ALMUTAMID

Al día siguiente temprano me fui a mi futura facultad a solicitar plaza e iniciar los trámites del traslado. ¡Andando! En 20 minutos andando llegué y tras una breve cola, pues ya había alumnos solicitando la preinscripción tras haber hecho la selectividad, entregué la solicitud y una copia de mi expediente, pues hasta que no solicitara la convalidación de asignaturas no debía entregar el original.

De regreso me pasé por las puertas de los institutos cercanos para dejar carteles de mis clases particulares para el verano con alumnos de bachillerato. Los colgué en los tablones de los institutos y en farolas cercanas. Al último al que fui, donde yo había estudiado fui ya con Alba pues había pasado por su casa a recogerla.

Todo estaba normal y parecía que nuestra pequeña crisis del día anterior no había cambiado en nada nuestra relación. De hecho mi chica estaba especialmente cariñosa y no me soltaba la mano, la cintura o caminaba con su mano metida en uno de mis bolsillos traseros.

Me ayudó a pegar los carteles y cuando pasado el mediodía recibí las primeras consultas me hizo de secretaria apuntando nombres. Incluso cuando le hablé del plan del fin de semana seguía con la intención de venir. Ya lo había hecho el verano anterior sin ser novios por lo que tampoco era una novedad.

Para mejorar el día, por la noche hubo partido con mis amigos y tras el mismo hubo quedada general con cerveza de por medio donde vinieron las novias de varios de los que jugábamos incluyendo a mi chica y Leyre, aunque también vinieron Viqui y Mikel.

Leyre anunció que ya estaba organizando la tradicional barbacoa de inicio de verano en su casa momento que aproveché para recordarle a Alba que nos habíamos conocido allí, pues como bien sabéis ella era la chica de grandes pechos a la que le asomó un pezón oscuro al tirarse a la piscina acompañando a Nieves.

Lo pasamos muy bien e hicimos bastantes planes. Entre ellos irnos a la playa un fin de semana juntos para estrenar el apartamento de mis padres. De regreso a casa Alba y yo nos enrollamos en su portal pero sin llegar a meternos mano. Yo no me atreví y ella no me buscó aunque nuestras bocas sí se disfrutaran.

No me disgustaba del todo mi nueva rutina que esperaba que se convirtiera en permanente. A la mañana siguiente me quedé sorprendido porque ya tenía formados los grupos para dar clase, uno de 2º de bachillerato y otro de 1º. Y una curiosidad es que todos eran chicas. Se lo dije a Alba que se puso muy contenta.

Ella había pensado también sacarse algún dinero pero su padre no estaba muy conforme así que le propuse que probara con las clases particulares de recuperación de verano como yo. Pero el problema era el espacio de casa.

-¿Y si las das en mi casa?-le propuse.

-Con tus padres allí…puff, no sé. Qué corte…

-Por las mañanas no están. Yo cojo más alumnos y funcionamos como una academia. Si quieres para estar más segura tú te encargas de los de 1º de bachillerato y yo de los de 2º. Cogemos dos turnos tres días en semana y así tenemos libres martes y jueves. ¿Qué te parece?

Alba se quedó pensando un momento mientras yo esperaba su respuesta. Entonces preguntó:

-¿Tú y yo juntos?¿Dando las clases?

-Nos repartimos el dinero.

-Eso es lo de menos. Tú con unos estudiantes y yo con otros pero juntos en tu casa. Y con el dinero que saquemos aprovechamos los findes de semana.

-Exacto.

-Lo voy a consultar con mi madre pero me gusta.

-Tú sí que me gustas…-fue mi respuesta justo antes de besarnos.

¿Corríamos demasiado? ¿Nos faltaba confianza? No lo sé, pero os puedo prometer que nada era forzado. Todo salía espontáneamente. Además me salían más alumno de los que yo podía atender por lo que al final nos permitiría ganarnos un dinero extra, y qué mejor que disfrutarlo juntos.

Evidentemente su madre no puso ninguna pega. Y aunque su padre era reticente el hecho de que fuese un trabajo de verano, de carácter académico y que no interfería con sus estudios fue suficiente para que ya citáramos a los alumnos el día 1 de julio en mi casa. Uno trabajaría en el salón y el otro en la sala de estar.

