FERNANDO

Esta historia está basada en hechos reales, y aunque seguramente sea una historia de infidelidad al uso, de las muchas que se leen por estas páginas, es mi historia y eso la convierte en única para mí.

Siempre he pensado que todo lo que ocurre en esta vida, en la vida que vives y en como la vives es para un fin, para aprender, tener un bagaje y una experiencia que a la larga te enseñará a decidir y tomar decisiones en situaciones complicadas y poco agradables.

Aunque no fueron muchas, todas mis relaciones terminaron por falta de interés de uno de los dos o por que la chica elegida me ponía los cuernos con otro o yo la engañaba con otra, no voy a mentir, pero de todas esas relaciones aprendí algo, y eso no es otra cosa que saber mantener la tranquilidad y la cabeza fría, aunque me jodiese que la chica en cuestión me engañase.

Luego, aunque terminásemos la relación, la chica en cuestión me decía que por lo menos quedásemos como amigos…que ironía. Con la primera cometí ese gran error, pero sufrí viendo como a los pocos días se dejaba meter mano, sin importarle que yo estuviese delante, por su nuevo novio que sabedor de nuestra extinta relación me miraba con superioridad, regodeándose, sonriendo con maldad, sin que ella, aunque solo fuese por un leve destello de respeto hacia mí, le impidiese que viese ese espectáculo desagradable.

Como he dicho con la primera cometí ese fatal error. Con las siguientes, cuando me lo propusieron, las mandé a la mierda de la forma más educada, comentándoles lo más lógico, yo no la quería como amiga, si no como algo más, y si eso no era posible, lo siento, ella por su camino y yo por el mío. Lo pasaba mal durante unas semanas, contacto cero, mucho gimnasio y como el ave fénix, resurgía de mis cenizas con más fuerza.

Después de esta introducción me gustaría presentarme. Me llamo Mario y actualmente tengo treinta y cuatro años, soy alto y bien parecido y reconozco que tengo un éxito moderado con las mujeres. Estoy licenciado en empresariales y tengo un negocio relacionado con la propulsión eléctrica; patines, bicicletas, triciclos, en fin, todo aquello a lo que se pueda acoplar un motor eléctrico para ser propulsado lo hacemos en mi negocio y con buenos resultados.

Mi socio Alberto, es ingeniero electrónico y es el que lleva la parte técnica del negocio, yo llevo la logística y el marketing y que junto a tres empleados son los que preparan los aparatos que nos compran a gusto del cliente, con las variantes que nos piden. Tenemos precios muy competitivos, ajustándonos al máximo para obtener beneficios, pero sin ser excesivamente caros, lo que nos hace ser una empresa puntera en «juguetitos» que son bastante populares entre el público.

A mi socio Alberto, lo conocí en la universidad de una manera bastante peculiar. Aunque estudiábamos carreras muy diferentes, nos conocimos en una de esas fiestas multitudinarias que en ocasiones se montaban en la propia facultad.

Fue curioso. Estando esperando a que nos sirvieran una copa, estábamos uno al lado del otro y sin venir a cuento nos pusimos a charlar de cosas cotidianas de la facultad. Nos presentamos entre nosotros y seguimos charlando hasta que una chica preciosa, morena con un cuerpo espectacular, se puso al lado de nosotros y nos miró regalándonos una preciosa sonrisa. Yo no dejé de mirarla y ella tampoco ocultó el fijar su mirada en mi hasta que habló con una voz muy dulce y aniñada:

—¿Nadie atiende aquí? —Preguntó de manera ingenua.

—Si, lo que ocurre es que somos muchos y el chico que está detrás de la barra no da abasto. —Dije excusando al chaval que agobiado intentaba atender a todo el mundo. —Si quieres dime lo que te gustaría tomar y te lo pido, el ser alto te da cierta ventaja. —Comenté intentando ayudarla… y algo más.

—¡¡Ay!! Gracias, pídeme un Jaggermaister doble.

—¡¡¿Un, qué?!! —Pregunté asombrado.

—Un Jaggermaister. —Dijo esa preciosidad riéndose y enseñando su perfecta dentadura.— ¿No me digas que no lo conoces?

—Créeme que es la primera vez que oigo que existe ese tipo de bebida. —Dije sorprendido.

Elevando mi tono de voz, capté la atención del chico que servía las bebidas y vino solícito a donde nos encontrábamos. Cuando pedí esa bebida que la chica me había pedido, ella se incorporó un poco sobre la barra apoyando sus brazos y lo dijo:

—Y ponme también dos chupitos para mis amigos. —Dijo esa belleza con una gran sonrisa.

Fue inevitable no fijarme en su perfecto culo marcado sobre su corto vestido. Redondito, pequeño y respingón. Cuando sirvieron la bebida que había pedido, iniciamos una conversación muy animada. Andrea, que así se llamaba esa chica, nos comentó que esa bebida tenía historia. Los nazis la utilizaban como anestésico y era un orujo que estaba compuesto por más de cincuenta tipos de hierbas diferentes.

Tanto Alberto como yo escuchábamos atentos sus explicaciones, preguntándome en esos momentos si ese chico que acababa de conocer no tendría algo mejor que hacer y que me dejase el camino expedito para intentar liarme con esa morenaza impresionante. Pero creo que él también pensó lo mismo ya que no dejaba de desnudarla con la mirada, mientras intentaba parecer interesadísimo por lo que contaba.

Una vez terminadas las bebidas que habíamos pedido, Andrea quiso invitarnos a otra ronda, según ella, por lo bien que nos habíamos portado con ella y lo simpáticos que éramos los dos. Se que puede sonar superficial, pero mis motivos no eran otros que separar de sus braguitas a esa belleza y poder follármela a placer, pero las maniobras de mi nuevo amigo empezaban a molestarme por no dejarme vía libre.

Nuestra nueva amiga quiso que nos fuésemos de la barra a un sitio algo más apartado donde se pudiese hablar sin casi gritar debido al gentío y la música. Encontramos un sitio algo apartado, donde pudimos charlar sin problema, pero Alberto seguía sin apartarse, aunque yo llevase todo el peso de la conversación. No nos conocíamos de nada entre los tres, pero por algún motivo, hubo una química bestial entre esa chica y yo y la tensión sexual empezaba a ser palpable y ese chico parecía no darse cuenta que sobraba.

Creo que para provocar el que se fuese, me lancé, y una de las veces que estaba hablándole cerca de su oído empecé a darle besitos por el cuello. Ella aceptó de inmediato ese atrevimiento ladeando su cabeza y exponiendo más su cuello para que lo llenase de besos mientras gemía y acariciaba mi nuca con su mano derecha, creo que ese fue un mensaje directo para que Alberto me dejase el camino expedito para follarme a esa preciosidad.

Pero mi cara fue de incredulidad al apartarme de Andrea y mirar con gesto de —lárgate— a Alberto. Me quedé a cuadros cuando vi la mano de ese cabrón metida entre las piernas de esa chica haciéndola un dedo mientras Andrea meneaba sus caderas de forma lasciva y esta, acariciaba su «paquete” con lujuria.

En ese momento me di cuenta de que el que sobraba era yo. Fui un presuntuoso al pensar que esa chica solo tenía ojos para mí. Nada más lejos de lo que estaba pasando. Andrea gemía presa del placer que la virtuosa mano de Alberto le estaba proporcionando. Derrotado vi como la boca de esa chica buscaba la de mi nuevo amigo para fundirse con él en un beso ardiente dejándome descartado para un posible revolcón con esa belleza.

Me dispuse a retirarme ¿qué otra cosa podía hacer? Sería ridículo quedarme allí mirando como esos dos se metían mano sin importarles quien estuviese mirando, y lo siento, pero yo de voyeur tenía muy poco. Así que con mi orgullo herido me dispuse a retirarme de escena dejando, esta vez sí, el camino expedito a mi compañero, pero esa chica me detuvo.

—¿Dónde crees que vas encanto?

—Bueno, es obvio. Creo que aquí sobro. —Dije con una sonrisa de derrota.

—Me parece que no lo has entendido. Os quiero a los dos para mí.

—¿A los dos?…¿Como…? No entiendo. —Dije sin procesar lo que esa belleza me había dicho.

—Joder Mario, las cazas al vuelo…¿Ehhh? —Dijo Alberto con una sonrisa burlona.— Esta chica se lo quiere hacer con los dos. —Terminó diciendo.

—Vivo cerca de aquí, —dijo Andrea,— ¿Nos vamos?

Esa chica se fue a despedir de las amigas con las que había venido. De lejos vimos cómo nos miraban y algo la decían rompiendo a reír. Vino risueña a nuestro encuentro y agarrándose de nuestros brazos nos llevó a su coche y emprendimos camino de su casa.

Fue un poco violento. Alberto y yo no cruzamos palabra. Dentro de unos momentos íbamos a estar desnudos los tres, no me importaba desnudarme delante de una chica…¿pero de un chico? que además no conocía de nada, es lo que me ponía de los nervios, porque interiormente me aterraba que la tuviese más grande que yo, y si eso ocurría, que la chica se decantase por la polla que le proporcionase más placer.

Cuando llegamos, Andrea como buena anfitriona, nos invitó a ponernos cómodos mientras ella con un mando ponía música ambiente muy relajante.

—Como si estuvieseis en vuestra casa, —comentó amablemente.— Voy a por algo de beber. —Dijo desapareciendo por una puerta.

