ALBERTO MORENO

                      El ensoñamiento de Eustaquio

                   Conil, diciembre 2022, Alberto moreno

El mundo se habia acabado hacia poco tiempo, seis u ocho meses.

Como mucho, un año, pero no mas.

Eustaquio no se habia enterado. El vivía solo en el campo, su casa,  sus tierras, las labores y los menesteres del dia a dia, apenas le conectaba con el mundo exterior.

Tenia un vecino , que se veían una vez cada dos meses, si el uno necesitaba algo del otro.

Eustaquio tenia un tractor desde hacia quince años. Con el araba y cosechaba sus campos. No era un terrateniente pero tenia faena de sobra. A la vera de su casa tenia un huertecito que le proveía de verduras, un par de arboles frutales que le proporcionaban el postre y un horno de pan, también junto a la casa. Hacia la masa y cada semana lo encendia. No usaba luz eléctrica, se arreglaba con un quinque, que lo llevaba de acá para allá.

Tenia un pozo y sacaba el agua con un artilugio parecido a una noria.

El gallinero le proporcionaba la carne y los huevos. A la tienda iba de higos a brevas, por algún potingue que le hiciera falta.

El gasoil del tractor se lo traían cada seis meses, llenaba un deposito que tenia junto a la fachada,  le duraba casi un año. y santas pascuas.

No era un hombre huraño, solo que le gustaba vivir solo y como dice el refran de “Palomo”: yo me lo guiso y yo me lo como”.

Lo único que habia notado raro, era que el sol, llevaba varios meses sin aparecer. El cielo amanecia todos los días gris.

¡Que raro!, fue lo único que se le ocurrió.

Por las tardes, cuando empezaba a oscurecer, cogia una vieja guitarra, que tenia colgada en la pared de la cocina y sentado a la puerta de su casa, desgranaba unas notas de una o dos canciones, que siempre eran las mismas. A veces se atrevia a cantar algo, no tenia mala voz.

La otra cosa extraña que le llamo la atención fue la lluvia. Esta, con frecuencia, cuando el aire la traía del desierto, venia impregnada con un polvo color marron, ahora llevaba lloviendo dos semanas seguidas y el polvo era distinto, tenia un color gris metalizado, que no habia visto nunca, parecía polvo de otro planeta.

A los sembrados y al huerto parece que les sentaba bien. Los tomates se pusieron del tamaño de las calabazas y la cebada habia dado un estiron de mas de veinte centímetros. Cuando dejo de llover, todo el campo parecía haber recibido un abono especial, estaba exsuberante.

No ocurrió nada mas.

Bueno, los machos alondra no aparecieron con sus cantinelas y sus revolotidos.

 Pasaron los días y llego el momento de recolectar la cebada, las espigas habían dorado y estaban listas para su recogida.

Con el tractor hizo el trabajo, recogia el grano que llenaba con la torva los sacos y las balas de paja salían empaquetadas por el otro.

La cosecha era casi el doble que otros años. ¡Necesito tres días para terminar el trabajo!.

¡Voy a tener que dar por lo menos tres viajes con el tractor lleno de sacos a la cooperativa.

Ésta, también estaba en el campo. Era un edificio destartalado, compuesto por tres o cuatro naves que servían de almacenes y a la entrada una oficinucha, donde el empleado, hacia el recibí de las mercancías, previo comprobación del peso en la bascula. El campesino recibía una especie de recibo, que le permitia en el banco del pueblo, cobrarlo o ingresarlo en su cuenta.

¡Asi estaban las cosas!, como siempre pensó Eustaquio.

El primer dia que comenzo con el tractor el trabajo, noto que la temperatura habia bajado de golpe, tanto que fue a la casa a coger la pelliza.

¡Que raro, estamos en verano!.

La recolección le llevo tres dias completos. Al cuarto, con el tractor cargado de sacos de cebada se dirigió a la cooperativa, estaba cerca, media hora como mucho. Los caminos eran carriles de tierra,que cruzaban los campos. Cuando dos vehículos se encontran, tenían que aminorar la marcha y recoger los espejos retrovisores. Eran caminos de cuando solo circulaban carros o manadas de ovejas o cabras.

Llego al edificio de la Cooperativa y no habia nadie. La puerta de la oficina estaba abierta, pero desierta. Dio varias vueltas por los almacenes y no encontró a nadie.

Descargo los sacos, los coloco en un rincón del primer almacen, volvió a la oficina, cogio un papel, escribió su nombre y con un varita, lo coloco en uno de los sacos.

Se marcho. Todavia quedaban dos viajes, decidio dejarlos para el dia siguiente.

Algo empezó a rondarle por la cabeza. ¿Qué pasa?.

Aquella tarde, no cogio la guitarra, decidio ir a visitar al vecino. Sus campos lindaban uno con otro y sus casas estarían a medio kilometro.

