FERNANDO

Con Susana coincidí en bastantes ocasiones en nuestro momento de descanso. Ya nos habíamos intercambiado los números de móvil y fue casi a diario que, o ella o yo, nos llamábamos para coincidir en esa sala de descanso y poder hablar de nuestras cosas. Lógicamente ella supo por mi lo que había hablado en el despacho del jefe y estuvo de acuerdo en que un CEO no puede tratar como basura a un empleado.

Sabía, o por lo menos eso creía, que a Susana yo le gustaba. Su coqueteo conmigo era muy evidente, además, su forma de vestir y de comportarse la hacía muy atractiva a mis ojos y mi cuerpo reaccionaba ante tal visión. No sabía si tenía novio o no, no habíamos hablado de eso, pero yo notaba que ella quería llegar más allá hasta que un jueves tomando nuestro consabido café me lo preguntó directamente:

—Mario, ¿te puedo preguntar algo muy personal?

—Bueno, depende, no me asustes.

—¿Eres novio de Inma? ¿Entre ella y tú hay algo?

—Jajajajajajajaja…noooo por favor, ¿por qué lo preguntas?

—No te rías, —dijo incómoda por mi reacción,— alguna vez que ella ha hablado de ti, lo decía como si fueses algo suyo, algo intocable.

—Susana te aseguro que entre Inma y yo solo ha existido una relación de amistad, y bueno, no te niego que nos hemos utilizado para el sexo en más de una ocasión, pero hace meses que eso acabó, no la quiero ni ver.

—Recuerda que es ella quien te paga.

—No cielo, quien me paga es su padre y como te dije, le prometí que a su hija no la tocaría ni con un palo.

Susana me miró a los ojos con intensidad mientras, sin apartar sus ojos de los míos, daba un sorbo a su café con una sensualidad inusitada.

—Entonces, ¿en tu vida no hay nadie? ¿No tienes novia?

—No, no hay nadie…¿y en la tuya? —Pregunté con curiosidad.

—Bueno, hay alguien, pero todavía no lo sabe. —Respondió con una gran sonrisa de satisfacción.— Mario, vámonos que ya han pasado los veinte minutos.

Mierda, su respuesta fue como un jarro de agua fría. Pensé que ella quería algo conmigo, pero su confesión me cerró todas las puertas de golpe. Susana no era como Andrea o Inma, no, no era de esas. Susana si se entregaba a un hombre quería compromiso, no un polvo de vez en cuando.

Pero al día siguiente, viernes, volvimos a coincidir en nuestro momento de descanso. Susana venía radiante, preciosa y joder, me enamoré de ella. Hablamos de nimiedades hasta que poco antes de despedirnos me lo dijo:

—Los viernes después de trabajar nos solemos juntar algunos compañeros y vamos a comer y si se tercia, tomar algunas copas…¿Te apuntas?

—Claro, me gustaría mucho.

—Vale, a las tres de la tarde bajaré a por ti. —Dijo Susana con una gran sonrisa.

Me lanzó un besito volado y la vi desaparecer a toda prisa hacia su puesto de trabajo. Joder, estaba muy confundido, pero esa invitación me hizo mucha ilusión.

A las tres de la tarde, como un clavo, estaba esperándola y la vi llegar. Creo que en ese momento supe que esa chica la quería para mí y lucharía por conseguirla hasta donde hiciese falta, era perfecta, hermosísima, llegó a mi altura me dio un beso en la mejilla y agarrándose de mi brazo me lo dijo con una gran sonrisa:

—¿Nos vamos?

—Claro que sí, ¿contigo? a donde me quieras llevar. —Respondí con toda la intención.

El restaurante estaba a dos manzanas con lo que el trayecto fue muy corto. Cuando llegamos, había una mesa con seis personas, algunas las conocía de la fábrica de vista y a un par de ellos no los había visto en mi vida. Había dos asientos libres uno junto al otro y Susana y yo no tardamos en ocuparlos.

La comida fue amena, llena de anécdotas sobre esa fábrica y comentarios sobre Inma y su padre. Algunos no se cortaron y me preguntaron abiertamente si Inma y yo estábamos liados, cosa que yo negué en todo momento, y dejé claro que entre ella y yo solo había existido una amistad, rota en este momento debido a su vehemencia y su soberbia.

Pero lo que más me impactó fue que en la sobremesa, tomando un chupito y un café, noté la mano de Susana sobre mi muslo, acariciándolo suavemente. La miré confundido y ella me miró con una gran sonrisa en sus labios, puse mi mano sobre la suya y entrelazamos nuestros dedos viendo la cara de satisfacción de Susana. Con ese gesto, comprendí que Susana quería algo conmigo y que el comentario que me hizo en su momento, de que había alguien en su vida, pero que esa persona todavía no lo sabía, iba dirigido a mí.

En ese momento, sentí un cosquilleo muy agradable en mi estómago y apreté fuertemente la mano de Susana, ademán que fue respondido de la misma manera por ella, acompañada por una intensa mirada llena de emociones.

Cuando terminamos de comer, nos fuimos a otro sitio a tomar una copa. Susana no se separó de mi lado en ningún momento y aprovechaba cualquier ocasión para demostrarme su afecto, ya fuese con una mirada cómplice o con un suave roce de su mano con la mía.

Cuando terminamos y salimos de ese local la gente se empezó a despedir y al final, como era de esperar, solo nos quedamos Susana y yo. Era media tarde y ya sin nadie que nos pudiese ver Susana agarró mi mano y me lo preguntó:

—¿Tú también tienes que irte, o te puedes quedar más tiempo?

—Me puedo quedar todo el tiempo que quieras, no tengo nada que hacer, salvo estar contigo.

Susana me miró con una gran sonrisa a la vez que encogía sus hombros y arrugaba su naricilla en un gesto travieso:

—Ven, —dijo tirando de mi mano,— conozco un sitio cerca de aquí.

Me llevó a un bar de copas muy tranquilo. Ponían buena música y la iluminación era cálida e invitaba a la intimidad. Si tenía que ocurrir algo entre Susana y yo, ese era el sitio indicado.

Pero no, no ocurrió nada digno de mención. Solo estuvimos hablando de nosotros, lo que nos gustaba y lo que no, que buscábamos en una persona que nos atraía, cuál sería el ideal de relación, la fidelidad dentro de una relación…etc.

Sabía que toda esa charla era con un fin concreto, no dar un paso en falso y estar seguros de lo que queríamos. Y que queréis que os diga, ya no era un jovencito alocado que solo quería follar, quería algo estable en mi vida y Susana me gustaba a rabiar y sabía que con ella podría llegar muy lejos

Cuando salimos de ese bar de copas, Susana me propuso ir a cenar y se empeñó en que sería ella quien pagase. No me avergüenza decir que ella ganaba bastante más que yo, pero le dije que aceptaba siempre y cuando después de la cena me dejase invitarla a tomar algo en otro sitio.

La cena fue el preludio, para lo que vino después. En esa cena Susana se sinceró conmigo y me confirmó lo que sospechaba. Susana tuvo dos relaciones muy escabrosas que acabaron muy mal y la dejaron sumida en una profunda depresión:

—Me prometí a mí misma que si conocía a alguien de nuevo estaría muy segura de esa persona. No te voy a engañar Mario, me gustas, me gustas muchísimo, pero no quiero apresurarme, necesito mi tiempo. —Me confesó Susana.

—Susana, tú eres el motivo por el cual me levanto todos los días y voy a esa empresa a trabajar. Necesito verte, estar contigo aunque solo sea en esos veinte minutos de descanso. Tómate tu tiempo, porque al final, siempre estaré ahí para ti.

Quizás esa respuesta por mi pate fuese de un «beta» pero era lo que sentía aunque en mi cabeza desease desnudar a esa diosa de fuego y follármela hasta caer rendido.

Cuando salimos de cenar, la llevé a un sitio tranquilo que tenía una pequeña pista de baile, para las parejas que deseasen bailar. En ese sitio Susana tuvo un contacto más estrecho conmigo hasta que empezaron a poner música lenta y se levantó tirando de mi para sacarme a bailar. 

En la pista de baile junto su cuerpo al mío y se abrazó a mi dejándome sentir cada centímetro de su anatomía. Fue inevitable el que me empalmase, era imposible no hacerlo, mis manos acariciaban su espalda y aunque quería bajar a su perfecto culo y agarrarlo con gula, me contuve y solo me dediqué a acariciarla.

Sabía que ella notaba mi excitación, era imposible no sentirla, pero lejos de separarse de mí, o sentirse incómoda, se abrazó con más fuerza a mí y empezó a frotarse contra mi polla disimuladamente. Noté sus besos en mi cuello y mi mejilla, y fue inevitable que nos mirásemos enfebrecidos y juntásemos nuestros labios en un beso íntimo e intenso, dejando que nuestras lenguas jugasen entre ellas. Cuando nos separamos por falta de aire, me lo susurró en mi oído:

—Diooos, como deseaba hacer esto. —Me confesó Susana.

—Yo lo deseaba desde el primer día que te vi.

¿Cursi? Si, por supuesto que sí, pero era lo que ella quería escuchar y yo tampoco la mentí. Bailamos durante mucho rato, hubo más besos y yo necesitaba follarla, pero sabía que eso, a no ser que ella tomase la iniciativa, seria prácticamente imposible. Como dije en su momento, Susana era de compromiso, no de un polvo, y si te he visto no me acuerdo.

Cerca de las dos de la madrugada dejé a Susana en su casa, si, fui un caballero y la acompañé hasta su portal. Nos despedimos con un tórrido beso y me miró compungida:

—Te diría que si quieres subir a mi casa, pero están mis padres y no creo que les guste la idea de meterme en mi cuarto contigo. —Dijo apenada.

—Sería una locura y algo muy descarado, —dije riéndome.— Cielo, como has dicho, tomate tu tiempo, no hay prisa.

Susana volvió a besarme con ardor, frotándose contra mí, notando sus tetas en mi pecho y como su pubis se refregaba contra mi polla que estaba a punto de estallar. Esta vez bajé mis manos y agarré su perfecto culo y la apreté contra mi haciendo que notase aún más mi polla en su pubis y en su tripita.

