FERNANDO

Esas navidades fueron diferentes, sí, pero para peor. Aunque todo fue igual que otros años, la cena de noche buena y la comida de Navidad con la familia de mi padre, mi madre estuvo como ida en todos los eventos, hasta el punto, que mi padre se enfadó con ella en la misa del gallo y se sentaron por separado.

Aunque yo quería estar ajena a todo esto, si me preocupaba que mi madre se comportase así por las consecuencias que podría traer. Yo por mi parte también limité mis salidas nocturnas, casi ni me reconocía, con lo golfa que había sido me estaba convirtiendo en una hija modelo y la causa era mi primo, pensando en el a todas horas y preguntándome que haría en esos momentos. Y no negaré que en nochebuena y navidad hablamos por teléfono, estando más de una hora contándonos un poco nuestra vida.

Ese fin de año, en la fiesta a la que acudí pasada medianoche con Noelia, Ana estaba desaparecida con Tino, quise desconectar de todo lo que estaba viviendo. Mi intención era divertirme, olvidarme de todo, incluso de mi primo el mulato, sabía que él estaría haciendo lo mismo y ya hacía tiempo que no me follaban y me picaba el coño, estúpidamente me estuve reservando para él, por si acaso se decidía dar el paso, pero mi cuerpo me pedía zorrear y esa noche me desquitaría.

Esa noche reconozco que me «pasé» un poquito. Conocimos a cuatro tipos bastante majos, pero que no dudaron en darnos caña. Mucho alcohol, cocaína y cigarritos de maría y a las cuatro de la mañana entrabamos Noelia y yo en el piso de uno de ellos que no tardaron nada en dejarnos desnudas y empezar a comernos el coño mientras otra polla ocupaba nuestra boca.

Como siempre, quisieron follarnos a pelo, sin preservativo, pero con la poca cordura que nos quedaba nos negamos en redondo. Uno de ellos se puso violento y le soltó un bofetón a Noelia, llamándola de todo menos bonita, que cayó al suelo por el tremendo sopapo que le había dado. También me quiso sacudir a mí pero sus amigos le pararon inmediatamente, y a patadas le sacaron de esa casa. Eso creó un ambiente de desconfianza, y Noelia y yo, aunque excitadas y con ganas de follar, nos empezamos a vestir para salir de esa casa:

—¿Podemos hacer algo para que os quedéis? —Dijo uno de ellos con congoja.— Sentimos mucho lo que ha hecho ese impresentable, pero os aseguramos que nosotros tres no somos así.

—Mirad, mejor que esto termine aquí, ya no estamos cómodas, y la verdad, ya no nos fiamos de vosotros. —Respondió Noelia más que cabreada.

Aunque pensamos que insistirían más, incluso que se enfadarían, cuando terminamos de vestirnos Noelia y yo, ellos también estaban vestidos. Me conmovió la carita de pena que tenían. Por culpa de un indeseable habían perdido la oportunidad de follar con dos pibones impresionantes como éramos Noelia y yo.

—Aunque sabemos que no os fiais de nosotros y hemos venido en taxi, abajo tengo el coche y os podemos acercar a donde nos digáis.

—No es necesario, llamamos a un Uber, no os molestéis. —Contestó Noelia aun enfadada.

—De verdad, no es molestia, es lo mínimo que podemos hacer por vosotras.

Noelia y yo nos miramos y con esa mirada nos lo dijimos todo. No nos apetecía pillar un Uber, no queríamos esperar y con el incidente, lo que teníamos ganas es de llegar a casa.

—Si nos acercais a casa, estaría bien. —Respondí yo.

Cuando íbamos a salir, uno de los chavales, imagino el dueño de la casa nos lo dijo:

—A mi si me perdonáis, no os acompaño. Esto me ha dejado un poco fuera de juego y me ha dado un bajón.

La despedida fue fría, ni siquiera un beso en la mejilla. Nos montamos en el coche, Noelia y yo íbamos en el asiento de atrás, pendientes de lo que hacían esos dos chicos y siguiendo nuestras instrucciones para llegar a casa de Noelia, no nos fiábamos, pero fueron legales y nos llevaron hasta la puerta de casa de mi amiga, nos bajamos pero antes de entrar Noelia se dio la vuelta y se lo dijo:

—¿Os apetece tomar algo en mi casa chicos?

Por supuesto que aceptaron, pasamos dentro y nos comportamos como las putas que éramos. El coño nos ardía y necesitábamos una buena polla dentro de nosotras que nos aliviase. Nos saltamos el tomar algo y pasamos directamente a los dormitorios.

Noelia se fue con uno de ellos a su cuarto y yo me quedé en el salón con el otro. Eso me extrañó, siempre nos había gustado que nos follasen dos, tres o cuatro tíos y sentirnos llenas de polla por todos nuestros agujeritos, pero reconozco que desde que Ana empezó a salir con Tino, algo cambió en nuestra relación de amigas.

A ver, no es que el chico que me tocó en liza fuese un pacato, al contrario, me folló más o menos bien y me regaló un par de orgasmos pero no fue para tirar cohetes. Lo malo es que, después de dos horas mal follándome, se durmió como una marmota y durante toda la noche estuve escuchando gemir a Noelia, gritando cada uno de sus orgasmos y escuchando como el cabecero de su cama golpeaba la pared.

¿Qué tipo de semental era el chico con el que estaba? Con cuidado me levanté y me acerqué a su habitación. Noelia estaba en cuatro con ese chaval dándole como cajón que no cierra, pero lo que más me impresionó fue que ese chico estaba sin preservativo, lo estaban haciendo a pelo y cuando llegaron al clímax el chaval lo gimió:

—Noeliaaaaa…me corrooooo…

—Dentro mi amor…hazlo dentrooo…asiiiiiiii…ahhhh…llenameeeee…

¿Noelia dejando que un tío se corra dentro suyo? ¿Llamándole mi amor? ¿Qué demonios estaba ocurriendo con mis amigas?

Cuando ese chaval sacó su polla de dentro del coño de Noelia, durísima y muy enrojecida, espesos goterones de semen salían de dentro de su vagina, que caían en forma de hilos a las sábanas. No es que tuviese un pollón como el de Tino o el de mi primo,  pero no desmerecía nada y desde luego era más grande que el del chaval que me había follado.

Con asombro vi como agarraba las nalgas a Noelia y las separaba metiendo su cabeza entre esas perfectas masas de carne para empezar a chupar su anito y follárselo con su lengua:

—Ahhhhhh…que gustooooo cabronazooo…no pareeees… —Gemía Noelia moviendo su culito lascivamente.

—Joder, tienes un culo perfecto, te lo voy a follar hasta que te salga mi corrida por la boca. —Dijo ese chaval, admirando el trasero de Noelia.

—Hazlo mamonazo…hazloooo si te quedan fuerzas. —Le retó Noelia.

Noelia se volvió a poner en cuatro, apoyando su pecho en la cama y ofreciendo sus dos agujeritos a ese chaval que no dudó en meter su tranca en el culito de Noelia que lo recibió con un gran gemido.

—Así mi amoooor…déjame bien abiertaaaa para tiii.

Como la vez anterior, en casa de Ana, me vi semi escondida viendo cómo se follaban por el culo a mi amiga y con mis dedos chapoteando en mi empapado coñito. Los gemidos y los bufidos de los dos me tenían excitada y con unas ganas de que me follasen increíbles.

Dejé a esos amantes y fui en busca de mi acompañante que boca arriba dormía a pierna suelta. Me fijé en su verga, en ese momento totalmente en reposo y arrodillándome la agarré y me la metí en la boca con intención de que se empalmase, se despertase y me follase de nuevo. ¿Qué tipo de hombre se puede resistir a los mimos de mi boquita sobre su polla? Pues parece ser que este tempano de hielo era uno de ellos.

Después de casi diez minutos de infructuosas maniobras y lamidas de huevos, ese tío estaba tan grogui que ni se despertó, ni su polla hizo amago de empalmarse, y eso, a mí, nunca me había ocurrido…NUNCA.

Cabreada, me fui a una habitación a dormir, lo más alejada posible de la habitación de Noelia, no quería escuchar cómo se corría una y otra vez. Terminé en la habitación de sus padres, agarré una manta y me la puse por encima, no quise deshacer esa cama tan grande.

Creo que el cansancio, y todo lo que había tomado, hizo que cayese en un profundo sueño. También achaco que durante el subidón de drogas y bebida mi primo no ocupase mi cabeza, pero fue dormirme, y Marcos se hizo inmenso en mis sueños. Soñé con él, con sus fuertes brazos rodeándome, con su cuerpo desnudo encima de mí, sintiendo su calor, casi notando como su inmensa verga me llenaba, me traspasaba y me hacía enloquecer de placer.

Cuando me desperté, miré a mi derecha de inmediato. El sueño me había parecido tan real que pensé que mi primo estaba a mi lado. Pero no, la cama estaba tan vacía como cuando me acosté. Me sentí mal conmigo misma, tenía un sentimiento de traición, de haber fallado a mi primo, al amor de mi vida, el que no me dejaba estar tranquila, era un sentimiento de infidelidad y solo lo entendía así por el gran amor que sentía por Marcos.

Con una extraña sonrisa, me levanté de esa gran cama, la dejé como estaba cuando llegué, doblé la manta y fui en busca de mi ropa. Pasé por la habitación de Noelia que dormía abrazada a su chico, y cuando llegué al salón ahí estaba ese ser, espatarrado y roncando a pierna suelta. Le miré con odio, recogí mi ropa y me fui a duchar, tenía ganas de llegar a mi casa.

Estando en la ducha a punto de salir, se abrió la mampara y el estúpido que me tocó por pareja entro con una sonrisa bobalicona:

—Buenos días cielito, ¿has dormido bien? —Preguntó ese estúpido, arrimando su erección a mi culo y agarrando mis tetas desde atrás.

—Todo lo bien que se puede dormir escuchando a tu amiga como la destrozan a polvos y viendo a tu acompañante roncar como un cerdo después de dos miseros polvos. —Respondí con ironía y deshaciendo ese abrazo incómodo para mí.

—Lo…lo siento, —dijo apenado ese tío,— pero cuando terminamos de hacer el amor, me entró una relajación impresionante y me quedé dormido.

—¿Hacer el amor? —Pregunté con sarcasmo.— Cielo, tu yo no estamos enamorados, solamente follamos y fue bastante penoso, pero bueno, te aseguro que eso no volverá a ocurrir…demasiado conejo para tan poca zanahoria. —Respondí enfadada, apartándole para poder salir de la ducha.

—De eso nada putita, tú te quedas aquí y te voy a follar hasta que me canse, zorra.

El rodillazo en sus gónadas sonó seco y contundente. Ese gilipollas cayó al suelo de la ducha retorciéndose de dolor y llevando sus manos a sus huevos chafados.

—¿Putita? ¿Zorra? Escúchame bien, imbécil. Que hayamos follado, no te da derecho a nada, y menos a tratarme de esa manera tan vulgar, yo no soy ninguna de tus amiguitas poligoneras (persona zafia y mediocre). ¿Te ha quedado claro?

—S…si…

—Bien, me alegro que me entiendas. Hasta nunca capullo.

************

La rutina volvió de nuevo a mi vida. Marcos terminó sus vacaciones de Navidad y regresó a mi casa. Mi madre se empeñó en ir a recoger a su sobrino al aeropuerto, y aunque quise ir con ella, se encargó de asignarme unas ridículas tareas que me impedían acompañarla y recibir a mi amor.

Aun así, cuando llegaron, mi primo me demostró su alegría por volver a verme, eso me llenó de optimismo, pero en un momento que nos quedamos a solas, mi madre no le dejaba ni a sol ni a sombra, me dijo que esa noche de madrugada iría a mi cuarto, que tenía una sorpresa para mí.

Mi cabeza de inmediato sacó sus conclusiones e ilusionada, pensé que por fin había llegado el momento de hacer el amor con Marcos. Y me importaba una mierda que fuese en mi cuarto y a pocos metros de mis padres, me entregaría a él con todas las consecuencias y si nos descubrían y echaban a mi amor de esa casa, me iría con él.

Con la ilusión de una primeriza con su primer amor, me fui a una tienda de lencería muy exclusiva y compré un camisón casi transparente, muy cortito y un mini tanga a juego que sé que le volvería loco ya que se metía por mi rajita de manera provocadora. Estaba segura que esa noche, Marcos no tendría dudas de mis intenciones.

El día se me hizo eterno. Tuve que soportar las estupideces de mi madre y cuando llegó Marcos, ver como coqueteaba con el sin pudor alguno y con su marido a pocos metros de ellos, y en mi mente enferma, empecé a pensar si Marcos ya se habría follado a su tía, ya que la complicidad entre los dos empezaba a molestarme, y mucho.

Esa noche, cerca de las dos de la madrugada, mi primo llamó a mi puerta, y con mi lencería recién comprada, mis pezones duros y encendidos, le fui a recibir, estaba muy excitada y mi coñito ya era una fuente. Abrí ligeramente la puerta y agarrándole del brazo le metí a toda velocidad dentro de mi habitación para seguidamente abrazarme a él con fuerza, que sintiese mi cuerpo y besarle los labios.

Su abrazo no fue el esperado por mí. Si, me abrazó, pero solo con un brazo rodeando mi cintura, para inmediatamente separarse de mí y mirarme embobado:

—¡¡Wow!! Andrea, esta preciosa, ¿esperabas a alguien?

—A ti bobo. —Respondí con timidez.

—Pues que pena que seamos primos hermanos, porque si no fuese así te comería enterita.

—Bueno primo, estamos solos en mi habitación y yo únicamente con esta ropita que no deja nada a la imaginación…¿Qué te impide hacerlo? —Respondí, sacando la puta que llevaba tiempo gritando por salir para mi primo.

Vi la mirada de mi primo, encendida, evaluando la situación. Yo me arrimé a él de nuevo y le abracé, regalándole la mejor de mis sonrisas seductoras, y entonces vino el jarro de agua helada:

—¿Recuerdas que te dije que tenía una sorpresa para ti?

—Siiii. —Respondí ilusionada.

En ese momento, de detrás de su espalda, mi primo sacó su brazo mostrando en su mano un osito de peluche con un corazón y dentro de este escrito el típico —I love you.— Me quedé mirándolo, sin saber muy bien lo que decir, mientras el mundo se me caía encima, desde luego, esa no era la sorpresa que me esperaba:

—¿Qué…que es esto? —Pregunté incrédula, empezando a enfadarme.

—Mi sorpresa, tu regalo de reyes. —Dijo mi primo convencido, mirándome con cariño.

