ECONOMISTA

Estaban sentados en primera fila, el Consejero de Educación, varios directores generales, Basilio y a su derecha, Claudia. Mi mujer iba impecablemente vestida y maquillada, se había pasado a primera hora por la peluquería para que la peinaran, como si fuera una boda.

Había elegido su par de zapatos más elegantes, con un tacón fino de unos diez centímetros, vaqueros de color azul clarito y una camisa blanca con una americana azul marino. Salió decidida al estrado con un papel en la mano y empezó con un “buenos días”, se notaba en su voz que estaba un poco nerviosa, era la primera vez que daba un discurso en un mitin político, pero Claudia se fue soltando, demostrando que estaba sobradamente preparada para ello y terminó con mucho aplomo y confianza en sí misma. Parecía que llevara toda la vida haciéndolo.

A mí fue la que más me gustó de todos los que subieron a hablar, Basilio estuvo correcto, bastante más nervioso que mi mujer y eso sí, mucho más efusivo, soltando varias proclamas para buscar el aplauso fácil de los asistentes.

Después del mitin político habían preparado una especie de almuerzo en los jardines, allí saludé a Basilio, que estuvo bastante simpático conmigo, aunque se notaba que le incomodaba mi presencia. Apenas pude estar con mi mujer a la que todos felicitaban por su discurso, era sin duda la más buscada, todos querían hablar con Claudia Álvarez o saber quién era esa mujer de la que tanto se estaba hablando en el partido.

Una de las veces, mientras las niñas correteaban por los jardines, nos quedamos a solas Claudia, Basilio, su mujer, que también había asistido al mitin y yo. Me suponía que no tenía que ser nada fácil la postura de Basilio en este caso, había tenido varios encuentros sexuales con Claudia y ahora estaba delante de mí y con su mujer presente. Intentaba aparentar tranquilidad, pero estaba claro que lo último que le apetecía es que las dos estuvieran juntas.

Y es que yo todavía no podía entender cómo Claudia podía estar teniendo una aventura con ese tío. No le veía nada, físicamente no es que fuera un guaperas, calvo, con el pelo muy rizado por los laterales, gafas de pasta, hablaba mucho, pero solo decía tonterías vacías, eso sí, siempre impecablemente trajeado. Era un político de los de toda vida.

Tampoco es que me importara que estuvieran liados, en el fondo me daba morbo que Claudia me estuviera haciendo un cornudo con su jefe, de momento solo habían follado una vez, por lo que Claudia me había contado, pero otro día él se había corrido restregando su polla contra el culo de mi mujer y habían tenido un tercer encuentro en el despacho de él, en la Consejería, cuando mi mujer le hizo una paja con el pie.

Así que aunque su jefe no me cayera nada bien, eso hacía que todavía me excitara más que Claudia tuviera un affair con él. Y después de las elecciones iba a ser todavía peor, pues todo apuntaba a que Basilio iba a ser el nuevo Consejero de Educación de la CCAA. Durante el mitin se dio un baño de multitudes y todos le saludaron dando por hecho su nuevo cargo si se cumplían los sondeos electorales.

El día se me hizo muy pesado, después de la comida todavía hubo varios discursos más y llegamos a casa un poco antes de la cena. Acostamos a las niñas y nos quedamos en el sofá de casa viendo una peli, yo estaba tan cansado que me quedé dormido enseguida y Claudia me despertó y me dijo que me fuera a la cama, que ella se iba a quedar a verla hasta el final. Me despedí de mi mujer con un beso y me subí a la habitación dejándola sola en el sofá.

La jornada había sido muy intensa, pero todavía estaba con las pulsaciones aceleradas y se le había ido el sueño. Estaba más tranquila después de haber dado su discurso, todos le habían felicitado e incluso le habían insinuado que el viernes siguiente, que era el último día de campaña electoral, ella volviera a subirse al estrado, aunque ese día iba a ser diferente, posiblemente asistiera al acto el mismo Secretario General del partido y varios cargos importantes, incluso algún ex ministro.

Sin embargo, Claudia solo podía pensar en Lucas, el día anterior había terminado follando con el chico en su coche, no solo eso, se la había chupado, incluso le pidió que se la metiera por el culo y para terminar, el jovencito se corrió en su pelo y en su cara. Por la mañana, antes de ir a la peluquería, tuvo que pegarse una ducha, pues le daba miedo que se le notaran restos de semen por el pelo.

El día había sido muy raro, allí estaba sentada al lado de Basilio, con su marido y sus hijas entre el público y ella con la cabeza en otra parte. Completamente distraída. Un poco antes de subirse al estrado a dar su discurso, le vino a la cabeza la aventura con Lucas, e intentó alejar esos pensamientos de su cabeza, pero tan solo habían pasado unas pocas horas, incluso le había costado conciliar el sueño la noche anterior. Y ahora estaba en su sofá sola, con la luz apagada y el volumen de la tele bajito.

Volvía a tener ganas de sexo, quería liberar la tensión de la jornada que acababa de vivir. Se tumbó en el sofá boca arriba y metió la mano por el elástico del pijama, cerró los ojos, pensando en el chico, al momento se le pusieron duros los pezones, todavía podía sentir el semen caliente y pegajoso de Lucas impactando contra su cara y su pelo.

Aquello le había puesto terriblemente cachonda.

Quería hacerse una paja lenta, sin prisa, buscando el orgasmo poco a poco, que el placer fuera aumentando progresivamente hasta llegar al clímax final. Se metió un dedo en la boca, chupándolo, no estaba tan duro como la polla de Lucas, pero fantaseó que era la verga del chico lo que lamía con tantas ganas.

¿Cómo había podido comportarse de esa manera con Lucas?

Se quedó desnuda por completo en su coche, ¿qué hubiera pasado si les hubiera sorprendido cualquiera que pasara?, o que les hubiera pillado la policía, hubiera sido muy embarazoso explicar qué hacía desnuda en el coche de un antiguo alumno.

Todo parecía de película, incluso la lluvia torrencial que les cayó mientras follaban como animales dentro del coche. Había sido una sesión de sexo salvaje, y sobre todo morbosa. No se imaginaba que follar con uno de sus antiguos alumnos le iba a poner tan cachonda. Había perdido por completo la razón en cuanto se metió la polla del chico en la boca.

Lucas podría haber hecho cualquier cosa con ella. Y vaya si lo hizo.

Levantó las caderas del sofá mientras movía el dedo cada vez más rápido sobre su clítoris. Estaba a punto de correrse. Entonces se encendió la luz del salón.

―¡¡Pero, Claudia!! ¡¡¿Qué estás haciendo?!!

Estaba en una especie de duermevela, pero no me acababa de dormir del todo, se me había pasado el sueño al subir desde el salón, eché una ojeada al móvil, luego me giré varias veces en la cama y como no me dormía empecé a enfadarme. Me sentaba fatal estar dando vueltas en la cama de un lado para el otro.

Entonces me entró la curiosidad, era raro que Claudia se quedara sola en el salón viendo la tele, generalmente el que hacía eso era yo, así que me puse unos calcetines para hacer menos ruido y me acerqué despacio a la escalera. El suelo de parquet crujió un par de veces y yo intenté deslizarme lo más suave posible.

Desde la mitad de la escalera vi que estaba todo oscuro, solo se iluminaba un poco el salón a través de la tele, apenas se escuchaba nada y lo primero que pensé es que Claudia se había quedado dormida. Rodeé despacio el sillón donde estaba mi mujer llegando hasta sus pies, la tele iluminó la estancia y pude ver a Claudia tumbada frente a mí.

Tenía una pierna ligeramente flexionada y se estaba masturbando con los ojos cerrados. Me quedé unos segundos mirándola. No quería hacer ruido para no asustarla, pero si me pillaba así, observándola como un pajillero, se iba a enfadar.

Movía las caderas arriba y abajo mientras se masturbaba y la otra mano la alternaba entre sus tetas y la boca, un par de segundos se pellizcaba los pezones y luego la subía metiéndose un dedo entre los labios, simulando que estaba chupando una polla. Me pregunté con quién estaría fantaseando, estaba tan concentrada que ni se percató de mi presencia y por lo que parecía no le faltaba mucho para correrse.

Llevaba un pijama primaveral corto de color blanco, no se le veía el coño, pues se había metido la mano por dentro del pantaloncito, pero la camiseta se le había subido y le asomaba parte del pecho que se estaba acariciando. Cerca del orgasmo supuse que le gustaría que yo estuviera allí presente para que la ayudara a correrse, así que encendí la luz de la mesita que hay junto al sofá.

―Pero, Claudia, ¿qué estás haciendo? ―pregunté como un gilipollas.

En un primer momento Claudia se sobresaltó, sacando la mano que tenía por dentro de su pantalón, pero cuando se dio cuenta de que era yo el que estaba allí volvió a meterla y siguió masturbándose como si nada. Solo que ahora no cerró los ojos, se me quedó mirando fijamente mientras se tocaba el coño impúdicamente.

―¿Tú qué crees que estoy haciendo? ―dijo en un medio gemido.

―¿Quieres que te ayude? ―pregunté acercándome hasta sus pies.

Podía esperarme cualquier cosa, desde que se bajara el pantaloncito y me pidiera que me la follara o incluso que me humillara un poco llamándome cornudo o pedirme que me tumbara en el sofá para sentarse sobre mi cara y hacer que se corriera con mi lengua.

―No, quédate ahí y mírame…

―¿Aquí?

―Sí, ahí, ¿no es eso lo que te gusta, mirar como un cornudo?

Eso sí que no me lo esperaba, no sé qué me excitó más, si ver a Claudia masturbándose en el salón de nuestra casa o la manera en que me había dicho que me quedara mirando como un cornudo. Ella siguió con la mano por dentro del pijama, acariciándose a la vez que se apretaba con fuerza uno de sus pechos. Yo me dispuse a sacarme la polla para hacerme una paja.

―Solo puedes mirar… ―me dijo Claudia.

Se levantó la camiseta enseñándome las tetas, entonces dejó de masturbarse para agarrarse los pechos con las dos manos y estrujárselos con tanta sensualidad que involuntariamente me sobé la polla por encima del pantalón.

―¡¡Te he dicho que no te toques, cornudo!!

―Perdona, se me ha escapado…

La Claudia mamá, elegante, educada, pija, con clase, se había transformado en una zorra que se revolvía en el sofá como una serpiente mientras se tocaba las tetas. Lentamente se fue quitando el pantalón del pijama junto con las braguitas y me las lanzó para que las cogiera.

―¡Huélelas, cornudo!

¡Era increíble!, tenía sus braguitas blancas en la mano y mi mujer se abrió de piernas mostrándome su coño. Aquello era insoportable, un castigo, cualquiera se hubiera abalanzado sobre ella para follársela, pero yo no, me quedé de pie, con sus braguitas en la mano y una erección ridícula bajo el pijama.

―¡Te he dicho que las huelas!

Despacio me acerqué su prenda íntima a la nariz y de repente me llegó el olor a sexo que desprendían sus braguitas. Claudia había bajado su mano y divertida se tocaba el coño mirando como su perrito obedecía y olfateaba su ropa interior como ella le había pedido.