—¡¡Ahhhhhh!! Cielooooo…— Gimió Susana volviéndome a besar con lujuria.

No niego que, en otras circunstancias, Susana y yo hubiésemos terminado follando como animales, estábamos abonando el terreno para que eso ocurriese, pero por desgracia estábamos en mitad de la calle a la vista de quien pasase a esas horas por delante de nosotros y sin posibilidad de estar en un sitio más íntimo.

Con pena nos separamos y ella entró en su portal sin dejar de mirarme. Cuando se cerró la puerta me tiró un besito volado con la mano y la vi desaparecer camino del ascensor. No tenía ni idea que es lo que haría ella, pero yo necesitaba descargar mis huevos y sin posibilidad de meterla en caliente me fui a mi casa y antes de acostarme me la pelé como un mandril, recordando el voluptuoso cuerpo de Susana.

Serían las siete de la mañana, y cosa rara en mí para ser sábado, estaba despierto pensando en Susana cuando entro un wasap en mi teléfono. Sonreí cuando vi que era de ella preguntándome si estaba despierto.

Claro que sí, no te he podido sacar de mi cabeza. —Respondí.

Yo tampoco he podido dejar de pensar en ti…Estaba pensando en que si no tienes ningún compromiso, me gustaría pasar el día contigo. ¿Sería posible?

—Claro que sí, me gustaría mucho. —Respondí ilusionado.

—¿Te puedo llamar? —Preguntó.

Le iba a contestar que sí, que me podía llamar, pero dado que los dos estábamos despiertos tomé la iniciativa y la llamé yo a ella. Su voz dulce y cantarina me saludó dándome los buenos días. Estuvimos hablando bastante rato y mi mente calenturienta se preguntaba una y otra vez si estaría en la cama y que llevaría puesto.

Quedamos en que se pasaría por mi casa a recogerme, ya que su madre le dejaba el coche, y decidimos irnos al Escorial (municipio de Madrid) a pasar el día. Fue un día genial, lo pasamos muy bien y nos demostramos continuamente nuestro cariño. Susana iba con unas mallas que dibujaban su perfecta anatomía, una entrepierna de ensueño y marcaban un culo que daban ganas de comérselo. Fueron muchas las miradas de lascivia que vi en los hombres y adolescentes con los que nos cruzábamos, su cara de deseo lo decía todo.

Ese día hubo besos, muchos besos incluso me atreví a tocar su coñito por encima de la ropa notando su calor abrasador y su humedad. No me impidió hacerlo pero si me rogó que parase, diciéndome que no era el momento.

Como no podía ser de otra manera, cuando terminamos el día y Susana me dejó en mi casa, me volví a masturbar pensando en las sensaciones que había vivido con ella ese día. El domingo volvimos a quedar, comimos juntos y pasamos la tarde entre un parque y el cine de un centro comercial. Ya por la noche nos despedimos como dos enamorados, sabiendo que al día siguiente, en el trabajo y de momento, no podríamos prodigarnos en muestras de cariño.

Ese lunes cuando llegué al trabajo tuve una necesidad imperiosa de subir a las oficinas y ver a Susana antes de empezar el día, pero fue ella la que se adelantó y con la excusa de consultarme unos albaranes de salida de almacén, hizo que por lo menos hasta la hora del descanso, pudiésemos estar juntos.

Esa semana pude comprobar, como día a día, me enganchaba más y más a Susana. Soñaba con ella y deseaba en todo momento estar a su lado. Ella, sabedora de mi atracción, no dudó en demostrarme que quería llegar más allá conmigo, se mostró cariñosa, provocativa y muy receptiva a que mis manos llegasen más allá de lo prohibido en público.

Yo estaba que me subía por las paredes. Mi deseo por ella era ya devastador y no me valía con los «pajotes» que me hacía en su honor, quería todo, follarla, llenar de semen todos sus agujeritos y disfrutar de ese cuerpo lascivo y suave que poseía Susana.

El jueves, en uno de los momentos favoritos del día, el momento de descanso, tomando un café con mi diosa pelirroja, me lo dijo de manera seductora. No fue una sugerencia, casi fue una orden:

—Mañana comemos juntos —Dijo de forma categórica, pero seductoramente.

—Por supuesto —respondí— ¿acaso lo dudabas?

—No, pero quería estar segura. Y este fin de semana, ¿tienes planes?

—¿Me quieres proponer algo? —Respondí con otra pregunta.

—Por supuesto. No hagas planes, te quiero solo para mí. Quiero toda tu atención.

—Sabes que la tienes, yo también te quiero solo para mí.

—Te veo a la salida, mi amor. Mañana promete ser un gran día.

Ese «mi amor» fue como música celestial para mis oídos, más que nada porque era la primera vez que salía de su boca. Esa tarde nos prodigamos en cariños y aunque deseaba meterla mano y recibir sus caricias, ella, muy sibilinamente, me hizo desearla pero no me dejó ir más allá.

Ese viernes me desperté más pronto de lo normal. Tenía el presentimiento que sería un día increíble, y sin ser consciente de lo que podría ocurrir, me metí en la ducha y me preparé muy bien para Susana. Me afeité, me depilé y perfumé. Me puse unos pantalones que no delataran mi erección, aunque eso era tarea imposible debido al tamaño de mi polla cuando estaba en su máximo esplendor y decidí no usar ropa interior, algo en mi me decía que hoy iba a follar como un condenado en su último día y cuanta menos ropa hubiese entre medias, mejor.

A Susana no la vi hasta la hora de descanso. Cuando entré en la sala donde nos juntábamos a tomar un café, la vi hablando con un compañero, ella estaba de espaldas y vi que ese día llevaba unos pantalones blancos, como siempre, hiperajustados a su cuerpo, marcando nítidamente sus curvas, su anatomía. Era espectacular el culazo que tenía y como ese pantalón se metía entre sus nalgas separándolas ligeramente y dejando ese huequito tan atrayente en su entrepierna.

Pasé por su lado y saludé, yéndome a la máquina del café. Ella enseguida se deshizo de ese compañero y vino a mi lado. Si por mi hubiese sido allí mismo la hubiese comido la boca y le hubiese dejado sentir mí ya incipiente erección en ese culo tan espectacular, pero eso solo fue el pensamiento, nos teníamos que comportar delante de la gente y ser solo compañeros cercanos, pero respetando las distancias. Susana quería por todos los medios que nuestra relación pasase desapercibida dentro de la fábrica. Me miró seductoramente y me sonrió:

—Susana estas preciosa, no sé si aguantaré hasta la hora de la comida.

—Estoy deseando que lleguen las tres para irnos tú y yo a comer…y lo que surja. —Dijo con una sonrisa traviesa.

—Va a ser complicado estar comiendo con los compañeros y no delatar lo que me gustaría hacer contigo. —Dije enfebrecido.

—Cariño, vamos a estar tú y yo solos, y como te dije, te quiero solo para mí. —Dijo Susana mirando a mi inocultable empalmada, para seguidamente clavar sus ojos en los míos y mostrarme una seductora caída de parpados mientras mordía con deseo su labio inferior.— Me gusta como algunas partes de tu cuerpo reaccionan ante mí. —Terminó diciendo.

Nos quedamos callados mirándonos fijamente. Creo que quise comunicarme telepáticamente con ella para decirle lo que me provocaba, aunque creo que eso ya lo sabía. Por desgracia esos veinte minutos del café pasaron volando y nos tuvimos que ir a nuestros respectivos departamentos, pero antes Susana me lo dijo:

—A las tres espérame en la parte de atrás de la fábrica, no en la entrada principal, hoy me he traído el coche de mi madre y lo tengo aparcado allí.

A las tres de la tarde como un clavo estaba esperando en el coche de Susana. Quizás solo fueron diez minutos los que se demoró, pero para mí fue una eternidad, pensando que algo la había pasado y no podía salir. Cuando se abrió la puerta y la vi salir se me cayó en mentón al suelo, me quedé con la boca abierta y babeé ante la visión de esa hembra impresionante.

Susana se había cambiado de ropa. Llevaba un vestido estampado, entallado a su cuerpo y con una faldita plisada con vuelo por encima de medio muslo con un escote generoso y luciendo su impresionante busto libre de sujetador, el descaro de sus pezones así lo atestiguaban. Antes de llegar a mi altura se paró y de manera coqueta giró sobre si misma para que no me perdiese ningún detalle de ella.

Cuando se paró delante de mí, mi polla ya estaba mirando al cielo, era imposible no reaccionar así ante semejante mujer. Apoyó su cuerpo sobre el mío dejándome sentir su calor pasó sus brazos por mi cuello y me besó con pasión, beso que fue correspondido abrazándola con fuerza contra mí. Cuando nos faltó aire nos separamos y vi el brillo de los ojos de Susana:

—Anda mi amor, conduce tú que con estos taconazos es muy incómodo.

Sin decir nada agarré las llaves y abrí la puerta del acompañante para que ella se sentase. Esta lo hizo dejándome ver unas piernas blancas, suaves y brillantes. Cuando me senté en el sitio del conductor ella se giró ligeramente hacia mi dejándome ver el triangulito de su braguita:

—Susana estas preciosa.

—Me he puesto así para ti. Sabía que te iba a gustar.

—¿Dónde vamos? ¿Al mismo sitio de la semana pasada? —Pregunté.

—No, allí nos podemos encontrar con alguien del trabajo, vamos a otro sitio, yo te indico.

Iniciamos la marcha no siendo conscientes que nuestra pasión había tenido espectadores. Pensamos que ya no quedaba nadie en la fábrica, solo los de seguridad, pero Inma, desde una ventana en la parte superior del edificio vio todo, no gustándole el espectáculo que le ofrecimos, de eso me enteraría más adelante.

Susana me llevó a un restaurante muy acogedor y familiar. Ya había reservado y nos llevaron a una especie de reservado donde tendríamos algo de intimidad. Durante toda la comida no dejamos de prodigarnos en cariños y arrumacos, pero fue en los postres cuando Susana se levantó y fue al baño, para volver al poco con sus mejillas arreboladas, juntó su silla más a la mía y empezó a besarme de manera pasional.

