FERNANDO

Como todos los miércoles desde hacía ya un par de años llegaba al mismo centro comercial, aparcaba en la misma planta y en la misma plaza de garaje, agarraba mi carrito y me iba a hacer la compra para pasar la semana. Hasta las cajeras de esa gran superficie ya me conocían, según me veían llegar alguna me regalaba una sonrisa a la que yo le correspondía. Incluso ya asociaba muchas caras a esos miércoles, caras de clientes, personas jóvenes y no tan jóvenes. Esa gran superficie, era como una pasarela donde me podía fijar en las personas, observarlas y ver su reacción ante ciertas situaciones. Os cuento esto, porque esta gran superficie tendrá un gran significado en esta historia.

Mi nombre es Arturo, tengo 50 años, publicista, soy atractivo y tengo buena planta. Pensé que la vida que llevaba con mi mujer era lo más increíble que tenía, pero de la noche a la mañana esa vida dio un giro de 180°. En estos momentos estoy divorciado de mi mujer Gloria desde hace algo más de dos años y me tuve que ir a vivir a otro apartamento después de que mi exmujer me pagase la mitad del piso donde vivíamos.

Es algo que nunca entenderé. Gloria y yo nos casamos nada más terminar nuestras carreras, cuando ella tenía 25 años y yo 29. Dejamos claro, más bien ella dejó claro desde el principio de conocernos que no quería hijos, no le gustaban los niños. Gloria siempre fue una mujer de bandera, una belleza que la genética de su familia dejó bien definida en ella. Alta, de busto generoso, caderas proporcionadas, un culo de infarto y unas piernas eternas y tonificadas, dejaban ver a una mujer que hacía suspirar a muchos hombres a su paso. Su buen esfuerzo le costaba, a base de gimnasio y dieta.

Nuestro matrimonio iba muy bien, yo no era asfixiante con ella, le daba total libertad para hacer lo que quisiese dentro de una lógica de pareja. Hacíamos lo que nos daba la gana, fines de semana increíbles, escapadas románticas, salidas nocturnas hasta altas horas, de acuerdo que hacia un tiempo que nuestra líbido se relajó y ya no éramos esos amantes enfebrecidos que se tiraban horas follando, pero teníamos buen sexo, o eso creía yo.

Un día de buenas a primeras me dijo que necesitaba tiempo, que estaba confundida y que sería mejor que estuviésemos una temporada separados…necesitaba espacio. Y se lo di, claro que se lo di. Intenté recapacitar con ella, iba a tirar veinte años de casados por una estupidez, pero me dijo que no me estaba pidiendo permiso, lo iba a hacer. Cuando recibió los papeles del divorcio supo que había llevado eso demasiado lejos y quiso pararlo, pero para mí ya era muy tarde, no iba a consentir que se follase a quien quisiese y luego cuando tuviese el coño dado de sí venir a la seguridad de su «maridito»

El no tener hijos simplificó todo mucho, se tasó todo y la mitad para cada uno. Mi ya exmujer se quiso quedar con el piso donde vivimos desde que nos casamos. Al tener los dos muy buen sueldo teníamos un plan de ahorro con lo que mi mujer me dijo que me quedase con todo y así ella pagaba su mitad del piso. Eso me dio la posibilidad de comprar un apartamento en una zona tranquila de Madrid y así empecé mi nueva vida de soltero.

He de reconocer que los primeros meses fueron un infierno para mí. Echaba de menos a mi exmujer como creo que nunca había echado de menos a nadie. Mi exmujer quiso que por lo menos fuésemos amigos, pero conociendo su manera de ser iba a ponerme al límite llevando a sus conquistas para que viese como zorreaba, con lo que, amablemente, decliné su oferta. De hecho, se molestó bastante por no querer ni darle mi dirección, donde viviría mis próximos años. Pasaba de que se presentase en mi casa a fiscalizar todo lo que hacía o como vivía. Me hacía falta tener contacto cero con ella para poder aclimatarme a mi nueva vida.

De hecho, esos primeros meses fueron complicados tanto en horarios como en comidas y cenas. Eso me llevó a consumir comida rápida o comida basura con lo que en esos meses engordé bastante y eso conllevó que mi tensión arterial se disparase y los niveles de azúcar en sangre también. El divorcio con mi mujer me estaba afectando más de la cuenta y tenía que parar, reflexionar y tomar cartas en el asunto, si seguía así en un par de años alguien, no se quien iría a mi entierro.

Pedí una semana libre y me tomé unos días alejado de todo, reflexioné y decidí que había que empezar a recuperar al Arturo que fui siempre. Contraté a un entrenador personal que además era nutricionista. Ante mi apareció una joven con unas referencias increíbles y que estaba muy buena. Quise probar a ver que tan bien decían que te hacia entrar en vereda y vaya que lo hizo. Durante el siguiente mes odie, creo que con todas mis fuerzas, a esa mujer que no era clemente conmigo y que después de estar todo el día trabajando me machacaba sin piedad y me hacía tragar algo que ella llamaba comida pero que me dejaba con más hambre de la que traía antes de terminar esa bazofia.

Me pensé muy seriamente el prescindir de sus servicios por lo radical y severa que era con todo, pero me demostró después de un mes que mi analítica había mejorado muchísimo y había perdido ya cinco kilos con lo que decidí seguir con ella a ver dónde acabábamos. Lo que al principio fue un odio visceral acabó siendo admiración por Gina, que así se llamaba. Era italiana y llevaba ya muchos años en España trabajando. Me fijé mucho en ella y era escultural, cara preciosa, tetas increíbles, un cuerpazo y un culo de escándalo y un par de piernas que se notaban tersas, duras por el ejercicio. Lógicamente se dedicaba a ello y tenía que dar ejemplo con su cuerpo.

Gina hizo que me quedase en mi peso y mi IMC ideal, mis analíticas eran inmejorables y con sinceridad me sentía mucho mejor conmigo mismo. Pero lo más importante es que Gina había conseguido meterme una rutina que ella sabía que ya no iba a abandonar y que me tendría en forma sin problema. No os voy a negar que me costó una pasta, los servicios de esa joven no fueron baratos, pero el resultado final mereció la pena cuando me sacó una foto tan solo con la ropa interior y me la mostró junto al Arturo del principio.

—Y bien Arturo, ¿Ha merecido la pena o no, tanto sacrificio?

El Arturo del principio era algo fofo y amorfo con una barriga que ya empezaba a caer por la gravedad. Hasta mis pectorales eran tetas caídas, lo cierto es que era poco atractivo. En cambio, el Arturo que veía en la foto tomada hacía unas horas era atractivo, con sus músculos bien definidos y esa tableta de chocolate marcando mis abdominales. Mis pectorales eran dos músculos muy definidos y ya no estaban caídos, mis tetas habían desaparecido. Reconozco que el cambio había sido bestial.

—Creo que mi trabajo contigo ha terminado. Ahora estas tan bueno que hasta tu exmujer te pediría matrimonio de nuevo. Dijo Gina echándose a reír.

Tenía a Gina pegada a mí y una teta suya rozaba mi brazo constantemente, ese simple gesto sin malicia me estaba excitando, hacía más de ocho meses que no follaba y solo me había hecho un par de penosas pajas. Mi vista no podía apartarse de su espléndido escote y de esa teta que se rozaba y ya empezaba a intuirse su pezón sobre la tela. Comenzaba a ponerme nervioso ya que no podía controlar mi erección y se iba a notar demasiado en mis pantalones, a poco que mirase ella vería mi tienda de campaña y de seguro se produciría un momento incómodo.

—Emm…Gina ya que hemos terminado de recuperar al Arturo que yo conocía, ¿Me dejarías invitarte a cenar? Sin tu ayuda esto no hubiese sido posible.

—No soy muy dada a socializar con mis clientes, dijo Gina mirando por un milisegundo a mi abultada entrepierna, pero contigo haré una excepción, quiero presumir de mi «creación» dijo Gina riendo.

Poco antes de media noche entrábamos de nuevo en mi casa después de cenar, besándonos enfurecidos y con nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos. Gina me llevó a mi dormitorio y nos desnudamos mutuamente. Por fin pude ver el exuberante cuerpo de esa joven sin ropa y casi me corro nada más verla. Cuando me tuvo desnudo delante de ella admiró la polla que tenía, casi veinte centímetros de rabo con un diámetro de seis centímetros. Estaba circuncidado con lo que mi glande aparecía amoratado y mi polla durísima, llena de venas.

Gina me tumbó en la cama y ella se puso encima de mí haciendo un 69, noté como sus labios se apoderaban de mi glande y empezaba a hacerme una mamada increíble, mientras mis labios y mi boca empezaban a devorar y llenar de caricias ese coñito lampiño, manando fluidos y restregándose por mi cara. Empezaba a no controlar mi orgasmo, hacía mucho que no sentía algo así y estaba muy excitado.

—Gina, para un poco que me voy a correr. Rogaba sin conseguirlo.

Esa joven seguía mamando mi polla con maestría, haciendo que su garganta se relajase para poder meter el máximo de polla en su boca y seguidamente subir succionando con sus labios y su lengua haciendo diabluras.

—Ginaaaa, me corroooooo.

Sacó a tiempo mi polla de su boca y mi corrida fue a parar a su cuello y sus tetas. No dejó de pajearme con cariño y cuando terminé dio un tierno besito en la punta de mi balano. Quise devolverle el favor y seguir comiéndole el coño, pero no me dejó.

—Ummm…no, quiero que ahora me folles, vamos demuéstrame que sabes hacer con semejante pollón.

Diciendo esto me cabalgó, puso mi polla a la entrada de su coñito y se dejó caer hasta que se empaló ella solita. Me miró como una perra en celo y empezó a mover sus caderas mientras yo sobrepasado por todo aquello intentaba darle placer…aunque creo sin conseguirlo. Pensé que podría aguantar su ritmo y proporcionarla un orgasmo, pero creo que nada de eso ocurrió, esa mujer era un torbellino, se movía frenéticamente sobre mí, me comía sus tetas para seguidamente besarme hasta dejar sin aire mis pulmones. Me desesperaba porque no tenía el control de nada, estaba en sus manos y me follaba con tal ímpetu que no lo pude retener más y sin avisarla me corrí abundantemente en su interior.

Cuando terminé con los estertores de mi orgasmo Gina me miraba con cariño, aunque con un deje de enfado. Me besó y sacando mi polla de su interior dejó gotear mi corrida sobre mi pelvis, mientras me miraba.

—¿Con semejante pollón y no has conseguido que me corra? Preguntó disgustada.

—Uffff…Déjame…déjame recuperarme y te aseguro que lo consigo.

Quise hacerle alcanzar el orgasmo con mis dedos, acaricié su coñito babeante, pero Gina apartó mi mano.

—No cielo, es tarde y me tengo que ir a mi casa. Mi marido me espera.

—¿Qu…e…que? ¿Es…estas casada? La pregunté perplejo.