Alberto y yo nos quedamos sentados en un sofá de tres plazas, mirando todo algo cohibidos. Pero pasados unos interminables minutos apareció Andrea, prácticamente desnuda, solo llevaba unas pequeñas braguitas muy sexys y se mostraba ante nosotros de manera muy natural.

—¿Pero todavía estáis vestidos? —Dijo Andrea con una sonrisa.

Esa chica se puso entre los dos y dejando la bandeja que traía en una mesa baja nos mostró ese perfecto culo que se comía la tela de su braguita de forma descarada. Fue inevitable que mi polla se irguiese dentro de mis pantalones ante tal visión. Se sentó entre los dos y sin pudor posó sus manitas sobre nuestras entrepiernas sobándolas con gula.

—Vamos a ver chicos, —dijo divertida,— sé que esto puede resultar violento, pero vamos a ser naturales. Hemos venido aquí a follar, soy una mujer joven, creo que atractiva y deseo que dos hombres posean mi cuerpo y me hagan gritar de placer…¿Me he equivocado con vosotros?

—Conmigo desde luego que no. —Dijo Alberto empezando a desvestirse.

—Conmigo tampoco. —Terminé diciendo y besándola con pasión.

He de reconocer que Alberto era más lanzado que yo. Besando a Andrea, noté como empezaba a gemir, e incrédulo de mi imaginé que era por mi apasionado beso. De nuevo fui un pretencioso. Sus gemidos provenían de la comida de coño que le estaba haciendo Alberto, y eso creo que me puso de mal humor por que se adelantaba a todo lo que yo pensaba hacer.

Molesto por mi inacción poco audaz, decidí que esa niña me hiciese una buena mamada. Cuando dejé al aire mis veinte centímetros, Andrea abrió mucho los ojos y acariciando mis huevos con mimo, no hizo falta decirle nada más para que ella solita se metiese más de la mitad de mi rabo en su boquita y empezase una buena mamada, mientras Alberto le comía el coño.

Estaba tan abstraído en mi cometido de follarle la boca a esa preciosidad que llegó un momento en el que sacó mi polla de su boquita y emitió un largo gemido:

—¡¡Ahhhhhh!!…Diossssssss…si, que gustooooo…

Entonces vi que Alberto ya iba a su aire, se había puesto un preservativo y quitando la braguita de Andrea se la había metido hasta los huevos y bombeaba furioso en su coñito. Aunque yo no era un amante experimentado, supe que ese chico era de carrera explosiva en vez de ser de fondo. A Andrea había que follársela muy bien y Alberto iba a quedar como un amante inexperto, de correrse rápido y si te he visto no me acuerdo.

Pero Andrea tenía las ideas muy claras y sabía cómo manejar la situación. Me miró de forma intensa y tirando de mi hizo que la besase y cuando tomó aire me lo dijo mirándome a los ojos.

—Quiero que me folles tú.

Andrea hizo salirse de su interior a Alberto que me miró disgustado al observar que Andrea me miraba con deseo y ver mi «armamento». En ese momento vi que, aunque Alberto no iba mal dotado, su polla era algo más pequeña, aunque sí muy cabezona.

—Mejor nos vamos a la cama, es más cómodo, ¿no? —Comentó Andrea.

Desnuda como estaba se levantó, me agarró de la mano y me llevó al dormitorio, donde me tumbó en la cama, me hizo una pequeña mamada y poniéndome un preservativo, se empaló en mi polla hasta los mismísimos huevos.

—Dios que polla tienes tío…¡¡follame!! —Gimió Andrea.

A Alberto no hizo falta decirle nada, se amorró al culo de Andrea chupando y lamiendo su anito mientras mis caderas bombeaban el coño de esa niña. Mi compañero de follada preparó el culo de esa niña muy bien.

Cuando pensó que ya estaba listo se la metió poco a poco. Noté en mi polla como la polla de Alberto entraba en sus intestinos y vi la cara de placer de Andrea que me miraba excitada y buscaba mi boca para besarme.

—Asiiii…follarme, partirme en dos…más…maaaaaas…

Aunque Andrea alcanzó dos orgasmos antes de que Alberto se corriese, reconozco que no íbamos compenetrados, no nos entendíamos, íbamos a diferentes velocidades y cuando terminó de correrse se salió de Andrea y sin decir nada se fue al salón.

—¿Qué le pasa a este tío? —Me preguntó Andrea mientras mi polla seguía clavada en su interior.

—Si te digo la verdad ni lo se. No le conozco de nada, hasta yo estoy sorprendido.

—¿Pero no sois amigos? —Preguntó sorprendida Andrea.

—¿Amigos? Que va. Lo he conocido esta noche esperando a que me sirvieran, cuando has aparecido tú y bueno, el resto ya lo sabes.

—Joder, yo creía…vamos que mi amiga me dijo…

A todo esto, Andrea seguía cabalgándome, con lentitud y parsimonia, moviendo sus caderas lascivamente mientras mi verga abría completamente su coñito y llegaba a su útero. Los músculos de su vagina se aferraban a ese mango pétreo que la estaba proporcionando tanto placer y mis manos acariciaban y mimaban sus tetas y pezones.

—¿Tu amiga? —Pregunté intrigado.

—Si, verás, —dijo Andrea poniendo sus manos sobre las mías para que amasase sus tetas con más fuerza,— esto es algo que deseaba hacer, lo de que me follasen dos tíos, quiero decir. Mi amiga va a tu clase y por conocidas suyas sabía que follabas muy bien y bueno, fui a por ti, pero me encontré con Alberto también y me dije, ¿por qué no?

—No es que me importe, al contrario, me gusta follar contigo y ahora mismo no me gustaría estar en otro lugar, pero ¿con dos desconocidos? ¿No tienes amigos?

—Ese es el problema Mario, amigos tengo muchos y con algunos ya me he acostado, y a la mañana siguiente ya lo sabe todo mi círculo de amistades porque un hombre no es capaz de ser discreto y no alardear de haberse follado a la buenorra de Andrea, y si esto es con uno solo, imagínate si lo hago con dos. Por eso vosotros sois los ideales, no os conozco ni me conocéis y mañana la única que me preguntará —¿Qué tal?— será mi amiga, y vosotros, vosotros podréis fardar con los amigotes de que os habéis follado los dos a una tía buenorra y salida.

—Bueno, como te he dicho, ese tío y yo no somos amigos, lo dejamos en conocidos. —Dije excitado y al borde del orgasmo.— Por él no puedo hablar, pero si de algo estoy seguro es de que no me gusta alardear de mis «batallitas».

—¿Y tienes muchas «batallitas»? ¿Te has follado a muchas? —Preguntó Andrea con maldad.

—Buen intento…pero no hablo de mis…Diooooos…me corrooooo… —Bramé mientras mis manos agarraban el culo de esa chica y me vaciaba dentro del preservativo.

Andrea se tumbó sobre mí y me besó mientras mi orgasmo estallaba. Me besó, mientras mis manos tiraban de sus caderas hacia mí, para que mi polla se clavara aún más en su interior. Noté que ella no se corrió, pero se volcó conmigo dándome placer. Cuando mi orgasmo empezó a remitir, ella siguió con mi balano en su interior, no tenía prisa, sus labios me llenaban de besos y mis manos acariciaban su perfecto cuerpo, mientras notaba la humedad de su sexo empapando mis huevos.

—Bueno, no ha estado mal, pero para ser mi primer trio ha sido más bien extraño. —Confesó Andrea.

—Rarísimo. —Aseveré yo.— Pero eres fantástica, ha sido increíble.

Andrea me volvió a besar mientras sacaba mi polla de esa cálida cárcel. Se tumbó a mi lado y nos estuvimos mimando hasta que me lo dijo:

—Vamos a ver qué hace Alberto, es raro que no haya aparecido otra vez por aquí pidiendo guerra.

Nos levantamos, Andrea se puso una camiseta larga y yo me puse solo mi ropa interior. Antes de salir al salón Andrea fue al baño y yo fui en busca de ese supuesto «amigo» y cuando llegué a donde estaba, ese estúpido se había trincado media botella de ron y dormía desnudo sobre el sofá, y lo peor, se había masturbado y con su corrida lo había puesto todo perdido.

—Pero…¡¡¿PERO QUE HA PASADO AQUÍ?!! —Se oyó la voz alterada de esa chica a mis espaldas.

—Pues que este estúpido se ha emborrachado y luego, bueno…creo que se ha…se ha… —Teminé diciendo mientras que con mi mano imitaba la masturbación.

—Joder…fuera de mi casa los dos. Es mejor que os vayáis, esto ya no da más de sí. —Dijo una Andrea más que enfadada.

No quise contrariarla aunque yo no tenía culpa y ayudé a incorporarse a ese imbécil que me había jodido la noche, pero no reaccionaba. Andrea no se reprimió y las dos bofetadas que le dio en la cara a ese impresentable, hizo que se despejase al momento.

Con lo que no contábamos ninguno de los dos es que según se despertó devolvió todo el ron ingerido. Los gritos de Andrea se escucharon hasta en la otra punta de la ciudad y aunque me ofrecí a limpiarlo todo, esa preciosa joven sacó su vena más «choni» y nos echó a patadas de su apartamento.

Juro por Dios que estuve tentado de dejarle tirado en la acera, desnudo y a su suerte, pero me lo pensé mejor, le medio vestí, curioseé su cartera y parando un taxi le llevé a su casa. Pagué el taxi con el dinero de ese capullo y abriendo el portal con sus llaves, le dejé, esta vez sí, tirado bajo los buzones, que durmiese la mona y por supuesto, me quedé con el dinero que tenía, me podréis llamar chorizo, pero me jodió, y bien, la noche y eso tenía un precio.