Mis manos no supieron estarse quietas y empecé a acariciar sus piernas hasta meter mi mano derecha por debajo de su vestido y amasar su nalga izquierda. Ella me quitó la mano, pensé que ese gesto la había molestado, pero descruzando sus piernas llevó mi mano y la dejó entre sus muslos, abriéndolos ligeramente en clara invitación a que siguiese.

Inmediatamente mi dedo corazón recorrió su ya encharcada rajita, me dejó sorprendido, no llevaba braguitas, se las debió de quitar cuando fue al baño, estaba empapada, mojadísima, y cuando toqué su clítoris, gimió en mi boca y llevó una de sus manos a mi polla que para entonces estaba en su máximo esplendor, recorriéndola, sintiendo su dureza y su calor.

Los dos sabíamos que no podíamos seguir haciendo eso. Estábamos en un establecimiento público y en cualquier momento un camarero podría entrar para preguntar si necesitábamos o queríamos algo más y creo que sería muy violento, sobre todo para Susana el que nos «pillase» con las manos en la masa.

Pero me negaba a parar ese momento. Mi dedo corazón se metió dentro de ella, mientras que con mi pulgar seguía excitando su clítoris. Las caderas de Susana ya pedían más, empezaban a moverse de forma lujuriosa buscando su orgasmo, hasta que en un suspiro ahogado por mi boca, Susana cerró sus piernas de forma violenta dejando mi mano atrapada mientras su cuerpo se estremecía, presa de su éxtasis, y sus caderas se movían con fuertes espasmos.

Susana me miró agradecida, en su mirada vi mucho amor y cariño, volvió a besarme y bajando la cremallera de mi pantalón, saco mi polla y mis huevos, acariciándolos con delicadeza. Dejó de besarme y puso su vista en lo que estaba acariciando:

―¡¡DIOOOS MARIO, VAYA POLLÓN!! ―Susurró admirada.― ¡¡ESTO NO ME CABE!!

―Verás como si cielo, pero por favor deja de hacer esto, estamos en un restaurante y será muy violento si entra alguien. ―Dije excitado.

Susana me miró algo disgustada, aunque ella sabía que llevaba razón. Con algo de esfuerzo, logré meter dentro del pantalón mi polla, que se negaba a colaborar de lo dura que estaba. Vi la mirada de deseo de Susana y me moría por poder follármela, pero aunque me pidió tiempo, me lancé:

―Susana, vámonos a un hotel, pasemos la tarde juntos disfrutando de nosotros.

―No mi amor, te propongo algo mejor. Mis padres se han ido fuera de fin de semana, tenemos mi casa hasta el domingo por la tarde.

Cuando terminó de decirlo creo que nuestra cara habló por nosotros y poniéndonos en pie fuimos a pagar para salir rápidamente e irnos a casa de Susana. Cuando íbamos camino del coche, me fijé en la mancha de humedad de su vestido en la parte trasera. Al no llevar ropa interior y correrse como una burra como se corrió en el restaurante, debió de manchar hasta la tapicería de la silla.

No quise decirle nada. Solo me pegué a ella, para que no se viese tan indiscreta mancha. Cuando llegamos a su coche le abrí la puerta y ella se sentó pensé que calaría hasta el asiento del coche, pero ya se lo diría, no quería romper ese momento tan increíble que estábamos viviendo.

Según inicié la marcha, Susana posó su mano en mi polla y la acarició con lujuria, mientras juntaba sus piernas y las frotaba entre sí. Esta chica estaba más caliente que las calderas del infierno, pedía rabo a gritos y yo se lo iba a dar hasta que me pidiese que parase. Bajó la cremallera del pantalón de nuevo y metió su manita dentro empezando una suave paja.

―Se que te pedí tiempo, ―empezó a decir,― pero me he enamorado de ti de una forma irracional y ya no me basta con tus besos y tus caricias, quiero todo de ti, que me poseas, que me hagas tuya…Supe que mis padres se iban de fin de semana el miércoles pasado, y desde entonces no he parado de pensar como seria tenerte dentro de mí, llevo días que parezco una fuente, mojada a todas horas. ―Terminó diciendo.

Ante tanta sinceridad, con su mano metida dentro de mis pantalones y teniendo muy claros mis sentimientos, se lo dije de corazón:

―Susana te quiero, no te puedes hacer una idea de lo que te quiero.

Tardamos poco en llegar a su casa y cuando se cerró la puerta detrás de nosotros se desató nuestra pasión. Susana me dejó desnudo en un abrir y cerrar de ojos y yo solo la tuve que quitar su vestido, debajo de él iba completamente desnuda. No pude por menos que admirar su desnudez, su cuerpo perfecto, con unas tetas generosas, una cintura estrecha, unas caderas rotundas y unas piernas perfectas con unos muslos llenos, tersos y tonificados. Iba completamente depilada y el triangulito que formaba su pubis y sus ingles, dejaba a la vista un coñito exquisito.

Susana me miró con deseo, y bajó la vista viendo mi polla pegada a mi tripa y palpitando. Volvió a mirarme y pegó su cuerpo al mío dejándome sentir sus tetas y su calor mientras que una mano suya bajaba a mi polla y la acariciaba para después acariciar mis huevos con dulzura mientras devoraba mi boca. Cuando nos separamos me miró enfebrecida:

—Métemela, necesito sentirla dentro, follame. —Me pidió Susana con la voz quebrada.

Agarré con mi brazo una pierna suya, y allí en el salón, de pie, se la clavé hasta los huevos. Estaba tan lubricada que entró del tirón, sin dolor y sintiendo como abría su coñito:

—¡¡¡AHHHHHHH!!! MI AMOOOOR…QUE GUSTOOOOO…

Dejé mi verga dentro de su coño que parecía un horno. Bajé mi mano y agarré una nalga suya amasándola con gula y mi dedo índice se fue a su anito. Según lo sintió Susana, empezó a mover sus caderas:

—Mi amooor…fóllame el culito con tu dedo…

Estaba tan excitado, con mi polla bien clavada en su coñito y con Susana pidiéndome que la follase el culito con mi dedo, que noté que mi orgasmo empezaba a nacer y no quería correrme aun. Empecé a follarme a esa diosa con ganas, con fuertes golpes de cadera haciendo que mi rabo golpease su útero, mientras mi dedo se clavaba hasta el nudillo en su anito y mi mano agarraba su nalga con fuerza para que aguantase mis embestidas.

—Mariooooo…me corrooooooh…que ricoooooo…no pareeees.—Gimió Susana empezando a correrse como una burra.

Notaba las contracciones de su coñito en mi verga y eso hizo que se desatase mi orgasmo. No estábamos utilizando preservativo y no sabía si ella quería que me corriera dentro. Así que con un esfuerzo sobrehumano y con disgusto, me salí de su interior empezando a correrme salvajemente en su tripita. Cuando Susana lo notó casi lo gritó:

—¡¡¡NO TE SALGAS…NOOOooooo…Ahora noooo!!! —Dijo Susana disgustada.

Mi polla era un surtidor y no terminaba de echar semen, embarrando su pubis, su tripa y mi balano. Para cuando terminé y nos tranquilizamos solté su pierna y liberé su anito de mi dedo. Nos quedamos los dos de pie, recuperando nuestra respiración y muy abrazados.

—¿Por qué te has salido mi amor? Te quería dentro de mí.

—Cariño, ¿eras consciente que lo hacíamos a pelo?…Era una locura.

—Mi amor, como te dije quiero todo de ti, TODO, quiero sentir como me llenas con tus corridas, me cuido, no temas.

Eso era una carta blanca para que me corriera dentro de ella las veces que quisiera. La besé con amor, con pasión, con deseo y ella correspondió a ese beso con intensidad. Cuando nos encontramos saciados me miró con cariño y separándose de mi agarró mi mano:

—Vamos a la ducha cielo. —Dijo tirando de mí.

La ducha fue lo más erótico y seductor. Nos lavamos el uno al otro sin utilizar la esponja y me pude recrear en el perfecto cuerpo de esa niña. Mis manos retozaron en sus tetas excitándolas hasta que mis labios y mi boca se adueñaron de ellas. Mis dedos encendieron su cuerpo nuevamente cuando jugaron en su coñito y su anito, sus gemidos me volvían loco de deseo.

Ya en la ducha se arrodilló y admiró mi polla pajeándola suavemente mientras que con su otra mano amasaba mis huevos con cariño. Tardó nada y menos en besar mi capullo, para seguidamente meterse más de la mitad de mi balano en su boquita y empezar una mamada de locura que me hizo poner los ojos en blanco. A ese ritmo no tardaría en correrme de nuevo y se lo dije:

—Dioooos Susana, como sigas así me voy a correr en nada.

—Casi mejor vámonos a mi cama, como sigamos aquí vamos a salir arrugados como garbanzos. —Dijo Susana riendo y saliendo de la ducha.

Nos secamos mutuamente, sin dejar escapar nuestra excitación. Susana me llevó a su habitación donde una cama de matrimonio nos esperaba. Me tumbó y me miró con deseo:

—Amor, dame un minuto, ahora mismo vengo.

—¿Dónde vas? —Pregunté sorprendido.

—Necesito ir al baño. No tardo nada.

Aunque eso quitó algo de pasión al momento, fue efímero. Al poco volvía Susana sonriente y dejó algo en la mesilla que en principio no logré ver que es lo que era, pero que más adelante supe que era gel lubricante, para reventar ese culito que me tenía loco.

Se puso de espaldas a mí, paso una pierna por mi cabeza y se abrió bien para que mi boca campase a sus anchas en ese coñito, rosadito, lampiño y precioso. La vista desde esa perspectiva era de locura. Mi boca y mi lengua se dedicaron a comerse ese manjar, iba de su clítoris a su anito, chupando, absorbiendo, comiendo sus labios sin mesura, mientras Susana me comía la polla con gula y gemía como una puta hasta que suspirando desesperadamente se corrió en mi boca.