—Bueno, no exactamente. Hablo de él como mi marido, pero realmente somos pareja con una relación un tanto «especial»

Se levantó y fue al baño y cuando salió vi con pena como empezaba a vestirse, me recreé con cada prenda que se ponía mientras me miraba con coquetería sonriéndome. Cuando terminó, me dio un beso y me dijo «No hace falta que me acompañes» pero antes de salir de la habitación volvió sobre sus pasos se sentó a mi lado y me miró muy seria.

—Esto no es problema mío, de hecho, ni se por qué lo voy a hacer, pero no te puedo dejar así, será que te tomado más cariño del que yo quisiera.

Fui a decir algo, pero ella hizo un gesto con la mano pidiéndome que no la interrumpiera y la dejase continuar y me lo soltó como un trabucazo.

—Arturo, tú no tienes ni idea de follar y seguro que ni de hacer el amor. No sabes comerte un coño en condiciones y no acaricias, estrujas, amasas la carne y eso puede resultar desagradable. Tú metes tu polla en un coño para correrte, no para que tu pareja disfrute y alcance el clímax.

—¡Ah! ¿Pero hay diferentes formas de meter una polla en un coño? Me pregunté a mí mismo. Pues debía ser que sí.

Me dejó con la boca abierta y más hundido que el Titanic. El primer polvo que echo, después de divorciarme, con un bellezón impresionante, mucho más joven que yo y fui incapaz de hacerla disfrutar. Y entonces una pregunta se hizo inmensa en mi cabeza. ¿Y si Gloria me dijo lo que me dijo, porque era incapaz de darle placer?

—Todavía no he terminado contigo, dijo Gina, todos los lunes y los jueves de 20 a 22.00 horas, te voy a enseñar todo lo que sé para hacer disfrutar a una mujer. No te voy a dejar que te corras en mi interior a no ser que seas capaz de hacerme llegar al orgasmo, así que ten siempre preservativos a mano y cuando terminemos nuestras clases espero que me invites a cenar, pero en tu casa, cocina para mí, ya sabes lo que me gusta.

Volvió a darme un beso en los labios y se levantó para irse, antes me miró de nuevo y me lo dijo con una sonrisa.

—Ya que sé que también voy a disfrutar mucho con esto, y que, de alguna manera, me incomodaría el que me pagases por tener sexo contigo, no te voy a cobrar nada, lo haré de forma altruista.

Y lo hizo, vaya que lo hizo. Durante cinco meses todos los lunes y los jueves de 20 a 22.00 horas Gina venía a mi casa y me enseñaba como dar placer a una mujer, nunca había follado de esa manera y tan seguido, pero me encantaba porque lo que me enseñaba sentía que era bueno, bueno para mí y para ella. Incluso me enseñó a cocinar, a ser más creativo en la cocina y bueno siguiendo su criterio de nutricionista, no abusar de ciertos alimentos y dar prioridad a otros. También me dejó caer que tenía demasiado pelo, que era como un osito, y que si me depilaba por entero sería mucho más atractivo. No sé cómo me dejé liar, bueno si lo sé, si Gina se proponía algo lo conseguía. Unos meses después y unas cuantas sesiones laser y mi cuerpo lucia como el de un bebé y el caso es que no me disgustó el resultado y a Gina le fascinó

Pero todo en esta vida tiene un comienzo y un final y un lunes me lo dijo con una sonrisa en sus labios.

—El jueves que viene no voy a poder venir, pero el viernes es tu «graduación» dijo Gina riéndose. Si como espero me harás tocar el cielo, no quiero preservativos, los odio y si lo haces de la manera que creo lo harás, te daré una sorpresa.

Esperé ansioso el viernes y a las ocho de la tarde llamo Gina a mi puerta. Venia bellísima y a diferencia de esa primera nefasta vez en esta segunda puse en práctica todo lo que me había enseñado esa tremenda mujer. Antes de que mi verga abriese su coñito de nuevo, Gina ya había alcanzado dos orgasmos que la habían dejado agotada, pero cuando me la follé empezó a tener orgasmos uno detrás de otro hasta que me corrí en su interior y los dos explotamos en un orgasmo bestial que nos dejó tiritando de gusto.

Se tumbó a mi lado y se abrazó a mí, nos recuperamos y Gina empezó a hacerme una de las mejores mamadas que creo que me han hecho en mi vida, y aunque me había corrido abundantemente notaba como mi orgasmo se avecinaba. Gina nunca me dejó correrme en su boca, así que le avisé que me iba a correr, sin decirme nada me sonrió y siguió chupando con fruición, ya a punto de correrme la avisé con la voz rota y ella agarró mi culo atrayéndome más hacia ella y exploté con mi polla encajada en su garganta.

—Ginaaaaaaa…Bufé su nombre mientras llenaba su boca.

Para mí que era la primera vez que me corría en la boca de una mujer creo que fue un orgasmo como pocos había sentido viendo como Gina tragaba mi corrida mientras su mano me pajeaba suavemente y su lengua seguía haciendo diabluras sobre mi glande.

Para cuando terminó no pude menos que besarla para demostrarle mi cariño aun teniendo restos de mi corrida en su boca. Eso creo que me excitó aún más y no dudé en devolverla el favor llevándola a límites de excitación inimaginables, estimulando partes de su cuerpo que sabía que eran sus puntos más erógenos para terminar comiéndole el coño como sabía que le gustaba a ella proporcionándole un orgasmo brutal.

Pensé que esa era mi sorpresa, el que Gina me dejase correrme en su boca, pero mi sorpresa fue aún mayor. Gina me recuperó rápidamente con su boca y sus caricias y cuando mi verga estaba a reventar se puso en cuatro mostrándome con descaro sus dos agujeritos, me miró excitada y me lo pidió con mimo.

—Fóllame el culito cielo, rómpemelo.

Si ya de por si follarme a esa belleza era lo más excitante que había vivido en muchos años, el que me pidiese que la rompiese el culo era lo más morboso que me estaba sucediendo, nunca había tenido sexo anal, aunque se lo propuse a mi exmujer, pero nunca aceptó y ahora, ahora tenía ante mí un culo que solo se veía en fotos de alguna revista o alguna película porno.

No lo dudé, lamí, chupé y ensalivé bien ese orificio y ante los ruegos de Gina que la follase, dejó que mi polla entrase por su anito hasta que mis huevos rebotaron en su coñito. Fue una follada brutal y los dos estallamos en el mayor orgasmo que haya recordado hasta entonces. Su sorpresa fue esa, dejar que me corriese en todos sus orificios y creo que aprobé con matrícula porque Gina tuvo incontables orgasmos y yo acabé con mis huevos como ciruelas pasas, totalmente secos.

Cerca de las dos de la madrugada nos duchamos juntos, aunque no hubo follada final, mi polla se negaba a ponerse erecta y solo se puso morcillona. Gina no me reclamó nada, solo cariño, abrazos, besos y morreos a tornillo estuvieron presentes entre los dos.

Con tristeza vi cómo se vestía, sabía que esa era la última vez que iba a poder disfrutar de esa mujer increíble. Habían sido nueve meses de estar con ella muy a menudo y por qué negarlo, la tenía un cariño que casi se podría decir rozaba el enamoramiento, pero había que ser realistas, ella me dejó bien claro que es lo que esperaba de mí y ella me dio más de lo que yo esperaba. La despedida en la puerta de mi casa fue larga y dolorosa. Estuvimos más de diez minutos muy abrazados, pero sintiéndolo mucho ella se tuvo que ir. Un pico en los labios y un tímido adiós sin posibilidad de continuidad y Gina mi «Personal Trainer» desaparecía de mi vida.

¿Quién sufre más el dejado o el dejador? En el caso de Gina yo sé que fui el dejado y mentiría si no dijese que la echaba de menos a rabiar, pero fue algo que ocurrió y fue relativamente corto y con pocas vivencias por ambas partes, lo nuestro más bien era como un proyecto de trabajo con lo que con el paso de los días y las semanas se convirtió en un agradable recuerdo. Salvo que fuese con algo relacionado con su trabajo, me prometí a mí mismo que no me pondría en contacto con ella, lo mismo que sabía a ciencia cierta que ella tampoco lo haría.

Pero ¿Y mi exmujer? En este caso fui yo el dejador por pedirme más espacio y más tiempo para ella. Aunque lo intenté razonar, ella no quiso escucharme y fue cuando pedí el divorcio convencido de que hacía lo correcto. Pero nunca podré quitarme de la cabeza su cara de infinita tristeza cuando firmamos nuestro divorcio y yo me negué a saber nada mas de ella, ¿Seguro que hice lo correcto? Esa duda pesaba en mi cabeza como una losa y más aún cuando Gina me dijo que estar muy bien dotado no era sinónimo de follar bien.

Aunque parezca mentira, mi hermana seguía teniendo contacto con Gloria, mi exmujer, las dos siempre fueron grandes amigas y aunque nos divorciamos, mi hermana se puso de su parte y me dijo que iba a tirar veinte años de matrimonio por una bobada que se podía resolver sin problema.

Bueno el caso es que, aunque no estaba de acuerdo con ella, hablábamos muy a menudo y aunque yo no se lo pidiese me informaba de cómo le iba a Gloria y sé que ella le informaba de cómo me iba a mí. Eso sí, le dije que mi dirección actual no quería que la tuviese y aunque me llamó de todo si cumplió lo que le pedí. Así me enteré de que en este casi año que llevábamos divorciados ella no había estado con ninguna otra persona y que estaba centrada en su trabajo, salía muy poco a divertirse y siempre que mi hermana la invitaba a comer a su casa ella parecía más alegre.

Quise olvidarme del tema de mi exmujer, aunque no se me iba de la cabeza. Poco a poco volví a mi vida normal. Trabajo, casa, dormir y vuelta a empezar. Salía algunos fines de semana con compañeros de trabajo, solteros y más jóvenes que yo. Nos movíamos por ambientes donde la edad media era de 20 años. Alguna de esas niñas eran auténticos zorrones, verdaderas calienta pollas que solo te querían para que les pagases la noche y la verdad que algunas lo valían por lo buenas que estaban, pero me salía caro para solo obtener un simple beso de despedida en la mejilla y tenerme que ir a mi apartamento a cascármela como un vulgar jovenzuelo.

Realmente, ¿Necesitaba aquello? Me puse a echar cuentas y a lo tonto, entre gasolina, salir a cenar, las consumiciones y pagar a las niñitas de turno sus copas, los aperitivos del medio día y demás boberías me gastaba casi los mil pavos al mes. De acuerdo, tenía un sueldazo, y además una cuenta corriente muy saneada y no me privaba de nada, pero estaba derrochando el dinero, así que decidí que esto tenía que cambiar, sobre todo porque hacía más de tres meses que no follaba.

Así que me lo planteé y empecé a buscar por internet a una prostituta que colmara mis expectativas y sobre todo que fuese guapa, joven y complaciente. Quien me iba a decir a mí que a mis 49 años iba a buscar por primera vez en mi vida los servicios de una meretriz.