Si alguien se pregunta si tuve cargo de conciencia por haberle dejado en esas condiciones, que se lo quité de la cabeza. La pregunta es, ¿qué probabilidades tenía de volver a cruzarme con ese tío? La respuesta es, ninguna, el mundo es muy grande y aunque las casualidades existen, la estadística me daba la razón.

Después de este acontecimiento mi vida pasó a su habitual monotonía. Aunque el tal Alberto hacia una ingeniería en la misma universidad que yo, en los siguientes quince días ni me lo encontré y eso que mi curiosidad me hacía mirar a la gente, sobre todo en la cafetería por si coincidíamos, pero como dije, la estadística estaba a mi favor.

Lo que si intenté, es enterarme de que chica de mi clase era la amiga de Andrea, más que nada para ponerme en contacto con ella y poder disculparme por el bochornoso espectáculo que ofreció Alberto, pero no pude ni saber quién era y mucho menos localizarla entre la gente de mi clase.

Pero un jueves, pasadas casi tres semanas del infortunado incidente, mi teléfono móvil sonaba indicándome una llamada entrante de un número que no tenía en mi agenda. Como siempre casi estuve tentado de rechazarla pensando que sería algún comercial pesado de los muchos que te llaman para ofrecerte una oferta irrechazable, pero opté por aceptarla llevándome una sorpresa:

—Hola, ¿Mario? —Preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.

—Si, soy yo, ¿quién eres?

—Que alegría poder escuchar tu voz, soy Andrea.

—¡¡ANDREA!! —Exclamé sorprendido,— no te haces una idea de la alegría que me das, he intentado localizarte para disculparme por lo del otro día, fue bochornoso, lo siento.

—No Mario, la que me disculpo soy yo. Tu no tenías culpa de nada y te eché de mi casa de malas maneras.

—Bueno, no hace falta que te disculpes, entiendo tu enfado. —Dije intentando quitar importancia a lo ocurrido.

—Verás, quiero, de alguna manera, compensarte por aquello, y he pensado en, si no tienes planes, que vengas mañana a mi casa a cenar, ¿sería posible?

—Claro, me gustaría mucho. —Respondí pensando en las posibilidades de aquella proposición.

—Bien, pues mañana te espero en mi casa, ¿te acuerdas de donde vivo?

—Si me pasas tu dirección por wasap te lo agradecería, era de noche y con la emoción del momento ni me fijé.

—Jajajajajaja, claro, no te preocupes que ahora te la paso. —Respondió Andrea.

Cuando terminamos la llamada, al poco, me entraba un wasap de Andrea con su dirección y aunque involuntariamente tuve un amago de erección recordando cuando estuve en su casa, no pasó mucho más.

El tiempo se me hizo eterno hasta el día siguiente, y eso que no pasaron ni veinticuatro horas, pero a mí me pareció una eternidad. Aunque no quedamos a una hora determinada pensé que las nueve de la noche era una hora más que apropiada para presentarme en su casa.

No me iba a presentar con las manos vacías, así que, haciendo algo de alarde de mis artes culinarias, preparé un postre, creo que irresistible, para después de cenar, una muse de chocolate de un amigo de mi padre que regentaba un restaurante. Eso y una buena botella de vino, y a las nueve de la noche tocaba el timbre del apartamento de Andrea, perfectamente arreglado, depilado, afeitado, perfumado y vestido.

Pero mi sorpresa fue mayor por que quien me abrió la puerta no era Andrea, era una chica muy guapa también, que me miraba traviesa, con curiosidad. Esa chica vestía un jersey ceñido a su cuerpo y marcando unas buenas tetas y una minifalda muy mini, mostrando un par de hermosas piernas.

—Perdón…creo…creo que me he confundido. —Dije dando un paso atrás y mirando el piso y la puerta, pero no, era el piso de Andrea.

—No, no te has confundido. Tú eres Mario ¿verdad? Pasa, Andrea está en la ducha. Por cierto me llamo Inma. —Dijo esa belleza dándome un par de besos.

Aunque esa niña tenía un polvo tremendo, el que estuviese allí, significaba que mi pensamiento de una noche loca con Andrea sería solo un pensamiento pecaminoso de mi mente calenturienta. Inma me hizo pasar al salón y como si estuviese en su casa me ofreció algo de beber, mientras llevaba a la cocina el postre que había hecho y la botella de vino para meterla en la nevera. No pude evitar fijarme en su perfecto culo que se ceñía perfectamente a la minifalda que llevaba.

Al poco, Inma salía de la cocina con dos botellines de Estrella Galicia en la mano y un cuenco con patatas fritas y se dirigía sonriente hacia donde estaba sentado. Con toda naturalidad dejó los botellines y el cuenco en la mesa dejando su cuerpo en un ángulo de noventa grados y que debido a su corta minifalda me mostró parte de su perfecto culo.

A esas alturas, y sin casi haber empezado la velada, estaba más duro que el turrón de oferta viendo lo que tenía delante. Inma se sentó junto a mí y me miró con esa típica sonrisa y esa mirada de las mujeres de —se todo lo que pasó,— creo que sería interesante ver que derroteros tomaría la posible conversación.

—Bueno Mario, y que te cuentas, Andrea me ha hablado mucho de ti. —Dijo Inma iniciando una posible conversación.

—Pues solo espero que te haya contado algo bueno, porque nuestro primer encuentro terminó en un fracaso estrepitoso. —Dije algo avergonzado.

—A ver, no me ha contado los detalles, solo sé que un amigo tuyo fue un poco guarro, pero tú, según ella, fuiste un amor.

—Bueno, te aclaro que no es mi amigo, lo conocía de hacia un rato, pero desde ese día no he vuelto a saber nada de él, y espero que siga así porqué fue bastante vergonzoso.

—Vale, no te voy a mentir, Andrea me lo ha contado todo.

—Vaya, eso cambia mucho las cosas. —Respondí avergonzándome del todo y notando mis mejillas enrojecer.

—Jajajaja, no te avergüences. Tú estuviste muy bien el que la «jodió» fue tú amigo.

—Y dale, que ese payaso no es mi amigo. —Respondí ya algo molesto por la situación.

—Valeeee…no te enfades. —Dijo Inma en plan conciliador.

—Inma, me estáis encasillando, ligando mi vida con ese ser que ni conozco, y es que al final, seré conocido por el amigo del guarro ese que se folló a tu amiga y se emborrachó.

Creo que Inma se apiadó de mí y llevó la conversación por otros derroteros. Esa chica me demostró su empatía y su versatilidad cambiando de tema rápidamente y llevándome por donde ella quería. Era algo incómodo sentirse manejado por ese «pibón» que no dudaba en mostrarse ante mí, dejándome ver su entrepierna cubierta por su braguita y esos fabulosos muslos, bien torneados y sin un gramo de grasa. Estaba poniéndome malo de calentura al ver a esa chica cuando la voz de Andrea llamó mi atención:

—¡¡MARIO, MI AMOR!! Que alegría volver a verte. —Exclamó Andrea.

Cuando me giré para localizar de dónde venía su voz, mi polla terminó de saltar dentro de mi pantalón dura como el mármol. Andrea venía hacia mí con una gran sonrisa. Sobre su cuerpo, solo un vestido corto, demasiado corto, sin mangas y con un escote en pico. No llevaba sujetador, sus pezones se marcaban sin pudor sobre la tela y mi vista se fue a sus magníficas piernas que lucían con un brillo y una tersura impresionantes.

Me levanté para saludarla, pero ella llegó a mi altura, pasó sus brazos por mi cuello y me besó en los labios, un beso largo y que a la vez dividía en besitos cortos. Cuando terminó me miraba sonriente sin dejar de abrazarme.

—Que ganas tenia de verte otra vez. —Susurró en mi oído de manera sensual.

—Yo también. Pensé que después de aquello no volvería a saber de ti.

—Bueno, el que estes aquí, te demuestra lo equivocado que estabas. —Dijo con cariño.— Veo que ya conoces a mi amiga Inma, ¿a qué es guapa? Se queda a cenar con nosotros, ¿te importa?

—En absoluto, —mentí como un mitómano.— Con dos preciosidades como vosotras, sé que sería la envidia de muchos hombres.

—Eres un cielo, me encanta. —Me dijo Andrea besándome nuevamente.

Ya eran cerca de las 21.30 cuando nos pusimos a preparar todo. La cena no es que fuese de gourmet, aunque si era original. Andrea había hecho mini pizzas de muchos tipos, marinera, romana, margarita, cuatro quesos, cuatro estaciones…etc. Eran muy variadas y de seguro que no serían reiterativas ni repetitivas.

Hubo un momento en el que Andrea y yo nos quedamos solos. Andrea me abrazó y juntó su cuerpo al mío, dejándome sentir sus tetas pegadas a mi pecho y su pubis, frotándose con descaro en mi paquete.

—Tengo una sorpresa para ti, solo espero que te guste. —Me dijo mordiendo su labio inferior con lujuria.

No me dio tiempo a preguntarla, oímos la puerta del cuarto de baño, y Andrea se separó de mi sin dejar de mirarme como una fiera acechando a su presa.

