ISABEL GZ

9

Alonso ahora comprende la diferencia entre la Nila que finge un orgasmo y la que no lo hace”

Cuando Nila cruzó la puerta del Hotel, Alonso ya la estaba esperando. Como siempre, Nila rezumaba elegancia por todos sus poros. Aquella tarde lucía un ajustado vestido azul no tan corto como solía llevarlo con los clientes. A Alonso sólo le hizo falta una furtiva mirada de Nila para saber que algo le pasaba a la escort.

—Hola, vamos a registrarnos.— Le cortó Nila cuando él intentó saludarla.

No era normal que estuviera tan fría. No era la primera vez que quedaban y habían tenido sesiones solos bastante intensas e íntimas como para tener algo de confianza. Incluso habían tenido una con su mujer, Loreto, que gozó como nunca al ver a su marido siéndole infiel en vivo y en directo.

Su habitación era la 104 por lo que no tomaron el ascensor. Subieron por las escaleras aledañas sin dirigirse una palabra. Una vez en la habitación, Alonso tomó la iniciativa ante las malas ondas que recibía de ella.

—¿Vas a decirme lo que te pasa?

—No me pasa nada. No es de tu incumbencia.— Le respondió de mala gana.

—O no te pasa nada o no es de mi incumbencia. Las dos cosas a la vez no pueden ser.

—¿Y a ti qué más te da si sólo vas a follarme? No tengo por qué decirte una mierda— Aquella pregunta confirmó a Alonso que algo le pasaba a Nila. De su esposa podía esperar ese lenguaje pero a Nila nunca la había escuchado ese tono en una conversación normal.

—En la vida hay cosas más importantes que follar. Prefiero que me digas lo que te pasa a que hoy echemos mil polvos.

Al escuchar aquello Nila se puso a llorar y Alonso la abrazó.

—Tranquila, tranquila. Desahógate. Tranquila.

Por increíble que parezca, a Nila nunca la había abrazado un hombre de aquella manera. Sólo era un abrazo pero de alguna forma le traspasó el corazón. Un gesto mínimo de cariño puede resultar, en el momento certero, más adecuado para sacarnos del abismo que cien mil libros de autoayuda. Nila ya había hecho “servicios” estando mal anímicamente y ni un solo cliente, ni uno, había dado marcha atrás en sus objetivos sexuales.

—Es mi hermana.— Musitó ella todavía con lágrimas en el rostro.

Alonso ahora la tomó del brazo y la hizo sentarse en el único sillón de la habitación. Él se sentó en el borde de la cama.

—¿Qué le pasa?

—El miércoles le detectaron un bulto raro en el pecho y hoy le han hecho una biopsia. El lunes o el martes tendremos los resultados pero no puedo pensar en otra cosa. Mi madre murió de cáncer de pecho.— Nila estaba tan avergonzada de abrirse emocionalmente que no miraba a la cara a Alonso.

—Cualquier cosa que te diga— Alonso sí que la miraba— va a sonarte a tópico. Sólo puedo decirte que eso que sientes es más importante ahora mismo que cualquier cosa en este mundo. Yo solo soy un marido con una mujer rara que tiene que pagarte por follar para que su matrimonio no se vaya a la mierda como se estaba yendo.

—No digas eso.— Nila ahora miró a Alonso retomando el ánimo.— No debes maltratarte así.

—Es la verdad. ¿Habías visto algo más penoso que un matrimonio en el que la mujer anime al marido a ponerle los cuernos?

Nila sólo lo miraba ahora fijamente. Alonso seguía hablando.

—Son problemas de gente aburrida, problemas del primer mundo, no sé. Una gilipollez comparado con la posibilidad de perder para siempre a alguien que quieres. Porque de lo que estoy seguro es que tu hermana es muy importante para ti.

—Es el único apoyo que tenemos en este mundo, Alonso. Sin ella no podríamos vivir. Es quien nos mantiene a flote.

Ese plural había sonado raro pero él no quería preguntar más de lo necesario. Ya era bastante inusual que Nila se abriera emocionalmente como para indagar en cuestiones que no le incumbían. Nila se sentía extrañamente segura con Alonso y por fin reveló su pequeño secreto.

—Tengo un niño de cinco añitos.