Ese mismo día por la noche salimos todo el grupo, incluidos Nieves y Álvaro que ya mostraban un comportamiento más natural de pareja. Yo no habría aportado nada por ellos dos pues me sonaba a capricho de Nieves como le había pasado con Alberto pero pensando en el chaval si estaba disfrutando de las mamadas furtivas de mi examante, que le quitaran lo bailado, en este caso lo comido.

Tenía una sensación extraña, y no era la de salir todos en pareja. Era otra. La sensación de que esta iba a ser mi nueva normalidad. Y me gustaba. ¿Qué no follaba? Ya follaría. Pero me sentía rodeado de personas con las que en el fondo tenía más en común que con mis compañeros de la residencia, los del equipo especialmente Dani, o con las personas que había conocido en Lieja. Llamadlo sentimiento de tribu, pero me sentía más integrado y reconocido como miembro que en los grupos anteriores donde siempre había algo que me hiciera no encajar del todo. Algún prejuicio, alguna distancia mental, o simplemente caracteres muy distintos. Había aprendido mucho pero éste era mi lugar.

De vuelta a casa Alba y yo nos quedamos un rato en nuestro callejón besándonos pero como nos había ocurrido desde el viaje no nos atrevíamos a meternos mano. Yo de todos modos no tenía prisa pues pasaríamos todo el sábado juntos en mi casa y si surgía algo desde luego en la intimidad de una casa sería más agradable que en un callejón con cierto tufo a orines.

Lo que no me gustó fue llegar solo a casa. Teniendo la casa para mí me habría gustado mucho más dormir con Alba. Estaba acostumbrado en la residencia a poder dormir con la chica que me gustaba y esa libertad la perdía ahora que tenía novia por vivir con nuestros padres ,que además, en ese sentido eran bastante tradicionales. Quizá, desde que sabían que la niña tenía novio yo temía que se volvieran más controladores con sus entradas y salidas. Aunque cuando Alba llegó a mi casa al día siguiente a la hora de comer y le preguntó qué les había dicho a sus padres ella me respondió con naturalidad que iba a comer conmigo.

-¿Y no te han puesto problemas?

-Bueno…no saben que estás solo en casa…

Y es que fijándome en la ropa que traía mi chica iba vestida como si fuera a pasar en la calle un día de calor, con un top de tirantas suelto que colgaba desde el volumen de sus tetas y un short blanco de los que se abran en el pernil tapando el inicio de los muslos.

Yo dudé en como recibirla pues estando en casa solo andaba en calzoncillos, pero me pareció que a lo mejor la cohibía de esa forma y me pude unas calzonas aunque me dejé el torso desnudo, pues así la había recibido el verano anterior cuando sólo éramos amigos.

Para no ensuciar demasiado comimos en la cocina y nos pusimos a comentar lo que había pasado la noche anterior. Y, claro, yo quise saber si mi novia había hablado con Nieves así que lancé la siguiente pregunta:

-¿Tú te crees lo de Nieves y Álvaro?

-¿Por qué no me lo iba a creer? Llevan meses juntos.

-Porque no pegan. Él es tan tranquilo…y ella…

-Ya…-dijo mi chica con una sonrisita maliciosa- que crees que Álvaro no tiene sangre.

-Bueno, eso aparenta.

-Jajajajaja. Pues no es lo que dice Nieves.

-¿Habláis de eso?

-Noooooo. Yo no. Bueno, con ellas yo. Bueno, que no digo nada de ti y de mí-se justificó nerviosa, pero remató diciendo- Tampoco creo que tenga que explicarle a Viqui y Nieves como eres…

-Joder, suena a reproche- respondí molesto.

-Noooooo. Mi lindo, que no es eso. Es que tú eres conocido. Pero Leyre si le preguntó a Nieves por Álvaro y Viqui pinchó, como en la Madrugá en casa de Mikel.

-Ya, ya. Bueno ¿y qué dice Nieves?

-Que Álvaro engaña. Que parece tranquilo pero que después es más fogoso. Tampoco dio más detalle.

-Mira el rubiales…

-Ains, no hables así de él, jajajaja.

Tras el almuerzo decidimos tirarnos en el sofá a ver una película pero evidentemente los pantalones la molestaban así que le dije que se los quitara pero no le hizo mucha gracia la idea así que le propuse dejarle una camiseta mía larga. Aunque somos casi de la misma altura ella tiene las piernas más largas y los hombros más estrechos por lo que mi camiseta le cubría como un camisón corto.

