FERNANDO

Eran cerca de las siete y media de la mañana del domingo, cuando con sumo cuidado metía la llave en la cerradura de mi casa, e intentaba abrir sin hacer ruido para que mis padres no se despertasen y viesen a su niña entrar a esas horas tan intempestivas.

—¡¡Llegas pronto a casa!! —Habló mi padre a mis espaldas.

—¡¡¡DIOOOS PAPAAA, QUE SUSTO ME HAS DADO!!! —Exclamé en voz baja, pero con énfasis y dando un respingo por el sobresalto.

—Cariño, sabes que confiamos en ti, —dijo mi padre calmado— pero muchos fines de semana llegas siempre tardísimo o amaneciendo, ¿dónde se supones que andas? Eso nos preocupa.

—De verdad papá, podéis estar tranquilos, he estado en casa de Ana junto con Noelia. Estuvimos hasta las tres de la mañana tomando algo y luego nos fuimos a su casa a ver alguna película o jugar a algo. Ya sabes que somos inseparables y nos gusta estar juntas.

—Bueno, eso me tranquiliza. Anda, vete a dormir, que a la una y media vamos a misa.

Di un beso a mi padre, y me fui hacia mi habitación, estaba agotada. No le mentí, bueno, a medias. Cierto qué estuvimos hasta más de las tres de la mañana en una disco, y también que luego nos fuimos a casa de Ana, bueno a su casa exactamente no, a un apartamento que tenía su hermana y no utilizaba y nosotras lo usábamos como «picadero” y también es bien cierto que llegaba escocida y bien abierta por mi culo y mi coño de los cuatro tíos que nos estuvieron follando a mis amigas y a mi durante casi cuatro horas. Solamente, si mi madre me hubiese hecho una revisión en ese mismo momento, sabría de inmediato que había mantenido relaciones sexuales.

¿Y por qué mi madre? Fácil, era ginecóloga y es la que llevaba mis revisiones.

Mi familia la componíamos solo tres personas. Mi padre, un brillante abogado, mi madre, una atractiva y afamada ginecóloga y su querubina, ósea, yo, una preciosa joven de veintitrés años y de nombre Andrea, brillante estudiante de medicina de quinto año.

Vivíamos en un inmenso chalet dentro de una urbanización exclusiva de Madrid con todo tipo de lujos. Digámoslo abiertamente, pertenecíamos a la clase media/alta y en mi perfecta vida de pija de manual no me faltaba de nada, tenía una buena asignación mensual que me pagaban mis padres y coche propio y mucha libertad ¿qué más se podía pedir? Se que mi vida seria la envidia de muchas chicas de mi edad.

Pero todo tiene un precio a pagar. Eso lo asumí desde que tuve uso de razón. Mis padres eran y son ultracatólicos y ultraconservadores. Supe desde muy temprana edad que ellos querían a una hija modelo que no les diese problemas, fuese una estudiante brillante y obediente y supiese ser la envidia de todas sus amistades.

Aunque con trece años tuve un conato de rebeldía al no aceptar las estrictas normas que imponían mis padres, sobre todo mi madre, pronto acepté que sería más feliz si hacía lo que ellos decían y conseguiría mucho más de ellos aunque no estuviese de acuerdo. A eso me ayudaron Ana y Noelia, mis dos inseparables amigas que conocí en el colegio y que viviendo en la misma urbanización y con un estilo de vida muy parecido, hizo mucho más llevadera mi pubertad y mi adolescencia.

Así pues me convertí en una niña dócil , modélica y buena estudiante, sacando unas notas en el colegio y en el instituto que hizo que mis padres se sintiesen muy orgullosos de mí y por ende, pudiera hacer cosas que con mi rebeldía inicial no hubiese sido posible.

Entre esas cosas, una de ellas era que, después de conocer y tratar con mis inseparables amigas y conocer a sus padres, fuese pan comido el quedar los fines de semana y organizar alguna que otra fiestecilla «inocente» incluso quedándonos a dormir ya fuese en mi casa o en casa de alguna de mis amigas.

Fue en una de esas «fiestecillas» en casa de Noelia y con sus padres de viaje, donde perdimos nuestra virginidad a manos de tres universitarios macizos que supieron follarnos y hacer que esa tarde noche fuese memorable, joder que si me acuerdo. Gastaron una caja de preservativos con nosotras y para ser nuestra primera vez con un hombre, creo que estuvimos a la altura de las circunstancias. Una vez pasado el miedo inicial y cuando alcanzamos nuestro primer orgasmo con una polla dentro de nuestro coño, fuimos insaciables, y esos chicos nos iniciaron en el mundo del sexo hasta que nos convertimos en las zorras que somos hoy en día, de hecho, en ese primer encuentro salvo a Ana y a mí que nos follaron por el coño hasta hacernos gritar de placer, vimos como Noelia se lo hacía con dos tíos y la follaban por el culo y el coño a la vez.

Lógicamente eso nos impresionó mucho ya que éramos unas tiernas zorritas descubriendo el sexo y cuando nos quedamos a solas las tres le pedimos que nos explicase lo que había hecho y si no le había dolido.

—Claro que no me ha dolido bobas, tengo mi culito bien entrenado y ya que no quería perder mi virginidad con un consolador, mi anito es capaz de aceptar lo que no os podéis imaginar. Lo llevo haciendo hace algunos años.

—Pero…pero…como…—Balbuceábamos sorprendidas, Ana y yo.

—Joder tías, ¿no veis porno?

—¿Porno?

—Si, porno. Películas de hombres y mujeres follando sin medida, mamadas, comidas de coño, sexo anal y vaginal, dobles penetraciones, corridas en la boca de las chicas…bufffff…es otro mundo…¿Queréis verlo?

Ante la ausencia de una negativa nuestra, Noelia trajo un ordenador portátil y nos puso una de sus películas. En ella, una chica muy jovencita, se lo hacía con tres tíos con pollas enormes que entraban dentro de ella con una facilidad pasmosa. Después de esa película de apenas quince minutos, vimos otras y fue inevitable el excitarnos viendo lo que la pantalla del ordenador nos ofrecía. La primera en desnudarse y hacerse un dedo fue Noelia, siempre fue la más lanzada, y viendo eso nos desnudamos también Ana y yo y ahí estábamos las tres en su cuarto despatarradas en su cama, con nuestros deditos jugando sobre nuestro clítoris y gimiendo y viendo porno hasta corrernos como unas benditas.

Fue inevitable el que entre nosotras empezásemos a tocarnos. El que una amiga te coma el coño mientras otra te devora las tetas es una experiencia insuperable. Directamente ya no veíamos porno, nos dedicábamos a nosotras. Noelia nos enseñó el sexo anal, a limpiar bien nuestro culito y aunque fue algo doloroso al principio, pasados unos meses teníamos nuestro anito acostumbrado a un dildo con unas buenas dimensiones, pero como dijo Noelia:

—Chicas, el dildo es una cosa, pero lo que realmente os hará gozar es una buena polla, dura y calentita bombeando en vuestro tierno culito. Propongo que llamemos a los chavales que nos desvirgaron y lo hagamos con ellos nuevamente.

Y eso hicimos. Les dimos una tremenda alegría y quedamos con ellos en que nos recogerían el sábado por la mañana e iríamos a un chalet que uno de ellos tenía en la sierra de Madrid. Y fue un sábado como pocos. Volvimos a gastar una caja entera de preservativos y en esa ocasión conocimos la doble penetración y como decía Noelia el que te folle el culo una buena verga no tiene ni punto de comparación con una polla de goma y aunque nos pidieron hacerlo a «pelo» respetaron nuestra decisión de o preservativo o nada.

Eso fue una máxima en ese tipo de relaciones. Nunca, nunca, dejamos que se corrieran en nuestro interior sin preservativo, nunca supimos lo que se siente cuando una polla descarga su simiente en nuestro útero o en nuestro culo. Solo en contadas ocasiones, cuando se corrían en nuestra cara, algo de semen se colaba en nuestra boca, sé que Noelia y Ana lo escupían, pero yo lo saboreaba y me lo tragaba, no me desagradaba.

Bueno, más o menos esos fueron nuestros comienzos, y aunque penséis que éramos unas putas desorejadas, creo que no se corresponde con la realidad. Al comienzo no niego que fue semana si y semana también en la que recibíamos polla sin parar, pero según fue pasando el tiempo y cumpliendo años nos tranquilizamos mucho y fuimos más selectivas, y solo cuando nos «picaba» entre las piernas decidíamos buscar a posibles amantes esporádicos.

Y eso ocurrió ese fin de semana. Habíamos quedado en casa de Ana. Sus padres se iban los fines de semana a una finca que poseían en Ciudad Real y quedábamos en su casa para arreglarnos y salir desde allí a divertirnos. Pero ese sábado cuando estábamos las tres juntas solo hizo falta el mirarnos entre las tres y casi al unísono confesar —necesito follar.—

Cuando salimos de casa de Ana, vestidas de manera provocativa, sabíamos lo que queríamos. No necesitábamos niñatos, queríamos hombres, y aunque se hicieron de rogar y nos entraron muchos pringadillos fue cerca de las dos de la madrugada cuando vimos a nuestros posibles amantes. Cuatro hombres de unos treinta y cinco o cuarenta años, con muy buena presencia y muy atractivos. Fue coser y cantar el que se fijasen en nosotras, tres chicas muy atractivas y retándoles con la mirada. A la hora más o menos entrabamos en el apartamento que tenía la hermana de Ana y el resto fue lo que os contaba al principio, íbamos a lo que íbamos y los siete lo sabíamos, nuestras ropas nos sobraban, lo que vimos nos gustó mucho y al poco estábamos follando como si no hubiese un mañana.

De acuerdo que al principio los tíos se cortaron un poco. Pensaron que cada uno se iría con una de nosotras a una habitación y la más «valiente» se lo haría con dos. Pero cuando vieron como nos arrodillábamos ante ellos y empezábamos a mamar sus vergas indiscriminadamente, supieron que aquello sería una orgía, como así fue.

Al poco esos cuatro hombres se sorprendían de que tres jovencitas fuesen tan guarras y pidiesen polla por todos sus agujeritos. Nos follaron hasta la saciedad, aunque nos pedían continuamente dejar los preservativos y hacerlo a pelo. Pero nos negamos rotundamente y ellos entendieron que si querían follar tendría que ser de esa manera. Aun así nos regalaron infinidad de orgasmos que agradecimos con besos apasionados y muestras de cariño y aunque al final intercambiamos números de teléfono, sabíamos las tres que no los volveríamos a ver, más que nada por que tres de ellos eran casados, seriamos unas zorras de cuidado, pero nos negábamos a destrozar familias y a complicarnos la vida.

Por eso como os comenté al principio, entraba en mi casa, amaneciendo, dolorida, satisfecha y agotada. Había sido una buena noche y las tres habíamos disfrutado de cuatro machos que se desfogaron con nosotras y abandonaron por unas horas sus cuadriculadas vidas.

Muy a pesar mío, debido al cansancio de la noche anterior, y como todos los domingos desde que tengo uso de razón, entraba en la iglesia a oír la consabida misa de las 13:30. Vi a Ana con su abuela sentadas en un banco y como había sitio me dirigí a su lado con mis padres. Cuando nos sentamos Ana me miró risueña y en su cara también se adivinaba el cansancio. Echando su cuerpo hacia delante, saludó con un beso volado a mis padres, que le correspondieron de la misma manera.

Una vez terminada la ceremonia, estando fuera de la iglesia, se hicieron los grupitos de gente para charlar. Mis padres hablaban con la abuela de Ana y unos vecinos y Ana y yo nos apartamos a una distancia prudencial para hablar:

—Joder tía estoy echa polvo, me duele el culo que no veas y tengo el «chichi» en carne viva. —Me confesó Ana.

—No creas que yo estoy mucho mejor, disfruté mucho, pero joder, que animales.

—Esos llevaban hambre atrasada, te lo digo yo. —Dijo Ana riendo.

Nos quedamos calladas mirando a nuestro alrededor, observando a la gente y a algunos niños jugando y Ana volvió a hablar:

—¿No crees que esto que hacemos es cínico?

—¿Cínico? ¿El qué? —Pregunté confundida.

—Hace unas horas cuatro tíos nos follaban el culo, el coño y la boca, y ahora hemos salido de misa como buenas cristianas, sabiendo que hemos incumplido uno de los mandamientos de la iglesia…no cometerás actos impuros.

