BELLA PERRIX

Por primera vez, me atrevo a contarte una situación que me está pasando desde hace poco tiempo y que ha cambiado mi vida, haciéndola menos monótona y dándole más gusto a la misma en el aspecto sexual y porqué no decirlo, en todo sentido, porque ahora me he vuelto más alegre y extrovertida que antes.

En parte, esta nueva situación se la debo a mi marido, él me enseñó cómo disfrutar del sexo, pero necesitaba un aliciente nuevo y se lo di por una sola vez, aunque he sido un poco traviesa, y sin él saberlo, he continuado por mi cuenta haciendo algo que prometimos hacer solamente una noche.

Me llamo Bella, soy una mujer casada de 38 años, morena, más alta de la media, y además, la verdad y sin falsa modestia, me conservo bastante bien, sin celulitis ni nada por el estilo. Tengo un pecho normal, de caderas anchas, glúteos bien firmes a pesar de mi edad y mis piernas conservan la misma piel tersa y suave como cuando era una veinteañera.

Reconozco que los hombres me miran bastante, más si uso ropa sugerente, cuando quiero ser deseada, como nos ocurre a todas las mujeres.

Durante veinte años casada con mi marido Rodrigo, que es un año mayor que yo, nunca le había sido infiel, salvo algunas veces en la imaginación y cuando algún hombre guapo me piropeaba, a pesar que él sí me engañó muchas veces, yo nunca intenté vengarme. Solamente una vez cuando un ex, sabiendo que mi marido y yo nos habíamos distanciado una semana por alguna pelea, me invitó a la playa a comer un ceviche en un bar, fuimos en su coche y ya en la mesa se me volvió a declarar.

Quizás por el enfado que sentía estuve a punto de aceptar su insinuación de irnos a un hotel, pero a última hora pensé en las consecuencias y lo dejé con las ganas.

Desde inicios de este año, mi marido empezó a entrar a internet y encontró la página de todorelatos. Una noche llegó del trabajo y de forma muy ardiente me pidió que tomáramos un vino en el balcón de casa. Sugirió que me pusiera sexy como a él le gusta (le fascina verme con minifaldas y tangas de hilo dental). Le dí gusto como siempre hago para que se sienta bien, aunque reconozco que a mi también me gusta.

Ya en el balcón, me senté frente a él y empezamos a hablar de diversos temas. Al calor de la bebida (yo casi nunca bebía más de una copa), me contó que había leído en internet casos de mujeres infieles e intercambios de parejas.

La verdad es que me interesó y le dije que me contara todo. Conforme me contaba los relatos, inexplicablemente sentí que me mojaba y cada rato iba al baño con algún pretexto, pero era para secarme mi parte íntima totalmente empapada. Mi sorpresa era enorme al sentir que cuando hablaba de mujeres que nunca habían tenido una experiencia fuera del matrimonio y tenían sexo con otros hombres, me producía tal excitación que aún es difícil entender, incluso me imaginaba en el lugar de ellas y sentí que tuve una sensación de excitación previa al orgasmo que parece que él se dio cuenta. Después de varios días comentando sobre este tipo de juegos y relatos, empecé a interesarme aún más en ellos y verlos como una posible realidad.

Una noche, mi marido llegó a casa y me pidió lo mismo, acepté encantada. Esperamos que los chicos se durmieran, me puse una faldita blanca muy sugestiva, tanga también blanco pero diminuto, blusa negra sin sujetador y tacones altos (esta ropa a él le gusta muchísimo). Nos fuimos al balcón del segundo piso y empezamos a tomar vino y conversar. Al rato inició su conversación que ahora era su preferida, la de las infidelidades femeninas. En ese momento me percaté que le gustaba oír de mí algo parecido porque me preguntaba si yo nunca lo había engañado o si lo podría llegar a hacer. Me propuse seguirle el juego y calentarlo completamente aunque a mí también me estaba gustando mucho sentir esa sensación de serle infiel.

Precisamente frente a nuestra casa había un edificio de cinco apartamentos y estaba asomado en su balcón un hombre que era miembro de la Infantería de Marina, bastante guapo y atlético, de unos 30 años y moreno. Nunca le había contado a mi marido que ese hombre cada vez que se asomaba me saludaba muy amable y no me quitaba el ojo de encima.

Bueno, esa noche me dispuse a ver su reacción ya que siempre había pensado que era muy celoso. Cuando le dije que le quería contar algo pero que no se enfadara, me dejó con la boca abierta al decirme que no me preocupara y que le interesaba saber si yo lo había traicionado con otro hombre… al decir esto se puso nervioso de la excitación. Me lancé al ataque y le dije que nunca lo había engañado pero que si tenía ganas de estar con otro hombre para saber qué se siente. Le gustó mi confesión, trajo más vino, se acomodó y empezó a beber más seguido. Me dijo, quiero que me cuentes todo, quien te atrae y que has pensado hacer y no te preocupes que no voy a enfadarme, al contrario, me gustaría escuchar con todo tipo de detalles.

