ALMUTAMID

-Mi vida como estás…-dijo Alba agarrando mi nabo para liberar mi glande.

-Así me dejaste antes con lo que hiciste.

-¿Te ha molestado?

-Nada…

Admito que era ponerse a charlar cuando mi chica estaba de rodillas delante de mí aparentemente en disposición a chupármela. Pero es que estaba muy nervioso y sospecho que ella también.

-¿Te ha gustado lo que he hecho antes?- le pregunté.

Asintió con la cabeza mirándome a los ojos.

-Todos saben que estamos en la habitación y se van a imaginar cosas…-añadí.

-Eres mi novio…

-No sé Alba, hoy te noto algo diferente.

-¿Y eso?

-No sabría decirte. Más juguetona…

-Quiero complacer a mi novio.

Tragué saliva. ¿Me lo estaba diciendo? ¿Me la iba a chupar? Alba mientras me miraba intensamente mientras acariciaba despacio mi churra. Entonces algo nerviosa Alba empezó a decir:

-He estado hablando con las niñas. Bueno, sobre todo con Viqui. Creo que ella es más como yo.

-¿Le has dicho que no nos acostamos?- pregunté incómodo.

-No. No hemos hablado de eso.

-Habéis estado cuchicheando toda la tarde…

-Tú sabes. Cosas de chicas.

-¿Y qué hablabais?

-De ti.

-¿De mí?

-De las cosas que te gustan…

-Alba, me estás poniendo muy nervioso…

-Pues me ha dicho una cosa buena para ti.

-Joder, Alba, princesa…

Mi chica observó mi glande reluciente y acercó la cara apoyando su lengua en él. Un escalofrío me sacudió al espalda lanzando un suspiro mientras Alba ponía una cara rara, como una niña pequeña que prueba un plato nuevo. Me miró con cara de niña buena y repitió. Esta vez lamió un poco.

-Joder…-se me escapó.

-¿Te gusta?

Asentí sin decir nada. Alba continuó dándome lamidas en el glande rozando su lengua contra la piel más sensible de mi cuerpo. Yo gemía a cada roce más por el paso que significaba que por la sensación física que me proporcionaba.

-Mi princesa…-la animé.

Sin mirarme, sujetando mi polla con dos dedos, apoyó sus labios en ella mientras rozaba su lengua.

-Mmmmm-vacié mis pulmones ante las sensaciones que recorrían mi cuerpo.

Introdujo todo mi glande en su boca apretándolo con los labios. De nuevo puso una cara rara. ¿Asco? Si no le gustaba iba a parar. Se detuvo. Sentía su lengua. Succionó. Su cara empezó a relajarse pero sacó mi nabo de su boca. No se atrevía a mirarme. O quizá estaba más concentrada en sus sensaciones que en las mías en ese momento. De nuevo besó mi polla. No le estaba disgustando tanto como para parar. Otra lamida u de nuevo sus labios rodearon mi apéndice haciendo que todo mi capullo se perdiera dentro de boca.

-Uffffff, princesa…

Todo era despacio. ¿Estaba descubriéndome?

-¿Te gusta, lindo?- preguntó mirándome al fin.

-Que si me gusta…¿estoy ya en el cielo?

-Jijijii…-mi exageración le hizo gracia sonrojándose.

-Ven-dije tomándola de la mano para que se levantar- que estarás incómoda.

La llevé a la cama y nos tumbamos besándola con suavidad mientras la abrazaba pegando mi cuerpo al suyo. Quería que sintiera en ese momento como valoraba lo que había hecho. Pero su bikini me estorbaba. Afortunadamente se abrochaba con lazos y pude soltar tanto la parte de arriba como la braguita quedándonos ambos desnudos en la cama.

El sexo directo que suponía la mamada había quedado rebajado ahora a besos y caricias mutuas. Yo no tenía ninguna prisa. De hecho estaba más interesado en saber qué había sentido mi chica al probar mi polla que en meternos manos buscando un orgasmo. Pero antes de calmar mi curiosidad jugué un poco con sus pechos que me sorprendieron con sus pezones especialmente endurecidos no sabía si por el llevar con el bikini húmedo horas o por su excitación al saborear mi nabo. Incluso acaricié su coñito notando a Alba especialmente receptiva a pesar de que hubiera más gente en la casa.

No sé si el paso que acababa de dar suponía una liberación, una relajación en sus límites, pero mi chica se dejaba acariciar acomodando incluso sus piernas para permitir que mi mano acariciara sus labios mayores sin llegar a perderme en su interior. Entre besos me quedé tumbado boca arriba pasando mi brazo por detrás de mi cabeza.

-¿En qué piensas?- me preguntó Alba acariciándome el pecho.

-En que no te merezco…

-Tonto…-dijo antes de abrazarme fuerte besándome el cuello.

-¿Te ha gustado?

-¿Lo de antes?

-Sí…

Alba se puso de lado a mí apoyando su codo en la cama par mirarme de lado mientras con su otra mano recorría mi pecho y mi abdomen, suspiró haciéndome temer y dijo al fin:

-A ver…

-No te ha gustado.

-Es que es raro…a ver cómo te digo. Yo pensaba que me iba a dar mucho asco, que iba a oler mal o saber raro…

-¿Y?

-Pues que no…que no me ha dado asco. Y aunque sabía un poco al agua de la piscina, pues…

-Ay Alba, que nervioso me pones…

-…pues, que…que tú te estremecías, y gemías…y, ufff, estabas…pues que…que me ha gustado.