—A ver Marcos, ya no soy una niña, creo que eso es evidente según voy vestida para ti. Porque este, si es mi regalo para ti, —dije mostrándome ante él, — ya no sé cómo decírtelo, te he dejado miles de pistas y muestras de cariño, joder, si hasta hemos dormido juntos prácticamente desnudos… quiero que me folles, ¿lo entiendes? O te lo explico, porque ya no sé qué más hacer…¡¡¡FOLLAME JODER!!! —Terminé diciendo enfadada y con mis ojos a punto de desbordarse.

—Lo siento mucho Andrea, pero he conocido a una mujer y estoy con ella. Eres una tentación, lo que todo hombre ansía para sí, pero éticamente no sería correcto, y menos en la casa de tus padres. Lo que me propones es imposible, somos primos y sería incesto. —Dijo sin ningún tipo de sentimiento.

Me sentí rechazada, avergonzada y estúpida. Por fin se lo había dicho, quería que me follase, pero creo que me comporté como una estúpida enamorada en vez de comportarme como la zorra que era y follármelo sin miramientos ni tonterías, seguro que de esa manera, habría ganado tiempo, dinero y categoría

—Tú…¡¡TÚ!!…¡¡ERES UN…UN…!! No entiendo…NO, ¡¡NO SE COMO…!! —Me escuchaba a mí misma balbucear.

Incapaz de decir algo coherente, con los ojos anegados de lágrimas e inyectados en sangre, miraba a mi primo empezando a nacer en mi ese sentimiento de odio hacia él que ya conocía. Fue a abrazarme para tranquilizarme, pero reaccioné violentamente, apartando sus brazos de un manotazo.

—¡¡NI SE TE OCURRA TOCARME IMBECIL!! ¡¡NI ME MIRES, MULATO HIJO DE PUTA!!

—Andrea por favor, baja la voz, tus padres… —Susurró mi primo.

—A la mierda con ellos y a la mierda contigo. ¿Sabes? Por fuera has cambiado, pero por dentro, sigues siendo el mismo niño gilipollas, enmadrado y enfermo que conocí. Largo de mi habitación. —Sentencié abriendo la puerta para que saliese.

—Andrea…

—¡¡QUE TE VAYAS A LA MIERDA JODER!! —Grité.

El poco mundo que quedaba por caer encima de mí, terminó de aplastarme cuando cerré la puerta de mi habitación y escuché cerrarse la puerta de la de mi primo. Apoyé mi espalda en la puerta y me deslicé hasta quedarme sentada en el suelo, llorando al sentirme una fracasada y no haber podido conquistar al único hombre que me importó.

Lloré, lloré por un hombre lo que no había llorado en mi vida y sobra decir que pasé una noche horrible en la que mis ojos no pararon de echar lagrimas por lo que pudo haber sido y solo se quedó en el sueño de una niña tonta y engreída que pensaba que solo con su belleza y su cuerpo, podría tener al hombre que quisiese. Y ocurrió lo que siempre me negué a aceptar. Dejé expuestos mis sentimientos, abrí mi corazón, y la persona a la que se lo di, lo pisoteó sin miramientos dejándome hundida y sumida en la desesperación.

Sobra decir que esa fue una de mis peores noches. Cuando bajé a desayunar, mi madre estaba en la cocina y mi desayuno no estaba ni hecho. Vi una horrible sonrisa de triunfo en su cara y con el mayor de sus desprecios me lo dijo.

—Veo que no has pasado buena noche. Si quieres desayunar, ya sabes donde tienes las cosas, yo no puedo perder más tiempo contigo.

Terminó lo que estaba haciendo, ah si, limpiar con dedicación el servicio de desayuno de mi odiado primo y con superioridad se paró a mi lado y me lo susurró en mi oído:

—¿Te creías, pequeña puta, que tendrías el control? Me humillaste ante tu padre y eso no te lo consiento, se cómo joderte de mil maneras y lo que pasó ayer por la noche en tu cuarto, es una de ellas, yo soy la que tengo el control.

Por si no me quedó claro, mi madre manejaba a mi primo y creo que hasta se lo tiraba. La conversación que tuvimos Marcos y yo en mi habitación lo escuchó mi madre seguro, y si mi padre no lo escuchó sería un milagro, aunque sabía que su sueño era muy profundo y pesado. Mi tristeza paso a ser de un cabreo y una sed de venganza que haría temblar a mi peor enemigo, en esos momentos, mi odiada madre.

Dicen, que la venganza es un plato que se sirve bien frio. En mi caso quería destrozar a mi madre, destrozar su vida y su matrimonio y por supuesto, avergonzarla, avergonzarla ante todo el mundo que la tenía por una buena esposa y madre, amorosa, complaciente y abnegada.

En las siguientes semanas y meses, me dediqué a observar a mi madre y mi primo y no me quedaron dudas que mi primo se la follaba. También me fijé en mi padre, como actuaba cuando estaba con mi madre, como se comportaban y si llegaban a mantener relaciones sexuales.

La conclusión fue una revelación para mí. Mis padres estaban en el filo de la navaja. Su relación estaba prácticamente extinguida y solo sus creencias, y el qué dirán, los mantenía juntos. Pero fui más allá y yo solo tuve que sembrar la duda en mi padre, que parecía que no se enteraba de nada.

Fue una noche como otra cualquiera. Curiosamente era ya muy tarde y mi padre preocupado había llamado a mi madre que le dio una excusa creíble, tenía una urgencia y llegaría tarde. Pero, ¿por qué mi primo tampoco había llegado cuando siempre llegaba después de comer?

Hice algo arriesgado, pero mi intuición no me engañaba. Llamé al hospital donde mi madre trabajaba y pregunté por ella:

—Hola buenas noches, soy la hija de la Dra. Abad, ¿me podría pasar con ella?

—Lo siento, pero tu madre no está en el hospital, después de comer vino su sobrino y tuvieron que salir urgentemente por un tema personal.

—Entiendo, bueno…¡Ah! mire, en estos momentos entra por la puerta de casa,—inventé sobre la marcha,— no hace falta que le comente nada, gracias y buenas noches.

Por si me quedaba alguna duda, la revelación de esa enfermera fue más que una declaración jurada de cuernos hacia mi padre. Mi madre se habría ido a un hotel con su sobrino y se pasaron toda la tarde follando. No niego que los celos me comían, ¿por qué ella sí y yo no? ¿Qué tenía mi madre que yo no tenía? De acuerdo, mi madre estaba muy buena y se conservaba muy bien pero mi juventud y mi cuerpo no admitían discusión al lado de esa guarra y lo único que se me ocurría era el dinero que manejaba.

Hice la cena para mi padre y para mí. Fui cariñosa y buena hija y sé que mi padre lo agradeció, en el fondo me dio mucha pena, no niego que tenía su genio y sus rarezas, pero era un buen hombre que se ocupaba de su familia y yo le quería mucho. Sabía que le iba a hacer daño, pero esto ya había llegado muy lejos y parecía que no quería enterarse. Hablamos de nimiedades, incluso nos contamos algún secretillo y entonces lancé la semilla de la duda.

—Papá, ¿te puedo preguntar algo?

—Claro cariño, pregunta.

—¿Van bien las cosas entre mamá y tú?

—¿Por qué lo preguntas?

—Bueno, veo que hace semanas, meses diría yo que casi no cruzáis una palabra, ya no oigo risas ni gemidos en vuestro dormitorio, casi ni os tocáis y en misa ni siquiera os dais la paz y veo que toda su atención la tiene su sobrino, por eso lo pregunto.

—Bueno, no es que estemos en nuestro mejor momento, ¿y su sobrino? Es el hijo de su hermana, su único sobrino y encima está aquí solo, por eso está encima de él continuamente, órdenes de tu tía. —Terminó diciendo con una semi sonrisa de preocupación.

¿Encima? O debajo. La muy puta se lo follará de todas las maneras. Pensé para mí.

—Papá solo quiero que sepas que no estás solo, que puedes hablar conmigo cuando quieras, en serio.

—Gracias cariño, eres un sol. Ven aquí.

Mi padre no era dado a dar muestras de cariño, pero levantándose de su silla, me abrazó con fuerza y besó mi cabeza.

—Me gusta saber que en esta casa hay alguien a quien le importo. —Dijo mirándome con una gran sonrisa.

—Nunca lo dudes papá, nunca lo dudes.

Nos sentamos a ver un rato la televisión. Mi padre a cada rato miraba su teléfono móvil o llamaba sin obtener respuesta. Sabía que estaba preocupado, pero no lo exteriorizaba. Pasada medianoche nos fuimos a dormir, sin que mi primo y mi madre diesen señales de vida.

Me desperté cuando escuché ruidos extraños. Miré la hora, eran más de las tres de la mañana. Me levanté y abrí ligeramente la puerta de mi habitación para comprobar que mi madre acababa de llegar a casa y subía con los zapatos quitados para no hacer ruido.

Me quedé despierta, al acecho, para escuchar a los diez minutos abrirse la puerta de la calle y escuchar a mi primo subir a su habitación. Me pareció descarado y vergonzoso, ya es que ni se escondían. Eran patéticos.

**********

Lo que en un principio, la idea de sembrar la duda en mi padre, me parecía genial y daría al traste con la aventura de mi madre, se alargó en el tiempo hasta casi hacerme pensar que mi padre había aceptado esa situación y eso me deprimió.

Para empeorarlo todo un poco más, mis mejores amigas están saliendo con un chico. Anita con su inseparable Tino, del cual estaba cada día más y más enamorada, y por otra parte Noelia que desde aquel día que esos chicos nos llevaron a casa y mi amiga se llevó al mejor, empezaron a salir al principio con una relación abierta para a los pocos meses cerrarla a cal y canto.

Ya no había salidas nocturnas para ir a la caza de hombres que nos dejaran bien folladas. Ellas estaban muy bien servidas y a mí con mi estado de ánimo por los suelos cada vez me apetecía menos follar por follar.

Cierto es que de vez en cuando quedábamos las tres para tomar un café y charlar, pero las conversaciones giraban en torno a su relación y mi estado de ánimo y eso me desesperaba un poco, yo no tenía a nadie y no me apetecía hablar sobre mí.

Aunque intentaba evitar preguntas molestas sobre mi primo, rara era la vez que nos veíamos y no me preguntaban por él. Tengo que decir que a estas alturas solo lo conocían por foto, nunca lo habían visto en persona y Noelia, como no, insistió en varias ocasiones para que lo llevásemos de fiesta con nosotras, cosa que nunca sucedió.

Pero las cosas iban a dar un giro inesperado. Fue cerca del verano, terminaba de acabar mis últimos exámenes con unas notas impresionantes que solo fue el orgullo de mi padre. Estando en casa me llamó Ana y me comentó que ese fin de semana las respectivas parejas de Noelia y ella no estarían en Madrid y habían pensado en quedar en casa de Noelia para hacer una barbacoa y pasar un día de piscina y chicas. Me pareció una idea genial y quedamos para ese sábado por la mañana.

Pero el destino quiso jugar conmigo. Por alguna extraña razón mi madre me ordenó llevar a mi primo al centro comercial porque necesitaba algo para su trabajo. Aunque protesté aludiendo que tenía cosas que hacer y que tomase el transporte público, no iba a dejar que su querido amante fuese en un medio tan proletario con lo que no me quedó más remedio que acompañarle.

Ofuscada nos montamos en el coche. Desde aquella aciaga noche en la que me rechazó, casi no habíamos cruzado palabra aunque seguía coladita por él. Durante el trayecto sin apenas mirarnos a la cara me lo dijo:

—Andrea te hecho mucho de menos. Tu silencio y tu desprecio me están destrozando.

—Te jodes, tú te lo has buscado, además, mucho no me echarás de menos cuando te follas a tu tía. —Dije con una mirada diabólica.— Es patética tu doble moral, te follas a tu tía pero dices que éticamente no me puedes follar a mí. Das pena.

—¿Pe…pero que dices? ¿Estas loca?

—¿Tú que crees gilipollas? ¿Que la policía es tonta? No hay nada peor que una mujer despechada, y tú me hiciste mucho daño. Tengo pruebas suficientes para joderos a los dos. Así que no me fastidies y aléjate de mí, si no, te destrozo la vida. ¿Me entiendes?

—Perfectamente primita, descuida que no volveré a molestarte.

Me tiré un poco a la piscina. Realmente ¿qué pruebas tenía? Ninguna, pero el miedo es libre y sabía que a mi primo le había acojonado y se lo diría a mi madre. Estúpida de mí, eso me hizo sentir mejor, pero no solucionaría las cosas.

Encima para terminar de rematar ese día, me encontré a Noelia que había ido a hacer la compra para nuestro día de chicas. Deseando que se fuese antes de que llegase mi primo de comprar lo que había ido a buscar, la suerte no me acompañó y estando sentadas tomando un refresco apareció él.

—Hola. —Saludó con educación.

—¡¡Andaaaaa holaaaaa Marcos!! —Saludó gratamente sorprendida Noelia— No sabía que estuvieses por aquí, Andrea no me ha comentado nada y un chico tan guapo no pasa desapercibido y por fin nos conocemos en persona, solo te había visto por fotos.

Noelia ya lo tenía medio abrazado y sin cortarse se abrazó a él más aun y le dio dos sonoros besos en sendas mejillas. Sin consultarme, ignorándome totalmente los dos se pusieron a charlar y a hacer sus planes y Noelia tardó cero coma, en invitarle a nuestra barbacoa de chicas. Algo dentro de mí me dijo que esa barbacoa en casa de Noelia sería un desastre al ver cómo sin pestañear mi primo aceptaba de buen grado esa invitación y conociendo a Noelia, no se estaría quieta.

Según llegamos el sábado cerca de la una de la tarde, me escandalicé del micro bikini que llevaba la puta de mi amiga. Solo le tapaba los labios del coño y sus dos tetazas operadas las llevaba al aire luciéndolas sin pudor. Su culo solo estaba cubierto por el hilo del tanga, pero era tan mínimo que se adivinaba perfectamente su anito y se metía entre sus labios.

Marcos babeó nada más verla y como cuando se conocieron se abrazaron y se dieron dos besos, pero esta vez muy cerca de la comisura de los labios de mi amiga que lo acaparó desde que entró por la puerta.

Ana vino enseguida y me saludó con cariño, pero sin dejar de mirar a mi primo que flirteaba sin pudor alguno con la anfitriona. Luego los juegos en el agua, las aguadillas. Noelia no perdía oportunidad de frotarse con Marcos incluso una vez yo estando fuera del agua, Noelia se subió a sus hombros pero al revés, poniendo todo su coño en la cara de mi primo, que no perdió la oportunidad de con sus dientes, agarrar esa braguita tan exigua y separarla del coño de Noelia dejándolo al descubierto.