Yo dejé que se cambiara tranquilamente en mi cuarto mientras yo ponía la película y la esperaba en el sofá. Cuando llegó andando descalza se sentó juntando sus piernas para taparse con la camiseta, pero yo hice que las estirara para echarme en su barriga. Me acogió de buena gana acariciándome la espalda mientras yo hacía la propio con sus piernas.

La verdad que estaba muy a gustito echado sobre mi niña mientras ella jugaba con su mano en mi espalda y mi cabeza revolviéndome el pelo. Ella flexionó su pierna exterior quizá para tener más apoyo quedando el filo de la camiseta muy al borde de sus bragas. Ese cierto abandono suyo me recordó al verano anterior. ¿Qué habría ocurrido entonces si Claudia no hubiese reaparecido fugazmente en mi vida?

La película se terminó pero no nos movimos del sofá. Eso sí nos pusimos a hablar. Mientras charlábamos mi mano empezó a jugar con el filo de la camiseta intuyendo sus braguitas de algodón que parecían de color lila como con estrellitas. Ella seguía charlando sin prestar aparentemente atención al movimiento de mis dedos. Creo que yo me estaba poniendo más nervioso que ella.

No me lo pensé más e incorporándome ligeramente acerqué mi rostro al suyo para que me besara. Alba me dio un pico pero siguió hablando, pero cuando insistí me besó. Me arrastré dejándome caer sobre su cuerpo que seguía con la pierna flexionada quedando mi cabeza ya a la altura de su hombro.

-Parece que estabas deseando que acabara la película…me dijo sonriente.

-Mucho he aguantado- respondí tirando de ella hacia abajo para que su cabeza quedara a la altura del cojín lateral del sofá.

Ahora ya frente a frente nos besamos con lengua. Al resbalar mi camiseta se había subido quedando ahora sus braguitas a mi vista. Mi mano subió de su muslo al lateral de su prenda interior mientras su otro muslo se encajaba entre mis piernas.

-Por aquí abajo hay algo durito…-me dijo jocosa.

Mi mano subió si vientre dejando su ombligo para hacer círculos con mi dedo alrededor. Iba a preguntarle si estaba mojada pero no me atreví. Así que me limité a cortejarla:

-Es lo que tiene estar tumbado en un sofá con una tía que está tan buena.

-Voy a tener que tocar a este niño para que algo se baje…

-No…

-¿Ah no?¿Y eso?

-Porque voy a tocar yo…

La palma de mi mano se apoyó completamente en su barriga sintiendo su agitación pero no me decía nada aunque hizo el gesto reflejo de juntar sus piernas aunque no pudo por estar entrelazadas con las mías. Así que subí mi palma hasta sus tetas que seguía bajo la camiseta, pero cuando ya agarraba uno de sus pechos con mi mano dejé de besarla y le dije:

-Pero me estorba algo…

Quizá llevados por nuestro “fracaso” en el coche volviendo de la residencia cuando hice el gesto de quitarle la camiseta mi chica se incorporó para que se la quitara. Llevaba un sujetador blanco liso a juego con las estrellitas blancas de sus bragas. Acaricié su pecho izquierdo y la miré a los ojos. Alba me observaba con una mezcla de entrega y deseo que no sabía cómo interpretar.

-Dios mío, qué bonita eres…-exclamé.

Y sin que yo le dijera nada más pasó su mano por detrás de su espalda soltando su sujetador. Con parsimonia se lo sacó por los brazos y lo puso en el suelo junto a la camiseta. Yo me incorporé hasta ponerme de pie junto al sofá observándola mientras ella evidentemente excitada esperaba mi siguiente paso.

-No me mires así- me pidió tapándose la cara con sus manos- me pones nerviosa…

-Estoy admirándote…

-Pero me da vergüenza estar desnuda.

-¿Con tu novio?

-Nunca nadie me ha visto así.

-Pues es un honor ser el primero…desde luego de tu cuerpo no te puedes avergonzar. Eres preciosa.

-Lo dices para llevarme al huerto.

-Estoy admirando una obra de arte de la naturaleza. Si pones los brazos detrás de la cabeza tengo a mi propia maja, como Goya.

-Jajajaja, mira que eres…

Con timidez y cierta duda Alba fue subiendo los brazos hasta imitar la posición de la maja en el famoso cuadro de Francisco de Goya. Al hacerlo sus pechos se elevaron marcando sus costillas al respirar pues su diafragma al contraerse hacía que su barriga se agitara.

