KERANOS

De camino a casa de Mario pasé por la mía. Pensé en pararme para saludar, pero no quería por si Elena se acababa enterado de que había estado por ahí, porque al fin y al cabo ella no lo sabía y no quería tener que estar dando explicaciones de nada de aquello porque no quería hacerla sentir mal. Por lo que pasé de largo, aparcando cerca de la casa de mi amigo. Me abrieron y pasé al salón, donde empezamos a hablar mientras tomábamos un café.

I: Al final se ha arreglado rápido lo de la casa, ¿no?
J: Sí. Menos mal…
M: Te ha venido rodado esto de que venga Sofía a vivir aquí.
J: Ya ves. Y hablando de ella… ¿Cómo veis que se venga a vivir a aquí?
I: Bien. Bueno, creo que está un poco loca, pero guay.
M: Sí. La chica es muy impulsiva, pero es buena gente.
J: Ya, eso había pensado yo. Y por lo demás bien, ¿no?
I: Sí. Eso ya se aclaró.
M: Sí, sí. Eso es agua pasada. Si se vuelve a dar pues estaré atento de las dos. Hay Mario para todas.
J: Jajajaja.
M: Ya he aprendido quién es la primera. -dijo mirando a Irene con una sonrisa en su boca- Es que soy un poco tonto y se me había olvidado de que tengo a la mejor conmigo.
J: Si, hombre…
M: Jajajaja.
I: Yo también tengo claro lo que hay. Mario es el mejor y lo será por siempre. Nada nos va a separar. Ya no.
J: Huy… ¿No huele a boda?
M: Jajajaja.
I: Uff… Qué pereza…
J: Anda…
M: Nada, que no le hace gracia a la niña…
J: ¿Y a ti sí?
M: Pues sí me gustaría, la verdad. Aunque más por mi madre, que le gusta mucho esas cosas y como soy hijo único…
I: A mí es que me da mucha pereza todo eso…
J: Pues Elena y yo estamos igual que vosotros, pero al revés.
M: Pues nada, cambiamos de parejas y listo, jajaja.
J: Vas apañado…
I: Oye… -dijo con cara de ofendida- ¿Tan horrible soy?
J: Que va, aunque a veces me has tocado los cojones un poco más de la cuenta, ya lo sabes.
I: Pero es porque no te los puedo tocar de otra manera… -dijo guiñándome un ojo- Jajajaja.
J: Ya. Pero no eres tan horrible, no. Eres muy buena chica. Y además estás muy buena.
I: Eso está mejor.
J: Entonces, todo bien con Sofía, ¿no?
I: Sí. No te preocupes por eso. Nos la follaremos más temprano que tarde, que a mí también me pone muchísimo. Además, tengo que seguir enseñándole como se come un coño. Quiero hacer de ella una buena chica bisexual, porque lo es, pero se reprime.
J: ¿Sí?
M: Sí. Se ve que le gustan las chicas. Si nada más aparecer cuando hicimos el trío miraba a Irene ya de esa manera y se comían la boca a cada rato. Me tenían malísimo.
J: Será por la experiencia que tuvo. Lo mismo es que aquella chica no estaba por la labor y se quedó con una mala impresión.
I: Puede ser, pero conmigo va a aprender bien. Y disfrutar también.
J: Eso seguro.
M: Si Elena se ha animado a tanto, seguro que Sofía espabila rápido en ese sentido.
I: ¿Y cómo está Elena? ¿Nervios?
J: Muchísimos. Estaba hasta temblando.
M: Eso es normal. Me acuerdo yo de cuando entré a mi trabajo. No dormí la noche anterior.
J: No, ella sí ha dormido a pierna suelta.
I: Claro, con su Javi es imposible que no duerma bien.
J: Jajajaja.
M: La deja reventada y así, ¿cómo no va a dormir bien?
J: Estamos graciosos hoy, ¿no? Jajajaja.
I: ¿Crees que le irá bien?
J: Estoy seguro de ello. Ella es muy buena en todo. Lo noté en la forma en la que practicaba la exposición de su trabajo conmigo.
M: ¿Sí?
J: Sí. Decía que la ponía nerviosa porque la miraba… No sé. Me dijo que no la miraba como lo estaba haciendo porque la ponía nerviosa. Pero es que aun así lo hacía muy bien.
I: Eso suena a que la cosa acabó…
J: Efectivamente. Cayó un polvazo. Se puso muy caliente cuando acabó la exposición y se tiró encima de mí.
I: Jajajaja, me encanta esta chica.
J: Y ayer al final… ¿Hubo fiesta por la tarde?
M: Uffffff…
I: Ostia, ¿lo sabes?
J: Claro, si hablamos con ella un rato y nos dijo que os iba a llamar.
I: Pues sí. Hubo fiesta, y de la buena.
J: ¿Sí?
M: Sí. Fui a por ella y me la traje a aquí. Nada más montarse en el coche me comió la boca. Y quería comerme otra cosa.
J: No jodas… Jajajaja.
M: Sí. De hecho, me la comió de camino a aquí. Me dio mucho morbo.
J: Ostia con Isa… Jajaja.
I: Esa chica es muy guarra. Y lo digo a bien, ¿eh? Come el coño muy bien. Vaya orgasmo me provocó…
M: Sí, tío. No se negaba a nada que Irene le proponía.
J: Ya, ya me quedó claro cuando estábamos todos.
I: Ya ves. Me sorprendió bastante lo de aquella noche. Por todas partes.
J: ¿Jugasteis a hacer sumisión?
M: No. Bueno, algún tortazo, cachete en el culo y poco más.
J: ¿Se ha puesto cariñosa la niña?
I: Bueno… -dijo acercándose y sentándose en mi regazo, pasando un brazo por mis hombros- Un poquito.
M: Que eso no quita que la reventara bien, o ella a mí. Pero ya no. De hecho, llevamos sin usar la fusta y todo eso bastante.
J: ¿Ya no te gustan los azotes, Irene?
I: Mmm… Si me los das tú, sí. (dijo con tono meloso)
J: Anda, vete con Mario, que no quiero que pase lo de la otra vez…
M: ¿Qué pasó la otra vez?
I: Nada, que se me fue la mano un poco con tanto jugueteo.