—¡¡¡Ahhhhhh!!! Dioooos…para Mario…Paraaaaa. —Me pidió Susana, separándose de mí y tumbándose boca arriba agotada.

Se que en esos momentos Susana estaba muy sensible. Una mano suya acariciaba su coñito con mimo, intentando alargar ese orgasmo que le había provocado. Estaba bien abierta de piernas y no me lo pensé, era demasiado tentador, me puse encima de ella y se la metí hasta los huevos.

—¡¡¡AHHHHHHHH…MI AMOOOOOR, QUE RICOOOOOOO…FOLLAMEEEEEEE!!!

—No pienso dejar de hacerlo…nunca…te deseo.—Dije en su oído mientras barrenaba su coñito con saña.

Susana se entregó a mi como nunca había visto en una mujer. La hice alcanzar dos orgasmos devastadores hasta que mi aguante se quebró y llené su útero de mi corrida, acción que llevó a Susana a correrse de nuevo, quedando los dos en un limbo de placer.

—Te quiero mi amor…te amo taaaanto.—Susurró Susana en mi oído mientras su vagina exprimía mi balano.

Puede parecer una ñoñería, algo baladí, pero no, era lo que sentía desde que conocí a Susana y se lo confesé con mi polla enterrada hasta los huevos en su coñito:

—Te amo mi amor, eres mi sueño hecho realidad.

No sé si lo habéis experimentado, espero que si porque es una pasada, el confesarle vuestro amor a una mujer, sin cortapisas y que sea un amor correspondido. Ver cuando se lo confiesas su carita de sorpresa al no esperarse esa confesión y tomar consciencia de que lo que habéis hecho es un acto de amor, no es un polvo.

Susana me llenó de besos, me besó hasta en el alma, seguía dentro de ella, conectados íntimamente, siendo parte el uno del otro. No quiso que me saliese de su interior mientras sus piernas y sus brazos me ceñían a ella, pero la naturaleza es imparable y mi verga perdió su dureza y terminó por reducirse a la mínima expresión. Bueno, era lógico, habían sido dos folladas impresionantes y me hacía falta recuperarme, y así lo entendió Susana.

Me salí de su interior. Fue morboso ver como mi corrida salía de su coñito y caía entre sus nalgas mojando las sábanas. Me tumbé a su lado e inmediatamente Susana se abrazó a mí, dejándome sentir su calor y su cariño.

—He soñado esto muchas noches. Pero la realidad supera con mucho mis sueños. —Me confesó.

Me limité a besarla y demostrarle mi cariño. Había un fin de semana por delante y quería demostrarle que ella era importante, muy importante para mí. Habían sido semanas y semanas de «tanteo» de ver cuáles eran nuestras intenciones y si deseábamos ir más allá de un simple polvo.

Fue un fin de semana increíble. Susana me obsequió con un sexo extraordinario. La follé y la hice el amor. La follé salvajemente cuando se puso en cuatro y con sus manitas me ofreció su anito separando sus nalgas. Y le hice el amor cuando de madrugada me despertaba una sensación indescriptible de su manita acariciando mis huevos con mimo y chupando mi polla con deleite.

Luego estaba su sensualidad, su manera de comportarse y de vestirse cuando íbamos a preparar la cena, por ejemplo. Lo podríamos haber hecho desnudos, pero ella prefirió ponerse una braguita que sin ser tanga dejaban mucho a la vista y su culito se comía la tela sin problema. Y una camiseta corta, que dejaba su ombliguito a la vista y marcaba unas tetas fabulosas.

Yo estaba ayudándola, tenía mi ropa interior puesta, pero era mirarla, y mi polla se llenaba de sangre saliéndose por el elástico del bóxer. Me acercaba a ella por detrás y me refregaba contra su culito metiendo mis manos por debajo de su camiseta y excitando los pezones de esas poderosas tetas.

Fue inevitable follármela en la cocina, en el salón, en la ducha y hasta en la cama de sus padres, Susana nunca me dijo que parase, al contrario, me pedía más y más. Fueron dos días de sexo constante solo interrumpido para reponer fuerzas y lo confieso abiertamente, me enamoré de Susana como nunca antes lo había hecho con ninguna otra mujer.

El domingo por la tarde después de comer y follar de nuevo, recogimos todo y cambiamos las sábanas de su cama, manchadas de la infinidad de corridas suyas y mías y dejando la casa como nos la encontramos cuando llegamos. Nos fuimos como dos enamorados a dar una vuelta y ya por la noche la despedida fue triste aunque nos íbamos a ver a las pocas horas. Habían sido dos días muy intensos.

A raíz de esto, Susana y yo empezamos una relación que no pasó desapercibida para nadie de nuestro entorno de trabajo. Aunque lo quisimos guardar para nosotros era evidente que a todas horas estábamos juntos y en más de una ocasión algún compañero nos «pilló» en pleno morreo pasional y con mis manos amasando el culito de Susana.

Lógicamente los rumores pronto llegaron a oídos de Inma, que no tenía dudas de esa relación ya que ella vio en su momento como Susana y yo nos besábamos en la parte trasera de la fábrica. No tendría que haber problema, de hecho en esa fábrica se habían formado parejas que terminarían en matrimonio. Es natural en un sitio donde mujeres y hombres conviven y trabajan que haya este tipo de relaciones, escarceos, incluso infidelidades si la empresa no se opone a esas relaciones personales.

Pero sin yo saberlo, Inma estaba rabiosa. Desde nuestra bronca y posterior charla con su padre ni nos hablábamos, pero para Inma yo era suyo, me quería para ella y ahora estaba viendo que Susana se había metido en medio y me estaba… ¿perdiendo?

Un día como otro cualquiera, apareció Susana por el almacén, pero en vez de venir con una sonrisa de oreja a oreja, venía muy seria y con tristeza me lo dijo:

—Mi amor, Inma quiere verte en su despacho.

—¿Y qué quiere esa zorra ahora? —Pregunté malhumorado.

—No lo sé cariño, pero no me gusta que te quedes a solas con esa puta. —Me confesó Susana.

—Bueno, veamos que se le ha ocurrido ahora a la señorita. —Dije dejando lo que estaba haciendo.

Susana llamó a la puerta del despacho de Inma y desde dentro se escuchó su voz —adelante.— Mi chica abrió la puerta y se metió dentro:

—Inma, Mario espera fuera.

—Hazle pasar y déjanos a solas, necesito algo de él. —Dijo Inma con maldad.

La mirada de Susana me lo dijo todo. Vi sus ojos a punto de desbordarse y se lo susurré para tranquilizarla:

—No temas mi amor. Aquí no va a pasar nada.

Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a la mesa de Inma, que me miraba sonriente:

—Inma, tu dirás, ¿para qué querías verme? —Dije de forma seca, cortante y mirando mi teléfono móvil.

—¿Qué miras en tu teléfono? ¿Esperas alguna llamada? —Preguntó Inma con curiosidad.

—No, miraba la hora, tengo mucho que hacer y no puedo perder el tiempo. —Mentí descaradamente, había puesto a funcionar la grabadora.

No sé por qué, intuía que en ese despacho se dirían cosas que serían de interés, y mejor dejarlas grabadas.

—Bien Mario, no te voy a mentir, te echo mucho de menos. Se cómo me he portado contigo y estoy muy avergonzada, pero te quiero y no quiero perderte, no quiero perder lo nuestro.

—Verás Inma, haberlo pensado antes de humillarme como lo hiciste y de aguantar encima las amenazas de tu padre. De todas formas ahora estoy en una relación con una chica maravillosa y no pienso engañarla, tuviste tu momento, pero ahora eso pasó.

—¿A quién te refieres? ¿A esa putilla de tres al cuarto de Susana? —Preguntó Inma con ironía.

—Esa «putilla» como tú la llamas es mil veces más mujer que tú y por lo menos lo que promete lo cumple, cosa que tu no haces, ni harás, y por favor, si te refieres a ella, hazlo con respeto, es tu subordinada.

—De verdad Mario, eres un ignorante, ¿por qué follarte a la «payasa» cuando puedes follarte a la dueña del circo? —Dijo Inma con soberbia.

Al terminar de decir esto apoyó sus pies en su mesa y abriéndose de piernas me mostró su coñito lampiño y brillante. La muy cabrona no llevaba bragas o se las había quitado antes de que yo subiese. Me dio igual, me pareció una jugarreta por su parte.

—Vamos mi amor, ven aquí y fóllame como tú sabes, lo estoy deseando.

—Ni en el mejor de tus sueños Inma. Aquí se acaba esta conversación. —Dije molesto.

—Te lo advierto Mario, o me follas ahora mismo, o tu vida y la de esa puta va a ser un infierno, te lo aseguro.

—¿Me amenazas Inma?

—Por supuesto que te amenazo, sabes que tengo una posición de poder y os voy a joder vuestra vida y esa bonita historia de amor. —Dijo con burla e ironía.— Tu eres mío y de nadie más y lo que quiero, lo consigo, o por las buenas o por las malas. —Dijo rabiosa.

—Pues de ni una manera ni de otra. —Respondí dándome la vuelta para salir de ese despacho.

—Mario, te lo juro, sal por esa puerta y te arrepentirás. Dijo Inma poniéndose en pie, roja de la rabia.

—Tú sí que te vas a arrepentir. —Dije mostrándole mi teléfono móvil.

—¿QUE? —Exclamó Inma horrorizada.

—Toda esta conversación está grabada. Creo que no eres consciente del lio en el que te acabas de meter. —Respondí eufórico.

Lo primero que escuché fue un —¡¡¡CABRÓN, DAME ESE TELEFONO!!!— seguido de una grapadora volando hacia mi cabeza, grapadora que esquivé y que impactó en una de las persianas de los ventanales de ese despacho, rompiendo el cristal.

Sali de ahí esquivando todo lo que me tiraba, pero riéndome de la situación. Susana me esperaba a la salida, asustada, aunque cuando vio mi cara de triunfo se abrazó a mi besándome con pasión. Ese gesto, terminó por descubrir ante toda la oficina de administración que Susi y yo teníamos una relación.