-¿Así?-preguntó con las mejillas encendidas.

-Ahora me siento el hombre más envidiado del mundo.

-Pero esto no se lo cuentes a nadie.

-¡Por supuesto! Te quiero sólo para mí…

-Ay Luis, qué vergüenza…

-¿Qué te avergüenza? ¿Estar desnuda delante de mí? Eso tiene fácil solución…-respondí quitándome con rapidez calzonas y calzoncillos haciendo que mi polla totalmente erecta saltara-…ya estamos igual.

Alba se puso una mano en la boca reprimiendo su corte pero le rogué que no cambiara de postura y a pesar de su turbación volvió a colocarse con ambos brazos detrás de la cabeza.

-¿Qué te da más vergüenza verme o que te vean?

Mi chica me miraba observándome intentando evitar mirar hacia mi polla. Yo continué diciendo:

-Te aseguro que esto me pasa en el vestuario después de un partido o en el médico- comenté señalándome la polla- y me muero de la vergüenza, pero delante de mi chica desnuda es lo más normal que me puede pasar…

-Ahora mismo aparecen tus padres y me muero, jajajaja- contestó nerviosa.

-Tranquila que eso no va a pasar. Estamos solos tú y yo. Y nadie puede vernos. Aunque hay un fallo.

-¿Qué pasa?

Me acerqué al sofá y me senté junto a sus piernas. Mi novia me observaba. Algo nervioso temiendo su reacción respondí:

-Para ser mi maja te sobra algo…

Cogí sus bragas por los laterales e hice el gesto de quitárselas. Pensé que iba a detenerme pero no dijo nada ni cambió de postura. La miré a los ojos y procedí a tirar hacia sus muslos de la delicada prenda lila con estrellitas blancas. Inmediatamente su pubis rematado en un rombo de vello oscuro recortado apareció ante mis ojos mientras yo desenrollaba la prenda descendiendo por sus piernas. Pude adivinar sus labios muy marcados y apretados aunque juntó sus muslos tan rápidamente que apenas pude observar su raja. Cuando terminé de sacar la prenda por sus pies me levanté de nuevo para admirarla.

Mi chica apretaba los muslos poniendo uno ligeramente sobre el otro para ocultar su coño pero su monte de Venus oscurecido por el vello remataba el camino casi interminable entre sus pechos y sus muslos. Estaba preciosa aunque sus mejillas delataban su turbación.

-Alba, eres tan bonita…

Ella intentaba marcar una sonrisa pero le costaba trabajo por su vergüenza.

-Eres la maja más hermosa…

-Ay Luis, me estoy muriendo…

-Y yo, pero no de vergüenza precisamente.

Me acerqué al sofá y me senté en su costado. Le di un pico.

-No sabes lo que significa esto para mí- le dije.

-Jajajaj- rio nerviosa- Pues para mí ni te cuento.

Volví a besarla. Hizo el intento de bajar un brazo para agarrarme la churra. Pero la detuve.

-No. Tú no tocas. Me toca a mí…

La forcé con mi brazo a recuperar la posición original y mirándola a los ojos le enseñé el dedo índice de mi mano izquierda. Lo apoyé en la punta de su naricilla haciendo que casi se pusiera bizca. Recorrí su mejilla bajando por su cuello para llegar hasta su hombro. Evité su axila para no hacerle cosquillas pero me encontré con su pecho. Su respiración se agitó cuando mi dedo empezó a recorrer su redondez pero sin llegar hasta el pezón pues lo rodeé con círculos dirigiéndome después al otro y repitiendo el mismo juego.

Ambos guardábamos silencio aunque su respiración era más sonora que la mía. ¿Asustada? ¿Excitada? Cuando me dirigí a su ombligo a través de su costado para quedarme un ratillo haciendo círculos a su alrededor mirándola a los ojos ella ya sabía que yo iba a continuar. Por eso mi dedo se dirigió despacio hacia su monte de Venus, pero antes de llegar a su vello cambié de dirección por su ingle hasta su cadera rodeando su sexo.

No os podéis imaginar como subía y bajaba su vientre azuzado por las contracciones de su diafragma al respirar. Tras recorrer su pierna hasta su dedo gordo me salté al otro pie retomando el camino de regreso por la pierna contraria hasta llegar a su cadera. Allí me detuve en el espacio entre su ombligo y su pubis haciendo de nuevo círculos con el dedo.

