AKUARIES

16.

El mismo día por la tarde, que Lucía dio el paseo tan agradable con Carlos, su amiga Isa, por la que estaba tan preocupada, miraba al cielo dejando la melena despeinarse con el viento, sonreía y relajaba el cuello moviéndolo de lado a lado, viajaba de acompañante en el flamante deportivo descapotable de Daniel, o mejor dicho, el flamante deportivo de su padre. Él le propuso parar a tomarse un chupito, ella aceptó, después del primero vino el segundo y el tercero. Siguieron el camino ‘tocados’ por los chupitos hasta llegar a la casa de Daniel.

Entraron y se dirigieron al gran salón con vistas al jardín, se oía música, Daniel abrió la doble puerta corredera, en el salón abrían unos siete u ocho tíos, según pudo contar Isa de un golpe de vista.

-¿Y esto? ¿Has montado una fiesta?- Daniel la miraba con una sonrisilla.

-La fiesta te la he montado a ti, quiero que te los folles a todos.

-Pero que dices ‘retrasao’- Le contestó rápidamente Isa.

-Mira, haz lo que te digo y te irá muy bien, te regalarán cosas, mejorarás tu nivel de vida…

-¿De verdad crees que tengo que mejorar mi nivel de vida?

-Va tía ¿De verdad te creías que beber champán y vivir de puta madre te saldría gratis?

-No, pensaba que estaba iniciando una relación con alguien normal.

-¿Una relación? No me jodas Isa, tú no eres tan inocente.

-Pues aunque no te lo creas, sí que lo soy.- Respondía Isa, mirando aquel grupo de pijos repeinados.

-Sino lo haces no vas a vivir tranquila nunca más…

-¿Ahora me amenazas? Que cojonazos tienes tío. Mira, tengo una idea, pon tú el culo y que te follen todos, uno detrás de otro, verás cómo te gusta hijo de puta.- Dijo Isa levantando la voz, para que todos la escucharan.

Se dio media vuelta y salió de aquella casa, fue hasta la parada del autobús, no tardó mucho en pasar uno al que se subió. Sentada mirando por la ventanilla se relajó, se le estabilizó la adrenalina y dos lagrimones le bajaron por las mejillas, seguidos de muchos más, lloraba mucho. Y no lloraba por lo que le había pasado a ella, lloraba por ser una gilipollas, por intentar olvidarse de la gente que más la quería, por ser tan ilusa, por creer que podría tener una gran vida con alguien como Daniel, por pensar que un coche o una casa impresionante puede dar la felicidad.

Isa llegó a su casa en un momento que no había nadie, pensó que había tenido suerte, no tenía ningunas ganas de dar explicaciones. Se encerró en su habitación, se tiró literalmente encima de la cama a llorar, el mundo se le caía encima. Sus padres llegaron a la casa, estuvieron un rato moviéndose arriba y abajo, cenaron y miraron un rato la televisión. Fue, cuando se fueron a dormir, que su madre vio la puerta de la habitación de Isa cerrada, eso le extrañó, cuando ella no estaba siempre la dejaba abierta. Se acercó y escuchó pegando la oreja a la puerta, pudo oír a su hija llorar, Higinia hizo una mueca, lo de Manolo está durando demasiado pensó. Dio suavemente unos golpecitos en la puerta.

-Isa ¿Estás bien? ¿Te hace falta algo?- Preguntó casi susurrando su madre.

-Estoy bien, mañana hablamos, necesito estar sola.

Contestó Isa sin dejar de llorar, no engañó a su madre, Higinia vio claramente que Isa estaba muy mal. Hizo otra mueca de preocupación y se fue a su habitación, cuando se metió en la cama Armando la vio preocupada.

-¿Pasa algo?- Preguntaba Armando al ver la cara de su mujer.

-La niña, está encerrada en su habitación y nosotros ni enterarnos.

-¿Y eso?

-Está llorando Armando, se le nota que ha llorado mucho, ni ha cenado, está muy preocupada por algo, mañana intentaré hablar con ella.

-Este enfado con el novio le está afectando demasiado, a lo mejor mañana hablo con Manolo.- Decía Armando serio.

-No hables con nadie, puede que sea algo más que una simple discusión de novios como nos pensábamos.

El matrimonio se miró preocupado, se dio el beso de buenas noches y se tumbaron, se tumbaron, porque ninguno de los dos pudo dormir bien esa noche.

Como cada día Higinia y Armando se levantaron pronto, para desayunar juntos antes de que él se fuera a trabajar. Higinia se acercó con cuidado a la puerta de la habitación de Isa, escuchó, no se oía nada, seguramente este durmiendo, pensó.

Armando se fue a trabajar, su mujer fue pasando toda la mañana escuchando la puerta de la habitación, un par de veces intentó abrirla sin hacer ruido, no pudo, estaba cerrada por dentro. Cuando escuchó ruido dentro llamó.