Como era de esperar, tanto haciendo la barbacoa, algo a lo que se prestó mi primo, con Noelia de ayudante muy pegadita a él, esos dos no tardaron en meterse mano de manera sutil. Mientras ellos cuchicheaban contándose secretitos y reían sus gracias, mi cabreo iba en aumento mientras Ana intentaba tranquilizarme, hablando conmigo pero sin perder detalle de esos dos. Sabia, vamos estaba más que segura que esos dos terminarían follando, conocía a Natalia y se estaba comportando ofreciéndose como una vulgar puta.

Y ocurrió, como no podía ser de otra manera. Después de comer nos tumbamos en las hamacas, Ana en una, yo en otra y Marcos y Noelia en una hamaca doble, que casualidad. Hablamos, tomamos el café, nos tomamos un par de chupitos y el sopor nos invadió, quedándonos traspuestos.

Ni idea del tiempo que había pasado. Miré hacia la tumbona donde se encontrarían esos dos y la vi vacía. Un sentimiento de impotencia me invadió a la par que mi estómago empezaba a revolverse y me entraban unas ganas de vomitar increíbles. Mis ojos se inundaron y no pudieron evitar la avalancha de lágrimas que se desbordaron sin remisión.

Dando la espalda a Ana para que no me viese llorar, insulté a mi primo y a mi «amiga» hasta quedarme sin adjetivos, a la vez que me maldecía por no ser más resolutiva, y tomar lo que creía que era mío, joder, lo había hecho con cientos de hombres, ¿por qué no con mi primo? En mi cabeza veía a Natalia follándose con ganas a mi primo. La conocía y sabia como se comportaba en la cama y seguro que en estos momentos le estaría deslechando.

Estaba tan metida en mi desesperación que me di la vuelta. Necesitaba que Ana me consolase, pero un escalofrío recorrió mi espalda al descubrir que estaba sola. No había nadie conmigo y lo peor no sabía el tiempo que había pasado. Por un momento quise ser optimista y pensé algo que me reconfortó:

—Quizás estén viendo la televisión o alguna película. —Pensé para mí.

Me levanté. Necesitaba confirmar que mi cabeza me estaba jugando una mala pasada, pero fue entrar en la casa y no ver a nadie en el salón ni en la cocina, pero si se escuchaban ruidos en el piso superior donde estaban los dormitorios y entonces me temí lo peor. Según subí y me fui a cercando al dormitorio de Noelia, los gemidos se hacían más intensos y ya llorando, abrí la puerta de su dormitorio y la escena me dejó perpleja a la vez que mi corazón saltaba en mil pedazos.

Mi primo estaba tumbado en la cama con el coño de Noelia en su cara y Ana en cuclillas cabalgando la inmensa polla de mi primo que entraba y salía de su coñito en toda su extensión. A su vez, entre Noelia y Ana se comían las tetas y se devoraban la boca con una pasión desmedida. Para mí fue una eternidad, pero no serían más de dos minutos, mi primo se corrió dentro de Ana que al notar los latigazos de semen en su útero se corrió como una burra y Noelia con un dedo metido en su culo y la lengua de Marcos follando su coño se corrió también.

No quise ver más. Bajé al jardín llorando, busqué mi ropa y me dispuse a irme de esa casa. Como me imaginé en su momento, esa barbacoa fue un desastre para mí, pero no así para mis amigas y mi primo que lo pasaron en grande retozando en la cama.

Iba a salir por la puerta cuando aparecieron los tres. Marcos y Ana con sus trajes de baño, pero Noelia como Dios la trajo al mundo. Los tres estaban muy serios y cuando iba a salir me pararon:

—No te vayas, deja que te expliquemos. —Terció mi primo.

—No hay nada que explicar, creo que lo que he visto ha sido muy explícito. De esta puta, —dije señalando a Noelia con la cabeza,— me espero cualquier cosa, pero de ti Ana, de verdad, no esperaba que fueses así.

—Andrea lo sientooo…perdí la cabeza. —Lloriqueó Ana.

—Eso explícaselo a Tino, ¿qué va a pensar cuando se entere que le has puesto los cuernos? Porque lo que si te aseguro es que se va a enterar. Ese pobre chico no se merece a una zorra como tú. —Dije con inquina encarándome con Ana

—Noooo Andrea, Tino no puede saber esto. —Dijo echándose a llorar.

—Haberlo pensado antes. Los tres sois patéticos…dais pena.

—Andrea, ¿qué te ha jodido más? ¿Qué Ana y yo nos follásemos a tu primo? ¿O que no fueses tú a la que se estaba follando? Háztelo mirar bonita, aquí la patética, la que da pena, eres tú. —Escupió Noelia con desprecio.

No me quise quedar más en esa casa. Aunque Ana llorando a moco y baba intentó detenerme y poder hablar conmigo, me deshice de ella, me monté en mi coche y me largué de allí sin mirar atrás.

Durante el trayecto de casa de Noelia a mi casa, todavía no comprendo por qué fui allí, no me apetecía ver a mi madre, no dejé de llorar, de sentirme una fracasada y de notar un desasosiego en mi cuerpo, un sentimiento que achaqué a los celos que en ese momento me consumían.

Cuando entré en mi casa primero me encontré con mi padre que me miró preocupado al ver en el estado de nervios que traía:

—¿Qué ha ocurrido cariño? —Me preguntó.

—Nada papá, nada.

—Ha sido tu primo, ¿verdad?

Me eché a llorar y me abracé a mi padre que me consoló durante unos segundos, dándome palabras de ánimo.

—Tranquila mi vida, esto se va a acabar, te lo prometo.

Deshice el abrazo y subí a mi habitación a ducharme y cambiarme. Antes de entrar en la ducha, mande un wasap a mi folloamigo pidiéndole que nos viésemos. Me respondió casi al instante diciéndome que en una hora estaría en su casa. Vi en mi teléfono tres llamadas perdidas de Ana e infinidad de mensajes, pero no quise ni leerlos ni responderlos, estaba demasiado dolida.

Cuando salí de la ducha, mi madre me esperaba sentada en la cama con cara de pocos amigos. No me preguntó por mi estado de ánimo, ni por cómo me encontraba, solo le interesaba su sobrino:

—¿Dónde está tu primo y por qué no está contigo? —Preguntó de forma vehemente.

—La última vez que lo he visto se estaba follando a Noelia y Ana, e imagino que a estas horas, seguirán en el chalet de Noelia en pleno éxtasis sexual. —Respondí de forma irreverente.

Miré la cara de mi madre, denotaba sorpresa, dolor e incredulidad. Por cómo me miraba y como temblaba su mentón, supe que mi respuesta le había hecho daño y eso me alegró:

—Pobrecita…¿Estas sufriendo? —Dije con ironía.— Pues te jodes, puta.

Mi madre soltó su mano en clara intención de abofetearme, pero sabedora de sus impulsos, paré su mano con fuerza, hasta el punto de causarle un dolor en la muñeca que acusó de inmediato.

—¡¡NI SE TE OCURRA TOCARME UN PELO ZORRA!! TÚ, LA MADRE ABNEGADA, CREYENTE, CATOLICA PRACTICANTE Y DEFENSORA DE LA MAS ESTRICTA MORAL, FOLLÁNDOSE A SU SOBRINO, DAS ASCO, Y TE RECUERDO QUE ERES UNA MUJER CASADA, ME DAS VERGÜENZA. —Respondí con inquina.

Mi madre salió de mi cuarto mirándome asustada y antes de que saliese se lo recordé:

—¿Recuerdas que un día te dije que toda la mierda que estabas haciéndome pasar, te caería en la cara? Pues ha llegado el momento, voy a joderte la vida.

De nuevo volví a tirarme a la piscina sabiendo que, a lo mejor, no tenía agua. No tenía pruebas, pero directamente le dije a mi madre que se follaba a su sobrino y no me lo negó. Lo único que, de alguna manera me reconfortaba, es el haberle dicho que su amor, su empotrador, su sobrino, estaba satisfaciendo a dos mujeres a la vez, tendría que intentar dormir con ese pensamiento.

Cuando salí de mi casa, le dije a mi padre que esa noche no vendría a dormir, que me quedaba en casa de una amiga de la universidad ya que al día siguiente saldríamos temprano de excursión. A mi madre ni la vi, ni me apetecía. Lo que tenía claro es que no pretendía estar en mi casa cuando regresase mi primo.

Esa noche la pasé con mi folloamigo, que me brindó una cama, cariño, y unos buenos orgasmos que hicieron que olvidase por un momento ese mal día que pasé. El domingo de madrugada llegué a mi casa. Todo parecía en orden, aunque sin yo saberlo la tormenta ya había empezado.

Al día siguiente, lunes, como siempre bajé a desayunar y me encontré a mi madre con un aspecto horrible. Mi desayuno se encontraba en la mesa, pero lo miré con desconfianza y abriendo un armario, tomé una taza y me serví un desayuno diferente al que tomaba normalmente.

—Te he preparado el desayuno, ¿acaso no lo quieres? —Dijo mi madre con congoja.

—De ti no quiero ni los buenos días, eres capaz de haber puesto veneno.

—¿De verdad? ¿Me crees capaz de eso? —Respondió mi madre asustada.

—Te creo capaz de eso y de mucho más…degenerada.

—Hija, por favor, hablemos, no puedo seguir así. —Respondió mi madre echándose a llorar.

—¿Ahora quieres hablar? Quien siembra vientos, cosecha tempestades. Adiós mamá.

Me fui a la universidad sin ser consciente que esa sería la última vez que vería a mi madre. Cuando regresé cerca de la hora de comer, mi padre se encontraba en casa y eso me extrañó muchísimo. La casa estaba algo desordenada, cosa rara ya que mi madre era una obsesiva de la limpieza y el orden:

—¿Qué ha pasado aquí papá? ¿Y por qué estás en casa a estas horas?

—Hija era inevitable que ocurriese. He echado a tu primo y a tu madre de casa. Tenías razón, mi mujer estaba demasiado pendiente de su sobrino.

—Pe… pero…pero. —Balbuceé sin creérmelo.

—Cariño, no me pidas detalles de lo ocurrido, quiero privarte de algo muy desagradable. Dentro de unas semanas, nuestro divorcio será efectivo. Hasta entonces, solo espero que quieras seguir viviendo en esta casa, ya eres mayor para decidir. —Terminó diciendo mi padre.

No tuve dudas en quedarme con mi padre por varias razones. La primera y principal no tenía otro sitio donde quedarme. La segunda, quería a mi padre, y no estaba dispuesta a dejarle pasar este trago solo. Y una tercera, mi madre había desaparecido de nuestras vidas, estaba segura que seriamos más felices sin ella.

No voy a mentir, la primera semana fue difícil, veía a mi padre muy abatido y yo en parte tuve que ocupar el lugar de mi madre. Quise ahondar en lo que había ocurrido, pero mi padre fue hermético y eludió el tema. Saber que ya no vería a mi primo, y ni siquiera estar al tanto de donde andaría destrozó aún más mi corazón. Ni me llamó, ni me escribió, ni nada. Mis llamadas y mis mensajes no fueron respondidos. Hablé con mi tía, pero no supo o no quiso decirme donde se encontraba, parecía que se lo había tragado la tierra y pensé lo más lógico, que estaría con mi madre. Llamé a su teléfono varias veces y la única respuesta que recibí es, —el numero al que llama se encuentra apagado o fuera de cobertura.— Incluso llamé al hospital donde trabajaba mi madre y la respuesta de la enfermera me dejó helada:

—Lo siento mucho pero la Dra. Abad ya no trabaja aquí, ha presentado su carta de dimisión.

Ya no supe a quien más acudir. No sabía cómo localizar a sus compañeros y poco hablamos de su trabajo, ni sabia en que compañía estaba trabajando como ingeniero. Mi primo, de la noche a la mañana se había ido de mi vida para siempre.

***********

Todo fue muy extraño desde el día que mi madre y mi primo salieron de nuestra casa. Echaba de menos a mis amigas, sobre todo a Ana, pero lo que me hicieron me dolió mucho y eso hizo que nuestra amistad se rompiese, aunque no puedo culparlas, ellas no sabían de mis sentimientos hacia mi primo, no así él, que estaba al tanto de que lo deseaba y aun así no dudó en follarse a mis amigas incluso estando yo presente.

Pero la vida continúa. Yo estaba a punto de terminar mi carrera de medicina y el divorcio de mis padres ya se había hecho efectivo. Yo me quedé a vivir con mi padre, ya que en el divorcio mi madre pidió expresamente que no deseaba verme ni estar conmigo. Eso fue otro varapalo, odiaba a mi madre, pero no dejaba de ser la mujer que me llevó durante nueve meses en su interior y que me dio la vida. Me dolió, pero acepté su decisión.

Como he dicho, queramos o no la vida continúa. Mi padre intentaba pasar el mayor tiempo posible conmigo, pero su trabajo y sus necesidades como hombre, todavía era joven, hacia que desapareciese algunos fines de semana con alguna amiga suya, una vez pasado el duelo de su divorcio.

Ese fin de semana mi padre se había ido dejándome la casa para mi solita. Lejos de que penséis que me iría a buscar a un maromo y pasarme follando los dos días, me propuse estudiar, aprovechar el tiempo, estaba en la recta final de mi carrera y quería terminar por todo lo alto. Además, desde que ocurrió todo lo que os he ido contando, ya no era la puta desorejada que se follaba a los tíos de dos en dos, hacia un par de meses que no follaba, y lo extraño, no lo echaba de menos, mi primo seguía muy presente en mi cabeza y aunque se comportó como un auténtico cabrón conmigo, le seguía amando con todas mis fuerzas.

Pero no siempre lo que se desea se cumple, creo que eso ha quedado claro. Estando estudiando entró una llamada de un número que no conocía en mi móvil:

—¿Si?

—Hola, ¿Andrea?

—Si soy yo, ¿quién eres?

—Me alegro de oír tu voz, soy Tino.

—¡¡TINOOO!! Hola cielo, ¿Qué te cuentas? Cuanto tiempo.

—Si, mucho tiempo, demasiado quizás. —Respondió con la voz quebrada.

En ese momento fui consciente que algo había ocurrido con Ana, si no, ¿por qué me iba a llamar ese chico a mí?

—Tino, ¿qué te ocurre? ¿Qué ha pasado? —Pregunté preocupada.

—Se que es muy precipitado, pero si no tienes nada que hacer ¿puedo invitarte a comer? No quiero hablar de esto por teléfono.