La variedad era impresionante, pero yo intentaba buscar a una chica lo más parecido a Gina, pero me fijé en una que me llamó poderosamente la atención, Tania de Trastámara, española, 22 añitos y un cuerpazo que quitaba el hipo. Lo que realmente hizo que me decidiese por ella fue su tremendo parecido con Gloria cuando era jovencita. Aunque sus tarifas eran prohibitivas, pagar cien euros, media hora, por follar con esa belleza ocho veces al mes me salía más barato.

Agarré el móvil y aunque algo nervioso marqué el número de contacto que ponía en la página. A los pocos tonos una voz femenina muy dulce me respondía.

—Hola, soy Tania, en que puedo ayudarte.

—Hola Tania, mi nombre es Arturo y te llamaba por el anuncio de la página de contactos.

—¡Ah! Muy bien Arturo y dime, ¿qué servicio querías?

—Bueno, para empezar, me gustaría conocerte, ver que eres la misma que la de la foto y no nos llamamos a engaños y que bueno me conozcas a mí, y creo que esa media hora sería lo ideal en estos momentos.

—Me parece correcto. ¿Dónde quieres que nos veamos?

—Te doy la dirección de mi casa.

—¿Quieres que vaya vestida de alguna manera especial?

—Me gustan las mujeres sensuales con vestidos cortos ajustados a su cuerpo y con zapatos de salón, y bueno…soy muy fetichista con la ropa interior femenina y me pierde un culo bonito y respingón.

—Te aseguro que conmigo no te vas a arrepentir, dijo divertida, dame tu dirección y dentro de un rato nos vemos.

Me duché y perfumé, quería causar buena impresión, cuando llamó a mi puerta y la vi, supe que no me había equivocado con ella. La criatura más perfecta y sensual estaba delante de mí, cuando me dio su abrigo y vi como venía vestida me quedé muy sorprendido. Un vestido de punto blanco por encima de medio muslo, sin mangas y de cuello alto, se ceñía a su cuerpo, dejando ver sus curvas, su pelo rubio llegaba a media espalda y su cara era una preciosidad, con unos labios muy sensuales y unos ojos muy grandes y azules como el cielo. No llevaba sujetador dos poderosas tetas se dibujaban sobre ese vestido y sus pezones se notaban insultantemente sobre la tela.

—Tania eres guapísima, ven, pasa por favor.

—Muchas gracias Arturo, tú también me has sorprendido.

Pasó delante de mí y pude apreciar el culo tan perfecto que tenía y que ese vestido dejaba adivinar tan bien, la senté en el sofá y le ofrecí algo de beber.

—Arturo no quiero parecer desagradable, pero tu media hora a empezado a contar ya y eso da para uno «rapidito» sin muchos preliminares.

—Tania tranquila, estas muy tensa y créeme que lo que quiero es que los dos pasemos un buen rato, dije abriéndome una lata de refresco.

Vertí la mitad en un vaso con hielo y la otra mitad me la quedé yo. Ofrecí ese vaso a Tania que no se negó a aceptarlo dándole un sorbo y dejándolo encima de la mesa mientras me miraba con curiosidad.

—Te propongo un trato, dije poniendo cien euros encima de la mesa. Te aseguro que en estos poco más de 17 minutos soy capaz de hacerte alcanzar dos orgasmos. Si cuando acaben esos 17 minutos no lo he conseguido te vas sin preocuparte de nada más. Pero si lo consigo, me regalas una hora más de tu tiempo. ¿Te atreves?

Los dos seguíamos vestidos, pero el vestido de Tania se había subido de tal manera que ya me enseñaba sus magníficas piernas y su braguita tapando su sexo y eso estaba provocando en mí una erección

—¡¡Venga ya!! Exclamó Tania, ¿Estas de broma? No me gustan este tipo de juegos. Dijo molesta.

—No es un juego Tania es una apuesta y creo que de las dos maneras vas a terminar ganando tú, tanto si lo consigo como si no.

Tania me miró por interminables minutos, mientras mi mirada iba del reloj hacia ella. Me sonrió se puso de pie y fue a quitarse el vestido, pero se lo impedí.

—Déjame a mi cielo, tu solo disfruta. Dije poniéndome a su espalda.

Puse en práctica con otra mujer que no conocía todo lo aprendido con Gina en cómo dar placer. Aunque hice esa apuesta no estaba seguro de poder alcanzarla, reconozco que fue una «fantasmada» por mi parte, pero la cosa empezó bien cuando le quité su vestido y mis labios y mis dedos acariciaron su piel. Noté su estremecimiento y supe que sería fácil llevarla al orgasmo.

Faltando segundos diría yo, Tania explotaba en su segundo orgasmo temblando como una hoja entre mis brazos y con mi polla bien clavada en su interior. Notaba las violentas contracciones de los músculos de su vagina sobre mi falo, lo que me estaba provocando un gran placer, pero yo aun no me había corrido y el tiempo se había acabado. Tania me miraba sin creerlo aún, pero su cara de placer y la sonrisa de sus labios hablaban por ella.

Agarró mi cara con sus manos y me atrajo hacia ella besándome con una pasión inusitada. Fue un beso pasional, de agradecimiento, nuestras lenguas se fundieron en una sola y ella me abrazó con fuerza enroscando sus piernas en mí, para que mi polla se clavase más aun en su interior. Cuando se separó de mi me miró con cariño y me lo susurró.

—Llévame a tu cama.

Durante la siguiente hora, incluso creo que fue algo más, pude, pudimos gozar de nuestros cuerpos. Tania era una preciosidad, con un cuerpo que rozaba la perfección. Ella estaba fascinada conmigo, con mi cuerpo y sobre todo con mi polla que la volvía loca. Esa joven prostituta alcanzó en hora y media cinco orgasmos que la dejaron rota. Aunque con preservativo, como no podía ser de otra manera, yo me corrí dos veces, deseé quitármelo, lo siento, era algo que no aguantaba pero que sabía que era necesario.

Cuando nos despedimos en la puerta Tania me dio un tierno beso en la mejilla. Estaba confundida y no sabía muy bien lo que decir. Ella sabía que había disfrutado, había disfrutado mucho, pero le avergonzaba reconocerlo, esto no era lo que le pasaba habitualmente.

—Me…me ha encantado conocerte Arturo.

—Lo mismo digo Tania, eres una joven increíble y muy bella.

—Gracias. Dijo con ternura. Abrió la puerta y se fue. Supe que no sería la última vez que la vería.

En efecto al día siguiente me llegó un wasap de un número que no conocía, pero que según leí supe que era de esa bella niña «Ayer lo pasé muy bien. Espero que volvamos a repetirlo» Si lo iba a hacer dos veces por semana como tenía pensado el viernes la llamaría a medio día para que viniese por la tarde a casa.

Se alegró mucho cuando la dije quién era y estuvo encantada de venir el viernes a mi casa. Pensé estúpidamente que se quedaría más tiempo, pero llegó, me besó, tiró de mí hacia mi habitación y me folló, así como suena. Media hora, consiguió dos orgasmos y que yo me corriese, cogió el dinero y dándome un besito se fue. Bueno, no me pude enfadar con ella, era su profesión.

Estuvimos así más o menos unos dos meses. He de reconocer que esa niña era muy complaciente y cualquier cosa que le pidiese referente a vestuario me lo concedía, pero no me dejaba ir más allá de follarla, si quería más había que pagar. Algo sí que cambió, pasamos del riguroso saludo «Hola, que tal» al cariñoso «Te he echado de menos, tenía ganas de verte» y esos treinta minutos más de una vez se incrementaban hasta los ochenta minutos. Ella misma reconoció que entre nosotros se había creado un vínculo muy especial y que cuando estábamos juntos le hacía sentirse muy a gusto.

Fue ella misma la que me propuso una tarifa especial para mí, ventajosa y que ahorraba dinero, pero ya lo máximo fue que después de cuatro meses viéndonos regularmente, sin ningún tipo de compromiso, me pidió no utilizar preservativo. Ella sabía lo que me estaba pidiendo y yo tenía alguna reticencia dado a lo que se dedicaba así que decidimos que nos haríamos una analítica y según los resultados así haríamos.

Como era de esperar los dos estábamos sanos y sin ningún tipo de infección y por primera vez desde que estuve con Gina pude correrme dentro del coñito de esa joven que apretaba mi verga con los músculos de su vagina en un orgasmo casi continuo. Tania era muy morbosa y los días que venía a mi casa algunas veces ni pasaba al baño a asearse cuando se iba. Me miraba con picardía y mientras se ponía su tanguita me lo decía.

—Quiero notar mis braguitas mojadas de tu corrida. Saber que una parte de ti sigue en mi interior, eso me pone muy cachonda.

Eso nos unió más aun e incrementó nuestra confianza.

Me encontraba muy a gusto con esa joven, pero notaba como ella se mostraba más cariñosa conmigo que de costumbre. Tanto que entre semana hasta que ella venía a mi casa, estábamos enganchados al wasap charlando o incluso hablando por teléfono. Tania me buscaba continuamente me contaba cosas de su vida y me pedía consejo para algún problema que tenía. Aunque nos llevábamos bien, demasiado bien, yo no dejaba de ver a esa niña como lo que era una prostituta a la que pagaba por follar, pero creo que ella empezaba a confundir lo que sentía cuando venía a mi casa a follar, yo no era su novio, era un cliente.

Llegó un momento en el que notaba su disgusto cuando tenía que irse de mi lado. Sus besos eran de cariño, casi diría que muy amorosos, de hecho, cuando entraba por la puerta de mi casa, me pedía, casi me exigía que la abrazase y la llenase de besos, sabía lo que ocurría, no había que ser adivino para darse cuenta de que esa niña se había enamorado y no sabía lidiar lo que era, con lo que sentía.

Yo le preguntaba continuamente si todo iba bien, si le ocurría algo, o si tenía problemas, sabiendo de sobra que el problema era yo, pero siempre me negaba que ocurriese algo. Ella solo llegaba me besaba y mirándome con cariño me daba la mano y tirando de mi me llevaba mi dormitorio donde follábamos hasta caer agotados. Solo cuando ella alcanzaba los tres o cuatro orgasmos y yo conseguía alcanzar uno o dos, se daba por satisfecha. Entonces se vestía y con mi corrida aun resbalando por el interior de sus muslos se iba mirándome como si ya nunca me fuese a ver.

Ocurrió un viernes como otro cualquiera. Llamé a Tania antes de comer para saber si podía venir a mi casa por la tarde. Ella me dijo que tenía que hacer unas compras y que llegaría mi casa algo más tarde de lo normal. Cuando llamó a mi puerta ya eran cerca de las diez de la noche, pensé realmente que ya no la vería. Cuando abrí la puerta la vi con unas cuantas bolsas y una pequeña mochila. Venia vestida con un jersey ajustado, unos vaqueros rotos muy ajustados a su cuerpo y unos zapatos de salón que la hacían adorable. Cuando entró se colgó de mi cuello y me besó por largos minutos dejándome sentir su cuerpo mientras la abrazaba contra mí.