Mario me miró con cierto asombro, riéndome yo y apartando la mirada. Me puse un poco incómodo al recordar aquello y al destaparlo.

M: ¿Jugueteo?
I: Nada. El otro día Javi vino porque no le cogimos el teléfono, ni a él ni a Elena y al final le conté que fue Ángela la que estaba aquí con nosotros.
M: Ah…
I: Y empezamos a hablar de ella. Javi se puso un poco triste porque la echa de menos y le intenté animar como lo hace Elena. Y haciendo el tonto pues casi se nos va la mano.
M: ¿En serio?
I: Sí.
M: A mí no me importa, ya lo sabéis, pero Elena…
I: Ya, si fue Javi el que paró la cosa.
M: Vosotros sabréis…
I: Que no pasó nada, Mario. De verdad.
J: Mario, fue un tonteo. Ni siquiera nos besamos.
M: Pero que a mí no me tenéis que dar ninguna explicación. Lo digo por Elena. Me preocupo por ella.
I: Cariño, hemos hecho muchas cosas ya. No creo que le molestara eso. Es que en realidad no pasó nada. Ni un beso, ni nos desnudamos. Nada.
M: Vale, vale. Entonces ya está.
J: ¿Vendréis a vernos? (dije para cambiar de tema)
I: Claro.
M: Sí, tío. Me apetece acercarme y hacer la ruta de bares y garitos que hacía cuando estudiaba ahí.
J: Tenemos piscina.
I: No jodas… Qué ganas.
J: Pues este finde os venís y lo pasáis entero con nosotros en casa si queréis.
M: ¿Sí?
J: Claro. Elena esta semana trabaja por la mañana y por la tarde, seguro que le apetece veros cuando llegue el finde.
I: Qué bien. Me apetece mucho.

Mientras seguíamos hablando de otras cosas, llamaron a la puerta. Era Sofía. Dejó la maleta y empezó a saludar dando fuertes abrazos y un pico a Mario e Irene. Cuando llegó a mí lo hizo de la misma manera, con un fuerte abrazo, poniendo sus manos en mi cuello para sujetarme y darme un beso.