Juro que en ese momento mi mente calenturienta ya se veía con esas dos diosas desnudas y follándomelas con desesperación. Mi polla no daba para más de lo dura que estaba, imaginando a esas dos niñas desnudas comiéndome la verga y chupando mis huevos. No sé si Andrea e Inma se dieron cuenta de la empalmada que llevaba, pero era imposible permanecer tranquilo viendo como cada vez que se inclinaban a hacer algo, mostraban sin pudor alguno el principio de sus perfectos culos.

La cena estuvo muy bien, muy amena y divertida. Creo que hasta se podría decir que estuve ingenioso y brillante ante esas mujeres con algunos comentarios y anécdotas que hicieron que sus risas llenasen esa estancia.

La verdad estaba algo nervioso esperando que ellas hicieran o dijeran algo. Daba por sentado que esa noche habría sexo entre nosotros, pero a lo mejor me estaba precipitando y solo era una cena entre amigos, pero joder, es que según iban vestidas era imposible no empalmarse, por eso quería que ellas llevasen la iniciativa, quizás, si Andrea y yo hubiésemos estado solos, ya habría atacado.

Pronto saldría de dudas. Una vez terminamos de cenar y tomamos un chupito de licor de hierbas, hicimos algo de sobremesa e Inma levantándose de la mesa dio por finalizada la cena.

—Bueno chicos, me ha gustado mucho esta cena y Mario, me ha encantado conocerte, pero me tengo que ir, espero que nos podamos ver de nuevo.

—Claro Inma, eso estaría muy bien. —Respondí afable.

Andrea acompaño a Inma hasta la puerta, mientras yo recogía lo poco que había sobre la mesa llevándolo al fregadero. Cuando me di la vuelta Andrea estaba detrás de mí, echo de nuevo sus brazos a mi cuello y esta vez sí me besó con ganas, metiendo su lengua hasta mi campanilla mientras mis manos se aferraban a su perfecto culo y dejaba que notase como mi polla pugnaba por recibir sus atenciones.

—Te voy a proponer algo muy descabellado y extraño, pero quiero que confíes en mí. ¿Lo harás? —Me dijo Andrea.

—Claro, ¿por qué no? —Respondí confiado.

—Bien, pues vámonos. —Comentó Andrea.

Al poco nos montábamos en su coche y sin que yo preguntase nada inició la marcha segura a donde se debía de dirigir. Durante el camino no pude evitar que mi mano subiese por el interior de sus muslos, llegando a su ingle y notando la humedad y el calor abrasador de su coñito y ella no dudó en sobar mi polla por encima del pantalón, dura como el granito y con ganas de meterse en esa cueva tan acogedora y ardiente.

—Esta noche promete ser inolvidable. —Dijo Andrea excitada.

Cuando llegamos a nuestro destino me quede un tanto sorprendido. Era un hospital privado y entramos por urgencias dejando el coche aparcado en una plaza, que seguro era de algún médico. Andrea vio mi cara de extrañeza y vino a abrazarme para tranquilizarme.

—Se que es una locura y debo de parecer una chiflada, pero quiero follar contigo a pelo, sin «gomita», notar como te corres dentro de mi…pero para eso debemos de asegurarnos que estemos los dos sanos y sin ninguna ETS. —Me confesó Andrea.

—¿Pero a estas horas nos van a atender? —Pregunté extrañado y excitado.

—Por eso no te preocupes. Aquí trabaja una amiga mía que es doctora. Ya he hablado con ella y nos atenderá sin problema.

En efecto, según entramos y Andrea se dio a conocer, al poco estábamos con esa doctora en una habitación, mientras nos sacaban sangre para una analítica. Esa doctora y Andrea no dejaron de hablar ni un momento, era guapilla, pero tenía pinta de empollona con esas gafitas redondas de pasta. Además, con ese uniforme de médico, tampoco es que dejase intuir el cuerpo que se escondía bajo esa ropa. Cuando terminó, tomamos un café y se despidió de nosotros:

—Bueno chicos, esto ya esta y las muestras están en el laboratorio. Tanto si son buenas noticias, como si hay algún problema, mandaré un wasap a Andrea informándola.

Esa doctora nos acompañó hasta la puerta y se despidió de nosotros afablemente y con una semisonrisa de picardía sabiendo lo que ocurriría esa noche entre Andrea y yo. Si algo tenía Andrea es que era despreocupada, muy alocada y provocativa. Creo que ella daba por hecho que esa analítica sería negativa en infecciones, aun así, me propuso ir a tomar algo antes.

Me llevó a un lugar de moda donde se juntaba «gente guapa». Me sorprendió la facilidad con la que entramos en ese lugar, custodiado por dos armarios roperos que según la vieron sonrieron y dándoles un par de besos nos franquearon la entrada sin problema con las protestas de la gente que esperaba cola para entrar.

—A esos dos también me los he follado, pero por separado, no vayas a pensar…

—Andrea, yo no pienso nada, es tu vida.

—Mario no te voy a mentir, soy joven, sé que estoy muy buena y me gusta, me encanta follar y si para conseguir algo que quiero o me interesa me tengo que abrir de piernas, pues adelante. Lo de esos dos fue, como decirlo, penoso pero necesario, un precio a pagar por tener acceso sin problemas a este lugar.

―Como te he dicho antes, es tu vida y no soy quién para juzgarte.

―Vale, me gusta que lo entiendas porque aquí no hay exclusividades. Si veo a algún tío que me gusta y estoy contigo, no dudaré en llevármelo a la cama, ¿estás de acuerdo?

―Totalmente de acuerdo. Pero, es reciproco, ¿no?

―¿Reciproco? Explícate. ―Preguntó una Andrea un tanto sorprendida.

―Fácil querida, si yo encuentro a una tía que me guste y me la puedo follar, aunque esté contigo…pasaré de ti. Lo mismo que si veo que me dejas para irte con otro, no me quedaré esperándote.

―Por supuesto cielo, pero mientras tú te follas a una, yo ya me habré follado a diez.

―Quiero que quede algo claro, esto no es una competición, sé que tú como mujer y que además esta buenísima, te podrás follar a quien quieras y tendrás a tíos haciendo cola. Yo lo tendré algo más difícil, pero lo que no quiero son malas caras o reproches.

―Mi amor, te aseguro que no habrá malas caras, ya me irás conociendo, pero esta noche eres mío, solo estamos tú y yo, te lo seguro.

Esa noche prometía, o eso pensaba yo. Andrea me besó apasionadamente y entramos a ese local lleno de «gente guapa». De inmediato Andrea divisó a un grupo de, imagino, amigos, y soltando mi mano fue en su busca, dejándome tirado en medio de ese local. Yo hice lo lógico, me fui hacia la barra, viendo como esa chica repartía besos y abrazos para de inmediato engancharse a un tío con el pelo engominado y bronceado artificial.

Me senté tranquilamente en un taburete viendo las evoluciones de la que se supone seria mi pareja esa noche y no me quedaron dudas de que yo, no sería quien se la follase ya que ese pijo amasaba su culo y metía su mano bajo el corto vestido sin oposición de ella.

Lo tenía claro. Según terminase mi copa si ella no hacía nada por venir a mí, me iría por donde había venido y adiós noche de sexo desenfrenado, pero por lo menos fue clara, sincera y directa en su manera de ser, aunque no me gustase, pero no me engañó.

Casi había terminado y Andrea ya se había perdido con este tío. Antes de que la perdiese de vista, se morreaban los dos de manera furiosa y sin cortarse un pelo se metían mano delante de todos hasta que decidieron dejar de dar el espectáculo. No sé si habían ido al piso de Andrea, al coche a follar o directamente a los servicios. No es que estuviese enfadado, pero si estaba molesto con la situación, ¿y quien no?

De improviso unas manos taparon mis ojos. Pensé que sería Andrea, pero una voz conocida me lo preguntó en un tono cariñoso.

―¿A que no sabes quién soy?

―¿Inma? ―Pregunté sorprendido.

―Siiii. ―Respondió alegre poniéndose frente a mí, entre mis piernas y abrazándome. ―¿Qué hace un chico tan guapo como tú aquí solito? ―Me preguntó.

―Es algo complicado de explicar, de hecho, casi ni prefiero hacerlo.

―Ya, entiendo. Andrea te ha dejado colgado y se ha ido con otro, ¿a que sí? ―Casi afirmó Inma.

―Vale, veo que la conoces bien, pero a grandes rasgos así ha sido.

―Bueno no te mosquees, ella es así. Solo espero que te lo haya dejado claro.

―Estoy molesto, pero no enfadado. No sé, esperaba otra cosa, pero por lo menos ha sido sincera.

―Te voy a contar algo de Andrea, ella y yo nos conocemos desde primaria. Tuvo una adolescencia muy difícil y complicada. Lloró mucho porque aquí donde la ves, cuando tenía quince o dieciséis años tenía sobrepeso. Era una niña muy guapa pero gordita y los chicos fueron muy crueles con ella, la avergonzaron y abochornaron, y se prometió a ella misma que ningún chico la haría llorar de nuevo. Juega con los hombres, los putea, les hace sufrir y disfruta con ello y tú no vas a ser la excepción.

—Vaya, quien lo iba a decir. —Respondí sin interés.— Y hablando de todo un poco, ¿tú que haces aquí? —Pregunté.

—Bueno, ya que la noche va de confidencias, te confieso que me han dejado plantada. —Dijo Inma molesta.

—¿Qué tío en su sano juicio puede dejar plantada a una mujer como tú? —Pregunté sorprendido.