—¿Ahora vienes de comprar? Pregunté mirando sus bolsas. ¿Y la mochila? ¿Te vas de viaje?

—Eso es nuestra cena, quiero invitarte y la mochila es algo de ropa…Quiero pasar el fin de semana contigo.

—¡¡¿E…el fin de semana?!! Pregunté asustado.

Vamos a ver, me podía permitir el lujo de gastarme 500 euros al mes en follar con esa niña, pero sus tarifas eran caras y pasar 24 horas con esa belleza eran 2500€ con lo que yo no podía destrozar mi economía por un fin de semana que me saldría por más de 5000€. Creo que Tania vio mi cara asustada y besándome de nuevo me lo dijo con el mayor de los cariños:

—No pongas esa cara, no quiero que seamos prostituta y cliente, quiero por una vez sentir que seamos solo un hombre y una mujer que desean sentirse, sin prisas, sin horarios y sin sentir que solo es una transacción comercial. Quiero que este fin de semana seamos algo más que eso.

Tania volvió a besarme con cariño, mientras agarraba su mochila y me miraba traviesa.

—Voy a cambiarme, hazme el favor lleva esas bolsas a la cocina y vete poniéndolo en platos, me muero de hambre.

Al cabo del rato noté como Tania se abrazaba a mí por la espalda y jugaba con sus manos en mi abdomen acariciándolo y llegando muy cerca de mi pelvis, provocándome un gran placer. Su vestimenta era excitante, una camiseta blanca que a duras penas tapaba sus tetas y dejaba su tripita al aire y unas braguitas muy pequeñas que dejaban poco a la imaginación.

Durante toda la cena se mostró provocativa y su pie no dejó de acariciar mi entrepierna, excitándome, haciendo que mi polla se endureciese hasta doler. Cuando fui a por el postre y aparecí de nuevo en el salón, Tania se había desnudado y me esperaba abierta de piernas en mi silla. Mi erección ya era incontrolable. Sin decir nada me acerqué a ella me desnudó y sentándome en la silla se puso ella encima y me folló.

Mi polla entraba y salía de ella con calma, no había prisa ni sexo salvaje, quería sentirme bien dentro de ella con lo que las penetraciones eran profundas. Mientras nuestras bocas se buscaban en besos llenos de pasión y sus tetas eran acariciadas por mis labios. Mis manos se aferraban a ese culito tentador y mi dedo jugaba con su anito introduciendo la primera falange de mi dedo índice.

—Mi amor como me gusta que me hagas esooooo…gemía Tania. Si lo sigues haciendo me voy a correr rápido.

Notaba las contracciones de la vagina de Tania sobre mi polla, y como sus caderas se volvían más violentas cuando empezaba a desatarse su orgasmo hasta que explotaba furiosamente, aferrándose a mi como si en ello le fuese la vida.

—Diooos mi vida, amo lo que me haces sentir, me haces explotar. Decía Tania jadeando fatigada.

Ella sabía que controlaba mis orgasmos, es otra cosa que tengo que agradecer a Gina. Se puso en pie y saco mi polla de su interior, estaba amoratada y pulsaba al ritmo de los latidos de mi corazón. Tania me dio su mano y tiró de mi llevándome a mi habitación. Entró en la cama a gatas, mostrándome su coño enrojecido de la follada que le había dado y su anito, brillante y algo dilatado.

—Fóllame el culito mi amor, sé que lo llevas deseando hace meses y yo también.

Me dio un bote de lubricante que ya tenía preparado debajo de una almohada cuando se cambió de ropa. Creo que mi polla nunca estuvo tan dura, ni cuando enculé a Gina la tenía así. Lubriqué bien el anito de esa niña y mi verga y la apoyé en su agujerito que se abrió para mí como una flor. Vi como centímetro a centímetro su culito devoró toda mi polla con Tania ronroneando como una gatita

Al principio me movía con delicadeza, esperando que el anito de Tania aceptase mi tamaño y mi grosor, pero cuando vi como sus caderas empezaban a moverse y era ella misma la que se follaba, empecé a sodomizarla salvajemente. Era tal mi ímpetu, que Tania empezó a temblar con los prolegómenos de otro orgasmo y se dejó caer en la cama ante mis violentos enviones y ya no pude aguantar más, exploté dentro de sus intestinos llenándolos de leche hirviente. Nuestro orgasmo fue largo e intenso y nos dejó sin fuerzas, me salí de su interior y vi su anito dilatadísimo, totalmente abierto, daban ganas de volvérsela a meter y volverla a follar si no fuese porque me tenía que recuperar y mi polla ya estaba morcillona.

—¡¡Que cabrón!! Exclamó Tania, que manera de follarme el culo, mañana me voy a acordar de ti al sentarme, pero lo quiero repetir.

—Tranquila cariño que con las ganas que te tengo te vas a hartar de polla.

Descansamos durante unos minutos los dos abrazados hasta que nos fuimos a la ducha. Fue inevitable que nos volviésemos a excitar y con el agua cayendo por nuestros cuerpos volvimos a follar. Esa niña alcanzó dos orgasmos más hasta que desbordé su coñito con mi corrida. Cuando nos secamos, fuimos a tomar ese postre que había dejado encima de la mesa, recogimos y nos fuimos a la cama. Durante dos días follamos como condenados, como si no hubiese un mañana, mis corridas anegaron su boca su culo y su coño, costaba no enamorarse de esa niña y ella demostraba lo que era más que evidente, se había colgado de mí.

El domingo por la noche se despidió de mi con tristeza. Se abrazó a mí y noté su llanto suave mientras acariciaba su cabeza. La aparté de mí y levanté su carita para que me mirase, estaba preciosa.

—No te haces una idea de lo que te voy a echar de menos hasta que vuelva a verte. Me dijo Tania con la voz quebrada.

—Cielo, la semana que viene nos volvemos a ver, te lo aseguro. Dije convencido.

Ella me miró con cariño, me volvió a besar y se fue. Esa es la última vez que volví a saber de ella, ya no la volví a ver más. Al día siguiente cuando la llamé salió un mensaje diciéndome que ese número de teléfono no existía, lo intenté durante un par de días con el mismo resultado. En la página de contactos donde la vi por primera vez, ya no estaba ella anunciada. Intenté buscarla por Facebook e Instagram con idénticos resultados, literalmente se la había tragado la tierra.

Sabia o más bien intuía que no le había pasado nada grave, que el problema era yo, y su comportamiento de las últimas semanas totalmente dependiente de mí y comportándose como si fuésemos pareja me lo confirmaba. La eché de menos como pensé que no lo haría y eso me sumió en una gran tristeza. El viernes recibí una carta certificada, era de ella.

«Querido Arturo, sé que ahora estarás preocupado intentando ponerte en contacto conmigo o haciendo lo imposible por encontrarme sin conseguirlo, te ruego que dejes de hacerlo y no malgastes tu tiempo ahora mismo me encuentro muy, muy lejos de ti.

Cuando me metí en el mundo de la prostitución no fue por gusto. Se que nunca he querido hablar de mí en nuestros encuentros, aunque me has preguntado. Provengo de una familia muy humilde y con escasos recursos económicos. Lo único que mis padres me dieron fue mucho amor, la belleza que poseo, además de inteligencia y buena memoria. Quería estudiar una carrera, pero mis padres no podían hacer frente a una matrícula muy cara y a mi estancia en las ciudades donde había universidades.

Lo pensé durante meses, sopesando los pros y los contras hasta que me lié la manta a la cabeza, hice mis maletas y me vine a la ciudad. Pensé que no me atrevería a hacerlo, pero lo hice, el primero fue horrible y me sentí muy sucia, pero con 500€ en mi bolsillo. Supe adaptarme y subsistir, vaciar mi mente cuando iba a ver a algún cliente, desconectar, por decirlo de alguna manera. Mi cuenta corriente subía como la espuma y pude permitirme el lujo de pagarme la matricula en una universidad privada, mis sueños empezaban a cumplirse.

En mi profesión siempre conoces a otras chicas, chicas con las que congenias, aunque siempre las ves como la competencia y no intentas encariñarte con ellas por si de la noche a la mañana las tienes que «despellejar» por robarte a un cliente, aunque las que nos conocíamos teníamos una especie de «código de honor» y nos respetábamos. De entre esas chicas había una que me tomó un cariño especial, bueno y yo también a ella, y me dio un consejo:

«Vas a follar con muchos hombres. La mayoría de ellos nos ven como un recipiente con tetas donde depositar su esperma, no hay cariño ni empatía, solo es una necesidad fisiológica que ellos deben de solucionar; unos se masturbarán y otros se permitirán el lujo de pagarte para que te dejes follar. Pero de vez en cuando hay un hombre que brilla con luz propia, te deslumbra y conseguirá quedar contigo más veces…huye de él. Cuando te quieras dar cuenta estas enganchada y lo tratarás como si fuese tu pareja y entonces empezarás a perder dinero incluso a tener cargo de conciencia por follar con otros hombres, aunque él nunca dejará de verte como lo que eres, una puta»

Y eso me ocurrió contigo, brillabas de una manera que era imposible dejar de mirar. Me acuerdo de esa primera vez que estuvimos juntos, tu estúpida apuesta y esos dos orgasmos intensos que me arrancaste y que me hizo perder la apuesta y una hora de mi tiempo, pero gané lo más maravilloso que había sentido…correrme con la polla de un hombre en mi interior. Los cinco orgasmos de ese día siempre los tendré grabados en mi memoria, me hiciste explotar, tocar el cielo y sentirme extrañamente muy a gusto contigo porque encima me mimabas…eras tan diferente al resto.

No me olvidé de ti, y cuando volviste a llamar anulé una cita por estar contigo y el resto, bueno el resto ya lo sabes, me he enamorado de ti como si fuese una adolescente. Durante los dos últimos meses mi vida eras tú, no quería estar con nadie más. Si por mi hubiese sido me hubiese ido a vivir contigo, te necesitaba a todas horas, pero tanto tú como yo sabemos que era una locura. Se que tú también sentías algo por mí, nadie se entrega de la manera que tú lo hacías cuando estábamos juntos. Estoy segura de que me amabas como yo te amaba a ti, si no, no es posible gozar tanto con una persona, pero todo estaba en nuestra contra. Lo que yo soy y sobre todo la diferencia de edad a la larga sabes que eso nos habría destruido…alguno de los dos tenía que poner fin a esto.

Durante el último mes intenté estar el mayor tiempo posible a tu lado, no dejar de sentirte y disfrutar como nunca lo había hecho. El pasado fin de semana que pasé contigo fue mi «despedida» de ti, aunque tú no lo supieses. Quería saber lo que era pasar dos días contigo sin separarnos y fue algo fantástico, brutal, maravilloso que me hizo enamorarme aun más de ti.