J: Eh… Tranquila… (dije apartándome para evitar su beso)
S: Ayyyyy el novio… Qué buen chico es.
I: Déjalo, no le tientes más, que vienes muy guapa. (dijo acercándose a ella de nuevo para comerle la boca)

Y llevaba razón. Sofía iba guapísima, con unos shorts que encerraba a duras penas su culazo, dejando ver como se asomaban los cachetes por debajo. También llevaba una camiseta de tirantes de color blanco, con un sujetador del mismo color. Sofía no podía ir sin sujetador. Sus tetas eran demasiado grandes como para ir así con esa camiseta y sin sujetador sin llamar la atención. Era con él y aun así botaban cuando hacia algún movimiento brusco, poniéndome un poco malo. Llevaba unas zapatillas de tela blancas también y su cara limpia, sin nada de maquillaje, mostrando su alta belleza natural, con el pelo suelto también. A pesar de ir en zapatillas, superaba en altura a Irene, que ya era una chica algo alta de por sí, pero no llegaba a la altura de Mario y mucho menos a la mía.

M: Nenas, no empecéis que no me aguanto y Javi se tendría que ir, que lo conozco, jajaja.
S: Nooooo, que llevo mucho sin verlo, que no se vaya aún. (dijo agarrándose a mi brazo)
I: Oye… Que me pongo celosa. -dijo cogiéndome del otro brazo- Sofía, tú con Mario, que ya sabes que le gustas mucho.
M: Pero de buen rollo, ¿eh? No quiero movidas como la otra vez.
I: Qué si cariño, que es solo para pasárnoslo bien.
S: Venga, Mario. Llévame a por algo de beber, que estoy sedienta. (dijo enganchándose a su brazo y tirando de él)

Ambos se fueron, dejándonos a Irene y a mí en la entrada.

-Gracias por quitármela de encima. Yo soy consciente de lo que hay, pero tampoco soy de piedra.

Irene sonrió y me dio un abrazo y un beso en la mejilla. Después fuimos al salón, sentándonos Sofía y yo mientras Irene y Mario se cambiaban para ir a la otra casa.

-¿Cómo te va, niño?
-Pues muy bien. Estoy encantado con mi vida.
-¿Sí?
-Sí. Por fin me voy a vivir con mi chica, los dos solos y más tranquilos.
-Me alegro mucho, Javi. Os va bien, ¿no?
-Sí. Nos va estupendamente.
-Guay. Me apetece verla. A ver si te la traes y nos tomamos una cerveza.
-Claro. ¿Y cómo te va a ti?
-Pues muy bien. Más relajadita ya con el cambio que hemos tenido en el periódico.
-Me alegro. Tenía que ser muy estresante.
-Sí, tío. Y encima sin tener a alguien con quien desahogarme, pues imagínate.
-Jajajaja. ¿Aún no has encontrado un noviete?
-Qué va. Si no tenía tiempo.
-Pues a ver si Mario e Irene te presenta a nuestro grupo de amigos. Ahí hay algunos que también están solteros.
-Bueno, puede estar bien, pero también te digo que ahora mismo estoy a gusto así y ahora que vivo aquí y tengo a estos dos tan cerca, quiero pasármelo bien.
-Pues sí. Pero con cabeza, ya sabes.
-Sí, sí. No te preocupes.

Entonces llegaron Mario e Irene, ya listos para irnos. Avisé al casero para que fuera también y nos plantamos allí, estando ya el esperándonos. Resolvimos el papeleo de manera muy rápida y se fue después de echarle un buen ojo a Sofía. Entramos y les enseñé la casa porque ya me la conocía. Sofía estaba encantada. Le gustó más de lo que vio en las fotos y le conté yo. Ya se puso a planificar como la iba a ordenar y decorar. Los cuatro nos sentamos en el salón, teniendo yo un poco de molestia en el culo por obvias razones, haciéndome daño al ser el sofá un poco bajo y tener una mala postura, provocándome muecas en la cara por el malestar. Irene me miraba de reojo, poniendo media sonrisa, oliéndome que algo sabía. Hablamos un poco de cómo le iba en el trabajo a ella, con detalles de las reuniones, viajes y demás, contándonos que alguno de los socios le había tirado la caña y que se lo acabó tirando, que si estaba muy bueno, que era un madurito trajeado, que si tenía buena polla. Sofía se levantó y cogió a Irene de la mano para explicarle un poco lo que tenía pensado para las otras habitaciones, aprovechando también para contarle el encuentro con aquel señor mientras se marchaban riéndose. Yo aproveché para hablar con Mario de lo que pasó el sábado, concretamente ese magreo con Noelia.

