KERANOS

Elena se puso roja como un tomate mirándome mientras yo aguantaba la risa a duras penas. Evidentemente bebió para eludir la pregunta mientras Isa se partía de risa.

I: Joder Elena, que tímida eres… Bueno, pues como has bebido, me toca repetir pregunta. Javi, ¿qué fetiche tienes?
J: A ver… -dije poniéndome un poco rojo- Me gusta que las chicas tengan pelo ahí abajo.
I: Jajajaja. Interesante. ¿Pero mucho?
J: No. Solo en el pubis. Me gusta que tengan pelo, de cualquier manera, pero que esté bien cuidado y sin tener ahí un arbusto. Preferiblemente un triángulo. Me pone mucho que tengan eso.
I: Vaya… Me gusta lo decidido que lo has dicho.
J: Me toca. Isa, ¿cuál es tu fetiche?
I: Jajajaja. Qué cabrón… Pues mi fetiche es ser sumisa. Me pone mucho que me dominen de esa manera en la que casi me humillan y demás.
J: Vaya, no lo aparentas.
E: Es verdad, con lo echada para delante que eres tú.
I: Ya, pero en la cama cada persona es un mundo.
J: Eso es verdad.
I: Me toca. Ya que nos ha tocado a todos responder esta pregunta… Noelia, ¿qué fetiche tienes tú?
N: Poco voy a beber yo… Pues me gusta que me cojan fuerte del cuello y me peguen azotes fuertes en el culo y que me den buenos guantazos en la cara.
I: Uff… Pero, ¿cómo de fuerte en el cuello?
N: Que me ponga roja y me cueste respirar.

Isa se echó a reír mientras todos bebimos porque salvo Elena, todos estábamos respondiendo y las cervezas se estaban poniendo calientes. Pude notar a Noelia mirándome de reojo mientras bebíamos, pero no le eché mucha cuenta.

I: Oye, así es un rollo. ¿Os parece si pagamos una prenda en lugar de beber? Así se pone la cosa más interesante, porque si no…

Elena me miró con algo de nerviosismo y yo le hice un gesto con ma cara para dejarle entender que lo dejaba a su elección. Después miró a su hermana, quien se encogió de hombros con cara de darle igual.

E: Venga, va.
I: Venga, Noelia, te toca.
N: Elena, ¿qué amigo te atrae sexualmente?

Elena abrió mucho los ojos, mirándome de reojo y se quitó su camiseta, quedándose en sujetador mientras Isa reía y yo sonreía.

N: Isa, ¿cuál es tu postura favorita?
I: A 4. Qué fácil… Javi, ¿te atrae Noelia?
J: No. (dije al instante, de manera firme y sin dudar)

Se hizo un silencio un poco incómodo, roto por la risa de Isa.

I: Vaya, bien claro lo tienes. Qué suerte tienes, Elena. Tu chico es muy decidido y parece que fiel.
E: Lo sé. (dijo sonriendo y acariciando mi cara)
J: Isa, ¿Elena te ha contado cosas de nuestra vida sexual?
I: Sí.

Miré a Elena sonriendo mientras ella se ponía un poco roja.

I: Me toca. Va, vamos a darle algo de emoción a esto… Noelia, dale un beso a Javi.

Elena miró a su hermana mientras ésta preguntaba:

N: ¿Qué tipo de beso?
I: Un pico.

Noelia se levantó y vino hacia a mí, dándome un pico, apartando yo rápidamente la cara. Isa reía como lo llevaba haciendo toda la noche mientras Elena lo hacía de manera nerviosa.

N: Elena, dale un beso a Isa.

Elena se levantó y le dio un beso a Isa. Fue un rápido pico, como el mío con Noelia. Verla así me puso bastante, ya que Isa era una chica bastante guapa y estaba bastante buena. Mi polla reaccionó poniéndose morcillona y ya empezaba a notar cierto cosquilleo por los huevos.

E: Isa, dale un beso a mi hermana.

Del mismo modo que Noelia y Elena, Isa se levantó para darle un beso a Noelia. Un pico, pero con algo más de intensidad, riendo después y diciendo que le quería dar más gracia al juego.

I: Javi, dale un beso a Noelia, pero esta vez con lengua.

Esta vez sí que noté a Elena incómoda y evidentemente no quería hacerlo para no darle alas a Noelia, por lo que me quité la camiseta como prenda a pagar por negarme.

