—Bueno, cuando nos divorciamos, los primeros cinco meses los pasé fatal. Te echaba mucho de menos y mi vida era un desorden continuo, de tal manera que mis horarios ya no guardaban orden.

Gloria se levantó y se puso entre mis piernas y me besó con amor.

—¿Y por qué no me llamaste? Hubiese acudido a ti enseguida.

—Empecé a consumir mucha comida basura, la consumía para comer y cenar y eso hizo que en un par de meses engordase como un animal. Comencé a encontrarme mal y el medico me mandó una analítica, cuando la vio se echó las manos a la cabeza, colesterol por las nubes, azúcar lo mismo y cuando me tomó la tensión se asustó, tenía 19 de máxima y 11 de mínima. Me propuse poner fin a eso y contraté los servicios de un entrenador personal y que además era nutricionista y en poco menos de un año mira cómo me dejó.

—Pues es impresionante el trabajo que habéis hecho los dos. Si las putas de mis amigas te viesen se morirían de envidia. Dijo Gloria riéndose.

Cuando terminamos de cenar nos fuimos a la cama otra vez. Veía en la expresión de deseo de mi mujer las ganas de que follásemos de nuevo. No hizo falta preguntar si me quedaba a dormir, lo dimos por hecho los dos.

Disfrute de su cuerpo, de sus tetas, de sus muslos y le comí el coño como creo que nunca se lo habían comido. Alcanzo un orgasmo impresionante y sin dejarla descansar hice que se pusiera de lado y haciendo la cucharita con ella la follé hasta que nos corrimos los dos. Cuando nos estábamos recuperando los dos muy abrazados se lo susurré en el oído.

—Mi amor, te voy a follar el culito, no ahora, pero quiero que lo sepas que me lo vas a dar.

—Lo que me pidas mi vida, te voy a dar todo, soy tuya. Dijo sumisa.

Caímos rendidos de nuevo y nos despertamos el domingo casi a medio día y antes de desayunar Gloria ya iba llenita de leche. Ni salimos de casa, nos pasamos el resto del domingo descansando y follando hasta que llegando la noche me tuve que ir a mi casa. Gloria, estaba triste, no quería que me fuese, pero me tenía que cambiar de ropa y al día siguiente tocaba trabajar.

Cuando me encontré en el coche me sentí muy mal porque la dejé llorando y pensé que era un estúpido, yo tampoco me quería separar de ella. Volví a su casa y cuando me vio se abrazó a mi como si hiciese años que no me veía.

—Cariño, he pensado que por qué no te vienes conmigo a mi casa, hacemos una maleta con mi ropa y me vengo contigo a pasar unos días. Yo tampoco me quiero separar de ti.

A la hora estábamos de vuelta en su casa. Cenamos algo rápido, nos duchamos entre gel de baño, caricias y besos y desnudos nos fuimos a dormir. Esa noche dejamos nuestros sexos descansar, Gloria me confesó que le escocía el coño y a mí la polla después de tanto folleteo. Aun así, antes de dormirse la hice un dedito que le provocó un orgasmo suave y delicioso que la hizo dormir mejor.

Lo que en un principio fue una estancia de unos días, se convirtió en estancia definitiva. Todas mis cosas estaban de nuevo en esa casa y Gloria y yo hacíamos vida marital como si el divorcio no se hubiese producido. Volvimos a nuestras escapadas románticas de fin de semana, nuestras salidas nocturnas, pero más enamorados que nunca. El sexo con Gloria empezó a ser increíble y a los quince días de empezar nuestra vida en común por fin me follé ese culito tan deseado por mí.

Siguiendo mi vena morbosa, una tarde después de salir del trabajo, me pase por un sex shop. Compré dos plug’s anales, uno de tamaño medio y otro más grandecito, además de un Lush. Cuando llegué a casa, Gloria siempre me recibía con cariño, preguntándome por mi día. Cuando vio la bolsa de color rojo chillón me lo preguntó:

—¿Qué traes en esa bolsa? Dijo mirando su interior con curiosidad.

—Regalitos para mi amor.

Cuando vio lo que era puso cara de vicio, de puta necesitada de rabo, me volvió loco, con la voz rota me lo dijo.

—Acabo de mojar mis braguitas, ¿Cuándo empezamos?

Pensé que este trámite nos llevaría algo de tiempo, con Gloria no quería apresurarme. El hacer que su anito se fuese acostumbrando a ser penetrado y tener algo dentro de sus intestinos me llevaría algo de tiempo, pero me equivoqué.