—No Ana, como buenas hijas, esto es lo que quieren mis padres, no yo, y creo que los tuyos también y si para tenerlos contentos hay que hacer ciertos sacrificios, como ir a misa de una y media todos los domingos y fiestas de guardar…que así sea.

—No sé Andrea, a veces me entran dudas sobre esta vida disoluta que llevamos, y en ocasiones pienso que me gustaría algo más de estabilidad, no ser tan libertina.

—A ver Ana, que es tu vida y tú decides sobre ella, pero creo que somos demasiado jóvenes para liarnos con alguien y mantener una relación seria y estable. Hay que vivir la vida, ya llegará el momento de centrarnos, tener pareja, hipoteca y niños…pero espera, ¿Te has enamorado de alguien?

—Bueno, no exactamente…Bufff…no sé. Ayer uno de esos hombres que nos follaban estaba encima de mí, era la segunda vez que lo hacía conmigo, estábamos abrazados fuertemente, llenándonos de besos, bombeando en mi coño y teniéndome en un orgasmo continuo. Noté como se corría y me besó con una ternura que me enamoró y me lo susurró en mi oído,—te amo pequeña.—

—Ana, ¡¡¡ANA!!! Céntrate tía, ese hombre estaba casado, serias su juguete, el segundo plato, quedar un par de veces por semana y follar, ¿qué? ¿Durante una hora? Para luego volver con su mujer y sus hijos, si es que los tiene. Sin vacaciones con él, sin navidades junto a él y dependiendo de una llamada de teléfono que quizás nunca llegue, de verdad, ¿quieres eso?

—No, por supuesto que no, pero fue tan tierno…

—Ana cariño, sabes que te quiero un montón, pero que los árboles no te impidan ver el bosque, anda, vamos a tomar el aperitivo.

Aunque por el camino al bar, donde tomaríamos el aperitivo, hablamos de otras cosas, según estábamos sentadas siguió con la misma conversación.

—Andrea, ¿tú nunca te has enamorado? ¿Nunca has sentido algo especial cuando algún chico o un hombre bombeaba con furia en tu coño o tu culo?

—¡¡¡ANA!!! Casi grité molesta, ¡¡¡DEJALO YA, YO FOLLO, NO HAGO EL AMOR!!! —Mentí descaradamente.

Como buena géminis, tenía dos caras. Una, la de mujer fuerte e independiente sabiendo lo que quiere en todo momento. Otra la de niña romántica y poco segura de sí misma, sabiendo que si se enamora le tocaría sufrir y no quería eso. Y claro que me enamoré, y no una, ni dos veces, si no unas cuantas más, pero eso me negaba a reconocerlo y por supuesto no dejaría expuestos mis sentimientos.

—La vida es cuestión de prioridades —continué diciendo, pero sin convicción— y las mías las tengo clarísimas; divertirme, follar, terminar mi carrera y encontrar trabajo y si acaso llega, formar una familia, así que, a tu pregunta, no, nunca he sentido nada especial con nadie mientras su polla barrenaba mi coño o mi culo.

—Bueno vale, no te enfades. Solo quería saber si yo no era la única que sentía eso, pero sabiendo como es Noelia y ahora, como eres tú, yo soy un bicho raro.

—No cielo, —dije abrazándola— solo que tú eres más sensible que Noelia y yo. Solo te pido que tengas cuidado, hay mucho desalmado que te puede hacer mucho daño y eso no pienso consentirlo. —Dije condescendientemente.

Seguimos sentadas tomando nuestro aperitivo y haciendo planes para el domingo por la tarde. Al poco apareció Noelia, andando como si se acabase bajar de un caballo y dejando claro que también estaba dolorida y debido a lo escocidas que estábamos las tres decidimos quedarnos en casa de Noelia, dándonos un baño en su piscina y teniendo una tarde de relax.

También es cierto, que aunque inseparables e íntimas amigas, también teníamos nuestra privacidad, no era necesario que siempre, siempre, fuésemos las tres juntas. Había ocasiones en que, sin decirlo abiertamente, quedábamos por separado con otra gente, y cuando digo otra gente es con amigos «especiales» o folloamigos. Se que Noelia cuando está muy salida, queda con tres tíos para que la revienten a polvos, pero los quiere para ella, solo los cuatro y se los lleva a su casa. Ana, si conoce a algún chico que le guste mucho, no duda en quedar con él a solas para «conocerle» mejor. Y yo bueno, tengo a mi amigo especial que utilizo a mi antojo cuando necesito una tarde romántica y que me hagan el amor, no que me follen.

Y en estos momentos, esa era nuestra vida. No nos podíamos quejar, siempre que fuésemos buenas estudiantes, responsables, cariñosas y obedientes con nuestros padres y discretas en nuestras vidas fuera de nuestras casas. Eso lo cumplíamos a rajatabla y en todos los años que llevábamos juntas nunca tuvimos problemas. Pero algo iba a cambiar drásticamente en mi vida, en la de mi familia y de manera indirecta en la de mis amigas.

Fue a principios de otoño. Estábamos comiendo en familia, manteníamos una animada charla sobre anécdotas de la universidad, tanto de mis padres, como de la mía, hasta que mi madre, cambiando de tema, lo soltó como si llevase un fardo muy pesado sobre sus hombros:

—La semana pasada estuve hablando con la tía Paulina. Hacía tiempo que no hablábamos, creo que desde su separación. —Dijo mi madre con tranquilidad fingida.

—Y que se cuenta tu hermana pequeña, ¿ha superado la separación de su pareja? —Preguntó mi padre.

—Bueno, lo va aceptando, pero le echa mucho de menos y el dolor de la traición sigue estando ahí.

—Ya, yo sé lo que echa de menos de ese golfo. —Dijo mi padre con sorna e ironía.

—Cariño, no seas vulgar, —le recriminó mi madre.— El caso es que me pidió un favor y no la pienso dejar tirada. Me necesita, mejor dicho nos necesita y siento si esto no os va a gustar pero Marcos, mi sobrino y tu primo, —dijo mirándome a mí,— va a venir a vivir una temporada con nosotros.

—¡¡¡¿QUEEE?!!! ¡¡¡MAMÁ, NOOOOOO!!! —Grité asustada.

—Lo siento Andrea, sé que no te iba a gustar, pero la decisión está tomada. Admito que ha sido una decisión unilateral, pero mi hermana me rogó que lo aceptase y no me pude, ni me quise negar.

—Cielo, sabes que te apoyo en todo, —dijo mi padre,— pero esto puede afectar a nuestra convivencia como familia.

—Te aseguro que cuando veas a Marcos y hables dos minutos con él, te darás cuenta de lo buena persona que es. Además, será por poco tiempo. Terminó su carrera de ingeniería y su master en energías renovables. Una empresa muy importante le ha contratado y será el encargado de construir y gestionar el mayor parque eólico de España. Su estancia en Madrid será hasta que termine el curso de la empresa, más o menos un año.

—¡¡¡UN AÑO!!! ¡¡¡UN PUTO AÑO VIVIENDO CON…CON…ESO!!! —Grité fuera de mí.

Creo que lo último que recuerdo fue el tremendo tortazo que me dio mi madre y que me dejó medio grogui. Escuché como muy lejos a mi madre gritándome en la cara:

—¡¡¡NIÑA MAL CRIADA, NI SE TE OCURRA VOLVER A RESPONDERME ASI!!! Y AHORA VETE A TU HABITACION, NO QUIERO NI VERTE.

Me levanté de la mesa aturdida y sin rechistar subí a mi habitación frotándome la mejilla donde había recibido el tortazo. Pensando, creo que fue la segunda vez en mi vida que mi madre me ponía la mano encima. La primera en ese conato de rebeldía que tuve a los trece años, y ahora a mis veintitrés por…por…joder no me apetecía nada compartir mi vida con ese niño enfermo y enmadrado.

Creo que os estaréis preguntando por mi aversión hacia mi primo hermano «el mulato» y lo más lógico es que os lo explique para poneros en situación.

Mi tía Paula, la hermana pequeña de mi madre se enamoró de un sudanés, más negro que el tizón pero guapo, guapísimo para ser un hombre negro. Mis abuelos se mostraron escandalizados de que una de sus hijas diese su corazón a un hombre así y desobedeciendo a sus progenitores se fue a vivir con él a Barcelona.

Vivieron muy felices durante años y de ese amor nació mi primo Marcos, pero a raíz de este nacimiento mi tía Paula se volcó con su hijo que casi siempre estaba enfermo. Marcos absorbía todo el tiempo y la energía que tenía mi tía y ocurrió lo inevitable, mi tío se buscó a una jovencita, se enamoraron y ese hombre abandonó a mi tía y a su hijo.

Las pocas veces que vi a ese niño, siempre estaba enfermo, joder, siempre olía raro, olía a medicinas, no hablaba con nadie, siempre triste y detrás de las faldas de su madre. La última vez que le vi, creo que yo tenía once años y el catorce, fue en una visita de mi madre a casa de su hermana. Fuimos de vacaciones a la costa brava y un día le dijo a mi padre que se acercaría a Barcelona a ver a su hermana. De esa visita recuerdo a Marcos ignorándome en todo momento y a mi tía Paulita triste, muy triste por la traición de su pareja.

Realmente no tenía ningún motivo para odiar a ese chico. No me había hecho nada malo, solo es que…como decirlo, es de esos chicos que pasan desapercibidos, que no ofrecen nada y que no destacan en nada. Porras, a sus catorce años se supone que tenía que haber babeado por él, que me dejase deslumbrada con algo…con…con, no sé, siendo el mejor jugador de videoconsola, por ejemplo, pero no, introvertido, desconfiado y soso. Por eso me caía mal y por eso no le quería cerca de mí. Además, sabiendo lo buena que estoy, se con seguridad que sería una lapa, siempre pegado a mi e intentaría espiarme para verme desnuda…¡¡¡QUE ASCO!!!

No me quedó más remedio que aceptar la situación. Iba a ocurrir si o si, mi madre había tomado la decisión y ya no había vuelta atrás, y más me valía ponerme a buenas con ella, porque si no quizás mi vida personal se vería afectada y no pensaba renunciar a mis salidas para golfear a mis anchas. Así es que pasadas unas horas dejé el encierro en mi habitación y fui en busca de mi madre encontrándola en el jardín leyendo un libro. Aunque fuese otoño, todavía hacia buena temperatura:

—Hola mamá. —Saludé de manera conciliadora.

Mi madre me miró con indiferencia y siguió con la lectura de su libro, sin ni siquiera dirigirme la palabra.

—Mamá, siento lo que ha pasado en la hora de la comida y te aseguro que no volverá a ocurrir.

Dejó el libro que estaba leyendo y levantándose me abrazó con fuerza mientras me llenaba de besos.

—Mi amor, yo lo siento más y siento el haberte pegado, no es propio de mí y menos con tu edad, ya eres mayorcita, pero desde que me lo pidió tu tía no sabía cómo decirlo y estaba muy tensa y si te soy sincera tampoco es que me agrade la idea. ¡¡METER A UN EXTRAÑO EN CASA!! —enfatizó mi madre,— aunque ese extraño sea mi sobrino.

—Bueno mamá, seguro que no será tan malo, —dije no creyendo mis propias palabras— además, pienso que en estos años Marcos habrá cambiado mucho. —Eso espero, pensé para mí misma.

—Cuando estuve hablando con tu tía, me dijo que cuando le viésemos no le íbamos a reconocer, que estaba guapísimo y muy cambiado, pero quien le puede llevar la contraria, es amor de madre. —Dijo echándose a reír.

Nos quedamos hablando un rato más. Conversaciones madre-hija, con mamá intentando saber más de mi vida y si había algún chico que me gustase. En fin, conversaciones de esas que hacen estrechar lazos afectivos con tus progenitores. Aunque Noelia y Ana me habían llamado para salir ese día, preferí quedarme en casa, no quería exaltar los ánimos por si acaso llegaba muy tarde.

Esa noche, antes de irme a dormir mandé un mensaje a Noelia y al rato otro a Ana…

—¿Dónde andáis golfas?

No recibí ninguna respuesta, ni siquiera a las tres de la mañana cuando me desperté para ir al baño, aunque si vi que leyeron mi mensaje. Cuando me desperté, vi que tenía un mensaje de Ana de las ocho de la mañana.