I: Vale, pues repito. Elena, ¿usáis juguetes cuando follais?

Elena se volvió a poner roja y se quitó sus pantalones, quedándose en ropa interior, con un conjunto negro. Entonces Noelia se levantó, yéndose hacia la puerta.

E: ¿Qué pasa Noelia?
N: No me gusta este juego, es aburrido. Me voy a dormir.

Noelia se fue a su habitación, cerrando la puerta y dejándonos a los tres solos.

I: Bueno, quedamos nosotros tres. Y podemos hacerlo más interesante ahora que Noelia no está, que sé que eso te cortaba mucho, Elena… Jajaja.
E: Bueno…
I: Me toca de nuevo porque ninguno habéis aceptado. A ver… ¿Qué puedo preguntar…? Ya sé. Javi, ¿hacéis anal?

Vi la cara de Elena de estar pasando vergüenza, poniéndose roja de nuevo. Recordé que cuando escuché su conversación en el parque le oí como le dijo a Isa que lo habíamos hecho así, pero supuestamente yo no lo sabía, por lo que decidí pagar prenda quitándome los pantalones. La cara de Elena era de incomodidad, pero no tan mala como cuando Isa soltó aquella pregunta.

I: Huy… Se pone la cosa interesante. (dijo empinándose para echar ojo a mis calzoncillos)
E: Como te gusta…
I: Ya lo sabes, jajaja. Y una cosa, los calcetines y zapatos no valen, ¿eh? Solo prendas de verdad.
E: Isa…
I: Coño, yo también juego a esto.
J: Venga. Isa, ¿a qué edad perdiste la virginidad?

Ahora era isa la que se puso roja, pasando a quitarse la camiseta blanca de tirantes que llevaba, dejando ver un sujetador blanco de encaje que llevaba. Era muy bonito y dejaba adivinar sus pezones, aparentemente duros al estar marcados, pero poco más. De nuevo noté un cosquilleo por ahí abajo al verla así.

J: Repito entonces. Elena, ¿eres hetero al 100%?

Elena se puso roja y apartó la mirada, quitándose su sujetador, dejando sus preciosas tetas al aire, con los pezones algo endurecidos.

E: No debería hacer esto, a ver si mi hermana va a salir y…
I: No pasa nada Elena, si la oímos le decimos que no venga y listo.
E: Ya, pero…
I: Venga, relájate.
E: Vale…
I: Te toca de nuevo, Javi.
J: Isa, ¿has tenido alguna experiencia lésbica?

Isa se levantó, quitándose sus shorts que dejaban ver parte de los cachetes de su culo, enseñando el tanga de hilo de color negro que llevaba puesto, mostrando ese culo respingón y redondo que tenía. Tuve que apartar la mirada porque me estaba poniendo cachondo y mi polla estaba reaccionando de más al verla así. Para evitar que la cosa fuera a más, le hice mi pregunta a Elena.

J: Elena, ¿has fingido algún orgasmo conmigo?
E: No. Vaya pregunta… Jejeje. Imposible contigo mi amor.
I: Uff… ¿Tan bueno es?
E: No lo sabes bien…
I: Venga Elena, te toca.
E: Isa, ¿has tenido algo con Alejandro?
A Isa se le cambió un poco la cara y echó mano a su espalda para quitarse su sujetador.
J: Espera. Elena… (dije mirándola para ver si todo estaba bien)

Elena me hizo un gesto con la cara para tranquilizarme, haciendo otro gesto con la mano a Isa para que se lo quitara. Así lo hizo ella, dejando sus tetas al aire. Eran muy bonitas, más grandes que las de mi chica. Redondas y bien puestas, con unos pezones normalitos de color rosa algo oscuro, bastante apetecibles. Los tenía duros, al parecer por la excitación, porque también estaba roja.

E: Repito. Isa, ¿te fallarías a Javi?
I: Sí. (dijo de manera rápida y concisa)
E: Vaya, que decidida.
I: Hija, tu chico está muy bien y estoy necesitada… Jajajaja.
E: Jajaja.
I: Me toca. Javi, ¿me fallarías tú a mí?
J: Pfff… (resoplé mirando a Elena)
E: Jajaja. Javi, si no quieres contestar, ya sabes…
J: ¿No te importa?
E: Es un juego. Hay que pagar.
I: Muy bien Elena.