Esa misma tarde, cuando salimos de trabajar, y después de que Susana escuchase dos veces la grabación y prometiese querer despellejar a esa zorra, fuimos a un abogado y le planteamos la situación.

—A ver chicos, no os voy a engañar, si decidís denunciar tenéis todas las de ganar con esa grabación, y os aseguro que puede haber mucho dinero en juego.

—¿De cuánto dinero estamos hablando? —Pregunté interesado.

—Depende de muchos factores, pero bien llevado, quizás estemos hablando de medio millón de euros. Ojo, es solo una estimación, que quizás puede ser más o menos, aquí hay amenazas, abuso de poder y sexo, vaya coctel. —Terminó diciendo el abogado.— ¡Ah! Antes de iros, Susana, sé que quieres desquitarte con tu jefa, pero una agresión física, sería muy perjudicial para vosotros.

Con este último consejo salimos del despacho de ese abogado. En mi cabeza solo echaba números y calculaba una cifra. Llevaba meses pensando en montar un negocio, ser mi propio jefe e intentar crecer como persona y como empresario.

El negocio pensado estaba enfocado a la construcción y reparación de bicicletas y patines eléctricos. Había mucho potencial y en un estudio de mercado que hice por mi cuenta, vi que sería factible hacerme un hueco en ese mercado en expansión, pero el problema era el dinero.

Tenía más que claro que en esa fábrica no iba a aguantar mucho más. Llevaba ya un par de años y realmente lo único que me ataba a ese lugar era Susana, pero el trabajo que hacía era detestable, aunque de momento era lo que tenía, y más o menos ganaba para sobrevivir y pagarme algunos gastos, pero para mí no era suficiente, quería mucho más, de hecho, era algo que revoloteaba en mi cabeza y con el incidente de Inma quizás sacase el dinero que me hacía falta para empezar.

Por supuesto conté a Susana los planes que tenía, sé que no le hizo gracia que dejase mi puesto de trabajo y no poder verme todos los días en cualquier momento, o si nos daba un calentón encontrarnos en un remoto cuartucho que habíamos descubierto en esa fábrica y follar como animales hasta que alcanzábamos nuestro orgasmo, pero entendió perfectamente mis sueños y mis metas y no dudó en apoyarme.

Fue inevitable que pasados un par de días, en los que Inma no apareció por su puesto de trabajo, su padre me llamase a su despacho. Sabía de sobra lo que allí se iba a hablar y estaba dispuesto a escuchar una cifra. Como no sabía lo que Inma había confesado de los hechos que ocurrieron en su despacho, grabé el archivo de audio en un pendrive que llevaba siempre encima por si ocurría algo. Esa mañana Susana bajó a mi lugar de trabajo y cuando vi su gesto supe que el jefe del mundo mundial quería verme.

—Hola mi amor, —le saludé— veo por tu gesto que ya ha llegado el momento.

—Si mi vida, el «boss» quiere verte, y no está de muy buen humor. —Confesó.

—Bueno, terminemos con esto cuanto antes. Tu primero. —Dije cediéndola el paso para poder admirar ese culazo que tenía enfundado en esos pantalones hiperajustados.

Susana me dejó frente a la puerta del padre de Inma y me deseó suerte. Yo como era habitual en mí, llamé con los nudillos y no esperé el típico —«adelante» — simple y llanamente entré dentro cerrando la puerta tras de mí.

—Buenos días, me han dicho que quería verme.

—Si, haz el favor de sentarte. —Respondió sin ni siquiera mirarme.

—Prefiero quedarme de pie, esta conversación va a ser muy corta.

—Hijo… —dijo haciendo una pausa,— creo que no eres consciente del lio en el que estás metido. Mi hija está en estado de shock y está pensando seriamente en denunciarte por acoso y si no lo ha hecho ya es por el cariño que te tiene. Mi hija no sabe que estoy hablando contigo, de hecho me ha pedido que no me meta, pero creo que te has pasado, quiero que recojas tus cosas y te vayas de mi empresa, aquí no quiero violadores, ya tienes preparado el finiquito.

—Exactamente… ¿Qué le ha contado su hija? —Pregunté con una sonrisa en mi cara.

—Que entraste en su despacho y quisiste violarla.

—Verá, su hija ordenó a Susana que me fuese a buscar, y si realmente quiere saber lo que ocurrió en ese despacho escuche usted esta grabación que hice sabiendo que su hija intentaría joderme.

Le di el pendrive y él lo miró con desconfianza, pero no dudó en conectarlo a su portátil y escuchar la prueba de que su hija era una zorra de cuidado y una manipuladora. No pude dejar de ver la cara de estupor de su padre, escuchando a su impoluta hija ofreciéndose a mi para que la follase en su despacho y casi gritando las amenazas que profirió cuando la rechacé.

Para cuando terminó la reproducción de dicha grabación y mirándome con una sonrisa cínica, ese padre sorprendido al saber lo golfa que era su hija, abrió un cajón y sacando unas tenazas de corte de PVC partió por la mitad el pendrive que le había dejado tirándolo encima de la mesa y mostrando una sonrisa de superioridad.

—Bien, yo no he escuchado nada, y sin pruebas que vas a demostrar tú, muerto de hambre, ¡eh! ¡¡DIMELO!! —Gritó ese hombre nerviosamente.

—No sé si usted es consciente de que esa grabación era solo una copia de las cuatro que están en mi poder, una de ellas en manos de un abogado y, o llegamos a un acuerdo, o esta misma tarde denuncio a su hija y su puta fabrica…¡¡¡LE QUEDA CLARO!!! —Grité yo en su cara apoyándome en su mesa.

—Bueno, bueno, vamos a tranquilizarnos, quizás me haya pasado y te pido disculpas, sabes que para un padre una hija es como un tesoro y quizás haya estado un poco ciego con ella y no haya sabido valorarte. —Hizo una pausa larga intentando evaluar la situación, hasta que rompió el silencio.— Te ofrezco lo que te prometió mi hija y el doble de sueldo, te aseguro que no te arrepentirás y vas a vivir muy bien, y bueno…si quieres a mi hija, pues eso, estaría dispuesto a tenerte como yerno.

Me eché a reír, lo siento pero este ser era patético, tan patético como su caprichosa hija. En serio, no sé cómo esa fábrica generaba tantos beneficios con una cúpula de poder tan limitada y carente de iniciativa.

—Creo que no me ha escuchado, —dije con tranquilidad,— no quiero permanecer más de lo estrictamente necesario en esta fábrica, creo que ya he cumplido con creces mi cometido y usted ni se ha replanteado valorarme como me merezco. No quiero su caridad, ahora solo quiero que me ofrezca una suma por no denunciar a su hija y perderle de vista a usted, a su hija y a su fábrica. ¿Le ha quedado claro ahora?

—Bueno, no te creas que tienes la sartén por el mango, tengo un bufete de abogados que no van a dudar en destrozarte y dejarte sin futuro, de eso me encargo yo. Te doy diez mil euros y nos olvidamos de todo, ahora eso sí, te vas de esta fábrica con el rabo entre las piernas y una disculpa pública a mi hija, que todos sepan la clase de tipo que eres.

—Muy bien, usted lo ha querido, quería llegar a un acuerdo amistoso, pero no me deja alternativa. Quiero cuatrocientos mil euros y tiene hasta las cinco de la tarde para aceptar mi oferta, si para entonces no se ha puesto en contacto conmigo, le diré a mi abogado que interponga la denuncia. Buenas tardes.

Me di la vuelta y me dirigí hacia la puerta de salida, antes de llegar, me giré y con una sonrisa miré a ese infra ser mientras movía mi teléfono móvil.

—Por cierto esta conversación también se ha grabado.

No le dejé que replicase a mi último comentario. Me limité a salir, a buscar con la mirada a Susana y cuando la encontré, la sonreí para que se tranquilizase volviendo a mi puesto de trabajo. Ese día no ocurrió nada más y por la tarde a las cinco no había obtenido ninguna respuesta a mi «oferta». Esperé a Susana y cuando nos encontramos nos fuimos al abogado a formalizar la denuncia.

Como es de suponer, temimos, tanto Susana como yo, que tomasen represalias y nos hiciesen la vida imposible, pero ver a nuestro abogado al día siguiente entrar en el despacho del jefe y salir al poco con una gran sonrisa nos tranquilizó.

A Inma no la volvimos a ver hasta pasada una semana, y cuando la vimos ni se dirigió a nosotros. Se limitó a meterse en su despacho y no salir de el en todo el día. Nuestro abogado nos dijo que Inma había recibido su denuncia y que hablando con ella le aconsejó que sería muy conveniente que no sufriésemos acoso en el trabajo.

Pero ocurrió algo curioso. A los dos días estando recepcionando el cargamento de un camión, vi como un taxi se paraba en la puerta de la fábrica y de él se bajaba Alberto impecablemente vestido con su traje de los domingos.

La curiosidad me pudo, más que nada porque no entendía muy bien que es lo que hacía allí. Me dirigí hacia él y le paré, estaba algo perdido.

—¡¡Alberto!! ¿Tú por aquí? ¿Qué se te ha perdido en este sitio? —Dije dándole un abrazo. Hacía semanas que no nos veíamos.

—Pues no sé. Ayer estaba en casa y me llamó Inma, estuvimos charlando un rato y me dijo que me invitaba a comer para hablarme de no sé qué.

—Ten cuidado Alberto, Inma esta rabiosa y puede hacerte mucho daño.

—¡¡Hola cielo!! ¿Nos vamos? —Sonó la inconfundible voz de Inma a mis espaldas.

Pasó a mi lado y me miró con desprecio. Se agarró del brazo de Alberto y se fueron hacia su flamante mercedes rojo mientras reían por algún comentario que hizo Inma.

—Será estúpida. —Pensé para mí.

Estaba claro lo que Inma pretendía, ¿darme celos? Me quedé sorprendido de su falta de madurez y ya al día siguiente una llamada de Alberto me lo confirmó.

—Joder Mario que tía, que manera de follar, me dejó más seco que la mojama y ya por la noche antes de irme a mi casa me dejó follarle el culo…uffff, ha sido impresionante, de verdad. No entiendo como has rechazado a semejante mujer.