Acabo de llegar a casa, estoy rota…ya te contaremos, lo que te has perdido.

Serán cabronas.— Pensé para mí, mientras la curiosidad me comía.

Sabía de sobra que cualquier intento de quedar a tomar el aperitivo un sábado por la mañana, seria de todo punto imposible dadas las horas a las que se acostaron, y no sería hasta caída la tarde en la que pudiésemos quedar para que me explicasen, según ellas, lo que me había perdido.

Cerca de las ocho de la tarde, quedamos en casa de Noelia. Cuando llegué, Ana ya estaba allí también y la noté diferente, no para mal, al contrario, estaba radiante, no así Noelia que tenía el gesto torcido y cara de mal humor. Después de los saludos de rigor fue Noelia la que lo preguntó primero:

—¿Qué pasó ayer Andrea? ¿Por qué no saliste?

—Tuve bronca en casa y terminé discutiendo con mi madre que cabreada me soltó una leche por mi contestación y me envió a mi cuarto casi sin comer.

—¿Y qué pasó? Tu madre y tú os lleváis muy bien. —Puntualizó Ana.

—Pues que mi madre sin contar ni con mi padre ni conmigo, ha decidido acoger en nuestra casa por un año, a un primo que vive en Barcelona. —Dije malhumorada.

—Pero bueno, eso está muy bien, —dijo Noelia de forma pícara— ya sabes el dicho, «a la prima se le arrima» —Terminó diciendo entre risas.

—No, no está bien, y como se le ocurra arrimarse a mí de la primera torta le arranco la cabeza. Hace años que no le veo, pero lo que recuerdo de él es que era enclenque, escuálido, enfermo, soso y enmadrado, vaya, un asco de niño.

—Pero Andrea la gente cambia con los años, quizás ahora sea diferente, ¿hace cuanto no lo ves? —Preguntó Ana.

—Yo que se…quizás doce o quince años. Pero me da igual, —dije intentando zanjar el tema.— por su culpa ayer mi madre se enfadó conmigo y tuve que hacer de buena hija, disculparme con ella por el memo de mi primo y quedarme en casa para relajar el ambiente, por eso le odio. Y ahora contarme, ¿ qué me perdí ayer? —Pregunté para cambiar de tema.

—Que te lo cuente mejor Ana, fue la que disfrutó más. —Respondió Noelia con frustración.

—Pues veras, —empezó diciendo Ana,— ayer cuando nos fuimos a tomar algo, no teníamos intención de hacer nada, solo queríamos charlar de cosas nuestras, hasta que cambiamos de garito. Allí estando en la barra y esperando a que nos sirviesen vimos al tío más guapo que te puedas imaginar.

—Joder, estaba buenísimo. —Puntualizó Noelia.

—El caso es que Noelia, se fijó enseguida en él y ya sabes cómo es nuestra amiga, no se cortó ni un pelo y se fue a por él antes de que otra se le adelantase. Iniciaron una conversación y la muy cabrona ni siquiera me presentó. Al final aburrida, me senté en una mesa con mi bebida y me di cuenta que a mi izquierda, un par de mesas más allá, había un tío sentado que no perdía detalle del ligoteo del buenorro y Noelia, feo de cojones y con cara de no haberse comido un rosco en su puñetera vida.

—¿Y bien? ¿Qué ocurrió después?

—Para no alargar esto mucho, después de un buen rato observando como Noelia se ofrecía como una vulgar buscona, se dignó a venir a hablar conmigo.

Ana, dime que te has traído las llaves del apartamento de tu hermana. —Me preguntó Noelia.

—Si, sabes que siempre las llevo encima…¿No me digas que nos vamos a follar las dos al buenorro? —Pregunté ilusionada y excitada.

Bueno, no exactamente. Yo me voy a follar al buenorro, pero me ha dicho que su amigo, —dijo mirando al tío feo,— se viene con nosotros, y creo que te ha sido adjudicado. —Me dijo Noelia con carita de pena fingida.

—No me fastidies, —respondí molesta.— ¿Y por qué no te follas tú al feo y me dejas el buenorro a mí? Es que siempre pasa lo mismo contigo, joder, estoy harta. —Dije ya enfadada.— Mira, prefiero darte las llaves del apartamento y ahí te las entiendas con los dos, a mí no me metas en tus líos.

Cielo hazlo por mí, te recompensaré de algún modo, te lo prometo, pero si no vamos los cuatro no vamos ninguno. —Rogó Noelia

—A regañadientes me levanté de mi asiento mirando con odio a Noelia por haberme metido en este embrollo en el cual yo salía perjudicada. Hicimos las presentaciones de rigor, y es que encima de feo tenía un nombre vulgar…FAUSTINO, aunque me dijo que prefería que le llamase por su diminutivo, Tino.

—Pues que quieres que te diga Ana, a mí me parece un nombre muy simpático. —Dije intentando ser agradable ante el drama que se avecinaba.

—En fin, el buenorro tuvo la deferencia de pagar todo y con Noelia y el tío bueno delante nuestra, y el tío feo y yo cinco pasos por detrás fuimos en busca de la salida para ir al apartamento de mi hermana.

Para que conste Ana, esto me parece tan desagradable como a ti. —Comentó Tino, pero sin mirarme.

—No le quise responder, no me apetecía. Lo que tenía más que claro es que yo con ese tío no iba a hacer nada y por cómo se comportaba, creo que él tampoco quería hacer nada conmigo. Solo mirábamos a esos dos, que iban delante nuestra, demostrándose cariño y con esta puta, —dijo refiriéndose a Noelia— refregándose contra el buenorro.

—¡¡OYE GUAPA, NO TE PASES!! —Protestó Noelia.

—Joder me tenéis en ascuas, ir al asunto, al meollo del encuentro, ¿qué pasó en el apartamento? —Pregunté intrigada

—Paciencia «chère amie» todo a su tiempo. —Respondió Ana con una gran sonrisa.— El caso es que íbamos andando, no sabía bien hacia donde cuando de repente, los intermitentes de un precioso Porche Panamera anunciaron que su dueño estaba cerca. Pensé, erróneamente, que el dueño seria el buenorro, pero para mi sorpresa fue Tino el que sacó las llaves y se puso a los mandos de ese cochazo, eso, eso reconozco que me impresionó. —Dijo Ana apenada.

—»Jodia» materialista. —Dije riéndome de Ana.

—El caso es que ese chico, feo como el solo, era una caja de sorpresas. Durante el trayecto y hablando con él me enteré que con veintiocho años tenía un negocio de importación-exportación de coches de lujo. Era independiente, vivía solo hacía unos años en un piso de su propiedad. Me demostró su cultura y su sentido del humor y eso de alguna manera me cautivó.

—Esto va mejorando por momentos. —Comenté intrigada.

—Cuando llegamos al apartamento, a Noelia y al buenorro les faltó tiempo para escabullirse a una habitación dejándome a solas con Tino, y aunque la situación era tensa, él, inició una agradable conversación que hizo que poco a poco me fuese relajando acercándome a su lado. Cuando estuve lo suficientemente cerca, me sedujo su perfume, olía de maravilla y cuando junté mis labios con los suyos, me besó como nunca me habían besado, con cariño, con dulzura, mucha pasión y casi diría con amor.

Ana, no tienes por qué hacerlo, no te sientas obligada. —Susurró Tino.

—Me apetece hacerlo cielo. Ven, —dije levantándome y ofreciéndole mi mano,— y terminamos liados en una habitación. —Terminó diciendo Ana, con cara de enamorada.

—¿Pero te lo follaste? —Pregunté sorprendida.

—No, hicimos el amor, fue sublime, único.

—¡¡¡PERO CUENTALE LO MEJOR MEMA!!! —Gritó Noelia.

Miré a Ana que parecía que estaba ida, con una cara de bobalicona impresionante, rememorando, imagino, lo ocurrido en la noche anterior. Supe en ese momento que se había enamorado del tío feo.

—Ana…¡¡ANA!!—Grité para que volviese a la vida.— ¿Qué pasó en esa habitación?

—Tino me desnudó, acariciando mi piel, besando por donde pasaban sus manos. Cuando me tuvo desnuda sé que babeo. Me miró no dando crédito a la preciosidad que se iba a follar. Pero la sorpresa me la llevé yo cuando se quitó su ropa. Tenía un cuerpo perfecto, musculado, casi sin vello. En su bóxer se marcaba algo muy grande, yo abrí mucho mis ojos y le miré a el que me sonreía.

No te asustes, ¿vale? Como te he dicho no te sientas obligada.

Cuando se quitó su ropa interior, tenía más rabo que el diablo, una polla enorme recta circuncidada, llena de venas que querían explotar. Nunca había visto una así y mira que he visto pollas, pero esta era como mi antebrazo y mi mano no la abarcaba.

—Y…y…¿y qué hiciste? —Pregunté excitada.

—Más bien que hizo él. Se tumbó en la cama, puso su cara entre mis piernas, dejándome bien abierta para él y me hizo una comida de coño y de culo, que causó uno de los orgasmos más fuertes que recuerdo mientras él se corría en mi boca que incapaz de retener su corrida se desbordaba entre mis labios. Luego se puso encima de mí, yo estaba boca abajo, elevó ligeramente mis caderas y poco a poco mi coñito se fue comiendo ese pollón. Para cuando noté su pelvis en mi culo ya me había corrido dos veces…de verdad fue increíble.

A estas alturas mi coñito no paraba de soltar flujo, estaba empapada imaginando a Anita, tan menudita como era, siendo follada por ese pollón. Me apetecía quitarme mis braguitas y hacerme un dedito, imaginando que esa polla se metía en mi coñito, pero creo que tendría que esperar a llegar a mi casa o llamar a mi folloamigo a ver si me podía hacer un trabajito.

—Pero lo mejor estaba por llegar. —Dijo Ana riéndose.— Estaba cabalgando a Tino cuando se abrió la puerta de la habitación y apareció Noelia anunciando que se iba, me extrañó, pero le dije lo más natural, que cerrase la puerta cuando saliese. Noelia se quedó pasmada observando como ese vergote entraba y salía de mi coñito, hasta que le dije que se largase. Tino y yo nos quedamos follando toda la noche y fue espectacular. Eso fue más o menos lo que ocurrió.

—¿Y qué pasó para que terminases tan rápido con el buenorro? —Pregunté a Noelia intrigada.

—Que tenía una pollita y unos huevos acordes con el tamaño de su micropene. Joder, si hasta mi clítoris tiene más tamaño. —Dijo enfadada.— Fue frustrante, con todo lo bueno que estaba y todo era fachada. Decepcionada y con mi líbido por los suelos avergoncé a ese imbécil. Me vestí sin hacer nada con él y cuando busqué a Ana y vi el pollón que la estaba follando, maldije mi suerte. El karma me escupió a la cara.

En esos momentos sonó el teléfono de Ana, y cuando vio quien la llamaba se puso a dar saltitos de alegría mientras pegaba el teléfono a su pecho.

—Es Tino…es Tinooo. —Dijo Ana con júbilo, mientras aceptaba la llamada.

Mientras Ana hablaba con su semental, Noelia me contaba lo que le impresionó ver a ese chico cuando se follaba a nuestra amiga:

—Para mí fue alucinante ver que Ana se había enrollado con el feote ese. Pensé que estaba desesperada y ya lo hacía con cualquiera, pero cuando abrí la puerta de esa habitación y vi lo que vi, me quedé impactada. Ver el cuerpo desnudo de ese chico me sobrecogió, a Ana gimiendo mientras se follaba ese pollón, me quedé hipnotizada viendo como entraba y salía de su coñito…uffff…cuando lo recuerdo me pongo cachonda.

—A ver, acláramelo, ¿ese tal Tino esta bueno o no? —Pregunté confundida.

—Mira, Tino es el típico tío que ignoras cuando le ves. No es guapo, tampoco desagradable, pero no es atractivo, vaya, es el típico hombre que ni te molestarías en hablar con él si lo ves solo, de hecho rezarías para que no se te acercase y tener uno de esos momentos de querer ser invisible para que no te moleste y terminar siendo desagradable con él mandándolo a la mierda. —Terminó diciendo Noelia.

—Chicas, —interrumpió Ana con una gran sonrisa,— Tino viene a buscarme, me invita a cenar…y lo que surja. —Dijo Ana con un gesto pícaro.

—Ana, ¿sabes lo que haces? ¿No? —Pregunté con preocupación.