Estaba en un aprieto importante. Si contestaba que sí, podía molestar a Elena y no quería eso. Si contestaba negativamente, Isa se podría molestar por el rechazo y si me desnudaba quitándome los calzoncillos, Isa me vería la polla, la cual estaba dura como una piedra por la situación y ver así a Isa. Finalmente me desnudé, bajando mis boxers, saltando mi polla como un resorte. Elena se rio al verla salir así e Isa se quedó sorprendida por lo que veía, resoplando.

I: Madre mía nene, pero, ¿qué tienes ahí?
J: Pues una polla, como cualquier hombre, jajaja.
I: Como cualquier hombre dice… Joder Elena… No mentías, ¿eh?
E: Jajajaja.
I: Pues Javi, has perdido, estás eliminado. Solo quedamos Elena y yo… (dijo mientras no quitaba ojo de mi polla)
E: Venga, pregunta.
I: ¿Le has comido el coño a otra chica?
E: No. Me toca. ¿Te han roto el culo?
I: Sí. ¿Te haces dedos y le mandas fotos o vídeos a Javi?
E: Sí. ¿Te lo tragas cuando te lo echan en la boca?
I: Sí.

Aquello era una lucha en toda regla. Ambas disparaban sus preguntas sin pestañear, produciéndose una especie de pique, pero sin malos rollos. Era un espectáculo digno de ver y a mí me tenían muy cachondo por verlas a ambas en tetas y con esas preguntas tan directas, las cuales imaginaba, haciendo que mi polla se mantuviera durísima durante todo el rato. Me moría de ganas por tocarme, pero me aguantaba, cerrando los puños con fuerza.

I: No quieres perder, ¿eh?
E: No, jajaja.
I: Pues yo tampoco. Elena, ¿te atreves a chupársela ahora mismo?

La cara de sorpresa de Elena solo se vio superada por la mía. No daba crédito a lo que acababa de decir Isa y miré a Elena.

E: Isa, tía…
I: Es un juego. O lo haces, o pierdes. Pero si lo haces, quiero verlo bien.
E: Pfff… Va.

Elena se acercó a mí y se puso de rodillas, para coger mi polla con su mano y pajearla mientras miraba a Isa. A los pocos segundos Elena me miró sonriendo y empezó a chupármela, metiéndosela en la boca poco a poco mientras lanzaba un pequeño gemido.

I: ¿Te gusta cómo lo hace Javi?
J: ¿Tú qué crees…?

Después de unas cuantas lamidas y chupadas, Elena se la metió entera en la boca, aguantando unos segundos, sacándola para dar un par de chupadas más y acabar con un beso en mi polla con mucho cariño. Isa se quedó pasmada, con la boca abierta.

E: Me toca. A ver… Ya sé.

Elena se puso su camiseta, asomándose al pasillo para ver si Noelia estaba por ahí. Se giró y dijo que ya venía. A los pocos segundos volvió y se sentó, quitándose de nuevo la camiseta.

E: Isa, ¿te atreves a meterte esto? (dijo sacando el dildo que le regalaron Irene y Mario)
I: Ostia…
J: Pero Elena…
E: No quiero perder. Y nos lo estamos pasando bien, ¿no?
J: Elena, ¿estás segura?
E: Sí, mi amor. (dijo guiñándome un ojo)
I: Venga.
E: ¿De verdad? (dijo con cara de sorpresa)
I: Yo tampoco quiero perder. (dijo con una sonrisa maliciosa)

Isa se levantó y fue hacia Elena para coger el consolador, mirándolo con ganas. Estaba sonrojada. Sacó un condón de su bolso y se lo puso al dildo. Elena e Isa estaban nerviosas. Isa por obvias razones, ya que iba a meterse eso por el coño delante de su amiga y del novio de ésta. Elena estaba como inquieta y se sentó a mi lado, poniendo su mano en mi muslo. Yo estaba también nervioso, pero muy expectante, con un morbo increíble esperando ver qué pasaba. Miraba a Elena para ver si estaba bien y para mi sorpresa lo estaba.

Isa empezó a lamer el dildo, metiéndoselo en la boca para apretar con sus labios, empezando a mamar ese objeto inerte, aunque bien detallado.

I: Elena, ¿estás segura de que quieres que lo haga? Me va a ver el coño…
E: ¿Estás tú segura de hacerlo? ¿O te da vergüenza? ¿Te rindes?
I: La llevas clara.