—Claro que sí, me encantará comer contigo y poder hablar.

—Genial. A las dos te recojo en tu casa. ¿Te parece?

—Me parece muy bien.

—Bien, pues dentro de un rato te veo.

Nos despedimos con cariño y cuando colgué estuve tentada de llamar a Ana, romper mi silencio y enterarme de lo que pasaba. Pero no me quise precipitar. Primero dejaría hablar a ese chico y según me contase así actuaria. En serio, Tino me caía super bien, y lo que no quería es que sufriese por una persona que no supo respetarle.

Durante las siguientes dos horas me dediqué a ducharme, depilarme y ponerme bella para ese chico que me había invitado a comer. Elegí muy bien mi vestimenta para que babease al verme y me acordé de ese día en la casa de Ana, como follaba y la poderosa herramienta que tenía entre las piernas y pensé que si se daba la oportunidad me lo llevaría a mi casa a follar como animales.

Puntual como un reloj suizo, a las dos de la tarde Tino esperaba frente a mi casa con un precioso super deportivo. Cuando me vio, esbozó una gran sonrisa y me recibió con un par de besos, aunque yo me abracé a él, no por nada, solo que me alegré mucho de verle, para mi estaba guapísimo y radiaba esa personalidad arrolladora que poseía, aunque su mirada era de tristeza:

—Andrea me alegro de verte, estas guapísima.

—Yo también me alegro Tino, tú también estas muy guapo.

—Nunca se te dio bien mentir Andrea, sabemos lo que soy. —Dijo con desánimo.

—Un hombre increíble, Tino. No te menosprecies. ¿Nos vamos? —Dije algo molesta.

Como el caballero que era Tino, se adelantó para abrirme la puerta del coche y en agradecimiento le obsequié mostrándole brevemente mi entrepierna cubierta por mi tanga. Durante el camino charlamos de cosas banales, aunque Tino no dejaba de mirar mis piernas ya que llevaba un vestido muy cortito. Esperamos a estar sentados a la mesa para abordar el asunto que nos había reunido.

—Y bien Tino, ¿qué es lo que ocurre? Cuéntamelo.

—Ana… Ana lo ha dejado conmigo el lunes pasado. No quiere verme. —Dijo Tino intentando no llorar, pero dejando caer dos lagrimones inmensos.

Nunca me ha gustado ver llorar a un hombre, pero en el caso de Tino, me conmovió. Era un hombre con una sensibilidad inmensa y poniéndome en su lugar imaginé el dolor que sentía. Agarré su mano con fuerza intentando transmitirle tranquilidad, mientras secaba sus lágrimas con mi otra mano.

—No llores cielo, cuéntame que ha pasado con Ana. ¿Has hecho algo que le haya podido molestar?

—¡¡NOOOO!! ¡¡NO SE QUE LE HA PASADO!! —Dijo en voz baja, pero con énfasis, enfadado, apretando sus puños con fuerza.— Fue a raíz de mi viaje a Ginebra. Esa noche cuando llegué al hotel estuve hablando con ella, todo normal. Me comentó que había quedado con Noelia y contigo para hacer una barbacoa y tener un día de chicas. Luego nos demostramos lo que sentíamos el uno por el otro, pero cuando llegué el miércoles siguiente la noté extraña, y todo fue a peor durante las siguientes semanas, me evitaba y no quería verme, hasta el lunes pasado que quedó conmigo y me dijo fríamente que lo nuestro había terminado.

—¿Así sin más? —Pregunté sorprendida

—Así sin más. Se presentó en mi trabajo, me dijo que no se encontraba a gusto con nuestra relación, que íbamos demasiado rápido y que no quería volver a verme. Se marchó dejándome sumido en mi desesperación.

Sabía lo que había pasado, conocía muy bien a Ana y el cargo de conciencia no le dejaba vivir tranquila. Era consciente de lo que había hecho, pero era incapaz de sincerarse con Tino y asumir las consecuencias de sus actos. Prefería ser ella quien dejase la relación, antes de que Tino supiese la verdad.

—¿No notaste nada raro antes de ese viaje?

—Nadaaa, todo iba genial entre nosotros, estábamos haciendo multitud de planes de futuro, incluso…incluso llegamos a hablar de boda. —Dijo quebrando su voz de nuevo.

—Sinceramente, dime lo que piensas. Aunque sea mi amiga yo no voy a judgarte.

—¿Sinceramente? Creo que es obvio. Cuando estuve de viaje, conoció a alguien, se acostó con él y se lo folló y bueno, creo que pensó que el otro merecía la pena más que yo.

El chico no había herrado ni un poco. Esa zorrita conoció a otro hombre, mi primo, y claro que se lo folló. Aunque si herró en una conclusión. El pobre pensaba que le había dejado por otro tío y conociendo a Ana seguro que en estos momentos estaría como alma en pena vagando por las estancias de su casa, con los ojos hinchados de llorar y la nariz roja, de sonarse los mocos, como si hubiese bebido un litro de vino.

—Afirmas eso con seguridad, ¿acaso los has visto juntos? —Pregunté con miedo.

—No, pero esto ya lo he vivido otras veces, bueno, yo no, algún amigo mío ha sufrido eso mismo. Estar perfectamente con su novia y al cabo de unas semanas hacerle la liana e irse con otro tío.

—¿Hacerle la liana? —Pregunté con curiosidad.

—Si, la liana, ¿no me digas que no has escuchado esa expresión?

—Tino, yo no sé lo que es tener novio o comprometerse con alguien. Yo solo tengo amigos que vienen y van. Nunca permitiré que me hagan daño como te lo están haciendo a ti. —Mentí descaradamente.— Así que no, nunca he escuchado esa expresión.

—Pues esa expresión significa…

—A ver Tino, que no la haya escuchado, no significa que no sepa lo que representa,—dije riéndome,—no hay que ser muy druida para entenderla.

Nos quedamos callados por un momento mirándonos fijamente. En ese momento fui consciente de dos cosas, que ese chico estaba bebiendo demasiado y que me lo iba a follar, eso estaba claro, le iba a quitar esa tristeza y la tontería con una buena sesión de sexo.

—Bien, si lo que dices es cierto, se me plantea una duda, ¿serias capaz de perdonarla si te ha sido infiel?

—Depende. —Dijo Tino mirando su plato.

—¿Depende? ¿De qué? —Pregunté intrigada.

—Pues depende de si solo ha sido sexo, o si es sexo y amor, o si es una relación de meses que está consolidada…en los dos últimos casos, seria de todo punto imposible.

—En fin, yo no le perdonaría de ninguna de las maneras, pero conociendo lo simple que es Ana, solo habrá sido un mal polvo, seguro. —¡¡MIERDA!! PERO EN QUE ESTOY PENSANDO, dije para mi—…Pero solo es una conjetura,—intente rectificar,— no vayas a pensar que yo sé algo. —Volví a mentir.

Seguimos hablando sobre su relación con Ana, intentando entender por qué una persona tan increíble como él, se rebajaba de esa manera ante una chica que de la noche a la mañana le había dejado sumido en la más absoluta desesperación sin ni siquiera darle una explicación creíble. Se lo hice saber y el me dio su punto de vista:

—Andrea, yo no soy atractivo ni física ni sexualmente. Que Ana se fijase en mí y me aceptase fue algo fuera de lo normal, pero sabía que esto sucedería tarde o temprano.

—De verdad Tino, si supieras la mala leche que se me pone al oírte hablar así, creo que temerías por tu vida. Que te quede claro,  SI —enfaticé— que eres un hombre fuera de lo normal con el que no me importaría tener una historia, además, una muy larga, pero eso es de todo punto imposible porque las circunstancias mandan. Por favor, no te menosprecies, eres un hombre increíble y maravilloso.

Un amago de sonrisa despuntó en la cara de Tino, aunque su tristeza era más que patente. Me extrañó, ya que no fue a atender su negocio, esa tarde la pasamos juntos, hablando de muchas cosas y enterándome de que en su adolescencia y juventud, las chicas, las mujeres fueron muy crueles con él hasta el punto de crearle un complejo de inferioridad enorme que, aunque lo intentó controlar, duraba hasta el día de hoy.

Por desgracia, y aunque se lo repetí hasta la saciedad, Tino se encontraba desesperado por el abandono de Ana y llegó a beber mucho, demasiado para que él condujese su coche. Sobre las diez de la noche y después de forcejear con él, conseguí arrebatarle las llaves de su flamante super deportivo, por nada del mundo le hubiese dejado conducir.

Conduje hasta mi casa con Tino en el asiento del copiloto encontrándose cada vez más mareado. En esos momentos tuve la certeza de que, llegados a mi domicilio, llamaría a un Uber, le metería dentro del coche y le diría al chofer que lo llevase a su casa. Solo cuando estuviese sobrio le dejaría las llaves de su coche.

Pero las cosas no salieron como yo pensaba. Llegando a mi casa, Tino empezó a sentirse peor y las primeras arcadas hicieron acto de presencia. Fue aparcar y Tino en un esfuerzo por no poner el coche perdido, le dio tiempo a duras penas para salir del coche y echar todo el exceso de alcohol que tenía en su estómago y que su cuerpo se negaba a digerir. Solo sé que, al ponerse la mano tapando su boca, todo el contenido de su estómago cayó sobre su ropa:

—Lo…lo siento Andrea, que vergüenza. —Dijo arrastrando las palabras y cayéndose de culo debido al mareo, dándole una nueva arcada y ensuciándose aún más.

¿Y qué hacía yo ahora? Mi pensamiento de llevármelo a la cama y follármelo quedo desechada e hice lo más lógico, no le iba a dejar ahí tirado, le ayudé a levantarse y con esfuerzo, ya que Tino era bastante corpulento, entramos en mi casa, le di una ducha, me recreé en su enorme verga y con pena le metí en la cama donde cayó profundamente dormido debido a la borrachera que arrastraba y metí toda su ropa sucia en la lavadora. En ese momento tenia a mi objeto del deseo, desnudito y entre las sábanas…pero no en mi cama, una tentación.

Ya cambiada y más tranquila, estando en el salón, marqué el teléfono de Ana. Me sorprendía lo tonta que podía llegar a ser, dejar a un hombre como Tino, sin ni siquiera intentar hablarlo con él. Ni había terminado el primer tono de llamada, la voz desesperada de Ana respondió:

—¡¡¿ANDREA?!! —Preguntó con cierta desesperación.

—Hola Ana, ¿qué tal estás?

—¡¡MAL ANDREA, MUY MAL!! —Dijo echándose a llorar.

―Eso ya lo se boba, he estado hablando con Tino y me ha contado la estupidez que has hecho, ¿en que estabas pensando idiota? ―Respondí con acritud.

―¿Qué…que le has contado? ―Preguntó con miedo.

―Nada de lo que piensas, porque eso se lo vas a decir tú. Tú serás la que le confieses que te follaste a otro mientras él estaba de viaje. Por una vez en tu vida, se valiente y afronta tus decisiones. ―Le respondí con brusquedad.

—Si le confieso eso le perderé para siempre. —Dijo Ana en un llanto desesperado.

—Creo que no eres consciente que debido a tu majadería, ya lo has perdido, aunque, bueno, quizás no esté todo perdido. Voy a seguir hablando con él, tanteándole, a ver qué es lo que piensa sobre una posible infidelidad, pero por favor, NI SE TE OCURRA LLAMARLE, —le advertí,— en estos momentos está muy cabreado contigo, le has hecho mucho daño y no quiere ni verte.

Le mentí, por supuesto que lo hice, se lo merecía. Tino estaba desesperado por volver a verla, pero primero, lo siento, tenía que pasar por mi coño, de una manera u otra, me da igual, pero me lo tenía que follar y que esa zorrita lo supiese, esa sería mi venganza y de alguna manera que estos dos tortolitos volviesen a estar juntos. Dejé a Ana llorando desesperada aunque confiada en que hubiese alguna solución, ella siempre había confiado mucho en mí.

Por el momento tenia a Tino completamente desnudo en la habitación donde había dormido mi primo. Esa noche lo dejé todo muy bien preparado para que cuando se despertase, solo encontrase un albornoz y bajase a buscarme preguntando por su ropa sabiendo que debajo de esa prenda estaría completamente desnudo, entonces, yo entraría en acción.

Antes de acostarme rebusqué entre mi ropa para recibir al día siguiente a Tino. Encontré lo que buscaba, unos pantaloncitos de algodón, muy suaves de cuando tenía diecisiete años y que probándomelos me di cuenta que se metían por todos los recovecos de mi anatomía. Busqué algo para la parte superior y encontré una chaquetita muy ligera de punto que se abrochaba por delante con unos cordones, no tenía botones y no me llegaba a tapar mi ombligo. Cuando me miré al espejo supe que Tino me follaria, ese pantaloncito marcaba mi coño nítidamente y esa chaquetita tapaba mis tetas a duras penas, estaba irresistible.

Al día siguiente, me levanté algo temprano, me metí a duchar, a repasar mi depilación, y a limpiar mi culito en profundidad, ese pollón me iba a destrozar todos mis agujeritos, si Anita lo gozaba, yo también quería hacerlo.

Sobre las once de la mañana, sentí como funcionaba la ducha. Estaba en el salón viendo los mensajes desesperados de Ana, riéndome para mis adentros, sabiendo lo que ocurriría en un rato. Me fui a la cocina y encendí la cafetera y puse dos tostadas a hacer. Previamente, reduje a un polvo muy fino una pastillita de Cialis que le quité a mi padre, quería esa polla dispuesta a follarme en todo momento y revisé mi indumentaria, ningún hombre en su sano juicio, por muy enamorado que estuviese, se podría resistir a mi:

—¿Andrea? —Escuché como me llamaba.

—En la cocina Tino.

Estaba algo nerviosa, cosa rara en mí ya que solía controlar estas situaciones, pero Tino me provocaba un gran respeto y sabía lo que estaba dispuesta a hacer. Por un momento, tuve miedo de hacer el ridículo y que me rechazase de pleno, pero noté su presencia en la puerta de la cocina y sabía el espectáculo que le estaba mostrando. Me di la vuelta sabedora de que la ropita que llevaba era para excitarle y vi su mirada de deseo y un ligero abultamiento en su albornoz. Felinamente me dirigí hacia donde estaba, casi se le cae el mentón al suelo y eso me hizo sonreír, le di un pico en los labios y me abracé fuertemente a él:

—¿Cómo estás cariño? ¿Has dormido bien? —Dije juntando más mi cuerpo al suyo y notando una dureza en mi pubis.

Para mí, tardó más de la cuenta, pero por fin noté sus fuertes brazos rodeándome y apretándome contra él, mientras aspiraba mi perfume y esa dureza, esa presión sobre mi pubis, se hacía más notoria.