—Lo sé perfectamente, sé que a un tío no se le conoce en una noche de pasión, pero este se comportó de una manera tan diferente al resto, que quiero seguir conociéndolo, saber más de él.

Al cabo de una hora aproximadamente, el sonido de la bocina de un coche anunciaba que el tal Tino había llegado y esperaba a Ana a las puertas del chalé de Noelia. Ana estaba en el servicio retocando su maquillaje y como buena mujer se hizo de rogar un poquitín, pero salió decidida mientras Noelia y yo éramos sus escoltas. Por nada del mundo me hubiese perdido a ese chico que nadie quería pero que Ana alababa a cada momento.

Cuando se abrió la puerta, vi a un chico apoyado en un precioso Maserati deportivo que esperaba con gesto serio y que cuando vio aparecer a Ana, y que decidida, con sus brazos abiertos y con paso rápido se dirigía a él, se incorporó y cambió su cara por una de ilusión, si, de gran ilusión.

Ana se colgó de su cuello y le besó largamente mientras se abrazaban con cariño. Algo le dijo, el asintió y agarrando su mano le trajo a donde estábamos Noelia y yo.

—A Noelia ya la conoces, pero quiero presentarte a Andrea que junto a Noelia son mis mejores amigas. —Dijo Ana a modo de presentación.

De acuerdo, no es que fuese un bellezón, pero no era tan feo como decían Noelia y Ana en un principio. Fue muy educado y me fijé en como miraba a Anita, con amor. Tuve envidia de Ana, no sé dónde llegaría esta relación pero creo que si seguían adelante llegarían los dos muy lejos.

Ese día Noelia y yo nos quedamos en su casa, no salimos a golfear. Estuvimos hablando del episodio de la noche anterior, de como un chico del que no esperas nada se convierte en alguien importante con un simple chascar de dedos. Pactamos las dos en cuidar y vigilar a Ana, aunque Tino en apariencia, parecía una buena persona, me acordé de la frase de una película que me gustó mucho, «confío en todos los hombres, pero desconfío del demonio que llevan dentro».

Esa relación de Ana con Tino, rompió de alguna manera nuestro triunvirato. Los fines de semana ya no contábamos con Anita para hacer nuestros planes con lo que Noelia y yo salíamos a golfear solas y lo cierto es que, seamos sinceras, no nos costaba nada encontrar candidatos que nos llevaran a follar. Lo único, al no venir Anita con nosotras tampoco disponíamos del apartamento de su hermana y eso trastocó nuestros planes en alguna ocasión ya que Noelia y yo nos negábamos a hacerlo dentro de un coche, no estábamos tan desesperadas.

********

Queramos o no, el tiempo pasa inexorable. Las clases estaban a punto de empezar, Anita estaba super enamorada de su Tino y yo ya había tenido ocasión de compartir mesa con ellos quedando sorprendida de que ese chico en apariencia “feo» tuviese esa belleza oculta. Tenía don de gentes, era amable, atento, educado, galante, dulce y sabia empatizar con la gente y escucharla manteniendo una conversación más que agradable. No era de extrañar que Anita se derritiera a su lado, más aún cuando me contaba como la llevaba al cielo cuando hacían el amor. Internamente envidiaba a Ana y que hubiese encontrado a ese amor tan esperado por ella.

Pero también llegó el día en el que mi primo vendría a nuestra casa a vivir con nosotros. Me acuerdo que estaba de muy mal humor, primero porque se me acababan las vacaciones y segundo, por tener que vivir con ese ser que odiaba con todas mis ganas.

Me acuerdo, era sábado por la mañana y estábamos mi padre y yo esperando a Marcos y a mi madre, que había ido a buscarlo al aeropuerto. Yo pensando que encima me lo acoplarían todo el fin de semana y el lunes empezaba las clases, en serio, estaba que me subía por las paredes cuando el sonido de las llaves en la puerta de entrada anunciaba que habían llegado.

Mi padre fue el primero en levantarse y con una gran sonrisa se dirigió hacia donde estaban dando un abrazo a su sobrino político y dándole la bienvenida. Yo iba detrás de él con cara de vinagre y reconozco que me sorprendió gratamente ver como había cambiado. Marcos era un hombre de casi metro noventa, guapo, muy guapo y cuando se quitó su cazadora, con unas espaldas anchas y un torso que se adivinaba musculado.

Pero cuando me vio, puso cara de verse sorprendido gratamente. Fue a saludarme con una gran sonrisa, a darme dos besos, pero le paré en seco ofreciéndole solo la mano a modo de saludo:

—Hola Marcos. —Saludé fríamente.

—Hola prima, —saludó con seriedad,— ¿Cómo estás?

—Bien. —Respondí por inercia.— Me vais a perdonar pero me voy a mi cuarto a preparar las clases del lunes.

Lo último que vi antes de darme la vuelta e irme a mi cuarto es la mirada asesina de mi madre traspasándome. Se que esto que había hecho me traería consecuencias, como así fue. Al rato de haber provocado ese episodio, entro mi madre en mi cuarto y con sus ojos inyectados en sangre y con cara de odio me lo escupió:

—Me gustaría cruzarte la cara por mal educada, pero ya eres mayor para eso. Estas castigada sin salir los fines de semana y entre diario de la universidad a casa y de casa a la universidad. El coche restringido y como no vas a tener muchos gastos, te quedas sin asignación mensual. Te ha quedado claro ¡¡¡ESTUPIDA!!!

Se que la cagué con mi actitud, pero no podía poner buena cara ante esa invasión no deseada. La hora de la comida fue muy tensa. Aunque mis padres quisieron que Marcos se encontrase a gusto entre nosotros, mi cara de enfado, eclipsaba todo intento de que esa comida y posterior sobremesa fuesen agradables. Cuando terminamos de comer, mi madre no dejó pasar la oportunidad de avergonzarme:

—Andrea, si has terminado recoge la mesa, pon todo en el lavaplatos y haznos café. Cuando lo hayas hecho te vas a tu habitación.

Tenía ganas de llorar de la rabia. Creo que si hubiese sido una psicópata, habría agarrado un cuchillo y pasado sus gargantas por su filo. Pero me tragué mis propias lágrimas, hice lo que me mandó mi madre y me subí a mi habitación donde rompí a llorar como una cría prometiéndome a mí misma que algún día, de alguna manera, mi madre pagaría por lo que me estaba haciendo pasar.

La tarde transcurrió aburrida. Era sábado y mi teléfono móvil anunció la llamada de Noelia, seguramente para que quedásemos e irnos a tomar algo. Pero cuando respondí no pude evitar echarme a llorar de nuevo con Noelia asustada.

—»Peque» cariño, ¿qué te pasa? ¿Qué te han hecho? —Preguntó Noelia alarmada.

Le expliqué lo ocurrido y no pudo evitar echarme la bronca de una manera cariñosa por boba, además comentándole que mi primo era guapísimo y había cambiado mucho, pero que mi mala leche había prevalecido sobre mí.

—De verdad Andrea, a ver cuándo conseguimos domar esas salidas de tono. Mira, hacemos una cosa, me arreglo, voy a tu casa y convencemos a tu madre de que te deje salir y para hacer más fuerza le decimos que nos llevamos al buenorro de tu primo, ¿te hace?

—¡¡No!! ni se te ocurra. Puede ser peor el remedio que la enfermedad. Vamos a dejarlo estar, que pase la tormenta y ya veremos qué pasa el «finde» que viene. Te quiero cariño, pásalo bien. —Me despedí de Noelia con tristeza.

Sabía que Noelia se quedaría en su casa. Con Ana fuera de juego y yo castigada por el imbécil de mi primo, ella quizás llamaría a alguno de sus amigos para pasar la tarde y si acaso a última hora salir a tomar algo con él, pero no era el fin de semana que ella tenía pensado, eso seguro.

Estaba con mis pensamientos, tumbada en mi cama, pensando en mi propia estupidez y lo fácil que hubiese sido dejar que mi primo me diese dos besos y poner buena cara aunque me diesen ganas de vomitar, cuando tocaron en la puerta. Pensando que sería mi madre, respondo con el típico «adelante» pero quien apareció fue mi primo:

—Hola Andrea, ¿puedo pasar?

—Tú mismo, ya estas dentro. —Respondí de forma seca.

—Veras, hace muchísimos años que ni nos vemos, no sé qué ha ocurrido hoy y estoy algo confuso con la situación. Tu madre te disculpa aludiendo que estas pasando una mala época, pero esa manera de recibirme, tan fría y luego lo ocurrido en la comida…¿Ocurre algo que no sepa?

Me lo quedé mirando por unos segundos sin decir nada. Se había cambiado de ropa y como dentro de la casa se estaba bien llevaba puesta una camiseta y un pantalón corto donde se adivinaba un buen paquete. Me fastidiaba reconocerlo, pero mi primo el mulato estaba muy bueno.

—Seamos sinceros, dije sentándome en la cama. El problema eres tú, el que estes en mi casa y el tener que aguantarte durante un año. Te aseguro que voy a hacer todo lo posible para que tu estancia aquí sea un infierno. —Respondí con inquina.

—Bien, —dijo con una gran sonrisa.— Andrea…te aseguro que no va a ser necesario que me hagas la vida imposible ya que seguramente nuestros horarios no coincidan. Y siento darte malas noticias, soy el invitado de tus padres y esta no es tu casa, es la casa de tus padres y con ignorarnos verás como un año se pasa volando.

Se dio la vuelta y fue a salir de mi habitación. Pero antes de salir se paró y me miró serio, casi fue una amenaza:

—Esta conversación queda entre nosotros, creo que si se entera tu madre de lo que me has dicho, tu vida sí que va a ser un infierno.

Y diciendo esto salió de mi habitación dejándome sumida en mi propia estupidez. Por una parte alucinaba de lo bueno que estaba Marcos, pero por otra no había dejado pasar la ocasión de demostrarle mi desagrado a que estuviese en mi casa o como decía él, en casa de mis padres.

Esa noche en la cena, mientras mis padres charlaban animadamente con Marcos y a mí me ignoraban de manera humillante, mi madre lo soltó como una orden:

—Andrea el lunes antes de que te vayas a la universidad, acercas a tu primo a donde tenga que ir.

Me quedé helada, pero mi primo estuvo hábil al quite, para no complicar la situación:

—No tía, no es necesario que se moleste ya que los horarios de Andrea y míos no coinciden. Además de que no le pilla ni de camino, ya he hablado con dos compañeros míos que vendrán a buscarme con su coche para ir juntos.

—¿Seguro Marcos? —Preguntó mi madre desconfiada.

—Seguro tía, no te preocupes. —Respondió Marcos con una gran sonrisa.

Interiormente se lo agradecí, aunque no lo demostré. Cuando terminamos de cenar Marcos se ofreció a recoger la mesa, cosa a la que se negó mi madre alegando que para eso estaba yo, pero mi primo me demostró de nuevo que tenía salidas para todo.

—A ver tía, no soy manco, mi madre me ha enseñado a colaborar en la casa y si voy a vivir con vosotros aquí, no quiero dejar de hacerlo, así que, yo me encargo de esto, vosotros iros al salón.

Miré a mi primo agradecida, aunque su mirada no se cruzó con la mía, me ignoró y eso de alguna manera no me gustó. Estaba acostumbrada a ser el centro de atención, la guinda del pastel y mi soberbia y prepotencia me habían relegado a ser un simple peón en mi propia casa. Ese fin de semana no ocurrió mucho más. Mi primo se instaló en la que sería su habitación, que estaba frente a la mía, durante los próximos doce meses, y yo, gracias a mi madre, me sentí desplazada en mi propia casa sin que nadie se interesase por mí. Me volví a jurar a mí misma, que algún día, mi madre pagaría por su manera dominante de ser conmigo si las cosas no eran como ella deseaba.

Bueno, se quiera o no solo las semanas que fueron pasando fueron afianzando la estancia de Marcos en mi casa. Lejos de pensar que mi primo sería una carga para mí, como él me dijo, nuestros horarios y nuestras rutinas no coincidían con lo que su presencia no alteraba para nada mi vida en mi casa.

