SYLKE & FRAN

CAPÍTULO 13 – APROBADOS

Era incomprensible haber suspendido casi exclusivamente Miguel y yo. Posiblemente mi amigo tenía razón y doña Aurora nos ponía a prueba y no precisamente de química, como yo lo estaba en cada una de las cosas que me había sucedido en tan pocos días. Desde descubrir los cuerpos femeninos desnudos de las chicas de mi familia, incluída Celia, para acabar descubriendo de sus labios, nunca mejor dicho, pues descubrí lo que era que me hicieran una mamada y todas ellas fueron asombrosas, hasta la de mi compañera Lucía, que sin duda desde ese momento miré de otra manera. Sólo me quedaba follar y después de haber visto a Miguel con Celia, a Aurora con Mario y después a mi propia madre con Fermín, me consideraba un bicho raro sin haberlo probado y entre todo eso, de la forma más inesperada, mamá me llevó a conocer lo que era eso, tener mi polla metida en un coño, mi estreno con ella, será la cosa que nunca podré olvidar, algo que todavía me costaba creer. Ahora me quedaba una asignatura pendiente, tal cual y era la de recuperar el aprobado de química con doña Aurora y lo iba conseguir fuese como fuese.

Llegó la hora y Miguel y yo nos plantamos frente al despacho de Dª Aurora. A esa hora, casi no había nadie.

  • Me da que no nos aprueba y nos deja para septiembre – me dijo Miguel con pocas esperanzas.
  • ¿Por qué dices eso, sin haber revisado el examen?
  • No seas ingenuo, tío. Esta quiere que vayamos a sus clases de recuperación y ponernos cachondos, ¿no te das cuenta de que es una calientapollas?
  • No sé.
  • Estas maduritas se ponen cachondas sabiendo que los jóvenes nos volvemos locos con ellas. Lo que yo te diga.

Miguel siempre lograba despertarme de mis pensamientos, pero volvía a tener razón, ¿Y si esta tía lo que quería era provocarnos, solo para calentarnos? Sin duda, le gustaba jugar con nosotros, dominarnos, pero sin llegar a nada más que un calentón. Desde luego, habiendo conocido a la otra Aurora, cualquier cosa podría pasar.

  • Pues yo no quiero perder el verano, tío. – dije.
  • Y yo no quiero que te hagas ilusiones, Marcos…
  • Bueno vamos a intentarlo al menos, yo creo que podemos conseguirlo – le dije con una sonrisa de confianza.
  • Muy seguro te veo yo a ti – Miguel me miraba con su ceño fruncido.
  • Déjame a mí.

Esta vez fui yo el que mostró esa seguridad y quien llamó a la puerta.

  • Pasen – la voz de Dª Aurora sonaba firme al otro lado.

Allí detrás de una mesa de nogal y sobre una butaca de piel nos recibió la rectora de la Universidad. Se había despojado de la chaqueta negra que tenía sobre un perchero. Sus gafas reposaban sobre la mesa. La oficina estaba decorada al estilo clásico, con cuadros que representaban imágenes de anteriores decanos y figuras campestres. A la derecha, había un sofá negro de piel que supuse bastante cómodo. Todo muy sobrio y elegante.

Nuestra profesora hablaba por teléfono y con un gesto autoritario, nos dijo que nos sentáramos y así lo hicimos, acomodándonos en dos sillas frente a su mesa mientras ella seguía enfrascada en una conversación con su móvil, aunque más bien parecía una discusión y todo indicaba que se trataba de su marido.

  • ¡Te he dicho que no, no me intentes engañar!, ¡No me valen tus excusas!, ¡Siempre estás con lo mismo!, ¡Esas marcas te delatan!

La conversación era una especie de discusión, a la que no podía sacar muchas conclusiones, pero intuí que había descubierto alguna infidelidad por parte de su marido. Llegué a pensar que había visto algo en su cuerpo o en su ropa que le dejaban en evidencia ¿Y si era por el lío que Fermín tenía con mi madre? Bueno, ella tampoco tenía mucho que decir, pues también se folló a mamá y de qué manera, eso por no hablar del mamón de mi cuñado. Además, de algún modo ese tonteo de mamá con Fermín no le tuvo que pasar desapercibido a ella, como si realmente lo conociera. Era demasiado evidente su tonteo.

