ISA HDEZ

Miraba por el cristal del ventanal absorta en sus pensamientos. Parecía como si contemplara el arrebol del atardecer o esperara a su amado asomar entre el resplandor. Su nieto Hugo la llamaba la abuela mágica, refería que le contaba cuentos fantásticos de su abuelo y, que más de una vez, lo había visto entre las nubes algodonosas, con los brazos extendidos como si viniera a buscarla para llevarla con él. No se había recuperado desde su partida, pero no contaba sus visiones sino a Hugo que, a sus siete añitos le contaba a su madre lo que la abuela le transmitía. Su madre se quedaba perpleja porque la abuela apenas hablaba con nadie, y le sorprendía lo que el niño le susurraba bajito como para que no lo oyera. Una tarde Hugo relató que el abuelo se había llevado a la abuela en una carro blanco y rojo, como el de papá Noel y que regresaría cargado con juguetes para él, porque se había portado bien y no había revelado su secreto. La mamá de Hugo no le creyó y pensó que lo habría soñado. Se acercó a dónde estaba la abuela sentada y la encontró dormida. A su lado había un gran envoltorio en papel brillante plateado. Hugo y su madre se apresuraron a ver qué había en el paquete y con premura rasgaron el papel y ante el asombro de ambos estaba la bicicleta azul que Hugo había pedido en su carta de Navidad. La abuela se despertó con el jolgorio, y al preguntarle no supo responder quien había dejado el regalo.

© Isa Hdez.

Todos los derechos de autor reservados

Un comentario sobre “La abuela mágica

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s