—No voy a hacerte más preguntas. Lo que sientes es tuyo, tu vida es tuya y nadie, menos un mindundi como yo, debe meterse en ello. Sólo quiero preguntarte una cosa, ¿cuándo fue la última vez que has tenido una tarde para tí sola que no sea con un cliente, con tu niño o con tu hermana?

Nila sonrió pero no contestó.

—¡Por fin una sonrisa aunque sea pequeñita! ¿Qué te ha hecho gracia?

—Ahora eres tú el que se contradice.

—¿Qué?

—Has dicho que no ibas a hacerme ninguna pregunta más y luego me haces una pregunta.

—Es deformación profesional. En los juicios los abogados siempre estamos hablando y soltando preguntas hasta que el juez nos para. Pero insisto Señoría, ¿cuando fue esa tarde?

Nila ya estaba de otro humor. Se sorprendió a sí misma mirando a Alonso con cariño, un cariño que no había sentido por ningún cliente hasta ahora.

—¡Por lo menos ocho años! ¿Lore y tú tenéis hijos?

—No.

—Pues cuando los tienes ya no vives para otra cosa.

Alonso dedujo que Nila era madre soltera. Pero había prometido no preguntar y no preguntó.

—Tengo una propuesta que hacerte. Pensándolo mejor, no es una propuesta. Es una obligación. Para eso he pagado un pastizal por esta noche.

Nila volvió a preocuparse. Cuando un cliente decía algo así lo siguiente que salía era alguna guarrada sexual asquerosa.

—Vamos a salir— le expuso Alonso— y vamos a hacer esta noche lo que tú quieras. ¿No hay algo que quieras hacer, algún sitio al que quieras ir?

—No sé.

—Venga, Nila. Seguro que quieres hacer algo que no puedes hacer por este trabajo o ese niño que tienes.

—Me gustaría ir al Golonomo, es un local de monólogos. Me encantan, siempre los veo en youtube cuando les da por subirlos, pero las tardes y noches o tengo trabajo o tengo que estar con mi niño.

—Golonomo es monólogo al revés. No se han currado mucho el nombre.

Nila por sin soltó una gran carcajada.

—¡Te has dado cuenta! ¡Nadie se da cuenta!

—Tampoco hay que ser Einstein.

—¿Te gustan los monólogos?— Preguntó entusiasmada.

—Los odio.— Respondió Alonso— Pero eso ahora a ti te debe importar un pimiento porque vamos a hacer lo que a ti te gusta.

Resultaba extrañamente atractivo y seductor que alguien le pagara para hacer lo que ella quisiera.

—También me gustaría cenar en un restaurante asturiano. Me fascina el cachopo.

—Mira, eso sí que me gusta. Y la sidra.

—La sidra es casi lo mejor.— Nila ya había recuperado su ánimo jovial.

—¿Y tu abrigo?

—Lo tengo abajo en el coche. No pensaba que íbamos a salir y no hace frío.

—Ahora lo recogemos.— Alonso se levantó de la cama. Nila también hizo lo propio. Le pilló por sorpresa que Alonso le tomara las dos manos y la mirara con ternura.

—Nila, pase lo que pase con ese bulto, tu hermana y tu niño necesitan que seas fuerte. Y si puedes aguantar a tipos como yo cada noche es que eres la persona más fuerte del mundo.

Salieron. Nila se sentía extraña por la mezcla de sentimientos que aquella noche llevaba encima. De algo estaba segura. Por desgracia no todos los clientes eran como Alonso. El hecho de que él estuviera resultando especial le preocupaba ahora tanto como el resultado de la biopsia de su hermana.

—o—

Serían sobre la una de la madrugada cuando Nila y Alonso volvieron a la habitación del Hotel. En Nila ya había brotado un atisbo de alegría y el Alonso oxidado se había desinhibido. Habían pasado una velada encantadora. La sidra también ayudaba un poquito a desengrasar el ambiente tenso con el que comenzó la velada.

—¡El de la rana! El de la rana no puedo quitármelo de la cabeza.— Alonso se refería a uno de los monólogos que habían estado escuchando aquella noche.

—Ese Losko es un crack. Me habré visto como cincuenta videos suyos en youtube. Ya te he dicho que los que iban a hablar esta noche eran buenos pero ese tío lo peta.