Doña Aurora colgó el teléfono, algo cabreada, nos miró a los dos y cruzando las manos sobre la mesa, acabó diciendo:

  • Jovencitos, he vuelto a revisar sus exámenes y no hay mucho que reclamar, porque incluso les bajaría la nota más.
  • Yo sí que te bajaría otra cosa – pensé para mí.

Inclinándose hacia adelante, nos puso delante los exámenes, llenos de flechas, tachones y marcas. Miguel y yo nos acercamos, pero esa inclinación hizo que a nuestra vista aparecieran esos inmensos melones tapados por un sujetador blanco, y que días antes había visto en todo su esplendor al descubierto, en esos momentos mi atención se desvió de lo que realmente nos llevaba allí. ¿Cómo era posible que esa mujer siguiera excitándome después de la faena que nos había hecho?

  • Pues sigo sin entenderlo. – apuntó Miguel – el resto de compañeros, han aprobado en su mayoría.
  • Bueno, ya les dije a ustedes el otro día en la fiesta que deberían estudiar más, así que ahora tienen una oportunidad de recuperarlo durante todo el verano para septiembre.

Su tono y el hecho de llamarnos de usted, era una manera de mantener la distancia, a pesar de que, en la fiesta, se nos insinuó a base de bien y esa rectitud y seriedad, brillaban por su ausencia, eso a pesar de que Miguel, no había visto todo como yo.

  • ¿Qué te dije? – dijo mi compañero con una mueca mirándome con media sonrisa.
  • ¿Qué pasa? – dijo nuestra profe mirándonos a ambos.
  • No, nada que el examen lo veo de buena nota. No hay derecho. – dijo Miguel tirándolo de nuevo sobre la mesa abatido, pues veía que no había nada que hacer.
  • ¡Comprobémoslo! – dijo ella.

Se levantó de su sillón de cuero y bordeando la mesa, meneando sus caderas de forma insinuante, se puso entre los dos ¡Qué mujer más impresionante!, su cercanía nos turbaba no sólo a mí sino a Miguel que me miraba con una sonrisa de apuro. Teníamos sus caderas a la altura de la cara y ella de vez en cuando cambiaba el peso de sus pies, sobre sus tacones de aguja, haciendo que ese pandero se moviera incesantemente ante nosotros. Ya no me cabía ninguna duda de que todo lo que decía Miguel era cierto, esa tía quería jodernos con la intención de tenernos pillados todo el verano, aunque yo no estaba dispuesto a que jugara conmigo, me pusiera como un toro y luego me dejase con el calentón. ¡Una calientapollas en toda regla!

Ella nos iba explicando los detalles, pero en realidad lo que hacía era doblar más su cuerpo de pie, entre nosotros haciendo que su busto pareciese querer salirse del escote de su blusa. Esas protuberancias se hinchaban cada vez que ella señalaba algo en los papeles de nuestra prueba. Se inventaba cosas, diciendo que habíamos hecho mal una formulación o el desarrollo de la explicación, pero estaba seguro de que no era cierto. Lo que estaba claro es que no tenía arreglo lo de revisar, porque siempre tendría algo que rebatir y al fin y al cabo era la rectora de la universidad por lo que ella tenía la última palabra y entonces fue cuando puse en marcha mi plan B. Esta tía no se iba a reír de nosotros, ni a calentarnos hasta dejarnos como un horno y luego “si te he visto no me acuerdo”. No era ético, seguramente, pero tampoco lo que ella hacía queriéndonos joder el verano, con el único fin de calentarnos.

Saqué mi móvil, disculpándome previamente, con una sonrisa en mis labios. Mi compañero me miró extrañado y pulsando el botón de reenviar, inmediatamente los móviles de Miguel y de mi profesora sonaron a la vez en un bip que señalaba la llegada de mi mensaje. Ambos sacaron sus smartphones y sus caras eran un espectáculo al ver lo que se mostraba en el mensaje y ese video que me sirvió para espantar al novio de mi hermana: Una mujer follando con un joven en algo parecido a un garaje.

La cara de Miguel era de sorpresa total pero la de Dª Aurora cambió de color, casi palideció al instante aferrada a la mesa con una mano, para no caerse y con la otra sujetando su teléfono y los ojos como platos viéndose en ese vídeo.

  • Colega, este es tu garaje y este es…. – empezó a decir Miguel.
  • Si, el mamón de Mario.

Ella estaba paralizada viendo el video, pues nunca hubiese pensado que había quedado inmortalizada.