-¿Y tú qué? (le dije con tono de reprimenda)
-Huy… Se viene.
-Pues sí. ¿Qué coño es eso de comerle la boca a la hermana de Elena?
-Yo que sé tío… Fui a mear y a medio camino me paró. Me guiñó un ojo y como iba un poco bebido pues pasó.
-Tío, ya te vale…
-Joder, si es que está buena la niña. Se parece mucho a Elena y ella me pone, ¿qué querías que hiciera?
-Pues pensar en tu amiga y estarte quieto.
-Si pensando en ella estaba, ¿no ves que tienen la misma carita…?
-No se parecen tanto.
-Joder que no…
-Bueno, no te vayas por ahí.
-Que sí, Javi. Que estuvo mal. Lo sé. Pero con todo el calentón que llevaba desde antes de salir al pensar en la noche que me esperaba, lo que pasó en el jardín y la bebida, pues me dejé llevar.
-Pues ten más cuidado.
-¿Y cómo lo sabes?
-Eh… Porque ella me lo contó cuando la llevé a casa.
-Pues no sé tío. Surgió y ya está. Pero solo fue un beso. Me echó mano al paquete y yo le agarré un poco el culo, pero se apartó y se fue.
-¿Se apartó ella?
-Eso recuerdo.
-Bueno, pues ya está. Espero que no vuelva a pasar.
-Que nooooo.
-Como se entere Elena, verás tú…
-Pero es que no se va a enterar. Porque no le vas a decir nada, ¿no?
-No. No creo que sea lo mejor.
-Tampoco le voy a decir nada a Irene. Seguro que me echa la bronca y paso.
-Ahí ya no me meto.
-¿Crees que Noelia se lo puede decir a Elena? (dijo a los pocos segundos)
-No lo sé. No creo, porque no le has hecho nada, ¿no?
-Bueno, la rechazamos cuando se plantó desnuda para hacer un trío con Irene y conmigo, pero aparte de eso, nada.
-No creo que haga nada, pero le gusta dar por culo. No sé…
-Bah. No creo.
-Bueno, mejor dejamos el tema.

Al poco vinieron las chicas preguntándonos de qué hablábamos, cambiando de tema a otras cosas. Eran cerca de las 12 y dijeron de ir a tomarnos una cerveza, pero yo me negué porque tenía que regresar a la ciudad en la que vivía para recoger a Elena e ir a comer juntos y no podía beber por tener que coger el coche. Al final me convencieron para estar un rato más con ellos. Fuimos a un bar cercano de donde aparqué y me tomé un refresco mientras ellos se tomaban una cerveza. El tiempo se me echaba encima, por lo que me despedí de ellos, con Sofía siendo la más cercana, levantándose para darme un abrazo muy fuerte, estrujándome con sus tetas, dándome un beso en la mejilla muy sonoro. Me fui diciéndoles antes que no quería que Elena supiera que había estado ahí por el tema de la casa y demás, diciéndole también que no me parecía justo haber venido sin ella para estar con ellos. Lo entendieron y me dijeron que no me preocupara.

Fui a la otra ciudad en la que Elena y yo vivíamos, un poco con el tiempo justo por haberme entretenido en aquella cerveza donde estuvimos hablando de cosas que a Sofía le gustaría hacer estando en nuestra ciudad, con Irene y Mario dispuestos a acompañarla y ayudarle. Le tuve que pisar un poco más para no llegar tarde, ya que Elena salía de rebajar a la 1 y media. Afortunadamente llegué a buena hora, aparcando en la puerta, saliendo del coche y esperándola apoyado en él. La vi salir, hablando con una chica. Qué guapa iba. Estaba impecable con esa ropa que tan bien le quedaba, con su maquillaje y pelo perfectamente alisado y peinado. Aparentaba ser una mujer de negocios vestida y moviéndose así a pesar de no estar muy acostumbrada a llevar tacones. Se despidió de su compañera y me empezó a buscar con la mirada, encontrándome rápidamente. Puso una sonrisa enorme en su boca cuando me vio y empezó a venir hasta mí a paso ligero, saltando sobre mí cuando llego a mi altura. Nos dimos un beso bastante largo. Me despegué de ella viendo lo contenta que estaba, con unos ojos que rebosaban emoción. Nos montamos en el coche y nos fuimos a casa, contándome por el camino lo contenta que estaba, como le había ido, detalles de lo que había hecho, lo que le estaban enseñando, la gente que había conocido y más cosas. Estaba hiperactiva, casi dando botes en el asiento.