-Isa cariño, sal a desayunar y hablamos.

-No tengo hambre mamá.

Le contestaba Isa desde dentro, su madre entendió que ni tenía hambre ni ganas de hablar, antes de separarse de la puerta, pudo oír como Isa volvía a llorar a moco tendido. La dejó tranquila, en algún momento saldrá, pensó Higinia.

Isa no salió, llegó su padre de trabajar, la primera noticia es que seguía encerrada sin querer salir llorando sin parar.

-Tiene que salir ya.- Le decía Armando a su mujer.

-No quiere, no sé cómo convencerla.

-Llama a su puerta, sino sale, tienes que hablar con ella por lo menos.

Esta vez se acercaron los dos a la puerta de la habitación, Higinia volvió a llamar suavemente.

-Déjame tranquila, mamá por favor…

-Abre la puta puerta de una vez o la tiro abajo de una patada, tú misma.- Gritó Armando, dándole un susto de muerte a su mujer que la tenía al lado.

Higinia le dio un codazo.

-¡Que bruto eres por Dios! Y que susto me has pegado coño.- Le susurraba a su marido.

-Está bien, ya abro.- Dijo desde dentro Isa con un hilillo de voz.

-Lo ves, ya abre, entra y habla con ella, o prefieres que lo haga yo.

-Tú ya has hecho suficiente, ves a tomarte una cerveza y deja que hable yo con ella, que tú delicado no lo eres mucho precisamente.

-Sí, eso es verdad, siempre he sido un poco bruto.

Decía Armando, mientras caminaba en dirección a la cocina para ‘pillar’ una cerveza.

Higinia escuchó como Isa quitaba el pestillo de la puerta abriéndola, entró despacio, su hija se había vuelto a tirar encima de la cama llorando.

-Estás vestida ¿Ni te has cambiado desde ayer?- Preguntó sin respuesta, entendió que así era.- ¿Qué pasa Isa? Nosotros pensábamos que te habías discutido con Manolo, pero me parece que hay algo más.

Isa le miró a los ojos, se sentó en la cama y se secó las lágrimas con un pañuelo de papel, Higinia se sentó a su lado, le pasó el brazo por la espalda acercándole la cabeza a su hombro. Isa, al sentir el hombro de su madre, el apoyo de alguien que la quería, rompió a llorar de nuevo. Higinia le sujetaba la cabeza, consolaba a su hija totalmente deshecha, sin saber el motivo que la había llevado a eso.

-Mamá.

-Sí mi vida.

-Me he portado fatal con Manolo y con Lucía, las dos personas que más quería aparte de vosotros, dos personas muy importantes en mi vida, la he cagado mamá, tomé una decisión muy equivocada, me aparté de ellos por… por… porque soy idiota, porque soy una puta egoísta, cuando ellos siempre me cuidaron…

No pudo seguir hablando, rompió a llorar, su madre la abrazó.

-Mira nena, no sé qué ha pasado, ni me importa. Pero tienes que verlos y aclarar las cosas con ellos.

-Me van a enviar a la mierda ¿Cómo me voy a presentar delante de ellos?

Higinia la agarró por los hombros, la puso delante de ella y le miró directamente a los ojos.

-Te vas a presentar con los mismos cojones que has tenido para cagarla, con los mismos cojones que tienes para aceptar que te has equivocado, si la culpa es tuya, apechuga y acepta las consecuencias. En esta casa nunca nos hemos rendido Isa, hemos luchado siempre, nosotros para darte una vida mejor, y tú, para estudiar, tener una carrera y ser alguien en la vida. No me jodas, no me digas que te vas a rendir, si de verdad los quieres hablarás con ellos, y si ellos te rechazan te jodes y lo aceptas, pero deja de lamentarte coño.

Isa miraba a su madre, con los ojos abiertos como platos, sabía que tenía carácter, pero hablarle de aquella manera, decirle las cosas tan claras y con tanta razón, la dejó sin habla, sin respuesta.

-Ahora, dúchate que vamos a cenar, ya está bien de tonterías.

Higinia salió de la habitación, Isa se empezó a desnudar. Cuando llegó al salón, Armando la miraba sin dejar de beber cerveza, se sentó a su lado, él dejó la cerveza en la mesita.

-Está muy decaída, muy flojita, pero no podemos compadecernos, tenemos que animarla, darle fuerzas y que se espabile joder.

-¡Higinia! No te he oído nunca palabrotas como esa.

-Porque no me has oído hablar con ella, creo que he dicho más tacos esta noche que en toda mi vida, me ha puesto muy nerviosa verla así. Voy a hacer la cena, a ver si me tranquilizó un poco.

Higinia se metió en la cocina, su marido volvió a beber de la cerveza pensando. Al rato apareció Isa, recién duchada, en chándal, con los ojos hinchados y rojos, no podía disimular haber llorado tanto. Su padre se levantó, se acercó a ella y la abrazó, un abrazo fuerte, de oso, de los que tranquilizan.