Entonces Isa se abrió de piernas mientras seguía mamando el dildo. Empezó a tocarse por encima del tanga mientras gemía ligeramente, mirando mi polla y cerrando sus ojos después. Se estaba calentando, aunque yo apostaba a que ya lo estaba.

E: Estamos locos… (dijo susurrándome mientras jugaba con mi oreja)
J: Sí. ¿Quieres parar?
E: No. No quiero perder.
J: Vale.
E: Como salga mi hermana y nos vea así, me muero.
J: Tranquila.
E: ¿Estás cachondo?
J: Mucho.
I: Allá voy.

Ambos la miramos. Isa se apartó el tanga a un lado, mostrando ese precioso coño que tenía. Totalmente depilado, algo alargado, con unos finos labios de color carne. Se lo empezó a acariciar con el dildo, pasándolo por toda su raja, centrándose más en su clítoris. Al poco de estar jugando así, se puso la punta en su agujerito para ir haciendo presión e ir metiéndoselo. Lanzó un pequeño gemido que reprimió para no alertar a Noelia. Su cara de placer era increíble, sonrojada, empezado a sofocarse. Lanzaba alguna mirada a Elena para ver que todo estaba bien, pero en quien más se centraba era en mí, mirándome a los ojos y a mi polla. Elena se dio cuenta de mi estado, cogiendo mi polla para menearla mientras me miraba con cara de vicio. Nos dimos un beso entre risitas, ganando intensidad la paja que me estaba haciendo. Para cuando miramos a Isa, ella ya estaba follándose muy rápidamente, metiéndose el dildo con suma rapidez mientras agarraba sus tetas, con tirones de pezones y jugando con su clítoris por momentos. Reprimía sus gemidos y cuando parecía que iba a correrse por los espasmos y la forma que tenía de retorcerse, paró.

I: Bueno, ya está. Creo que ya es suficiente.
E: Vale. (dijo dejando de pajearme)
I: Elena… Me toca. (dijo con una cara de vicio y de intenciones maliciosas)
J: Huy… (dije bajito)
E: A ver, ¿qué tengo que hacer ahora?
I: Te propongo ver como se la chupo a Javi.

Elena abrió mucho los ojos, quedándose parada al oír a su amiga pedirle eso. Yo miraba con algo de miedo por como se lo pudiera tomar Elena y con morbo. Estaba muy cachondo y su amiga Isa estaba muy buena. Si a Elena no le importaba, yo no me iba a negar en ese momento por el morbo y lo cachondo que estaba.

E: Tú ganas. Se acabó el juego.

Se hizo un silencio incómodo mientras nos mirábamos todos. Isa fue quien lo rompió.

I: Bueno, pues he ganado. Te tienes que quitar lo que te queda de ropa.

Elena se levantó con una sonrisa en su cara y se quitó sus braguitas, dejándolas junto al resto de su ropa y la mía.

I: Vaya, pues parece que Javi tiene su fetiche muy a mano. Qué mono lo tienes, jejeje.

Elena se sonrojó un poco mirándome con ojitos.

I: Bueno, ¿y cuál es mi premio por haber ganado?
J: ¿Premio?
I: Claro, tendré que tener un premio, ¿no? Si no, ¿para qué hemos jugado?
E: Isa, a ver qué vas a decir…
I: Tranquila Elena. No voy a pedir que me dejes que me lo folle ni nada, ya me ha quedado claro que no quieres que lo toque por como ha acabado el juego.
E: ¿Entonces?
I: Pues, como nos estáis desnudos… He pensado en que me dejéis veros follar.
E: Tía…
I: Elena, con todo lo que me has contado de las cosas que te hace y demás y ahora viéndole la polla, que vaya tela, por cierto, pues quiero verlo…
J: ¿Te van las chicas entonces?
I: Mmm, no. Me van las pollas como la tuya.
J: Elena, ¿qué hacemos?
I: ¿Pero por qué tenéis que pediros permiso para todo? Jajajaja.
J: Para mí lo principal es que ella esté cómoda. Si no lo está, no se hace.
E: Isa, me da mucho corte y mi hermana está aquí mismo. Como me vea follando y contigo delante me da algo.
I: Pues vamos a tu habitación.
E: Joder… Es que hoy no teníamos pensado hacer lo que alguna vez te he contado que hacemos…
I: ¿Por qué?
E: Hoy iba a ser con más cariño y quiero que sea a solas.
I: Os propongo una cosa.
E: ¿El qué? A ver…
I: Este sábado monto una fiesta en mi casa con todas porque mis padres se van a la playa.
Os venís y cuando se vayan todas, pues tranquilamente y sin que nos moleste nadie se hace y yo os veo.
E: Pfff…
J: Elena, si no quieres, no se hace, punto.
I: Venga tío, si a ti te va la fiesta por lo que me ha contado. Seguro que estás deseando.
J: A mí me da lo mismo follármela en tu casa, aquí o en la mía, la verdad.
I: ¿No te da morbo?
J: Eso no importa. Si Elena no quiere, no se hace. Lo siento.
I: Va, Elena… Me lo debes. He ganado.
E: Bueno, estamos a lunes, hasta que llegue el fin de semana todavía quedan unos días. Déjame que me lo piense y luego te digo.
I: Vale…