Pero lo que si empezó a ocurrir, es que cada vez me sentía más a gusto y más atraída por Marcos. De acuerdo que coincidíamos pocas veces, pero esas veces en las que sí coincidíamos, nuestras charlas se alargaban durante horas. Al principio era fría y cortante, para al cabo de algunas semanas, ser afable y empática incluso siendo cariñosa con él, y también siendo consciente de lo equivocada que estaba al haberle prejuzgado

Me empecé a dar cuenta de que mi actitud estúpida y pueril me había traído muchos problemas que debería de solucionar y el primero sería hablar con mi madre, tragarme mi orgullo y disculparme con ella, pero lejos de solucionarlo, se afianzó más en su decisión:

—Si crees que como siempre, con una simple disculpa, te vas a librar de tu castigo, estas equivocada niñata. Hasta que a mí me dé la gana vas a estar castigada sin salir y sin asignación mensual, así aprenderás a comportarte de manera correcta.

—¡¡MAMÁ!! —Grité furiosa— No me puedes tratar así, tengo prácticamente veinticuatro años y no soy una cría…

—¡¡PERO TE COMPORTAS COMO TAL!! —Gritó mi madre.— Son mis normas y mi casa y si no te gustan, ya sabes donde tienes la puerta y aquí acaba esta conversación, desaparece de mi vista que no te quiero ni ver. —Terminó diciendo con soberbia, dándome la espalda.

Juro que se me nubló la vista de la rabia que invadió mi mente y mi cuerpo. Miré a mi derecha, y al estar en la cocina, vi una sartén de gran tamaño en la encimera y mi primer pensamiento fue agarrarla y estampársela en la cabeza a esa bruja despiadada, pero la razón prevaleció sobre mis ganas de matarla.

—Algún día mamá,—dije con toda la calma que fui capaz de reunir,— toda esta mierda que estas escupiendo al tratarme así, te caerá en toda la cara. Tenlo por seguro.

Salí de la cocina con mis lagrimas a punto de desbordarse, escuchando a mi madre llamarme a gritos para que volviera, cuando me di de bruces con mi primo, que de seguro, había escuchado todo.

No sé cómo le miré, ni me acuerdo, pero lejos de culparle, mis lagrimas se desbordaron y me abracé a él desesperada. Marcos me abrazó dándome cariño, ánimos y besando mi cabeza.

—Tranquila Andrea, no sé qué está ocurriendo aquí, pero vamos a intentar solucionarlo, ¿vale? Anda, ve a tu habitación, ya hablaremos e intenta tranquilizarte.

Aquella noche no cené, no tenía el estómago para admitir comida ya que de la tensión que estaba viviendo y el estado de nervios que tenía, se me había cerrado el estómago. De hecho sé que cenaron mis padres junto a Marcos, pero a mí me ignoraron, como venía siendo habitual y ni me avisaron para la cena. Pero eso sí, mi madre no dejó pasar la oportunidad de avergonzarme, y entrando en mi cuarto, avasallando, me ordenó que bajase a la cocina a recoger la mesa y meterlo todo en el lavavajillas.

Esa noche, volví a jurarme que mi madre pagaría de alguna forma todo lo que me había y me estaba haciendo pasar. Era peor que la gestapo, ya que ni su propio marido, mi padre, la cuestionaba sus decisiones sobre mis supuestos castigos, de todo punto crueles y desquiciados.

Sobre la una de la madrugada, alguien llamó a mi puerta, sabía que era mi primo y me apresuré a recibirle. Abrí mi puerta con miedo y cuando le vi tiré de él y la cerré tras de sí. Volví a abrazarle echándome a llorar de nuevo, el no dijo ni una palabra, solo se limitó a abrazarme, dándome cariño e intentando que me calmase. Cuando conseguí dejar de llorar, Marcos me separó ligeramente de él y tomando mi cara con sus manos me hizo mirarle. Sonreía de una manera que me transmitía tranquilidad.

—Sigues siendo tan guapa como cuando nos vimos esa última vez que éramos niños. —Dijo mi primo en un susurro seductor.

—¿Todavía te acuerdas? —Pregunté con curiosidad.

—Nunca he podido olvidarlo, lo guapa que eras, como mirabas y como sonreías. Y yo, enfermo, delgaducho y excesivamente enmadrado. Éramos como el yin y el yang. —Terminó de decir riendo.

—¿Qué te ocurrió Marcos? ¿Qué recuerdas de aquella época?

—Algo dentro de mí no funcionaba correctamente, los médicos no lograron determinar con exactitud mi enfermedad, pero era algo relacionado con la asimilación de ciertas vitaminas. Pasé una pubertad y una adolescencia que no se la recomiendo a nadie y solo cuando tenía diecisiete años mi afición al deporte me sacó de ese impasse que tenía en mi vida hasta convertirme en lo que soy hoy.

Sabía que era estúpida, soberbia y engreída, pero con esa simple conversación que tuve con mi primo me demostró que me había superado a mí misma. Lo fácil que hubiese sido hablar con él, tener esta conversación, en vez de tener la cerrazón que tuve contra él. Pero el mal ya estaba hecho, ahora solo había que solucionarlo y tenía la sensación de que Marcos me ayudaría. Que incongruencia, yo odiándole, bueno ya no, y el preocupándose por mí.

—Bueno primita y ahora cuéntame que está ocurriendo en tu familia para que tu madre te trate como te está tratando.

Hice que se sentase en mi cama, yo tenía puesto un pijamita muy sexi con unos pantaloncitos con dibujos de ositos que dejaban poco a la imaginación y una blusita holgada pero que dejaba adivinar mis tetas libres de sujetador. Me acurruqué contra el haciéndome un ovillito y el me abrazó de nuevo. Me sentía muy a gusto entre sus brazos y su olor me estaba volviendo loca…¡¡qué bien olía el jodío!! Y yo encima que llevaba casi un mes sin follar, estaba que me subía por las paredes.

Fui sincera con mi primo. Le conté toda la verdad, mi aversión hacia él desde aquella visita de cuando éramos niños y que no quería que viniese a mi casa. Le confesé lo equivocada que estaba con él y que me perdonase por ser tan irreverente. El me acariciaba, tenía su mentón apoyado en mi cabeza, mientras una de mis manos jugaba con su camiseta y me abrazaba contra su cuerpo, estaba en la gloria y con una excitación que empezaba a calar mis braguitas. Una vez terminé de contarle todo, permanecimos unos minutos callados, estaba nerviosa, pero a él se le notaba tranquilo.

—¿No vas a decir nada? —Pregunté con miedo.

—Esto va a ser más fácil de lo que pensaba. —Dijo con seguridad.— El fin de semana que viene vas a salir con tus amigas. Tenlo por seguro. —Aseveró Marcos.

Nos volvimos a quedar callados, pero Marcos se tumbó en la cama y yo con él. Apoyé mi cabeza en su pecho y mi pierna izquierda se apoyó sobre sus muslos. El seguía abrazándome y mi mano se metió por dentro de su camiseta tocando directamente su piel, acariciándole, intentando excitarle y que me follase bien follada.

Mi pierna izquierda subió aún más y rozó sus atributos, mis caderas empezaron a moverse tímidamente, frotando mi coñito contra su pierna, sé que tuvo que notar mi humedad, estaba desatada, dispuesta a todo y si Marcos hacia algún movimiento, no le pondría ningún impedimento.

Pero por desgracia para mí, mi primo fue más juicioso que yo y pensó que esa situación tenía que terminar . Esas semanas que llevaba en casa habían cambiado mi perspectiva respecto a Marcos. Primero dejé de verlo como una amenaza, para verlo como alguien muy agradable y atractivo y para seguidamente, constatar que era un hombre con el que me gustaría tener algo. Mi primo había despertado en mí un sentimiento que conocía, pero que me daba pánico aceptarlo…me estaba enamorando de él.

—Andrea, estoy muy a gusto contigo, pero tus padres están aquí al lado y si le da a tu madre por entrar y nos ve de semejante guisa, creo que arderíamos en el infierno.

Muy a mi pesar Marcos deshizo su abrazo y se levantó de la cama dejándome con un calentón de mil demonios, pero antes de salir hizo algo que terminó de derretirme, por primera vez me dio un pico en los labios y me deseó buenas noches.

Sobra decir que según salió de mi habitación me quité mis pantaloncitos y mis braguitas y bien abierta de piernas hice que mi plug anal vibrase en mi anito mientras mi satisfyer succionaba mi clítoris con furia, y susurraba el nombre de mi primo estallando en un gran orgasmo. Esa noche, después de muchas semanas conseguí dormirme con una gran sonrisa en mi cara.

Al día siguiente solo recibí un mensaje de Marcos en mi móvil. —Llama a tus amigas para ver si este fin de semana te puedes quedar a dormir fuera. Nos vemos en la cena.—

Primero llamé a Ana que se alegró un montón de que la pidiese quedarme en su casa y estuvo encantada de ofrecerme su habitación de invitados.

—Cielo, te diría que durmieses en mi habitación, pero mis padres no están en casa y Tino viene dormir conmigo.

—De verdad Ana me da igual y te lo agradezco un montón, pero este fin de semana voy a tu casa.

Esa noche en la cena reconozco que mi primo estuvo genial. Antes lógicamente, me explicó cuál era su plan y aunque iba con algo de miedo por las posibles respuestas de mi madre, sabía que saldría bien y en mitad de la cena, mi primo, en animada charla con mi madre me lo preguntó:

—Emmm…Andrea, ¿Este fin de semana haces algo?

—Nada, —se apresuró a decir mi madre,— Solo estudiar, Andrea esta castigada.

—Vaya, no contaba con eso. —Dijo mi primo contrariado.

—¿Qué necesitas de Andrea en el fin de semana? —Preguntó mi madre con desconfianza.

—Pues veras tía, este fin de semana mis compañeros y compañeras hemos alquilado una casa rural, pero somos tantos y tenemos que llevar tantas cosas que no cabemos en los coches y el coche de Andrea nos vendría muy bien.

—¿Pero tú tienes carné de conducir? ¿No? Llévate tú el coche de Andrea. —Dijo mi madre.

—No tía, yo no tengo carné de conducir, lo tengo en tareas pendientes.

Por un momento el ambiente se había vuelto tenso y raro. Mi madre siempre controladora, manejando a todo el mundo a su gusto, se estaba enfrentando al dilema de tener que levantar el castigo a su hija malcriada, para poder satisfacer el deseo de su sobrino. Pero eso no fue impedimento para intentar ridiculizarme de nuevo delante de Marcos y mi padre.

—Este fin de semana vas con tu primo. Solo espero que sepas apreciar la oportunidad que se te da, aunque el castigo sigue en pie y volverás a estar castigada según vuelvas…

—Bueno, ya está bien. —Dijo mi padre con calma.— Cariño, —dijo dirigiéndose a mí,— Tu castigo se ha acabado. Este fin de semana puedes ir donde quieras.

—Papá, lo malo es que no tengo ni un euro en la cuenta.

—¿Pero es que tu madre no te ha dado la paga mensual? —Preguntó mi padre, mirando a mi madre de una manera que no me gustó.

—No, según ella al estar castigada y no tener gastos, no hacía falta.

—Bueno no te preocupes, esta misma noche te hago una transferencia a tu cuenta.

Mi padre estaba mirando a mi madre de una manera que no me gustaba como os he comentado. La mirada agresiva de mi madre y su pose altiva, dominante, había desaparecido y ahora se mostraba sumisa mirando a la mesa, con sus manos juntas, frotando sus dedos pulgares nerviosamente.

—Chicos, si nos perdonáis, esta señora y yo tenemos que hablar. Cerrar la puerta de la cocina al salir, por favor.

Mi padre era un hombre muy tranquilo y pausado. Muy pocas veces le había visto enfadado y levantando la voz, pero ese tono que utilizó para referirse a mi madre me asustó y si os preguntáis porque no había acudido antes a él, era porque mi padre que era un poco machista, delegaba las decisiones de mi educación en mi madre y algo tuvo que pasar para desautorizarla de esa manera delante nuestra.

Marcos y yo nos levantamos raudos y salimos de la cocina cerrando la puerta detrás de nosotros. Pero nos quedamos agudizando nuestro oído para escuchar que ocurría. La verdad no escuchamos mucho, solo un par de sollozos y dos golpes fuertes en la mesa de la cocina que hizo saltar los platos, vasos y cubiertos y que nos asustó. Decidimos retirarnos, el objetivo estaba conseguido y de alguna manera, había salido vencedora.