Esa sonrisa burlona todavía me puso más cachondo, Claudia estaba desnuda, tumbada boca arriba en el sofá, se había dejado levantada la camiseta y sus dos tetas rebosantes apuntaban hacia el techo del salón. Otra vez puse las braguitas sobre mi nariz y volví a inspirar.

―¿Te gusta cómo huele? ―me preguntó Claudia mirando la empalmada que lucía.

―Me encanta…

―¿En qué estás pensando ahora?

―En que me gustaría acercarme y follarte…

―¿Tú crees que estarías a la altura?

―No lo sé, lo podría intentar…

―Jajajaja, ¡cuidado que eres patético!… no voy a arriesgarme a que me dejes a medias… contigo nunca se sabe, lo mismo ni se te pone dura, o quizás te corres en menos de diez segundos…

―¡Deja que te folle, Claudia!, por favor ―le rogué acercándome a sus pies mientras me sacaba la polla del pantalón…

―¿Con esa mierda piensas follarme?

―Sí, voy a follarte con esta mierda… ―dije poniéndome de rodillas ante ella y sacudiéndomela un par de veces.

―Ni lo sueñes… creo que vas a estar sin metérmela una buena temporada, ahora mismo prefiero cualquier polla a la tuya, si te soy sincera…

―Lo sé, pero ahora estás caliente y aquí solo tienes la mía.

―En eso tienes razón…

―¿Entonces puedo follarte? ―pregunté recostándome entre sus piernas.

―Acabo de decirte que prefiero a cualquiera antes que a ti… ¿eso no te molesta ni un poquito?

―Al contrario, has hecho que se me ponga más dura todavía ―dije inclinándome sobre ella y rozándole el coño con mi polla.

―Mmmmmm, ¡¡qué durita se le ha puesto al cornudo!! ―anunció Claudia para humillarme.

―¿Puedo preguntarte por qué estás tan excitada?

―No lo sé, quizás es por la tensión acumulada de todos estos días…

―Hoy te he visto con tu jefe… no te quitaba ojo de encima.

―¿Y eso te ha puesto cachondo?

―Mmmmm, sí, mucho… ¿vas a volver a follar con él? ―dije restregándosela un poco mientras ella cerraba los ojos.

―¿Eso te gustaría?

―Sííííí, me encantaría… ya lo sabes… ¿puedo metértela?

―No, aguanta ahí…

―Me encantaría verte follar con él, aunque no me cae nada bien, pero…

―Pero como eres un cornudo, con tal de que me follen te da igual quién sea.

―Sí, no lo puedo evitar, sobre todo me gustaría verte follar con Toni, con ese sí que me gustaría quedar.

―Mmmmmmm, te vuelve loco fantasear con Toni, llevas tantos años hablando con él, aunque lo mismo lo que quieres es tocarle la polla, has fantaseado muchas veces con su polla, ¿verdad?, ¿te gustaría hacerle una paja?

―No, solo quiero verte follar con él…

―Sí, jajajaja, dime la verdad o no te dejo que me la metas… ¿te gustaría tocar la polla de Toni?

―No lo sé, Claudia, si eso te pone, yo lo haría por ti…

―Mmmmmm, y si te pidiera chupársela, ¿también lo harías?

―No, eso no…

―¿Y si te lo pido por favor?

―No, Claudia…

―Dime la verdad, cornudo ―dijo mi mujer agarrándome la polla y poniéndola a la entrada de su coño―. Dímelo y dejaré que me folles…

―Bueno, si eso te excita puede que se la chupara un poco, pero solo un poco y lo haría por ti… ¿entonces ya tienes decidido que vamos a quedar con Toni?

―Lo tengo que pensar un poco más, pero…

―Por favor, Claudia, no veo un mejor candidato para que te folle y me haga un buen cornudo, es el que mejor nos conoce, imagina todo lo que haríamos con él, lo que nos mandaría hacer, sería uffff, una noche inolvidable… es solo imaginarte jugando con su polla y…

Me dejé caer sobre Claudia penetrándola casi sin querer, mi mujer me acogió poniendo una mano sobre mi culo y se abrió de piernas.

―¿Cuándo hemos vuelto a quedar para conectarnos con él?

―El martes…

―Está bien, el martes le confirmaremos el encuentro…

―¡¡Diosssss!!, síííííí ―dije aumentando el ritmo de mis acometidas―. Me encanta verte así, Claudia, hacer todo lo que estamos haciendo… ni en mis mejores sueños…

―¡Cállate y fóllame, cornudo!

Claudia gemía a cada embestida, estábamos disfrutando de un señor polvo en privado, como hacía tiempo que no echábamos. Había conseguido excitar de nuevo a mi mujer, quería demostrarle que todavía podíamos tener buen sexo entre nosotros, sin nadie más. Puse todas mis ganas, esforzándome en follármela duro y traté de durar unos minutos hasta hacer que ella llegara al orgasmo.

―¡¡Más, más!! ―dijo Claudia cerrando los ojos y poniendo ahora las dos manos sobre mi culo.

Me acerqué a su boca, metiéndola la lengua, mi mujer me correspondió el beso y luego me chupó la oreja, gimiendo en mi oído.

―¡¡No te corras todavía, aguanta un poco más!! ―dijo acercando un dedito a mi culo.

―Ohhhh Claudia, ¿qué haces? ―pregunté cuando sentí una de sus uñas rozando mi ano.

―¿No te apetece?

―Mmmmmm, me vuelves loco…

El dedo de Claudia fue entrando en mi culo, mientras me la seguía follando en la postura del misionero, yo subí las manos para acariciar sus tetas que se movían al ritmo de mis sacudidas, pero no era eso lo que quería mi mujer.

―¡Hazlo tú también!…

―¿Qué quieres que haga?

―¡Méteme un dedo por el culo!

A punto de correrme bajé una mis manos e hice lo me pidió Claudia, ella ya tenía su dedo corazón incrustado en el fondo de mi culo y yo hice lo propio con mi índice. El cuerpo de Claudia se estremeció bajo mis brazos, señal de que estaba a punto de llegar al orgasmo y yo me dejé llevar abandonándome al placer que me embriagaba desde hacía un rato.

Nos corrimos prácticamente a la vez, abrazándonos, besándonos y metiéndonos mutuamente un dedo por el culo. ¡Fue fantástico!

En cuanto terminamos me salí de Claudia y mi corrida le brotó del coño, me quedé mirando unos segundos y luego me agaché para verlo bien. Me supuse que mi mujer todavía querría más y ya sabía que es lo me tocaba hacer ahora, sin embargo, al acercarme para lamer mi propia corrida ella me lo impidió.

―Deja eso, ha estado muy bien y no me apetece más, ven aquí y abrázame…

Me tumbé sobre ella, Claudia seguía con las piernas abiertas y no me costó acoplarme entre ellas. Mi mujer me besó en la mejilla y me quedé recostado, apoyando la mano en su pecho mientras ella me acariciaba el pelo.

Así nos quedamos dormidos, abrazados y desnudos hasta que nos despertamos un rato más tarde, para después subir al dormitorio de la mano.

Claudia tenía que descansar bien. Le esperaba una semana intensa y decisiva hasta las elecciones.

40

El lunes me puse manos a la obra en cuanto llegué a la oficina. Encendí el chat privado que tenía con Toni para mandarle un mensaje, no tardó en responderme y estuvimos hablando un rato. Trazamos un plan para cuando nos conectáramos el martes por la noche con Claudia, que aunque ya estaba convencida para quedar con él, yo no quería que pasara mucho tiempo y la futura cita quedara en el olvido.

La idea era fácil y muy simple, le dije a Toni que cuando mi mujer estuviera bien excitada tenía que inventarse un supuesto viaje a Madrid, justo una semana después de las elecciones municipales, así Claudia podría verse en la obligación de quedar con él. Sería una gran oportunidad que no podríamos dejar escapar.

Después ideamos una excusa del porqué del viaje de Toni a Madrid para dejarlo todo bien atado. El plan ya estaba puesto en marcha.

El martes a las 23:00 nos conectamos con Toni. Por supuesto, Claudia no tenía ni idea de que yo había estado hablando con él el lunes y le habíamos preparado una buena encerrona de la que ella no iba a poder escapar.

En sujetador y braguitas blancas se puso a chatear con Toni mientras yo detrás de ella leía atentamente su conversación, estuvieron hablando de los últimos acontecimientos, del trío con Mariola, de los affair de Claudia con su jefe…

―Vaya, vaya, así que Mariola le dio por el culo al cornudito, mmmmmm, ¿y le gustó? ―escribió Toni.

―Por supuesto…

―Ya veo que lo pasáis muy bien los tres, ¿y a ti te gustó ver como tu mejor amiga le rompía el culo a tu marido?

―No pude verlo, pero sí, me daba morbo la idea, sabía que Mariola lo iba a hacer, ya lo habíamos pactado antes…

―Mmmmmmm, ¿vais a quedar más veces?

―Eso espero, aunque ahora estoy muy liada con lo de las elecciones, tengo muchas ganas de que pasen ya.

―Y mientras tanto le vas haciendo pequeños regalitos al cornudo, ¿no?, ¿vas a follar más veces con tu jefe?

―Creo que no, pero Basilio va a ser el próximo Consejero de Educación y eso me gusta, además le tengo comiendo de mi mano, ahora mismo es un pelele que manejo como quiero…

―Mmmmmmm, ¡¡qué morbo!!, ¿te gusta jugar con él?

―Sí, tiene su gracia, no te lo voy a negar.

―¿Y el cornudo que dice de que hagas esas cositas con tu jefe?

―El cornudo ya sabes, orgulloso de lucir unos buenos cuernos, me encanta ver lo nervioso que está cuando regreso a casa, y esta semana estoy viajando con él todos los días, así que imagínate…

―¿Has hecho algo con él últimamente?

―No, tampoco hemos tenido oportunidad, el viernes tenemos el acto final de campaña, van a acudir políticos importantes, el Secretario General del partido, dos ex ministros, todos los altos cargos del partido a nivel autonómico, será un día importante y me han pedido que salga al estrado a dar un mitin…

―¿Y ese día crees que harás algo con tu jefe?

―Hemos reservado dos habitaciones en un pequeño hotelito del pueblo donde se celebra el acto, quién sabe lo que puede pasar…

―Mmmmmm, suena a que lo tienes todo bien planeado, el viernes prepárate, David, creo que tu mujercita te va a poner unos buenos cuernos…

Me encantaba leer esas frases. Estaba sentado detrás de Claudia y me acerqué a ella, quería que notara mi erección y pegué mi paquete contra su espalda.

―¿Vas a follar con Basilio el viernes?, no me habías dicho nada ―le pregunté al oído.

―No, aunque ya sé que a ti te gustaría que lo hiciera, ¿verdad?, no hace falta que me contestes, ya sé perfectamente que la tienes dura desde hace un rato.

―Me vuelve loco verte hablar con Toni, así fue como empezamos en esto…

―¿Quieres desnudarme para él?