  • ¿Qué es esto? – dijo ella, con la voz entrecortada, pues casi le costaba articular palabra.
  • Uffff que rico- dijo Miguel, casi en un grito, que sentado en su silla disfrutaba de esa imagen de la cámara de seguridad de mi garaje, en el que el cuerpo desnudo de nuestra profe cabalgaba sobre Mario.

Aurora volvió su cara hacia mí, todavía en shock, pues no hubiese imaginado que ahora era yo el que tenía la sartén por el mango. Mantuvimos la mirada clavada el uno en el otro durante un buen rato.

  • Sí, es usted, doña Aurora. – afirmé.
  • Pero…
  • Sí, usted con el novio de mi hermana este fin de semana durante la fiesta, ¿lo recuerda? – le dije con una confianza absoluta totalmente desbocado y con la adrenalina por las nubes.

Nuestra profesora soltó el móvil sobre su mesa como si le quemase entre los dedos y sus manos se entrelazaron nerviosamente sin saber cómo reaccionar.

Me imagino que por su mente pasó todo lo sucedido, pero además no había escapatoria posible, la imagen era nítida y aparte de su escultural cuerpo desnudo y esas tetas grandiosas, su cara se identificaba a la perfección. Su nerviosismo debía estar aumentando por momentos, imaginando la cara de su marido, pero más que eso, el escándalo que podría significar que ese video corriese por la facultad y de hecho por todo el campus. Tendría que dimitir como rectora y quien sabe, quizás también como profesora. Su carrera y su prestigio corrían peligro. Me sentí mal por hacer eso, era juego sucio, pero no tenía escapatoria.

  • Marcos, esto es… – empezó a decir ella con la voz temblorosa.
  • Entonces, ¿Hay posibilidades de aprobar doña Aurora? – interrumpí su frase.
  • Esto no puede ser. Es una guarrada.
  • ¿Cuál de todas? ¿Cuándo se la chupó?, ¿cuándo folló con él?, ¿Cuándo le repitió sigue cabrón, o ¿cuándo él se corrió en su coño?

Miguel me miraba con los ojos desorbitados, pues no se creía que yo fuese tan lanzado, soltando esas perlas y que mucho menos tuviese en mi poder ese As bajo la manga.

  • No puedo aceptar un chantaje. – dijo ella.
  • Digamos que estamos empatados, señora. – dije y hasta me asusté de mi chulería – usted nos ha suspendido sin motivo y sabe que no tiene razón. Sabe perfectamente que estábamos aprobados desde el principio, pero ha querido jugar con nosotros, abusando de su poder… así que mejor no hablemos de chantajes.

Miguel seguía con la boca abierta y sus ojos iban del móvil, revisando el video a volver a mirar mi cara y mi sorprendente comportamiento.

  • Yo creo que debería revisar de nuevo nuestros exámenes o de lo contrario, esa imagen podría estar circulando por ahí y no creo le interese que esta institución tan seria se entere de lo que hace su rectora en las fiestas privadas. – le dije mirándola a los ojos, totalmente envalentonado.
  • Sinvergüenza, te voy a expulsar de la universidad y a tu compañero también…….- dijo Dª Aurora, mirándonos a ambos, aunque antes le corté yo.
  • ¿Se lo va a decir a mi madre acaso? – exclamé con una sonrisa socarrona.

Cerró los ojos tapándoselos con las manos, sin saber cómo salir de la situación. Miguel me miraba y se mordía el labio, debía pensar que me había dado algo o me había tomado alguna cosa para soltar aquello con esa decisión. Desde luego ese video, podría ser nuestra salvación y mi rabia por habernos arrinconado, me hicieron saltar como un gato.

Doña Aurora se quitó las manos de la cara y tras mirarnos con cierta duda, acabó diciendo:

  • Está bien, acepto vuestro chantaje… os aprobaré a los dos
  • ¿En serio? – dijo Miguel entusiasmado.
  • Sí, os doy mi palabra, ahora marcharos por favor- añadió la profesora levantándose de la mesa para acompañarnos a la puerta.

Yo sujeté le brazo de Miguel para que no se levantara de su silla mientras ella se encaminaba a la salida de su despacho.

  • Mejor será que vaya a la puerta y la cierre con el pestillo – le dije con un descaro que hasta a mí mismo me sorprendía.
  • ¿Por qué? – la voz de Dª Aurora denotaba nerviosismo.
  • Usted hágalo, no nos conformamos sólo con el aprobado, ¿verdad, Miguel? – añadí – Merecemos una compensación por ese lamentable error.