—Sí, tenías razón. No me gustaban esos monólogos que echan por la Tele descafeinados y políticamente correctos. Pero estos podría soportarlos un poquito.

—Ya te lo dije.

—En lo que has hecho trampa Nila es en la comida.

—¿Por qué?— Preguntaba ella mientras se quitaba los tacones. Tenía ya los pies hinchados.

—Sólo te has comidos dos dedos del cachopo.

—¡Pero qué trolero eres! Me he comido medio cachopo.

—Ni hablar. Dos dedos que los he medido. El resto me lo he tenido que comer yo. No me extraña que no engordes. Yo tendré que pasarme la semana corriendo para quemarlo. Lore ahora me tiene atado en corto con el peso.

Nila se ríe y se tiende en el sillón cansada y alegre de la jornada.

—Gracias Alonso. Me lo he pasado muy bien.

Alonso en la cama se desabrochaba los cordones de los zapatos. Para él no era tan fácil descalzarse como para Nila.

—¿No se supone que eso es lo que hacéis las escorts? Acompañar a hombres elegantes a sitios elegantes.

—Eso es una jodida mentira— Nila que con la sidra haciendo efecto era tan deslenguada como su mujer— Somos putas, Alonso, ¡¡¡Putaaasss!!!

Alonso se sorprendió del grito.

—Tranquila. Perdona no quería…

—Es la puta verdad. Te exhiben como si fueras un trofeo o su puñetera muñeca. El último que me llevó a cenar a un sitio caro lo hizo porque al cabrón le ponía correrse en mis bragas y que yo fuera a cenar empapada en aquella mierda. ¿Crees que disfruté con eso?

Alonso se puso serio, comprendía lo que Nila quería decirle.

—Lo siento Nila.

—No pasa nada Alonso. Tú no tienes la culpa.

—Yo te he pagado por hoy, así que…

—Tú eres diferente. Tú no has querido irte nunca de putas. Ha sido tu mujer la que te ha metido en esta mierda.

Alonso se quedó paralizado ante aquello. ¿Qué podía decir? Nunca se lo había planteado así.

—Perdona, perdona.— Nila se dio cuenta de que había hablado más de la cuenta.— Cuando bebo más de lo normal siempre se me va la lengua. No tienes por qué escuchar estas cosas.

—Está bien escuchar de otros lo que uno no es capaz de decirse.— Le aseguró Alonso.

—Sí, a veces viene bien.

Pasaron unos minutos de tenso silencio sin que supieran qué decirse. Uno sentado frente al otro callados y mirando a cualquier detalle de la habitación. Como aquellos cuadros con tres trazos de colorines sobre fondo blanco que supuestamente eran arte.

—No tienes por qué estar aquí.— Alonso ahora acababa de quitarse por fin el último zapato aunque continuaba vestido— Ya te dije que hoy era un día exclusivamente para ti. Ve con tu hermana y tu niño.

—Ellos ya estarán dormidos.

—Aun así. Lo digo en serio. No tienes por qué estar aquí. A mi Lore no me espera hasta mañana y ya estoy muy cansado y bebido como para coger el coche a casa.

—Ahora no quisiera estar en ningún otro lugar del mundo.— Sentenció ella.

Alonso no sabía qué significaba aquello.

—Quédate así.— Volvió a ordenar. Cuando Nila ordenaba algo de aquella forma no había otra opción que obedecer. Alonso se quedó sentado en la cama con la ropa puesta. Nila también seguía vestida. Se levantó el vestido y con delicadeza se quitó las bragas dejándolas caer al tiempo que caminaba hacía Alonso. Se sube a la cama y se coloca sobre las caderas de aquel hombre sobre quien tenía sentimientos encontrados.