El domingo cuando salí de tu casa, no deje de llorar. Llamé a mi compañía y di de baja mi número de teléfono móvil. Cuando llegué a mi casa borré todos los datos de contacto de la página donde me anunciaba y me puse a hacer las maletas, ya había quedado con mi casera que esa era la última noche que pasaba allí…al día siguiente a las siete de la mañana me montaba en un avión para llevarme lejos de ti y empezar de nuevo.

Quizás sea una cobarde por no decirte todo esto a la cara, por no tener la suficiente valentía para hacer frente a una situación difícil y no hablarlo contigo, pero sabía que estando a tu lado harías lo imposible porque me quedase, me engatusarías, me pondrías «caritas» y al final te arrastraría sin remisión a tu dormitorio y volvería follar contigo como si fuese mi vida en ello.

Antes de despedirme. Te he hecho una transferencia por el importe que me ingresaste el último mes en mi cuenta. He querido sentirte como algo muy mío sin necesidad de que me pagases por ello.

Nunca podré olvidarte. Te amo y te amaré siempre. Con Amor. Tania.»

Estúpidamente me metí en el banco y efectivamente había una transferencia por 500€ de Tania de Trastámara. Esa carta y esa transferencia me hundieron. Seria necio negar que me había enamorado de Tania, ¿Quién no lo haría? viendo a semejante joven. Al igual que Gina, Tania salió de mi vida de forma brusca. Pasé de tener todo a no tener nada y el día a día se haría más difícil aún.

Iba a cumplir 50 años y no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Necesitaba cierta estabilidad emocional, tener una pareja que no huyese o estuviese comprometida, pero hoy en día era complicado. Había pocas mujeres de cuarenta o cincuenta años que quisieran comprometerse. Eran divorciadas o separadas que huían del compromiso como si les quemara, solo querían echar un polvo y si te he visto no me acuerdo y las que querían algo más ya estaban en relaciones con otras personas.

El día de mi cumpleaños, mi hermana me preparó una pequeña fiesta en su casa con algunos familiares y amigos. Fue algo que no me esperaba y me agradó bastante ver a antiguos amigos que hacía mucho tiempo que no veía. Todos me preguntaron por Gloria, la chica por la que suspiraban todos y que solo yo supe conquistar y todos se quedaron de piedra al saber que yo había pedido el divorcio y aunque me preguntaron la causa, solo les respondí que fue por diferencia de opiniones insalvables.

En un momento de la fiesta vi a mi hermana hablando por teléfono y que venía hacia donde me encontraba mirándome fijamente. Supe enseguida que estaba hablando con Gloria y que su intención era pasármelo y que hablase con ella. Quería hacerlo, pero me daba miedo, salvo por una vez que tuvimos que hablar y quedar para un tema relacionado con las escrituras de la casa, hacia año y pico largo que no hablábamos. Yo me seguía sintiendo traicionado por la mujer que amé hasta el delirio y no quería saber nada de ella, pero la cara de determinación de mi hermana lo decía todo.

—Toma Arturo, es Gloria, quiere felicitarte.

—Qué casualidad que justo hoy que estoy en tu casa llame para felicitarme. Dije molesto.

—Fui yo quien le dijo que me llamase, ella te sigue queriendo y sigue respetando el que no quieras que te llame y que tampoco quieras saber de ella, pero quiere felicitarte ¿Qué hay de malo? Y por favor no seas borde.

Mi hermana me paso el teléfono y fue la típica conversación intrascendental y por cortesía que se tiene con alguien, ¿Hola, como estas? ¿Qué es de tu vida? ¿Un día podríamos tomar un café? Y, por último, felicidades y disfruta de tú día. Cuando volví a pasar el teléfono a mi hermana me miraba con cara de desaprobación. Aunque lo negase había estado pendiente de nuestra conversación y sé que no le había gustado. Algo si me llamó la atención y eso fue el tono de tristeza que había en la voz de Gloria, pero le quise quitar importancia, quizás fuese por el momento incómodo que se creó al felicitarme, o yo que se, porque a lo mejor se le había muerto el gato, vaya usted a saber, de momento me traía sin cuidado.

―De verdad Arturo que cortito que eres. Parece mentira que Gloria haya sido la mujer con la que has estado veinte años casado. Dijo mi hermana enfadada.

—Te recuerdo hermanita que esa mujer a quien defiendes quiso engañarme, si no lo había hecho ya, y yo solo cumplí sus deseos, ¿No quería tiempo y espacio? Pues ala, ya los tiene, pero no conmigo esperándola como un pelele. Dije ya bastante molesto

—Arturo, parece mentira que hayas cumplido 50 años y te sigas comportando como un crio. En serio, no te enteras de nada.

No me dejó decirle nada más, se dio la vuelta y me dejó con la palabra en la boca. Lo habían conseguido, entre mi hermana y mi exmujer ya me habían amargado el día. Ni esperé a la tarta, cabreado agarré mi abrigo y despidiéndome me fui. Mi hermana quiso retenerme, me pidió perdón, pero la mandé a la mierda muy educadamente y terminé ese día cenando solo en un restaurante, fue deprimente.

Mis días fueron pasando sin pena ni gloria. Me dedicaba a trabajar y a conseguir las mejores cuentas de clientes que venían a nuestra empresa a publicitarse. De hecho, mis jefes me daban los contratos más difíciles y que más dinero nos proporcionaban a ver si los conseguía convencer. No eran todos, pero si conseguí grandes éxitos con lo que conllevó a que me nombraran socio con un aumento sustancial de responsabilidades y sueldo.

Y así era mi vida, trabajo, casa; trabajo, gimnasio, casa; trabajo, hacer la compra, casa y los fines de semana me encerraba y algunos salía con algún compañero a tomarme una birra, esa era mi vida ahora.

Ya habían pasado más de dos meses desde que Tania desapareció de mi vida y la seguía echando mucho de menos. Necesitaba follar, sentir calor humano y poder correrme en el interior de una mujer mientras ella se corría conmigo. Creo que no hay nada más hermoso que ver la expresión de placer en la cara de una mujer mientras alcanza su orgasmo y siente como te vacías en su interior, a mi mente acudían las imágenes de Gina, de Tania…pero por algún motivo que empezaba a ser cada vez más evidente, la cara de Gloria nunca aparecía entre esos recuerdos. La idea de que Gloria no disfrutó conmigo en ningún momento de nuestra relación se hacía más irrebatible cada vez.

Volviendo al inicio del relato, todos los miércoles iba a hacer la compra a una gran superficie que me pillaba de camino a casa. Ya me conocía a la mayoría de la gente, incluso clientes que como yo hacían la compra de la semana ese mismo día, e incluso nos sonreíamos a modo de saludo al cruzarnos por algún pasillo.

Ya llevaba fijándome unas cuantas semanas en dos adolescentes, tendrían entre quince a diecisiete años, siempre estaban mirando teléfonos móviles y cosas de informática, torres de sonido. Algunas veces las veía mirando ropa incluso probándose zapatos. Eran dos yogurines, vestían siempre igual, sudadera amplia vaqueros o leggins ajustadísimos y zapatillas deportivas. Tanto una como otra eran muy guapas, con largas melenas que le llegaban a la cintura, una rubia y otra castaña clara con mechones rubios.

Como he dicho las dos estaban buenísimas, y alguna vez me quedaba cerca de ellas haciendo que miraba algo y no podía dejar de mirarlas sin ser descarado. Así me enteré de que la rubia se llamaba Susana y la castaña de mechones rubios Patricia. Esta última es la que me tenía loco, tenía un CULO que según qué pantalones llevaba puestos me empalmaba con solo verlo y no me avergüenza reconocer que conseguí una foto con el móvil y me hice unas buenas pajas imaginando que me lo follaba.

La suerte quiso ponerse de mi parte. Sabía que todo intento de acercamiento a ellas me colocaría en una situación muy comprometida, no sabía cómo reaccionarían y muy posiblemente me pondría en ridículo y seria tachado de viejo verde, frase que odiaba como no os hacéis una idea.

El caso es que un día vi a Patricia sola, su amiga no estaba con ella. Estaba en la sección de telefonía móvil mirando teléfonos y allí que me fui, con su larga melena impecablemente peinada con esos vaqueros hiperajustados que marcaban perfectamente su culo. Me puse casi a su lado en el expositor de las tarjetas de memoria. Saqué mi móvil y me puse a mirar a mi móvil y a las tarjetas; sé que ella me miraba de reojo, viendo mi indecisión y miré a ver si había algún dependiente, pero solo había clientes, ningún responsable que me atendiese.

—Siempre que me hace falta que alguien me asesore, nunca hay nadie. Dije en voz alta para que me oyese Patricia.

Ella me miró y me sonrió, entendiendo lo que me ocurría, pero no me dijo nada mientras yo seguía mirando tarjetas de memoria.

—Perdona, le dije dirigiéndome a ella, seguro que tú sabes qué tipo de tarjeta de memoria lleva mi teléfono, ¿A que sí?

—Creo que sí, es muy sencillo, ¿Me dejas tú teléfono? Su voz era de niña, muy dulce y atiplada.

Se lo dejé, tenía unas manitas pequeñas y finas, parecían de porcelana. Miró el teléfono y utilizando el suyo entró en internet y buscó el modelo. Me miró orgullosa y me lo dio.

—Mira, tu teléfono lleva una tarjeta MicroSD, son estas de aquí, pero cuidado que estas son muy caras por la marca, estas otras tienen la misma tasa de transferencia y cuestan tres veces menos y las tienes de 16,32 o 64 gigas dependiendo de la capacidad que quieras.

—Como sabía que tú me ayudarías, los jóvenes estáis puestos en estas tecnologías. Bueno, como guardo muchas fotos me decanto por la de más capacidad. Dije cogiendo el blíster con la tarjeta de 64 Gb.

No quería que ese primer contacto terminase en ese momento, quería más de ella y pensaba decirle que le invitaba a tomar algo por su amabilidad, aunque fue ella quien se adelantó.

—Yo estoy ahorrando para comprarme una, también me hace falta, tengo poca memoria en el teléfono.

Me la quede mirando intrigado, esa niña me estaba diciendo subyacentemente «cómprame la tarjeta, me he tirado el rollo contigo»

—Mira, has sido tan amable conmigo que no hace falta que sigas ahorrando, elige la que desees. Le dije agradecido.

—¿De verdad? Me dijo mostrándome dos ojazos color miel que me perdieron.

—De verdad de la buena, elige.

—Jo, muchas gracias de verdad. No sabes el favor que me haces. Dijo tomando un blíster igual al mío.

Se lo llevó al pecho y lo abrazó como si fuese lo más deseado. Me miró, se acercó a mí, y poniéndose de puntillas me dio un tierno beso en la mejilla.

—En serio, gracias. No sabes la ilusión que me hace. Volvió a repetirme.