Ella estaba confundida y le hice un gesto, confirmando lo que le pedía levantando mi móvil y entonces hizo caso de a mi orden, volviendo a continuación a su sillón y sentándose, más confundida.

Con un gesto a Miguel, le dije que se levantara y nos pusimos los dos, uno a cada lado de nuestra rectora. Desde arriba, se vislumbraban sus piernas cruzadas, envueltas en esas finas medias y también ese escote, con el dibujo del encaje de su sostén. ¡Vaya mujer!

Me podía haber conformado con el aprobado exprés que nos proponía, pero no, no podíamos dejar eso como si nada hubiese ocurrido. Ya estábamos aprobados desde el principio, lo otro era un engaño y una extorsión, había jugado con nosotros, nuestra carrera y de algún modo con nuestro futuro, empleando su poder, su vacile, su arrogancia y sus provocaciones continuas, no podía quedar todo, así como así. Yo ya había escuchado por los pasillos casos parecidos en otros años y la buena de Doña Aurora. Tenía que darle su castigo.

Puse mi mano sobre el hombro de esa mujer.

  • Nos sedujo en la piscina con la ley de la gravedad, ¿se acuerda?, luego se folló a Mario, el novio de mi hermana y después sabe muy bien lo que hizo ¿verdad?

Ella levantó la mirada mirándome con cara de susto, pues si lo del garaje era un escándalo, lo de acostarse con la madre de un alumno no le dejaría otra opción más que aceptar mis condiciones. Sabía que yo lo sabía, mientras que Miguel, ponía cara de no entender nada. La respiración de Dª Aurora se alteraba.

  • ¿Y qué queréis? – nos dijo mirándonos alternativamente a uno y otro.
  • Pues que siga la fiesta. – le susurré junto a su oído, pero lo suficientemente fuerte para que me oyese Miguel.
  • ¿La fiesta?
  • Claro, Aurora – dije quitándole formalismos – nos calentaste hasta ponernos encendidos, acorralados como dos polluelos, sabiendo que no podíamos hacer nada más que explotar y eso le pasó a mi amigo, ¿verdad Miguel?

Miguel asintió y debía estar recordando la paja que se tuvo que hacer desesperadamente tras ese juego de provocación de nuestra profe en la piscina, llegando a manchar la toalla con su semen.

Sin dar tiempo a más réplicas, puse mi mano izquierda sobre el cuello de ella, provocando que echase la cabeza hacia atrás, mirándome asustada, pero al mismo tiempo excitada, pues mis caricias rápidamente empitonaron sus pezones que se marcaban bajo la blusa. Miguel, viendo que ahora era nuestro turno, pasaba sus dedos por la otra parte de su cuello.

  • No, por favor, parad, esto es una locura. – nos imploraba.
  • Pues no pareció una locura lo que hizo el fin de semana – le dijo Miguel compartiendo mí plan.
  • Eso era solo un juego. – exclamó ella.
  • Por eso, ahora toca terminar la partida. Ni a mi Miguel ni a mí, nos gusta dejar las cosas a medias.
  • Aquí no. – protestó mirando alrededor en su despacho.
  • Este es el mejor sitio, desde su castillo, en el que siempre parece dominar todo. Haciendo lo que le place, sin importarle las consecuencias ¿no te parece Miguel?
  • Por supuesto y no creo que nadie nos moleste. – sentenció mi amigo que se frotaba las manos.

Nuestras pollas ya habían formado un bulto en el pantalón, algo que a ella no se le escapó fijándose detenidamente en nuestros paquetes. Estaba acostumbrada a lograr erecciones por donde quisiera que pasase, logrando encender al personal, como hizo con nosotros dos en la piscina, pero ahora tocaba cambiar las tornas. Ella estaba ahora a nuestra merced y en el fondo eso parecía excitarle, se notaba en su mirada.

  • Aurora, sabes que eso que has hecho está muy mal… y no me refiero a que hubieras follado en mi casa con el novio de mi hermana o con otras personas, sino que pretendías hacernos repetir curso, sólo para jugar con nosotros… has sido muy traviesa.
  • Yo no… – intentó decir.
  • Tú sí. – afirmé antes de que intentara decir nada y me sorprendía a mí mismo por dominar una situación como esa.