-Ven, siéntate conmigo.- Le decía mientras le pasaba un brazo por la espalda acompañándola al sofá, Higinia desde la cocina ponía atención para enterarse de lo que hablaran. Una vez sentados.

-¿Estás mejor cariño?

-Sí.

-¿Quieres decirme algo?

-Ya se lo he dicho todo a la mama, no me hagas repetirlo por favor.

-Vale ¿Te has equivocado?

A Isa se le volvieron a poner los ojos vidriosos.

-Mucho papá, no puedes imaginarte cuanto.- Su madre desde la cocina hizo una mueca, no quería que Isa volviera a llorar.

-Todos nos equivocamos mi vida, todos, sino no seriamos humanos, lo importante es saber rectificar, intentar hacer bien lo que en otro momento se hizo mal. No sé si me explico.

Higinia hacía otra mueca, moviendo la cabeza, esta vez de aprobación.

-Te explicas perfectamente papá.

-Yo me he equivocado muchas veces con tu madre, y he tenido que rectificar, ya sabes qué carácter tiene.

-¡Oye niño! A que salgo y te pego un pucherazo.- Levantaba la voz Higinia desde la cocina.

-Lo ves.- Confirmaba Armando a su hija, mientras levantaba la cerveza para  beber.

Isa reía. Había conseguido que se riera, eso hizo sonreír a Armando, guiñándole un ojo a su hija. Higinia en la cocina también reía, contenta de haber hecho reaccionar a Isa.

Lucía cenaba con su padre, habían comentado varias cosas sobre el último proyecto en el que estaba trabajando.

-¿Cómo está Manolo?- Preguntó Pablo.

-Hace un par de días que no lo veo, supongo que mal, Isa le ha hecho mucho daño.

-¿Y a ti? ¿También te lo ha hecho?

-También, a mí también, hace mucho que no sé nada de ella, y por lo que veo no tiene ninguna intención de decirme nada. Está como desaparecida ¿Armando te ha dicho algo?

-No, ellos creen que ha sido una pelea de enamorados con Manolo.

-Pues vamos bien, estoy muy preocupada por ella papá.

-Si realmente es amiga tuya, en algún momento se pondrá en contacto contigo.

Lucía miró a su padre, con una expresión como diciendo, claro que es amiga mía, más que una amiga, pero no creo que me diga nada. Retiraron todo lo de la mesa y organizaron un poco la cocina antes de sentarse. Pablo cambiaba canales en la televisión buscando algo para ver, a Lucía le sonó un aviso de llegada de mensaje al móvil, lo miró con desgana. De pronto, abrió los ojos y la boca, su padre la miró extrañado por su reacción, le enseñó el teléfono, había un mensaje, era de Isa. Lucía se levantó rápidamente dirigiéndose a su habitación, Pablo sonreía, sabía que en algún momento Isa reaccionaría, sin saber lo que pasaba.

Lucía, sentada en su cama abría el mensaje.

-Hola.- Un escueto y tímido ‘Hola’, es todo lo que le había escrito Isa.

-Hola Isa ¿Cómo estás? ¿Quieres que te llame y hablamos en directo?

-No, mejor hablamos por aquí.- Isa sabía, que si oía la voz de Lucía explotaría en un llanto.

-Vale, como tú quieras ¿Qué haces?

-Lo siento mucho Lucía, me he comportado contigo como una cabrona, y tú todavía me contestas.

-Claro que te contesto, eres mi amiga, mi mejor amiga, yo solo quería saber de ti, como te iban las cosas, lo que hemos hecho siempre.

Isa escribía cayéndole las lágrimas encima del teléfono, no se sentía merecedora de que Lucía la tratara tan bien, tal vez hubiera entendido mejor que la enviara a la mierda, lo que ella pensaba que pasaría.

-Las cosas no van Lucía, ahora mismo no va nada en mi vida, por mi culpa lo sé, no he podido ser más inútil, he perdido las personas que más quería por culpa de un retrasado mental.

-A mí no me has perdido Isa, nunca me perderás, tenemos que vernos, mañana quedamos en la facultad, después tomamos algo y me explicas cosas.

-No, no quiero salir de casa.

-Pues iré a tú casa mañana, a primera hora.

-Tú tienes clases, no tienes porque perdértelas por mi culpa.

-¿Todavía no te has dado cuenta? Tú, eres más importante que las clases o la carrera.

-Vale, hasta mañana.- También escueta despedida, pensó Lucía.

Isa dejó el teléfono encima de la mesita, se dejó caer en la cama llorando como una desesperada, el sentimiento de culpa se la comía. A Lucía también le cayó una lagrimilla, intuía que Isa ya se había pegado la hostia que ella pronosticaba.

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