Mi chica se mordió el labio. Tuvo que ser algo inconsciente pero me reflejaba su excitación. Yo tenía la polla a reventar. Muy dura, totalmente descapullada y brillante asomaba poderosa entre mis muslos. Mi sueño en ese momento era hundirla en el cuerpo de mi chica pero no me atrevía. Alba me regalaba su desnudez y me dejaba acariciarla. No quería aparentar que necesitaba follar con ella aunque realmente lo necesitaba.

Nuestras miradas se encontraron de nuevo. Su boca entreabierta fue una invitación a buscar su lengua. Quiso abrazarme pero la obligué a poner de nuevo los brazos tras su cabeza. Me levanté de nuevo. Ella miró mi polla ya con menos reparó. Mi cuerpo también la excitaba aunque con los muslos apretados no sabía cual era su grado de excitación.

Me puse de rodillas junto al sofá y la besé de nuevo. Labios, boca, mejillas, frente, cuello, hombro. En sus pechos tuve que entretenerme ¿se confundieron nuestros gemidos? No sabría decirlo. Los degusté. Ahora mi chica se apoyó sus manos en mi cabeza y mi espalda mientras los besaba, lamía y sorbía sus pezones endurecidos Incluso volvió a hablar:

-Mi lindo ¿te gustan?

Yo no respondía más que con sonidos guturales de aprobación.

-Son tuyos…-me decía mientras notaba como encogía piernas y vientre seguramente por las sensaciones que recibía en sus pechos de mi boca.

Apoyé una mano en su barriga sin abandonar sus pechos que realmente me enloquecían. Esa mano como se suele decir ya tocaba pelo pues acariciaba su pubis sintiendo como sus muslos se frotaban. Intenté colar mi dedo. Su monte de Venus prominente y blandito se prolongaba en dos labios gruesos que ocultaban totalmente su coño. Pero al colarse mi dedo entre ellos como otras veces había ocurrido dentro de sus bragas me topé al fin con su humedad.

Alba estaba empapada. Si me dejara estaba completamente lista para recibirme. Y los movimientos de sus caderas me decían que estaba excitada. Pero ni me atrevía a proponérselo.

Descendí por su cuerpo besando su ombligo pero superé su límite:

-Luis, para, para, por favor para…

Levanté mi cara de su barriga apatando mi mano de su chocho mientras que algo agobiada me decía:

-Me da mucha vergüenza que estés tan cerca.

-Perdona, no he podido contenerme…

Pero en ese momento se me ocurrió una idea. Cogí la camiseta que le había dejado y la enrollé anudándomela por detrás de la cabeza para taparme los ojos. A Alba le hizo gracia pues me dijo:

-¿Qué haces? Jijiji.

-Para que no te cortes y yo pueda seguir besándote…

Me puse de rodillas donde estaba y estiré la mano diciéndole:

-Lleva mi mano donde tú quieras que te bese…

-Jajajajaja, estás tontito…

Pero fue ella la que tomó mi mano y la llevó a su cara besándome la palma. Yo acerqué mi cara sustituyendo mi boca por mi mano. Después llevó mi mano a hombro y acerqué torpemente mi cara para besarlo. A Alba le estaba gustando el juego pues tenía una risita divertida cada vez que posaba mis labios en su piel. Después llevó mi mano a su barriga. Ahí fui yo el que me hice el gracioso pues le hice una pedorreta al acercar mis labios a su piel comprobando como su barriga se agitaba con su risa.

La sorpresa para mí fue cuando mi chica me ofreció sus pechos apoyando mi mano en uno de ellos. Lo acaricié y lo amasé antes de acercar mi boca para volver a lamer y sorber su pezón entreteniéndome más que en los otros rincones.

-Éste cachito está más rico…dije entre chupada y lamida.

-¿Te gustan mis pechos?

-Me vuelven loco….

A partir de ahí se acabó el juego porque mis manos cobraron vida yéndose una a la otra teta mientras la otra acariciaba su vello púbico ganándome los gemidos de mi chica:

-Mmmmmm, Luis…me haces unas cosas…

Yo ni contestaba. Mi boca estaba demasiado entretenida para perder el tiempo en hablar. Y mis manos cobraban vida propia intentando atrapar toda su piel. De hecho empecé a recorrer con mis labios su costado y su cadera que se elevaba fruto de su excitación y quizá también de los paseos que mi dedo ya se daba entre sus labios vaginales comprobando que seguía muy mojada o quizá más.