—Es lo menos que podía hacer por ti y el favor que me has hecho. Anda vamos a las cajas y lo pago, así puedes hacer lo que quieras.

—No…no hace falta. Puedo ir contigo y pagarlo cuando termines. Me dijo convencida.

—Bien, entonces cuando termine de hacer la compra, ¿te busco?

—Si, siempre estoy por la sección de ropa o de electrónica, es fácil encontrarme.

Hice la compra rápidamente, temía el no poder encontrar a Patricia y dejarla sin su preciado regalo, pero cuando casi estaba a punto de acabar su vocecilla me saludó detrás de mí.

—¡Hola!

—Anda, hola, dije alegre, me has encontrado tú a mí.

—Si, me estaba aburriendo, prefiero acompañarte así no te me escapas dijo con picardía echándose a reír.

—No se me ocurriría hacerte eso, seria de ser una muy mala persona. Dije convencido.

—Lo sé, tienes una pinta de buenazo que tira de espaldas. ¿Sabes? Realmente lo que me pasaba es que me aburria soberanamente. Siempre he venido con mi mejor amiga, Susana, pero nos han dado las notas y ella ha suspendido todo menos religión. Sus padres la han castigado sin salir indefinidamente.

—¿Y tú? ¿Has sacado buenas notas?

—Muy buenas, notables y sobresalientes, nunca he tenido problemas en los estudios.

—¿Y en que curso estáis?

—En segundo de bachiller, este año terminamos y el año que viene a la universidad…algunos, no todos.

—Bueno, eso siempre pasa, no todo el mundo vale para estudiar. Dije acordándome de esa época.

Ya me faltaba poco para acabar. Patricia me ayudó en las últimas compras, me ponía cardiaco cuando se empinaba sobre sus pies para alcanzar algo, mostraba ese culito tentador y su cintura, su piel al subirse la sudadera que llevaba. En otro momento me hacía falta un producto de las baldas inferiores, ella se agachó a cogerlo dejando la parte baja de la espalda al aire y dejándome ver la parte de arriba de su tanguita blanco, mi polla iba a estallar dentro de los pantalones.

Ese suplicio gracias a Dios duró poco más de quince minutos, si llega a durar más la empotro contra los expositores y allí mismo la violo, joder como estaba la niña. Pagamos y encima ella me ayudó a meter la compra en las bolsas, es que encima era un cielo. Una vez todo en orden nos miramos, yo sabía que dentro de una semana nos veríamos, pero es que esa niña me perdía.

—Todavía no se tu nombre. Yo soy Arturo.

—Yo me llamo Patricia.

—Pues Patricia, ha sido un placer conocerte, dije a modo de despedida, nos vemos.

—Lo mismo digo Arturo, seguro que nos veremos.

Vi cómo se alejaba moviendo su culito con soltura, era un dulce, una fruta prohibida pero que deseaba hincarle el diente. Se dio la vuelta y me vio allí como un pasmarote mirándola, me regaló una sonrisa maravillosa mientras me decía adiós con la mano, se perdió entre la gente y dejé de verla. Cuando llegué a mi casa me quité la ropa, me fui al baño y me masturbé pensando en ese culito y ese tanga blanco, esa niña se empezaba a convertir en una obsesión para mí.

Llegó el miércoles siguiente y mentiría si no confesase que estaba deseando llegar a comprar para poder ver de nuevo a Patricia, vamos en ningún momento me plantee que no estuviese, durante meses las estuve viendo todos los miércoles. Cuando entré en el centro comercial lo primero que hice fue buscarla, pero no la vi. Se me aceleró el corazón ¿Y si no había venido? La buscaba mirando hacia la zona de electrónica hasta que alguien me tapó los ojos y me dijo con voz sensual y aniñada:

—¿A que no sabes quién soy?

Como no lo iba a saber, mi corazón se aceleró aún más, olí su perfume, joven, fresco. Sus manitas cálidas apoyadas en mis ojos y su cuerpo ligeramente pegado al mío.

—Creo que tu voz no la olvidaría, dije ilusionado. Eres Patricia.

—Siiii, dijo alegre, te he visto pasar y sé que no me habías visto, estaba mirando ropa.

Diciendo esto se puso frente a mi apoyó su mano en mi nuca atrayéndome hacia ella y me dio dos sonoros besos cerca de las comisuras de mis labios. Eso hizo que se me erizase la piel.

—Bueno, realmente iba hacia la zona de electrónica por si te veía.

—Me puedes encontrar siempre en electrónica o ropa y zapatería, creo que te lo dije.

—Descuida que no se me olvidará. Dije con seguridad. Voy a hacer la compra, sé que no es divertido, ¿Me ayudas?

Ella solo esbozó una gran sonrisa y de nuevo esa niña me volvió a regalar la visión de su culo perfecto esta vez enfundado en unos leggins ajustadísimos que se metían por su culo abriéndolo y mostrando el triangulito que formaba su sexo con sus ingles. Hablamos de muchas cosas, la chica era muy simpática, ocurrente y divertida. Ya casi finalizando se lo pregunté por curiosidad.

—Y dime, ¿Qué ropa estabas mirando? ¿Te hace falta algo?

—Miraba unos pantalones blancos, tengo ganas de tener unos.

—Pues venga, vamos a verlos, te lo has ganado por ayudarme.

—Arturo no es necesario, de veras.

—Venga no seas tonta, no me cuesta nada.

Patricia se agarró de mi brazo y nos fuimos a por esos pantalones. Fue a tiro hecho, no eran ni caros. Cuando fue al probador a ponérselos pasé otro mal rato por que se lució ante mí, interrogándome, sacando su culito, preguntándome si no se notaba mucho «ahí» señalándose su coñito abierto por la costura, que indecente, se metía entre sus labios marcándolos nítidamente. Cuando me vio babear, supo que quería esos pantalones, lo cierto es que le quedaban de escándalo. Cuando llegué a mi casa me volví a masturbar pensando en el cuerpo tan lascivo que tenía esa niña y como le gustaba provocar.

Las siguientes semanas siguieron en esa misma tónica, salvo que Patricia cogió más confianza conmigo. Aunque no era siempre, algunas veces ya me pedía algo que necesitaba, que si un cable para cargar su móvil, que si unos cascos para escuchar música, unas zapatillas deportivas…ella me lo agradecía mostrándose ante mi sin ser descarada y cuando nos despedíamos ya me daba un pico en los labios agradecida por, según ella, ser su consentida. Me mataba a pajas pensando en Patricia, incluso ya nos habíamos dado nuestro número de teléfono y nos mandábamos mensajes a menudo.

Sabía que no hacía nada malo, la chica ya era mayor de edad 18 añitos recién cumplidos según el DNI que me enseñó, pero la veía tan…tan niña, tan infantil que parecía que estaba haciendo algo prohibido. Además, tenía esa pinta tan frágil, tan inocente que inspiraba una gran ternura y daban ganas de abrazarla y comértela a besos. El día que subió aún más nuestro nivel de confianza fue cuando llegué al centro comercial y la encontré mirando ropa. Miraba unos polos de manga larga y cuando me vio vino hacia mí se colgó de mi cuello, me dio un pico en los labios y se abrazó a mí.

—Que ganas tenia de verte, te he echado de menos. Me dijo mimosa.

—Yo también te he echado de menos, dije mirándola con cariño. Dime, ¿Qué estabas mirando? ¿Me lo enseñas?

Cuando vi lo que quería y que encima no llegaba a cinco euros la prenda le dije que escogiera dos, los que más le gustasen y fuese a probárselos. Me dijo que la acompañase, pero me quedé de piedra cuando me invitó a entrar con ella al probador, yo la miraba embobado y fue cuando ella con toda naturalidad se quitó la sudadera dejándome ver sus tetas enfundadas en un sujetador negro. Me quede alucinado, esa niña al llevar una prenda tan holgada no se adivinaba el pecho que tenía, pero ahora me mostraba orgullosa esas dos tremendas tetazas que pedían a gritos ser devoradas. Patricia vio mi mirada perdida en ella y me lo preguntó, como si no supiese la respuesta.

—¿Te gustan? ¿Te parecen bonitas? Preguntó muy sensualmente.

—Creo que es lo más bonito que he visto. Dije excitado.

Se probó uno de los polos, luego el otro, se miró y remiró y entonces hizo algo que ya cambió todo entre nosotros, se quitó el polo que tenía puesto y echando sus manitas a la espalda se deshizo de su sujetador mostrándome unas tetas preciosas, altivas, duras, que desafiaban a la gravedad sin problemas con una areola marrón pequeñita y un pezón duro como el diamante. Ella estaba frente al espejo mirándose, yo detrás de ella mirando como si lo que estuviera ocurriendo fuera surrealista.

—Y ahora, ¿Te gustan más? ¿No te parece que están un poco caídas?

—De verdad cielo, dije ahogándome con mi propia baba, son perfectas.

Patricia se probó de nuevo el polo, pero sin sujetador. Se adaptaba a sus formas perfectamente, y sin sujetador era una tentación, parecía que sus pezoncitos iban a traspasar la tela.

—¿Te imaginas que vaya así por la calle? Me dijo provocadora.

Apoyó su cuerpo contra mí y su culito se frotó contra mí ya crecida polla. Sacó más su pecho mientras nuestras miradas se clavaban a través del espejo. Mis manos bajo ese polo acariciaban su tripita, tenía una piel extremadamente suave y fueron subiendo hasta alcanzar esos dos globos perfectos de carne. Cerré mis ojos y oí gemir a Patricia.

—Ahhhhhhhhhh…siiiiiiiiiii mi amor…son tuyas.

Patricia era pequeñita y menuda, pero con todo muy bien puesto. La alcé y la deje de pie en el asiento del probador. A esa altura sus perfectas tetas quedaban a la altura de mi boca. Le quité el polo y mis manos se aferraron a su culito, pequeño, infantil, delicioso. Mis manos abarcaban ambas nalgas y mis dedos se metían entre sus piernas sobando lascivamente por encima del pantalón su coñito, mientras mi boca succionaba sus pezones y mi lengua lamía sus tetas.

—Paraaaaa mi amor…paraaaaaa. Gemía muy bajito en mi oído Patricia. No podemos seguir aquí, nos van a llamar la atención. Sal fuera y espérame.

Con cariño, pero con firmeza me separó de ella y me hizo salir. Me quedé mirando la puerta aturdido, lo que llevaba deseando hace meses desde que me fijé por primera vez en esa niña estaba ocurriendo.

No habían pasado más de treinta segundos cuando una dependienta apareció y me sonrió.

—¿Todo va bien? ¿No le gusta como le queda? Preguntó interesada.

—Bueno creo que le queda bien, pero no sabe por cual decidirse, ya sabe cómo son las adolescentes.

—¡TE ESTOY OYENDO! Dijo Patricia desde el interior.

La dependienta y yo nos echamos a reír y en ese momento apareció esa delicia de niña, roja como un tomate.