—¿Qué ocurrió anoche Andrea? ¿Y por qué estaba desnudo esta mañana? Tengo una laguna en mi cabeza y no consigo acordarme de nada. —Dijo con preocupación Tino.

—Básicamente, que te agarraste una borrachera del quince y cuando llegamos a mi casa, conduciendo yo por supuesto, te echaste encima todo el contenido de tu estómago, te pusiste perdido, tuve que desnudarte, ducharte y meterte en la cama para que durmieras la mona. Tu ropa se está secando.

—Estoy muy avergonzado y te pido que me perdones por mi conducta, yo no soy así…pero te agradezco que no me dejases tirado. De verdad muchas gracias. —Contestó Tino con la voz quebrada.

Me separé ligeramente de él y le miré a los ojos con cariño. En ese momento me di cuenta de la mirada tan limpia que tenía ese chico y de unos ojos preciosos y profundos que te traspasaban y le besé, si le besé con ternura, con afecto y mi lengua buscó la suya hasta que la encontró y se enzarzaron en una lucha desesperada. Joder como besaba el muy ladino, me estaba derritiendo y mi pantaloncito empezaba a empaparse. Terminé con ese beso, había mucha mañana y muchos momentos por delante y quería disfrutar de todos y cada uno de ellos.

—Yo nunca te dejaré tirado, nunca, me entiendes.—Respondí volviéndole a abrazar.— Anda cariño, siéntate que te pongo el desayuno.

Me separé de él y no me pude resistir a mirar hacia abajo, viendo el tremendo abultamiento de su albornoz. Lo miré traviesa mientras sonreía y mordía mi labio inferior en un gesto de deseo. Agarré su mano y le llevé a la mesa donde tenía ya preparado su desayuno.

—De verdad Andrea, te lo agradezco en el alma, pero no tenías por qué haberte molestado.

—No es ninguna molestia, al contrario. Espero que te guste lo que he preparado para ti. —Esto último lo hice mirándole a los ojos, e iba con doble intención.

Durante el tiempo que duró el desayuno, me exhibí ante él para que no perdiese detalle de mi anatomía, quería calentarlo, ponerle cachondo. Dejé que me viese bien tanto por delante, como por detrás, veía sus expresiones, sus ojos abiertos como platos y por ultimo su mano bajo su mesa, tocando, imagino, su inmensa polla, dura como el acero a estas alturas.

—¿Ya has terminado cielo? —Le pregunté, dejando mi entrepierna a la altura de sus ojos.

—S…sí. —Respondió hipnotizado mirando, mi coñito.

—¿Te ocurre algo? Estas muy colorado. —Pregunté con malicia.

—¿Me…me puedes dar un vaso de agua?

—Claro, ahora mismo.

Volví a mostrarle mi culito enfundado en esos pantaloncitos tan ajustados que llevaba y que se metían insultantemente por la rajita de mi culo dejando mis nalgas casi al aire. Me agaché levemente sin doblar mis rodillas dejando mi vulva expuesta y mostrando su humedad en la tela del short. Noté su presencia detrás de mí y no quise esperar más. Eché mi cuerpo hacia atrás y enseguida sentí como su príapo duro, granítico, se metía entre los cachetes de mi culo. Gemí, mi excitación estaba en su punto máximo, apoyé mi cabeza en su hombro y enseguida sus besos se apoderaron de mi cuello, mientras mi culo acariciaba esa verga divina.

—Andrea, eres una preciosidad de mujer. —Me susurró Tino mientras sus manos se apoderaban de mis tetas.

—Ahhhh…mi amor…me he vestido así para ti, quería excitarte.

—Puedes estar segura que lo has conseguido. —Dijo dándome la vuelta y besándome con pasión, con deseo.

Mis manos fueron en busca de su pollón que lo notaba en mi tripita palpitando. Acaricié su longitud con mis manos, joder, era enorme. La pajeé con mimo, acariciando sus enormes huevos que se notaban duros, llenos de su néctar.

—Dioooos Andrea…como sigas así…

—¿Te gusta? —Pregunté estúpidamente.

—Demasiado. Para, quieta o te voy a poner perdida. —Aseveró Tino avergonzado.

Sabía que a Tino le había puesto al borde del paroxismo, estaba al límite del orgasmo, pero quería que, antes de follarme, se aliviase un poco para que pudiese aguantar más cuando me metiese todo ese cipote dentro de mi coño. Con cariño me separé de él y agarré su mano:

—Ven, siéntate en esta silla. —Dije apartando la primera que tuve a mano de la mesa de la cocina.

Tino obedeció como un corderito y se sentó donde le dije. Su boa ya se mostraba en todo su esplendor fuera del albornoz. Abrí sus piernas y me arrodillé entre ellas, deshice el nudo de su prenda y Tino se quedó prácticamente desnudo frente a mí, Dios, era espectacular ver ese tremendo ariete, congestionado, durísimo y lleno de venas que parecían que iban a estallar.

Con mis dos manos lo agarré, y sin apartar mis ojos de los suyos, di dos besitos en la punta para seguidamente desencajar mi mandíbula y meterme lo que pude en mi boquita.

—Joder Andrea, joder… joder… —Exclamó Tino cerrando sus ojos.

Supe que estaba a punto de correrse, era inevitable. Intenté alargarlo un poco más. Saqué su polla de mi boca y con cuidado de no excitarle más de la cuenta fui lamiendo su tronco hasta llegar a sus huevos y lamerlos con mimo, haciendo lo mismo con sus ingles y llegando incluso con mi lengua a lamer parte de su perineo y su ano.

Noté como su pollón se hinchaba y supe que iba a correrse. Me sorprendí a mí misma dejando sus huevos y volviéndome a meter ese tolete en mi boquita, estaba dispuesta a saborearle. El primer latigazo me dio en el paladar, los siguientes llenaron mi boca y con cuidado de no atragantarme fui bebiendo lo que me daba. Esa manguera no paraba de soltar semen y aunque había desayunado, tuve sobredosis de leche.

No puedo decir que me agradase hasta quedar extasiada, pero tampoco fue tan repugnante como oía comentar a algunas amigas y examigas que dejaban a sus conquistas correrse en sus boquitas.

Con un sabor salado y ligeramente amargo, Tino me obsequió con su esencia. Supe que el día anterior, la comida y sobre todo la ingesta de alcohol tuvo mucho que ver en ese sabor, algo había estudiado sobre eso y tenía claro que tanto en los hombres como en las mujeres, dependiendo de su dieta, hacia que los olores corporales y los sabores de sus fluidos variasen.

—Dios Andrea, ha sido increíble…me he…me he corrido en tu boca…

—Eres el primer hombre que dejo que lo haga. —Dije con cierto orgullo.

—Cariño, eres la primera mujer que me deja que lo haga. —Dijo Tino levantándome, sentándome a horcajadas sobre su pollón y besándome con gula.

—¿Ana nunca…? —Pregunté sorprendida.

—No quiero hablar de Ana ahora. —Cortó Tino inmediatamente

Notaba mi coño encharcado, y mi pantaloncito pegado a el debido a mis juguitos. La polla de Tino se encajó entre los labios de mi coñito y me estaba volviendo loca, solo quería sentirla dentro de mí, que me abriese bien y que llegase a sitios donde nunca nadie había llegado. Tino me besaba con pasión, abrazándome contra él, dejándome sentir su cuerpo, su calor. Sus manos se fueron a mi culito y lo amasó con gula haciendo que me frotase contra él con más intensidad, ya no aguantaba más, lo necesitaba dentro de mi:

—Dios Tino, fóllame, fóllame por lo que más quieras. —Supliqué.

Tino volvió a ponerme en pie y me ayudó a bajarme esos pantaloncitos tan ajustados que me había puesto. Cuando dejó mi sexo al descubierto, Tino pasó su dedo medio por mi coñito haciéndome gemir y se lo llevó a la boca, eso me excitó aún más, si es que eso era posible:

—Sabes deliciosa. Más tarde me daré un festín con tu coño. —Dijo Tino volviéndome a poner a horcajadas sobre su polla.— A tu aire cariño, vete empalándote tu solita.

Y eso hice, me fui sentando, sintiendo como ese enorme ariete me dilataba, me abría, estiraba la piel de mi vagina y con un dolor muy placentero iba entrando muy poco a poco en mí. Tino parece que leyó mis pensamientos, puso sus manos en mi culito, y uno de sus dedos masajeo mi anito, eso me hizo gemir escandalosamente y más aún cuando empezó a devorarme las tetas con ansia, eso me volvió loca, abracé su cabeza contra mi pecho e hizo que mi orgasmo se adelantase:

—Dioooos Tino, me voy a correr…sigueeeeeee…sigueeeeeeeh…—Jadeé.

Con su pollón entrando todavía en mí, me corrí como una burra, en un orgasmo interminable que regó lo que quedaba por entrar de polla y sus huevos.

Gemí, llore, lo besé, lo abracé y noté un dolor más agudo y sus huevos tocando mi culo. Tenía esa monstruosidad de polla metida dentro de mí y me estaba matando de placer. Me había follado a docenas de tíos, pero lo que estaba sintiendo con Tino no lo había sentido nunca:

—Dios Tino, no te muevas, deja que mi coñito se acostumbre a ti…asiiiiii…méteme un dedo en el culito…ahhhhhh…que gustoooooh cielooooh…no pareees, muévete un pocooooh…

Tino me levantó sacando una parte de su verga y me dejó caer de golpe, el grito que metí se debió escuchar en toda la urbanización pero eso me provocó otro orgasmo brutal que me hizo volverme loca y empezar a botar sobre ese rabo divino.

En ese momento en que solo el placer que sientes ocupa tu cabeza y tus sentidos, pensé que no estaba utilizando protección, Tino no se había puesto preservativo…y ni falta que hacía, lo estaba haciendo a pelo por primera vez a mis veinticinco años, estaba en el delirio del placer y quería llegar hasta el final. Después de muchos minutos de frenesí en los que los dos sudamos como animales y Tino me hizo alcanzar dos orgasmos más,  me advirtió que iba a terminar:

—An…Andreaaa…no aguanto más, me voy a correr.

—Hazlo mi amor, hazlo dentro, déjame sentir como me llenas.—Gemí en su oído.

Noté como su pollón se hinchaba dentro de mí y percibí como pulsaba en cada latigazo de semen golpeando mi útero. Nunca olvidaré esa primera vez para mí, cuando un hombre terminó dentro de mi coñito, fue lo más, nunca había sentido nada igual y volví a correrme, fue…impresionante.

Cuando normalizamos nuestra respiración, nos dedicamos a darnos cariño. Besos profundos, Dios, era espectacular como besaba este chico. Besó mi cuello, mis hombros, mi pecho, mis tetas… Su polla seguía dentro de mí, creo que gracias al Cialis seguía dura como el granito. Notaba cada relieve de su pollón dentro de mi coño, como palpitaba dentro de mí y mi coñito reaccionó como era de esperar.

Sin sacarla me volvió a follar, sin prisas, con cariño, casi diría que hicimos el amor. Su dulzura y su ternura me envolvieron y supe por qué Ana se había enamorado de ese chico. Acostumbrada a los cabrones que nos follaban sin sentimiento, sin preocuparse si alcanzábamos nuestro placer o no, este chico se dedicaba a regalarme orgasmo tras orgasmo, preocupándose en todo momento por mí. En ese momento un sentimiento de inmenso cariño me envolvió y mientras me corría, se lo susurré:

—Dioooos, como te quiero.

Tino volvió a correrse dentro de mí, nos volvimos a demostrar cariño, pero ya estaba algo cansada de esa postura. Al poco saqué su enorme verga de mi interior y cuando estuvo fuera, aparte de sentirme con un vacío muy incómodo, un torrente de semen y fluidos cayó sobre Tino y por el interior de mis piernas.

—Vamos a la cama mi amor, quiero más de ti. —Le dije abrazada a él.

Subimos a mi cuarto, aunque por el camino le pedí que me excusase para pasar al baño y lavarme. Creo que fui como las babosas, deje un rastro de su semen y mis fluidos que no paraban de salir de mi interior.

Pasamos toda la mañana follando como animales. Yo cabalgándole, en misionero, en cucharita, a cuatro. Tino no se cansaba, era interminable y ese Cialis lo había preparado para mí, para mi placer. Perdí la cuenta de los orgasmos que tuve, creo que nunca me había corrido de la manera que lo hacía, estaba agotada, casi al borde del desmayo, pero ese chico seguía dándome placer, mucho placer.

Cerca de la hora de comer, sin pactarlo, hicimos un alto para reponer fuerzas. Algo que me extrañó, Tino no me había pedido follar mi culito y eso que lo estaba deseando, aunque con algo de miedo, su calibre excedía en mucho a las pollas que me habían sodomizado y temía que destrozase mi anito.

Pedimos una pizza y antes de que la trajeran nos duchamos juntos, preparándonos para la batalla de la tarde.

Nos dijeron que tardarían media hora, con lo que, cuando nos metimos en la ducha empezamos a calentarnos. Pero cuando estábamos en lo mejor, el sonido del telefonillo de la entrada nos cortó todo el rollo. Tino con una toalla en su cintura fue a por la pizza, mientras yo terminaba de secarme y me ponía un camisoncito tan breve que dejaba mi coñito y mi culo a la vista y mis tetas se desbordaban por los laterales.

Tino comió desnudo, y yo no me decidía si comerme la pizza o comerle a él. Se que le puse muy cachondo durante la comida con mi atuendo y mis insinuaciones, su polla volvía a estar muy dispuesta para mí y según terminamos, ni nos dijimos nada, me tomó en brazos y me subió a mi habitación, aunque antes le dije que debía ir al baño, no para nada en particular, solo para tomar mi gel lubricante, quería su polla en mi culito y toda ayuda me vendría bien.

Creo que no calculamos lo agotados que estábamos. Empezamos con los preliminares, besos, caricias, abrazos. Estábamos tan a gusto, tan relajados, que sin darnos cuenta, sin llegar a hacer nada, nos quedamos los dos profundamente dormidos, muy abrazados el uno al otro.

Sobre las nueve de la noche el sonido de mi teléfono móvil me despertó. Cuando vi la hora desperté a Tino rápidamente mientras aceptaba la llamada. Estaba asustada, mi padre podía aparecer en cualquier momento y sería muy embarazoso que nos encontrase a Tino y a mi desnudos en mi cama. Le apremié para que se vistiera sin ser consciente que su ropa seguía tendida. Fue un momento de locura hasta que vi quien me llamaba, mi padre:

—¿Papá?