Todos nos vestimos e Isa nos dio dos besos a cada uno y se fue a su casa. Elena y yo nos mantuvimos en silencio y nos fuimos a su habitación, pasando antes por el baño por turnos. Yo me fui a la habitación para esperarla mientras pensaba en todo el juego que acabábamos de hacer. Ya estaba más tranquilo, sin estar empalmado ni nada, pero el morbo lo seguía teniendo. Me fascinó lo rápido que se soltó Elena con su amiga teniendo en cuenta que con Irene y Mario le costó bastante. Quizá era porque Isa no tenía interés en ella mientras que nuestros amigos sí que la veían de esa manera, con deseo. Elena llegó a la habitación mientras yo le daba vueltas a eso, con una sonrisilla en su boca. Se acercó a mí y se puso sentada sobre mis muslos, acariciándome la cara.

-Mi amor, espero que lo se te haya olvidado lo que toca ahora…
-Ya te lo he dicho. No se me olvida nada.
-Ay… -dijo suspirando- Cómo me gustas…
-Y tú a mí.

Elena me dio un buen beso mientras me acariciaba el pelo que interrumpí porque no podía dejar de pensar en lo que había pasado minutos antes.

-Oye Elena…
-Dime.
-¿Lo de antes?
-Sabía que me ibas a preguntar, jejeje.
-¿Entonces?
-Nada Javi. Tengo mucha confianza con Isa. La conozco desde que éramos pequeñas y hablamos muchísimo. Y también me he venido a arriba mucho.
-Ya he visto. Con Mario e Irene nos costó mucho y con ella a las primeras de cambio todo esto.
-¿Te molesta?
-Sabes que no. Pero estoy impresionado por cómo ha fluido todo. No esperaba que te hiciera gracia que me viera desnudo y que la viera yo a ella así. Incluso te has animado a comérmela un poco.
-Sí, por eso digo que me he venido a arriba mucho…
-¿Pero todo bien?
-Sí, mi amor.
-Ya sabes. Si no quieres…
-Sí. -dijo sin dejarme acabar- Lo sé, Javi. Y no sabes cómo te agradezco que me cuides tanto. Pero sé que te gusta jugar y sinceramente, a mí también. Está bien hacer una locura de vez en cuando, ¿no crees?
-Sí, pero con cabeza. No quiero que nadie salga escaldado.
-Sí, mi amor. Tranquilo. Y ahora vamos a hacer el amor, que estoy caliente.
-¿Estás mojadita?
-Sí. Me ha dado morbo todo esto.

Elena y yo nos fundimos en un largo beso acompañando de caricias, que solo se vio interrumpido al quitarnos la ropa para quedarnos totalmente desnudos y también cuando Elena se acercó a su portátil para poner música para el momento. Retomamos ese beso tan lento y sentido mientras nos palpábamos, apenas rozando nuestras pieles. Por momentos se nos erizaba la piel, con algún escalofrío por ese roce tan leve, ocasionando cosquillas, con unas risas muy agradables. La cosa poco a poco fue a más y en vez de hacernos sexo oral por turnos como solíamos hacer, hicimos directamente un 69 para lubricarnos bien e ir calentando, empezando a darnos placer. Después de un rato comiéndonos el uno al otro, llevando cuidado de no hacer que el otro se corriera, pasamos a hacer un misionero, su postura favorita. Nos mirábamos a los ojos mientras la penetraba con mucho cariño y nos besábamos. Ligeros gemidos salían de nuestros cuerpos, amortiguados por la música que puso Elena.