Mira, dije, el militar de enfrente siempre me mira insistentemente cuando tú no estás y me saluda en una forma coqueta y la verdad es que nunca me disgustó que lo haga, es guapo y moreno como a mí me gustan. Respondió ¿pero nunca habéis salido juntos?, dije que no pero que cuando peleabamos me daban ganas de ligarmelo.

Su respuesta fue asombrosa: vamos a ver si un día de estos al verte sola, te intenta ligar o si te propone algo, lo hablamos.

Unos días después, el militar se asomó, me saludó y le respondí con una sonrisa coqueta, me di cuenta que le gustó mi cambio y como la calle que nos separa es estrecha me comenzó a hablar y yo le fui dando conversación.

A la semana, al salir del trabajo, encontré en la acera a mi marido y al militar conversando amigablemente, mi marido me llamó y me presentó. Era super guapo y sensual para hablar y dar la mano, demostraba seguridad en sí mismo.

El sábado por la noche, cuando los chicos se fueron a la discoteca de la playa, salimos al balcón nuevamente a tomar unas copas. Esa noche habíamos quedado en hacer algo fuera de lo común.

Mi marido me compró una faldita roja, un tanga del mismo color que  solamente me tapaba mi raja por detrás y por delante sólo los labios vaginales, la blusa a su gusto muy apretadita al cuerpo, dejando ver mi ombligo.

Bueno, me puse sexy a más no poder, me rasuré el vello de mi sexo dejando un triángulo pequeño en la parte superior. Así, ya lista para una noche sensual, salí al balcón: como a las diez y media de la noche, llegó el militar, subió a su apartamento y salió como de costumbre. Nos saludó y se sentó a tomar una cerveza mirando de reojo cada momento.

Mi marido se dio cuenta de esto y me dijo, parece que si te tiene ganas, yo me reí y él soltó la propuesta que cambió la rutina sexual de mi vida. Mira Bella, quiero ver como se pone ese tipo cuando te vea en mini, paseate por el balcón y coqueteale.

Me quedé mirándole dudosa y me dijo que me tranquilizara que solamente quería poner en práctica algo que leyó en un relato. Bueno, con un poco de verguenza, me lancé decididamente a complacerlo aunque en el fondo yo era la más deseosa de hacer esto, siempre quise coquetear descaradamente y mucho mejor con su aprobación, pero me dijo que lo hiciera cuando él se marchase para hacer que el militar crea que solo coqueteaba a espaldas de mi marido. Me puse de espaldas al balcón y de vez en cuando miraba hacia donde él.

Este hombre se dio cuenta de mis insinuaciones y me hacía gestos hasta que se atrevió a lanzarme un beso volado. Cuando mi marido se levantó a por hielo, quedé frente al amigo y me tiró otro beso, le sonreí con coquetería y le hice señas que ya volvía mi marido, le conté lo sucedido y se rió. Pasó el tiempo y mi marido ya no aguantaba más, estaba con una erección monumental. Me hizo sentar y me dijo:  mira, tu nunca has tenido nada con otros hombres y yo quisiera que algún día me compararas para saber si lo estoy haciendo bien o no. Me quedé mirando y le dije que cuando me querría ver eso. Me respondió que yo decidía. En actitud de broma le dije: quiero ahora, en este momento, ¿aceptas?. Poniendo cara de triste me dijo que por mi felicidad iba a aceptar, pero que lo haga ahí en casa, no por otro lado. Me entró una alegría inmensa y me preparé a hacer lo que siempre soñé: ser acariciada, poseida y penetrada por otro hombre. Aunque debo confesar que con mi marido nunca quedo insatisfecha, quería sentir la sensación de serle infiel por una vez y gozar con algo nuevo.

A las dos de la mañana llegaron los muchachos y se encerraron en sus habitaciones para dormir. Mi marido entró y se acostó en el sofá, precisamente para que el militar viera que también se iba a dormir, después se arrepintió y se levantó. Me quedé muda cuando fue al balcón y le dijo que porqué no venía a casa a tomar algo para que no esté solo. El tipo aceptó y ni corto ni perezoso bajó. Le fui a abrir la puerta, mandada por mi marido, él entró y me saludó con un beso en la mejilla. Fuimos al balcón y empezó algo tan rico que siempre lo recordaré. Con la bebida me convertí en una mujer desenvuelta y coqueta. Mi marido me miraba y no podía creerlo, pero sonreía discretamente. Yo lo miraba a él y no creía que aceptara que su mujer coqueteara abiertamente en sus narices. Los dos disfrutábamos de nuestra nueva situación y ahora se lo agradezco profundamente, lo amo y deseo más, aunque también deseo por momentos revivir lo que viví tan intensamente esa noche.