—Hola hija, siento molestarte, ¿dormías?

—Si, me había quedado traspuesta, pero, papá, ¿por qué me llamas? ¿A ocurrido algo? —Pregunté con preocupación.

—No cariño ni mucho menos, todo va muy bien, solo quería avisarte que no voy a llegar hoy, llegaré mañana por la tarde.

—¡Ah! Bueno, no te preocupes, tranquilo que me las apaño muy bien.

—Pues cariño, que pases buena noche. Hasta mañana. —Se despidió mi padre.

—Buenas noches papá. Que lo disfrutes.

Antes de colgar escuché reír a mi padre con mi despedida y pensé que la que iba a disfrutar era yo. Miré a tino con una gran sonrisa, el parecía algo preocupado, pero enseguida le tranquilicé:

—Cariño, ¿te quieres quedar a pasar la noche conmigo?

—Joder, sí, me gustaría mucho.

No hicieron falta más palabras, tumbé a Tino en la cama con su polla ya más que dispuesta a seguir dándome placer, y yo hice lo mismo, sobre su cuerpo, pero con mi coñito sobre su cara. Hicimos un sesenta y nueve perfecto, en el que la lengua, labios y boca de Tino, se dieron un festín con mi coñito y mi anito, como me prometió por la mañana y mi boquita se comió ese pollón inmenso.

A punto de alcanzar un nuevo orgasmo, me quité de encima de Tino. Quería mi orgasmo con su polla en mi coño o mi culo, pero la quería dentro de mí. Me puse en cuatro, apoyando mi pecho en la cama y ofreciendo mis agujeritos para que dispusiese de ellos como desease.

Tino, me la metió del tirón en el coño. Estaba tan lubricada que no sentí apenas dolor pero si, una impresión muy fuerte:

—¡¡¡AHHHHHH…DIOOOOOS…TINOOOO, ME MATAAAAS, QUE GUSTOOOOO!!!

Arqueé mi espalda y elevé mi cabeza para tomar aire, boqueaba gimiendo de gusto, en la habitación solo se escuchaban mis gemidos, el chof-chof de su polla entrando y saliendo de mi coñito y el plas-plas, de su pelvis chocando con mi culo. El orgasmo me sobrevino cuando su dedo gordo se introdujo en mi anito, fue brutal, devastador y mis fluidos regaron a mi amante y a las sábanas y yo me retorcí por el placer que me estaba provocando.

Sin haber terminado de correrme, sacó su rabo de mi interior y agarrando el lubricante noté como embarraba mi anito:

—Eso es mi amor, rómpeme el culito, párteme en dos…

Tino besó mi espalda, apuntó su vergote a mi anito y la fue introduciendo con mucho mimo y cuidado. No niego que sentí algo de dolor, pero el placer era mucho mayor. Agarró mis tetas con fuerza mientras pugnaba por meterme todo ese morcón en mi intestino. Y lo logró, vaya que si lo logró, notaba ese pedazo en mi estómago, mientras mis caderas se mecían con suavidad intentando meterlo más dentro de mí.

—Tinooo…que gustazoooo…follameeeeh… —Gemí casi corriéndome sin haber terminado el orgasmo anterior.

Me estuvo dando rabo como un campeón. Mi culo enseguida se acostumbró a su pollón y solo sentía placer. Me corrí como una burra, con sus dedos retorciéndome mis pezones y con mis deditos castigando mi clítoris y noté como mis intestinos se llenaban con su corrida, mientras Tino bufaba como un semental.

Cuando terminamos, caímos los dos rendidos, ese chico me dejó agotada y sin fuerzas. Tino se tumbó y con cariño, me incorporó y me tumbó sobre él, llenándome de besos, caricias y mimos, es que era increíble, era imposible no enamorarse de un hombre así.

Esa noche cenamos algo ligero y nos fuimos a dormir. Un último polvo que me avergüenza decirlo, pero no follamos, Tino me hizo el amor y eso me hizo sentir muy especial para él. Quise mantener mi cabeza fría, lo nuestro solo había sido sexo y Ana era nuestra prioridad, pero es que Tino se hacía querer.

Por la mañana antes de que nos fuésemos a nuestros respectivos quehaceres, volvimos a follar, ¿o a hacer el amor? No lo sé, el caso es que fui a la universidad con mi coñito y mi culo bien abiertos. Antes de despedirnos Tino me lo dijo con cariño.

—Andrea ha sido increíble, eres increíble, eres mi sueño de mujer.

Me impresionó, pero me asustó a la vez. Tenía que dejar muy claro todo esto, porque si no Tino iba a sufrir y creo que yo también y después de lo de mi primo, todavía estaba recomponiendo mi corazón:

—A ver Tino, ha sido impresionante el estar contigo, pero lo que ha pasado ha sido que solo hemos tenido sexo, si, con cariño, pero solo sexo.

—Pe…pero Andrea yo pensé…

—Tino, cielo, como te he dicho siempre, eres un hombre increíble, y lo de este fin de semana me ha unido aún más a ti. Pero no pierdas la perspectiva, yo seré tu sueño, pero Ana es tu realidad, no lo olvides cielo.

Fue estúpido, después de los besos tan pasionales que nos prodigamos, me despedí dándole un casto beso en la mejilla, mientras acariciaba su cara con cariño.

—Te llamaré entre semana. Nos vemos Tino. —Me despedí.

—¿Por qué me llamaras? —Preguntó Tino ilusionado.

—Ana…¿recuerdas?

Tino me sonrió y asintió con la cabeza. Le entregué las llaves de su impresionante super deportivo y nos separamos. Mentiría si no dijese que ese día estuve melancólica. Recordé todos y cada uno de los detalles de ese chico conmigo. Como me trató, su cariño, su dulzura, como me dio un placer que no conocía y por supuesto, el sentir que, sin miedo, con toda libertad, lo habíamos hecho a pelo y le había dejado correrse dentro de mí, eso fue lo más y nunca lo olvidaría.

A Ana le faltaba un punto de madurez. Era una adolescente en un cuerpo de mujer, pero aunque me hizo mucho daño y se hizo daño ella misma al follar con Marcos, me conmovió su desesperación y aunque no le prometí nada haría lo posible para que ella y Tino, volviesen a estar juntos.

Con Tino quedaría el sábado por la tarde en mi casa. Nos íbamos a presentar en casa de Ana sin avisarla, pillarla desprevenida, que no preparase su posible defensa ante un hecho indefendible. Tenía más que claro que Ana quería volver con Tino y si no lo había hecho antes, fue por ser cobarde. Pero si Tino no me mintió en aquella comida y solo fue un polvo, la perdonaría, estaba segura.

Dejé pasar un par de días, en los cuales Ana me bombardeó a mensajes que yo leía pero no respondía. Solo de vez en cuando le mandaba un —ten paciencia— para que no se desesperase. El miércoles por la tarde, agarré mi teléfono móvil y me dispuse a tener una conversación con esa zorra, lo siento habían pasado meses desde lo de mi primo, pero todavía le guardaba mucho rencor. Como siempre sin terminar el primer tono Ana respondió a mi llamada:

—Andrea, que alegría oír tu voz, ¿Qué ha ocurrido? ¿Has hablado con Tino? ¿Cuéntame que ha pasado? Te lo digo en serio estoy de los nervios.

—Bueno, el sábado, quedamos a comer y me estuvo contando todo lo ocurrido, no entendiendo por que sin motivo aparente lo dejases con él, aunque si te soy sincera, Tino no es tonto y está seguro que has conocido a alguien, te lo has follado, y estás saliendo con esa persona.

—Sabes que eso no es verdad. Ese maldito polvo con tu primo no duró ni media hora.

—Eso díselo a él, me da igual que haya sido media hora como si han sido tres horas, le has fallado poniéndole los cuernos con otro. —Dije de forma seca y brusca.

Escuché como Ana empezaba a llorar, pero no me iba a detener, quería verla sufrir y no me iba a callar nada.

—¿Y que más ocurrió? ¿De qué más hablasteis? —Preguntó Ana.

—Bueno, luego, después de comer, nos fuimos a tomar algo y pasamos la tarde juntos.

—¿Cómo? ¿Juntos…los dos? —La voz de Ana era de miedo.

—Si claro, juntos, charlando y con Tino en su desesperación por lo que le habías hecho, bebiendo sin parar, hasta que a eso de las diez, conduje su coche hasta mi casa. Pretendía meterlo en un Uber, pero tanta bebida le sentó mal y se puso perdido. No tuve más remedio que llevarle a mi casa, desnudarle, ducharle y echarle a dormir la mona. —Dije con malicia.

Durante unos interminables segundos, Ana permaneció callada intentando procesar, imagino, la información que le había dado y temiendo lo peor hasta que hizo la pregunta del millón:

—Andrea, no me mientas…¿Te has follado a Tino? —Preguntó temerosa.

—Por supuesto que me lo he follado, —confesé con un gesto de triunfo.— El domingo por la mañana, esperé en la cocina a que se levantase a desayunar. Llevaba una ropita indecente, y cuando me vio fue cuestión de tiempo que me empalase con semejante pollón. Por cierto, no utilizamos preservativos y me dejó bien llenita por todos mis agujeritos. —Terminé diciendo con rencor.

Ana rompió a llorar con amargura, sabía el daño que le había hecho, pero en ese momento me daba igual, no sentía ninguna empatía por ella.

—¡¡eres…eres…ERES UNA HIJA DE PUTA, MALNACIDA, COMO ME HAS PODIDO HACER ESTO!! ¡¡SABES LO QUE TINO SIGNIFICA PARA MÍ!! —Gritó, llorando desesperada.

—Y ahora querida, ya sabes lo que sentí yo, cuando os vi follar con Marcos. —Respondí con rencor.

—De verdad Andrea no esperaba esto de ti. Ni Noelia ni yo sabíamos lo tuyo con tu primo, no nos puedes culpar de haber hecho lo que hicimos.

—Lo mismo que tú a mí no me puedes culpar ahora de haberme follado a Tino. Te recuerdo que fuiste TÚ, única y exclusivamente TÚ —recalqué— la que te follaste a otro tío, rompiste con Tino y encima pretendías que te fuese fiel en esa ruptura. A ver boba, Tino, es libre ahora mismo de follarse a quien quiera sin dar ningún tipo de explicación, y menos a ti, ¿te ha quedado claro?

Ana seguía llorando, sabía que lo que le había dicho era razonable pero no era ético. Que su supuesta mejor amiga se follase a la semana de haber roto con su exnovio, le había dolido mucho, me lo podía haber callado, pero quería que lo supiese, que su chico no se iba a quedar llorando por ella.

—Bueno a lo que nos interesa, ¿quieres seguir viendo a Tino para hablar o no? —Pregunté.

—La verdad, después de lo que me has contado, ni sé, si quiero seguir con él. —Confesaba Ana entre hipidos

—Vale, pues le llamo y se lo digo.

—¡¡ESPERA!!…Vale, quiero verle y que me diga a la cara que ha follado contigo. —Dijo Ana rabiosa.

—Me parece perfecto, siempre y cuando tú le confieses que te follaste a otro tío, creo que eso tendría cierta equidad. Y la verdad, pienso que deberías de ser tú quien le llamase y quedases con él, porque yo estoy un poco harta de hacer de celestina.

—Vale, tienes razón, voy a llamarle y voy a solucionar esto de una vez. —Respondió una Ana resuelta.

—Pues, te deseo lo mejor. Adiós Ana.

Y terminé la llamada. Como dije al principio la llegada de mi primo, cambiaría mi vida y por ende la de mis amigas. Y eso ocurrió, mis padres se divorciaron por su culpa y por su promiscuidad perdí también a mis amigas.

Ana no llamó a Tino y la verdad me lo esperaba. El viernes hablé yo con Tino y se lo dejé muy claro:

—A ver Tino, Ana sabe que tú y yo estuvimos follando como conejos, yo se lo dije…

—Joder Andrea, por qué se lo dijiste, ¿era necesario?

—Por supuesto que si cielo, tenéis que hablar en igualdad de condiciones.

—Ya, entiendo, mierda, —maldijo Tino,— como me jode tener razón.

—Vale ya lo sabes, tu entonces novia se folló a otro mientras tu estabas de viaje, pero no dejes que ella lo utilice contra ti. Hará lo posible para que pienses que tú eres el culpable de todo y ella una santa virgen y mártir, ni de coña, oblígala a confesar y que te diga a la cara que se folló a otro tío y que por su culpa mandó todo a la mierda, ¿lo has entendido?

—Perfectamente. —Respondió Tino.

Ese sábado por la tarde, sin saber ni siquiera si Ana se encontraba en su casa, Tino y yo nos presentamos frente a su puerta y llamamos al timbre.

La cara de Ana fue un poema cuando nos vio a los dos y perdió el color, pasando a ser de un blanco polar. Vi la expresión de Tino, dura, inflexible, mirando a Ana con severidad, sabía que era un momento incómodo y yo quise desaparecer de allí.

—Creo que vosotros dos tenéis que contaros muchas cosas. Espero que lo solucionéis, yo me voy. Adiós.

Y me fui sin más. De lo que trascendió de aquel encuentro, solo os puedo decir que Tino me envió un mensaje de agradecimiento al día siguiente, comentándome que Ana y él habían pasado la noche juntos. Si todo iba como tenía que ir, esos dos terminarían en el altar, eso seguro.

**********

Ya habían pasado siete años de todo aquello. No oculto que de vez en cuando me invadían los recuerdos, pero ahora mi vida había cambiado mucho. Para empezar mi padre rehízo su vida con una compañera de trabajo algo más joven que él, pero que le hacía feliz, eso para mí era lo importante.

De aquellas dos amigas de correrías que tuve en su momento, Ana y Noelia no volví a saber nada más de ellas, ni de Tino tampoco. Desde aquella infame barbacoa en casa de Noelia y los posteriores sucesos nuestra amistad cambió. Me gustaría imaginar que a estas alturas Tino y Ana ya estarían casados y hasta tendrían niños.

De mí, terminé mi carrera de medicina e hice mi MIR (Medico Interno Residente) en un hospital privado para deportistas de élite cuyo director era íntimo amigo de mi padre. Me especialicé en traumatología y cirugía ortopédica y traumatológica y debido a los pacientes que teníamos me fui haciendo un espacio y un nombre dentro de esa especialidad.

Por esa época debo de reconocer que conocí a muchos futbolistas, ciclistas, pilotos de Moto GP y categorías inferiores, gimnastas… etc. Me codeaba con la crem de la crem y fui a muchas fiestas y concentraciones y terminé conociendo hasta la familia real. Todo muy glamuroso, pero me sentía vacía.