―Sí, pero quiero hacerlo de verdad, no delante de una cam, estoy deseando que quedemos en persona y desnudarte mientras nos mira y se toca su polla delante de nosotros….

―Mmmmmmm…

―¿Se lo decimos ya que queremos un encuentro con él?

―Espera un poquito… no tengas prisa.

Claudia se inclinó para seguir escribiendo, no me dio tiempo a leer lo que había puesto cuando vi que ya se estaban haciendo una video llamada. Toni se había quitado los pantalones y nos mostraba su tremendo paquete. Sus veinticuatro centímetros de polla ya estaban firmes bajo sus bóxer blancos. La imagen era impactante.

A nosotros se nos veía casi enteros, excepto la cabeza, las tetas de Claudia lucían esplendidas embutidas en ese sujetador blanco y yo pasé las manos hacia delante para tocárselas frente a la cam.

―Mmmmmm, me encantan esas tetas, ¡¡son la hostia!!, muy bien, eso es, ¡sóbaselas un poco para mí, cornudo!

Sin que me dijera nada, solté el broche del sujetador y se lo fui sacando despacio para dejar a Claudia desnuda de cintura para arriba.

―Buffff, ¡¡vaya tetas!!, espera, cornudo, ahora no se las toques, quiero verlas bien…

Agarré a Claudia por los hombros y la puse recta frente a la cam, mi mujer con los brazos muertos a los lados de su cuerpo se mostraba a Toni, que empezó a tocarse la polla por encima de los bóxer.

―Me encantan, no tienen nada que ver con las de mi novia Marta, mi chica las tiene más grandes todavía, pero no están tan duras y firmes con esas, ¡¡joder, es que son perfectas!!, haría de todo con esas tetas de guarra que tienes, Claudia.

Le pasé una mano por el ombligo y tiré del elástico de la braguita para meter la mano por debajo, Claudia dejó caer la cabeza hacia atrás apoyándose en mi hombro cuando sintió mis dedos acariciando su coñito.

―Eso es, cornudo, veo que vas aprendiendo lo que le gusta a tu mujercita, acaríciala despacio, no tengas prisa…

―¿Te gusta el pollón de ese tío?, ¿has visto que paquete se le marca? ―le susurré a Claudia al oído.

Seguía jugando con mis dedos en su entrepierna, eché a Claudia un poco más hacia atrás para poder llegar mejor a su coño y le bajé las braguitas, así Toni podía ver mis dedos jugando ahí abajo. En ese momento él se quitó el calzón y su polla salió disparada golpeando en su estómago, luego se la sujetó con la mano y comenzó a pajearse delante de la cam.

―Muy bien, despacio, eso es, sigue jugando con su coñito, mmmmmmm, ya la tienes a punto…

Volví a colocar las braguitas en su sitio y tiré de ellas fuerte hacia arriba formando una única tira que se le metió a Claudia entre los labios vaginales. Sin soltar la tela lo moví arriba y abajo y Claudia comenzó a gemir, moviendo despacio sus caderas en círculos.

Se le veía perfectamente el coño a través de la cam, la imagen era muy morbosa, con las braguitas blancas metidas en él y yo tirando fuerte hacia arriba masturbando a Claudia sin tocarla, solo con el roce de la tela.

El que también se masturbaba era Toni, lo hacía sin prisa, no sé si era porque quería disfrutar o porque ya estaba muy excitado, desde luego que su polla no podía estar más dura e hinchada. Daba miedo ver esos veinticuatro centímetros llenos de venas a punto de reventar.

Entonces Toni viendo que Claudia estaba muy excitada dejó caer lo que habíamos planeado en privado la mañana anterior.

―Es una pena que no queráis quedar conmigo porque el sábado que viene voy a estar por Madrid, por si os apetece probar esto… ―dijo golpeándose la mano con la polla.

El cuerpo de Claudia se puso inmediatamente en tensión cuando escuchó aquella frase.

―¿Qué ha dicho? ―me preguntó.

―Que el sábado que viene va a ir a Madrid, uffffff, joder, acabo de ponerme muy nervioso…

Aceleré el movimiento de mis dedos en su coñito, masturbándola más deprisa y luego los saqué para volver a tirar de sus braguitas incrustándoselas entre los labios vaginales. Claudia gimió y me agarró el antebrazo para que no me detuviera. Estaba muy caliente, justo lo que habíamos pensado.

―¿Quieres quedar conmigo, Claudia?, te aseguro que lo vamos a pasar muy bien, haremos de todo delante del cornudo, y le obligaremos a hacer lo que te apetezca… ¿te imaginas a tu maridito chupándome la polla?

Claudia estiró el brazo hacia atrás para agarrarme el paquete y pegarle un par de sacudidas.

―¿Qué le decimos?, es una buena oportunidad y… ―le pregunté a Claudia.

―¿Quieres quedar con él?

―Sí, quiero ver cómo te folla con esa polla…

―Mmmmmmm… ―gimió Claudia arqueando su espalda.

―Dile que sí, que quieres follar con él, díselo, ¡lo estás deseando!

Hablábamos en bajito y Toni no podía escucharnos mientras se pajeaba delante de la cam.

―¿Qué estáis cuchicheando?, ¿os gusta mi idea o qué?

―Puede ser… ―le dijo Claudia.

―¡¡Joder, no me digas eso!!, ¿en serio quieres quedar conmigo, Claudia?, al cornudo ni le pregunto porque ya sé la respuesta.

―Tenemos que pensarlo bien…

―Pues piénsalo, cumpliremos cualquier fantasía que tengas… y ahora dile al cornudo que se ponga de pie y que te golpeé con la polla en la cara…

Yo seguía tirando de las braguitas hacia arriba y era Claudia la que se masturbaba moviendo su cuerpo delante y atrás.

―¡Haz lo que dice! ―me ordenó.

Manteniendo el equilibrio, me puse de pie en el sofá detrás de ella, se me veían las piernas y me quedó la polla a la altura de la cabeza de Claudia. Estaba muy empalmado, pero las comparaciones eran odiosas y vergonzantes, mi pito erecto parecía un mal chiste al lado de la verga de Toni.

―¿Cómo está el cornudito, Claudia?, ¿la tiene dura? ―preguntó Toni.

―Sí, bastante.

―Pues chúpasela, joder, ¿a qué estás esperando?

Y sin decir nada más Claudia se acercó a mí y se la metió en la boca, puso una mano sobre mi culo y empujó para que llegara lo más adentro posible, Claudia hizo verdaderos esfuerzos, hasta que mi capullo rozó su garganta y sus labios tocaron mi vello púbico. Aquello era increíble.

Claudia me la había engullido por completo.

―¿La chupa bien? ―preguntó Toni sin poder verlo.

Yo hice un gesto a la cámara con el pulgar hacia arriba, luego puse las dos manos sobre la cabeza de Claudia y me retiré un poco para volver a embestirla. Claudia tosió y tuvo una pequeña arcada, pero eso no la detuvo para seguir insistiendo con su garganta profunda. Se retiró unos segundos para poder respirar y un hilo de saliva cayó al sofá.

Mi mujer miró hacia arriba, tenía los ojos rojos y un reguero de babas le colgaba de la barbilla.

―¡Fóllame la boca! ―me pidió.

Me di cuenta de que había bajado una mano y se estaba masturbando, de reojo le eché un vistazo al ordenador y Toni se la meneaba a toda velocidad viendo cómo se tocaba Claudia, después volví a acercar mi polla a su boca y ella se lanzó contra mí, poniéndome las dos manos en el culo para volver a chupármela.

Era una gozada follarme la boca de mi mujer, sentía que tenía el poder de la situación, el cornudito estaba allí de pies sujetando a la zorra de su mujer por el pelo y metiéndosela hasta la garganta. Claudia se dejaba hacer, seguramente esperando la siguiente orden de Toni, pero yo no iba a aguantar mucho más y cuando rocé su campanilla con mi sensible capullo quise avisar a mi mujer que me iba a correr.

Entonces Claudia me sorprendió una vez más y moviendo la cabeza de lado a lado acomodó mi polla en su garganta y me apretó con fuerza el culo. No me iba a dejar escapar.

―¡¡Claudia, noooo, ahgggggg, noooo!!, para… ―dije intentando retirarme.

Pero ella me tenía bien sujeto, clavando sus uñas en mis glúteos, que se tensaron más cuando comencé a correrme en su boca.

Concretamente en su garganta.

―¡¡Noooooo, Claudia, paraaaaa, paraaaaa, me corrooooo, ahhhhhhgggg!!

Mi semen caliente fue saliendo y entrando directamente en lo más profundo de Claudia, que aguantó la respiración mientras mi corrida le iba resbalando hasta el estómago.

―¡¡Eso es, cornudo, córrete en su boca, córrete en su boca!! ―me animó Toni que notaba las contracciones de mi cuerpo cuando llegué al orgasmo.

En cuanto pudo, Claudia se deshizo de mi polla cogiendo una bocanada de aire. La imagen era dantesca, tenía la barbilla llena de saliva y semen y sus ojos todavía estaban más rojos, como si hubiera estado llorando toda la noche. Después de dos profundas respiraciones me la volvió a chupar, restregándose mi pingajo, que ya empezaba a decaer, por sus mejillas mientras le daba pequeños lametones.

Me apartó con la mano y se puso frente a la cam, Toni se estaba pajeando despacio y se veía el cuerpo de mi mujer lleno de saliva que le goteaba de la barbilla, Claudia dejó caer un escupitajo viscoso de su boca, era parte de mi semen que se le había quedado allí, y antes de que tocara su piel se lo restregó ansiosa por los pechos. Bajó una mano y como había hecho yo antes, tiró de sus braguitas metiéndoselas entre los labios vaginales.

―¡¡Me cago en la puta!!, ¡vaya cerda! ―fue lo único que acertó a decir Toni.

Me senté detrás de mi mujer, jamás me imaginé que iba a ver a Claudia comportándose de esa manera tan lasciva. Levantó las caderas sacándose las braguitas. Ahora estaba desnuda y se abrió de piernas para que Toni le viera el coño a la perfección.

―¡Guau!, tienes un coño precioso, vamos, cornudo, acerca la cam, quiero vérselo bien de cerca…

Salí de plano rodeando el sofá hasta que llegué al portátil, cogí la cam que estaba en la parte superior del ordenador y solté las pinzas para acercarlo hasta el coño de Claudia, como me había pedido Toni. Me fijé en la pantalla del portátil y se veía perfectamente la zona íntima de mi mujer, podía apreciarse lo mojada que estaba, incluso cómo le palpitaba el coño.

―¡¡Está pidiendo una polla a gritos!! ―gritó Toni.

―¡¡Sube a la habitación y trae la negra!! ―me ordenó Claudia bajando la mano para empezar a masturbarse frente a la cam.

Durante unos segundos seguí enfocando los dedos de Claudia jugando con su coño, luego volví a poner la cam en la parte superior del ordenador y subí corriendo a la habitación en busca del consolador. Antes eché un último vistazo a Claudia desde la escalera, estaba espatarrada en el sofá pajeándose como una loca frente a la cam.