—Ya, lo entiendo. Solo déjame hacerte una pregunta Alberto, ¿Inma te dijo que me lo contases?

—Bueno, no sé, ella me dijo que si me preguntabas, te dijese la verdad. Espero que no te haya molestado, según me dijiste, entre ella y tú no había nada, solo sexo.

—No, no me molesta, solo me sorprende que no te hayas dado cuenta de cómo te ha manejado.

—¿Manejado? ¿A mí? Creo que te confundes, esta tarde hemos vuelto a quedar y volveremos a follar, te lo aseguro. —Aseveró Alberto.

—Bueno, será como tú dices. Solo ten cuidado, ¿vale?. —Le aconsejé.

Como era de esperar, no hubo más momentos, ni más quedadas ni mucho menos más folladas con Inma. Alberto avergonzado no le quedó más remedio que reconocer que Inma le había manejado, engañado y que por no haber, ni habían follado, todo había sido una gran mentira urdida por Inma.

Para él fue humillante que Carla se enterase de todo. Una tarde quedamos los cuatro, Alberto, Carla, Susana y yo y nos fuimos a intentar levantar el ánimo de este muchacho que según veía una mujer se transformaba en un sátiro.

Si algo saqué en claro de esa tarde es que Alberto no paró de flirtear con Susana descaradamente, delante de mí, y que Susana mosqueada, me dijo que Carla no le gustaba porque me miraba con demasiada «intensidad». Si, fue una tarde un poquitín desastrosa en la que no sacamos de su depresión a Alberto y todos nos retiramos demasiado temprano, algo molestos con la situación creada.

Debido a esto, los encuentros con Alberto y Carla se alargaron más en el tiempo ya que Susana ocupaba todo mi tiempo libre. Solo cuando por alguna razón no podíamos quedar ella y yo, llamaba a Alberto para tomar algo y Carla siempre se apuntaba. Ellos sabían mis planes de futuro y mi denuncia sobre Inma por el incidente en su despacho y esperaban que todo se solucionase pronto a mi favor.

Hasta que se celebró el juicio, tengo que reconocer que aunque el ambiente era tenso, mientras cumpliésemos con nuestro trabajo, nadie nos molestó. Susana y yo hicimos nuestra vida dentro y fuera de esa fábrica y ya empezábamos a hacer planes de futuro. Tanto ella como yo conocimos a nuestros respectivos progenitores y la impresión de ambos fue muy positiva. Vaya, que nos convertimos en la típica pareja que en un futuro no muy lejano, se casaría o arrejuntaría, tendrían hijos y fundarían una familia. Lo único que echaba de menos era no poder follar con ella cuando nos daba el calentón, pero por suerte tanto sus padres como los míos se ausentaban muchos fines de semana, fines de semana que aprovechábamos y no salíamos de casa hasta que caíamos agotados de follar.

Para no alargar mucho más esto diré que para cuando se celebró el juicio, nuestro abogado escarbó e indagó mucho sobre la vida y milagros de Inma y su padre. Hasta esa relación, por llamarla de alguna manera, que tuvimos Inma y yo la utilizó en su contra.

Algunos empleados de la fábrica, los que estaban a punto de jubilarse, testificaron contra ellos y su abusiva manera de imponer su voluntad y algunos empresarios que firmaron contratos con Inma, testificaron y alegaron que Inma les invitaba a una habitación de hotel donde follaban hasta que una vez consumado el acto, Inma les coaccionaba alegando que o firmaban, o denunciaría por violación amenazándoles con una supuesta grabación.

Ese juicio marcó un antes y un después en la relación padre/hija y en el futuro de esa fábrica. Solo diré que Inma tuvo que vender su flamante mercedes y su precioso ático para poder pagar la suma que impuso el juez en la sentencia y aun así su padre tuvo que poner más dinero. Inma fue despedida y tuvo que volver a vivir en casa de sus padres y creo que la convivencia sería más que complicada.

Aunque los abogados de ese flamante bufete recurrieron la sentencia, al final no les quedó más remedio que pagar. A mí me despidieron por falta de productividad, pero les denuncié de nuevo y en el acto de conciliación llegamos a un acuerdo económico y terminé mi relación con esa pesadilla de fábrica, por nada del mundo volvería allí.

Se que a Susana le entristeció mucho esto. De hecho el primer día en el que no fui a trabajar me llamó desde la sala de descanso y fue inevitable que se le saltasen las lágrimas alegando que ese sitio sin mí ya no era igual y sus días se le harían eternos hasta que nos pudiésemos ver de nuevo.

Si, ahora mirándolo con perspectiva, el hecho de que yo dejase esa fábrica y me dedicase a montar mi negocio, también marcó un antes y un después en nuestra relación. Creo que todos somos conscientes de que tener un negocio propio requiere mucho esfuerzo y sacrificio. Hasta que despega, hasta que ves que empieza a funcionar y genera beneficios, son veinticuatro horas al día, siete días a la semana y trescientos sesenta y cinco días al año. Eso provocó que la relación entre Susana y yo se enfriase. Ya no había pasión y aunque quería sacar tiempo para nosotros muchas veces me era imposible.

Otro hecho llegó para empeorar las cosas. Al año y medio más o menos de montar mi negocio, a Susana la despidieron también, aunque a ella sí que la indemnizaron en condiciones y no se llegó a juicio. Eso la sumió en una depresión y ahí sí que me asusté. Amaba con locura a Susana y para nada quería verla sufrir. Me volqué con ella e intenté que recuperase su buen humor. Aunque se tomó un mes sabático, me pidió si sería posible el que trabajase en el negocio que había montado. Pasado algo más de un mes Susana pasó a ser parte de la plantilla de mi negocio.

Pero eso no fue una buena idea. No lo he comentado, pero Alberto cuando se enteró de que por fin abría mi negocio quiso entrar como socio aportando cincuenta mil euros. Él no sabía cuánto habíamos sacado en el juicio contra Inma, pero la verdad es que su dinero no me hacía falta, pero si me hacía falta un ingeniero, así que, con alguna reticencia por mi parte, acepté su propuesta de entrar como socio.

Como he dicho, que Susana trabajase en el negocio que había montado no fue buena idea. Susana tenía una manera de vestir que sin ser provocativa era muy sensual. Pantalones muy ajustados, falditas muy cortas, tops o camisas muy ajustadas marcando su exuberante pecho… Tenía un cuerpo muy bonito y como mujer joven y coqueta, le gustaba sentirse admirada y deseada. Yo estaba acostumbrado a su manera de vestir, vaya, fue una de las cosas que me cautivó de ella, pero el acoso al que se vio sometida por Alberto fue enfermizo, y eso hizo que nuestra relación ya tocada desde que monté mi negocio, se resintiese aún más.

Alberto empezó a ser como un grano molesto en el culo. Hacía que los días fuesen un martirio, viendo como intentaba, sin conseguirlo, enrollarse con mi novia. Me enfrenté varias veces con él, y esa sonrisa burlona, y sus respuestas, fuera de todo lugar, hicieron que el ambiente de trabajo fuese muy desagradable, hasta que Susana, consciente de que esa situación la provocaba ella, tomó la decisión de desaparecer de mi empresa y estudiar para prepararse unas oposiciones a la administración pública.

Eso de alguna manera relajó algo el ambiente de trabajo, pero la relación entre Susana y yo estaba muy tocada, lo mismo que la relación con mi «socio» que parecía que el que Susana hubiese abandonado la empresa fuese algo que a él le traía sin cuidado, sabiendo que fue una de las causas. Hasta Cárol, que se pasaba por mi empresa y conocía toda la historia, se mostraba escandalizada por el comportamiento de Alberto, aunque no le sorprendió ya que lo conocía bastante bien.

Luego llegó la pandemia y el confinamiento para terminar de rematar la situación. A ver, el negocio ya daba beneficios y teníamos más demanda de la que podíamos asumir. Tuvimos un bajón en ventas asumible y previsible, pero supe gestionarlo y salimos airosos de ese mal momento.

Pero mi relación con Susana no mejoró, al contrario fue a peor. Estaba desquiciada conmigo, muy rara, pero uno piensa que todas las relaciones tienen altibajos, rachas buenas y no tan buenas, y desde que la despidieron de la fábrica de plásticos su humor había cambiado, ya no era la misma y el hecho de que trabajásemos juntos de nuevo no mejoró mucho la situación.

Una vez terminado el confinamiento, poco a poco volvimos a retomar nuestra actividad normal y el negocio empezó de nuevo a generar beneficios. Pero desde hacía unas semanas no me cuadraban algunas cajas, no era mucho dinero pero si era algo recurrente por lo que decidí revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad al doble de velocidad ya que eran muchas horas y días que revisar pero me centré en las horas de cierre de turno y encontré algo que mis ojos no olvidarán nunca.

Susana y Alberto dándose el lote cuando mi negocio ya estaba cerrado y no quedaba nadie. No podía creerlo pero la imagen lógicamente no dejaba lugar a dudas. Me armé de fuerzas y valor, ya que como dije al principio me considero un hombre con frialdad y temple para momentos duros que te depara la vida, pero esto era demasiado para mí.

Entre lágrimas me puse a revisar las últimas semanas de grabación y no hizo falta irme muy lejos ya que por desgracia para mí tuve que presenciar algo que jamás borrará mi mente, Alberto embistiendo a Susana no se si por el culo o por el coño, sin preservativo y con Susana consintiendo que se corriese en su interior.

Mantuvieron sexo, como era de esperar, en todas las posturas y sin que Susana se negase a nada, hasta que quedaron saciados en uno de esos encuentros en mi negocio, donde me he dejado mi ilusión, esfuerzos y economía, estaba totalmente roto por dentro, porque esto no solo significaba un traición amorosa y de amistad, sino algo mucho mayor, ya que mi ilusión era formar una familia con Susana gracias a qué el negocio por fin daba unos generosos beneficios para ello y ante nosotros se abría un horizonte lleno de posibilidades.