Cuando estaba haciendo mis prácticas, conocí a un ginecólogo que me impactó muchísimo por su manera de pensar y lo divertido que era. Poco a poco empecé a sentir algo parecido a un cariño muy grande y quise ir más allá con él a ver dónde acababa todo esto, pero solo hizo falta estar desnudos uno frente a otro para darme cuenta que me trataba como a una paciente y se negaba a comerme el coño, porque según él era como una herida abierta llena de gérmenes, bacterias y fluidos desagradables.

Estúpido, si hay algo de lo que me sienta orgullosa es de mi cuerpo y mis atributos y no es porque sea mío, pero soy consciente del coñito tan bonito que tengo, siempre lampiño, limpio y perfumado, una nunca sabe lo que puede ocurrir y hay que estar preparada para todo.

Solo duramos dos meses, y creo que fue mucho tiempo perdido, y la verdad, yo ya no estaba para perder el tiempo.

A los dos años entró un nuevo enfermero en el hospital, Juan Luis. Era guapísimo, simpático, muy cariñoso y me ganó, poco a poco, día a día me fui enamorando de él, hasta el día que le invité a mi casa a cenar. Por aquel entonces ya vivía sola.

Esa noche hicimos el amor, lo sé porque no me folló, eso se nota en cómo te lo hace un hombre, y este me dio por todos mis agujeritos con mucho cariño, llenándome de besos y caricias y diciéndome cada vez que terminábamos sudorosos y agotados lo mucho que me amaba.

Al año de estar saliendo, nos fuimos a vivir juntos, todo iba sobre ruedas, éramos felices y llegué a pensar en formar una familia con él, pero mis recuerdos, mis demonios aparecieron en mi cabeza con fuerza y mi primo Marcos se instaló en ella. Y lo eché todo a perder.

Juan Luis, tardó unos meses en darse cuenta que algo me pasaba y no me quedó más remedio que sincerarme con él, no quería hacerle más daño del que le iba a hacer. Hasta en la ruptura que tuvimos fue un cielo, cariñoso, atento y empático y me dijo algo que me impresionó:

—Cuando alguien de la que estas muy enamorado o enamorada te rompe el corazón, siempre, algunos de esos cachitos siguen perteneciendo a esa persona. Solo espero que seas feliz y encuentres lo que buscas.

Fue muy duro para los dos el separarnos, pero sabía que si seguía con él, al final acabaríamos muy mal y no quería eso. Prefería dejarlo libre y que buscase a esa persona que se merecía. Sería muy difícil llegar al hospital todos los días, verle y no poder demostrarle lo que me importaba y sobre todo, ver como muchas enfermeras y médicos, femeninas, se entiende, al enterarse de nuestra ruptura intentaban acaparar su atención.

Pero la suerte corrió en mi ayuda para superar esa ruptura. El hospital donde trabajaba tenía un contrato con una importante compañía de electricidad y había que atender un pequeño hospital en Cuenca para los empleados de esa compañía y sus familias y que tenía todo tipo de servicios, incluido traumatología.

Fue el propio director, y amigo de mi padre, el que me pidió si podía cubrir por unos meses esa vacante ya que la titular tenía una baja por maternidad y acepté, claro que acepté aunque fuese un paso atrás en mi carrera, pero necesitaba salir de ese hospital por razones obvias.

A las dos semanas me instalaba en el apartamento que esa compañía de electricidad me proporcionaba y empezaba mi trabajo en Cuenca y en ese hospital.

A quien piense que por ser un municipio pequeño sería un trabajo relajado que se olvide. Esa compañía estaba construyendo uno de los mayores parques eólicos de España en ese municipio y eso significaba trabajadores manejando grandes pesos, maquinas peligrosas y arriesgando su integridad física. Tenía mucho trabajo, más del que podía atender y mis jornadas eran a veces de veinticuatro horas.

Fue uno de esos días, a punto de terminar mi jornada, en la que llegó una de mis enfermeras y me avisó:

—Doctora, nos han llamado de Gecama (nombre del parque eólico), un ingeniero se ha caído de un andamio y tiene una fractura abierta de fémur. Lo traen en un coche privado.

—Bien, tened preparado todo para cuando entre, llevadlo al box dos para una primera evaluación. —Ordené volviéndome a poner mi bata.

Cuando entré en ese box se me paró el corazón. Allí tumbado, aguantando el dolor, se encontraba mi primo Marcos. Intenté controlar mi sorpresa y acercándome acaricié su cabeza. Cuando me vio, cuando su cabeza le dejó saber a quién estaba mirando, se quedó con la boca abierta sin saber que decir:

—Que pequeño es el mundo, ¿eh Marcos? Mira donde nos hemos ido a encontrar.

En la primera evaluación tuve que cortarle sus pantalones para dejarlo con su ropa interior y ver el alcance de la fractura. Aparte de fijarnos en el tremendo bulto de su entrepierna, me quedé sin aliento al comprobar que el hueso había arrastrado a la arteria femoral fuera de su pierna, aunque no la había roto.

Enseguida lo llevamos al quirófano para intervenirle. Fue una operación de unas cuatro horas, en las que sobre todo tuve que salvar esa arteria y colocar su hueso con unas placas de titanio.

Me quedé toda la noche con él, vigilando su sueño, sabiendo que cuando se pasasen los efectos de los calmantes se despertaría con mucho dolor como así fue. Tenía su pierna derecha inmovilizada con una férula desde prácticamente la ingle, hasta el tobillo. Eso propició que su polla quedase al aire y pude verla en toda su magnitud, en reposo. Verla así, e imaginarme montada sobre ella follándome, hizo que mojase mis braguitas en más de una ocasión.

—An…Andrea… —Susurró mi primo.

—Hola Marcos, ¿Cómo te encuentras?

—Mal, me duele todo el cuerpo, ¿y mi pierna? —Dijo tocándose la férula.— Solo recuerdo estar subido a un andamio y una tabla que cedió.

—Te caíste desde unos cuatro metros. Tuviste una fractura abierta de fémur. Vas a tener que estar ingresado unos cuantos días.

—¡¡Joder!! —exclamó contrariado— tengo muchísimo trabajo.

—Pues lo tendrá que realizar otro, tu lesión va para un par de meses mínimo.

Una vez le di el alta hospitalaria, Marcos venía dos veces por semana a consulta para ver la evolución de su pierna y empezar la rehabilitación. Eso fue motivo para que mi deseo por el renaciese y mi corazón volviese a latir con fuerza por él.

El primer error que cometí es no hablar claramente con Marcos de lo que sucedió. Intenté evitar ese incómodo momento, que me confesase que se follaba a mi madre y que ocurrió para que, en cuestión de horas, desapareciesen de casa de mi padre, él y mi madre, aunque no es difícil imaginar que mi padre los pilló follando como conejos, seguro.

Pasados casi dos meses y con su pierna recuperada casi al cien por cien, nuestra complicidad era tan grande que parecía casi que éramos novios. Un sábado me invitó a comer en su casa y acepté sin dudar, estaba segura que íbamos a follar, vamos yo lo tenía más que claro.

Aquí se supone que tendría que detallar como hicimos el amor, ¡¡POR FIN!!, pero no quiero mentiros. Fue uno de los polvos más penosos que me han echado. No sé, tenía tan idealizado a mi primo, tan metido en mi cabeza que sería un quince sobre diez en la cama, que mis expectativas se vinieron abajo según empezamos y vi la pasividad, el poco entusiasmo que ponía al tener a una hembra como yo cabalgándole.

De hecho, para correrme, tuve que cerrar los ojos y recordar como Tino me folló aquel día y los orgasmos que me regaló. A Marcos no le dejé correrse en mi interior, no se lo merecía. Cuando noté el primer espasmo, la saqué de mi interior y le masturbé de mala gana hasta que se corrió, pero según empezó a eyacular aparté mi mano y el y bufando, terminó de cascársela.

Estaba de rodillas en la cama, desnuda, con un tío que, por cualquier circunstancia, nunca conectó conmigo. Le miraba frustrada, dolida, tantos años esperando por un tío, dejando a un cielo de hombre como era Juan Luis por su culpa, para darme cuenta de que todo esto no había merecido la pena, que mi primo el mulato seguía tan sieso y estúpido como cuando era pequeño.

—Uffff…ha estado bien, ¿no? Deja que me recupere y te follo ese culito.

Le miré atónita, ¿en serio? ¿Pensaba que lo había hecho bien? Sin pensármelo empecé a vestirme:

—Marcos, va a ser que no. Pensé que tú y yo estábamos hechos el uno para el otro, pero como me dijiste una vez, esto no es ético, hemos cometido incesto, aunque eso para ti no debería de ser un problema. Además para correrme, he tenido que pensar en cómo me folló otro hombre, mil veces mejor que tú. Así que, esto no se va a repetir.

Marcos no dejó de mirarme como me vestía. Él ni se dignó en levantarse, ni en rebatirme lo que le había dicho, ni siquiera en tapar su desnudez. Estaba ahí tumbado, mirándome, con una sonrisa estúpida y sarcástica en su cara y a cada segundo me ponía de más mal humor, tenía ganas de salir de allí. Iba a salir de la habitación, pero antes me hizo una pregunta que terminó de dinamitar lo que sentía por ese estúpido:

—Andrea, antes de que te vayas, déjame el teléfono de tu madre, me gustaría hablar con ella.

—¡¡¡¿CÓMO?!!! —Grité enfurecida.— Mira gilipollas, aunque lo tuviese no te lo daría ni en sueños, pero te diré que mi madre desapareció de mi vida y no la he vuelto a ver, ni se de ella, ni donde está y mucho menos tengo su teléfono. Habla con tu madre, con ella quizás tengas más suerte. Mientras tanto, vete a la mierda, estúpido.

Sali de esa casa como alma que lleva el diablo. Por desgracia tuve que atenderle, hasta que obtuvo el alta de su lesión y se pudo reincorporar a su puesto. Algo que ocurrió a raíz de este mal polvo es que empecé a pensar mucho en Tino y a intentar recordar momentos de ese día que pasamos juntos.

Marcos no cejo en su empeño de volverme a follar, pero ya habían sido muchos los desencantos y las decepciones con ese hombre y empezaba a desarrollar una repugnancia por él que se hacía patente cuando le miraba y se desencajaba mi expresión.

Por suerte para mí, a las pocas semanas dejé ese hospital en Cuenca para volver a Madrid y ocupar de nuevo mi puesto. El director del hospital en agradecimiento por mi dedicación, al hacerme cargo de ese puesto en Cuenca que nadie deseaba, me hizo segunda jefa de traumatología. Mis responsabilidades aumentaron en proporción a mi sueldo que se multiplicó por tres. Mi carrera era meteórica, llena de aciertos y sacando adelante lesiones que otros colegas daban por perdidas. Eso hizo que mi nombre sonase con fuerza dentro de mi especialidad.

Pero también fue doloroso el reencontrarme con Juan Luis. Cuando me vio, después de tantos meses, vino hacia mí y me dio un cálido abrazo y besó mi mejilla con cariño. Debo de reconocer que eso me derritió y me ilusionó pensando, que quizás nos podríamos dar otra oportunidad después de ordenar mi cabeza y no dejar ningún cachito de mi corazón en manos de nadie.

Pero mi ilusión fue etérea. Hablando, nos interesamos por nuestras vidas y Juan Luis me dijo ilusionado que había conocido a una mujer maravillosa y llevaban juntos un mes. Intenté disimular mi disgusto, pero era lógico, un hombre como ese no podía estar soltero mucho tiempo. Tendría que hacerme a la idea y aceptar mi equivocación. Por mi estupidez, por una persona que no merecía la pena, había perdido a un hombre extraordinario con el que me tocaría trabajar todos los días.

A mis treinta y tres años no me podía quejar de mi vida profesional que me llenaba totalmente, no así de mi vida personal, que dejaba mucho que desear.

De acuerdo que tenía muchos amigos, más bien conocidos, que solo les interesaba meterse entre mis piernas y follarme. El compromiso, las ganas de compartir una vida era un espejismo y no digamos hablar de formar una familia, huían como conejos asustados viendo un ave de rapiña.

Creo que me di por vencida. Los años pasaban inexorables y ya me veía soltera, con una posición social impresionante y con dos o tres gatos que me saludarían al llegar a mi fastuosa casa.

Hasta mi padre se preocupaba de mi soltería y en ocasiones me invitaba a comer a su casa y me presentaba a jóvenes abogados que no niego que eran atractivos, pero que hablando con ellos y escuchando su pedantería, su ego crecido, me indicaban que no era la persona que necesitaba y quería a mi lado.

Como todo en esta vida, todo puede cambiar en cuestión de milisegundos con una simple llamada y eso me ocurrió a mí. Estaba en mi consulta cuando el teléfono de mí mesa empezó a sonar. Era un numero exterior que no conocía ni estaba en la agenda de mi teléfono, aun así acepté la llamada, quizás fuese de alguno de los pacientes que llevaba:

—Si, dígame.

—¿Andrea?

—Si soy yo, ¿quién eres?

—Holaaaaa…soy Tino.

—Dioooos Tino, que alegría volver a oír tu voz. —Respondí con mis pulsaciones a doscientos.

—¿Qué tal estas? Hace muchos años que no hablamos y pienso que debería de haberte llamado mucho antes. —Me confesó Tino.

—La verdad es que si, por lo menos para haberme invitado a vuestra boda. —Dije un poco dolida.

—¿Boda? ¿Qué boda? —Preguntó Tino extrañado.

—Pues cual va a ser, la de Ana y la tuya…Porque os casasteis ¿no? Vaya hasta tendréis críos y todo.

—No Andrea, sigo soltero. Ana no logró superar el que tu yo tuviésemos sexo y a los dos meses terminamos de mutuo acuerdo nuestra relación.

—¡¡Sera estúpida!! —Exclamé.— ¿Y por qué no me llamaste? ¿Por qué no acudiste a mí? —Pregunté nerviosa.

—Bueno, pensé que ya habías hecho más que suficiente y no quería agobiarte con mis problemas. Además, ya no había nada que hacer, era una relación totalmente terminada.

—Bueno, eso ya lo hablaremos cuando nos veamos…por qué nos vamos a ver, ¿verdad? —Pregunté ansiosa.

—Por supuesto, —respondió Tino,— de eso quería hablarte. Verás un buen cliente mío me ha dicho que conocía a una traumatóloga increíble que hacía milagros y yo necesito uno en una rodilla, esquiando tuve una muy mala caída y aunque me operaron no he quedado bien. ¿Podrías darme una cita para echar un vistazo a mi rodilla?