Ya bien entrada la madrugada, nos dio frío y bajamos a la segunda planta de la casa, mi marido primero, yo le seguía y luego el hombre que me hizo disfrutar como una buena zorrita. En la escalera me alcanzó Toño (el militar) y me quiso ayudar a bajar, le respondí que no estaba mareada y se lo agradecí coquetamente, me miró a los ojos y sólo dijo «nunca imaginé que fueras tan alegre además de sexy», otra vez respondí con más coquetería «gracias» y me reí discretamente.

En la sala de abajo, pusimos música y mi marido me sacó a bailar una balada, pero al agarrarme de las caderas, sentí que se me subía un poco la mini, me di las mañas para ponerme frente al espejo mirando de reojo y comprobé que se me veía el tanga y una parte de las nalgas. Para disimular me hice la mareada y dando vueltas logré pasar por donde estaba Toño.

El espejo de frente lo reflejó mirándome el culo. Nos sentamos a seguir bebiendo cuando le pidió a mi marido si podía bailar conmigo, aceptó enseguida y salimos. Mi marido fue a la cocina a no se qué y él me cogió de la cintura, le puse discretamente mis senos en su pecho de militar y Toño entrelazó sus manos en mis caderas. Ahí sentí todo su potencial de hombre. Me encantó sentirme abrazada por otro macho y empecé a cantar en voz baja siguiendo la canción. En el oído me susurró «gracias por permitirme bailar contigo» y me besó en la oreja, me estremecí involuntariamente y le pedí ir a sentarnos. Volvió mi marido y Toño fue al baño.

Al regresar ya estaba Rodrigo a mi lado y él se sentó al frente de mí. Poco a poco, me dediqué a la difícil pero exquisita tarea de abrir las piernas para que viera con más tranquilidad mi tanga mientras yo disimulaba mirando a otro lado. Me percaté que el bulto de su pantalón se hacía más grande y de pronto se levantó para bailar nuevamente, lo hice pero esta vez, él me metió los dos pulgares por la falda llegando a tocar mi tanga, le pedí que sacara las manos de ahí y se me declaró, mi marido dio la espalda para poner otra canción y cuando nos sentamos Toño fue nuevamente al baño (supongo que a lavarse el semen que de seguro había goteado, como igual me pasaba a mí con mi tanguita mojado). Rodrigo me preguntó de inmediato si pasó algo y le dije que me gustaría estar con ese hombre solamente esa noche. Oh, nueva sorpresa. Me dijo que esa noche era para mí enterita pero que le diga a Toño que él no sabía nada de mi engaño, pero que nunca más lo iba a hacer. Quedó prometido. Le dijo a Toño que estaba mareado y que le agradecía por haber venido, se despidió y se fue.

Le dije a Rodrigo que nos fuéramos a la habitación a ver que hacíamos. Acordamos que él se iba a hacer el dormido. Me puse un body de encaje con un tanga y con su consentimiento fui arriba a cerrar la puerta del balcón. Haciéndome la inocente salí al balcón así como iba vestida y escuché un shiii…, miré al frente y era Toño. Dijo. Quiero hablar contigo un momento, ¿puedo ir un ratito?, le dije que fuese en silencio poniendo un dedo en los labios y le fui a abrir, pero antes de eso le dije a Rodrigo lo que estaba pasando. Apagué las luces de arriba y bajé. Abrí y entró Toño. Qué pasa Toño, le pregunté, él respondió, es algo bastante largo, ¿puedo entrar?, ¿tu marido está dormido? Sí, le dije, parece que se emborrachó bastante. Le permití entrar y al hacerlo me hice la asustada, ay, que vergüenza, por el apuro bajé así, respondió que no me preocupara, que así estaba bellísima.

Nos sentamos en la sala a media luz y me rogó que le diera una copa. Al ir a servirle al bar, sentí que me taladraba el culo con la mirada. Al volver, me clavó los ojos en mi parte íntima, me estremecí de gusto, le di la copa y me pidió que me sentara a su lado, lo hice y al instante comenzó a decirme que era bella, sexy, sensual y tantas cosas más que dicen los hombres cuando tienen a una mujer ajena con lencería, mostrando todo y sin poder acariciarla, le respondí que estaba muy mareada y que no sabía porque lo había dejado entrar a riesgo que bajara mi marido y lo viera ahí. Me tomó de la mano, la besó algunas veces. Me dió un trago y ahora si me hice la mareada totalmente. Me levanté «cuando casi me caigo alcanzando a tomarme en sus brazos», me acostó en el mueble grande y yo a propósito me puse boca abajo diciendo, que mal que me siento Toño. El decía tranquila princesa, descansa un poco, mientras tanto te voy a dar un masaje para que te pase la bebida. Empezó a sobarme el cuello e iba bajando por la espalda y volvía a subir.