-Elena, me alegro muchísimo de que estés tan contenta.
-Siiiii. Estoy que no me lo creo aún.
-Ya se te ha ido el nerviosismo, ¿no?
-Sí, bueno, cuándo hemos empezado estaba temblando, pero se me ha pasado rápidamente. Han sido muy amables y hay más gente como yo, así que nos hemos apoyado entre todos.
-Estupendo.
-Ay, Javi… Qué contenta estoy. (dijo estirándose para darme un beso.
-Yo lo estoy más por verte así.
-Oooooh… (dijo acariciándome la cara)

Llegamos a casa y nos pusimos a cocinar algo para comer. Elena se quitó la chaqueta y los zapatos, andando descalza. Estaba muy sexy. Mientras ella estaba pendiente de la comida, llamó a su madre para hablar con ella y contarle como le había ido la mañana. Yo la miraba desde atrás, viendo el culito que le hacían esos pantalones, viendo también sus brazos bronceados al aire por la blusa que llevaba. No pude evitar acercarme a ella, pegando mi cuerpo al suyo, dándole un beso en la cabeza mientras restregaba mi paquete con su culo. Después le aparté el pelo y le empecé a besar el cuello por la parte opuesta a la que tenía el móvil pegado a la oreja. Elena se movía de manera inquieta, suspirando. Le dijo a su madre que luego hablaría con ella porque íbamos a comer y colgó el móvil, dejándolo apartado.

Se quedó conforme estaba mientras yo seguía besándole, pero ahora con más intensidad. Ella se dejaba hacer mientras lanzaba algún jadeo y murmuraba sensualmente. Le toqué un poco las tetas por encima de la blusa y luego colé mi mano por sus pantalones y braguitas, jugando con su vello púbico mientras ella reía, seguramente por las cosquillas que le estaba haciendo. Le acaricié la rajita notándola húmeda y no pude aguantar más. Me puse de rodillas y le bajé los pantalones y las braguitas para ponerla con el culo en pompa, ayudando ella arqueando su espalda y le empecé a comer el coño. De nuevo, Elena empezó a jadear bastante alto. A mí me daban escalofríos y ni siquiera estaba siendo estimulado de ninguna manera, pero saborear sus fluidos y tenerla así en esa postura, me ponía a mil. Paré cuando notaba que se iba a correr y me levanté, volviendo a besarle el cuello, esperando a que se relajara un poco. El problema fue que no pude esperar mucho porque tenía que follarla. Me bajé los pantalones y los boxers y le acaricié su rajita con mi polla. Estaba empapada y ya empezaba a gemir. Se la metí, notando toda su humedad y como me apretaba, estrujándomela. No fueron más de 2 minutos lo que tardó en correrse a dar unas contundentes embestidas mientras la agarraba de las caderas, corriéndome yo también jadeando muy fuertemente al notar su orgasmo, con esos gemidos altos y sensuales. Me quedé dentro de ella esperando a que se recuperara, pero tardaba, por lo que la puse apoyada en la pequeña mesa que teníamos en la cocina, tapándole el coñito con papel de cocina para no mancharle la ropa.

Elena se fue a la ducha a los pocos minutos mientras yo terminaba de hacer la comida, preparándola para que ambos comiéramos en el salón tranquilamente, con el aire puesto. Apareció justo a tiempo, con el pelo recogido y ropa más cómoda y se sentó a mi lado, con cara de sorpresa al ver todo preparado para comer. Me dio un abrazo y algún beso y nos pusimos a comer tranquilamente mientras me contaba más detalladamente todo lo que había hecho durante la mañana. Después de comer nos quedamos tumbados un rato relajados en el sofá, cayó dormida mientras la miraba y le acariciaba la cara. Cuando faltaba poco para que entrara otra vez la desperté con cuidado para no asustarla y ella despertó con una sonrisa, dándome un beso. Después se levantó y vistió de nuevo y la llevé.