Miguel y yo cogimos ambas manos de la profesora y las posamos en nuestras respectivas pollas que se tensaron al sentir sus dedos, solo dudó un segundo, porque rápidamente empezó a masajearnos por encima del pantalón y se quedó especialmente asombrada con lo que yo escondía, algo que debió gustarle y el hecho de mojarse los labios, me confirmaba eso.

Mi mano derecha, buscó los botones de su camisa empezando a desabrocharlos, mientras ella seguía frotando nuestras vergas, sin protesta ninguna. A pesar de que parecía que yo tuviese el control en todo momento, mi excitación era intensa, casi desbordada y mi amigo, no digamos, ni se lo creía, se mordía los labios y me miraba, como no dando crédito a lo que estaba sucediendo.

Quedaron al descubierto dos esplendidos melones cubiertos por el sujetador blanco y entre mi amigo yo, terminamos de quitarle la blusa, mientras ella seguía hipnotizada e inmersa en el masaje a nuestras pollas.

  • Todos sabemos que eres todo un zorrón, ¿verdad, Aurora? Toda una puta calientapollas – dije sin creerme que hubiese soltado tal cosa por mi boca.

Ella no dijo nada, mientras que Miguel parecía estar flotando en una nube, tanto por mi comportamiento, como por estar cumpliendo una de nuestras fantasías con doña Aurora.

Ayudamos a que se levantase de la mesa mientras una mano mía y otra de Miguel se apoderaron de sus enormes pechos. Sólo con un gesto que le hice, ella desabrochaba nuestras cremalleras dejando al descubierto nuestras pollas apuntando hacia ella. Primero miró la de Miguel, que no está nada mal, pero se sorprendió de ver mi tamaño en largo y ancho, de esa polla de venas marcadas, que tanto complejo me daba al principio y que tantos éxitos estaba cosechando. En ese momento tenía claro de mi poder de atracción con mi herramienta, como bien me dijeron en su momento Celia o mamá… y esa era la demostración más palpable, pues Aurora no hacía más que humedecerse los labios hipnotizada con mi dura verga.

Las dos manos de Aurora nos masturbaban con delirio a cada uno. Sin duda, se había abandonado a la excitación reprimida que sentía. Su juego le había llevado a superar los límites que siempre se había marcado o los que su puesto le permitía, pero ahora, sin otra opción, lo parecía estar disfrutando con dos jóvenes cachondos a su lado.

Su respiración se agitaba por momentos, al tiempo que Miguel y yo nos encargamos de sus pechos que dejamos al descubierto, por encima de su sostén y nuestras lenguas se dedicaron a jugar con sus pezones. Eran grandes y estaban durísimos. Ella aumentó el ritmo frenéticamente sobre nuestras pollas, pero aquello no podía acabar tan pronto con otra corrida manual.

  • Ahora, enséñanos cómo funciona esa boquita –dije con excesiva chulería ante el asombro de mi amigo y de nuestra rectora.

La sentamos en el butacón de nuevo y acercamos nuestras pollas a su boca, y tras mirarlas de cerca, mojándose los labios, lamió juntando nuestros glandes y pasando su lengua por ellos, mirándonos alternadamente a los ojos, mientras nosotros empujábamos hacía dentro para que las engullera, algo que empezó a hacer con deleite. Cuando uno la sacaba, el otro se la clavaba hasta tocar su campanilla.

El sonido gutural de su garganta tragando indicaban que era una campeona mamando pollas… sin duda la de Miguel y la mía no eran las primeras que se comía y ese arte chupando nos proporcionaba un placer inmenso a mi amigo y a mí.

  • ¡Guau, cómo la chupas, Aurora! – dije cuando en una de esas vi sus labios atrapándome una buena porción de mi polla con su lengua por debajo.

De forma coordinada, entre mi amigo y yo, nos separamos para invitar a levantarse y guiarla al sillón amplio de piel que estaba al lado. Para doña Aurora, aquella debía ser de las pocas veces que no llevaba las riendas, pero lo estaba disfrutando tanto o más que yo, que estaba poseído por esa inmensa vorágine sexual de la cual ya no podía escapar, Miguel por detrás y yo por delante la besábamos pasando nuestras lenguas por su piel, unas veces por sus pechos y sus aureolas, otras por su cuello o por su boca, entregándose totalmente cachonda a nuestros besos, acariciando nuestras nucas, mientras bajábamos su falda, dejando a esa preciosa mujer con su tanga blanca y sus medias de liguero sujeto sobre el muslo.

  • ¡Joder qué pasada, macho!, ¡qué buena está esta tía! – decía Miguel terminando de soltar el sostén que permanecía enrollado en su cintura.