Entonces ideé algo para que al día siguiente él creyera que era porque estaba borracha. «Ya medio dormida y mareada» le empecé a decir, Rodrigo, tengo sueño (le iba a hacer creer que quien me masajeaba era mi marido» y no se si cayó en la trampa porque me respondía despacito «si mi amor, descansa tranquila que yo te cuido». Como a los diez minutos sus masajes fueron bajando de mi cuello a mi espalda hasta que llegaron como era lo esperado por mí hasta mi culo y ahí se quedaron. Se dedicó a darle un masaje completo, me bajó el tanga y se pegó a besarme mi huequito con tanta pasión que «desperté medio dormida».

Dije en voz baja, Rodrigo que gustito siento, la bebida me mareó pero no quiero dormirme sin que me hagas el amor. El hombre no esperó más. Yo seguía con los «ojos cerrados totalmente borracha». Solamente sentí unos brazos que me giraron boca arriba y unos dedos que me separaban el tanga que cubría mi coño, luego una lengua que me devoraba mi interior, esa lengua mordía mi clítoris y me sumía en la completa felicidad, yo me estremecía de gusto, sabiendo que no era mi marido y que estaba siendo infiel con su consentimiento, pero si me imaginaba que él estaría arriba en la oscuridad mirando todo como era su fantasía y más me excitaba saber eso.

Cuando me di cuenta, Toño estaba desnudo y yo lista para ser penetrada, «me quise despertar» porque sentí que mi vida iba a cambiar de ahora en adelante, pero al sentir un pene enorme por el grosor de su cabeza, mandé todo mi pudor hacia otro lado y me preparé a sentir dentro de mí lo que ahora pienso fue mi mejor y única aventura sexual. Al penetrarme, Toño lo hizo tan potente que involuntariamente gemí con fuerza, pero es que fue tan delicioso sentir ese miembro enorme dentro de mí que lloraba de alegría y deseos. Toño me hizo el amor casi dos horas, me puso en todas las poses imaginables e inimaginables, se inventaba posiciones y eso me encantó tanto que tuve cuatro orgasmos y de los buenos que al terminar el último, alcancé a decirle con tanta felicidad, gracias mi amor mi amor, me has regalado la mejor noche de mi vida. Me quedé dormida abrazada a él, cuando sentí que me despertaban y era Rodrigo. Vamos arriba, báñate y te espero en la cama.

Dormí plácidamente, aunque mi marido no me hizo el amor, yo estaba satisfecha.

Desde esta experiencia, mi marido me pega unas sesiones de sexo que me sorprenden por su forma de hacerlo, parece que vio todo lo que me hizo Toño y la verdad es que mi marido es tan impetuoso o más, aunque su miembro no es tan grande, lo hace bien y lo sabe utilizar, que no hace falta buscar a Toño. Pero como dije al comienzo, Toño se las ingenia para buscarme cada tiempo y lo hacemos rápido y cañero.

Reconozco que los dos son buenos amantes, pero si tengo que escoger les diré que nunca cambiaré a mi marido por Toño. Mi marido tiene todo, me satisface, me llena totalmente, me hizo probar otro hombre y lo comparé. El otro es mejor dotado, come rico, hace el sexo cañero, pero es la novedad y el gusto de sentirse infiel como toda mujer alguna vez imagina, pero mi marido es tan bueno que le permito cualquier aventura escondida, aunque siempre le digo que use preservativo. Mi vida tiene otro sentido. Hice lo que siempre quise hacer, tener otro hombre con la venia de mi marido y los comparé.

Mujeres del mundo, por favor, les ruego seamos más sensatas, en verdad es bueno sentir otro hombre en nuestras vidas, pero no nos dejemos llevar solamente por el sexo, el sexo es solamente eso, SEXO, el sexo con amor es riquísimo, no cambiemos lo bueno de toda la vida por lo buenísimo de solo unos pocos días.

BellaPerrix ❤️

2 comentarios sobre “Mi marido me hizo probar a otro hombre

  1. Tal cual, lo más hermoso es el respeto, la libertad y el respeto en la pareja para el disfrute de ambos. Si hay consenso está bueno, pero no que ella lo siga haciendo a espaldas de él. Eso no.

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