Regresé a casa y recogí un poco, poniéndome a trabajar porque no había hecho nada en toda la mañana. Estaba muy contento por como iba todo. Tanto con mis amigos, sumándose ahora Sofía, como con Elena y su trabajo. Así pasé toda la tarde, trabajando con un muy buen ánimo y con un poco de música para que se me hiciera más ameno el estar solo, aunque me ayudaba bastante a concentrarme y sacar bastante trabajo. Solo fui interrumpido por una llamada de mi madre para preguntarme cómo nos iba. Le fui explicado con detalle como había ido el día, contándole también que ya estaba resuelto lo de la casa que alquilé. Se puso muy contenta, aunque la notaba tristona, llegando a decirme que me echaba de menos y que ni pasaba por mi cuarto para no venirse abajo. Yo la animaba diciéndole que en esos días iría a verla.

A las 8 y media fui a por Elena. Salió y vino hacía a mí lentamente, casi arrastrando los pies. Me dio y beso sonriendo y nos metimos en el coche. Le pregunté cómo había ido y ella respondía con monosílabos todo el tiempo, asintiendo con la cabeza.

-¿Estás bien?
-Sí. (dijo con un hilo de voz)
-Mmm… Una de dos, o no ha ido tan bien, o estás reventada.
-Jejeje. Lo segundo, mi amor. (dijo acariciándome la cara mientras sonreía)
-Vale. Me quedo más tranquilo.

Llegamos y Elena se sentó en el sofá, espachurrada, con los brazos abiertos y las piernas estiradas. Me quedé mirándola apoyado en el marco de la puerta del salón con una sonrisa en la boca. Ella estaba con los ojos cerrados y cuando los abrió me vio. Puso una sonrisa en su boca, aunque de manera un poco forzada, porque parecía estar realmente cansada. Abrió sus brazos, abriendo y cerrando sus manos para que fuera con ella para abrazarla. Me acerqué y me senté con ella para abrazarla y darnos un beso. Se echó sobre mi pecho, murmurando con un sonido que expresaba lo muy a gusto que estaba. Yo le di un beso en la cabeza y le acariciaba la espalda. Nos quedamos en silencio unos instantes y como tenía pinta de que se iba a dormir, la enderecé para darle otro beso y cogerla en brazos para llevarla al baño.

-Anda, date una ducha y así te despejas y luego duermes mejor. Mientras yo voy preparando la cena.
-Gracias, mi amor. Te quiero.

Fui a la cocina y empecé a haber la cena, preparando algo ligero para poder dormir mejor. Al poco apareció Elena con el pelo húmedo, vistiendo su pijamita. Hasta cansada estaba preciosa. Cenamos en la mesa que teníamos en la cocina, recogiendo yo después mientras ella se quedó sentada, con la cara echada sobre su mano. Se le cerraban los ojos. Cuando acabé le tendí la mano para que se levantara. La llevé a la cama y me quité la ropa, quedándome en boxers. Nos tumbamos y cayó dormida en el acto sobre mi pecho, como siempre, con su mano sobre mis caderas y una de sus piernas sobre las mías. Sin embargo, yo no podía dormir pese a haber madrugado también para llevarla a trabajar y después de varias horas de coche que había hecho. Era muy temprano aún para que me entrara el sueño suficiente como para que me durmiera. Vi que se iluminaba la pantalla de mi móvil, apareciendo la notificación de un whatsapp. Lo cogí y vi que era de Irene, así que aproveché para hablar con ella hasta que me entrara el sueño. Efectivamente sabía algo de lo que habíamos hecho Elena y yo el día anterior.