—Ufffff, que calor hace ahí dentro. Dijo saliendo del paso. Me gustan los dos, ¿Me los puedo llevar?

—Claro cariño, no hay problema.

—¡¡Ayyyy!! Gracias papiii.

No sé por qué ese «papiii» me resultó morboso a mas no poder. En ese momento es la imagen que dábamos, la de un padre y una hija que habían ido a comprar. La dependienta me sonrió y salimos de los probadores con Patricia agarrada de mi brazo, me metió por uno de los pasillos y me paró, me miró enfebrecida y me besó con lujuria.

—¿Puedes hacer la compra mañana? Te juro que vengo a ayudarte, pero ahora llévame a tu casa.

Hasta dejé el carro con el euro metido dentro y las dos prendas que se había probado, la agarré de la mano y a la carrera bajamos al aparcamiento. Dentro del coche me volvió a besar con furia, su manita se fue directa a mi entrepierna, frotándome la polla, la mía siguió el mismo camino entre las piernas de Patricia que me recibió con un gemido largo, estaba ardiendo y sus pantalones estaban húmedos.

—Vámonos, dijo excitada, vámonos que si no te voy a follar aquí mismo.

Nunca he corrido tanto como esta vez, hasta creo que me salté algún semáforo, pero me daba igual solo quería llegar a casa desnudar a esa náyade del deseo y hacerla mía. Patricia me miraba como una loba enjaulada, se mordía el labio y jugaba con su manita entre sus piernas, era la viva imagen del deseo.

Cuando entramos en casa nos abrazamos mientras nuestras ropas volaban. Cuando tuve en mis manos su tanguita aspiré su aroma, olía a gel de baño y a hembra excitada. Nos quedamos completamente desnudos admirándonos. Patricia era perfecta, hasta el mínimo detalle, pero cuando ella me vio desnudo a mí se maravilló.

—Joder Arturo, me encanta, pareces un adonis…y ¡¡DIOOOS QUE POLLA!! Exclamó agarrándola con sus manitas, ¡¡ESTO NO ME VA A CABER, ES ENORME!! Dijo asustada.

—Veras como te entra entera cielo, confía en mí.

Le agarré de su perfecto culo y la levanté, ella me abrazó con sus piernas mientras sus brazos se aferraban a mi cuello nos besamos con pasión hasta quedarnos sin aire mientras iba camino de mi dormitorio. Cuando la tumbé en la cama ella retrepó hasta quedarse en medio y abriéndose de piernas me llamó con sus brazos extendidos para que me tumbase encima de ella e hiciésemos un misionero. El coñito de Patricia era una preciosidad como lo era todo en ella. Lampiño, cerradito, pequeño, rosadito, brillante de la excitación que la embargaba en esos momentos. Por mi me hubiese amorrado a ese coñito, y me hubiese bebido todo lo que salía de él. Patricia me miraba casi rogándome que la follara. Me puse de rodillas entre sus piernas y pasé mis dedos por esa rajita que despedía fuego. Patricia arqueó su espalda y ya me lo suplico.

—FOLLAME POR LO QUE MAS QUIERAS…FOLLAMEEEE.

Pensé que le iba a hacer daño. Veía el tamaño de mi polla y su vagina que parecía de juguete, muy cerrada, pero fue poner mi glande sobre su rajita y se abrió como una flor. Hice algo de presión y mi polla empezó a entrar en ella sin ningún tipo de impedimento, poco a poco, abriéndola, notando como su sexo se aferraba a mi polla, pero permitiéndome entrar sin problema. Veía las expresiones de la carita de Patricia, eran de placer, de un placer extremo hasta que estalló.

—Sigueee…no pareeees…sigueeeee…sigueeeeeee…joder…joder me corro, me corrooooooh

Patricia temblaba como una hoja mientras se corría como una gata herida. Notaba las contracciones de los músculos de su vagina impidiéndome avanzar, todavía quedaba un buen trozo de polla fuera, pero según se relajó enroscó sus piernas en mi cintura y con sus pies me conminaba a llegar hasta el final. Un golpe de caderas y mis pelotas rebotaron en su perfecto culo. Mi cuerpo estaba encima de ella y me tenía muy abrazado, abrió mucho sus ojos y volvió a correrse.

—Diooooos…que gustoooooooh…siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Patricia buscó mi boca y nos besamos como dementes. Su coñito apretaba mi polla de una manera que me costaba concentrarme para no correrme, me quemaba, me abrasaba en su interior, mientras sus caderas se movían frenéticamente. Empecé un lento bombeo haciendo algo de presión en su punto G al meterla, eso la volvió loca, volvió a correrse otra vez y otra y otra más, mi niña gemía herida de placer, llevábamos cerca de una hora y ya se había corrido un montón de veces y mi aguante empezaba a traicionarme.

—Para…paraaa…no puedo más, estoy rota, déjame…déjame descansar. Decía fatigada.

Me incorporé y saqué mi polla de su interior. Con la excitación del momento ni me había puesto un preservativo, lo estábamos haciendo a pelo. Me tumbé a su lado, ella se giró y se hizo un ovillito pegada a mí, la abracé con cariño y casi se quedó dormida en el acto. No os voy a mentir, eso me jodió soberanamente, tenía mi polla a punto de explotar y mis huevos llenos de leche y cuando estaba a punto de correrme va y se duerme, pero tampoco voy a negar que me encantó tenerla desnuda y poder follármela a placer. El sopor me pudo y yo también me traspuse.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando noté algo muy placentero en mi polla y mis huevos, mire el reloj de la mesilla y todavía eran las siete y media. Patricia jugaba con su manita y me tenía la polla como el asta de una bandera mientras la masturbaba con lentitud. Bese su cabecita y ella me miró risueña.

—¿Has descansado? Pregunté.

—Un poco, pero estoy disgustada, no te has corrido, ¿Acaso no te gusto?

—Patricia no seas boba, eres una preciosidad y estoy deseando correrme, pero lo estábamos haciendo a pelo y yo quería correrme dentro de ti, aunque no sabía si te cuidabas.

Patricia se subió encima de mi dejando su coñito en contacto con mi polla. Notaba la humedad que desprendía y lo caliente que seguía estando. Me besó con ternura y se tumbó sobre mi pecho.

—Arturo, ¿te puedo preguntar algo?

—Claro que sí, lo que quieras.

—¿Qué pretendías cuando me hacías tantos regalos? Y por favor no me mientas.

—Hacía unos meses que me había fijado en ti, eras como un ser que brillaba con luz propia. Estaba loco por ti y cuando te vi aquel día en el departamento de telefonía y las tarjetas de memoria al lado, fue el momento idóneo para acercarme a ti. Pretendía agradarte, que me aceptases, que incluso te apeteciese tomar algo conmigo. La diferencia de edad me aconsejaba ser cauto y esto que está ocurriendo entre nosotros ni se dibujaba en mi cabeza, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas.

—Vaya dos, empezó diciendo Patricia. Yo también me fijé en ti, siempre me han gustado mucho los hombres más mayores que yo, y el día que te vi me acuerdo venias o de correr o del gimnasio. Pantalones cortos, deportivas y una musculosa que dejaba tus brazos y tus hombros al aire. No sabía si estabas casado, divorciado, con pareja o qué, pero lo que si sabía es que de una manera u otra terminaríamos así, y hoy me he preparado muy bien para ti, yo sabía de antemano que esto iba a ocurrir.

Nos quedamos callados durante interminables minutos. Mis manos acariciaban el cuerpecito de Patricia y ese culito que cada vez se volvía más adictivo, suave durito, respingón. Metía mi mano entre sus nalgas acariciando su anito haciendo algo de presión sobre él. Mi niña ronroneaba como una gatita mimosa, sus tetas pegadas a mi pecho, necesitaba follarla de nuevo, necesitaba correrme.

—Arturo ¿Sabes lo que es un Sugar Daddy?

Por supuesto que lo sabía, y alguna vez se me había pasado por la cabeza ser el mecenas planchabragas de esas niñas universitarias que, por unos cuantos polvos, te pedían de todo y vivían a lo grande a costa de su cuerpo. Eso era una forma de prostitución y no me imaginaba a mi niña haciendo eso.

—Si, sí que lo sé. ¿Por qué lo preguntas?

—Tú me has regalado cosas y hace un rato hemos follado, ¿No crees que tiene algo de semejanza?

—Patricia, dije serio, ¿Tu querías esto? Pregunté asustado.

—Mas que a mi vida, lo deseaba hace mucho tiempo y sé que lo que te pida me lo vas a dar, pero yo quiero darte todo también. Así que te pediré cosas, y aunque no me las des yo te seguiré queriendo y dándote todo lo que me pidas. Tu para mi eres mi Sugar Daddy.

—No es que seas muy buena negociante. ¿Qué me vas a pedir?

—Un teléfono móvil, el mío esta viejito y ya falla.

—Ya, entiendo, ¿Y qué me das a cambio?

Patricia se incorporó, me besó y me miro con picardía. Se puso en cuatro mostrándome su coñito enrojecido de la follada y su anito, rosadito limpio, brillante.

—¿Te gustaría follarme el culito?

Me senté en la cama, agarré las caderas a esa belleza y la atraje hacia mí para darme un festín. Durante un buen rato estuve lamiendo, chupando y follando con mi lengua esa delicia, mis dedos entraban con facilidad en su culo y a la vez estimulaba su clítoris hasta hacerla explotar en otro orgasmo. Cuando la noté preparada de un cajón tome un bote de gel lubricante y embadurné bien su culo y mi polla, cuando puse mi glande en ese orificio y vi las dimensiones de cada uno me asusté, era un culo como dije, infantil.

—Cariño, ¿Te han follado el culo alguna vez?

—Solo una vez, decía excitada, tú solo hazlo…vamoooos. Me apremiaba.

Hice algo de presión y vi cómo se abría y dejaba pasar mi glande sin problema. Me fijé que agarró la sábana de la cama con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Mi polla daba espasmos de placer. Ver ese culito ofrecido, esas nalguitas y mi verga empezando a entrar era lo más excitante y morboso que había. Hice un poco más de fuerza y vi cómo iba entrando poco a poco.

—Ahhhhhhhhh…despacio…poco a poco mi amor. Gemía Patricia.

Me quedé quieto, notaba las contracciones de su esfínter sobre mi polla y noté como ella misma se acariciaba su coñito para relajarse. Al poco fue ella misma quien hizo fuerza y se metió algo más de la mitad de mi balano dentro de su culito.

—Dioooos que ricoooo, gimió herida, ¿Esta toda dentro?

—No cielo, queda algo menos de la mitad.

—Joder…estoy llenísima, pero la quiero toda dentro.

Empecé a entrar y salir de ella con calma, aunque quería empotrarla. La visión de mi polla entrando y saliendo de ese culito era mucho y mi orgasmo se acercaba. Su culo aceptaba cada vez mejor mi verga bombeando dentro de ella y con un fuerte golpe de caderas la empotré conta los pies de la cama y mis huevos chocaron con su coñito.