Inma apoyó su pubis en mi entrepierna y pasó sus brazos por mi cuello quedando nuestras bocas muy cerca la una de la otra.

—Pues un tío estúpido, —empezó a decir acariciando mi pelo,— engreído… que piensa que todas las chicas van detrás de él… y no tiene ni idea de la mujer que ha dejado escapar.—Terminó diciendo juntando sus labios con los míos en un beso, cálido, tierno y divino.

Fue un beso muy sensual. Entre cada frase, hacia una pequeña pausa y se acercaba aún más a mi hasta que al final sus labios casi rozaban los míos. Yo terminé de hacer el camino que ella había empezado hasta besarnos y entrelazar nuestras lenguas. No fue un beso pasional ni lascivo, pero fue cálido y tranquilo, acariciándonos y sintiéndonos.

Cuando nos separamos, Inma se dio la vuelta y apoyó su culo en mi entrepierna que debido a los estímulos empezaba a despertar. Inma me hizo abrazarla por la cintura sintiendo en mis manos la parte inferior de sus tetas.

—¿Has traído coche? —Preguntó Inma.

—No, hemos venido en el coche de Andrea.

—Mejor…¿Nos vamos a un sitio más tranquilo? —Sugirió Inma.

—Me encantaría.

Pagué mi consumición, que no fue nada barata y casi trastocó mi economía del mes, y salimos de ese local. Estábamos esperando un Uber cuando mi teléfono sonaba por la entrada de un wasap, era de Andrea y era la foto del análisis donde decía que los dos estábamos libres de infecciones. No pude evitar esbozar una sonrisa ante la estupidez de la situación, ¿de qué había servido, si se iba a follar con otro? Inma me miró y me lo preguntó:

—¿Algún mensaje gracioso?

—Para partirse de risa. —Dije algo molesto. — Resulta que Andrea quería follar a pelo y nos fuimos a un hospital donde trabaja una amiga suya que es médico.

—Si, la conozco.

—Pues nos hicieron una analítica y Andrea me acaba de enviar los resultados, estamos los dos sanos.

—Esta chica es tonta ¿y se va a follar con otro? En fin, Dios da pan a quien no tiene dientes. Aunque ese es un dato muy interesante. —Dijo Inma con picardía.

—Por cierto, ¿a dónde me llevas? —Pregunté intrigado.

—A mi casa, a tomar algo…y lo que surja. Me respondió Inma con sinceridad y una sonrisa traviesa.

Cuando llegamos a su casa me sorprendí ya que Andrea y ella eran prácticamente vecinas. Vivían en la misma urbanización y en la misma calle, con la salvedad de que Inma vivía en un ático increíble. Vi como esa chica giraba su cabeza y miraba hacia arriba en una dirección esbozando una semi sonrisa.

Si hay algo en lo que no me quedaron dudas, es que tanto Andrea como Inma llevaban un nivel de vida muy alto, imposible de seguir con mi asignación mensual de estudiante. Mis padres no es que fueran pobres, ni andábamos justos de dinero, pero por los ambientes donde se movían estas chicas los sitios que frecuentaban y por como vestían, desde luego dinero no les faltaba.

Eso me hizo plantearme muchas preguntas y la primera que me vino a la cabeza es si serían putas de lujo. Todas esas preguntas quedaron aclaradas más adelante al saber que las familias de estas chicas estaban literalmente podridas de dinero, algo que a la larga me vendría muy bien.

Como buena anfitriona Inma me dijo que me sintiese como en mi casa y me pusiese cómodo mientras ella iba a por algo de beber y a cambiarse. Fue inevitable el salir a la impresionante terraza y mirar a mi alrededor, las vistas eran buenas, pero sobre todo se veían casas y algo más a lo lejos la sierra de Madrid.

Pero algo llamó mi atención. A mi izquierda y algo lejos, por debajo de mí, se veía a una mujer desnuda encima de un tío cabalgándole, mientras él le comía y le sobaba las tetas con gula. No se apreciaba muy bien por la distancia, pero la tía tenía pinta de estar buenísima y se veía que estaban disfrutando de la follada. Estaba distraído, mirando como un vulgar voyeur, cuando noté unas tetas pegadas en mi espalda, sus brazos que abarcaban mi cintura y el calor de su cuerpo…

—¿Qué miras con tanto interés? —Escuché la voz de Inma a mis espaldas.

—Las vistas privilegiadas que tienes desde aquí, me encanta tu piso.

Inma miró hacia donde yo miraba y vio lo que yo veía. Esbozó una sonrisa y dándome la vuelta me dejó frente a ella. Se había cambiado y ahora llevaba un vestido muy corto y ceñido a su cuerpo como una segunda piel y que no dejaba nada a la imaginación. Iba descalza y con el pelo suelto, sobre la tela del vestido se le notaban los pezones excitados, desafiantes, intentando traspasar la tela, no pude menos que babear por ella.

—Joder, estas preciosa. —Atiné a decir, sin dejar de recorrerla con mi mirada.

—Me he puesto así para ti, a ver si puedo seducirte. —Dijo Inma riéndose.

—Soy un chico fácil, te aseguro que ya lo has conseguido. —Dije atrayéndola hacia mí y besando sus labios.

Sentir su cuerpo pegado al mío y sus tetas aplastadas contra mi pecho hizo que mis manos bajasen a su culo y agarrase sus nalgas, sobándolas con lujuria y haciendo que su pubis notase la dureza que ya tenía mi polla. Inma lo notó y se empezó a frotar descaradamente contra mí, empezando a gemir.

—Te lo confieso, desde que abrí la puerta del piso de Andrea y te vi, te quise para mí, deseé follarte en ese momento. Se que no deberíamos hacer esto, Andrea se puede mosquear, pero mi deseo hacia ti es mucho mayor.

Mis manos se metieron entre sus piernas desde atrás, notando su humedad. Ella las abrió ligeramente para facilitarme el camino y supe que tampoco llevaba braguitas, su coñito ya era un manantial y mis dedos chapotearon dentro de ella.

—Ahhhhhh…mi amor que ricoooo…vamos dentro de la casa. estaremos más cómodos. — Sugirió Inma.

Separándose de mi me dio la mano y tiró de mi hacia la casa. Ver su voluptuoso cuerpo, enfundado en ese vestidito levantado ligeramente y enseñando algo su prefecto culo, hizo que mi rabo diese un espasmo dentro de mi pantalón pensando donde tendría mi polla en breves momentos.

Cuando llegamos, Inma me sentó en el sofá, y se sentó a horcajadas sobre mí, dejando su coñito en contacto directo con el bulto de mi pantalón. Agarró mi cara y me dio un húmedo beso mientras mis manos volvían a apoderase de ese perfecto culo. Se separó de mi nuevamente, me miraba enfebrecida, sus ojos refulgían intensamente y en un grácil movimiento, se sacó ese vestidito por su cabeza quedándose completamente desnuda ante mí.

Mis manos y mis ojos recorrieron su piel y acariciaron sus tetas con suavidad. Inma me miraba complacida y mis labios se apoderaron de un pezón suyo mientras la otra mano amasaba su culo atrayéndola hacia mí.

—Espera cielo, déjame desnudarte. —Me pidió Inma.

Nos pusimos en pie y entre risas Inma me fue desnudando. Cuando me quitó los bóxer mi polla saltó furiosa y casi golpea la cara de Inma.

—¡¡Joder!! Vaya pedazo de rabo, Andrea no mentía, que cabrona. —Exclamó Inma.

Yo estaba de pie y ella arrodillada, como en cualquier peli porno. Ella me miró a los ojos mientras acariciaba mi polla con dulzura para inmediatamente darle un besito en la punta y seguidamente empezar a darme una mamada. Pero la detuve, quería disfrutar de ella y la ayudé a levantarse.

—¿No te gusta lo que te hago? —Preguntó disgustada.

—Me encanta, pero yo también quiero disfrutar de este coñito. —Dije acariciando su rajita con mi dedo corazón.

Inma cerró sus ojos y emitió un gemidito muy sensual. Me miró con intensidad y tomándola en brazos me indicó donde quedaba su dormitorio, donde una cama inmensa se ofrecía a nosotros para poder gozarnos a nuestras anchas.

Inma me tumbó, y ella pasando una pierna por encima de mi cabeza dejó a mi disposición su coñito y su anito. Tardamos muy poco en devorarnos y la habitación se llenó de gemidos y chupeteos. Inma fue la primera en alcanzar su orgasmo inundando mi boca con su néctar y aunque le avisé del mío, ella prefirió metérsela hasta la campanilla y tragarse mi abundante corrida.

Nos quedamos los dos jadeando del gusto que habíamos recibido, hasta que Inma se levantó y se tumbó a mi lado, acariciando mis huevos y mi polla con dulzura. Mi verga seguía dura como el acero y esas caricias me estaban llevando al cielo.

—Fóllame mi amor, necesito sentirte dentro de mí. —Me pidió Inma.

Me levanté para ir a por mí cartera y sacar un preservativo, pero Inma me detuvo:

—¿A dónde vas? —Preguntó agarrando mi mano.

—A por un condón.

—Sabiendo que estás sano y yo haciendo un par de meses que no follo ¿quién necesita condón? Además me cuido, te puedes correr dentro de mí. —Dijo guiñándome un ojo y con una voz muy sensual.