Era cierto, era una pasada estar tocando ese cuerpo tan anhelado. Posteriormente, bajamos su tanga, agachándonos a cada lado de sus caderas y al subir, nuestras pollas rozaban su culo y su pelvis, mientras que sus manos buscaban nuestra erección intensa.

Miguel que era más experto, la hizo sentarse, y arrodillándose le abrió las piernas todo lo que pudo empezó a lamer sus muslos, deslizándose a sus labios vaginales completamente encharcados de fluidos, a la vez que se masturbaba su polla. La profesora terminó echando su cuerpo hacia atrás rendida ante la posesión sexual que la invadía, sus pechos se abrieron a los lados, sus pezones se endurecieron y volvieron a aflorar esas pequeñas fresas que yo ya visualicé cuando estuve con mi madre, aunque ahora más cerca.

Empecé a pajearme y puse mi mano izquierda en sus mamas, deliciosas, aunque algo rugosas, propias de su edad a la vez que Miguel encontró su clítoris pues un gemido intenso y el hecho de verla arquear su espalda, me hizo suponer que así era.

La profesora quitó mi mano de mi polla y puso la suya empezando a pajearme con velocidad e inmediatamente puso su boca y hacer una felación intensa llenando mi polla de babas que goteaban sobre el sofá. Era una increíble virtuosa chupando, pues si hasta ahora, tanto Celia, como mi hermana, junto a Lucía, además de la increíble boca de mamá, habían logrado sucumbir al mayor de mis placeres, nuestra profesora no se quedaba atrás, en absoluto.

Miguel se incorporó, colocándose entre las piernas de nuestra profe, abriéndolas al máximo y sacudiendo su polla la acercó a ese coño rojizo de labios salientes, rugosos y mojados hasta que frotó el glande sobre el clítoris y toda la rajita. Aurora con una mano, seguía sosteniendo la base de mi polla y con la otra, ayudó en la estimulación de su botón para aumentar la excitación y después, con tan solo dos dedos tomó la polla de Miguel para orientarla y la introdujo dentro mientras la mía seguía entrando y saliendo de su boca. ¡Joder, ni me creía que estuviésemos los dos con esa mujer!

Miguel empezó a moverse despacio al principio, pero poco a poco fue aumentando el ritmo, taladrando ese coño precioso, coronado por un mechón rojizo de lo más sugerente. Él se recreaba, sacando la polla por completo y volvía a introducirla con embestidas potentes y profundas. La profesora gemía, poseída por un brutal orgasmo que trasladó casi guturalmente con mi polla metida en su garganta.

  • ¡Nunca había follado un coño tan caliente y húmedo, uffffffff!- dijo Miguel alternado por gemidos y bufidos.

Yo miraba con envidia a mi amigo, pues por lo que decía, ese coño debía estar atrapándole, a base de bien. Irremediablemente volví a recordar lo que era follarse un coño y soñaba con repetirme con el de doña Aurora, como lo estaba haciendo él. Miguel pareció leer mi mente.

  • Vamos a hacer algo que de seguro que le va a gustar más, túmbate boca arriba Marcos, tienes que sentir este coño atrapándote ese pollón – me sugirió mi amigo – te lo has ganado, colega.

A continuación, Miguel se separó de Dª Aurora con su rabo totalmente brillante y yo me tumbé en el sofá de cuero negro.

Ella se sentó a horcajadas sobre mi polla, y guiándola fui penetrándola, entrando con una suavidad total embadurnada por sus jugos. Ella se inclinó sobre mí y me alimenté de sus pezones, mordiéndolos y lamiéndolos, mientras notaba como mi duro miembro entraba en ese segundo coño. Dª Aurora era una yegua desbocada, gemía y se movía sin control, cuando un fuerte espasmo hizo que se quedara quieta, Miguel la había escupido en el agujero de su culo para lubricarlo y empezó a penetrarla analmente. ¡No me lo podía creer! Si antes había visto algún video con un sándwich, follándose una tía entre dos, ahora lo estábamos haciendo Miguel y yo, con doña Aurora, que no dejaba de gritar y gemir al mismo tiempo, ensartada con nuestras pollas, siendo penetrada de forma enérgica.

Era fantástico, todo ese sueño era real, nos estábamos follando a nuestra profesora los dos a la vez por sus dos agujeros, Miguel la sujetaba por los hombros dándole embestidas, mientras yo movía mis caderas hacia arriba para que sintiera mi polla taladrarla.