Llevaba la pechiza puesta, el frio era evidente.

La puerta estaba abierta. ¡Manuel!, ¿estas ahí?.

Nadie contesto.

Grito mas fuerte: ¡Manuel estas en casa?.

¡Nada!, decidio entrar. Todo parecía en orden, recorrio la casa, la cama hecha, en la cocina los platos fregados, pero Manuel no aparecía.

¡Si se ha ido a algún sitio, no entiendo por que esta la puerta abierta!.

¡Al dia siguiente cuando dio  el segundo viaje con los sacos de cebada a la cooperativa, me acercare al pueblo!.

Se acosto con este plan.

Se levanto temprano, cargo el tractor y se dirigió a la Cooperativa, cogio la cartera, por si en el pueblo compraba algo.

El viaje duro lo previsto. La oficina de la cooperativa seguia desierta, y vacia.

Entro en el almacen, añadió los sacos al montón del dia anterior y comprobó que el cartón con su nombre seguía en la pila.

Emprendio camino del pueblo, no se cruzo con nadie.

Cuando entro por la calle principal, el pueblo estaba vacio, pero los comercios y los bares estaban abiertos.

El desconcierto fue total.

¿Qué pasa aquí?.

Tenia que comprar sal y vinagre, entro en la tienda, cogio los productos y deposito el dinero en el mostrador. Nadie le atendió.

Recorrio las calles del pueblo y no veía a nadie.

En el suelo , en la fachada de la farmacia, unas hojas de periódico, el aire las habia arrinconado.

Las cogio, el periódico estaba incompleto, la portada y media pagina, el resto estaba inconcluso.

Sus conocimientos de lectura eran escasos pero suficientes para leer aquello.

El titular decía: ¡”Algo extraño esta ocurriendo, las personas desaparecen súbitamente”!.

¡De todas las ciudades, los teletipos decian lo mismo:

¡Despoblacion total, los humanos desaparecen  como si fuesen desintegrados, o transportados a otro planeta!.¡Parece el fin del mundo!

No habia mas noticia. El periódico estaba fechado, hacia cuatro meses.El periódico inconcluso no decía mas. Parecia como si el redactor Hubiese desaparecido también sin concluir su trabajo.

¿Y los anmales?, después de comprobar que las alondras no estaban apareándose en sus arboles y que las bandas de gorriones habían desaparecido, lo único que seguia igual eran las plantas y sus sembrados.

Su curiosidad le hizo pensar que todos los seres vivos habían desaparecido.  Hasta los hormigueros que habitaban al lado de sus sembrados estaban desiertos.

Instintivamente se palpo los brazos y las piernas, se miro al espejo y era evidente que él estaba vivo. Hasta dio un grito para oir su voz.

Al dia siguiente volvió al pueblo, antes dejo el tercer cargamento de cebada en la cooperativa. Añadio los sacos a su montón y continuo al pueblo.

Se dirigió al banco, este tenia la puerta abierta, pero las mesas estaban vacias. La caja, sin ningún empleado mostraba un cajoncito lleno de billetes.

No cogio ninguno, simplemente se marchó.

Aquella noche no ceno, no quería irse a la cama. Al final, se quito las botas y se acostó vestido. No conseguia conciliar el sueño. Debio quedarse dormido cuando amanecia. Debio dormir de un tiron, cuando despertó serian las cuatro de la tarde. Se calzo las botas, bebió un baso de agua y salió a la puerta de su casa.

El sol habia vuelto, el frio habia desaparecido , dos parejas de alondras se cortejaban con sus cantos, las bandadas de gorriones picoteaban los granos de cebada que el tractor no habia recogido .

Perplejo,confunddo, desorientado, decidio ir a ver a su vecino.

Manuel, en la puerta de su casa arreglaba una espuerta 

¿Quieres algo?, le pregunto.

¡No, nada, solo saludarte!, contesto Eustaquio.

Al dia siguiente, llevo el tercer y ultimo viaje de cebada a la cooperativa, el oficinista le dio un vale por las tres entregas.

Continuo al pueblo. Iba desconcertado. La gente circulaba por sus calles, los comercios estaban atendidos y la normalidad era la tónica general. Fue directo al banco a entregar el justificante, el cajero le saludo con la atención que merece un cliente formal.

Regreso a casa, de inmediato se puso a buscar el periódico  que encontró en la fachada de la farmacia.

No apareció por ningún lado.

 Durante el resto de la tarde intento explicarse aquel extraño suceso, sin encontrar explicación.  Cogio la guitarra pero no sabia que tocar.

De pronto, como una revelación, entendio que todo habia sido un ensoñamiento producto de la extraña hora en que habia dormido.

                            -Fin-

Nota: algunos lectores se preguntan si “el ensoñamiento” fue una artimaña del autor porque no sabia como terminar el relato. El autor piensa esto

.

Un comentario sobre “El ensoñamiento de Eustaquio

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