Por suerte para mí, Susana y yo no vivíamos juntos. Ella seguía viviendo con sus padres y yo pensando en un futuro con ella, había comprado una casa y me había independizado. Eso facilitaba las cosas. Para mí, no valía la pena destapar el engaño, al menos de momento, aunque no creo que lo hiciese ya que a mí no me aportaría nada positivo. Tardé muy poco en cortar mi relación con Susana aludiendo perdida de ambición en su persona, ahora vive del paro y se supone, preparando unas oposiciones.

Lo realmente duro iba a ser como ocuparme del negocio que tenía a medias con Alberto, la persona que me ha traicionado. Ganas de romperle la cara no me faltaban, pero teniendo un negocio eso acabaría perjudicándome y no quiero perjuicios económicos para mí después de todo esto.

Eso era algo que estaba debatiendo, el negocio funcionaba «solo» y me daba para vivir sobradamente pero no se sostenía el mantenerlo con esta persona que me había traicionado, así que se avecinaban unos días, semanas, en los que pensar si proponer comprar su parte o que el comprase la mía y montarme otro negocio que tenía pensado y con el que empezar de cero con ilusiones renovadas.

Sería ridículo pensar que esto no me había afectado. Me había dejado hecho polvo, pero la vida continua y si de algo estoy orgulloso es de tener unos valores con los que puedo decir bien alto, NO SOY, NI JAMAS SERÉ COMO ELLOS. Así que no van a hundir mi felicidad dos personas que no cumplen con lo que me enseñaron mis padres, ser buena persona.

En cuanto a Susana, a los dos días de conocer este hecho quedé con ella para terminar con lo nuestro. Me puso mil impedimentos para no quedar aludiendo lo mucho que tenía que estudiar…ya, estudiar, y a regañadientes y de mal humor aceptó verme esa tarde fuera de mi trabajo, no quería que Alberto estuviese presente.

Esa tarde, sentado en una terraza, vi venir a Susana tan guapa como siempre, haciendo que los hombres se diesen la vuelta para admirar su perfecto cuerpo. Cuando me vio puso un gesto de desagrado y se acercó a donde estaba sentado. La verdad es que ni me levanté para saludarla, pero ella no hizo el más mínimo amago de intentar saludarme, aunque solo fuese darme un beso en la mejilla.

—¿Quieres tomar algo? —Le pregunté

—Una coca cola zero. —Respondió de forma fría y seca.

Hice el pedido al camarero, y cuando se fue se lo pregunté:

—Bueno, cuéntame, hace casi dos semanas que no te veo, ¿Cómo te van las cosas? —Pregunté animosamente.

—Mira Mario, agradezco tu interés, pero lo que menos me hace falta ahora es que estes encima de mi agobiándome. Necesito libertad, encontrarme a mí misma nuevamente, aprobar estas oposiciones y ordenar mi vida, ¿te queda claro? ¿Y ahora dime, para que querías verme? —Dijo malhumorada y vehemente.

En mi cabeza estaban todavía las imágenes de Susana follando con Alberto, entregándose a él con fogosidad, besándole como hacía tiempo no me besaba a mí. Intenté que no se notase mi cólera, mantener la cabeza fría y ser lo más educado posible pero lo que le iba a decir lo diría para hacerle el mayor daño posible.

Creo que hice el papel de mi vida diciéndole que lo sentía mucho que se merecía a alguien que la quisiera tal y como es y que yo ahora mismo había perdido el amor por ella debido a su falta de interés, de ambición y su poca madurez, con lo que no la veía aún capacitada para formar una familia, y que debido a esto había decidido terminar con lo nuestro.

—¿Q…que estás diciendo, Mario? —Preguntó Susana asustada.

—Lo has oído perfectamente querida, que tienes toda la libertad del mundo, para encontrarte a ti misma, aprobar tus oposiciones y ordenar tu vida a tu antojo…pero sin mí.

—Pe…pero yo…yo te quiero. —Sollozó Susana.

—Ya, pero yo no, hace tiempo dejé de hacerlo. —Dije con inquina.

—¡¡ERES UN HIJO DE PUTA!! —Casi gritó Susana.— Ahora, cuando peor estoy, cuando más te necesito…¡¡ME DEJAS TIRADA COMO UNA VULGAR PUTA!! —Gritó Susana fuera de sí.

Como lo que eres zorra de mierda, como lo que eres.— Pensé para mí, mordiéndome la lengua.

La situación se había hecho muy incómoda. Debido a los gritos de Susana, todo el mundo nos estaba mirando y la situación era muy embarazosa y vergonzosa. Ya no había nada más que hablar, de hecho es que no quería hablar con ella, porque esas imágenes de su infidelidad, seguían golpeándome una y otra vez.

—Bien Susana, llegados a este punto, creo que no es necesario alargar esto mucho más. —Dije levantándome de la silla y dejando un euro y medio encima de la mesa para pagar mi café.

Susana miró desconcertada las monedas para después mirarme a mí, sin asimilar aun lo que estaba ocurriendo.

—Es que…¡¡¿Es que ni me vas a invitar a la coca cola?!! —Preguntó Susana llorando.

—Yo solo invito a mis amigos y a la gente que quiero, y tú, ya no estas dentro de esa categoría. Que te vaya bien en la vida Susana. —Me despedí de ella.

Cuando me alejé de esa terraza un sentimiento agridulce me invadía. Por una parte había tirado a la basura años de relación con una chica, pensé, que maravillosa. Pero por otra me había librado de una puta que no sabía mantener las piernas cerradas.

Solo hizo falta una hora para la primera llamada de Susana que no acepté. Luego docenas de mensajes y más llamadas que no aceptaba, arrepintiéndose de todo lo que había dicho y hecho y rogándome que nos viésemos de nuevo para, de alguna forma, arreglar lo nuestro ya que su vida sin mí no la concebía. Palabrería barata, eso es lo que decía Susana en sus mensajes. No contesté a ninguno de ellos, aunque los dejé en «vistos» y sé que eso le hizo retorcerse de rabia.

Al día siguiente faltó tiempo para que mi «socio» Alberto entrase en mi despacho con cara compungida:

—Ayer me llamó Susana y me contó lo que había pasado entre vosotros. Todavía no me lo creo, ¿estás loco Mario? Susana está loca por ti ¿y mandas años de relación a la mierda? En serio, creo que lo que has hecho es una locura sin pies ni cabeza.

—Bueno Alberto, alégrate, ahora tienes el camino libre para poder follarte a Susana, es lo que buscabas, ¿no? —Dije con el mayor desprecio del que era capaz.

—Pero…pero…¡¡QUE ESTÁS DICIENDO MARIO!! ¿Te has vuelto loco? Yo nunca sería capaz de traicionarte y mucho menos de enrollarme con tu novia.

Cínico hijo de puta. —Pensé mientras le miraba con odio.— Sabes Alberto, no pienso hablar contigo de mis problemas personales, he roto con Susana por muchos motivos que ni quiero, ni pienso contarte, es lo que hay. Y ahora perdóname, tengo mucho que hacer.

—No te conozco Mario. Tú no eres así. —Respondió Alberto saliendo de mi despacho.

La vida a todos nos da palos, pero casi siempre si sabemos verlos, vienen precedidos de oportunidades. Así ha sido siempre en mi caso y esta vez ocurrió algo que ni planeándolo fríamente hubiese imaginado. Creo que todos somos conscientes de que mi «socio» y «amigo» está enamorado de Cárol desde la universidad, (el desgraciado tiene 32 años), a la cual ha pagafanteado (cubrirla de regalos e invitaciones) desde entonces para ganarse sus favores solo consiguiendo una gran amistad que dura hasta el día de hoy.

Cárol es asidua a nuestro negocio, y a los dos días de dejar a Susana, en una visita empezamos a hablar como otras veces. Al comentarle que había dejado a Susana, que nuestra relación había terminado, se puso muy receptiva a lo que seguimos hablando con una mirada especial en los ojos de Cárol. Al día siguiente, que era sábado, me habló por wasap para tomar algo:

Sabes Mario, me gustaría tomar algo contigo y seguir charlando, pero tú y yo solos, sin Alberto incordiando.

No me quería hacer ilusiones, pero creo que esa era una cita con toda la intención del mundo y sinceramente desde que conocí a Cárol, fue una mujer que siempre me gustó. Rubia, con una cara preciosa y un cuerpo que era un pecado de lo buena que estaba. Pero era el amor de mi amigo y eso para mí era sagrado…hasta ahora.

Esa misma tarde-noche, cuando fui a recogerla a su casa y la vi aparecer, se me cayó la baba al verla. Hacia muy buena temperatura y Cárol con un vestido insultantemente corto y maquillada de manera increíble me sonreía viniendo hacia mí.

—Cárol, estas preciosa. —Le dije con sinceridad.

Ella me sonrió de manera seductora y pegándose a mí me besó pasionalmente, haciendo que nuestras lenguas jugasen entre sí. Cuando nos separamos, me miró con cariño mientras acariciaba mi cara:

—Uffff…Cárol, ¿y esto? —Pregunté estúpidamente.

—Cielo, no quiero que haya lugar a dudas, ¿nos vamos? —Dijo Cárol con alegría.

Primero fuimos a tomar algo, sentados en una terraza tranquilamente. Cárol se mostró cariñosa, cercana y encantadora conmigo. Charlamos de muchas cosas, pero ni mencionamos a Alberto ni a Susana. Solo cuando terminamos de cenar, cerca de medianoche, empezaron las confesiones y la primera en hablar fue Cárol:

—Mario, te voy a ser sincera, me gustas desde el primer día que te vi en esa discoteca acompañando a Inma. No soy de interponerme en una relación, aunque sé que con Inma solo había una amistad un tanto especial y no hubiese habido problema. Pero para Inma eras algo intocable, algo suyo y me mantuve en un segundo plano, pero esperando una oportunidad.

—Pero…pero…¿Por qué no me dijiste nada? —Pregunté asombrado.

—Porque no sabía si yo te gustaba. No sé si eras consciente de ello, pero es que casi ni me mirabas. —Dijo Cárol a modo de reproche.