  • ¡Ay, sí, cabrones, me matáis, sí, sí, sí! – repetía ella, cerrando sus ojos, totalmente extasiada, disfrutando tanto como nosotros.

Le hice una seña a mi compañero para decirle que no podría aguantar mucho más y justo cuando estábamos a punto de estallar, nos separamos de ella, la tumbamos en el sofá y arrodillándonos al lado poniendo nuestras pollas sobre su boca, una fuerte corriente recorrió nuestros respectivos cuerpos expulsando toda la leche que teníamos acumulada, bañando su cara de chorros blancos, que iban desde su pelo hasta su barbilla y algunos que colgaban de sus labios y que lamió con su lengua.

Nos habíamos corrido en la cara de la rectora de la universidad., después de esa intensa follada en un trío increíble. Habíamos aprobado y probado a Dª Aurora. Sí, era cierto.

Miguel y yo nos terminamos de vestir, no sin antes, observar el cuerpo desnudo de nuestra profe que parecía exhausta y su cara blanca de semen, que nos sonreía desde la distancia, tumbada sobre aquel sofá negro.

Abrazados por el pasillo de camino a la salida, gritábamos eufóricos, sin creernos todavía que hubiésemos vivido esa experiencia.

  • ¿Qué viste en la fiesta con doña Aurora aparte de follarse al novio de tu hermana? ¿Se lio con alguno más? – me preguntó entonces mi amigo con curiosidad.
  • Bueno, me lo inventé, porque estaba seguro de que se había acostado con alguien más. – dije mintiendo a Miguel.
  • Joder, pues lo has clavado, colega.
  • En realidad, se la hemos clavado los dos. – dije.
  • Jajaja… y esta, además querrá repetir. El culo te lo cedo para el próximo día.
  • ¡Hecho! – dije chocando la mano con él.

Sin más nos despedimos. Así llegué a casa, todavía incrédulo, después de haber follado con esa diosa de Aurora, la mujer de mis sueños. Parecía no haber nadie y me metí en el baño, una ducha y tras picar algo, quedarme dormido desnudo sobre la cama en una siesta reconfortante.

Al despertarme, casi tres horas después, me costó acostumbrarme a la claridad, pues los últimos rayos del sol de la tarde entraban por mi ventana, hasta que vi que a los pies de la cama mi hermana me miraba de arriba abajo especialmente a mi verga algo morcillona, pero curiosamente no me tapé, pues sus ojos seguían clavados en ese inicio de erección.

  • Hola Sandra. ¿Cuánto tiempo llevas ahí? – pregunté incorporándome, pero solo apoyado sobre mis codos, pues me gustaba la forma de mirarme, especialmente a mi polla.
  • Pues un rato, dormías como un corderito y no quise despertarte.

Yo también la observé, pues llevaba un top de gimnasia en la parte de arriba, con su ombligo al aire y un pequeño pantalón de lycra azul, muy corto, que se ajustaba marcando unas caderas preciosas y una vulva desafiante. MI polla daba pequeños espasmos, sin llegar a tensarse del todo, supongo que cansada tras el polvo a doña Aurora, pero con ganas de volver a entrar en juego y además Sandra despertaba mis instintos y de qué manera.

  • ¿Pasa algo, hermanita? – le pregunté.
  • No, nada, quería disculparme.

Era raro que ella se disculpase conmigo porque casi siempre andamos peleados por las tonterías más absurdas.

  • ¿Y qué tengo que perdonarte? – dije observando esas enormes tetas que parecían querer salirse del top.
  • Pues por lo de mamá, bueno, por contestarte de mala manera ayer, cuando quisiste darme explicaciones. Fui bastante borde. Lo siento.
  • Bueno, no pasa nada, Sandra.
  • Lo entiendo todo perfectamente, mamá me intentó explicar todo con detalle, pero me comporté como una idiota, tanto con ella como contigo.
  • Que bien que lo veas así.
  • Claro que sí y entiendo que mamá te ayudase con ello, no se lo puedo reprochar tampoco y menos con eso. – añadió señalando mi polla.

Mi hermana estuvo contándome la conversación con nuestra madre, llegando a confesarle que también perdió la cabeza ni pudo evitar sentirse excitada, que gozó mucho de mi polla y mientras me lo contaba Sandra, yo mismo notaba como mi verga daba pequeños espasmos. Luego ella me decía que todo tenía sentido, que sabía que yo estaba desesperado después de esas experiencias previas vividas en la fiesta, que me volví loco por querer follar y lo necesitabas a toda cosa. Casi parecía estar hablando por ella misma, diciendo que cuando quieres follar y no lo consigues se te nubla la vista.