Nervioso abrí la caja de nuestros juguetes y cogí el más grande que teníamos, una enorme polla negra, que aun así no llegaba al tamaño de la de Toni. Bajé corriendo y me quedé unos instantes viendo a mi mujer zorreando frente al ordenador.

―¿Te gustaría ahora tener esta polla para ti? ―preguntaba Toni mostrándole la suya.

―Sííííí ―contestó Claudia en un gemido prolongado.

―¿Entonces quieres que quedemos?, creo que lo vamos a pasar muy bien… puedes hacer con esta lo que quieras ―dijo Toni pajeándose delante de mi mujer.

Claudia se revolvía ansiosa en el sofá, ni tan siquiera había reparado en mi presencia, pero necesitaba una polla dentro y miró en dirección a la escalera para ver si bajaba, entonces me encontró allí de pie, como un pasmarote.

―Pero, ¿qué coño haces ahí?, ¡¡vamos, dame eso!!

Prácticamente me arrancó el juguete de las manos, se recostó un poco más abriéndose de piernas y apoyando los pies en el sofá.

―¿Vas a imaginar que esa es mi polla? ―preguntó Toni.

―Mmmmmmm, síííííí…

No necesitó ni vaselina, ni lubricante, nada, con sus propios jugos y lo cachonda que estaba aquel enorme falo negro de silicona fue entrando en su coño sin problemas. Me gustaba como lo sujetaba Claudia, agarrando el juguete por sus enormes huevos negros mientras se lo iba introduciendo.

―¡Ahhhhhhggggggggg!!! ―gimió mi mujer.

―¡Muy bien, zorra!, yo te follaría bien duro ahora, se nota lo cachonda que estás, ¡¡joder, tienes los pezones durísimos!!

La polla que sujetaba Claudia entraba y salía sin descanso de su coño y Toni cada vez se masturbaba más rápido.

―Dentro de diez días podrías tener ésta para ti… ―dijo él apretándose con una mano para hacer que se hinchara más todavía―. ¿No te apetece una verdadera polla caliente de carne y hueso?

―Sííííí, ahhhhhgggggggg, ¡¡quiero tu polla, la necesito!!, ¡ahhhhhgggg!…

Se giró buscándome y a punto de llegar al orgasmo me dijo.

―Coge esto y muévela así, como lo estoy haciendo yo…

Me puse de rodillas delante de ella, agarré el juguete de silicona por los huevos y la penetré hasta el fondo. Ella aprovechó que tenía las dos manos libres para acariciarse el clítoris y sobarse las tetas. Ver así a mi mujer hizo que me empalmara de nuevo, pero a Claudia ya le daba todo igual.

Estaba a punto de correrse.

Lo mismo que Toni, que fue el primero en explotar.

―¡¡Mira lo que te espera, Claudia!!, esto va a ser todo para ti, ahhhhhgggggg ―dijo Toni comenzando a correrse disparando potentes chorros contra su cam.

Me encantaba esa imagen, cuando la pantalla de nuestro ordenador se cubría de blanco y los chorretones de Toni se iban deslizando hacia abajo, eso fue el detonante para que Claudia empezara a correrse también con un gemido que retumbó por todo el salón, mientras yo movía la polla de silicona en su interior a toda velocidad.

Era la viva imagen del mamporrero. De rodillas, empalmado y metiéndole por el coño un juguete a Claudia para hacer que se corriera.

Le saqué la polla negra que salió brillante debido a los jugos de Claudia y me quedé mirando aquel juguete. No me creía que aquello cupiera en el pequeño cuerpo de mi mujer, pero vaya si cabía.

Bajo el culo de Claudia había una tremenda mancha de flujo empapando la funda del sofá, mi mujer no paraba de jadear y sus pezones seguían igual de duros que antes de llegar al orgasmo. Tenía la mirada perdida hacia el lateral de la casa y ella misma se acariciaba con suavidad el ombligo.

La pantalla del ordenador comenzó a limpiarse, era Toni que le estaba pasando un trozo de papel a su cam.

―Entonces, chicos, ¿quedamos el sábado que viene?

Me quedé mirando a Claudia, esperando su respuesta, tenías las tetas llenas de saliva, los ojos rojos, y el coño bien abierto.

―¡Haz lo que quieras, pesado!, siempre tenemos que hacer lo que tú digas… ―me soltó Claudia como si solo dependiera de mí.

―Está bien, Toni, el sábado que viene quedamos… ―le dije yo.

―¡¡¿En serio?!!. joder, ¡no me lo puedo creer!

―Estos días lo vamos hablando y ya concretamos fecha, hora y sitio… si te parece bien.

―Perfecto, mmmmmmmm… ¡qué ganas!, hoy habéis estado increíbles… vale, vamos hablando, hasta luego.

La conexión se cortó y yo cerré la tapa del ordenador. Se me notaba la erección a través del pijama y me quedé de pie, delante de Claudia.

―Trae algo para limpiarme… ―dijo mi mujer sin moverse del sofá.

Recogí los restos de flujo de su cuerpo con un trozo de papel higiénico, ella no decía nada, parecía que estaba saboreando el orgasmo que acababa de tener.

―Todavía no me puedo creer que vayamos a quedar con Toni… ¡esto sí que no me lo esperaba, tan pronto! ―dije yo eufórico.

―Después de tantos años vas a conocer por fin a tu “amiguito” de pajas, tienes tú más ganas de quedar con él que yo…

―¿Por qué dices eso?, ¿es que no te apetece?…

―Cuando quedemos en persona, estos encuentros por cam ya no van a tener sentido, el morbo es hacer esto sin conocernos, una vez que le veamos la cara, se perderá la magia…

―Puede ser, pero yo creo que es un paso lógico, tarde o temprano sabíamos que esto iba a pasar…

―Anda, vamos a la cama ―dijo Claudia poniéndose el pijama y dando por finalizada la sesión―. Me esperan unos días de mucho trabajo, después ya pensaremos en Toni…

41

Había salido un día espectacular, una mañana primaveral y soleada que hacía que los jardines todavía lucieran más bonitos. Y es que todo estaba preparado para el último día de campaña electoral. Era el acto final e iban a venir políticos muy importantes, empezando por el Presidente del partido, el Secretario General, algún ex ministro, el Presidente de la Comunidad Autónoma, el Consejero de Educación… no faltaba nadie.

Desde las doce de la mañana empezaban los mítines y habían concedido un hueco a la Consejería para que subiera un representante a dar un discurso. El Consejero no tuvo ninguna duda de quién era la persona idónea y eligió a Claudia para subir al estrado. En un principio ese gesto le molestó mucho a Basilio, pero luego pensó que no era tan mala idea. Era una jugada genial, Claudia tenía buena presencia, hablaba muy bien y él era su descubridor, el valedor de aquella mujer tan imponente. Sería un nuevo punto que anotarse en la carrera para ser el próximo Consejero de Educación de la Comunidad.

Y es que Basilio estaba en su salsa, saludaba a todo el mundo en los jardines, estaba a punto de vivir su momento de gloria en cuanto pasaran las elecciones, es para lo que se había estado preparando desde hacía muchísimos años. Había elegido su mejor traje azul marino, y no se cansaba de pelotear a los ex ministros y al Secretario General con el que cruzó unas palabras.

Pero si alguien llamaba la atención era Claudia. Tenía un brillo especial aquel día, posiblemente fuera su ropa, o quizás el pelo, llevaba meses sin cortárselo y se lo estaba dejando crecer, eso le daba un toque más sofisticado y elegante. No le faltaba detalle, con sus pendientes de perla y los labios pintados de un rojo intenso al igual que sus uñas.

Llevaba una camisa blanca tipo body, de tejido elástico y entalle ajustado, abajo se cerraba con dos botones de presión, y una falda larga midi de satén de color verde, muy parecida a la seda, que le creaba un volumen sutil y un movimiento fluido. Se había gastado 300 euros para comprarse aquella espectacular falda de Ralph Lauren, pero la ocasión bien lo merecía, era un dinero fantásticamente invertido viendo cómo le quedaba. Su pequeño culo no podía lucir más apetecible bajo ese vaporoso tejido. Y por último unos zapatos con casi diez centímetros de tacón fino. Ni tan siquiera tuvo que ponerse chaqueta, la mañana era calurosa y no le hacía ninguna falta.

Había tortas para hablar con aquella rubia, ya quedaban pocos en el partido que no hubieran oído hablar de la tal Claudia Álvarez. Y ella iba pegada a Basilio, que se la presentaba a todos por si alguien todavía no la conocía.

Una de las veces que se separó de Basilio, se quedó unos segundos a solas, momento que aprovechó el Secretario General para acercarse a ella.

―Hola, Claudia, me alegro de verte.

―Hola, buenos días, lo mismo digo.

Se sorprendió que se acordara de su nombre, solo se habían visto una vez un par de meses atrás en el Parador y apenas habían hablado unos minutos.

―Ha quedado precioso el jardín… ―dijo él.

―Pues sí, eso estaba pensando, no sé quién habrá sido el encargado de preparar esto, pero si lo averiguo le daré mis más sinceras felicitaciones.

―He estado repasando los nombres de los que van a subir a hablar y he visto el tuyo en la lista, ¿nerviosa?

―No, ¿por qué iba a estarlo?

―Yo siempre me pongo nervioso y más cuando hay tanta gente, pero me gusta ese aplomo que tienes…

―No, era broma, pues claro que estoy un poco nerviosa, pero bueno, hemos hecho un buen trabajo desde la Consejería para preparar el discurso, yo solo soy la transmisora de las palabras.

―Seguro que lo haces fenomenal.

―Eso espero…

Justo se cruzó un político, que Claudia no conocía, y se puso a hablar con el Secretario General haciendo que se quedara sola otra vez, pero Basilio estaba pendiente de Claudia en todo momento y se acercó a ella cogiéndola sutilmente por la cintura. Fue el primer contacto del día.

―Ven conmigo, Claudia, quiero presentarte a una persona.

Y la llevó a un grupo que se había formado de varios políticos, de ámbito nacional, para dar a conocer a Claudia, entre ellos estaba el Presidente del partido, que saludó a Claudia de manera cordial.

Por suerte, los mítines empezaron puntuales como estaban marcados, Claudia prefería estar sentada en una silla escuchando discursos, antes que estar saludando a multitud de gente trajeada. Le parecía un mundo muy superficial y falso, donde todos ponían buena cara. Los mítines iban a durar hasta bien entrada la tarde, en medio tenían un pequeño descanso para comer juntos y por la noche habían reservado para cenar en el hotel, y habitaciones para dormir, pero solo los miembros de la Consejería, con los directores generales y algún invitado más.

Sería el fin de fiesta a dos meses de duro trabajo, visitando pueblos, reuniones con alcaldes y haciendo campaña por los lugares más insospechados.