En un movimiento rápido atrapé su pierna y la puse sobre mi hombro para poder acceder a su entrepierna. Al bajar mi cabeza debí caer a la altura de su ombligo. Alba quiso zafarse:

-Luis, así no, por favor…

Pero para cuando intentó apartarme mi boca ya había encontrado el camino hacia su raja. No fue difícil saber que había llegado al posar mi mano en su hermoso pubis. Mi lengua se abrió paso entre sus labios encontrándome el sabor agridulce de su flujo vaginal.

-No, por favor…-intentaba taparse el coño con las manos apartando mi cara- …no estoy limpia…

Pero ya era tarde mi lengua se había apoderado de su vagina empapada incluso siguiendo el movimiento arrítmico de sus caderas. Y más aún cuando con mis labios fui capaz de atrapar su botoncito del placer.

-No, no…mmmmmm, argh, Luis….mmmmm, noooo, arghhhh, mi lindo ¿qué me haces? Arghhhh, Luis…

Sus manos ya no empujaban con la misma fuerza y su retorcimiento había ido tomando el ritmo de sus caderas como si en vez de recibir mi lengua fuese mi misma polla la que la taladrara.

-Mmmmmmm, Luis….Luis…mi vida….arghhh. Me estás matando….mmmmmmm

No aguanté más y me quité la camiseta de los ojos. Alba ya no tenía voluntad pues todo su ser se concentraba en el cunnilingus que le estaba proporcionando. Seguramente, No. Con toda probabilidad era la primera vez que le comían el coño y en apenas un par de minutos sus gemidos se transformaron en grititos al ritmo de mis lamidas hasta que me empapó la cara retorciéndose de placer tensando los músculos de sus piernas hasta caer rendida. Joder que rica estaba mi novia.

En cuanto fue cesando su orgasmo me subí de entre sus piernas echándome sobre ella en el sofá apoyando mi cabeza en su hombro. Tenía los ojos cerrados y respiraba profundo mordiéndose los labios.

Temía su reacción posterior, pero sus brazos me abrazaron mientras con una voz casi de ultratumba me decía:

-Mi lindo, qué cosas me haces…

Mi chica iba recuperando la respiración con los ojos cerrados. Esa forma suya de apretar los ojos tras un orgasmo me recordó a Claudia que era capaz de llevarse minutos así. Pero Alba, que no había dejado de acariciarme mientras probablemente recibía las últimas contracciones y chispazos de placer de su entrepierna, tardó mucho menos en levantarse del sofá de forma apresurada diciéndome:

-Necesito ir al baño…estoy pringadita ahí abajo…

Y no lo dudaba pues entre su abundante lubricación y las babas que yo mismo había repartido ante el manjar que había degustado no me extraña que se sintiera algo incómoda. Al irse me regaló la primera vista de su culo desnudo. Más ancho, por sus grandes caderas y menos trabajado que el de la deportista Marta o la delgada Claudia, mi chica tenía un culo que a mí en ese momento me parecía el más apetecible del mundo.

Tumbado en el sofá y más caliente que el palo de un churrero sin que se me bajara la erección caí en la cuenta de que quizá debía acompañarla para que sintiera que el sexo era cosa de los dos. Llegué a la puerta del baño justo cuando ella ya salía. Estaba desnuda y algo avergonzada pero supuse que no era por la desnudez pues me dijo:

-No sabía con qué toalla secarme y he cogido una del armario de debajo del lavabo.

-No te preocupes. Luego la echamos a lavar. ¿Cómo estás?

-Bien…

-¿De verdad?

-Sí. Me siento rara, pero estoy bien.

-¿Tenía que haber parado?

-Tendría que decir que sí…

-¿Pero?- quise saber.

-Pero me has hecho sentir algo increíble, Luis…no me imaginaba algo así, y…ahora estoy avergonzada.

-¿Y ahora por qué?

-Yo ahí disfrutando. Que vergüenza, sin controlarme…y tú, nada…

-Jajajajajajaja- reí escandalosamente ante el asombro de mi chica aun parada en el dintel de la puerta del baño. Pero seguí explicándome- ¿nada princesa? Todo. Darte placer es el único fin que tiene el sexo contigo. ¿Pero no te ves? Sí hoy el regalo me lo he llevado yo…-dije justo antes de abrazarla para besarla.