Inma se abrió de piernas ofreciéndose a mí. Tenía un coñito precioso, pequeño y cerradito, pero se tragó mis veinte centímetros hasta los huevos. Estaba empapada y mi verga la abría sin problema resbalando en su interior al estar muy lubricada.

Ella se corrió dos veces antes de que, bufando como un toro, se la clavase hasta la matriz y descargase mi simiente en su interior, mientras Inma al sentirlo se abrazaba a mí con brazos y piernas y alcanzaba su tercer orgasmo.

Nos quedamos abrazados, besándonos con cariño, haciéndonos mimos hasta que me salí de su interior y me tumbé a su lado. Ella de inmediato se puso de costado, apoyó su cabecita en mi pecho, abrazó mi cintura y pasó una pierna por encima de mi como diciendo ―eres mío y no te me escapas.―

Pasaron unos minutos en los que recuperamos nuestra respiración y nos quedamos muy relajados. Todavía no me creía que me hubiese follado a esa belleza, pero la tenía desnuda a mi lado y me acariciaba con cariño.

―¿Vamos a por algo de beber? ―Preguntó Inma.

―Claro, estaría bien.

―Pero antes dame un minuto para ir al baño a lavarme. ―Dijo algo avergonzada.

Me gustaba Inma, eso era innegable. Tenía el descaro de una mujer madura y la timidez de una adolescente, aparte de un cuerpo trabajado a golpe de gimnasio que era imposible dejar de admirar. Esperé en la cama hasta que ella salió del baño y me obsequió con una gran sonrisa.

―¿Vamos? ―Preguntó, alargando la mano, para que se la diese e ir a por algo de beber.

Joder, verla ahí de pie, sonriendo, desnuda, e invitándome a tomar su mano me provocó un acceso de cariño. Me levanté, agarré su mano, pero la atraje hacia mí y abrazándola la besé con cariño, beso que fue correspondido por ella abrazándome con fuerza. Ese beso, su pasión, y su cariño hizo que mi dormida verga despertase inmediatamente metiéndose entre las piernas de Inma.

―Ummmm mi amor, esta noche promete ser muuuuy larga. ―Dijo Inma con picardía, y tirando de mí, me llevó a la cocina.

En efecto, esa noche fue muy larga y llena de sexo. Follamos como animales, Inma me provocó en la cocina y me la follé sobre la encimera y cuando volvimos a la cama y aunque mis huevos estaban secos me regaló su culito y me lo follé a placer hasta que lo poco que me quedaba lo eché dentro de sus intestinos. Llené de besos y caricias su cuerpo y con ella cabalgándome, me di un festín con sus tetas que mimé, besé y amasé hasta hartarme.

Cerca de las seis de la mañana nos quedamos dormidos, agotados pero satisfechos. Inma se abrazó a mí y casi al instante caímos en brazos de Morfeo. Nos despertamos, bueno, más bien Inma me despertó con una increíble mamada que hizo que mi verga se despertase antes que yo. Me llevó a la ducha donde volvimos a follar hasta que nos corrimos los dos y satisfechos nos volvimos a la cama.

Era sábado y pensaba quedarme con ella todo el día, si es que eso era posible ya que a lo mejor, Inma tenía otros planes y yo sobraba en ese momento. Pero no, Inma tenía claro lo que quería y me lo dijo:

—¿Te quedas el fin de semana conmigo? Bueno, si no tienes algo mejor que hacer. —Preguntó Inma con carita de pena.

—Inma, eres lo mejor que me ha pasado en meses. Te aseguro que no quisiera estar en otro sitio. Me quedo contigo el fin de semana.

Inma me besó con cariño abrazándose a mí, pero un descarado ruido de tripas rugiendo de hambre rompió el momento e Inma se echó a reír.

—Jajajajajaja, vaya dos, no sé tú pero yo me caigo de hambre, ¿me invitas a comer? —Preguntó Inma risueña.

Joder, me encantaría invitarla a comer, pero temía hacer el ridículo si la invitaba a cualquier restaurante y al menú del día. Seguro que ella estaba acostumbrada a restaurantes con más glamur, más exclusivos, de hecho con lo que tenía en el bolsillo y lo que me quedaba en el banco, uffff, a una hamburguesa y poco más. Creo que mi cara habló por mí ya que Inma borró su sonrisa y me miró muy seria.

—Cielo ¿he dicho algo que te haya incomodado?

—Verás Inma, si hay algo que odio en esta vida es hacer el ridículo, intentar ser quien no puedo ser. Viendo donde vives, como vives y los lugares que frecuentas, creo que mi asignación de estudiante no da para invitarte a comer como te mereces.

—¿Eres bobo? —Preguntó Inma con una cara que no me gustó nada.

—No Inma, es que…

—Ni es que ni nada, —dijo interrumpiéndome,— entérate que no hace falta que me sorprendas, yo solo quiero estar contigo. Por mi como si vamos al supermercado, compramos una barra de pan, chorizo y dos coca colas y nos vamos a un parque a hacernos un bocadillo, ¿lo entiendes?

—Perfectamente, disculpa mi torpeza.

—Y ahora te lo pregunto de nuevo ¿dónde me vas a invitar a comer?

—Pues mira, al lado de mi casa hay una hamburguesería en la que hacen unas hamburguesas para chuparte los dedos.

—Estoy segura de que me va a gustar, ¿nos vestimos y nos vamos? —Respondió con una gran sonrisa.

Fue excitante ver como se vestía, y espectacular la ropa que se puso. Con semejante cuerpo un top blanco ajustado a su busto y unos vaqueros dentro de los cuales ya no cabía ni el aire mostraban el voluptuoso cuerpo de Inma. Un ligero toque de maquillaje, unas zapatillas de cuña y una cazadora de piel y bajamos al garaje donde otra sorpresa me esperaba, un espectacular Mercedes AMG GT de color rojo.

—¡¡¡Jo…der!!! —Exclamé.— ¿Y esto? —Pregunté impactado estúpidamente.

—Pues esto es un coche y dado el calzado que llevo te cedo el puesto de conductor. —Dijo Inma ofreciéndome las llaves con una gran sonrisa.

Todavía sin conocer cómo se ganaba la vida y viendo ese cochazo, la pregunta era obvia, ¿de dónde salía esa casa y ese cochazo? Inma era joven y guapa y tenía un nivel de vida que ya le gustaría a muchos, vaya, a mí el primero, pero nos acabábamos de conocer y no sé, me parecía muy descarado empezar a preguntarle por su vida.

Ese sábado lo pasamos juntos como una pareja de enamorados y eso me confundía. Inma me demostraba su cariño continuamente, con besos y abrazos. Después de comer nos fuimos al centro y estuvimos paseando agarrados de la mano y me pude percatar de la mirada de envidia de los hombres al verme paseando con tan tremenda mujer.

Cuando cayó la noche, Inma decidió que le apetecía irse a casa, pedir una pizza y dedicarnos a nosotros, y cuando digo dedicarnos a nosotros, es simple y llanamente a follar como conejos, hasta que el cuerpo aguantase.

El domingo por la noche, y muy a pesar mío, me tuve que marchar a mi casa, ya que mis padres asustados me llamaron al no haber dado señales de vida. Me fijé que tenía el móvil en silencio y cientos de llamadas y mensajes esperaban respuesta, entre ellos muchas llamadas y mensajes de Andrea que me pedía perdón de mil maneras por el plantón que me había dado y prometía compensármelo, pero que por favor le dijese algo, que le asustaba que no respondiera a sus llamadas.

Ya en la puerta a punto de despedirme de Inma le enseñé los mensajes de Andrea y ella esbozó una sonrisa:

—¿Te confieso algo? —Me preguntó Inma.

—Claro. —Afirmé con rotundidad.

—¿Recuerdas el otro día cuando estabas mirando en la terraza y viste a una pareja follando?

—Si que lo recuerdo, sí. Por eso te dije que tenías unas vistas privilegiadas. —Sonreí recordándolo.

—Pues espero que no te molestes conmigo por no decírtelo en su momento, pero…era Andrea.

—¡¡¿Andrea?!! ¿Cómo lo sabes? —Pregunté entre dolido y asombrado.

—Bueno, soy su vecina, vivimos en la misma calle y se su portal y su piso y además es uno de los muchos vicios que tiene, el exhibicionismo, le encanta que la vean follar, saber que tiene espectadores.

En ese momento me vino a la cabeza el día que Alberto y yo la follamos en su cama. Recordé que las cortinas no estaban corridas, la persiana estaba levantada y las lámparas de las mesillas encendidas. En mi cabeza la pregunta era obvia, ¿Inma o alguien, nos vio follar aquella noche? No lo sé y tampoco me iba a poner a preguntar.

—Mario, me caes muy bien y me gustas mucho, no te lo voy a negar. Se que Andrea y tú terminareis follando de nuevo…pero hazme un favor, no te encariñes ni te enamores de ella, si no, te aseguro que vas a sufrir mucho.

—No te preocupes por eso, pero gracias por el consejo.

—Otra cosa, ¿me darías tu número de teléfono móvil? —Me pidió Inma.

—Claro, como no, apunta.

Le di mi número y enseguida me llamó, cuando entro la llamada en mi móvil, me lo dijo con cariño:

—Guárdalo y no lo pierdas, ¿vale?

—Tranquila, lo guardaré como mi mayor tesoro.

Inma me sonrió, paso sus brazos por mi cuello y me besó con pasión. Había sido un fin de semana increíble sin ni siquiera planearlo e Inma se portó con un cariño y una dulzura difícil de ignorar.