Temía las repercusiones que tomaría mi madre contra mí al enfrentarse mi padre con ella. Pero al día siguiente cuando me preparaba para ir a la universidad y entré en la cocina a desayunar, estaba mi madre con los ojos rojos, hinchados de llorar. Era cruel por mi parte pero fue algo que me hizo sentir mejor, que sufriese la muy desgraciada después de lo que me había hecho pasar.

Ni me pregunté que había motivado la intervención de mi padre rebajando a mi madre de esa manera, solo sabía que era libre de hacer lo que me diese la gana, había recuperado mi libertad y ni quería, ni me apetecía meterme en discusiones de matrimonio, aunque solo por curiosidad tenía que haber preguntado, solo así, hubiese empezado a comprender la magnitud de la crisis que se fraguaba en el matrimonio de mis padres

********

Ese viernes por la tarde, según estuvimos juntos mi primo y yo, ni preguntamos, solo hicimos una pequeña maleta y salimos por la puerta dejando a mi madre, sumida en una tristeza que no entendía.

Dejé a mi primo en el lugar que me dijo donde le recogerían sus amigos y nos despedimos con un fuerte abrazo que me dejó sentir todo su cuerpo muy pegado al mío. No lo niego, estaba tan salida que si Marcos me hubiese dicho de irnos a follar, creo que ahí mismo, en mitad de la calle le hubiese hecho una soberbia mamada hasta vaciarle sus huevos en mi boquita, para a continuación montarnos en mi coche y buscar un lugar adecuado para que me la metiese hasta los huevos y se vaciase dentro de mí. Curioso, por primera vez desde que follaba, había pensado en follar a pelo y sentir como su corrida llenaba mi útero.

Después de despedirnos y prometernos que estaríamos en contacto si ocurría algo, me fui a casa de Ana que me recibió con gran alegría. Particularmente me hubiese gustado que mi primo me hubiese acompañado, que estuviese a mi lado y que conociese en persona a Ana y Noelia, por que a estas alturas solo se conocían de oídas. Una vez en casa de Ana, estuvimos hablando de todo un poco, poniéndonos al día. Noelia paso un rato a estar con nosotras pero había quedado con dos tipos y se tenía que ir.

Aunque pensé por un momento, que me invitaría a ir con ella, eso no sucedió, los quería para ella sola y muy a mi pesar la vi marchar sabiendo que esos tipos la dejarían el coño y el culo más abierto que un compás. De lo que si me enteré por boca de Anita, es que Noelia no tragaba a Tino, de hecho, las pocas veces que se habían visto, Noelia había intentado por todos los medios humillar y ridiculizar al pobre chico que se desvivía por Ana.

No lo entendía. Tino no es que fuese míster universo, pero era un cielo de hombre y no me importa decirlo, siempre que nos encontrábamos mi mirada en ocasiones se dirigía a su entrepierna, sabiendo lo que, por comentarios de Ana, escondía. Detallista hasta decir basta, esa noche cuando llegó a casa de Ana nos obsequió a su amor y a mí con un regalito, que sin ser nada del otro mundo, era eso, un detalle impresionante de los muchos que tenía.

Por desgracia para mí, la sobremesa de la cena se alargó más de la cuenta, pero me fascinaba la conversación tan fluida que tenía Tino y que invitaba a participar y dar tus opiniones. Al final se hizo tan tarde, que ya no me apetecía arreglarme y salir yo sola a la caza de algún hombre que calmase mi furor uterino.

Ana y Tino subieron a la habitación de esta y yo me quede un rato en el salón viendo una película sabiendo lo que estaba ocurriendo en esos momentos en la habitación de mi amiga y muriéndome de envidia.

Al cabo de la hora, más o menos, subí hacia mi habitación. Iba descalza para no hacer ruido, pero en el silencio de la noche, no pude evitar oír los gemidos de placer de mi amiga mientras era follada por su novio. Fue inevitable sentir ese morbo y la curiosidad por oírlos follar, así que poniendo mi oreja pegada a la puerta se oía casi sin dificultad a Anita pedir más polla.

—Dame más mi amor…fuerteeee…asiiiiii…hasta adentro…soy solo tuya mi vidaaa…DIOOOOS… —Gemía mi amiga mientras Tino bufaba como un toro.

Tras cinco minutos de oír como ese semental se follaba a Anita, mi coño parecía un manantial y mis deditos chapoteaban dentro de mi coñito sin problema. En ese momento bajé mi vista y vi el cielo abierto, vi el ojo de la cerradura y sabedora de que esa puerta no tenía llave me agaché y vi algo que me dejó muy impactada, el tremendo pollón que calzaba Tino. Pero más impresionante aun, fue ver como Ana en cuclillas frotaba su coñito con el glande de ese vergote, para seguidamente dejarla en la entrada de su vagina y dejándose caer, empalarse ella misma hasta los mismísimos huevos.

—Dioooos mi amooor que gustooooo…me encanta como me abres… —Gemía mi amiga presa del placer.

Ya, importándome todo un bledo, me quité mi faldita y mi tanga, quedándome desnuda de cintura para abajo. Estando en cuclillas, con mi culo apoyado en mis talones y mi ojo pegado a la cerradura, me abrí bien de piernas mientras cuatro dedos de mi mano pugnaban por entrar dentro de mí, imaginando que era la polla de Tino.

Estuve más de veinte minutos, tiempo que duró el polvo de esos amantes, mirando como una vulgar voyeur, hasta que Tino, para mi asombro, se corrió como una fuente dentro del coñito de mi amiga. En ese tiempo alcancé dos orgasmos riquísimos, y ver como ese chico se corría dentro del coño de mi amiga y esta alcanzaba un orgasmo devastador, hizo que estallase en un tercer orgasmo que me dejó agotada.

Pude ver como Ana, exhausta por los orgasmos y el esfuerzo de la follada, caía rendida sobre el pecho de Tino, que abrazándola con cariño, la llenó de besos, mientras su polla seguía bien clavada en su interior. Al poco, Ana, alzando sus caderas, sacó esa monstruosidad de su interior para seguidamente empezar a caer goterones de semen saliendo de su vagina. No comprendía como Anita, siendo tan menuda, podía albergar ese tremendo cipote dentro de ella.

Cansada por la posición me puse en pie a duras penas. La postura era incómoda y se me entumecieron las piernas. Gracias a Dios mi habitación pillaba casi enfrente de la puerta de la habitación de mi amiga, con lo que apoyándome en la pared logré entrar, cerrar la puerta y caer rendida en la cama, notando como la humedad de mi coñito había mojado el interior de mis muslos.  

Aunque no me costó dormirme, mi sueño no fue tranquilo. Fue húmedo y movidito, escuchando a lo lejos, según me despertaba en algún momento, como esos dos seguían dale que te pego, joder, que aguante más bárbaro tenía ese chaval. Y algo que me producía mucho desasosiego es que en los sueños que tenía últimamente, era siempre mi primo el que me follaba con rabia, y esa noche no fue menos, mi primo me folló y se corrió dentro de mí, creo que en sueños tuve también un orgasmo riquísimo.

Al día siguiente me levanté temprano y me fui a la cocina a desayunar. No tenía ganas de dormir más y que en mis sueños apareciese continuamente Marcos en las situaciones más morbosas y calientes. Al poco apareció Tino por la cocina, me extrañó al principio, pero luego pensé lo más lógico, el abría su negocio los sábados y tenía que atenderlo.

Para mí fue un poco violento, iba con ese pijamita tan sexi que tenía, con unos pantaloncitos que mostraban más que ocultaban y con una blusita que dejaba adivinar mis tetas libres de sujetador. Ver a Tino en la cocina, los dos solos y recordar lo que vi y mis pezones se pusieron más duros que la espoleta de una bomba, mi vergüenza fue aumentando, pero pensé, —que disfrute el chaval del espectáculo.— Y se lo di, vaya que se lo di:

—Buenos días Tino, ¿descansaste? —Pregunté con picardía.

—Bueno, —dijo rascándose la cabeza con una mueca graciosa,— no he dormido mucho.

—Eso no hace falta que lo jures, era imposible no escucharos. —Respondí con una risita traviesa.

—¡¡NOS OISTE!! Joder que vergüenza. —Respondió Tino poniéndose rojo como la grana.

—¿Vergüenza? ¿Porqué? Hicisteis lo que haríamos todos en vuestra situación.

—Aun así, perdona por no dejarte dormir. —Se disculpó Tino.

—Bueno tranquilo, no pasa nada. ¿Quieres un café?

—Si claro, pero no te molestes yo me lo preparo. —Respondió Tino.

—No es ninguna molestia. —Respondí con una sonrisa seductora.

Sabía el espectáculo que le iba a dar a Tino. Le pillé en varias ocasiones con sus ojos clavados en mis tetas, que se insinuaban a través de la tela de mi blusa. Pero ahora le iba a mostrar mi culito, mínimamente cubierto por esos pantaloncitos que se metían en la rajita de mi culete de manera obscena.

Lo hice sin prisas, sabiendo que su vista estaría clavada en mi perfecto culo, en la separación de mis nalgas y ese triangulito invertido que formaba mi coñito y mis ingles.

Apoyé mis codos en la encimera de la cocina sacando mi culito más de la cuenta, mostrándome ante ese chico y zorreando con él de forma descarada. Notaba como de mi rajita empezaban a salir fluidos y a mojar mi tanga. Tomé una rodilla de la cocina y dándome la vuelta miré a Tino que había pasado del blanco pálido al rojo chillón. Le acerqué su café y pude observar cómo no quitaba ojo de mi entrepierna que de seguro, marcaria nítidamente mi coño babeante.

A propósito, dejé caer la rodilla de la cocina al suelo, solo para poder mirar con descaro la entrepierna de ese chico:

—Ups…se me cayó. —Dije agachándome.

Mi cuerpo se estremeció al comprobar el enorme bulto que marcaban sus pantalones y que de seguro le estaría haciendo daño. También estaba segura, que de haber sido de otra manera, me hubiese levantado, me habría sentado a horcajadas sobre el paquetón de ese chaval y me lo habría follado.

Pero era el novio de mi Anita, y eso era sagrado para mí. Como dije en su momento sería muy puta, pero me negaba a destrozar familias o romper relaciones. Sabía lo que había hecho, calentar a ese chico hasta volverle loco de deseo, y también sabía que con semejante empalmada no se iba a levantar de esa silla mientras yo estuviese presente, así que con una sonrisa traviesa salí de la cocina, despidiéndome de él.

—Bueno Tino, yo me voy a duchar, que pases un buen día.

—Te deseo lo mismo Andrea. Y gracias por el café y por…por…por todo.

—No tienes porqué darlas cariño, ha sido un placer. Dije con una sonrisa pícara.

Le di un cariñoso beso en la mejilla a modo de despedida mientras salía de esa cocina meneando mis caderas descaradamente.

Subí a mi habitación a por una muda y ver lo que me pondría para estar por casa. Cuando salí de nuevo al pasillo, oí unos gemidos ahogados provenientes de la habitación de Ana. Mi cuerpo se encendió como una tea y acercándome, volviéndome a poner en cuclillas y mirando por esa cerradura, vi a Tino en un misionero brutal que con fuertes golpes de cadera intentaba traspasar a la pobre Anita:

—Dioooos mi amor, sigue…sigueeeee…me gusta cómo me despiertas…folllameeeeh, no dejes de hacerlo nuncaaaaaa… —Gemía Ana retorciéndose de placer.

—Te quiero mi amor…te amoooo más que a mi vidaaa. —Confesó Tino entre gemidos.

Ana le miró de una forma que nunca había visto. Agarró su cara y del beso que le dio, le debió de meter la lengua hasta la campanilla, mientras temblando se corría como una burra y Tino con su polla clavada hasta el útero se vaciaba dentro de ella.

No quise ver más, Tino se iría de inmediato a su trabajo y tampoco era cuestión de que me pillase espiándolos. Calenté a ese chico hasta la ebullición y mi amiga pagó las consecuencias, unas consecuencias muy agradables. Yo me metí al baño me desnudé y dejé que el agua acariciase mi cuerpo. Tomé un recipiente de desodorante largo y grueso con una tapa redondeada y lo enterré en mi coñito pensando en la polla de Tino y en Marcos, mi primo. Me corrí como una burra, entre convulsiones, hasta que recuperé la respiración y terminé mi ducha excitada y confundida.