Al pegar nuestros cuerpos se percató de mi erección que de nuevo ponía la lanza lista para el torneo. Bajó su mano por mi espalda y culo pero en realidad buscaba agarrarme la churra.

-Luis, estás muy duro…yo también quiero que disfrutes- dijo acariciando mi nabo tieso.

-No te imaginas que buen día estoy teniendo…-dije besándola de nuevo.

-Sabes rarito…

-Sé a ti…

Puso cara rara pero no rehuyó mi siguiente beso. De hecho soltó mi polla para abrazarme más fuerte. Yo no perdí la ocasión de amasar su culo desnudo. Al cambiar de postura mi churra buscó su camino natural intentando colarse entre sus piernas. Me di cuenta y la dirigí. Al sentirla Alba me dijo:

-Luis, no…no estoy preparada.

-No voy a metértela, sólo quiero que la sientas- respondí colocando mi churra entre sus muslos de forma que rozara su coño.

-Ay Luis…

Nuestros pubis se juntaron por primera vez quedando nuestros cuerpos pegados a través de sus pieles. La abracé mientras ella pegaba su cara a la mía. Evidentemente nuestras bocas se buscaron y nos fundimos en un beso. Mi chica parecía relajarse a pesar de que nuestros sexos estuvieran en contacto.

-Luis, te siento…

-¿Te gusta sentirme?

-Sí, mi vida…

-Princesa…-respondía apretándola lo más fuerte que podía contra mi propio cuerpo.

-Estás caliente, y duro, muy duro…te siento apretado…nunca imaginé sentir esto con nadie…

-Nos quedan muchas cosas por vivir.

-Pero contigo me siento segura. Confío en ti, Luis…

Sus palabras me estaban llegando al alma. Mi chica estaba entregada a mí. El esfuerzo que yo había hecho para no defraudarla, o mejor dicho, para no sentirme culpable por nada, merecía la pena. Ella merecía la pena. Pero era muy difícil no pensar en algo más con mi churra encajada entre sus piernas sintiendo como sus muslos la sujetaban y sus labios vaginales la rozaban. Estaba emocionado, pero joder, también estaba caliente. No pude evitar mover mis caderas para que mi polla sintiera el roce de su piel.

-Madre mía, Alba…

-Sí mi lindo…

-Ufff, cómo te siento…

-Muévete, muévete…

-¿Tú me sientes?

-Sí…estoy muy sensible después de lo que me has hecho antes…

-Joder….-dije agarrándola por las caderas para poder incrementar el ritmo de la masturbación con sus muslos.

Alba arqueó su espalda para pegar su pubis más al mío y pudimos mirarnos a los ojos. Ella se agarraba a mis brazos para no perder el equilibrio por mis movimientos de cadera. No era la primera vez que me masturbaba entre las piernas de una chica. Ni siquiera la primera vez que lo hacía en un baño. Pero había una diferencia muy grande entre la putita de Blanca, y perdonad la expresión despectiva que he utilizado, y la inocencia de mi chica. Mi chica. Que iba soltándose en el sexo de mi mano y me ofrecía algo que para aquella no fue nada, pero para ella estaba siendo mucho. Y yo lo sabía y hacía que lo disfrutara más.

Además poder mirarnos a los ojos era un plus. Sumaba al sexo la complicidad. Sumaba al deseo las ganas de compartir. Pero además sumaba por mi parte satisfacción. Tanta que el acto fue breve para lo que yo estaba acostumbrado. De hecho empezaba a tener un problema. Cada vez que Alba me masturbaba mis eyaculaciones eran más tempranas de lo habitual. Había algo que hacía que mi orgasmo se adelantara al estar con ella. Y empezaba a temer que cuando llegara el día defraudarla. Mi autoestima volvía a fallarme de nuevo.

Pero en ningún momento me planteé parar o bajar el ritmo. Las sensaciones mandaban sobre los pensamientos. Y no tardé en expresarlo:

-Alba…me voy a correr…

-Sí mi lindo, venga…disfruta…

-Esto es demasiado para mí…

-Mi lindo…

-Ay, mmmmmmm, Alba….arghhhhhhh

-Ay, mi lindo…

Los primeros chorros a presión impactaron contra el suelo mientras apretaba fuerte a mi chica contra mí como si fuera incapaz de soltarla, pero los siguientes menos potentes acabaron resbalando por las piernas de mi novia que los recibió abrazándome fuerte pegando nuestros pechos.