Otras veces había estado muy guapa, siempre iba impecablemente vestida y peinada, pero aquel día su vestuario era de diez y Basilio no le quitaba el ojo de encima. Cada cruce de piernas hacía que él bajara la mirada, así de paso se deleitaba con aquellos tacones con los que empezó a fantasear toda clase de perversiones. Cuando le ponía la mano en la espalda y ella comenzaba a andar sentía el vaivén de las caderas de Claudia y esa falda de satén se le pegaba al cuerpo de una manera tan elegante que no hacía más que preguntarse qué llevaría debajo y cómo sería la ropa interior de Claudia.

El día se le iba a hacer muy largo a Basilio, además ella notaba las constantes miradas libidinosas de su jefe, y es que cómo había cambiado el cuento, unos meses atrás él ni tan siquiera le prestaba atención, y ahora Claudia le tenía prácticamente dominado. Basilio perdía esa confianza que tenía en sí mismo cuando ella estaba delante, extrañamente se encontraba sometido al influjo de esa mujer que le sometía a su voluntad, sin apenas esfuerzo.

Estaba obsesionado con Claudia, se fijaba en cómo se movía, los gestos de sus manos, de su cara, cuando se pasaba el pelo por detrás de la oreja, sus cruces de piernas, su voz, su sonrisa, y su pequeño cuerpo. Esas tetas poderosas no desentonaban con su estatura, eran parte de su encanto, lo mismo que su redondo y prieto trasero.

Le asustaba los sentimientos que tenía hacia Claudia, incluso llegó a pensar que se estaba enamorando de ella. Aquella mujer era perfecta. Guapa, culta, elegante y educada.

La cabeza de Claudia desconectó cuando salió a hablar un Director General de sanidad y voló una semana atrás, al viernes anterior, cuando ese día realizó una de sus mayores locuras. Por no decir la mayor. Se había follado a uno de sus antiguos alumnos en el coche del chico donde se desnudó y se dejó hacer de todo. Le había chupado la polla y hasta se dejó sodomizar su culo. Terminó la noche tumbada boca abajo recibiendo la corrida de Lucas por la cara y el pelo.

Era mejor que pensara en otra cosa, por la mañana ya se había levantado excitada y la ducha no había ayudado a calmarla. Mientras se vestía le gustaba lo que veía frente al espejo. Estaba muy atractiva y se sentía poderosa, se apoyó en la cama para ponerse los zapatos e inevitablemente se acordó de Basilio, aquellos tacones le iban a volver loco. Finos y largos. Lo que a él más le gustaba.

Preparó una pequeña maleta con distintos vestuarios, lo necesario para pasar una noche de hotel y pasó a buscarla Modou, que en cuanto la vio se bajó del taxi para meter el equipaje en el maletero. Le echó un par de vistazos furtivos por el espejo retrovisor, aquella rubia le imponía mucho y esa mañana estaba realmente guapa con la falda verde y la camisa blanca entallada. Por supuesto que Claudia se dio cuenta de cómo la miraba el senegalés por el espejo retrovisor y cruzó las piernas en actitud erótica mientras se hacía la interesante. Luego sacó el pintalabios y se dio un pequeño repaso cruzando la mirada con el taxista a través del espejo. Rápidamente, Modou apartó la vista cuando se vio sorprendido por Claudia, que no pudo evitar reírse a la vez que se retocaba los labios.

Le encantaba provocar al senegalés también. Lo mismo que a su jefe.

Un par de horas más tarde terminaron los discursos de la mañana y se fueron todos a comer al hotel. A las cinco se reanudaban los mítines y era el turno de Claudia, que empezó la sesión vespertina cuando la gente ocupó sus asientos. Salió al estrado un poco nerviosa, con tanta personalidad delante de ella, pero se la veía confiada. Casi estaba más preocupado Basilio, sin embargo, se le fue pasando a medida que Claudia iba desgranando su discurso.

Su voz sonaba alta, clara y convincente. Basilio sacaba pecho desde su silla, esa era Claudia Álvarez y él la había descubierto y enseñado todo lo que sabía en política. Era su mano derecha. Aquella tarde Claudia no pasó desapercibida y se llevó una gran ovación al final de su discurso, sentándose con una gran sonrisa al lado de Basilio que la felicitó con unos golpecitos en el muslo.

―¡Enhorabuena, has estado genial!

El acto terminó con los discursos del Secretario General y el Presidente del partido y un aplauso grupal de todos los presentes puestos en pie. Se fueron despidiendo de la gente poco a poco, la mayoría felicitó a Claudia por su intervención, incluso el mismo Secretario General lo hizo.

―No te voy a perder de vista, creo que en ti hemos encontrado lo que estábamos buscando… hablaré con el Presidente… ―le dijo a Claudia, en una frase que no supo cómo tomarse, pero que se le quedó grabada.

Emocionada llegó a la habitación del hotel y lo primero que hizo fue llamar a su marido para contarle lo bien que había ido el acto. Ella había sido la gran estrella del día, sin ninguna duda.

―Y ahora, ¿qué vais a hacer? ―preguntó David.

―Tengo un rato libre, luego cenaremos solo los del trabajo, creo que somos doce o trece, el Consejero, los directores generales… es una cena de despedida del Consejero…

―Y Basilio estará que no le cabe un piñón por el culo, claro.

―Sí, parece ser que será su sucesor, si ganamos las elecciones…

―Entiendo, bueno, Claudia, pues pásalo bien y cuidado con lo que haces…

―¿Ah, sí?, ¿quieres que tenga cuidado?, lo mismo esta noche te llamo para darte novedades, quién sabe…

―¿Esta noche?… pero Claudia, dijiste que no ibas a volver a hacer nada con tu jefe…

―Ya sé lo que dije, pero llevo mucha tensión acumulada estos días y no tiene por qué ser con él… o con un hombre…

―¡Joder, Claudia!

―¿Qué pasa? ¿Ya se te ha puesto dura, cornudito?

―Sí, uffffff, mucho, tú con lo que sea me llamas…

―Jajajajaja, me encanta tenerte así, esta noche ya no duermes…

―Cómo me conoces.

Después de hablar con su marido se pegó una ducha, le gustaba provocarle, aunque esta vez no le había mentido, había estado muy nerviosa toda la semana pensando en que tenía que dar el discurso en el acto final de campaña y ahora que había salido bien se sentía liberada, contenta y además tenía ganas de sexo.

También llevaba jugando con Basilio todo el día, cruzando las piernas delante de sus narices, poniendo los zapatos cerca de su vista para que él pudiera contemplarlos, dejándose poner la mano en la espalda y en la cintura. Sabía el poder que tenía sobre su jefe y quién sabe lo que podría pasar después de las elecciones cuando a Basilio le nombraran Consejero de Educación. Eso todavía le daría más morbo a Claudia. Tener dominado sexualmente a un alto cargo era una idea que le gustaba.

No se puso tan elegante como durante el día, se vistió con unos pantalones vaqueros azul oscuros bien ajustados, una camiseta negra con lentejuelas y los mismos zapatos que por la mañana, pues le quedaban muy bien con los pantalones.

Fue una cena tranquila entre trabajadores de la Consejería, la habían organizado ellos sin contar con nadie más del partido y por supuesto que el centro de atención fue Basilio, que se sabía el primero en la carrera por llegar al puesto de jefe que iba a quedar vacante. Cuando terminó la cena, algunos se fueron a casa en taxi, y solo cuatro reservaron habitación en el hotel, entre ellos Claudia y Basilio.

No es que fuera muy tarde, sobre la una de la mañana, y antes de subir a las habitaciones Basilio le preguntó a Claudia si se quedaba a tomar una copa con él, quería invitarla por el buen trabajo que había hecho durante toda la campaña donde había tenido un comportamiento impecable. Así que Claudia aceptó.

Ya se habían quedado los dos solos.

―¿Tomamos aquí la copa o vamos a dar un paseo por el pueblo?, seguro que hay algún sitio abierto, parece que se ve ambiente… ―preguntó Basilio.

―Es viernes, algo habrá abierto, si quieres damos un paseo…

En cuanto salieron a la calle les vino una brisa de aire frío, era mayo y por la noche refrescaba bastante.

―Voy a subir a la habitación a por una chaqueta.

―No hace falta, espera que te dejo la mía ―dijo Basilio quitándose la americana y poniéndola sobre los hombros de Claudia.

―Muchas gracias.

Se fueron andando hasta que encontraron un bar abierto, era justo lo que estaban buscando, un sitio tranquilo y con la música bajita para poder tomarse una copa. Claudia le devolvió la americana a Basilio y este la dejo apoyada en un perchero. También su jefe estaba más tranquilo después del día tan ajetreado que habían pasado, incluso se había desabrochado un poco el nudo de la corbata, cosa que no solía hacer, pues siempre iba perfectamente vestido.

Estuvieron charlando casi una hora, Basilio no dejó de alabar a Claudia y le dijo aquello de que juntos iban a hacer un gran equipo, e incluso ya tenía pensado qué puesto le iba a dar a Claudia en la Consejería.

―Solo nos falta ganar las elecciones…

―Eso está hecho ―contestó Basilio totalmente confiado.

―Yo creo que ya es hora de regresar al hotel, es un poco tarde ―dijo Claudia dando un trago a su copa.

―Sí, tienes razón, el día ha sido muy largo, por cierto, también quería felicitarte por lo guapa que ibas vestida, estabas espectacular en el acto, aunque ahora estás muy guapa también, eh, y esos zapatos son muy bonitos…

―Gracias, ¿te gustan los zapatos?

―Sí, son una pasada… ―dijo Basilio mirando hacia abajo, sin disimular ya el fetiche por ese tipo de prendas.

―Estoy deseando quitármelos, son muy cómodos, pero para aguantarlos todo el día, ufffff.

Basilio movió su pie para rozar el zapato de Claudia.

―Sí, ya veo que tienen mucho tacón…

Entonces, Claudia levantó un poco el pie y se lo clavó en el empeine, apretando hacia abajo durante un par de segundos. La cara de Basilio se transformó al momento.

―¡Uy, perdona!, ha sido sin querer…

―No, no pasa nada… no me ha molestado…

Y Claudia volvió a pisarle. Esta vez más fuerte mientras le miraba fijamente a los ojos.

―Puedes hacerlo las veces que quieras… ―dijo en bajito Basilio, que parecía avergonzado ante las palabras que acababa de pronunciar.

Claudia hizo como que no le había escuchado y apuró la copa para salir juntos del bar. Otra vez Basilio le echó la americana por los hombros, solo que esta vez también rodeo su cintura con el brazo, apoyando la mano en su cadera, muy cerca de su culo.

Para provocar a su jefe, Claudia movía las caderas exageradamente al andar, ella también estaba caliente con ese juego y le daba morbo que Basilio se tomara esas confianzas, pero ella le había dado pie a que lo hiciera al pisarle en el bar. Había sido una provocación y Basilio había captado la indirecta.

De hecho, llegando al hotel la mano de Basilio fue resbalando hacia abajo y llegó un momento en que ya prácticamente la tenía sobre su culo. Y sin cortarse lo más mínimo apretó los glúteos sobando a Claudia mientras caminaban. Ella se dejó hacer, como una cualquiera y eso todavía le puso más cachonda.