-Javi, cariño mío… ¿Te duele el culete? Jajajajajaja.
-Que cabrona eres, jajajaja. ¿Cómo lo sabes?
-Elena y yo hemos hablado de ello antes de que lo hicierais. Me ha contado que alguna vez te lo ha comido y como eres tan abierto pues quería probar a hacer algo más, por probar. Y bien abierto que eres, ¿no? Jajajaja.
-Jajajajaja. Menos cachondeo, que tú no puedes tampoco con Mario.
-Es que lo tengo pequeñito… (dijo poniendo un emoticono de cara triste)
-Ya te lo he visto, ya…
-Mmm… ¿Te gustaría…?
-Pues tiene buena pinta. Yo creo que podría…
-Uff… A ver si hay suerte y algún día podemos. Aunque me conformaría con que me lo comieras como se lo haces a Elena. Me excita mucho verlo, imagínate sentirlo…
-Jajajaja.
-¿Y cómo fue al final?
-Pues…
-¿No te gustó?
-Empezamos despacio. La cabrona me ató de pies y manos y me lo empezó a comer.
-Jajajaja, me encanta.
-Pero que me depiló y todo. Ni me enteré, me lo hizo mientras dormía un poco.
-Ah, eso se lo dije yo, que es mejor así. Es como cuando los chicos coméis un coño con mucho pelo, es desagradable quieras que no. Una cosa es como lo llevamos Elena y yo, que llevamos los labios sin nada y no molesta y otra cosa es que ni se vea el chirri…
-Ya, lo imagino.
-Pues con los culos es lo mismo. Le di algún consejo para ese tema y parece que le ha funcionado, ¿no?
-Sí, me lo comió y me gustó, la verdad. Luego con un dedo y bien.
-Guay entonces, ¿no?
-Sí. Pero el problema fue cuando empezó a usar otras cosas.
-¿Qué pasó?
-Empezó usando el vibrador. Entró bastante fácil, pero lo sentí muy raro. Al principio creía que era el consolador que le regalasteis, pero me di cuenta de lo que era cuando empezó a vibrar.
-¿No te gustó?
-Pues la verdad es que no lo disfruté. Lo sentía muy raro y no me daba placer ni nada. Le dije que parara cuando lo puso en los niveles más altos porque no estaba cómodo.
-Vaya…
-Pero lo peor fue cuando usó el consolador.
-¿Sí?
-Joder… Lo sentía muy grande. Pero mucho. Eso sí que no me gustó nada. Me dolía bastante. Bueno, más que dolor, me escocía…
-Vaya, hombre…
-Es que estaba hasta temblando. Hice un esfuerzo porque ella lo hizo, pero nada, no podía. Me lo metió y me folló como 10 segundos, pero es que no podía.
-¿Y qué pasó?
-Pues se lo dije y me lo sacó de golpe.
-Ufff…
-Me hizo polvo. Qué dolor…
-Ay, Elenita…
-Pero bueno, ya hemos probado y sabemos que eso no es para mí.
-Pues vaya… (dijo poniendo un emoticono con gesto torcido)
-Pero luego pasó algo.
-¿El qué?
-Bueno, me desató y demás, pidiéndome perdón muchas veces y demás y al decirle que me escocía fue a por una crema que ella tenía y me la empezó a poner para aliviarme.
-Que mona…
-Sí, pero la cosa es que me gustó como lo hacía y se me empezó a poner dura de nuevo.
-Ah…
-Me acabó haciendo una paja mientras me metía un dedo por el culo. Encontró el punto exacto.
-Sí, le dije como hacerlo para encontrar el punto G.
-Joder, pues sí que le enseñaste bien. Porque me corrí como creo que no me he corrido en mi vida.
-¿Sí? Jajajaja.
-Tía, que empezó a salir y no paraba. Como si me hubiera corrido tres veces…
-Joder… Me hubiera gustado ver eso.
-Me gustó mucho.
-Me alegro de que al final acabara bien la cosa.
-Sí. Me corrí de lo lindo y luego se lo comí y todos contentos. Jajajaja
-Jajajajaja. ¿Y cómo está después del primer día de trabajo?
-Reventada. A la hora de comer salía contentísima, contándome sin parar de hablar, pero ahora cuando ha salido ya estaba agotada.
-Pobrecilla…
-Sí. Me ha dado cosilla, pero como le ha ido muy bien, estoy tranquilo.
-Me alegro muchísimo. Mañana la llamo para que me cuente y hablamos también de eso de tu culito, jajajaja.
-Cómo te gusta… Jajaja.
-A la que más. Oye, te tomo la palabra en eso de ir este finde a vuestra casa. Así nos la enseñáis vamos a la piscina que tenéis, ¿no?
-Claro. Sin problema.
-A ver si se anima la cosa y… (dijo poniendo un emoticono con cara pilla)
-Jajajaja. Bueno, a ver si Elena está de humor y hacemos algo.
-Uff, qué ganitas…
-Me molaría hacer algo en la piscina, por el morbo de que nos puedan pillar.
-Uff… -dijo poniendo un emoticono de cara roja sofocada- Te dejo ya que me estoy poniendo cachonda. Qué descanséis.
-Venga, jajajaja. Hablamos.

