MOISÉS ESTÉVEZ

  • Hola Karen. Ese es tu nombre. Karen. Es bonito. Me gusta. Llevas rato
    dormida y te preguntarás qué haces aquí. Bueno, te lo voy a resumir en pocas
    palabras para que te vayas haciendo a la idea. Vas a morir.
    Con las manos y las piernas atadas a la altura de muñecas y tobillos
    respectivamente, yacía bocarriba sobre un colchón en el suelo. Amordazada,
    sus gritos se ahogaban sin que nadie pudiera oírla, por lo que su impotencia
    crecía a la misma vez que la sensación de náuseas y dolor de garganta por el
    inútil esfuerzo.
    Mientras, en el otro extremo de la ciudad, Nick abandonaba el lugar de
    la desaparición hacia la comisaría, donde lo esperaba su nuevo compañero.
  • Buenos días capitán –
  • Ah. Hola Nick, Pasa y siéntate. Este es Abraham.
  • Encantado – dijo este levantándose antes de que aquel tomara asiento
    tendiéndole la mano – para mí es un honor estar aquí y poder trabajar contigo. –
  • No encuentro el motivo -respondió Nick abruptamente dándole un
    fuerte apretón al detective proveniente de la 21th.
  • Tu fama te precede, aunque sea antagónica a tu humildad. Espero
    aprender mucho de tu experiencia. –
  • Vale. Situ lo dices. –
  • Nick deja de ser un gilipollas. Tú no eres así. – dijo Stark.
  • Lo siento jefe. Lo siento Abraham pero últimamente ando un poco
    ‘así’… –
    reconoció mirando de soslayo al capitán.
  • Bueno, no te preocupes más de la cuenta, y no hace falta que te
    disculpes. Qué te parece si te invito a un café y me pones al día con el caso…

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