Agarrados fueron hasta el ascensor del hotel y pulsaron el botón de la tercera planta. La tensión sexual era latente y mientras subían Claudia se puso delante de él, dándole la espalda y le volvió a pisar, clavándole el tacón en el pie a Basilio, que apoyó las dos manos en la cintura de Claudia y se acercó a ella pegando el paquete contra su culo. Claudia sintió la erección de su jefe mientras seguía haciendo fuerza hacia abajo con su pie.

En cuanto se abrió la puerta del ascensor Basilio le volvió a poner la mano en la cintura y fueron andando hasta las habitaciones. Al pasar de largo por la de Claudia ella se detuvo en seco.

―La mía es esta ―dijo apartándose de su abrazo y devolviéndole la chaqueta.

―Eh sí, sí es verdad, no me había dado cuenta.

La escena era curiosa, Claudia sacó la tarjeta de su habitación y Basilio a dos metros de ella no sabía qué hacer. Lo normal era ir andando hasta la puerta de la suya, pero se quedó allí, inmóvil.

―Buenas noches ―le dijo Claudia.

―Ehhh, buenas noches… ehhh… ¿no quieres venir a la habitación?, te invito a una copa ―preguntó Basilio a la desesperada.

Entonces Claudia dejó abierta su puerta y le dijo.

―Anda, pasa…

Temeroso entró a la habitación de Claudia y se quedó de pie echando un vistazo a su alrededor. Estaba perfectamente recogida y vio sobre una silla la ropa que ella había llevado durante el día. Claudia se puso delante de él.

―¿Quieres tomar algo?

―Ehhhh sí, una…

Pero no le dejó terminar la frase, pasó la mano por su rizado pelo y le atrajo contra sí para darle un morreo. La anterior vez le había gustado mucho cómo besaba Basilio y él no la defraudó. Se metieron las lenguas en la boca y las entrelazaron, acariciándose entre ellas. Las manos de Basilio bajaron al culo de Claudia, que le dejó hacer unos segundos.

Besarse con su jefe de esa manera le ponía especialmente cachonda, era un beso sucio, húmedo y muy guarro. Se empaparon los labios y las barbillas, las lenguas de los dos se movían ansiosas tanto dentro, como fuera de la boca y Claudia se separó de él mirándole fijamente. Se quitó la camiseta negra delante de Basilio quedándose en sujetador y después le empujó contra la cama.

Cuando se sentó sobre sus piernas, notó los nervios de Basilio y se dio cuenta de que ya estaba empalmado bajo los pantalones. Los ojos de su jefe se perdieron en aquel escote que lucía poderoso delante de sus narices y subió las manos para ponerlas sobre sus tetas, pero Claudia se lo impidió, retirándole las manos.

―¡No me toques! ―le ordenó Claudia antes de volver a buscar su boca.

No sabía el porqué se calentaba tanto al besarse con él, pero se estaba poniendo muy cerda morreándose con Basilio, se movía encima de él como una serpiente, sintiendo su polla bajo el cuerpo.

―Espera, espera… ―dijo tímidamente Basilio.

―Y ahora, ¿qué te pasa?

―Antes de seguir, ¿puedo pedirte una cosa?

―Pídeme lo que quieras, luego ya veré si lo hago o no…

―Es que esta mañana me gustaba mucho como ibas vestida… ¿te importaría ponerte la misma ropa?

―¿La falda verde y la camisa blanca?

―Sí, por favor… y los zapatos, claro…

Sin decir nada Claudia se levantó, dejando a Basilio sentado en la cama. Encima de la silla tenía dobladas las prendas que había llevado durante el día.

―¿La ropa interior también?

―Bueno, eso como quieras… ehhhh… sí, por favor… la misma también…

―Espera que busco las braguitas sucias en la maleta, tienen que estar por aquí ―dijo Claudia agachándose y buscando en un pequeño apartado ―. ¡Sí, aquí están! ―exclamó al sacarlas de allí.

Se puso delante de Basilio con las prendas en la mano, lo primero que hizo fue quitarse los zapatos, se fue sacando como pudo los vaqueros, no era nada fácil hacerlo de pie, pues le quedaban demasiado ajustados. Aun así Claudia mantuvo la elegancia en todo momento.

Ya estaba medio desnuda, solo tenía puesta la ropa interior.

―No mires, ¡cierra los ojos!… ―le pidió antes de girarse.

Era una orden completamente absurda, y Claudia lo sabía, pero quería ver la reacción de Basilio. Con una sonrisa en la boca se bajó las braguitas y se puso las negras que había llevado todo el día. Basilio, como un niño pequeño, se tapó los ojos con una mano, pero entreabrió los dedos un poquito para ver el precioso culo de Claudia. Luego ella se quitó el sujetador de espaldas a él.

―¿Ya puedo mirar? ―preguntó.

Claudia se giró para ver a Basilio sentado en la cama tapándose la cara, le hizo gracia ver a su jefe así.

―Un momento… joder, antes tengo que hacer una cosa que se me había olvidado ―dijo Claudia buscando algo en su bolso.

Sacó el móvil y le dijo que tenía que llamar a su marido para decirle que había llegado bien al hotel. Basilio no entendía nada de lo que estaba pasando, la escena era surrealista, Claudia hablando con su marido en ropa interior, mientras él se tapaba la cara con la mano.

―Hola, David… sí, no te preocupes… he llegado bien… ya estoy en la habitación… vale… mañana hablamos…

Disimuladamente se puso frente al espejo y le escribió un mensaje a David por WhastApp a la vez que se hacía una foto para mandársela. Salió algo movida, pero se la veía a ella en sujetador y a Basilio por detrás, sentado en la cama.

Claudia 1:58

Estoy con Basilio en la habitación… ¿qué te parece, cornudo?

Después dejó el móvil en la mesa y comenzó a vestirse, se puso la camisa blanca entallada, sin sujetador y se abrió un par de botones para lucir un buen escote, luego se colocó la falda verde larga de satén y apoyándose en la mesa se calzó los zapatos. Despacio se dio la vuelta y fue andando hasta los pies de la cama.

―Ya puedes abrir los ojos…

―¡¡Guau, Claudia, estás impresionante!!

―¿Te gustan mis zapatos?

―Sí, son preciosos…

―Pues ya sabes lo que tienes que hacer…

―No entiendo ―dijo él.

Le cogió de la corbata y tiró hacia abajo haciendo que Basilio cayera al suelo y se quedara a cuatro patas, a Claudia le hizo gracia tener en esa postura al futuro Consejero de Educación de la Comunidad, e incluso le arrastró unos metros por la habitación, como si estuviera paseando un perrito.

―¿Ya sabes lo que tienes que hacer?

―No…

―¡Chúpame los pies!, sé que lo estás deseando…

―¡¡Claudia!!

―¡Que lo hagas, te he dicho!

Tiró hacia abajo con fuerza de la corbata y Basilio cayó de bruces, no tuvo más remedio que besar los pies de Claudia, que apoyó el tacón en el suelo y levantó las punteras hacia arriba.

―¡Vamos chupa, esto te encanta, perrito!

Soltó su corbata para dejarle libre, y Basilio, a cuatro patas, se puso a lamer la punta del zapato y se lo metió en la boca, como si fuera una polla. Claudia le movía el pie de lado a lado y Basilio le buscaba ansioso con la lengua fuera para volver a chuparlo. Se agachó más, casi pegado al suelo, besuqueando los laterales del zapato de Claudia hasta que llegó al tacón, que lamió pasando la lengua de arriba a abajo por esos diez centímetros de cuero.

Hizo lo mismo con el otro pie sin que nadie le mandara, Claudia asistía incrédula a la escena, una cosa era tener dominado a tu jefe y otra era hacer con él lo que estaba haciendo, aun así le dejó, sabiendo que eso le excitaba al sumiso de Basilio. Aunque no podía verlo, se imaginaba la tremenda erección que debía lucir bajo el pantalón del traje.

Se agachó para cogerle por la corbata y tiró de él hacia la cama, paseándole por la habitación unos segundos y haciendo que Basilio caminara a cuatro patas.

―¡Siéntate en la cama!

A pesar de que ella llevaba las riendas del juego, también estaba tremendamente cachonda, haberse cambiado de ropa delante de él le había encendido, pero se puso más caliente todavía cuando llamó a su marido. Notaba como al pobre David le temblaba la voz al hablar con ella.

―Voy a beber un poco de agua… ―dijo acercándose al mueble bar y sacando una botellita.

No era más que otra excusa para agacharse y que Basilio le mirara el culo, que se le insinuaba bajo esa falda verde de satén. Con la botellita de agua en la mano, dio un trago y se acercó a Basilio. Abrió las piernas metiendo las de Basilio entre las suyas y antes de bajar se desabrochó los botones de la camisa.

Colocándose la falda, se sentó en el regazo de Basilio que se quedó impresionado al ver a Claudia con la camisa abierta. Se le veían sus preciosas tetas casi al completo, tenía unos pezones grandes y claritos y estaban realmente duros. Le hubiera gustado apartar la tela de la camisa hacia fuera para desnudarla por completo, pero no se atrevía a hacer nada sin que ella se lo ordenara.

Fue la propia Claudia la que se apartó la camisa a los lados, mostrándole sus tetas.

―¡Cómemelas! ―le ordenó tirando de la cabeza hacia su cuerpo.

La boca de Basilio buscó ansioso esos pezones tiesos, y ahora sí, subió las manos para estrujar aquellas dos mamas mientras se las babeaba, apretándoselas hacia el centro. Claudia gimió y sintió que perdía el control de su cuerpo, una vez más, además le encantaba sentir la polla de Basilio frotándose con sus braguitas. Su jefe daba pequeños gruñidos al comerle las tetazas, y rabiosa le tiró del pelo apartando los pechos de su boca.

Se inclinó sobre Basilio para volver a morrearse con él, se volvía loca haciendo eso, y Basilio bajó las manos para tocarle el culo sobre la suave tela. Pero no se iba a conformar con eso, fue tirando de la falda hacia arriba para poder colar las manos por debajo hasta que llegó a su culito. Tan solo le separaba de su piel unas finas braguitas de color negro.

Introdujo los dedos por el lateral y le tocó los glúteos a Claudia. La imagen era muy morbosa, Basilio sentado en la cama y Claudia encima de él con la falda verde y la camisa abierta mientras se comían la boca.

Tuvo que retirarse un poco hacia atrás para poder desabrocharle el pantalón y sacarle la polla. Basilio protestó, pero se dejó hacer cuando Claudia tiró de sus pantalones para bajárselos hasta los tobillos junto con sus calzones. Antes de volver a acoplarse sobre él se quedó mirando su polla, no estaba nada mal, aunque lo que más le llamaba la atención era el vello púbico rizado y lo salvaje que lo tenía.

Otra vez volvió a acoplarse sentándose en su regazo, no quiso agarrarle la polla con la mano para que no se corriera, aunque se quedó con muchas ganas. Entonces, ella misma separó sus braguitas y se dejó caer sin llegar a metérsela. Le dio mucho morbo sentarse sobre el pito de Basilio, que gimió al sentir el calorcito que emanaba el coño de Claudia directamente sobre él.