Dejé el móvil en la mesita, pensando en ese fin de semana. La verdad es que tenía buena pinta, ya que las veces que habíamos ido a la piscina no había ido nadie. Parecía que nuestros vecinos estaban fuera o algo, porque apenas veíamos a nadie por la zona tampoco. Aun así, el morbo de hacer algo en la piscina con el riesgo de ser pillados era muy grande y me apetecía bastante hacer algo así, como ya hicimos en su día en la piscina de mi ciudad o en la playa.

El resto de la semana pasó con días que eran un calco uno de del otro. Nos levantábamos ambos temprano, desayunando en casa para después llevar a Elena a su trabajo y regresar a casa para trabajar. La recogía para ir a comer, a veces en casa y a veces en algún bar para ahorrarnos cocinar y demás. Después nos tumbábamos en el sofá para descansar un poco y luego llevarla de nuevo, trabajando durante toda la tarde para luego ir a por ella, cenar e irnos a dormir. Elena aprendió que ir más cómoda al trabajo era necesario para no acabar luego tan cansada, por lo que prescindió de los tacones, ya que muchas de sus compañeras no llevaban tampoco, vistiendo también más informal, aunque acorde con su trabajo. Aun así, acababa el día sin energía, pero por suerte no iba a ser así siempre, ya que las horas que echaba por la tarde eran bastante instructivas, para ayudarla a formarse. No siempre tendría que ir por la tarde, pero habría épocas en las que sí. Tan cansada llegaba a casa que ni buscaba tener sexo, solo quería acurrucarse conmigo para descansar, aunque a cada rato me decía que se sentía mal por eso, pero es que no podía, no tenía fuerzas y menos para el ritmo con el que lo hacíamos, que acababa reventada varias veces. Yo le quitaba importancia diciéndole que ya tendríamos el fin de semana para resarcirnos y pasarlo bien. El jueves me dijo que el viernes tendría que quedarse todo el día en la oficina, que comería allí con sus compañeras con las que tan bien se llevaba, habiendo hecho buenas migas con una de ellas en particular.

Así que me quedé prácticamente todo el viernes solo desde que la llevé a trabajar. Iba tan bien de material que había ido sacando durante la semana que decidí tomarme el día libre. Lo primero que hice cuando dejé a Elena en el trabajo fue volver a casa para echarme un rato y dormir un par de horas más. Luego me levanté y me pegué una ducha y pensé en irme a mí ciudad para pasar el día ahí hasta que Elena saliera de trabajar ya casi por la noche. Y así lo hice, pero pensé en ella y decidí darle una sorpresilla. Me fui a una floristería y encargué unas flores poniéndole en una nota diciéndole lo orgulloso que estaba de ella y lo muchísimo que la quería. Dejé el encargo de que se las llevaran al trabajo sobre la 1 y media, para que le pillara en el descanso para comer. Después fui a mi ciudad para ir a mi casa a ver a mi familia. Mi madre hasta se emocionó, dándome un abrazo muy fuerte y muchos besos, pero más aún cuando le dije que me quedaba a comer en casa. Me preguntó por qué estaba ahí y le expliqué y poco lo que pasaba. Antes de comer me fui a dar una vuelta y me acerqué a casa de mis amigos. Estaba Irene, vestida para salir y me dijo que había quedado con más gente de nuestro grupo para echarse una cerveza en lo que venía Mario. Fui con ella y eché un rato con ellos, preguntándome por Elena y demás. Fue un rato bastante bueno. También echaba de menos esos momentos con mis demás amigos, aunque no fueran tan íntimos como Irene y Mario, pero aun así eran bastante cercanos. Acompañé a Irene a casa una vez acabamos, viendo también a Mario y saludándolo, quedando en que al día siguiente sobre las 12 irían a nuestra casa para pasar el finde con nosotros, estando ya Elena enterada. Mario también conocía lo que mi chica hizo conmigo, cachondeándose un poco. Nos reímos y me despedí de ellos, regresando a mi casa.

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