De la misma manera que con ese sexo oral que habíamos tenido hacía escasos minutos, llevábamos cuidado de no hacer que el otro se corriera. No variamos de postura para nada, tirándonos así mucho rato, tanto que se hizo de madrugada y ya nos costaba controlar nuestros inminentes orgasmos. Elena no paraba de acariciarme la cara mirándome fijamente a los ojos con esa respiración entrecortada mientras yo la penetraba simplemente con el movimiento de contraer mis glúteos hasta que ya no pudo más y se empezó a retorcer mientras no paraba de decir mi nombre en susurros, alternándolo con «te quieros». Su orgasmo provocó el mío al tener lugar esas contracciones en su vagina que hacían que mi polla quedará atrapada y estrujada en sus entrañas. Yo también le susurraba que la quería sin parar hasta que calló dormida después de liberar esa tensión y relajarse. Con cuidado me salí de ella, habiendo cogido antes papel y toallitas que tenía en su mesita para limpiarle bien mi corrida con cuidado de no despertarla.

Una vez acabé de limpiarla me levanté para quitar la música de su portátil y apagarlo. Me di la vuelta y ahí estaba ella. Dormidita, tan preciosa con sus mejillas algo sonrojadas. De nuevo fui al baño para lavarme la cara y después fui a la cocina para beber agua. Cuando me di la vuelta para salir de la cocina y volver a la habitación me encontré a Noelia en la puerta, en pijama, pero con sus gafas puestas.

-¿Qué pasa ahora? ¿Ya vas a empezar?

Noelia no respondió, simplemente se giró para cerrar la puerta de la cocina.

-Noelia, no quiero otra de las tuyas…
-Javi… -dijo de manera bajita y triste, con la cabeza agachada- ¿De verdad no te parezco atractiva? (siguió con la voz ya quebrada y levantado su cabeza para mirarme)
-Noelia, ¿a qué viene esto?

Entonces Noelia rompió a llorar. Me sentí muy mal al verla así, aunque tampoco lo llegaba a entender con todas las que me había hecho. Lo único que se me ocurrió fue ir hacia ella para darle un abrazo. Ella se abrazó a mí con fuerza, aumentando el llanto. No sabía qué hacer para que se calmara. Solo se me ocurrió sentarla en una de las sillas frente a la mesa en la que desayunábamos y servirle un vaso de agua, sentándome yo frente a ella, cogiéndole las manos.

-Noelia, ¿qué te pasa?
-Javi, ¿de verdad no me ves atractiva? (dijo una vez pudo serenarse de su llanto)
-Noelia, ya sabes de sobra lo que hay…
-Es que… Que dijeras que no te atraía de esa manera y luego como te has apartado cuando te he dado un pico…
-Pero es que ya sabes lo que pasa. ¿Por eso te has puesto así? ¿Tan importante es que tú y yo…?
-Ay… (dijo en forma de suspiro)
-Noelia, no me digas que…
-No Javi. No es lo que piensas.
-¿Entonces?
-Javi, es que me siento muy sola… (dijo rompiendo a llorar de nuevo)

Igual que antes, le cogí las manos para que no se sintiera tan mal y le di el vaso para que bebiera agua y se tranquilizara.

-Pero a ver… ¿por qué te sientes así?
-Porque noto que no le gusto a nadie. Nadie quiere estar conmigo.
-Noelia, ya hemos hablado esto muchas veces.
-Sí. Lo sé. Es por mí, pero es que ya parece que no puedo hacer nada. Siento que no le importo a nadie. Me siento muy sola. Es un sentimiento muy malo, no quiero sentirme así…
-Pero es que eso no es verdad, Noelia. Tu madre, tu abuela, tu hermana y tu padre te quieren. Ellos siempre van a estar ahí para cuando los necesites. No estás sola.
-¿Y tú?
-Noelia, me lo has puesto muy difícil. Así no te puedo querer. Pero tampoco quiero que estés así.

Noelia no dijo nada más. Se limpió sus lágrimas, frotándose después sus ojos bastante, se puso de nuevo sus gafas y salió de la cocina. Yo me quedé ahí sentado medio desconcertado con lo que me acababa de pasar. En mi vida me había enfrentado a una situación así. No me podía creer que la persona que más me estaba haciendo la vida imposible pudiera despertar esa lástima y pena en mí. Era algo desagradable de ver como se ponía Noelia cuando estaba de bajón, aunque que no hiciera absolutamente nada cuando estaba así. Esta vez sí que me llegó a tocar la fibra, pero no tenía ni idea de qué hacer para ayudarla. Ya pensaría si podía hacer algo para que no se sintiera tan mal al menos.