Era la primera vez que Nila sentía algo así por un cliente. «Será cosa del alcohol» pensaba mientras con su mano derecha buscaba la bragueta. Por fin consigue encontrarla. Se tiene que encorvar para poder sacarle correctamente el miembro a su cliente y al hacerlo Alonso tiene una vista perfecta de sus pechos. Por fin la encuentra el pene. Alonso ya está erecto y ella está caliente, por lo que no tiene más que guiarla a la entrada de su vagina y dejarse caer. Va a cabalgarlo como una amazonas. Va a ser ella la que mande. Alonso se da cuenta de que la lubricación de Nila es magnífica. Ya se la había metido varias veces desde que comenzaron a verse y nunca la había sentido así. Nila se arquea hacia adelante, y mientras se mueve va desabrochándole la camisa para dejar libres los pectorales de Alonso. Apoya las manos en ellos y comienza a moverse más rápido. Está dispuesta a cumplir con exactitud matemática lo que le pidió Alonso. Lo que quería era exactamente eso, no preocuparse del placer de otra persona que no fuera ella. «Esta noche es para ti» se repetía mientras movía con precisión las caderas. Al tiempo que mueve sus caderas sobre la polla de Alonso contrae y relaja sus músculos pélvicos. Alonso no ha sentido nunca nada igual. Es como si Nila tuviera una aspiradora allá adentro.

Nila se despeina cada vez más a cada movimiento de caderas, se ríe y suelta unos grititos que jamás se le habían escuchado, al menos Alonso no los recordaba. La gran polla de su cliente facilita el rozamiento con el clítoris desde aquella postura. Nila lo sabe y lo aprovecha en su beneficio. Se lo está follando bien follado. Alonso ya resopla de gusto, gritando que siga y que no pare. Nila no va a parar. Sabe lo que quiere y va a conseguirlo. Sólo salen de ella gritos de baja frecuencia, ronroneos de placer. Allí montada se niega a decir las palabras que solía decir a sus clientes. Nada de «eres mi macho» o «soy tu puta». Solo susurros de placer. Nada de palabras que no sintiera. Cuando se nota lo suficientemente a punto, deja de apoyarse en los pectorales de Alonso para abrirse el vestido y bajar su sujetador. Alonso casi explota cuando la ve frotarse los pezones. Ella sigue cabalgando hasta que se contrae, convulsiona y grita. Se está corriendo.

Alonso ahora comprende la diferencia entre la Nila que finge un orgasmo y la que no lo hace. El cuerpo de Nila ha caído ya hacia adelante y sigue resoplando como consecuencia de la intensidad del orgasmo. Alonso aparta el pelo de su rostro, la mira y le da un intenso beso que Nila corresponde. Sus lenguas juegan un ratito y Alonso comienza a desnudarla. Desbrocha lo que todavía queda abrochado del vestido, lo coloca con cuidado en una silla y acaba él de quitarse los pantalones y la camisa.

Nila se ríe al verlo sólo con los calzoncillos y erecto. Alonso tiene algo de gracioso de aquella manera. En genera todos los hombres desnudos en erección tienen algo de cómico. Si todavía llevan los calzoncillos, más cómicos resultan.

Alonso se los quita. Ahora están los dos completamente desnudos en aquella habitación. Nila tendida en la cama extiende las piernas, las arquea y las abre esperando que Alonso la penetre y se sacie como ella lo ha hecho hace unos minutos. Alonso se incorpora en la cama y se dirige hacia ella pero vuelve a sorprenderla. No va a penetrarla sino que sumerge su cabeza entre las piernas de ella buscando hacerla gozar de nuevo. Empieza primero por los muslos interiores besándola delicadamente. Alonso avanza poco a poco tomándose su tiempo en llegar a la vagina. Ahora se entretiene con los labios besándolos y lamiéndolos. Nota que Nila está receptiva. Y entonces sube al clítoris para lamerlo moviendo rítmicamente la lengua. Ella misma se lo había indicado en otras sesiones: «Si quieres comer bien un coño, deja la lengua relajada y muévela sin que esté tensa». Alonso cumplía diligentemente aquellas órdenes. Su lengua desplegada se movía encima del clítoris, primero de arriba a abajo, luego cambiaba de ritmo hacia los lados. Nila le daba indicaciones. «Así, así. Muévela ahora más deprisa. Más a tu derecha, así, así». Tener la boca de Alonso a su disposición ha sido otra de las sorpresas de la noche. No ha sido la primera vez que se lo ha comido pero sí es la primera vez que sentía que pensaba en ella. Con sus manos, Nila acaricia el pelo de Alonso. No guía su cabeza. Alonso sabe lo que hacer, sabe qué tiene qué lamer y Nila ya le ha indicado el ritmo que le gusta. Así que sólo tiene que acariciar la cabeza del hombre que tiene entre sus piernas como si acariciase a un cachorrito. Ella resopla y gime y Alonso se levanta. ¿Irá a metérsela ahora? Ella abre un poco más las piernas esperando el pene de aquel hombre. Pero Alonso es una caja de sorpresas esta noche. Se agarra la polla y la coloca justo a la entrada de su coño pero no la introduce. Con su capullo granate y reluciente comienza a masturbarle el clítoris. Nila carga ya con unos cuantos años de prostitución a sus espaldas y nunca jamás le habían hecho eso. Cosas más raras había soportado pero nunca que alguien la masturbara con su glande. Alonso repetía con su capullo los mismos movimientos que había hecho con la lengua. De arriba a abajo, en círculos. Carne contra carne de un modo directo. Nila no puede dejar de mirarlo y de excitarse. Alonso acelera. El truco está en no presionar con la polla demasiado sino dejar que el capullo friccione con suavidad ayudado por los jugos naturales. Alonso cambia el ritmo y lo compagina con la respiración de Nila que da otro gritito y se contrae sobre las sábanas. Ha vuelto a tener un orgasmo. A las mujeres les resulta más fácil repetirlo. Se sigue retorciendo echando la cabeza para atrás.