—Esta misma tarde. —Respondí sin pensar.— ¿Sabes en que hospital trabajo?

—Si lo conozco.

—Planta tercera, consulta doce. ¿Te viene bien sobre las ocho?

—Por mi perfecto. —Respondió Tino.

—Pues en un rato te veo. Tino…

—Dime.

—Me alegra muchísimo que me hayas llamado, en serio.

—Y yo estoy deseando verte.

Nos despedimos con cariño y yo nerviosa perdida y con mi corazón que se quería salir de mi cuerpo por lo acelerado que iba. Tino, quien lo iba a decir, además soltero. No me quise hacer ilusiones, pero últimamente había pensado mucho en él y en ese día de pasión que pasamos juntos en casa de mi padre. Los nervios me consumían y todavía quedaban unas horas para poder verlo.

Cuando despedí a mi penúltimo paciente, a Tino le había citado para que fuese el ultimo y no nos molestasen, me fui al baño de mi consulta y me miré al espejo. Llevaba la vestimenta que lleva un médico en un hospital, pantalones holgados, camisola, bata y de calzado, zuecos. Aun así, me miré en el espejo, me recoloqué las tetas y retoqué mi lápiz labial.

Según me senté en mi sillón, tuve que esperar poco para que, con unos toques en la puerta y un —adelante— por mi parte, viese aparecer a Tino.

Me levanté inmediatamente y con una gran sonrisa me fui hacia él. Para mi estaba guapísimo, había cambiado mucho en esos casi ocho años y me recibió con una gran sonrisa.

—Andrea, que alegría volver a verte, —dijo con calidez, agarrando mis manos y mirándome de arriba abajo sorprendido,— estas preciosa.

Yo directamente me abracé a él con toda mi fuerza. Junté mi cuerpo al suyo hasta casi fundirnos en uno solo. Noté sus brazos metiéndose entre mi bata y mi camisola y acariciando mi espalda apretándome contra el:

—Como es costumbre en ti, no me vas a creer, pero estás guapísimo, has cambiado mucho.

—Al final de tanto decírmelo voy a terminar creyéndote. —Dijo Tino echándose a reír.

—Bueno, ya tendremos tiempo de hablar, —dije deshaciendo ese abrazo a mi pesar.— Vamos a echar un vistazo a esa rodilla y me cuentas. Hazme el favor, quítate los pantalones y túmbate en la camilla.

—¿Es…es necesario? —Preguntó Tino ruborizándose.

—Por supuesto que es necesario, si no, como voy a examinarte la rodilla…¿Qué ocurre Tino?

—Verás, es que el abrazo que nos hemos dado…pues…pues…como decirlo…

—¡Ahhhh! Entiendo. Bueno cielo,—dije dándole un beso en la mejilla,— no voy a ver nada que no haya visto… y sentido ya. —Dije de forma picara.

Pero reconozco que cuando se quitó los pantalones y se tumbó en la camilla, mi vista se fue a esa preciosidad de pollón. Estaba empalmado pero a medias y aun así su bóxer era incapaz de contenerlo. Y seria mentir, según lo miré, cientos de recuerdos acudieron a mi cabeza y mojé mi tanga de manera ostensible.

Si por mi hubiese sido, me habría desnudado y me lo habría follado en esa camilla. Pero había que ser profesional y lo primero era lo primero. Después de un exhaustivo examen y a falta de una resonancia magnética, sabía que Tino tendría que pasar por quirófano otra vez.

Esa misma noche después de terminar la consulta, Tino me invitó a tomar algo y terminamos cenando juntos. Hubo una química brutal entre los dos y el Tino que recordaba, que conquistaba con su personalidad, cariñoso, empático, galante, dulce, atento y no sé cuántos adjetivos más, se mostró ante mí con todo su esplendor y me deslumbró. Me hacía sentir como a una reina, su reina y eso me gustaba y me excitaba a partes iguales.

Aunque no pasó nada en esa velada, me hubiese gustado llevármelo a mi casa y meterlo en mi cama, para arroparle y darle un besito de buenas noches con su polla bien enterrada en mi coñito. Me tenía loquita y solo habíamos pasado unas horas juntos.

Nos despedimos con un abrazo muy largo, confesándonos mutuamente lo que nos alegraba el habernos encontrado de nuevo y con un casto beso en la mejilla se despidió de mí, aunque le emplacé al día siguiente en mi consulta para empezar el pre- operatorio.

Ese día cuando me levanté y me duché, puse mucha atención a mi imagen y mi aspecto. Quería estar irresistible para Tino, sabía que era muy tímido y prudente y le costaría dar el paso, pero yo le ayudaría, tenía muy claro lo que quería y deseaba y esta vez no iba a ocurrir como ocurrió con mi primo el mulato.

Desnuda como estaba, miré en mi cajón de ropa interior y escogí un conjunto de tanga y sujetador muy provocativo. Y como ese día no tenía ninguna cirugía programada, me puse un vestido por encima de mis rodillas, entallado, pero que marcaba mi figura, mis tetas y mi culo de forma atrayente.

No os voy a mentir, estaba nerviosa. Es una estupidez, me había follado a docenas de tíos, pero Tino era muy especial y pensaba en él como mi compañero de viaje, y sobre todo, como el padre de nuestros hijos. Sabía lo que eso significaba, algo que mis padres me inculcaron toda la vida, aunque no fueron el mejor ejemplo…esa relación seria para siempre.

A las once de la mañana entraba Tino en mi consulta y cuando me levanté a saludarle, de nuevo, me miró embobado:

—Dios, Andrea, estas bellísima.

—Gracias cariño,—respondí alagada,— pero tus piropos no te van a librar del quirófano. —Dije riéndome.

Esa mañana la dediqué a él. Analítica, radiografías, resonancia magnética y alguna prueba más. No le dejé solo ni un momento, entre prueba y prueba tomamos un café y seguimos charlando sobre todo lo que nos había ocurrido desde que no nos veíamos.

Cuando terminamos todas las pruebas le cité de nuevo por la tarde, a última hora para una revisión general. No es que hiciese falta, ni mucho menos, pero en esa revisión quería follármelo, sentir de nuevo su poderosa verga dentro de mí.

Cuando llegó, le hice pasar y le pedí que se desnudase completamente. Vi cómo se ponía muy colorado pero obedeció y se fue tras el biombo a quitarse la ropa. Cuando salió, con sus manos intentando tapar su sexo, me miró como un corderito que va al matadero.

—Venga Tino, —dije con cariño,— como si no nos hubiésemos visto desnudos ya. Relájate y túmbate en la camilla.

Cuando se tumbó, pude admirar su cuerpo de nuevo y ese tremendo pollón que ya empezaba a dar señales de vida.

—Veo, que te has depilado la zona genital, ¿algún motivo en especial?

—No, un día lo hice y me gustó como quedó. —Respondió Tino.

—Pues te queda impresionante. —Respondí, notando como mi tanga empezaba a mojarse.

Quise que aquello pareciese profesional. Ausculté y palpé su zona torácica y abdominal y eso hizo que mis manos se acercasen peligrosamente a su ya crecida polla. Sin querer evitarlo, mi mano fue a tomar ese cilindro de carne mientras con la otra acariciaba sus huevos.

—Dioooos…Andreaaaaaa…

Su mano se metió bajo mi vestido, y por el interior de mis muslos, fue subiendo hasta alcanzar mi coñito. Abrí mis piernas ligeramente para facilitarle su acción y eso me hizo gemir como una puta.

—Ahhhhhh…Tino…que gustooooo…

—¿Has…has terminado de hacer la…la revisión? —Preguntó Tino excitado.

—Si mi amor. Pero ahora quiero hacer otro tipo de revisión—Respondí enfebrecida.

Tino, con su única mano libre, la puso en mi nuca, y atrayéndome hacia él, nos fundimos en un besazo pasional, mientras su mano había apartado mi tanga y su dedo medio iba de mi coñito a mi anito, haciéndome gemir de placer en su boca.

Fueron unos minutos muy intensos en los que nuestra calentura se apoderó de nuestros cuerpos. Cuando terminamos de besarnos nos miramos con cariño y Tino me lo propuso:

—Déjame vestirme y vámonos a mi casa.

—Me parece una gran idea, pero antes déjame disfrutar un poquito de ti, y tranquilo, nadie nos molestara.

De manera sensual, metí mis manos bajo mi vestido y agarrando mi tanga me lo quité y arremoliné mi vestido en mi cintura. Me subí a la camilla, puse mi coñito en su boca y me aferré a ese tremendo ariete que palpitaba de deseo.

No tengo palabras para describir como me sentí y lo que sentí con Tino comiéndome el coño y el culo y yo mamando esa magnífica polla. Nuestro orgasmo no tardó en llegar y tanto él como yo nos bebimos lo que nuestros cuerpos expulsaban debido al placer recibido.

Tino se vistió cuando recuperamos nuestra respiración y dejamos de demostrarnos ese cariño que sentíamos el uno por el otro. Yo no quise dejar de excitarle y cuando íbamos a salir le mostré mi tanga de forma insinuante para que supiese que no llevaba ropa interior.

Durante el trayecto, no dejamos de meternos mano y mantener nuestra excitación. Cuando llegamos a su casa, bueno, mejor dicho, a su chalet en la zona del parque Conde de Orgaz, me dejó impresionada por el lugar y por el casoplón que poseía.

Nos fuimos directamente a la ducha donde nuestra calentura y nuestra excitación subió aún más con besos y caricias, mamadas y comidas de coño. Antes de salir, nos abrazamos y yo metí su rabo entre mis piernas pero sin penetrarme y las crucé para aprisionar ese pollón que ardía y palpitaba. Los labios de mi coñito mimaron esa verga y me proporcionaron mucho placer al mover mis caderas como si me lo estuviese follando. Estuvimos así un buen rato hasta que Tino me lo dijo:

—Mi amor, vamos a la cama, quiero correrme dentro de ti.

Un escalofrío muy agradable recorrió mi cuerpo. Primero porque era la primera vez que Tino se refería a mí como —mi amor,— y segundo, recordé con nitidez cuando la primera vez, su semen regó mi útero.

Tino me sacó de la ducha, me secó, me envolvió en una mullida toalla y tomándome en brazos me llevó a su habitación, donde una enorme cama king size, nos aguardaba. Me deshice de la toalla y entré a esa cama a gatas mostrándole lo que ya conocía y me tumbé boca arriba bien abierta de piernas para que Tino me follase a su antojo.

Hicimos un misionero en el que me quise fundir con él. Eso no era follar, me hizo el amor, me amó mientras su polla se metía hasta lo más profundo de mí. Volví a sentir esa sensación de dolorcillo muy placentero mientras su verga me abría y llegaba hasta mi estómago. Dos orgasmos brutales mientras me comía a besos y otro que me hizo tocar las estrellas cuando se corrió dentro de mí, me hizo enamorarme de ese hombre de manera irracional.

Cuando recuperamos nuestro ritmo cardiaco, nuestra respiración, Tino se salió de mi interior y se tumbó a mi lado. Le faltó tiempo para ponerme encima de él, cubrirme de besos caricias y cariño y demostrarme lo que, sin decirlo, sentía por mí.

Estábamos desnudos, piel con piel, sus manos acariciándome, mi cabeza apoyada en su pecho y escuchando como su corazón latía desbocado. En ese momento era muy feliz, imaginando mi vida así, junto a él, con nuestros más y nuestros menos, como en todo matrimonio, pero feliz muy feliz, hasta que su pregunta me sacó de mi ensueño:

—Andrea…Y mañana, ¿Qué?

Le miré sorprendida. La verdad es que en principio no entendí a lo que se refería hasta que se lo pregunté:

—¿A qué te refieres? ¿A que va a ocurrir mañana? Pues a grandes rasgos, nos iremos a trabajar y por la tarde, espero, volvamos a vernos.

—Ya, —dijo sonriendo. — Me refiero, mañana cuando nos despidamos, ¿será solo una noche de sexo sin más? —Preguntó con tristeza.

—Mi amor, no lo recordarás, ha pasado mucho tiempo, pero yo me acuerdo como si fuese ayer. Te dije que, en otras circunstancias, me gustaría tener una historia contigo, una historia muy larga. Pues bien, ya no hay circunstancias, solo estamos tú y yo y lo que tengo muy claro es que no me quiero separar de tu lado, te quiero Tino.

—Andrea, eres un sueño, mi sueño, mi realidad, mi presente y quiero que seas mi futuro. Te amo.

Iba a decir que cuando me dijo eso se me cayeron las bragas al suelo…pero es que no las llevaba puestas, estaba desnuda y encima del hombre al que amaba.

Esa noche dormimos muy poco, poquísimo y encima al día siguiente entraba de guardia veinticuatro horas.

Pero Tino no me dejó sola. Se levantó conmigo, me llevó al trabajo y a media mañana un mensajero me trajo un inmenso ramo de flores, con una tarjeta recordándome que había alguien que me amaba muchísimo.

Ya por la noche, Tino se presentó en el hospital con una bolsa y nuestra cena dentro de ella, con unas velitas y un pequeño florero y dos rosas rojas que me cautivaron, pero no fue solo esa noche, fueron muchas, muchísimas más, que me corroboraron lo que yo significaba para ese hombre.

Durante un año, Tino me estuvo demostrando el tipo de hombre que era. Integro, fiel, completo, incansable, firme en sus convicciones, honesto…¿Quién se puede resistir a eso?

Al año, poco más, empezamos a vivir juntos, Al año y medio me pidió en matrimonio de la manera más romántica que recuerdo y acepté sin dudarlo. Y a mis treinta y cinco años esperábamos a nuestra primera hija.

Vivo una vida que siempre soñé y deseé, con un hombre que ha sabido hacerme muy feliz y que me sorprende día a día. Le amo tanto, le quiero de tal manera, que ya no concibo mi vida sin él.

Y a los que se pregunten que fue de mis examigas y mi madre, Ana es madre soltera. Algún hijo de puta, se la folló, la preñó, y cuando se enteró la dejó sola y con un niño en camino. De Noelia, desdé aquel día en la barbacoa, cuando se folló a mi primo, desapareció y ya no he vuelto a saber de ella, lo mismo que mi madre, se desentendió de su hija y su familia y no he vuelto a saber nada de ella hasta la fecha, lo mismo que de mi primo el mulato y su madre, mi tía.

No es que los eche de menos, para nada, bueno, si acaso a Ana, gracias a ella Tino y yo estamos juntos, pero todo lo vivido, todo lo pasado, creo que ha servido para llegar hasta donde me encuentro en estos momentos, y os lo digo en serio, no lo cambiaría por nada del mundo.

FIN

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