—AHHHHHHHH…JODEEER SIIIIIIIII…FOLLAME CABRÓN…REVIENTAMEEEEEE…PARTEME EN DOS.

Y por dios que la reventé. Esa niña era puro vicio, pedía cada vez más y más y yo no dudaba en dárselo. Estaba enloquecido y mi polla la taladraba sin piedad, en la habitación solo se escuchaba el choque de mi pelvis con su perfecto culo y los gemidos de ambos enloquecidos con nuestro placer. Gritos, suspiros, insultos, frases incoherentes solo éramos dos personas dándonos un placer máximo. Mis manos abandonaron su cinturita y buscaron sus tetas para amasarlas y retorcerle los pezones, eso la terminó de encender y explotó en un brutal orgasmo arrastrándome a mí con ella.

—DIOOOOS, ME CORROOOOO…ME CORROOOOOOH…JODEEER…JODEEEEEEEEER…SIIIIIIIIIIIIII.

El cuerpo de Patricia empezó a temblar de manera incontrolada y su anito estrangulaba mi polla. Estaba corriéndose de tal manera que note como de su coñito salía un chorro de líquido despedido a mis piernas, había tenido un squirt. Las contracciones de su anito sobre mi balano aceleraron mí ya incontrolable orgasmo y exploté dentro de sus intestinos lanzando chorros y chorros de semen. Patricia gimió, lloró y cayó en la cama agotada, yo me quede encima de ella con mi polla aun clavada en su culito con los últimos estertores del orgasmo. Los dos cansados, fatigados, recuperando nuestras respiraciones, besé el fino cuello de esa ninfa y sus hombros y noté como se erizaba su piel.

Mi polla empezaba a perder la erección y con delicadeza la saqué del interior del culito de Patricia que gimió como una gatita. Con un sonoro «PLOP» terminó de salir y vi con asombro como había dejado el culo de esa niña, totalmente abierto, dado de sí, preparado para recibir de nuevo mi polla si hacía falta.

—Ha sido bestial mi amor, nunca he sentido algo así. Decía Patricia aun fatigada.

—Eres fantástica, dije extasiado, tumbándome a su lado.

Vi como con sus dedos examinaba su anito y me miró asustada.

—Joder, me has dejado el culo abierto como un túnel, cuando abra la boca se va a ver el suelo. Dijo riéndose.

—Jajajajajajajaja, reí su ocurrencia, no seas exagerada verás como en unos minutos ha recuperado su aspecto y mañana estará cerradito de nuevo pero con algo de dolor.

—Pero no por mucho tiempo verdad, dijo poniéndose sobre mí y besándome, porque esto lo quiero repetir muy a menudo, por mi diariamente.

—Y por mí las veces que quieras dije abrazando su frágil cuerpecito.

—Por…por cierto, siento…siento haberme echo pis cuando me corría, no he podido evitarlo. Dijo Patricia poniéndose colorada.

—No mi vida, no te has hecho pis, lo que has sentido es un squirt, ¿No me digas que no sabes lo que es?

—Bueno, siempre pensé que eso era un mito urbano, ¿Qué una mujer eyacule? Venga ya. Dijo Patricia escéptica.

—Pues tú lo has experimentado, y te aseguro que cuando quieras puedo hacer que te vuelvas a correr así.

—Mi amor eres increíble, dijo besándome, pero creo que me tengo que ir, es tarde. Dijo con tristeza.

—¿Quieres que nos duchemos antes de irte? Pregunté con maldad.

—Uh…Uh, dijo negando con la cabeza Patricia. Si lo hacemos llegaré muy tarde a casa y me castigarán, y acuérdate que te prometí que mañana te ayudaba a hacer la compra.

Con pena vi como Patricia se levantaba y se iba al baño. Al poco salió y me dejó ver de nuevo su cuerpo desnudo, en serio, todo lo que pueda describir de ella se quedaría en nada porque a cada paso descubría algo nuevo en ella. Era muy femenina y eso me volvía loco, se vistió delante de mí sin apartar su mirada de la mía y cuando terminó vino hacia mí, se colgó de mi cuello y me besó con mucho cariño.

—Me gusta cómo me miras y por cierto, si, te puedes correr dentro de mí, me cuido. ¿Me acercas a casa?

Me hubiese gustado pasar la noche con ella, que tontería, pero no era posible. Esperaría al fin de semana a ver que podíamos hacer porque necesitaba estar con ella, me volvía loco esa niña. La dejé una calle antes de su portal, Patricia no quería que nadie la viese bajando de un coche y fuesen con el cotilleo a sus padres. Vivía muy cerca del centro comercial donde hacia la compra, por eso la veía tan a menudo allí. Antes de bajarse del coche me volvió a besar con cariño y arrugando su naricilla se despidió hasta el día siguiente en el mismo sitio.

Al día siguiente Patricia me esperaba directamente en la tercera planta del aparcamiento que es donde estacionaba siempre. Según me vio llegar se subió en el coche y cuando aparqué ella se sentó a horcajadas sobre mí y me comió a besos.

—Estaba deseando verte otra vez, decía sin dejar de besarme, ¿Es necesario que hagamos la compra ahora? ¿No puede esperar?

—Cielo tengo tantas ganas como tú, pero estoy bajo mínimos. Si nos damos prisa en una hora estamos en casa.

Hicimos la compra deprisa y corriendo pero no nos dejamos nada sin comprar. Tardamos algo más de la hora, pero poco más, me ayudó a colocar la compra, ella solo llevaba su tanguita puesto, me excitaba continuamente y mi polla iba a reventar. Según terminamos nos fuimos a mi cama y dimos rienda suelta a nuestra pasión.

Hubo mamadas, comidas de coño que fueron una delicia y folladas increíbles. Sin contar con ello me corrí en su boca con mi verga largando semen como si no costase. La pobre mía se atragantó y no pudo retener tanto semen, pero me miraba con esos ojitos llenos de lágrimas, y con una carita feliz y risueña. Me corrí abundantemente en su útero, la rellené como a un mechero y sé que ella alcanzó más de diez orgasmos. Sin que ella lo supiese era multiorgásmica y era una delicia ver como se corría una y otra vez. Por ultimo y antes de irnos a la ducha para llevarla a su casa la regalé un squirt que la dejó rota por el placer recibido.

Era un hombre maduro de 50 años, con las ideas muy claras, o eso creía. La juventud, la vitalidad, la pasión descontrolada de Patricia me arrastraron con ella, empecé a sentir algo prohibido con esa niña, algo que nos destruiría, pero me estaba enamorando sin remisión. No era consciente que nos separaban 32 años, todo un salto generacional, que ella podía ser mi hija y que aunque me daba cuenta muy de cuando en cuando como nos miraba la gente, me daba igual lo que pensasen, ella me daba la fuerza y las ganas de seguir adelante.

Patricia era muy impresionable, como me dijo en ocasiones no estaba acostumbrada a que la tratasen con ese cariño y ese amor. La deslumbraba con viajes de fin de semana increíbles ya que me dijo que no podía aparecer por su casa con regalos carísimos sin dar explicaciones. Patricia se abrió mucho a mí, y me empezó a ver como algo más que a su Sugar Daddy. Me contó que perdió su virginidad a los trece años con el padre de una amiga suya que palabras textuales «estaba buenísimo» fue tierno y delicado y tuvo sexo con él hasta que su amiga los pilló en pleno polvo y la echó de su casa. En ese momento supo que le gustaban los hombres mucho más mayores que ella.

Luego me contó como conoció a un chaval de 17 años, engreído, superficial y pagado de sí mismo. El típico chulito de gimnasio que se creía irresistible, el que se tiraba a medio instituto por que las tías somos gilipollas, según Patricia, y no vemos más allá de nuestras narices cuando vemos a un tío bueno.

—Fue decepcionante, me contaba Patricia. La primera vez que nos vimos desnudos, presumió delante de mí como un pavo real. Le miré escéptica y pensé «Mucho conejo para tan poca zanahoria» y no me equivoqué. Fue meterla y se corrió como un principiante con una pollita que daba pena. Apenas estuve un mes con él y creo que fui muy generosa ante esa piltrafa, no me regaló ningún orgasmo.

Cuando le pregunté por su pérdida de virginidad anal, noté como se ponía incómoda, como si algo la disgustase de manera inoportuna.

—Eso, eso fue una equivocación, aparte de algo muy, muy doloroso e inaguantable. Fue con un primo hermano diez años mayor que yo…no voy a entrar en detalles, verano, vacaciones con mis tíos, piscina, bikini muy sugerente…nos quedamos solos dentro del agua y me folló el culo, eso es todo.

Y por último habló de mí. Solo había estado con cuatro hombres incluido yo y como me dijo, solo el padre de su amiga y yo habíamos sido muy importantes en su vida y lo que sentía conmigo no lo quería parar de ninguna manera. No quería oír hablar de diferencia de edad, ni de salto generacional, ella era feliz, muy feliz y no quería renunciar a mí de ninguna manera, era mayor de edad y sabía lo que estaba haciendo y con quien lo estaba haciendo.

Intenté hablarlo con ella y hacerle entender que nuestra relación no nos llevaría a ningún sitio, que cuando ella estuviese en el cénit de su sexualidad yo sería un septuagenario y estaría condenada o me condenaría a mí, si es que no me había dejado antes. Pensé que el tiempo nos pondría a cada uno en nuestro sitio y que ella se cansaría de mi en algún momento de su vida cuando viese que no respondía sexualmente como ella me pedía. Su juventud era arrolladora y ya empezaba a tomar pastillas para mantener mi erección porque me costaba recuperarme mucho.

Ya llevábamos tres meses juntos, tres maravillosos meses. Le regalé un fin de semana en Formigal en pleno Pirineo Aragonés, fuimos a esquiar, pero realmente no tocamos la nieve, reservé una de las mejores habitaciones en un hotel. Tenía de todo, incluido un maravilloso jacuzzi al que le sacamos mucho partido mientras que por el ventanal veíamos nevar, era idílico. Ese fin de semana como muchos otros, follamos hasta caer agotados, Patricia me lo dio todo y cuando salimos hacia Madrid iba rellena de semen por todos sus orificios. Como siempre que la dejaba cerca de su casa nos despedíamos con tristeza, pero sabiendo que en horas volveríamos a vernos.

Pero ese lunes fue diferente. Me extrañó, que no me mandase ningún wasap ni que llegando la tarde me llamase para saber si había llegado a casa y poder pasarse a verme. Su teléfono estaba desconectado y no podía hablar con ella. El martes ocurrió lo mismo, así como el miércoles, estaba asustado, más que nada por si le había ocurrido algo. Ese miércoles cuando fui a comprar esperé encontrármela y que me contase que estaba ocurriendo, pero ella no estaba, no apareció en ningún momento, estaba desolado.

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