Gloria estaba desatada, esa misma tarde probó los dos plug’s y el Lush y se corrió provocándome, no dejándome que la tocara, mi polla estaba a reventar y necesitaba follarme a esa mujer. Esa misma noche mi verga taladraba el culo de mi mujer con el Lush metido en su coño, nunca la había visto correrse de esa manera y me gustó como tembló al notar como mi polla regaba sus intestinos con mi corrida.

—Joder mi amor…lo que me he estado perdiendo, dijo jadeando como una perra. Me encanta nuestra nueva vida.

Algo que no conseguí fue correrme en su boca y que se tragase mi corrida. No se negó a probarlo pero no le gustó. Me hacia unas mamadas de escándalo y me dejaba correrme en su cara, si alguna gota llegaba a su boca no importaba, pero solo eso, no iba a llegar a más. No se puede tener todo en esta vida, me hubiese gustado tenerlo todo de ella pero adoraba a mi mujer y como se había transformado en una amante increíble.

A los seis meses de estar viviendo juntos nos volvimos a casar por lo civil, fue una ceremonia muy íntima y solo con los más allegados incluida Carolina que no desaprovechó ni un momento para excitarme ponerme cachondo y asegurarme que estaba deseando que la follase de nuevo.

Durante el siguiente año, nuestra pasión inicial se fue relajando, pero el fuego seguía muy vivo, nuestras sesiones de sexo eran increíbles pero tanto ella como yo no éramos unos jovenzuelos y no podíamos mantener el ritmo inicial. Nuestra libido se fue relajando y dejo paso a un sexo muy placentero pero más espaciado, sobre todo para Gloria, que al principio quiso recuperar el tiempo perdido y me exprimió a conciencia.

Lo malo de probar las mieles de la juventud es que son como una droga que es imposible de olvidar. Follé con mi sobrina un par de veces más, mi casa empezó a ser mi «picadero» aunque solo lo estrenase con Carolina, pero mi futuro me tenía preparada una gran sorpresa.

Fue un mes de diciembre, poco antes de nochebuena. Estaba en mi despacho trabajando sobre una campaña de publicidad de unos clientes cuando sonó mi móvil. El número que aparecía en pantalla no lo tenía en contactos seria de algún cliente…

—¿Dígame?

—¿Arturo? Una voz femenina y muy familiar resonaba en mi cabeza, Patricia.

—¡¡PATRICIA!! Exclamé sorprendido y asustado.

—Hola mi amor, no te haces una idea de las ganas que tenía de escuchar tu voz. Dijo Patricia echándose a llorar. Necesito verte, ¿Estás trabajando? ¿Podemos quedar hoy?

—Cielo, tu madre me amenazó…Patricia no me dejó decir más.

—Mi amor, ya han pasado más de dos años desde que esa puta me separó de ti. Ahora SI que tengo 18 años y si te quiero ver, ni ella ni nadie me lo va a impedir, además es tan hipócrita, tan golfa y tan puta que ahora tiene un amante y los he pillado, la tengo en mis manos.

Solo escuchar lo que me dijo y oír de nuevo su voz y sus ganas de verme y estar conmigo, me la puso más dura que un bate de beisbol. Quedamos esa tarde en un bar cerca de mi casa donde alguna vez me había esperado cuando nos veíamos.

Cuando la vi de nuevo, parecía que el tiempo se había detenido en ella cuando se bajó del coche después de nuestro fin de semana en Formigal. Vino corriendo y según estuvo a mi lado dentro del coche se sentó a horcajadas en mi abrazándose y besándome como si no hubiese un mañana.

Agarré de nuevo su perfecto culo y la froté contra mi polla empezando a gemir.

—Mi amor, estoy desnudita debajo de esta ropa, quiero ser tu puta, y que me llenes con tus corridas.

Diciendo esto agarró una mano mía y la metió debajo de su sudadera. Me encontré con su pecho desnudo, duro, su pezón erizado. Amasé su teta y retorcí su pezón con suavidad tirando de él, hasta que Patricia gimió de dolor.

—Vámonos a tu casa mi amor. Quiero sentirte.

Venus se había aliado conmigo de nuevo. No sé cuánto duraría esto, pero hasta que nadie o algo dijese lo contrario, y siempre que mi mujer me lo permitiera, (mi prioridad siempre seria Gloria) iba a gozar nuevamente del cuerpo de Patricia. Las mieles de su juventud volvieron a calmar mi sed y mi casa volvió a llenarse de gemidos, gritos y choques de pelvis. Ahora que lo pienso…la única mujer que no probó mi cama ha sido la mía, por un momento una ideal loca se me pasó por la cabeza, ¿Gloria y Patricia? Un pensamiento absurdo que enseguida se esfumó cuando los labios de mi pequeña empezaron una buena mamada.

Fin

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