Pero ¿qué me estaba pasando? ¿Por qué no hacía nada más que pensar en mi primo? Lo echaba de menos a cada momento y deseaba que estuviese a mi lado, quería que me demostrase su cariño como siempre lo hacía cuando estaba junto a él. Me daba miedo hasta pensarlo, pero tenía muy claro que me estaba enamorando de Marcos como una adolescente inmadura y eso me aterraba y me ilusionaba a partes iguales.

Cuando terminé mi ducha, mi mente traviesa pensó algo que me apetecía hacer. Desnuda como estaba, fui a la habitación de Anita, Tino ya se había ido, me metí en la cama de mi amiga aspirando el perfume de ese chico. Ana al sentirme se dio la vuelta y me miró con una gran sonrisa y se abrazó a mi dejándome sentir su cuerpecito desnudo y cálido pegado al mío:

—Buenos días cielo, ¿qué tal has dormido? —Preguntó Ana. — Ummm…cariño, estas desnudita, como me gusta. —Ronroneó Ana.

—Bueno, bien, aunque vaya nochecita movida que habéis tenido Tino y tú.

—¿Nos escuchaste? Lo siento cariño, pero Tino me vuelve loca.

—No solo os escuché, —dije besando su cabecita— también os espié y vi como Tino te follaba.

—¿Y te gustó lo que viste? —Preguntó Ana abrazándose más a mí.

—Me fascinó, alcancé tres orgasmos riquísimos. —Confesé a mi amiga.

Ana seguía abrazada a mí. Notar su piel cálida junto a la mía me empezó a excitar, bueno, ya estaba excitada antes de meterme en esa cama. Anita jugó con su mano sobre mi pecho y mi torso, acariciándome, estimulando mis pezones que se pusieron duros como el diamante.

Yo por mi parte abrí mis piernas y bajé mi mano para acariciarme, pero Ana me la apartó suavemente mientras notaba su coño babosito frotándose conta mi muslo y su mano acariciaba mi rajita.

—¿Desde cuándo no hacemos esto? —Preguntó Ana excitada.

—Ya ni me acuerdo, pero muchas veces lo he echado de menos. —Respondí gimiendo.

Ana me masturbaba con cariño arrancándome gemidos de placer, pero también quería que ella disfrutase. Después de unos minutos en el que mi coñito se empapó, se lo pedí a Ana.

—Cariño, ponte encima de mí, déjame comerte el coño. —Pedí a Ana.

—Cielo, no estoy limpia.

—Lo se amor, pero no me importa, quiero saborearte, beberte. —Confesé.

Sabía que la corrida de Tino seguía en su interior, pero estaba tan cachonda, tan excitada, que necesitaba saborear la esencia de Tino y los juguitos de mi amiga.

Ana no tardó nada en poner su coñito sobre mi cara, mientras su boquita se apoderaba de mi sexo. Lo miré fascinada, estaba enrojecido de la última follada de Tino, abierto y rezumando fluidos de su interior. Hundí mi cara y saboreé ese manjar que me ofrecía Ana y me di un festín en su sexo lampiño, pequeño e infantil.

Nos pasamos la mañana en la cama, cubriéndonos de besos lascivos y orgasmos infinitos y con el strap-on que se colocó Ana follándome con un dildo de considerables dimensiones que me llevó al cielo.

Cuando terminamos agotadas, saciadas, nos duchamos juntas, nos vestimos, y esperamos a Tino que apareció con un precioso Lamborghini Urus y nos invitó a comer en un lujoso restaurante. Era un chico excepcional. Cuando vi el pedazo de coche que traía no pude dejar de admirarle y admirar el cochazo que traía y no dudó en dejar que lo condujese hasta el lugar donde comeríamos.

Esa noche pensé que tenía que follar sí o sí. Lo vivido horas antes me había dejado muy excitada y no mentiría si dijese que necesitaba la polla de Tino o una igual que me dejase bien abierta. Esa noche había una multitudinaria fiesta en nuestra facultad y Noelia, Ana, Tino y yo acudiríamos a pasarlo bien y desfasar esperando encontrar al afortunado o afortunados que me follarían hasta caer rendida.

Traía poca ropa de casa, solo una pequeña maleta y no podía escoger mucho que ponerme, así que opté por una blusa granate muy entallada y ajustada a mi cuerpo y una minifalda blanca muy mini que dejaba mis piernas al aire y a duras penas tapaba mi culito. Unas sandalias con cuña, realzaban mis piernas y mi culo y para ofrecer más a la vista, preferí no usar sujetador con lo que mis tetas, aunque firmes y duras bailaban libres dentro de mi blusa. Pensé que debería de tener cuidado si me sentaba ya que mi escaso tanga cubría muy poco mi sexo.

Cuando Sali de mi habitación, nos cruzamos en el rellano Ana y yo y nos miramos con deseo:

—Estas para follarte. —Casi dijimos al unísono rompiendo a reír.

Ana llevaba un vestido blanco más arriba de medio muslo, ajustado como un guante a su cuerpo. La miré impactada por lo preciosa que iba, y mis manos recorrieron su cuerpo:

—No llevas ropa interior, guarra. —Le dije sorprendida, sabiendo como era Anita.

—¿Para qué? Al final siempre es un estorbo y cuando tu pareja intuya que debajo de este vestidito vas completamente desnuda, estará deseando metértela hasta los huevos. Además, tú no llevas sujetador, zorra. —Dijo Ana con picardía.

—¿Sabes? Tienes razón. —Dije levantando mi minifalda y quitándome mi tanguita. — Vamos a ponérselo fácil, muy fácil.

Nos echamos a reír las dos y del brazo bajamos las escaleras donde Tino con la boca abierta miraba como dos diosas bajaban por la escalera a su encuentro.

—Creo que en este momento soy el tío más afortunado del mundo. Chicas, estáis preciosas. —Nos recibió Tino con una gran sonrisa.

Cuando pasamos a recoger a Noelia, pude ver de primera mano cómo, con sarcasmo, Noelia se metía con Tino y este le respondía con un humor caustico, causando la risa de Ana y mía y haciendo que Noelia se enfurruñase al recibir una buena dosis de su propia medicina. Cuando llegamos vimos la fiesta que había montada y desde luego que no desmerecía nada. Noelia se perdió rápidamente, molesta por habernos reído de ella y ya no supe más. Ana y Tino estaban a lo suyo y yo sentía que sobraba, me hubiese gustado quedarme con ellos, pero no quería ser la sujeta velas, así que, despidiéndome, me fui a dar una vuelta.

Rezumaba sensualidad por cada poro de mi piel. A mi paso los chavales se sorprendían o me decían auténticas groserías, que lo único que hacían era encenderme aún más y elevar mi ego. Sabía que no me entrarían a no ser que estuviesen muy seguros de sí mismos y eso me molestaba, ya que si supiesen lo receptiva que estaba no hubiesen dudado en meterme mano y yo les hubiese dejado hacer lo que quisieran conmigo.

Ya en la barra, esperando a que me sirvieran algo de beber, volví a desear tener a mi primo a mi lado, Dios, como lo echaba de menos y que ganas de volver a verlo. En esas estaba cuando alguien se puso a mi lado y me habló:

—Bueno, aquí estoy, ¿cuáles eran tus otros 2 deseos? —Dijo ese desconocido con una gran sonrisa.

A mi lado se encontraba un hombre de unos treinta o treintaicinco años, alto, guapo, muy guapo y que me miraba con deseo. Aunque su frase para entrarme no dejaba de ser penosa, me hizo sonreír, para seguidamente soltar una carcajada. Estuvimos charlando mucho tiempo, nos tomamos dos copas y la verdad, me empezaba a encontrar muy a gusto con él.

Me gustó su sinceridad, no escondió que era divorciado y que había traído a su hijo a la fiesta ya que ese mismo año había empezado la universidad:

—¿Tienes un hijo de dieciocho años? ¿No eres muy joven para eso? —Pregunté sorprendida.

—Diecinueve, mi hijo fue fruto de una noche de pasión desenfrenada con mi mujer cuando éramos demasiado jóvenes y se quedó embarazada. ¿Y demasiado joven? Tengo treintaisiete años, casi me da vergüenza preguntarte la edad, me hace sentir como un viejo verde.

Tenía más que claro que me lo iba a follar, vamos, de solo pensarlo estaba empezando a mojar mi coñito, además en esa charla que estábamos teniendo nuestro lenguaje corporal era más que evidente y nuestro acercamiento y los continuos roces solo acrecentaban nuestro deseo.

Esa noche, ese hombre no sabe la suerte que tuvo al encontrarse conmigo y estar deseando que me follasen. Cuando supe que su hijo se había ido con sus amigos y no tenía que hacerse cargo de él, mi furor uterino subió como la espuma y ya no me andé con rodeos, sabía lo que quería y se lo iba a poner muy fácil a ese hombre.

—¿Y bueno? ¿No me vas a preguntar por mis otros dos deseos? —Pregunté con picardía y mirándole a los ojos con lascivia.

—Claro mi señora, tus deseos son órdenes para mí, ¿Cuál es tu segundo deseo?

—Que nos vayamos a un sitio donde tengamos más intimidad. —Dije acercándome a él y pegando mi cuerpo al suyo.

—Concedido…¿Y tú tercer deseo?

—Que me folles.

Otra cosa que me gustó de ese hombre. Cuando le confesé lo que deseaba no soltó la típica pregunta, —¿en serio?— O esa tan manida de, —¿eres siempre así de directa?— Creo que si lo llega a decir lo hubiese dejado ahí plantado, pero no, me miró con intensidad, pagó las consumiciones y agarrándome de la mano solo dijo:

—Tus deseos se han concedido. Vamos.

En el coche, durante el trayecto hasta su casa, nuestro deseo subió de manera vertiginosa. Como comenté, mi minifalda tapaba más bien poco y al sentarme se subió más de lo aconsejable, dejando mi coñito casi a la vista. Vi como mi acompañante me miraba y bajaba su vista hacia mis muslos, para seguidamente apoyar su mano en mi e ir subiendo por el interior de mis piernas hacia mi rajita.

Abrí mis piernas en clara invitación a que llegase a su objetivo, mientras mi mano ascendía por la pierna de ese hombre en busca de su polla, necesitaba sentirla, saber de su dureza y su tamaño. No sé, quizás fuese por la posición, iba conduciendo y su pelvis estaba algo hundida en el asiento. Noté algo duro, durísimo, pero sin longitud. En ese momento sentí el dedo de ese hombre recorriendo mi rajita y acariciándome el clítoris, algo que me hizo gemir como la puta que era en ese momento.

—¡¡AHHHH!!…Diooos, ¿queda mucho para llegar?

—Solo un par de minutos. —Respondió ese hombre excitado.

Al poco, entrabamos en su casa besándonos con deseo y con sus manos, aferrándose a mi culito, con desesperación. Nuestras ropas no tardaron en desaparecer quedándonos completamente desnudos los dos. Creo que mi subconsciente me jugó una mala pasada. Yo esperaba un superpollón como el de Tino, pero frente a mí estaba una pollita normal, del montón, de entre doce o catorce centímetros, gruesa, y en apariencia dura como el granito y palpitando sobre la pelvis de ese hombre.

Mi cara de decepción lo dijo todo mientras miraba ese pene. Creo que cualquier hombre se hubiese sentido muy herido en su hombría al ver esa mirada, pero mi conquista me agarró de la mano y me llevó a su cama donde me tumbó, me abrió bien de piernas y me hizo una comida de coño que ni yo misma me creía. Su lengua y sus dedos follaron mi coñito y mi anito, mientras mi clítoris era succionado por sus labios hasta que estallé en un orgasmo interminable.

Cuando me tranquilicé le pedí que se subiese a la cama y se tumbase. Sin pensarlo, agarré su polla y empecé a masturbarla y por primera vez, hice una mamada sin preservativo, acariciando con cariño sus huevos y confieso que me fascinó su suavidad y su sabor. De acuerdo que era algo pequeña, pero su diámetro no desmerecía para nada y por sus gemidos y como palpitaba en mi boca, entendí que le faltaba poco para correrse.

—Para…paraaaaa Andrea…quiero follarte.

—¿Tienes preservativos? —Pregunté muy excitada.

—En el cajón de la mesilla. —Dijo incorporándose y abriendo ese cajón.

Agarré uno y quitándole el envoltorio me lo coloqué en la boca, lo deslié sobre su verga y tumbándole de nuevo en la cama, me puse a horcajadas sobre él, y me metí esa polla en mi coño:

—Adoro que me coman las tetas cuando me están follando. —Ronroneé como una gatita.