Cuando Sali de su casa, cientos de preguntas se agolparon en mi cabeza. Sabía que no debía de enamorarme de Inma, vamos, lo tenía más que seguro, porque con ella sufriría de la misma manera que lo haría con Andrea. Pero era su manera de ser y su manera de comportarse conmigo, lo que me tenía confundido. Solo el tiempo hablaría y me sacaría de dudas.

Por alguna extraña razón que desconozco, me hice íntimo de Andrea e Inma y me aceptaron aun siendo de un entorno social muy diferente. Por supuesto a Andrea me la follé, ¿quién se puede negar ante una mujer impresionante, desnuda y abierta de piernas y pidiéndote que se la metas hasta el corvejón? La respuesta para un hetéro creo que está clara, nadie, o eso creo.

Pero la manera de ser de Andrea, despreocupada, viciosa y liberal, chocaba frontalmente con la manera de ser de Inma, cariñosa, atenta y complaciente. No niego que ella tuviese sus rollitos, al igual que yo, pero mientras quedar con Andrea era una aventura sin saber cómo terminaría, el quedar con Inma era todo lo contrario, era como hacer vida en pareja.

No sé cómo lo hicimos, pero Andrea nunca se enteró, o no se quiso enterar, que Inma y yo follábamos como conejos y llevábamos una relación de amistad que casi rozaba la de noviazgo. El problema, entre comillas, es que Inma trabajaba en la fábrica de plásticos de su padre. Era la directora de ventas y eso la obligaba a viajar continuamente para expandir su empresa. De hecho, su ático y ese fantástico Mercedes AMG GT, eran premios por contratos millonarios que Inma había conseguido, de ahí su nivel de vida.

Nunca me lo dijo expresamente, pero si me insinuó que si se tenía que follar a algún cliente para conseguir un contrato, no lo dudaba y le ofrecía su cuerpo para su disfrute hasta que conseguía que firmase su ansiado contrato. Creo que eso era una manera de prostituirse y eso le quitó mucho atractivo.

También me habló de Andrea y su nivel de vida disoluto. El padre de Andrea era el presidente de una importante petrolera muy conocida a nivel mundial. Mientras que Inma estudió la misma carrera que estaba cursando yo, Andrea terminó el bachillerato y se negó a seguir estudiando y a trabajar, vivía de su papá, que todos los meses ingresaba una cuantiosa cantidad de dinero en la cuenta de Andrea, y como me dijo Inma, la orientación moral de Andrea estaba tan podrida, que casi aseguraba que se follaba a su padre para que no le cerrase el grifo del dinero.

Pero bueno, eso no hizo que nuestra amistad se resintiese. En el fondo yo era para ellas un folloamigo, alguien con quien podían contar en todo momento, a quien acudir si les ocurría algo. Andrea era la que más se perdía. Tan pronto éramos inseparables, como desaparecia y no sabía de ella en meses. Inma no. Inma era más de quedar a tomar algo, si sus viajes se lo permitían y tenía unos detalles conmigo que me dejaban con la boca abierta y siempre, siempre que regresaba de un viaje me traía un detallito, algo que le gustó para mí y me lo compró.

Que queréis que os diga, tenía una vida de la que no me podía quejar. Los estudios me iban muy bien, la carrera la estaba sacando sin problemas y solo me faltaba un año para terminar. Tenía a dos amigas con las que follaba y que eran dos preciosidades y una de ellas, Inma, me mimaba y me cuidaba como si fuese su novio y me aseguró que cuando terminase la carrera tenía un puesto para mí en la empresa de su padre.

Algo que quiero dejar claro es que aunque con las dos me llevaba bien era con Inma con quien más me gustaba estar, pero no había amor, aunque si un cariño mutuo muy grande. Creo que supe preservar bien mis sentimientos y sobre todo Inma no me pidió nada más, lo mismo que yo a ella. De hecho yo sabía, y ella sabía, que fuera de nuestra amistad teníamos nuestros «rollos» con los cuales nos acostábamos, pero no hablábamos de ellos, no así Andrea que presumía de los tíos que se tiraba, y las guarrerías que hacía con ellos.

Pero realmente vayamos a la esencia de este relato, a Alberto y su traición.

Si recordáis, os comenté que las posibilidades de encontrarme con ese chico de nuevo eran prácticamente nulas. Ya de hecho me había olvidado de él, hasta Andrea que era la parte afectada, nunca me preguntó por el «guarro» como le apodamos vulgarmente. Fue alguien que en su momento conocimos pero que no nos impactó, bueno si nos impactó, pero de una manera poco atractiva.

Fue en otra fiesta de la universidad que se organizaba en una macro discoteca donde volvimos a coincidir. Iba con Inma, que esa noche iba preciosa y muy provocativa con un vestidito que mostraba más que ocultaba.

Estábamos bailando en la pista rodeados de buitres que no apartaban la vista del voluptuoso cuerpo de mi acompañante cuando alguien no se sin querer o queriendo, le golpeó la espalda y la echó hacia mis brazos. Ese chico se dio la vuelta asustado y me lo quedé mirando asombrado, lo mismo que el a mí.

—Perdona, lo siento, —se disculpó apenado,— hay mucha gente y no he calculado bien la distancia. ¿Estás bien? —Preguntó a Inma.

—Si, tranquilo, solo ha sido el susto. —Respondió Inma quitando importancia al asunto

—Pero mira que eres bruto. —Intervino una chica rubia que estaba tremenda.

Alberto no me quitaba ojo y de seguro que estaría haciendo memoria preguntándose de que me conocía. Por un momento nos quedamos callados mirándonos y fue Inma la que quiso romper ese momento raro.

—¿Os apetece tomar algo? Yo me muero de sed y aquí hay mucha gente.

—Claro, eso estaría bien. —Dijo esa chica rubia.— Por cierto, me llamo Cárol.

—Yo soy Inma y él es Mario. —Respondió Inma.

—Yo soy Alberto. —Dijo mirándome asombrado.— ¿Tú y yo nos conocemos, verdad?

—Por supuesto que sí. Si nos conocemos.

—¡¡Ah!! ¿Pero vosotros ya os conocíais? —Preguntaron Inma y Cárol al unísono.

—Bueno, coincidimos en una fiesta de la universidad hace muchos meses, fueron solo unas horas, pero aquí el amigo se agarró un «ciego» de ron que le hizo perder el sentido. —Respondí con maldad.

—Si es que tienes muy mal beber, siempre te lo he dicho. —Aseveró Cárol riéndose.

Inma y Cárol se miraron entre sí y se echaron a reír mientras agarradas del brazo se iban hacia la barra. La gente se apartaba para dejarlas pasar y poder ver su retaguardia que en caso de Cárol lo marcaban unos vaqueros hiperajustados y en el de Inma se grababan en su corto vestido incluso apreciando la separación entre sus nalgas.

Alberto me agarró del brazo e hizo que nos detuviésemos unos momentos viendo como las chicas se alejaban.

—Oye…oye, un momento. Se que nos conocemos, pero no consigo recordar donde y como nos conocimos. —Dijo Alberto.

—Pues tienes muy mala memoria, aunque no me extraña, después de la cogorza que te pillaste.

—Pero ¿qué ocurrió? —Preguntó Alberto ya molesto.

—Joder tío, ¿no recuerdas? Una fiesta en la universidad, los dos en la barra pidiendo algo de beber y una preciosa chica que se llamaba Andrea, nos la follamos los dos, pero tú la jodiste, la follaste el culo, te fuiste al salón y te «jincaste» media botella de ron, aparte de que te hiciste una paja y pusiste el sofá perdido y para terminar echaste la «pota» en su alfombra, cuando Andrea cabreada nos echó de su casa.

—Joder, si, algo recuerdo, pero de esa noche tengo una laguna enorme. Solo recuerdo que me despertó un vecino, estaba tirado en el portal, mal vestido y sin dinero en la cartera, alguien me robó.

—Fui yo, idiota, me jodiste la noche y eso no te salió barato. —Dije riéndome.

—Serás cabrón. —Dijo riéndose.— Fue esa mierda de bebida a la que nos invitó esa chica… ¿cómo se llamaba?…

— Jaggermaister. —Respondí.

—¡¡ESO!! —Exclamó Alberto.— Esa bebida fue la que me fastidió la noche a mí. Por cierto, y si me lo permites, tu novia es impresionante.

—No es mi novia, es una buena amiga, más bien una buena folloamiga.

—Ese es un dato muy interesante. —Dijo Alberto con una gran sonrisa.

Que puedo decir de esa noche. Que fue interesante y divertida. Por extraño que parezca Inma y Cárol congeniaron rápidamente, yo hablé con Cárol y mentiría si dijese que no me sentí atraído por ella, vaya, si por mi hubiese sido la hubiese empotrado, pero sabia, Cárol me lo dijo, que Alberto estaba detrás de ella. Y Alberto…se notaba a la legua que le estaba «tirando fichas» a Inma que de vez en cuando cruzaba miradas conmigo y ponía los ojos en blanco en señal de paciencia. Únicamente cuando nos quedamos a solas Inma me lo dijo:

—Joder que tío más pesado. ¿Te lo puedes creer? —Dijo enseñándome un papel con un número de teléfono.— Y me ha susurrado en el oído al despedirnos que le gustaría conocerme mejor, que asco de tío y encima con su novia delante.

—Bueno, técnicamente Cárol no es su novia, ella misma me lo ha dicho, aunque ya le gustaría a él tener algo con ella.