Nos quedamos abrazados de pie en el mismo dintel de la puerta mientras yo recuperaba la respiración y el sentido del tiempo y el espacio que había perdido temporalmente absorbido por el cuerpo de Alba. Ella sin dejar de apretar sus muslos me acariciaba la espalda y hasta el culo recorriendo mi piel mientras me calmaba como a un bebé. Respiré hondo y apreté mi abrazo de nuevo.

-¿Cómo está mi lindo?

-Uffff, no me sueltes…no me sueltes nunca…

-Jejeje…claro que no…aunque tengo las piernas pringadillas.

-Mi princesa, lo siento….

-Shhhh. Es tuyo. Me gusta…

-¿Te gusta?- pregunté sorprendido- pensaba que te daba asquillo…

-Me daba…pero, no sé, ahora que ya nos ha pasado varias veces, pues no sé, como. Ains, no sé explicarlo. No es que me guste, pero que me gusta que lo eches. Ofú, que no sé ni como decirlo.

-Jajajaja, te he entendido perfectamente…pero vamos mejor a limparte.

Nos soltamos comprobando los churretazos en el suelo y los que resbalaban por los muslos de mi chica. Pasamos al baño con cuidado de no pisar los del suelo y le ofrecí una toalla, pero no iba a limpiarse bien y le dije que mejor se metiera en la ducha.

Yo me limpié la polla con una toallita húmeda mientras mi chica con agua dentro del palto de ducha se limpiaba los restos de mi corrida. Me quedé obervándola.

-No me mires así que me corto, lindo…

-¿Sabes en qué estaba pensando?

-Dime.

-En cuando me metiste tú en esa ducha.

-¿Y qué tiene que ver ahora?

-Mucho….-respondí enigmáticamente tendiéndole una toalla mientras yo buscaba la ropa en el salón.

Cuando regresé estaba envuelta en la toalla como yo había visto a tantas chicas en las duchas de la residencia de Lieja. Me pidió la ropa pero le di las braguitas. Yo sólo me había puesto los calzoncillos.

-Vente a la cama y charlamos tumbados.

Se quedó pensando y yo me fui a la cama echándome. Al segundo apareció aun envuelta en la toalla y se echó a mi lado. Le ofrecí mi pecho para que se echara en él y se poyó encantada. Sin decirle nada empezó a acariciarme el pecho, que ya sabéis que es algo que me encanta.

-Me has dejado intrigada. Dime en qué pensabas al verme en la ducha.

-Aparte de lo bonita que eres, aparte de lo feliz que me haces y de lo contento que estoy del día que estamos echando…

-Ay, tonto…venga dímelo.

-¿Te acuerdas cuando me metiste en la ducha?

-Claro…

-Yo estaba mal. Muy mal. Pero algo cambió ese día.

-Tu ex no quiso saber más de ti.

-Aparte. Lo he pensado mucho. Le he dado muchas vueltas desde entonces. Y me di cuenta ese día de cuanto me gustabas. De cuanto valías. Que no eras sólo una niña guapa con la que compartía gustos, devociones, y lo pasábamos bien juntos. Que tienes un corazón que no te cabe en el pecho, en ese pecho tan bonito que tienes…

-Ay, para, tonto, de verdad. Que me vas a hacer llorar. ¿Y qué podía hacer sino ayudarte?

-Otra se habría quitado de en medio. Me habría mandado a la mierda. Te lo aseguro. Y aquí fue al revés. Fui yo el que se quitó de en medio e hizo lo posible por evitarte. Me sentía tan inferior a ti…

-Pero ¿por qué has pensado en ese día?

-Porque ese día me empecé a enamorar de ti aunque yo lo negara…

Es imposible de explicar las mariposas que tenía en ese momento en el estómago y como sentía mi pecho lleno de satisfacción. Alba, sin embargo, hundió la cabeza en mi pecho abrazándome fuerte, pero sentí mi piel humedecerse. ¿Lloraba?

-Princesa, ¿estás llorando?

-Déjame tonto…-dijo intentando ocultar su rostro.

-Pero mi niña…no me llores…

-No te imaginas cuánto he pasado hasta poderte oír eso…

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