En el éxtasis, al encoger y estirar las extremidades le da un rodillazo a Alonso en la cara. Cuando se da cuenta reacciona mientras Alonso no puede parar de reírse.

—¡¡Ay, perdona, perdona!! No me había dado cuenta, perdona.

—No pasa nada.—Alonso estaba feliz. Nunca se había considerado un semental pero poder hacer gozar a una mujer experimentada como Nila era un reto que aumentaba su autoestima como hombre.

Alonso se levanta de la cama y Nila lo llama con la mano.

—Ven que ahora te toca disfrutar.

—Ya te dije que hoy era sólo para ti, Nila. Así que voy a ducharme. Y por cierto, he disfrutado.

—¡Todavía estas empalmado! Y no te has corrido. Ven, anda. —Insistía. Casi era una situación de orgullo. Quería pajearlo, chupársela, restregarse sobre él. Hacerle algo.

—No, cuando llegue a casa Lore me estará esperando. Tú descansa que te lo mereces.

Tras decir esto, Alonso se mete en el baño. Nila tendida en la cama, escuchando el agua caer, vuelve a estar preocupada. No sólo por el resultado de la biopsia de su hermana sino porque estaba empezando a sentir celos de la mujer de Alonso.

—o—

Viernes, sexta mamada.

Siempre me comía la cabeza cuando Nila y Alonso tenían una “cita” sin mí. Hasta ahora, Alonso y ella habían tenido varias pero yo sólo había participado en una. Dos si contamos la vez que me escondí debajo de la cama. Soy de palabra y había prometido que no preguntaría sobre esas sesiones y que a pesar del pacto con Alonso, él no me diría nada. Cada vez que se producía una de esas “citas” siempre me ocurría igual: un torbellino de sentimientos de inundaba. Cuando te ponen los cuernos y tú no sabes nada es como una piedra que cae en Plutón, ¿a quién le importa? Tú vives tan feliz sin saber nada. Cuando estás presente, participas y eres uno más. Pero de este modo sé que se ha producido un encuentro pero no sé exactamente cómo ni qué ha pasado.

Me decía a mí misma que los encuentros no tenían por qué tener mucho misterio. Follaban y ya está. Pero, ¿cómo lo hacían? ¿Qué le enseñaba ella? ¿Le enseñaría Alonso algo? ¿Algo que hubiéramos aprendido los dos juntos, algo íntimo nuestro? ¿Cómo actuaría mi Alonso? ¿Lo pasaría bien? «Eres tonta Lore» –yo mismo me contestaba—«claro que se lo pasa bien, se la estará metiendo hasta las trompas de Falopio». Y así pasaba la velada esperando a que volviera.

Sentí el coche llegar en la calma de la madrugada. Eran las cinco y yo estaba despierta en el sofá del salón pasando el tiempo navegando con mi móvil. Alonso enciende la luz buscándome. Sabe que suelo estar esperándolo.