—El caso es que Cárol me ha gustado mucho, como es y cómo piensa, hemos quedado en llamarnos para comer juntas un día de estos.

A ese primer encuentro siguieron muchos más y sin proponérmelo Alberto y yo empezamos a ser inseparables y algo curioso, muchas de las veces que quedábamos también se apuntaba Cárol, no así Inma que debido a sus viajes y sus correrías sin mí, estaba días sin dar señales de vida.

Todo cambió drásticamente el día que terminé mi carrera. Alberto y Cárol ya estaban trabajando en empresas diferentes y nuestros encuentros se distanciaron mucho. Alberto seguía intentando por todos los medios que Cárol le diese una oportunidad para demostrarle su amor incondicional, pero como ella misma me comentó una vez que le pregunté:

—Mi relación con Alberto es simple y llanamente de amistad. Nunca le daré pie a nada más porque, aunque con él me lo paso muy bien, sé que como hombre no lo quiero para mí. Pero lo utilizo como escudo, he tenido relaciones muy toxicas y no quiero buitres rondándome.

Eso me dejó claro el porqué de esa relación que no llevaba a ningún lado y sinceramente, me dio pena por Alberto ya que estaba perdiendo el tiempo con esa chica.

Como he comentado, todo cambió drásticamente en mi vida. Cuando terminé mi carrera y mi máster en empresariales, Inma como me prometió, me ofreció trabajo en la empresa de su padre y yo acepté encantado.

Me lo pintó todo de color de rosa, que si iba a ser increíble, que íbamos a pasar más tiempo juntos, que seguramente haríamos viajes de negocios ella y yo, con lo que eso podía significar, y que mi sueldo seria de…uffff…muchos ceros al cabo del año; que si coche de empresa que si incentivos por ventas, que si seguro médico privado…

Como he dicho, todo muy bonito, todo increíble. Vi mi vida solucionada, con un buen puesto, un muy buen sueldo y en un entorno de trabajo increíble, pero todo era luz de gas, un espejismo del que me percaté al poco, cuando empecé a trabajar en esa empresa de mierda.

Puedo entender que aunque terminé mi carrera y tenía mi fabuloso máster, el empezar a trabajar en una empresa requiere de un tiempo de adaptación, sobre todo si no tienes experiencia y nunca has trabajado. Pero esos estudios universitarios te dan opción, o por lo menos tendrían que dártela, a optar a un puesto de trabajo de responsabilidad.

Pero mi sorpresa fue enorme cuando mi primer día de trabajo me dieron una carpeta y tuve que hacer el recuento de material de un almacén inmenso, sin ayuda y con personas entrando continuamente para utilizar material con lo que el recuento que había hecho no servía de nada.

Fue decepcionante ver como Inma no quería saber nada de mí. Incluso se avergonzaba y me evitaba cuando nos veíamos dentro de la fábrica y eso me empezó a cabrear. Pero más me enfadé cuando al acabar el mes llegó mi primera nómina. Lejos de ser desorbitada era ligeramente superior a mil euros, pero lejos, lejísimos, del sueldo del que habíamos pactado Inma y yo.

Enfadado, subí hacia las oficinas donde Inma tenía su lujoso despacho y tuvimos una bronca donde nos dijimos cosas que rompieron en mil pedazos esa amistad que teníamos. Me dijo de mala manera que eso eran lentejas, (si quieres las tomas, o si no, las dejas), y terminó llorando y echándome de su despacho.

Lógicamente los gritos y los chillidos de Inma y míos se escucharon en toda la planta y llegaron a oídos de su padre que no tardó ni un día en llamarme a su despacho. Sabía que eso no presagiaba nada bueno, pero lo que no iba a consentir es que me humillasen y mucho menos que se riesen de mí.

Cuando vi aparecer a esa chica de contabilidad en el almacén y me buscaba con la mirada, no sé por qué, supe que se avecinaba tormenta, aunque el emisario fuese esa niña, una preciosa pelirroja de ojos azules y cuerpo tentador a la que ya había echado el ojo cuando coincidíamos en la sala de descanso. Fueron muchos cruces de miradas y alguna sonrisa, pero ninguno de los dos se atrevió a presentarse.

Como iba diciendo cuando entró en el almacén, me buscó con la mirada y nuestros ojos se encontraron, vino hacia mi decidida, era preciosa, pero su gesto serio casi hablaba por ella:

—Hola Mario.

—Hola…emmm…

—Perdona, es cierto, no nos han presentado. Me llamo Susana.

—Encantado Susana, dime, ¿qué te trae por aquí?

—El jefe del mundo mundial, quiere verte.

—¿El padre de Inma? ¡¡¿Qué querrá?!! —Exclamé irónicamente.

—Bueno, la bronca que tuvisteis ayer esta en boca de todos, y si te soy sincera, me gusta como pusiste en su sitio a esa arpía, pero creo que a su papi no le gustó nada como la trataste.

—Pues que se joda si no le ha gustado, pero me ha engañado, y no se lo consiento ni a ella ni a su padre, es mi vida y mi futuro. —Comenté algo enfadado.

Nos quedamos callados los dos mirándonos a los ojos. Me perdí en su mirada azul y por un momento me olvidé de todo hasta que un movimiento de sus ojos hacia la puerta de salida me sacó de mis pensamientos más obscenos.

—¡¡Ah!! ¿Pero tiene que ser ya? —Pregunté sorprendido.— ¿No puede esperar?

—Por supuesto que tiene que ser ahora mismo, y ya iras conociendo a don «lo quiero para ayer» es un hombre que no sabe ni quiere esperar.

—Bien, tú primero. —Dije cediéndole el paso.

Por nada del mundo me quise perder el espectáculo de ese culito enfundado en esos pantalones tan ajustados y fue espectacular. Creo que ella supo dónde estaba clavada mi mirada y lo contoneó sin vergüenza alguna hasta que llegamos hasta la puerta del despacho del padre de Inma.

—Suerte. —Me deseó Susana.

La vi desaparecer hacia su puesto de trabajo y antes de entrar en su cubículo, nuestras miradas volvieron a cruzarse y me volvió a sonreír. Toqué la puerta con los nudillos y sin esperar respuesta entré en ese lujoso despacho. —No pensé que el negocio del plástico dejase tanto dinero.— Pensé para mí, viendo la ostentación de esa estancia.

Se que a ese hombre no le gustó que yo entrase sin obtener su permiso, y eso me lo dijo su mirada llena de desaprobación. Estaba hablando por teléfono y le fastidió tener que terminar esa llamada para atenderme a mí. Colgó el teléfono y me miró de arriba abajo con desprecio:

—Tú debes de ser el tal Mario, ¿no? —Preguntó ese hombre.

—Es obvio, usted me ha mandado llamar, y a no ser que haya otro Mario en la empresa, sí, soy ese Mario. —Contesté con ironía.

—Bueno tenía ganas de conocer al vehemente que ayer hizo llorar a mi hija.

—¿Vehemente? ¿Yo? —Pregunté asombrado.— Vehemente su hija, que hizo promesas que no ha sabido cumplir, me ha engañado, ¿entiende eso? —Respondí enfadado.

—Mi hija no ha engañado a nadie. Tú firmaste un contrato, que espero que hayas leído.  Fui yo quien estableció tu puesto y tu sueldo y sinceramente me importa una mierda tu carrera y tu máster, —esto último lo dijo con burla,— y como todos mis empleados empezarás desde abajo y si eres válido irás ascendiendo.

—Realmente, me veo con poco futuro en esta empresa. Está usted desaprovechando un activo muy importante en mí.

—Es mi casa y mis normas, si no te gustan ya sabes donde tienes la salida, pero deja en paz a mi hija, no la molestes, no te quiero cerca de ella.

—Tranquilo, no la tocaré ni con un palo. —Respondí con ironía.— Si supieses la de veces que me la he follado, te daría un infarto, viejo de mierda.— Pensé para mí.

—Bien, pues si quieres seguir trabajando aquí no olvides lo que hemos hablado. Ahora vuelve a tu puesto de trabajo y no pierdas más tiempo. —Terminó diciendo con arrogancia.

Me di la vuelta y fui hacia la puerta de salida entre cabreado e indignado, ¿Quién coño se creía ese tío, por muy dueño de esa empresa que fuese, para tratar de esa manera a una persona? Estaría podrido de dinero, pero de educación andaba escasito.

—Gilipollas prepotente. —Salió de mi boca en un susurro.

—¿Decía usted algo? —Preguntó ese ser.

—Nada, solo que tenga un buen día. —Respondí saliendo de ese despacho.

La verdad es que no se si me respondió algo o no, me dio igual. Cuando cerré la puerta vi como Susana se levantaba de su silla y me miraba preocupada. Solo me limité a sonreírla para quitarle hierro al asunto, si coincidíamos y me preguntaba ya le contaría lo que había pasado.

Esa semana transcurrió sin más. Me limité a hacer mi trabajo lo mejor posible pero sin romperme la cabeza y muy tranquilo, sin prisas, ¿para qué? Si a final de mes no me lo iban a agradecer y mi motivación era cero.

Lo único reseñable fue saber que Inma, uno de los días, salió de su despacho muy enfadada y entró al de su padre dando un portazo. De lo que ocurrió en su interior nada se sabe pero los gritos de Inma se volvieron a escuchar por toda la fábrica y alguien me dijo que mi nombre se repitió muchas veces.

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