Dicho y hecho. Ese hombre me folló con una pasión, un cariño y una dulzura que no conocía. Me cautivó, y hasta que se corrió en su preservativo, dentro de mí, me hizo alcanzar dos orgasmos riquísimos que me dejaron muy satisfecha…de momento.

Me quedé tumbada sobre su pecho mientras sus manos recorrían mi espalda y besaba con cariño mi cabeza. Aun sentía palpitar su polla dentro de mi vagina y me gustó esa sensación. Pensé para mí, que ese hombre sabia sacar muy buen partido de su falo y que su tamaño poco tenía que importar:

—Ummm…más vale pequeña y juguetona, que grande y torpona. —Rei para mis adentros

Le di mi cuerpo a ese hombre que me folló hasta caer extenuados, ¿o me hizo el amor? No lo sé, pero me da igual, disfruté muchísimo. Perdí la cuenta de mis orgasmos, tanto vaginales como anales. Dejé que se corriese en mis tetas y en mi cara y me encantó, nunca lo había hecho con ninguno de mis amantes. Pero, aunque ese hombre fue un amor de persona, no pude dejar de pensar en todo momento en Marcos, mi primo, y en cómo me gustaría que fuese él quien me estuviese haciendo el amor y regalándome todos esos orgasmos. Soñaba con él y lo deseaba hasta el delirio, y lo mejor de ese domingo, es que en unas horas volvería a estar a su lado.

Sobre las diez de la mañana llegué a casa de Ana. Entré con sumo cuidado, y subí hacia mi habitación. Tino y Ana seguían en la cama, dormidos y abrazados y les envidié. Me fui a duchar y me metí en la cama esperando que pasase el tiempo, para volver a ver a mi amor.

Lo mejor de esa tarde, sobre las cinco mi primo me llamó por teléfono. Estuvimos hablando de tonterías hasta que me lo dijo y fue como música para mis oídos:

—Me recoges donde me dejaste el otro día, me apetece verte.

Sobra decir que ya tenía mi pequeña maleta hecha. Me despedí de Ana y Tino y volé hacia donde Marcos me esperaba. Fue una tarde increíble junto a él. Fuimos al cine, y sentados frente a la pantalla, levantó el apoyabrazos y pasó su brazo por mis hombros atrayéndome hacia él. Yo arrimé mi cuerpo al suyo y apoyé mi cabecita sobre su pecho, abracé su cintura y así estuvimos toda la película, con él me sentía muy bien. Luego nos fuimos a cenar a un chino y para terminar cuando llegamos a casa de mis padres y ellos se fueron a dormir, Marcos apareció por mi cuarto y se metió en la cama conmigo.

Vale, no ocurrió nada, pero volvió a abrazarme y yo prácticamente desnuda, con solo unas braguitas para dormir, me tumbé sobre él. Hablamos sobre lo que hicimos ese fin de semana, con sus manos acariciándome mi espalda desnuda y en algunos momentos magreándome el culo.

Estaba en la gloria, con los pezones duros como diamantes y mis braguitas empapadas por la excitación, notando algo durísimo en mi pubis y mi tripita. Sabía que Marcos estaba cachondo y tenía más que claro que no le iba a impedir que me follase si lo deseaba, vamos, yo lo estaba deseando. Seguimos hablando de nuestro fin de semana, obviamos lo más pornográfico y me sorprendió que me dijese que había estado en la misma fiesta de la facultad donde estuve yo también. Tengo que reconocer que eso me molestó. Me hubiese gustado encontrarme con él. Al final por puro agotamiento nos quedamos dormidos los dos muy abrazados.

********

Ese lunes de madrugada, me despertó el movimiento de mi primo. Eran cerca de las seis de la mañana y por seguridad, dándome un tierno pico en los labios, se fue a su habitación antes de que nadie se despertase y nos viese juntos en la cama, conmigo medio desnuda.

Fue un despertar agridulce. Por un lado habíamos pasado la noche en la misma cama, abrazados y dándonos calor. Y luego ese pico en mis labios fue un dulce imposible de olvidar, pero, joder, que le hacía falta a este chico para que se enterase que le amaba y que me dejaría follar por él hasta caer agotados. Quería ser suya y que el fuese mío, solo mío y de nadie más, lo necesitaba como el respirar y me daba cuenta que cada minuto que pasaba lejos de él se me hacía eterno. No sabía que hacer ya, bueno si, desnudarme completamente delante de él y decírselo a las claras.

—Marcos, quiero que me folles.

Así sin más, pero corría el riesgo de que por motivos de consanguinidad me rechazase, aunque todo decía lo contrario, que me tomase por una puta, bueno, un poco puta sí que era, o que yo no le gustase, algo imposible, era una chica que estaba muy buena, lo sabía por el deseo con el que me miraban desde los adolescentes, hasta los maduros.

Ese lunes y como siempre, todos los días laborables, Marcos ya se había ido. En la cocina mi madre, con un deje muy triste me tenía preparado el desayuno y no dijo nada cuando le di un beso de buenos días.

—¿Qué tal el fin de semana con tu primo? —Preguntó al poco mi madre como alma en pena.

—Bien, estuvo muy entretenido, lo pasé muy bien. —Dije sin mirarla y sin querer iniciar una conversación. Seguía muy enfadada con ella.

Desayuné en silencio y con mi madre terminando de recoger el servicio de desayuno de mi primo. Eso me extrañó. ¿Por qué lo lavaba a mano si teníamos lavavajillas? Pero más me extrañó esa mueca de felicidad en su cara, lavaba esa taza y ese plato con devoción, con cariño y eso me asustó y me preocupó.

No le quise dar mayor importancia, aunque esa actitud de mi madre no era propia de ella. Mi madre aunque buena madre, siempre había sido muy seca en el trato, muy estricta y poco cariñosa, y me costaba hasta pensarlo, ¿mi madre se había encaprichado de su sobrino? Ese pensamiento hizo que tuviese una sensación desagradable que creo que se llaman celos. Sabía que Marcos era muy guapo y si se comportaba con las mujeres, como se comportaba conmigo, seguro que se las tendría que quitar de encima.

Con ese pensamiento, y algo molesta y decepcionada, llegué a la universidad. Por suerte, las clases me sacaron de esos pensamientos y me centré en lo que estaba haciendo, hasta que llegó un descanso entre clases y mi vejiga me pidió ir al baño.

Estando metida en mi cubículo, mirando mi móvil mientras me aliviaba, oí como entraban dos chicas riendo y hablando en voz baja. Se metieron en la cabina, al lado de la mía, mientras cuchicheaban y una de ellas se oía como orinaba:

—¿Y bueno, al final que ocurrió? —Preguntó una de ellas.

—Pues después de la confusión y las risas al confundirle con un camarero, nos quedamos charlando, menuda labia tenía el tío. Al rato nos comíamos la boca con lujuria con sus manos agarrando mi culo, pegándome a su cuerpo y notando algo durísimo en mi pubis. No tardamos nada en irnos a mi piso y que me follase como no lo había hecho nadie nunca, joder, que bien follaba el tío. —Respondió la otra.

En ese momento alguien entro al servicio y las dos se callaron, aunque se escucharon algunos sonidos de asombro. Cuando oímos la puerta y que se marchaba volvieron a su conversación.

—Ostras tía, ¿en serio que esta es una foto de su polla? ¿Te follaste este pollón?

—Si, y además me la metió hasta los huevos, a pelo y se corrió dentro de mí. Vamos, no dejé que la sacase en ningún momento. De las mejores noches de mi vida, te lo juro. Qué manera de follar…

—Ufffff…joder, me estoy poniendo cachondísima solo de pensarlo. Tía, llámale y quedamos, seguro que no hará ascos a dos tías como nosotras.

—Ese es el problema, sé que se llama Marcos, es un mulato guapísimo y folla como los dioses hasta destrozarte, pero me dejó agotada, me quedé dormida y él se fue antes de que pudiese pedirle su número de teléfono móvil. Lo peor, es que no estudia en esta facultad, alguien como él no pasa desapercibido, nadie lo conoce ni de vista, ya he preguntado. 

¡¡PUTAS!! Pensé para mí misma, mientras un sentimiento de desasosiego y un cabreo monumental se apoderaban de mí, insultando en mi mente de mil maneras a mi primo por haberme hecho eso. Tenía ganas de llorar, de chillar, de abrir la cabina de al lado y liarme a golpes con esas dos degeneradas que querían quitarme a mi hombre. Pero que le iba a reprochar si yo en esa misma noche, dejé que un extraño que no era él profanase todos mis agujeritos.

—De verdad tía, es que a veces piensas con el coño en vez de con la cabeza, dejar escapar a alguien así, para matarte. —Le recriminó, imagino, que la que escuchaba la historia.

—Habría que ver que hubieses hecho tú, «so lista» con una polla que no dejaba de regalarte orgasmos. —Respondió la otra cabreada.

Al final, medio discutiendo, salieron del servicio y yo abrí la puerta de mi cabina con precaución por si había alguien. Sali de allí con una pena inmensa en mí, sabiendo que mi primo, el amor de mi vida, eso con lo que yo soñaba innumerables veces, lo tenía a mi alcance, pero que por algún motivo, salvo que éramos primos hermanos, no conseguíamos llegar a más.

Pasé el día medio enfurruñada. Hasta Noelia y Ana me preguntaron que me pasaba, pero me negué a confesarles mi gran secreto, que aquel que en su día manifesté que odiaba a muerte, ahora era el amor de mi vida y me moría por estar con él.

Esa tarde-noche, Marcos también notó que me pasaba algo. Me miraba con cara de interrogación intentando adivinar que ocurría, pero no me apetecía hablar con nadie y menos con él, así que, alegando dolor de cabeza, me subí a mi habitación y me fui a dormir con mi enfado.

Marcos no supo en ningún momento lo que me ocurría o lo que pasaba por mi cabeza. Aunque intenté ser más fría con él, lo siento, no me salía, y por cada muestra de su cariño yo le daba otra multiplicada por dos. Nos abrazábamos, nos dábamos picos en los labios, en ocasiones dormíamos juntos prácticamente desnudos, joder, hasta una vez acaricié su inmensa verga por encima del bóxer, ¡¡PERO NUNCA OCURRIO NADA!! ¡¡¿QUE MÁS NECESITABA ESTE CHICO PARA DAR EL PASO Y FOLLARME BIEN FOLLADA?!! Porque quería que fuese el quien me lo dijese, quien me dominase, no dárselo todo bien mascadito, abrirme de piernas, y decirle, ala guapo, follame, quería que fuese el quien llevase la voz cantante en ese paso tan difícil, que se lo trabajase un poco, quería ser conquistada por él, no ser el polvo de una noche.

A la vez que ocurría todo esto, me fijaba en como mi madre se desvivía por su sobrino, como le mimaba, vaya, si le cuidaba mejor que a su marido y su hija. En más de una ocasión, la sorprendí mirándole embobada, con cara de quinceañera enamorada y llegué a una conclusión innegable, mi madre, estaba coladita por su sobrino. Bien, encima de todo lo que estaba pasando, tenía metido al enemigo en casa, por que seamos sinceros, mi madre era una madurita, pero estaba muy buena.

Con todo esto, el otoño dejó paso al invierno y con ello a las navidades. Para mi desgracia, pensando que esas navidades serian diferentes junto a mi primo, Marcos se fue a Barcelona a pasar las fiestas con su madre y volvería después de reyes. No pude ocultar mi disgusto y mi tristeza cuando le dejé en el aeropuerto, y como una tonta se me saltaron las lágrimas:

—No quiero que te vayas. —Susurré en su oído abrazada a él.

—Tampoco quiero irme, pero mi madre está sola, además, dos semanas pasan rápido, antes de que te des cuenta vuelvo a Madrid.—Respondió Marcos con cariño.

Con pena, vi como Marcos pasaba el control de seguridad y despidiéndose con su mano en alto iba en busca de su puerta de embarque. Cuando llegué de nuevo a mi casa, mi madre hablaba con su hermana, pero se notaba su tristeza al no tener a su sobrino en casa, incluso se lo confesó a mi tía, comentándole lo que lo iba a echar de menos. En esos momentos la odié, la odié como creo que nunca he odiado a una persona, ¿cómo podía ser tan descarada? Era una mujer casada, por Dios, ¿acaso mi padre no se daba cuenta?

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