Después de estar un rato en la cocina pensando sobre ese tema, aunque sin llegar a nada en concreto, regresé a la habitación de Elena. Seguía conforme la había dejado, en la misma postura, dormidita. Me tumbé en la cama de lado, mirándola, pensando en lo diferentes que eran ella y su hermana. ¿Cómo podía ser aquello? Elena era la mejor persona que había conocido en mi vida y Noelia… Prácticamente era la peor. Faltan adjetivos para describir a Elena y sin ninguna duda son todos son positivos, pero es que con Noelia era justo lo opuesto. No me entraba en la cabeza como podía ser así de egoísta, tanto que no le importaba hacerle daño a su propia hermana para echar un buen rato. Era algo que se escapa a mi conocimiento. Así me dormí después de un rato viéndola dormir a ella de esa manera tan plácida.

El despertar fue muy dulce. Elena me estaba acariciando la cara, echada sobre mi hombro, dándome besitos por la zona mientras murmuraba.

-Buenos días, amor mío.
-Ojalá despertar así todos los días de mi vida.
-Ojalá dormir todos los días contigo.

Sonreí pensando en decirle lo de que ya tenía una casa a la que poder irme a vivir y poder empezar a hacer ahí nuestra vida, pero ella se me adelantó, empezando una conversación seria.

-Javi… -dijo incorporándose, quedando sentada con sus piernas cruzadas- Me gustaría hablar de lo de anoche.
-Claro. (dije incorporándome como había hecho ella, algo alarmado)
-A ver… Es que…
-¿Todo bien?
-Sí, claro que sí, mi amor. Pero me gustaría aclarar algo.
-Dime.
-Bueno, lo primero que quiero hacer es preguntarte si a ti te parece bien que llegara tan lejos.
-¿Y esto?
-Pues porque tú siempre cuidas de mí en ese aspecto. Siempre estás pendiente de si yo estoy cómoda, de si quiero seguir con el juego, de si quiero llevarlo más allá y… Pues que yo ni siquiera te pregunté. Me dejé llevar sin tener en cuenta tu opinión.
-Ah… No tiene importancia. Ya sabes lo que yo pienso sobre todo eso.
-Ya, pero no es justo que tú estés tan pendiente y yo no. ¿Y si hay algo que te incomoda y no me doy cuenta? Pues no.
-Bueno, si pasa eso, yo te aviso. No te preocupes.
-Vale. Otra cosa. Lo de cuando mi hermana me preguntó que qué amigo me atraía sexualmente y no respondí…
-Ah, no pasa nada.
-Es por Mario. Me atrae físicamente y eso. ¿Te molesta?
-No. Lo veo normal con todo lo que hacemos. No me molesta. Es lo que me pasa a mí con Irene. Ya te diste cuenta hace mucho por cómo nos mirábamos por el morbo del momento.
-Vale, bien.
-Yo quería aclarar también algo. Lo de cuando Isa me preguntó si me gustaría follármela y no respondí…
-Ah, no te preocupes. Sé que Isa es muy guapa y tiene muy buen cuerpo. Tengo ojos en la cara, jejeje. Entiendo que te atraiga, y no lo digo menospreciándome, de verdad Javi, no pienses que estoy yendo por ahí. Me duele hacerte daño y sé que cuando pienso así te lo hago.

Le di un beso a Elena como agradecimiento por preocuparse tanto por mí y seguí:

-Pues eso, que no respondí por si a ti te molestaba que dijera que sí y por si ella se sentía rechazada al decir que no. Por eso opté por pagar prenda, aunque eso significaba quedarme desnudo, pero la manera en la que me hablaste me tranquilizó bastante y por eso lo hice.
-Claro, mi amor. Era un juego, jejeje.
-Muy bien, mi vida.
-Otra cosa que quería aclarar. Lo de cuando me preguntaste si era 100% hetero y no respondí. A ver… Yo me considero heterosexual, pero a raíz de todo lo que hacemos con Irene, pues no puedo evitar pensar en que no lo soy del todo. Tampoco es que me considere bisexual, pero…
-No pasa nada Elena. Sé lo que te pasa. No te gustan ni atraen las chicas, pero sientes mucha curiosidad cuando juegas con Irene. Te gusta lo que te hace y te dejas llevar y no hay nada de malo en ello.
-Exactamente. No me siento atraída por ninguna chica, ni me he sentido nunca atraída. No me fijo en ninguna, ni si quiera en Irene cuando no estamos jugando. Pero una vez empezamos con el tonteo y demás pues me dejo llevar. Me lo paso muy bien con todo lo que hacemos, disfruto con como me toca y eso y te veo tan cómodo a ti que me contagias esas ganas.
-Claro, mi vida. Ya lo sabes, que para mí eres lo más importante. Si estás cómoda, genial. Yo disfruto mucho contigo, ya sea solo o en compañía. Pero si no estás cómoda, no se hace nada. Solo te pido eso, Elena. No quiero que te veas forzada a hacer algo que no quieres hacer solo por contentarme a mí.
-Vale, mi amor. También te quería preguntar por si te pareció mal haberlo llevado tan lejos.
-Mmm…
-Es que me dejé llevar. No sé si hice bien en chupártela delante de ella, de proponerle que se metiera mi consolador… Creía que diría que no. Me dejé llevar por el morbo y no quería perder.
-No pasa nada Elena. Es normal. En situaciones así es difícil controlarse.
-Sí, lo es.
-Pero bueno, al final no fue tan mal la cosa. Ninguno se puso incómodo ni nada.
-¿Y qué te parece lo que nos pidió por haber ganado?
-Pues no sé Elena…
-Yo… Es que…
-¿Qué pasa?
-Pues que le he contado varias cosas de las que hacemos. Javi, entiéndeme, he descubierto muchísimas cosas contigo que ni siquiera sabía que existían y pues como en mi grupo de amigas es muy normal que se hable de esto, pues yo también he empezado a hablar ahora que por fin tengo una vida sexual interesante.
-No pasa absolutamente nada, cariño. Lo entiendo perfectamente.
-Pues bueno, resulta que parece que le ha entrado mucha curiosidad y yo no sé qué hacer…
-No sé Elena. Depende de ti. Haremos lo que tú quieras.
-¿Tú quieres?
-A mí me da igual. Lo importante es que voy a disfrutar de ti. Y eso lo puedo hacer aquí, en mi casa o en la de tu amiga, aunque esté ella delante.
-No sé qué hacer…
-A ver, no te has negado en rotundo. Eso es que algo de morbo te da, ¿no?
-Pues sí. Quiero que vea lo que tengo para mí. Quiero que vea como me das placer, como me matas de gusto. Quiero que vea la suerte que he tenido al poder conocerte así.
-Joder…
-Es que Javi, estoy tan encantada contigo que me gusta presumir de novio.
-Jajajaja. Pues como tú quieras, mi vida.
-Lo pensaré estos días.

Al final con la conversación tan seria que surgió donde aclaramos tantas cosas, se me pasó decirle lo de la nueva casa que había alquilado. Nos levantamos para desayunar y nos encontramos a Noelia, aún triste. Su hermana le preguntó, pero ella no soltaba prenda. Elena estaba preocupada por verla así e intentó animarla y sonsacarle qué le pasaba. No lo consiguió, Noelia le quitaba importancia achacándolo a que aún le dolía lo de su amiga. Yo me sentía un poco mal por conocer su situación y no poder ni saber qué hacer para ayudarla. Me era extraño conocer su problema y que no se lo contara a Elena. Estaba claro que, por su conducta hacia ella y su hermetismo sobre sus problemas más íntimos, algo le pasaba para no querer apoyarse en ella. Elena le dio un abrazo muy fuerte para intentar consolarla, diciéndole que la quería mucho y que podía contar con ella para lo que quisiera y necesitara. Noelia no dijo nada, simplemente se levantó una vez acabó de desayunar y se fue a su habitación de nuevo.

Elena y yo nos fuimos al salón. Ella me contaba que no le gustaba nada ver a su hermana así. Aunque le jodiera lo borde que era casi siempre, prefería verla así que con esa tristeza que arrastraba desde hacía días. Incluso me llegó a contar que le dolía que fuera así de cerrada, sin llegar a apoyarse en ella cuando lo necesitaba. Yo le quité importancia diciéndole que se trataba de la edad y que ya vería como dentro de poco la cosa cambiaría al irse de casa para seguir sus estudios. Una vez calmada la situación, intenté decirle lo de la casa, pero entonces Elena recibió una llamada que cambiaría mucho las cosas.

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