Me levanto dejando el móvil en la mesilla buscando sus ojos cuando nos encontramos. No nos decimos nada. Con solo su mirada sé lo que siente. Me basta ver su rostro para notar que está encendido. Esta vez estoy con mi sudadera de Elvis y unos pantalones anchos de pijama del que ya hace siglos que no encuentro la parte superior. Alonso se acerca a mí. Sigue sin decirme nada, sólo traspasándome con sus ojos. Follándome con su mirada. Me toma de la cintura y nos damos un beso intenso en el que nuestras lenguas bailan y se retuercen una sobre la otra. Comienzo a desnudarlo. Le quito la chaqueta y luego le desabrocho los botones de la camisa. Beso su torso desnudo. Antes de que pueda centrarme en la bragueta, Alonso me quita la sudadera. Como no llevo sujetador mis pechos quedan a su disposición. No son grandes pero hoy cumplirán su función. Alonso los acaricia y me chupa primero el pezón izquierdo, que ya está erecto y luego el derecho que está más duro si cabe que el anterior. Estoy caliente. Y lo estoy no sólo por lo que me hace mi marido, sino porque me lo hace después de haberse tirado a Nila. La sensación de ser el segundo plato de la noche multiplica por diez cada una de las sensaciones placenteras.

Una vez que mi esposo ha decidido dejar de jugar con mis pechos decido cumplir con mi obligación. Lo prometí ante Nila y tengo que chupársela. A Alonso no parece importarle mi imagen: de cintura para abajo pantalones de pijama, de cintura para arriba, desnuda. De cuello para arriba sólo la boca abierta en forma de o para acoger su polla que ya lleva unos minutos tiesa buscando consuelo. La engullo hasta donde mi experiencia me lo permite. Cada día parece que me entra más polla en la boca que el anterior. Mi boca cada vez se adapta mejor a aquel inmenso trozo de carne. Desplazo los labios y comienzo a darle placer con ellos succionando y moviendo la cabeza a la vez. Mis ojos miran hacia arriba conectados siempre con los de Alonso. Muevo mi boca pero mis ojos siguen fijos en los suyos.

—Cari, cada día la chupas mejor.— No hace falta que me lo confirme. Yo ya lo sé así que esas palabras de Alonso provocan que me ría con la polla metida en la boca. Ya os dije que iba a ponerle empeño. Así que acelero buscando darle más placer. Gime y por el sonido parece que va a correrse. Pero no lo hace. Otra sorpresa más de mi marido que ahora aguanta mucho más.

Me toma de los hombros y me pone de pie. ¿Se supone que ya he acabado de mamársela? Me baja los pantalones y las bragas al mismo tiempo llevándolas hasta la pantorrilla y yo acabo de quitármelo todo. Ahora estoy desnuda. Me vuelve a besar al tiempo que me desplaza hacia el sillón tendiéndome en él. Sus grandes manos separan mis muslos. Tendida puedo ver perfectamente el capullo de su polla dirigiéndose hacia mi interior. Me penetra con facilidad. Estoy caliente y mi coño está receptivo. Ambos comenzamos a movernos. Él envistiendo con su miembro y yo acompasando las caderas a su ritmo. En medio del torrente de reacciones placenteras alcanzo a decirle.

—Nila dijo que…

No pude acabar la frase. Alonso había aumentado el ritmo sin avisar y ahora su rozamiento era más intenso. De nuestras bocas salen sonidos ininteligibles: oh, ah, mmm, agg. Es el idioma universal del folleteo. Continuamos fundidos en aquel sillón. Me canso de tener las piernas abiertas y cuando voy a bajarlas Alonso me las coge y me las mantiene extendidas. Su polla sigue entrando y saliendo. Me encanta mirar y ver el falo de mi esposo moviéndose entre mis labios vaginales. Cuando noto que Alonso está a punto, bajo mi mano y comienzo a masturbarme mientras me sigue follando. No necesitaré mucho esfuerzo. A los pocos frotamientos el calor del orgasmo ya recorre mi cuerpo y me llega hasta las orejas. Me retuerzo como una perra en el sofá. Alonso, excitado por mi orgasmo me penetra todo lo profundo que puede y se corre. Menos mal que tomo la píldora porque sus espermatozoides han tenido que llegarme hasta el hígado.

Nos besamos. Tras los orgasmos vinieron el agotamiento por lo que de aquel sillón nos fuimos a dormir directamente a la cama. No teníamos ya ganas ni de ducharnos. Ya cambiaré mañana las sábanas.

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