—Claro que me gustabas, y me gustas, muchísimo, me dejaste impresionado, pero eras el amor de Alberto y eso era como un muro infranqueable para mí.

—Que te quede claro una cosa. Alberto no es nada mío. Si sigo saliendo con el de vez en cuando es por ti, por no perderte de vista y poder estar a tu lado. Ya le he dicho por activa y por pasiva que solo somos amigos y que entre nosotros nunca habrá nada, solo amistad, solo me interesas tú.

—¿Pero Alberto sabe lo que sientes por mí? ¿Se lo has contado? —Pregunté atónito.

—¡¡Que va, que dices!! Si le cuento lo que siento por ti, te hubiese echado los perros, vamos, hasta hubiese sido capaz de, por joderte, follarse a tu exnovia y que tú lo supieses.

—Ya, tiene sentido. —Dije con una sonrisa amarga.

—Pero lo que realmente importaba era encontrar el momento y atraer tu atención. Pero Susana se me adelantó, y cuando os vi tan enamorados casi me hizo tirar la toalla y echarme en los brazos de Alberto. Pero me mantuve fuerte y mi tesón me ha llevado hoy hasta aquí. Lo siento por Susana, pero cuando me dijiste que lo vuestro había terminado, fui la mujer más feliz del mundo.

—Pues no dejemos que eso empañe este momento, para mi eres un sueño. ¿Qué te apetece hacer ahora?

Cárol me volvió a besar con pasión hasta casi dejarme sin aire. Me miró como una gata en celo y lo susurró en mi oído.

—Llévame a tu casa mi amor.

Creo que en ese momento mi polla saltó dentro de mi ropa interior sabiendo que me iba a follar a esa belleza y se puso más dura que el acero. Era imposible disimular el bulto en mi pantalón y Cárol miró a mi entrepierna y me sonrió con picardía:

—Cariño, llevo años deseando sentirla dentro de mí.

Sobra decir que el trayecto hasta mi casa se me hizo eterno y que casi nos damos un golpe porque nuestras manos no podían estarse quietas.

Cuando entramos en mi casa nuestras ropas volaron y pude ver a Cárol desnuda. Era como una diosa con un cuerpo increíble. Ella clavó su mirada en mi polla que golpeaba mi vientre debido a la excitación. Me miró con deseo y agarrando mi mano me lo dijo:

—Llévame a tu cama.

La tomé en brazos y la llevé a mi dormitorio. La tumbé en la cama, pero ella me hizo tumbarme a mí, pasó una pierna por mi cabeza y me dejó un coñito y un anito preciosos para que me diese un festín. Estaba empapada, goteando su esencia y de su coño se desprendía un aroma embriagador

Noté como su boquita se apoderaba de mi polla y comenzábamos un 69 espectacular que nos llevó a los dos a los pocos minutos a un orgasmo arrollador, que nos dejó exhaustos. Aun así, Cárol no dejó que mi polla perdiese vigor e incorporándose me lo preguntó:

—¿Cariño, tienes preservativos?

—Lo siento, pero hace años que no los utilizo.

—Creo que en mi bolso tengo alguno. —Me dijo con picardía.

Cuando regresó pude admirar de nuevo su cuerpo desnudo. Era como una obra de arte y no entendía como en todo este tiempo nadie había sabido robar su corazón. Me sentí muy especial al saber que ella había esperado por mí. Con cariño me puso el preservativo mientras acariciaba mi polla con mimo.

—Diooos Mario, nunca me he metido algo tan grande y gordo dentro de mí, es enormeee.

—Es toda tuya mi amor, no temas.

Dejé que ella se pusiese encima y que me cabalgase. Se puso en cuclillas dejando su coñito bien abierto mientras que con su mano agarraba mi balano y lo frotaba por toda su rajita.

—Jodeeer que gusto… —Gimió Cárol.

Apoyando una mano en mi pecho y agarrando firmemente mi verga, la dejó a la entrada de su coñito y se dejó caer poco a poco mientras cerraba sus ojos y boqueaba de placer. Noté como mi polla abría su coñito, poco a poco sin prisas y mis manos se fueron hacia su perfecto culo e hice que se saliese un poco para volver a metérsela un poco más:

—Diooos…estoy llenísima…¿esta toda dentro?

—No cariño, —dije excitado— queda algo menos de la mitad.

—Joder Mario no entra más, me duele un poco. —Se quejó Cárol.

—Tranquila cielo, verás como si te entra entera, déjame a mí. —Dije con seguridad.

Cárol confió en mí y me dejó hacer mientras poco a poco iba abriendo su coñito. Se corrió como una bendita cuando mis huevos chocaron con su culo y fue consciente de que veinte centímetros de polla estaban metidos dentro de ella. Su corrida licuo su coñito y empapó mis huevos, pero me miró sabiendo lo que quería.

Sacó mi polla de su interior y sin dejar de mirarme a los ojos, mientras se mordía el labio inferior con lujuria me quitó el preservativo, para seguidamente volver a metérsela en su interior hasta los mismísimos huevos. Noté su cuerpo temblar mientras agarraba mi cabeza y la abrazaba contra su pecho.

—Mi amoooor…que gustooooo…esto es lo mejor…como te sientooooo…Dioooos me corroooooo…me corroooooo… —Gimió herida de placer.

Volvió a licuar su coñito y a empapar mis huevos. El dormitorio olía a sexo, olía a ella, pero mi aguante menguó muchos enteros al hacerlo a pelo.

—Mi amor, no aguanto mucho más…me voy a correr. —Dije elevando mis caderas con violencia y embistiendo su coño con desesperación,

—Hazlo mi amor, hazlo dentro, lléname de ti, quiero sentirte.

—Caroooool…

Fue una corrida como pocas. Como hacía tiempo, mucho tiempo que no tenía. Cuando Cárol notó como empezaba a llenarla de semen calentito, explotó en otro orgasmo devastador, creo que sin haber terminado el otro. Fue un orgasmo largo e intenso que nos dejó a los dos agotados.

—Mi amor te amo. —Dijo Cárol con voz agotada.— Has sido mi sueño, pero ahora eres mi realidad.

Me limité a abrazarla con fuerza y llenar su cara de besos, mientras mi polla en su interior, notaba los últimos latigazos de su orgasmo.

Sobra decir que esa noche terminamos, casi amaneciendo, agotados y con mis huevos más secos que la axila de una momia. Pero por Dios, que manera de follar. Dormimos abrazados, como dos bebés, hasta que el teléfono de Cárol nos despertó cerca de las nueve de la mañana. Con la pasión del momento, a Cárol se le olvidó avisar a sus padres de que no dormiría en su casa y la llamaron asustados. Una vez los tranquilizó, les dijo que llegaría a la noche, que no se preocupasen.

—Cariño, quizás tengas otros planes y yo he dado por hecho que te quedarías conmigo. —Dijo Cárol con preocupación.

—Mi amor, te aseguro que lo que más quiero es estar contigo. —Respondí atrayéndola hacia mí y besándola con cariño.

Cárol me miró con amor, agarró mi mano y nos fuimos a la ducha. Volvimos a follar y alcanzamos los dos un suave orgasmo que nos dejó satisfechos. Volvimos a la cama y nos dormimos hasta casi la hora de comer. Nos vestimos y fuimos a un restaurante y luego dimos un paseo, cine y estuvimos hasta la noche juntos, momento que tuve que dejarla en su casa ya que al día siguiente trabajábamos los dos.

Cosas de la vida llevo desde el día que quedamos hasta ahora saliendo con Cárol y empezando algo muy bonito entre los dos. A todo esto no hice ni un ápice por esconderlo a mi socio, llegando a venir a trabajar junto con ella y dándonos un morreo delante de él. Pero no ha podido soportarlo, era como el perro del hortelano, ni come, ni deja comer. Llegamos a las manos en menos de una semana, en mi propio negocio, hasta el punto de llegar la policía. El muy imbécil me puso una denuncia por lesiones ya que le rompí la nariz… ¿en serio? que pena, pero no me pude aguantar.

Mi «socio» quiso diluir el negocio y me pidió que le diese su parte y que yo me quedase con todo. Esto lo escribo con una enorme sonrisa en la cara porque es lo mejor que me pudo haber pasado. Yo le dije que si quería eso tenía que retirar la denuncia y así fue, denuncia retirada, le pagué su parte del negocio y el sin saberlo me hizo el favor de mi vida, me quitó a una puta de encima y me ha «regalado mi negocio».

Mi ex me envió un mensaje (como casi cada día ya que estaba en plan obsesiva) dándome lecciones de moralidad sobre lo que le he hecho a mi socio y dándome un discursito sobre que nunca hubiese imaginado que yo hiciera algo así y que encima justo la dejo y me enrollo con otra…etc, etc, ya os podéis imaginar… Muy patético.

Mi contestación fue muy directa, —Susana, mírate al espejo y aplícate a ti misma lo que acabas de decirme, te lo digo de corazón. Aplica ese aprendizaje a ti misma para si algún día vuelves a encontrar a alguien que quiera compartir su vida contigo no cometas el error de tirarte a su socio delante de una cámara.—

Directamente me bloqueó. Todo pasa por algo y a mí me ha ocurrido esto. Ojalá fuese así en todos los casos de otras personas que he visto por aquí, ya sean realidad o ficción. Mucho ánimo a los que os haya ocurrido y ocurra algo así, espero que podáis seguir adelante con vuestra vida como yo lo he podido hacer. Gracias de corazón a Cárol, que me ha devuelto la ilusión y las ganas de prosperar. Ya he montado otro negocio y ella es el principal apoyo, vivimos juntos y con la mente puesta en formar una familia. Y a los que me animaron a ser yo mismo, gracias por vuestro apoyo.

Para los que quieran saber qué pasó con Susana y Alberto, decir que no están juntos. De hecho, amistades comunes nos dijeron que los dos tuvieron una bronca monumental y que Susana fuera de sí, abofeteó a Alberto culpándole de todas sus desgracias.

Lo último que sé, y de esto ya hace mucho tiempo, es que Susana estaba de reponedora en un supermercado y que Alberto vivía de sus padres al no encontrar donde poder trabajar.

FIN

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