La besé con dulzura ganándome una de sus sonrisas con las mejillas encendidas.

-¿Y volverías a hacerlo?

-¿Quieres?

-Sólo si te apetece a ti.

Me sonrió sonrojándose de nuevo justo antes de besarme. Pero fue un beso breve pues mi chica se lanzó a por el lóbulo de mi oreja para continuar por mi cuello mientras su mano seguía paseándose por mi pecho y mi abdomen que ya se agitaba con impaciencia. Yo acariciaba su espalda y su culo. Como había hecho el día anterior se detuvo en mi pecho, pasando su lengua por mis pezones.

-Como me gusta todo lo que me haces…-le dije mientras ella se ponía de rodillas a mi lado para verme mejor. Se recogió el pelo echándoselo a un lado. No os podéis imaginar lo bonita que estaba con su pelo castaño recogido a un lado de su cara algo colorada por el sol y con las pequitas en su nariz cayéndole hasta el pecho con los pezones muy marcados en medio de su areola oscura y su barriguita prolongándose hasta su pubis que se perdía entre sus muslos apretados. La playa y la piscina marcaban su piel dejando sus pechos y su pubis rodeados de una piel tostada con alguna peca aislada. Yo la observaba orgulloso.

-¿Por qué me miras así?- me dijo graciosa.

-Porque no me lo creo…

-¿Lo que hemos hecho?

-Tenerte…tan bonita…no sé como he podido perder el tiempo en vez de haberte buscado toda la vida…

De nuevo su sonrisa vergonzosa con una negación leve de cabeza.

-¿Así te has camelado a todas las chicas?

Negué.

-No me hacía falta. Contigo me sale del corazón. Ya estamos aquí. No necesito decirte esas cosas para estar contigo en esta cama. Pero si no lo digo reviento.

-¿Sabes?- dijo dando vueltas con su dedo índice a mi ombligo que en ese momento quedaba muy cerca de mi polla- Que yo también me arrepiento de no haber sido más directa contigo…

Me incorporé para besarla pero ella me empujó con una risita divertida.

-Ahora te tumbas…-me dijo- que me toca hacerte cositas a mí.

Se agachó de nuevo sobre mi pecho besándolo. Al estar de rodillas mi mano tenía un acceso perfecto a su culo y además sus pechos colgaban sobre mi costado. Fue descendiendo por mi barriga hasta clavar su lengua en mi ombligo chocando mi polla contra su mejilla. Actuó como si no hubiera sentido nada pero al seguir su recorrido se topó con mi nabo. Como si se tratara de una armónica pasó sus labios por toda su longitud desde el glande hasta las pelotas haciéndome estremecer. Se le escapó una risilla traviesa y repitió la operación.

Sin usar sus manos, que las tenía apoyadas, una entre mis piernas y la otra en mi barriga, besó lateralmente mi glande y le regalé un gemido. Ahí giró la cabeza para mirarme haciendo el gesto muy sensual de apoyar su carita en mi churra. Pero fue girando su cabecita hasta que atrapó de nuevo mi churra entre sus labios sintiendo en piel tan sensible como pasaba la lengua. Fue cuando haciendo un ovillo con su cuerpo para caber de lado en cama tan estrecha apoyó su cabeza sobre mi vientre y ahora sí, con su mano, dirigió mi instrumento de follar hacia su boca introduciéndose la punta que succionó con sus labios provocándome un gemido prolongado.

Mi mano acariciaba su pelo mientras ella jugaba con su nuevo biberón. Sólo se introducía la punta que rodeaba con sus labios rozando con su lengua desde dentro. Era placentero pero mi cuerpo demandaba más acción. Pero así estuvo unos minutos. Yo no la veía chupar. Sólo su cabeza acostada y su espalda encorvada en un escorzo que se acomodaba al relieve de mi costados en el que se marcaba la concavidad de su cintura frente a la convexidad de sus caderas y su culo. Una suerte tener dos manos. Una para su cabeza y otra para el resto de su cuerpo que terminó colándose entre sus nalgas y rozando su sexo desde atrás. Su cuerpo se estremeció pero no cambió de postura.

De golpe la presión de mi dedo se coló en su chocho encontrándomelo bastante mojado. Alba gimió al sentirse invadida pero no dejó de lamer mi churra. Ante tanta excitación de forma refleja mis caderas empezaron a moverse de forma que casi la mitad de mi polla desaparecía dentro de su boca. Seguía sin ver pero sentía. Tampoco sabía si tenía los ojos abiertos pero según mi dedo se hundía dentro de su coñito apretado por la postura sentí su mano agarrar mis pelotas.

-Mmmmmm, Albaaaa….

-Mmmmm-respondió mimosa con mi polla en su boca.

Mis caderas se movían como si estuviera follando al mismo ritmo en que mi dedo se hundía en su sexo. Ambos gemíamos. No me creía hasta donde estaba llegando con mi novia. Me estaba encantando el descubrimiento. Entonces sentí que sus gemidos se volvían mas agudos y que empezaba a temblar. Mi dedo estaba hundido en su coño y casi pude notar sus contracciones. Su boca se abrió dejando que mi churra se escurriera fuera de ella hasta que noté como su diafragma se bloqueaba temporalmente vaciando sus pulmones hasta que empezaba a relajarse primero con contracciones rápidas que iban progresivamente ralentizándose.

Alba había tenido un orgasmo mientras me comía la polla. No era la mejor mamada de mi vida pero quizá sí la más importante.

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