  • ¿A ti te pasa? – le pregunté recolocándome la polla, pues ya estaba más grande.
  • Claro, ahora mismo. – dijo ella fijándose en esa semi erección.
  • Pero tú con Mario… – me aventuré a decir.
  • Lo hemos dejado.

Puse cara de sorprendido y apenado, pero en el fondo estaba feliz por esa noticia. Sandra me contó que, tras la fiesta, él había desaparecido, que tras varios días consiguió hablar con él, pero parecía distante, como si quisiera romper con ella, para decirle al final que lo mejor era darse un tiempo entre ambos.

  • Lo siento, Sandra. – dije, pero por dentro celebré que ese idiota se alejara de mi hermana, pues ella necesitaba algo mucho mejor.
  • Gracias, pero creo que todo ha sido porque nunca se la chupé ni me chupó a mí.
  • ¿Tú crees?
  • Sí, estoy segura. Fui una idiota. Tendría que haberlo hecho con él desde el principio, porque descubrí que contigo es genial. Gracias también por ayudarme con eso.

MI polla iba tomando forma cada vez más fuerte, mientras escuchaba a mi hermana hablándome como nunca había hecho.

  • Lo importante, Sandra. ¿Te gustó?
  • Mucho. ¿Y a ti?
  • Me encantó, la chupas muy bien. No parecías una novata precisamente.

Eso pareció gustarle a ella y a la vez mi miembro ya se puso totalmente erecto apuntando al techo y mi hermana se mordía el labio observándolo tan tieso.

  • Qué bueno, menos mal, no estaba segura de haberlo hecho bien. Y eso que no logré tragármela entera -dijo ella.
  • Te aseguro que fue genial, Sandra.
  • Gracias, aunque necesitaría practicar, no sé si volveré con Mario, creo que debe andar detrás de otra, pero al menos, cuando consiga salir con otro chico, me gustaría dominar la técnica, incluso, tragármelo todo.

Otro espasmo y una erección totalmente visible.

  • Pues lo harás genial, estoy seguro. – le dije.
  • Sí, supongo que es cuestión de entrenar. – insistió con la vista clavada en esa empalmada brutal.

Justo cuando le iba a decir que podíamos hacerlo en ese preciso instante, oímos que nos llamaba Celia desde la cocina.

  • ¡A cenar, chicos!

Mi hermana se frotó las manos y tras volver a mirar mi polla que seguía en ristre, añadió riendo.

  • Deberías ponerte algo. No bajarás así a cenar.
  • Claro, jeje.
  • Por cierto, no le comentes nada de esto a mamá en la cena, ¿vale?
  • No, mujer, tranquila.

Sandra desapareció meneando su culito enfundado en esas mallas y yo, a duras penas, me puse el pantalón de deporte corto y una camiseta y tras esperar que se me pasara la nueva calentura, me bajé a la cocina. Mamá llevaba un vestido corto muy escotado, que habitualmente no se ponía delante de papá, estaba impresionante y eso provocaba que mi erección quisiera volver a salir a la luz, pero intenté pensar en otra cosa para que no ocurriera. Cenamos los tres, mientras Celia nos iba sirviendo, pues mi padre seguía en su trabajo. Mamá me preguntó por el examen y le dije que había aprobado, por lo que no tenía que preocuparse de nada para pasar el verano. Por supuesto no le di detalles de cómo conseguí ese aprobado, con la inestimable ayuda de mi amigo Miguel.

  • ¡Enhorabuena, cariño! – me dijo dándome un beso tierno en la frente.

Sandra también me felicitó, pero en su mirada parecía estar recordándome lo de nuestra conversación en mi cuarto.

  • ¡Ese es mi niño estudioso! – exclamó Celia pegando sus tetas en mi nuca y abrazándome detrás de mi silla.
  • Gracias, pero no es para tanto. – dije.
  • Bueno, yo te haré un postre especial para la comida de mañana, como regalo, ¿te apetece?
  • Claro. – dije pues los postres de Celia son deliciosos.
  • Cuenta con ello – añadió, guiñándome un ojo con una lascivia, que al menos a mí me parecía evidente. – Te mereces un regalo especial.

Continuará…

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