Quería hacer tantas cosas que no sabía ni por dónde empezar, le tocaba el culo, luego subía las manos para sobarle las tetas y cuando se las iba a lamer de nuevo ella se lo impidió morreándose con él. A Basilio también le gustaba comerse la boca con Claudia, eso incluso le parecía más erótico e íntimo que follar.

¡Y qué bien besaba la puta de ella!

Tampoco es que Claudia se estuviera quieta, se movía en un vaivén lento y sutil sobre el falo de Basilio, acariciándolo con su coño. Era como si le estuviera haciendo una paja con sus labios vaginales.

―¿Quieres follarme? ―le preguntó Claudia en un gemido.

―¡¡Sí, síííííí!!

Claudia bajó la mano y le agarró la polla, rodeándola fuerte entre sus dedos, luego con suavidad y delicadeza la puso a la entrada de su coño, pero las braguitas le impedían que estuviera a gusto del todo.

―Espera un momento… ―dijo incorporándose.

En un gesto muy erótico se metió las manos por el lateral de la falda y tiró de sus braguitas, sacándoselas con mucha sensualidad. Las lanzó sobre la cama antes de agarrarle el pito a Basilio con dos dedos y dejarse caer sobre él. La polla de su jefe fue entrando en su coño y cuando la hubo penetrado por completo apoyó el culo sobre su regazo.

Dejó que él metiera las manos por debajo de la falda, para agarrarle el culo, le gustaba cómo Basilio le manoseaba los glúteos mientras ella se movía lentamente sobre él. Su polla apenas entraba y salía de su coño, era más bien una cadencia delante y atrás frotando al máximo sus cuerpos, pues Claudia era muy consciente de que si se ponía a botar como una loca Basilio se correría inmediatamente.

Y aquello tenía que durar, estaba demasiado cachonda como para dejar que él terminara tan deprisa, le gustaba sentirle dentro y tiró de su barbilla hacia arriba para besarle de nuevo. Juntar la lengua con la de Basilio le proporcionaba un placer que no podía describir. Basilio intentaba calmarse y amoldarse al ritmo lento que ella iba marcando, pero le era muy difícil. Ahora sí que estaba disfrutando del culo de Claudia, era justo como se lo había imaginado, pequeño, redondo, duro y suave.

Una completa delicia.

Pero las tetas de Claudia bailaban delante de las narices y eran un manjar a su alcance que no podía tocar, puesto que tenía las manos ocupadas bajo su falda, así que metió la cabeza allí y Claudia le sujetó por el pelo para dejar que Basilio se las comiera mientras follaban.

Estaba en la gloria saboreando aquellos pezones, pasaba de uno a otro babeándola como si fuera un bebé, y no se cansaba de sobar ese culo, no pensaba quitar las manos de esos glúteos hasta que se corriera. Intentaba distraerse, pensar en otra cosa para no terminar, por suerte para él Claudia le estaba dando tregua con movimientos extremadamente lentos y eso le estaba permitiendo aguantar más tiempo.

Era una gozada tener la polla dentro del coño de Claudia Álvarez, que gemía muy bajito en una especie de ronroneo que le estaba volviendo loco a Basilio.

―¿Te gusta follarme?

―Ummmmm, claro… ―contestó Basilio sacándose las tetas de la boca para poder hablar.

Inmediatamente volvió a la carga y Claudia cerró los ojos, de vez en cuando Basilio le mordía despacio los pezones y eso la encendía más, pero lo que a él más le gustaba era chupar. Ya le había dejado las tetazas llenas de saliva.

―¡Muérdeme los pezones! ―le ordenó Claudia.

―¿Estás segura?

En vez de contestarle le aplastó la cara contra su pecho, para no dejarle escapar.

―Ahhhhggggg, así no, ¡¡más fuerte joder!!

No se atrevía a hacerlo como le pedía Claudia, le daba miedo causarla daño y apretó un poco más con sus dientes, atrapando uno de sus erectos pezones.

―¡¡Más fuerte, ahhhhhhgggggg, más fuerte!! ―insistió ella.

Esta vez sí, le rodeó un par de veces con la lengua, dejando que se relajara y de nuevo volvió a la carga mordiendo con rabia el pezón izquierdo de Claudia, que debía medir casi un centímetro de lo duro que estaba.

―¡¡Ahhhhhhgggg sííííííí, eso es, muy biennnn, ahhhhhhgggggg, sigueeee…!!

Los dientes de Basilio le habían hecho daño, pero también le habían proporcionado mucho placer, y eso es que ella quería, que Basilio se pusiera duro.

―¡Otra vez, hazlo otra vez!

Y Basilio, fuera de sí, le pegó un mordisco al otro pezón que estaba libre, haciendo que Claudia aullara de placer y de dolor.

―¡¡Joderrrrr, ahhhhhhggggggg!!

No podía aguantar más tiempo de lo que caliente que estaba y Claudia dejó ese vaivén lento para comenzar un ligero sube y baja sobre la polla de Basilio, que se deslizaba suave en su húmedo coño.

Ahora el que comenzó a gimotear fue Basilio, el calor que desprendía el coño de Claudia era superior a sus fuerzas, prácticamente no estaba haciendo nada, solo se dejaba follar por ella y la sensación era muy placentera. Claudia le agarró por el pelo y le apretó la boca contra sus tetas mientras no dejaba de cabalgarle la polla cada vez con más intensidad.

―¡No te corras dentro! ―le advirtió Claudia.

Casi mejor que no le hubiera dicho nada, porque esas palabras con voz de guarra, hicieron que Basilio ya solo pudiera pensar en su inminente orgasmo. Intentó resistirse, pensar en otra cosa, pero estaba atrapado bajo el cuerpo de Claudia, sentado en el borde de la cama y abrazado a ella no controlaba nada de lo que estaba pasando.

―¡No te corras dentro! ―volvió a decirle Claudia aumentando el ritmo al que se le follaba.

“¿Por qué no te callas la puta boca?”, pensó Basilio, juntando las piernas y apretando los huevos para evitar correrse. Cerró los ojos y se puso a contar desde cien restando de seis en seis, “100, 94, 88, 82, 76, 70, 64…”, eso le hizo ganar un poco de tiempo. Entonces escuchó la voz de Claudia otra vez.

―¡¡No te corras!! ¡¡Ahhhhhhhhhggggg!!

Claudia parecía haber enloquecido de placer, seguía subiendo y bajando sobre la polla de Basilio, botando frenéticamente sobre sus piernas, haciendo que sonaran sus nalgas contra los muslos de él. Le agarró por la barbilla mirándole a los ojos.

―¡¡No te corras dentro!!

Y después se tiró contra su boca para darle el morreo más sucio y guarro de toda la noche. Los huevos le palpitaron y la polla se le puso dura como una piedra. Intentó avisar a Claudia, pero ella no le dejó escapar jugando con su lengua lascivamente. El pobre Basilio logró un segundo de respiro para gimotear.

―¡¡Claudia, para, para, me corro, paraaa, por favor, paraaaaaaaaa…!!

No había terminado de decir la frase y ya estaba descargando dentro del coño de Claudia, que seguía moviéndose sobre él.

―¡¡No te corras!! ¡¡Ahhhhhhggggggg!! ¡¡No te corrassss!!

El pobre Basilio no tenía escapatoria por ningún lado, cuando se liberó de la boca de Claudia ella se puso erguida encima de él y se encontró de nuevo sus maravillosas tetas bamboleándose delante de su cara, mientras seguía corriéndose sin parar dentro de ella. Atrapó con la boca uno de sus erectos pezones coincidiendo con los últimos instantes de su orgasmo.

Durante unos segundos se quedó en la misma posición, gimoteaba como un niño pequeño con las tetas de Claudia en la boca y las manos en su culo. La que parecía que no se había corrido era Claudia que seguía meciéndose sobre él, aunque lo hacía como al principio, con suaves vaivenes delante y atrás con toda la polla de Basilio en su interior.

―¿Ya has terminado?, te he dicho que no te corrieras… ―dijo Claudia, que de repente parecía muy enfadada.

―Yo… ehhhh, lo siento, no he podido… es que estabas… intenté avisarte…

Se puso de pie y tiró de la corbata de Basilio hacia arriba para que se levantara. Su jefe tenía unas pintas ridículas con la polla flácida y los pantalones por los tobillos. Era la venganza que Claudia llevaba planeando tanto tiempo. Se acordaba perfectamente la primera vez que se habían acostado juntos y como él la había echado de malas maneras de la habitación.

―¡¡Vístete y largo de aquí!! ―gritó Claudia.

―Perdona, Claudia, no quería…

Casi se le escapó la risa a Claudia cuando se dirigió a la puerta, abriéndola, para enseñarle el camino que debía tomar su jefe y tuvo que mirar hacia otro lado cuando él se agachó para subirse los pantalones antes de irse. Rápidamente cerró y cogió el móvil para sentarse en el suelo, desnuda y abierta de piernas frente al espejo de la habitación.

Todo había sido un juego, sí, pero ahora con la corrida de Basilio dentro estaba muy cachonda y llamó a su marido.

Apenas había pasado media hora desde la primera llamada cuando Claudia volvió a llamarme. Todavía estaba asimilando lo que había pasado, mi mujer me había despertado para decirme que estaba bien y que ya había llegado a la habitación. Me parecía muy raro, pero enseguida comprendí lo que estaba pasando.

Luego me llegó su WhastApp y la foto de Claudia en ropa interior frente al espejo, estaba algo movida, pero me dio igual, casi me daba más morbo que se viera así. Al fondo podía verse a su jefe sentado en la cama.

Ya no había podido dormirme, nervioso y empalmado estuve esperando a que Claudia volviera a ponerse en contacto conmigo.

―Claudia, ¿estás bien?

―Ya se ha ido… ―me dijo.

―¿Te has acostado con él? ―pregunté ingenuamente.

―Sí, acabamos de follar en mi habitación y he dejado que terminara dentro de mí, solo me faltas tú para limpiar lo que ya sabes… imagina cómo estoy, todavía no me he corrido…

―¡¡Joder, Claudia!!…

―¿Quieres verlo?…

―Sí, sí, quiero verlo…

Acto seguido recibí una video llamada de Claudia, sujetaba el móvil enfocando al espejo largo de su habitación, en él se la veía reflejada, desnuda y abierta de piernas, luego acercó la cámara a su coño. De él manaba un líquido blanco y viscoso que debía ser la corrida de Basilio.

―¿Lo ves? ―escuché que me preguntaba.

―Ya lo creo que sí…

―Esto tenía que ser para ti ―dijo recogiéndolo con un dedo―. ¿Te gustaría chuparlo?

―Ummmmmm, sííííí. ¡me encantaría!

―Mañana hablamos, buenas noches, cornudo… ―dijo Claudia antes de colgarme.

Intenté llamarla otra vez, hablar con ella, no quería que me dejara así, pero Claudia ya no me contestó. Puse en la pantalla del móvil la foto que me había mandado antes y me masturbé bajo las sábanas para terminar en unos pocos segundos.

Supuse que Claudia estaría haciendo lo mismo, masturbándose como una puta. Si no se había corrido todavía debería estar muy cachonda y me encantó imaginármela tocándose, mirándose desnuda frente al espejo y frotándose el coño con sus dedos pegajosos por el semen de su jefe.

Debía ser una imagen sublime.

42

Las elecciones fueron un completo éxito, tanto las municipales como las de la CCAA. El partido de Claudia ganó por mayoría absoluta, lo que significaba que próximamente nombrarían un nuevo Consejero de Educación afín a su partido. Todas las miradas estaban puestas en Basilio y Claudia sabía que le esperaba, como mínimo, una dirección general para seguir siendo la mano derecha de su jefe.

Iban a ser unas semanas convulsas, con muchos cambios, pero Claudia necesitaba darse un respiro. Se cogió cinco días libres después de las elecciones. Fue un tiempo bien empleado, quería estar en casa, ponerlo todo al día, estar con sus hijas y con su marido y también se dio varios caprichos y atendió a sus cuidados personales.

Se hizo un par de masajes, una limpieza de cutis, le arreglaron las uñas, se fue a la peluquería a que le sanearan las puntas, le gustaba cómo tenía el pelo ahora, se lo había dejado crecer bastante y le daba toque más sensual. El jueves pasó el día entero de tiendas con Mariola, que también se cogió el día libre en el trabajo.

Por la mañana no había mucha gente en el centro comercial y las dos amigas estaban más a gusto sin tanto agobio para poder comprar. En la primera visita juntas a los probadores, Mariola puso a Claudia contra la pared y le pegó un buen morreo.

―¡Tranquila, Mariola!, si empezamos ya así se nos va a hacer muy larga la mañana…

―Lo sé, pero es que no lo puedo remediar, es verte en braguitas y me pones demasiado cachonda.

Se compraron de todo, pantalones, blusas, camisetas, zapatos, un abrigo y un par de bolsos. Luego fueron al Mc Donal’s a comer, podían haber ido a algún restaurante caro, pero a Claudia le apetecía darse un capricho de comida basura. Allí, apartadas en una mesa, se pusieron un poco al día y Claudia le contó lo del encuentro el sábado con Toni. Solo faltaban dos días.

―O sea que en un par de días habéis quedado, por fin, con el de la cam…

―Sí, yo no estaba muy convencida, pero David… ya sabes, el chico este tenía que venir a Madrid, por un tema familiar, o algo así… y al final hemos quedado, se ha encargado de todo David, del hotel, del restaurante…

―Mmmmmm, ¡qué bien suena eso!, ya me contarás, la verdad es que me da un poco de envidia, preferiría ser yo la que estuviera con vosotros, pero creo que lo vais a pasar muy bien.

―Va a ser un poco raro, después de hacerlo tantas veces así frente a la cam, ahora estar juntos de verdad, ¡ni tan siquiera nos hemos visto nunca las caras!

―Uffffff, ¡eso lo hace todavía más morboso!

―David lleva unos días nerviosísimo, yo creo que nunca había estado así, ni cuando quedábamos con Víctor.

―Claro, es que según me dijiste ya llevaban tiempo hablando entre ellos.

―Sí, unos cuantos años, Toni sabe perfectamente de las fantasías cornudas de mi marido y de sus gustos sexuales… ya me entiendes…

―No…

―Pues que entre ellos habían tenido muchas veces la fantasía sexual típica del cornudo y tal, pero Toni le provoca mucho a David diciéndole que si le gustaría hacer cosas con él delante de mí… y David se pone muy caliente con eso…

―Mmmmmm, ¿tú crees que tu marido haría algo con ese tío?, ¿y a ti te gustaría verlo?, no sé, me parecería súper fuerte si ves a David haciéndole una paja a un hombre, puede que eso te excite, cacho guarra, jajajaja.

―No sé si me gustaría ver eso, pero creo que a David le pone mucho la idea, ya le has visto…

―Sí, jajajaja, y tú por hacerle un favor le dejarías que se la chupara a ese Toni delante de ti, pero solo por hacerle un favor a tu marido claro, jajajaja.

―¡Qué cabrona eres!

―Venga reconoce que te gustaría ver al cornudito chupando ese pollón que luego te va a follar… sería una de las mayores humillaciones que le puedes hacer… y a David le encantaría…

―Puede ser… no lo había pensado.

―Sí, ya… por cierto, lo pasamos fenomenal la última vez los tres juntos, me encantó dar por el culo a tu marido.

―¡Hija de puta!

―Oye, habla bien, que eres toda una señorita, jajajaja.

―Jajajajaja.

―Te lo digo en serio, me gustó que me dejaras hacer esas cosas con él, en el fondo me da pena y además David me parece muy guapo, ya te lo había dicho, creo que en las siguientes citas que tengamos juntos podemos hacer algo más, si te parece bien, si quieres le hago una mamada, o hasta dejaría que me follara, hay que darle algún regalito de vez en cuando…

―Tú lo que quieres es tirarte a mi marido, puta…

―¡Madre mía, qué mal hablada estás últimamente!

―Si solo fuera eso… ―dijo Claudia.

―¿Por qué lo dices?

―Ehhhh… la semana pasada me volví a acostar con Basilio ―murmuró cómo si le diera vergüenza reconocerlo.

―¿Otra vez?

―Sí, tía, otra vez, fue en el acto final de campaña, le dejé que entrara en mi habitación y terminamos, bueno ya te lo imaginas…

―¡Serás guarra!, joder, estás desatada, uffffffff y eso me encanta, no creas que he terminado contigo, solo acabamos de empezar, quiero que hagamos de todo tú y yo, ¿te imaginas haciendo un trío con un chico de veintipocos?, o con el negrito ese taxista que te lleva a todas partes, que también me pone mucho, las dos ahí con él, mmmmm, compartiendo su pollita de chocolate…

―¡Calla, deja de decir tonterías!

―¿No te gustan mis tonterías?

―No.

―Así que el sábado habéis quedado con el de la súper polla…

―Sí.

―¿Te has comprado algo especial para ese día?

―No, estaba esperando a contártelo, ahora por la tarde podemos entrar en alguna tienda de lencería y buscamos un conjuntito…

A Mariola le dio mucho morbo ayudar a Claudia a elegir la ropa interior que iba a llevar el sábado. Estuvieron un buen rato en la tienda, viendo modelos, tocándolos, sintiendo el tacto que tenían. Claudia se dio cuenta de que a Mariola le ponía cachonda estar allí y lo mismo le pasaba a ella. Era muy excitante elegir el conjuntito que iba a llevar para follar con Toni24 y cuando lo eligieron salieron de la tienda realmente calientes.

Después fueron hasta casa de Mariola y estuvieron follando una hora y media.

Y es que Claudia no parecía saciarse con nada, de vuelta a casa, después de tres orgasmos, mientras iba en el coche empezó a pensar en el último mes y medio, se había acostado con Mariola, con Basilio, con Lucas, y ahora iba a tener un encuentro con Toni.

Intentaba estar tranquila, que los encuentros fueron más espaciados en el tiempo, pero sucedía todo lo contrario, ya cada semana follaba con alguien que no fuera su marido y su cuerpo lo necesitaba, estaba todo el día con el coño caliente, palpitando. Solo podía pensar en sexo.

El sábado les esperaba Toni24 y su monstruosa verga llena de venas. Era solo pensar en él y le temblaban las piernas. Ya estaba todo preparado, la ropa que iba a llevar, el conjuntito íntimo, el pelo perfectamente arreglado, las uñas en su punto y el coñito bien depilado.

El jueves por la tarde llegó Claudia a casa, no me hizo falta preguntarle nada para saber que había tenido sexo con Mariola. Lo veía en su cara, pero por la noche después de cenar me lo confirmó mientras veíamos la tele.

Más leña al fuego, yo llevaba una semana con los nervios a flor de piel, el sábado íbamos a quedar con Toni, llevaba más de seis años hablando con él por el chat, empezamos por casualidad y ahora era mi mayor confidente, se sabía perfectamente toda mi vida y yo la suya. Físicamente no tenía un amigo como él, al que le pudiera confiar mis secretos.

Sinceramente, no tenía ni idea de cómo iba a resultar el encuentro, a través de la cam nos había llevado al límite muchas veces, y Claudia se desataba por completo cuando estábamos con él, haciendo cosas que jamás me hubiera imaginado.

El viernes en cuanto llegué a la fábrica estuve repasando las reservas de hotel y el restaurante. Había reservado habitación en uno de los mejores hoteles de Madrid, un cinco estrellas de corte clásico, por el que me habían llevado 400 euros por una noche. Pero la ocasión bien lo merecía.

Estaba tan absorto en el ordenador que casi ni me di cuenta cuando pasó a la oficina uno de los empleados, un chico de unos treinta años que llevaba mucho tiempo con nosotros y que se casaba a finales de octubre. Me había dado la invitación unas semanas atrás y yo le había dicho que sí que iba a ir a la boda, junto con Claudia. El evento era en Zamora, y me pareció una buena oportunidad de desconectar un poco y pasar el fin de semana entero a solas con mi mujer, que parecía encantada con la idea.

―Perdone, David… ―me dijo―. Sí, es referente a la boda.

―Dime, ¿qué pasa?, ya te confirmé que sí que iba a ir…

―Sí, de eso se trata, verá, es que me da un poco vergüenza decirle esto, es bueno… Gonzalo y mi mujer son familia, bueno sus madres son primas y yo entré aquí por Gonzalo, que me consiguió el trabajo.

Ya me imaginé por donde iban los tiros.

―Es que bueno, mi novia ha invitado a Gonzalo y yo sé que usted y él…

―No me llames de usted.

―Pues eso, que Gonzalo, bueno lo que pasó con lo de su divorcio y tal… sé que no se llevan muy bien, pues resulta que ayer él me confirmó que también venía a la boda con su novia, solo era por avisarle, si no quiere venir lo entendería…

―Gracias por avisar, tranquilo, si quieres no vamos y ya está, no pasa nada.

―No, por favor, yo prefiero que venga usted y Claudia, por supuesto, solo quería avisarle de esta circunstancia, me encantaría que vinieran a la boda, por favor.

―De acuerdo, bueno, lo hablaré con Claudia, pero en principio no le veo mayor problema, así que cuenta con nosotros.

―Vale, y disculpe, ya no le molesto más, buenos días.

―Hasta ahora…

Me resultó curioso lo que acababa de pasar, era lo que menos me esperaba, hacía tiempo que no sabía nada de Gonzalo y ahora de repente me enteraba que tenía novia nueva y de que iba a asistir a una boda a la que también nosotros estábamos invitados.

De momento no iba a decir nada a Claudia, faltaban más de cinco meses y ya tendría tiempo más adelante de pensar en eso.

Ahora solo estaba ocupado en el encuentro del sábado con Toni24. Por fin iba a verme las caras con él.

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